JORNADA SEGUNDA
Salen el GUARDIÁN, fray PEDRO, y fray NICOLÁS
PEDRO: Él es varón prodigioso,
padre Guardián. Sus portentos
el ser humano desmienten.
GUARDIÁN: De muchos santos leemos,990
padre, portentos tan grandes
y eran humanos.
NICOLÁS: Es cierto,
y que podía Dios en éste
obrar lo que en aquellos
y más, si fuere servido.995
PEDRO: Claro está; pero no es eso
lo que nos tiene confusos
sino ignorar en qué reino
o en qué provincia este santo
tomó el hábito; porque esto1000
ni él ha querido decirlo
ni hemos podido saberlo
con que juzgo que no es fraile.
GUARDIÁN: (Ni aun quisiera parecerlo.) Aparte
NICOLÁS: Yo he pensado que es Elías1005
porque manda con imperio
notable y con aspereza.
GUARDIÁN: (No asistiera en tan ameno Aparte
país.)
PEDRO: Yo creo que es ángel.
GUARDIÁN: (Puede ser, pero no bueno.) Aparte1010
PEDRO: Porque sufrir cada día
un trabajo tan inmenso
como andar la ciudad toda
y asistir en el convento,
que labra con tanta priesa,1015
trabajando y disponiendo
y hallarse presente en casa
cuando importa, siendo cuerpo
humano, fuera imposible
sin que tal vez por lo menos1020
el cansancio le rindiera.
GUARDIÁN: Sólo asegurarle puedo,
padre, que Dios le ha envïado;
no examinemos sus misterios.
A fray Forzado obedezcan1025
en todo, pues cuanto ha hecho
y cuanto ha mandado es justo;
que yo también le obedezco
y soy su guardián.
Sale fray ANTOLÍN
ANTOLÍN: No hay parte
segura de este hechicero.1030
Dos gazapos me ha sacado
que escondí en un agujero
con una vara de hondo.
Por mi mal vino al convento.
Él ha dado en perseguirme.1035
GUARDIÁN: Fray Antolín, pues, ¿tan presto
se vuelve a casa?
ANTOLÍN: Sí, padre,
que dos veces el jumento
y yo venimos cargados
y es fuerza volverme luego;1040
que quedan muchas limosnas
por traer.
GUARDIÁN: Gracias al cielo.
¿Dónde queda fray Forzado?
ANTOLÍN: No sé; que sólo le veo
cuando él quiere que le vea.1045
En la obra del convento
que labra está todo el día;
pero no deja por eso
de entrar en más de mil casas.
Él camina más que el viento1050
y trabaja por cien hombres.
En la fábrica un madero
no le pudieron subir
veinte hombres. Llegó a este tiempo
y asiéndolo por el cabo1055
a no agacharse tan presto
los que arriba le esperaban
los birla y vienen al suelo.
GUARDIÁN: Ésa, bien se ve que es fuerza
sobrenatural.1060
ANTOLÍN: A tiempos
está que parece un ángel
y otras veces en el cielo
pone los ojos y brama
como un toro, y yo sospecho
que, aunque él disimula, tiene1065
muchos males encubiertos,
y sin duda que son llagas;
que huele muy mal el siervo
de Dios.
GUARDIÁN: Calle; que ya viene.
Sale LUZBEL
LUZBEL: Deo gratias.1070
GUARDIÁN: En la tierra y cielo
se las den ángeles y hombres.
ANTOLÍN: Temor me causa y respeto.
PEDRO: Y a todos.
GUARDIÁN: Sea bien venido
su caridad.
LUZBEL: Vaya luego
fray Antolín a la casa1075
de don César que allá dejo
seis aves y unas conservas.
Tráigalas y al enfermero
las entregue.
ANTOLÍN: Voy volando.
Venga conmigo, fray Pedro.1080
Vanse
GUARDIÁN: ¿En qué estado tiene, padre,
fray Obediencia, el convento
que labra?
LUZBEL: Ya está acabado.
GUARDIÁN: ¿De todo punto?
LUZBEL: El blanqueo
le falta.1085
GUARDIÁN: Que me ha admirado
la brevedad le confieso.
LUZBEL: Pues habiendo cinco meses
que se abrieron los cimientos,
me han parecido cien años.
Más de mi parte no he puesto1090
sino el hallarme presente
a todos, buscar dinero
y trazar la arquitectura;
pero, si el Autor Eterno
me lo hubiera permitido,1095
en cinco días y en menos
hiciera más que cien hombres
en cinco meses han hecho.
GUARDIÁN: (No darme por entendido Aparte
será mejor.) ¡Bien lo creo!1100
Pero Dios no hace milagros
sin necesidad de hacerlos.
LUZBEL: El milagro yo le hiciera;
que bastante poder tengo
si Dios no me lo coartara.1105
GUARDIÁN: Ya de quién es estoy cierto;
no ha menester explicarse.
LUZBEL: No lo ignoro.
GUARDIÁN: Y de que es menos
su poder que el de mi padre
San Francisco.1110
LUZBEL: El valimiento,
padre Guardián, que su padre
tiene con el Rey Eterno,
es su poder, y que es grande
por esa parte confieso;
mas no es poder el poder1115
que necesita del ruego.
GUARDIÁN: Pues, ¿qué poder no procede
del de Dios?
LUZBEL: No argumentemos.
Tenga humildad; que conmigo
el que sabe más es lego.1120
GUARDIÁN: Eso nunca lo he dudado;
mas no pudo, por lo menos,
con cuanto puede y alcanza,
lograr su mayor deseo.
LUZBEL: ¿No? Pues diga, padre, ¿en mí1125
qué castiga Dios?
GUARDIÁN: Su intento.
LUZBEL: Él es muy buen religioso,
padre Guardián, pero necio.
Cuando yo llegué, ¿no estaban
cobardemente resueltos1130
a dejar él y sus frailes
desamparado el convento?
Luego de parte suya
logré mi intención, supuesto
que, por mirarlos vencidos,1135
se puso el Criador en medio.
Déle gracias del prodigio
que mira; pero creyendo
que, a ser su constancia más,
fuera mi castigo menos.1140
GUARDIÁN: (Muy bien me ha mortificado.) Aparte
LUZBEL: Es preciso hacer lo mesmo
que, vivo, hiciera Francisco.
Mire si pesar tan fiero
será mortificación1145
mayor, sobre el vituperio
de que el sayal de Francisco
me disfrace, aunque supuesto.
GUARDIÁN: Nunca se vio tan honrado
desde que cayó del cielo.1150
LUZBEL: La memoria le ha faltado
con el desvanecimiento
que le ha dado, pues se olvida
de que su origen primero
procede de polvo o barro.1155
GUARDIÁN: No me olvido. Bien me acuerdo
de que Dios al primer hombre
de aquel barro damasceno
hizo con sus propias manos;
y el ángel le costó menos1160
cuidado, pues con un fiat…
LUZBEL: Esa materia dejemos
que ni es de aquí ni él la sabe;
además de que no tengo
permisión de responderle.1165
¿Cuándo quiere que empecemos,
padre, la fundación nueva?
GUARDIÁN: Si le parece, sea luego.
LUZBEL: A mí me importa. ¿Qué frailes
la han de empezar?1170
GUARDIÁN: Yo no puedo
nombrarlos. A cargo suyo
está elegir los sujetos
y el número. Por mi cuenta
corre sólo el cumplimiento
de todo lo que ordenare.1175
LUZBEL: ¡Qué falso está! Pero el tiempo
llegará presto en que pase
otra vez de extremo a extremo.
GUARDIÁN: Dios querrá que tus astucias
nos den más merecimientos.1180
LUZBEL: Si Dios lo ha de hacer, no dudo
que será fácil; mas ellos
ya sé yo cómo pelean.
GUARDIÁN: Que soy de barro confieso.
LUZBEL: Mire que ya sus ovejas1185
entran a pacer, y pienso
que al pastor esperan. Vaya,
y cuide de que, en comiendo,
no se esparzan porque puede
perderse alguna.1190
GUARDIÁN: Yo creo
que es ociosa diligencia;
mas él las guarde si hay riesgo,
pues Dios le ha traído a ser
de sus ovejas el perro.
Vase
LUZBEL: Fuerza será, pues rabiando1195
morder a ninguna puedo;
mas de otra suerte algún día
yo y el pastor nos veremos.
Vase. Salen FELICIANO y JUANA
FELICIANO: ¿Salió Ludovico ya?
JUANA: Sí, mas te cansas en vano;1200
que a no verte, Feliciano,
resuelta mi ama está.
FELICIANO: ¡Tanto rigor!
JUANA: No es rigor;
que antes me ha dado a entender…
FELICIANO: ¿Qué?1205
JUANA: …que el no quererte ver
nace de tenerte amor;
que es virtuosa y honrada
y dice que aun el más leve
pensamiento excusar debe
pues ya, en fin, está casada.1210
Su padre anduvo crüel.
FELICIANO: Al fin ella fue vencida.
JUANA: ¡Y mire a quién! Mejor vida
pasáramos en Argel.
No se ha visto hombre tan fiero1215
si algún pobre se le llega,
y más mientras más le ruega.
Sólo un fraile limosnera
de San Francisco porfía
y le trae desesperado.1220
Ni una limosna le ha dado
pero él viene cada día
y le ha querido matar;
pero sólo con que el santo
le mire, le pone espanto1225
y no se atreve a llegar.
A un pobre ayer un crïado
un poco de pan le dio,
y al punto le despidió
después de muy mal tratado.1230
Mi señora no ha tenido
moneda de plata o cobre
con que dar limosna a un pobre
ni él lo hubiera consentido.
De esto está tan afligida1235
mi ama y con tal temor
que el verle la causa horror.
FELICIANO: Juana, aunque doy por perdido
mi esperanza, le ha de hablar
esta vez, quiera o no quiera;1240
pero será la postrera.
JUANA: Pues si lo quieres lograr,
a esa cuadra te retira;
que sale y se ha de volver
luego que te llegue a ver.1245
FELICIANO: Bien dices.
Éntrase
OCTAVIA: ¡Qué mal lo mira
el padre que, solamente
en su codicia fundado,
a su hija la da estado!
Que la mujer más prudente,1250
si a su esposo aborreciendo
está y a otro tiene amor,
bien podrá guardar su honor
pero vivirá muriendo.
¡Juana!1255
JUANA: ¿Que siempre has de estar
hablando contigo?
OCTAVIA: Sí.
JUANA: Feliciano ha estado aquí.
OCTAVIA: No le vuelvas a nombrar,
si algún gusto quieres darme,
mientras yo presente esté.1260
JUANA: De aquí adelante lo haré.
Sale FELICIANO
FELICIANO: ¿Qué? ¿Ya te ofende el nombrarme?
OCTAVIA: Sí, Feliciano, y el verte
mucho más. Vete al instante
o iréme yo.1265
FELICIANO: Tente.
OCTAVIA: Suelta.
FELICIANO: Vive Dios, que has de escucharme
sola esta vez; que en mi vida
volveré a verte ni hablarte.
OCTAVIA: Di pues, y verás que en ti
no hay razón para culparme.1270
FELICIANO: Pues, ¿cómo negarme puedes
que más de un mes me ocultaste
el intento, que sabías
de tu interesado padre?
Si amenazas ni violencias1275
fueran disculpa bastante,
aun eso no tienes, puesto
que no intentó violentarte.
¿Qué disculpa tener puede
una mujer de tu sangre1280
de haber rompido palabra
que tantas veces firmaste?
No sólo no replicaron
tus labios ni tu semblante,
mas fue menester mentir1285
para que te desposasen,
pues dijiste que jamás
palabra le diste a nadie;
y en este papel postrero
que eras mía confesaste.1290
Certificaciones tuyas
son éstas con que pagaste
diez años que, en guerra vida
de amor, seguí tu estandarte,
haciendo mi fe la posta,1295
todo este tiempo constante,
las noches en tus ventanas,
los días en tus umbrales.
Mujeres tan nobles…
OCTAVIA: Tente;
que, aunque a mi decoro falte,1300
has de saber que tú fuiste
la causa de mis pesares.
Algunas sospechas tuve
de que intentaba sacarme
mi padre, mas no certezas1305
de que pudiese avisarte;
pero mi padre mismo,
como a primo de mi madre,
te dio parte de mi empleo
y en él presente te hallaste.1310
¿Por qué dices que aquel día
se vio el pleito sin citarte?
¿Ni que le perdiste, puesto
que no quisiste ganarle?
¿Para qué con tantos ruegos,1315
si no habían de importarte,
me pediste, Feliciano,
que mis papeles firmase?
¿No te escribí ese papel
postrero tres días antes1320
de aquel infelice día?
Pues si tú estabas delante,
y era sobrado instrumento
para que lo embarazases
pues digo en él que soy tuya,1325
¿por qué no lo presentaste?
Primero que el sí le diera
de mi desdicha a mi padre
delante de tanta gente
dije, volviendo a mirarte:1330
“Ya llegó el lance forzoso.”
¿Por qué entonces no llegaste?
¿Fuera justo, Feliciano,
callando tú, que yo hablase?
¿Qué importó que me sirvieras,1335
hecho estatua de mi calle,
soldado de Amor diez años,
si en la ocasión me faltaste?
Quítale el papel
Este papel dice–¡suelta!–
“No hay de qué sobresaltarte;1340
que esposa tuya es Octavia.”
¿Quién es quien puede quejarse?
A voluntad tuya puse
el plazo. ¿Quién fuera parte,
confesando yo ser mío,1345
para dejar de cobrarle?
Yo hice, en fin, Feliciano
cuanto pude de mi parte.
Arbitrio en tu pleito fuiste;
contra mí le sentenciaste.1350
Por ti padezco la pena
de cautiverio tan grande
y pesado que mi vida
será el precio del rescate
y, puesto que la ofendida1355
soy, y tú quien te vengaste,
vete, y no vuelvas a verme;
Rasga el papel
porque si en estos umbrales
pones las plantas, haré,
¡vive el cielo! que te mate1360
Ludovico, a quien tú propio
me vendiste, no mi padre
puesto que los dos fuimos,
yo infeliz y tú cobarde.
Vase. [LUDOVICO está] al paño
LUDOVICO: ¿Qué escucho? ¡Válgame el cielo!1365
FELICIANO: ¿Que a tu decoro mirase
entonces culpas, Octavia?
JUANA: ¡Gentil disculpa! ¿Pensaste
que era pleito de revista?
FELICIANO: ¡Sin mí estoy!1370
JUANA: Vete; que es tarde
y vendrá su esposo.
Dentro
LUDOVICO: ¡Hola!
JUANA: Mejor será que te halle
solo. Adiós.
Vase
FELICIANO: Vete; que yo
tengo disculpa bastante.
Sale LUDOVICO
LUDOVICO: (¡Loco estoy! “Que los dos fuimos, Aparte1375
yo infeliz y tú cobarde.”)
FELICIANO: ¿Ludovico?
LUDOVICO: ¿Feliciano?
FELICIANO: A veros en este instante
entré; mas ya me volvía.
LUDOVICO: Ved si tenéis qué mandarme.1380
FELICIANO: La hacienda mía de campo
quisiera que vos compraseis;
pero esto se ha de tratar
muy despacio y ahora es tarde.
LUDOVICO: Yo iré a buscaros.1385
FELICIANO: Adiós.
Vase
LUDOVICO: Vuestra vida el cielo guarde.
(Para que yo te la quite.) Aparte
Pero mi peligro es grande
porque son muchos sus deudos,
y son los más principales1390
de la ciudad, con que es fuerza
cuando con la vida escape,
el perder toda mi hacienda.
Y si él primero fue amante
de Octavia, y es ella el pleito1395
que perdió, no es tan culpable
en Feliciano mi ofensa.
Este papel, al entrarse,
Octavia rompió. ¡Qué ciego
es amor! Pero el juntarle1400
para que leerle pueda
sin mucho espacio no es fácil.
Letra es de mujer. Sin duda
es de Octavia. En esta parte
dice “Feliciano mío.”1405
¡Respirando estoy volcanes!
Ya declinó mi fortuna.
En éste dice “asustarte.”
En ésta “Tuya es Octavia.”
Primero verás, infame,1410
tu muerte, ¡viven los cielos!
Vuelve a arrojar los pedazos. [Está JUANA] al paño
JUANA: ¿Que los pedazos dejase?
Mas no ha reparado en ellos;
no sé cómo los levante.
Sale JUANA
LUDOVICO: ¿Qué quieres?1415
JUANA: Ando buscando
pedazos de papel.
LUDOVICO: (Tarde Aparte
lo previno.) ¿Para qué?
JUANA: Estoy con un mal de madre
y el humo de los papeles
me le quita.1420
LUDOVICO: No es tan fácil
para tu mal el remedio.
JUANA: Éste no es mal; que es achaque.
LUDOVICO: Así lo entiendo. ¿Qué esperas?
Vete de aquí.
JUANA: Que me place.
(¡Jesús, qué cara! Del mundo Aparte1425
me fuera por no mirarle.)
Vase
LUDOVICO: No me toca a mí matar
a Feliciano en rigor.
A Octavia entregué mi honor
y de ella le he de cobrar1430
primero que a ejecutar
llegue su vil hermosura
mi afrenta, porque es locura
el creer que, enamorada
y a su disgusto casada,1435
puede haber mujer segura.
Mis manos en su garganta
podrán impedir que acudan
a sus voces las crïadas,
y ahogada… Pero ya culpa1440
mi cólera la tardanza.
Al irse, sale LUZBEL por la misma puerta y le detiene
LUZBEL: Dale a San Francisco alguna
limosna. (¡Que yo impidiera Aparte
de Octavia la muerte injusta!
Mas Dios lo manda.)1445
LUDOVICO: No sé
cómo no temes mi furia,
fraile, fantasma o demonio.
Sin duda tu muerte buscas.
¿Qué me persigues si sabes
ya, por experiencias muchas,1450
que en mí no ha de hallar limosna
tu religión ni ninguna?
¿Qué me quieres?
LUZBEL: Reducirte;
que la Omnipotencia suma
me lo manda y es forzoso1455
que con sus órdenes cumpla.
Y puesto que le obedece
quien de los filos y puntas
de la invencible guadaña
no puede temer la furia,1460
obedece tú. No esperes
que el término de tus culpas
llegue; que está ya muy cerca.
Dale, Ludovico, alguna
parte a Dios de las riquezas1465
que en esas arcas ocultas
para que por ese medio
puedas aplacar su justa
indignación, y piadoso
sus auxilios te reduzcan1470
a restituir.
LUDOVICO: Detente.
Que me admiro de que sufra,
¡viven los cielos!, mi rabia
tus descompuestas locuras.
¿Yo limosna? Vete luego;1475
que mi hacienda, poca o mucha,
mi fortuna me la ha dado.
LUZBEL: Ludovico, no hay fortuna
ni es la que tu hacienda llamas
absolutamente tuya.1480
Y no sólo la adquirida
con viles cambios y usuras
oro es toda de quien la goza,
sino la del que madruga
para el trabajo a la aurora1485
comiendo de lo que suda.
Todos los que en esos campos,
tal vez con piadosa lluvia,
de la tierra, común madre,
rompen las entrañas duras,1490
y en sus senos animosos
por depósito sepultan
del antecedente agosto
la rica mies grana y rubia,
después de muchos afanes1495
y esperanzas mal seguras,
como a dueño de la tierra,
su diezmo a Dios le tributan.
Y él lo entrega a sus ministros
con orden de que consuman1500
en sí solo lo que basta,
conforme el puesto que ocupan.
Y como sus mayordomos
en los pobres distribuyan
lo demás, que Dios en ellos1505
todas sus rentas vincula.
Cuantos adquieren riquezas
con lo que al pobre le usurpan,
no verán de Dios la cara
si no es que la restituyan1510
como les fuere posible.
Y esto ninguno lo duda
pues, ¿Cómo tú de la hacienda
dueño absoluto te juzgas
siendo corneja vestida1515
de tantas ajenas plumas?
Imprudente almendro, advierte
que según mis conjeturas
será de infinitas plantas
escarmiento tu locura.1520
LUDOVICO: En tu vida he de vengar,
hipócrita, mis injurias.
LUZBEL: No te muevas, que no sabes
quién soy. Atento me escucha.
Mira que en ti solamente1525
no hay resquicio ni disculpa
porque el común enemigo
de todos tu bien procura,
no sólo por oprimido,
mas también porque, sin duda,1530
le ha de quitar muchas almas
el ejemplo de la tuya.
Goza ocasión tan dichosa.
Ni tus potencias perturba
ningún espíritu impuro1535
ni tus sentidos ofusca.
Justicia y misericordia
tu arrepentimiento, ayuda.
Mira que de su justicia
la divina espada empuña,1540
y que su inmensa paciencia,
que es la vaina que la oculta,
se ha cansado ya. ¿Qué aguardas?
Mira que ya la desnuda.
Mira que el brazo levanta.1545
Mira que el golpe ejecuta.
LUDOVICO: Ya me arrepiento.
LUZBEL: (¡Oh, pese Aparte
al infierno!) Pues, ¿qué dudas?
La caridad es la puerta
del perdón. Por ella busca1550
la entrada. Dame limosna.
LUDOVICO: Eso no.
LUZBEL: ¡Vil criatura,
peor que Luzbel te juzgo!
Pues si él pudiera, sin duda
fuera su arrepentimiento1555
tan grande como su culpa,
y tú, pudiendo, no quieres.
LUDOVICO: Pues esta vez, aunque huyas
te he de matar.
LUZBEL: No te acerques
porque haré que se reduzca1560
tu forma a menos que a tierra;
que aun eso no has de ser nunca.
LUDOVICO: ¡Hola, Alberto, Celio! Este hombre
me atemoriza y asusta.
Salen ALBERTO, CELIO, OCTAVIA y JUANA
CELIO: Señor, ¿qué mandas?1565
OCTAVIA: ¿Qué es esto?
ALBERTO: ¿Por qué das voces?
JUANA: Sin duda
que ha sido el fraile la causa.
LUDOVICO: ¡Que en mi casa no se cumpla
lo que mando! ¿No os he dicho
que no dejéis entrar nunca1570
a este fraile?
CELIO: Por la puerta
no ha entrado.
ALBERTO: Es cierto.
JUANA: Sin duda
que es santo.
OCTAVIA: Padre, por Dios,
que excuse una desventura.
LUZBEL: A estorbar la vuestra vine.1575
OCTAVIA: ¿La mía?
LUZBEL: Sí.
OCTAVIA: Fuera injusta.
LUZBEL: Ya sé que está inocente
mas los indicios os culpan.
OCTAVIA: Pues, ¿qué haré?
LUZBEL: Yo nada os puedo
aconsejar; que la fuga1580
es confesaros culpada.
OCTAVIA: Yo espero en la siempre pura
madre de Dios que me ampare.
LUDOVICO: Hombre, vete y no presumas
que mi firme intento muden1585
tus palabras importunas;
que aunque fueran mis riquezas
las de Creso y Midas juntas,
no hallarás en mí limosna.
LUZBEL: No hemos menester la tuya.1590
Tú necesitas de darla
que a mis frailes sobran muchas
pues que con ellas sustentan
trescientos pobres en Luca.
Ya te dejo; pero mira1595
no añadas culpas a culpas;
que está inocente quien piensas
que tu deshonor procura.
(¡Que mi soberbia impaciente Aparte
en tan infame coyunda1600
oprima el Criador Eterno!
¡Oh nunca, Francisco, oh nunca
a humildad tan poderosa
se opusieran mis astucias!)
Vase
LUDOVICO: (Éste sabe ya mi afrenta. Aparte1605
En la quinta, más oculta
podrá estar su muerte en tanto
que pueda salir de Luca
poniendo en salva mi hacienda.)
[Hablan aparte las dos]
JUANA: Lo mejor será que huyas.1610
OCTAVIA: ¿Eso dices, necia?
LUDOVICO: Octavia,
este fraile me disgusta
tanto que por unos días,
por ver si en ella me busca,
nos hemos de ir a la quinta.1615
¿Qué dices?
OCTAVIA: ¿Eso preguntas?
¿Qué puedo decir si sabes
que mi voluntad es tuya?
LUDOVICO: Celio, haz poner la carroza.
Tú, Alberto, para que suplas1620
en los negocios mi ausencia,
te quedarás.
ALBERTO: Pues tú gustas,
yo lo haré.
LUDOVICO: Vamos, Octavia.
[Hablan aparte las dos]
JUANA: Mira que éste disimula
su enojo para matarte.1625
OCTAVIA: Mi inocencia me asegura.
LUDOVICO: (Primero verás, infame, Aparte
tu castigo que mi injuria.)
Vanse. Sale fray ANTOLÍN
ANTOLÍN: El jumentillo mi maña
envió con el donado1630
y salga desafïado
de mi hambre a la campaña.
Y esta vez la he de matar
sin que la persecución
de aqueste fraile Nerón1635
de mí la pueda librar.
Cuanto yo escondo me quita,
porque otro no puede ser,
sin que me pueda valer
la parte más exquisita.1640
Ningún regalo consigo
que en manos suyas no caiga
y me ha obligado a que traiga
todos mis bienes conmigo.
Las mangas traigo rellenas.1645
El peso, con la costumbre,
no me dará pesadumbre
y servirán de alacenas.
Mucho es que este fray Forzado
con tal trabajo no enferme;1650
porque ni come ni duerme
que es espíritu he pensado.
Porque lo que más asombra,
yendo juntos por la calle,
es cuando vuelvo a miralle1655
que su cuerpo no hace sombra.
Otro convento fundando
está ya, con prisa tanta,
que todo el lugar se espanta;
pero siempre regañando.1660
Dentro del pecho presumo
que toma tabaco de hoja
porque el aliento que arroja
por las narices es humo.
Él me ha dado en perseguir1665
y en no dejarme comer;
mas hoy no le ha de valer
porque él ha de presumir
que ya estoy en el convento
y merendaré seguro.1670
Ya estoy muy lejos del muro;
en este altillo me siento,
que todo lo señorea
porque si alguno pasare,
primero que en mí repare,1675
es fuerza que yo le vea.
Polla, empanada y pernil
traigo; que es bueno imagino
el pan, mas lo que es el vino
puede arder en un candil.1680
A Heliogábalo me igualo
y nunca el comer condeno
si lo que se come es bueno
porque todo es de regalo.
Yo, en fin, no tengo otro gozo;1685
mi estómago es un abismo
y cuanto como es lo mismo
que si cayera en un pozo.
No ha de estar de manifiesto
todo; conforme comiere1690
saldrá, porque si viniere
alguno, lo esconda presto.
Salga el pernil.
Sale LUZBEL
LUZBEL: ¡Qué crüel,
Señor, os mostráis conmigo!
¿Yo amigo de mi enemigo?1695
¿Sirviendo al hombre Luzbel?
¡Oh, pese a la pena mía!
¿De Francisco sustituto
es, oh Poder Absoluto,
quien quiso dar luz al día?1700
¡Basta tan fiero tormento!
Y cuanto me habéis mandado,
Señor, está ejecutado;
que de este rico avariento
la posterva obstinación1705
sólo la podrá vencer
vuestro absoluto poder.
A estorbar la ejecución
de dar muerte a su mujer
voy. (Ya el lego se ha sentado1710
a comer lo que ha ocultado
de mí; mas no ha de comer
nada de lo que ha traído.
De esta suerte haré que crea
que no le he visto y me vea.)1715
ANTOLÍN: ¡Pardiez, que no le ha valido
a fray… ¡Válgame San Pablo!
¿Cómo este fraile llega
tan cerca sin verle yo?
Santo es…mas no es sino diablo.1720
No me ha visto.
Guarda lo que estaba comiendo
LUZBEL: (Ya guardó Aparte
lo que a comer empezaba.)
ANTOLÍN: Pues que no puedo escaparme.
Preciso es llegar. Deo gratias.
LUZBEL: ¿Fray Antolín?1725
ANTOLÍN: Padre mío,
¿dónde va?
LUZBEL: Voy a la granja
o quinta de Ludovico
a impedir una desgracia;
mas él, ¿a qué vino al campo?
ANTOLÍN: Es que le médico me manda1730
que ande todo lo que pueda
y sea por tierra llana
porque tengo humores gruesos.
LUZBEL: Si en el comer se templara
los humores consumiera.1735
Seis frailes se sustentaran
con lo que el padre Antolín
come.
ANTOLÍN: No tengo otra falta.
LUZBEL: De esa se originan muchas
porque la regla relaja1740
de su padre San Francisco.
Y la devoción estraga
también de sus bienhechores,
viéndolo por las mañanas
y aun por las tardes tomar1745
chocolate en veinte casas.
ANTOLÍN: Padre, lo que me dan tomo
y esto mi regla lo manda.
LUZBEL: Mas esto se entiende cuando
con necesidad se halla.1750
ANTOLÍN: Muchas veces he querido
vencer de mi hambre el ansia;
mas no he podido, que luego,
con los regalos que sacan,
me engaña el demonio.1755
LUZBEL: ¡Miente!
Su flaqueza es quien le engaña.
¿Hale propuesto el demonio
alguna vez, entre tantas,
que la gula no es pecado?
ANTOLÍN: No, pero gula se llama1760
comer sin gana, y a mí
jamás me faltó la gana.
LUZBEL: Su hambre y la sed que tienen
los hidrópicos son falsas.
ANTOLÍN: No tal; que cuanto yo como1765
es salida por entrada.
LUZBEL: ¿No come en refectorio
de pan como de vianda
la ración suya y la mía?
ANTOLÍN: Sí, padre.1770
LUZBEL: Pues, ¿no le bastan?
ANTOLÍN: Dos raciones son, hermano,
para mí dos avellanas.
LUZBEL: Que no reviente me admira.
ANTOLÍN: Gracia ha tenido.
LUZBEL: Se engaña;
que, a tener gracia, no hubiera1775
perdido, hermano, mi patria.
ANTOLÍN: ¿Su patria perdió por eso?
LUZBEL: Sí, porque perdí la gracia
de mi rey y fue preciso,
aunque a mi pesar, dejarla.1780
ANTOLÍN: ¿Qué reino es ese?
LUZBEL: Está en clima
tan remoto que argonauta
ninguno le ha descubierto,
y será noticia vana.
ANTOLÍN: Pues, si no le han descubierto,1785
¿quién le trajo al padre?
LUZBEL: ¿Cuántas
veces he dicho a los padres
que Dios?
ANTOLÍN: La boca me tapa.
Allí vienen unos pobres.
LUZBEL: ¡Ah, hermanos!1790
ANTOLÍN: ¿Por qué los llama?
Déjelos; que andan buscando
sitio para su matanza.
LUZBEL: Lleguen, hermanos.
ANTOLÍN: Si aquí
no podemos darles nada,
¿qué los quiere?1795
LUZBEL: Si tuviere
necesidad, no faltara.
Salen tres POBRES
POBRE 1: Nuestro santo limosnero
es.
POBRE 2: Padre mío.
POBRE 3: Bien haya
quien por nuestro bien le trajo
a Luca.1800
LUZBEL: (Y por mi desgracia.) Aparte
¿Comieron en el convento?
POBRE 1: Llegamos tarde.
ANTOLÍN: Eso es trampa;
que a los tres, y yo presente,
les dieron hoy su pitanza.
POBRE 1: Pero tengo seis chiquillos1805
y a mi mujer en la cama.
ANTOLÍN: Si de esa suerte procrea,
¿quién a sustentarlos basta?
POBRE 2: Pues yo tengo nueve, y nunca
sale mi mujer de casa1810
porque es manca y es tullida.
ANTOLÍN: Nueve ha parido, ¿y es manca?
Váyanse con sus mujeres
a una isla despoblada;
que en poco tiempo pondrán1815
un ejército en campaña.
POBRE 3: Yo no tengo hijo ninguno;
mas tengo un padre que pasa
de noventa años.
ANTOLÍN: En vano
refieren aquí sus plagas;1820
vayan después al convento.
LUZBEL: Mucho siento que no traiga,
hermano, algún regalillo
para la que está en la cama
enferma. Mírelo bien,1825
ANTOLÍN: ¿Qué he de mirar? ¿Es matraca?
LUZBEL: Pues yo los llamé y es fuerza
que lleven algo…
ANTOLÍN: Pues haga
que una docena de cuervos
en los picos se lo traigan;1830
que aquí no hay otro remedio.
LUZBEL: Sí habrá. Tengo confïanza
y a sus mangas eche, hermano,
la bendición.
ANTOLÍN: (No hay humanas Aparte
diligencias contra este hombre.1835
Él me vio comer.)
LUZBEL: ¿Qué aguarda?
ANTOLÍN: Mejor será que eche el padre
la bendición a sus mangas
y deje las manganetas.
LUZBEL: No me replique palabra,1840
porque haré…
ANTOLÍN: Ya le obedezco;
pero de tan mala gana
que no será de provecho.
LUZBEL: La bendición ya está echada.
Mire ahora lo que el cielo1845
envía.
ANTOLÍN: No envía nada.
Güero salió este milagro.
LUZBEL: No gaste conmigo chanzas.
Saque de la manga izquierda
medio pernil, que ése basta1850
para ese pobre y su padre.
ANTOLÍN: Aquí no hay remedio.
POBRE 2: ¡[Extraña]
maravilla!
POBRE 3: Sí, por cierto.
LUZBEL: Cocido está.
POBRE 1: ¡Cosa rara!
ANTOLÍN: (Y aun digerido estuviera Aparte1855
si un instante se tardara
el padre.)
LUZBEL: Déle a ese pobre.
ANTOLÍN: Mejor es que le reparta
entre los tres.
LUZBEL: No le pido
consejo. Déle a Dios gracias,1860
y tenga fe.
ANTOLÍN: (Los milagros Aparte
como éste se obran con mala.)
LUZBEL: Désele, pues.
POBRE 2: Venga.
ANTOLÍN: Tome.
(Y mal provecho te haga.) Aparte
LUZBEL: Para este pobre que tiene1865
a su mujer en la cama,
saque una polla.
ANTOLÍN: Si hay polla
que quede repuesta basta.
LUZBEL: Ya le he dicho…
ANTOLÍN: No se enoje.
(¡Los diablos lleven tu alma!) Aparte1870
Aquí está ya. Tome.
POBRE 1: Y viene
cocida y salpimentada.
ANTOLÍN: (La salpimienta se vuelva Aparte
solimán.)
LUZBEL: Una empanada
que tiene dentro un gazapo1875
y está en la derecha manga,
saque al momento.
ANTOLÍN: Laus Deo.
Tome.
POBRE 3: Quien con Dios alcanza
tanto, eternamente viva.
LUZBEL: (Ésa es mi mayor desgracia.) Aparte1880
Saque un pan.
POBRE 1: Un pan es poco.
ANTOLÍN: No hay más.
POBRE 1: Habrá sido mala
la cosecha, pues no envían
más de un pan.
POBRE 2: Pan no nos falta.
POBRE 3: Mucho nos dan, porque este año1885
le abarató la abundancia.
ANTOLÍN: Pues tierras hay que, aunque fuera
un pan cada gota de agua,
lloviendo a pedir de boca
el pan no se abaratara.1890
POBRE 1: Padre, ¿habrá un trago de vino?
ANTOLÍN: ¿Vino también? ¡Calabaza!
LUZBEL: Pues saque una.
ANTOLÍN: Padre mío,
advierta que es cargo de alma.
Déjele para las misas;1895
que es vino del cielo.
LUZBEL: En casa
tienen de ese propio vino.
¿Qué espera? La calabaza
les dé.
ANTOLÍN: Tomen; que mejor
les diera calabazadas.1900
LUZBEL: Ya se pueden ir.
POBRE 2: Primero
nos deje besar sus plantas.
LUZBEL: Apártense allá.
POBRE 3: No quiere
que le agradezcamos nada.
LUZBEL: Váyanse.1905
POBRE 2: Adiós, padre mío,
(¡No vi aspereza tan santa!)
Vanse [los POBRES]
LUZBEL: Diga, ¿parécelo justo
hacer despensas las mangas
de un hábito tan sagrado?
ANTOLÍN: Padre…1910
LUZBEL: No me diga nada.
ANTOLÍN: Por amor de Dios le pido
que de esto se sepa nada
ningún religioso, y déme
su caridad mil patadas.
LUZBEL: No lo sabrán, pero haré,1915
si de enmendarse no trata,
que el padre Guardián le envíe
sin el hábito a su casa
o choza, donde comía
después de estar con la azada1920
trabajando todo el día,
unos tasajos de cabra.
En el refectorio coma
cuanto le pidiera el ansia
de su vil naturaleza;1925
que hasta que la satisfaga
le traerán lo que pidiere;
mas no ha de tomar ni aun agua
en otra parte. Y advierta
que no se me esconde nada.1930
ANTOLÍN: Digo, padre fray Forzado,
que haré todo lo que manda.
LUZBEL: Ya va llegando a la quinta
Ludovico con Octavia.
ANTOLÍN: ¿Desde aquí los ve?1935
LUZBEL: Mi vista
mucho más lejos alcanza.
Camine, Antolín, que allá
le aguardo.
ANTOLÍN: ¿Que allá me aguarda?
Pues, ¿no iremos juntos?
LUZBEL: No;
que cuando del coche salgan1940
es fuerza hallarme presente.
ANTOLÍN: Pues si hay una legua larga,
¿cómo ha de llegar a tiempo?
LUZBEL: A mí un instante me basta.
Vase
ANTOLÍN: ¡Jesús mil veces! El viento1945
le llevó. Ya no me espanta;
que, sin haberle yo visto,
tan cerca de mí llegara
ni que por extenso viera
cuanto traía en las mangas;1950
mas pasarme todo un día
comiendo una vez es chanza
y, supuesto que no hay parte
de su vista reservada,
como me lo fueren dando1955
lo esconderé en mis entrañas.
Vase. Salen FELICIANO y CELIO
CELIO: Si dices que te ha avisado
Juana de que receloso
está ese hombre, ¿no es forzoso
creer lo que ha recelado1960
si en su quinta estás primero
que él llegue?
FELICIANO: O es cierto o no
lo que Juana me avisó.
Si es cierto, por caballero,
por primo suyo y amante1965
a Octavia debo librar.
CELIO: ¿Y quién te ha de asegurar
de si es cierto?
FELICIANO: Su semblante;
que si es cierto que ha sabido
con verdad lo que ha pasado,1970
yo soy el que le ha agraviado;
que Octavia no le ha ofendido.
Y viéndome solo aquí,
puesto que tiene valor,
o yo lograré mi amor1975
o él se vengará de mí.
Con los caballos espera,
de esos robles encubierto.
CELIO: ¿Por qué, si quedó Roberto
con ellos?1980
FELICIANO: Porque pudiera,
si estamos dos, encubrir
su intención, si es que la tiene;
mas ya la carroza viene.
Sin duda quieren salir
de ella porque se ha parado.1985
Vete.
CELIO: Acechando estaré
y si importase, saldré;
pero ten mucho cuidado
que es fiero.
FELICIANO: Él lo da a entender;
pero de esto mismo infiero1990
lo contrario; que no es fiero
quien lo quiere parecer;
mas ganaré por la mano
si al verme muda el color.
CELIO: El plomo lo hará mejor.1995
Sale LUZBEL
LUZBEL: ¿Adónde vais, Feliciano?
FELICIANO: Padre…
CELIO: ¿Por dónde ha venido
el santo?
FELICIANO: (Admirado estoy Aparte
y turbado.) Padre, voy…
LUZBEL: Ya sé lo que os ha traído.2000
Y no es justo que me espante
querer en esta ocasión
cumplir con la obligación
de caballero y amante;
pero no paséis de aquí.2005
Volveos por la arboleda
sin que Ludovico pueda
veros, y dejadme a mí;
que vos podréis en rigor,
si os ayudare la suerte2010
de Octavia excusar la muerte,
mas no quitándola el honor;
pues quien aquí me ha envïado,
vida y honor le dará
y a su esposo templará.2015
Bien podéis ir confïado.
FELICIANO: Advierta su caridad
que este hombre le ha de perder
el respeto, y puede ser
que le arroje su maldad2020
a otro mayor desvarío.
LUZBEL: Trayendo yo, Feliciano,
orden de Dios, no hay humano
poder que resista el mío.
CELIO: Presto; que el coche han dejado.2025
FELICIANO: Ya le obedezco gustoso,
varón santo.
CELIO: ¡Prodigioso!
En fin, de Dios envïado.
Vanse
LUDOVICO: Señor, si por tantos modos
podéis vos librar del riesgo2030
a esta mujer, y también
reducir a ese protervo,
rebelde, avariento monstruo
sólo con el querer vuestro,
pues redujo la codicia2035
del publicano Mateo,
¿por qué a mí me lo mandáis
sabiendo vos que no puedo?
Pero ya los dos se acercan
y Octavia, aunque con recelo,2040
viene animosa, fïada
del justo devoto afecto
que a la siempre virgen pura
tiene. Que la ampare creo;
que inocencia y fe aseguran2045
que es ya divino el empleo.
Mas ya llegan.
Salen LUDOVICO y OCTAVIA
OCTAVIA: ¿Para qué,
cuando tan cerca tenemos
la quinta, el coche dejamos?
LUDOVICO: Pero eso mismo le dejo.2050
LUZBEL: (Por causarle más espanto Aparte
hasta que quiera su intento
ejecutar, no ha de verme,
y entonces me pondré en medio.)
LUDOVICO: Que sólo te traje, Octavia2055
para dejar satisfecho
mi agravio en tu infame vida.
OCTAVIA: Tú te agravias en creerlo,
porque yo no te he ofendido
ni aun con solo el pensamiento;2060
que si le hubiera tenido,
bastante lugar y tiempo
tuve de ponerme en salvo;
pues de tu falso recelo
me envió el cielo el aviso2065
con el padre limosnero
de San Francisco.
LUDOVICO: Pues ya
ni ese mágico ni el cielo
de mí han de poder librarte.
OCTAVIA: Escucha.2070
LUZBEL: Tente, blasfemo;
que si permisión tuviera
de quien por fuerza obedezco,
yo solo te convirtiera
en cenizas con mi aliento.
LUDOVICO: Tus descompuestas palabras2075
confirman que tus portentos
son en virtud del demonio;
pero lograré mi intento,
a tu pesar, con su muerte.
LUZBEL: La tuya verás muy presto2080
si no le pides perdón
a Dios, y repartes luego
en los pobres tus tesoros,
pues tienen más parte en ellos
que tú.2085
LUDOVICO: ¡De cólera rabio!
Encantador, embustero,
¿dónde te escondes?
OCTAVIA: ¡Señora,
pues vos sabéis que no tengo
culpa, libradme de este hombre!
LUZBEL: Advierte, pecador ciego2090
que está tu fin muy cercano.
LUDOVICO: Sombra o fantástico cuerpo,
si amenazas, ¿por qué huyes?
Mas vengaré por lo menos
en esta mujer mi agravio.2095
[Le mata a OCTAVIA con su espada]
LUZBEL: Detente.
OCTAVIA: Sin culpa muero.
¡Virgen, dadme vuestro amparo!
Cae como muerta
LUDOVICO: ¡Muere, infame!
Vase
LUZBEL: Pues, Eterno
Señor, ¿cómo me impedís
que con impulso violento2100
guarde de Octavia la vida,
pues de otra suerte no puedo?
Ya dejándola por muerta,
vuelve a la carroza el fiero
homicida.2105
Sale fray ANTOLÍN
ANTOLÍN: Padre mío,
¿qué ha sucedido, que huyendo
va Ludovico?
LUZBEL: Su vista
le informará del suceso.
¿No ve a Octavia en ese campo?
ANTOLÍN: ¡Jesús! Pues, ¿no llegó a tiempo2110
de impedirlo?
LUZBEL: A tiempo vine,
mas sin duda fue decreto
soberano.
ANTOLÍN: ¿No la absuelve?
LUZBEL: Ya expiró; pero ¿qué es esto?
ANTOLÍN: ¿De qué se ha quedado absorto?2115
LUZBEL: Confuso estoy.
ANTOLÍN: Vamos presto,
y llevémosla a la quinta.
LUZBEL: (Algunos de sus portentos Aparte
quiere obrar Dios con Octavia.)
ANTOLÍN: ¿A qué aguarda? Vamos presto.2120
LUZBEL: Que ni al infierno ha bajado
el alma, ni subió al cielo,
ni ha entrado en el purgatorio,
y naturalmente ha muerto.
ANTOLÍN: Pues hace tantos prodigios2125
por cosas que importan menos,
a esta dama resucite,
pues a sus ojos la han muerto;
que es milagro obligatorio.
(Ahora sabré de cierto Aparte2130
si éste es santo o es demonio;
mas orando está.)
Baja en la tramoya que mejor parezca, una niña que haga la Virgen, acompañada de ángeles y llega hasta OCTAVIA y tócala con las manos
LUZBEL: (Ya veo Aparte
de mi duda el desengaño;
que, haciendo la tierra cielo,
cercada de querubines,2135
baja la madre del Verbo,
la ocasión de mi delito,
la causa de mi destierro.
¿Que sola una devoción
que os tiene–¡de mí blasfemo!–2140
a tanto extremo os obligue?
Pues, ¿quién no es devoto vuestro
de cuantos a Dios conocen
si no es yo, porque no puedo?)
ANTOLÍN: (Con Dios, sin duda, está hablando; Aparte2145
que hace visaje y gestos
como suelen las beatas.)
LUZBEL: (¡Oh, reniego de mí mesmo! Aparte
Póstrase
Postraréme a pesar mío
pues a la opresión que tengo2150
me añade el Criador que sea
testigo de mi tormento.)
ANTOLÍN: Padre, padre, ¿con quién habla?
¡Jesús mil veces! El fuego
que arroja me ha chamuscado.2155
Si acaso no es diablo, es cierto
que es alma del purgatorio.
LUZBEL: (Ya llega al cadáver yerto.
Ya con sus divinas manos
la toca, y a un mismo tiempo2160
el alma a su mortal cárcel
vuelve, y el vital aliento.
Ya vuelve a ocupar su trono
y ya su guardia, tendiendo
las cuchillas de las alas,2165
Tocan, y vuelve a subir en la misma tramoya
cortan con su Reina el viento.)
Levante del suelo a Octavia,
hermano.
ANTOLÍN: Solo no puedo;
que pesa mucho un difunto.
LUZBEL: Viva está.2170
ANTOLÍN: Como mi abuelo.
LUZBEL: Haga lo que le digo
sin replicar.
ANTOLÍN: Mas, ¿qué veo?
¡Voto a tal, que se revuelve!
Salen FELICIANO y CELIO
FELICIANO: Si tú le viste corriendo
y solo, muerta es Octavia;2175
pero aunque la oculte el centro
de la tierra…
LUZBEL: Feliciano,
reportaos.
FELICIANO: De vos me quejo
más que del vil Ludovico.
OCTAVIA: ¡Qué soberano consuelo!2180
Mas, ¿qué es lo que estoy mirando?
ANTOLÍN: Pues aquí no hay embeleco
santo es a macha-martillo.
FELICIANO: ¿Octavia mía?
LUZBEL: Teneos,
Feliciano.2185
OCTAVIA: Padre mío,
déjeme que bese el suelo
que pisa.
LUZBEL: Apartad, señora;
que la que es Reina del Cielo
os dio la vida.
OCTAVIA: Y también
su intercesión.2190
LUZBEL: (Esto siento Aparte
más que todas mis desdichas.)
OCTAVIA: Que salgáis de Luca os ruego,
Feliciano.
FELICIANO: Y aun de Italia
toda salir os prometo
si os volvéis con vuestro padre.2195
LUZBEL: Hay mucho que hacer primero
que de su ausencia se trate;
quede este caso secreto
por dos días, que conviene.
Vos, Feliciano, volveos2200
a la ciudad; que yo a Octavia
pondré donde esté sin riesgo.
FELICIANO: Preciso es que obedezca;
pero, ¿no sabré primero
lo que ha pasado?2205
LUZBEL: Mañana
que lo sepáis os prometo.
Idos y llevad sabido
que ha importado este suceso
mucho a vuestro amor.
FELICIANO: Alegre
con esta esperanza vuelvo.2210
Vase
LUZBEL: Venid conmigo, señora;
que esta noche por lo menos
en casa de una devota
nuestra quedaréis; que luego
dispondrá lo que gustare.2215
OCTAVIA: Yo, padre mío, no tengo
que disponer; mi albedrío
a la elección suya dejo.
LUZBEL: Vamos; que por el camino
sabrá quién del suyo es dueño.2220
OCTAVIA: Vamos.
Vase
LUZBEL: Antolín, camine.
ANTOLÍN : Padre, de hambre no veo;
por pan me llego a la quinta.
LUZBEL: Camine; que en el convento
comerá.2225
ANTOLÍN: Padre, una legua
es para mí mucho trecho
y el estómago se afila.
LUZBEL: Pues para que coma luego,
yo haré que solo de un salto
a la puerta del convento2230
se ponga.
ANTOLÍN: Téngase, padre.
LUZBEL: Mire si quiere…
ANTOLÍN: No quiero.
Ya se me quitó la hambre.
LUZBEL: Pues ande, y tenga por cierto
que es mi poder más que humano.2235
ANTOLÍN: Pues, ¿por qué me advierte de esto?
LUZBEL: Porque me ha de hallar muy cerca
cuando me juzgue muy lejos.
Camine.
ANTOLÍN: Vuelvo a mi duda,
porque no hay santo soberbio.2240
Vanse
