Del monte sale quien el monte quema — Jornada III

JORNADA TERCERA


Salen ROBERTO y ROSELO, de noche
ROBERTO: Por el reloj de los cielos,
pienso que las once son.
ROSELO: Yo he pensado esta invención
para averiguar mis celos.1955
Porque, fingiéndome el conde,
la envidia de su favor,
sabré si le tiene amor
en lo que Celia responde.
ROBERTO: Pues ¿habla con él?1960
ROSELO: Así
me lo ha dicho cierta dama.
ROBERTO: Pues llega a la reja y llama.
ROSELO: ¡Amor se duela de mí!
Sale CELIA a la reja
CELIA: ¿Quién es?
ROSELO: (¡Qué a punto que estaba!) Aparte
Enrique, señora, soy.1965
CELIA: Dijéronme, conde, que hoy
licencia, enojado, os daba
el rey para que volváis
a vivir a vuestra tierra.
¡Oh, cuánto el consejo yerra1970
que en esta ausencia tomáis!
Porque si estando presente
os trata la envidia ansí,
¿qué hará de vos y de mí
si estáis de la corte ausente?1975
No pensé desenojarme,
que tanto estuve ofendida
de doña Sol que en mi vida
imaginé reportarme,
pero, sabiendo que os vais,1980
no quiero ser descortés.
Salen MAURICIO, con rodela y espada, y JULIO
MAURICIO: Hoy tengo de ver quién es,
celos, si licencia dais
a un padre en tantos desvelos
para defender su honor.1985
JULIO: ¿Quién va?
ROSELO: Que pase es mejor,
si no le detienen celos.
Meta mano a la espada MAURICIO
MAURICIO: De esta suerte pasaré
en defensa de esta casa.
ROSELO: Pues, si de esta suerte pasa,1990
lo mismo a su ejemplo haré.
Riñen ROSELO y MAURICIO
MAURICIO: Bríos tengo en esta edad
para defender mi honor,
que no me sufre el valor
usar de la autoridad.1995
JULIO: ¿Así se pierde el respeto
a tan gran señor, villanos?
ROSELO: Hablan de noche las manos
y es el silencio discreto.
MAURICIO: ¡Herido estoy!2000
ROSELO: ¡Vive Dios,
que es Mauricio!
ROBERTO: Error ha sido.
¡Huye!
ROSELO: ¿Si me han conocido?
Vase ROSELO y ROBERTO
MAURICIO: ¡Qué necios fuimos los dos,
Julio, en salir de esta suerte,2005
sin traer armas de fuego!
JULIO: ¿Qué sientes?
MAURICIO: Pienso que llego
a las ansias de la muerte.
Entra y a Celia le di
la desdicha que ha causado.2010
JULIO: Sin alma voy de turbado.
MAURICIO: ¡En triste punto salí!
Vanse. Salen NARCISA y JUANA, de labradoras
JUANA: Murió el mejor labrador
que esta montaña ha tenido.
NARCISA: La muerte de Albano ha sido2015
templanza de tanto amor.
Por padre le he respetado;
con tal nombre me crïó.
JUANA: ¿Qué, no era tu padre?
NARCISA: No.
JUANA: Pues ¿quién te ha desengañado?2020
NARCISA: Algún día lo sabrás.
JUANA: Haces tantas invenciones
que temo de tus razones
que otras mayores harás.
Di que no es tu padre Albano,2025
fíngete ahora princesa
para conseguir la empresa
de tu pensamiento vano.
Que desde que yo te vi
con tanta gala y valor,2030
doña Sol y doña Flor,
y hablar con un rey ansí,
dije, “O aquesta mujer
nació señora, o ninguna
tuvo en tan baja fortuna2035
más entendimiento y ser.”
¡Qué bien te estaba el vestido!
A mí propia me engañabas.
NARCISA: Pues de ese engaño en que estabas
desengaño el tiempo ha sido.2040
Tú sabrás pronto un secreto
que te cause admiración.
Sale TIRSO
TIRSO: Dadme albricias.
NARCISA: ¿De qué son?
TIRSO: ¿Prométeslas?
NARCISA: Sí, prometo.
TIRSO: El conde Enrique está aquí.2045
NARCISA: ¿Estás loco?
TIRSO: Loco estoy,
pues esas nuevas te doy.
NARCISA: ¿Tú le has visto?
TIRSO: Yo le vi,
con el gabán que solía,
pasear en nuestra aldea.2050
NARCISA: Juana, ¿quieres que lo crea?–
¿Mientes por darme alegría
o por burlarte de mí?
TIRSO: Si no le he visto y hablado,
que me vea en alto estado2055
del humilde en que nací,
y allí, con tanta arrogancia,
que nadie me quiera bien.
Mira tú, diciendo amén,
si es maldición de importancia.2060
NARCISA: ¿Qué le habrá traído aquí?
TIRSO: La mudanza de la corte.
Pero ¿qué me das en porte
de la nueva que te di?
NARCISA: Fuera de la voluntad,2065
pide, Tirso.
TIRSO: Que aquel día
que el conde, Narcisa mía,
pues será con brevedad,
se case con quien le iguale
en calidad y valor,2070
agradezcas este amor,
si para lo mismo vale.
Que, habiéndote de casar,
¿quién me iguala en el aldea
que de tantas partes sea2075
para poderte igualar?
De lo rústico no digo;
mas si lo fui, te prometo
que pienso que soy discreto
después que trato contigo,2080
que por lo menos se aprende
de tratar con quien lo es.
NARCISA: Digo que sea después
que el conde con quien pretende
se case, que ya sé yo2085
que esto ha de ser con su igual.
Salen ENRIQUE, con gabán, y FELICIANO
FELICIANO: ¿Qué, no te parecen mal
estas soledades?
ENRIQUE: No.
Antes me han de dar salud
estas selvas, monte y prado,2090
este silencio sagrado
y esta dichosa quietud.
Aquí, de estas fuentes bellas,
mis pensamientos se fíen,
que parece que se ríen2095
de verme volver a vellas.
¿Qué amigos más verdaderos
que estos árboles y flores?
Cántenme aquí ruiseñores
y no en París lisonjeros.2100
Aquí viviré pasando
las horas en vida honesta.
FELICIANO: ¡Ay, señor! Narcisa es ésta.
¡Qué a traición te está mirando!
ENRIQUE: ¡Narcisa mía!2105
NARCISA: ¿De quién?
ENRIQUE: Mía, mi bien.
NARCISA: ¿Suya?
ENRIQUE: Sí,
que no hay más bien para mí.
NARCISA: Luego ¿no es Celia su bien?
ENRIQUE: ¿Quién te dijo esa locura?
Un día la visité2110
para rendir a tu pie
su discreción y hermosura…
NARCISA: ¿No más?
ENRIQUE: Feliciano diga
si fue por otra razón.
NARCISA: ¡Buen testigo!2115
FELICIANO: Celos son,
que bien sabes que le obliga
al conde, para vivir
estas selvas, tu belleza.
ENRIQUE: Y Juana ¿tanta aspereza?
JUANA: Pues yo ¿qué puedo decir2120
si Narcisa está enojada?
ENRIQUE: Y Tirso ¿tan escondido?
TIRSO: Yo, cierto que no he sentido
de aquello de Celia nada;
pero si Narcisa y Juana2125
están celosas, ¿soy yo
de piedra?
ENRIQUE: Si se enojó
de la usanza cortesana
Narcisa, no lo estéis vos.
TIRSO: Yo, como ella no lo esté,2130
no habrá cosa que me dé
pesadumbre; no, por Dios.
ENRIQUE: Narcisa, a la corte fui,
adonde el rey me llamó;
la esperanza que me dio2135
mudó la apariencia en mí;
no la voluntad, que allí
dentro del pecho vivía;
que, supuesto que decía
otras diversas razones,2140
en todas las ocasiones
eras alma de la mía.
Decíale al rey, mi bien,
que por mujer acetaba
la de Cleves, que él me daba,2145
y al gobernador también,
por no mostrarles desdén;
pero cuando esto decía,
dando a entender que quería
casarme luego con ella,2150
eras tú, Narcisa bella,
en el alma mujer mía.
Cuando a Celia visitaba,
de su valor satisfecha,
sin tener de ti sospecha,2155
de quien tan segura estaba;
cuando, necia, imaginaba
deshacer lazo tan fuerte,
como de los dos se advierte,
estaba el alma en su centro2160
diciendo, “Soy aquí dentro
de Narcisa hasta la muerte.”
NARCISA: ¡Qué donaire que ha tenido
vuestra alteza, gran señor,
en tenerme tanto amor2165
dentro del alma escondido!
Como renegado ha sido
que dice, cuando se ve
entre cristianos, que fue
con la lengua siempre incierta,2170
pero que tiene encubierta
dentro del alma la fe.
Pues, señor, sepa que es poca
cuando la encubre el temor,
porque también quiere Amor2175
que le confiese la boca.
Que pasión que al alma toca
es en tiempos semejantes
más descubierta entre amantes,
si no es que la fe se amengua,2180
que desde el alma a la lengua
corre el amor por instantes.
De quien calla, cuando es justo
que hable claro, se infiere
que desprecia lo que quiere2185
o quiere otro nuevo gusto.
Que la trae algún disgusto
de la corte a este lugar
bien se deja imaginar,
porque si amor me tuviera,2190
puesto que callar quisiera,
era imposible callar.
ENRIQUE: Confieso que me ha traído
desabrimiento a mi aldea
de ver tan loca a la envidia,2195
sin pedir al rey licencia.
Andaba cierto marqués
lleno de celos de Celia;
desbarató los principios,
temiendo la competencia2200
con decir que yo tenía
de una doña Sol, leonesa,
tres hijos, y al rey también
que forzaba las doncellas,
pues cierta madama Flor2205
le dijo que de Lucrecia,
su hermana, Tarquino fui,
probando la injusta fuerza
con un infame escudero
y una mal nacida dueña,2210
que ¡vive Dios! que a saber
quién estos villanos eran,
que les quitara mil vidas.
TIRSO: (¡Oxte, puto, guarda fuera!) Aparte
NARCISA: (Maldición de flores nueva; Aparte2215
pero no querrá que estén
cautivas Naturaleza.)
Prosiga su historia.
ENRIQUE: En fin,
. . . . . . . . ..
aquesta madama Flor,2220
–¡plega al cielo que lo sea
en los jardines del Turco!–
con tantas lágrimas tiernas
dicen que al rey informaba
que enterneciera las piedras.2225
Como vi que si vivía
más tiempo entre tantas fieras
aventuraba la vida,
acordéme de mi aldea
y quise más ver los prados2230
que pisas, Narcisa bella;
las fuentes en que te miras,
las aves que te requiebran;
estas peñas que, arrogantes,
compiten con las estrellas,2235
cuya nieve, vuelta en agua,
humilla el sol a la tierra;
estos cándidos vellones
de tus peinadas ovejas;
estas cabañas humildes2240
de secos tarayes hechas,
que los dorados palacios,
cuya envidiada grandeza
no me agradaba, enseñado
a la quietud de estas selvas.2245
Yo vengo a vivir aquí,
yo vengo a servirte en ella,
donde, por recién venido,
cuando otra cosa no sea,
bien merece que tus brazos…2250
NARCISA: Detente.
ENRIQUE: No me detengas.
JUANA: Ea, Narcisa; que el conde
te adora.
FELICIANO: Si esto no fuera
amor, ¿por qué obligaciones
viniera el conde a esta tierra?2255
NARCISA: No pienso hacer paz con él
si Tirso no me lo ruega.
TIRSO: (Esto es mandarme bailar Aparte
y aforrarme la cabeza.)
NARCISA: Como Enrique…2260
ENRIQUE: Di, adelante.
NARCISA: …ser mi marido prometa.
ENRIQUE: Si me igualaras, Narcisa,
o Francia no me pidiera
por su Delfín…
NARCISA: Yo te igualo.
ENRIQUE: ¿De qué suerte?2265
NARCISA: Escucha.
Ruido dentro
ENRIQUE: Espera;
que gran gente baja al valle.
Salen LEONELO y soldados
NARCISA: ¡Oh, Amor, no hay gloria sin pena!
LEONELO: Prevenid todos las armas.
Dése a prisión vuestra alteza.
ENRIQUE: ¿Alteza y prisión, Leonelo?2270
¿Qué novedades son éstas?
¿Hay otra madama Flor?
¿Hay otra fingida queja?
LEONELO: La que la tiene de ti
aspiraba a ser princesa2275
contigo y, ya tu enemiga,
le pide al rey tu cabeza.
ENRIQUE: ¿Quién, capitán?
LEONELO: No preguntes
lo que tan bien sabes. Celia,
cuyo padre has muerto.2280
ENRIQUE: ¿Cómo?
LEONELO: Dice que, hablando con ella,
salió su celoso padre
y que, al llegar a su reja
tú y Feliciano le habéis
muerto.2285
ENRIQUE: Que lo sea me pesa,
que era Mauricio mi amigo
y hombre de tan altas prendas
que no queda al rey en Francia
de quien confïarse puedan
los consejos de la paz2290
y las armas de la guerra.
¡Qué desdicha! Pero admira
que sea Celia tan necia
que entienda que yo le he muerto.
Vamos, Leonelo, a que sepan2295
en París cuántos caminos
contra mi inocencia intenta
la envidia. Poco ha, Leonelo,
que me llevaste a que fuera
Delfín de Francia, y agora2300
me llevas preso. ¿Qué piensa
la Fortuna hacer de mí?
Mas, por ventura, desea
quitar a la necia envidia
esta piedra en que tropieza.2305
LEONELO: Esto manda el rey.
ENRIQUE: Narcisa,
¡vive Dios! que mi inocencia
está libre de esta muerte.
Ya no es posible que vuelva.
Con Dios te queda y también2310
con la poca o mucha hacienda
que hallares en esa casa.
No respondes… pero aciertas.
Vamos.
LEONELO: Venid, Feliciano.
FELICIANO: Cuando tú no me quisieras2315
llevar, fuera yo mil veces.
Vanse ENRIQUE, LEONELO, FELICIANO y soldados
JUANA: ¡Bravas desdichas te cercan!
TIRSO: ¡Bravas fortunas te siguen!
NARCISA: ¡Gran pecho quieren mis penas!
¡Gran ánimo mis desdichas!2320
¡A ellas, amor, a ellas!
Seguidme.
TIRSO: Pues ¿dónde vas?
NARCISA: Adonde mis penas crean
que tengo tan grande amor
que las ha de hacer pequeñas.2325
Vanse. Salen el REY y ROSELO
REY: No sé cómo te animas,
Roselo, a consolarme en tanta pena.
ROSELO: Rogarte que reprimas[,]
[s]i las mayores el valor refrena,
con discreto jüicio,2330
la que dio la muerte de Mauricio.
¿Por qué, señor, te ofende?
REY: Porque perdí un amigo en quien tenía,
marqués, lo que pretende
quien ha de gobernar la monarquía2335
de un reino; que en el polo
celeste el sol aun no gobierna solo.
A la noche preside
la blanca luna, mientras él descansa,
y el gobierno divide.2340
Tal vez el peso del imperio cansa
y es menester Atlante,
en cuyos fuertes hombros se levante.
Aquel ángel de guarda
que suele dar a un rey la vulgar gente2345
que en lo exterior le guarda,
se ha de entender un grave presidente
que, haciendo justas leyes,
haga dichoso el cetro de los reyes.
¿Quién fue como Mauricio?2350
La coluna de Francia me ha faltado.
ROSELO: No faltan al servicio
de tu corona con igual cuidado
muchos grandes sujetos
no menos generosos y discretos.2355
REY: Sin esto, ¿qué desdicha
puede igualarse a haberle Enrique muerto?
¿Será razón, por dicha,
no castigar tan grave desconcierto?
ROSELO: Que no es justicia, digo,2360
a quien ha de heredarte dar castigo.
REY: ¿Cómo que no es justicia?
¿Ésa es razón de un hombre de tu ingenio?
ROSELO: No se prueba malicia.
REY: Pregúntale a Aristómenes Mesenio,2365
supuesto que se ama,
cómo la mala sangre se derrama.
Casio y Epaminundas
y Seleuco ¿sus hijos no mataron?
ROSELO: Si la justicia fundas2370
en gentiles, la fama idolatraron.
REY: No son, por ser gentiles,
si fueron justos, los ejemplos viles.
ROSELO: Luego ¿quitar la vida
piensas a Enrique porque Celia, airada,2375
diga que fue homicida
de su padre, celosa y engañada?
REY: ¿Engañada, Roselo?
ROSELO: ¿No se pudo engañar?
REY: ¡Pluguiera al cielo!
Salen CELIA, de luto, CLARA y acompañamiento
CELIA: Como suele, señor, venir la parte2380
a pedirle justicia a un rey, yo vengo
a pedirte piedad y a suplicarte
que no mires airado la que tengo,
que más glorioso nombre puede darte
la que al valor de tu laurel prevengo2385
con perdonar a Enrique, en quien estriba
que esta corona con descanso viva.
Ya me miran, señor, todos airados,
tan grande y justo amor al conde tienen.
Ya mi padre murió; ya tus cuidados2390
otros sujetos de valor previenen.
Mira que los sucesos desdichados,
no por malicia, por desgracia vienen;
yo le perdono, la prisión excusa,
que me ha seguido la ciudad confusa.2395
No permitas que Francia me aborrezca,
que, aunque es verdad que yo le vi matalle,
defendiéndose fue; no te parezca
que por amor pretendo disculpalle.
¿Qué castigo pretendes que merezca2400
quien no pudo pensar que por la calle
viniera un hombre de su edad celoso
sin descubrirse a un mozo valeroso?
¿Qué querías, señor, que Enrique hiciese,
cuando mi padre la ocasión le daba?2405
Ni puedo yo creer que conociese
a quien como a ti mismo respetaba.
Con esto, gran señor, tu enojo cese,
vuelva a tu gracia el conde, como estaba;
harás agora a la razón sujeto2410
lo que después harás menos discreto.
REY: ¡Marqués!
ROSELO: ¡Señor!
REY: Escuchad.
Yo os quiero pedir consejo.
Ésta quiere a Enrique vivo;
no quiere a su padre muerto.2415
¡Cómo se conoce amor!
ROSELO: (¡Más se conocen mis celos!) Aparte
REY: He imaginado, marqués,
para todos un remedio.
Yo no he de matar a Enrique,2420
Francia le llama heredero,
yo pienso que lo ha de ser
si quieren guerras y pleitos.
Pues dejar a Celia ansí
no es cumplir con lo que debo2425
al muerto ni a mi justicia;
darle por castigo quiero
el remedio de su casa.
ROSELO: Pues ¿qué tienes por remedio?
REY: Que, casándose con Celia,2430
Enrique suceda al muerto.
Con esto pago a Mauricio
servicios de tanto tiempo,
remedio a Celia y castigo
a Enrique.2435
ROSELO: No lo aconsejo.
REY: ¿Por qué? ¿No es tan buena Celia
como Enrique?
ROSELO: Yo confieso
la nobleza; mas merece
Enrique más casamiento,
y el que tenías tratado2440
en Cleves, con más acierto,
dejará quejoso al duque.
REY: Pues ¿qué remedio más cuerdo?
ROSELO: A ver lo que Enrique dice,
que casamientos violentos,2445
como tú sabes, señor,
nunca tienen buen suceso.
Salen ENRIQUE, preso, LEONELO y guarda
LEONELO: Aquí viene preso Enrique.
ENRIQUE: Aquí, señor, vengo preso
y inocente de la causa,2450
haciendo testigo al cielo
que ni a Celia hablé en su reja
ni sé de su padre muerto
más de que lo dicen todos.
REY: Enrique, todo el proceso2455
se resuelve en que ella dice
que eras tú, con juramento.
ENRIQUE: Pues ¿qué ley condenar puede
con un testigo?
CELIA: No vengo
a pedir justicia yo,2460
que en la causa que eres reo
soy parte y soy abogado,
y al rey que perdone ruego.
Pésame de que lo niegues,
pues en mi reja es tan cierto2465
que te hablé cuando salió
mi padre, celoso y necio,
dándote causa a matalle.
ENRIQUE: Si te hablé, si yo le he muerto,
quíteme el cielo la vida.2470
Antes bien, Celia, sospecho
que esa noche caminaba
a mi aldea, descontento
de ver tantos testimonios,
y mira que no merezco,2475
Celia, el mayor de tus labios.
REY: Enrique, yo hallé remedio,
a que no has de replicar,
para quedar satisfechos
Celia, Mauricio y su casa.2480
Parte a tus estados luego
con ella, donde te cases
–mira si es partido honesto–
y no vuelvas a la corte
hasta que, juntando el reino,2485
te mande lo que has de hacer.
Vanse el REY y ROSELO
ENRIQUE: Tu voluntad obedezco,
pues dices que no replique.
Vamos, señora, que creo
que os debo notable amor,2490
pues con este fingimiento
me queréis por vuestro, en fin.
CELIA: Yo, conde Enrique, no os fuerzo.
Si no fuere vuestro gusto,
agora estamos a tiempo.2495
ENRIQUE: ¡Leonelo!
LEONELO: ¿Señor?
ENRIQUE: Aquí
pensabas traerme preso
y fue engaño, porque entonces
vine libre y preso vuelvo.
Vanse. Salen NARCISA y JUANA
NARCISA: Mucho tarda Tirso, Juana,2500
que siguiendo al conde fue.
JUANA: ¡Que en esta locura dé
tu loca esperanza vana!
NARCISA: ¿Qué quieres? No puedo más.
Y si tan perdida estoy2505
es por no ser lo que soy.
JUANA: Con esta prisión estás
más perdida que solías.
¿Qué nuevo ser tienes ya
que, muerto Albano, te da2510
causa a tan locas porfías?
NARCISA: Es, Juana, un grande secreto
que no se puede saber
hasta venir a tener
mis pensamientos efeto.2515
¡Ay, Dios! Si el conde mató
al gobernador, ¿qué espero?
Pues al engaño primero
este segundo añadió;
que el venir a nuestra aldea2520
fue para poder negar
que no le pudo matar.
Pues si él a Celia desea,
si la sirve y quiere tanto,
¿para qué quiero ser yo2525
más que hasta aquí, pues me dio
más causa para más llanto?
¡Fuentes, a mi llanto iguales,
o trasladaos a mis ojos
o mis lágrimas y enojos2530
a vuestros puros cristales!
Antes que fuese quien soy
menos mis penas sentía;
por no ser lo que solía,
en mayor desdicha estoy.2535
Sale TIRSO
JUANA: No te aflijas, que ya viene
Tirso.
TIRSO: Siempre soy correo
de malas nuevas.
NARCISA: Ya veo
que el conde peligro tiene.
¿Está el rey muy enojado?2540
¿Hay contra su sangre ley?
TIRSO: Ya no está enojado el rey,
sino Enrique está casado.
¡Presto lo he dicho, a la fe!
NARCISA: ¿Casado? ¡Triste de mí!2545
TIRSO: O viene a casarse aquí,
que del rey concierto fue
por la muerte de Mauricio.
NARCISA: Luego ¿con Celia se casa?
TIRSO: Él se casa, y en tu casa.2550
NARCISA: ¡Quién tuviera más jüicio!
TIRSO: ¿Para qué?
NARCISA: Para tener
mucho que perder aquí.
¿Que se casa el conde?
TIRSO: Sí.
NARCISA: ¿Y que es Celia su mujer?2555
TIRSO: Si no lo crees, advierte
que los coches llegan ya.
NARCISA: Amor, paciencia, que está
vuestra esperanza a la muerte.
Salen FELICIANO y criados, CELIA, de camino, ENRIQUE y CLARA
ENRIQUE: En esta pequeña aldea,2560
falda de este monte, vivo;
aquí me tiene cautivo
el rey, que mi fin desea,
y aquí me manda vivir.
CELIA: ¡Buen sitio, monte extremado,2565
lindas aguas, fresco prado!
¡Clara, no hay más que pedir!
¡Qué buena casa!
CLARA: No creo
que la hay en París mejor.
CELIA: ¿Qué alcaide tenéis, señor,2570
en esta casa?
ENRIQUE: El deseo
de que en ella os halléis bien;
pero vive en ella agora
una honrada labradora
y su familia también.2575
Murió su padre, a quien yo
fïaba mi hacienda junta.
CELIA: ¿Dónde está?
TIRSO: (Por ti pregunta.) Aparte
CELIA: ¿No está aquí?
NARCISA: (Dile que no.) Aparte
TIRSO: Señora, dice Narcisa2580
que no está aquí.
CELIA: Si sois vos,
¿por qué no llegáis?
NARCISA: (¡Ay Dios!) Aparte
CELIA: ¿No sabéis andar aprisa?
NARCISA: Cuando voy a la ciudad
tras el pollino, con Juana,2585
bien sé andar.
CELIA: ¡Buena villana!
NARCISA: Buena sea su verdad,
que cierto que me lo debe,
porque cualquiera que al conde
quiere bien, me corresponde.2590
JUANA: (A mucho tu amor se atreve.) Aparte
CELIA: Clara, ¿no parece mucho
a doña Sol?
CLARA: Es retrato.
NARCISA: Era sol, y el tiempo ingrato
noche me volvió.2595
ENRIQUE: (¿Qué escucho? Aparte
¿Ay, Feliciano, qué haré?)
FELICIANO: (¿Qué puedes hacer, señor?) Aparte
CELIA: Si no es doña Sol, error
de Naturaleza fue.
NARCISA: Como eso hará la Fortuna,2600
que es tela de tornasol.
“Púsoseme el sol,
salióme la luna;
más valiera, madre, la noche oscura.”
CELIA: Pues aquella labradora2605
mucho a la dueña parece.
CLARA: La imaginación ofrece
tales engaños, señora,
que aquel villano también
me parece al escudero.2610
CELIA: Conde, ver la casa quiero,
que me parece muy bien.
NARCISA: A saber que sus mercedes
venían, otro aparejo
toviera; como un respejo2615
rellocieran las paredes.
Pésame que la espetera
como solía no esté;
pero yo la lumpiaré
por de dentro y por de huera.2620
A la he, no ha de quedar
cosa en casa que no mude,
aunque la presona sude
cuando pensó descansar.
Todo está con la prisión2625
del conde desbaratado,
que, a saber que era casado,
era forzosa ocasión
de que se mudara todo;
pero agora lo será.2630
CELIA: La labradora me da
gusto.
CLARA: El hablar de aquel modo,
aunque grosero, es donaire.
NARCISA: (Pues a mí no me le ha dado Aparte2635
que tan presto hayan llegado.
Mas viene el mal por el aire.)
Vanse todos, menos NARCISA y ENRIQUE
NARCISA: Escuche su señoría,
que acerca de aderezar
la casa hay que preguntar.2640
ENRIQUE: ¿Qué quieres, Narcisa mía?
NARCISA: Traidor conde, ¿qué te hacía
el alma que has engañado?
Si a Celia la tuya has dado,
¿por qué veniste a casarte,2645
pudiendo excusarlo en parte
que yo te viese casado?
ENRIQUE: Fue del rey la voluntad.
NARCISA: Luego ¿el rey te señaló
que vinieses donde yo2650
te viese con tal crueldad?
ENRIQUE: Y tú ¿piensas que es verdad
que maté a Mauricio yo?
NARCISA: Yo no sé quién le mató.
ENRIQUE: ¿No ves mi inocencia en mí?2655
NARCISA: Conde, tus traiciones, sí;
pero tus desdichas, no.
¡Vive el cielo, que eres hombre!
Esto digo y esto siento;
no hay más encarecimiento2660
que deciros este nombre.
Pero deja que me asombre
que el rey te dé por castigo
casar a Celia contigo;
que si primero me has muerto,2665
fuera más justo concierto
que te casaras conmigo.
¡Válgame Dios, qué mudanza
cupo en tan grande nobleza!
¡Mi arrogancia y mi bajeza2670
dieron al amor venganza!
¿Qué pensaba mi esperanza
cuando se fundaba en ti?
Pues advierte que nací
mejor que tú y que he de ser2675
en la venganza mujer
para vengarme de mí.
ENRIQUE: ¡Mi bien!
NARCISA: La lengua detén,
que de experiencia he sacado
que, cuando me has engañado,2680
siempre me has dicho “¡Mi bien!”
Yo te dije aquí también
que te podía igualar,
con que pudieras pensar
algún secreto valor.2685
Mas, teniendo a Celia amor,
¿qué te pudiera obligar?
ENRIQUE: Oye, amores. ¡Por tus ojos,
no te retires!
Sale CELIA
NARCISA: ¡Desvía!
CELIA: ¡No es malo, por vida mía!2690
¿Soy causa de estos enojos?
NARCISA: ¿Agora celos y antojos?
Mas ¿qué? ¿Los tiene de mí?
¿No ve que el señor aquí
tomarme quiere las llaves2695
de casa?
CELIA: Pienso que sabes
más de mí que yo de ti.
¿Cosa, aldeana, que fueses
la doña Sol que se esconde
y que tres hijos del conde2700
en este lugar tuvieses?
Habla, di verdad, no ceses;
habla, licencia te doy.
Si eres Sol, a tiempo estoy,
que me holgaré que lo seas.2705
ENRIQUE: ¡Qué mal los celos empleas!
NARCISA: Muy mal. ¿Tan rústica soy?
Señora, los hombres son
tan fáciles que a villanas
dirán, si no hay cortesanas,2710
su poquito de razón.
No pongáis la presunción
de tan gran señora en mí;
aquí os dejo, que si fui
villana, eso mismo soy,2715
y como quien soy me voy
al monde donde salí.
Dejad cuidados celosos,
que a casos tan levantados,
¿qué importa llegar osados2720
si los acaban dichosos?
Mis pasos fueron dudosos,
que por no saber quién fui,
neciamente los perdí;
pero ya que me resuelvo2725
a poner fuego, me vuelvo
al monde de quien salí.
Vase
CELIA: ¿Estas enigmas tenéis,
Enrique, en aquesta aldea,
que con vuestra dama os vea2730
y vuestros hijos queréis?
ENRIQUE: Señora, pues ya sabéis
que es doña Sol esta dama,
volved por mí y por su fama.
Esos tres hijos tenía2735
que doña Sol os decía.
Así se turba quien ama.
Ni os está bien el casaros
conmigo, ni al rey querer
darme tan noble mujer2740
si no tengo de estimaros.
Adoro en mis hijos caros.
(¡Vive Dios, que no los tengo Aparte
pero aprovecharme vengo
de lo que ella misma dice.)2745
CELIA: A la necedad que hice,
conde, el remedio prevengo.
No fuérades caballero
si no me desengañara
vuestra piedad.2750
ENRIQUE: (¡Quién pensara Aparte
que el rey, tan bárbaro y fiero,
sin informarse primero
de la verdad de esta muerte
me casara de esta suerte!)
Sale FELICIANO
FELICIANO: ¡Brava fineza, señor!2755
ENRIQUE: ¿Cómo?
FELICIANO: Descubrióse Amor
y viene su alteza a verte.
Salen el REY, ROSELO y LEONELO
REY: No es posible que se atreva.
ROSELO: Yo te digo lo que siento.
REY: ¡Conde!2760
ENRIQUE: Señor, ¿merced tanta?
REY: ¡Celia!
CELIA: El rey viene a buen tiempo.
REY: Quéjase de que te trate
con tanta aspereza el reino
y vengo a desengañarle.
ENRIQUE: Los favores que me has hecho2765
califica, gran señor,
este noble casamiento.
REY: Dicen que el ser tan oculto
confirma que te aborrezco;
y no lo debe de ser2770
cuando tantas luces veo.
¿Qué es esto?
ENRIQUE: ¿Luces aquí?
Sin duda, el rústico pueblo
celebra mi desposorio,
lo que encubres descubriendo.2775
Sale TIRSO
TIRSO: ¡Huíd, señores, huíd,
que con la fuerza del viento,
encendidos estos montes,
podrá ser que llegue el fuego
a estas casas en que estáis!2780
ENRIQUE: ¿Encendidos? ¿Quién ha puesto
fuego al monte?
REY: Si hay peligro,
Enrique, no le aguardemos.
ENRIQUE: No, señor, que es imposible,
estando este río en medio,2785
pasar el fuego al lugar.
REY: Vaya alguna gente presto
a saber quién fue la causa;
que si fue con mal intento,
no ha de quedar sin castigo.2790
ENRIQUE: (Aun aquí pienso que tengo Aparte
el peligro de la envidia,
pues que me viene siguiendo
desde la corte a la aldea.)
Salen LEONELO y NARCISA
LEONELO: ¡Camina, loca!2795
REY: ¿Qué es esto?
NARCISA: ¿Qué ha de ser? Una mujer
que, habiendo perdido el seso
por desesperado amor
y sin esperar remedio,
a este monte en que nació2800
puso fuego, presumiendo
quemar con él estas casas.
REY: Temerario atrevimiento,
y no sin causa nacido,
de un desesperado pecho.2805
Di la ocasión y quién eres.
NARCISA: Si el perdido entendimiento
cobra algún valor mirando,
¡oh, rey, que me estás oyendo!,
oye la notable historia2810
de mi vida y mis sucesos.
REY: La sangre me has alterado.
Di, mujer.
NARCISA: Estadme atentos.
Invicto rey Ludovico,
cristianísimo de Francia,2815
a cuyo blasón del cielo
un ángel trujo las armas,
yo soy una labradora
que salí de las entrañas
de este monte, rudo parto2820
de sus romeros y jaras.
Albano, un hombre de bien,
que vivió de su labranza,
fue mi padre, que a lo mismo
toscamente me aplicaba.2825
Viví llevando a estos prados
una grosera manada
de ovejas, sin más discursos
que, con la risa del alba,
sacarlas de sus rediles2830
por cristales y esmeraldas
de estas hierbas y estas fuentes,
y cuando el sol declinaba
al polo por donde dicen
que al mar de otro mundo pasa,2835
volverlas a que otra vez
aguardasen la mañana.
Vida que, al nacer en ella,
sólo pudiera pasarla
mujer que iguales tenía2840
el ingenio y las desgracias.
Era sayal mi vestido
ordinario la semana,
y de algún paño grosero
la fiesta, sayuelo y saya.2845
Sobre el cabello, que siempre
me cubrió toda la espalda,
sombrero para los soles
y gabán para las aguas.
Vino el conde a nuestra aldea2850
y, andando una tarde a caza,
como dicen las historias,
vióme en un prado sentada.
No sé qué le parecí
la crespa melena echada,2855
con los naturales rizos
que el artificio ignoraban,
que me dijo, y lo creí,
“Agrádame la villana,
que no siempre a los señores2860
agradan las cosas altas.”
Dio en venirse cada día
donde yo segura estaba,
y de un disparate en otro
me puso en locura tanta2865
que en un pedazo de espejo
di en mirarme las mañanas,
más que por verme yo a mí,
por ver lo que le agradaba.
Aconsejóme el cristal2870
–¡qué mal consejo! ¡Mal haya
quien fía en vidrio tan débil
materias de confïanza!–.
Él, finalmente, me dijo
que me pusiese en la cara2875
cierto color que me dio
una vecina casada.
Con esto al campo salía,
de verme querer tan vana
que en cualquier fuente del prado2880
por instantes me miraba.
Ya no dormía de noche;
que es violencia temeraria
la primera voluntad,
y más tan bien empleada.2885
Porque cuando yo me vía
una rústica aldeana
y de un príncipe tan grande
con tan grande extremo amada,
desvanecíme de suerte2890
que en todo el pueblo no hallaba
adonde el alma cupiese,
tan grande me vino el alma.
Con los regalos del conde
atrevíme a seda y plata2895
y, aunque en traje labradora,
era en los adornos dama.
En estos medios llamaste
a Enrique, y de la esperanza
de ser rey, le dio un olvido2900
que fue de mi muerte causa.
Enamoróse de Celia,
fui a la corte, y pude hablarla
en hábito de señora,
para decirle que estaba2905
casado el conde, fingiendo
que doña Sol me llamaba.
También, señor, te engañé
diciéndote que una hermana
me había forzado el conde,2910
para quitarle tu gracia.
Con esto volvió a la aldea,
que esto “del monte” no habla
que de él sale quien le quema
por quemar sus robles y hayas,2915
sino porque los crïados
o mujeres de una casa,
como testigos de vista
son los que a los dueños matan.
Estando el conde en la corte2920
murió Albano, cuya extraña
y rústica condición
mi nacimiento ocultaba,
con un papel y una joya
hallé en un cofre una caja.2925
El papel decía, “Aquí,
del condestable de Francia,
llegó Floripes, su hija,
fugitiva de su espada.
Parió del rey Ludovico2930
a Isabela, que hoy se llama
Narcisa.” Tomé la joya,
que es este anillo que engasta
esta hermosa flor de lis
de diamantes coronada.2935
Pero, estando yo tan cierta
de ver que al conde igualaba,
hija del rey y su prima,
me dicen que el rey le casa
porque dio muerte a Mauricio2940
y por ser en tu desgracia.
Vienen los dos a la aldea
donde yo, desesperada,
poniendo fuego a este monte,
pretendí tomar venganza,2945
creyendo que poco a poco
llegara el fuego a su casa.
Pero, esforzándose el viento
y deteniéndole el agua,
sólo descubrió mis celos2950
y mi esperanza burlada.
Yo soy Isabela, rey,
que, como mujer que ama
y que sin saber quién era,
vencida de su ignorancia2955
y animada de valor
de ser tu hija, intentaba
lo que has visto y has oído.
No te pido que deshagas
el casamiento de Celia;2960
pero que si fue la causa
matar el conde a Mauricio,
vuelvas, señor, por su fama,
con hacer información;
porque si conmigo estaba2965
el conde en aquesta aldea
cuando en la corte a aquél matan,
no es razón que yo le pierda,
si no es que en tu amor no hallan
ni remedio mis desdichas2970
ni puerto mis esperanzas.
REY: Muestra el anillo o testigo
firme de verdad tan clara.
Dame tus brazos, que el cielo
esta dicha me guardaba2975
para consolar la muerte
del príncipe, pues a Francia
dejaré tales dos reyes
de mi sangre y de la casa
de Guisa.2980
ROSELO: Advierte, señor,
que si a Celia dar pensabas
a quien a su padre ha muerto,
yo soy, que con tal desgracia
le maté sin conocerle.
REY: Celia, no hay que satisfaga2985
mejor su muerte.
CELIA: Tu gusto
para mi remedio basta.
TIRSO: Al escudero y la dueña
¿no dan sus mercedes nada?
ENRIQUE: Este monte en dote.2990
TIRSO: ¿Agora
que está quemado?
ENRIQUE: Aquí acaba
Del monte sale, que dio
tan ilustre reina a Francia.

FIN DE LA COMEDIA

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