La guarda cuidadosa (Miguel Sánchez) — Jornada II

JORNADA SEGUNDA


Salen FLORENCIO, en hábito de guarda de monte, y ARIADENO. FLORENCIO trae un arcabuz
FLORENCIO: De aquí puedes volver.
No llegues, por vida mía;190
que a verte en mi compañía,
lo echamos todos a perder.
La casa del bosque es ésta.
ARIADENO: ¿Dónde quieres que te espere
por si bien no sucediere195
la traza que traes dispuesta?
FLORENCIO: Da la vuelta a la ciudad
y espérame en la posada;
que si no negocio nada
soy allá con brevedad.200
Y si me quedo, podrás
volver por acá mañana.
ARIADENO: Mira que no es traza sana
quedar solo.
FLORENCIO: Mucho más
a riesgo ninguno quedo.205
ARIADENO: Quizá te conocerán
pues todos visto te han
seis días ha.
FLORENCIO: No tengo miedo.
¿No ves que estuve encubierto
el rostro cuando aquí estuve,210
y otra cara y color tuve
y ya me tienen por muerto?
ARIADENO: ¿Tan convalecido estás
agora, a tu parecer,
pues te levantaste ayer215
para este yerro en que das?
Tras las recientes sangrías
y tras medicinas tantas,
sospecho que te levantas
tan necio como venías.220
FLORENCIO: Pues, ¿tan poco es el disfraz
que traigo que no podría
en la misma casa mía
encubrirme?
ARIADENO: Tu gusto haz.
No te aconsejaré ya;225
que me es mal agradecido.
FLORENCIO: Cuando el consejo es perdido,
no es prudente quien le da.
Perdona si respondí
mal a tu buena intención;230
que es igual mi obstinación
al buen celo que hay en ti.
ARIADENO: ¿Agoa cumples conmigo?
Despacio, señor, estás.
FLORENCIO: Pues, amigo, advertirás235
todo aquesto que te digo.
Si esta noche no me hallo
en la posada, mañana
podrás, algo de mañana
pasar por aquí a caballo;240
que yo andaré ansí el camino
esperando con cuidado,
y del intento trazado
sabrás allí lo que ha habido.
Con diligencia me busca.245
No hagas que mucho aguarde,
y vete, que se hace tarde.
ARIADENO: Temprano andaré en tu busca
si esta noche, como dices,
no te veo en la posada250
o, si de la traza dada,
antes de eso no desdices;
que, según mudas acuerdos,
todo se puede temer.
FLORENCIO: Al tiempo que es menester255
no todos saben ser cuerdos.
Como ningún medio ayude
ni sale a mi intento bueno,
no te espantes, Ariadeno,
de que a menudo los mude.260
ARIADENO: Mas, ¿qué tienes de mudar,
puesto de disfraz, de suerte
que no pueda concocerte
cuando te venga a buscar?
FLORENCIO: ¿Conoceráme Nisea?265
ARIADENO: Dúdolo, según estás.
FLORENCIO: Según ella está, dirás.
ARIADENO: ¿Qué dirá cuando te vea
que por muerto te ha llorado?
FLORENCIO: Que pocas lágrimas son.270
ARIADENO: No tienes, señor, razón.
Mucho dolor la has costado.
Pero súpolo fingir
el crïado de manera
que ser yo el muerto creyera,275
a querérmelo decir.
FLORENCIO: Ha sido ventura extraña
que, cual si lo previnieses
ese crïado tuvieses
conocido desde España.280
ARIADENO: Pues advierte que es el todo
en la casa de Leucato.
FLORENCIO: Como continúes su trato,
nos dará cuenta de todo.
¿En efecto concertase285
con él este intento mío?
ARIADENO: Sí, si tanto desvarío
hay quien concertarlo baste.
FLORENCIO: Y, ¿dice si posa allí
el príncipe todavía?290
ARIADENO: No estuvo allá más de un día.
Volvióse, mas viene ya.
FLORENCIO: ¿Sabes en qué errado habemos?
ARIADENO: De yerros no hay que te espantes.
FLORENCIO: El no ver yo a Nisea antes.295
ARIADENO: ¡Que en estas locuras demos!
Que pues me envió a llamar
siquiera por cortesía,
ya que no por más, debía
irla luego a visitar.300
FLORENCIO: No es lo primero que yerro.
Gente viene o va, volverte.
ARIADENO: Si es forzoso obedecerte
no se puede llamar yerro.
FLORENCIO: El nombre de este crïado305
que busco, que no le acierto,
vuelve a decirme.
ARIADENO: Roberto,
nunca a su libro pasado;
pero vesle aquí.
FLORENCIO: ¿Que éste es?
Sale ROBERTO
ARIADENO: Roberto, dicha he tenido310
en hallarte.
ROBERTO: Bien venido.
ARIADENO: Muy enhorabuena estés.
ROBERTO: Al monte iba a caza agora
con intento de tomar
con qué te fuese a buscar.315
ARIADENO: Luego, ¿llego a buena hora?
ROBERTO: Ahorrarásme este camino.
¿Es éste la guarda?
ARIADENO: Sí.
FLORENCIO: A servirte vengo aquí.
ROBERTO: ¿Cuánto ha que de España vino?320
ARIADENO: Poco. ¿Cuánto ha que veniste?
FLORENCIO: Que llegué aquí habrá tres días.
ROBERTO: ¿A qué o adónde venías
o, por qué de allá partiste?
FLORENCIO: Partí en una compañía325
para Flandes. Enfermé.
Dejáronme aquí y quedé
rendido a la muerte mía.
ROBERTO: ¿De soldado, agora das
a guardar un monte, y tanta330
flaqueza?
FLORENCIO: No se levanta
el ánimo para más.
Antes de entrar en la guerra
he conocido lo que es.
ARIADENO: Si bien lo supieses, pues.335
ROBERTO: Y, ¿no vuelves a tu tierra?
FLORENCIO: No, porque no dejo allá
hacienda ni buen partido.
Adonde no es conocido
el pobre mejor está.340
ROBERTO: Paréceme hombre de bien.
ARIADENO: Que lo es fí de mí.
Quizá por serlo está ansí.
ROBERTO: Y, ¿cuántos de estos se ven?
¿Quieres que concertemos345
lo que te tengo de dar?
FLORENCIO: Poco hay que concertar
ni en qué nos desconcertemos.
Yo no tengo de añadir
a la ración que me deis;350
luego de darme tenéis
lo con que pueda vivir.
Como pueda pasar yo
ventaja no la querré;
que en este oficio ya sé355
que ninguno enriqueció.
ROBERTO: Póneste tan en lo justo
que en eso no hay más que hacer.
Amigos hemos de ser.
FLORENCIO: Deseo servir a gusto.360
[ARIADENO habla] aparte a FLORENCIO
ARIADENO: (¡Cuerpo de quién me parió!
Hablémonos comedido;
que lo hablas tan polido
que casi te conoció.
O si no, la boca enjuaga365
para que hables más modesto.
Tú no vales para esto,
tus orejas llenas de agua.
Habla más alto, y más gordo
y jura de en cuando en cuando370
antes de andar enseñando
las palabras como a sordo.)
Dígole lo que ha de hacer
para acertar a servir.
ROBERTO: Bien se lo sabrás decir.375
FLORENCIO: Y yo sabré obedecer.
ARIADENO: Cuanto te predico ansí
en la cabeza te queda.
FLORENCIO: Hará el pobre lo que pueda;
venía clavado aquí.380
ARIADENO: Por fuerza has de responder
razón concupulativa.
Ansí yo en España viva
como has de echarla a perder.
ROBERTO: Agora que estás acá,385
querrás hablar a Nisea
que mucho verte desea.
ARIADENO: ¿Cómo, si en la cama está?
ROBERTO: Hoy se ha levantado un poco
de su padre importunada.390
ARIADENO: ¿Qué ha sido su mal?
ROBERTO: No nada.
Trae al pobre padre loco.
No es más de melancolía.
ARIADENO: Y, ¿ese llamas poco mal?
En mil gentes es mortal,395
y aun yo jurarlo podría;
que después que el mal logrado
de mi señor me faltó,
ando tal que no se vio
hombre tan desconsolado.400
Poco a poco voy tras él
según me tiene el dolor;
que esto debe a tal señor
un crïado antiguo y fiel.
Que sobre sobre aquésta que ciño405
me quise arrojar, confieso.
ROBERTO: ¿Un hombre como tú hace eso?
ARIADENO: El dolor me ha vuelto niño;
con esto sólo descanso.
ROBERTO: ¿Adónde está tu cordura?410
ARIADENO: ¡Qué gala, qué compostura,
qué dadivoso, qué manso!
¡Ay, que perdí mucho, amigo!
ROBERTO: Para eso es el corazón.
FLORENCIO: (¡Qué bien finge el bellacón!) Aparte415
ROBERTO: ¿Hacíalo bien contigo?
ARIADENO: ¡Cómo si lo hacía bien!
Seis años fui su crïado,
y en aquestos he medrado
cual él tenga el siglo, amén.420
Esto va entre burlas veras;
no tuvo cosa partida
comigo en toda su vida;
que se las guardaba enteras.
Hacia FLORENCIO
No había para mí de haber425
llave en arca, en carta nema;
mas si daba en una tema
el juicio hacía perder.
Éstas me traen de esta suerte
llorando agora con vos;430
no se lo perdone Dios.
ROBERTO: Más vale que sí, ya muerte.
FLORENCIO: (Temo no me haga reír Aparte
según anda bueno el loco,
y a él costárale poco.)435
ARIADENO: ¿No lo podrías decir?
FLORENCIO: No traigas a la memoria
cosas de tanto pesar,
pues no se han de remediar.
ARIADENO: Téngale Dios en su gloria.440
ROBERTO: ¿Qué día murió?
ARIADENO: El quinto.
ROBERTO: ¿Tenía herida?
ARIADENO: Mil tenía.
ROBERTO: ¿Volvía sangre?
ARIADENO: Parecía
un cuero de vino tinto.
ROBERTO: ¿Rompíasele la vena?445
ARIADENO: ¿Cómo se podía romper?
Que la debía tener
más recia que una cadena.
ROBERTO: Pues eso, ¿cómo se vio?
ARIADENO: Pudieran verlo los ciegos;450
pues por consejos ni ruegos
eternamente quebró.
ROBERTO: No es ésa de la que hablamos.
ARIADENO: Sé poco de esto de venas.
FLORENCIO: (Las tuyas, a fe, andan buenas.) Aparte455
ROBERTO: ¿Quieres que a la torre vamos
para que hables a Nisea?
ARIADENO: Puedes decirla primero
que aquí estoy y que aquí espero.
ROBERTO: Muy bien me parece. Sea.460
ARIADENO: Aunque si habemos de hablarla
de aqueste pobre difunto,
como me enternezco al punto,
temo mucho de cansarla.
ROBERTO: Harto está ella lastimada;465
que dice que en no curarle
ella debió de matarle.
ARIADENO: No va en eso muy errada.
ROBERTO: Procúrala consolar
diciendo que venía malo470
y que ni cura o regalo
le pudieron remediar;
que esto debe de querer
saber de ti, según creo,
y según muestra el deseo,475
algún bien te quiere hacer.
Y si acomodarte quieres
con el príncipe, sospecho
que tenemos lo más hecho.
FLORENCIO: Bueno es, mientras no te fueres.480
Este cómodo procura.
ARIADENO: Tendríalo a dicha extraña;
que no quiero ver a España
sino con buena ventura.
ROBERTO: Di a Nisea que lo pida485
y si mi abono vale algo,
harélo con pecho hidalgo.
ARIADENO: Prospere el cielo tu vida.
ROBERTO: Quiérola entrar a avisar.
Vete llegando a la torre.490
Tú, amigo, un pedazo corre
del monte que has de guardar
y en casa me buscarás
cuando ya se ponga el sol.
¿Cómo es tu nombre?495
FLORENCIO: Español.
ROBERTO: Con solo él guardar podrás.
Vase [ROBERTO]
ARIADENO: ¿Tengo en efecto de hablarla?
FLORENCIO: No le podemos ya huir.
ARIADENO: ¿Qué la tengo de decir?
¿Podré ya desengañarla?500
Que disparate sería
decir ya que estás difunto
si ha de verte luego al punto,
y pesada grosería.
Pues en fin, ¿qué le diré?505
¿Diré que eres vivo?
FLORENCIO: Sí.
Díselo.
ARIADENO: ¿Y que estás aquí?
FLORENCIO: Di que aún no me levanté.
Informaréme primero
de cómo las cosas van.510
ARIADENO: Mira que quizá saldrán
a llamarme. Mirar quiero.
FLORENCIO: Aquí detrás de la torre
aguardo a que me refieras
lo que pasare.515
ARIADENO: ¿Aquí esperas?
FLORENCIO: Junto a este río.
ARIADENO: Voy.
FLORENCIO: Corre.
Vase ARIADENO
Fáciles aguas de este manso río
que por su margen desigual, torcida,
lleváis vuestra corriente recogida
al valle melancólico y soberbio,520
olas cobardes, que os detiene el brío,
arena, a nuestra costa humedecida,
y de la opuesta peña endurecida,
blandas mojáis el pie, de algas vestido.
¿Por qué estáis murmurándome si digo525
que he de elegir sin orden mi discurso
al dueño ingrato de mi vida triste?
Torcida o no, su condición la digo
como seguís vosotras vuestro curso;
que fuerza natural mal se resiste.530
Salen NISEA y ROBERTO
ROBERTO: Haces bien, por vida mía,
en salirte por aquí;
que ya templarás ansí
algo la melancolía.
NISEA: ¿Adónde está ese crïado535
que me dices?
ROBERTO: No le veas
si de ver triste deseas;
que está tan desesperado
que es gran lástima escucharle
y te ha de entristecer.540
NISEA: Si el mal no puede crecer
de todo podemos darle,
no importa, mirado está.
ROBERTO: A la puerta principal
debe de guardarme, mal545
podremos hallarle acá.
Como por la falsa puerta
que sale al río saliste.
No es mucho que no le viste.
FLORENCIO: (¿Yerra mi dicha o acierta? Aparte550
No sé qué sienta de haber
encontrado aquí a Nisea;
que aunque el gusto lo desea
sospechas le hacen temer.)
ROBERTO: Llamarále aquesta guarda.555
Español, llama al amigo.
…………………[-igo]
FLORENCIO: ¿Dónde está?
ROBERTO: A la puerta aguarda.
NISEA: Espera.
FLORENCIO: ¿Qué es lo que mandas?
NISEA: Roberto, ¿quién es aquéste?560
ROBERTO: Guarda de este monte.
NISEA: ¿De éste?
ROBERTO: De éste.
NISEA: (Fortuna, ¿en qué andas?) Aparte
¿Cuándo le trujiste?
ROBERTO: Agora.
NISEA: Pues si ha tan poco que vino,
no la mandes ir camino565
en que nos detenga un hora.
Ve tú, y que te espero advierto.
ROBERTO: Voy. No te quites de aquí,
Español.
Vase [ROBERTO]
FLORENCIO: Harélo ansí.
(Echada es ya la suerte.) Aparte570
NISEA: ¿Florencio?
FLORENCIO: ¿Señora?
NISEA: Espera.
Llégate. ¿Eres tú?
FLORENCIO: Yo soy.
NISEA: ¿Que estás vivo?
FLORENCIO: Vivo estoy.
NISEA: ¿Das en tu tema primera
o burlaste de ella. Llega.575
¿Quién se ha trocado? ¿Tú o yo?
FLORENCIO: ¿No me ves, señora?
NISEA: No;
que estoy de llorarte ciega.
FLORENCIO: ¿No me conoces, a fe?
¿Tanto el traje te divierte?580
NISEA: Pudiera no conocerte
si fuera menor mi fe.
¿Quién habrá que no se ataje,
mirando no prevenida,
a un hombre muerto con vida585
y a un caballero este traje?
Crüel, ¿qué quisiste hacer
con publicar que eras muerto?
FLORENCIO: Poder estar encubierto
y poder venirte a ver.590
NISEA: Aquí, ¿quién te conocía
que verme a mí no pudieras
sin que muerto te fingieras?
¿Quién andaba ya en tu espía?
Y, si es que te conocían,595
para disimulación,
¿qué importaba esa acción
si vivo después te veían?
Ya que [fuera] traza buena
–que creerte no lo quiero–600
¿no me avisaras primero
para excusarme la pena?
FLORENCIO: Si confesar tu razón
y pesarme de la culpa
basta ya para mi disculpa,605
ya yo merezco perdón.
Y por alcanzarla quiero
hacer confesión entera
y la ocasión verdadera
de huir de mi error grosero.610
Sospechas, señora, dieron
a mi locura aparejo
y, como de su consejo,
los disparates salieron.
Ver tu pecho descubierto615
quise, y tus entrañas claras,
sin que de mí te guardaras,
creyendo que ya era muerto.
Y, pues llego a descubrirlo,
sin duda que me arrepiento,620
básteme para escarmiento
la vergünza de decirlo.
NISEA: ¿Con alma tan temerosa
miras a mi voluntad
que buscas de mi verdad625
experiencia tan costosa?
Y, ¿de dónde ocasión das
a tus sospechas?
FLORENCIO: No sé;
mas he dicho que pensé;
no me preguntes ya más.630
NISEA: Fácilmente lo adivino;
que te quiero confesar.
No en todo es de disculpar
aquése tu desatino;
que, según lo que pasó635
aquel día que viniste,
ocasión de temor diste
a no saber quién soy yo.
FLORENCIO: Sé quién eres, mas también
de tu casa me vi echar640
y, alegre en ella quedar,
un rey que te quiere bien.
No es mucho que yo me ablande
y dé lugar al temor;
que, si es mucho tu valor,645
también la conquista es grande.
NISEA: Pues, ¿qué pude más hacer
para que tú te quedaras?
FLORENCIO: Vi tus entrañas bien claras;
mas vi también qué temer.650
NISEA: ¿Quién aseguró, me di,
que mudas ya de sentencia
y dejas esa experiencia
que hacer quieres de mí?
¿Por podérteme esconder,655
te disfrabas ansí?
FLORENCIO: Y para vivir aquí
adonde te pueda ver.
NISEA: ¿Quién te recibió?
FLORENCIO: Roberto.
NISEA: ¿Ya sabe quién eres?660
FLORENCIO: No;
que al hombre que aquí cayó
ya él le tiene por muerto.
NISEA: ¿Qué has de hacer aquí?
FLORENCIO: Guardar
para el príncipe esta caza,
y cuando viniere a caza665
por lo menos ojear.
NISEA: Como en vida tan incierta
la tuya no aventuraras,
quisiera que aquí miraras
los pocos tiros que acierta.670
Busca otra traza cualquiera
para ti menos costosa;
que aunque más dificultosa
para mí será ligera.
FLORENCIO: Ésta para mí es muy buena,675
pero si no es de tu gusto
dejaréla; que no es justo
en tu casa darte pena.
NISEA: Yendo por este camino,
te ruego ya que te quedes.680
FLORENCIO: ¿Decir mal de traza puedes
que tan a cuento nos vino?
NISEA: Quédate, y pues lo que pasa
lo tienes de ver y oír,
no te lo quiero decir.685
FLORENCIO: En fin, estoy en tu casa.
¿No te espantes de esto?
NISEA: Tanto
llego cada hora a mirar
de que poderme espantar
que ya de nada me espanto.690
FLORENCIO: Tener puede en eso abono
mi yerro.
NISEA: Yo le recibo.
¿Tú no me traes a ti vivo?
Pues, todo te lo perdono.
FLORENCIO: Dime cómo guardar.695
NISEA: ¿Qué?
FLORENCIO: Tu voluntad.
NISEA: No harás mucho.
Venir tu crïado escucho.
FLORENCIO: ¿Qué le has de decir?
NISEA: No sé.
Salen ROBERTO y ARIADENO
ROBERTO: Aquí está este hombre de bien.
NISEA: Tardado ha.700
ROBERTO: Cogióme el viejo.
NISEA: ¿Adónde está?
ROBERTO: Allá lo dejo.
Habla ARIADENO con FLORENCIO
ARIADENO: ¿Cómo le ha tomado?
FLORENCIO: Bien.
NISEA: Ven acá conmigo. Estoy
lastimada del suceso
de tu amo.705
ARIADENO: Gracias de eso
a tu buen jüicio doy;
mas suceso semejante
en un caballero noble
sólo no lo siente un roble
de los que tienes delante.710
Mira a lo que le han traído
sus locuras.
ROBERTO: ¿Que loco era?
ARIADENO: Pues si jüicio tuviera,
¿no lo mostrara el vestido?
ROBERTO: No mal vestido venía.715
ARIADENO: Después acá le mudó.
¿No se lo estorbaras?
NISEA: ¿Yo?
ARIADENO: Si le hablaba me comía.
ROBERTO: ¿Que tan sin jüicio estaba
y pudo antes confesarse?720
ARIADENO: Ansí pudiera enmendarse
como su error confesaba.
ROBERTO: ¿Curáronle bien?
ARIADENO: No;
que otro enfermo principal
que diz que tenía su mal725
el médico le ocupó.
Y a haber en la tierra ramo
de agradecimiento y ley,
debiera faltar al rey
primero que no a mi amo.730
NISEA: No debía de entender
que el mal de peligro era.
ARIADENO: Quien hasta el peligro espera
no le debe de temer.
NISEA: Si aquí se hubiera quedado735
sucediera de otra suerte.
ARIADENO: Acogiérale la muerte
en hábito de hombre honrado.
ROBERTO: ¿En qué hábito murió?
ARIADENO: En un grosero del yermo;740
que, viéndose tan enfermo,
por devoción recibió.
ROBERTO: Si se murió, ¿qué mucho?
ARIADENO: Eso mismo digo yo.
FLORENCIO: (No sé dónde aquél halló Aparte745
las locuras que le escucho.)
NISEA: Al fin, que le mataría
falta de cura y regalo.
ROBERTO: ¿Dice que ya estaba malo
cuando camino venía?750
ARIADENO: Pudiera ser que su mal
curado se entretuviera,
pero de cualquier manera
ya él venía mortal.
NISEA: De gran consuelo me ha sido755
tu venida; que creía
que de su muerte tenía
culpa no haberle acogido.
Para esto quise hablarle
y por si, ya que esto es hecho,760
puedo ser de algún provecho
agora en acomodarte.
ROBERTO: Con el príncipe desea
acomodarse, pues puedes
……………. [-edes].765
ARIADENO: Mi remedio está en que sea.
NISEA: ¿Tu amo allá donde está
gustaría de ello?
ARIADENO: Sí;
en extremo, pues por mí
sabrá lo que pasa acá.770
NISEA: ¿Cómo lo puede saber
muerto? Vaya el diablo arredro.
ARIADENO: En los bienes que, si medro,
podré por su alma hacer.
ROBERTO: En eso tienes razón.775
FLORENCIO: Ese socorro le da.
NISEA: En eso a ti, ¿qué te va?
FLORENCIO: Que somos de una nación.
NISEA: Por dificultoso tengo
pedir yo al príncipe nada.780
ARIADENO: El por qué está declarada.
Ya la ocasión con que vengo.
En malicias te pareces
mucho al de tu tierra bien
…………………..785
FLORENCIO: ¿Míraslo tanto otras veces?
NISEA: No he tenido qué mirar;
que jamás le pedí nada.
Vete agora a la posada
y podrás volverme a hablar;790
que cuanto posible sea
por acomodarte haré.
Aquello es cielo te de
que más tu alma desea.
ROBERTO: Éste luego de volver795
a casa; que me mandó
ir luego tu padre.
NISEA: No;
que me quiero entertener.
Por aquí un rato andaré,
y vete tú; que conmigo800
queda el español.
ROBERTO: Amigo,
cuidado.
Vase [ROBERTO]
FLORENCIO: Tenerle sé.
ARIADENO: Quien tiene que guardar, cele.
Vase [ARIADENO]
NISEA: Hacia aqueste valle salgo.
Aquese arcabuz, ¿vale algo?805
FLORENCIO: Razonable es.
NISEA: Probaréle.
Florencio, ¿que al fin te veo?
¿Que aún te tiene el alma mía?
Al principio lo creía,
agora ya o lo creo.810
Llega al pecho su mitad
para que me informe de él;
que en aquese toque fiel
descubriré la verdad.
FLORENCIO: Si esas experiencias haces,815
tarda un siglo en conocerme,
o procuraré esconderme
en otros diez mil disfraces.
NISEA: Ven adonde nos sentemos.
Contarásme tu venida.820
FLORENCIO: Escucharás de una vida
mil diferentes extremos.
[Vanse FLORENCIO y NISEA]. Salen ARSINDA y ROBERTO
ARSINDA: ¿Dónde queda Nisea?
ROBERTO: Allá en el monte.
ARSINDA: ¿Sola?
ROBERTO: Con una guarda.
ARSINDA: ¿Y tú le dejas?
ROBERTO: Y ella quiso quedarse; que parece825
que ya quiere gustar de divertirse.
ARSINDA: ¿Lleváronla arcabuz?
ROBERTO: El de la guarda.
ARSINDA: Pues esa guarda; ¿no se te había ido?
ROBERTO: Otra recibí hoy, en la apariencia
hombre de bien.830
ARSINDA: Y, ¿de hoy venido a casa
queda con él Nisea de esa suerte?
ROBERTO: ¿Qué quieres? Son humores que la vienen
cuando revienta de melancolía
y cuando podía ya vender contento,
hoy está divertida extrañamente835
con buen semblante y con buen gusto en todo.
ARSINDA: ¿Vióla el crïado del español muerto?
ROBERTO: Vióla y hablóla allí cuatro palabras
con tal tibieza que entender no pud[e]
para qué deseaba tanto hablarle.840
ARSINDA: Y, ¿hablóle siempre en tu presencia?
ROBERTO: Siempre,
palabra no perdí que se dijera.
ARSINDA: Y, ¿no se enterneció de la desgracia?
ROBERTO: No hizo sentimiento.
ARSINDA: ¡Extraña cosa!
Y, ¿dó está ese crïado?845
ROBERTO: Acá le traje
para acogerle aquí por esta noche,
aunque mandó Nisea que se fuese
a la ciudad; que a excusa suya viene.
ARSINDA: ¿Cómo es posible sequedad tan grande?
ROBERTO: Mira que tanto que pedir no quiere;850
al príncipe reciba aquese pobre hombre
mientras haya ocasión para volverse
a su tierra.
ARSINDA: Y, ¿pidióle él que lo hiciese?
ROBERTO: Con muchas veras.
ARSINDA: No sé qué me diga.
Salen el PRÍNCIPE y TREBACIO
PRÍNCIPE: ¿Hay, por ventura, alguno en esta casa?855
Que no encuentro persona en toda ella.
ARSINDA: Aquí me hallarás a mi presente.
ROBERTO: Está fuera Leucato con los pocos
crïados que en aqueste monte tiene.
PRÍNCIPE: ¿Adónde está?860
ROBERTO: Llegóse a un lugar suyo.
PRÍNCIPE: ¿Ha mucho que partió?
ROBERTO: Habrá media hora.
PRÍNCIPE: ¿Cuándo vendrá?
ROBERTO: Mañana, que es muy cerca.
[TREBACIO habla aparte con el PRÍNCIPE]
TREBACIO: (No es mala la ocasión.)
PRÍNCIPE: (A estar en eso
mi dicha; pero más azares tiene.)
TREBACIO: (Con todo eso, es cordura no perderla.)865
PRÍNCIPE: ¿Adónde está Nisea?
ARSINDA: Allále dejas
en el monte.
PRÍNCIPE: ¿Con quién?
ROBERTO: Sola quedaba
con un hombre que es guarda de esa monte;
mas ya vuelvo en su busca.
PRÍNCIPE: Y yo contigo;
que no es razón dejarla de esa suerte.870
ROBERTO: Agora acabo de apartarme de ella
por señas que de ti hablamos buen rato,
suplicándola yo que te pidiese
que recibieses un crïado pobre.
PRÍNCIPE: Y, ¿encargóse de ello?875
ROBERTO: No del todo;
que dice que no es buen cortesía
tratar eso contigo.
PRÍNCIPE: ¿Qué hombre es ése?
ROBERTO: Un hombre que vino en compañía
de un caballero que los días pasadas
hallaste aquí volviendo de la caza880
que cayó de un caballo.
PRÍNCIPE: Ya me acuerdo.
ROBERTO: Y ha quedado Nisea lastimada
de la desgracia.
PRÍNCIPE: Y con razón por cierto.
ROBERTO: Y desea amparar este crïado,
y yo, que le conozco, lo deseo.885
[TREBACIO habla aparte con el PRÍNCIPE]
TREBACIO: (Débese hacer merced por el servicio
de haber disimulado tu venida
cuando fingiste que venía a buscarte
y que por él del monte te volviste.)
PRÍNCIPE: (Tienes razón; paguémoselo en esto.)890
Ese hombre, ¿dónde está?
ROBERTO: Aquí está afuera.
PRÍNCIPE: Llámale.
ROBERTO: Al punto viene.
Vase [ROBERTO]
PRÍNCIPE: Pues, Arsinda,
¿cómo me va con esta ingrata mía?
ARSINDA: Tan mejor que podrías darme albricias.
PRÍNCIPE: ¿En qué manera?895
ARSINDA: Yo no lo conozco,
según en condició se ha mejorado.
Salen ROBERTO y ARIADENO
ROBERTO: Éste es el hombre por quien te suplico.
PRÍNCIPE: De su desgracia me ha pesado, amigo.
ARIADENO: Si a ti te pesa, su remedio es cierto.
PRÍNCIPE: Quedéle aficionado a aquel tu amo,900
casi sin conocerle, que aun el rostro
no pude verle, mas su trato y término
parecía de hombre principal.
ARIADENO: Sí, era.
PRÍNCIPE: Roberto dice que deseas servirme
y así por él, porque le quiero mucho,905
como por ser crïado de quien fuiste,
deseo acomodarte.
ARIADENO: Largos años
y con sucesos vitoriosos vivas.
PRÍNCIPE: Y, ¿en qué acertarás a ejercitarte?
ARIADENO: Del campo y de la aza he sabido algo.910
PRÍNCIPE: Pues ése he menester; que gusto de ello.
Habla a Trebacio, y daréte el orden
que has menester.
ARIADENO: Tus pies mil veces beso.
ROBERTO: Favor particular de ti recibo.
ARSINDA: ¿Piensas volverte allá?915
PRÍNCIPE: Arsinda,
¿podré quedar mejor acá esta noche?
ARSINDA: En casa ya tú ves que sería yerro
no estando aquí Leucato; mas espera…
Un labrador, crïado suyo, vive
junto a esta casa; que es el que granjea920
esta hacienda. Si quieres humillarte
a ser su huésped esta noche, puedes
llegarte a las ventanas de la torre;
que yo procuraré tener en ellas
a Nisea.925
PRÍNCIPE: No quiero mejor cama.
Díselo al labrador.
ARSINDA: Tendrálo a dicha.
PRÍNCIPE: Roberto, ven, y vamos por Nisea.
ROBERTO: No estará lejos.
TREBACIO: ¿Quédeste en efecto?
ARIADENO: ¿Qué me mandas hacer?
TREBACIO: Aquí me espera.
Vanse [el PRÍNCIPE, TREBACIO y ROBERTO]. Sale NISEA
NISEA: ¿Ha venido el príncipe?930
ARSINDA: Acá estuvo,
y en tu busca volvió.
NISEA: ¿Fuése mi padre?
ARSINDA: Ya se fue.
NISEA: ¿Cuándo vuelve:
ARSINDA: Mañana.
NISEA: ¿Dijo si iba a la ciudad el príncipe?
ARSINDA: Salió a buscarte, y no se irá sin verte,
a lo que imagino.935
NISEA: Pues no diga
nadie que soy venidal que no quiero
que me vea no estando aquí mi padre.
ARIADENO: (Dios sabe la verdad, y si es aquesto Aparte
cumplir conmigo porque yo lo escucho.)
ARSINDA: Mal podrás esconderte de quien ama940
y mal diremos que no eres venida
si viene ya la noche.
NISEA: Esto se haga.
¿Aquí estás, Ariadeno?
ARIADENO: A tu servicio.
ARSINDA: Ya crïado del príncipe.
NISEA: Yo me huelgo.
Arsinda, avisa que ninguno diga945
que estoy en casa.
ARSINDA: Advertirélo a todos.
Vase [ARSINDA]
NISEA: Y, ¿has de servir al príncipe de veras?
ARIADENO: ¿De qué suerte podré yo entretenerme
más cerca de Florencia que de aquésta?
NISEA: ¿Gusta de ello tu amo?950
ARIADENO: Él lo propuso.
NISEA: A mucho nos ponemos; pero vaya.
Seamos todos locos con un loco.
¿Dijiste a Arsinda que Florencio es vivo
y dónde está?
ARIADENO: No me atreví a decírselo.
Muerto es para con ella todavía.955
NISEA: No se lo digas hasta que lo vea;
veamos lo que hará.
ARIADENO: Callarélo.
NISEA: Ve en busca de Florencio, que está solo,
y trato con Roberto lo acomode;
que es lástima cuál está. ¡Ah, triste!960
ARIADENO: Por la ocasión que lo hace todo es poco.
Vase todos. Sale FLORELA
FLORELA: Encinas de aqueste monte
entre cuya compañía
en paz segura ha pasado
sus pocos años mi vida;965
fresnos, tan amigos míos
ya por la costumbre antigua,
que no me pierde en vosotros
la multitud infinita;
yerba, de cuyo regazo970
la fiesta de tantos días
hice cama por mi gusto,
que me diste franca y limpia;
hoy, que por necesidad
humilde vengo a pedirla975
y ser quiero vuestro huésped
toda aquesta noche fría,
no me la neguéis, piadoso,
ansí os sean siempre amigas
las influencias de los cielos980
y sus estrellas benignas;
que aquí me traen perdida
peligros de mi casa y mis desdichas.
Acoged seguramente
una medrosa que fía985
de vuestra muda esperanza
más que de su casa misma.
Acogió en ella mi padre,
o por fuerza o por codicia,
al príncipe de esta tierra990
–que cuál es tenga la vida–.
Quedó en ella, no forzado
de tempestades prolijas;
que estas hay vez que a los reyes
a tal humildad obligan.995
Detiénenle vanidades
y mal miradas porfías,
en afrenta del vasallo
mejor que tiene en sus villas.
Si a un padre, como a Leucato,1000
le solicitan la hija,
el mío, que los hospeda,
temiéndola, ¿en qué se fía?
Que, aunque no soy tan linda,
cuanto al peligro todas son las mismas.1005
Anda tan entretenido
de esperanzas y mentiras,
que llevan tras sí los hombres
adonde quien que vivan;
que, de su honor olvidado,1010
no me guarda perseguida
de los cortesanos libres
que al amo que traen imitan.
No tengo dónde acogerme
porque la posada es chica,1015
y he de temer tanto fuego
en una casa pajiza.
Al monte me vengo huyendo
donde al tronco de una encina
arrimaré la cabeza1020
segura, aunque no dormida.
Parece que estas retamas
con su seno me convidan;
que hallaré seguro al menos
de traición y de desdichas.1025
Aquí estaré escondida
hasta que venga a defenderme el día.
Sale FLORENCIO
FLORENCIO: Mote, solo en mis males compañero,
como en rudeza somos una traza
en quien guardan los celos, no la caza,1030
sino la fiera a cuyas manos muero;
tu hierba fría para cama quiero
en que el sereno menos embaraza,
pues el suceso de Argos amenaza
[el] fin incierto que en mi vida espero.1035
Guardo mujer; su voz que me asegura
es el Mercurio engañador que duerme
los ojos mil con que la mira y velo.
[Es] Jupiter el rey que la procura,
pues, ¿contra un Dios, qué puede defenderme?1040
Que dioses con los reyes el en suelo.
Salen a la ventana NISEA y ARSINDA
NISEA: ¿Qué priesa es ésta que tienes
de traerme a la ventana?
ARSINDA: Pues no de muy mala gana
esta noche a ella vienes.1045
Mejorada estás de humor.
NISEA: Algo mejor me he sentido.
FLORENCIO: Por aquí siento rüido.
Yo me muerto de temor.
NISEA: Mas por la ocasión no sé1050
que la haya de venir;
tú me la puedes decir
si la sabes.
ARSINDA: No sé a la fe.
Pluguiera a Dios que la hubiera
y que en este despoblado1055
se hallara al desesperado
que aquí nos entretuviera.
Que tengo el deseo puesto
en procurarte curar
de aqueste largo pesar.1060
NISEA: ¿Largo le llamas tan presto?
ARSINDA: Pues en cuanto ha de servirte,
con que te has de reír
aunque estés para morir.
NISEA: ¿Yo reírme?1065
ARSINDA: Tú, reírte;
que para eso le he traído
aquí a la ventana aparte.
NISEA: Casi deseo escucharte.
FLORENCIO: Hablar al balcón he oído.
ARSINDA: Sabe, para que concluya…1070
FLORENCIO: No sé si huya o aguarde.
ARSINDA: …que cuando volvió esta tarde
el príncipe en busca tuya,
como decirle mandaste
que a casa no habías venido,1075
quedóse el pobre perdido
de ver que te le negaste.
Y culpándote de ingrata,
dijo con ansia crüel,
“¿Merece este trato aquél1080
que de hacerla reina trata?”
Y hablando en aquesto más,
me dio muy claro a entender
que te quiere por mujer.
Mira la dicha en que estás.1085
Bien puede.
NISEA: Déjalo, Arsinda;
que bien hiciste en decir
que era cuento de reír.
Tu flema es, a fe, muy linda.
ARSINDA: ¿Esa respuesta me das1090
a la nueva que te doy?
NISEA: Tan poco avarienta soy
que engañarme no podrás.
Los reyes, como el poder
les hizo en todo señores,1095
nunca buscan por amores
la que ha de ser su mujer.
Cuando traen intención buena,
de otra manera la tratan
y a no poder más, rescatan1100
con casamiento la pena.
ARSINDA: Un hombre loco de amores,
¿en qué reparó jamás?
NISEA: No hables en eso más,
ni ansí mis agravios dores.1105
¿Volvióse a la ciudad luego?
ARSINDA: Pues, ¿qué había de hacer,
no queriéndole acoger?
NISEA: Con esto tendré sosiego;
aunque, como no está aquí1110
mi padre, y tan sola quedo,
casi estoy por tener miedo.
Corre, por amor de mí,
y de Roberto me sabe
su está la casa cerrada.1115
ARSINDA: Fía que estáa bien guardada.
NISEA: Anda, y tráeme a mí la llave.
ARSINDA: Si eso sólo te asegura,
yo voy.
NISEA: Sí, por vida mía.
Vase [ARSINDA]
FLORELA: ¡Oh, si ya llegase el día!1120
FLORENCIO: No me llegar es locura.
NISEA: Un hombre en el monte veo.
¡Oh si me echase de ver!
Florencio debe de ser.
FLORENCIO: ¿Es Nisea la que veo?1125
NISEA: ¿Es el español?
FLORENCIO: Pues, ¿quién
sino él ha de velar?
Ya que se puso a guardar,
no guardar o guardar bien.
NISEA: ¿Que a guardar vienes agora?1130
FLORENCIO: Y con muchas ocasiones;
porque siempre los ladrones
suelen andar a deshora.
NISEA: Sí, pero por aquí no.
FLORENCIO: Como no me han de decir1135
la hora que han de venir,
velo y guardo a todas yo.
NISEA: Luego vienes, según eso,
a guardarme más que a verme.
Claro puedes responderme;1140
que sola estoy.
FLORENCIO: Yo confieso
que no espero dicha tanta
como la que en verte tengo;
y que sólo a guardar vengo;
que mucho un ladrón me espanta.1145
NISEA: ¡Qué poca guerra te hace
ese ladrón que recelas!
FLORENCIO: Quien trae poder y cautelas,
cualquiera seguro deshace,
y más si está dentro en casa.1150
NISEA: ¿En casa había de estar?
FLORENCIO: ¿No suele en ella posar?
NISEA: Ya en eso se pondrá tasa.
FLORENCIO: Hoy, como sin padre estás,
¿ser tu huésped no querría?1155
NISEA: No sé su intención. La mía,
sé que lo asegura más;
que no quise que me viese.
FLORENCIO: ¿No cuando volvió?
NISEA: No.
FLORENCIO: ¡A fe,
buena la resistencia fue!1160
NISEA: Siempre en mi gusto estuviese
que no me vieran sus ojos
en toda la vida más.
FLORENCIO: Quisieses, que no podrás,
que son fuertes sus antojos;1165
mas, en fin, ¿él se volvió
hoy a la ciudad sin verte?
NISEA: Aunque su antojo sea tan fuerte,
esta vez no se cumplió.
FLORENCIO: ¿Que se fue?1170
NISEA: Digo que es ido;
seguro puedes dormir.
FLORENCIO: Agora quiero decir
que a sólo verte he venido.
Yo seguro aquí en el monte
y tú sin tu padre allá,1175
aquí el sol nos hallará
cuando alumbre este horizonte.
Contaréte de mi historia
mil cosas.
NISEA: ¿Que aún tienes más
tras las que contando vas?1180
FLORENCIO: No caben en la memoria.
Y si hoy a tanto te atreves,
te contaré de mi pecho
milagro que en él ha hecho
la voluntad que me debes;1185
que ya me quiero atrever
a hablar contigo de ella
y a creer que gustas de ella.
FLORELA: No es muy malo de creer.
¿Hay tal cosa? Éste será1190
un señor hombre de cuenta
que por ver a esta exenta
en aqueste hábito está.
FLORENCIO: Con todo esto, seún lucho
con un pensamiento loco,1195
no hace mi esperanza poco
en creer el bien que escucho.
NISEA: Espera, que voces dan
adentro; veré lo que es.
FLORENCIO: Aquí estoy.1200
NISEA: Mucho no estés;
que quizá me detendrán;
Que no quiero que esta gente
me vea hoy a la ventana.
No piense que soy liviana
porque está mi padre ausente;1205
que no ven que estoy contigo.
FLORENCIO: Pues, ¿con quién puedes estar?
NISEA: ¿Fáltale que murmurar
nunca al casero enemigo?
No andes solo por ahí.1210
Vete luego a recoger,
pues todo el año ha de haber
puerta franca para ti.
FLORENCIO: Ya que te vas, déjame
contemplar estas paredes.1215
NISEA: Más en el campo no quedes.
Mira que me enojaré.
Adiós.
FLORENCIO: Guárdete mil años.
Iré con tal brevedad.
Sospechas, o me dejad1220
o dadme ya desengaños.
[Vase FLORENCIO, quedándose al paño]. Sale ARSINDA
ARSINDA: Pide a Roberto, señora,
la llave, que no la fía
de mí.
NISEA: ¿Sobre eso sería
toda la grita de agora?1225
ARSINDA: Pues, ¿no me había de enojar
de verme tratar ansí?
NISEA: ¿Por eso, pobre de mí,
la casa has de alborotar?
¿Dónde está Roberto?1230
ARSINDA: Fuése
a acostar y dijo, grave,
que ni a ti dará la llave.
NISEA: Honrado respeto es ése.
No formemos de él querella;
que si mi padre la fía1235
la casa, muy mal haría
en dejar la llave de ella.
¿Está todo sosegado?
ARSINDA: Todo sosegado queda.
No hay qué inquietarte pueda.1240
NISEA: (Necia en despedirle he andado. Aparte
¡Qué necia mi temor fue!
¡Oh, si no se hubiera ido!)
¡Hola, ce!
FLORENCIO: Llamar he oído.
¿Si habrá vuelto? llegaré;1245
mas no, ¿qué sé yo a quien llama?
ARSINDA: ¿A quién llamas? ¿Que mirar
es ése?
NISEA: Allí vi menear.
No sé qué fue.
ARSINDA: Alguna rama.
Hombres se te antojan.1250
NISEA: (Fuése, Aparte
y enojado, ¿quién lo duda?
¿Yo le di muy buena ayuda
para que su temor cese?
¡Oh, quién le buscara luego!
Mas veréle antes que el día.)1255
ARSINDA: Vuelve tu melancolía;
que te veo, si só ciego.
NISEA: ¿Sabes de lo que gustara?
De salir al monte agora.
ARSINDA: ¡Por cierto muy buena hora!1260
Y, ¿quién osara?
NISEA: Yo osara
con mi arcabuz. ¿Por qué no?
ARSINDA: Y en él, ¿qué habías de hacer?
NISEA: Hallarme al amanecer
donde me pusiera yo;1265
que más de un tiro tirara
a las liebres, que es la cosa
en la caza más gustosa.
ARSINDA: Sí, mas la caza más cara,
¿no bastará madrugar?1270
NISEA: Sí, bastará. Madruguemos;
antes del día saldremos.
ARSINDA: Y, ¿quién te ha de acompañar?
NISEA: A Roberto avisaré.
ARSINDA: (¡Oh, cómo el príncipe tarda!) Aparte1275
NISEA: Pues, voyme a acostar.
ARSINDA: Aguarda.
Un consejo te daré.
Pues has de madrugar tanto,
no te acuestes; que después
se hace de mal.1280
NISEA: Bueno es
dormir un poco entre tanto;
pero no me acostaré.
Estemos aquí otro poco.
ARSINDA: (¡Cómo se tarda este loco!) Aparte
FLORENCIO: Aquella seña, ¿a quién fue?1285
¿Cómo se está a la ventana
pues me dijo que temía
que allí la viesen?
NISEA: Querría
ver ya salir la mañana.
FLORENCIO: Arsinda debe de ser1290
con quien está. ¡Quién pudiera
oírlas!
NISEA: Tarde es.
ARSINDA: Espera.
NISEA: ¿Qué tienes aquí que hacer?
Vase [NISEA]
ARSINDA: Quéjese de sí después
el príncipe, pues no vino.1295
Salen el PRÍNCIPE, TREBACIO y ARIADENO
PRÍNCIPE: Que hemos tardado imagino.
ARIADENO: Digo que buena hora es;
y que hasta que se recoja
la casa no ha de salir.
ARSINDA: Aquí debe de venir.1300
Volverse por paga escoja
de su tardanza.
PRÍNCIPE: Allí llega.
ARIADENO: (¿Qué guardas, Florencio, di, Aparte
o qué guardamos aquí?)
FLORENCIO: ¿Qué mira mi vista ciega?1305
TREBACIO: ¿Habrá aquí quien me responda?
ARSINDA: Quien responda hay, pero mal.
FLORENCIO: ¡Que una mujer principal
ansí a quien es corresponda!
ARSINDA: Ya bien os podéis volver;1310
que cansada de esperar
se fue Nisea a acostar.
ARIADENO: (¡Oh, qué ha mi amo de hacer!) Aparte
PRÍNCIPE: ¿Que ha salido aquí?
ARSINDA: Ha esperado.
PRÍNCIPE: Pues, ¿qué remedio tenemos?1315
TREBACIO: Tardado, señor, habemos.
PRÍNCIPE: ¿Cómo?
TREBACIO: Dice se ha acostado.
Habla a Arsinda, que aquí está.
PRÍNCIPE: ¡Amiga del alma mía!
ARSINDA: Mayor cuidado creía1320
de quien tanto nos le da.
FLORENCIO: Ésta que engañar enseña,
para que aquesto no viese
daba priesa que me fuese.
A éstos era la seña.1325
Pues reconocerlos juro
aunque me cueste la vida;
pues, cuando está tan perdida,
bien poco en ella aventuro.
¿Quién va allá?1330
ARIADENO: Hombre, detente.
FLORENCIO: ¿Quién va?
TREBACIO: Saberlo no quieras.
FLORENCIO: He de saberlo. ¿A qué esperas?
PRÍNCIPE: Echa de ahí ese imprudente.
FLORENCIO: Porfïaré hasta morir.
TREBACIO: Es el príncipe. ¿Estás loco?1335
FLORENCIO: En estarlo no haré poco.
PRÍNCIPE: Basta eso.
FLORENCIO: Yo os he de servir.
Asistiré aquí en tu guarda.
PRÍNCIPE: Irte puedes.
FLORENCIO: No es razón
dejarte en esta ocasión.1340
ARSINDA: ¿Quién es ese hombre?
PRÍNCIPE: La guarda.
TREBACIO: Vete.
FLORENCIO: ¿Que me tengo de ir?
Porfíasme sin provecho.
ARIADENO: ¿Cuál debe de estar su pecho?
TREBACIO: Estará a medio dormir1345
y debe de estar dormido.
PRÍNCIPE: Pues, llevémosle por bien.
Tú, Ariadeno, le deten
sin que sea conocido
y por allá le desvía.1350
ARIADENO: Harélo, que español es.
Con recelo de él no estés.
PRÍNCIPE: ¿Hay desgracia cual la mía?
ARSINDA: ¿Fuése aquel hombre?
PRÍNCIPE: Ya es ido.
[ARIADENO y FLORENCIO hablan aparte mientras van yéndose]
ARIADENO: Florencio, ventura fue1355
estar yo donde podré
acompañarte perdido.
De aquí esta noche salgamos
y acuérdate de una vez
que has llegado a ser juez1360
de tu agravio.
FLORENCIO: ¿Que nos vamos?
¿Sin vengarme me he de ir?
ARIADENO: Mira que de esa venganza
la parte peor te alcanza.
FLORENCIO: He de vengarme o morir.1365
PRÍNCIPE: Voy con eso, entretenido.
ARSINDA: A la mañana podrás,
si sabes madrugar más,
cobrar lo que aquí has perdido;
que al amanecer saldrá1370
Nisea al monte.
PRÍNCIPE: El él quedo
toda la noche.
ARSINDA: No puedo
tardar más.
PRÍNCIPE: ¿Vaste ya?
ARSINDA: Esme forzoso a más ver.
PRÍNCIPE: Que no me dormiré fía.1375
Ven, Trabacio; que aún porfía
a engañarme esta mujer.
Vase [el PRÍNCIPE]
TREBACIO: Ven, Ariadeno.
Vase [TREBACIO]
ARIADENO: Si quieres;
quedaréme aquí contigo.
FLORENCIO: No hay para qué. Vete, amigo,1380
que te esperan.
ARIADENO: Cuerdo eres.
Vase [ARIADENO]
FLORENCIO: Espera Arsinda, Nisea,
Arsinda.
ARSINDA: ¿Quién da esas voces?
FLORENCIO: Un hombre que no conoces
como a sordo te vocea.1385
Como ausente leguas muchas
ya de tu memoria estoy,
todas esas voces doy
por ver si me las escuchas.
Y aun toda esta fuerza es poca1390
para que sea escuchado;
que voces de un olvidado
nunca salen de la boca.
No es mucho si entre voz larga
salen mis males a luz;1395
que le llega al arcabuz
hasta la boca la carga.
ARSINDA: ¡Ay, Jesús! ¿Quién es?
FLORENCIO: Un muerto.
Bien lo diré sin engaño
que, en un desechado el daño,1400
pocas veces sale incierto.
¿Cúyos pueden ser por dicha
estos sucesos atroces?
Si en la voz no me conoces,
conóceme en la desdicha.1405
Florencio soy.
ARSINDA: ¡Ay de mí!
Yo soy muerta.
FLORENCIO: No hayas miedo.
……………….. [-edo].
No a ofenderte vine aquí.
No soy muerto. ¿Qué te espanta?1410
Que aun no se acaba mi vida
con verse tan perseguida;
que no tengo dicha tanta.
ARSINDA: Florencio, no sé qué hacer
ni qué disculpa te dar.1415
Nada te puedo negar
pues lo debes de saber.
Quien del otro mundo viene
todo lo sabrá. Y ansí
sabrás que no hay culpa en mí;1420
que todo Nisea la tiene.
Vete agora, y déjame.
FLORENCIO: Aguarda, escucha.
ARSINDA: No oso.
El Señor te dé reposo.
FLORENCIO: ¡Que tarde ya le tendré!1425
Arsinda, aguarda. Ya es ida.
Ojalá que muerto fuera
porque entrar allá pudiera
sin el peso de la vida.
El desengaño más cierto1430
ven aquí mis ceguedades,
pues son más ciertas [verdades]
las que se dicen a un muerto.
Muerte, lo más está hecho.
Acaba mi mal extraño1435
y, pues soy muerto en el daño,
parézcalo en el provecho.
¿Qué ley injusta es aquesta?
¿Dónde estás, dónde te escondes?
Muerte, ¿cómo no respondes?1440
FLORELA: ¡Ay de mí!
FLORENCIO: ¿Qué voz es ésta?
¿Eres la Muerte?
FLORELA: No sé.
Muerta, a lo menos, sí soy.
FLORENCIO: Mira que en tu busca voy
y de veras te llamé.1445
No soy de aquellos cobardes
que te llaman y después
si cerca de ellos te ves,
te ruegan que más aguardes.
¿No llegas? ¡Cómo parece1450
tu condición de mujer
pues nunca sabes querer
sino a quien más te aborrece!
Yo, que también siempre sigo
a la que huye de mí,1455
andaré siempre tras ti.
FLORELA: Que no soy la Muerte, amigo.
Soy la hija de Sileno,
un labrador que aquí mora.
FLORENCIO: Y, ¿qué haces aquí a tal hora?1460
FLORELA: Ya mi locura condeno.
En la casa de mi padre
quiso el príncipe hacer noche
aquí en el monte esta noche
porque a sus intento cuadre.1465
Vime yo tan perseguida
de un perdido de un crïado
que el príncipe trae al lado
que me hallé casi perdida.
Y, con mi prudencia escasa,1470
hüí del combate recio;
que persecución de un necio
¿a quién no echará de casa?
Cuando estaban descuidados,
hacía esta parte salí1475
y de ramas me cubrí,
figura de mis cuidados.
Al día esperando estaba,
padre de los afligidos,
por ver si con más sentidos1480
que mi padre me guardaba.
Esto es lo que aquí hacía
y lo que me trujo aquí.
FLORENCIO: ¿Qué has visto aquí?
FLORELA: Nada vi;
que de cansada dormía.1485
FLORENCIO: Pues, el príncipe, ¿a qué efeto
en tu casa se quedó?
FLORELA: ¿Allá para qué sé yo?
Que llaman ellos secreto
y no hay quien no lo murmure1490
por la loca de mi ama
que se dice que es su dama.
FLORENCIO: ¿Hay más verdad que procure?
¿Nisea estaba avisada
de que aquí se quedaría?1495
FLORELA: ¡Y cómo sí lo estaría
pues lo trujo se crïada!
FLORENCIO: Tanto va en desengañarme;
que por mil suertes y daños
llueve el cielo desengaños1500
y no bastan a matarme.
Mas mejor es cuando el mal
todo de una vez se llora.
Ven conmigo, labradora,
que en este campo estás mal.1505
Con tu padre te pondré.
FLORELA: ¿Quién eres?
FLORENCIO: La guarda soy.
FLORELA: Segura contigo voy.
FLORENCIO: (Yo, conmigo, no lo iré) Aparte
FLORELA: (¡Quien en su casa se hallase! Aparte1510
¿Faltan desventuras más?
¡Qué a peligro, monte, estás
de que mi fuego te abrase!)

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

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