JORNADA TERCERA
PEDRO, BERNAL, MARTÍN y LORENZO, dentro
PEDRO: ¡Fuera digo! No haya más.
LORENZO: ¡Ay, que me ha descalabrado!1785
MARTÍN: Con el cántaro le ha dado.
BERNAL: ¡Lavado, Lorenzo, vas!
LORENZO: Esto ¿se puede sufrir?
PEDRO: Llévale a curar, Bernal.
LORENZO: ¡Vive Cristo, que la tal!…1790
Salen
MARTÍN: No lo acabes de decir.
PEDRO: No queda lacayo en ser
donde esta mujer está.
MARTÍN: Bravas bofetadas da.
PEDRO: Dos mozas azotó ayer.1795
BERNAL: ¡Ea, ea! Que no es nada.
Salen doña MARÍA y LEONOR
MARÍA: ¡Pícaro! ¿Pellizco a mí?
¡Fuera, digo!
LEONOR: ¿Estás en ti?
LORENZO: ¿A mí, Isabel, cantarada?
¡Voto a el hijo de la mar!1800
MARÍA: Llegue el lacayo gallina.
PEDRO: Daga trae en la pretina.
MARÍA: Y aun enseñada a matar.
Llegue el barbado, y daréle
dos mohadas a la usanza1805
de mi tierra, por la panza,
y hará el puñal lo que suele.
LORENZO: ¡Mataréla!
PEDRO: Estoy aquí
a pagar de mi dinero.
LORENZO: Pues con él haberlas quiero,1810
aunque es mujer para mí.
PEDRO: ¡Miente!
LORENZO: Véngase conmigo.
Vanse los hombres
LEONOR: ¡Buenos van, desafïados!
MARÍA: ¡Qué diferentes cuidados
me da, Leonor, mi enemigo!1815
LEONOR: ¿No le has visto más?
MARÍA: Ayer.
LEONOR: Alegre quisiera hallarte,
porque te alcanzara parte
de mi contento y placer.
Ya Martín se determina,1820
y nos queremos casar:
mira que nos has de honrar,
y que has de ser la madrina.
MARÍA: Estoy desacomodada
del indiano; que si no,1825
yo lo hiciera: aquí me dio
su casa una amiga honrada,
donde de prestado estoy.
LEONOR: Mi señora te dará
vestidos; vamos allá;1830
que pienso que ha de ser hoy.
MARÍA: Tendré vergüenza de vella.
LEONOR: Anda; que te quiere bien,
y sé que tiene también
gusto de que hables con ella.1835
MARÍA: Vamos, y de aquí a tu casa
te diré lo que pasó
en el río.
LEONOR: No fui yo;
que mujer que ya se casa
ha de mostrar más recato1840
del que solía tener.
MARÍA: Es achaque; voy por ver
aquel caballero ingrato.
Fuimos Teresa, Juana y Catalina,
el sábado, Leonor, a Manzanares:1845
si bien yo melancólica y mohina
de darme este don Juan tantos pesares.
De tu dueño las partes imagina;
que cuando en su valor, Leonor, repares,
presumirás, pues no me he vuelto loca,1850
que soy muy necia o mi afición es poca.
Tomé el jabón con tanto desvarío
para lavar de un bárbaro despojos,
que hasta los paños me llevaba el río,
mayor con la creciente de mis ojos.1855
Cantaban otras con alegre brío,
y yo, Leonor, lloraba mis enojos:
lavaba con lo mesmo que lloraba
y el aire de suspiros lo enjugaba.
Bajaba el sol al agua trasparente,1860
y, el claro rostro en púrpura bañado,
las nubes ilustraba de occidente
de aquel vario color tornasolado,
cuando, despierta ya del accidente,
saqué la ropa, y de uno y otro lado,1865
asiendo los extremos, la torcimos,
y a entapizar los tendederos fuimos.
Quedando, pues, por los menudos ganchos
las camisas y sábanas tendidas,
salieron cuatro mozas de sus ranchos,1870
en tod[a] la ribera conocidas;
luego, de angostos pies y de hombros anchos,
bigotes altos, perdonando vidas,
cuatro mozos: no hablé, que fuera mengua,
estando triste el alma, hablar la lengua.1875
Tocó, Leonor, Juanilla el instrumento
que con cuadrada forma en poco pino
despide alegre cuanto humilde acento,
cubierto de templado pergamino;
a cuyo son, que retumbaba el viento,1880
cantaba de un ingenio peregrino,
en seguidillas, con destreza extraña,
pensamientos que envidia Italia a España.
Bailaron luego hilando castañetas
Lorenza y Justa y un galán barbero1885
que mira a Inés, haciendo más corvetas
que el Conde ayer en el caballo overo.
¡Oh celos! Todos sois venganza y tretas,
pues porque vi bajar el caballero
que adora de tu dueño la belleza,1890
no le quise alegrar con mi tristeza.
Entré en el baile con desgaire y brío
que, admirándole ninfas y mozuelos,
“¡Vítor!” dijeron, celebrando el mío:
y era que Amor bailaba con los celos.1895
Estando en esto, el contrapuesto río
se mueve a ver dos ángeles, dos cielos,
que a la Casa de Campo (Dios los guarde)
iban a ser auroras por la tarde.
¿No has visto a el agua, al súbito granizo1900
esparcirse el ganado en campo ameno
o volar escuadrón espantadizo
de las palomas, en oyendo el trueno?
Pues de la misma suerte se deshizo
el cerco bailador, de amantes lleno,1905
en oyendo que honraban la campaña
Felipe y Isabel, gloria de España.
¿No has visto en un jardín de varias flores
la primavera en cuadros retratada,
que por la variedad de las colores1910
aun no tienen color determinada,
y en medio ninfas provocando amores?
Pues así se mostraba dilatada
la escuadra hermosa de las damas bellas,
flores las galas y las ninfas ellas.1915
Yo, que estaba arrobada, les decía
a los reyes de España: “Dios os guarde,
y extienda vuestra heroica monarquía
del clima helado a el que se abrasa y arde”;
cuando veo que dice “Isabel mía”1920
a mi lado don Juan; y tan cobarde
me hallé a los ecos de su voz, que luego
fue hielo el corazón, las venas fuego.
“Traidor” respondo, “tus iguales mira;
que yo soy una pobre labradora”.1925
Y, diciendo y haciendo, envuelta en ira,
sigo la puente, y me arrepiento agora:
verdad es que le siento que suspira
tal vez desde la noche hasta el aurora;
mas recelo, si va a decir verdades,1930
lo que se sigue a celos y amistades.
Vanse. Salen doña MARÍA y LEONOR
LEONOR: A mi casa hemos llegado:
después, que no puedo agora,
porque viene mi señora,
te diré lo que ha pasado1935
por los celos en los dos.
Salen doña ANA y JUANA
ANA: ¿Ésta dices?
JUANA: Ésta es.
MARÍA: Dadme, señora, los pies.
ANA: Isabel, guárdela Dios.
¿Qué se ofrece por acá?1940
MARÍA: Quiéreme hacer su madrina
Leonor, que no me imagina
desacomodada ya.
ANA: ¿No está ya con el indiano?
MARÍA: No, señora.1945
ANA: Pues ¿por qué?
MARÍA: Cierto atrevimiento fue,
de hombre al fin; pero fue en vano.
ANA: ¿Cómo, cómo, por mi vida?
MARÍA: Pudiera estar satisfecho
de mi honor y de mi pecho:1950
de mi honor por bien nacida,
de mi pecho porque, habiendo
entrado por los balcones
una noche tres ladrones,
que ya le estaban pidiendo1955
las llaves, tomé su espada,
y aunque ya se defendieron,
por la ventana salieron,
y esto a pura cuchillada.
Pero obligándole a amor1960
lo que pudiera a respeto,
me llamó una noche, a efeto
de no respetar mi honor.
Que le descalzase fue
la invención: llego a su cama,1965
donde sentado me llama,
y humilde le descalcé.
Pero echándome los brazos,
tan descortés procedió,
que a arrojarle me obligó1970
donde le hiciera pedazos.
Mas de aquellos desatinos
sus zapatos me vengaron,
cuyas voces despertaron
la mitad de los vecinos.1975
Y aunque culpando el rigor,
poniéndose de por medio,
celebraron el remedio
para quitarle el amor.
ANA: Notable debes de ser.1980
Cierto que te tengo amor.
JUANA: Es el servicio mejor
y la más limpia mujer
de cuantas andan aquí.
Ruégale que esté contigo.1985
ANA: ¿No querrás estar conmigo,
Isabel?
MARÍA: Señora, sí.
ANA: ¿Qué sabes hacer?
MARÍA: Lavar,
masar, cocer y traer
agua.1990
ANA: ¿No sabrás coser?
MARÍA: Bien sé coser y labrar.
ANA: Pues eso será mejor.
Manto y tocas te daré.
MARÍA: Señora, yo no sabré
servir de dueña de honor.1995
Éste es un hábito agora
de cierta desdicha mía,
que vos sabréis algún día.
Vase
JUANA: Aquí está don Juan, señora.
Salen don JUAN y MARTÍN
JUAN: Siempre soy embajador.2000
El Conde os pide licencia,
y dice que de su ausencia
fue causa vuestro rigor;
que tratáis tan mal su amor,
que ya toma por partido,2005
en la casa divertido,
solicitar a su daño
una manera de engaño
que a los dos parezca olvido:
a vos excusando el veros,2010
y a él, señora, el cansaros.
Pero no quiere engañaros
ni olvidarse de quereros:
visitaros y ofenderos
es fuerza para serviros.2015
Esto me manda deciros:
mirad si le dais licencia;
que le cuesta vuestra ausencia
cuantos instantes, suspiros.
ANA: Vos venís en ocasión
que os he hecho un gran servicio;2020
a lo menos es indicio
de ésta mi loca pasión.
Mirad en qué obligación
os pone el haber traído
a mi casa quien ha sido2025
lo que tanto habéis amado;
que os quiero ver obligado,
pues no puedo agradecido.
Volved los ojos, veréis
a Isabel, que viene aquí,2030
no para servirme a mí,
sino a que vos la mandéis;
que no quiero que os canséis
en buscarla en fuente o prado.
Mirad si estáis obligado2035
y cómo he sabido hacer
que vos me vengáis a ver,
no como hasta aquí, forzado.
JUAN: De vuestra queja os prometo
que es el Conde, mi señor,2040
la causa, cuyo valor
únicamente respeto;
porque ¿cuál hombre discreto
no conociera y amara
de vuestra belleza rara2045
la divina perfección,
y el discurso a la razón,
y a vos el alma negara?
Con esto la puse en quien
la misma desigualdad2050
disculpe la voluntad,
para no quereros bien.
Mas no me pidáis que os den
gracias de haberla traído
mis ojos; que antes ha sido2055
para no poderla ver,
pues testigo habéis de ser,
y yo menos atrevido.
Sale el CONDE
CONDE: Tanto la licencia tarda
que sin ella vengo a veros.2060
ANA: Conde, mi señor, disculpa
de ausencia de tanto tiempo.
–Llega una silla, Isabel.
JUAN: Aquí me estaban riñendo
tu ausencia.2065
CONDE: ¡Buena criada!
Y nueva; que no me acuerdo
haberla visto otra vez.
ANA: ¡Buena cara, gentil cuerpo!
¿No es muy linda?
CONDE: ¡Sí, por Dios!
ANA: De que os agrade me huelgo;2070
que es la dama de don Juan.
CONDE: Si es así el entendimiento,
disculpa tiene mi primo.
Verla más de espacio quiero.
–Pasad, señora, adelante.2075
¿De dónde sois?
MARÍA: No sé cierto;
porque ha mucho que no soy.
CONDE: Partes en la moza veo,
que en otro traje pudieran,
con el donaire y aseo,2080
dar, fuera de vuestros ojos,
a muchos envidia y celos.
Mi primo es tan singular
que por bizarría ha puesto
las preferencias del gusto2085
en tan bajos fundamentos.
MARTÍN: A mí responder me toca.
Perdóneme si me atrevo,
por el honor del fregado,
la opinión del lavadero,2090
del cántaro y el jabón;
que más de cuatro manteos,
de ésos con esteras de oro,
cubren algunos defetos.
ANA: Cásase Martín agora2095
con mi Leonor, y por eso
siente que vueseñoría
haga de don Juan desprecio.
JUAN: ¡Dar en el pobre don Juan!
CONDE: Huélgome del casamiento.2100
Y ¿seréis vos la madrina?
Porque ser padrino quiero.
ANA: No, señor, que es Isabel;
que pienso que ha mucho tiempo
que ella y Leonor son amigas.2105
CONDE: Pues tócale de derecho
ser padrino a don Juan.
JUAN: Basta; que estáis de concierto
todos contra mí. Pues vaya;
que el ser el padrino aceto.2110
CONDE: ¿Cómo calla la madrina?
MARÍA: Señor, corto entendimiento
presto se ataja, y más donde
hay tantos y tan discretos.
Allá en mi lugar un día2115
un muchacho en un jumento
llevaba una labradora,
y, perdonad, que iba en pelo.
“Hazte allá, que le maltratas”,
iba la madre diciendo;2120
y tanto hacia atrás se hizo,
que dio el muchacho en el suelo.
Díjole: “¿Cómo caíste?”
y disculpóse diciendo:
“Madre, acabóseme el asno.”
Así yo, que hablando veo2125
a tan discretos señores,
hago atrás mi entendimiento,
hasta que he venido a dar
con el silencio en el suelo.
MARTÍN: (Tomen lo que se han ganado.) Aparte2130
MARÍA: Es el Conde muy discreto,
y la señora doña Ana
un ángel; pues yo ¿qué puedo
decir que no sea ignorancia?
ANA: Ahora bien, señor, hablemos2135
de la ausencia destos días.
Ya me olvidáis, ya me quejo
de vos al pasado amor.
CONDE: Negocios son, os prometo,
que me han tenido ocupado2140
por un notable suceso.
Mató en Ronda cierta dama
Guzmán y Portocarrero,
cuyo padre con el duque
de Medina tiene deudo,2145
un caballero su amante.
ANA: ¿Con qué ocasión? ¿Fueron celos?
CONDE: Desagraviando a su padre
de un bofetón, porque el viejo
no estaba para las armas.2150
ANA: ¡Gran valor!
JUAN: ¡Valiente esfuerzo!
Diera por ver a esa dama
toda cuanta hacienda tengo.
MARÍA: (Turbada estoy, encubrir Aparte
puedo apenas lo que siento.)2155
CONDE: Al fin, perdonó la parte,
poniéndose de por medio,
entre deudos de unos y otros,
muchos nobles caballeros.
Con esto me ha escrito el Duque,2160
por el mismo parentesco,
alcance el perdón del Rey;
lo que hoy, señora, se ha hecho.
Mándame también buscalla,
si entre tantos extranjeros2165
alguna nueva se hallase,
siendo esta corte su centro.
Mirad si estoy disculpado;
y porque me voy con esto,
vendré, señora, a la noche,2170
si me dais licencia, a veros.
ANA: Id con Dios; volvé a la noche.
CONDE: Sí haré, encanto de Babel.
A don JUAN
Quedaos con vuestro Isabel;
que yo me voy en el coche.2175
Vanse el CONDE, doña ANA y los criados
JUAN: Alegre, Isabel, estás,
que ya el cántaro dejaste,
pues con la fe la mudaste,
y con el alma, que es más.
Que desde que te la di,2180
de cántaro la tenía,
pues pienso que se decía
este proverbio por mí.
Nunca quisiste trocar,
cuando yo lo deseaba,2185
al hábito que te daba
el que ya quieres dejar.
Si cuando yo te rogué,
hábito honrado tomaras,
la voluntad disculparas,2190
que baja en tus prendas fue.
Si el venir aquí son celos,
pensando que así me guardas,
son, Isabel, sombras pardas
en ofensa de tus cielos.2195
¿Qué guarda de más valor,
Isabel, que tu hermosura,
si ella misma te asegura
que merece tanto amor?
¡Vive Dios, que te he querido2200
y te quiero y te querré
con tanta firmeza y fe,
que vive mi amor corrido
de no vencer tu rigor,
siendo tú tan desigual!2205
MARÍA: Quien siente bien no habla mal;
que para tener valor
con que poder igualaros,
aunque de vuestro apellido
príncipes haya tenido2210
Italia y Francia tan raros,
sóbrame a mí el ser mujer;
pero si de vuestro engaño
a los dos resulta daño,
desengaño habrá de ser.2215
No estoy contenta de estar
donde, con hacer mudanza
del hábito, mi esperanza
aspire a mejor lugar.
Ni menos estoy celosa2220
ni os guardo, aunque os he querido;
que en este humilde vestido
hay un alma generosa,
tan soberbia y arrogante,
que el cántaro que dejé2225
un cielo en mis hombros fue,
como el que sustenta Atlante.
Yo os quiero bien, aunque soy
de naturaleza esquiva;
pero hay otro amor que priva,2230
por quien os dejo y me voy.
No os dé pena; que os prometo
que no hay nieve tan helada;
pero he nacido obligada
a su amor y a su respeto.2235
No puedo hacer más por vos
que decir que os he querido:
en fe de lo cual os pido,
y del amor de los dos,
que una cosa hagáis por mí.2240
JUAN: ¿Cómo ausentarte, mi bien?
Después de tanto desdén,
¿esto merezco de ti?
MARÍA: No excuso, aunque lo sintáis,
este camino.2245
JUAN: Isabel,
¿qué dices?
MARÍA: Que para él
estoy joya me vendáis.
Diamantes son: claro está
que justa sospecha diera
si a vender diamantes fuera
mujer que a la fuente va;2250
que con lo que ella valiere,
podré a mi casa llegar.
JUAN: Cuando pensaba esperar,
quiere amor que desespere.
¡Notable desdicha mía!2255
¡Tristes nuevas! ¿Quién amó
con la fortuna que yo?
Mas ¿quién, sino yo, podía?
Tened la joya y la mano,
que entrambas diamantes son,2260
si es la mina un corazón
tan firme como tirano;
que cuando forzosa sea
vuestra partida, no soy
hombre tan vil…2265
MARÍA: Si no os doy
la joya, don Juan, no crea
vuestro pecho liberal
obligarme con dinero;
que, pues de vos no lo quiero,
bien creeréis que me está mal.2270
¡Oh, qué habréis imaginado
de cosas, después que visteis
la joya! Aunque no tuvisteis
culpa de haberlas pensado,
pues yo os he dado ocasión.2275
JUAN: Cuando yo, Isabel, pensara
tal bajeza, imaginara
prendas que más altas son
de las que tenéis, bastantes
a abonaros; cuando fuera2280
hurto, mayor le creyera,
si fueran almas, diamantes.
Algo sospecho encubierto,
Isabel, y en duda igual,
que sois mujer principal2285
tengo por mayor acierto.
Que desde el punto que os vi
con el cántaro, Isabel,
echó amor suertes en él
para vos y para mí.2290
Vos salisteis diferente
de lo que aquí publicáis,
y yo sin dicha si os vais,
para que yo muera ausente.
¿Quién sois, hermosa Isabel?2295
Porque cántaro y diamantes
son dos cosas muy distantes;
que hay mucha bajeza en él,
y en vos mucho entendimiento,
mucha hermosura y valor,2300
mucho respeto al honor,
que es más encarecimiento.
La verdad se encubre en vano;
que como al que ayer traía
guantes de ámbar, otro día,2305
le quedó oliendo la mano;
así, quien señora fue
trae aquel olor consigo,
aunque del ámbar que digo,
reliquias muestre por fe.2310
MARÍA: No os canséis en prevenciones;
que yo no os he de engañar.
Sale LEONOR
LEONOR: ¿Cuándo piensas acabar,
Isabel, tantas razones?
Vente a vestir y a vestirme;2315
que mi señora te llama.
MARÍA: Voy a ponerme de dama.
JUAN: ¿Volverás?
MARÍA: A despedirme.
Vanse [las] dos
JUAN: ¿Qué confusión es ésta que levanta
Amor en mis sentidos nuevamente,2320
que a tales pensamientos adelanta
mi dulce cuanto bárbaro accidente?
Así el cautivo en la cadena canta,
así engañado se entretiene, ausente,
de vanas esperanzas, que algún día2325
verá la patria en que vivir solía.
No con menos temor, menos sosiego,
tímido ruiseñor su esposa llama,
a quien el plomo en círculos de fuego
quitó la amada vida en verde rama,2330
que mi confuso pensamiento ciego
en noche obscura los engaños ama,
esperando que llegue con el día
la muerta luz de la esperanza mía.
Mas ¿cómo puede haber tales engaños?2335
¿Cómo pensar mi amor que la belleza
no puede haber nacido en viles paños,
si pudo la fealdad en la nobleza?
Así, para mayores desengaños,
mostró por variedad naturaleza2340
de un espino la flor cándida, hermosa,
y vestida de púrpura la rosa.
Que darme yo a entender que la hermosura
que vi llevar un cántaro a la fuente,
por engastar el barro en nieve pura2345
del cristal de una mano trasparente,
no pudo proceder de sangre obscura,
y nacer entendida humildemente,
es vano error, pues siempre amando veo
calificar bajezas el deseo.2350
Pues ¿quién será Isabel, locura mía,
con hermosura y prendas celestiales?
¡Oh! ¿cuándo resistió tanta porfía
la bajeza de humildes naturales?
No ha de pasar sin que lo sepa el día.2355
Industrias hay; y si por dicha iguales
somos los dos, como mi amor desea,
tu cántaro, Isabel, mi dote sea.
No te pienses partir, si por ventura
no lo quieres fingir para matarme;2360
que ya no tiene estado mi locura
que yo pueda perderte y tú dejarme;
que si tienes nobleza y hermosura,
del cántaro por armas pienso honrarme;
que con el premio con que ya se trata,2365
Amor le volverá de barro en plata.
Vase. Salen MARTÍN y PEDRO
PEDRO: Martín, en esta ocasión
me habéis desfavorecido;
quejoso estoy y ofendido.
MARTÍN: Pedro, no tenéis razón;2370
que el Conde gusta que sea
padrino con Isabel.
PEDRO: Ensancharáse con él
cuando a su lado se vea.
Yo sé que si me casara,2375
padrino os hiciera a vos.
MARTÍN: Yo no pude más, por Dios.
PEDRO: Pedro ¿también no la honrara?
¿No tengo cueras y sayos,
capas, calzas, que por yerro2380
quedaron en su destierro
vinculadas en lacayos?
Pues ¡por el agua de Dios,
aunque poca me ha cabido,
que soy yo tan bien nacido!…2385
MARTÍN: ¿Quién pudiera como vos
honrarme con Isabel?
PEDRO: ¿Hay hidalgo en Mondoñedo
que pueda, como yo puedo,
volver la silla a el dosel?2390
MARTÍN: Dejad el enojo ya;
y pues que sois entendido,
decidme si acierto ha sido
casarme.
PEDRO: Pues claro está;
que es muy honrada Leonor,2395
aunque pide más caudal
la talega de la sal,
que anda el tiempo a el rededor.
Mas queriendo el Conde bien
a doña Ana, por Leonor2400
os hará siempre favor,
y ella ayudará también
de su parte a vuestra casa.
MARTÍN: Pues con eso pasaremos.
PEDRO: ¿Quién queréis que convidemos?2405
MARTÍN: No lo excusa quien se casa.
A Rodríguez lo primero,
a Galindo y a Butrón,
a Lorenzo y a Ramón,
y a Pierres, buen compañero.2410
PEDRO: Haced llevar un menudo;
que no hay hueso que dejar.
MARTÍN: Eso es darles de cenar.
PEDRO: En esta ocasión no dudo
de que tendrán los señores2415
arriba gran colación.
MARTÍN: Por allá conservas son
y confites de colores.
PEDRO: Lobos de marca mayor
tendremos en cantidad.2420
MARTÍN: Pedro, ésa es enfermedad
que no ha menester doctor.
Vanse. Salen doña ANA y don JUAN
JUAN: Yo pienso que es condición,
y no amor, vuestra porfía.
ANA: Y ¿quién sin amor podía2425
sufrir tanta sinrazón?
JUAN: No es sinrazón la ocasión
que me fuerza a no querer
lo que del Conde ha de ser.
Sale el CONDE, que se queda escuchando sin que le vean
CONDE: (Necios celos me han traído Aparte2430
de un deudo amigo fingido
y de una ingrata mujer.)
JUAN: Cuando no os quisiera bien
el Conde, mil almas fueran
las que estos ojos os dieran.2435
ANA: ¡Oh, mal haya el Conde, amén!
CONDE: (Don Juan la muestra desdén, Aparte
y ella a don Juan solicita.)
ANA: Con oro en mármol escrita
tiene el amor una ley,2440
que como absoluto rey,
no hay traición que no permita.
Demás, que esto no es traición;
que nunca yo quise al Conde.
CONDE: (En lo que agora responde Aparte2445
conoceré su intención.)
JUAN: Ninguna loca afición
que se haya visto ni escrito
ha disculpado el delito
del amigo; que el valor2450
es resistir a el amor
y vencer a el apetito.
Que yo con vos me casara
es sin duda, si pudiera.
ANA: Y ¿si el Conde lo quisiera,2455
y aun él mismo os lo mandara?
JUAN: Entonces es cosa clara;
mas cierta podéis estar
que no me lo ha de mandar.
Y así, me voy; que no quiero2460
dar a tan gran caballero
ni sospecha ni pesar.
CONDE: Detente.
JUAN: Si habéis oído
lo que ya sospecho aquí,
pienso que estaréis de mí2465
seguro y agradecido.
CONDE: Todo lo tengo entendido;
y si por quereros bien
trata mi amor con desdén
doña Ana, no ha sido culpa,2470
porque sois vos la disculpa,
y mi desdicha también.
Dice que sabe de mí
que os mandaré que os caséis:
dice bien, y vos lo haréis,2475
porque yo os lo mando así.
Que a saber, cuando la vi,
que os tenía tanto amor,
no la amara; aunque en rigor
fue engañado pensamiento2480
que con tal entendimiento
no escogiese lo mejor.
JUAN: Aunque a Alejandro imitéis
en darme lo que estimáis,
ni como Apeles me halláis,2485
ni enamorado me veis,
ni vos mandarme podéis
que sea lo que no fui;
pues cuando pudiera aquí
ser lo que no puede ser,2490
no quisiera yo querer
a quien os deja por mí.
ANA: Quedo, quedo; que no soy
tan del Conde que me dé,
ni tan de don Juan que esté2495
menos contenta ayer que hoy.
Libre, a mí misma me doy,
y daré luego, si quiero,
a un honrado caballero
mujer y cien mil ducados,2500
sin suegros y sin cuñados,
que es otro tanto dinero.
Salen doña MARÍA, de madrina y muy bizarra, con LEONOR de la mano; MARTÍN, PEDRO, LORENZO, BERNAL y otro lacayos, muy galanes; Acompañamiento de mujeres de la boda, MÚSICOS. Cantan
MÚSICOS: En la villa de Madrid Leonor y Martín se casan: corren toros y juegan cañas.
MARTÍN: ¡Mala letra para novios!
PEDRO: Pues ¿no os agrada la letra?2505
MARTÍN: Correr toros y casarme
paréceme a los que llevan
pronósticos para el año
dos meses antes que venga.
CONDE: Gallarda viene la novia;2510
pero quien no conociera
a Isabel, imaginara,
viéndola grave y compuesta,
que era mujer principal.
ANA: Juzgarse puede por ella2515
cuánto las galas importan,
cuánto adorna la riqueza.
CONDE: ¡Qué perdido está don Juan!
ANA: ¡Qué admirado la contempla!
CONDE: Por Dios, que tiene disculpa2520
de estimarla y de quererla;
que la gravedad fingida
parece tan verdadera,
que, a no conocerla yo,
y saber sus bajas prendas,2525
hiciera un alto conceto
de su gallarda presencia.
Para sí
JUAN: (Amor, si en esta mujer
no está oculta la nobleza,
la calidad y la sangre2530
que por lo exterior se muestra,
¿qué es lo que quiso sin causa
hacer la naturaleza,
pues pudiendo en un cristal
guarnecido de oro y piedras,2535
puso en un vaso de barro
alma tan ilustre y bella?
Yo estoy perdido y confuso,
doña Ana celosa de ella,
el Conde suspenso, hurtando2540
a su gravedad respuesta.
Ella se parte mañana,
diamantes me da que venda;
¿qué tienen que ver diamantes
con la fingida bajeza?2545
Pues ¿he de quedar así,
Amor, sin alma y sin ella?
¿No alcanza el ingenio industria?
No suele en dudosas pruebas,
por las inciertas mentiras,2550
hallarse verdades ciertas?
Ahora bien; no ha de partirse
Isabel sin que se entienda
si en exteriores tan graves
hay algún alma secreta.)2555
Conde, el más alto poder
que reconoce la tierra,
el cetro, la monarquía,
la corona, la grandeza
del mayor rey de los hombres,2560
todas las historias cuentan,
todos los sabios afirman,
todos los ejemplos muestran
que es amor; pues siendo así,
y que ninguno lo niega,2565
que yo por amor me case,
que yo por amor me pierda,
no es justo que a nadie admire,
pues cuantos viven confiesan
que es amor una pasión2570
incapaz de resistencia.
Yo no soy mármol, si bien
no soy yo quien me gobierna;
que obedecen a Isabel
mis sentidos y potencias.2575
Cuando esto en público digo,
no quiero que nadie pueda
contradecirme el casarme,
pues hoy me caso con ella.
Sed testigos que le doy2580
la mano.
CONDE: ¿Qué furia es ésta?
ANA: Loco se ha vuelto don Juan.
CONDE: ¡Vive Dios, que si es de veras,
que antes os quite la vida
que permitir tal bajeza!2585
¡Hola! Crïados, echad
esta mujer hechicera
por un corredor, matadla.
JUAN: Ninguno, infames, se atreva;
que le daré de estocadas.2590
CONDE: Un hombre de vuestras prendas
¿quiere infamar su linaje?
JUAN: ¡Ay Dios! Su bajeza es cierta,
pues calla en esta ocasión.
Ya no es posible que pueda2595
ser más de lo que parece.
CONDE: ¿Con cien mil ducados deja
un hombre loco mujer,
que me casara con ella,
si amor me hubiera tenido?2600
MARÍA: Quedo, Conde; que me pesa
de que me deis ocasión
de hablar.
JUAN: (¡Ay Dios! ¿Si ya llega Aparte
algún desengaño mío?)
MARÍA: No está la boda tan hecha2605
como os parece, señor;
porque falta que yo quiera.
Para igualar a don Juan,
¿bastaba ser vuestra deuda
y del duque de Medina?2610
CONDE: Bastaba, si verdad fuera.
MARÍA: ¿Quién fue la dama de Ronda
que mató, por la defensa
de su padre, un caballero,
cuyo perdón se concierta2615
por vos, y que vos buscáis?
CONDE: Doña María, a quien deban
respeto cuantas historias
y hechos de mujeres cuentan.
MARÍA: Pues yo soy doña María,2620
que por andar encubierta…
JUAN: No prosigas relaciones,
porque son personas necias,
que en noche de desposados
hasta las doce se quedan.2625
Dame tu mano y tus brazos.
MARTÍN: Leonor, a escuras nos dejan.
Los padrinos son los novios.
ANA: Justo será que lo sean
el Conde y doña Ana.2630
CONDE: Aquí
puso fin a la comedia
quien, si perdiere este pleito,
apela a Mil y Quinientas.
Mil y quinientas ha escrito:
bien es que perdón merezca.
