JORNADA SEGUNDA
Salen don JACINTO y don DIEGO
JACINTO: Perdonad la cortedad,1015
o la llaneza, don Diego,
y que recibáis, os ruego,
el afecto y voluntad.
DIEGO: Bueno es esto cuando veo
tan nobles demostraciones,1020
que no dejan las acciones
a que se alargue el deseo.
Todo muy cumplido ha estado;
sólo es corta mi ventura.
JACINTO: Quien logra tanta hermosura1025
no se llame desdichado,
pues es necia indiscreción,
y juzgo, sin duda alguna,
que es irritar su fortuna
el quejarse sin razón.1030
DIEGO: ¡Ay, don Jacinto! Querría
descubrirte mi tristeza,
pues no importa su belleza
si su belleza no es mía.
¿Viste el mísero doliente1035
que por divertir su mal
en el labrado cristal
tiene el agua de una fuente;
que para mayor agravio
y rigor más inhumano1040
se la quitan de la mano
cuando fue a tocarla el labio,
porque descubierto se halla
que, aunque tan clara y tan bella,
está el peligro en bebella1045
y la vida en derramalla?
Pues, el mismo riesgo llevo
en Laura, ¡oh fiero rigor!,
si bebo pierdo el honor
y la vida si no bebo.1050
JACINTO: Pues, ¿qué te congoja?
DIEGO: Escucha,
porque conozcas mi mal;
ya que has mirado el cristal,
verás si mi pena es mucha.
No quisiera referirte1055
generoso don Jacinto,
por ceñirme a lo que importa,
de mi vida los principios.
Pues nos crïamos los dos
con agasajo de primos1060
hasta que nos dividieron
tan diversos ejercicios
como el furor de las armas
y las paces de los libros.
Pues, tú te partiste a Flandes,1065
yo a Salamanca; que quiso
mi padre que en sus escuelas,
teatro de ingenios vivos,
donde de la policía
se aprenden bien los estilos,1070
me advirtiese en las leyes
lo severo y lo entendido,
gobernando por allí
de mis medras los designios;
hasta que llegó a entender1075
que vivía divertido;
que en una edad floreciente
cualquier licencia es peligro.
Y sacándome de allí
a Zaragoza partimos1080
con la nueva ocupación
de aquel tan honroso oficio
con que le favoreció
la grandeza de Filipo,
planeta del cuarto cielo ,1085
que mida eterna los siglos.
Trató en Madrid de casarme
con tu hermana, y ya traído
el despacho al parentesco,
mi desdicha lo deshizo.1090
Mientras esto sucedía,
murió tu padre y el mío,
y para mayor tormento
me señaló mi destino
por blanco de mis acciones,1095
por empleo de mis bríos,
por alas de mis desvelos,
el hermoso basilisco,
la más gustosa ponzoña
y el más agradable hechizo1100
que en los dos ojos de Laura
el ciego vendado ha visto.
Festejéla honestamente,
rindiéndola mi albedrío
a un amor en cuyas luces1105
blandamente muero y vivo.
Reconocí en su semblante
un amoroso cariño,
un agasajo cortés
y un favor tan advertido1110
que sin faltar a las leyes
de su decoroso estilo,
me pagaba en el agrado
cualquier galante servicio.
Determinéme a pedirla1115
a su padre, convencido
de su generosa sangre,
de su mayorazgo rico,
de su rara honestidad
y entre los dos convenimos1120
esta jornada a Madrid
a negociar el oficio
de que gozaba mi padre
pues solo quedé su hijo,
para que fuese de Laura1125
amante, esposo y marido.
Partimos de Zaragoza
y desde que nos partimos
hallé un desmayo en sus ojos,
en su agasajo un retiro,1130
en su agrado un desaliento
en su voz unos suspiros,
en su corazón un ansia,
en su pecho unos desvíos
que de algún cuidado oculto,1135
de algún amor atrevido,
de alguna pena secreta
dan evidentes indicios.
Y, aunque adoro su belleza,
aunque a sus luces me rindo,1140
aunque su fuego me abrasa,
y aunque sus prendas estimo,
tengo de mirar mi honor
antes que de mi apetito
los vanos antojos quiebren1145
tan fácil hermoso vidrio.
Y así entretendré las bodas
mientras no encontrare el hilo
con que salir de las dudas
de tan ciego laberinto,1150
mientras no viere el honor
más puro, más cristalino,
más sin mancha, más sin nota
que el sol en cuyos registros
el átomo más menudo,1155
el polvo más escondido,
la mota más retirada
descubren sus rayos limpios;
que quien no hace examen cuerdo
de su honor inadvertido1160
antes de arrojarse al lance,
él mismo busca el peligro
y lo que fuera cordura
prevenir en los principios,
conclüído un casamiento,1165
averiguarlo es delito.
En estas congojas peno;
en este tormento vivo
y entre el amor y los celos
neutral pierdo los sentidos.1170
¿Viste cándida paloma,
que claro está que la has visto,
de su consorte celosa
rondar el decente nido,
fuego los ojos ardiente,1175
aguzar el corvo pico,
tender las alas turbada,
crespar el plumaje rizo,
hacer arpones las plumas
que dispuestas al castigo1180
las templa al amor del pecho
aunque se juzga ofendido?
Y, en unas dudas suspensas,
ya enamorado, ya esquivo,
una vez huye quejoso,1185
otra vez llega rendido;
halaga el ave que adora,
enamorándola fino,
y en arrullos sus congojas
intima en vez de suspiros,1190
sin acertar a quejarse
ni poder mostrarse tibio
entre el fuego que le abrasa
y entre la nieve indeciso.
Pues, así yo, entre congojas1195
y amor abrasado lidio
sin poder yo mismo en nada
aconsejarme a mí mismo.
Una vez la busco amante,
otras veces ofendido1200
por no abrasarme en su llama
de sus luces me retiro.
Y sólo por desahogo,
por consejo y por alivio
porque me adviertas discreto1205
cuanto padezco te he dicho.
JACINTO: Grande es tu pena, don Diego,
porque celos con amor
es dolor sobre dolor
y es añadir fuego a fuego.1210
Pero si sólo el cuidado
es de lo que has presumido,
no queda amor ofendido
de un delito imaginado;
pues cuando más en tu daño1215
te quejas de su rigor,
vendrá a descubrir su amor
que fue tu malicia engaño.
Remite al tiempo discreto
que aclare duda tan grave;1220
pues él solamente sabe
sacar a luz un secreto.
Pero aquí vienen las dos.
(¡A fe, que Laura es hermosa!) Aparte
Salen ARMINDA y LAURA
LAURA: Nunca estuve tan gustosa.1225
ni tan contenta.
JACINTO: ¡Por Dios!,
Laura, que me alegro mucho,
pues colijo en tus razones
que evidentemente opones
lo que escuchas a lo que escucho,1230
porque don Diego sentía
tu tristeza.
DIEGO: No te espante,
pues a fuer de fino amante
era la tristeza mía.
Pues, como el amor implica,1235
sin arder en una llama,
quien no siente en lo que ama,
no ama lo que publica.
ARMINDA: (Bien discurrido está a fe). Aparte
LAURA: (Y yo lo siento mejor, Aparte1240
pues hallé todo mi amor
donde no lo imaginé
porque don Jacinto era
el que en Zaragoza hizo
aquel amoroso hechizo1245
que causó mi pena fiera.
Y cuando en Madrid le he hallado,
toda el alma se cobró;
que el bien que no se esperó
es bien más para estimado).1250
JACINTO: Verás la corte y el Retiro
con que te divertirás.
LAURA: No he menester ya ver más
que lo que en tu casa miro,
porque tu gala, tu agrado,1255
de Arminda la cortesía
quitan mi melancolía
y suspenden mi cuidado.
DIEGO: Laura, ¿no te lo advertí
en el camino primero?1260
JACINTO: Que os halléis muy bien espero.
LAURA: Jurara yo que te vi
en Zaragoza ya ha días;
y según lo que imagino,
en el corso y de camino1265
fuiste haciendo cortesías
a una señora tapada.
JACINTO: Es verdad. Di, ¿quién sería?
LAURA: No sé, pero parecía
doña Juana de Moncada.1270
Y aquesto lo colegió
de que me mostró después
un relojillo francés.
JACINTO: ¿Y dijo quién se la dio?
LAURA: No dijo quién, pero es llano1275
que tú debiste de ser;
porque yo vine a saber
que se la dio un castellano;
y habiéndola visto hablar
contigo desde un balcón1280
de mi casa, la hilación
era fácil de sacar.
¿Te picó?
JACINTO: Sí, confesallo
tengo, aunque el rostro no vi.
Tanto en su voz me perdí1285
que aun agora no me hallo.
ARMINDA: Esto es amor a buen ojo.
LAURA: Parece que tierno estás.
JACINTO: Y Laura, ¿no me dirás
si se ha casado?1290
LAURA: (Yo arrojo Aparte
las varetas con cuidado
para saber mi cautela
si este jilguero que vuela
está en la liga pegado).
No se ha casado aun agora;1295
pero la quieren casar,
y ella muere de pesar
porque en otra parte adora.
Y aún se sospecha que fue
el caballero que habló1300
a quien el alma entregó
con pura y honesta fe,
pero su nombre ignoraba;
y aunque en su llama se ardía,
como no le conocía1305
en hielo y fuego penaba.
Pésame de haberte dado
este susto sin querer.
JACINTO: (¡Válgate Dios por mujer! Aparte
¡El fuego que has despertado!)1310
Señora, si agradecido
he de responder, confieso
que me enternece el suceso
solamente referido,
porque aunque juzgues locura1315
amar lo que no se ve,
confieso sin ver que amé
su imaginada hermosura;
y no pienses advertida
que es facilidad sobrada,1320
que una belleza mirada
no es tanto como creída;
pues la vista y la atención
notan con grave censura
en la mayor hermosura1325
la menor imperfección.
Cuando en materias de amor
suele un ardiente deseo
hacer en lo que no veo
siempre el retrato mejor,1330
hoy me ha el caso sucedido.
ARMINDA: Basta de divertimiento.
LAURA: Mañana acabaré el cuento;
que está mi padre dormido,
y me quiero recoger.1335
Vamos, Arminda, que espero
con este lance primero
morir del todo o vencer.
DIEGO: Si nos dais las dos licencia,
iremos a acompañaros.1340
ARMINDA: No es razón, sino quedaros,
pues fuera poca decencia.
JACINTO: Arminda, a aquella tapada
pon en el cuarto que dije.
ARMINDA: (El corazón se me aflige). Aparte1345
LAURA: (¡Válgate Dios por jornada!) Aparte
Vanse ARMINDA y LAURA
JACINTO: ¿Qué te parece, don Diego,
del cariño, del agrado
con que Laura nos ha hablado
sin sentirse su despego?1350
DIEGO: Que es milagro de tu casa
que no estorba mi recelo;
pues puede volverse hielo
este fuego que me abrasa.
JACINTO: Vámonos a recoger1355
que es tarde y vendrán cansado.
DIEGO: (Ni aun el rostro me ha mirado Aparte
divertida esta mujer).
Vanse. Salen MOSCÓN y LUCÍA
LUCÍA: ¿Don Lope es un gran pícaro?
MOSCÓN: ¡Un bellaco!
Cargadas las narices de tabaco,1360
lleno siempre de mocos,
sus pañuelos tan pocos,
tan bastos sus pañuelos,
que un lienzo de pared hace lenzuelos,
y con asco inhumano1365
le sirve de pañuelo la una mano.
Jura y no paga deudas de crïados,
porfïado donde haya porfïados;
que con astucia y traza peregrina
un perro muerto daba a cada esquina;1370
hombre que no respira
sin sacar de la boca una mentira
y con burlas que ha hecho a mercaderes
pudo llenar de trampas las mujeres,
pues cuando más escampa,1375
cada palabra suya es una trampa;
y tiene en cada aliento
una torre de viento
porque tan vano hombre no le hallaron
desde que los molinos se inventaron,1380
con tanta vanidad y desatinos
que puede dar el viento a los molinos;
y estando muy preciado de limpieza,
en el cuerpo crïaba y la cabeza
tan grande variedad de sabandijas1385
con otras ochocientas baratijas
que a ninguno ha llegado
que no la haya pegado.
Tiene sarna, empeines, almorranas,
y todas las mañanas,1390
como si reventara unas postemas,
echa del cuerpo cóleras y flemas.
Las bubas son tan tiesas
que en su cartuja pueden ser profesas
sin que unción ni sudor que las estruja1395
las pueda hacer salir de su Cartuja.
Pues, ¿qué es contar, Lucía,
los desaires que a tu señora hacía?
No hubo gallega moza de servicio
que no pagase gajes a su vicio;1400
no hubo sucia fregona
ni infame vil tusona
a quien de un mismo modo
no lo intentase todo.
Y como mula de alquiler mohina,1405
se me quería entrar en cada esquina
en oliendo cebada
sin poderle sacar de la posada.
Don Jacinto es un ángel, sin engaños;
ama como se amaba agora cien años1410
con tanta fe y amor, con tanto exceso,
que puede dar cien higas a don Bueso.
El otro, picarón aventurero,
enredador, bellaco, lisonjero,
¡vive Dios!, no le sirviera una hora1415
si me diera cuanto el Perú atesora
y cuanto el Indio baña.
Por eso salió Bras de su cabaña.
LUCÍA: Agora te quiero más; que eres honrado.
MOSCÓN: Mucho en el conocerlo te has tardado.1420
LUCÍA: El término que usó con mi señora
es la acción más infame y más traidora
que emprendió caballero.
MOSCÓN: Pues, ¿no se me fue a mí con el dinero?
Y el salario de un año que servía1425
me le voló en un día.
No hablemos de esto más, que pierdo el tino.
Servir a don Jacinto determino
y esta noche quisiera
hablarte más despacio si pudiera;1430
que con el alboroto y con el ruido
me quedaré escondido
y cuando alguno me halle,
o decirle que calle
o si adelante pasa,1435
diré que me acomodo en esta casa.
LUCÍA: Pues, Moscón, vete agora
que vendrá ya a acostarse mi señora,
y dispón de manera
que en el cuarto que cae a la escalera1440
te encuentre yo a la una.
MOSCÓN: ¡Viva Lucía y vítor mi fortuna!
Voyme yendo y bajando
que no soy enfadoso en negociando.
Vase
LUCÍA: Es honrado Moscón y comedido,1445
y así mi corazón tiene rendido
y es persona, en efeto,
que tiene ley y guardará secreto.
Y esta fineza, con que me ha obligado
confieso que de nuevo me ha ganado,1450
pues dejó a su señor y le aborrece
por la esperanza que mi amor le ofrece
pero aquí viene Arminda.
Sale ARMINDA
¿Qué te parece Laura?
ARMINDA: Hermosa y linda,
entendida y airosa.1455
LUCÍA: Pues junto a ti no me parece hermosa;
mas, ¿sabes lo que pasa?
Moscón está en tu casa;
que como vive desacomodado,
en casa se ha quedado1460
y ha dicho de Don Lope cosas raras,
que si tú las oyeras te admiraras.
Señora, te engañaba;
y cuantas picaruelas encontraba
con todas se envolvía.1465
ARMINDA: No ha habido más desdicha que la mía.
Aún después de salir de tal cuidado
me queda todo el corazón helado.
¿Viste el ave pequeña y delicada
que con descuido atento1470
era en el árbol música del viento
y tiorba del prado,
a quien cantaba amante su cuidado
y entre las verdes hojas le decía
blandos requiebros a la luz del día;1475
que hambrienta águila sigue
y aunque se esconde, astuta la persigue,
y después del peligro tan patente
de que ella se escapó dichosamente,
cuando a la luz asoma cautelosa1480
cualquier ruido la asusta temerosa
y sobresalta el inocente pecho?
Pues, este mismo en mí don Lope ha hecho;
que viéndome del riesgo ya escapada,
tengo el alma turbada,1485
el aliento perdido,
desmayado el sentido,
el corazón helado,
la voz y el labio todo desmayado;
y a vista de tan rara grosería1490
toda yo vengo a ser estatua fría
y volviendo el discurso a mi decoro
yo misma de mí misma el ser ignoro.
LUCÍA: Señora, yo confieso
lo extraño del suceso1495
pero no a la congoja tan rendida,
por llorar el amor, pierdas la vida;
que es de cobarde pecho
no hacer rostro a un lance más estrecho,
y es de poco valor, sin duda alguna,1500
quien no sabe oponerse a su fortuna.
Deshecha la pasión y el sentimiento,
muera en tu pensamiento,
muera don Lope ingrato.
Rompe sus líneas, borra su retrato1505
y sin que haya embarazos
arroja sus memorias a pedazos.
Si importare a tu olvido,
en trozos salga el corazón partido
porque acaso no tope1510
la piedad quien informe por don Lope.
Y agora ven, señora,
a descansar, que es hora.
ARMINDA: Vamos, que mi tormento
cuanto más le imagino más le siento.1515
Vanse. Salen don LOPE y MOSCÓN, de noche
MOSCÓN: ¡Qué no acaban de cerrar
esta puerta! ¡Vive el cielo!,
que malician mi desvelo
y pretenden mi pesar.
Las once y media son dadas1520
y la casa se está abierta
como si fuera la puerta
de una casa de posadas.
LOPE: ¿Es Moscón?
MOSCÓN: Sí, ¿quién me llama?
LOPE: Yo soy.1525
MOSCÓN: ¡Don Lope, señor!
LOPE: ¿Qué hacéis aquí?
MOSCÓN: Tengo amor
y estoy rondando mi dama.
¿Cómo tan presto has venido
del viaje? ¿Hubo mohina?
Quien presto se determina1530
presto se halla arrepentido.
Tomaras tú mi consejo
y no encontraras agora
en Arminda, mi señora,
un palmo de sobrecejo.1535
Presto te determinaste
y esto luego lo vi yo;
que la ropa se lïó
pero tú no la lïaste.
LOPE: ¿Está Arminda muy crüel?1540
MOSCÓN: ¿Cómo crüel? ¡Tigre hircana!
La fiera leona albana
es a su vista un lebrel.
Cuanto encuentra, cuanto toca,
emponzoña. Cuanto mira,1545
toda halla en sus ojos ira
y todo fuego en su boca.
Dice que no ha de parar
desmelenado el cabello
hasta hacer torcerte el cuello1550
o hacer sacarte a azotar.
¡Mira, qué ofendida se halla!
LOPE: Y tú, ¿qué hiciste. Moscón?
MOSCÓN: Metíala por razón
y procuraba templalla;1555
pero estaba de manera
que cuanto más la templaba
más irritada la hallaba,
más indignada y más fiera.
Y cuanto de tu fineza1560
más le informaba y tu amor,
un color y otro color
de pies mudaba a cabeza.
Está, es lástima decillo,
más indignada de ti1565
que enferma de frenesí
con pintas y tabardillo.
LOPE: Mira, dila…
MOSCÓN: Ni a los brazos
me llegues; que está enojada
y, por ser cuenta tocada,1570
me dará dos mil porrazos.
LOPE: ¡Ay, Moscón! Yo la ofendí;
pero tanto la adoré
que apenas la desprecié
cuando a penas me volví.1575
Y con poca discreción
advertí tarde y en vano
que pudo errarse su hermano
en su falsa información.
Con que, doblando el pesar,1580
vuelvo de nuevo a elegir
antes mirarla y morir
que morir y no mirar.
MOSCÓN: Señor, vete a recoger;
que yo aquesta noche intento1585
quedarme en este convento.
Ella te amó y es mujer.
Yo procuraré mañana
volverla a dar un jabón,
y a la nueva información1590
quizá estará más humana
y avisaréte de todo.
LOPE: Pues, adiós.
MOSCÓN: Parte seguro;
que tu remedio procuro
y buscaré el mejor modo.1595
Vase don LOPE
Y yo también me recojo
que me parece que he oído
ya de las llaves el ruido;
que suenan en su manojo.
Vase MOSCÓN. Sale LAURA y siéntase en una silla a un lado del tablado
LAURA: Blando hechizo de amor, dulce veneno,1600
que en la viveza de mi pecho ardiente
introduciste artificiosamente
tanta ponzoña en vaso tan ameno,
si ya en las llamas de tu fuego peno,
si el duro yugo el corazón no siente,1605
y a la ley de tu imperio está obediente,
aunque es imperio de violencias lleno,
¿por qué con tiranía me condenas
después de hallar el bien que he deseado
a que arrastre en tus triunfos más cadenas?1610
Y, creciendo cuidado a mi cuidado
cuando el alivio ofreces de mis penas,
¿me haces penar en un amor callado?
Sale don JACINTO por el otro lado del tablado, de noche
JACINTO: No sé si es curiosidad
o amor es el que me guía1615
y en esta necia porfía
fluctúa mi libertad.
Para decir la verdad,
mi misma causa no sé;
que amar lo que no se ve,1620
hablando en todo rigor
no puede llamarse amor
y puede llamarse fe.
Si adoro lo que no veo,
amor es; pero si aspira1625
el alma a lo que no mira,
será curioso deseo.
El uno es gustoso empleo
del ingenio, otro ha de ser
de la voluntad. ¿Saber1630
no es amar? Luego si quiero
sin saber amar, infiero
que es amar y no entender.
Mas si nace del sentido
el agrado del amar,1635
¿cómo puedo sin mirar
no entender haber querido?
Luego fineza no ha sido
si le falta la razón;
y así es cierta conclusión1640
que son curiosos antojos,
pues lo que no ven los ojos
no lo adora el corazón.
Pero que haya amor perfeto
sin perfeto ver no admiro,1645
si en la causa que no miro
estoy mirando el efeto.
¿Qué importa que en lo secreto
del manto un portento sumo
no mire, si lo presumo1650
del garbo y donaire? Luego
bien colegiré que hay fuego
donde estoy mirando el humo.
Antes bien, para el amor
evidentemente infiero1655
que quiero más lo que quiero
sin verlo, pues, en rigor.
Arguyo mucho mejor
en tan clara competencia
la eficacia, la violencia,1660
quien ama lo que no ve,
pues más es amar por fe
que el amar por evidencia.
En la mujer que no vi,
aunque intento la miré,1665
todo cuanto imaginé
de su belleza creí.
Y, aunque recató de mí
la voz, el rostro, el cuidado,
más el alma me ha robado1670
cuanto más se me retira;
pues vence al bien que se mira
el bien que es imaginado.
Y así, con toda verdad,
hallo que de mi pasión1675
vienen a ser ocasión
amor y curiosidad;
pues parte en la voluntad,
parte en el entendimiento
me divide el pensamiento1680
para desvelarme así;
curioso en lo que no vi
pero amante en lo que siento.
En este cuarto advertí,
que la pusiese, a mi hermana.1685
LAURA: O me engaña aprehensión vana
o siento pasos aquí.
JACINTO: Quiero arrojarme brïoso
y llegar a hablarla agora.
LAURA: Yo me levanto.1690
JACINTO: ¡Señora!
LAURA: ¿Quién me llama?
JACINTO: Quien curioso
te busca y enamorado;
que una belleza tapada
puede sólo imaginada
hacer, despierto, un cuidado.1695
LAURA: ¿Es don Jacinto?
JACINTO: Yo soy.
LAURA: Sin duda que me entendió Aparte
cuanto anoche le advirtió
mi cautela. Alegre estoy,
pero quiero examinar1700
tan ocasionado intento.
Pues, di, ¿con qué atrevimiento
te determinaste a entrar?
JACINTO: A vuestro recato fiel
sólo diré la ocasión:1705
robásteisme el corazón
y vengo agora por él.
Pues tan airosa tapada
como anoche descubrí
es razón que diga aquí1710
lo que allí calló turbada.
Y porque a mi bizarría
debáis tan honrado trato,
busco en la noche el recato
a que faltaba de día.1715
LAURA: Pues, para premiar tu acción
te descubriré discreta
toda mi pena secreta
si me prestas la atención.
Yo soy, señor don Jacinto,1720
doña Laura de Moncada,
de aquel tronco generoso
de Aytona florida rama.
JACINTO: (¡Cielos! ¿Qué es esto que escucho? Aparte
Por encontrar la tapada1725
que anoche con bizarría
amparar quise en mi casa,
y para que la guardase
la entregué a Arminda, mi hermana,
diciendo que en este cuarto1730
la pusiese, estoy con Laura.
Ella la tapada fue
que en Zaragoza me hablaba,
y sin duda tocando anoche
el lance, es cosa muy clara1735
que cuanto he dicho creyó
de sí. Yo quiero escucharla
para ver este suceso
de mi fortuna. ¿En qué para?)
LAURA: De Barcelona mi padre1740
vino, por una desgracia,
a Zaragoza a vivir,
ilustre ciudad de España,
solar de tantas noblezas,
de tantas bellezas patria,1745
en que nací para ser
blanco de fortunas varias.
Crecí en la edad floreciente,
siendo a cuantos me miraban
o aliento de sus deseos1750
o vida de su esperanza,
porque aplaudida de hermosa
o de atenta lisonjeada,
no hubo quien no me dijese
enternecido sus ansias;1755
que en las hermosuras juzgo
la cosa más desdichada
el agradar mucho a todos,
siendo pocos los que agradan.
Era en las calles seguida,1760
era en los templos buscada,
atendida en los concursos
y festejada en las plazas,
siendo para mi recato
lo que más le sobresalta1765
aquel aplauso penoso
que no enamora y enfada.
Entre cuantos caballeros
me seguían, me miraban
con pretensión de mis bodas,1770
celebrándome bizarra,
fue don Diego de Mendoza
el que a mí me agradaba
por su discurso y su talle,
por su ingenio, por su gracia,1775
por su recato y decoro,
por sus respetos; que causa
natural estimación
en personas de importancia
más quien disimula cuerdo1780
y sus finezas recata,
que quien fácil las publica
con ostentaciones vanas.
Así divertido el tiempo
de mi juventud pasaba1785
sin imaginar que amor
de mi libertad triunfara,
que a su yugo me rindiera,
ni que mi pompa lozana,
no sujeta a las lisonjas,1790
siempre sorda a la alabanza,
pudiera en tiempo ninguna
hallar poderosa causa
que con ocultos influjos
mi hielo trocase en brasa.1795
Cuando saliendo –aquí tiemblo
de decirlo– una mañana
de rebozo por el Corso
a oír misa en Santa Engracia…
No te admire que me turbo1800
al acordármelo el alma;
que siempre las novedades,
como cosas desusadas
o suspenden los sentidos
o hacen perder las palabras,1805
Te vi y te hablé, sin saber
de qué hechizo la eficacia
de qué violento conjuro,
de qué ponzoñosa vara,
mi pecho quedó rendido1810
y mi condición trocada.
¿No has visto quebrado vaso
donde está escondida el agua
con la cera que el cristal
bien asegurado guarda,1815
que al hielo dura constante,
pero en llegando la brasa
que la derrite y deshace,
que la dispone y ablanda,
arroja el agua y despide1820
toda la líquida plata,
sin que puedan detenerla
las diligencias humanas?
Así yo, que al hielo duro
de mi honor, de mi constancia,1825
era insensible peñasco,
era de mármol estatua,
era bronce, era diamante,
en cera me vi trocada,
y a tu calor reventó1830
toda la fuerza del agua.
Ni yo te dije mi nombre
ni el tuyo supe; que ingrata
por acudir a mi honor
el amor disimulaba.1835
Sólo en discursos de amor
las veces que me encontrabas
te descubrí mis finezas
sin descubrirte mi casa,
diciéndote que algún día1840
mi palabra te empeñaba
que habías de conocerme
porque en extremo te amaba.
Y, dándote una sortija
y tú a mí un reloj de Francia1845
por prendas de viva fe,
volví tan muerta a mi casa
que preguntándome a mí
por mí misma, no me hallaba
porque en tu pecho vivía1850
todo el discurso del alma.
Nunca más pude encontrarte
por más que lo procuraba,
sin que mirasen mis ojos,
sin que atendiesen mis ansias1855
a otra luz con que alegrar
mi ya perdida esperanza,
mis encendidos deseos,
y mis diligencias vanas.
En este tiempo don Diego1860
sus bodas conmigo trata;
con mi padre se conviene
y disponen la jornada
a Madrid sin que disculpas
y sin que estorbos me valgan1865
a resolución tan fiera
que la vida me acababa.
Partimos de Zaragoza,
y como nunca quien ama
vive alegre si le quitan1870
lo que gustosa esperaba,
tan muerta vine, tan triste,
tan suspensa y congojada
que solamente vivía
del tiempo que en ti pensaba,1875
discurriendo sin consejo
tantos modos, tantas trazas
de desbaratar las bodas
hasta que a ti te encontrara
que, aún no descubriendo el modo1880
a mí misma me engañaba
con locos divertimientos
de unas esperanzas vanas,
hasta que viéndote a ti
mis fatigas ya descansan,1885
mis penas todas cesaron
y mis desdichas se acaban.
Como el diestro marinero
que en la ya rota borrasca,
quebrado el timón del viento,1890
burlado el leño en las aguas,
rotos los árboles todos
del trinquete a la mesana,
los linos recoge triste
y deja la nave incauta1895
al gobierno de las ondas
y del aire que la ultraja,
pero cuando ya la muerte
en la tempestad aguarda,
halla que la tempestad1900
puso su nave en la playa,
halló el puerto deseado
metiéndole por la barra.
Así yo de mi tormenta
vi la fortuna trocada,1905
convertido en gusto el llanto,
en ventura la desgracia,
la muerte en vida dichosa,
la congoja en piedad blanda,
y en dulce serenidad1910
la injuria de la borrasca.
Sale don DIEGO con la espada desnuda y asómase a la puerta
DIEGO: (O sea verdad del sentido Aparte
o mentira del cuidado,
pasos y ruido a este lado,
a mi parecer, he oído.1915
Y en estos puntos de honor
sólo el velar me asegura;
que guardar una hermosura
es el peligro mayor.
Hacia aquí las voces siento.1920
Atento quiero escuchar).
JACINTO: No podrás, Laura, pensar
mi mucho agradecimiento.
DIEGO: (Confusa la voz escucho Aparte
de un hombre).1925
LAURA: Decir no sé,
mi dueño, como te amé
pero sé que te amo mucho.
DIEGO: (Ésta es Laura. ¿Hay más sentir Aparte
en este lance? Me apuro
pues siento allá… Estando oscuro1930
podrá el contrario salir,
y si aquí estoy aguardando,
es morir y reventar).
JACINTO: Mi bien, mal podéis culpar
a quien os está adorando.1935
DIEGO: (El hombre habla cauteloso Aparte
porque no le puedo oír).
LAURA: Ni acostarse ni dormir
puede un corazón dudoso,
y en lance tan peregrino1940
quedarme así, no te espante,
que el discurso de un amante
tiene luces de adivino.
DIEGO: (Entre tantas confusiones Aparte
me quiero determinar1945
a dar voces y guardar
la puerta).
A voces
¡Qué andan ladrones!
¡Traigan luces los crïados!
¡Don Jacinto, Arminda!
LAURA: ¡Ay, cielos!
Esto faltó a mis recelos.1950
JACINTO: Esto sobró a mis cuidados.
DIEGO: ¡Don Jacinto, señor, mira
que andan ladrones!
LAURA: ¿Qué haremos?
JACINTO: ¿Qué salida buscaremos1955
que no parezca mentira?
Porque decir que entré aquí
por error, mal se concierta;
pero aguarda, que una puerta
si no me engaño, hay allí.1960
Estáte queda, que yo
salgo a mi cuarto por ella
y lo compondré.
Vase
LAURA: Mi estrella
en todo me persiguió.
DIEGO: ¡Don Jacinto!1965
Dentro
JACINTO: ¿Quién me llama?
DIEGO: ¡Qué andan ladrones!
JACINTO: ¿Adónde?
DIEGO: En este cuarto se esconde
el que es ladrón de mi fama.
Éntrase por una puerta don JACINTO, con una luz. Sale por la que guarda don DIEGO, con la espada desnuda. LAURA a un lado
JACINTO: ¿Qué es esto?
DIEGO: Tú lo verás.
Dame esta luz.1970
JACINTO: Toma.
LAURA: Dormida
me había quedado vestida.
¿Qué ruido es éste?
DIEGO: (Jamás Aparte
vi sueño tan advertido,
ni tan bien disimulado.
Mira que un ladrón ha entrado1975
para robarte el vestido).
LAURA: Míralo bien.
DIEGO: Yo lo sé
por mi mal o por mi pena.
¿Y esta puerta?
JACINTO: Es alacena
de la casa.1980
DIEGO: Quédate
aquí con Laura, que voy
a registrar con destreza
la casa pieza por pieza,
que en gran laberinto estoy.
JACINTO: Pues, ¿qué sentiste?1985
DIEGO: Yo oí
un hombre y una mujer
y aunque no los pude ver,
claramente los sentí.
Enciende esta luz y queda
aquí guardando mi honor.1990
Vase
JACINTO: No habrá ventura en mi amor;
que ya creerla no pueda.
Pues, en lance tan extraño,
siendo la ocasión tan mía,
de mí mismo se confía1995
para asegurar su engaño.
Parece que estás turbada.
LAURA: Pues, ¿no quieres que lo esté
si del peligro que fue
aún no estoy desengañada?2000
JACINTO: Mientras él la casa mira,
entremos a estotra sala.
LAURA: Vamos; que mi mal no iguala
con la ventura a que aspira.
Toma la luz don JACINTO, éntranse, y salen turbados LUCÍA y MOSCÓN
LUCÍA: ¡Qué notable confusión!2005
MOSCÓN: No temas nada, Lucía,
teniendo la valentía
a tu lado de Moscón.
LUCÍA: ¡Caro es hablar!
MOSCÓN: Más caro es
que la mayor inquietud,2010
o siete pies de ataúd
o un hoyo de siete pies.
LUCÍA: La casa anda alborotada.
No sé qué hagamos; mas ya
tarde el consejo será;2015
que con la luz y la espada
viene el huésped.
MOSCÓN: Y examina
los rincones de manera
que ha de hallar en la escalera
los trastes de la cocina.2020
Si entrare en este aposento,
esto es sin remedio. Di,
Lucía, que te ofrecí
palabra de casamiento.
LUCÍA: Aguarda, que mi cuidado2025
me dio la traza.
MOSCÓN: ¿Cuál es?
LUCÍA: Con este manto que ves
está todo remediado.
Di que yo soy la tapada
de anoche, que me valí2030
para salirme, de ti.
MOSCÓN: La quimera es extremada
y muy fácil invención.
Sale don DIEGO con la luz, y espada desnuda, y ve a los dos. Da voces
DIEGO: (Un hombre que a una mujer Aparte
tapada quiere esconder2035
miro). ¡El ladrón, el ladrón,
don Jacinto, he hallado! ¡Muere!
¡Muere, cobarde!
MOSCÓN: Señor,
no te arrojes con furor.
DIEGO: Pues, muere.2040
MOSCÓN: Cuando Dios quiere,
moriré; que soy cristiano
y no me huele el vivir
tan mal que quiera morir
con mi gusto y por tu mano;
que tengo, aunque me ves lacio,2045
en la espada por divisa
que no me maten de prisa
si puedo morir despacio.
Y sabré reñir airoso
aunque me miras confuso;2050
que intento, fuera del uso,
ser lacayo muy brïoso.
Procede con discreción
que según lo que he pensado
traes el pulso alborotado2055
con las barras de Aragón.
Yo estoy aquí retirado
sin hacerte mal ninguno,
y no es razón que importuno
de un rincón me hayas sacado.2060
DIEGO: Si yo te he sentido hablar
con Laura, si el riesgo toco,
pues con intento tan loco
a Laura quieres robar,
y de esa mujer tapada2065
te piensas, necio, valer,
¿no me vienes a ofender?
Riñen
MOSCÓN: Mi verdad está en mi espada.
DIEGO: ¡Muere, infame!
MOSCÓN: Mi razón
guarda mi vida.2070
DIEGO: ¡Traidor!
Sale don JACINTO, con la espada desnuda
JACINTO: ¿Qué es esto?
MOSCÓN: Es esto, señor,
querer matar a Moscón
y quererlo resistir
pues no hay peligro tan grave
en que conmigo se acabe2075
que yo me quiera morir.
JACINTO: Don Diego, ¿con un crïado
medís las armas?
DIEGO: Pensé
como en tu casa le hallé
que hablaba disimulado.2080
JACINTO: Pero di, ¿qué haces aquí
con esa mujer?
MOSCÓN: Estoy
desacomodado hoy.
Como a don Lope serví
y él a Segovia se fue,2085
de servirte tuve gana
y hasta informarte mañana
de tu casa me amparé.
Y estando en esta escalera,
sin acordarme de nada,2090
aquesta mujer tapada
me pidió que la valiera;
porque anoche mil quimeras
me contó que habían pasado,
y así salirse ha intentado2095
porque no la conocieras.
Dijo que era principal
y que a saberse en su casa
este suceso que pasa,
lo pasaría muy mal.2100
Yo, no sabiendo qué hacer,
hallando el peligro aquí,
la amparé y la defendí
por serrana y por mujer.
JACINTO: Señora, mucho he sentido2105
que vuestra resolución
por valerse de Moscón
mi secreto haya ofendido.
Pero volved a mi hermana;
que yo os juro por quien soy2110
que vuestras penas de hoy
tengan remedio mañana,
y esto con tanto secreto
que yo mismo no sabré,
sino en noticias de fe,2115
vuestro mal.
MOSCÓN: Eres discreto
y cumples la obligación
de caballero.
JACINTO: Querría
no estragar la cortesía.
Llama a mi hermana, Moscón.2120
MOSCÓN: Voy a llamarla al momento.
Vase
JACINTO: ¿Habéisos desengañado,
don Diego?
DIEGO: No es mi cuidado
fácil desvanecimiento.
Toda la casa miré2125
y aunque mi ofensa no vi,
¿qué importa que yo le oí
decir que no le encontré?
Velar importa a mi honor;
que nunca se ha de decir2130
que se pudo preferir
a mi crédito mi amor.
Salen ARMINDA y MOSCÓN
MOSCÓN: Arminda, señor, está
aquí ya.
JACINTO: Poco cuidado
tienes en lo que encargado2135
te dejé, bien se verá,
pues esta dama ha querido
irse a casa sin decir
en qué la puedo servir.
ARMINDA: (¿Qué lance no prevenido Aparte2140
es éste? Pues, si yo fui
la tapada y la mujer,
¿cómo agora puede haber
mujer y tapada aquí?)
Señor, ella se escondió2145
después de haberme informado
y de haber visto en mí agrado,
fineza y amor, y yo,
con la ocupación forzosa,
cuando la volví a buscar2150
ninguno la pudo hallar.
JACINTO: Pues, descansad, dama hermosa,
hasta mañana, y adiós.
Vámonos a recoger.
Vanse don JACINTO, don DIEGO, y MOSCÓN
LUCÍA: ¿Hay más dichosa mujer?2155
¿Estamos solas las dos?
Destápase
ARMINDA: Pues, di, ¿qué es esto, Lucía,
de que tan suspensa he estado?
LUCÍA: Es haberme aprovechado
de tu misma fullería.2160
Quedó en tu casa Moscón,
quiso hablarme de don Lope,
y porque nadie nos tope
le busqué con atención.
Alborotóse don Diego,2165
dio voces que había ladrones,
y entre tantas confusiones
registró la casa luego.
Con luz llegó a la escalera,
y vime perdida allí2170
pero del susto salí
con una airosa quimera.
Porque el manto aproveché
con que viniste tapada,
y anoche, bien descuidada,2175
acaso en la manga eché.
Llegó y queriendo reñir,
don Jacinto allí salió
y cuando una mujer vio
tapada, pude fingir2180
que yo la de anoche era.
Y con aquesta invención
galán me escapó Moscón
de una deshonra tan fiera.
Esto es lo que ha sucedido.2185
Agora puedes decir
que yo me volví a salir
con que habremos conclüido.
Y aunque en pena desigual
con un mismo pensamiento,2190
a ti el manto te dio aliento,
y a mí me advirtió en tu mal.
ARMINDA: Pues, vuélvete ya a tapar
porque más disimulada
quede tu traza lograda2195
en quien nos puede encontrar,
y vamos a mi aposento;
que es tiempo de recoger.
LUCÍA: Vamos, que para vencer,
importa el atrevimiento.2200
