No hay burlas con las mujeres — Jornada I

NO HAY BURLAS CON LAS MUJERES

Antonio Mira de Amescua

El texto presentado aquí, NO HAY BURLAS CON LAS MUJERES, está basado en la edición príncipe en QUINTA PARTE DE COMEDIAS ESCOGIDAS DE LOS MEJORES INGENIOS DE ESPAÑA (Madrid: Pablo de Val, 1654) con el apoyo de la esmerada edición de John Lihani (tesina de M.A., The Ohio State University, 1950). La edición presente fue preparada por Vern G. Williamsen in 1987.


Personajes que hablan en ella:

  • MOSCÓN, lacayo gracioso

JORNADA PRIMERA


Salen don LOPE y Don JACINTO
LOPE: Ni a mi amor ni a mi lealtad
debes tan cauto retiro,
cuando en tu semblante miro
indicios de novedad;
que no es amigo perfeto5
quien de su amigo recela
con ardid y con cautela
el alma de algún secreto.
Esta tristeza me admira,
pues si a la pena te dejas10
los labios callan las quejas
y el corazón las suspira.
¿Tienes amor?
JACINTO: No es amor
esta congoja que siento.
LOPE: Pues, ¿qué tienes?15
JACINTO: Un tormento
que me toca en el honor.
Por eso, de mi cuidado
no te doy parte; que ha sido
malo para referido
y bueno para callado.20
Y tanto más el pesar,
y la congoja, atormenta,
cuanto es forzoso que sienta
sin poderse declarar;
que en alma de dolor llena,25
por más que su mal se aumente,
no es pena la que se siente,
la que no se dice es pena.
LOPE: No sé que de tanto amor
como profesamos crea30
que haya recato, aunque sea
en las materias de honor.
Pues, si un alma habemos sido,
en un alma es vano intento,
dejándola el sentimiento,35
querer quitarla el sentido.
Hoy, si bien se considera,
me parece más süave
una pena que se sabe
que una pena que se espera,40
porque viene a padecer,
quien su mal ha conocido,
la pena sola que ha sido
y no cuantas pueden ser.
Y así juzgo más agravio,45
y más causa a mis enojos,
que lo que dicen tus ojos
me esté negando tu labio.
JACINTO: Tanto, don Lope, me aprieta
tu razón y tu amistad50
que fiaré de tu lealtad
toda mi pena secreta.
Ya sabes, don Lope, amigo,
que de Madrid partí a Flandes
trocando ocios de la corte55
por estruendos militares.
Llegué contento a Bruselas,
besé la mano al Infante,
–bizarra envidia de Adonis,
fuerte emulación de Marte–60
que correrán sus hazañas
escritas por las edades
con las plumas de la Fama
en limpio bronce y diamante,
sin que borran las memorias65
de sus hechos inmortales
la envidia para ofenderle
ni el tiempo para olvidarle.
Señalóme en la campaña
los gloriosos estandartes70
en que militamos juntos
los dos, y en que profesaste
conmigo tanta amistad
que eran las dos voluntades
un solo gusto, una vida,75
un aliento y una sangre;
porque un alma nos regía
dividida en dos mitades,
y nos juntaba una estrella
con unión inseparable.80
Allí vivimos tres años
tan sin conocer pesares
entre las balas y picas,
entre las trompas y el parche,
que sólo era nuestra guerra85
el descanso de las paces,
y nuestro divertimiento
los ejercicios marciales,
cuando me vinieron nuevas
de la muerte de mi padre90
y fue forzoso que a España
me partiese y te dejase
para acudir brevemente
a negocios importantes
de mi herencia y dar estado95
a Arminda mi hermana, al áspid,
a la muerte que me ahoga
y el veneno que me trae
sin vida; que es gran desdicha
que a un bien nacido no baste100
guardar el honor en sí,
siendo malo de guardarse,
sino que leyes injustas
le obliguen a conservarle
en una hermosura libre,105
en un depósito frágil,
en una hermana, cristal
que se empaña al primer aire.
Llegué a Madrid. Recibióme
con apacible semblante110
mezclando risas y llanto,
alegrías y pesares
de mi gustosa venida
y memorias de su padre;
que aun en los más duros pechos115
es forzoso, al acordarse
sentimientos que se fundan
en causas tan naturales,
humedecerse los ojos
y el corazón ablandarse.120
Vivíamos de esta suerte
no hermanos ya sino amantes;
que crece mucho el amor
con el lazo de la sangre,
cuando en la serenidad125
se levantan huracanes
de recelos a mi honor,
borrascas que me combaten,
peligros que me amenazan
con furiosas tempestades,130
que en los golfos de la honra
zozobra toda la nave.
LOPE: (¡Cielos! ¿Qué es esto? ¿Si acaso Aparte
don Jacinto entiende o sabe
que a Arminda, su hermana, adoro,135
y que con su fuego arde
en gustoso sacrificio
sobre sus limpios altares
mi corazón amoroso,
mi pecho siempre constante?)140
JACINTO: En sus dos ojos leía
alguna viveza fácil,
algún cuidado que nunca
sabe bien disimularse,
sin que el recelo y cautela145
pudiese bien informarme
de esta llama que sentía,
de este incendio tan cobarde
que por más que le malicio
pude menos apurarle.150
Hasta que advirtiendo atento
con más cuidadoso examen
he visto que don García…
(No sé cómo declararme Aparte
sin que las voces del labio155
el rostro en colores pague…)
LOPE: ¿Qué dices?
JACINTO: Que don García
de Meneses por la calle
alrededor de mi casa
y aun en mis propios umbrales,160
como loca mariposa
la llama ronda agradable,
la luz festeja apacible,
la antorcha mira süave,
dando tornos al peligro165
en que llegará a quemarse,
si mis recelos apuro
y si a luz mi verdad sale;
porque a uno y otro alevoso,
a uno y otro loco amante,170
seré rayo que consuma,
seré veneno que acabe,
seré relámpago ardiente,
seré furia, seré áspid,
seré flecha que derribe,175
y seré incendio que abrase.
Quédate con Dios, don Lope,
que yo quiero, vigilante,
en la fuerza de mi honor
asistir atento alcaide.180
Vase don JACINTO
LOPE: ¿Qué es esto que escuché? ¡Cielos!
¿Son sueños o son verdades,
son engaños del sentido
o son desengaños? Males,
¿Para qué venís tan juntos185
si no pretendéis matarme,
si no queréis consumirme
con tan rigurosos lances?
¿Arminda ingrata me ofende?
¿Y don García es su amante?190
Su hermano mismo lo dice;
yo lo escucho, y él lo sabe.
¿A dos engañas a un tiempo
¡Oh, mal hayan las beldades
que buscan a su belleza195
un apoyo en cada amante!
¡Y mal haya la hermosura
que nació para ser fácil!
¡Mal haya quien su amor pone
en bellezas tan mudables;200
que más que el fuego ligeras,
que más que el aire inconstantes,
que más que el agua engañosas
vencen agua, fuego y aire!
¿Estas son tantas caricias?205
¿Estos son tan agradables
favores como me dijo
aquel basilisco ángel?
¿Estos seis meses de amor
en que escuché voces tales,210
promesas de fe tan pura,
ternuras de amor tan grandes,
mentiras tan aparentes,
tan gustosas falsedades,
que a pesar de mis desvelos215
pudieron asegurarme?
Pero yo haré, bella ingrata,
que tantas ofensas pagues,
que tantos engaños sientas,
que tus mentiras se aclaren,220
que tus memorias se borren,
que se admiren mis verdades,
que se sosieguen mis penas,
si es que pueden sosegarse.
Y sepa el mundo que he sido225
el más desdichado amante
que en las memorias del tiempo
han escrito sus anales,
para que los hombres todos
en mi amor se desengañen230
que no hay fe correspondida,
y que no hay lealtad constante.
Vase. Salen ARMINDA, dama, con un papel en la mano y LUCÍA, criada
ARMINDA: ¿Qué intenta don García
con tan loca porfía,
pues los atrevimientos235
desbaratan y no ayudan sus intentos?
Que pensar ser amado
a pura diligencia del cuidado,
si la estrella no inclina,
es violentar la parte más divina240
que en nuestros pechos generosos mora.
Si a don Lope gallardo mi alma adora,
si un alma a los dos rige, y un aliento,
si somos una vida, un sentimiento,
¿cómo quiere atrevido245
dejar vida faltándole el sentido?
¿Y cómo sus razones
podrán dejar un alma sin acciones?
LUCÍA: Señora, no te ofende
quien su amor puro descubrir pretende;250
que cuando no se mire bien querido,
es halago a la pena ser oído,
y ninguno en sus males se condena
a negarse el alivio de su pena;
pues cuando sus intentos no adelante,255
se alienta con que sepan que es amante.
ARMINDA: Antes de tus razones bien infiero
que no es amante fino y verdadero
el que por el alivio que desea
pone a riesgo el honor que galantea;260
pues de su mismo estilo cierto arguyo
que atropella mi gusto por el suyo
y viene a ser delito
venderme por fineza su apetito.
Este papel arrojo, que excusado,265
estuviera el ser necio y porfïado.
Arroja el papel sobre un bufete
Don Lope es mi amor todo
y llégole a querer yo de tal modo
que si mayores prendas encontrara,
que no las puede haber es cosa clara.270
Sólo por estimar su amor constante
las burlara más firme que el diamante,
y con lealtad no poca
venciera las durezas de la roca.
LUCÍA: ¿Tanto le amas, señora?275
ARMINDA: Lucía, de tal como me enamora
su trato, sus respetos y su agrado,
que sólo vivo de lo que le he amado,
y esto de tal manera
que, a no amarle tan fina, me muriera;280
pues si es verdad sabida
que el amor es el alma de la vida,
tengo por cosa clara
que a no amarle la vida me faltara
y para más tormento,285
sólo quedara vida al sentimiento.
LUCÍA Bien lo has encarecido.
ARMINDA: Pues, aún no mide el labio lo sentido;
que en mi amor fuera mengua
caber en los espacios de la lengua.290
Y así a decirlo todo no se atreve,
que es para tanto amor cárcel muy breve.
LUCÍA: ¡Tu hermano viene! Ese papel recoge.
ARMINDA: ¡Ay, Dios, si podré ya!
LUCÍA: Él te le coge,
con que somos perdidas.295
Va a coger el papel del bufete y entra don JACINTO
JACINTO: ¡Qué turbadas están y qué rendidas
a nuevos sustos! ¡Oh, rigor tirano!
Dime, Arminda, ¿qué tienes en la mano?
ARMINDA: Hermano, don Jacinto, señor… era…
JACINTO: Acaba de decirlo.300
LUCÍA: (¿Qué quimera Aparte
podrá inventar que no se aclara luego?)
JACINTO: Enseña este papel.
Quítaselo de la mano
ARMINDA: Oye, te ruego.
JACINTO: Dámele o, ¡vive el cielo!…
ARMINDA: (El corazón se me ha trocado en hielo; Aparte
que a la desdicha mía305
hubo de dar principio don García).
JACINTO: ¿Tú papeles? Infame, ¿Tú papeles
que son testigos fieles
de mi deshonra y de mi pena? Ingrata,
tú borras cuanto honor en blanca plata,310
cuanto en cristal nevado
tienes de tus mayores heredado.
¡Vive Dios, inhumana, mi homicida,
que has de pagar la culpa con la vida!
ARMINDA: Ya no es tiempo, don Jacinto,315
que al escuchar mi deshonra
venza el ardor que me alienta
el silencio que me ahoga.
Ya no es tiempo de excusar
la defensa que es tan propia320
por no ocasionar en ti
la pena que es tan forzosa.
Corrida estoy que presumas
que se olvida mi memoria
de tantos nobles respetos,325
de acciones tan decorosas,
de tanta sangre heredada,
de nobleza tan notoria
como en Peraltas y Silvas
es bien que se reconozca.330
Murió tu padre y el mío
y quedando yo tan sola
en una edad floreciente,
que en la ocasión más forzosa,
el desmán menos atento,335
fui bronce, fui dura roca,
fui peñasco y fui diamante
a toda amante lisonja,
corriendo tan sin ofensa
por la fama escrupulosa340
que no advirtió en mi pureza
la menos culpable nota.
Viniste de Flandes tú,
y rendida a tu custodia,
en tu semblante miraba345
de mis acciones las copias.
No amé lo que tú no amabas.
Adoraba lo que adoras.
(Bien dije, pues que don Lope, Aparte
su amigo, es toda mi gloria).350
Nunca oíste de mis labios,
nunca escuchaste en mi boca
razón que no descubriese
indiscutible concordia,
ademán que desdijese355
de mi sangre generosa
ni acción que no se rindiese
a tus obediencias prontas
hasta que de don García
la dulce pasión zozobra360
la necia serenidad
que nuestros afectos logran.
Vióme y amóme tan fino
que con apariencias locas,
cuando más pierde mi agrado,365
piensa que más le soborna.
Advertíle que templase
de su incendio las congojas
porque no fuesen ofensas
las que juzgaba lisonjas,370
pues él se cansaba en vano
y yo advertida a mi honra
burlaría sus ardides
con una constancia heroica.
Las astucias que ha intentado375
no las repetiré agora;
basta que en ese papel,
leyéndole, las conozcas.
Pues, se remitió este pliego
como que de Zaragoza380
le envïaba nuestro primo
por orden de otra persona.
Y como ya cada día
para celebrar sus bodas
a don Diego y doña Laura385
los esperamos por horas,
me persuadí era verdad,
siendo malicia engañosa
hasta que viendo la firma
reconocí la ponzoña.390
Y por no darte pesar
le fui a esconder; que no todas
las ocasiones es bien
que las sepa quien las nota.
Si el ser amada es delito,395
siendo inevitable cosa,
y si el galantear la abeja
la majestad de las rosas,
susurrando diligente
su desvanecida pompa400
y festejando su aseo
grano a grano y hoja a hoja,
es ofensa a su pureza,
esa espada cortadora,
ese acero de dos filos405
o este puñal duro, toma
y atravesando mi pecho
rasga, hiere, rompe, corte
mi corazón atrevido,
bañándose en sangre roja410
para que pague culpada
vileza tan alevosa,
delito tan indecente,
desenvoltura tan rota,
agravio tan mal nacido,415
culpa tan ignominiosa;
que estimo más que la vida
los decoros de la honra.
JACINTO: Ni a tus razones me rindo,
ni a tu voz artificiosa,420
hasta que de tantas dudas
el nudo difícil rompa.
Yo apuraré la verdad
esta noche, y en ti propia
o sentirás el castigo425
o lograrás la victoria;
que ningún amante sigue
una pasión amorosa
si le burlan con desprecios
el golpe de sus lisonjas.430
Y, ¡vive el cielo!, si hallo
en tu honor la menor nota,
en tu opinión leve mancha
con que mi sangre desdoras
que has de pagar con la sangre435
que te dio vida alevosa,
atrevimiento tan fácil
y facilidad tan loca.
Vase don JACINTO
ARMINDA: Lucía, esto es hecho.
Mi desdicha me tiene helado el pecho,440
desmayado el aliento,
muerta la vida y vivo el sentimiento.
No hay qué esperar, Lucía.
Mi hermano va a saber de don García
con alguna violencia445
la mentira o verdad de mi inocencia.
Y en negocio que está tan peligroso,
el seguir lo seguro es lo forzoso
porque puede, irritado,
mentir algún favor que no ha logrado.450
LUCÍA: Pues, ¿Qué quieres mandarme?
ARMINDA: Un papel a don Lope has de llevarme,
que me importa la vida.
LUCÍA: Siempre de mí serás obedecida.
ARMINDA: Él es noble y me adora.455
LUCÍA: Pues, ¿qué intentas, señora?
ARMINDA: El tiempo sólo te diría el efeto;
que por agora impórtame el secreto.
LUCÍA: Pues, no nos detengamos;
que perdemos el tiempo.460
ARMINDA: Lucía, vamos;
que en ocasión que es ya tan importuna
conviene echar el pecho a la fortuna.
Vanse. Salen don LOPE, de camino, y MOSCÓN, lacayo
LOPE: ¿Están los cofres lïados
y todo dispuesto?
MOSCÓN: Sí,
señor.465
LOPE: Pues [ya], Moscón, di
que los lleven los crïados
al arriero al momento;
que importa la diligencia.
MOSCÓN: Señor, ¿quién tendrá paciencia
para no contarte un cuento?470
Hubo un cura en un lugar
y cuando estaba en la cama,
porque no le viese el ama,
procurábase cerrar.
El ama, que era despierta475
y de humor particular
para poder acechar,
hizo un barreno en la puerta;
y viéndole que elegante
unos versos escribía480
y las uñas se mordía
por hallar un consonante
sin descubrirle a reloj,
la horma de su zapato
dio una voz muy sin recato,485
diciéndole boj y ¡oj!
Consulta al ama, que puedes
según el lance que vi
valerte mejor de mí
que dar por esas paredes.490
Si reventándote veo,
y callando la ocasión,
aplica el cuento.
LOPE: Moscón,
tu astuto consejo creo.
Pero no puedo decir495
mi pena, que es de tal suerte
que o me acabará la muerte
o de aquí me he de partir.
¡No más, Madrid, no más, fiero
golfo de engaños incierto,500
vil laberinto encubierto!
A mi patria volver quiero
para poder descansar
de tan indigno cuidado.
MOSCÓN: Señor, ¿sabes qué he pensado?505
LOPE: ¿Qué?
MOSCÓN: Que te vas a casar.
Porque tan apresurada
partida con tan secretas
prevenciones de maletas
y cuentas con la posada,510
tal suspirar y sentir,
tal suspenderte y temer
quien se casa lo ha de hacer,
pues ve que se va a morir.
Porque una mujer celosa515
con una cara de arpía,
una suegra y una tía,
una cuñada envidiosa,
cuando riñen un “¡Mal haya
el que con él me juntó!”,520
capote si se enojó,
el hacer que se desmaya,
el no quererse acostar,
perpetua ceño y disgusto,
al marido más robusto525
es fuerza que ha de matar.
Y según lo que yo siento,
si es que tengo de decillo,
más tomara un tabardillo
que admitiera un casamiento.530
Vete, señor, que yo quiero
con don Jacinto quedar
antes que ir allá a llorar
hecho tu sepulturero.
Pero aquí viene Lucía535
que es mi gusto y es mi amor.
Sale LUCÍA con manto y un papel
LUCÍA: Arminda hermosa, señor,
con este papel me envía
para que luego al momento
le respondas, porque importa.540
LOPE: Enseña.
MOSCÓN: La nema corta
con grande divertimiento.
Hablan a un lado del tablado MOSCÓN y LUCÍA. Apártase al otro don LOPE y lee el papel
LOPE: “Señor y dueño mío: Don
Jacinto. mi hermano, no sin duda ha sospechado
nuestro amor; porque anda de manera grosero545
conmigo y consigo despechado, que temo alguna
violencia. Y así para asegurar mi vida y
vuestros intentos del casamiento, importa
que esta noche a las nueve partamos a Segovia,
vuestra patria; que allá lo dispondremos550
todo. Yo llevaré mis joyas y os
guardaré en la Casa del Campo.
Vuestra esposa, Arminda.”
(Notable desembarazo, Aparte
pero ocasión venturosa555
para una venganza airosa).
LUCÍA: ¿Qué dices?
LOPE: Que es corto el plazo,
pero que sin falta haré
cuanto me manda.
LUCÍA: Pues voy.
Adiós.560
Vase LUCÍA
LOPE: Mis agravios hoy,
y su engaño vengaré.
Ven, Moscón.
MOSCÓN: Mi amo contrito,
Lucía tan presurosa,
él suspenso, ella fogosa,
jornada con papelito…565
Algún gran daño imagino,
sin duda, que hay cosa nueva.
No iré a Segovia aunque llueva
Dios sobre mí paño fino.
Vanse. Salen don DIEGO, don PEDRO y LAURA, dama, todos de camino
DIEGO: Éste es el sitio ameno570
de tanta fama como pompa lleno,
que esta verde espesura
esperanzas promete a mi ventura,
si es que verde esperanza
no encuentra el desengaño en la mudanza;575
que el primer aire helado
desnuda de su pompa el verde prado,
y con breves congojas
burla el copete rizo de sus hojas.
Estos coposos álamos, señora,580
que a recibir las luces del aurora
parece que se empinan,
cuando sus lentos pasos adivinan;
jaulas son verdes de canoras aves,
en que cantan süaves585
con acorde armonía
desde que nace hasta que muere el día.
Y esta fuente sonora
en perlas paga perlas del aurora.
Esto, que a breve espacio reducido590
cifra del campo todo lo florido,
y es del galán abril pompa templada,
la venta es de Viveros celebrada,
que en olmos, flores, yerbas, aves, fuentes
os ofrece a los ojos sus ardientes595
lisonjas amorosas,
cuando en vuestras mejillas halla rosas,
y en vuestro bello labio
de los claveles un hermoso agravio,
cuando en la frente y manos ve nevadas600
jazmines y azucenas tan mezcladas
que entre el desvelo no distingue apenas
cual es jazmín y cual es azucenas.
Descansad aquí un poco si cansada
venís o disgustada605
de algún cuidado.
LAURA: No hay divertimiento
a tan largo camino.
(Y al tormento Aparte
de una pena que ocupa el alma toda
con las memorias solas de una boda).610
PEDRO: ¿Qué tienes, Laura? Di, que tal tristeza,
tal suspensión sin alma, sin viveza,
al mirar, al sentir, en las razones
tan muertas las acciones
el color tan mudado,615
arguya en tu semblante algún cuidado
y yo no le adivino.
LAURA: Es, señor, el cansancio del camino.
DIEGO: Ea, que breve es ya nuestra jornada,
y en Madrid de mis primos hospedada,620
regalada y servida,
cobrarás el aliento y yo la vida.
LAURA: ¡Ay, Dios!
PEDRO: Laura, ¿suspiras?
DIEGO: (El pecho se me abrasa). Aparte
PEDRO: (Yo ardo en iras). Aparte
¿Qué sientes? Que imagino…625
LAURA: Señor, es el cansancio del camino.
PEDRO: (Disimular me importa). Aparte
DIEGO: (Yo recelo Aparte
que vive Laura con algún desvelo
porque cuantos indicios ha mostrado
son argumentos claros del cuidado630
que ocupa su sentido).
PEDRO: ¿Ha el crïado partido
a avisar a tus primos que llegamos?
DIEGO: Ya les avisó que esta noche vamos,
porque estén prevenidos.635
LAURA: (¡Que así robe un cuidado los sentidos Aparte
y que dos veces solas que tapada
hablé a aquel hombre, yendo a su posada
sin decirme su nombre ni quién era,
me pueda atormentar de esta manera!640
¡Oh, influjo celestial de amor aleve
que puedes tanto en término tan breve!
No puedo yo negar, yo no lo niego,
que es muy galán don Diego,
que me agasaja y que me obliga amante,645
que es discreto y galante,
pero mi estrella, que es porción divina,
a lo que vi una vez siempre me inclina,
y por más que me obliga y que me ruega,
a sus finezas y a su amor me niega).650
PEDRO: Vamos, que se hace tarde.
LAURA: Vamos, señor.
DIEGO: (El pecho todo me arde Aparte
con tan nuevo recelo,
que ver a Laura en suspensión de hielo,
suspirar siempre, siempre divertida,655
melancólica, triste y afligida,
el semblante lloroso,
me trae de Zaragoza cuidadoso;
y aunque la adoro tanto, aunque la quiero,
velar sobre el honor es lo primero).660
PEDRO: Vamos, señor don Diego.
DIEGO: Vamos, que el corazón se abrasa en fuego.
Vanse. Salen don LOPE, de camino, ARMINDA, de color, con manto y un cofrecillo con joyas
ARMINDA: Gracias a Dios, mi don Lope,
que llegaste; que el temor
me tenía tan mortal,665
tan turbada el corazón,
tan desvelado el discurso
y tan suspensa la voz
que cada sombra era un susto,
cada ruido una aflicción,670
cada inquietud de esas ramas,
que al aparato del sol,
siendo defensa del Prado,
con frondoso pabellón,
era un ahogo a mi pecho,675
una congoja, un dolor
que acusaba en mi pureza
tan nueva resolución.
Toma estas joyas y estima
la fineza de mi amor680
más leal, más generosa
que de mi pecho crïó,
que presumió de mí misma
la misma imaginación;
pues atropello constante685
en los fueros del honor
las apariencias por ti,
pero las verdades no;
que no me estimara tuya
faltando a mi obligación.690
De esposo, señor, me diste
la palabra, y quiero hoy
guardar para ti la vida,
pues desde aquí tuya soy.
Vamos a tu patria ya, antes695
que de mi hermano el rigor
nuestros intentos estorbe,
y estorbe nuestra afición.
¿Qué te detienes, mi bien?
¿Qué te suspendes, señor?700
Que de tu mudo silencio
triste y admirada estoy.
LOPE: Ingrata y crüel Arminda,
esta muda suspensión,
este debido silencio,705
este advertido furor,
tus engaños, tus mentiras,
tu cautela ocasionó,
para hallar en tu venganza
lo que mi pena no halló.710
Ya vivo desengañado
de que es el más fino amor
en la injuria de los tiempos
como la nube que al sol,
a quien debió generoso715
levantarla de vapor,
hasta formar en el aire
una bellísima unión,
un cuerpo tan transparente,
que con hermoso arrebol,720
luz a luz y rayo a rayo,
su pompa vana doró;
y después ingratamente
estorba su resplandor
hasta sus luces, e intenta725
hacer vana oposición
al planeta que en los cielos
es el antorcha mayor,
a quien la nieve y el oro
de su aparato debió.730
Así lisonjas, halagos,
fe, diligencias, amor,
ansias y finezas mías
tu injusto trato burló.
De Flandes vine a Madrid.735
¡Oh, nunca, pluguiera a Dios,
hubiera visto sus calles,
hubiera mirado yo
en tu belleza, en tus ojos,
en tu engañoso favor,740
hechizo tan apacible,
veneno de tal sazón
que apeteciéndole el alma
toda el alma me robó,
entrando por los sentidos745
a asaltarme el corazón!
Por ti me quedé en Madrid
y por ti se me olvidó
de mi patria y de mis padres
aquel natural amor.750
Obligóte mi fineza
y vivíamos los dos
como la concha y la perla,
como en el ramo la flor,
como el diamante y el oro755
en inseparable unión,
como supiste mil veces
del alma que te adoró.
En este engaño vivía
cuando me desengañó760
tu mismo hermano que amabas
–aún no, no acierta el dolor
a declarar de confuso
que penas del corazón
mejor las dice el silencio765
que las pronuncia la voz–
que amabas a don García
de Meneses, que burló
tantas esperanzas mías
su dichosa posesión.770
Hoy te ha cogido un papel,
y un papel me escribes hoy
en que dices que por mí
sufres el necio rigor
de tu hermano; que te saque775
de tan injusta opresión,
porque temes que tu vida
peligre en su falso error.
Sale don GARCÍA, de noche
GARCÍA: (Éste es el sitio apacible Aparte
que a su duelo señaló780
don Jacinto de Peralta,
receloso de su honor.
Ésta es la Casa del Campo
donde me desafïó
por su papel, y así quiero785
darle aquí satisfacción
o vencer su atrevimiento).
ARMINDA: ¿Por qué, infeliz, sucedió
tanto tropel de pesares,
tan inhumano dolor?790
¡Cielos, amparad mis penas!
LOPE: Sin duda el papel erró
la crïada y don García
imaginó que era yo.
GARCÍA: (Hacia aquel lado he oído Aparte795
una voz que me nombró.
quiero ver si es don Jacinto…
mas parece que son dos).
LOPE: Ve, ingrata, a que tus caricias
le lisonjeen, tu amor800
le engañe y tu fe le ofenda,
como también me ofendió;
que desengañado, tarde
la vuelta a mi patria doy;
y quítateme delante805
que temo, ¡sí, vive Dios!,
que turbe la bizarría
lo enconado del dolor,
y atravesarte este pecho
que alevoso se atrevió810
a mi verdad, a mi fe,
a mi constancia, a mi amor,
a mi lealtad, a mi vida,
a mi tan ciega pasión.
Quédate, ingrata, que en ese815
bruto prevenido voy
a dar vida en desengaños
al que de engaños murió.
Y sea la última prenda
que tu trato mereció,820
sellar mi mano en el rostro
que adoraba el corazón.
Dale un bofetón, y vase don LOPE
ARMINDA: Escucha, ingrato amante,
infame caballero,
que sin oír mis voces825
partes peinando el viento
en este alazán, hijo
del céfiro ligero.
Escucha mis razones
y retírate luego.830
GARCÍA: (Ésta es la voz de Arminda. Aparte
¿Qué escucho? ¡Santo cielo!
¿Qué novedad me asombra?
¿Qué nuevo riesgo encuentro?)
¡Aguarda, vil, que ofendes835
de una mujer el pecho,
y tomaré venganza
de tus atrevimientos!
ARMINDA: (A mayores desdichas Aparte
sin duda me prevengo;840
pues éste es don García).
GARCÍA: Seguirle es vano intento,
porque el caballo vuela
con paso tan ligero
que más que por la arena845
pisa veloz el viento.
Para servirte, Arminda,
y ampararte me ofrezco;
pero advierte, señora,
que va el riesgo creciendo850
porque en aqueste sitio
a don Jacinto espero
que viene por tu causa,
celoso y desatento,
a combatir conmigo;855
y es manifiesto riesgo
si te encuentra a mi lado.
ARMINDA: Pues, don García, ¿qué haremos?
GARCÍA: Tarde a lo que presumo
tomamos el consejo,860
porque él viene ya allí.
ARMINDA: ¿Hay más desdichas, cielos?
O quitadme la vida
o advertidme el remedio,
que es más pena vivir865
para tantos tormentos.
Sale don JACINTO, de noche
JACINTO: ¿Es acaso don García?
GARCÍA: Aquí esperándote he estado.
JACINTO: ¿Pero cómo acompañado
de mujer?870
GARCÍA: La cortesía
y el lance fue tan forzoso,
que por dama y por mujer
la hubo de defender
de un caballero alevoso,
que atrevido y indiscreto875
con celos y sin amor,
guïado de su furor,
quiso perderla el respeto.
Y así de tu gala fío
que atento a aquesta razón880
para mejor ocasión
guardarás el desafío.
Pues, indecente sería,
habiendo lance mejor,
por descubrir el valor,885
faltar a la bizarría.
JACINTO: Este partido no admito;
antes ampararla escojo,
porque reñir sin enojo
hace doblado el delito.890
Y cuando en el campo estamos
no es razón aventurar,
pudiéndola yo guardar
al lance que deseamos.
Pues, si tú a mí me vencieres,895
con la misma obligación
mirando por su opinión
obrarás como quien eres.
GARCÍA: Pues, con tan noble partido,
alto al duelo; mas primero900
saber cierto de ti quiero
qué ocasión te haya movido;
porque si ha sido mi intento
el galantear a tu hermana
y escribirla, es cosa llana905
que miraba a casamiento.
Y así, que ni te ofendí
ni tu honor quedó manchado;
pues tan honesto cuidado
no pudo ser culpa en mí,910
ni a Arminda, es cosa llana,
pues la amaba a su pesar.
JACINTO: Las bodas se han de tratar
conmigo, no con mi hermana.
Y así de tu loco intento915
vengo llano a presumir,
que fue agravio el escribir
y el servir atrevimiento.
GARCÍA: Pues, informen las espadas.
JACINTO: Presto verás mi razón.920
Desenvainan y riñen
ARMINDA: (¡Qué ocupen un corazón Aparte
congojas tan desusadas!
Pues, si en pena tan crecida
el contrario es vencedor,
sin hermano y sin honor925
quedo; y si él vence, sin vida;
porque hallándome culpada
que asisto a su lado aquí,
fuerza es que prosiga en mí
las violencias de su espada.930
Pero, pues no hallo ninguna
salida en lance tan fiero,
sea el remedio postrero
fïarme de la fortuna).
Va retirando hasta la puerta Don JACINTO a Don GARCÍA y allí dice
GARCÍA: La espada se me ha quebrado935
y estoy herido.
JACINTO: Pues, quiero
más perdonar caballero
que vencer afortunado;
pero ha de ser, don García,
esto con tan condición940
que acuerdes a tu afición
lo que usó mi cortesía.
En tu caballo te pon,
que yo cumpliré advertido
cuanto tengo prometido945
a esta dama en la ocasión.
GARCÍA: Más estimo que la vida
estos respetos. Yo estoy
mal herido, y así voy
a mi casa.950
JACINTO: Bien servida,
señora, de una mi hermana
estaréis, y de mí, y todo,
hasta que hallemos el modo
a vuestros males mañana.
Venid, que tanto callar955
en lance tan apretado
descubre vuestro cuidado
y explica vuestro pesar.
ARMINDA (En la congoja mayor Aparte
que le puede suceder960
a una infelice mujer
me ha puesto mi loco amor;
pero a una desdicha cierta
que no se puede excusar
suele la fortuna hallar965
lo que el discurso no acierta).
Vanse. Salen MOSCÓN, lacayo, y LUCÍA
LUCÍA: ¿Hay más notable cuidado?
MOSCÓN: ¿Qué te apura, qué te abrasa?
LUCÍA: Pues, Moscón, si no está en casa
don Jacinto y han llegado970
tantos huéspedes, ¿no quieres
que me congoje?
MOSCÓN: Es razón
que tenéis el corazón
como pulgas las mujeres.
LUCÍA: Búscale, por vida mía;975
que me estoy pudriendo.
MOSCÓN: Voy.
Vase
LUCÍA: Parece que andamos hoy
con las penas a porfía.
De casa Arminda ha salido
con recato y con desvelo,980
y yo tengo mi recelo
que don Lope se ha ido,
porque, según adivino
penas, enojos y amor,
vestida ella de color985
y él vestido de camino,
ofendida de su hermano
por el negro del papel,
ella resuelta, él crüel,
ella amante, y él tirano,990
la consecuencia está llana.
Entran don JACINTO y ARMINDA, cubierta con el manto
JACINTO: Lucía.
LUCÍA: Habías de llegar;
porque se acaban de apear
los novios.
JACINTO: Pues, a mi hermana
lleva esta dama tapada995
por esa puerta secreta,
que la agasaje discreta
y la guarde recatada;
que voy a cumplir agora
esta nueva obligación.1000
Vase don JACINTO y descúbrese ARMINDA quitando el manto
ARMINDA: Ya vencimos, corazón.
Toma este manto.
LUCÍA: ¡Señora!
ARMINDA: Abre de prisa esa puerta,
que también a recibir
los novios quiero salir1005
sin que mi ausencia se advierta;
que después te he de contar,
libre ya de mi cuidado,
el lance más apretado
que se pudo imaginar.1010
LUCÍA: Entra, que admirada estoy.
ARMINDA: Más lo estarás cuando diga
el aprieto y la fatiga
de que me he escapado hoy.

FIN DE LA JORNADA PRIMERA

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