JORNADA TERCERA
Salen don JUAN y CELIO
JUAN: Don Diego soy de Luján.
CELIO: Don Diego, a no haber sabido
que le eres tan parecido,
te tuviera por don Juan.
JUAN: Su primo y traslado soy.1990
CELIO: Otro en Flandes conocí
bien diferente de ti.
JUAN: De ése tuve cartas hoy,
porque es mi primo también.
En Madrid pretende oficios.1995
CELIO: ¿Con dineros?
JUAN: Con servicios.
CELIO: Dios le dé paciencia.
JUAN: Amén.
Salen doña ANA e INÉS, asomándose a una puerta, sin ser vistas de don JUAN y CELIO
ANA: Celio entró descolorido.
INÉS: A la muerte igual lo vi.
ANA: Escuchémoslos de aquí,2000
que un grande mal he temido.
CELIO: ¿Conócesme?
JUAN: Oído he
que es, tu nombre Celio.
CELIO: ¿Sabes
que soy de los hombres graves
de Sevilla?2005
JUAN: Bien lo sé.
CELIO: ¿Sabes que una hermana tengo
hermosa?
JUAN: Decirlo he oído.
CELIO: Pues ésa la causa ha sido
porque a visitarte vengo,
porque me han dicho de ti2010
que en mi ausencia la visitas.
Si casarte solicitas,
háblame, don Diego, a mí;
mas si a deshonrarme vas,
ni vuelvas más a mi casa,2015
ni más por mi calle pasa,
y seguro vivirás.
ANA: ¡Ah, vil, traidor!
INÉS: No te asombres,
señora, de que don Diego
haga como todos.2020
ANA: ¡Fuego
en el mejor de los hombres!
JUAN: En vuestra casa no he entrado
después que en Sevilla entré;
que miente, sustentaré,
quien lo contrario ha informado.2025
Con esto, y daros aquí
la palabra de no entrar,
os podéis asegurar
de aquí adelante de mí.
CELIO: No tengo más que pediros.2030
JUAN: Celio, lo que os debo os doy.
CELIO: De vos obligado voy,
JUAN: Y yo lo quedo a serviros.
(Con esto no ofenderé Aparte
a Leonardo, ni a don Diego.)2035
Vase CELIO. Doña ANA e INÉS, todavía está asomadas a una puerta, sin ser vistas de don JUAN
ANA: (Yo me abraso en vivo fuego.) Aparte
Inés, ¿qué haré?
INÉS: Yo, ¿qué sé?
Ningún consejo te doy,
que en amor es necedad.
ANA: De mi agravio la verdad2040
por ti quiero saber hoy.
Mientras yo de mi tormento
hablo con mi primo aquí,
entra por detrás de mí
a esconderte en su aposento.2045
Aunque sin comer estés
tras su pabellón un día,
lo que habla con Mendo, espía
cuando estén solos, Inés.
INÉS: Harélo. Ponte delante,2050
porque yo también pretendo
saber quién es este Mendo
desdeñoso y arrogante,
que tanto huele a señor.
Vase INÉS. Doña ANA, se adelanta hacía don JUAN
JUAN: Prima querida…2055
ANA: Enemigo,
ya no finjas mas conmigo,
de mil maneras traidor;
todo embustes y quimeras,
ya don Diego, ya don Juan,
ya descortés, ya galán,2060
ya ficciones y ya veras;
o don Diego o don Juan seas,
¿aquí que disculpa tienes,
pues conmigo te entretienes,
traidor, y a Julia deseas?2065
Acabóse tu invención
sufrir más es desvarío.
Hoy, falso, sabrá mi tío
tu cautelosa intención.
Sabrá que quiebra don Diego2070
del hospedaje la fe;
otra vez te amenacé,
y me detuve a tu ruego,
o a tu engaño, que es más cierto,
pues que finges que me quieres.2075
Bien sé que don Diego eres.
Las cartas lo han descubierto,
que de tu padre recibes.
Yo misma las he leído.
Si piensas que te he querido,2080
ciego y engañado vives.
A don Juan quiero, y a ti,
por retrato verdadero
te quiero… ¡Que no te quiero,
y sí te quiero, ay de mí!2085
Déjame, que el sentimiento
me tiene tal, enemigo,
que ni siento lo que digo,
ni sé decir lo que siento.
Vase doña ANA
JUAN: ¡Aguarda, falsa, traidora!2090
¿Tanto celas a don Diego,
y quieres fingir que el fuego
de don Juan te abrasa agora?
¡Triste de mí! Si fïado
en tu lealtad, me ausentara,2095
al primero que llegara
hubieras mi amor trocado.
Necio el que espera firmeza
en la mujer y en el mar.
Sale SANCHO
SANCHO: ¿Nunca nos han de faltar2100
quebraderos de cabeza?
Cada vez reñís así,
y os vuelvo a ver juntos luego.
Allá en la corte, don Diego,
cierto galán conocí,2105
que con su dama rifaba
y juraba de no vella
cada mañana, y con ella
cada noche se acostaba.
Con aquesta pesadumbre2110
seis años vivido habían,
de suerte que ya reñían
por no perder la costumbre.
Si os tenéis amor, en fin,
y una puerta adentro estáis,2115
¿por qué causa siempre andáis
como Sancho y su rocín?
JUAN: Si ella me tuviera amor…
SANCHO: ¡Plugiera al cielo que así
me lo tuviera el Sofí!2120
JUAN: Inés, ¿no fuera mejor?
SANCHO: Dame que yo un bajá fuera,
que con el Sofí privara;
que a fe que Inés me adorara…
JUAN: Fueras moro, y no lo hiciera,2125
porque Inés a Cristo adora.
SANCHO: Es verdad; ¿mas que mujer
por mandar y por tener
no será mil veces mora?
Porque el poeta, no en balde2130
haber dicho, consider,:
“a los moros por dinero,
y a los cristianos de balde.”
Aunque en su trato inhumano
lo postrero falta ya;2135
que si un cristiano no da,
no quieren ver a un cristiano.
La que ves más recatada,
es cristiana solamente
aquello que es conveniente2140
para no morir quemada.
La que ir a misa desea
el domingo de mañana,
no lo hace por cristiana,
mas porque el galán la vea.2145
Yo con más de alguna trato,
de oro y seda, punta y punto,
que si el Credo le pregunto,
se queda en Poncio Pilato.
La que vieres repasar2150
en el rosario las cuentas,
no reza, sino hace cuentas
de lo que te ha de pescar.
JUAN: Satírico Sancho, estás.
SANCHO: ¿Pues cuándo yo–¡mal pecado!–2155
de ese pie no he cojeado?
JUAN: Como pecas, pagarás,
que el que la culpa comete,
la pena quiere llevar.
SANCHO: Es parlar, sin murmurar,2160
lo que beber sin luquete.
JUAN: Buen plato, pero costoso,
suele comer quien murmura.
SANCHO: Dime: ¿qué hay de Mendo?
JUAN: Jura
que por él no estés celoso,2165
por más que Inés lo persiga.
SANCHO: Entretenerme deseas
con promesas.
JUAN: Porque veas
a lo que Mendo me obliga,
éntrate en ese aposento;2170
verás, si con él me enojo.
SANCHO: No haya lo de hacer del ojo
y hablarse con fingimiento;
que todo lo sé entender.
JUAN: Él viene: escóndete, acaba.2175
Entra SANCHO en el cuarto de don JUAN. Sale don DIEGO
JUAN: Ya, Mendo, te deseaba.
DIEGO: Lo que mandas vengo a ver.
(De alguien está temeroso, Aparte
pues que Mendo me ha nombrado.)
JUAN: ¿Sabes, Mendo, cómo ha estado2180
Celio conmigo celoso?
DONDIEGO: ¿Celoso? Cuéntame de eso.
¿Y de quién lo está?
JUAN: De mí.
DIEGO: ¿Pues que le han dicho de ti?
JUAN: Lo que, si acaso confieso,2185
parará en broquel y cota,
dijo…
Bajan la voz
SANCHO: Yo, una por una,
di en el barril de aceituna,
y en el pipote y candiota.
¡Qué buen vino, pese a mí!2190
Bebe
Ya al menos este camino
no se pasará sin vino.
¡Linda estocada le di!
Desde aquí quiero espïar.
Mejor estaré arrimado,2195
que me siento algo pesado.
Pero quiéreme asentar,
porque así estaré mejor,
pues que lo mismo han de darme.
No será malo acostarme;2200
Échase detrás de un pabellón
que se anda alrerrerror
cuanto mirro. Cerrarré
los ojos. Sueño enemigo,
¿qué tienes que hacer conmigo?
Duérmese
JUAN: Con ésto contento fue.2205
DIEGO: Y yo también lo he quedado,
porque cumplí mi deseo,
pues de guardarla te veo
con eso desobligado.
Ronca SANCHO
JUAN: Deja esta conversación,2210
y atiende a aqueste rüido.
Pasan al cuarto de don JUAN
DIEGO: Sanchillo es, que está dormido
detrás de tu pabellón.
JUAN: ¡Oh, qué vigilante espía!
Escondióse donde ves,2215
a ver cómo por Inés
yo en su favor te reñía.
DIEGO: ¿Qué haremos? No será malo
fingir que tropiezo en él.
JUAN: Que le duela.2220
Pisa don DIEGO a SANCHO, y él despierta, se levanta y saca a INÉS, tirando de detrás de la cortina
SANCHO: ¡San Miguel,
San Onofre, San Gonzalo,
San Custodio, San Mamés,
San Inocente, San Pablo!
¡Favor, que me lleva el diablo!
INÉS: No soy, Sancho, sino Inés.2225
SANCHO: ¡Jesús me libre de mal!
JUAN: ¡Despierta!
SANCHO: ¡Dios sea conmigo!
DIEGO: ¿Qué tienes? Di.
SANCHO: Ya lo digo.
Soñaba el juicio final.
JUAN: ¿Y qué viste?2230
SANCHO: Decir quiero
las cosas que allí pasaban.
Sobre un tribunal estaban
un sastre y un escudero,
que venían a juzgar
a los vivos y a los muertos.2235
JUAN: ¡Qué terribles desconciertos!
SANCHO: No se puede eso negar;
pues, ¿quien habrá que no crea
que es jüicio universal
la lengua de un oficial2240
mientras hace la tarea?
¿Y qué vida, buena o mala,
de un escudero se guarda,
mientras a su dueño aguarda
con otros en la antesala?2245
Pues como llamar quisiesen
los dichos dos a jüicio,
usaron de un artificio
porque todos acudiesen,
vivos y muertos, al son;2250
y fue advertencia discreta; que
en lugar de la trompeta,
tañeron con un doblón.
Al punto que el son oyeron,
no quedó muerto en la huesa;2255
es verdad que más apriesa
las mujeres acudieron.
Las almas, era de ver
cómo a sus cuerpos volvían;
unas los desconocían2260
y no quisieran volver;
otras buscan diligentes
un hueso que les faltaba…
Una vieja me mataba
preguntando por sus dientes.2265
A un gordo bodegonero
una nalga le faltó,
y al fin la mitad halló
en casa de un pastelero.
Una dama del deleite,2270
que anegada muerto había,
su cara desconocía
porque estaba sin afeite;
y al fin fue carilavada
la tal señora a jüicio;2275
otra fue, por beneficio
de las moscas, descarada;
que la hubieron de comer
con el gusto de la pasa.
Estando en aquesto, pasa2280
arrastrando una mujer
con ambas piernas quebradas,
que eran las del mal ladrón;
que él, con su antigua afición,
se llevó las de ella hurtadas.2285
Quejóse en palabras tiernas;
los jüeces que la oían,
dijeron, “Todas habían
de tener así las piernas.”
Aquí se dejó esta queja,2290
por ver con furor insano
a un ladrón y un escribano
riñendo por una oreja;
mas quitólos de cuidados
el sastre, que para sí2295
la aplicó, dejando así
a entrambos desorejados.
“Todas las ha menester
el sastre,” dijo un poeta;
mas por la gracia discreta2300
le mandaron parecer.
Súpose que eran sus galas
solamente murmurar,
y mandáronlo quemar
entre cien comedias malas.2305
Mas él, que no se desdeña
a trueco de hablar, de arder,
dijo, “¡Malas han de ser!
A fe que no falte leña.”
A cierta dama de coche2310
acusaron de que había,
con uno a quien no quería,
dormido toda una noche.
Ella dijo, “Aunque sin gana,
la pasé bien con pensar2315
en lo que me había de dar
el hombre por la mañana.”
Condenáronla a juntar
por siempre, para escarmiento,
a un hombre de mal aliento,2320
muy amigo de besar.
El demonio rehusaba
llevarla al reino profundo,
diciendo que acá en el mundo
más fruto de ella sacaba;2325
mas dijo otro resabido,
“Llevarla es más acertado,
que ninguno la ha gozado
que no se haya arrepentido.”
Salió una doña María,2330
mujer de un noble tendero,
y mandóla el escudero
llamarse Mari-García.
Quiso, a poder de aderezo,
una vieja niñear,2335
y mandáronla azotar
con cien años al pescuezo.
Un glotón, con mano franca
gastaba sólo en comer,
y pusiéronlo en poder2340
de un ama de Salamanca.
A una que por desconciertos
en ramera vino a dar,
la condenaron a andar
cargada de perros muertos.2345
A un viejo que tiñe y pinta
las canas por varios modos,
condenaron a que todos
le echasen de ver la tinta.
A un colérico, en quien junto2350
el decir y hacer nació,
por pena se le mandó
que hiciese medias de punto.
A cierta vieja que amantes
trataba de concertar,2355
condenaron a tratar
con soldados y estudiantes.
Uno que por imprudencia
se casó mozo, llegó,
y éste sólo se salvó,2360
por llevarlo con paciencia.
Tras éste a mí me llamaron,
en hora mala, a jüicio,
y por este negro vicio
de beber, me condenaron2365
a que un demonio aguador
me echase unas angarillas.
Sentílas en las costillas,
y desperté del dolor.
Como a Inés tan cerca vi,2370
aun despierto voceaba
que el demonio me llevaba,
que es lo mismo para mí.
INÉS: Aquí por diablo me cuentas,
y por ángel cuando quieres.2375
SANCHO: Pues que te adoro, ángel eres,
y eres diablo, pues me tientas.
JUAN: La señora Inés, ¿qué hacia
detrás de mi pabellón?
DIEGO: Amores de Sancho son2380
los que me traen en espía.
INÉS: Mejor lo quemen.
DIEGO: Amén.
SANCHO: Menos amenes en mí,
señor Mendo, que hay aquí
hombre que es hombre de bien.2385
JUAN: Bueno está.
SANCHO: Sí, bueno está.
JUAN: Declare Inés lo que hacía.
INÉS: A Sancho vi que venía,
y como en seguirme da,
quise de él librarme así.2390
SANCHO: ¡Linda invención, vive Dios!
La verdad es que los dos
nos escondimos allí
porque Mendo no nos viera,
de quien se recata Inés.2395
DIEGO: La verdad sin duda es.
INÉS: Miente el lacayo.
SANCHO: Embustera,
no te disculpes en vano.
JUAN: Dadme espada y capa.
INÉS: Miente
el vil.2400
JUAN: Basta.
Don JUAN habla aparte con Sancho
Lindamente
te puse a Inés en la mano.
SANCHO: Y lindamente con Mendo
la revolví yo también.
Don JUAN habla aparte con don DIEGO
JUAN: Yo reviento. Primo, ven;
que estoy por hablar muriendo.2405
INÉS: Mendo…
DIEGO: ¿Para qué me llama?
¿Quiere contar la fingida
lo que ha soñado, metida,
con Sancho, tras de la cama?
INÉS: ¿Así me he de ver tratar,2410
lacayo infame, por vos?
Traidor, como creo en Dios,
que me la habéis de pagar.
Vanse todos. Salen JULIA, con una carta, y GUILLÉN
JULIA: Guardad, Guillén, la puerta
en tanto que repaso2415
esta carta. No venga Celio acaso.
GUILLÉN: Puedes vivir de mi cuidado cierta.
Vase GUILLÉN
JULIA: Triste esperanza muerta,
que sólo vives ya para matarme,
¿dónde quieres llevarme2420
siguiendo un bien que huye presuroso,
y funda en ir huyendo su vitoria,
yendo donde es forzoso
que el tiempo y la distancia en su memoria
borren el nombre mío?2425
¡Oh, loco desvarío
del que a amor obedece,
que siempre lo difícil apetece!
Lee el papel. Salen don DIEGO y GUILLÉN
GUILLÉN: Venís a muy buen tiempo; que a Leonardo
de responder acaba,2430
y yo, mientras lo escrito repasaba,
la puerta, por si viene Celio, guardo.
DIEGO: (En vivos celos ardo.) Aparte
Haced lo mismo agora,
mientras doy mi embajada a Julia.2435
GUILLÉN: Mendo,
que presto concluyáis os encomiendo.
Vase GUILLÉN. Don DIEGO quita la carta a JULIA
DIEGO: ¡Ah, mudable, traidora!
JULIA: ¿Qué es esto? ¿Quién se atreve de esta suerte? Hola!
DIEGO: Llama, crüel; que ya deseo
ver mi temprana muerte.
¿Conócesme?2440
JULIA: ¡Jesús! ¿Qué es lo que veo?
¡Don Diego de Luján!
DIEGO: ¡Tente, liviana;
detén la mano, adúltera, enemiga,
que menos inhumana
algún tiempo me diste
bañada en llanto triste,2445
y ya por otro ausente se fatiga,
firmando aquí mi agravio y tu mudanza!
¡Oh, cielo soberano!
¿Qué justa ley me impide la venganza
de una traidora mano?2450
Yo, sin delito, en fuego me consumo,
¿y quien tanto pecó no siente el humo?
¿Y las palabras, falsa, que me diste?
¿Y los santos testigos,
que en rompiendo la fe que prometiste,2455
te obligaste a tener por enemigos,
con abrazos atando el lazo fuerte,
diciendo, “Tuya soy hasta la muerte?”
¡Apenas conocías
a quien tú misma toda te debías!2460
Yo, que juzgué mis esperanzas muertas,
por tener nuevas de que no vivías,
de mis palabras ciertas
un punto no he rompido,
¿y tú de tantas, una no has cumplido?2465
Hiciste, al fin mujer, como quien eres.
Para mujer te queda,
y como a mí, a Leonardo le suceda;
que sí sucederá, pues tú le quieres.
Vase don DIEGO
JULIA: Aguarda, vuelve, espera,2470
amor primero mío,
propietario señor de mi albedrío,
escúchame siquiera,
¿por que quieres que muera
sin oír mi descargo?2475
¿Qué inhumano jüez así condena?
Sale GUILLÉN
GUILLÉN: Dí, ¿qué es, Julia, la pena?
JULIA: A don Diego seguid.
GUILLÉN: ¿A qué don Diego?
JULIA: El que salió de aquí.
GUILLÉN: Cobra sosiego.
JULIA: Partid, Guillén, tras él. Sabed su casa.2480
GUILLÉN: Aplaca un poco el fuego que te abrasa;
que el que salió de aquí se llama Mendo.
JULIA: ¡Oh, qué bien lo entendéis!
GUILLÉN: Yo no te entiendo.
Don Diego de Luján, que de Leonardo
te dio la carta, de este mozo es dueño.2485
Mendo es su nombre propio.
JULIA: (0 éste es sueño, Aparte
o disfraz de que algún enredo aguardo.)
¿Sabéis adónde vive ese don Diego?
GUILLÉN: Don Rodrigo de Castro, que es su tío,
en su casa lo hospeda.2490
JULIA: (Dueño mío Aparte
de tu amoroso fuego,
puesto que fue el primero que en mis venas
derramó el niño ciego,
la brasa vive, aunque los largos días
muestran cubrirla de cenizas frías.2495
Contra razón condenas
a quien por ver perdida la esperanza
de volverte a cobrar, hizo mudanza;
mas ya que vuelvo a verte enamorado,
verás que fue el mudarme en esta ausencia,2500
del arco haber la cuerda desvïado,
porque con más violencia
vuelva mi amor a su primero estado.)
Guillén, mañana cuando a misa vamos,
iré a cas de don Diego.2505
GUILLÉN: Tú pretendes
que en riesgo nos veamos.
JULIA: ¿Refrenarme procuras? No te entiendes;
que mientras más me aplacas, más me enciendes.
Vanse los dos. Salen CELIO y GERARDO
CELIO: Gerardo, yo no he podido
averiguar lo más cierto2510
en razón del desconcierto
en mi casa sucedido.
Mi hermana y don Diego
niegan ser lo que decís verdad;
mas yo, por vuestra amistad,2515
niego lo que ellos alegan;
y así, para que se eviten
pruebas y averiguaciones,
con quitar las ocasiones
es bien los daños se quiten.2520
Palabra de no llegar
a mi casa, entre los dos,
don Diego me ha dado; y vos
la misma me habéis de dar.
GERARDO: Vos pedís tanta razón,2525
que obrando he de responder;
sólo siento no poder
daros más satisfación.
Siento que de mi lealtad
hayáis cobrado sospecha;2530
siento que quede deshecha
sin razón nuestra amistad.
CELIO: Eso no, Gerardo amigo;
puesto que no queráis vos,
amigos somos los dos,2535
haciendo vos lo que digo.
Si vuestra amistad es llana,
entre los dos ha de ser,
y así no habéis menester
entrar a ver a mi hermana.2540
Antes si, como mostráis,
estimáis el ser mi amigo,
con hacer esto que digo,
mas de nuevo me obligáis.
GERARDO: Pues tened seguridad2545
de que os tengo tanto amor,
que en mirar por vuestro honor
he de mostrar mi lealtad.
CELIO: Nunca, Gerardo, de vos
pensé menos.2550
GERARDO: Así muestro
en cuánto estimo el ser vuestro.
CELIO: Dios os guarde.
GERARDO: Guárdeos Dios.
Vase CELIO
GERARDO: Él vive, Julia enemiga,
que hecho un Argos, pues me abraso,
he de guardarte, y un paso2555
no has de dar que no te siga;
que he de hacer, si puedo, cierta
mi disculpa con tu hermano;
porque a don Diego, no en vano,
vi dos veces a tu puerta.2560
Pues me quitas la esperanza,
mi amor convierto en rigor;
que un desesperado amor
siempre apela a la venganza.
Vase GERARDO. Salen INÉS y SANCHO
INÉS: Ya, Sancho, de tu afición2565
y de tus ruegos me ofendo.
¿Que quieres? Yo soy de Mendo,
y le tengo obligación.
SANCHO: Inés esto mismo diera
a la mía calidad;2570
que, a no haber dificultad,
no tanto yo te debiera.
INÉS: Y Mendo, ¿qué sentiría,
di, si yo tu dama fuese?
¿Te holgaras de que te hiciese2575
tal ofensa la fe mía?
SANCHO: Inés, respondo que no;
pero yo no te pretendo
para que se huelgue Mendo,
sino para holgarme yo.2580
INÉS: Don Diego sale. No sea
que me halle Mendo contigo.
Vase INÉS
SANCHO: ¡Plega a Dios que por castigo
tan vieja en un mes te vea,
que tus callos desafíen2585
las conchas de las tortugas,
y el verano, en las arrugas
de tu cara, chinches críen!
Salen don JUAN y don DIEGO
JUAN: ¿Qué es esto, Sancho?
SANCHO: Señor,
Inés, que viven los cielos,2590
que a puro pedirme celos,
va despidiendo mi amor.
DIEGO: ¡Buena es ésta!
JUAN: Ya la entiendo.
¿Dónde vas?
SANCHO: De ti me aparto,
don Diego, porque estoy harto2595
de estos secretos de Mendo.
Vase SANCHO
JUAN: ¿Qué hay de Julia desde ayer?
DIEGO: ¿Qué ha de haber de ayer acá?
JUAN: ¿Pues qué? ¿No habéis vuelto allá
de ayer acá?2600
DIEGO: ¿Qué es volver?
JUAN: Tras de seis años de ausencia
no es mucho haberse mudado,
y más habiendo cesado
en vos la correspondencia.
DIEGO: Con que pensé que era muerta,2605
de eso la disculpa di.
Vuelve SANCHO
SANCHO: Señor, Julia viene aquí.
DIEGO: ¿Quién?
SANCHO: Julia. Ya está a la puerta.
Sale JULIA, con manto y GUILLÉN
JUAN: ¿Vos, señora, en esta casa?
Que me engaño se me antoja.2610
JULIA: Por las ventanas se arroja
quien en su casa se abrasa;
que estoy de suerte…
JUAN: Aguardad:
no sepan vuestros cuidados,
señora, nuestros crïadas.2615
Sancho, Guillén, despejad.
SANCHO: Mendo, ¿por qué no se irá?
¿No tiene lengua también?
JUAN: No me repliques.
SANCHO: (Aun bien Aparte
que no queda Inés acá.)2620
Vanse SANCHO y GUILLÉN
JUAN: Con esto no temeré
que Sancho en esta ocasión
saque a luz nuestra invención.
DIEGO: Discreta advertencia fue.
JULIA: Yo, don Diego, no a rogarte2625
que te ablandes he venido;
que si reina en ti el olvido,
por demás es obligarte.
Vengo a dar satisfación
de las culpas que me pones;2630
que tus groseras razones
ofendieron mi opinión.
Siete años ha que partí
de Flandes a esta ciudad,
sin alma y sin libertad,2635
porque la dejaba en ti.
En estos tan largos años,
ni aun de tu nombre he tenido
una nueva; de tu olvido,
¿qué más ciertos desengaños?2640
Como faltó esta esperanza,
admití nuevo cuidado;
buscar un desesperado
su remedio no es mudanza.
El señor que despedir2645
un crïado resolvió,
no se ofende si él buscó
otro dueño a quien servir.
Baste que en llegando a verte
muestre mi correspondencia;2650
que todo en mí fue violencia
lo que no ha sido quererte.
Baste que el volverte a amar,
en cobrando mi esperanza,
muestre que de mi mudanza2655
fue causa el desesperar.
Sale SANCHO
SANCHO: Baste, que se está apeando
Leonardo en nuestro zaguán.
JULIA: ¿Qué Leonardo?
SANCHO: El que a don Juan,
mi señor, fue acompañando2660
a las Indias en la armada.
JULIA: Eso, ¿como puede ser?
SANCHO: Él te puede responder,
que ya llega.
JULIA: ¡Ay, desdichada!
JUAN: Julia, escóndete. No des2665
ocasión a algún exceso.
Vase JULIA
DIEGO: (Ya de celos pierdo el seso.) Aparte
Sale LEONARDO
SANCHO: Dame Leonardo, los pies.
LEONARDO: ¡Sancho!
SANCHO: ¿Y mi señor don Juan?
LEONARDO: Con salud va navegando.2670
SANCHO: Su traslado estás mirando,
que es don Diego de Luján.
LEONARDO: Dadme, don Diego, los brazos.
JUAN: Y el alma; que el no salir
al zaguán a recebir,2675
Leonardo, vuestros abrazos,
fue por pensar que burlaba
Sancho, que la nueva dio.
LEONARDO: El cielo santo ordenó
lo que imposible juzgaba.2680
JUAN: ¿Cómo?
LEONARDO: Salimos de la gran bahía
al favorable soplo del solano,
y perdimos de vista el mismo día,
interpuesta la mar, el suelo hispano;
ya quince veces plateado había2685
con sus rayos el sol al Oceano,
y nuestra armada sin peligro alguno
ara veloz los campos de Neptuno,
cuando llegada ya la fatal hora
de cesar mi viaje, una mañana2690
al tiempo que el crepúsculo a la aurora
tiende alfombras que pise de oro y grana,
una pena, crüel despertadora,
cambia en espinas la mullida lana,
y viendo que conmigo no me valgo,2695
huyo de mí y a la cubierta salgo.
Siéntome al bordo, solitario amante,
las piernas a la mar, la vista al cielo;
da un balance la nao, y en un instante
todo el costado entrega al blando hielo.2700
Yo triste, inadvertido navegante,
que este súbito daño no recelo,
como ni de un cordel estaba asido,
caigo, y soy en las ondas sumergido.
Al centro me llevó con la caída2705
del cuerpo grave el ímpetu violento,
y yo los brazos, a buscar la vida,
revuelvo con frecuente movimiento
mas la ligera casa, que impelida
volaba al pajaril del fresco viento,2710
cuando al aire salí del agua fría,
con la popa a mis voces respondía.
Trescientos hombres que iban en la nave
supo hacer sordos mi enemiga suerte,
o fue que el alba entre el licor süave2715
de las preciosas lágrimas que vierte,
mezcló el beleño de Morfeo grave,
haciendo oficio entonces de la muerte;
o fue que por caer a sotavento,
el camino a mi voz impidió el viento.2720
De vista la perdí. ¡Cuál quedaría!
Sin esperanza de remedio humano,
con votos y promesas todavía
apelo a Dios, cuya piadosa mano
a darme vida una fragata envía,2725
que de las islas pasa al suelo hispano.
Venme, y llegan los nobles pasajeros;
cógenme, vuelvo a España, y vengo a veros.
JUAN: Yo os doy un gran parabien
de que hayáis con bien venido.2730
Sale GUILLÉN, alborotado
GUILLÉN: ¿Tanto os habéis detenido,
Julia?
JUAN: ¿Qué es esto, Guillén?
GUILLÉN: Que se esconda mi señora,
que viene Celio.
JUAN: ¿Estáis loco?
Salen CELIO y GERARDO
CELIO: Matarla, Gerardo, es poco.2735
GERARDO: Mi verdad veréis agora.
GUILLEN: (Aquí me quiero esconder.) Aparte
Vase GUILLÉN
LEONARDO: (Recelo alguna traición.) Aparte
JUAN: (Yo estoy en gran confusión.) Aparte
SANCHO: (Hoy esta Troya ha de arder.) Aparte2740
CELIO: Don Diego, mal habéis hecho
lo que hacer me prometistes,
pues la palabra que distes,
puesta la mano en el pecho,
de no inquietar a mi hermana,2745
habéis quebrado, que ha sido
hecho de hombre fementido,
de pecho y sangre villana.
JUAN: Celio, no es éste lugar
de castigar ese brío;2750
que es la casa de mi tío,
y la debo respetar.
Salid al campo, y tendréis
respuesta y satisfación.
CELIO: ¡Tened! ¿Con buena invención2755
llevarme de aquí queréis?
Primero me habéis de dar
a Julia, a quien escondida
tenéis, don Diego; y la vida
después os he de quitar.2760
JUAN: ¿Qué decís? Que no os entiendo.
CELIO: No hay que negar, que a Guillén
vi por mis ojos también
entrarse de mí escondiendo.
¡Dadme a Julia, o vive Dios2765
que ponga a esta casa fuego!
LEONARDO: Si es así, dadla, don Diego.
GERARDO: ¿Acá estáis, Leonardo, vos?
LEONARDO: Acá estoy.
GERARDO: Luego lo vi
en viendo a Julia.2770
CELIO: Acabad.
Salga aquí Julia, y pensad
que no he de salir de aquí
sin ella o sin vuestra vida.
Salen don RODRIGO, doña ANA e INÉS
RODRIGO: ¿Qué alboroto es éste, cielo?
ANA: Inés, gran daño recelo.2775
INÉS: (Yo estoy de temor perdida.) Aparte
RODRIGO: ¿Qué es esto, Celio? ¿En mi casa
tantas voces y rüido?
JUAN: Mal informado ha venido.
CELIO: No os espante lo que pasa;2780
oíd, señor don Rodrigo.
Don Diego el honor me quita,
que mi hermana solicita
hasta tenerla consigo
en vuestra casa escondida.2785
Mirad si es ésta ocasión
para cobrar mi opinión
o perder aquí la vida.
RODRIGO: ¿Qué decís, sobrino?
JUAN: Niego
lo que Celio, aquí ha afirmado.2790
GERARDO: El negar es excusado;
que yo la vi entrar, don Diego,
y hasta agora no ha salido.
JUAN: ¿Vos habéis sido la espía?
GERARDO: A mi honor le convenía,2795
y por cobrallo lo he sido.
RODRIGO: Reportaos; que yo a buscarla
entraré, y como quien soy,
Celio, la palabra os doy,
si la hallo, de sacarla,2800
y de que don Diego aquí
vuestro honor os restituya
siendo Julia mujer suya.
CELIO: Fuerza es remediarlo así.
Vase don RODRIGO. Doña ANA habla aparte a INÉS
ANA: ¿Qué te parece? El amor2805
de don Diego fue fingido.
LEONARDO: (¿Don Juan a Julia ha querido? Aparte
¡Vive el cielo que es traidor,
y a las Indias me enviaba
por poderla pretender!)2810
JUAN: (Demonio fue esta mujer. Aparte
Aquí mi invención acaba.)
Salen JULIA, don RODRIGO y GUILLÉN
RODRIGO: Salid, Julia, sin temor
conmigo…
JULIA: ¡Al cielo pluguiera
que sin la vida saliera!2815
RODRIGO: Que yerros son por amor.
GUILLÉN: (Guillén, vuestro fin llegó.) Aparte
ANA: (¿Que tal en el mundo pasa?) Aparte
CELIO: ¡Ved el honor de mi casa! …
LEONARDO: (Pues que de mí se escondió, Aparte
sin duda no me buscaba.2820
Mi sospecha es verdadera;
pero callaré hasta el fin.)
JULIA: (En confusión estoy puesta.) Aparte
CELIO: ¿Negarás, don Diego, ahora
tu sinrazón y mi afrenta?2825
JUAN: Celio, si yo te ofendí,
yo satisfaré la ofensa;
pero si Julia ha venido
a mi casa a buscar nuevas
de Leonardo, que hoy ha vuelto2830
por gran milagro a esta tierra,
¿por qué quieres darme a mí
de este delito la pena?
CELIO: ¿Esto es verdad?
JULIA: Es verdad.
DIEGO: (Mil confusiones me anegan. Aparte2835
Don Juan por no descubrirse
toda mi ventura arriesga.)
LEONARDO: Pues dime, Julia traidora,
¿cómo tal engaño intentas?
¿Cómo de mí te escondiste,2840
si de mi buscabas nuevas?
JULIA: Por escuchar, escondida,
tu mudanza o tu firmeza.
CELIO: Dadle, Leonardo, la mano;
que en calidad ni en hacienda2845
Julia no os es desigual,
y así mi honor se remedia.
DIEGO: (Perdone don Juan; que ya Aparte
es dañosa la paciencia.)
Celio, cuanto aquí os han dicho,2850
es invención y quimera.
Julia vino a verme a mí.
GERARDO: ¿Es gracia o locura aquésta?
DIEGO: Don Diego soy de Luján.
Ved si son gracias o veras.2855
Celio, bien me conocéis
de Flandes.
CELIO: Mis manos mesmas
mejor que a vos no conozco.
DIEGO: Pues desde entonces, por letras,
por palabras, por favores2860
y por más forzosas prendas,
es vuestra hermana mi esposa;
que aquí la ocasión estrecha
a inventar lo que ha inventado,
a don Juan de Castro fuerza,2865
por proseguir el disfraz
con que quedó en esta tierra,
fingiendo ser yo en su casa–
trazas que el amor ordena.
Mas yo, viendo que perdía2870
si callara más, la prenda
que más estimo, y don Juan,
cuando muy mal le suceda,
tiene al fin el padre alcalde,
solté al silencio las prendas.2875
RODRIGO: ¿Que eres don Juan?
JUAN: Don Juan soy.
SANCHO: Parece, por Dios, comedia.
RODRIGO: Pues dime: ¿qué te ha obligado
a estos enredos que ordenas?
JUAN: Yerros son que amor disculpa.2880
Por no salir de esta tierra,
de mi prima emponzoñado
con amorosas saetas,
lo que has oído fingí;
y, ¡ojalá no lo fingiera,2885
pues su liviandad ha sido
de este delito la pena!
ANA: Don Juan, sin razón me culpas,
que con su persona mesma
no te puedo yo ofender.2890
Deja vanas sutilezas.
Con tu sujeto me dio
natural correspondencia
el cielo; mudarte el nombre
no muda naturaleza;2895
y así seguí ciegamente
la inclinación de mi estrella,
de que sacarás que a nadie
podré amar, que tú no seas.
Y ya que de hablar verdades2900
la ocasión forzosa llega,
sabe que desde aquel día
que don Diego en esta tierra
y en ésta tu casa entró,
supe de él, y más, quién era;2905
pero callélo, porque él
el secreto me encomienda;
y así siempre te he querido
por don Juan. Testigo sea
don Diego que está presente.2910
DIEGO: (Mi prima es, ayudaréla; Aparte
que con los ojos me pide
que con su engaño consienta.)
Doña Ana dice verdad,
don Juan; que os adora y precia2915
por don Juan. Dadle la mano,
que merece su firmeza.
JUAN: Aunque el no haberme guardado
secreto haya sido ofensa,
de que no es mi bien mudable2920
os agradezco las nuevas;
y así la mano le doy,
si mi padre da licencia.
RODRIGO: Mi sangre es también doña Ana;
verla amparada me alegra;2925
pero sin dispensación,
siendo tu prima, ¿qué intentas?
JUAN: Yo la tengo negociada.
No duerme el que Amor desvela.
CELIO: Parece que a concertar2930
vine yo las bodas vuestras.
DIEGO: Con dar yo la mano a Julia
alcanzaréis parte de ellas,
si la merezco.
JULIA: Yo gano.
DIEGO: Tened, Leonardo, paciencia;2935
que en competencias de amor
es bien que el antiguo venza.
LEONARDO: Yo no lo puedo impedir,
puesto que en la mar soberbia
de religión hice voto,2940
sí Dios me librase de ella.
SANCHO: Gracias a Dios, sora Inés,
que ya no hay Mendo que tenga,
y que me dará la mano
de mujer, aunque no quiera.2945
INÉS: Antes quiero. Toca, Sancho.
SANCHO: ¿Topa, Sancho? ¡Buena es ésa!
¿Al casar me dices topa,
siendo Sancho? ¡Guarda fuera!
INÉS: Toca dije.2950
SANCHO: Toca, pues,
y acabe aquí la comedia.
