JORNADA TERCERA
Hay un bufete con recado de escribir y sale doña INÉS
INÉS: Dicha notable fue. Ventura ha sido
igual no haber venido
a casa desde ayer tarde mi hermano
y el escaparme anoche de su mano;1840
pues de ambas ocasiones redimida
su presunción se mira desmentida.
De Isabel supe luego
como mi hermano ciego
de celoso la injuria1845
convirtiendo su amor en loca furia;
que a las voces y al ruido
salió su padre. Al fin que divertido
en buscar a su hija su cuidado,
dio lugar de escaparse por un lado1850
mi hermano, que de amante y de celoso,
se fue ofendido y se quedó amoroso.
Ya que de menor riesgo libre quedo,
pues no ha de darme miedo
de que Fenisa diga a nadie nada,1855
hallándose culpada,
en razón de hallar mis pretensiones,
pues ella da lugar a mis pasiones
abriéndole a don Íñigo la puerta,
que para poderse ir la halló abierta.1860
Quiero avisarle agora lo que pasa
y que venga esta noche a verme a casa;
que tendrá más ventura
pues por propia es la casa más segura.
Pónese a escribir y sale don CARLOS por las espaldas
CARLOS: (¿Cuál hombre como yo ha sido Aparte1865
en el mundo desdichado?
Pues lo que por mí ha pasado
yo mismo no lo he creído;
y con sentirlo el sentido
no lo acaba de creer,1870
ni el alma reconocer
sabe el dolor con que lucha;
que hay desdicha que por mucha
jamás se llega a creer.
Buscando fui desengaños1875
de encontrarlos con deseo,
y en las diligencias veo
que solicité mis daños.
Y estimara los engaños,
pues mejor hubiera sido,1880
si olvidarla no he podido,
que se hallara mi cuidado
satisfecho de engañado
que de curioso ofendido.
A Inés consultas pretendo1885
porque alivie mi dolor).
Hermana.
INÉS: (¡Ay de mí!) Aparte
¿Señor?
CARLOS: (Pero, ¿[a] quién está escribiendo?
Que se ha turbado temiendo
verme. Mas sabrélo así).1890
Quítale el papel
INÉS: ¿Hermano?
CARLOS: ¡Suelta!
INÉS: ¡Ay de mí!
(Hoy mi vida se acabó). Aparte
CARLOS: (En efecto el alma halló Aparte
mayor mal del que temí).
¿Cómo lugar no me dieron1895
para poder disculpar
mi verdad con tu pesar
los que anoche entrar te vieron?
INÉS: (Ya mis dichas fenecieron!) Aparte
[Don CARLOS] lee el papel
CARLOS: “Para que menos crüel1900
conozcas mi amor fïel,
cuando el sol esté dormido
te espero. Así hubiera sido
esto en casa de Isabel
pues porque mi amor hallara1905
en su abono mi disculpa
como lo fuera la culpa,
de Inés se lo perdonara.
Mas ya mi industria repara,
cómo saber si esto ha sido,1910
lo que a mí me ha sucedido.”
A ella
Inés, todo cuanto pasa
supe anoche, como en casa
de Isabel quedé escondido.
Supe de su misma boca1915
que en su casa te quedaste
y a don Íñigo hablaste;
que tu liviandad provoca
que dichosa de amor loca
le entraste. Yo, que escondido1920
estaba sentí rüido ,
un hombre sentí que entró,
vi que él era aunque huyó
que de mí conocido.
Espérete en su lugar,1925
habiéndose él retirado
viniste, y acreditado
quedó todo mi pesar.
¿Cómo lo podrás negar?
INÉS: No tengo qué responder1930
sino sólo conocer.
Rendida [habéis] mi culpa.
CARLOS: (El que no tenga disculpa Aparte
es lo que yo he menester).
INÉS: (¿Qué? ¡Si tú has sido tan villano, Aparte1935
don Íñigo, que le diese
lugar para que supiese
nuestra voluntad mi hermano!)
CARLOS: Mientras el rigor tirano
de esta dudosa quimera,1940
averiguarla quisiera
[por la paga] de mi amor
que no tocase en mi honor
aunque en mi sangre cayera.
Mas ya es forzoso tratar1945
de la venganza esta noche,
ausente [de él sólo el] coche,
adonde le he de matar.
Un papel le has de llevar.
Ya que le escribas te obligo1950
en mi nombre a mi enemigo
puesto que el alma penetra
que conociendo tu letra
sabrá por qué le castigo.
No llorando me apercibas1955
lo mismo que estoy temiendo.
Pónese [un lente] en los ojos
Pues si lloras escribiendo
has de honrar lo que escribías
y con este llanto privas
su atención de mis enojos;1960
pues rendido a tus despojos
si atiende a lo que has llorado
¿cómo han de pasar el vado
de tus lágrimas sus ojos?
Retírate a tu aposento.1965
INÉS: (Voy turbada, voy perdida, Aparte
pues sólo estriba mi vida
en d[i]suadirle este intento
porque si el matar sangriento
a don Íñigo, es forzoso1970
que muera yo con mi esposo,
y siendo Carlos el muerto
también muero, pues es cierto
que se ausente temeroso.
En Isabel mi temor1975
remedio podrá hallar
aunque llegue a confesar
contra su casa mi honor;
. . . . . . . . . . .
de mi hermano sus recelos,1980
sin reparar en los duelos
a que don Íñigo llama,
obedecerá a su dama
olvidando sus desvelos.)
Vase doña INÉS. Pónese [don CARLOS] a escribir y sale CARDILLO
CARDILLO: Mequetrefe en inquirir1985
cuántas el santo secreto
no me ha revelado cosas,
doy como oídos atento
los ojos despabilados
a las acciones y atentos1990
de mis cariacontecidos.
Ambos que con tal silencio
sus pesares disimulan;
y así mis sentidos hechos
atalayas de si mismos,1995
por servir a mis desvelos
una lisonja de chismes.
No perdonan pensamientos
que no penetre el cuidado
que no escudriñe el deseo.2000
Aquí don Carlos está
y a solas está escribiendo.
Yo apostaré que el papel
barajando los secretos
de amante y celoso copia2005
de quejas y de requiebros,
en que ya tengo mi parte,
si me toca por lo menos
el llevarle, y para ser
puntüal, voy prefiriendo2010
las diligencias calzado
en vez de abarcar el viento.
CARLOS: Contra agravios tan notorios
escribir yo es más acuerdo.
¿Quién es?2015
CARDILLO: Don Cardillo soy,
no tan noble caballero
que alegar no pueda mucha
antigüedad en los tiempos.
CARLOS: Deja agora disparates
que no estoy de humor.2020
CARDILLO: No tengo
de dar fin a mi discurso.
Escúchame.
CARLOS: Acaba, necio.
Lleva este papel al punto
a don Íñigo de Melo,
y mira cuando le des2025
que esté solo.
Vase
CARDILLO: ¡Lindo cuento!
Cuando esperaba tener
por estafeta de Venus
unas albricias ocales
como nueces, que lo menos2030
fuera diamante o cadena,
a llevar un papel vengo
de un barbado a otro barbado,
que es de quien no me prometo
cosa que de valor sea.2035
Pero si mal no me acuerdo,
por un día, que a la escuela
no fui, siendo pequeñuelo,
todos los demás faltaba
teniendo al castigo miedo,2040
mas sabiéndolo mi madre,
me dijo, “Dale al maestro
este papel en que digo
que no te azote.” Mas luego
que llegué con mi embajada,2045
en llanto troqué el contento,
porque el papel es libranza
a luego vista, y el perro
del maestro la aceptó
tan al punto que al momento,2050
antes que le replicara,
estaba en hombros ajenos
con un fino golpeado
que llegó a venticuatreño.
Y así desde entonces hice2055
un solemne juramento
de leer cuantos billetes
llevaba, y más añadiendo
al juramento guardado,
el no violado pretexto,2060
de advertir, cuanto que callan
para decir cuanto advierto.
La nema rasgo…, mas no,
que pues está el sello fresco,
podré leer aunque quede2065
sospecha de haberle abierto.
Léele
“Fuera del muro en la puerta
que se corona soberbio
de hiedras y de jazmines
a medianoche os espero.2070
Causa tengo de mataros.
Esto de paso os advierto
porque tratéis solamente
de morir o defenderos”.
Si no os hubiera leído,2075
papel, fuera muy contento
a dar una pesadumbre,
ignorante del suceso.
Pero por lo menos ya
sabré la parte y el tiempo2080
para despachar a amigos
que lleguen a componerlos.
Al sitio que les señala
sale un postigo pequeño
que yo he visto muchas veces2085
y es del jardín de don Diego
por adonde, si le aviso,
llega a impedirles presto;
que se acaba la comedia
si no se pone remedio2090
en un día de difuntos.
Capricho que por lo menos
fuera imposible agradar
y donde los compañeros
de bulto representarán2095
su papel de metemuertos.
Voy a dar el que me toca
y prevenir un Santelmo,
que aplaque en el mar de amor
esta tormenta de celos.2100
Salen don ÍÑIGO y don ALONSO. Vase CARDILLO
ALONSO: Proseguid; que estoy pendiente
de un cabello hasta saber
el fin que vino a tener,
un peligro tan vigente;
pero ya que libre os veo,2105
poco el peligro sería.
ÍÑIGO: No fue poca suerte mía
el redimir mi deseo
después de haber extinguido
las luces. Pienso que aquí2110
quedó el difunto.
ALONSO: Es así.
ÍÑIGO: Y de haber conducido
al antesala, sintiendo
a doña Inés, que volvía,
como en tan ciega porfía,2115
dudosamente me ofendo,
pues viendo a Inés desabrida,
temorosa y recatada,
en mi presencia turbada,
un hombre hallé que me impida,2120
no sin razón ofendidos
recelaban mis cuidados;
que pudiesen dos llamados
ser para un bien escogidos.
Y así para averiguar2125
lo que dudé temeroso
por salir de sospechoso,
quedé escondido en lugar
donde encargando el oído,
los oídos satisfecho,2130
pude sosegar el pecho
del desengaño advertido
porque a doña Inés oía
que como sin luz estaba
por mi nombre me llamaba,2135
señal que no me ofendía.
Y el que en la cuadra quedó
conocí que era su hermano
con que en mí el recelo vano
desvanecido murió.2140
Rüido en la cosa sentí,
y viendo desengañado
de mis celos el cuidado,
luego a la calle salí.
ALONSO: Según vuestra relación2145
a mí me viene a tocar
el todo de este pesar;
pues advierte mi opinión
que si don Carlos estaba
dentro en su casa, es forzoso2150
que entrase como dichoso
pues sin licencia no entraba.
ÍÑIGO: Claro está que no entraría
menos que siendo llamado.
ALONSO: Pues resuelva mi cuidado2155
ya mi amorosa porfía.
ÍÑIGO: Don Alonso, amigo, adiós;
que tengo qué hacer agora.
Yo os veré dentro de un hora
que hemos de ir juntos los dos2160
a un negocio que me importa.
ALONSO: Aquí estoy para serviros.
[Vase don ÍÑIGO]
Mal reprimidos suspiros,
no me matéis por la posta.
No sé qué tengo de hacer2165
cuando llego a contemplar
que ni la puedo olvidar
ni la dejo de querer.
Mas ya mi desvelo advierte
que es opinión bien nacida,2170
o perderla con mi vida
o ganarla con su muerte.
Pues del modo que lo trazo,
evitando mis desvelos
en la ocasión de mis celos2175
de mi amor el embarazo.
Sale CARDILLO
CARDILLO: A don Iñigo de Melo
buscando vengo, que aquí
me parece que le vi.
ALONSO: No tiene mi mal consuelo.2180
Éste es su crïado. Amigo,
escuchad.
CARDILLO: ¿Qué me mandáis?
Que yo imagino que andáis
entre el yerro y el castigo.
ALONSO: Avisad a vuestro dueño2185
que en la ribera del río
cuando al valeroso brío
haga de su luz empeño,
en los mares le estaré
esperando.2190
CARDILLO: ¡Qué quimera!
¿Dónde dice que le espera?
ALONSO: En el río.
CARDILLO: ¿Para qué?
¿Tiénele desafïado
para nadar?
ALONSO: Hablarle quiero
donde deje en este acero2195
restaurado el bien hurtado.
CARDILLO: (Aunque me venga a costar Aparte
cuanto no sabré decir,
le tengo de remitir
al mismo puesto y lugar.2200
Donde este papel advierte,
acuda el gallardo Melo,
que aunque gran daño recelo
si acaso le dan la muerte
libro a Carlos de los daños2205
que advierte este desafío
puesto que a los dos envío
a que den fin a sus años.
Pues la hora desmentida
que en este billete está2210
cuando llegare, estará
el contrario en la otra vida).
ALONSO: Decidlo a Carlos.
CARDILLO: Sí, haré,
y pues toca al desafïado
señalar puesto, el recado2215
daré, y [a] vos volveré
para avisaros a donde
manda Carlos que os juntéis;
mas vos, señor, le hallaréis,
como le busquéis a donde2220
de naturales guirnaldas
el muro sus sienes viste,
que divierte el alma triste
del jardín a las espaldas
a la oración.2225
ALONSO: Esta vez
buscarle y matarle quiero
que de esta causa el acero
pienso que ha de ser el juez.
Vase
CARDILLO: ¡Por Dios, que va como un rayo!
Éste causa los desvelos2230
de Carlos, dándole celos
y por la fe de lacayo,
que ha de pagar su mohina
pues de don Íñigo el brío
dará fin al desafío2235
y así mudar determina
en el papel el cuidado
en tiempo que mi opinión
sigo, enmiendo a la oración
a donde él tiene acordado.2240
Que esto a media noche sea,
estos dos se han de matar,
Y cuando venga a llegar
el tiempo de la pelea
de don Carlos se habrá hallado2245
moderado en sus desvelos
sin el riesgo y sin los celos
gracias a tan buen crïado.
Voy a enmendar el papel
y a darle volando voy;2250
que como Nerón estoy
gustoso de ser crüel.
Vase y salen INÉS e ISABEL
INÉS: Amiga el alma [mía] no reposa,
confusa y temerosa,
porque, como no ve lo que desea,2255
con la muerte pelea.
Si habrá Fenisa hallado
a Carlos, o se está determinado,
ciega su furia en la desdicha mía,
a faltar a la ley de cortesía2260
porque como infelice soy, recelo
que pueda más que amor con el consuelo.
ISABEL: Yo llego a ser tan poco venturosa
que estoy también medrosa
de tu mismo cuidado2265
que amor que verdadero se ha llamado
en cualquiera ventura,
aun con la posesión no asegura.
INÉS: Mucho Fenisa tarda.
ISABEL: Es antojo común de quien aguarda.2270
Sale FENISA
Mas llega Fenisa.
¿Viene don Carlos?
INÉS: ¿Viene? Dilo aprisa.
FENISA: Yo le hablé, y aunque alterado
le vi con tu papel, más sosegado
respondió que vendría,2275
y aunque pasó a enfado mi porfía
en razón de que fuera
luego con una risa, aunque severa,
y süave me dijo…
INÉS: No sosiego.
FENISA: “Vete, Fenisa, y di que parto luego2280
a obedecerla.” Víneme con tanto
y de que no ha llegado ya me espanto.
Sin duda que ha querido–¡rigor fuerte!–
salir, amiga, al desafío primero
que venga a verte, y siendo de esta suerte2285
antes que venga llegará mi muerte.
ISABEL: Escribe tú a don Íñigo y Fenisa
lleve el papel aprisa.
Será posible que a su gusto atento
obedezca mejor tu mandamiento.2290
INÉS: Ven, darásme recado con que escriba.
ISABEL: Ven, y harás se aperciba
un crïado que lleve el papel luego
que es ya de noche para ti.
FENISA: Ya llego
a tener más reposo; que temía2295
que se librase en mí esta cortesía.
ISABEL: Tráeme luces luego.
FENISA: Voy por ellas.
ISABEL: Sirve a Inés, y después puedes traellas,
que aunque parece temprano
déjeme el cielo, Inés, ver a tu hermano.2300
Quiero a solas llorar mi desventura
pues el tiempo procura
que asista en mis desvelos,
viva al dolor, y muera a los desvelos.
Mi padre temo que a casa me obligue2305
con don Alonso, que mi sombra sigue,
y don Carlos está tan sospechoso
que vive en mis finezas perezoso,
con que a tantos enojos
sólo es consuelo desangrar los ojos.2310
[Mas, ¿quién es éste que veo?]
Sale don ÍÑIGO con espada desnuda, y broquel
ÍÑIGO: Señora, si en pecho noble
halla lugar la piedad,
no neguéis vuestros favores
al que más los necesita.2315
Huyendo de los rigores
de la justicia en camino,
turbados los pasos, donde
me ampara vuestra presencia,
y no fueran tan veloces2320
como fuera menos grave
el delito que me esconde,
causas que a decir no acierto,
puesto que no las ignore;
obligaron a don Carlos2325
de Portugal.
ISABEL: Ya en su nombre
voy previniendo desdichas.
ÍÑIGO: A avisarme que esta noche
a espaldas de aquesa huerta
le espere a las oraciones,2330
llegamos al puesto a un tiempo
cuando enlutados los orbes,
borran las señas del día;
y él, sin esperar razones,
coléricamente embiste2335
conmigo, quedaba entonces
el broquel a mi defensa,
y a su ofensa ejecuciones
aceradas. En fin yo
logrando tretas mejores2340
–o teniendo mejor suerte–
hice que en el suelo tome
medida a su sepultura;
y por un postigo pobre
que para mi dicha el cielo2345
hallase abierto dispone,
entro a buscar donde pueda
en tanto que me socorre
de un caballo lo ligero,
excusarme a sus prisiones.2350
Amparadme. Así los cielos
piadosos tus años logren;
que amparar a un afligido
siempre cupo en pechos nobles.
ISABEL: (¿Don Carlos muerto? No puede, Aparte2355
ni aun en muchos corazones,
caber desdicha tan grande;
mas si traen las ocasiones
a mis manos la venganza,
razón será que la logre.2360
Muera quién llegó a quitarme
la vida. Pero reporte
el corazón sus impulsos,
que no es bien que le alborote
y de mis manos se escape2365
sin que la venganza tome.
Entrarle en este retrete
quiero porque no me estorbe
doña Inés si llega a verle
sangrientas ejecuciones;2370
que es su amante, aunque su hermano
es el miserable joven
que fulminó injusto acero).
No temas que mis favores
te nieguen seguro amparo.2375
En este cuarto te esconde,
mientras la casa se quieta
para que tus dichas logres.
ÍÑIGO: Sólo de tu hermosa mano
espero tantos favores.2380
Vase y sale [al paño] don CARLOS
CARLOS: (¡Válgame el cielo! Que hoy Aparte
cayó de su honor la torre,
públicas son sus infamias.
¿Quién habrá que las ignore?
¿Qué aguarda más desengaños2385
quien de su boca los oye?)
ISABEL: En la memoria prevengo
recuerdos que me provoquen
en mi pena a mi venganza
a terribles confusiones.2390
[Vase doña ISABEL] y sale don CARLOS
CARLOS: Irme quiero antes que pueda
verme, porque son rigores
no sufribles sujetarme
a que con fingidas voces
para el agravio me aduerma;2395
pero si de mis pasiones
conozco que arrepentido
han de llamar ilusiones
los que desengaños son,
mejores resoluciones.2400
Es hallarla porque vea
que esta ocasión me dispone
a aborrecer su flaqueza
oyendo sus sinrazones.
Vase don CARLOS. Sale ISABEL con una daga y FENISA con luz, y déjala en el bufete
ISABEL: O no es verdad lo que han dicho2405
o lo que escuché no es cierto,
o me mienten en el daño,
o yo amando no lo creo,
o tengo el alma de bronce,
o tengo de acero el pecho,2410
o mi ser está trocado
o mis sentido no tengo
pues en desdicha tan grande
pues en tan triste suceso,
pues en tanta desventura2415
mis pesares no me han muerto.
¿Muerto el dueño de mi alma
y yo con alma en el cuerpo?
¿Él sin ser y yo con vida?
¿Él difunto y yo viviendo?2420
¿Él ya cadáver helado,
yo con brío y movimiento?
¿Yo con mis acciones propias,
él de las suyas ajeno?
¡No es posible, no es posible!2425
Que soy la que fui en un tiempo,
el centro de sus cuidados,
y de sus gustos el centro.
Yo soy aquélla en quién vio
ya adornado, ya queriendo,2430
gustosa, alegre y afable,
ser de su amor el espejo.
Otra soy, pues este susto,
esta pena, este tormento,
este dolor y pesar,2435
no causan en mi su efecto.
Sin potencias vivo ya,
falta del entendimiento,
y ajena de voluntad.
La memoria no poseo,2440
el justo dolor resisto,
en la pasión no padezco,
en la pena no desmayo,
y en el ansia no me muero.
Bajen de la esfera cuarta2445
esos zafiros rompiendo,
rayo ardiente que fulmine
y sea castigo fiero
de un pecho de bronce duro,
de un risco que cubre el hielo,2450
de una sierra en nieve helada,
y consuma con su fuego
mármol, bronce, peña, risco,
y alma vestida de acero
que a prueba de tantas penas2455
rebelde está resistiendo.
FENISA: Di, señora, ¿dónde vas?
ISABEL: A vengar mi armado dueño;
aguarda, Fenisa, fuera.
FENISA: ¿Qué tienes que no te entiendo?2460
ISABEL: Presto lo sabrás, Fenisa,
quédate, que voy muriendo.
[Vase doña ISABEL] y sale don CARLOS
CARLOS: Este retrete a ser viene
donde el cobarde se esconde,
que el amor para mi agravio2465
a ser dichoso dispone
para averiguar mis celos
le llamaré en bajas voces.
Podrá ser que me descubra
engañando sus traiciones.2470
Mas cielos, si yo lo he visto
y evidentes presunciones
me lo advierten, no es bajeza
hacer averiguaciones;
que el valor desacreditan2475
y el crédito descomponen.
No pude hallar a Isabel
aunque la seguí. Se esconde
en el cuarto de su padre
por ver cuando se recoge.2480
Quiero llamar a su amante.
Caballero, ya la noche
da lugar a que gocéis
con quietud de mis favores.
Salid.2485
Llega al paño
ÍÑIGO: Piedades tan grandes
los cielos os galardonen;
mas, ¡cielos! ¿Qué es lo que veo?
Este prodigio me asombre.
CARLOS: No es don Íñigo el que miro;
pues ¿qué aguardan mis rigores?2490
¡Qué con su muerte no vengo
los dos agravios mayores
de la opinión y del gusto!
ÍÑIGO: El discurso desconoce
lo mismo que está mirando2495
lleno estoy de admiraciones.
¿Qué es lo que pasa por mí?
CARLOS: Con sangre aleve se borre
mi infamia.
Sacan las espadas
ÍÑIGO: ¡Válgame el cielo!
Sale ISABEL
ISABEL: Pues mi inocencia conoce,2500
Carlos aguarda sin duda.
¿Quién vio tales confusiones?
¿No fue don Carlos el muerto?
Bien lo advierten sus acciones
animadas y crüeles.2505
Mas bien es que el daño estorbe.
Tened, os ruego, el acero
si pueden en pechos nobles
los ruegos de una mujer.
CARLOS: ¿Tú a defenderle te pones?2510
ISABEL: ¿Por qué no si no te ofende?
¡Padre, señor!
Dentro
DIEGO: ¿Quién da voces
dentro de mi casa misma?
Salen don DIEGO y doña INÉS y todos
INÉS: Don Íñigo y Carlos. Cobre
respiraciones la vida2515
si aquí los dos los componen.
CARLOS: […………………]
En mí, mis obligaciones.
Flaquezas en vuestra hija,
que en su cuarto oculta un hombre2520
me ha obligado a lo que veis.
ISABEL: ¿Hubo desdichas mayores?
DIEGO: Como eso fuera verdad,
yo mismo con este estoque
le quitara cien mil vidas2525
que tuviera.
INÉS: En mis temores
perdida me vengo a ver.
¡Ah, falsa amiga!
ÍÑIGO: Si me oyes,
noble don Carlos, sabrás
extrañas admiraciones2530
que volviendo por su honor
me disculpen y la abonen.
DIEGO: Di, pues.
ISABEL: Si es que mis congojas
me dejan formar razones;
pues no prevengo ningunas2535
que en el pecho no se oyen.
Sabréis de mí lo que pasa
pues es mucho más conforme
que a quien le imputan delitos
publique satisfacciones.2540
Escucha, Inés, lo que dicen
ya que los cielos me ponen
en la mano la ocasión.
INÉS: Escucharé sus traiciones.
[ISABEL]: Que dos años galante me ha servido2545
don Carlos has sabido,
hasta que, más que amante receloso,
no quiso ser mi esposo,
quedando arrepentido al mismo instante
quien antes blasonó de fino amante.2550
Vamos, agora, pues, a lo presente
si decirlo consiente
la pasión que me ahoga;
que donde penas hay, no falta soga.
Derramóse la noche2555
o todo en sombras se vistió su coche
[brotando], a pesar de ellas
el cielo, tachonándose de estrellas,
cuando a solas ordena
ser dueño en toda, yo solo mi pena2560
viendo un padre, que fiero y riguroso
quiere que admita sin mi gusto esposo,
un esposo que bárbaro te esfuerza
a que le quiera bien mi amor por fuerza.
Y un enemigo, que se ofende amante2565
de verme en tantos riesgos tan constante,
llena de dudas en mi cuadra estaba.
No quiero referir lo que penaba,
aunque mi amor abona
que no siendo creída, que corona2570
adquiere mi firmeza,
y tarde ha de llegar siendo fineza.
En fin, mi tierno pecho,
aunque empleado bien, mal satisfecho,
sentía los rigores2575
de los desdenes que esperé favores
dando entre sus enojos
facultades de niños a los ojos
cuyos raudales en corriente loca
huyen jurisdicciones de la boca,2580
temiendo que los beba
para ser otra vez corriente nueva;
que como moradores son de casa
y saben bien lo que allá dentro pasa
otra vez no quisieron verse dentro2585
y así fueron huyendo de su centro.
Sin luz estaba, porque no sufría
mi pasión aun con luces compañía;
que como dura para darme pena
yo para padecer que viva ordena.2590
Jamás le satisface
que tenga señas de quién muerto yace
cuando lleno de horrores
sierpe de sangre, esfera de rigores,
un hombre a mí se llega2595
que, dando asombros, humildades ruega,
aunque digo las señas que traía,
no fue porque le veía
mas como lo escuchaba,
el alma en atenciones me informaba.2600
que para mis enojos
ven mis oídos cuando no mis ojos.
Favor me pide –¡ay triste!
¿Cómo mi aliento tal dolor resiste?–
Y pues yo no estoy muerta2605
siendo mi pena tal, digo que cierta
la opinión recibida
de que tiene poder sobre la vida;
que le ampare me ruega
cuando alientos vitales él me niega.2610
Dice que miedo tiene
de la justicia, y que huyendo viene
dejando en la campaña
muerto a don Carlos. Mira tú qué hazaña
para ser aplaudida2615
de quien diera la vida por su vida.
Quedé a su voz tan llena de desmayos
que con poder de rayos
ofenderme querían;
pero aunque lo intentaban no podían2620
por ser para mi pena tan cierta
que antes que la escuchara estaba muerta;
y si ellos me dejaron
fue porque resistencia en mí no hallaron.
Ciega, turbada, loca2625
quise hacerle pedazos con la boca
pero temí–juzgándome sin manos–
ver mis intentos vanos;
y porque no se fuera
sin que lograra mi esperanza fiera,2630
piadosa le aseguro.
En este cuarto le escondí, y procuro
con este acero fuerte
para vengar su vida, darle muerte
cuando con pasos lentos2635
como astuto ladrón –¡oh, qué portentos!–
hacia mí se acercaba
Carlos, que como muerto le lloraba
pudo el dolor del verle de repente
ocasionar que intente2640
esconderse mi vida de mi vida
de sí olvidada, un rato suspendida,
tanto que aunque me advierte
su despojo la muerte
cuidadosa su vida en mi buscaba2645
y como no le hallaba
perdía su deseo
la esperanza de verme su trofeo.
Ya en mí restituída
a los dos vi reñir. Temí la vida2650
de Carlos, porque siempre es más temido
el riesgo del sujeto que es querido.
Don Íñigo me ha puesto en este estado.
Esto, don Carlos, causa tu cuidado.
Si no está satisfecha2655
de mi honesta verdad vuestra sospecha
vuestro castigo espero.
Fulminad contra mí rayos de acero;
que estando tú de mi verdad medroso
de mi honor y mi bien escrupuloso,2660
en nada me aseguran mis recelos
pues nunca faltan donde empiezan celos.
DIEGO: Señor don Carlos, mirad
si acaso estás satisfecho.
Para todo tengo pecho.2665
Apuremos la verdad.
Si es que culpada la halláis,
yo mismo con este acero
tengo de ser el primero
a quien matarla veáis.2670
Pues aunque el dolor me aflija
por mi honor para que os cuadre,
soy más hijo de mi padre
que no padre de mi hija.
Pero si honesta y honrada2675
desmiente vuestros recelos,
derramad injustos celos
y estimad quién os agrada.
Pues también es bien que os cuadre,
cuando templanza corrijo,2680
si de mi padre soy hijo,
que de mi hija soy padre.
CARLOS: Sólo responderos puedo
que en extremo estoy corrido
de ver que en mí haya tenido2685
lugar tan injusto miedo.
Y así el alma satisfecha
desmiente las ilusiones;
que a tantas satisfacciones
se sujeta mi sospecha2690
previniéndote corona
entre matronas severas.
ISABEL: Quien querer supo de veras
con facilidad perdona.
CARDILLO: El grado no satisfago2695
de bachiller si no digo
que a don Alonso tu amigo
le dieron carta de pago.
CARLOS: ¿Don Alonso el muerto fue?
Decretos del cielo han sido.2700
ÍÑIGO: ¿A quién tal ha sucedido?
¡Que yo a mi amigo maté!
CARDILLO: (Quiero callar, que yo fui Aparte
causa de darle la muerte,
y pues lo quiso su suerte,2705
quédese el secreto en mí).
CARLOS: Señor don Íñigo, dad
a Inés la mano, que quiero
que la furia del acero
sea deuda y amistad.2710
ÍÑIGO: Y con merecerla gano
los intereses mayores.
INÉS: Yo agradezco a mis temores
darme bien tan soberano.
CARDILLO: Ven, Fenisa; serás mía.2715
FENISA: No, que me quiero gozar
sin llegarme a cautivar.
CARDILLO: ¿Llévote yo a Berbería?
Mas nuestra boda deshecha,
¿qué fin alegre tendrá?2720
CARLOS: Buen fin, si es que gusto os da
lo que puede una sospecha.
