JORNADA SEGUNDA
El CONDE, don JUAN
JUAN: Compiten con sus virtudes
sus gracias y perfecciones.925
CONDE: ¿Que tantas persecuciones,
visitas, solicitudes,
celos, desvelos, requiebros,
tengan por premio su olvido,
hasta verme convertido,930
de Amadís, en Beltenebros?
No he visto tales aceros.
JUAN: Conde, no habéis de cansaros;
que el estado de estimaros
ya es principio de quereros.935
CONDE: A los principios me estoy
a el cabo de tres semanas.
¿Adónde, esperanzas vanas,
con este imposible voy?
JUAN: Todas son penas posibles,940
pues que sin celos amáis.
CONDE: ¡Ay, ojos, celos me dais,
aunque celos invisibles!
Quéjase de amor doña Ana,
y a mí no me tiene amor:945
esto es celos en rigor.
JUAN: ¿Por qué, si es sospecha vana?
CONDE: Es celos lo que imagino;
que no es celos lo que sé:
cosa que pienso que fue,950
y que en mi daño adivino.
Sale MARTÍN
MARTÍN: Por poco tuviera calma
la nave de tu deseo.
Entro, y a doña Ana veo,
Venus de marfil con alma.955
¿Cómo te podré pintar
de la suerte que la vi?
Cultas musas, dadme aquí
un ramo blanco de azahar
de las huertas de Valencia960
o jardines de Sevilla.
Comience una zapatilla
de la Vera de Plasencia,
porque entremos por la basa
a esta coluna de nieve,965
argentado azul, pie breve,
que de tres puntos no pasa.
CONDE: ¿Tres puntos? Necio, repara…
MARTÍN: Pues lo digo, yo lo sé:
puntos son que de aquel pie970
los tomara por la cara.
JUAN: ¿Cómo lo viste?
MARTÍN: Un manteo
esta licencia me dio,
donde cuanto supo obró
la riqueza y el aseo.975
Pero pidió los chapines
porque mirarla me vio,
y entre las cintas metió
cinco pares de jazmines.
JUAN: De escarpines presumí,980
según anda el algodón.
MARTÍN: Ésos paragambas son;
que a cierta dama que vi
con cañafístolas tales,
que se pudiera, aunque bellas,985
purgar su galán con ellas
por drogas medicinales,
pregunté si era importante
traer damas delicadas
las pantorrillas preñadas.990
Y con risueño semblante
me dijo: “No es gentileza;
pero cosa no ha de haber
en una honrada mujer
que se note por flaqueza.”995
CONDE: ¡Linda disculpa!
JUAN: Extremada.
MARTÍN: La ropa de levantar,
con tanto fino alamar,
era una colcha bordada.
Finalmente, no quería1000
salir, por no verte ansí;
pero como yo la vi
que para ti se vestía,
por no estar siempre en el traje
de trágico embajador,1005
porfié, y saldrá, señor,
si la haces pleito homenaje
de sola conversación,
como quedó concertado.
CONDE: ¡Qué ejercicio tan cansado1010
para mi loca afición!
JUAN: Música y versos quedaron
para esta noche de acuerdo.
CONDE: En tenerme por tan cuerdo
muchos locos la engañaron.1015
Salen doña ANA, en hábito galán, JUANA y MÚSICOS
ANA: No dirá vueseñoría
que no le fían el talle.
CONDE: Quien tan bien puede fïalle,
agravio a los dos haría:
a vos por seguridad,1020
y a mí por justo deseo.
¡Gracias a Amor, que en vos veo
señas de más amistad!
ANA: Siéntese vueseñoría;
que no le quiero galán1025
esta noche, que nos dan
la música y la poesía
los sugetos que han de hacer
un rato conversación.
CONDE: Dice mi imaginación1030
que no quiere más de ver.
ANA: Señor don Juan, ¿no os sentáis?
Al CONDE
¡Qué esquivo primo tenéis!
JUAN: La culpa que me ponéis
para disculpa me dais;1035
pero quiero obedeceros.
CONDE: Canten, y hablemos yo y vos.
ANA: Y los tres, porque los dos
no parezcamos groseros.
MÚSICOS: ¿De qué sirve, ojos serenos, que no me miréis jamás? De que yo padezca más, y no de que os quiera menos.1040
ANA: No me agrada que a los ojos
llamen serenos.
CONDE: ¿Por qué,
si el cielo, cuando se ve
libre de azules enojos,
se llama así?1045
ANA: En una dama
no apruebo vuestro argumento,
si es el alma el movimiento
que a cuantos los miran llama
y si al cielo en su azul velo
la serenidad cuadró,1050
a el sol y a la luna no,
que son los ojos del cielo;
porque éstos siempre se mueven.
CONDE: Perdonad a la canción
no ser de vuestra opinión:1055
tanto los versos se atreven.
JUAN: Díganse a varios sugetos,
como quedó concertado.
ANA: Comience el Conde.
CONDE: He buscado
en vuestro loor seis concetos.1060
Oíd.
ANA: No, por vida mía;
escritos me los daréis.
CONDE: No sea, pues no queréis.
ANA: Emplead vuestra poesía
adonde más partes haya.1065
CONDE: Pues oíd, si sois servida,
un soneto a la venida
del inglés a Cádiz.
ANA: Vaya.
CONDE: Atrevióse el inglés, de engaño armado
porque al león de España vio en el nido,1070
las uñas en el ámbar, y vestido,
en vez de pieles, del tusón dorado.
Con débil caña, no con fresno herrado,
vio a Marte en forma de español Cupido
volar y herir en jinete, herido1075
del acicate en púrpura bañado.
Armó cien naves y emprendió la falda
de España asir por las arenas solas
del mar, cuyo cristal ciñe esmeralda;
mas viendo en las colunas españolas1080
la sombra del león, volvió la espalda
sembrando las banderas por las olas.
JUAN: ¡Levantó la pluma el vuelo!
ANA: ¡Gran soneto a toda ley!
JUAN: ¡Qué bien pinta a nuestro rey!1085
ANA: Mejor le ha pintado el cielo.
MARTÍN: ¡Gran soneto!
CONDE: No le he dado,
porque no estoy dél contento.
–Decid vos.
ANA: ¡Qué atrevimiento!
¿Donde vos habéis hablado?1090
JUAN: Excusad tales excusas.
ANA: ¿Mas que os ha de causar risa?
CONDE: Hablad, divina poetisa.
MARTÍN: Silencio, que hablan las musas.
ANA: Amaba Filis a quien no la amaba,1095
y a quien la amaba ingrata aborrecía;
hablaba a quien jamás le respondía,
sin responder jamás a quien la hablaba.
Seguía a quien huyendo la dejaba,
dejaba a quien amando la seguía;1100
por quien la despreciaba se perdía,
y a el perdido por ella despreciaba.
Concierta, Amor, si ya posible fuere,
desigualdad que tu poder infama:
muera quien vive, y vivirá quien muere.1105
Da hielo a hielo, Amor, y llama a llama,
porque pueda querer a quien la quiere
o pueda aborrecer a quien desama.
CONDE: Vos os podéis alabar;
que nadie puede, señora.1110
ANA: Hablará don Juan agora.
JUAN: Dejádmele imaginar.
Una moza de cántaro y del río,
más limpia que la plata que en él lleva,
recién herrada de chinela nueva,1115
honor del devantal, reina del brío;
con manos de marfil, con señorío,
que no hay tan gran señor que se le atreva,
pues donde lava, dice Amor que nieva,
es alma ilustre al pensamiento mío.1120
Por estrella, por fe, por accidente,
viéndola henchir el cántaro, en despojos
rendí la vida a el brazo trasparente;
y, envidiosos del agua mis enojos,
dije: “¿Por qué la coges de la fuente,1125
si la tienes más cerca de mis ojos?”
ANA: ¡Malos versos!
JUAN: No sé más.
ANA: Un caballero discreto
¿escribe a tan vil sugeto?
No lo creyera jamás.1130
CONDE: Tiene doña Ana razón.
JUAN: Si hubiérades visto el brío
del nuevo sugeto mío,
la hermosura y discreción,
dijérades que tenía1135
tanta razón de querer,
que no supe encarecer
lo menos que merecía.
ANA: Si es disfrazar vuestra dama,
como suelen los poetas,1140
por tratar cosas secretas
sin ofensa de su fama,
está bien; pero si no,
bajo pensamiento ha sido.
JUAN: Ninguna cosa he fingido,1145
ni tengo la culpa yo;
porque no lejos de aquí
vive la hermosa Isabel,
por quien el amor crüel
hace estos lances en mí.1150
Sirve a un indiano, que viene
a la corte a pretender.
No sé qué puede querer
quien tanta riqueza tiene.
ANA: ¿A tal sugeto, tal fe?1155
JUAN: La que me ha muerto y rendido
moza de cántaro ha sido,
moza de cántaro fue.
En él este amor bebí,
todo me abrasó con él;1160
ella fue sirena, y él
el mar en que me perdí.
Con él veneno me ha dado,
con él me mató.
ANA: Si fuera
Martín quien eso dijera,1165
estuviera disculpado;
pero ¡un caballero, un hombre
como vos!…
JUAN: No es elección
amor; diferentes son
los efetos de su nombre.1170
Es desde el cabello al pie
tan bizarra y aliñosa
que no es tan limpia la rosa,
por más que al alba lo esté.
Tiene un grave señorío1175
en medio desta humildad,
que aumenta su honestidad
y no deshace su brío.
Finalmente, yo no vi
dama que merezca amor1180
con más fe, con más rigor.
ANA: Advertid que estoy yo aquí,
y toca en descortesía
tan necio encarecimiento.
JUAN: Yo he dicho mi pensamiento1185
sin pensar que os ofendía.
CONDE: No os levantéis. ¿Dónde vais?
ANA: Corrida me voy.
JUAN: ¿Por qué?
Sin ofensa vuestra hablé.
ANA: Si cosas bajas amáis,1190
no las igualéis conmigo.
Vanse doña ANA y JUANA
CONDE: ¡Por Dios, que tiene razón!
MARTÍN: Cesó la conversación.
JUAN: ¿Porque lo que siento digo?
CONDE: Decir que no visteis dama1195
como ella, ¿no ha sido error?
JUAN: ¿Error?
Sale JUANA
JUANA: Conde, mi señor,
entrad: mi señora os llama.
A don JUAN
CONDE: Ella me quiere decir
que no os traiga más conmigo.1200
JUAN: Si lo tiene por castigo,
no apelo de no venir.
Vanse el CONDE y JUANA. A MARTÍN
Di a el Conde que a verla fui,
esa que a doña Ana enfada.
MARTÍN: ¿Tú quieres lo que te agrada?1205
JUAN: Sí, Martín, mil veces sí.
MARTÍN: Pues quiérela si la quieres;
que tal vez agrada un prado
más que un jardín cultivado,
y al fin todas son mujeres.1210
Vanse. Salen doña MARÍA, en hábito humilde y devantal, y el INDIANO, siguiéndola
MARÍA: Advierta vuestra merced
que si esto adelante pasa,
no estoy un hora en su casa.
INDIANO: (Pensamiento, detened Aparte
el paso; que hay honra aquí.)1215
Palabra, Isabel, te doy
que no seré desde hoy
importuno como fui.
Desprecia en fin tu belleza
y ese donaire apacible;1220
que ya sé que es imposible
mudar la naturaleza.
Vase
MARÍA: Tiempos de mudanzas llenos
y de firmezas jamás,
que ya de menos a más,1225
y ya vais de más a menos.
¿Cómo en tan breve distancia,
para tanto desconsuelo,
habéis humillado a el suelo
mi soberbia y arrogancia?1230
El desprecio que tenía
de cuantas cosas miraba,
las galas que desechaba,
los papeles que rompía,
el no haber de quien pensase1235
que mi mano mereciese,
por servicios que me hiciese,
por años que me obligase:
toda aquella bizarría,
que como sueño pasó,1240
a tanta humildad llegó,
que por mí decir podría:
Aprended, flores, de mí lo que va de ayer a hoy; que ayer maravilla fui, y hoy sombra mía aun no soy.
Flores, que a la blanca aurora
con tal belleza salís
que soberbias competís1245
con el mismo sol que os dora,
toda la vida es un hora.
Como vosotras me vi,
tan arrogante salí;
sucedió la noche al día;1250
mirad la desdicha mía,
aprended, flores, de mí.
Maravilla ser solía
de toda la Andalucía,
o maravilla o María;
ya no soy la que era ayer.1255
Flores, no os deis a entender
que no seréis lo que soy,
pues hoy en estado estoy
que, si en ayer me contemplo,
conoceréis por mi ejemplo1260
lo que va de ayer a hoy.
No desvanezca al clavel
la púrpura, ni a el dorado
la corona, ni al morado
lirio el hilo de oro en él;
no te precies de crüel,1265
manutisa carmesí,
ni por el color turquí,
bárbara violeta, ignores
tu fin, contemplando, flores,
que ayer maravilla fui.
De esta loca bizarría1270
quedaréis desengañadas
cuando con manos heladas
os cierre la noche fría.
Maravilla ser solía,
pero ya lástima doy;1275
que de extremo a extremo voy,
y desde ser a no ser,
pues sol me llamaba ayer
y hoy sombra mía aun no soy.
Sale don JUAN
JUAN: Dicha he tenido, por Dios.
–Isabel, ¿adónde bueno?1280
MARÍA: ¿Adónde bueno, Isabel?
Adonde hallase un requiebro.
¿Pensáis que no tengo yo
mi poco de entendimiento?
JUAN: Bien conozco que no ignoras1285
tanto: que a veces sospecho
que finges lo que no entiendes.
MARÍA: Lo que no quiero no entiendo.
Pero, a la fe, que me admira
que un caballero tan cuerdo1290
y tan galán como vos
humille sus pensamientos
a una mujer como yo.
¿Sois pobre?
JUAN: Pues ¿a qué efeto
me preguntas si soy pobre?1295
MARÍA: Porque si os falta dinero
para pretensiones altas,
no tengo por mal acuerdo
requebrar lo que, a la cuenta
del entendimiento vuestro,1300
os costará zapatillas,
ligas, medias y un sombrero
para el río con su banda,
avantal de lienzo grueso,
chinelas ya sin virillas1305
(que solía en otro tiempo
en los pies de las mujeres
la plata barrer el suelo),
castañetas, cintas, tocas;
que para últimos empleos1310
de las damas, fondo en ángel,
no hay plata en el alto cerro
del Potosí, perlas ni oro
en los orientales reinos.
Más pienso que os costarían1315
las randas de un telarejo
que una legión de fregonas.
JUAN: No juzgaras mis deseos
por el camino que dices,
si te dijera el espejo1320
el despejo de tu talle.
MARÍA: ¿Espejo y despejo? ¡Bueno!
Ya con cuidado me habláis,
porque en efeto os parezco
mujer que os puedo entender.1325
Pues yo os prometo que puedo,
pero el estar enseñada
a oír vocablos groseros
de un indiano miserable:
“Ve por esto; vuelve presto.1330
Esto guisa, aquello deja.
¿Limpiaste aquel ferreruelo?
Ve por nieve, trae carbón,
esto está sin sal, aquello
sin agrio, llama a ese esclavo,1335
éste lava, y dame un lienzo,
¿cómo gastas tanta azúcar?
Para madrugar me acuesto,
despiértame de mañana,
pon la mesa, luego vuelvo”1340
y otras cosas de este porte
me han quitado el sentimiento
de otras razones más grandes,
no porque no las entiendo.
En efeto ¿qué queréis?1345
JUAN: Que me quieras en efeto.
MARÍA: ¡Bien aforrada razón,
y bien dicha para presto!
Bien digo yo que pensáis
que a mi corto entendimiento1350
importan resoluciones,
atajos y no rodeos.
Pues levantad el lenguaje;
que, como dicen los negros,
el ánima tengo blanca,1355
aunque mal vestido el cuerpo.
Habladme como quien sois.
JUAN: Yo, Isabel, así lo creo,
porque, pensando en tu oficio,
tal vez el respeto pierdo;1360
pero en mirando a tu cara
vuelvo a tenerte respeto.
Mas no te debe enojar
que te diga mi deseo;
que sólo son por el fin1365
todos los actos perfectos.
¿Qué dirás deste lenguaje?
MARÍA: Que, aunque es el término honesto,
no me agrada la intención
de la suerte que la entiendo.1370
Conmigo (a lo que imagino)
tomáis la espada a lo diestro.
Tiré, desvïasteis, huí;
y, acometiéndome al pecho,
herida de conclusión1375
formó vuestro pensamiento.
Pues no, mi señor, por vida
de los dos, porque no quiero
que, asiendo la guarnición,
engañéis mi honesto celo.1380
Esténse quedas las manos,
y aun los pensamientos quedos;
que no seremos amigos
en no siendo el trato honesto.
JUAN: Como das, Isabel mía,1385
(¿mía dije? ¡ay Dios! que miento)
en pensar que por ser pobre
te busco, te sigo y ruego,
dilatas a mis verdades
el justo agradecimiento.1390
Pues yo te juro, Isabel,
que por quererte, desprecio
la más hermosa mujer,
donaire y entendimiento
que tiene aqueste lugar;1395
porque más estimo y precio
un listón de tus chinelas
que las perlas de su cuello.
Más precio en tus blancas manos
ver aquel cántaro puesto,1400
a la fuente del Olvido
pedirle cristal deshecho;
y ver que a tu dulce risa
desciende el agua riyendo,
envidiosa la que cae1405
de fuera a la que entra dentro;
y ver cómo se da prisa
el agua a henchirle de presto,
por ir contigo a tu casa,
en tus brazos o en tus pechos,1410
que ver cómo cierta dama
baja en su coche soberbio,
asiendo verdes cortinas
por dar diamantes los dedos,
o asoma por el estribo1415
los rizos de los cabellos
en las uñas de un descanso,
que a tantos sirvió de anzuelo.
Yo me contento que digas,
dulce Isabel: “Yo te quiero”;1420
que también quiero yo el alma;
no todo el amor es cuerpo.
¿Qué respondes, ojos míos?
MARÍA: A ojos míos yo no puedo
responder ninguna cosa,1425
porque decís que son vuestros.
A lo de la voluntad,
pienso que licencia tengo;
Y así, pues alma queréis,
digo (porque os vais con esto)1430
que el primer hombre sois vos
a quien amor agradezco.
JUAN: ¿No más, Isabel?
MARÍA: ¿Es poco?
Pues vaya por contrapeso
que no me desagradáis.1435
JUAN: ¿No más, Isabel?
MARÍA: ¿Qué es esto?
Conténtese, o quitaréle
lo que le he dado primero.
JUAN: ¿Podré tomarte una mano?
Aunque por Dios que la temo1440
después que la vi tan diestra
esgrimir el blanco acero.
MARÍA: Pues vos no me conocéis:
por Dios, que algún hombre he muerto
aquí donde me miráis.1445
JUAN: Con los ojos, yo lo creo.
MARÍA: Idos; que viene mi amo.
JUAN: ¿Dónde esta tarde te espero?
MARÍA: En la fuente, a lo lacayo.
JUAN: Logre tu donaire el cielo.1450
Vase. Sale Leonor
LEONOR: Isabel…
MARÍA: Leonor amiga…
LEONOR: ¿Con éste hablabas?
MARÍA: ¿Pues bien?
LEONOR: ¿Qué se hizo tu desdén?
MARÍA: Un amor honesto obliga.
Y te aseguro de mí1455
que es mucho tenelle amor.
LEONOR: Su talle, ingenio y valor
habrán hecho riza en ti.
Que lo merece confieso;
pero en la desigualdad1460
no puede haber amistad.
MARÍA: Los elementos por eso
no tienen paz y sosiego:
el agua a la tierra oprime,
el aire a el agua, y reprime1465
la fuerza del aire el fuego.
Mas como él me quiere a mí
no más de para querer,
¿qué pierdo en corresponder?
LEONOR: Mucho.1470
MARÍA: ¿Cómo?
LEONOR: Mucho.
MARÍA: Di.
LEONOR: Adora mi ama en él.
MARÍA: ¿Quién te lo ha dicho?
LEONOR: Yo y Juana
lo vemos, y a ella con gana
de casamiento, Isabel.
Por eso, si no envidaste,1475
descarta y quédate en dos.
MARÍA: ¿Sábeslo bien?
LEONOR: Sí, por Dios.
MARÍA: Tarde, Leonor, me avisaste;
no porque pueda alabarse
del más mínimo favor,1480
sino por tenerle amor,
que no es fácil de olvidarse.
Necia fui en imaginar
que un don Juan tan entonado
para mí estaba guardado.1485
LEONOR: Un hombre te quiero dar
compañero de otro mío,
bravo, pero no crüel,
que puede ser, Isabel,
de cuantas profesan brío.1490
No pone codo en la puente
hombre de tales aceros,
ni han visto los lavaderos
más alentado valiente.
Ama en tu misma región.1495
¿Quién te mete con don Juanes?
MARÍA: Tu ama ¿trata en galanes?
LEONOR: De honesta conversación
de un conde que la visita,
le nacieron los antojos.1500
MARÍA: ¡Quién la ve tan baja de ojos
a la señora viudita!
LEONOR: Hermana, enviudó ha dos meses;
viénele grande la cama.
MARÍA: Y en fin ¿le quiere tu ama?1505
LEONOR: Como si juntos los vieses.
MARÍA: Ve por el cántaro, y vamos
al Prado.
LEONOR: A Pedro verás;
que se quedan siempre atrás
él y Martín de sus amos.1510
Vase
MARÍA: A mis graves desconsuelos
sólo faltaba este amor,
a este amor este rigor,
a este rigor estos celos.
¿No me bastaba tener,1515
para no ser conocida,
este género de vida,
sino a quien quieren querer?
Pero andar en competencia
moza de cántaro, en fin,1520
cristalino serafín,
con vos será impertinencia.
Mejor es ser lo que soy,
pues que no soy lo que fui:
Aprended, flores, de mí lo que va de ayer a hoy.
Vase. Salen MARTÍN y PEDRO
PEDRO: ¿Y que tiene tan buen talle?
MARTÍN: Esto me dijo Leonor,1525
y que es la moza mejor
que tiene toda la calle.
Es una perla, un asombro;
rinden parias a su brío
cuantas llevan ropa a el río
y llevan cántaro en hombro.1530
Es mujer que este don Juan,
primo del Conde mi dueño,
pierde por hablarla el sueño;
desmayos de amor le dan.
De la suerte la pasea
que a la dama de más partes;
pero en estos Durandartes1535
poco el pensamiento emplea.
De noche la viene a ver,
y anda el pobre caballero,
de su cántaro escudero,
sin dormir y sin comer.
Sirve a un caballero indiano
tan cuitado, que consiente1540
que vaya y venga a la fuente;
puesto que le culpo en vano,
porque pienso que ella gusta
de salir, por ver y hablar
(que a mozas deste lugar
mucho el no salir disgusta),1545
a jabonar y a lavar
a los pilares, a el río.
PEDRO: En fin, es moza de brío,
y que puede descuidar
de camisas y valonas
a un hombre de mi talante.
MARTÍN: Lleva, en saliendo, delante1550
más pretendientes personas
que un oidor o presidente.
PEDRO: Si yo la moza poseo,
luego habrá despolvoreo
de todo amor pretendiente:
a ellos de cuchilladas
y a ella de muchas coces.1555
Ya mi cólera conoces.
MARTÍN: No la has visto ¿y ya te enfadas?
PEDRO: Gente de un coche se apea.
MARTÍN: Con ellos viene don Juan.
PEDRO: ¡Por vida del alazán,
que no es la viudilla fea!1560
Salen doña ANA, JUANA, don JUAN
JUAN: Por el coche os conocí,
y luego al Conde avisé,
que en la carroza dejé
harto envidioso de mí.
Vine a ver lo que mandáis;
que apearos no habrá sido
sin causa.1565
ANA: Causa he tenido;
que siempre vos me la dais.
Quiero venir a la fuente,
porque sé que es el lugar
adonde os tengo de hallar,
y donde sois pretendiente.
JUAN: ¡Buen oficio me habéis dado!
O de bestia o de aguador.1570
ANA: Conociendo vuestro humor,
señor don Juan, he pensado
venir por agua también.
–Muestra ese búcaro, Juana.
JUAN: Dado habéis esta mañana
filos, señora, al desdén.1575
ANA: Deseando enamoraros,
moza de cántaro soy,
por agua a la fuente voy.
JUAN: Teneos…
ANA: Quiero agradaros.
JUAN: Es el cántaro pequeño;
templará poco el rigor
a los enfermos de amor.1580
Salen doña MARÍA y LEONOR, con sus cántaros. A LEONOR
MARÍA: Esto me dijo mi dueño;
que en el patio de palacio,
archivo de novedades,
ya mentiras, ya verdades,
como pasean de espacio,
lo contaba mucha gente.
LEONOR: Y ¿que esa mujer mató1585
a el que a su padre afrentó?
¡Bravo corazón!
MARÍA: Valiente.
Dijo que había pedido
la parte pesquisidor,
y que a el Rey nuestro señor
(cuya vida al cielo pido)1590
consultaron este caso,
y que no quiso que fuese
quien pesadumbre le diese.
LEONOR: No fue la piedad acaso,
si el padre estaba inocente.
¿Y nunca más pareció
esa dama que mató1595
a el caballero insolente?
MARÍA: De eso no me dijo nada.
Yo estoy contenta de ver
(que en efeto soy mujer)
que la hubiese tan honrada.
LEONOR: ¿Dijo el nombre que tenía?
Que me alegra a mí también.1600
MARÍA: No sé si me acuerdo bien…
Aunque sí: doña María.
MARTÍN: Aquí están dos escuderos
para las dos.
LEONOR: Isabel,
este mozazo es aquel
que te dije.
MARÍA: ¡Oh, caballeros!…
A PEDRO
MARTÍN: (Llega, no estés vergonzoso;
llega y habla.)1605
PEDRO: (Estoy mirando
a Isabel, y contemplando
su talle y su rostro hermoso.)
Téngame vuesamerced
por suyo desde esta tarde.
MARÍA: (¡Qué buen hombrón!) Aparte
Dios le guarde.
PEDRO: (Cayó la daifa en la red. Aparte1610
Ya está perdida por mí.)
MARÍA: (Con pocos de éstos pudiera Aparte
conducir una galera
a la China, desde aquí,
don Fadrique de Toledo.)
PEDRO: Pido mano, doy turrón.
MARÍA: ¿Mas que lleva un mojicón,1615
hombrón, si no se está quedo?
PEDRO: ¡Por el agua de la mar,
que tiene valor la hembra!
MARÍA: Pues no sabe dónde siembra.
PEDRO: (Al primer encuentro azar.) Aparte
¡Voto a tus ojos serenos,
Isabel, porque te asombres,1620
que me mate con mil hombres,
y esto será lo de menos!
Ablándate, serafín.
MARÍA: Déjeme, no me zabuque.
PEDRO: Aquí en la esquina del Duque
hay turrón. –Vamos, Martín.1625
MARTÍN: Vamos, y gasta; que luego
estará como algodón.
PEDRO: Sí, mas ¡coz y mordiscón!…
Parece rocín gallego.
Vanse MARTÍN y PEDRO
ANA: Quedo, no os pongáis delante;
que ya he visto por las señas
que es aquélla vuestra dama.1630
JUANA: Pues Leonor viene con ella,
¿quién duda que es Isabel?
Fuera de que no tuviera
ninguna aquel talle y brío.
ANA: Disculpa tiene en quererla1635
el señor don Juan.
JUANA: La moza
en otro traje pudiera
hacer a cualquiera dama
pesadumbre y competencia.
JUAN: ¿Es todo por darme vaya?1640
ANA: Quisiérala ver más cerca.
Dígale vuesamerced
que está aquí una dama enferma
que se le antoja beber
por la cantarilla nueva;1645
que no irá de mala gana.
JUAN: Sólo por serviros fuera.
MARÍA: ¡Ay, Leonor!
LEONOR: ¿Qué?
MARÍA: Tu señora
y aquél mi galán con ella.
LEONOR: Parece que te has turbado.1650
MARÍA: Por poco se me cayera
el cántaro de las manos.
A MARÍA
JUAN: Aquella señora os ruega
que la deis un poco de agua.
MARÍA: De buena gana la diera1655
a ella el agua, y a vos
con el cántaro.
JUAN: No seas
necia.
MARÍA: Llevádsela vos,
y de vuestra mano beba.
JUAN: Mira que en público estamos,1660
y las mujeres discretas
no hacen cosas indignas.
MARÍA: Iré porque nadie entienda
que me da celos a mí.
Llégase a doña Ana
–Vuesamerced beba, y crea1665
que quisiera que este barro
fuera cristal de Venecia;
pero serálo en tocando
esas manos y esas perlas.
ANA: Beberé, porque he caído.1670
MARÍA: Si el agua el susto sosiega,
beba; que todos caeremos,
si no en el daño, en la cuenta.
ANA: Yo he bebido.
MARÍA: Y yo también.
ANA: (Yo pesares.) Aparte1675
MARÍA: (Yo sospechas.) Aparte
ANA: ¡Qué caliente!
MARÍA: Vuestras manos
de nieve servir pudieran.
ANA: Haz que llegue el coche.
A JUANA
JUANA: ¡Ah, Hernando!
ANA: ¡Buena moza!
MARÍA: Buena sea
su vida.1680
Vanse doña ANA y JUANA
MARÍA: ¿No la acompaña?
¡Mal galán! ¿Así se queda?
JUAN: A darte satisfaciones.
MARÍA: Estoy yo tan satisfecha
que será gastar palabras.
JUAN: Mira, Isabel, que esto es fuerza,1685
y que bien sabe Leonor
(dejo aparte mi fineza)
que el Conde sirve a doña Ana.
MARÍA: Cántaro, tened paciencia;
vais y venís a la fuente:1690
quien va y viene siempre a ella
¿de qué se espanta, si el asa
o la frente se le quiebra?
Sois barro, no hay que fiar.
Mas ¿quién, cántaro, os dijera1695
que no os volviérades plata
en tal boca, en tales perlas?
Pero lo que es barro humilde,
en fin, por barro se queda.
No volváis más a la fuente,1700
porque estoy segura y cierta
que no es bien que vos hagáis
a los coches competencia.
JUAN: ¿Qué dices? Mira, Isabel,
que sin culpa me condenas.1705
MARÍA: Yo con mi cántaro hablo;
si es mío ¿de qué se queja?
Váyase vuesamerced,
mire que el coche se aleja.
JUAN: Iréme desesperado,1710
pues haces cosas como éstas,
sabiendo que Leonor sabe
que no es posible que quiera
eso de que tienes celos.
Vase
LEONOR: Necia estás. ¿Por qué le dejas1715
que se vaya con disgusto?
MARÍA: Leonor, el alma me lleva;
que los celos me han picado.
Pero no seré yo necia
en querer desigualdades,1720
aunque me abrase y me muera.
No he de ver más a don Juan.
¡Esto faltaba a mis penas!
LEONOR: ¡Buen lance habemos echado!
Tú desesperada quedas,1725
y mi ama va perdida.
Salen PEDRO y MARTÍN
PEDRO: Como dos soldados juegan:
perdí el turrón y el dinero.
MARTÍN: Cosas la corte sustenta,
que no sé cómo es posible.1730
¡Quién ve tantas diferencias
de personas y de oficios,
vendiendo cosas diversas!
Bolos, bolillos, bizcochos,
turrón, castañas, muñecas,1735
bocados de mermelada,
letüarios y conservas,
mil figurillas de azúcar,
flores, rosarios, rosetas,
rosquillas y mazapanes,1740
aguardiente, y de canela,
calendarios, relaciones,
pronósticos, obras nuevas,
y a Don Álvaro de Luna,
mantenedor destas fiestas.1745
Mas quedo; que están aquí.
PEDRO: ¡Oigan! ¿De qué es la tristeza?
¿No estaba alegre esta moza?
¡Qué pensativas están!
MARTÍN: Pienso que andaba don Juan
acechando una carroza.1750
PEDRO: Quien te me enojó, Isabel,
que con lágrimas lo pene:
hágote voto solene
que pueden doblar por él.
Vuelve, Isabel, esos ojos;
que no soy yo por lo menos
quien a tus ojos serenos1755
quitó luz y puso enojos.
¿Quién tan bárbar[o] y crüel,
a tu hermosura atrevido,
causa de tu enojo ha sido?
¿Quién te me enojó, Isabel?
No es posible que tuviese
noticia de mi rigor,1760
sin que luego de temor
súbitamente muriese.
Quien te enojó, ¿vida tiene?
¿Que donde estoy vivo esté?
Dime quién es; que yo haré
que con lágrimas lo pene.1765
Dime cómo y de qué suerte
que le mate se te antoja,
porque en sacando la hoja
soy guadaña de la muerte.
Si el Cid a su lado viene,
gigote de hombres haré,
y de que lo cumpliré1770
hágote voto solene.
Si yo me enojo en Madrid
con quien a ti te ha enojado,
haz cuenta que se ha tocado
la tumba en Valladolid.
Porque en diciendo, Isabel,
que he de matalle, está muerto.1775
No hay que esperar, porque es cierto
que pueden doblar por él.
MARÍA: Ven, Leonor; vamos a casa.
LEONOR: Triste vas.
MARÍA: Perdida estoy.
PEDRO: ¿Así se va?
MARÍA: Así me voy.
PEDRO: Pues cuénteme lo que pasa.1780
MARÍA: No quiero.
PEDRO: Tendréla.
MARÍA: Tome.
PEDRO: ¡Ay!
MARTÍN: ¿Qué fue?
PEDRO: Tamborilada.
LEONOR: Dístele, Isabel?
MARÍA: No es nada.
Pregúntale si le come.
