JORNADA TERCERA
Salen BATO y PERSEO, con el escudo y caduceo
PERSEO: Si no me mienten las señas,
allí del caduco Atlante,
allí de noble alquería,
allí de intricado parque,
éste es el sitio que vengo
buscando.
BATO: Así Dios te guarde,
que, si no es contra etiqueta
de caballeros andantes
decir a sus escuderos
algunos de los dislates
que se les ponen en testa,
que me digas qué te trae
a estos africanos montes
con tanta prisa.
PERSEO: Si sabes,
que desatadas las Furias
embravecieron los mares,
que derrotado llegué
a las discreción del aire
a la boca del Nereo
que en el mar trinacrio se hace
medio mar y medio río,
centauro de dos cristales;
si sabes que venturoso
vi, en su avenenada margen,
en luces una hermosura
que había visto en sombras antes;
que celoso del engaño
que padeció loco amante,
a despecho de su amor
osadamente cobarde,
dijo el oráculo que
manda que Andrómeda aplaque
las iras de Venus, siendo
víctima del formidable
monstruo cuyas altas peñas
que el mar repetido bate,
han de ser del sacrificio
los sacrílegos altares;
si sabes que de su vida
mi vida pendiente yace,
siendo el término una luna
que ya declina al menguante;
porque siempre altos deseos
se ejecutan mal o tarde;
y si sabes finalmente,
que el verme en tantos pesares
Mercurio y Palas, en quien
hierve sin fuego la sangre
del gran Júpiter, me adornan
de este escudo de diamante
y este caduceo con que
venciendo el común ultraje
de Medusa volver pueda,
donde, altivo y arrogante,
con un horror venza otro,
¿qué preguntas?
BATO: ¿Ahora sales
con que a buscar a Merluza
vienes? Por ventura, ¿sabes
que es una mujer que tiene
por moño y por aladares
milagros y basiliscos,
con licencia del romance?
PERSEO: Sí, sé.
BATO: Pues, ¿cómo con esa
flema vienes en su alcance?
PERSEO: Como no hay riesgo que no
venza, temor que no allane,
peligro que no atropelle,
dificultad que no arrastre
un amor que lo que adora
ve en peligro. Si llegases
tú a saber cómo se siente
el menos violento achaque
de quien gasta a un mismo tiempo
su vida y la de su amante,
vieras que aun el más difícil
remedio parece fácil.
Mas tú, ¿por qué has de saberlo;
que primores semejantes
no caben en pechos viles?
Sólo en reales pechos caben.
Y pues no veo la hora
de conseguir el fin antes
que de los contados días
el breve término pase,
mira si habrá quien nos diga
por ese monte, ese valle,
del sitio donde esta fiera
se alberga.
BATO: ¿No es disparate
que de la que todos huyen
quieras que te diga nadie?
PERSEO: Pues sígueme.
BATO: ¿Qué papel
me he de hacer yo?
PERSEO: El de ayudarme
a dale muerte.
BATO: Para eso
mejor es que un doctor llames
y a un boticario, que son
asesinos familiares.
PERSEO: Sígueme digo.
BATO: ¿Habrá, cielos,
nacido en el mundo alguien
menos a los sastres dado
y más dado a los desastres?
PERSEO: No temas, pues vas conmigo.
BATO: Contigo iba, y si no echase
a correr, me hubieran dado
con algo un poquito antes;
y pues ya tengo experiencia
que es remedio saludable
el huír, déjame huír.
[Habla] dentro LIDORO
LIDORO: ¡O prendeles o matadles!
BATO: Pues que nos dan a escoger,
el prendernos es más fácil.
PERSEO: ¿Qué gente y armas es ésta?
Sale LIDORO con algunos, con arcos y flechas
LIDORO: Ignorados caminantes,
a quien trae su destino
sin saber adonde os trae,
daos a prisión.
BATO: Yo por mí
dado estoy. ¿Dónde es la cárcel?
PERSEO: ¿Éste no es el otro joven
de Acaya?
LIDORO: ¿Qué esperas? Date
a prisión.
PERSEO: ¿Pues qué delito
es que este monte pisase?
LIDORO: Ninguno; mas sin ninguno
hay hados inexorables
que dan la muerte sin culpa
de quien muera ni quien mate.
Y, porque con el consuelo
mueras de que ellos te hacen
la sinrazón y no yo,
infelice joven, sabe
que este monte de Medusa
teatro es en cuyo boscaje
no hay verde tronco que no
sea un humano cadáver.
No han bastado contra ella
sacrificios, hasta darle
a Júpiter en Acaya
humos, que ardieron en balde.
De su sangre, respondió,
que habían de fabricarse
los remedios de otras ruinas;
y así hoy los naturales
hemos elegido un medio
para derramar su sangre.
Éste es que todos, armados
de arcos y flechas, se amparen
de las sombras de los troncos
y, poniendo a sus umbrales
condenado a muerte a uno,
sea el reclamo que la saque
para que, mientras él muere,
todos los demás disparen
y corone amor de plumas
a la flecha que la alcance.
Sobre cuál había de ser
al que la suerte tocase
fue voto ser el primero
que por esta senda pase.
A los dos cupo la suerte;
y, pues en desdichas tales
podéis quejaros de todos
sin ofenderos de nadie
y uno es el que ha de morir,
agora entre los dos echarse
podrá otra suerte.
UNO: Es en vano
supuesto que hay ley que mande
que cuando de dos el uno
muera y el otro se salve,
sea el que muera el de peor
cara; y así ése se ate
de pies y manos.
Cogen a BATO
BATO: ¿Pues yo,
cuando esa ley se guardase,
soy el de peor cara?
UNO: Sí,
y mucho peor.
BATO: No se engañen.
Facción por facción me miren;
verán que soy como un ángel.
Miren ¡qué rostro si lloro!
Si río, ¡miren qué semblante!
Al mesurarme, ¡qué tez!
Y ¡qué ceño! al enojarme.
UNO: Éste ha de ser el que muera.
BATO: Miren que soy como un ángel
sino que no caen el ello.
PERSEO: Si la novedad os place
de que haya quien morir quiera,
haced cuenta que me cabe
la suerte. Yo me prefiero
ser quien a Medusa llame.
Y, como espada ni escudo
me quitéis, a sus umbrales
iré delante de todos.
LIDORO: Si a aquesto te atreves, parte;
que aquel edificio que
a tierra en ruinas se abate
es su albergue.
PERSEO: Retiraos
todos, y solo dejadme.
LIDORO: Retiraos y cada uno
detrás de su tronco aguarde.
UNO: Tengamos aquéste preso
por si esotro se escapare.
BATO: Sayón de capa y espada,
¿qué os va a vos en que me maten?
LIDORO: ¿Quién será este joven, cielos,
tan soberbio y arrogante?
BATO: Es un joven cosicosa,
que se sabe y no se sabe.
Vanse [todos y queda PERSEO]
PERSEO: ¿Qué es aquesto, corazón?
¿Agora con pavor lates?
Mas, ¡ay!, que el primer recelo
no es de ánimo cobarde
porque una cosa es temerle
y otra cosa es despreciarle.
Sus dos hermanas, sin duda,
son las que a la puerta salen.
Hasta mejor ocasión
estas ruinas me recaten.
Salen SIRENE y LIBIA. [Escóndese PERSEO]
LIBIA: Mientras que Medusa duerme
porque no nos sabresalte
ningún temor, la campaña
reconozcamos.
SIRENE: De nadie
pisada se mira.
LIBIA: En tanto
que nuestros desvelos guarden
su sueño, para engañar
la posta, el cuidado cante.
Canten
LIBIA: “Pisa, pisa con tiento las flores
quedito, pasito, amor, que no sabes
en cual de ellas se esconden los celos.”
SIRENE: “Y puesto que son de tus flores el áspid…”
LOS DOS: “…no, no los despiertes; duerman y callen.”
PERSEO: Quien, al tomar uno y otra
vuelta, a una y a otra tocase
con aqueste caduceo
introduciendo el süave
sueño de Argos en sus ojos
porque, ellas dormidas, pase
Toca con el caduceo a LIBIA y después a
SIRENE
yo adonde duerme Medusa.
Mercurio, mi intento ampare.
LIBIA: “Pisa, pisa, [con tiento] las flores,
quedito, pasito, amor, que no sabes…”
¿Qué es esto? ¿Qué ardiente hielo
hay que en mis venas se esparce?
¿Qué me extremece?
SIRENE: ¿Qué tienes?
LIBIA: No sé. Pasa tú adelante.
SIRENE: “…en cual de ellas se esconden los celos,
y puesto que son de sus flores el áspid…”
Mas, ¡ay triste! A mí también
hay letargo que me embargue
los sentidos.
LIBIA: ¿Qué te turba?
SIRENE: Tampoco lo sé.
PERSEO: Ya hace
su efecto el sueño.
LIBIA: A pesar
velamos, de efectos tales.
Cantan
LAS DOS: “No, no los despiertes; duermen y callen.”
SIRENE: En vano yo me resisto.
LIBIA: También yo me animo en balde.
SIRENE: Vela tú, mientras yo duermo.
LIBIA: No a mí el cuidado me encargues,
mejor velarás que yo.
SIRENE: Pues venzámonos iguales
diciendo una y otra vez
para que el sueño se engañe.
Cantan
LAS DOS: “Pisa, pisa con tiento las flores
quedito, pasito, amor, que no sabes
en cual de ellas se esconden los celos,
y puesto que son de tus flores el áspid…
No, no los despiertes; duerman y callen.”
Duérmense
PERSEO: Ya al sueño las dos rendidas,
no hay quien la entrada me guarde.
Por medio pasaré de ellas.
Mas, ¡ay, que al paso me sale
Medusa! ¿Qué haré después
de verme si helado, antes
que me vea, me ha dejado
el ver monstruo semejante?
Sale MEDUSA vestida de pieles y la cabeza llena de
culebras
MEDUSA: ¿Cómo de mis dos hermanas
hoy el siempre vigilante
cuidado fallece? ¿Cuándo
fue posible que me falte
de una la asistencia el tiempo
que el venenoso coraje
de mis nunca muertas iras
rendido al sueño descanse?
¿Qué hubiera sido si alguno,
de tantos como combaten
mi vida, hubieran gozado
de esta ocasión y, al hallarme
sin ojos que me defiendan,
hubieran podido darme
la muerte? ¡Libia! ¡Sirene!
¡En profundo sueño yacen!
PERSEO: Cobrado el primer asombro
que el verla me dio, acercarme
puedo ya en fe de este escudo.
MEDUSA: ¡Sirene! ¡Livia! No trate
despertarlas; que no es sueño
sino letargo el que hace
tan no usado efecto en ellas.
¡Oh, vengativas deidades,
en cuya ojeriza vivo
para horror de los mortales,
racional fiera en los montes,
humano monstruo en los valles!
¿Qué novedad será ésta
de que hoy me desamparen
las que me velan?
PERSEO: ¡Medusa!
MEDUSA: ¿Quién puede haber que a nombrarme
se atreva, siendo mi nombre
tan escándalo en el aire
que aun a los ecos, tal vez,
cayeron muertas las aves?
PERSEO: ¡Medusa!
MEDUSA: ¿Cúya eres, voz
tan osada que me llames
cuando otras me huyeron?
PERSEO: Vuelve los ojos.
MEDUSA: Y en ellos tales
iras que ellas te escarmienten
de osadía semejante…
Enseñale el espejo
mas, ¡ay infeliz de mí!
¿Qué es lo que miro?
PERSEO: Tu imagen.
MEDUSA: ¿Ésta soy yo?
PERSEO: Sí, ésta eres.
MEDUSA: ¿Qué mucho que a todos mate
si aún me da la muerte a mí
el horror de mi semblante?
¡Qué horrible forma! ¡Qué fea!
¡Qué asombrosa! ¡Qué espantable!
Quita, o tú quien quiera que eres,
ese cristal de delante
de mis ojos. No cometas
en mí barbarismos tales
como hacer la que padece
de la persona que hace.
PERSEO: Si das la muerte a quien miras,
mírate a ti.
MEDUSA: Que me espante
de mí es fuerza, y que de mí
huya.
Entra MEDUSA huyendo y PERSEO detrás de
ella
PERSEO: Seguiré tu alcance.
MEDUSA: ¡Sirene, Libia, acudidme
a valerme, y ampararme
que me dan muerte!
SIRENE: Las voces
de Medusa el viento trae.
LIBIA: Si ha despertado, a asistirla
las dos acudamos, antes
que sepa el descuido.
[Habla] dentro MEDUSA
MEDUSA: ¡Ay triste!
SIRENE: Pues, ¿de cuándo acá sus ayes
lastimosamente suenan?
LIBIA: Vamos a ver qué lo cause.
Vanse [LIBIA y SIRENE]. Salen MEDUSA y
PERSEO
PERSEO: A tu vista muere.
MEDUSA: No
me aflijas más. Baste, baste
el saber que mi veneno
ya por mis venas se esparce
y que cebado en mi mismo
corazón tan sin mí late
que neutral de fuego y nieve
ni bien hiela ni bien arde.
PERSEO: Hasta que tu mismo aliento
te ahogue, te deje y te falte,
te ha de estar dando en los ojos
la luz de aquestos cristales.
MEDUSA: Cerraré los ojos yo;
mas, ¡ay de mí que ya es tarde!
Pues ya mi ponzoña ha hecho
su efecto en mí; que cobarde
no hay ira que no fallezca.
No hay rencor que no desmaye;
mas con todo huiré de ti
porque yo conmigo acabe
respirando Etnas de fuego,
Mongibelos y volcanes
sólo porque no blasones,
sólo porque no te alabes
que tú me diste la muerte.
PERSEO: Por más que de mí huir trates,
te he de seguir hasta que
vierta mi acero tu sangre.
Éntrase huyendo y salen las dos [SIRENE y
LIBIA]
LIBIA: De un hombre huyendo, vencida,
aquí tropieza allí cae.
SIRENE: Huyamos, Libia, pues fuimos
de desdicha semejante
causa, no a las dos también
su venganza nos alcance.
LIBIA: Dices bien, aquestos montes
nos favorezcan y amparen.
Salen LIDORO y gente
LIDORO: Deteneos. ¿Dónde vais?
SIRENE: Huyendo por no ver darle
la muerte a Medusa un joven.
Vanse [SIRENE y LIBIA]
LIDORO: Vamos todos a ayudarle;
que es vergonzosa omisión
que un extranjero nos gane
el aplauso.
BATO: ¿Para qué
hemos de ir si ya ella sale
huyendo de él?
[Salen MEDUSA seguida de PERSEO]
PERSEO: Aunque intentes
huir al monte, he de alcanzarte.
MEDUSA: ¿Qué más pretendes de mí
si ya me resisto en balde,
y tropezando en mi sombra
soy de mi misma cadáver?
PERSEO: Agora, que ya en la tierra
muerta a tu veneno yaces,
este acero será bien
que con tu púrpura esmalte
las flores de África, adonde
nazca en cada gota un áspid.
Córtale [a MEDUSA] la cabeza y salta por el tablado
BATO: Eso, yo también lo hiciera
a saber que era tan fácil.
Salte hacia otra parte usted,
seora cabeza, y no salte
hacia mí, se lo suplico.
LIDORO: Al ver acción semejante,
la admiración y el silencio
sólo es justo que te alaben.
Dame los brazos y piensa
qué premio habrá con que pague
tan heroica acción.
PERSEO: El premio
me le ha de dar aquesta sangre
y, pues he de cobrar de ella,
no es bien que tú me lo pagues.
LIDORO: Pues, ¿qué premio de ella aguardas?
PERSEO: No sé más de que es constante,
si a aquel oráculo creo
de Acaya, que ella ha de darle.
LIDORO: ¿Eres tú de Acaya?
PERSEO: Estaba
en ella cuando llegaste
tú a su gran templo.
LIDORO: Bien dices,
porque si vuelvo a acordarme
de la sangre de Medusa
dijo que había de formarse
el remedio de otras ruinas.
Mas, aunque el creerlo es fácil,
no es fácil el verlo, pues
aunque su sangre derrames,
¿adónde el remedio está
que de ella puede esperarse?
PERSEO: Para responder, la tierra
pienso que en bocas se abre.
Ábrese la tierra y sale el caballo
Pegaso
LIDORO: ¡Horrible bostezo! Es
una grieta, y de ella nace,
si no me miente el asombro,
un bruto.
PERSEO: No es sino una ave
pues las alas en el viento
es lo primero que bate.
LIDORO: Monstruo es de dos especies
pues hijo es de tierra y aire.
PERSEO: Sobre la cumbre del monte
Parnaso, émulo de Atlante,
ha parado el primero vuelo.
LIDORO: No aquí la admiración pare,
pues hiriendo con la uña
el fuego a sus pedernales,
en vez de brotar centellas
brotan líquidos cristales.
BATO: La fuente de los poetas
será.
UNO: ¿Qué hay de que lo saques?
BATO: De que quitará la sed
y no quitará el hambre.
PERSEO: ¿Bato?
BATO: ¿Qué quieres?
PERSEO: Que al monte
subas al punto y me bajes
aquel caballo en que pueda
volver volando.
BATO: No es fácil
que suba yo y que él se deje
coger de mí.
PERSEO: Yo a alcanzarle
subiré, pues para mí
la tierra le aborta. Tráete
tú esa cabeza y conmigo
ven.
BATO: ¿Qué cabeza?
PERSEO: Ignorante,
ésa de Medusa.
BATO: ¿Yo?
PERSEO: ¿Pues quién?
BATO: El turco.
PERSEO: No tardes.
Ázale del suelo y ven.
[BATO] vala a coger y ella salta
BATO: Lleve el diablo quien tal hace.
PERSEO: ¡Vive Júpiter, villano!
Si no la traes que te mate
porque ella ha de ser blasón
de mis hechos inmortales.
BATO: ¿Por dónde tengo de asirla?
PERSEO: Por cualquier truncado áspid.
BATO: Buenas señas para mí.
¡Ay, que muerden!
PERSEO: No te espanten;
que muertos están
BATO: Sepamos
cuando yo con ella cargue
y te siga, ¿en qué he de ir yo
si tú volando te partes?
PERSEO: A las ancas del Pegaso
irás.
BATO: Pues, ¿y de qué sabes
que sufre ancas?
PERSEO: Tráela, pues.
BATO: Yo llevo para librarme
de los peligros del vuelo
linda cabeza de mártir.
PERSEO: Vosotros quedad en paz
que el volverme es importante.
LIDORO: ¿No admitirás de nosotros
las gracias de semejante
acción?
PERSEO: No, que las que espero
amor me ha de dar triunfante
de otra fiera.
LIDORO: Oye,
PERSEO: Es en vano.
LIDORO: Pues, dinos ya que te partes,
¿quién eres?
PERSEO: Perseo, hijo
de Júpiter y de Danae.
Vanse [PERSEO y BATO]
LIDORO: ¿Danae y Júpiter? ¡Cielos!
Sin duda éste es de sus graves
fortunas causa en los celos
del rey Acrisio su padre;
y, aunque me acuerden los míos,
tanto me obliguen sus partes
que he de seguirle a saber
si puedo en algo pagarle
esta fineza, inquiriendo
en qué las fortunas paren
de Perseo, ilustre hijo
de Júpiter y Danae.
Vase LIDORO. Sale la DISCORDIA
DISCORDIA: Ya en Trinacria ninguno
hay que esta vara trágica de Juno
no le haya tocado;
porque atento a las cóleras del Hado
contra Andrómeda pida
que salve tantas vidas una vida.
Ya que cumplió la luna,
sombra condicional de la Fortuna,
su término, Perseo,
no has de lograr el fin de tu deseo,
por más que honrar te pudo
de Palas bella el cristalino escudo,
de Mercurio el dorado caduceo.
Y, puesto que ya veo
el pueblo conmovido,
sea el tumulto música a mi oído;
porque no me baldone la ignorancia
de bastarda deidad, cuando veloces
vea mi idioma en acordadas voces,
que suenan con más dulce consonancia,
repitiendo la instancia
de mi cólera altiva
y de mi envidia fiera.
[Hablan] dentro.
VOCES: Muera Andrómeda.
TODOS: ¡Muera!
VOCES: ¡Viva Trinacria!
TODOS: ¡Viva!
DISCORDIA: Aquésta sí que es cláusula festiva
para la vanidad de mi deseo,
y más cuando ya veo
lograrse de mis cóleras el fruto;
pues vestida de luto,
al funesto compás de destempladas
cajas, de triste canto acompañadas,
Adrómeda camina
al teatro fatal de la marina,
donde ha de ser de mi rencor indicio,
verla de unmonstruo humano sacrificio,
antes que volver pueda
del África Perseo donde queda
imaginando que esta ruina es culpa
la derramada sangre de Medusa.
Pero, por más que su favor aguarde,
ha de llegar o mal o nunca o tarde,
pues ya llegan veloces,
al compás de las cajas y las voces,
al mar, los que publican
que esta víctima a Venus sacrifican.
Y, aunque tan triste su lamento ha sido,
dulce linsonja es para mi oído
cada vez que le escucho y a ella veo
sin que darla favor pueda Perseo,
diciendo con severa
lástima a un tiempo crüel y compasiva.
UNOS: ¡Viva Trinacria!
TODOS: ¡Viva!
UNOS: ¡Muera Andrómeda!
TODOS: ¡Muera!
DISCORDIA: Mal de Perseo su favor espera,
aunque el Pegaso ya le dé sus alas,
Mercurio el cetro y el escudo Palas.
Vase [la DISCORDIA]. Sale una tropa de
MÚSICOS y detrás ANDRÓMEDA, vestida de luto,
llorando, y delante CELIO. Cantan
MÚSICOS: “La que nace para ser
estrago de la fortuna,
supla, calle, llore y sufra,
y consolada con que
la que es desdicha no es culpa,
supla, calle, llore y sufra.”
ANDRÓMEDA: “La que nace para ser
estrago de la fortuna,
supla, calle, llore y sufra,
y consolada con que
la que es desdicha no es culpa,
supla, calle, llore y sufra.”
Miente la alevosa voz
que consolarme procura
inútilemnte, asentando
en los ecos que pronuncia;
que, porque culpa no es
la que a este fin me reduzca,
no es desdicha porque antes,
si bien lo advierte y lo juzga,
es ser desdicha dos veces;
que el que culpado se angustia
en la culpa que comete,
halla honestada la injuria.
Mas quien la padece,–¡ay triste!–
sin cometerla, es locura
persuadirse a que es consuelo
el fracaso a que se ajusta.
Y así, miente, otra vez digo,
la voz que aleve articula;
que es disculpa de su hado
no siendo el hado disculpa.
MÚSICOS: “La que nace para ser
estrago de la fortuna,
supla, calle, llore y sufra.”
ANDRÓMEDA: ¿Cuánto le fuera mejor
a mi fatal desventura
morir culpada que no
inocente? Estrella injusta,
¿por qué a mí no me dictaste
la vanidad, que perjura
me condena? Fuera mía
pues es mía la fortuna
la causa de ella, que yo
me holgara, en pena tan dura,
de ser la culpada siempre
porque no llorara nunca.
MÚSICOS: “Que consolada con que
la que es desdicha no es culpa,
supla, calle, llore y sufra.”
CELIO: Andrómeda, ya es en vano
el llanto. Esta peña dura,
Enseña una peña
que dentro del mar permite
que en sus golfos se descubra
tan a todas partes, que
por todas partes la inundan,
cerrando el paso a que puedas
desde ella ponerte en fuga,
es donde hemos de dejarte
entregada a la sañuda
cólera de las Nereidas,
sacras enmigas tuyas.
Ellas han de recibirte
para que la ofensa suya
en Venus se satisfaga
pues Venus es en quien dura.
Retiraos todas. Sagradas
deidades justas o injustas,
ahí os queda vuestra ofensa,
ahí os queda vuestra injuria.
O remitidla o vengadla
que a nuestra obediencia suma
toca el ponérosla donde
gima ciega y diga muda.
Cantan
TODOS: “La que nace para ser
estrago de la fortuna,
supla, calle, llore y sufra.”
Vanse [todos, dejando a ANDRÓMEDA]
ANDRÓMEDA: ¡Oíd, esperad! Mas–¡ay triste!–
en vano un infeliz busca
piedad en orejas que oyen
cuando oyen lo que no escuchan.
Altos montes de Trinacia,
que al cielo elevan las puntas,
siendo el cóncavo palacio
del alcázar de la luna,
rocas rústicas, pilastras
de sus dóricas columna,
abrid en el centro vuestro
la más horrorosa gruta
para que a un vivo cadáver
le sirva de sepultura
antes que siendo este golfo
de sus verdes años tumba,
la dé un monstruo en sus entrañas
pira, monumento y urna.
Viva estatua soy de hielo,
y como a otra pena acuda…,
miento, de fuego la soy,
sintiendo dos iras juntas;
sin que aquésta aquélla aplaque,
ni aquélla a esotra consuma.
¿Quién creerá que en tanta pena,
desconsuelo, ansia y angustia,
hacerse sepa lugar
otra ira, rabia y furia,
dando paso la primera
a que quepa la segunda?
¿Es posible que aquel joven,
después que ciego aventura
mi vida y mi honor, se ausente,
sin que de mis desventuras
sea testigo? Siquiera
consolara mis injurias
su lástima; que el ver que otro
siente, si no alivia, ayuda
a hacer más tratable el daño.
Mas–¡ay de mí, qué locura!
y más cuando dulces ecos
Música dentro
la esfera del aire turban,
porque mi llanto y su acento
uno en el otro confunda.
Salen seis NEREIDAS vestidas de azul y oro, cantando
y bailando todas
TODAS: “¡Albricias hermosa
deidad de la espuma,
que ya es sacrificio
la que antes fue injuria!”
NEREIDA 1: “Ya la que soberbia…”
NEREIDA 2: “…quiso que presuman,…”
NEREIDA 3: “…que reina podía…”
NEREIDA 4: “…ser de la hermosura,…”
NEREIDA 5: “…víctima es sagrada…”
NEREIDA 6: “…a las aras tuyas.”
TODAS: “¡Albricias hermosa
deidad de la espuma,
que ya es sacrificio
la que antes fue injuria!”
ANDRÓMEDA: Bellas ninfas de Nereo,
sagrado río, que inunda
los imperios de Trinacria,
patria mía y patria suya,
desde el alto Lilibeo
que fue su cuna y mi cuna
hasta esta funesta boca,
donde con el mar se junta,
si sois, como sois, deidades,
a quien toda esta cerúlea
república no hay escollo
en que no os labre y construya
templos de coral y nácar
en sus bóvedas profundas,
mostrad que lo sois en ser
piadosas; que no hay ninguna
acción en que más se muestre
la deidad, que a un dios ilustra,
que en la piedad. Y más, cuando
a la cuchilla que empuña,
el ruego le embota el filo,
le mella el llanto a punta.
A vuestra plantas postrada
yace una pompa caduca
que sólo para morir
infausta, amaneció augusta.
Si mi madre apasionada
con amor y sin cordura
me alabó, sobradamente
el afecto la disculpa.
¿Cuándo el amor de los padres
hizo fe? ¿Qué sierpe astuta
sus viboreznos no cría
con cariño y con blandura
pareciéndole que son,
llenos de escamas y arrugas,
más hermosos que las aves
que ramilletes de plumas
cuando ellos la tierra arrastran,
esotras el aire surcan?
Y cuando fuese indecoro
que con los dioses presuma
competir, ¿fue culpa mía
la que fue vanidad suya?
Duélaos la flor de mis años.
Mirad que el prado os acusa,
que cuando floridas todas
ésta sola dejéis mustia.
Acordaos de que fuimos
amigas cuando estas rubias
arenas a nuestros bailes
la escena dieron, de cuyas
mudanzas el viento agora
no sin ocasión murmura,
viendo que de extremo a extremo
pasan; pues siendo las unas
festivas, queréis contra arte
que a trágicas se reduzcan.
Más airosas quedaréis
en pasión tan absoluta,
como el decir que yo era
más hermosa, bella y pura
que Venus y que vosotras
en hacer, como seguras,
desperdicio del baldón
y de la arrogancia burla.
Contra la enseñanza, no hay
silogismo que concluya
sin que él mismo a su primera
consecuencia se confunda.
Dígalo el sol. ¿Qué importara
a sus bellas luces rubias
que hubiera uno que dijera
que le parecían oscuras?
¿Ofendiérase por eso?
No, que la venganza suya
fuera al que su luz disfama,
ver que a su luz se deslumbra.
Pues, siendo así, ¿qué más noble,
más piadosa, ni más justa
satisfacción puedo daros
que absorta, elevada y muda
arrojarme a vuestras plantas?
Pues no puede haber ninguna
que más claramente diga
quién obedece y quién triunfa.
Y pues como allá en el sol,
nada a su esplendor perturba
y yo confieso que el vuestro
a mí, a su sombra me ilustra,
no vengativas, no fieras,
no crüeles, no sañudas…
UNAS: No prosigáis.
OTRAS: Calla, calla.
NEREIDA 1: No con piedad nos arguya.
NEREIDA 2: Sin tiempo nos lisonjeas.
NEREIDA 3: Sin ocasión nos adulas.
NEREIDA 4: Y pues ya echada la suerte
a vista de la Fortuna,
humildades afectadas,
más que virtud, son industria.
De tus ropas te despoja.
TODAS: De ti adorno te desnuda.
Desnúdanla
ANDRÓMEDA: ¡Amigas!
NEREIDA 5: En competencia
de discreción y hermosura,
no hay amigas que no sean
enemigas.
ANDRÓMEDA: ¡Suerte injusta!
NEREIDA 6: En este elevado escollo
están las cadenas duras
que han de atarla.
ANDRÓMEDA: ¡Ay infelice!
TODAS: En él arrastrando suba.
Átanla a un escollo con unas cadenas
ANDRÓMEDA: ¿Para qué? Soltad; que yo,
corrida de que la angustia
úsase del rendimiento,
quiero apelar a la furia.
Falsas, mentidas deidades,
de vuestro rencor se induzca,
pues no puede serlo, en quien,
rogada, la saña dura.
Ya no quiero que piadosas
conmigo estéis, pues ninguna
desdicha puede ya serlo
para mí más importuna
que ver desaprovechada
de las lágrimas la astucia
en quien usa tan mal de ellas
que de ellas con fieras usa.
Y así por echarle a mal,
ya el llanto de afecto muda
que ninguna piedad vuestra
será mejor que ninguna.
Y supuesto que el despecho
mejor que yo lo divulga,
voluntariamente doble
la cerviz a la coyunda.
Este destinado escollo,
cátedra de mi fortuna,
el peso de mis desdichas
sobre sus espaldas sufra.
Y habiendo de llorar a alguien
llore a aquesta peña ruda,
antes que a vosotras; pues
menos toscas, menos brutas
son las que ostentan el serlo
que las que lo disimulan.
NEREIDA 1: Llega esas argollas, ata.
NEREIDA 2: Ve, y esa cadena añuda.
NEREIDA 3: Sí haré.
NEREIDA 4: Y yo también.
NEREIDA 5: Agora,
verás si el viento te escucha.
TODAS: ¿Quién merece ser, tú o Venus,
la reina de la hermosura?
Vanse, dejándola atada al escollo
ANDRÓMEDA: ¿Cuál de vosotras, estrellas,
de cuantas la arquitectura
celeste esmaltáis, a quien
es dado que ansias influyan,
la mía es? No es porque quiere
darla quejas, lo pregunta
la voz, que antes para darla
gracias, en saberlo estudia,
el ver que tan liberal
en mí su influjo ejecuta,
que haga que quepan en mí
todas las desdichas juntas.
¿Habrá, dime, ¡o tú entre tantas
la más pobre, más oscura,
más trémula, más infausta
más apagada y más turbia!
¿Habrá, digo, en este estado,
porque digas que no apura
mi voz tu poder, algún
consuelo, esperanza alguna?
[Con estos versos va saliendo en la mar un monstruo
que viene acercándose al escollo. Cantan dentro los
Ecos
ECO: “Una…”
ANDRÓMEDA: Una el eco me responde;
mas, ¡ay! que no es piedad suya
sino delito; pues siempre
algo de lo que oye hurta.
Y así por mi desconsuelo
volver pretendo a la duda.
¿Qué más puede ser que sea
mi infelice desventura?
ECO: “…ventura…”
ANDRÓMEDA: Segunda vez, ladrón eco,
la postrer sílaba usurpas
de mi última razón.
Mas no por eso, segunda
causa, creeré que te trae.
ECO: “…hay…”
ANDRÓMEDA: Pues nada en ti me asegura.
ECO: “…segura.”
ANDRÓMEDA: ¿Qué fuera–¡ay de mí!– que el eco
algo en mi favor pronuncia?
Pues a mis preguntas dice,
si sus respuestas se aúnan,
que en el estado que estoy
“una ventura hay segura.”
Mas, ¿qué ventura–¡ay de mí!–
puede ser si ya se enturbian
las ondas a la batida
que al disforme estatura
de un vivo escollo que, ya
Saliendo fuera la fiera toda de escamas
bajel animado, surca
al mar encrespa la tez
de su verdinegra bruma,
de sus presas y sus garras
viene aguzando las puntas
contra mí?
[Hablan dentro PERSEO y BATO]
PERSEO: En aquesta peña
te apea.
BATO: Es cosa muy justa.
Aparece PERSEO en el caballo, en lo alto, con lanza
y escudo
PERSEO: Ya que a Andrómeda y al monstruo
quiere el cielo que descubra
a tan buen tiempo…
ANDRÓMEDA: ¡Piedad,
altos dioses!
PERSEO: ¿Qué te angustia,
hermosa Andrómeda bella,
si Perseo es en tu ayuda?
Alado Belerofonte,
bruto y ave en piel y pluma,
que aborto fuiste, engendrado
de la sangre de Medusa,
Bájese el caballo, interponiéndose
entre ANDRÓMEDA y el monstruo
abate el vuelo a esas ondas;
que su campaña cerúlea
hoy el teatro ha de ser
de la más desigual lucha
que vio el sol en cuantos giros
dora, ilumina e ilustra.
ANDRÓMEDA: ¿Qué es esto, cielos, que veo?
De la más alta, más suma
región, nuevo alado asombro,
la esfera del aire cruza.
Un joven trae, y si no
me mienten y me perturban
o la admiración o el miedo
que mis sentidos ofuscan,
el joven es de la selva.
Oye, aguarda, espera, escucha,
que a tanta costa no quiero,
como tu riesgo, tu ayuda.
Menos importa que yo
muera, que ver que aventuras
tu vida tú por mi vida.
PERSEO: Por más que a las iras tuyas
los polos cel cielo giman,
los ejes del orbe crujan,
sobresaltados del mar
que a apagar sus luces suba
cuando en horribles bramidos
sus ondas al sol escupas,
no has de ponerme pavor.
ANDRÓMEDA: Deja, deja que esa furia
se cebe antes en mi pecho
que en el tuyo. No presumas;
que es favor el que tirano
más que me alivia, me asusta.
En partida lid los dos
ya se apartan, ya se juntan.
¡Piedad, dioses! Y esta vea
concederla no se excusa,
pues para mí no la pido.
El monstruo se retira cayendo
PERSEO: Ya que la aleve cicuta
de su sangre, la azul playa
vuelve campaña purpúrea,
huye vencido a mi acero.
Y porque en el mar te hundas,
a nunca más ver tu horror,
mira en la acerada luna
de este escudo en quien impresa
quedó la faz de Medusa.
ANDRÓMEDA: Rastros de sangre dejando,
el monstruo se ha puesto en fuga.
PERSEO: Ya que vencido de mí
el mar su terror sepulta,
es bien, hermosa beldad,
que agora a desatarte acuda.
Apéase PERSEO, y desata a ANDRÓMEDA
Libre estás.
ANDRÓMEDA: De dos albricias
soy deudora a mi fortuna;
mas miento, que no lo soy,
sino solamente de una,
pues no es mi vida acreedora
donde está anterior la tuya.
Dime quién eres, porque
agradecida y confusa,
sepa a quién esta fineza
debo.
PERSEO: Quien tu amparo busca
con tal riesgo, que no es
éste el mayor de quien triunfa.
Mas, ¿qué mucho facilite
más que el hado dificulta
amor, que en esta fineza
todos sus méritos funda,
para arrojarme a tus plantas?
¡Qué gran dicha!
ANDRÓMEDA: ¡Qué ventura!
PERSEO: ¡Qué felicidad!
ANDRÓMEDA: ¡Qué suerte!
Sale BATO
BATO: Bien podéis, cuantos oculta
el miedo, por esas peñas
llegar, que ya con mi ayuda
mi amo dio la muerte al monstruo,
quitando a su dentadura
el que hoy no tenga por postre
manjar blanco de pechugas.
Voces dentro
UNOS: ¡Viva quien la fiera vence!
OTROS: ¡Viva quien del monstruo triunfa!
Sale el REY de Trinacria y los que pudieren
REY: Dame, extranjero, los brazos,
y supuesto que es sin duda
que quien ha hecho tal hazaña
heroica sangre le ilustra,
en premio de ella, porque
ella sola es paga justa,
en diciéndonos quién eres,
Andrómeda será tuya.
PERSEO: Pues oye…Yo soy…
Dentro
LIDORO: ¡Qué asombro!
REY: Tente, espera. ¿Qué os asusta
segunda vez que esas voces
dais?
Sale LIDORO
LIDORO: Yo te lo diré. Escucha.
Mató a Medusa el ínclito Perseo
y de su sangre concibió la tierra
aquel blanco caballo en quien le veo
los rummbos acertar por donde yerra.
Yo, llevado del noble alto deseo
de ver qué en sí tanto prodigio encierra,
sabiendo que a Trinacria venía, intento
seguir por agua al que navega en viento.
Embarquéme tras él y, cuando hacía
punta el bajel del África a la Europa,
gozando en tormentosa travesía
dulce tranquilidad del viento en popa,
absorto vi que sobre mí venía
frisando con las nubes en quien topa,
un bulto tal, que en el boreal espacio
era templo tal vez, tal vez palacio.
Éste, pues, estrechándole la esfera
al aire, en quien ocupa lo que oprime,
sus espaldas fatiga de manera
que, cuando más bramar intenta, gime.
Bien que pesada fábrica y ligera
ni senda deja en él, ni huella imprime,
siendo de un horizonte a otro horizonte
monte y ciudad, sin ser ciudad ni monte.
Alguna vez que acaso él declinaba
o que acaso el bajel hacia él subía,
nuestra atención en ecos escuchaba
ya numana voz, ya métrica armonía;
de suerte que el horror que nos causaba
en lisonjas a tiempos convertía,
haciendo el gusto aquí, y allí el disgusto,
pesado al gozo y apacible al susto.
Con este, pues, prodigio siempre a vista,
navegué hasta la orilla de esa playa
donde he visto del monstruo la conquista,
de quien jamás es fuerza ejemplar haya,
donde porque un asombro a otro resista,
o porque uno en aumento de otro vaya,
donde del monstruo fue la lid sangrienta,
parece que la fábrica se asienta.
REY: Absorto estoy.
ANDRÓMEDA: Yo confusa.
PERSEO: Yo turbado.
LIDORO: Yo suspenso.
BATO: ¿Y habrá algún bobo después
que piense que es verdad esto?
Cantan dentro, en el aire, y [salen JUNO] en su carroza
con la DISCORDIA, y MERCURIO y PALAS sentados en dos nubarrones
MÚSICA: “A tierra, a tierra, que aquí
manda Júpiter supremo
por patrón de esta victoria,
trasladar de Acaya el templo.”
JUNO: “Por no asistir al aplauso,
que ya, declarado el cielo,
da de Júpiter al hijo
a pesar de mis desprecios,
dejé el coro de los dioses,
Discordia, y contigo vengo
desde aquí a verle porque
la necedad de los celos
siempre anda acechando el daño.
Y así, aquí no retiremos,
ya que vencidas las dos
quedamos.”
DISCORDIA: De mis deseos
servida estás; pero no,
señora, de mis afectos
porque trató de impedirlos
el gran Júpiter supremo
que de Mercurio y de Palas
poco importara el esfuerzo.
PALAS: “No importara sino mucho,
pues escudo y caduceo
fueron de su triunfa causa.”
JUNO: “Pues, ¿por qué, si es triunfo vuestro,
no le asistís el el coro
de dioses?”
MERCURIO: “Porque queremos
no perderos a las dos
de la vista, previniendo
que no intentéis perturbarle
cuando a decir vuelve el viento…”
Vuelve la música en el aire y baja de los
más alto un templo. Vienen en la fachada del [templo],
sentada, la tropa de la música, y en habiéndose
asentado en la tierra, salen de él el rey POLÍDITES,
DANAE, CARDENIO, GILOTE, ERGASTO, RISELO y otros
MÚSICA: “A tierra, a tierra, que aquí
manda Júpiter supremo
por patrón de esta victoria,
trasladar de Acaya el templo.”
PERSEO: ¡Qué maravilla!
ANDRÓMEDA: ¡Qué asombro!
BATO: ¡Qué prodigio!
REY: ¡Qué portento!
LIDORO: Aún más es, señor, si miras
la gente que viene dentro;
porque aquél, si no me engaño
y bien sus señas acuerdo,
es Polídites, de Acaya
rey, y aquel milagro bello
de hermosura y discreción,
Danae, madre de Perseo.
PERSEO: ¿Qué es esto, cielos, que miro?
POLÍDITES: Escucha. Sabrás qué es esto.
PERSEO: En sabiendo tú que te oyen.
DANAE: ¿Quién?
PERSEO: Andrómeda y Cefeo.
POLÍDITES: Los brazos nos da.
LOS TRES: ¿Qué hay, Bato?
BATO: ¡Gilote, Ergasto, Riselo!
GILOTE: Todos estamos acá.
BATO: Aunque me espanto de veros,
no me espanto de que haga
Júpiter tales extremos;
porque por grande que sea
un padre, no puede menos
de hacer fiestas viendo un hijo
que le ha puesto en paz dos reinos.
CARDENIO: Dame a mí también los brazzos.
PERSEO: ¡Oh, padre, cuánto me huelgo
de verte en aqueste traje!
CARDENIO: Honras son que no merezco,
de Polídites.
PERSEO: Yo, como
mías, se las agradezco.
REY: No tan grande admiración
embarace el cumplimiento.
POLÍDITES: Sabiendo de tus fortunas
los prodigioses sucesos…
DANAE: …y los peligros en que
Discordia y Furias te han puesto,…
POLÍDITES: …yo y Danae, a quien ya hizo
mi amor reina de mi imperio,…
DANAE: …sacrificios ofrecimos
al gran Júpiter inmenso…
POLÍDITES: Lo que le pedimos fue
que a nuestras ansias atento…
DANAE: …nos revelase en qué estado
la Fortuna te había puesto.
POLÍDITES: Él, agradecido al voto,…
DANAE: …él, compadecido al ruego…
POLÍDITES: …no sólo en el templo quiso
revelarnos tus sucesos…
DANAE: …pero el templo elevó todo,
arrancado de su centro…
POLÍDITES: …y, navegando veloces
enjutos golfos de viento…
DANAE: …a cuantos en él estaban
ha traído en él a verlos.
REY: A tanta admiración, sólo
responder puede el silencio
y, pues antes que tu voz
quién eres dijo el portento,
dale a Andrómeda la mano.
Sale FINEO
FINEO: No dará tal, que primero
que sus extrañas fortunas
a lograr lleguen tal premio,
morirá al arrojadizo
rayo del templado acero
de este arpón.
LIDORO: No morirá
sin que tú mueras primero.
Dispara LIDORO una flecha
FINEO: ¡Ay, infelice de mí!
Que antes de matar he muerto.
Cae FINEO
Justamente esta venganza
de mí han tomado los cielos.
LIDORO: Ya con esto te he pagado
aquella fineza, puesto
que si mataste una hidra
que tenía en el cabellos
los áspides, yo maté
a quien los tenía en el pecho,
no siendo menos rabiosos
los áspides que los celos.
REY: Retirad ese cadáver
y tú, gallardo extranjero,
por aquesta acción de quien
eligió por instrumento
el cielo, en venganza noble
de las iras de Fineo,
dame los brazos.
DANAE: Y a todos.
ANDRÓMEDA: Sí, pues todos le debemos
que puesto en salvo el amor,
muera el aborrecimiento.
DISCORDIA: Todo nos sucede mal;
que éste era el último esfuerzo
que de las Furias tenía
reservado.
JUNO: “Sus efectos
siguieron a los demás.”
PALAS: “Claro está que el favor nuestro
había de hallar en Lidoro
lo que perdiera en Fineo.”
MERCURIO: “Y aún no ha de parar aquí
su aplauso, que todo el cielo
la gala le ha de cantar.”
LAS DOS: “¿Cómo?”
LOS DOS: “Dígalo el efecto.”
Ábrese el cielo
REY: ¿Qué nueva luz nos alumbra?
LIDORO: Iluminado los vientos…
PERSEO: …se transparentan a visos,…
DANAE: …se traslucen a reflejos.
ANDRÓMEDA: Todo el coro de los dioses
rasga sus azules velos.
TODOS: Nueva música se escucha.
BATO: ¿En qué ha de parar aquesto?
Cantan
MÚSICA: “¡Viva, viva la gala del gran Perseo;
que de Júpiter hijo, merece serlo!
Cuando a padre tan grande ponen sus hechos,
con dos monstruos vencidos, en paz dos reinos!”
Aparécese JÚPITER en un sol
JÚPITER: “Yo el festivo parabién
de vuestro aplauso agradezco,
y en el traje de Cupido
que fue mi disfraz primero
le recibo por hacer
de mis finezas acuerdo,
somo al fin primera causa
de tan gloriosos efectos.
Y así, para que prosiga,
vuelva a decir vuestro acento…”
Todos, con música, y representado
CORO 1: “¡Viva, viva la gala del gran Perseo,…”
CORO 2: “…que de Júpiter hijo, merece serlo….”
CORO 3: “…cuando a padre tan grande ponen sus celos,…”
TODOS: “…con dos monstruos vencidos en paz dos reinos!”
REY: ¿Qué nueva música es
la que en varios coros vemos
aquí de voces, y aquí
de rústicos instrumentos,
que a la del cielo acompaña?
Salen, por una parte, la nueve MUSAS, y por otra
rústicos dioses, vestidos de labradores
MUSAS: Atento oye.
PASTORES: Escucha atento.
MUSA: Las nueve musas, a quien
es concedido el imperio
del Parnaso, cuya fuente
dio el caballo de Perseo,
agradecidas al docto
cristal, puro, claro y terso,
que no menos fertiliza
los prados que los ingenios,
vienen también a cantarle
la gala, y con más afecto
que otros, pues árbitros son
de la música y los versos.
PASTOR: Aquí la festiva tropa
de rústicos semideos,
a quien tocan alquerías
de prados y montes, viendo
que el que hoy es héroe divino,
fue pastor en otro tiempo,
al compás de sus silvestres
zampoñas, flautas, salterios,
vienen en su pastoril
modo, a aplaudirle diciendo…
Cantan y bailan las musas y los dioses
TODOS: “¡Viva, viva la gala del gran Perseo;
que de Júpiter hijo, merece serlo!
Cuando a padre tan grande ponen sus hechos,
con dos monstruos vencidos, en paz dos reinos!”
PERSEO: Mal, ¡oh Júpiter divino!,
podrá mi agradecimiento
responder a tantas honras;
pero a tus aras ofrezco,
no como satisfacción
sino como rendimiento,
la cabeza de Medusa,
el escudo y caduceo,
como de Mercurio y Palas
principales instrumentos.
POLÍDITES: En habiendo recibido
el don, parece que el templo
vuelve a elevarse.
CARDENIO: Esto es
decirnos que otra vez dentro
de él, los que dentro venimos
volvamos al patrio suelo.
REY: Permitid que mi hospedaje
antes os sirva.
DANAE: Primero
es la obediencia que el gusto
y, aunque tan grande lo tengo,
viéndote lograr la mano
de tan venturoso dueño,
contra lo que Dios ordena,
no es posible detenernos.
Vuelve a arrebatarse el templo con todos los que
trujo
UNOS: Id en paz.
OTROS: En paz quedad.
BATO: A Dios rogad y rogad al cielo,
en metáforas de carro,
que no se derriengue el templo.
JÚPITER: “Pues el viento es dueño suyo,
vuelva a publicar el viento
en los ecos repetidos
de unos y otros acentos…”
TODOS: “¡Viva, viva la gala del gran Perseo;
que de Júpiter hijo, merece serlo!
Cuando a padre tan grande ponen sus hechos,
con dos monstruos vencidos, en paz dos reinos!”
MERCURIO: ¡Qué grande dicha!
JUNO: ¡Qué rabia!
PALAS: ¡Qué alegría!
DISCORDIA: ¡Qué tormento!
ANDRÓMEDA: ¡Qué felicidad!
REY: ¡Qué gusto!
PERSEO: ¡Qué ventura!
BATO: Y más si veo
que vuestro perdón merecen
las fortunas de Perseo
cuando en festivos aplausos
repiten todos a un tiempo:
TODOS: “¡Viva, viva la gala del gran Perseo;
que de Júpiter hijo, merece serlo!
Cuando a padre tan grande ponen sus hechos,
con dos monstruos vencidos, en paz dos reinos!”
FIN DE LA COMEDIA
Texto electrónico por Vern G. Williamsen y J T Abraham
Formateo adicional por Matthew D. Stroud
Association for Hispanic Classical Theater, Inc.
