El tejedor de Segovia — Jornada I

EL TEJEDOR DE SEGOVIA

Juan Ruiz de Alarcón

Texto basado en la edición príncipe en PARTE SEGUNDA DE LAS COMEDIAS DE DON JUAN RUIZ DE ALARCÓN (Barcelona, 1634). Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1998.


Personas que hablan en ella:

  • El REY don Alfonso, viejo
  • Don FERNANDO Ramírez (Pedro Alonso), galán
  • GARCERÁN de Molina, galán
  • El CONDE don Juan, galán
  • El MARQUÉS Suero Pelaez, viejo
  • CHICHÓN, gracioso
  • FINEO, criado
  • TEODORA, dama
  • Doña ANA Ramírez, dama
  • FLORINDA, criada
  • Don JUAN
  • CORNEJO, bandolero
  • JARAMILLO, bandolero
  • CAMACHO, bandolero
  • Un BASTONERO
  • Un CAMINANTE
  • Un ALGUACIL
  • Un VILLANO
  • Un VENTERO, vejete
  • Un PAJE
  • PRESOS
  • BANDOLEROS
  • VILLANOS
  • CRIADOS

JORNADA PRIMERA


Salen el CONDE, don JUAN, FINEO y CRIADOS, de noche
FINEO: Ésta que miras, señor,
es la casa.
CONDE: ¡Humilde choza
para hermosura que goza
los despojos de mi amor!
FINEO: Tú, pues a honrarla te inclinas,5
engrandeces su humildad
y su fortuna.
CONDE: Llamad.
FINEO: ¿En efeto determinas
entrarla a ver?
CONDE: Sí, Fineo.
No sufre más dilación10
esta amorosa pasión
en que se abrasa el deseo.
FINEO: Mira a lo que te dispones,
siendo tu padre el privado
del rey; que con más cuidado15
notan todos tus acciones.
CONDE: Consejos me das perdidos,
cuando estoy de amor tan ciego,
que si el alma toca a fuego,
sólo tratan los sentidos20
de librarse de la llama,
que en Etna convierte el pecho,
sin atender al provecho,
a la razón ni la fama.
Bien sé el lugar de que gozo25
y a lo que obliga esa ley;
mas cuando esto sepa el rey,
también sabe que soy mozo.
A mi padre sólo toca
el gobierno; y siendo así,30
pues no soy ministro, en mí
no es tan culpable y tan loca
esta acción, que estando ciego,
por no dar qué murmurar,
me obligue a no procurar35
el remedio a tanto fuego.
FINEO: ¿De una vista te cegó?
CONDE: Tanto, que a no estar presente
en la audiencia tanta gente
cuando ella a mi padre habló,40
hiciera allí mi locura
estos excesos que ves,
y arrodillado a sus pies
adorara su hermosura.
Mucho hice, pues allí45
tuve en prisión mi deseo.
En confïanza, Fineo,
de tu cuidado y de ti,
mandéte que la siguieras;
hicístelo, hasme informado50
que aumenta su libre estado
el número a las solteras.
Siendo así, ni han de tener
por desigual este exceso,
ni se recela por eso55
mi privanza y mi poder.
FINEO: Sí; mas pudieras, señor,
pues que no es mujer de suerte,
hacer que ella fuese a verte.
CONDE: ¡Qué poco sabes de amor!60
Mira, en comenzando a amar,
a estimar también se empieza;
y al estimar la belleza
se sigue el desconfïar.
En esta casa, Fineo65
un alcázar miro ya;
la mujer que dentro está
es ya reina en mi deseo.
Apenas empecé a amar,
cuando comencé a tener70
por humilde mi poder,
por imposible alcanzar.
Mira si podré, Fineo,
mostrar desprecio en llamarla,
pues aun viniendo a buscarla75
pisa medroso el deseo.
Llama.
FINEO: Obedecerte quiero.
Da golpes en la puerta
CONDE: Eso, Fíneo, es servir;
que el crïado ha de advertir;
mas no ha de ser consejero.80
Sale TEODORA, a una ventana
TEODORA: ¿Quién es?
CONDE: Un hombre que tiene,
bella Teodora, que hablarte.
TEODORA: ¿De qué parte?
CONDE: De mi parte.
TEODORA: Y, ¿quién sois?
CONDE: No me conviene
decirlo a voces, Teodora;85
abrid la puerta, y veréis
quién soy.
TEODORA: Perdonar podéis;
porque es imposible agora.
Quítase de la ventana
FINEO: Oye. ¡Ventanas y oídos
cerró de una vez!90
CONDE: Fineo,
o he de lograr mi deseo,
o de perder los sentidos.
FINEO: Pues, señor, mal se concierta
estar loco y ser prudente.
Entremos por fuerza.95
CONDE: Tente;
que pienso que abren la puerta.
FINEO: Un hombre sin capa es
el que sale.
CONDE: Pues, Fineo,
examinarle deseo.
FINEO: El temor o el interés100
le harán decir la verdad.
Sale CHICHÓN, sin capa y con un jarro
FINEO: Hidalgo…
CHICHÓN: (¡Triste de mí! Aparte
La justicia estaba aquí.)
¿Quién es?
FINEO: Quien puede. Llegad.
CONDE: ¿Adónde vas?105
CHICHÓN: Yo, señor,
voy por vino, como ves,
para mi amo.
CONDE: ¿Quién es?
CHICHÓN: Pedro Alonso, un tejedor,
de quien yo soy aprendiz.
CONDE: ¿Es galán de esa mujer?110
CHICHÓN: O lo es o lo quiere ser.
CONDE: (¡Hay hombre más infeliz!) Aparte
Di tu nombre.
CHICHÓN: Yo me llamo
Chichón.
CONDE: Vete en hora buena.
CHICHÓN: (Pienso que ha de hacer la cena Aparte115
hoy mal provecho a mi amo.)
Vase CHICHÓN
FINEO: ¿Qué determinas, señor?
CONDE: Que llames, fingiendo ser
este mozo, entrar y hacer
que se vaya el tejedor,120
y aun darle la muerte.
FINEO: ¡Oh, cielos!
Mira…
CONDE: A furia me provoco.
Si de amor estaba loco,
¿qué será de amor y celos?
Un hombre bajo, ¿ha de hacer125
competencia a mi afición?
FINEO: Por esa misma razón
has de mudar parecer;
que dice cierto entendido
que no puede querer bien130
a la mujer, si también
no le enamora el marido.
Considera un tejedor
muy barbado, que está agora
gozando de tu Teodora,135
y perderás el amor.
CONDE: Considera tú un abismo
en que peno ardiente y ciego,
y verás cómo mi fuego
se aumenta con eso mismo.140
Llama. Acaba ya; que el pecho
se abrasa en loco furor.
FINEO: ¡Oh, duro imperio de amor!
Llama. Sale TEODORA, a la ventana
TEODORA: ¿Quién es?
FINEO: Chichón.
Quítase TEODORA de la ventana
Esto es hecho.
CONDE: El rostro tendré cubierto.145
Tú lo puedes disponer
sin que me dé a conocer.
Rebózase
FINEO: Es cordura. Ya han abierto.
CONDE: Entremos, pues.
Sale TEODORA con un candil, y don FERNANDO en cuerpo, con espada y broquel, a lo valiente
TEODORA: ¡Ay de mi!
¿Quién es?150
FINEO: No os alborotéis;
que amigos son los que veis.
FERNANDO: Y, ¿qué pretenden aqui,
caballeros, a tal hora,
teniendo dueño esta casa?
CONDE: (Ya la cólera me abrasa.) Aparte155
FINEO: Que dejéis sola a Teodora.
FERNANDO: Por Dios, hidalgos, que vienen
de mí muy mal informados.
Adviertan, si son honrados,
la poca razón que tienen;160
pues aunque me hubiera hallado
acaso aquí, me obligara,
teniendo barba en la cara
y ciñendo espada al lado,
la ley del mundo a no hacer165
semejante cobardía.
Pues si esta mujer es mía,
y si mi esposa ha de ser,
¿cómo la puedo dejar
sin morir primero yo?170
FINEO: Y quien también se empeñó,
comenzándolo a intentar,
¿cómo con su obligación,
desistiendo agora de ello,
cumplirá?175
FERNANDO: Rindiendo el cuello
al yugo de la razón,
pues es la hazaña mayor
vencerse a sí.
CONDE: (¿Que te pones Aparte
a argumentos y razones,
cuando estoy loco de amor?180
Hazle al punto resolver
a que se vaya, sin dar
a más réplicas lugar.
FINEO: Pedro Alonso, esto ha de ser.
FERNANDO: No ha de ser.185
FINEO: Sólo pudiera
responder así un señor,
mas no un bajo tejedor.
FERNANDO: Y solamente pudiera
lo que aquí habéis intentado
tan contra razón y ley,190
quien fuera un tirano rey
o muy gran desvergonzado.
FINEO: ¡Villano…!
TEODORA: (¡Triste de mi!) Aparte
¡Tened, por Dios! ¡Escuchad!
FERNANDO: ¡Vive Dios!…195
CONDE: (Mi autoridad Aparte
es ya menester aqui.)
¡Pedro Alonso, deteneos,
que estoy aquí yo!
Descúbrese
FERNANDO: ¿Es el conde?
CONDE: El conde soy.
FERNANDO: ¿Corresponde
a los heroicos trofeos200
de vuestra sangre esta hazaña?
CONDE: ¡Basta, atrevido! ¿Qué es esto?
¿A mí me habláis descompuesto?
¿Qué confïanza os engaña?
¡Idos al punto!205
FERNANDO: ¡Señor!
CONDE: ¡Idos, villano! ¡Acabad!
FERNANDO: ¡Tratadme bien, y mirad
que soy, aunque tejedor,
tan bueno…
CONDE: ¡Qué atrevimiento!
¿Eso me decís a mí?210
Dale un bofetón
¡Matadle!
TEODORA: ¡Ay, cielo!
FERNANDO: ¡Hasta aquí
ha llegado el sufrimiento!
Sacan las espadas
TEODORA: ¿Hay mujer más desdichada?
CONDE: ¡Muera!
Acuchíllanse
FERNANDO: Presto habéis de ver
que no gobierna el poder,215
sino el corazón, la espada.
Retíralos a todos y va tras ellos
CRIADO: Muerto soy! Dentro
TEODORA: ¡Triste! ¿Qué haré?
Sale CHICHÓN, con el jarro
CHICHÓN: Teodora, ¿qué confusión
y ruido es éste?
TEODORA: Chichón,
mi desdicha sola fue220
la que ha podido causarlo.
Llévame al punto de aquí;
que hay gran mal.
CHICHÓN: Luego lo vi;
mas no pude remediarlo.
¿Adónde te he de llevar?225
TEODORA: A casa de algún amigo,
donde el rigor y el castigo
del conde pueda evitar.
CHICHÓN: No sé adónde, porque es cosa
de gran peligro poner230
la moza en otro poder.
Y el verte a ti tan hermosa
me da mil desconfïanzas;
que estando a solas contigo,
no hay amigo para amigo,235
las cañas se vuelven lanzas;
mas embajador me llamo.
TEODORA: Bien dices.
CHICHÓN: Allí segura,
la desdicha o la ventura
aguardarás de mi amo.240
TEODORA: Vamos.
CHICHÓN: ¡Bien hayan, amén,
los primeros inventores
de casas de embajadores
para bellacos de bien!
Vanse TEODORA y CHICHÓN. Salen GARCERÁN, preso, y don JUAN
JUAN: Digo que, a mi parecer,245
la verdadera ocasión
que os tiene en esta prisión
no es la que os, dan a entender;
causa tiene superior,
y para encubrirla, dan250
al agravio, Garcerán,
que os hacen, esta color.
GARCERÁN: ¡Ay de mí, que bien lo entiendo!
Bien sé, triste, que Clariana
es la causa soberana255
del mal que estoy padeciendo.
Bien sé que en tenerme aquí
es el intento matarme;
porque siendo quien soy, darme
la cárcel pública a mí260
por prisión, no se me esconde
que es rigor, furia y venganza.
JUAN: De su padre la privanza
da tanta soberbia al conde,
que sus celosos enojos265
quiere vengar como agravios.
GARCERÁN: Hallé hechizos en los labios,
hallé encantos en los ojos
de aquella aldeana bella,
injuria del sol; robóme270
el alma, don Juan; hallóme
el conde hablando con ella;
sus celos y su afición
disimuló; mas al punto
le vi, en el color difunto275
de la cara, el corazón;
y quiere dar fin aquí
a sus celos con mi vida,
bien lograda, si perdida,
bella Clariana, por ti.280
JUAN: Garcerán, esa fineza
es de caballero andante.
Lo preciso y lo importante
es mirar por la cabeza.
GARCERÁN: ¿Cómo?285
JUAN: Buscando algún modo
con que esta borrasca, huyendo,
evitéis; que al fin, viviendo
se vence y se alcanza todo.
Don FERNANDO, por otra parte, con grillos, y con ganfiones en los pulgares; GARCERÁN y don JUAN hablan bajo, sin reparar en los recién venidos
FERNANDO: ¿Siéntelo mucho Teodora?
CHICHÓN: De suerte, que a ser de vino290
sus lágrimas, diera abasto
a todos los retraídos.
FERNANDO: ¡Mal haya su pretensión,
y mal hayan los servicios
de su padre, que la hicieron295
hablar para daño mío
al marqués! ¡Que allí el amor
del conde tuvo principio!
CHICHÓN: Da en decir que quiere hablar
por ti al conde.300
FERNANDO: ¿Tal ha dicho?
¿Quiere comprar con mi ofensa
la gracia de mi enemigo?
Daréle mil puñaladas
–¡vive el cielo!–si averiguo
que otra vez toma en la boca305
su nombre.
CHICHÓN: ¿Tienes juicio?
Cuando te ves con ganfiones
las manos, los pies con grillos,
¿echas retos?
FERNANDO: ¿Luego tú
por ventura has entendido310
que he de estar preso mañana?
CHICHÓN: Antes, señor, imagino
que saldrás libre a dar higas
a todos tus enemigos;
mas daráslas con la lengua,315
hecho en el aire racimo.
FERNANDO: ¡Calla, necio! Tráeme tú
dos cordeles y un martillo;
que en cas del embajador
he de amanecer contigo.320
CHICHÓN: ¿Cómo?
FERNANDO: No preguntes cómo.
Tráeme luego lo que pido,
Chichón, y no me repliques.
CHICHÓN: Voy por ello, y no replico.
Vase CHICHÓN
GARCERÁN: Esto me importa.325
JUAN: La vida
arriesgaré por serviros,
pues dicen que la prisión
es toque de los amigos.
Vase don JUAN
FERNANDO: ¡Señor Garcerán
GARCERÁN: ¿Qué es esto,
Pedro Alonso? ¿Qué delito330
tan grave hicistes, que estáis
con ganfiones y con grillos?
FERNANDO: ¿No se lo ha dicho la fama?
GARCERÁN: No.
FERNANDO: Pues anoche me hizo335
cierto señor un agravio,
con la ventaja atrevido
de tres que le acompañaban;
mas mi buena suerte quiso
que, dando muerte a los dos,340
comenzase su castigo;
y si el socorro les tarda,
hago en los demás lo mismo.
Llovió luego sobre mí
más justicia que granizo345
el Noto helado dispara
en el abrasado estío.
Prendiéronme, y sepultaron
mis pies en doblados grillos;
pidiéronme la patente350
en su acostumbrado estilo
los presos avalentados
con privilegio de antiguos;
mas yo, con el remanente
del pasado furor mío,355
con un mástil visité
los sesos a cuatro o cinco,
hasta que los bastoneros
acudieron al rüido,
y echándome estas prisiones360
cesaron mis desatinos.
GARCERÁN: ¡Caso extraño!
FERNANDO: No se espante;
que un hombre honrado ofendido
es un toro agarrochado,
que en las capas, vengativo.365
Los rigores ejecuta
que en sus dueños no ha podido.
Pero, señor Carcerán,
¿está vusted de peligro?
¿Es mortal la enfermedad370
que a este sepulcro de vivos
le ha traído?
GARCERÁN: Ya la vida,
según son los males míos,
porque muera muchas veces,
me conserva mi destino.375
FERNANDO: Pues no se aflija, que yo,
si vusted quiere, me obligo
a ponerle en libertad
antes que en blando rocío
bañe los campos el alba.380
GARCERÁN: ¿Burláisos?
FERNANDO: Esto que digo
cumpliré. Su voluntad
me diga, y a cargo mío
deje lo demás.
GARCERÁN: Daréis
la libertad a un cautivo,385
la vida a un muerto.
FERNANDO: Pues calle,
y esta noche prevenido
me aguarde en la enfermería.
GARCERÁN: Vuestro será mi albedrío
y mi vida, si de vos,390
como decís, la recibo;
y de mí podéis creer
que hiciera por vos lo mismo;
que me debéis afición
después que os vi, porque miro395
en vuestro rostro una imagen,
trasunto y retrato vivo
de aquel infeliz Fernando
Ramírez; que los dos fuimos
los amigos más estrechos400
que han celebrado los siglos.
FERNANDO: (¡Quién pudiera declararte Aparte
secretos tan escondidos!
Mas el secreto es forzoso
donde es tan grande el peligro.)405
¿No es el que en Madrid hallaron
muerto a puñaladas, hijo
del noble Beltrán Ramírez,
el que en público suplicio
murió condenado, siendo410
de Madrid alcaide?
GARCERÁN: El mismo.
FERNANDO: Dios descubra la verdad;
que la fama siempre ha dicho
que dieron muerte al alcaide
invidias, y no delitos.415
GARCERÁN: Defendiendo esa verdad
a dar la vida me obligo.
FERNANDO: Sois noble; y creed que en mí,
si son mis hados propicios,
no echéis menos a Fernando,420
si me queréis por amigo.
GARCERÁN: De ello os doy palabra y mano.
FERNANDO: Yo como debo lo estimo.
Salen CAMACHO, CORNEJO y JARAMILLO, bandoleros
CAMACHO: Pues Pedro Alonso lo dice,
y es su valor conocido,425
él saldrá con lo que intenta.
CORNEJO: Camacho, lo mismo digo.
JARAMILLO: Más vale salto de mata
que rogar a estos ministros
del infierno. Él está aqui.430
CAMACHO: Hablémosle. ¡Pedro amigo!
FERNANDO: ¡Oh, Camacho!
CAMACHO: Ya he tratado
con Cornejo y Jaramillo,
por quien se gobiernan todos
los bravos, vuestro designio.435
Más de veinte están dispuestos
a ayudaros y seguiros.
FERNANDO: Pues libertad, camaradas;
que ayuda a los atrevidos
la Fortuna. Redimamos440
el peligro con peligro;
que no han de estar tantos hombres
sujetos a dos puntillos
de una pluma, que cortando
los vientos, ensayos hizo445
para cortar de las vidas,
como la Parca, los hilos.
CAMACHO: Lo mismo decimos todos.
FERNANDO: Sólo me falta advertiros
que busquen modo esta noche,450
los que quieran conseguirlo,
de estar en la enfermería.
CAMACHO: Para los presos antiguos
no es difícil, porque tienen
oficiales conocidos.455
CORNEJO: Y los demás, con achaque
de velar a Alonso Pinto,
que está muriéndose,
pueden fácilmente conseguirlo.
FERNANDO: Trácelo al fin cada cual;460
que yo, puesto que imagino
que es imposible, conforme
acriminan mis delitos,
que fuera del calabozo
me dejen esos ministros,465
si no hay precisa ocasión;
con la traza que fabrico
lo alcanzaré. ¿Tiene alguno
de vosotros un cuchillo?
CAMACHO: Yo le tengo. Veisle aquí.470
Sácalo
FERNANDO: Pues en la cabeza, amigo,
me dad una cuchillada;
y fingiendo que he caído
de esta escalera, mi intento
con ese medio consigo,475
pues luego en la enfermería
me han de poner.
CAMACHO: Peregrino,
aunque crüel, es el medio.
FERNANDO: Antes piadoso, si evito
con él de un fiero verdugo480
el inhumano suplicio.
Acabad; que el golpe espero.
CAMACHO: Con vos agora ejercito,
para excusar mayor daño
de cirujano el oficio.485
Dale, y cae don FERNANDO
FERNANDO: ¡Válgame el cielo!
Sale un BASTONERO
BASTONERO: ¿Qué es eso? Dentro
CAMACHO: Pedro Alonso, que ha caído,
de esa escalera. ¡Mal hayan
tantos ganfiones y grillos!
JARAMILLO: Mejor es matar a un hombre.490
CORNEJO: La cabeza se ha rompido.
BASTONERO: Llévenlo a la enfermería.
GARCERÁN: (Más valor tiene escondido, Aparte
que de un tejedor se espera,
este hombre; y a no haber visto495
mis ojos muerto a Fernando,
afirmara que es él mismo.)
CORNEJO: (Demonio es el tejedor.) Aparte
CAMACHO: (Tragóla el señor ministro.) Aparte
Vanse todos. Salen el CONDE y FINEO
FINEO: Gran escándalo ha causado500
en Segovia este suceso,
y es sin duda que haber preso
al tejedor te ha dañado.
CONDE: Ni yo lo pude estorbar
sin darme allí a conocer,505
ni los celos saben ser
hidalgos en perdonar.
Demás que es tan arrojado,
tan valiente y atrevido,
que libre y de mi ofendido,510
me pudiera dar cuidado.
Mejor está, a toda ley,
donde pague su locura;
que si el pueblo me murmura,
como no lo sepa el rey,515
no importa; y su majestad,
como sabes, no da audiencia
a nadie sin mi presencia;
y el amor y voluntad
que me tiene, me aseguran520
de los que a su lado están,
pues sólo gusto le dan
los que dármele procuran.
Fuera de que el tejedor,
que conoce mi poder,525
se ha de enfrenar, y temer
de la justicia el rigor,
si declara que el acero
osó contra mí empuñar;
pues esto le ha de dañar530
más que el homicidio fiero
que cometió.
FINEO: Caso es llano.
CONDE: ¿Cómo está Claudio?
FINEO: La herida
ha abierto puerta a la vida,
si no yerra el cirujano.535
CONDE: ¡Triste de él!
FINEO: ¡Triste de Arnesto,
que sin confesión pagó
pena que no mereció!
Mas, dime, señor, con esto
¿hase aplacado el ardor540
del solícito deseo
de Teodora?
CONDE: No, Fineo;
que no es tan cuerdo mi amor.
Yo la he de gozar, o el llanto
me ha de matar, según peno.545
La flecha trajo veneno,
pues de una vez pudo tanto.
FINEO: Y Clariana, ¿qué diría
si esto supiese?
CONDE: De amor
es incentivo el temor;550
la seguridad lo enfría.
En nueva afición me enciendo;
y no hay amor que posea,
que no trueque al que desea,
el bien que está poseyendo.555
FINEO: Pues si no sientes perdella,
¿por qué en Garcerán, señor,
te vengas con tal rigor
de hallarle hablando con ella?
CONDE: Ésa ha sido obligación,560
si no de amante, de honrado;
que en amar a quien he amado
ofendió mi estimación.
Demás que entonces Clariana
era toda mi alegria;565
que de Teodora aun no había
visto la luz soberana.
Mas mi padre viene aquí.
Parte al punto, y con recato
sabe de aquel dueño ingrato570
a quien el alma rendí.
No vuelvas sin saber dónde
se oculta el bien por quien muero.
FLNEO: Hallarla, señor, espero,
si el mismo centro la esconde.575
Vase FINEO. Sale el MARQUÉS
MARQUÉS: Conde…
CONDE: Señor…
MARQUÉS: ¿Vos sabéis
que sois señor?
CONDE: Sé a lo menos
que vos lo sois, y que soy
vuestro hijo y heredero.
MARQUÉS: Pues no, no está en heredarlo,580
sino en obrar bien, el serlo;
que de esto sólo resulta
la estimación o el desprecio.
Los señores son jüeces,
y los jüeces nacieron585
para deshacer agravios,
conde, que no para hacerlos.
¿Qué piensan vuestras locuras?
¿Qué esperan vuestros excesos
sino que todos os pierdan,590
con justa causa, el respeto?
Por una mujer humilde
con hombre que tanto menos
vale que vos, ¿la opinión
y vida ponéis a riesgo?595
Allá en hora mala, allá
con los moros de Toledo,
que contra Segovia intentan
pasar el nevado puerto,
mostrad esos fuertes bríos;600
que quien tiene noble el pecho,
por su honor, por Dios y el rey
sólo empuña el blanco acero.
¿Sabéis que el alto lugar
que os ha dado el que yo tengo605
con el rey, está a la envidia
y a la emulación sujeto?
¿Sabéis acaso que basta
a la privanza un cabello
para tropezar? ¿Sabéis,610
que en tropezando, es muy cierto
el caer, pues el privado
es árbol, a quien, derecho,
las ramas que le rodean
son adornos lisonjeros,615
y en comenzando a caer,
las mismas que pompas fueron,
son todas peso que ayuda
a derribarlo más presto?
¿No os lo están diciendo a voces620
mil historias, mil ejemplos?
¿No vistes vos a Beltrán
Ramírez mandar el reino,
y de la envidia después
en un teatro funesto,625
los rayos de su privanza
en humo leve resueltos?
¿Pues qué confïanza necia
os da loco atrevimiento
para irritar con agravios630
justas venganzas del pueblo?
Está el otro con su dama,
y vos, airado y soberbio,
tras querérsela quitar,
¿le afrentáis? ¡Pluguiera al cielo635
que como su injusto agravio
vengó en dos crïados vuestros,
diera en vuestra misma vida
el riguroso escarmiento!
CONDE: ¡Señor…!640
MARQUÉS: No me deis disculpa;
enmendad vuestros excesos,
o por la vida del rey
si no lo hacéis, de poneros
en un castillo, de donde
no salgáis hasta que el tiempo,645
cubriéndoos de nieve el rostro,
os tiemple el ardor del pecho.
Vase el MARQUÉS
CONDE: (Con un loco en vano son Aparte
amenazas ni consejos,
mientras no me restituyas,650
hermosa Teodora, el seso.
Vase el CONDE. Salen don FERNANDO, con un martillo y cordeles en la pretína; GARCERÁN, CAMACHO, CORNEJO y JARAMILLO, con luz
FERNANDO: Agora, amigos, que ocupa
la noche en profundo sueño
nuestros contrarios, despierten
el valor nuestros intentos.655
¿Hay quien se atreva a romper
estos ganfiones? ¡Cornejo,
Camacho, probad las fuerzas!
Hace fuerza CAMACHO para romper los ganfiones
CAMACHO: Romper el templado hierro
con la fuerza de las manos,660
Pedro Alonso, es vano intento.
FERNANDO: ¡Que no quisiese el alcaide,
viéndome herido y enfermo,
aliviarme las prisiones!
CAMACHO: Aun muerto, le daréis miedo.665
Prueba CORNEJO
CORNEJO: Lo mismo es batir con balas
de cera muros de acero.
CAMACHO: Pues querer romperlo a golpes
es malograr el deseo;
que es forzoso que al rüido670
despierten los bastoneros.
FERNANDO: ¡Pese a mí! Si tengo dientes,
¿por qué busco otro remedio?
¿Dos dedos han de estorbar
que se libre todo el cuerpo?675
Muérdese los dedos, y arroja las esposas, y átanle unos paños
GARCERÁN: ¿Qué habéis hecho?
CAMACHO: Hase arrancado
los dos últimos artejos
de los pulgares.
GARCERÁN: En vos
otro Scevóla contemplo;
mas los grillos…680
FERNANDO: En los pies
no importa el impedimento;
que como yo pueda usar
de las manos, no estoy preso.
Dadme un cuchillo.
CAMACHO: Tomad.
Dásele
FERNANDO: Quien de la hazaña que emprendo685
desistiere, se imagine
con éste a mis manos muerto.
CORNEJO: Todos quieren ayudaros,
seguiros y obedeceros.
FERNANDO: Pues, amigos, levantad690
de las camas los enfermos;
que poniendo unas en otras,
hemos de llegar al techo;
y rompiéndole una tabla
con este martillo, haremos695
puerta, con que todos gocen,
libres de prisión, el cielo;
y estos cordeles después
serán escalas del viento
para bajar a la calle.700
GARCERÁN: Comencemos, pues.
FERNANDO: Enfermo
no ha de quedar, aunque esté
oleado ya, que de ello
pueda hacer la relación.
Salga vivo o quede muerto705
quien no pudíere seguirnos.
Vase don FERNANDO
GARCERÁN: Noche, ayude tu silencio
contra injustas tiranías
tan justos atrevimientos.
Vanse todos. Salen FINEO y CHICHÓN
FINEO: Los que a su provecho están710
atentos, sólo han de ser
lisonjeros del poder.
Viva quien vence es refrán.
El conde, mi dueño, amigo,
pierde por Teodora el seso;715
ya lo sabes, y por eso
hablo tan claro contigo.
Ayer pusimos espías
en la cárcel, que te vieron
con Pedro Alonso, y siguieron720
tus pasos cuando venías
a cas del embajador,
de que colegí que esconde
esta casa el sol que al conde
tiene abrasado de amor.725
Ayúdale a conquistar
la voluntad de Teodora;
y porque la clara aurora
al mundo comienza a dar
luces ya, si lo has de hacer,730
llámala al punto; que quiero
hablarla, Chichón, primero
que nadie lo pueda ver.
Y porque a obligarte empiece,
esta cadena te dé735
Dale una
señal del amor y fe
que el conde por mí te ofrece.
CHICHÓN: Por cierto que has predicado
tan eficaz, que imagino
que si te oyera Calvino,740
hubiera su error dejado.
Y el epílogo en un toro,
en un tigre, hiciera efeto,
pues cerró, como discreto,
la oración con llave de oro.745
De tu palabra me fío,
y del valor y el poder
de tu dueño, para hacer
tal deslealtad contra el mío;
mas pues hoy ha de morir,750
yo, por no serle infïel,
aquí me despido de él,
y al conde empiezo a servir.
FINEO: Y yo en su nombre, Chichón,
te recibo; que de él tengo,755
en orden a lo que vengo,
tan amplia la comisión,
que lo que yo hiciere da
por hecho.
CHICHÓN: Llamemos, pues,
a este aposento que ves;760
que en él aguardando está
Teodora del tejedor
los sucesos desdichados.
Llama. Sale TEODORA, a medio vestir
TEODORA: ¿Quién está aquí?
CHICHÓN: Dos crïados
son del conde mi señor.765
TEODORA: ¿Es Chichón?
CHICHÓN: Mi presunción
a Chichón no te responde;
que después que sirvo al conde
me llamo ya don Chichón.
TEODORA: ¿Al conde sirves?770
CHICHÓN: Teodora,
a ti debo esta ventura;
tercero fue tu hermosura,
porque yo lo fuese agora.
Si te admiras de esto, fía
que no soy solo el que ha dado775
para volar a privado
plumas la alcahuetería.
El conde, al fin, mi señor,
que ciegamente te adora,
quiere hacerte gran señora,780
de dama de un tejedor.
Pedro Alonso ha de ser hoy
despojo vil de un verdugo.
Salen don FERNANDO, GARCERÁN, CAMACHO, CORNEJO, JARAMILLO y otros presos
FERNANDO: ¡Gracias a Dios, que le plugo
librarnos!785
CHICHÓN: (¡Perdido soy; Aparte
que es Pedro, y si me ha escuchado,
me mata. ¡Infeliz Chichón!
Héme aquí quitado el don,
y vuelto al primer estado.)
TEODORA: ¿Es posible que te veo790
libre ya?
FERNANDO: Teodora, sí.
FINEO: (En gran riesgo estoy aquí.) Aparte
Vase FINEO
TEODORA: Yo te abrazo y no lo creo.
FERNANDO: Amigos, ya que ha querido,
con piedad tan generosa,795
el cielo que a los intentos
los efetos correspondan,
conviene que consultemos
y resolvamos agora
el modo de conservarnos800
en la libertad preciosa.
Y aunque nos parezca estar
seguros aquí, pues gozan
las casas de embajadores
exenciones tan notorias,805
suelen por razón de estado,
cuando la quietud importa,
ellos mismos dar permiso
de que estos fueros les rompan;
y más siendo mi contrario810
del rey la privanza toda,
a quien el embajador
hará mayores lisonjas.
Por esto, pues, y por ver
que es una especie penosa815
de prisión el retraimiento,
pues la libertad estorba,
me parece que partamos
todos juntos de Segovia
adonde nuestras hazañas820
den materia a las historias.
Muchos somos, y serán
muchos más los que por horas,
medrosos de sus delitos,
a seguirnos se dispongan.825
De los vecinos lugares,
o por fuerza o por mañosa
industria, los delincuentes
sacaremos que aprisionan,
y de todos formaremos830
un ejército que ponga
temor a enemigas huestes,
seguridad a las proprias.
Y ocupando a esa montaña
la aspereza peñascosa,835
nos darán muros y torres
sus inexpugnables rocas.
Saltearemos caminantes,
y las poblaciones cortas
saquearemos de dineros,840
de bastimentos y joyas.
Los agraviados podrán
vengarse; que es cierta cosa
que el tiempo dará ocasiones
y la ventaja vitorias.845
CAMACHO: Yo soy de ese parecer.
CORNEJO: ¿Quién hay que no se disponga
a seguiros?
JARAMILLO: Todos juntos
en lo mismo se conforman.
CHICHÓN: (¡Bueno es esto! ¡Vive Dios, Aparte850
que quieren echar la soga
tras el caldero! Chichón,
por aquí van a la horca.)
FERNANDO: Y vos, señor Garcerán,
¿qué decís?855
GARCERÁN: Que a mí me importa
proseguir otros designios,
porque no soy dueño agora
de mi libertad, que vive
presa en la cadena hermosa
del gusto de una mujer;860
y pues del amor no ignora
vuestro pecho el duro imperio,
no dudo yo que conozca
que es ésta bastante causa.
Pero ya que mi persona865
no os siga, creed que el alma,
que se os confiesa deudora
de esta vida, eternamente
su obligación reconozca,
y que si puede algún tiempo870
os lo muestre con las obras.
FERNANDO: De vuestra sangre lo fío.
GARCERÁN: Vuestras manos valerosas
alcancen tanta ventura
cuanto valor las informa.875
Vase don GARCERÁN
CHICHÓN: Yo, señor, que a nadie he muerto,
y me hallo bien en Segovia,
y entré contigo a aprender
de tus manos tejedoras
a gobernar lanzaderas,880
y no lanzas, quiero agora
hacer cuenta. Tú me has dado
tres ducados, que esto montan
tres meses que te he servido.
Hete quebrado una olla,885
dos platos y un orinal;
para esto compré a mi costa
los cordeles y el martillo.
FERNANDO: ¡Traidor!
CHICHÓN: El furor reporta.
Huye hacia la puerta
CAMACHO: A la calle salió huyendo.890
CHICHÓN: Aquí sois muchos; si a solas
quieres reñir en la plaza
te aguardo junto a la horca.
CAMACHO: Segura estacada escoge.
Vase CHICHÓN
FERNANDO: Tratemos de lo que importa.895
Elijamos capitán
a quien todos reconozcan;
que sin cabeza no hay orden,
y sin orden es forzosa
la confusión y rüina,900
según muestran las historias.
CAMACHO: ¿Quién sino vos lo ha de ser?
CORNEJO: ¿Quién puede haber que se oponga
a vuestro valor?
JARAMILLO: Ya todos
por su capitán os nombran.905
FERNANDO: Pues todos sobre esta cruz
Hácela con los dedos
la derecha mano pongan,
y juren que me serán,
pena de muerte afrentosa,
obedientes y leales.910
Todos ponen la mano sobre la cruz
TODOS: Si juramos.
FERNANDO: Falta agora
que busquemos arcabuces,
espadas, broqueles, cotas.
Prevéngase cada cual
como pueda. Tú, Teodora,915
¿qué dices de esto?
TEODORA: Que iré
a las partes más remotas
a tu lado, obscureciendo
la fama a las Amazonas.
FERNANDO: ¡Oh, ejemplo de la firmeza920
y de las mujeres honra!
Como me cuestas me pagas;
y yo, si tu cara hermosa
me acompaña, me prometo
de todo el mundo vitoria.925
Amigos, a preveniros;
que no ha de alumbrar la aurora
otra vez, sin que pisemos
de Guadarrama las rocas.
CAMACHO: Vamos.930
TODOS: Vamos.
FERNANDO: Yo haré presto
que tú y el mundo conozca,
conde enemigo, el valor
del tejedor de Segovía.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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