LOS CARBONEROS DE FRANCIA Y
LA REINA SEVILLA
Antonio Mira de Amescua
El texto de LOS CARBONEROS DE FRANCIA Y REINA SEVILLA presentado aquí está basado en el manuscrito (Biblioteca Nacional, Madrid, #15.658) y en la edición príncipe, Parte treinta y nueve de comedias nuevas de los mejores ingenios de España (Madrid: Buendía, 1673). Fue preparado por Vern Williamsen en forma electrónica en el año 1988. Luego fue preparado en la forma presentada aquí en 1995.
Personas que hablan en ella:
- CARLOS Magno
- CONDE de Maganza
- ALMIRANTE de Francia
- RICARDO, emperador
- BARUQUEL
- ZUMAQUE
- LAURO
- LUIS, infante
- AURELIO
- FLORANTE
- TEODORO
- La reina SEVILLA
- GILA
- BLANCAFLOR
- SOLDADOS
- MÚSICA
JORNADA PRIMERA
Suenan clarines y atabales y salen el ALMIRANTE y BLANCAFLOR, su hermana, con mascarilla pendiente de un lado del rostro
ALMIRANTE: Blancaflor, ¿qué novedad
es ésta? Cuando venimos
a París, la que compite
en majestad y edificios
con Roma y Nápoles, vemos5
en públicos regocijos
la gran ciudad, y la causa
ni la entiendo ni adivino.
Varios instrumentos suenan,
galas no ordinarias miro,10
y no hay monsiur que no lleve
un fénix gallardo y rico
por penacho en su cabeza.
En los balcones y nichos
se previenen luminarias15
para que dé el artificio
competencia a la noche
con el día.
BLANCAFLOR: No imagino
la ocasión de tantas fiestas.
ALMIRANTE: ¿Si es admirable prodigio,20
con que el cielo corresponde
a la intención que has traído
de ver a Carlos?
BLANCAFLOR: No soy
tan dichosa yo.
ALMIRANTE: En los signos
celestes, cuando naciste25
–si la ciencia y el jüicio
de los hombres no se engañan–
matemáticas peritos
hallaron que has de ser
reina de Francia. Sobrinos30
somos de Carlos. ¡Qué mucho!
Hijos no tiene. En el hijo
castigó, como Trajano,
la muerte de Valdovinos,
y ya en madejas de nieve,35
haciendo el tiempo su oficio,
mira pendiente la barba
compitiendo con un siglo
su dichosa edad. Pudiera,
aplicando los sentidos40
y afectos de tu hermosura,
querer casarse contigo.
Por esto, hermana, por esto
a la corte te he traído
a que la mano le beses;45
porque los cielos divinos
no en balde te dan belleza,
poca edad y airoso brío.
Y cuando ellos te negasen
sucesión, aumentos míos,50
te llevarán el cuidado,
dando a mi dicha principio;
que pudieras persuadir
a Carlos Magno mi tío
me nombrase sucesor55
del cristiano y del antiguo
reino de Francia, de quien
soy Almirante. Designios
son los nuestros bien fundados;
no son vanos ni exquisitos60
pensamientos, que en los aires
trepan a su principio.
Aplica al uso francés
en el rostro, que a Narciso
más que su imagen matara,65
la mascarilla, que he visto
venir los Pares de Francia
hacia acá.
Pónese la mascarilla
BLANCAFLOR: Y aun imagino
que Carlos viene con ellos.
ALMIRANTE: Fortuna, si bien me quiso70
tu condición inconstante,
agora, agora te pido
que al Amor hurtes las flechas
si no te las presta él mismo.
Salen CARLOS Magno, emperador, y caballeros todos galanes
Déme vuestra majestad75
su mano.
CARLOS: Almirante, amigo,
en alas de mi deseo
puedo decir que has venido,
pus cuando darte quería80
de mis intentos aviso,
o mi fortuna o tu amor
el cuidado me previno.
¿Quién es aquella madama
que acompañáis?85
ALMIRANTE: Señor mío,
Blancaflor, mi hermana. Llega
al rendimiento debido
al supremo emperador
del mundo.
Derriba la mascarilla
BLANCAFLOR: Turbada miro90
la cesárea majestad
a quien humilde suplico
me dé la mano.
CARLOS: Sobrina,
aunque viejo, no me olvido
de ser galán, y bien sé95
que han de ser los brazos míos
lo que yo os tengo de dar;
y de la vejez recibo
esta licencia. No fuera
tan descortés y atrevido100
siendo joven, claro está.
Abrázala
ALMIRANTE: (Amor, gallardo principio
das a mi industria. Prosigue,
y flechas de fuego vivo
enciendan la riza nieve105
de su pecho).
CARLOS: Cuando admiro
la singular hermosura
que el cielo pródigo y rico
dio a Blancaflor, mi silencio
es retórico artificio.110
Mudo alabo esta belleza,
mudo esta deidad estimo.
Mas, ¿qué elocuencia bastara?
Sobrina, callando digo
mucho más.115
BLANCAFLOR: Soy vuestra esclava.
CARLOS: El secreto regocijo
de París y de mi pecho
agora pienso deciros.
Escuchad, parientes.
BLANCAFLOR: (Si es Aparte
el corazón adivino,120
reina de Francia soy ya.
Rayo mi hermosura ha sido).
CARLOS: Por la muerte de Carloto,…
(¡Ay, qué funesta principio! Aparte
Pero habiendo sido justa,125
mal me enternezco. Prosigo).
…quedando sin heredero,
pasé a mi edad que por siglos
puede numerarse agora,
cuando tanta nieve miro130
en esta barba pendiente,
si bien el heroico brío
de mi juventud lozana
y el generoso y altivo
vigor permanecen siempre,135
murieron, que así lo quiso
el cielo, mis doce pares,
por quien los franceses fuimos
asombro de los humanos,
famosos desde los rizos140
cabellos del alba hermosa,
hasta el sepulcro más frío
del sol en el occidente.
Bien es que testando vivos
sus hijos, dirá la fama145
de los franceses lo mismo.
Yo, pues, que a los largos años
con el ánimo resisto,
viéndome sin heredero,
que es natural apetito150
de los reyes, he tratado
–¡Oh, cuán alegre lo digo!–
de casarme con Sevilla,
más que humano ángel divino,
hija del grande Ricardo,155
el poderoso y el rico
emperador del oriente.
Por embajador envió
al hijo de Galalón,
mi cuñado, y solicito160
con dicha mi casamiento,
pues fácilmente consigo
mis deseos, porque el conde
de Maganza también hizo
su embajada, que a Marsella165
con la desposada vino.
Esto, amigos, hasta agora
de mis labios no ha salido;
que a veces el pecho humano
es oscuro laberinto.170
Fui secreto a recibirla;
las manos allí nos dimos.
Y una quinta de un jardín,
–dije jardín, paraíso–
fue de mis alegres bodas175
tálamo verde y florido.
Diez días en ella estuve,
y a la santa que es asilo
de pecadores, aquella
que lavó a los pies de Cristo180
sus culpas, humildemente
un sucesor he pedido.
Víneme a París a donde
solemnidades previno
mi cuidado, porque sea185
día famoso y festivo
el de su entrada. Ya llega.
Ya mis secretos publico;
ya soy fénix remozado,
y ya pienso que eternizo190
mi imperio. No os espantéis,
vasallos, deudos y amigos,
de que en la vejez me case;
que esto de muchos se ha visto
y tal vez vimos un hombre195
a la palma parecido,
que en arrugadas cortezas,
cargada de años y siglos,
si en la juventud estéril,
da los pálidos racimos200
de su fruto. En la vejez
forma el águila su nido
y sus hijuelos alienta
con más calor, con más brío.
Y no siempre la consorte205
del que es anciano marido
imita a la verde hiedra
que derriba el edificio.
No siempre parece al mar
que el movimiento continuo210
de las olas va venciendo
la eternidad de los riscos.
Aguila, mar, hiedra, palma
en lazos de amor tejidos,
imitan hoy maridajes215
de diamantes y jacintos.
Hoy a la reina Sevilla
en la corte recibimos.
Hoy llega el sol del oriente
hasta el polo de Calisto.220
Hoy Carlos, el que de magno
el renombre ha merecido,
de nuevo se ve triunfando
en dichoso regocijo.
ALMIRANTE: (Desvaneció nuestro intento). Aparte225
BLANCAFLOR: (Tarde, Almirante, venimos). Aparte
ALMIRANTE: Gran señor, la enhorabuena
te doy alegre, aunque envidio
al hijo de Galalón,
conde de Maganza. Mío230
pudiera ser el favor
de haber a Francia traído
al sol de Constantinopla.
Mucho la estimáis. No fío
en hijos de Galalón.235
¡Quiera Dios…!
CARLOS: Basta, sobrino.
¿Cómo murmuráis así
del hombre que más estimo?
ALMIRANTE: Dije mal, señor, perdone.
CARLOS: No me espanto; que enemigos240
fueron vuestros padres. Ya,
salgamos a recibirlos.
Tocan. Vanse y salen el CONDE de Maganza, la reina SEVILLA, TEODORO, de camino, y criados
CONDE: Mi señora, cerca estamos
de la ciudad de París,
donde eres ya flor de lis245
que con respeto adoramos.
Esta flores, estos ramos
que ponen treguas amenas
entre las rubias melenas
del sol, y esta clara fuente250
cuyo cristal transparente
da silvestres azucenas,
serán rústica floresta,
mientras al mar español
se va despeñando el sol,255
y pasa la ardiente siesta.
Vecina montaña es ésta
a la metrópoli y corte,
donde a tu regio consorte
has de coronar la frente260
cuando vienes del oriente
a las provincias del norte.
REINA: Conde, aunque llegar deseo,
y quiere mi honesto amor
ver a Carlos, mi señor,265
que es el último trofeo
de mi esperanza, ya veo
que con los rayos que tiende
el sol, abrasa y ofende,
teniendo, aunque es verde mayo,270
una flecha en cada rayo
con que los montes enciende.
Pasemos en hora buena
la siesta aquí.
CONDE: (Dame, Amor Aparte
atrevimiento y valor275
para declarar mi pena;
ya que mi desdicha ordena
que esta griega bizarría
confunda en el alma mía
el discurso y la razón.280
Hablemos, que en la ocasión
el respeto es cobardía).
Vosotros podéis bajar
a ese valle a coger flores
que los celestes colores285
del iris han de envidiar.
Pues sobre ellas ha de estar
la reina nuestra señora.
Si reposar quiere agora,
sembrad aquí flores bellas;290
porque parezcan estrellas
en los campos del aurora.
TEODORO: Vamos.
Vase TEODORO con los criados
CONDE: (Echélos de aquí Aparte
para gozar la ocasión.
Animo, pues, corazón.295
Temblando estoy. ¡Ay de mí!
Otras veces me atreví
y cuando ya el pensamiento
entre la voz y el aliento
salió del alma y llegó300
a los labios, se turbó
desvanecido en el viento.
Pero agora no ha de ser
cobarde Amor de esta suerte.
Venga la vida o la muerte,305
alegre me he de perder).
Presto, señora, has de ver
a la primavera hermosa
junto al invierno.
Estará la REINA sentada y recostada, y salen LAURO, VIEJO, GILA y BARUQUEL, carboneros
LAURO: ¿Qué cosa
puede impedir que veamos310
nuesa reina cuando estamos
en ocasión tan dichosa?
¡Pardiobre, que la he de ver!
BARUQUEL: Yo también, si antes no ciego.
CONDE: (Bella deidad, fénix griego, Aparte315
hermosísima mujer,
helarme siento y arder.
¡Oh, qué rústicos tiranos!)
¡Ah, rústicos! ¡Ah, villanos!
Mal os haga Dios.320
De rodillas
LAURO: A veros
llegan estos carboneros,
que aunque tiznan, son cristianos.
Necio estoy. Tú sabes más
y eres más desvergonzada.
GILA: Señora,…ya estoy turbada.325
BARUQUEL: La primer mujer serás
que tuvo empacho jamás.
Señora, vuestra ventura
os trae por esta espesura.
Vete, Gila, mientas hablo,330
que me pareces al diablo
si estás junto a su hermosura.
Digo, señora suprema
de Francia, que desde aquí…
¿Todavía estás aquí?335
GILA: ¿Conmigo tienes la tema,
y estás turbado?
CONDE: (Si es tema Aparte
la desdicha). ¡Ea, dejad
que duerma su majestad.
REINA: Déjalos; que me entretengan.340
CONDE: (¡Qué estos carboneros vengan Aparte
a impedir mi voluntad!)
BARUQUEL: Señora, pues va a reinar,
remediar podrá mil cosas.
Las que no fueren hermosas345
salgan luego del lugar.
Mande también azotar
cien despenseros si vive.
Prive de oficio y reprive
tres pícaros cegarrones350
que pregonan relaciones,
y ahorque a quien las escribe.
No olvide a los taberneros,
así Dios les dé ventura.
Uno hay que se llama el cura,355
porque cristiana los cueros.
Yo le vi entre dos enteros.
A uno dijo, estando él solo,
“visbaptizaré” y probólo.
Era fuerte, ardió la fragua360
y zampóle luego el agua
respondiendo él mismo, “volo.”
CONDE: (¡Qu&eaccute; sufro, ardiéndome yo, Aparte
a estos hijos de estas peñas!)
Hácelas señas que se vayan
…………………… [ -eñas].365
GILA: No queremos irnos, no.
BARUQUEL: Pues que licencia nos dio
su majestad para vella,
no la cansemos.
GILA: En ella
mucha gracia y beldad vi.370
LAURO: Ya nos vamos, Malgesí.
Vanse los carboneros
CONDE: (¡Favorézcame mi estrella! Aparte
Esta vez me determino).
Reina, si un grave deseo…
Sale ZUMAQUE
ZUMAQUE: Malpariré si no veo375
la reina que va camino.
También madre me ha parido.
CONDE: (¡Otro estorbo? ¡Vive Dios! Aparte
¡Qué tengo…!)
ZUMAQUE: ¿Cuál de los dos
es la reina?380
CONDE: (¡Qué ha venido Aparte
este monstruo a deshacer
ocasión tan dulce y clara!)
ZUMAQUE: Éste tiene mala cara,
aquélla debe de ser.
De rodillas
Oigame; que hablarla quiero,385
aunque so tonto, en jüicio.
Aquí tiene a su servicio
este pobre carbonero.
Cara tiene matizada,
colorada y amarilla,390
como se llama Sevilla
puede llamarse Granada.
REINA: ¡Qué sencillez! ¡Qué ignorancia!
CONDE: (¡Flechas tirándome está!) Aparte
ZUMAQUE: ¿No han sonado por allá395
los carboneros de Francia?
CONDE: Vete, bárbaro.
ZUMAQUE: No soy
barbero, ni en mi linaje
rapó nadie.
CONDE: (¡Qué un salvaje Aparte
me impida! ¡Rabiando estoy!)400
REINA: ¿Y cómo te llamas, di?
ZUMAQUE: Mal, señora, preguntó,
que nunca me llamo yo,
otros me llaman a mí.
REINA: ¿Y es tu nombre?405
ZUMAQUE: ¿Cuál, el mío?
Zumaque, nombre es de pila;
mi prima se llama Gila.
Lauro se llama mi tío,
y mi hermano Baruquel.
CONDE: Vete, que nos das calor.410
ZUMAQUE: Pergeño tiene traidor.
Señora, guárdese de él.
Vase ZUMAQUE
CONDE: Amor, pues que ya se han ido
dame dicha y osadía;
si dicen que es tiranía415
la beldad porque ha vencido
el alma que libre ha sido
con potestad rigurosa;
cuando algún amante osa
decir su pena a su dama,420
no es la culpa de quien ama
sino de quien es hermosa.
Y, pues, lenguas mudas son
los ojos en el amante,
que dicen con el semblante425
las ansias del corazón,
si yo en alguna ocasión,
después, señora, que vi
tu hermosura, descubrí
con los ojos mi fe pura,430
culpa tu gran hermosura
y no me culpes a mí.
Sé bien que ya me entendiste
las veces que te han hablado
mis ojos y mi cuidado.435
De mi silencio supiste
que estar turbado, estar triste
en tu divina presencia
es una muda elocuencia,
y a decir las penas graves440
que ya de mis ojos sabes,
los labios tienen licencia.
REINA: Conde, cuando escucho tal,
estamos… –¿Quién tal creyó?–
o tú loco o sorda yo.445
Hablas mal o entiendo mal.
No son de cuerdo y leal
conceptos tan atrevidos,
y pienso entre dos sentidos
y entre dudosos agravios,450
o que han errado tus labios
o que mienten mis oídos.
CONDE: Ni te admire, ni te espante
que adore un sol soberano.
Corazón tienes humano,455
no le tienes de diamante.
Despreciar joven amante
cuando dueño anciano tienes,
no es justo. Mira que vienes
a hacer una unión gentil460
del enero y del abril.
No prosigan tus desdenes.
Nadie nos oye ni ve,
y este silencio tendrán
cuantas cosas viendo están465
tu ingratitud y mi fe.
Secreto amante seré.
Argos soy de tu opinión.
REINA: Estos árboles que son
testigos de mis enojos,470
harán de las hojas ojos
para mirar tu traición.
Las cosas inanimadas
y brutos, si aleve fueres,
han de publicar quién eres475
con lenguas desenfrenadas:
esas cumbres empinadas
con peñascos atrevidos
al sol, los prados floridos
con sus rosas naturales,480
las fuentes con sus cristales,
las fieras con sus bramidos.
CONDE: Vanos tus recelos son
y aunque reina eres mujer.
REINA: Tú, traidor. Mas, ¿qué ha de ser485
un hijo de Galalón?
CONDE: De griega es esa razón;
y si tu amor me desprecia,
bien sé que no eres Lucrecia;
que si va a decir verdad490
jamás hubo honestidad
en las mujeres de Grecia.
REINA: Conde Magancés, tú mientes.
CONDE: Eres hermosa y mujer.
No agravias.495
REINA: Debes de ser
cobarde. ¿Agravios no sientes?
CONDE: Pues, para que no me afrentes,
la mano te he de besar.
REINA: Ella te sabrá matar.
CONDE: Desagráviame un favor.500
Dámela.
REINA: Toma, traidor.
Dale un bofetón
CONDE: ¿Qué paciencia ha de bastar?
¡Vive Dios!
REINA: Al mismo juro
que no temo y que la muerte505
sabré darte.
CONDE: (De esta suerte Aparte
se convirtió un amor puro
en odio. Vengar procuro
el agravio y bofetón.
Disimulad, corazón,510
encubrid el sentimiento.
Ya será aborrecimiento
lo que fue dulce pasión).
Sale TEODORA
TEODORA: Carlos viene.
REINA: Di el contento,
el bien y el dueño que estimo,515
la salud con que me animo,
el alma con que me aliento.
Salen CARLOS, el ALMIRANTE, FLORANTE y acompañamiento, y detrás BARUQUEL, ZUMAQUE y GILA
CARLOS: Si el alma y el pensamiento
estaban acá, señora,
no he estado sin vos una hora.520
REINA: Todo se debe a mi amor.
CARLOS: Joven soy con tal favor.
Abrázanse
REINA: Esclava soy que os adora.
CARLOS: Después que en Marsella fui
dueño de vuestra beldad,525
cautiva la voluntad,
vivo en vos, no vivo en mí.
REINA: Desde entonces hasta aquí
no vi el rostro del placer.
A ellos
CARLOS: Para estimar y querer530
prendas que son más que humanas,
no me embarazan las canas.
Galán soy de mi mujer.
Llegad a besar los tres
mano de quien soy amante.535
Dad la mano al almirante,
hijo de Oliveros es.
Llegan a besar la mano
ALMIRANTE: Postrando espero a tus pies
los rayos del mismo Febo.
CARLOS: Conde, ¿qué tienes de nuevo?540
¿Cómo, aquí, tristezas graves
si lo que te quiero sabes,
si sabes lo que te debo?
Abrázame. ¿Cómo vienes?
CONDE: Vasallo tuyo, señor.545
CARLOS: Y así es mi gusto mayor
porque sé que salud tienes
para coronar tus sienes
de diademas de laurel.
Vamos a París, que en él550
todo el pueblo nos desea.
ALMIRANTE: Honra, señora, esta aldea
que se llama Mirabel.
Es muy gallarda y es mía.
CARLOS: Ya sé que es alegre y bella,555
pasemos la noche en ella;
que entrar en París de día
ya no es posible, y sería
entristecer su esperanza.
ALMIRANTE: Con honras que nadie alcanza560
Blancaflor y yo quedamos.
CARLOS: Vamos, reina. Conde, vamos.
CONDE: (Trazando iré mi venganza). Aparte
Vanse y quedan los villanos
BARUQUEL: Corte será Mirabel
esta noche con los dos.565
¡Ay, buen rey!
ZUMAQUE: ¡Válgame Dios!
¿Qué caldo magro es aquél?
BARUQUEL: Carlo Magno di. El señor
y emperador de la mar.
ZUMAQUE: ¡Y ver que se ha de casar570
tan viejo un emperador!
Ya va la novia enviudando
desde aquí hasta Mirabel.
Ella moza y viejo él,
mala ventura les mando.575
¡Pero, a fe que es bien hermosa!
BARUQUEL: ¡Calla, bestia! Que es locura
delante de esta hermosura
alabar así otra cosa.
Muchas veces yerra…580
ZUMAQUE: Una
cualquiera marquesota cae.
BARUQUEL: Donde Gila está, no hay
que alabar gracia ninguna.
GILA: Dos mojicones, y aun tres
te daré. ¡Socarrón eres!585
BARUQUEL: Dime cuanto tú quisieres,
como un favor no me des.
GILA: Sí, lo haré, cara de lobo.
ZUMAQUE: Si él no la quiere ni ocupa,
acá habrá quien no la escupa.590
Luego dirán que so bobo.
BARUQUEL: Aquellos requiebros son
los que me traen cuidadoso.
Perdido estoy de celoso.
GILA: Ya te entiendo, bellacón.595
Sale LAURO
LAURO: Cada cual su carbón saque,
llevémosle a Mirabel.
……………… [ -el].
Date priesa tú, Zumaque;
que en las cocinas del rey600
esta noche ha de venderse.
BARUQUEL: Si va Gila, ha de perderse
que no hay respeto ni ley
jamás en los cortesanos.
GILA: ¿Quién te mete a ti conmigo?605
Las orejas, enemigo,
te he de arrancar con mis manos.
BARUQUEL: Téngala, tío; que es fiera
una mujer si se enoja.
LAURO: Haréisme que un palo coja.610
¿Siempre andáis de esta manera?
ZUMAQUE: Baruquel es socarrón.
Piensa, tío, que te engañan
y si de día se arañan,
cardas a la noche son.615
BARUQUEL: ¿Pues tú murmuras de mí,
bestia indómita?
ZUMAQUE: No hay tal,
porque soy hombre tal cual.
Tu hermano mayor nací.
BARUQUEL: Daréte un palo.620
ZUMAQUE: Hablador,
no dará ni aun dos.
LAURA: Prometo
que si voy…
ZUMAQUE: Tenga respeto
que soy cabeza mayor.
Vase todos y salen el CONDE y AURELIO
CONDE: Mi venganza prevengo
del modo que te digo, porque tengo625
un desprecio, una injuria
que me están provocando a rabia y furia.
AURELIO: ¿Y con qué fundamento
verosímil harás tan grave intento?
CONDE: Cuando en Marsella estaba630
la reina, y ver a Carlos deseaba,
yo mismo remitía
las cartas, que ella amante le escribía.
Una de éstas guardé, pensando en ella
engañar mi esperanza,635
imaginando que mujer tan bella
a mí me la escribía.
¡Fuerza de amor o gran melancolía!
Un testigo ha de ser de su delito
la carta, que mudando el sobreescrito,640
he imitado su letra,
rompiendo la cubierta que tenía.
AURELIO: No digas más. Tu intento se penetra
y Carlos viene acá. Tu sangre es mía,
mi ayuda y mi favor no he de negarte.645
CONDE: Vete antes que entre por esta otra parte.
Vase AURELIO. Salen CARLOS y el ALMIRANTE
CARLOS: Yo te prometo, Almirante,
que tan gustoso me veo,
que sólo vivir deseo,
para ser perpetuo amante650
de la reina. Siempre un viejo
ama con mayor cuidado
porque es un amor fundado
en prudencia y en consejo.
Ama aquel ser infinito655
del alma, a amarse dispuesto,
no tiene su amor honesto
mezcla de torpe apetito.
Por la fe de hombre de bien
que fue Jordán para mí660
el casarme. Nunca fui
tan galán y mozo.
ALMIRANTE: Den
a tu majestad, señor,
vida del fénix los cielos.
CARLOS: Si no hay torpeza de celos,665
dulce cosa es el amor.
CONDE: Hablarte a solas querría.
CARLOS: Vete, Almirante.
Vase el ALMIRANTE
(Sospecho Aparte
que trae el conde en su pecho,
según su melancolía,670
algunas quejas o agravios
de la reina, y me pesara
que decírmelas osara.
¿Cómo cerraré sus labios?
Ya hallé modo). Conde, amigo,675
si estimarte tanto es justo,
¿qué cosa ha de darme gusto
que no la goce contigo?
Ese caballo que al sol,
aunque bruto, desafía680
que en campos de Andalucía
le engendró el viento español,
me presentaron ayer.
Y ésta es la misma cuchilla
que dio espanto y maravilla685
al mundo. ¿Quiéresla ver?
Saca la espada
Mira un rayo de cristal.
No forjó acero tan fuerte
en su guadaña la muerte.
Al que me dijere mal690
de mi espada o mi caballo,
o mi mujer… ¡vive el cielo!,
que le echaré por el suelo
la cabeza.
CONDE: (Tiemblo y callo. Aparte
Parece que me ha entendido).695
El caballo he de mirar
de espacio para estimar
lo que de tu gusto ha sido.
(Perdiendo voy la esperanza Aparte
de vengarme, mudo el labio.700
Vuelvo, sintiendo mi agravio
y temiendo la venganza).
Vase el CONDE
CARLOS: ¡Vive Dios! Que era sospecha
lo que ya es en mí cuidado.
Confuso y atravesado705
el corazón de una flecha
me dejó. A solas quería
hablarme. No dijo nada.
Claro está que de mi espada,
y el caballo no sería.710
¡Qué terrible sobresalto!
Mas mi fe dudar no debe.
¡Ay de mí! Un rayo se atreve
al edificio más alto.
Y bien puede el deshonor715
ser parecido a la muerte
igualando de una suerte
al monarca y al pastor.
Mal digo, mal he pensado,
mal discurso, entiendo mal.720
¡Jesús! ¿Yo, sospecha tal?
¡Loco estoy! ¡Estoy turbado!
Sale el CONDE a la puerta
CONDE: Pensativo y sospechoso
el rey se está paseando.
Yo también estoy dudando725
atrevido y temeroso.
Perdida la vida tengo
si de él la reina es creída;
y así aseguro mi vida
y de la injuria me vengo.730
Llega [y pónese] de rodillas
Gran señor, desnuda luego
la espada de más fiereza
y córtame la cabeza.
CARLOS: ¿Qué dices, Conde?
CONDE: Que llego
a tus pies sólo a morir735
fidelísimo vasallo.
CARLOS: De esa suerte, del caballo
mal me vienes a decir.
CONDE: Pluguiera a Dios, gran señor,
que no fuera mi cuidado740
mayor.
CARLOS: (¡Viejo desdichado! Aparte
¡Miserable emperador!
¡Triste rey! ¡Hombre infelice!
¡Pobre esposo! Antes del trueno
sentí el rayo de horror lleno.745
Mal de la reina me dice.
Y ya es fuerza el escuchar
porque con preñez contada
una nueva desdichada
más tormento suele dar).750
Conde, ya sabéis que soy
el primer hombre del mundo;
no reconozco segundo
en Asia, y a Africa doy
espanto con estas canas.755
Muchas fueron mis victorias
en las mortales memorias.
No son mis obras humanas.
Europa temió mi diestra.
Todo está para caer760
y todo se ha de perder
con una palabra vuestra.
Mirad bien lo que decís,
porque espera mi Sevilla,
una octava maravilla,765
una sexta flor de lis;
y más crédito he de dar
al honor que en ella vi
que a vuestra lengua, y así
volvedlo, conde, a pensar.770
CONDE: A mi amor y obligación
no correspondo callando.
Tened ánimo escuchando;
que yo verdad y razón
he de tener si os refiero775
lo que sentimos los dos.
CARLOS: Conde, por amor de Dios,
que lo miréis bien primero.
Tened lástima de mí
que adoro a la reina. Amigo,780
conde, rogando os obligo.
Ved qué contáis.
CONDE: Lo que vi…
CARLOS: Decid. Echada es la suerte.
Nazcan ya de mi temor,
si es verdad, mi deshonor,785
si es mentira, vuestra muerte.
CONDE: Griega fue Elena, y hermosa,
y dicen que no fue buena.
Sevilla es griega y Elena.
CARLOS: ¡Oh, vejez poco dichosa!790
CONDE: Mal se disimula amor;
a Teodoro, su crïado,
este papel he quitado.
Dásele
Bien conoceréis, señor,
su letra y cuando el papel795
llegó a mis manos, ya había
sabido su alevosía.
CARLOS: ¡Oh, qué trance tan crüel!
“A Teodoro” dice aquí.
Suspended, infames celos,800
vuestro rigor. Tened, cielos,
misericordia de mí.
Lee
“Mi dueño sois verdadero,
de veros el ser recibo;
sin vos muero, con vos vivo.805
En mis brazos os espero.”
La reina no he de firmar,
“vuestra esclava,” sí, “Sevilla.”
¡Qué no tuviese mancilla
de mi vejez el pesar!810
¿Si leyeron bien mis ojos?
¿Si dijeron bien mis labios?
Para leer sus agravios
nadie ha menester antojos,
porque la desdicha alienta815
los espíritus visivos.
¿Hay fundamentos más vivos
para dar a tal afrenta
todo crédito?
CONDE: Señor,
de noche este griego pasa820
a su cámara y abrasa
la Troya de vuestro honor.
Decid que vais a París
esta noche, y volved luego.
Veréis mi verdad.825
CARLOS: Un ciego,
¿qué ha de ver? Tarde venís.
¡Dolor grave! ¡Dolor fuerte!
Pero acabaréisme presto,
porque es, sin duda, que en esto
viene marchando la muerte.830
No pudo el tiempo acabar
mi vida con su rigor,
y ha llamado al deshonor
para poderme matar.
Voy a tomar tu consejo.835
A París diré que voy.
Pasos de hombre ciego doy.
No acierto a andar. ¡Pobre viejo!
Vase CARLOS
CONDE: Perdone la inocencia de la reina
que quiero conservar así la vida;840
porque sus quejas no me maten antes.
Sale TEODORO
TEODORO: Conde y señor.
CONDE: (Venir en este tiempo Aparte
Teodoro es para mí feliz agüero).
Harásme un gran placer.
TEODORO: Servirte quiero.
CONDE: Sabe, Teodoro, pues que de mi dama845
un pequeño rubí favor ha sido.
En el camino le agradó a la reina.
No supe decir “no”, y agora temo
parecer en presencia de su dueño.
Una cosa has de hacer. Dos mil escudos850
galardón te serán. Ya está la reina,
cansada del camino, en dulce sueño.
Carlos se fue a París. Tú podrás sólo
en su cámara entrar, y pues se quita
al entrar en su cama las sortijas,855
y las pone debajo el almohada,
sin temer que despierte, has de sacarme
el rubí que te digo. No me atrevo
a pedir a la reina don tan corto,
para no descubrir que es de mi dama.860
En silencio está todo, amigo.
TEODORO: Basta,
ya lo entendí muy bien, y entraré luego.
Déjame el cargo a mí.
CONDE: Lo prometido
tendrás sin falta, y esperando quedo.
Entra con desenfado. Entra sin miedo.865
Vase TEODORO
Traidor me ha de llamar el que supiere
el prodigioso atrevimiento mío;
reciba un bofetón, sienta una injuria,
y errando por amor, tema su muerte
cualquiera que mi intento me culpare870
y podrá disculparme. Carlos viene.
Ayúdeme mi ingenio y osadía.
Sale CARLOS con una vela encendida
CARLOS: Conde, ya vengo a la desdicha mía.
Del silencio y del sueño vi ocupados
los ojos de mis deudos y crïados.875
¡Oh, si ya a nunca despertar durmieran
mis ojos esta vez y esto no vieran!
CONDE: Detrás de este cancel podrás ponerte.
CARLOS: ¡Qué venga yo a acechar mi propia muerte!
No he temido jamás si no es agora.880
Temblando está una mano vencedora.
CONDE: No difirió Teodoro la partida.
Mira adentro, señor.
CARLOS: ¿Qué? ¿Tenga vida
quien esos pasos da? ¡Si son antojos,
o me ha cegado el llanto de los ojos!885
Teodoro llega al lecho más honrado,
y pienso que a la reina ha despertado.
Deja caer el candelero
¡Más no quiero mirar! ¡Mátame luego,
que viendo tal, ni muero ni estoy ciego!
Mátame, conde, aunque inmortal me han hecho;890
pues no ha faltado el corazón del pecho.
Mi agravio y deshonor, mi mal es cierto;
no tengo honor, pues no me caigo muerto.
CONDE: Al traidor mataré. ¡Muera Teodoro!
Vase el CONDE
CARLOS: ¡Qué me pueda ofender mujer que adoro!895
¡El ánimo y valor pierdo! ¿Qué espero?
Dentro
TEODORO: ¡Qué me matan! ¡Jesús, Jesús, que muero!
CARLOS: Cuando dudé mi mal, enternecido
estaba con razón, pero sabido,
valor haya en la pena y osadía.900
Sale el CONDE
CONDE: (Secreta queda así mi alevosía). Aparte
CARLOS: La vida y el honor, conde, te debo;
siempre te quise bien, esto no es nuevo.
Aconséjame, pues.
CONDE: Antes que sea
su venida más pública y la vea905
todo el concurso popular, desvía
a la reina de mí. A su patria envía
la griega, que ofendió imperio latino.
En sus mismos bajeles en que vino
puede volverse luego. Si la pena910
ordinaria de Francia la condena
a muerte, ¿qué piedad no uses con ella?
CARLOS: Bien me aconsejas. Llévenla a Marsella
y desde allí navegue el Mar Terreno.
Del ser y del vivir me siento ajeno.915
Sale FLORANTE con una hacha encendida y la espada desnuda en la mano
FLORANTE: Voces sentí, diciendo “que me matan,”
y no sé dónde fueron.
CARLOS: Oh, Florante,
a tu mísero rey tienes delante.
Ni dudes, ni preguntes, ni repliques.
Lleva a Sevilla al mar y en los bajeles920
que surcaron con paz ondas crüeles,
navega a la ciudad de Constantino,
y entrégala a su padre, su destino
fatal esto causó; ella misma sabe
y la causa dirá de acción tan grave.925
FLORANTE: Lo que mandas haré.
CONDE: (Muchos errores Aparte
ocasiona un horror. A mis amores
pasados pienso dar fin peregrino
saliéndola a robar en el camino).
Sale la REINA Sevilla
REINA: Cuando, mis ojos despiertos,930
a lástimas me levanto,
he salido con espanto,
tropezando en cuerpos muertos.
¿Qué podrá ser? Dulce dueño,
¿aquí estáis? Viéndoos, señor,935
ni me turbará el temor
ni el sobresalto del sueño.
CARLOS: (¿Es posible que he de hallar Aparte
culpa en beldad tan inmensa?
¿Es posible que hay ofensa940
en valor tan singular?
Mas, ¿qué dudo si es mujer?
Mas, ¿qué dudo si lo veo?
[Mas, ¿qué dudo si lo creo?]
Mas, ¿qué dudo se he de ser945
en la vejez desdichado?)
REINA: ¿Vos en tal melancolía?
¿Vos confuso, rey?
CARLOS: Desvía.
REINA: ¿Conmigo estáis enojado?
CARLOS: (En mi pecho poco sabio Aparte950
matar al amor pretende
el agravio, él se defiende,
pero vencerá el agravio.
El honor le hará vencer;
no la quiero ver ni hablar;955
que son sirenas del mar
lágrimas de una mujer).
Vuélvela las espaldas
REINA: Mi señor, mi rey, mi esposo,
mi gloria, mi bien inmenso,
¿qué es lo que os tiene suspenso?960
¿Qué es lo que os tiene quejoso?
¿Vos os receláis de mí?
¿Qué causa turbaros pudo?
Mas, ¿qué pregunto? ¿Qué dudo
cuando miro al conde aquí?965
CARLOS: Parte luego con Florante.
REINA: ¿Dónde me mandas partir?
CARLOS: A Constantinopla has de ir.
REINA: ¿Cómo podrá un pecho amante
ausentarse de vos hoy?970
Advertid, señor, que espero
daros presto un heredero.
Encinta sin duda estoy.
¿De tan súbitos agravios
causa, señor, no me das?975
CARLOS: De ti misma lo sabrás.
NO la sepas de mis labios.
REINA: Vuelve el rostro.
CARLOS: Es imposible.
REINA: Conde, piedad.
CONDE: ¿Yo, señora?
REINA: Carlos, mirad que os adora980
esta infeliz.
FLORANTE: ¡Qué terrible
suceso!
CARLOS: (Verla querría. Aparte
el rostro pienso volver).
¡Ah, peregrina mujer!
REINA: ¡Ah, señor!985
CARLOS: (¡Ah, honra mía!) Aparte
REINA: Conde, cause en ti mudanza
el ver que te estoy rogando.
CONDE: Con mi rey estoy callando.
FLORANTE: ¡Gran desdicha!
CONDE: (¡Gran venganza!) Aparte
REINA: ¿Cómo me ausentas de ti?990
CARLOS: Amor sabe lo que siento.
REINA: ¡Muerta voy!
CONDE: (Ya estoy contento). Aparte
CARLOS: ¡Ay, qué hermosura!
REINA: ¡Ay de mí!
Vanse todos
