Don Domingo de Don Blas — Jornada III

JORNADA TERCERA


Salen don JUAN y BELTRÁN, de noche y con linternas
BELTRÁN: Si así te vas quitando inconvenientes,1945
por hambre vencerás a don Ramiro.
JUAN: A ejecutar la inclinación aspiro
de que he tenido impulsos tan valientes,
que, cuando otros motivos no tuviera,
es cierto que lo hiciera1950
sólo por ver cumplido este deseo
de que sin rienda fatigarme veo.
BELTRÁN: En errar o acertar esta jornada
te va a ser César esta noche o nada.
JUAN: Siempre ayuda al osado la Fortuna.1955
BELTRÁN: Y en esto pienso yo, sin duda alguna,
que los mismos doblones
que entramos a robar, con avisarnos
a voces donde están, han de ayudarnos
por salir de tan lóbregas prisiones;1960
pues, según don Ramiro los encierra,
no sirve de moneda agora el oro
más que cuando ocupó, inútil tesoro,
el centro oscuro en su nativa tierra.
JUAN: Comencemos la empresa; que Morfeo1965
sepulta en las corrientes del Leteo
los humanos sentidos.
BELTRÁN: Envidia tengo a los que están dormidos;
que de sueño me tienen alcanzado
las noches que nos hemos desvelado1970
buscando a don Domingo inútilmente.
JUAN: El cobarde temió.
BELTRÁN: ¡Que tan valiente
riñendo aquella noche se mostrase,
y que después trocase
tanto en temor el brío,1975
que no sólo faltase al desafío,
pero se haya ocultado
de suerte que la industria y el cuidado
y el desvelo haya sido
en buscarle perdido!1980
JUAN: ¿Qué más venganza quiero? ¿Pude darle,
Beltrán, mayor castigo que obligarle
a vivir escondido y temeroso?
BELTRÁN: Él, pienso yo, que ha sido el victorioso,
pues estará, conforme a su costumbre,1985
dondequiera que esté, sin pesadumbre,
puesto en acomodarse su cuidado
mientras los dos nos hemos desvelado.
Don JUAN alumbra y BELTRÁN va sacando llaves y abriendo
JUAN: Vengan las llaves.
BELTRÁN: Pruebo la primera
en el postigo; si estampada en cera1990
la original se hubiera fabricado
nos sacara más presto de cuidado.
JUAN: Lo mismo es ser maestra.
BELTRÁN: El efecto lo muestra
pues no le han resistido1995
las guardas y la puerta se ha rendido.
JUAN: Entremos pues pisando lentamente,
porque somos perdidos si la gente
de Ramiro despierta.
BELTRÁN: Paso para su cuarto es esta puerta.2000
JUAN: Ábrela pues, Beltrán; que es avariento
y en los que est n detr s de su aposento,
por guardarlo mejor, tendrá en tesoro.
Abre
BELTRÁN: Las llaves pienso que habilita el oro.
JUAN: Pasemos adelante2005
porque en el aposento más distante
del de Ramiro hemos de entrar primero;
que hay menos riesgo y tiene por ventura
la distancia mayor por más segura.
BELTRÁN: Éste en el corredor es el postrero.2010
Alumbra. Ésta no cabe.
La cerraja es pequeña. Menor llave
es menester. Entró como en su casa.
JUAN: Entra muy quedo.
BELTRÁN: Aquí no hay nada.
JUAN: Pasa
al otro más adentro.2015
BELTRÁN: Mas, ¿qué fuera
que Ramiro tuviera
debajo de su cama su dinero?
JUAN: No está seguro allí. Robarlo espero.
BELTRÁN: ¿Y si despierta y defenderlo intenta?
JUAN: Será su vida precio de mi afrenta.2020
Sale don DOMINGO en jubón, sin espada. Sacan las espadas don JUAN y BELTRÁN
DOMINGO: ¿Quién es?
JUAN: Sentidos somos.
DOMINGO: Don Ramiro,
¿a matarme venís?
JUAN: ¿Qué es lo que miro?
¿No es don Domingo?
BELTRÁN: ¡Él es, por Dios!
JUAN: ­Cobarde!
¿Así a Leonor pusisteis en olvido?
¿Así vuestra palabra habéis cumplido2025
que, porque nada pueda disculparos
en el mismo delito vengo a hallaros?
DOMINGO: Escuchadme, don Juan.
JUAN: ¿Desafïado
no salisteis al campo, y por sagrado
la misma casa donde2030
aumentáis mis ofensas os esconde?
¿Ésta era la ocasión que os [impedía]
salir al campo a fenecer la mía?
¡Para romper la fe que prometisteis,
para más agraviarme me pedisteis2035
treguas y dilaciones!
Juzgad vos vuestra culpa, y las razones
que tengo de mataros y vengarme.
DOMINGO: ¡Tened! Nada arriesgáis en escucharme,
pues sin armas me veis con que os lo impida.2040
No es, don Juan, en defensa de mi vida
lo que deciros quiero.
Más importa que yo. Pues caballero
sois, no os importa menos. Esto os pido,
y tened el acero prevenido2045
porque interrumpa con rigor violento
su primer movimiento,
para vengar, don Juan, vuestros agravios,
los últimos acentos de mis labios.
JUAN: Tan encendida furia2050
me provoca a vengar de vuestra injuria,
que tengo de escucharos
sólo por dilataros
la pena de esta suerte;
que del castigo es término la muerte,2055
y la venganza, es cierto
que la siente el morir, no el haber muerto.
DOMINGO: Ved pues, don Juan, primero
este papel, que quiero
Dale un papel. Don JUAN lo lee
que me sirva de carta de creencia,2060
porque no pongáis duda en la evidencia
de lo que he de contar.
JUAN: Yo lo he leído,
y la firma conozco de su Alteza.
DOMINGO: La noche, pues, que vos de mí ofendido,
para satisfacer la injuria vuestra2065
del campo libre a la marcial palestra
provocasteis mi acero, en cumplimiento
de este que ves preciso mandamiento,
al Príncipe aguardaba
en aquel puesto y hora.2070
Mirad, don Juan, agora
si con razón juzgaba,
siendo la suya ley tan poderosa,
más que la vuestra ocasión forzosa.
Llegó su Alteza, pues, de cuyo intento2075
no sólo no tenía
el indicio menor, mas no podría,
aunque muchos tuviera,
pensar jamás que tan extraño fuera.
“Venid,” me dijo el Príncipe, “conmigo.”2080
Yo obedezco, y le sigo
y en llegando a la puerta
de Ramiro paró y en un momento,
siendo una seña suya el mandamiento,
la vi, don Juan, abierta.2085
Entramos y Ramiro, su privado,
con paso recatado
y silencio confuso,
en este sitio en que me halláis nos puso.
Solos aquí los tres, rompió su Alteza2090
a los labios el sello,
y dijo… No podréis, don Juan, creello,
pues yo, aunque reconozco su fiereza,
cuando intentos oí tan atrevidos
pensé que se engañaban mis oídos2095
y agora al referiros esta historia
crédito apenas doy a la memoria.
“Ya sabéis,” dijo, “que mi padre Alfonso,
de este nombre el tercero,
Rey de León, el ya cansado acero2100
al ocio rinde y en la vaina olvida,
como quien ve el ocaso de su vida,
cuando contra las huestes sarracenas
el juvenil orgullo basta apenas.
También sabéis que su caduca mano2105
del reino intenta gobernar en vano
el timón, que de fuerza necesita
que con Neptuno y Aquilón compita;
y así yo, porque espero
sucederle en el reino, y considero2110
que es mejor prevenir inconvenientes
que daños remediar ya sucedidos,
resuelvo trasladar de la persona
de mi padre a mi frente la corona
sin aguardar su muerte. Prevenidos2115
tiene ya en mi [favor] sus escuadrones
Castilla; facilitan prevenciones
de la Reina mi madre mis intentos;
y mis vasallos todos, mal contentos
de Alfonso, me aseguran;2120
y cuantos ricos, nobles, poderosos
esta ciudad conoce, deseosos
del bien común, conmigo se conjuran;
y éste fue de llamaros el intento,
para que, haciendo el mismo juramento2125
que los demás, conmigo
quedéis por alïado y por amigo.”
Nunca, don Juan, pensara
que la lealtad dormida
en ocios de la vida2130
con tan ardiente furia despertara
a una voz halagüeña,
que el daño esconde cuando el premio enseña.
¿Veis cómo en sus entrañas
el alquitrán oculta disimulan,2135
cuando en las cumbres que al Olimpo emulan
ostentan blanca nieve, las montañas
que dan tumba a la vida y al deseo
del soberbio sacrílego Tifeo;
y si es entonces de centella breve2140
concitado el azufre, espesa nube
de fuego y humo a las estrellas sube
y es ceniza después cuanto fue nieve,
dando el asombro tantos escarmientos
cuanto el estruendo espantos a los vientos?2145
Pues el incendio veis, y veis la furia
con que mi pecho reventó a la injuria
de la lealtad que guarda mi nobleza
a mi Rey natural; que, aunque es su Alteza
primogénito suyo y la corona2150
espera de León, mientras no herede
con legítimo título, no puede
presumir que no toca a su persona
tan bien como a la mía
la obligación de súbdito y vasallo.2155
Antes, si la piedad ha de juzgallo,
es más culpable en él la alevosía;
que, conspirando otro vasallo, sola
la fe quebranta que a su rey le debe,
y él a su padre y a su rey se atreve.2160
Y si en la edad anciana
de Alfonso funda la razón tirana
de anticipar la sucesión, en eso
fundo yo más la culpa de su exceso;
porque si tan vecina2165
la muerte de su padre considera,
¿por qué no espera lo que presto espera?
¿Por qué la ley humana y la divina
quiero violar, anticipando el [plazo]
que ya limita de la Parca el brazo?2170
Al fin, don Juan, yo respondí, yo hice
lo que podéis pensar del que esto os dice,
en que ni la amenaza de la muerte
me halló menos leal o menos fuerte.
O ya fuese piedad, o ya cautela2175
permitirme la vida
su Alteza, que recela
que mi lealtad le impida,
con publicarlo, su atrevido intento,
me entregó a la prisión de este aposento2180
que Ramiro visita
solo, y el alimento cotidiano
él me ministra con su propia mano.
Éstos mis casos son, ésta mi historia;
y pues el cielo permitió que os vea,2185
el medio y la ocasión cual fuere sea,
volved, don Juan, volved a la memoria
los timbre heredados
de vuestros altos ínclitos pasados.
Despierte en el leal heroico pecho2190
el valor, a despecho
de los divertimientos que dormido
con engañoso halago lo han tenido.
[Proponga ejemplo, emulación pretenda
al valor vuestro el mío;2195
pues en regalos sepultado y frío,
no hay riesgo, no hay trabajo que no emprenda.
No hay muerte que me espante
cuando fui cera ya siendo diamante
en advirtiendo que manchar intenta2200
el cristal puro de mi honor la afrenta
de la sangre leal. El fuego ardiente
que al nacer informó, don Juan valiente,
no apaga jamás; sólo se oculta
cuando el vicio en cenizas se sepulta;2205
y en vos, si oculto yace, yace vivo
entre los yerros el valor nativo.
Produzca, pues, incendios cuando el viento
de la traición, con animoso aliento,
de vuestra sangre incita la centella,2210
pensando hallar en ella
de fuego que vivió muerta ceniza.
No la naturaleza
en quien principio halló vuestra nobleza,
se rinda a la costumbre advenediza;2215
mostrad, librando al Rey, que los errores
que han desmentido en vos vuestros mayores,
no de la inclinación fueron defectos,
sino del ocio vil propios efectos,
y que, de la ocasión solicitado2220
sois el mismo que fuisteis.
Gozad esta ocasión, pues os la ha dado
tan oportuna el cielo,
de cobrar la opinión, pues la perdisteis.
Ponga un lustroso velo,2225
don Juan, a los borrones que os afean
esta hazaña leal, para que vean
los émulos en ella restauradas]
las glorias adquiridas y heredadas.
JUAN: Basta. Callad. Si no queréis que el pecho,2230
que ya a tantos fervores viene estrecho,
reviente en vivas voces,
cuando requieren casos tan atroces
antes, para el castigo que yo ordeno,
del rayo el golpe que la voz del trueno.2235
Dadme esos brazos, pero no los brazos,
que no merezco tan heroicos lazos.
Esas plantas me dad porque mi boca
imprima en ellas agradecimientos
de los nobles y altivos pensamientos2240
a que vuestra elocuencia me provoca.
¡Ah, ilustre caballero!
¡Oh, en el honor y la lealtad primero!
¿Qué espíritu divino,
qué aliento celestial a vuestros labios2245
consejos dicta en mi favor tan sabios
que no sólo a mi ciego desatino
dan arrepentimiento
pero sin el castigo el escarmiento?
Por vos gané lo que por mí he perdido.2250
Seré muriendo el que naciendo he sido.
En la misma nobleza que he heredado
otra vez vuestra lengua me ha engendrado.
Y pues con esto no igualarse pruebo
lo que de vos me quejo a lo que os debo,2255
ya olvido los agravios
que con razón me hicieron vuestros labios;
que, si yo fabriqué mi propia mengua,
yo, que la causa os di, os moví la lengua.
Amigo os llamo ya; que fuera necio2260
si en tal ganancia recatara el precio.
Y juro, por lograr vuestra fineza,
que he de trazar al punto prevenciones
[que impidan los intentos de su Alteza
de que me da evidentes presunciones],2265
fuera del justo crédito que os debo,
gran copia de soldados castellanos
que ocupan ya los muros zamoranos.
DOMINGO: Partid, don Juan; que yo, porque a su Alteza
no demos ocasiones,2270
faltando yo de aquí, de recelarse,
prevenirse y guardarse,
preso me he de quedar; que esfuerzo tengo
con que a mayores males me prevengo
por salir con la empresa. Mas decidme,2275
¿cómo entrasteis aquí?
JUAN: Pasos errados
a fines me trujeron acertados.
No os puedo decir más, y adiós, amigo;
que yo a libraros o a morir me obligo.
DOMINGO: Librad al Rey, como de vos se espera,2280
don Juan; que poco importa que yo muera.
Vase [DOMINGO]
JUAN: Ve cerrando las puertas,
porque hallarlas abiertas
a don Ramiro no le dé recelos.
BELTRÁN: ¿Y el hurto queda en cierne?2285
JUAN: Ya los cielos
mi inclinación mudaron,
que al fuego de lealtad me acrisolaron;
de que vengo a entender que, porque hubiese
quien de Alfonso los daños impidiese
permitieron mi error porque se vea2290
que mal no sufren que por bien no sea.
Si tú vas convertido, yo admirado
de ver tan valeroso acomodado.
Vanse. Salen el PRÍNCIPE, don RAMIRO, NUÑO y MAURICIO
PRÍNCIPE: ¿Fueron, Ramiro, a llamarle?
RAMIRO: No puede [tardar], señor.2295
PRÍNCIPE: Quiero con este color
prenderle sin enojarle;
que habiendo tanta razón,
pues con uno y otro indicio
se comprueba el maleficio,2300
para ponerlo en prisión.
No podrá don Juan culparme
y con esto de su acero,
por ser tan valiente, quiero
en mi intento asegurarme.2305
Porque llegado al efecto
tanto por no haberle dado
[noticia de mi cuidado]
como por ser tan afecto
a mi padre, él solamente2310
a estorbarlo bastará.
RAMIRO: Es verdad, y así ser ,
señor, prevención prudente
que, al resolver su prisión,
de sentimiento le deis2315
indicios, y le mostréis
piedad en la ejecución.
PRÍNCIPE: Él viene ya.
Sale don JUAN
JUAN: Gran señor,
¿qué me manda vuestra alteza?
PRÍNCIPE: Lo que por vuestra nobleza2320
está sintiendo mi amor.
Mas es fuerza que limite
la justicia a la piedad.
Don Juan, a Nuño escuchad.
Tú, lo que has dicho repite.2325
NUÑO: Una tarde, habrá seis días,
don Domingo, mi señor,
de visitar en su casa
a don Ramiro salió;
y aquella misma, don Juan,2330
que celoso por Leonor
según lo mostró el efecto
de esta visita, quedó,
después de haber declarado
a don Domingo su amor,2335
le pidió de no estorbarle
la palabra, y él la dio.
Despidiéronse, y la noche
siguiente, cuando el reloj
una menos de las horas2340
que la dividen contó,
un gentilhombre la vez
tercera, porque otras dos
aquella tarde le había
buscado ya, le llevó2345
un papel de desafío
sin duda, de que el color
todo mudado, y las armas
que para salir pidió,
el recato y el secreto2350
y decirme que al honor
le importaba salir solo,
dieron clara información.
Partióse al fin, y el cuidado
que nos causaba el amor2355
que a nuestro dueño leales
tenemos Mauricio y yo,
no tuvo en una ventana
hechos Argos a los dos,
por seguirle con los ojos,2360
ya que con las plantas no.
Vimos que, habiendo salido,
y debajo de un balcón
de don Ramiro parado
don Domingo, se llegó2365
uno de dos que en la calle
le aguardaban, que, en la voz
y en las razones que oír
el silencio permitió
de la noche, era don Juan;2370
y habiendo hablado los dos
un rato, el desnudo acero
fin a la plática dio;
y acuchillándose entrambos
con destreza y con valor,2375
dieron a la calle vuelta;
y con esto los perdió
de vista nuestro cuidado,
sin que de esta confusión
nos pudiésemos librar2380
con salir en su favor;
porque él, al salir de casa,
por de fuera la cerró,
recelando que a seguirle
nos obligara su amor.2385
Nunca después de este caso
le vimos, ni de él halló
vivo o muerto un breve indicio
la diligencia mayor.
Y así, pues tantos convencen2390
a don Juan de que él le dio
la muerte, y de que el cadáver
oculta con intención
de ocultar el homicidio,
os suplicamos, señor,2395
que le obliguéis a sacarnos
de tan triste confusión.
PRÍNCIPE: Con lo que habéis escuchado
sólo os puedo decir yo
que os pongáis en mi lugar2400
y juzguéis vos mismo a vos.
Con indicios tan vehementes
que casi evidentes son
mal guardará la justicia
privilegios al amor;2405
y así, mientras la verdad
no se averigüe, en prisión
es fuerza, don Juan, que estéis.
JUAN: (¿Qué he de hacer? ¡Válgame Dios! Aparte.
Si callo y dejo prenderme2410
pongo a riesgo la ocasión
de librar al rey Alfonso;
si declaro que los dos
tienen preso a don Domingo,
por entendido me doy2415
de sus aleves intentos
y es el peligro mayor;
mas de la misma verdad
he de vestir la ficción.)
Como disteis un oído2420
a la culpa, dad, señor,
otro al descargo.
PRÍNCIPE: Decid;
que nada en esta ocasión,
según os estimo, puede
hacerme gusto mayor2425
que tenerla de mostraros
en mi piedad mi afición.
JUAN: Pues, preguntadle a Ramiro
por don Domingo, señor;
que él en su casa le oculta.2430
RAMIRO: ¿Qué decís?
PRÍNCIPE: ¡Válgame Dios!
Hablan a excusa de los criados [el PRÍNCIPE y don RAMIRO]
RAMIRO: ¿Quién de caso tan secreto
noticia a don Juan le dio?
PRÍNCIPE: ¿Si sabe ya mis intentos?
JUAN: (Turbados están los dos.) Aparte.2435
PRÍNCIPE: Don Juan, ¿cómo lo sabéis?
JUAN: Lo que el crïado contó
es verdad mas remitimos
del caso la conclusión
para la noche siguiente,2440
porque aquélla lo estorbó
gente que a la calle vino.
Demás que cierta ocasión
que le importaba, me dijo
que aguardaba, y me pidió2445
don Domingo que cesase
por entonces la cuestión;
y más por averiguar
la sospecha que me dio
de que la ocasión sería2450
verse con doña Leonor
que por hacerle ese gusto
consentí la dilación.
Y así, apartándome de él,
tuvo, aunque es ciego el Amor,2455
tantos ojos como celos,
y en la oscura confusión
de la noche, oculto vi
que don Domingo llegó
y otro con él a la puerta2460
de don Ramiro, y los dos,
después de hacer una seña
que la puerta les abrió,
entraron dentro; y con esto
acrecentando el furor2465
de mis celos, como quien
el agravio averiguó,
a la venganza resuelto
le aguardaba; y de los dos
salió el que le acompañaba,2470
pero don Domingo no.
Aunque allí me halló esperando
del aurora el resplandor,
ni en cuantas vueltas al cielo
ha dado después el sol,2475
ha vuelto a pisar la calle;
que nunca de ella faltó
una centinela mía;
y así es llana presunción
supuesto que tal exceso2480
no es creíble de Leonor,
que don Ramiro le oculta,
temiendo la ejecución
de mi brazo vengativo;
que le toca este temor2485
como interesado en ello,
porque es más rico que yo
don Domingo, y lo querrá
para esposo de Leonor.
PRÍNCIPE: (Por su engaño y mi ventura Aparte2490
gracias a los cielos doy.)
Escuchad, Ramiro.
JUAN: (Bien Aparte.
disfracé con la invención
la Verdad, y el rostro feo
les hice ver del Temor.)2495
Habla aparte a RAMIRO el PRÍNCIPE
PRÍNCIPE: En albricias de que ignora
la causa de la prisi¢n
de don Domingo don Juan,
quiero, Ramiro, que vos
con su engaño os conforméis,2500
para evitar la ocasión
de apuntar esta materia.
RAMIRO: Mucho más caro, señor,
hubiera comprado el vernos
libres de esta confusión.2505
En voz alta
Don Juan ha dicho verdad.
PRÍNCIPE: Pues, sabiendo lo que yo
estimo a don Juan, Ramiro,
no habéis tenido razón
en no excusarme el disgusto2510
que el que yo le di me dio.
De veros libre de culpa,
don Juan, tan alegre estoy,
que el pesar que recibí
agradezco. Idos con Dios,2515
y advertid que son mañana
las fiestas.
JUAN: Pienso, señor,
que no podré entrar en ellas.
PRÍNCIPE: No han de hacerse sin vos;
no lo dejéis por dinero,2520
don Juan, pues lo tengo yo.
JUAN: (En vano obligarme intenta.) Aparte
Mil años os guarde Dios.
No es ése el impedimento.
PRÍNCIPE: ¿Pues cuál?2525
JUAN: Pensar con razón
que me culparéis vos mismo
si tan poco siento yo,
valiendo a Ramiro tanto,
haber perdido a Leonor.
Vase [don JUAN]
PRÍNCIPE: Sentido está de perder2530
vuestra hija.
RAMIRO: Culpas son
de sus costumbres.
NUÑO: ([¿Qué es esto?] Aparte
¿Cómo su Alteza dejó
ir libre a don Juan?)
PRÍNCIPE: Los pechos
podéis sosegar los dos,2535
que vuestro dueño está vivo
y seguro, y [tomo] yo
su vida y seguridad
por mi cuenta.
NUÑO: ¿Qué temor
podrá oponer sus tinieblas2540
a la luz que nos dais vos?
Vanse. Salen don JUAN y BELTRÁN con botas y espuelas
JUAN: Vengas, amigo Beltrán,
mil veces en hora buena.
BELTRÁN: Hora que es fin de la pena
que da el ansioso batán2545
de una posta endemoniada,
buena se puede llamar.
JUAN: ¿Qué hay del Rey?
BELTRÁN: Ya en el lugar
estuviera, si la entrada
no le impidiera el rüido2550
y el alboroto que oyó,
que efecto lo receló
del rebelión prevenido;
y así vine por espía
perdida con un crïado2555
suyo, que volvió, informado
de que el estruendo nacía
de los toros, a avisarle,
y yo a ti, porque ya el sol
se esconde al suelo español2560
y podemos ya esperarle.
JUAN: Loco me tiene el contento.
BELTRÁN: ¡Oh, cómo tu carta obró!
Apenas la recibió
cuando en juvenil aliento2565
sus años vi renovarse.
Postas mandó prevenir,
y sólo tardó en partir
lo que ellas en ensillarse.
Todo el caso le conté,2570
y le dije que el quedarte
a prevenir por su parte
las cosas, la causa fue
de que tú mismo en persona
la nueva no hayas llevado;2575
y viene tan obligado
que te dará su corona.
JUAN: ¡Oh, qué gran gusto me has hecho,
y a qué buen tiempo ha venido!
Pero ya siento rüido2580
en el zaguán.
BELTRÁN: Yo sospecho
que llegó Su Majestad.
Salen el REY, con botas y espuelas, y dos criados
REY: ¡Don Juan, amigo!
JUAN: Señor,
dadme esos pies.
REY: Al amor
que debo a vuestra lealtad2585
los brazos, don Juan, prevengo.
JUAN: Como rey, señor, me honráis.
REY: Las órdenes que me dais
he guardado, y así vengo
a apearme con secreto2590
en vuestra casa.
JUAN: Ha importado
no despertar el cuidado,
para impedir el efeto,
al príncipe, don García;
y del remedio dudara2595
si solamente tardara
vuestra Majestad un día.
REY: ¿Cómo?
JUAN: Sin número son
los castellanos que esconde
Zamora; que ayuda el Conde2600
en esta conspiración
a su Alteza, que hoy ha hecho
estas fiestas por ganar
el aplauso popular;
y así con razón sospecho2605
que, porque la dilación
no mitigue esta alegría,
ha de querer don García
abreviar la ejecución.
REY: ¡El mismo que yo engendré2610
es mi mayor enemigo!
Matarlo será el castigo
si culpa engendrarlo fue.
JUAN: Vamos; que ya de la oscura
noche el silencio, señor,2615
nos llama.
REY: Vuestro valor
el remedio me asegura.
JUAN: En casa de su privado,
Ramiro, le prenderéis
sin riesgo; que le hallaréis2620
sin defensa y descuidado;
que nunca el alba repite
lisonjas de su belleza
al mundo sin que su Alteza
en su casa le visite.2625
Y yo sin dificultad
os la haré franca, señor;
que los medios de mi amor
sirven hoy a mi lealtad.
REY: Tanto, don Juan, me obligáis,2630
que está mi poder cobarde
al premiaros.
JUAN: Dios os guarde.
Sólo os pido que advirtáis
que, adorando yo a Leonor,
puede vuestra Majestad2635
hacer que por mi lealtad
haga esta ofensa a su amor,
pues que de la alevosía
que a su padre ha de infamar,
la mancha la ha de alcanzar.2640
REY: Eso está por cuenta mía,
como lo demás, don Juan,
que os tocare.
BELTRÁN: Yo entro ahí.
REY: No me olvidaré de ti.
BELTRÁN: Mil siglos vivas.2645
JUAN: Beltrán,
advierte que has de llevar
una espada que le des
a don Domingo.
BELTRÁN: No es
su valor para olvidar.
JUAN: No temo, juntos los dos,2650
todo el resto de Zamora.
Hablando aparte con su amo
BELTRÁN: Contempla, señor, agora
la providencia de Dios.
¿Quién pensara que las llaves
que hicimos para robar2655
nos vinieran a importar
para negocios tan graves,
y que hubieran remediado
peligros de tanto peso
un hombre que es tan travieso2660
y otro tan acomodado?
JUAN: No hay suceso que no tenga
prevención en Dios, Beltrán.
BELTRÁN: Por eso dijo el refrán:
“No hay mal que por bien no venga.”2665
Vanse. Salen el PRÍNCIPE, RAMIRO, LEONOR y CONSTANZA con luces.
PRÍNCIPE: Esto habéis de hacer por mí.
Ya sabéis que la persona
de don Domingo merece,
por su sangre generosa,
por su valor y sus partes,2670
pues como veis, las abona
vuestro padre, que le deis,
Leonor, la mano de esposa,
y advertid que es lo que os pido
lo que a todos nos importa2675
puesto que no conocemos
otro más rico en Zamora
en quien poder emplearos;
y porque a los dos nos consta
que os tiene amor, pretendemos2680
que tal prenda le disponga
a conformarse conmigo
en cierto intento que agora
sabréis, pues de publicarse
ya el peligro no lo estorba,2685
pues la ejecución aguarda
sólo la primera aurora.
LEONOR: Yo lo hiciera, mas Constanza
es con él más poderosa.
PRÍNCIPE: ¿Cómo?2690
LEONOR: Después que la vio,
a mí me olvida, y la adora.
Dilo, prima.
CONSTANZA: Si un papel
suyo verdades informa,
yo soy dueño de su amor.
PRÍNCIPE: Si es así, Constanza, goza2695
la ocasión, y nuestro intento
tu blanca mano disponga.
CONSTANZA: Si ha de obedecer el pecho,
no ha de responder la boca.
PRÍNCIPE: Llamadle, pues, don Ramiro.2700
Vase don RAMIRO
LEONOR: No pienso que es fácil cosa
hallarle; que ha algunos días
que su familia le llora
ausente o muerto.
PRÍNCIPE: Mi imperio
es, Leonor, quien le aprisiona2705
en tu casa.
Salen RAMIRO y don DOMINGO
DOMINGO: ¿Qué me manda
vuestra Alteza?
PRÍNCIPE: El alba hermosa
en mis sienes ha de hallar
de este reino la corona.
Para nada os puede ser2710
la obstinación provechosa.
En una balanza os pongo
la mano de la que adora
vuestro pecho y mi amistad,
y os pongo la muerte en otra.2715
Escoged y resolveos.
DOMINGO: No es la vez primera agora
que a mi lealtad amenazas
despreciadas acrisolan.
Constanza es premio que estimo,2720
y por la propuesta sola
obligado cuanto puedo,
pongo en vuestros pies la boca;
pero con tal condición,
ni me importó ni me importa;2725
que no vivirá con gusto
quien ha de vivir sin honra.
Ésta es mi resolución.
PRÍNCIPE: Y la mía que proponga
vuestra cabeza mañana2730
escarmientos a Zamora.
DOMINGO: Muriendo ha de sustentar
la voz de Alfonso mi boca.
Salen el REY y criados
REY: Y yo la vida de quien
con lealtad tan generosa2735
defiende a su rey.
RAMIRO: ¿Qué es esto?
PRÍNCIPE: ¡Perdido soy!
Salen don JUAN y BELTRÁN
BELTRÁN: ¡Aquí es Troya!
REY: Dadme esa espada, García.
PRÍNCIPE: Señor, yo…
REY: [Si me provoca]
vuestra obstinación, seré,2740
aunque sois mi sangre propia,
enemigo que se venga
y no padre que perdona.
JUAN: Don Domingo…
DOMINGO: Amigo mío.
JUAN: Tomad esta espada.2745
DOMINGO: Agora
llueva el cielo conjurados.
RAMIRO: (De una vez la vida y honra Aparte.
he perdido.)
PRÍNCIPE: ¿Qué he de hacer
sin defensa?
Da la espada el PRÍNCIPE
REY: No se logran,
Príncipe, intentos impíos2750
que el cielo y la tierra enojan.
Al castillo de Gauzón
llevad presa la persona
del Príncipe.
PRÍNCIPE: Si a morir
me lleváis, vuelen las horas;2755
que, a quien desdichado vive,
da la vida la muerte sola.
Llévanlo.
CONSTANZA: Temblando estoy.
LEONOR: Yo estoy muerta.
RAMIRO: Si a la mano poderosa
de un príncipe…2760
REY: Don Ramiro,
callad. No dañe la boca
con disculpas a quien sé
que no han culpado las obras;
que don Juan de la lealtad
de vuestro pecho me informa,2765
y que vos le descubristeis
del Príncipe la alevosa
intención, por él a mí
me avisara; y así agora,
porque dar premio a los dos2770
de este servicio me toca,
el de don Juan ha de ser
darle a Leonor por esposa,
y dos villas, las que él mismo
en todo mi reino escoja;2775
y el vuestro, daros por hijo
a quien mi privanza goza,
y a quien debéis mi amistad,
y a quien, como veis, os honra.
JUAN: (¡Qué prudencia!) Aparte2780
BELTRÁN: (¡Qué cordura!) Aparte
DOMINGO: (¡Con qué buen medio la nota Aparte
de la infamia le ha excusado
porque no toque a la esposa
de don Juan la mancha misma!)
RAMIRO: Con ganancia tan notoria,2785
en vuestras plantas, señor,
humilde pongo la boca,
y a don Juan los brazos doy.
JUAN: ¿Habéis conocido agora
si soy bueno para amigo?2790
RAMIRO: Fuerza es ya que me conozca
obligado, y a Leonor
en ser vuestra venturosa.
Dadle la mano.
LEONOR: Segura
os la doy pues os mejora2795
Su Majestad la fortuna
que mejoraréis las obras.
JUAN: Por ganarte me perdí;
ya te he ganado, señora;
con que es fuerza que a quien soy2800
y a quien eres corresponda.
REY: Don Domingo, ¿qué aguardáis
cuando hazaña tan heroica
tan obligado me tiene?
DOMINGO: Señor, vuestras plantas solas2805
piden por merced mis labios
y a Constanza por esposa.
REY: Si basto, Constanza, yo
a alcanzarlo, de ambas bodas
seré padrino.2810
CONSTANZA: Señor,
yo me confieso dichosa.
Ésta es mi mano.
BELTRÁN: ¿Qué hacéis?
Mirad que no se acomoda
don Domingo, quien se casa.
DOMINGO: Quien alcanza el bien que adora,2815
pues cumple ardientes deseos,
comodidades negocia.
BELTRÁN: Agora faltan las mías,
si tenéis en la memoria,
gran señor, vuestra promesa.2820
REY: Piensa tú lo que te importa
según tu estado; que a mí
me importa pedir agora
perdón, porque tenga fin
esta verdadera historia.2825

FIN DE LA COMEDIA

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