LA VIDA Y MUERTE DE LA MONJA DE PORTUGAL
Antonio Mira de Amescua
Texto basado en la edición príncipe de LA VIDA Y MUERTE DE LA MONJA DE PORTUGAL en la PARTE TREINTA Y TRES DE COMEDIAS NUEVAS NUNCA IMPRESAS, ESCOGIDAS DE LOS MEJORES INGENIOS DE ESPAÑA (Madrid: Buendía, 1670). Fue preparado por Vern Williamsen en el curso de sus investigaciones en el año 1973. Luego fue editado en forma electrónica en el año 1988 y trasladado al HTML en 1996.
Personas que hablan en ella:
- Don JUAN de Almeida
- Don DIEGO de Castro
- Don LUIS
- Don PEDRO
- ALBERTO, viejo, padre de don Juan
- El duque de VISEO
- La DUQUESA
- El DUQUE de Medina Sidonia
- El Duque de BERGANZA
- TABACO, criado
- VALLEJO, criado
- Doña MARÍA
- Doña JUANA, monja dominicana
- TERESA, criada
- LUZBEL
- La LISONJA
- La VANAGLORIA
- La ADULACIÓN
- El DELEITE
- El DESENGAÑO
- Tres PESCADORES
- MÚSICOS
- Un NIÑO Jesús
JORNADA PRIMERA
[Salen don JUAN, don DIEGO, don LUIS y don PEDRO, con espadas desnudas]
DIEGO: La suerte fue bien juzgada.
JUAN: Miente quien lo dice.
DIEGO: ¡Muera!
¡Apartaos! ¡Dejadme!
JUAN: ¡Fuera!
Y si punta de mi espada
no quieren que pase el pecho5
al primero que llegare,
téngase afuera, y repare
en mi razón.
Salen acuchillándose
LUIS: Fue mal hecho,
y bastaba estar aquí
dos caballeros diciendo10
la verdad.
PEDRO: Y yo me ofendo
de que se pierdan así
el respeto; que en mi casa
ha sido poca prudencia
por el juego esta pendencia,15
y ya los límites pasa
de desvergüenza, ¡por Dios!
LUIS: Ha sido muy mal mirado.
PEDRO: Vuelvo a decir que han andado
muy descorteses los dos.20
LUIS: Señor don Pedro, ya he visto
que se pudiera excusar
daros aqueste pesar.
[Salen don DIEGO y don JUAN]
DIEGO: ¡Mal el enojo resisto!
¡Vive Dios, que de afrentado25
apenas a hablar acierto.
JUAN: Áspid no verá encubierto
entre la hierba pisado
el cazador más furioso
que yo para la venganza.30
DIEGO: Lograr pienso mi esperanza
aunque aquí será forzoso
disimular.
LUIS: Las espadas,
caballeros, no están bien
desnudas.35
JUAN: (Sólo un desdén Aparte
en razones mal fundadas
parte ha sido y, ¡por los cielos!,
que tomé por ocasión
el juego; que el corazón
es el que [s]e abrasa en celos.40
¿Cuándo tan dichoso día
veré que de mi esperanza
coja el fruto? ¿Hay tal mudanza
que me dé doña María
favores y que a don Diego45
trate con tanto rigor?)
DIEGO: (No el juego, celos y amor Aparte
causan mi desasosiego).
[Sale] ALBERTO, viejo
ALBERTO: Caballeros, por mi vida,
se me diga la ocasión50
de este disgusto. Pasión
de padre os lo pide. Impida
este silencio mi ruego,
que don Juan, me ha parecido
que tiene el color perdido.55
LUIS: Disgustóse con don Diego
y las espadas sacaron.
ALBERTO: Saber la ocasión gustara.
PEDRO: Sobre el juego.
ALBERTO: Cosa es clara
que entre pechos que se hallaron60
términos de cortesía,
el juego viniera a ser
quien les hiciese perder.
Don Diego, por vida mía,
me dad la mano de amigo.65
Mirad que os lo ruego yo.
DIEGO: Aunque descortés habló,
señor, vuestro gusto sigo.
ALBERTO: Sus mocedades livianas
aquí perdonar podréis.70
Esto os suplico pues veis
a vuestras plantas mis canas.
DIEGO: (Vive el cielo, que ha venido Aparte
mi padre en esta ocasión
para más indignación).75
ALBERTO: Aquesto os suplico y pido.
DIEGO: No solamente la mano
pero los brazos os doy.
ALBERTO: Digo que obligado estoy
a es[te hi]jo tan cortesano.80
DIEGO: Quédese vuestra merced
con Dios.
ALBERTO: Él vaya con vos.
Acompañadle los dos.
PEDRO: Señor Alberto, creed
que le somos muy amigos85
a don Juan.
ALBERTO: Créolo así.
Vanse don PEDRO, don LUIS y don DIEGO]
JUAN: (Mi padre me ofende a mí. Aparte
Los cielos me son testigos).
ALBERTO: Don Juan, ¿es bueno que andéis
dándome a mí pesadumbres?90
Vuestras antiguas costumbres
ya es razón que las dejéis.
¿No hay mil entretenimientos
[par]a un caball[er]o tal?
Noble sois en Portugal.95
Levantad los pensamientos.
La espada negra podéis
jugar, ejercicio honrado.
JUAN: ¿Señor?
ALBERTO: Estoy enojado
de ver lo que vos hacéis.100
Alborotáis a Lisboa
a cada instante. Yo quiero
ver, pues que soy caballero,
si dejáis más nombre o loa,
don Juan, en la tierra extraña.105
Edad y valor tenéis.
Quiero que a España dejéis.
No habéis de estar en España.
El gran duque de Medina
va con valor inmortal110
por capitán general
de esta armada peregrina.
Yo os alcanzaré favor
para que de vos le acuerde.
Reparad en que se pierde115
el tiempo, y será mejor
hacer [una heroica] guerra
a devaneos y a vicios
por honrados ejercicios
y servir siempre en la [tierra.]120
Con mi sangre y con mi espada
me hizo el emperador
capitán, dándome honor.
JUAN: Si mi disculpa te agrada,
oye…125
ALBERTO: La ciudad inquieta.
De cierto sé que améis.
Más en mi casa no entréis
que os tiraré una escopeta.
Vase [don ALBERTO]
JUAN: Cuando la luz entendí
gozar de aquella hermosura,130
la noche triste y oscura
vino. ¿Qué [pasó]? ¡Ay de mí!
Ya, hermosa doña María,
te pierdo por esta ausencia,
pues la forzosa obediencia135
de tanto bien me desvía.
[Sale] LUZBEL, de galán
LUZBEL: De mi estancia tenebrosa,
pues ya saben lo que valgo,
[a hacer guerra] al cielo salgo,
tan reñida y espantosa140
que no esté de mí segura
el alma, pues mi rigor,
pues que no puede al Criador,
ha de coger la criatura.
Y sé que mi diligencia145
igualará a mi desgracia;
que aunque he perdido la gracia,
infusa tengo la ciencia.
Y tiemble todo de mí
pues es tan justo te asombre150
que no ha de gozar el hombre
la sala que yo perdí.
Pues no, aunque fuerte y bizarro,
es bien si no lo permite
que a un ángel de ella le quite155
y ponga un poco de barro.
JUAN: ¿Pasáis de camino, hidalgo,
que parecéis forastero?
LUZBEL: A que me mandéis espero,
si os puedo servir en algo160
que parece que estáis triste.
JUAN: Tengo bastante ocasión.
LUZBEL: Que me digáis la razón
me holgará, y en qué consiste.
JUAN: Pártome de la ciudad165
cuando empezaba a tener
favores de una mujer
que es un ángel en beldad,
y es forzoso hacer ausencia.
Si queréis venir conmigo,170
en mí tendréis un amigo;
que vuestro rostro y presencia
dicen que sois principal.
¿Habéis estudiado?
LUZBEL: Sí.
No hay oculta para mí175
cosa alguna natural.
Mi saber comprehende hasta hoy
del mundo el primero ser,
y si queréis entender
lo que puedo, aquesto soy:180
De la Alemania más alta
soy, y mi naturaleza
es la más noble que hizo
quien formó cielos y tierra.
De aquesta eminente patria185
contarte las excelencias
quisiera, sin ser prolijo,
como allá Agustín lo cuenta
en Civita[s] Dei, don Juan.
JUAN: Gusto que mi nombre sepas,190
donde infiero me conoces.
LUZBEL: Y sé mucho más que piensas.
Aquesta ilustre ciudad
se ilustra con once puertas,
de labor imprehensible,195
que la adornan y hermosean.
En la primera da luz
con cuerpo opaco una densa
antorcha de cera blanca
a las tinieblas opuesta.200
En la cuarta otra bizarra,
que doce casas pasea,
y a las plantas con sus rayos
las vivifica y engendra.
En la octava hay tantas luces205
que la astronómica ciencia
de mil y veintidós trata,
porque en las demás no hay cuenta.
Después otra de cristal
que a no estar donde está puesta210
las once se penetraran,
y el palacio real se viera.
Luego se ve otra movible
y ésta da cada año vuelta,
por un espíritu a todas215
por divina providencia.
Aquí, pues, tuve mi ser
y con tan rara belleza
que al que me crió me opuse
y quise en civiles guerras220
intentarlo, mas fue en vano;
que a mi arrogante altiveza
cual Faetón desvanecido,
lo derribó la soberbia.
Bandos, disensiones puse,225
confusión, discordias, guerras,
y con trémulo rumor
se tocó una arma tremenda.
El Rey a un alférez suyo
da su poder y éste enseña230
su valor, diciendo en alto
quien como él y sin fuerzas
los de mi bando quedaron,
y asientos cándidos dejan;
mas si puede haber consuelo,235
aunque ninguno me queda,
es ver que el arrepentimiento
no es de mi naturaleza.
Y ver que con mi poder
pude derribar la tercia240
parte, que cayó conmigo
sin que de ello se arrepienta.
Tremulando tengo al aire
en el orbe mis banderas.
Más gente la sigue al día245
y se alista que allá en treinta.
De la región más hermosa,
más pura, cándida y bella,
he caído, donde en fin
tengo por luz las tinieblas.250
Ésta, don Juan, es mi historia
y sólo quiero que entiendas
que so un amigo del alma
y la sirvo muy de veras.
Bien sé que a doña María255
adoras, y te desvela
su hermosura, y que don Diego
estima sus altas prendas.
Mira si sé pensamientos.
Y agora quiero que entiendas260
otro secreto, que tú
es imposible lo adviertas.
Religiosa la has de ver
y si es que no lo remedias,
tus pensamientos verás,265
don Juan, echados por tierra.
JUAN: De tu prodigiosa historia
puedo decir que me pena,
aunque apenas la he entendido.
LUZBEL: Pues yo me entiendo con penas.270
Sale TABACO, gracioso con un papel
TABACO: Presumo que es excusado
pedirte de tales nuevas
las albricias.
JUAN: ¿De qué forma?
TABACO: Pienso que traigo respuesta
muy a tu gusto.275
JUAN: Tabaco,
premiaré tu diligencia
con esta sortija.
TABACO: Vivas,
si es que disgusto se llevan,
más que una suegra de un yerno,
y más si heredas, es pena280
que el deseo inmortaliza.
LUZBEL: Agrádame la estafeta.
Óigame, señor hidalgo,
galán de calceta y cuera.
TABACO: ¿Qué me quiere?285
LUZBEL: Por mi vida,
que en buen oficio se emplea.
No está la sortija mala.
¿Quiéreme feriar la piedra?
TABACO: Pondréle la de un molino,
si me enojo, en la cabeza.290
LUZBEL: ¿Cómo llamas a este oficio
de llevar billetes? ¡Ea,
no se ha de enojar!
TABACO: Hidalgo,
¡vive Cristo que me pesa
que dé tan curioso pique!295
LUZBEL: Dejemos burlas afuera
y déme la mano.
TABACO: Tome.
¡Cuerpo de Dios, suelta, suelta!
¡Qué me abraso!
LUZBEL: ¿De tan poco,
señor Tabaco, se queja?300
JUAN: ¡Cielos! ¿Es ésta ilusión?
¡Loco el contento me lleva!
¡Oh, esperanza bien lograda,
pues tuvo en favor sentencia!
¿Sabéis mi casa, hidalgo?305
LUZBEL: Muy bien la sé.
JUAN: Pues en ella
aquesta tarde os aguardo.
LUZBEL: Iré sin falta.
TABACO: A Teresa
doy un abrazo de a cuatro.
LUZBEL: Pues yo sé cierto que queda310
con Vallejo en este punto.
TABACO: ¿Con Vallejo?
LUZBEL: Es cosa cierta.
TABACO: ¿Cómo desde aquí lo sabes?
LUZBEL: Son prodigiosas mis letras.
TABACO: Sin duda habla en ti el demonio.315
LUZBEL: Vaya, y verále con ella.
TABACO: ¿Teresa y Vallejo? ¡Celos!
¡Toca al arma! ¡Guerra, guerra!
Vanse y salen doña MARÍA, dama, y TERESA, criada, don DIEGO y VALLEJO, criado
MARÍA: No imagino que es prudencia
amar viendo el desengaño.320
DIEGO: ¡No vi rigor más extraño
ni tan crüel resistencia!
MARÍA: Ya digo, señor don Diego,
que me pesa que os canséis.
DIEGO: Más de esa suerte encendéis325
mi amor y aumentáis mi fuego.
VALLEJO: Y voacé, señora mía
¿tiene condición tan dura?
TERESA: ¡Óigale, señor figura!
VALLEJO: Ésa es poca cortesía.330
DIEGO: Ícaro seré, señora,
que con amoroso celo
quiero volar a este cielo
donde mi bien se atesora;
mas como al sol igualáis335
en belleza y resplandor,
temo que con el rigor
las alas no deshagáis,
y dejando esta presencia
como necio inadvertido340
caiga en el mar del olvido
donde anegue la paciencia.
MARÍA: Estimo, como es razón
tanto amor y voluntad.
DIEGO: Pues, ¿cómo con tal crueldad345
dais el premio a mi afición?
¿Os confesáis obligada
y no pagáis?
MARÍA: Es así;
mas quiero entendáis de mí
que yo estoy enamorada.350
VALLEJO: ¿Es Tabaco más galán?
Diga, señora Teresa.
TERESA: Eso, ¿quién no lo confiesa?
VALLEJO: Conformes los dos están.
DIEGO: A Anajarte en piedra dura355
los dioses la convirtieron
por ingrata, y en fin dieron
tal pago a tanta hermosura;
mas cuando en vos otro tanto
quieran, viendo mi sentir,360
¿en qué os han de convertir
si ya sois piedra a mi llanto?
MARÍA: No tuvo Anajarte amor
a ninguno, y yo le tengo.
Y si a desengañaros vengo,365
no es bien tengáis rigor.
Decís que quiero a don Juan
de Almeida.
DIEGO: ¡Viven los cielos
que rabio de amor y celos!
¿Es bizarro? ¿Es galán?370
MARÍA: Es a quien yo quiero bien,
que basta.
DIEGO: Bien empleáis
vuestro amor, discreta andáis.
(Muerte me dio este desdén. Aparte
Aunque es bien evite el daño.375
Yo gustaba del rigor
que camina en fuego amor
y por hielo el desengaño.
No me quiero dar agora
de aquesto por entendido).380
VALLEJO: Yo imagino que ha perdido
la vergüenza mi señora.
TERESA: ¿Yo? Ni sé qué color tiene.
VALLEJO: Colorada dicen que es.
TERESA: Yo me informaré después.385
VALLEJO: ¿Tan poca vergüenza tiene?
DIEGO: En fin, entre doce y una…
MARÍA: Entonces mi amor espera.
DIEGO: No entendí, señora, fuera
tan dichosa mi fortuna.390
MARÍA: Porque se vaya de aquí
digo que esta noche vuelva.
VALLEJO: ¿Posible es que se resuelva
dama melindrosa así?
¿No pondrá su condición395
algo de madurativo?
DIEGO: Ya con esperanza vivo
de alcanzar mi pretensión.
VALLEJO: ¿Qué tenemos, que te veo
un poquito más templado?400
DIEGO: Tomó puerto mi cuidado.
Lograráse mi deseo.
Aquesta noche me dice
que la vea por la reja.
VALLEJO: No es razón que formes queja.405
¿Hay amante más felice?
¡Agora sí que encajaban
cuatro o seis exclamaciones
poéticas!
DIEGO: Tus razones
sentido y vida me acaban.410
VALLEJO: Refiere los disparates
de “Apresura sol, tu coche,
venga la enlutada noche
porque mi bien no dilates”,
y otras cosas de esta suerte415
al vulgo tan enfadosas
por necedades odiosas.
TERESA: Señor Vallejo, ¿no advierte
que yo también gustaré?
Acompañe a su señor420
donde veré si su amor
es constante y tiene fe.
VALLEJO: Fe, esperanza y caridad
en mi pecho junto viene.
TERESA: Pues sólo con eso tiene425
rendida mi voluntad.
MARÍA: Id con Dios.
DIEGO: Esclavo estoy
de vos por más triunfo y palma
que como acá queda el alma
con vos quedo aunque me voy.430
VALLEJO: Yo otro tanto decir puedo,
Teresa, pues tuyo soy.
TERESA: ¿Vaste?
VALLEJO: Sí, aunque me voy
lléveme el diablo si quedo.
Vanse [VALLEJO y don DIEGO]
MARÍA: ¿Fuéronse ya?435
TERESA: Mi señora,
no vi amante más pesado.
MARÍA: Fingido un favor le he dado
si bien pienso que lo ignora,
y él venga esta noche a verme
por el balcón del jardín,440
todo con intento y fin
de que se fuera.
TERESA: No duerme.
¿Qué es esta noche? ¿En doscientas?
MARÍA: ¿Si dio Tabaco el papel
a don Juan?445
TERESA: Sí, pues con él
su amor y esperanza aumentas.
Y yo, por disimular
conociéndote, cedí
esperanza de que aquí
Vallejo me venga a hablar.450
MARÍA: O es que lo forma el deseo,
Teresa, o veo a don Juan.
TERESA: Ciertos impulsos te dan
y aun yo entiendo que le veo.
Mira tú si le han traído455
las razones del papel.
MARÍA: Ya sé de cierto que en él
mi amor está agradecido.
Salen don JUAN y TABACO
JUAN: Aunque es verdad que es razón,
señora, el pedir licencia460
para entrar, desengaño
me ha dado franca la puerta.
Y más donde una deidad
asiste y naturaleza
puso con pródiga mano465
el “plus ultra” en tales prendas.
Perdonad si me he tardado,
señora, que yo quisiera
en cosas de vuestro gusto
mostrar mayor diligencia.470
MARÍA: Don Juan, mi bien, ¿qué es aquesto?
¿Cómo con tanta tibieza
vos a esta casa venís?
No sé el alma qué recela.
Alce del suelo los ojos.475
¿Qué tenéis que os da pena?
Que yo no sé de mi parte
que ningún disgusto os venga.
JUAN: Ya, hermosa doña María,
diciendo verdad empieza480
la lengua en llamarla hermosa.
¡Ay de mí!
MARÍA: No hay quien te entienda.
TERESA: Mas, ¿qué hay celados duelos?
MARÍA: ¿Celos? ¡Qué viles sospechas!
¿De un amor tan obediente?485
TERESA: ¿Mas que tenemos mareta?
TABACO: Y aun tormenta conocida.
TERESA: Luego, ¿también él se queja?
TABACO: Para todo habrá lugar.
MARÍA: No des al alma más penas.490
¿Qué es la causa de tu enojo?
JUAN: Apenas el alba enseña
por el oriente su luz
y el sol sus caballos muestra,
cuando por mayor castigo495
se opone una nube negra
volviéndola en caos confuso.
MARÍA: Don Juan, entender te deja.
JUAN: Apenas mostró sus flores
la agradable primavera500
cuando el cierzo de un disgusto
las abrasa, tala y quema,
cuando la pobre barquilla
fluctüando por tormentas
no bien al puerto ha llegado,505
cuando huracanes la anegan.
Mas, ¿de qué sirven discursos?
¿De qué el sentir aprovecha
si todo, en fin, es mudable
nada hay firme, todo rueda?510
Los cielos no están parados.
Jamás su armonía cesa.
Al mar caminan los ríos.
Nunca sus aguas se quietan.
Por el zodíaco hermoso515
da su ordinaria carrera
el sol, la luna le sigue.
Movibles son las estrellas.
Desnuda el invierno helado
los troncos y los renueva520
al tiempo de hojas y fruto.
MARÍA: ¿Qué intención es la que llevas?
¿Tú quieres que desespere?
JUAN: Si todo es mudable, necia
petición fuera la mía525
que firme mujer hubiera.
A tu centro natural
te volviste. ¡No aprovechan
fingidas satisfacciones!
MARÍA: Pues, aunque inútiles sean,530
las quiero dar por mi gusto.
JUAN: ¿Qué puedes dar por respuesta
si aqueste papel conoces?
MARÍA: Mía es la firma y la letra,
que no lo puedo negar.535
JUAN: Y aquí, ¿quién duda viniera
don Diego de Castro a verte
por otra, pues a la puerta
le encontré cuando yo entraba?
MARÍA: ¿Y todas esas quimeras540
de mar, primavera, nave,
cielos, zodíaco, estrellas,
invierno, troncos y fruto
vienen a dar en aquesa
fantasía o frenesí?545
¡Ah, don Juan, que cosa es cierta
que el que sabe que es querido
está de grosero cerca!
Por la puerta de los celos
entráis. Mirad que esa puerta550
ha de estar eternamente
cerrada, que hay diferencia
de quien soy a quien pensáis,
y porque es bien se agradezca
a su tiempo el desengaño,555
ni vuestros ojos me vean
ni vengáis eternamente.
JUAN: (¡Por Dios, que al alma le pesa Aparte
de haberla dado disgusto!)
MARÍA: (Ya mi corazón se anega Aparte560
en llanto. ¡Ay, si está enojado
porque la vida me lleva!)
TABACO: Esto acabó. ¡juro a Cristo!
No hay que replicar, Teresa.
¿Más falsas lágrimas?565
Bronce soy, no soy manteca,
¡oh falsa! ¿Tú con Vallejo?
TERESA: Si tan sin causa te alteras,
no sé, Tabaco, qué diga.
TABACO: Pues, ¿por un lacayo dejas570
este talle y este brío?
Por dicha, ¿en la plaza entra
cuando hay toros, cuando hay cañas,
nadie que los ojos lleva
del vulgo más que Tabaco?575
Pues si a mí el toro se acerca,
dejando solo a mi amo,
busco la mejor taberna.
Pues si saco la de Juanes,
¿no pongo yo en la pendencia580
delante cinco o seis calles?
¿Qué Rodamonte lo hiciera?
JUAN: Dadme licencia, señora.
MARÍA: Vos os tenéis la licencia.
JUAN: (Importa mostrar valor). Aparte585
MARÍA: (Muerta soy si va de veras). Aparte
TERESA: ¿No se va, señor lacayo?
TABACO: Iránse; que no son bestias.
Adiós, ninfa de cocina,
de las de escoba y espuerta.590
Vanse [don JUAN y TABACO]
MARÍA: ¿Fuéronse ya?
TERESA: ¿Esto preguntas?
Muy melancólica quedas.
MARÍA: ¿Qué quieres? Llévame el alma.
¿Qué quieres? ¿Dejarme muerta?
Llámale, así Dios te guarde.595
Entra LUZBEL, de marinero
LUZBEL: ¿El señor don Juan de Almeida
está en casa?
MARÍA: No, señor,
porque su casa no es ésta.
Mas, ¿para qué le buscáis?
LUZBEL: Quieren ya tirar la pieza600
de leva y se va la nave.
MARÍA: ¿Qué nave?
LUZBEL: La que le lleva
a Sevilla; que se casa
con la más rara belleza
que tiene el Andalucía.605
MARÍA: (Aquí es bien el juicio pierda). Aparte
¿Que a casarse va don Juan?
LUZBEL: Sí, y ya quieren dar las velas
al viento.
MARÍA: ¡Ruego al cielo
que tu vil sepulcro sea610
el centro frío del mar
en sus pálidas arenas!
¡Júpiter rayos despida
que esta fábrica soberbia
desde la gavia a la quilla615
la deje en cenizas hecha!
¡Derrotados huracanes
y cerúleos montes vengan
que en pedazos la dividan
sobre las espumas crespas!620
¡Infernal rémora estorbe,
ingrato, el rumbo que llevas
y falte un delfín piadoso
que en hombros te saque a tierra!
¡Aguarda, tirano, ingrato,625
desagradecido! ¡Espera
aunque es verdad que no más
de pensamiento me llevas!
Teresa, un manto me da.
TERESA: ¿Señora?630
MARÍA: No me detengas,
que amor y celos me abrasan
el alma y me la atormentan.
Vase
TERESA: Desesperada la miro.
Sin duda que aquestas nuevas
las ha traído el demonio,635
que otro no.
[Vase]
LUZBEL: (Ignorando aciertas). Aparte
Tiran a un perro con violenta mano
piedra, en castigo de que rabia o muerde,
si bien huye el rigor no el tiempo pierde
el diestro brazo sin tirarla en vano.640
Mas viendo, al fin, el animal villano
que a quien se la tiró no coge, en verde
espuma el canto masca, que recuerde
es justo del dolor fiero inhumano.
Piedra es el hombre, si por él desmedra645
de la gracia de Dios, y los lucientes
coros muralla de su débil hiedra.
Y así, yo con mortales accidentes,
tengo, si cojo esta arrojada piedra,
[de] hacer menuda arena con los dientes.650
Vase. Salen el DUQUE de Viseo y la DUQUESA, de camino, y tres PESCADORES
PESCADOR 1: ¡Hermosa y fresca mañana!
Al mar sopla vendaval
levantando espuma cana,
y en la tumba occidental
sepulta el carro Dïana.655
Y del oriental farol
se ve luz y haciendo salva
las aves a su arrebol,
pide la camisa al alba
para levantarse el sol.660
PESCADOR 3: Parece, hermosa señora,
que con sus lenguas el mar
la bienvenida os da agora,
y respira blanco azar
en aquestos campos Flora;665
que aqueste jardín procura
con su amorosa frescura
decirlo en voces süaves
y en simple solfa las aves
celebran vuestra hermosura.670
DUQUESA: Dios os guarde, que mostráis
el amor que me tenéis.
PESCADOR 2: Vos en todo nos honráis
y así servida seréis
en lo que aquí nos mandáis.675
PESCADOR 1: ¿Qué causa, señora, ha sido
de que el duque mi señor
a Belén haya venido?
DUQUESA: De una novena el amor
presumo que le ha traído.680
DUQUE: Nueve días estaremos
en este convento santo.
PESCADOR 3: En este tiempo os haremos
lisonja, aunque me adelanto
con la barca y con los remos;685
que esta mañana en el mar,
señores, la red echamos
y espero en Dios de sacar
pescado con que os sirvamos
ya que no os podemos dar690
otra cosa.
DUQUE: ¿Qué queréis
por el lance que saquéis
primero?
PESCADOR 3: Habéisme afrentado,
que todo el mar dilatado,
a ser mío, bien podéis695
entender que mi deseo
lo pusiera a vuestras plantas
por más insigne trofeo,
sin pagar mercedes tantas;
que siempre nos hacéis.700
DUQUESA: Creo
que te ha levantado el mar
un poco.
PESCADOR 1: Señora, sí,
la esfera quiere tocar
y el elemento turquí
quiere en las olas frisar.705
DUQUE: Fortuna corre un bajel
si no me engaño.
PESCADOR 1: Y la mar
está bramando por él.
PESCADOR 2: No sé si podrá librar
la gente que viene en él.710
DUQUESA: Dios te libre y dé favor.
Pésame de haber salido
a la ribera.
PESCADOR 1: Señor,
yo pienso que sumergido
le tiene el mar.715
DUQUESA: ¡Qué rigor!
PESCADOR 3: En nuestras redes ha dado
fondo, y a pique se fue.
DUQUE: Tirad, tirad con cuidado,
amigos.
PESCADOR 2: Bien cierto sé
que no traeremos pescado,720
mas por lo que se ofreciere,
compañeros, ¡venga, venga!
¡Y venga lo que viniere!
PESCADOR 3: No he visto qué peso tenga.
DUQUE: Yo os mando, por lo que fuere,725
para un barco mil escudos.
PESCADOR 2: En tu alabanza los mudos
pueden hablar, gran señor.
PESCADOR 3: Ya la red pasó el rigor
de aquestos peñascos rudos,730
y en el arena la vemos.
PESCADOR 1: Pienso que un bulto traemos
con que el cuidado se abona.
PESCADOR 2: ¡Vive el cielo, que es persona
que del mar librado habemos!735
PESCADOR 3: Si no me engaño, es mujer
de bizarro parecer,
suelto el cabello, desnuda.
DUQUE: ¡Digo que es mujer! ¡No hay duda!
Sacan a doña MARÍA, desmayada
DUQUESA: Dejádmela, amigos, ver.740
¡Eso es sin duda! No vi
rostro con tanta hermosura.
PESCADOR 2: ¿Levantarémosla?
DUQUE: Sí.
pues Dios la dio tal ventura
casi anegada.745
MARÍA: ¡Ay de mí!
DUQUE: El cielo santo es testigo
que en extremo lo he estimado.
DUQUESA: ¡Prodigioso lance!
PESCADOR 1: Digo
que lo es. En sí ha tornado.
¿Señora?750
MARÍA: Dios sea conmigo.
DUQUESA: Ponedla esta ferreruelo
para que se abrigue.
MARÍA: El cielo
os pague esta diligencia.
DUQUESA: ¡Qué hermosura! ¡Qué presencia!
DUQUE: Tomad, señora, consuelo;755
pues de la muerte os habéis
librado y con vida os veis.
MARÍA: Ya saber quién sois deseo.
DUQUE: Es el duque de Viseo
el que presente tenéis,760
y la que veis a mi lado
mi esposa. Y si os ha dejado
aliento el mar, nos decid
aqueste suceso.
MARÍA: Oíd
si no os canso o no os enfado.765
Nací, príncipes excelsos,
de gente ilustre en Lisboa
espantándose de mí
la naturaleza propia;
porque entendió que nacía770
una mujer y dio forma
a una fiera, a un basilisco
de la Libia ponzoñosa.
Mi madre murió del parto
y cual víbora me arroja775
a sus pies casi sin vida
y la suya Átropos corta.
Nací a catorce de Marzo,
crítico al fin cuando toman,
si es que hay hados, las desdichas780
y fortuna rigurosas.
Aquella noche temblaron
estos montes y estas rocas
y las naves de este mar
se abrieron unas con otras.785
Oyeron tristes aullidos
de animales en las bocas
de la cuevas de estos riscos,
luces a modo de antorchas,
de mil lóbregos nublados790
el cielo su espacio entolda
y relámpagos y truenos
todo este horizonte azotan.
Y a media noche un cometa
cuyos efectos asombra795
a España y Ingalaterra,
dicho por personas doctas.
A tres amas arranqué
el pecho, no habiendo en toda
Lisboa quien me crïase800
sino una cabra piadosa,
que quitándole el hijuelo
su pezón puso en mi boca,
alimentando un sujeto
de tantos buenos deshonra.805
Llegué a edad de dar cuidado
y a pasiones amorosas
rendí mi libre albedrío
porque el tiempo a nada estorba.
Pretendida de galanes810
más que Zaida, Lamia y Flora
he sido, a quien los antiguos
celebraban tanto en Roma.
Por mí ha habido mil pendencias,
escándalos y deshonras,815
alborotos, muertes, siendo
principal causa de todas.
Puso los ojos en mí
un mancebo, y cuando llora
por él el alma, me dicen820
–no sé si es pasión celosa–
que va a casarse a Sevilla,
y yo entregando a las olas
mi vida y mis esperanzas,
tomé la misma derrota.825
Alteróse el mar cual veis
y visité las alcobas
del alcázar de Neptuno
entre bascas y congojas.
Y cayendo en estas redes,830
sacada he sido a la roja
arena, a pesar del viento
y desenfrenado Bóreas.
Y ya al cielo agradecida
si bien que tanto me importa,835
prometo ser de Domingo,
aunque indigna, religiosa.
De Santo Domingo quiero
el hábito, gran señora,
y pues siempre el hacer bien840
es en vos acción tan propia,
amparad una mujer
que humilde a vuestros pies llora
por afligida y por triste,
por desdichada y por sola.845
DUQUE: ¿Y cómo os llamáis?
MARÍA: María.
DUQUE: Gustaré que correspondan
con el nombre vuestros hechos.
DUQUESA: Mi prima doña Victoria
es en el Consolación,850
según me han dicho, priora.
Yo os daré para ella cartas.
MARÍA: Ya pongo a esos pies mi boca.
DUQUE: En fin, ¿monja queréis ser?
MARÍA: Si el cielo no me lo estorba.855
DUQUE: Divino es aqueste impulso,
que a una grande pecadora
Dios puso en su apostolado.
PESCADOR 1: ¿Viose suerte más dichosa?
PESCADOR 2: Turbado estoy y confuso.860
PESCADOR 3: ¡De nuevo el mar se alborota!
DUQUE: Vamos.
DUQUESA: Ruego a Dios, María,
que por santa os llame Europa
la monja de Portugal.
DUQUE: Dios os haga buena monja.865
