El diablo predicador — Jornada III

JORNADA TERCERA


Salen OCTAVIA y JUANA
JUANA: Admirada estoy, señora,
de tu suceso.
OCTAVIA: Mi muerte,
como te he dicho, fue un sueño
tan gustoso que no puede,
Juana, explicarte mi lengua2245
tal gloria, siendo tan breve;
pero el santo limosnero,
que a todo se halló presente
por inspiración divina,
me informó de que la siempre2250
virgen y madre, cercada
de paraninfos celestes,
en mi cuerpo, ya cadáver
vio clara y distintamente
poner sus sagradas manos.2255
Sale FELICIANO
FELICIANO: Y a mí de la misma suerte
me lo ha dicho.
OCTAVIA: Pues, ¿qué es esto?
¿Cómo a entrar aquí te atreves?
FELICIANO: ¿Cómo? El dueño de esta casa
me dio licencia de verte2260
por tu deudo.
OCTAVIA: Mas no sabe
que tú, Feliciano, eres
quien me has puesto en el estado
que estoy, y si no te vuelves,
dejaré luego esta casa.2265
FELICIANO: Ya cesó el inconveniente
que tuvo el poder hablarte
puesto que esposo no tienes.
OCTAVIA: Aunque el padre fray Forzado
me asegura que la muerte2270
dirimió ya el casamiento,
y a dejarme se prefiere
libre sin estorbo alguno,
no quiero yo que lo intente;
que, aunque tanto le aborrezco,2275
como satisfecho quede
de mi inocencia y su engaño
Ludovico, he de volverme
con él a vivir muriendo.
FELICIANO: ¿Qué es volver?2280
JUANA: ¡Jesús mil veces!
Pues, ¿con hombre tan sin alma,
y tan sin Dios que no tiene
seña alguna de cristiano,
volverte, señora, quieres?
OCTAVIA: Esto es forzoso. Ya voy.2285
FELICIANO: Primero que tú lo intentes,
le he de quemar en su casa.
JUANA: Bien pudiera, por hereje.
FELICIANO: Con un hombre que la vida
te quitó sin ofenderte;2290
¡vive Dios…!
OCTAVIA: Indicios tuvo
para juzgar evidente
su agravio; mas suponiendo
que ya con él no volviese,
nada conseguir pudieras2295
con eso, porque aunque quede
de mi voluntad el dueño
y casarme resolviese
contigo, ya no es posible.
FELICIANO: Pues, ¿quién impedirlo puede?2300
OCTAVIA: Tú, pues ocasión has dado
de que con razón sospeche
toda la ciudad que tuvo
causa para darme muerte
mi esposo, puesto que es fuerza2305
que yo en el pleito confiese
toda la verdad del caso,
y que, aunque estoy inocente,
pudo juzgarme culpada
Ludovico, sin que fuese2310
temeridad el creerlo.
FELICIANO: ¿Y cómo desmentir quieres
esa sospecha?
OCTAVIA: Con solo
no ser tuya se desmiente.
JUANA: Señora, una vez creído2315
maldito el remedio tiene.
OCTAVIA: Sí, tendrá.
FELICIANO: Cualquiera es vano,
porque, si preciso fuese,
bien sabes que, si rompiste
un papel, me quedan veinte2320
y que están todos firmados.
OCTAVIA: Y cuando no lo estuviesen,
no los negara; mas ya
de nada servirte puede
presentarlos, pues es cierto2325
que todos esos papeles
proscribieron desde el día
que, hallándote tú presente,
mi infelice casamiento
consentiste, pues no tienes2330
que alegar causa ninguna
que impedírtelo pudiese.
FELICIANO: Causa tuve, y la más justa.
OCTAVIA: Cuando infinitas tuvieses,
no te valiera ninguna2335
ya en el estado presente
porque, cuando el juez el pleito
en favor tuyo sentencie,
apelaré a un monasterio
porque satisfecho quede2340
Ludovico de que nunca
tuve intención de ofenderle.
FELICIANO: Oye, espera.
OCTAVIA: No me obligues
a que dé voces; que el verte
me causa horror.2345
JUANA: Es mentira.
FELICIANO: No dudo que me aborreces.
OCTAVIA: Necio fueras en dudarlo,
pues tantas causas me mueven.
FELICIANO: Escucha.
OCTAVIA: Suelta.
Sale TEODORA
TEODORA: ¿Qué es esto?
OCTAVIA: No es nada; pero no dejes2350
entrar aquí a Feliciano.
TEODORA: ¿Por qué, siendo tu pariente
y a quien le toca tu amparo?
OCTAVIA: Ni de él puedo yo valerme,
ni quiero.2355
TEODORA: Pues, ¿de quién pudo
saber en tiempo tan breve
mi casa y que en ella estabas?
Que yo juzgué que viniese
llamado de ti por Juana.
Sale fray ANTOLÍN, alborotado
ANTOLÍN: Mucho ha sido defenderme2360
de tantos.
JUANA: ¿Qué es eso, padre
fray Antolín?
TEODORA: ¿De qué viene
tan alborotado?
ANTOLÍN: Hermana,
ha dado en pensar la gente
que soy santo desde el punto2365
que fray Forzado, mi jefe,
hizo un milagro a mi costa,
y he menester esconderme
por unos días. Ahora,
cogiéndome de repente2370
con cuchillos y tijeras
me embistieron más de veinte.
El hábito me quisieron
cortar, y por defenderle,
en muslos, piernas y brazos2375
he sacado seis piquetes
de la refriega.
FELICIANO: Pues, ¿cómo
con prodigios tan patentes,
no se le llegan al padre
fray Forzado?2380
ANTOLÍN: No se atreven
porque los atemoriza
con la vista solamente,
tanto que todos se apartan.
No ha habido santo como éste.
Sólo porque no le toquen,2385
no permite que le besen
la manga; pero yo creo
que el hábito es aparente
y aun el cuerpo.
OCTAVIA: ¿Y hoy le ha visto?
ANTOLÍN: No quisiera que él me viese.2390
FELICIANO: Él fue, Octavia, quien me dijo
adonde estabas.
OCTAVIA: No puede
fray Forzado haberte dicho
que es justo hablarme ni verme;
que haberte dicho la casa2395
sería porque supieses,
como tu intención ignora,
que estoy en parte decente,
no para que en ella entraras.
FELICIANO: Confieso que razón tienes;2400
pero ya entré y has de oírme.
JUANA: Poco en escucharle pierdes.
OCTAVIA: Di; pero en vano te cansas.
Hablan los dos [aparte]
JUANA: No digas lo que no sientes.
TEODORA: Y el padre fray Antolín,2405
de nuestro santo, ¿qué siente?
ANTOLÍN: Que me tasa la comida,
que aunque, sin otro relieves,
mi ración como y la suya,
porque él ni come ni bebe,2410
me quedo como en ayunas;
que mi estómago no enciende
lumbre para dos raciones;
y cierto que es cosa fuerte
quitarle a un hombre el sustento.2415
Y no debo obedecerle
contra el natural derecho
porque yo corporalmente
por veinte frailes trabajo
y es fuerza comer por veinte.2420
TEODORA: Pues un pollo le he guardado
grandecito, con que almuerce,
salpimentado, y un bollo
que yo amasé con aceite,
como de libra, y también2425
media azumbre de clarete.
ANTOLÍN: Yo necesidad tenía
y bien grande ciertamente;
pero este santo es demonio.
TEODORA: Pues aquí no hay que temerle;2430
que yo cerraré la puerta.
ANTOLÍN: Aunque la calafatee,
no estoy seguro de este hombre;
mas los vahidos me tienen
sin vista; tráigalo, hermana,2435
y venga lo que viniere.
Vase TEODORA
Que un pollo con un bollito
de una libra no me puede
dañar, y es parva materia.
Lejos quedó. Cuando llegue,2440
ya me habré desayunado.
OCTAVIA: Un imposible pretendes.
FELICIANO: Ésa es venganza.
OCTAVIA: Te engañas.
Salen TEODORA y LUZBEL[. Cada uno por su puerta]
TEODORA: Aquí está tome.
LUZBEL: (No puede Aparte
este lego reprimirse;2445
pero yo haré que escarmiente.)
ANTOLÍN: Ya era mancebito el pollo
en verdad.
TEODORA: De cuatro meses;
para gallo lo guardaba.
ANTOLÍN: Pues si gallinas no tiene2450
¿para qué gallo quería?
TEODORA: Para que en casa le hubiese.
ANTOLÍN: Crïe gallinas; que gallo
no le faltará, si quiere.
TEODORA: Deje las chanzas, y come2455
por si acaso…
ANTOLÍN: Yo soy breve.
En cuatro o cinco bocado
despacharé.
LUZBEL: (Si pudieres.) Aparte
Áselo de los gaznates
ANTOLÍN: ¡Que me ahogo, que me ahogo!
TEODORA: ¿Qué es eso, hermano?2460
FELICIANO: ¿Qué tiene
fray Antolín?
OCTAVIA: ¿Qué le ha dado?
ANTOLÍN: ¡Que me mata! ¡Suelte, suelte!
FELICIANO: ¿Quién le ha de soltar?
LUZBEL: Deo gratias.
¿Qué es esto?
TEODORA: A buen tiempo viene
su caridad porque al padre2465
le ha dado un mal de repente.
LUZBEL: Apártense; que no es nada.
ANTOLÍN: (¡Qué disimulado viene! Aparte
¿Éste es santo? Lleve el diablo
el alma que lo creyere.)2470
LUZBEL: ¿Qué ha sido?
ANTOLÍN: Buena pregunta;
que con dos hierros ardientes
me apretaron los gaznates.
LUZBEL: Pues yo presumí que fuese,
padre, alguna apoplejía;2475
mas para después se quede.
Señor Feliciano, ¿vos,
en esta casa?
OCTAVIA: Pretende
que todo el lugar confirme
lo que es fuerza que sospeche.2480
LUZBEL: Bien excusarlo pudierais;
pero, de cualquiera suerte,
no quedará en vuestro honor
el escrúpulo más leve.
Idos, señor Feliciano;2485
que por ahora conviene
no darle disgusto a Octavia.
FELICIANO: En todo he de obedecerte,
padre, por muchas razones;
mas mire que solamente2490
por hoy le di la palabra
de que estar seguro puede
ese hombre.
LUZBEL: Sí; que mañana
no habrá para qué se arriesgue.
FELICIANO: ¿Cómo?2495
LUZBEL: Nada me pregunte.
puesto que el plazo es tan breve.
FELICIANO: Adiós, Octavia.
OCTAVIA: Él te guarde.
FELICIANO: Siendo tuyo…
OCTAVIA: No lo esperes.
JUANA: (Ella es quien más lo desea.) Aparte
[Habla LUZBEL] a FELICIANO
LUZBEL: Id seguro; que no puede2500
dejar de ser vuestra, Octavia.
FELICIANO: Vida mi esperanza tiene,
padre, en confïanza suya.
(¡Prodigioso santo es éste!) Aparte
Vase
LUZBEL: (¡Que estos por santo me tengan Aparte2505
a mayor rabia me mueve
que la opresión que padezco!)
Ya, señora Octavia, puede
disponer de su persona
como mejor le estuviere.2510
OCTAVIA: Pues, padre, el intento mío,
aunque a mi pasión le pese,
es padecer, mientras viva,
con Ludovico si él quiere.
JUANA: (También tiene nuestro padre Aparte2515
su poquito de alcahuete.)
OCTAVIA: Pagar en algo lo mucho
que debo a Dios y a la siempre
virgen…
LUZBEL: Basta, no prosigas.
(Auxilio, sin duda, es éste2520
que la guarda, que la asiste,
y aconseja que lo intente
sólo para que merezca,
sin que a ejecutarlo llegue,
puesto que ya Ludovico2525
su fin tan cercano tiene.
Quitarla el merecimiento
que en solicitarlo adquiere
fácil fuera; mas no puedo,
pues por tormento más fuerte,2530
lo mismo he de hacer que hiciera
Francisco.)
OCTAVIA: ¿Qué se suspende?
Si su caridad acaso
juzga que no me conviene,
yo haré lo que me mandare.2535
LUZBEL: El propósito que tiene,
siento que debo aprobarla;
y también que le fomente.
Y, puesto que está resuelta,
vamos; que el tiempo se pierde.2540
OCTAVIA: Pues, ¿quién le ha de hablar?
LUZBEL: Vos misma.
OCTAVIA: ¿Yo, padre?
LUZBEL: Nada recele;
que cuida Dios mucho, Octavia,
del que sus pasiones vence.
Sólo al desprecio se arriesga2545
de ese hombre; mas le conviene
para su merecimiento
que le perdone y le ruegue
que otra vez la dé la mano.
(Que si ofenderla quisiere, Aparte2550
orden tengo de que impida
su impulso violentamente.)
OCTAVIA: Yo he de obedercerte en todo,
cuanto me mande.
LUZBEL: (Bien puede, Aparte
por ahora.)2555
JUANA: ¿Iráste sola?
LUZBEL: Segura va, no la deje.
JUANA: Vamos; pero si te quedas
con él, adiós para siempre;
que yo a Florencia me vuelvo.
OCTAVIA: Poco sentirá el perderte2560
quien deja lo que más quiso
por lo que más aborrece.
Danos los mantos, Teodora.
TEODORA: Notable corazón tienes.
Vanse las tres
ANTOLÍN: Ahora entra el diablo y dice…2565
LUZBEL: ¿Cómo, si experiencias tiene
de que nada se me oculta,
no hay orden de que se enmiende
habiéndolo yo mandado
por obediencia mil veces2570
que en el refectorio coma
y beba cuanto quisiere,
y no en otra parte alguna?
No es fraile quien no obedece;
mas yo haré que, como a bruto,2575
el castigo le sujete
y en una celda encerrado
a comer poco se enseñe.
ANTOLÍN: Padre, como desde anoche
ni aun tripas mi cuerpo tiene,2580
con vahidos y desmayos,
dando por esas paredes,
entré aquí a desayunarme.
LUZBEL: ¿Desayuno le parece,
padre, un bollo de una libra2585
y un pollo de cuatro meses?
¿Por eso gasta palabras
ociosas, como indecentes?
Que si un áspero silicio
sobre sus carnes trajese,2590
y comiera lo bastante
para vivir solamente,
no estuviera para chanzas.
Sígame.
ANTOLÍN: ¿Dónde me quiere
llevar?2595
LUZBEL: Donde inobediencias
purgue.
ANTOLÍN: Yo me haré dos fuentes,
padre, por amor de Dios.
Le pido que no me encierre,
y por aquella que puso
sobre la infernal serpiente…2600
LUZBEL: Yo lo haré. Calle.
ANTOLÍN: Ya callo.
LUZBEL: Pero advierta que no puede
quedarse sin penitencia.
Dígame, ¿cuál le parece
que cumplirá?2605
ANTOLÍN: Cien azotes,
como otro no me los pegue.
LUZBEL: Otra penitencia quiero
darte yo mucho más leve.
Venga conmigo a la casa,
hermano, de este rebelde2610
Ludovico.
ANTOLÍN: ¿Que aún porfía
en pensar que ha de poderle
reducir?
LUZBEL: Sí; pero sepa
que el postrero día es éste
y hemos de hacer el esfuerzo2615
mayor que posible fuere.
ANTOLÍN: ¿Y hemos de ir, padre?
LUZBEL: Sí;
que puede ser que aprovechen
más cuatro palabras suyas
que cuanto yo le dijere2620
y esta penitencia sola
le doy.
ANTOLÍN: Yo lo haré; mas déme
licencia de que un cuchillo
de monte en la manga lleve
de tres palmos.2625
LUZBEL: ¿Eso dices?
ANTOLÍN: Pues, ¿con qué he de defenderme
si me embiste con palabras
malas y nada corteses?
LUZBEL: Yo, hermano, le sustituyo
mi poder. De mí se queje2630
si al instante que le diga
que se tenga, se muriere
aunque esté muy irritado.
ANTOLÍN: Pues, vamos; que de esta suerte
yo le pondré como un trapo.2635
(Por si éste engañarme quiere, Aparte
me prevendré de guijarros.)
¡Ah, padre!
LUZBEL: ¿Qué dices?
ANTOLÍN: Que entre
en la penitencia todo,
y por esta vez dispense,2640
para que me dé osadía
en dos tragos de clarete.
LUZBEL: Vaya.
ANTOLÍN: (¡No quedará gota!) Aparte
Vase
LUZBEL: ¡Que en esto Luzbel se emplee!
En buen estado, Crïador2645
de Cielo y Tierra, me tienen
Miguel vuestro capitán
y Francisco vuestro alférez.
Vase. Salen LUDOVICO, CELIO, ALBERTO y CRIADOS
LUDOVICO: ¿Qué el cuerpo no habéis hallado
de esta mujer?2650
ALBERTO: No, señor.
LUDOVICO: Ese fraile encantador
de secreto la ha enterrado.
ALBERTO: Claro está, pues se halló allí,
que luego la llevaría
y sepulcro la daría.2655
Y te ha estado bien a ti
porque ya en Luca estuviera
público, y teniendo aviso
a prenderte era preciso
que el Gobernador viniera2660
aunque es tu amigo el mayor.
LUDOVICO: Ya yo le tengo avisado
y de la causa informado.
ALBERTO: (¡Qué gentil gobernador!) Aparte
LUDOVICO: De ésta y cualquier pretensión2665
de mi parte tengo al juez,
y me pesa que otra vez
no pueda mi indignación
matarla; pero esta mano
me acabará de vengar;2670
porque no me he de ausentar
sin dar muerte a Feliciano.
Ni aun después pienso ausentarme;
que en estando averiguada
mi razón, muy poco o nada2675
me ha de costar el librarme.
Sólo retirarme quiero
por no ver a este embaidor,
hechicero, estafador
con capa de limosnero.2680
ALBERTO: Llamando están [….-ido,
……………………..
……………………..]
LUDOVICO: [……..] Ve advertido
de que no dejes entrar2685
sino al que a comprar viniere
los géneros que no hubiere
en Luca, que han de pagar,
sobre la falta, el deseo
o los buscarán en vano;2690
que si la mitad no gano,
¿para qué mi hacienda empleo?
ALBERTO: (Lo mismo hace con el trigo.) Aparte
LUDOVICO: Avísame de quién es
antes de entrada le des.2695
ALBERTO: Claro está
Vase
CELIO: (Grande castigo Aparte
le ha de dar a este hombre el cielo.
No hay seña en él de cristiano.)
LUDOVICO: (El matar a Feliciano Aparte
me causa mucho desvelo;2700
que por agora ha de andar
con cuidado y prevención.
Sale ALBERTO
ALBERTO: Señor, dos mujeres son
las que te quieren hablar;
y la una, aunque tapada,2705
de bizarro parecer.
LUDOVICO: No me vendrán a traer.
CELIO: Tampoco a pedirle nada
vendrán.
LUDOVICO: Pues, ¿de qué lo infieres?
CELIO: De que ya desengañados2710
están y aún escarmentados,
los pobres y los mujeres.
LUDOVICO: Entren pues, y cierra luego.
ALBERTO: Buscar quiero a quién servir.
Vase
CELIO: Hoy me pienso despedir.2715
LUDOVICO: Con grande desasosiego
estoy.
CELIO: (No hay en la ciudad Aparte
quien, en oyendo su nombre,
no diga que tan mal hombre
no le tiene el mundo entero.)2720
Vuelven a salir el CRIADO, OCTAVIA y JUANA, tapadas, y detrás LUZBEL y fray ANTOLÍN
ALBERTO: Entrad.
JUANA: Yo estoy temblando de miedo.
OCTAVIA: Mi arrojo ha sido terrible.
ANTOLÍN: Sin duda estoy invisible.
¡Qué linda cosa!
LUZBEL: Hable quedo.
LUDOVICO: ¿Qué me tenéis que mandar?2725
OCTAVIA: Turbada estoy, ¡ay de mí!
¿Si entró fray Forzado?
LUZBEL: Sí.
OCTAVIA: A solas os quiero hablar.
(Ya más animosa estoy.) Aparte
LUDOVICO: Idos.2730
Vanse los CRIADOS
Ya decir podéis
quién sois y lo que queréis
pues ya estoy solo.
OCTAVIA: Yo soy.
Descúbrese
LUDOVICO: ¿Qué miro? ¿Sombra yo? ¡Válgame el cielo!
¡Fantástica visión!
OCTAVIA: Pierde el recelo.
No soy visión, no temas.2735
LUDOVICO: Susto ha sido
que ni medroso estoy ni arrepentido
de verte muerta. Si a pedir me vienes
que haga bien por tu alma, padre tienes,
a él le toca, y también al falso amigo
que en mi agravio fue cómplice contigo.2740
OCTAVIA: Viva estoy. No te vengo a pedir nada;
que, aunque la vida me quitó tu espada,
me la volvió la virgen siempre pura
en cuya confïanza fui segura
contigo ayer, por la inocencia mía2745
y a quien me encomendé cuando moría.
Clara y distintamente
afirma que lo vio fray Obediente
Forzado, a quien confieso, agradecida,
que por su intercesión me dio la vida.2750
La crueldad te perdono
por la sospecha tuya y para abono
de que no te ofendía
ni aun la imaginación de parte mía,
aunque ya el nudo fuerte2755
que ató la iglesia desató la muerte,
otra vez…
LUDOVICO: Cierra los labios
y vuelve al pecho la voz;
que aun antes de pronunciada
me enfurece tu intención.2760
Contigo murió mi afrenta
y mi enemigo mayor.
Sólo para que viviera
por tu vida intercedió.
¿Qué disculpa puedes darme2765
si escucharon la traición
de tu boca mis oídos;
si en el papel que rompió,
la queja que de tu amante
tenías, en un renglón2770
partido vieron mis ojos
firmando mi deshonor?
¿Cómo, vil mujer, te atreves
–¡Ciego de cólera estoy!–
a pronunciar que otra vez2775
vuelva a ser tu esposo yo?
Vete o tomará mi agravio
otra vez satisfacción,
y en esa infame crïada
que ayer de mí se escapó2780
por testigo de mi agravio…
OCTAVIA: Tu necia imaginación
te ha mentido.
JUANA: No mintiera
si hubiera podido yo.
LUDOVICO: Quítate de mi presencia,2785
y si estás libre tu amor
logre su infame deseo
con quien primero que yo
te tuvo en sus brazos.
OCTAVIA: Miente
tu infame lengua; que el sol2790
no llegó a tocar la mano
que mi desdicha te dio.
Y aunque a ser mía otra vez
he vuelto en esta ocasión,
casarme con Feliciano2795
no le está bien a mi honor.
LUDOVICO: Ni al mío que vuelvas viva.
LUZBEL: No tema.
ANTOLÍN: El caso llegó.
LUDOVICO: Que no ha de poder Francisco
porque de su religión2800
soy contrario, conseguir
que viva sin honra yo;
que a su pesar…
JUANA: ¡Celio, Alberto!
ANTOLÍN: ¿Llego?
LUZBEL: Sí.
Al querer [LUDOVICO] sacar la daga, se pone en medio fray ANTOLÍN
ANTOLÍN: Téngase a Dios,
que es justicia de justicia.2805
JUANA: Como un mármol se quedó.
LUZBEL: En esa iglesia me espere;
que ya con todo cumplió.
JUANA: Presto.
LUZBEL: No hay que apresurarse.
JUANA: ¡Lindamente sucedió!2810
OCTAVIA: Jamás me vi tan gustosa.
Vanse las dos
ANTOLÍN: ¿Qué mira? Ya se atufó.
LUDOVICO: Pues, ¿cómo tú…
ANTOLÍN: ¿Cómo? Sí.
LUDOVICO: …no has temido?
ANTOLÍN: Como no;
que el poder que fray Forzado2815
tiene, en mí sustituyó.
Estése quedito, y oiga
con paciencia y atención
mis elocuentes palabras.
(Éste, lo mismo que yo, Aparte2820
sabe de letras sagradas.)
LUDOVICO: Soñando sin duda estoy.
ANTOLÍN: Dé limosna a San Francisco.
Cíñase con su cordón
que él le meterá en cintura2825
su estomagado rencor.
Si no, con su escapulario
que como estomaticón
le desbalague o componga,
como dijo Agamenón.2830
Mire que son sus doblones
los cabellos de Absalón
y que el demonio por ellos
le ha de asir. Deje que el sol
los vea, pues son sus hijos.2835
Dé limosnas a trompón
para los pobres que Él hizo.
Funde un hospital o dos
y case veinte doncellas;
que ya por él no lo son.2840
Haga todo lo que digo
luego al punto; que si no,
se irá tan derecho al cielo
como el que de allá cayó
y se lo ahorrará de misas2845
de sepultura y clamor;
que, según su santa vida
y buena disposición,
no tendrá sobre su entierro
la parroquia un sí ni un no.2850
LUDOVICO: ¡Lego vil!
ANTOLÍN: Téngase, digo;
que soy yo mucho peor
que fray Forzado.
LUDOVICO: Mi rabia
es ya desesperación.
ANTOLÍN: Vomite todos los yerros2855
que se avestruz ambición
se ha tragado, y descalabre
con ellos a un confesor
con un guijarro como éste.
Saca de la manga un guijarro
(No es mala la prevención Aparte2860
por si me embiste de golpe.)
El gran cardenal doctor
se sacudía los huesos
porque la carne voló
como el cútis o pellejo2865
que el desierto le dejó
pergamino, aunque arrugado,
sonaba como un tambor.
LUZBEL: No diga más desatinos.
Aparte.2870
LUDOVICO: Un frío sudor
se ha esparcido por mi venas.
ANTOLÍN: ¿Por qué no me le dejó?
LUZBEL: Calle, que es un loco. Vaya
y diga al Guardián que yo
en esta casa le espero.2875
No se detenga.
ANTOLÍN: Ya voy;
mas su caridad advierta
que es mía la conversión
de este hombre, que ya le dejo
más blando que un algodón.2880
Vase
LUDOVICO: Mágico, demonio o santo,
que en mi determinación
todo es uno, ¿qué te importa
que yo me condene o no?
LUZBEL: Siendo santo, me importare2885
mucho dar un alma a Dios;
mas siendo demonio, nada,
que ni tu condenación
me está mejor. El salvarte
me pudiera estar peor2890
muchas veces, Ludovico,
sin poderlo excusar yo.
Te he dicho que te enmendases
y que advirtiese tu error
que el término de tus culpas2895
se acercaba. Ya llegó.
Suplica de la sentencia.
Pide espera.
LUDOVICO: El corazón
se quiere salir del pecho.
LUZBEL: ¿Qué aguardas? Pídele a Dios2900
con ansias que te dé tiempo.
LUDOVICO: No pueden tener perdón
mis culpas.
LUZBEL: No desconfíes;
que ésa es la culpa mayor
que cometen los mortales.2905
Ponle por intercesor
a Francisco, y porque empiece
a ser tu amigo desde hoy
y en su amparo te reciba,
dale limosna.2910
LUDOVICO: ¡Eso no!
LUZBEL: Mira que después de aquella
poderosa intercesión
de la siempre virgen madre,
no hay otra alguna mayor
para el Juez Divino. Mira2915
que, por ser su opuesto yo,
me ha dado el mayor castigo
que caber pudo en quien soy.
Pídele pues que interceda
por ti, que puede con Dios2920
tanto, que es de sus devotos
raro el que se condenó.
Él hará que te dé tiempo.
Pídele su protección
y a granjearle comienza.2925
Dale limosna.
LUDOVICO: ¡Eso no!
En llegando a dar limosna
a Francisco, olvido a Dios.
LUZBEL: Pues mira que sólo tienes…
LUDOVICO: No has de causarme temor.2930
LUZBEL: …un breve instante de vida.
LUDOVICO: Eso acredita que son
engaños tus persuasiones.
Jamás me sentí mejor.
LUZBEL: Señor, ¿ya es tiempo?2935
Dentro
SAN MIGUEL: Sí.
LUZBEL: Rebelde, vil pecador,
racional, fiero retrato
mío, por opuesto a Dios,
tu castigo llegó. Baja
adonde en llama feroz,2940
que ni fulmina ni alumbre,
seas eterno carbón.
LUDOVICO: ¡Ay de mí!
Húndese
LUZBEL: ¡Y ay de cuantos
son ricos con el sudor
de los pobres! Ya Luzbel2945
vuestras órdenes cumplió.
Crïador de cielo y tierra,
ya tiene la fundación
principio de ese convento
que mi obediencia labró,2950
ya en Luca con extremo
general la devoción
con estos frailes. ¿Qué falta
para que deje, señor,
este sayal, que aborrezco2955
tanto como le amáis vos?
Baja en una tramoya SAN MIGUEL
SAN MIGUEL: Luzbel, para que sacudas
el yugo de tu opresión,
falta que a los pobres vuelvas
lo que a los pobres quitó2960
ese miserable bruto.
LUZBEL: Pues, ¿cómo he de poder yo?
SAN MIGUEL: No repliques, que bien puedes,
pues Dios te da permisión;
y mira que solamente2965
persigas la religión
de Francisco en lo que a todas
pero en su alimento no.
Vuela. [Sube SAN MIGUEL en la tramoya]
LUZBEL: En lo que más les importa
podré vengarme. Astarot,2970
del infeliz Ludovico
toma luego forma y voz
para ejecutar el orden
que tengo del Hacedor
Eterno.2975
Vuelve a subir por donde se hundió el mismo LUDOVICO
LUDOVICO: Ya obedecido
estás.
LUZBEL: Miguel me ordenó
que, primero que sacuda
el yugo de mi opresión,
vuelva a los pobres de Luca
todo cuanto les quitó2980
el mísero Ludovico;
y porque el Gobernador
no lo impida…
LUDOVICO: Ya te entiendo;
vamos a la ejecución.
LUZBEL: Pues, por la ciudad a un tiempo2985
lo publique una legión
de las muchas de quien eres
capitán porque a tu voz
acuda el pueblo.
LUDOVICO: Bien dices.
LUZBEL: Entra, y desde ese balcón2990
llámalos.
Éntrase LUDOVICO
LUDOVICO: Pueblo de Luca,
ya mi crueldad se trocó
en lástima. Venid todos,
pobres llegad, que otro soy.
Salen ALBERTO y CELIO
LUZBEL: Ya se juntan.2995
ALBERTO: Padre mío,
¿qué es aquesto?
LUZBEL: Obra de Dios.
Quiere repartir su hacienda.
CELIO: Pues advierta que a los dos
nos debe muchas raciones.
LUZBEL: Yo os daré satisfacción.3000
Vase
ALBERTO: Todo el pueblo se ha juntado.
CELIO: Ya viene el Gobernador.
Sale el GOBERNADOR, y criados
GOBERNADOR: ¿Qué es esto? ¿Quién ha causado
tan grande alboroto?
LUDOVICO: Yo.
GOBERNADOR: Pues, qué intentáis?3005
LUDOVICO: Que a los pobres
vuelvo lo que mi rigor
los ha usurpado.
GOBERNADOR: Mas, ¿cómo
entre tanta confusión
de gente será posible?
LUDOVICO: ¿No lo veis?3010
Mira dentro [el GOBERNADOR]
GOBERNADOR: ¡Válgame Dios!
Fray Forzado lo reparte
solo.
LUDOVICO: (Con una legión Aparte
de espíritus que le asiste.)
Salen el GUARDIÁN, y fray ANTOLÍN
ANTOLÍN: Yo fui quien le convirtió.
GUARDIÁN: Calle; que no es Ludovico3015
el que mira.
ANTOLÍN: ¿Cómo no?
Pues, ¿estoy yo ciego, padre?
GOBERNADOR: ¡Oh, padre Guardián!
GUARDIÁN: Señor.
GOBERNADOR: ¿Qué dice de una mudanza
tan rara?3020
Salen LUZBEL, FELICIANO, OCTAVIA y JUANA
FELICIANO: ¡Sin vida estoy!
LUZBEL: No tema; que Octavia es suya.
GOBERNADOR: Señora, a buena ocasión
venís.
OCTAVIA: (La desdicha mía Aparte
esta mudanza causó.)
LUZBEL: Ya tengo, padre Guardián3025
Llegándose a él
de dejarlos permisión.
GUARDIÁN: Pues di quién eres y vete
sin que les causes horror;
que a todo el pueblo mañana
referiré el caso yo.3030
GOBERNADOR: Ludovico, mi señora
Octavia…
LUZBEL: Gobernador,
no prosigas; que ni es éste
Ludovico, ni soy yo
el que habéis pensado.3035
GOBERNADOR: ¿Cómo?
Quitándose el hábito [LUZBEL]
LUZBEL: Aunque está sin bendición,
quitarme el hábito es fuerza
que de disfraz me sirvió.
Primero que os desengañe
escuchadme sin temor.3040
Al infeliz Ludovico
vivo la tierra tragó
y porque tú no pudieras
impedir la ejecución
de restituír su hacienda,3045
su misma forma tomó,
con orden mía, este impuro
espíritu. Luzbel soy.
De limosnero he servido
por mandamiento de Dios3050
a los hijos de Francisco
en pena de que fui yo
de negarles el sustento
esta ciudad, el autor.
El Guardián, que está presente,3055
a quien Dios le reveló
a todo el pueblo mañana
referirá en su sermón
el suceso más despacio.
Ya entre tus hijos y yo,3060
Francisco, cesó la tregua.
Ya vuelvo a ser tu mayor
contrario. Mira por ellos;
que si en su alimento no,
en perturbar su virtud3065
se ha de vengar mi rencor.
Húndese
GOBERNADOR: ¡Raro prodigio!
FELICIANO: ¡Espantoso!
GUARDIÁN: De todo testigo soy.
OCTAVIA: No estoy en mí, de asustada.
JUANA: ¡Buen santo!3070
ANTOLÍN: ¡Que fuese yo
compañero del demonio!
GUARDIÁN: Sí, mas como santo obró.
FELICIANO: Ya no hay estorbo que impida
Octavia mi pretensión.
OCTAVIA: Deja que pierda primero3075
de esta desdicha el horror
que en fin fue mi esposo.
GOBERNADOR: Es justo.
FELICIANO: No puedo negarlo yo.
ANTOLÍN: En las jornadas del cielo
hallará sin distinción3080
este caso el que lo dude.
Merezca, si os agradó,
por extraño y verdadero,
ya que no aplauso, perdón.

FIN DE LA COMEDIA

Scroll to Top