LA TRAICIÓN EN LA AMISTAD
María de Zayas
Edición electrónica de Matthew D. Stroud, Trinity University.
Los que hablan en ella:
- MARCIA
- FENISA
- BELISA
- LAURA
- FÉLIX
- LISEO
- GERARDO
- DON JUAN
- LAURO
- LEÓN
- ANTONIO
- FABIO
- LUCÍA
JORNADA PRIMERA
Salen MARCIA y FENISA
MARCIA: Vi, como digo, a Liseo
en el Prado el otro día
con más gala que Narciso,
3 Narciso: en la mitología clasica, un hombre bellísimo a quien le gustaba contemplar su propia belleza en las aguas tranquilas de las fuentes
más belleza y gallardía.
Puso los ojos en mí
y en ellos mismos me envía
aquel veneno que dicen
que se bebe por la vista;
fueron los míos las puertas,
pues con notable osadía10
10 osadía: atrevimiento
se entró por ellos al alma
sin respetar a sus niñas.
Siguióme y supo mi casa,
y por la nobleza mía
apareció el ciego lazo
que sólo la muerte quita.
Solicitóme amoroso,
hizo de sus ojos cifras
de las finezas del alma
ya por mil partes perdida.20
Yo, Fenisa, enamorada
tanto como agradecida
estimo las de Liseo
más de lo justo.
FENISA: Me admira,
Marcia, de tu condición.
MARCIA: No te admires, sino mira,
Fenisa, que amor es dios,
cuya grandeza ofendida
con mi libre voluntad,
desta suerte me castiga.30
Ya hizo el alma su empleo,
ya es imposible que viva
sin Liseo, que Liseo
es prenda que el alma estima;
y mientras mi padre asiste,
como ves, en Lombardía,
en esta guerra de amor
he de emplearme atrevida.
Si tu pretendes que crea
que eres verdadera amiga,40
no me aconsejes que deje
esta empresa a que me obliga,
no la razón, sino amor.
FENISA: Mal dices, siendo mi amiga,
poner duda en mi amistad;
mas si a lo cierto te animas,
justo será, Marcia amada,
que temas y no permitas
arrojar al mar de amor
tu mal regida barquilla.50
Considera que te pierdes
y a las penas que te obligas
en mar de tantas borrascas,
confusiones y desdichas.
¿Qué piensas sacar de amar
en tiempo que no se mira
ni belleza, ni virtudes?
¿Sólo la hacienda se estima?
MARCIA: Naide puede sin amor
vivir.
FENISA: Confieso; mas mira,60
bella Marcia, que te enredas
sin saber por dó caminas.
El laberinto de Creta,
la casa siempre maldita
del malicioso Atalante,
el jardín de Falerina,
no tienen más confusión.
Lástima tengo a tu vida.
MARCIA: Espantada estoy de verte,
Fenisa, tan convertiva;70
¿haste confesado acaso?;
Ya me cansa tu porfía.
¿No aman las aves?
FENISA: Sí aman,
y no te espante que diga
lo que escuchas, pues amor
esta ciencia me pratica.
Ya sé que la dura tierra
tiene amor, y que se crían
con amor todos sus frutos,
pues sabe amar aunque es fría.80
MARCIA: Pues, ¿por qué ha de ser milagro
que yo ame, si me obliga
toda la gala que he visto?
Y para que no prosigas
verás en aqueste naipe.
un hombre donde se cifran
todas las gracias del mundo;
él responda a tu porfía.
88 porfía: persistencia, testarudez
FENISA: ¡Ay de mí!
MARCIA: Ya te suspendes;
dime ahora, por tu vida,90
¿qué pierdo en ser de unos ojos
cuyas agradables niñas
tienen cautivas más almas
que tiene arenas la Libia,
estrellas el claro cielo,
rayos el sol, perlas finas
las margaritas preciosas,
plata las fecundas minas,
oro Arabia….
FENISA: ¡Ay Dios! ¿Qué he visto?
¿Qué miras, alma, qué miras?100
¿Qué amor es éste? ¡Oh, qué hechizo!
Tente, loca fantasía.
¡Qué máquina, qué ilusión!
Marcia y yo somos amigas;
fuerza es morir. ¡Ay, amor!
¿Por qué pides que te siga?
¡Ay, ojos de hechizos llenos!
MARCIA: Suspensa estás; ¿qué imaginas?
Fenisa, ¿no me respondes?
¿No hablas?
FENISA: ¿Llamas, amiga?110
MARCIA: No estoy muy bien empleada.
FENISA: Yo le vi, por mi desdicha,
pues he visto con mirarle
el fin de mi triste vida.
Digo, Marcia, que es galán;
mas cuando pensé que habías
hecho a Gerardo tu dueño,
¿olvidas lo que te estima?
¿No estimas lo que te adora,
siendo obligación?
MARCIA: No digas,120
que a nadie estoy obligada
sino a mi gusto.
FENISA: Perdida
estoy por Liseo; ¡ay Dios!
Fuerza será que le diga
mal dél, porque le aborrezca.
¿Cuidado de tantos días
como el del galán Gerardo
por el que hoy empieza olvidas?
Demás, que de aqueste puedes,
fingiendo amor, cortesía,130
estimación y finezas,
burlarte; y es más justicia
estimar a quien te quiere,
más que a quien quieres.
MARCIA: ¡Que digas
razones tan enfadosas!
alguna cosa te obliga
a darme, Fenisa, enojos.
¿Qué pensamientos te animan?
FENISA: No te enojes.
MARCIA: ¿Cómo pides
que no me enoje, si quitas140
a mis deseos las alas,
a mi amor la valentía,
a mis ojos lo que adoran
y a mi alma su alegría?
¿Quiéresle, acaso?
FENISA: ¿Yo, Marcia?
¡No está mala la malicia!
MARCIA: No es malicia, sino celos.
FENISA: ¿Por qué el retrato me quitas,
muestra que tú de Liseo
valor ni parte no estimas,150
y si le estimas procuras
que yo le aborrezca?
FENISA: Amiga
Marcia, escucha, no te vayas,
aguarda por vida mía;
oye, por tu vida, escucha.
MARCIA: Muy enojada me envías;
quien dice mal de Liseo
pierda de Marcia la vista.
FENISA: Pierda la vista de Marcia
quien piensa ganar la vista160
de la gala de Liseo.
¿Hay más notable desdicha?
¿Soy amiga? Sí; pues, ¿cómo
pretendo contra mi amiga
tan alevosa traición?
Amor, de en medio te quita.
¡Jesús! El alma se abrasa.
¿Dónde, voluntad, caminas
contra Marcia, tras Liseo?
¿No miras que vas perdida?170
El amor y la amistad
furiosos golpes se tiran;
cayó el amistad en tierra
y amor victoria apellida.
Téngala yo, ciego Dios,
en tan dudosa conquista.
Sale don Juan
DON JUAN: Marcia me dijo, Fenisa,
que estabas aquí, y así
a ver tus ojos subí.
FENISA: Siempre el corazón avisa,180
el bien y el mal, y así a mí
el corazón me decía,
mi don Juan, con su alegría,
que tú llegabas aquí.
DON JUAN: Bien mi voluntad merece
tu favor, Fenisa mía;
mas el alma desconfía,
con que mil penas padece.
FENISA: (Aparte.) Aunque a don Juan digo amores
el alma en Liseo está190
que en ella posada habrá
para un millón de amadores;
mas quiérole preguntar
quién es éste por quien muero
nuevamente.
DON JUAN: Pues no quiero
verte así contigo hablar
sino es que a ti te enamoras,
porque yo no te merezco.
FENISA: ¿Celos, don Juan?
DON JUAN: Yo padezco
y tú mi dolor ignoras.200
Maldiciones de Fenisa
son éstas. Tú pagas mal
mi amor.
FENISA: Y tú, desleal,
¿eso dices a Fenisa,
a quien por quererte ha sido
una piedra helada y fría
con los hombres?
DON JUAN: Una harpía,
un desamor, un olvido,
dirás, Fenisa, mejor;
ya sí tus tretas, sirena,210
que ya en tu engaño y mi pena
hace sus suertes amor,
y eres…
FENISA: Basta, no haya, no más,
que estás en quejarte extraño.
(Aparte.) Desta manera le engaño.
¡Ay Liseo! ¿Dónde estás?
Que yo te diré en qué estaba,
como viste, divertida.
DON JUAN: ¡Dilo presto, por tu vida,
que la mía se me acaba!220
FENISA: ¿Tú muerto? Mil años vivas.
Di: ¿conoces a un galán
en quien cifradas están
las pretensiones altivas
de las damas desta corte?
DON JUAN: ¿Qué dices? ¿Qué es lo que veo?
Respondes a mi deseo,
mas quieres que pague el porte.
FENISA: Escucha, así Dios te guarde,
que yo te diré el deseo230
que me mueve, y es Liseo
su nombre.
DON JUAN: ¡Ay, amor cobarde,
qué presto desmayas! Fiera,
¿tal me preguntas a mí?
FENISA: No pienses, don Juan, que en ti
hay causa de tal quimera.
¿De ti mismo desconfías,
cuando tus partes están
por gentil hombre y galán,
venciendo damas?
DON JUAN: ¿Porfías240
en darme la muerte, ingrata?
FENISA: (Aparte.) Mejor, don Juan, lo dijeras,
triste de mí, si supieras
que este Liseo me mata:
mas amor manda que calle;
disimular quiero.
DON JUAN: A fe
que ya en tus ojos se ve,
fiera, que debes de amalle.
FENISA: Tu engaño, don Juan, me obliga
a descubrirte el secreto,250
por lo que quise saber
quién es el galán Liseo.
Pretende de Marcia bella
el dichoso casamiento,
siendo, por fuerza de estrellas,
conformes en los deseos.
Quíseme informar de ti
si es noble, porque discreto
y galán, ella me ha dicho
que es de aquesta corte espejo;260
y tú, sin mirar que soy
la que te estima por dueño,
estás con celos pesado,
pidiendo sin causa celos.
No me verás en tu vida,
y pues celos de Liseo
te obligan a esta locura,
yo haré que tus pensamientos
tengan, por locos, castigos,
pues de hoy más quererle pienso.270
Y así servirá a los hombres
tu castigo de escarmiento,
que no se han de despertar
a las mujeres del sueño
que firmes y descuidadas
dulcemente están durmiendo.
DON JUAN: Aguarda.
FENISA: No hay que aguardar;
de Liseo soy; el cielo
lo haga.
DON JUAN: Tras ti voy, fiera,
que por amarte me has muerto.280
Vanse, y salen LISEO y LEÓN, lacayo
LEÓN: Contento vienes, como si ya fueras
señor del mundo, por haberte dicho
la bella Marcia que te adora y quiere.
LISEO: ¿No te parece que de un bello ángel
se han de estimar favores semejantes,
y engrandecer el alma, porque en ella
quepa la gloria de merced tan grande?
LEÓN: Si va a decir verdad, como no busco
amor de mantequillas ni alfenique,
de andarme casquivano y boquiaberto, …290
de día viendo damas melindrosas,
de noche requebrando cantarillas
de las que llenas de agua en las ventanas
ponen a serenar por los calores,
pues a cabo un cuidado de quebrarse,
la cabeza, no hará sino caerse
y romperle los cascos cuando menos.
¡Pesia a quien me parió! Que no hay tal cosa
como las fregoncillas que estos años en
en la corte se usan.
LISEO: Mi alegría300
escucharte me manda; dime al punto
cómo son las fregonas que se usan.
LEÓN: Si preguntas, señor, de las gallegas
rollizas, carihartas y que alzan
doce puntos o trece por lo menos,
dos varas de cintura, tres de espalda;
que se alquilan por meses y preguntan
si acaso hay niños, viejos o escaleras;
de las que sacan de partido un día
y hurtan cada día algunas horas, ………310
buscan sus cuyos cuando salen fuera
y venimos a serlo los lacayos
por nuestra desventura y mala estrella;
llevan su medio espejo y salserilla,
314 salserilla: platillo para servir tazas de té y café
y entrando en el portal que está más cerca
se jalbegan las caras como casas
316 jalbegan: maquillan
y se ponen almagre como ovejas,
317 almagre: pintura roja (de maquillarse)
318 requiebro: piropo, alabanza
318 requiebro: piropo, alabanza
y tras desto, buscando su requiebro,
se vuelven hiedras a su tronco asidas.
319 lonjas de tocino: trozos de bacón
Llevan sabrosas lonjas de tocino, ………320
y en pago desto vuelven a sus casas
con un niño lacayo en la barriga,
o mozo de caballos por los menos;
nosotros paseamos por su calle,
haciendo piernas y escupiendo fuerte,
hasta que llega la olorosa hora
en que quieren verter el… ya me entiendes;
alcahuete discreto de fregonas,
cuyo olor nos parece más suave
que el de la algalia, y aun decirte puedo…330
330 algalia: un animal nocturno omnívoro de que se extrae una sustancia utilizada en perfumería que era muy apreciada en el pasado
que alguna vez le tuve por más fino.
Estas, como te he dicho, son gallegas,
y fruta para nosotros solamente;
que de las fregoncillas cortesanas
no hay que decir, pues ellas mismas dicen
que son joyas de Príncipes y Grandes,
y aun hay muchos que humillan su grandeza
al estropajo destas bellas ninfas,
que te puedo jurar que he visto una
que tal vez no estimó de un almirante……340
cien escudos, señor, sólo por dalle
la paz al uso de la bella Francia.
Con estas se regala y entretiene
el gusto, y más cuando se van al río,
que allí mientras la ropa le jabonan,
ellas se dan un verde y dos azules;
y no estas damas hechas de zalea
que atormentas a un hombre con melindres
y siempre están diciendo: dame, dame.
LISEO: ¡Ay, mi León! que en sola Marcia veo…..350
un todo de hermosura, un sol, un ángel,
una Venus hermosa en la belleza,
una galana y celebrada Elena,
un sacro Apolo en la divina gracia,
un famoso Mercurio en la elocuencia,
un Marte en el valor, una Diana
en castidad.
LEÓN: Parece que estás loco;
¿Para qué quieres castas ni Dianas?
Anda, señor, pareces boquirrubio.
¿Para qué quiero yo mujeres castas? ……360
Mejor me hallara si castiza fuera;
por aquesto reniego de Penélope,
y a Lucrecia maldigo; ensalzo y quiero
363 ensalzo: enaltezco, alabo
a la Porcia sin par; que solo Bruto,
si acaso en el amor te parecía,
pudo hacer desatino semejante.
366 desatino: locura, disparate
¡Por vida de mis mozas! Que si fuera
mujer, que había de ser tan agradable
que no había de llamarme naide esquiva.
Dar gusto a todo el mundo es bella cosa; .370
bien sabe en eso el cielo lo que hizo.
Tengo estas barbas, que si no yo creo
que fuera linda pieza. ¡Oh, si tuviera
una famosa bota, como digo
verdad en esto!
LISEO: Calla, que parece
que vienes como sueles, pues no miras
que con tu lengua la virtud ofendes
más estimada y de mayor grandeza;
mas eres tonto, no me espanto desto.
LEÓN: Perdona si te digo que tú eres380
el tonto, si de castas te aficionas;
mas que si Marcia esa quimera hace,
que te ha de aborrecer, que las mujeres,
aunque sean Lucrecias, aborrecen
los hombres encogidos, y se pierden
por los que ven graciosos, desenvueltos,
y más si al dame, dame, son solícitos.
Si no, mira el ejemplo: a cierta dama
cautivaron los moros, y queriendo
tratar de su rescate su marido,390
respondió libremente que se fuesen;
que ella se hallaba bien entre los moros;
que era muy abstinente su marido
y no podía sufrir tanta Cuaresma;
que los moros el viernes comen carne
y su marido solos los domingos,
y aun este día sólo era grosura,
y el tal manjar ni es carne ni es pescado.
¿Entiendes esto? Pues si Marcia sabe
que eres tan casto, juzgará que tienes ….400
la condición de aqueste que quitaba
a esta pobre señora sus raciones,
o entenderá que eres capón, y basta.
LISEO: Ya parece, León, que desvarías.
Pero mira al balcón: ¿es Marcia aquella?
LEÓN: No es sino Fenisa, amiga suya.
Sale FENISA al balcón
FENISA: León, llama a Liseo.
LEÓN: Señor, llega,
que la hermosa Fenisa quiere hablarte.
FENISA: Dichosa es la que merece amarte.
LISEO: ¿Qué mandáis, Fenisa, hermosa, ………410
pues por mi dicha merezco
que de Marcia hermosa el alma
tenga de hablarme deseo?
Hablad, señora, por Dios,
y no tengáis más suspenso
a quien os adora a vos
por estrella de su cielo;
y si sois de aquella diosa
en quien adoro…
FENISA: ¿Qué espero?
Dejé a Marcia con don Juan420
y vengo llena de miedo
a ver de mi dulce dueño
la gala que no merezco.
Hurtando a Marcia sus glorias,
las cortas horas al tiempo,
escribe un papel, y en él
mi amor y ventura ha puesto.
Enojada me fingí
y con este engaño dejo
a don Juan pidiendo a Marcia430
que desta paz sea tercero,
431 desta: de esta
y aunque a mi don Juan adoro,
quiero tembién a Liseo
porque en mi alma hay lugar
para amar a cuantos veo.
Perdona, amistad, que amor
tiene mi gusto sujeto,
sin que pueda la razón,
ni mande el entendimiento;
tantos quiero cuanto miro,440
y aunque a ninguno aborrezco
este que miro me mata.
LISEO: Fenisa, con tu silencio
no dilates más mis glorias;
dime si traes de mi dueño
algún divino mensaje.
FENISA: Amistad santa, no puedo
dejar de seguir a amor;
de aqueste papel, Liseo,
sabrás lo que me preguntas;450
léele, que te prometo
que me cuesta harto cuidado
la travesura que he hecho;
y queda adiós.
LISEO: ¿Ya te vas?
Aguarda, por Dios.
FENISA: No puedo.
¡Ay, ojos, en cuyas niñas
puso su belleza el cielo!
Adiós.
LISEO: Id con él, señora,
dulce papel de mi dueño,
no carta de libertad460
sino de más cautiverio.
LEÓN: ¿Es lignum crucis acaso?
¿Es de alguna santa el hueso
lo que te dio aquella dama?
LISEO: ¿Por qué lo preguntas, necio?
LEÓN: Bésasle tan tiernamente
que no es mucho si sospecho
que es reliquia; a ver, papel;
ahora sí que estás bueno.
Mas si fuera Marcia casta470
no granjeara en aquesto.
471 granjeara: captara, lograra
LISEO: Si merezco, papel mío,
saber lo que tienes dentro,
romperé para gozarlo
aqueste divino sello.
LEÓN: Acaba; ¿qué estás dudando?
si no temes que los griegos
del gran caballo troyano
trae metidos en su centro.
LISEO: ¿No es esta letra de Marcia?480
LEÓN: Y vendrá a ser, por lo menos,
de la fregona de casa.
LISEO: Calla que leerle quiero;
oíd la boca de Marcia:
«Supe, gallardo Liseo,
tu nobleza, tu valor,
y tu gran merecimiento.
En tu retrato miré
las partes que te dio el cielo
y al fin por ojos y oídos490
me dio el amor sus veneno,
y aunque entiendo quien te adora,
hoy a quererte me atrevo,
que amor no mira amistades
ni respeta parentescos.
495 parentescos: lazos familiares
Dirás que fuera mejor
morir; pues tú me has muerto,
no se queda sin castigo
mi amoroso atrevimiento.
Y si quieres de más cerca500
oír mis locos deseos,
escuchar mis tristes quejas
y amorosos pensamientos,
vivo a San Ginés. ¡Ay Dios!
504 San Ginés: la sección en Madrid donde él vive
Si no vivo, ¿cómo miento?
Vivo sólo donde estás,
porque donde no estás muero.
En unos hierros azules
dadas las doce te espero
donde perdones los míos,510
pues vienen de amor cubiertos.»
¿Qué dices desto, León?
LEÓN: ¿Qué he de decir? Que eres necio
si no gozas la ocasión
pues te ofrece sus cabellos.
Ésta sí que me da gusto,
que descubre sin extremos
los que tiene allá en el alma.
Parece que estás suspenso;
ventura tienes, por Dios.520
Di, ¿sabes encantamentos?
¿Con qué hechizas esta gente?
¿Traes algún grano de helecho?
Marcia, te adora y estima;
Fenisa, por ti muriendo.
¿Y Laura?
LISEO: Calla, borracho,
si sabes que la aborrezco
¿por qué me nombras su nombre?
¡Vive Dios!
LEÓN: ¡Jesús! ¿tan presto
te enojas? Detén la mano,530
que ya la paso en silencio;
mas, dime, ¿en que ha de parar
esta quimera, que creo
que te has de volver gran turco?
Di, ¿qué pretendes?
LISEO: Pretendo
darte cien espaldarazos.
LEÓN: Dios te guarde, que yo pienso
que no te verás por dar
a puertas de monasterios,
y si das, son mojicones,540
cosa que aunque por momentos
los dés, no les quitarás
la herencia a tus herederos.
Mas si pasas adelante
con estas cosas, sospecho
que han de reñir y arañarse,
que esto y más pueden los celos.
Las fregonas, por nosotros
cada día hacen esto;
más las demás, no es razón.550
LISEO: ¿Quieres callar, majadero?
Ya me cansan tus frialdades,
ya de escucharte me ofendo.
LEÓN: Casto dice y tiene tres.
Éreslo como mi abuelo,
que no dejaba doncellas,
ni aun las casadas, sospecho.
Era cura de un lugar
y en lo que tocaba al sexto,
curaba muy bien su gusto,560
pues el día de su entierro
iban diciendo: ¡Ay, mi padre!
todos los niños del pueblo.
Algunos murmuradores
al Obispo le dijeron
que tenía doce hijos,
sin los demás encubiertos.
Vino el Obispo al lugar
a castigar tantos yerros,
y él le salió a recibir570
disimulado y secreto.
Dijo el Obispo: ¡Traidor!
¿Cuántos hijos tenéis?, pienso.
Respondió, que he de tener,
si no me engaño y es cierto,
tantos como useñoría,
576 useñoría: usted
y aun sospecho que uno menos.
Llegaron con esto a casa
y al entrar en ella vieron
los doce niños, vestidos580
de un leonado terciopelo
581 leonado: dorado
y con hachas en las manos.
Quedó el Obispo suspenso
mirando con atención
los muchachos, y mi abuelo
dijo: ¿Qué mira, señor?
¿Estos doce candeleros?
Pues y le juro que todos
dentro de casa se hicieron.
LISEO: ¿Acabaste?
LEÓN: No, señor,590
que se me acuerda otro cuento
tan gracioso como estotro.
LISEO: Lo que has hablado no creo,
que habla más un papagayo.
LEÓN: Dábale mucho contento
tener las criadas mozas,
y habiendo por fuerza hecho
que tuviese una ama vieja
de a cincuenta años, fue puesto
en la mayor confusión600
en que no se vio en su tiempo,
y para poder medir
con su gusto el mandamiento
tomó dos de a veinte y cinco,
que fue el más famoso cuento.
LISEO: Calla ya, por Dios.
LEÓN: ¿Te ofendes
de tan graciosos sucesos
y deso estás enfadoso?
¡Por Cristo, que no te entiendo!
LISEO: Divina Marcia, perdona610
si en no ser leal te ofendo,
que a Fenisa voy a ver,
y aun a engañarla si puedo.
Si no te viere esta noche,
no te enojes, que el que pierdo
soy yo que pierdo tu vista.
Vamos, León.
LEÓN: Ya está hecho.
Vamos, y el cielo permita
que algún fregonil sujeto
haya en casa, porque yo620
reciba algún pasatiempo.
Vanse y sale GERARDO
GERARDO: Goce su libertad el que ha tenido
voluntad y sentidos en cadena,
y el condenado en la amorosa pena
al dudoso favor que ha pretendido.
En dulces lazos pues leal ha sido,
de mil gustos de amor el alma llena,
el que tuvo su bien en tierra ajena
triunfe de ausencia sin temor de olvido.
Viva el amado sin favor, celoso, ………630
y venza su desdén el despreciado;
logre sus esperanzas el que espera.
Con su dicha se alegre el venturoso
y con su amada el vencedor amado,
y el que busca imposibles, cual yo, muera.
Salen ANTONIO y FABIO, con sus instrumentos
FABIO: ¿Mandas, señor, que cantemos?
GERARDO: Fabio, Antonio, bien venidos
seáis.
ANTONIO: ……Cuidados perdidos
son los tuyos.
FABIO: ¿Qué diremos?
GERARDO: Mi pasión podéis cantar.640
FABIO: Será muy triste canción
que en siete años de afición
no te acabes de cansar.
GERARDO: Cual Jacob querré otros siete
si he de gozar a Raquel.
ANTONIO: Aquí no hay suegro cruel
ni Lía que te sujete.
GERARDO: Unas endechas me di.
FABIO: ¿Endechas?
ANTONIO: ¿Endechas quieres?
Amante de endechas eres.650
GERARDO: ¡Ay, Fabio! ¡Ay, Antonio! Sí,
cantad, pues, y no templéis;
basta mi tristeza fiera.
FABIO: ¡Bravo amor!
ANTONIO: ¡Brava quimera!
GERARDO: Ea, cantad si queréis.
Cantan y GERARDO se pasea
¿Por qué, divina Marcia,
de mis ojos te ausentas
y en tanto desconsuelo
triste sin ti me dejas?
Si leona no eres,660
si no eres tigre fiera,
duélete, desdén mío,
de mis rabiosas penas.
A la ventana BELISA y MARCIA
BELISA: Llega, querida prima,
así tus años veas
logrados y empleados
en quien más te merezca.
Escucha cómo cantan.
Cantan
FABIO: ¡Ay, celoso tormento!
¡Ay, traidora sospecha!670
Ya que me olvida Marcia,
¿por qué tú me atormentas?
BELISA: ¡Oh, prima de mis ojos!
Buena ocasión es ésta.
MARCIA: Calla, que me disgustas,
o diré que eres necia.
Cantan
FABIO: Amigo pensamiento
tras esta ingrata vuela,
dulce dueño que el alma
tanta pasión le cuesta.680
GERARDO: En el balcón hay gente;
será mi Marcia bella.
Mas no soy tan dichoso
que tal favor merezca.
FABIO: ¡Ay, que a mi ingrata bella
más la endurecen mis rabiosas penas!
BELISA: Amada prima mía.
MARCIA: ¿Qué me vaya deseas?
BELISA: Pues en esto me hablas,
no te vayas; espera.690
Vase
Sabe el cielo, Gerardo,
cuanto el veros me pesa,
en tan grande desdicha.
GERARDO: ¿Sois vos, Belisa bella?
¿Y mi Marcia divina?
BELISA: Aquí estaba, y roguéla
que tu pasión mirase,
mas cruel persevera.
Mas no es justo desmayes,
que aunque más me aborrezca700
he de hacer vuestras partes;
tened, señora, paciencia.
Vase
GERARDO: ¡Ay, señora! Así vivas;
mi desdicha remedia.
Y vosotros, dejadme
solo con mis tristezas.
FABIO: ¡Triste mancebo! Antonio,
miedo tengo que muera.
ANTONIO: Dejémosle que a solas
pasa mejor sus penas.710
¡Oh Dafne fugitiva
y aun más ingrata que ella,
pues huyes de tu amante
cuando amarle debieras,
plegue a Dios que el que amares
te deje cual me dejas,
pues a mí que te adoro
desdeñosa desprecias.
718 desdeñosa: altiva
De mi pasión se duelen
hasta las duras piedras,720
y de ella enternecidas
721 enternecidas: llenas de amor
ablandan su dureza.
Mis lágrimas son tantas
que el reino que gobierna
el sagrado Neptuno
725 Neptuno: en la mitología clásica, el dios de los mares
no tiene más arenas;
dejad los hilos de oro
en que ensartáis las perlas
y ayudadme llorando,
del mar bellas sirenas.730
Plegue a los cielos, Marcia,
pues mi pasión te alegra,
que ante tus fieros ojos
muerto a Gerardo veas.
Salen LAURA y FÉLIX, paje
FÉLIX: Dímelo, así Dios te guarde.
LAURA: ¿Qué te tengo de decir?
Que soy, Félix, desdichada,
que sin ventura nací.
FÉLIX: No es sin causa esta pasión;
fíate, Laura, de mí,740
que si puedo remediarla
lo haré aunque entienda morir.
Mil días ha que te veo
desconsolada vivir.
LAURA: ¿Vivir? Si viviera, Félix,
no fuera malo.
FÉLIX: ¿Es así?
¿Qué tienes, señora mía?
Bien me lo puedes decir,
que contado el mal, se alivia.
LAURA: Es verdad; escucha.
FÉLIX: Di.750
LAURA: Ya conoces a Liseo;
pues de aqueste, Félix, fui
requebrada y pretendida.
FÉLIX: ¿Eso no más?
LAURA: ¡Ay de mí!
Améle.
FÉLIX: ¿Pues que le ames
por eso pierdes?
LAURA: Perdí
en amarle, Félix mío,
más que piensas.
FÉLIX: Eso di.
LAURA: Dióme palabra de esposo
y con esto me rendí760
a entregarle…
FÉLIX: No te pares.
LAURA: Dile…
FÉLIX: Prosigue.
LAURA: ¡Ay de mí!
Mi honra le entregué, Félix,
joya hermosa, y que nací
sólo obligada a guardarla,
y con esto me perdí
cuando pretendió mi amor.
Amante y tierno le vi
cuanto ahora desdeñoso,
pues no se acuerda de mí.770
Dime, ¿qué será la causa?
Que si acaso viene aquí,
es cuando luego me dice:
Laura, yo voy a morir.
Si ve mis ojos llorosos
y el gusto para morir,
ni me pregunta la causa,
ni la consiente decir.
Cuando le escribo y me quejo
de ver que me trata así,780
no responde; antes se enfada
de verme siempre escribir.
Si busco lugar de darle
el favor que ya le di,
regatea el recibirle
y él queda conmigo aquí.
Dormido anoche en mis brazos
con ansia empezó a decir:
“Marcia y Fenisa me adoran.”
¡Oh, amor, y lo que sentí!790
Y al fin, asiendo sus manos,
llorando, le estremecí,
diciendo: “Amado Liseo,
mira que estás junto a mí.
Si a Marcia y Fenisa quieres,
mira, ingrato, que por ti
a mí misma me aborrezco
desde el día que te vi.”
Respondióme airado: “Laura,
ya no te puedo sufrir.800
De todo tienes sospechas;
presto quieres ver mi fin.”
Esta noche le aguardaba,
Félix; pues no viene aquí,
alguna dama le tiene,
más dichosa que yo fui.
Estos son, Félix, mis males;
aquesto me tiene así
atormentándome el alma
sin descansar ni dormir.810
FÉLIX: Desa suerte, hermosa Laura,
muy bien te puedo decir:
Las tres de la noche han dado,
mi señora, y no dormís;
sentid, pues fuistes la causa,
el dolor que os da a sentir
aquel corazón de piedra
cruel, pues os trata así.
Llorad, bellísimos ojos.
LAURA: Mi Félix, harélo así820
hasta que acabe la vida,
que presto será su fin,
pluguiera al cielo, Liseo,
dura piedra para mí,
que fuera el fin de mis días
el día que yo te vi.
¡Piadoso cielo, duélete de mí,
que amando, aborrecida muero al fin!
Llora
FÉLIX: Baste, mi señora, baste,
no quieras tratar así830
aquesos bellos luceros,
que aunque yo muera por ti
en cuanto basten mis fuerzas
me tienes seguro aquí.
Suspende tu pena ahora;
acuéstate y fía de mí,
que yo sabré por qué causa
Liseo te trata así;
que la deuda que a tus padres
tengo desde que nací840
fuera negarla si ahora
te desamparara a ti.
842 desamparara: dejara sin protección
Queda en buen hora, que el cielo
cansado ya de sufrir
te vengará deste ingrato,
que yo le voy a seguir.
LAURA: ¡Piadoso cielo, duélete de mí,
que amando, aborrecida muero al fin.
Vase FÉLIX
Que muera yo, Liseo, por tus ojos
y que gusten tus ojos de matarme;850
que quiera con tus ojos alegrarme
y tus ojos me den cien mil enojos.
Que rinda yo a tus ojos por despojos
853 despojos: riquezas conquistadas
mis ojos, y ellos en lugar de amarme
pudiendo con sus rayos alumbrarme
las flores me convierten en abrojos.
856 abrojos: dolores
Que me maten tus ojos con desdenes,
con rigores, con celos, con tibieza,
cuando mis ojos por tus ojos mueren.
¡Ay! Dulce ingrato, que en los ojos tiene…860
tan grande deslealtad, como belleza,
para unos ojos que a tus ojos quieren.
Vase LAURA; con que se da fin a la primera jornada
