El diablo predicador — Jornada I

EL DIABLO PREDICADOR

Luis de Belmonte Bermúdez

Texto basado en la edición décimononesca de Juan Eugenio Hartzenbusch, en la BIBLIOTECA DE AUTORES ESPAÑOLES, tomo 45. Esta edición fue preparada por Vern G. Williamsen en el año 1996.


Personas que hablan en ella:

  • FELICIANO, galán
  • El GUARDIÁN de San Francisco
  • El GOBERNADOR de Luca
  • LUZBEL
  • OCTAVIA, dama
  • JUANA, criada
  • TEODORA
  • LUDOVICO
  • SAN MIGUEL
  • ASMODEO
  • Fray ANTOLÍN
  • Fray PEDRO
  • Fray NICOLÁS
  • ALBERTO, criado
  • CELIO, criado
  • Un NIÑO JESÚS
  • NUESTRA SEÑORA
  • Tres POBRES

JORNADA PRIMERA


Baja LUZBEL, en un dragón
LUZBEL: ¡Ah, del oscuro reino del espanto,
estancia del dolor, mansión del llanto,
donde ya de otro daño sin recelo
la desesperación es el consuelo!
Abrid; y tú, de quien mi rabia fía5
de esa noble y eterna monarquía
el gobierno en mi ausencia,
ven a mi voz.
Sale ASMODEO, por un escotillón
ASMODEO: Ya estoy en tu presencia;
pero, ¿qué te ha obligado
a que me llames?10
LUZBEL: ¿No lo has penetrado?
ASMODEO: No, príncipe, si bien creo que es mucha
la causa.
LUZBEL: La mayor.
ASMODEO: Pues, dilo.
LUZBEL: Escucha.
Sobre este helado vestigio
en cuya forma triforme
di espanto en su Apocalipsi15
al más venturoso joven,
para saber los que el yugo
de mi imperio reconocen,
en término de dos días
he dado la vuelta al orbe20
y, de diez partes, las nueve
por las justas permisiones
del Criador eterno yacen
a mi obediencia conformes.
Los bárbaros sacrificios25
me ofrecen, y adoraciones,
en las mentidas estatuas
de barro, de hierro y bronce.
La morisma en su vil secta,
y también otras naciones30
que en una verdad disfrazan
mil diferentes errores,
sin que a ninguna de tantas
sus distantes horizontes
la disculpe de que al Dios35
que todo lo hizo ignore,
pues no hubo en toda la tierra
clima tan ignoto donde
no llegasen, explicadas
por alguno de los doce40
discípulos las verdades
de los cuatro historiadores;
ni parte donde el cruzado
leño, ya en llano o ya en monte,
no quedara por testigo45
de su pertinacia torpe.
Solamente algunas partes
de la Europa se me oponen,
adorando al Uno y Trino,
y al Verbo por Dios y Hombre;50
pero, aunque en ellas hay muchos
jardines de religiones
cuya agradable fragrancia
de sus penitentes flores,
penetra el eternos alcázar55
para que a Dios desenoje
de lo mucho que le ofenden
los mismos que le conocen.
Los que me dan más tormento
son–¡ah, mi rabia me ahogue!–60
esos hijos–sin nombrarle
será fuerza que le nombre–
de aquél por menor más grande,
de aquél más rico por pobre,
de aquel retrato de Dios65
humanado tan conforme
que, si en un pesebre Cristo
nació, Francisco, por orden
también divina, un pesebre
para oriente suyo escoge.70
Si tuvo, como maestro,
doce discípulos, doce
fueron los que de Francisco
siguieron también el norte.
Si el uno murió suspenso75
de un árbol, no hay quien ignore
que otro de los de Francisco
murió pendiente de un roble.
Si de Jesús el sagrado
culto, la lluvia de azotes80
le transformó en laberintos
de sangrientos tornasoles,
de la sangre de Francisco
todas las habitaciones
que tuvo parecen jaspes85
salpicadas de sus golpes.
Si a Cristo la infame turba
le tejieron de cambrones
impía y regia diadema
que le hierra y le corone,90
Francisco, en robusta zarza,
sólo en los paños menores
castigando pensamientos
inculpable por veloces,
revolcado entre sus puntas95
logró la zarza verdores
de laurel que coronaron
penitencias tan feroces.
Si cinco puntas abrieron
en aquel árbol triforme100
al cielo en su Autor divino
siempre abiertas para el hombre,
¿no fue su retrato en ella
Francisco, aunque yo lo llore,
sino original traslado,105
pues en una unión acorde
de manos, pies y costado
con increíbles favores?
De Dios mereció Francisco
en una, cinco impresiones110
de penetrantes heridas,
que al recibirlas entonces
la dicha de su contacto
le lisonjeó los dolores.
Hasta otro Tomás curioso115
tuvo, que incrédulo toque
la herida de su costado,
a cuyo crüel informe
un éxtasis doloroso
le dejó a Francisco inmóvil;120
de suerte que le juzgaron
por tránsito sus menores.
Los hijos pues de este humilde
portento de perfecciones,
con el fruto de su ejemplo125
son mis contrarios mayores.
Que el Hacedor soberano
castigara oposiciones
de quien, siendo su criatura,
pretendió de Criador nombre.130
Vaya, que aun no fue el castigo
a mi delito conforme,
y no sólo no me ofende
pero me añade blasones;
que su sacrosanta madre135
pusiera en mi cuello indócil
la planta, cuyo coturno
de serafines compone.
No me irritó; que si es reina,
por infinitas razones140
de las nueve órdenes bellas
tronos y dominaciones,
puesto que perder no puedo
mi ser angélico noble.
Mi reina es y no me ultraja145
que su pie a mi cerviz dome.
Sólo tengo por injuria
que a tantas persecuciones
estos míseros descalzos
tantos vencimientos logren;150
que el ser tan flacos contrarios
los que a mi poder se oponen
de mi altivez acrecientan
más las desesperaciones.
Ellos al cielo conducen155
más almas que ese salobre
piélago produce arenas,
más que cuantas plumas torpes
de tantos heresiarcas
han conducido legiones160
de espíritus al infierno.
Y no, Asmodeo, te asombre
que si este mal no se ataja.
Muy presto no ha de haber donde
los remendados mendigos165
la bandera no enarbolen
de aquél que, por su valiente
humildad mereció el nombre
de gran alférez de Cristo;
Y que aquella silla goce170
que perdí cuando intentaron
mis soberbias presunciones
fijarla en el solio trino
poniendo en arma su corte.
Para esta empresa te llamo.175
No fácil te la propone
mi ciencia porque después
de la del celeste monte
a ninguna tan difícil
se arrojaron mis rencores;180
porque la regla que guardan,
como sabes, estos hombres
es la apostólica vida,
y no por inspiraciones
solamente institüida185
porque Dios mismo esta orden
dictó a boca que Francisco
fue su secretario entonces.
El cual le dijo, piadoso
para con sus posteriores:190
“¿Quién, Señor, guardará regla
tan crüel que se compone
de veinte y cinco preceptos
sin glosa ni explicaciones
con pena de mortal culpa195
siendo humano?” Y respondióle:
“Yo crïaré quien la guarde,
Francisco, no te congojes.”
Mas no le dijo que todos
uniformemente acordes200
la guardarían; que fueran
vanos nuestras pretensiones.
Parte a España, y en Toledo
que es hoy de sus poblaciones
la mayor, siembra impiedades205
en los de mediano porte,
y en los gremios, que éstos son
los que a estos frailes socorren,
estorbando que en sus pechos
la devoción fuerzas cobre;210
que son, en lo que aprenden
tenaces los españoles.
No en los ricos te embaraces;
que más que tus persuasiones
hará la ambición en ellos;215
y, aunque vean dos mil pobres,
no harán reparo ninguno;
que, como nunca estos hombres
ven de la necesidad
la cara, no la conocen.220
Esto en general, que en todas
las reglas hay excepciones.
Yo en esta ciudad de Luca
me quedo, donde disponen
mis cautelas que estos frailes225
la conservación no logren
de un convento que han fundado,
haciendo en sus moradores
que las limosnas conviertan
en vergonzosos baldones;230
que ya casi persuadidos
los tengo a que son mejores
limosnas las que se hacen
a quien con obligaciones
lo pasan míseramente235
que a los que vienen con nombre
de religiosos mendigos,
sin que a la ciudad importe
entre los demás que tengo
para que mi engaño apoyen.240
Hay aquí un rico avariento
con quien fuera el que supone
la parábola piadoso
y liberal, cuyo nombre
es Ludovico, y ya llega245
de Florencia su consorte,
tan infeliz como hermosa
y cuerda, pues antepone
a su pasión la obediencia
del padre que, siendo noble,250
con este ambicioso bruto
la casó por verse pobre.
Pero es devota de aquella
de todos los pecadores
abogada, que la libra255
de estas imaginaciones.
Pero ya llega a su casa.
Parte a España, que aunque invoquen
en su ayuda estos mendigos
las divinas protecciones,260
he de hacer que esta segunda
nave de la iglesia choque
en los escollos de impíos
y rebeldes corazones,
negándoles el sustento,265
o que en los bajíos toque
de la natural flaqueza
con que, por lo menos, logre
que en su poca confïanza
sin que el piloto lo estorbe,270
zozobre, si no se pierde
o encalle, si no se rompe.
ASMODEO: Príncipe de las tinieblas,
a tus preceptos responde
obedeciendo Asmodeo.275
Desde hoy estén a tu orden
los espíritus impuros
del español horizonte.
Presto verás los del tosco
sayal con fuerzas menores280
si Dios mismo en favor suyo
su autoridad no interpone.
Sube ASMODEO en el mismo dragón que bajó LUZBEL
LUZBEL: Estos frailes dejarán
desamparado el convento
por la falta de sustento285
si hoy limosna no les dan;
que con sólo un pan ayer
que un pasajero les dio
todo el convento comió;
mas hoy no le han de tener;290
que aunque el Guardián ha salido,
viendo su necesidad,
a pedir por la ciudad
ninguno le ha socorrido.
Mas ésta la casa es295
de Ludovico, y por ella
va entrando su esposa bella;
pero llorará después
el haberse reducido
de su padre a la obediencia;300
que su amante, de Florencia
desesperado ha venido
siguiéndola.
Salen LUDOVICO, de camino, y CRIADOS, y por otra puerta OCTAVIA y JUANA
LUDOVICO: Conoció,
sin duda, las ansias mías
vuestro padre, pues dos días305
la dicha me anticipó;
aunque también he sentido
el que no me haya avisado
para que hubiera logrado
el haberos recibido310
con la ostentación forzosa
diez millas de la ciudad.
OCTAVIA: No quiero más vanidad,
señor, que ser vuestra esposa;
y así no os quise obligar315
a una fineza excusada.
JUANA: (Es que ya viene informada Aparte
de lo que siente el gastar.)
LUDOVICO: Muy bien habéis respondido.
JUANA: (¡Qué presto se ha conformado!) Aparte320
OCTAVIA: (Horror el verle me ha dado Aparte
¡Qué desdichada he nacido!)
[Aparte las dos]
JUANA: ¿Qué te parece?
OCTAVIA: No sé.
Déjame; que estoy sin vida.
LUZBEL: (La mujer está afligida Aparte325
pero bien tiene de qué
porque es el hombre peor
de todos cuantos encierra
el ámbulo de la tierra.)
LUDOVICO: Tan ufano está mi amor330
de poderos llamar mía
que aún viéndolo no lo creo.
OCTAVIA: Pues creed que mi deseo
no esperó ver este día.
Sale un CRIADO
CRIADO: Un florentín caballero335
que Feliciano se llama
te quiere hablar.
LUDOVICO: ¿Feliciano
en Luca? Mucho me espanta.
Aparte las dos
JUANA: Él te ha venido siguiendo.
OCTAVIA: Esto sólo me faltaba.340
LUDOVICO: Pues, ¿qué espera?
CRIADO: Tu licencia.
LUDOVICO: ¿Quién es dueño de mi casa
y de mí pide licencia?
Sale FELICIANO
FELICIANO: Prevención fuera excusada
el pedirle; pero supe345
que ahora de llegar acaba
vuestra esposa, y mi visita
juzgué que os embarazara.
LUDOVICO: Señor Feliciano, fuera
de ser nuestra amistad tanta,350
caballeros tan ilustres
honran siempre, no embarazan,
y yo pienso que es mi esposa
vuestra deuda.
FELICIANO: Y muy cercana;
mas, como el padre la tuvo355
de todos tan recatada,
nunca llegué a conocerla;
que hasta que la vi casada
siempre la tuve por otra.
LUDOVICO: Pues es cosa bien extraña.360
OCTAVIA: La condición de mi padre,
como sabéis, fue la causa.
FELICIANO: Y vuestra mucha obediencia.
Gocéis, Ludovico, a Octavia
los años que yo deseo.365
JUANA: (Pues moriráse mañana.) Aparte
LUZBEL: (Tú harás que la goce poco Aparte
si María no la ampara.)
LUDOVICO: ¿Y a qué ha sido la venida
a Luca? Que me alegrara370
de que fuera muy despacio.
FELICIANO: Amigo, Luca es mi patria
pero solamente vengo
a vender de mi mediana
hacienda lo que ha quedado375
y salir luego de Italia
porque mi intento es servir
al gran César de Alemania
pues ya, de mis pretensiones
murieron las esperanzas.380
De veinte años en Florencia
entré, donde pleitaba
de por vida un mayorazgo
con asistencia del alma.
Vióse el pleito sin citarme385
y, aunque mi abogado estaba
presente, en él tenía
neciamente confïanza.
Nada en mi defensa dijo
porque la parte contraria390
selló con oro sus labios;
que con sólo una palabra
en que el hecho consistía
vieran mi justicia clara,
en fin, perdí el pleito.395
LUDOVICO: Amigo,
todo el oro lo contrasta.
No hay cosa que lo resista.
LUZBEL: (Yo he de hacer, cuando no caiga, Aparte
que tropiece en la sospecha.)
FELICIANO: Que ésa es verdad asentada.400
Se ha visto bien, Ludovico,
en voz y en mi prima Octavia,
pues por hombre poderoso
gozáis la fénix de Italia.
LUDOVICO: Decís bien.405
OCTAVIA: Aunque el ser vos
parte tan apasionada
me aseguren de que son
lisonjas vuestras palabras,
si en la intención no me ofenden,
en lo que suenan me agravian.410
Yo me casé por poderes
sin ver, con quien me casaba.
Claro está que no gustosa
pero tampoco forzada;
que no tienen albedrío415
mujeres nobles y honradas.
Pero, si yo fuera mía,
ni todo el oro de Arabia,
creed, señor Feliciano,
que a casarme me obligara420
con Ludovico, y decirle
que fue su hacienda la causa
cuando fuera verdad, fuera
verdad poco cortesana.
FELICIANO: Yo le he dicho lo que siento425
con llaneza, en confïanza
de la amistad.
LUDOVICO: Yo sintiera
que de otra suerte me hablaras.
[LUZBEL], acercándose a LUDOVICO [le habla al oído]
LUZBEL: Mas de Octavia la respuesta,
si bien se mostró enojada,430
parece que es disculparse.
LUDOVICO: (Sin duda que quiso Octavia
disculparse con su deudo
por ser su nobleza tanta
que se casó con un hombre435
que en la sangre no la iguala
pues le dijo que, a ser suya,
conmigo no se casara.
Aunque también ser pudiera…
Pero es ilusión.)440
Salen el GUARDIÁN, y fray ANTOLÍN, que es lego
GUARDIÁN: Deo gratias.
ANTOLÍN: Por siempre, pues callan todos.
LUDOVICO: ¿Cómo se entran en mi casa
sin llamar? (Con estos frailes Aparte
tengo oposición extraña.)
GUARDIÁN: Abierta estaba la puerta.445
LUZBEL: (Con éste no hago yo falta. Aparte
Voyme adonde más importe.)
Vase [LUZBEL]
JUANA: Buen lance ha echado mi ama.
LUDOVICO: Pues, ¿a qué entraron?
GUARDIÁN: Entramos…
ANTOLÍN: (Por voto mío no entrara.) Aparte450
GUARDIÁN: …a darte el parabién…
LUDOVICO: Bueno.
GUARDIÁN: …a ti y a tu esposa Octavia,
y a pedirle que hoy siquiera,
porque el sustento nos falta,
mandes que nos den limosna.455
LUDOVICO: Hoy está muy ocupada
toda mi familia, padres.
Váyanse, que me embarazan.
GUARDIÁN: Pues en el día que tomas
posesión tan deseada460
de ti, sobre ser tan rico
como el que más en Italia,
¿no le darás a Dios algo
o en hacimiento de gracias,
o en albricias, cuando sabes465
que nuestros hermanos pasan
necesidad tan extrema
que aún nos ha faltado el agua?
LUDOVICO: Yo he menester lo que tengo;
y si el sustento les falta,470
¿por qué la ciudad no dejan?
GUARDIÁN: No es tan poco la constancia
de los hijos de Francisco.
Dios volverá por su causa
moviendo los corazones475
y serenando borrascas
que ha levantado el infierno
en ti y en toda tu patria.
LUDOVICO: Salgan de mi casa luego
o saldrán por las ventanas.480
¡Viven los cielos!
FELICIANO: Tenéos.
ANTOLÍN: Vámonos, padre.
LUDOVICO: ¿Qué aguardan?
Váyanse presto.
JUANA: ¡Ay, señora!
¿Con éste has de vivir?
OCTAVIA: Juana,
morir será lo más cierto485
pues nací tan desdichada.
LUDOVICO: Trabajen para el sustento,
o esperen que se le traiga
el que instituyó la regla.
GUARDIÁN: El demonio por ti habla.490
ANTOLÍN: No tal; que él no ha menester
al demonio para nada.
LUDOVICO: ¿Hay mayor atrevimiento?
FELICIANO: Padres, por Dios, que se vayan.
LUDOVICO: Matad esos vagamundos.495
FELICIANO: ¿Qué decís?
OCTAVIA: Esposo, basta.
ANTOLÍN: ¡Por mi padre San Francisco
que le ha de servir de vaina
el que llegue a este cuchillo!
GUARDIÁN: Hermano…500
ANTOLÍN: Dios no me manda
que me deje matar.
GUARDIÁN: Vamos,
y tengamos confïanza;
que Dios dijo a nuestro padre
que jamás a su sagrada
religión le faltaría505
el sustento.
ANTOLÍN: Pues ya tarda,
padre mío.
GUARDIÁN: Tenga, hermano
Antolín, fe y esperanza.
ANTOLÍN: Fe y esperanza me sobran;
la caridad me hace falta.510
Vanse los dos
LUDOVICO: No volvieran al convento
si presentes no os hallarais
vos, por vida de mi esposa.
JUANA: Éste no es cristiano.
OCTAVIA: Calla.
FELICIANO: En lástima se convierte515
ya de mis celos la rabia.
Sale un CRIADO
CRIADO: Ya las mesas están puestas
y los músicos aguardan.
LUDOVICO: Entrad, porque honréis mi mesa.
FELICIANO: (Por si puedo hablar a Octavia Aparte520
lo acepto.) Yo soy quien puede
honrarse con merced tanta.
Vamos.
OCTAVIA: (Que se quede siento.) Aparte
LUDOVICO: (No creí que lo aceptara.) Aparte
OCTAVIA: (¡Ay, Feliciano! ¡Qué presto525
de mí has tomado venganza!)
Vanse. Salen el GUARDIÁN, y fray ANTOLÍN con piedras en las manos
GUARDIÁN: Deje las piedras.
ANTOLÍN: ¿Cómo que las deje?
Y si sale un crïado de este hereje
tras nosotros, verá con la presteza
que un par de ellas le escondo en la cabeza.530
GUARDIÁN: La crueldad y la ira,
fray Antolín, de este hombre no me admira
en tan protervo como impío pecho.
Sólo me admira el huracán deshecho
que el demonio en seis días solamente535
ha levantado en la piadosa gente
que limosna nos daba;
que, en fin, aunque no mucha nos bastaba.
ANTOLÍN: Padre Guardián, mientras que da el aviso
a nuestro general, será preciso540
los cálices vender.
GUARDIÁN: No querrá el cielo
que llegue a tan notable desconsuelo
nuestra necesidad.
ANTOLÍN: ¡Qué gentil flema!
Pues, ¿a qué ha de llegar si ya es la extrema?
Mas estas piedras que convierta espero545
en pan un cierto amigo tabernero
que hace su fe milagros cada día.
GUARDIÁN: (Sin duda, con el hambre desvaría.) Aparte
ANTOLÍN: Que hará pan de las piedras imagino
quien sabe convertir el agua en vino.550
GUARDIÁN: Aquí vive Teodora. Llame, hermano,
a su puerta.
Llama y sale LUZBEL
LUZBEL: (Esta vez llamará en vano.) Aparte
Dentro como enfadada
TEODORA: ¿Quién es?
ANTOLÍN: No tiene traza la Teodora
de dar nada.
GUARDIÁN: Dos frailes son, señora,
Franciscos.555
Sale TEODORA [y habla LUZBEL aparte a ella]
LUZBEL: Tienes hijos y estás pobre.
TEODORA: Padres, pidan limosna a quien le sobre;
que yo tengo en mi casa
muchos que sustentar y es muy escasa
mi hacienda.
GUARDIÁN: Sí, será; mas ni un bocado
de pan en toda la ciudad me han dado.560
Dánosle tú, por Dios, que en Él espero
que le pague.
TEODORA: Mis hijos son primero.
Perdonen.
ANTOLÍN: La razón es concluyente.
GUARDIÁN: ¡Oh, lo que sabe la infernal serpiente!
LUZBEL: (De poco os admiráis; mas ya, inspirado Aparte565
de mí, el gobernador viene irritado.
Hacia esta parte conducirle espero.)
ANTOLÍN: De la serpiente querellarme quiero.
GUARDIÁN: ¿A quién?
ANTOLÍN: A Dios; que es mucho atrevimiento
el hacer que nos quiten el sustento.570
Las demás tentaciones,
silicios, disciplinas y oraciones
puedo vencer; pero no es para sufrida
tentación que nos quite la comida;
que el natural derecho es lo primero.575
Ayer nos dejó un pan de pasajero
y antes que le soltara de las manos
todos a él nos fuimos como alanos;
y el buen hombre, asustado y afligido,
viéndose de los frailes embestido,580
juzgó su muerte cierta;
y sacando los pies hacia la puerta
decía: “Yo no he hecho mal ninguno,
padres, ténganse allá. ¿Tantos a uno?”
GUARDIÁN: Padre, pues Dios lo permite,585
que esto nos conviene crea.
ANTOLÍN: Yo lo creo en cuanto al alma;
pero una hambre tan fiera,
padre Guardián, mucho dudo
que a mi cuerpo le convenga.590
Y si el demonio me embiste,
quien no come no pelea.
GUARDIÁN: Seráfico padre mío,
¿qué es esto? En tan opulenta
ciudad, tan cristiana y noble,595
¿permitís vos que convierta
contra vos, en vuestros hijos,
del demonio la cautela
tantos blandos corazones
en duras rebeldes piedras?600
Bárbara gente, mirad
que vuestros sentidos ciega
el enemigo de toda
la humana naturaleza.
Dad limosna a San Francisco;605
que no hay empleo que tenga
tan segura la ganancia,
pues todo el cielo granjea.
Dadle a Dios algo; que el pobre
es su semejanza mesma.610
No le cerréis, ciudadanos,
a la piedad las orejas.
ANTOLÍN: ¿Mas que en vez de pan volvemos,
padre, cargados de leña,
si no calla?615
Salen el GOBERNADOR y criados, y LUZBEL, detrás de él
LUZBEL: (No permitas Aparte
que ciudad que tú gobiernas
alboroten estos frailes
que ser humildes profesan.)
GOBERNADOR: ¿Qué voces son éstas, padres?
¿Por qué la ciudad alteran?620
GUARDIÁN: Gobernador generoso,
doy voces porque nos niegan
la acostumbrada limosna
con que el perecer es fuerza;
que mi religión ni tiene625
ni pueda tener hacienda.
Sólo la piedad cristiana
es quien la ampara y sustenta;
pero está en segura finca
ya que ésta es la vez primera630
que faltó a frailes franciscos,
ni en la villa más pequeña,
el sustento.
LUZBEL: (Si les falta Aparte
¿por qué la ciudad no dejan?)
GOBERNADOR: Pues si esta ciudad es, padre,635
tan mala que sólo en ella
les ha faltado el sustento,
el irse donde le tengan
será el más prudente medio
y el más fácil.640
GUARDIÁN: Quien gobierna
tan ilustre y quien
la ley de Cristo profesa,
¿eso responde? ¿Qué más
un alarbe respondiera?
LUZBEL: (¿Esto sufres?) Aparte645
GOBERNADOR: Pues, ¿conmigo
habla con tal desvergüenza?
Bastantes pobres tenemos
naturales de esta tierra
que ya trabajar no pueden
y es la obligación primera650
de la ciudad sustentarlos,
y es limosna más acepta
que en ellos. Váyanse luego.
Quítense de mi presencia;
que, ¡vive Dios…!655
GUARDIÁN: Los infieles
el pobre sayal respetan
de mi padre San Francisco;
y pues que tú le desprecias,
siendo cristiano, sin duda
mueve el demonio tu lengua.660
GOBERNADOR: No mueve sino la tuya
porque justamente pueda
castigar tu atrevimiento.
Pregonad luego que, pena
de perdimiento de bienes665
nadie en la ciudad se atreva
a dar limosna a estos hombres.
Vase [el GOBERNADOR] y los criados
ANTOLÍN: Ella es gente tan perversa
que está de más pregonarlo.
GUARDIÁN: ¡Que tan bárbara fiereza670
quepa en un pecho cristiano!
¡Qué más Diocleciano hiciera?
Dentro
GOBERNADOR: ¡Echadlos de aquí o matadlos!
ANTOLÍN: Buena la hemos hecho.
Dentro
VOCES: ¡Mueran!
LUZBEL: (No es eso lo que pretendo.) Aparte675
ANTOLÍN: ¡Por Dios, que nos apedrean!
Huyamos, padre, al convento
pues que le tenemos cerca.
GUARDIÁN: Gente sin fe, deteneos.
ANTOLÍN: Corra; que en la diligencia680
consiste en salvar las vidas.
Dentro
VOCES: ¡Mueran estos frailes, mueran!
ANTOLÍN: Aprisa, padre.
GUARDIÁN: Dios mío,
¿qué persecución es ésta?
Vanse los dos
LUZBEL: Logré, a pesar de Francisco,685
mi intento. Ya será fuerza
que el convento desamparen.
Pero, ¿qué resplandor ciega
mi vista?
Aparecen el NIÑO JESÚS, cubierto el rostro con un velo, y SAN MIGUEL
SAN MIGUEL: Infernal serpiente,
yo humillaré tu soberbia.690
LUZBEL: ¿Miguel?
SAN MIGUEL: ¿Cómo imaginaste,
no ignorando la promesa
que hizo el Criador a Francisco,
quitarle el sustento puedan
de tu envidia los engaños?695
LUZBEL: Ninguno, con más certeza
que yo, sabe que no puede
faltar su palabra inmensa;
mas faltar su confïanza
puede, y ya su gran fineza,700
que ya, si aún no les falta,
indecisa titubea;
pero mi triunfo no estriba
en que estos hombres no tengan
el alimento preciso705
sino en los que se le niegan.
SAN MIGUEL: Pues tú mismo lo que has hecho
deshaz, para que obedezca
Ludovico la ley santa.
LUZBEL: ¿Yo contra mí mesmo? ¡Pesia710
mi desdicha!
SAN MIGUEL: Y fabricar
otro convento en que tenga,
a pesar tuyo, Francisco
más hijos de su obediencia.
LUZBEL: Pues yo, ¿cómo?715
SAN MIGUEL: No repliques.
Lo mismo has de hacer que hiciera
Francisco. Ve a su convento,
y a sus frailes con prudencia,
el querer desampararle
reprehende, y por tu cuenta720
corre desde hoy su alimento,
y ha de ser para que puedan
sustentar algunos pobres,
como lo manda la regla
que Dios dictó. Parte luego,725
y hasta tener orden nueva,
lo que te mando ejecuta
sin que en nada retrocedas
porque otra vez a Francisco
en sus frailes no te atrevas.730
Va subiendo la apariencia poco a poco mientras LUZBEL dice estos versos
LUZBEL: Preciso es; mas permitidme
que de tan crüel sentencia
mis sentimientos apelen
al alivio de la queja.
Vos, ¿no le disteis al hombre735
porque a lo mejor atienda,
dejando aparte los cinco
sentidos, las tres potencias?
¿A la voluntad no basta
su entendimiento por rienda?740
También al entendimiento,
¿su memoria no le acuerda
la brevedad de la vida,
que hay muerte, que hay gloria y pena?
Si esto no basta, ¿no tiene745
celestial inteligencia
que le auxilia por instantes?
Bien ventajoso pelea
que yo no tengo más armas
que su natural flaqueza.750
Si éstas vuestra soberana,
absoluta omnipotencia
no solamente me quita
tantas veces que use de ellas,
sino hoy me manda que yo755
contra mí mismo las vuelva,
¿para qué son permisiones?
Sálvense todos, no tenga
el hombre voluntad propia.
Sólo se cumpla la vuestra;760
pero, ¿para qué me canso
si el ejecutarlo es fuerza?
Porque, a mi pesar, los hombres
a obedeceros aprendan.
A un tiempo se cubre la apariencia, vase LUZBEL, y salen el GUARDIÁN, fray ANTOLÍN, fray PEDRO, y fray NICOLÁS
ANTOLÍN: A tanto extremo ha llegado.765
GUARDIÁN: Padre, ¿eso ha sucedido?
ANTOLÍN: Milagro patente ha sido
el haber vivos llegado.
NICOLÁS: Jamás en tan grande aprieto
convento nuestro se vio.770
GUARDIÁN: Limosna tal vez faltó
mas perderles el respeto
con extremo semejante,
tan a cara descubierta,
no se ha visto.775
ANTOLÍN: Hasta la puerta
llegó el escuadrón volante
de muchachos, disparando
piedras, y uno dijo: “Ésta
vaya del lego a la testa.”
Pero no se fue alabando780
el mancebo, ¡voto a tal!,
del intento aunque fue vano;
que yo llevaba en la mano
como un puño un pedernal,
y a darle las gracias fue.785
GUARDIÁN: Pero, ¿le hizo algún mal?
ANTOLÍN: No.
Las narices le aplastó.
GUARDIÁN: ¿Qué dice, hermano?
ANTOLÍN: Sí, a fe.
GUARDIÁN: Pero, ¿le hizo sangre?
ANTOLÍN: Risa
me da; pues, ¿no era forzoso?790
GUARDIÁN: ¡Jesús! ¡Sangre en un religioso!
ANTOLÍN: A bien que no soy de misa.
PEDRO: Padre Guardián, ya nos vemos
con tan gran necesidad
que salir de esta ciudad795
luego es fuerza. No esperemos
a que después no podamos.
NICOLÁS: El esperar a mañana,
padre, es esperanza vana,
y de la suerte que estamos,800
otro día más pudiera
con las vidas acabar.
GUARDIÁN: A poderlo remediar
con la mía, la perdiera
gustoso en esta ocasión805
por lo que se ha decir
y porque lo ha de sentir
toda nuestra religión.
ANTOLÍN: Sólo por la fe la vida,
padre, se debe perder;810
mas morir de no comer
es necedad conocida.
Que al derecho natural
ningún precepto prefiere;
y el primero que yo viere815
con pan, por bien o por mal,
conmigo habrá de partir
aunque un obispo le traiga.
Y si no, caiga el que caiga.
GUARDIÁN: ¿Eso un fraile ha de decir?820
ANTOLÍN: Y lo haré.
NICOLÁS: Padre Guardián,
nuestro padre San Francisco
manda que, si no quisieren
en algún pueblo admitirnos,
pasemos donde seamos825
con caridad recibidos;
sin que prevenir pudiera
que donde la ley de Cristo
profesan nos maltrataran,
ni que hubiera tan impío830
Gobernador que mandara,
pena de bienes perdidos,
que nadie nos dé limosna.
GUARDIÁN: Padres, ya estoy convencido.
En su custodia llevemos835
el Sacramento Divino
descubierto hasta salir
de la ciudad, que no fío
de esta gente. Las reliquias
llevar también es preciso840
repartidas entre todos.
ANTOLÍN: Y el hermano jumentillo
las casullas y ornamentos
llevará si es que está vivo
porque ayer le hallé comiendo845
de su refectorio mismo
la mesa.
GUARDIÁN: Vamos.
Sale LUZBEL, vestido de fraile
LUZBEL: Deo gratias,
hermanos. (¡Fiero castigo!) Aparte
GUARDIÁN: ¡Válgame Dios! ¿Quién es, padre?
Que de verle aquí me admiro.850
ANTOLÍN: ¿Por dónde ha entrado este fraile?
NICOLÁS: Por la puerta no ha podido
que yo la cerré.
LUZBEL: No hay puerta
cerrada al poder divino.
Él es quien, sin que pudiera855
excusarme, me ha traído
desde tan ignoto clima,
que el puesto donde yo asisto
en mi vocación constante,
el sol, general registro860
o le perdonó por pobre
o dejó por escondido.
GUARDIÁN: Dígame, ¿qué nombre tiene?
LUZBEL: Mi nombre es y mi apellido
fray Obediencia Forzado,865
de antes Querub…
ANTOLÍN: Vizcaíno
debe de ser el tal fraile.
GUARDIÁN: Parece varón divino.
ANTOLÍN: Bien su palidez lo muestra.
LUZBEL: Pues jamás tan encendido870
tuve el espíritu.
GUARDIÁN: Padre,
díganos pues a qué vino;
que nos tienen recelosos
sus palabras y el prodigio
de entrar cerradas las puertas.875
(Algún engaño imagino Aparte
de nuestro común contrario.
¡Temblando estoy!)
ANTOLÍN: Yo apercibo
hisopo y agua bendita
por si acaso es el maligno.880
LUZBEL: No temen, y esténme atentos.
Orden traigo de Dios mismo
a boca de reprehenderles
la poca fe que han tenido
los que siguen la bandera885
del gran alférez de Cristo.
¿La plaza que les entrega
desamparan fugitivos?
No ha dos días naturales
que puso en contrario el sitio.890
¿Cómo desmaya tan presto
de vuestra esperanza el brío?
Los que debieran ser rocas,
de corazones impíos
a los embates, ¿qué oponen,895
siendo culpa lo indeciso,
a riesgos amenazados,
temores ejecutivos?
Sabiendo que a nuestro padre
prometió Dios que a sus hijos900
no faltaría el sustento,
¿incurren en un delito
tan grande como el pensar
que pueda lo que Dios dijo
faltar? (¡Que yo tal pronuncie!) Aparte905
Crean…(¡Volcanes respiro!) Aparte
…que cuando de todo el orbe
cerraran a un tiempo mismo
los vivientes racionales
a la piedad los oídos,910
los ángeles les trajeran
el sustento prometido
de su Criador, o el demonio
porque fuese más prodigio.
ANTOLÍN: Con el fervor echa llama915
por los ojos.
GUARDIÁN: Padre mío,
bien se ve que es envïado
de Dios, pues tanto han podido
sus palabras que mil vidas
diera primero a los filos920
de la hambre, que dejar
de mi padre San Francisco
la casa.
PEDRO: No habrá ninguno
de sus verdaderos hijos
que no dé por Dios la vida.925
NICOLÁS: Y estarán todos corridos,
padre, de haber intentado
volver al espalda al peligro.
LUZBEL: (Lo que fue natural miedo
en mérito han convertido.930
¡Qué presto a lo mejor vuelven
los que de Dios asistidos
están!)
ANTOLÍN: Padre, ésta es pregunta.
Estándome yo quedito,
sin buscar algo que coma,935
¿será padecer martirio
por Dios el morir de hambre?
LUZBEL: Juzgo que no; mas le afirmo
que coma muy presto.
ANTOLÍN: Luego,
fuera mejor, padre mío;940
que ya se cierra el gaznate.
LUZBEL: Hermanos, con sacrificios
satisfagan la amorosa
queja del Autor Divino.
De su alimento me encargo945
desde luego haciendo oficio
de limosnero.
ANTOLÍN: ¿Limosnas
en esta ciudad? Me río.
LUZBEL: Presto saldrá de este engaño;
que el hermano ha de ir conmigo.950
ANTOLÍN: Yo no me atrevo.
LUZBEL: No tema,
fray Antolín.
ANTOLÍN: ¿Quien le dijo
mi nombre?
LUZBEL: Yo le conozco.
Padre Guardián. No dé indicio
de temor. Abra esas puertas.955
GUARDIÁN: (Éste es ángel. No replico.) Aparte
ANTOLÍN: Alguna sarna se cura
el padre; que el olorcillo
es de azufre.
GUARDIÁN: (Mas ya el cielo Aparte
me da de quién es aviso.960
¡Válgame Dios!)
LUZBEL: A los frailes
anime; que están rendidos.
GUARDIÁN: (Encubrir este portento Aparte
por los frailes es preciso.)
LUZBEL: Váyanse al coro y no teman;965
que mientras yo les asisto,
seguro estará de lobos
este redil de Francisco.
GUARDIÁN: (Sí, pues ya Dios en triaca Aparte
el veneno ha convertido.)970
Vanse el GUARDIÁN, fray PEDRO y fray NICOLÁS, y quedan solos fray ANTOLÍN y LUZBEL
LUZBEL: Tome las arguenas, padre,
porque traiga lo preciso
esta noche; que mañana
se llevará el jumentillo.
ANTOLÍN: Yo creo que volveremos975
al convento con lo mismo
que llevamos.
LUZBEL: Tan cargado
ha de volver, sin pedirlo,
que ha de llegar al convento
muy cansado.980
ANTOLÍN: Y aun molido
si me encuentran los muchachos.
LUZBEL: No tema, pues va conmigo;
que mientras les asistiere
no hay que recelar peligros.
ANTOLÍN: Pues, ¿por qué?985
LUZBEL: Porque ya tiene
su mayor contrario amigo.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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