EL VILLANO EN SU RINCÓN
Lope de Vega Carpio
Texto basado en la edición príncipe de EL VILLANO EN SU RINCÓN en la PARTE SÉPTIMA DE LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA (Madrid, 1617). Fue preparado por Vern G. Williamsen en 1996, con el apoyo de la edición de Alonso Zamora Vicente (Madrid: Espasa-Calpe, 1963).
Personas que hablan en ella:
- LISARDA, labradora
- BELISA
- COSTANZA
- OTÓN, caballero
- FINARDO
- MARÍN, lacayo
- El REY de Francia
- La INFANTA, su hermana
- El ALMIRANTE
- JUAN Labrador
- FELICIANO, labrador
- FILETO, labrador
- BRUNO, labrador
- SALVANO, labrador
- TIRSO, labrador
- Un ALCALDE
- MÚSICOS
- VILLANOS
- CRIADOS
- ENMASCARADOS
- ACOMPAÑAMIENTO
JORNADA PRIMERA
LISARDA y BELISA, en hábito de damas. Detrás, OTÓN, FINARDO y MARÍN
BELISA: ¿De esto gustas?
LISARDA: De esto gusto.
BELISA: ¡Qué notable inclinación!
OTÓN: Casadas pienso que son.
FINARDO: No te resulte disgusto;
que en el hábito parecen5
gente noble y principal.
OTÓN: Talle y habla es celestial.
Juntos matan y enloquecen.
Mas si el ánimo faltara,
¿qué ocasión no se perdiera?10
LISARDA: Si bien no me pareciera,
ninguna joya tomara;
que lo mayor para mí
es el buen talle del hombre.
BELISA: Por mi fe que es gentilhombre.15
FINARDO: ¿Volverás a hablarla?
OTÓN: Sí.
LISARDA: ¡Con qué estilo tan galán
tantas joyas me compró!
BELISA: Habla bajo, porque yo
pienso, Lisarda, que van20
siguiendo nuestras pisadas.
LISARDA: Eso me ha dado temor.
BELISA: Vuelve muy aprisa Amor
por las prendas empeñadas.
LISARDA: Todo lo que éste me ha dado,25
de opinión ha de perder,
si agora viene a saber
la calidad de mi estado;
mas podrélo remediar
con darle una prenda yo30
que valga más.
BELISA: Eso no.
OTÓN: Quiero, Finardo, llegar.
A LISARDA
A mucha descortesía,
hermosa dama, tendréis,
y apostaré que estaréis35
descontenta de la mía
porque sirviéndoos vengo
y que una vez vuelvo a hablaros.
LISARDA: Yo me holgara de obligaros
por el peligro que tengo,40
señor, a que me dejéis,
cierto de que en el lugar
donde hoy me visteis llegar,
muchas veces me veréis;
y para satisfacción45
de que no os digo mentira
–porque no sabe quien mira
las más veces la intención–
esta sortija tomad.
OTÓN: Por prenda vuestra la aceto,50
y no seguiros prometo,
si no es con la voluntad.
No os espante el ver que siga,
pues el alma me lleváis,
ni el ver, pues ya me dejáis55
que esto tan aprisa os diga;
que sabe el cielo que es fuerza,
y que no he podido más.
LISARDA: El noble que ama, jamás
hizo a lo que quiso fuerza.60
Esto espero yo de vos,
pues vuestra nobleza es llana;
que aquí me veréis mañana.
Y quedaos con Dios.
OTÓN: Adiós.
LISARDA: Yo os juro que, si os agrado,65
que de vos lo voy también,
y que procediendo bien,
os doy amor por cuidado.
OTÓN: Yo no pasaré de aquí
satisfecho que os veré.70
LISARDA: Pues yo de aquí pasaré
si vos me obligáis ansí.
OTÓN: Digo que vais en buena hora.
LISARDA: Satisfecha voy de vos.
OTÓN: Id con Dios.75
LISARDA: Quedad con Dios.
Vanse ellas
FINARDO: ¿Qué tenemos?
OTÓN: Que es señora
de gran calidad, sin duda.
FINARDO: Lindamente os ha engañado.
OTÓN: Yo me doy por bien pagado,
que eternamente acuda80
donde dice que vendrá.
FINARDO: ¿Qué te parece, Marín,
de éste, tu señor?
MARÍN: Que en fin
tras sus antojos se va.
¿Qué bestia le hubiera dado85
tantas joyas a mujer
sin coche, silla, o traer
sólo un escudero al lado?
OTÓN: No la pensaba seguir…
La palabra me tomó…90
pero perdonad, que yo
os tengo de ver mentir,
y me habéis de confesar
que soy más cuerdo, aunque poco.
Parte, por gusto de un loco,95
Marín, hasta verla entrar
en la casa donde vive.
¿Qué miras? Véla siguiendo.
MARÍN: Voy tras ella, porque entiendo
que ya Finardo apercibe100
la vaya que te ha de dar.
OTÓN: No hará, por vida de Otón;
que yo sé que es ocasión
para podella envidiar.
Vase MARÍN
FINARDO: Fingís estar engañado105
por que no os tenga por necio.
OTÓN: Para mí no tiene precio,
Finardo, un término honrado.
FINARDO: ¡Término honrado es tomar
más de trescientos escudos110
de joyas de oro!
OTÓN: A los mudos
haréis, porfïando, hablar.
No os lo pensaba decir.
¿Conocéis piedras?
FINARDO: Muy bien.
OTÓN: ¿Puede ser que a un hombre den115
la que puede competir
con una estrella del cielo,
mujeres de poco honor?
FINARDO: Ésta tiene gran valor.
OTÓN: Que son señoras recelo.120
FINARDO: Piedra es ésta que me admira.
OTÓN: Es un gentil diamante.
FINARDO: Pero la luz no os espante,
porque mil veces se mira
tan bien labrado un cristal125
que aun engaña a quien lo entiende.
OTÓN: Ya vuestro temor me ofende.
Todo lo juzgáis a mal.
FINARDO: Hay seis o siete maneras
de mujeres pescadoras,130
que andan, Otón, a estas horas
por estas verdes riberas.
Una sale con rigor
que no se ha de destapar,
porque en viéndola, no hay dar135
una blanca de valor.
Ésta, fïada en el pico,
dos melindres y un enfado,
y algo de un ojo rasgado
que encubre nariz y hocico,140
pesca de sólo su anzuelo
camarones, pececillos,
guantes, tocas y abanillos
del boquirrubio mozuelo.
Otra sale con su manto145
como barba hasta la cinta;
que por lo casto se pinta
de lo que aborrece tanto.
Pesca un barbo boquiabierto,
de estos que andan a casarse,150
que piensan que han de toparse
con un tesoro encubierto;
lleva arracadas y cruces.
Otra sale a lo bizarro,
tercia el manto con desgarro,155
y anda el rostro entre dos luces.
Ésta viene más fïada
en la cara bien compuesta,
descubierta a la respuesta,
y, cuando pide, tapada,160
pesca un delfín a caballo,
que se apea a no lo ser;
cuerdo digo al mercader,
que sabe bien castigallo,
y quédalo por la pena.165
Otra veréis cuyo fin
es dar un nuevo chapín,
que aquella mañana estrena.
Acuden a la virilla
de plata resplandeciente,170
mil peces de toda gente;
y ella salta, danza y brilla.
Pesca medias y otras cosas.
Dice que vive, a diez hombres,
en calles de treinta nombres.175
Otras hay más cautelosas,
de estas de coche prestado.
Pescan un señor seguro,
llevan diamante, oro puro,
que se cobra ejecutado.180
Hay a la noche bujías,
pastilla, esclavilla y salva;
y vase a acostar al alba,
después de seis gracias frías
y un poquito de almohada.185
Otras hay que andan al vuelo.
No penen cebo al anzuelo
ni van reparando en nada
porque son red barredera
de los altos y los bajos.190
Éstas pescan renacuajos,
mariscando la ribera,
porque llevan avellanas,
duraznos, melocotones,
huevos, sardinas, melones,195
besugos, peras, manzanas,
y zarandajas ansí.
De éstas ya habréis escogido
lo que vuestra dama ha sido;
que yo lo sé para mí.200
OTÓN: Paréceme discreción
de apretante cortesano.
¡Qué enfadoso estáis!
FINARDO: Es llano
diciéndoos verdad, Otón.
Sale MARÍN
MARÍN: ¡Ea, albricias!205
OTÓN: ¿Cómo ansí?
MARÍN: ¡Linda cosa!
OTÓN: ¿De qué modo?
MARÍN: ¡Oh, bien empleado todo
cuanto se lleva de aquí!
OTÓN: ¿Es acaso gran señora?
MARÍN: No; pero muy gran bellaca,210
pues con invenciones saca.
Y se va rïendo agora.
FINARDO: “Rïendo se va un arroyo,
sus guijas parecen dientes.”
OTÓN: ¿Hacéis burla?215
FINARDO: No le cuentes
si era fregona de poyo,
o damisela de aquellas
de guadamecí en invierno,
sino ríñele lo tierno
con que se muere por ellas,220
y el crédito que les da
a sus vidrios engastados.
MARÍN: Pienso dejaros helados
si os lo cuento.
OTÓN: Acaba ya.
MARÍN: Seguí este diablo o mujer225
casi hasta el fin de París;
que pensé que a San Dionís
iba, por dicha, a comer.
Llegó la tal a un mesón,
entró en él, y a un aposento230
se fue derecha al momento.
Forjo una linda invención
y entro al descuido a saber
de cierto español correo.
Miro al aposento, y veo235
desnudarse la mujer,
y vestirse poco a poco
de labradora, y después
salir con ella otras tres.
FINARDO: ¡Para engañar a otro loco!240
MARÍN: No, por Dios; mas un villano
un carro sacó al instante,
y ella, poniendo delante
del rostro con blanca mano,
un velo sutil, subió,245
y, en una alfombra sentada,
la primavera esmaltada
por abril, me pareció.
Bien puede ser que si vieras
en el traje la mujer250
que tuvieras más que hacer
porque hasta el lugar te fueras.
Iba un villanillo a pie,
y preguntéle quién era,
y dijo de esta manera–255
“¿Qué lo pregunta? Él, ¿no ve
que es hija de mi señor,
Juan Labrador?” “Es gallarda,
dije–¿Donde vive? Aguarda”
Y respondióme, “En Belflor,260
ese lugar del camino
del bosque en que caza el rey.”
FINARDO: Villana es a toda ley,
que en traje de dama vino
a burlar en la ciudad265
un moscatel como vos.
OTÓN: ¿Juan Labrador?
MARÍN: Sí, por Dios.
OTÓN: ¡Qué extraña temeridad!
Pues, ¡cómo una labradora
este diamante me dio?270
FINARDO: Porque si es vidrio, os burló.
OTÓN: Eso sabremos agora.
Camina a la platería.
MARÍN: Sea dama o labradora,
no es tan hermosa la aurora275
cuando abre la puerta al día.
FINARDO: ¿Que es tan hermosa, Marín?
MARÍN: No hay cosa que más lo sea.
Haz cuenta que en una aldea
se ha humanado un serafín.280
Vanse. Salen JUAN Labrador, FILETO, BRUNO Y SALVANO
JUAN: Creo que os he de reñir
con las hoces en las manos.
Salid acá, cortesanos.
FILETO: ¿Ya escopienzas a reñir?
Pero donaire has tenido,285
pues cortesanos nos llamas,
pensando que nos infamas
con ese honrado apellido.
JUAN: Fileto, el nombre “villano,”
del que en la “villa” vivía290
se dijo, cual se diría
de la “corte” el “cortesano.”
El cortesano recibe
por afrenta aqueste nombre,
siendo villano aquel hombre295
bueno, que en la villa vive.
Y pues nos llama “villanos”
el cortesano a nosotros,
también os llamo a vosotros
por afrenta, “cortesanos.”300
FILETO: Señor ha dicho muy bien.
JUAN: ¡Ea!, pues alto al trabajo,
y pues yo mi cuello abajo,
bájenle todos también.
¿Cuántos salieron a arar?305
SILVANO: Veinte mozos, diez con bueyes
y diez con mulas.
JUAN: ¿Qué reyes
no me pueden envidiar?
Ve tú, Salvano, a la viña
de la ermita con tu carro.310
SALVANO: Como ha llovido y es barro
lo más de aquella campiña,
otra mula llevaré.
JUAN: Lleva cuatro. Dios loado,
que tantos pares me ha dado,315
pues aun contarlos no sé.
Vase SALVANO
Ea, tú Bruno, a la cuesta
donde vendimia Costanza.
BRUNO: Yo voy.
Vase
JUAN: Tú, Fileto, alcanza
la más blanca y limpia cesta,320
y de unas uvas doradas
que se vengan a los ojos
y estén sus racimos rojos
por las mañanas heladas,
descubriendo como el sol325
el puro color del oro,
la llena y lleva a Peloro,
nuestro vecino y doctor.
FILETO: Manda a Gila que me dé
un paño de manos bueno,330
labrado o de randas lleno,
y en somo le posaré.
JUAN: ¿No eres más necio? ¿No sabes
que a peligro el paño está
de que se te quede allá?335
FILETO: Entre personas muy graves
platos y paños se vuelven.
JUAN: . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . .[ –elven,]340
los pámpanos, de manera
unos en otros asidos,
con clavellinas tejidos
que vayan cayendo afuera;
que juntas hojas y flores345
parece, si están lozanos,
sus hojas paños de manos,
y los claveles labores.
FILETO: Voy, y la pondré de suerte
que al rey se pueda llevar.350
JUAN: Aquí te quiero aguardar.
FILETO: Al momento vuelvo a verte.
Vase
JUAN: ¡Gracias, inmenso cielo,
a tu bondad divina!
No tanto por los bienes que me has dado,355
pues todo aqueste suelo
y esta sierra vecina
cubren mis trigos, viñas y ganado;
ni por haber colmado
de casi blanco aceite360
de estas olivas bajas,
a treinta y más tinajas,
donde nadan los quesos por deleite,
sin otras, de henchir faltas,
de olivas más ancianas y más altas;365
no porque mis colmenas,
de nidos pequeñuelos,
de tantas avecillas adornadas,
de blanca miel rellenas,
que al reírse los cielos370
convierten de estas flores matizadas;
ni porque estén cargadas
de montes de oro en trigo
las eras que a las trojes
sin tempestad recoges,375
de quien Tú, que los das, eres testigo,
y yo, tu mayordomo,
que mientras más adquiero, menos como;
no porque los lagares,
con las azules uvas380
rebosen por los bordes a la tierra,
ni porque tantos pares
de bien labradas cubas
puedan bastar a lo que octubre encierra;
no porque aquella sierra385
cubra el ganado mío,
que allá parecen peñas,
ni porque con mis señas,
bebiendo de manera agota el río,
que en el tiempo que bebe,390
a pie enjuto el pastor pasar se atreve;
las gracias más colmadas
te doy porque me has dado
contento en el estado que me has puesto.
. . . . . . . . . [ –adas]395
. . . . . . . . . [ –ado]
. . . . . . . . . [ –esto].
Parezco un hombre opuesto
al cortesano, triste
por honras y ambiciones,400
que de tantas pasiones
el corazón y el pensamiento viste,
porque yo sin cuidado
de honor con mi iguales vivo honrado.
Nací en aquesta aldea,405
dos leguas de la corte,
y no he visto la corte en sesenta años,
ni plega a Dios la vea,
aunque el vivir me importe
por casos de fortuna tan extraños.410
Estos mismos castaños,
que nacieron conmigo,
no he pasado en mi vida;
porque si la comida
y la casa, del hombre dulce abrigo,415
adonde nace tiene,
¿qué busca, adónde va, ni adónde viene?
Ríome del soldado,
que como si tuviese
mil piernas y mil brazos, va a perdellos;420
y el otro, desdichado,
que como si no hubiese
bastante tierra, asiendo los cabellos
a la Fortuna, y de ellos
colgado el pensamiento,425
las libres mares ara,
y aun en el mar no para,
que presume también beber el viento.
¡Ay, Dios, qué gran locura
buscar el hombre incierta sepultura!430
Sale FELICIANO
FELICIANO: Ansí Dios te dé placer,
padre mío y mi señor,
que me hagas un favor.
JUAN: Muchos te quisiera hacer.
FELICIANO: Pues ven, por tu vida, a ver435
al rey, que muy cerca pasa
del umbral de nuestra casa,
que va a cazar a su monte.
Tu capa y sombrero ponte,
que el sol en vendimia abrasa.440
Ven a ver las damas bellas
que acompañan a su hermana,
que sale como Dïana
entre planetas y estrellas.
Con ella compiten ellas,445
y ella con el sol divino.
Ven, porque todo el camino
se cubre de más señores
que tienen los campos flores
y fruta aquel verde pino.450
Ven a ver cuán envidioso
está el sol de los caballos,
porque quisiera roballos
para su carro famoso.
Verás tanto paje hermoso455
que el pecho tierno atraviesa
con banda blanca francesa,
opuesta al rojo español,
ir como rayos del sol
por esa arboleda espesa.460
¡Ea, padre, que esta vez
no has de ser tan aldeano!
Da, por tu vida, de mano
a tanta selvatiquez.
Alegra ya tu vejez,465
hinca la rodilla en tierra
al rey, que con tanta guerra
te mantiene en paz.
JUAN: ¡No más;
que pesadumbre me das!
La boca, ignorante, cierra.470
¿Qué es ver al rey? ¿Estás loco?
¿De qué le importa al villano
ver al señor soberano,
que todo lo tiene en poco?
Los últimos pasos toco475
de mi vida, y no le vi
desde el día en que nací;
pues, ¿tengo de verle ya,
cuando acabándose está?
Más quiero morirme ansí.480
Yo he sido rey, Feliciano,
en mi pequeño rincón;
reyes los que viven son
del trabajo de su mano;
rey es quien con pecho sano485
descansa sin ver al rey,
obedeciendo su ley
como al que es Dios en la tierra,
pues que del poder que encierra
sé que es su mismo virrey.490
Yo adoro al rey; mas si yo
nací en un monte, ¿a qué efecto
veré al rey, hombre perfecto,
que Dios singular crïó?
El cura nos predicó495
que dos ángeles tenía
que le guardan noche y día,
y que ésta fue su opinión
sin la mucha guarnición
de su armada infantería.500
Yo propuse, Feliciano,
de no ver al rey jamás,
pues de la tierra en que estás
yo tengo el cetro en la mano.
Si el rey, al pobre villano505
que ves, prestado pidiese
cien mil escudos, y hubiese
grande que así los prestase
–¿qué es prestase?, presentase–
que en un cordel me pusiese.510
Daré al rey toda mi hacienda,
hasta la oveja y el buey;
mas yo no he de ver al rey
mientras de esto no se ofenda.
¿Hame de dar encomienda515
ni plaza de consejero?
Servirle y no verle quiero,
porque al sol no le miramos
y con él nos alumbramos,
pues tal al rey considero.520
No se deja el sol mirar,
que es su rostro un fuego eterno;
rey del campo que gobierno
me soléis todos llamar;
el ave que hago matar525
sábele allá de otro modo,
ni el vino oloroso es todo
porque le falta haber sido
él mismo quien le ha cogido
para que le sepa más;530
que en las viñas donde estás
lo que he sembrado he bebido.
Los coches pienso que son
éstos que vienen sonando.
Ya me escondo, imaginando535
su trápala y confusión.
¡Ay, mi divino rincón,
donde soy rey de mis pajas!
¡Dura ambición! ¿Qué trabajas
haciendo al aire edificios,540
pues los más altos oficios
no llevan más de mortajas?
Vase
FELICIANO: ¿Qué bárbaro produjeron
las montañas del Caucaso?
¿Qué abárimo, qué circaso545
sus ocultos montes vieron?
¿A qué león leche dieron
las albanesas leonas,
ni en todas las cinco zonas
vio el sol por fuegos o hielos,550
corriendo sus paralelos,
sus círculos y coronas,
con semejante rigor?
¿Hay tan grande villanía?
¿De ver al rey se desvía?555
¡Y al que es supremo señor!
Salen LISARDA y BELISA, de labradoras
LISARDA: ¡De qué famosa labor
iba bordada la saya!
BELISA: No presumo yo que haya
en el sur perlas más bellas.560
LISARDA: Allá envían a cogellas
a la más remota playa.
BELISA: Hermosa la infanta iba.
LISARDA: Cuando no fuera quien es,
su hermosura era interés565
que en más alto reino estriba.
BELISA: Pensé que era, así yo viva,
uno de aquellos señores,
el que allá te dijo amores
cuando fuiste disfrazada.570
LISARDA: Pues no estuviste engañada;
yo le estuve en sus favores.
BELISA: Mira que está aquí tu hermano.
LISARDA: Feliciano…
FELICIANO: Mi Lisarda…
LISARDA: ¿Viste la corte gallarda?575
FELICIANO: Vi nuestro rey soberano.
LISARDA: ¿Y no viste, Feliciano,
tantas damas, tal belleza?
FELICIANO: Admiróme su grandeza
de suerte que a toda furia580
vine a llamar quien injuria
la misma naturaleza.
Rogué a mi padre que fuese
a ver al rey.
LISARDA: ¡Necedad!
¿Tan extraña novedad585
querías que por ti hiciese?
Antes que Juan se moviese
de su umbral a ver al rey,
después de guardar su ley,
él no ver al rey juró590
porque, desde que nació
rompería el aire un buey.
FELICIANO: ¿Es posible que nacimos
de este monstruo?
LISARDA: No sé.
FELICIANO: Si es nuestro padre, ¿por qué595
tan diferentes salimos?
Yo muero por ver la corte
y andar en honrado traje;
cánsame este villanaje,
aunque a darle gusto importe.600
Cuando me puedo escapar,
voy a París con vestido
tan cortesano y pulido
que el rey me puede mirar.
Escucho a sus caballeros,605
su grandeza me alborota;
al juego de la pelota
voy a apostar mis dineros,
ya que no puedo jugar
–a lo menos no me atrevo–610
porque sé bien que si pruebo,
conmigo se ha de enojar.
Si en las justas y torneos
puedo disfrazado entrar,
allá procuro llegar,615
y si no, con los deseos.
No sé cómo me engendró.
LISARDA: Pues, ¿qué te diré de mí?
Jamás a la corte fui
que allá pareciese yo.620
Mi ropa, basquiña y manto,
guante y dorado chapín,
puede mirallo el delfín.
FELICIANO: De su rudeza me espanto.
Yo voy a la iglesia, hermana,625
porque oí decir que oiría
misa el rey en ella.
LISARDA: Haría
nuestra aldea cortesana.
Y aun allí podría ser
que nuestro padre le viese,630
aunque verle no quisiese,
pues nunca le quiere ver.
FELICIANO: No hayas miedo, porque está,
desde que el rey ha sentido,
o encerrado o escondido.635
LISARDA: Pues, ¿a misa no saldrá?
FELICIANO: Perderála, por no ver
la corte, el rey, ni las damas.
LISARDA: ¿Y bárbaro no le llamas?
FELICIANO: Ni aun hombre mereció ser.640
Voyme, porque para mí
nunca amanece tal día.
Vase
LISARDA: ¿Qué dirás, Belisa mía,
de lo que ha pasado aquí?
BELISA: Digo que como la gente645
del lugar toda entrará
a ver al rey, si allá está
puedes muy honestamente
verle y ver si está con él
el que las joyas te dio.650
LISARDA: Digo que le he visto yo,
Belisa, y muy cerca de él.
BELISA: ¡Cosa que fuese señor
de importancia!
LISARDA: No quisiera
que tan grande señor fuera655
como imposible mi amor.
Pero vamos a saber
lo que hizo la Fortuna;
que quien nació sin ninguna,
¿de qué la puede temer?660
Mas tenga este desengaño
mi padre, Juan Labrador;
que no lo ha de ser mi amor
sin hacer a mi honor daño.
Yo no nací, mi Belisa,665
para labrador por dueño;
para mí su estilo es sueño,
y su condición es risa.
Yo me tengo de casar,
por mi gusto y por mi mano,670
con un hombre cortesano,
y no en mi propio lugar.
BELISA: ¿No me llevarás contigo?
LISARDA: Conmigo te llevaré.
Para corte me crïé;675
su estilo y leyes bendigo.
BELISA: Vamos, y deja el aldea.
LISARDA: ¡Ay, si hablase aquel señor!
BELISA: No es imposible tu amor,
como título no sea.680
LISARDA: Puédele mi padre dar
de dote cien mil ducados.
BELISA: Ducados hacen ducados;
con duque te has de casar.
Vanse.
El REY de Francia, la INFANTA, FINARDO, OTÓN, MARÍN, acompañamiento
REY: ¿Habéislo preguntado?685
OTÓN: Ya se viste;
porque no fue poca dicha, porque es tarde.
INFANTA: La iglesia me contenta, aunque es antigua,
y los altares tienen, para aldea,
mejores ornamentos que la corte.
OTÓN: Pienso que en ella vive un hombre rico,690
que debe de tener este cuidado.
REY: ¿Qué piedra es ésta escrita, que sostiene
este pilar?
INFANTA: Será alguna memoria.
¿Eso a leer se pone vuestra alteza?
Salen FILETO, BRUNO, y SALVANO
FILETO: Pisa quedito, Bruno, no te sientan.695
BRUNO: Pues, ¿fuera yo más quedo sobre huevos?
SALVANO: ¿Éste es el rey?
FILETO: Aquel mancebo rojo.
SALVANO: Yo he visto en un jardín pintado al César,
a Tito, a Vespasiano y a Trajano;
pero estaban rapados como frailes.700
BRUNO: Ésos eran coléricos, que apenas
sufrían sus bigotes, y de enfado
se dejaban rapar barba y cabeza.
INFANTA: ¿De qué está rïendo vuestra alteza?
REY: ¿No quieres que me ría, si he leído705
la cosa más notable en esta piedra
que está en el mundo escrita, ni se ha oído?
INFANTA: Pues no se espante de eso vuestra alteza;
que en los sepulcros hay notables cosas.
OTÓN: Estando yo en España y en Italia,710
he visto algunos de moria dignos.
REY: Plutarco hace mención, y por testigo
pone a Herodoto, del sepulcro insigne
que en la puerta mayor de Babilonia
hizo la gran Semíramis de Nino,715
convidando a tomar de sus dineros
al rey que de ellos fuese codicioso.
Abrióle Dario, rey de Persia, y dentro
halló sola una piedra que decía,
“Si no fueras avaro y ambicioso,720
no vieras las cenizas de los muertos.”
OTÓN: De Herodes cuenta la codicia misma,
Josefo, historiador de tanto crédito.
Abrió, pensando hallar ricos tesoros,
del gran David y Salomón las urnas.725
INFANTA: Notables fueron en antiguos tiempos
de la bárbara Egipto los pirámides.
OTÓN: En Lusitania, en una piedra había
escritas estas letras, “Gundisalvo
yace debajo aquesta losa fría;730
boca abajo mandó que le enterrasen,
porque da tan apriesa vuelta al mundo,
que quedará muy presto boca arriba
y así quiso excusarse del trabajo.”
REY: ¡Notable!735
INFANTA: No se ha visto semejante.
REY: Éste merece letras en diamante.
INFANTA: ¿Cómo dicen, señor?
REY: De aquesta suerte,
aunque le falta el año de la muerte:
“Yace aquí Juan Labrador,
que nunca sirvió a señor,740
ni vio la corte, ni al rey,
ni temió ni dio temor;
ni tuvo necesidad,
ni estuvo herido ni preso,
ni en muchos años de edad745
vio en su casa mal suceso,
envidia ni enfermedad.”
INFANTA: ¿No dice cuando murió?
REY: No escribe el año ni el mes.
INFANTA: Por ventura es vivo.750
REY: Yo
diera un notable interés
por que viviera.
INFANTA: Yo no.
REY: Yo sí, para conocer
un hombre tan peregrino.
OTÓN: Presto lo podrás saber.755
Salen LISARDA y BELISA
LISARDA: A misa dicen que vino.
BELISA: Mas, ¿Si acertase a saber
aquél tu desasosiego?
LISARDA: No dudes de que aquí está.
BELISA: Si lo está verásle luego.760
LISARDA: No lo dudo, porque habrá
la luz de su mismo fuego.
OTÓN: Aquí hay muchos labradores
de los que vienen a verte;
si es tu gusto, no lo ignores.765
REY: De lo que le tengo advierte
a alguno de los mejores.
OTÓN: Hola, amigos, el rey hablaros quiere.
¿Cuál es de todos de mejor jüicio?
BRUNO: Yo ha poco que era el más discreto; agora,770
no sé en lo que ha topado, no soy tanto.
FILETO: Aquí Salvano sabe más que Bruno,
y yo suelo saber más que Salvano,
porque sé de las misas lo que es “quiries”
y canto por la noche el “Tanto negro;”775
pero pienso, señor que me turbase…
OTÓN: ¿Cómo turbar? ¿No veis cuán apacible,
cuán humano es el rey? Que los leones
son graves con los graves animales,
y humildes con los tiernos corderillos.780
No temáis porque el rey hablaros quiere.
FILETO: Yo voy en su grandeza confiado.
OTÓN: Aquí viene, señor, el más discreto
de aquestos labradores y villanos.
FILETO: Hablando con perdón, yo soy discreto.785
REY: ¿Sois muy discreto vos?
FILETO: Notablemente;
he jugado a la chuca y a los bolos;
yo pinto con almagre ricos mayos
la noche de San Juan y de San Pedro,
y pongo “Juana,” “Antona,” y “Menga, víctor.”790
REY: ¿Quién es Juan Labrador aquí?
FILETO: Es mi amo;
que por darme a comer ansí le llamo.
REY: ¿Que vive?
FILETO: Sí, señor.
REY: Pues, ¿cómo tiene
puesta su piedra aquí de sepultura?
FILETO: Porque dice que es loco el que edifica795
casa para la vida de cien años,
aunque muy pocos pasan de sesenta,
y no lo hace para tantos cuantos
ha de estar en la casa de la muerte.
REY: ¿Es muy sabio?800
FILETO: Después de mí no hay hombre
que sepa tanto en toda aquesta aldea.
REY: Ansí falta en las letras mes y año.
FILETO: Pondránsele en muriendo.
REY: ¿Tiene hijos?
FILETO: Dos tiene agora, un macho y una macha
más bella que una rosa alejandrina805
cuando rompe el botón y por su extremo
desplega algunas hojas y otras coge.
REY: ¿Es rico?
FILETO: Es espantosa su riqueza.
Tiene de su labor más de cien hombres,
ochenta bueyes y cincuenta mulas.810
REY: ¿Qué viste?
FILETO: Paño tosco.
REY: ¿En qué come?
FILETO: En barro muy grosero.
REY: ¿Por qué causa?
FILETO: Porque es el más humilde de los hombres.
REY: ¿Tiene mucho dinero?
FILETO: Como paja.
REY: ¿Cómo trae sus hijos?815
FILETO: En su traje,
a honor y devoción de su linaje.
REY: ¿Es avariento?
FILETO: No, porque a los pobres
reparte la más parte de su hacienda.
REY: ¿Por qué dice que al rey jamás ha visto?
FILETO: Porque él dice, y lo creo, que es honrado,820
que es rey en su rincón, y que sus padres
no le vieron tampoco, y le sirvieron,
amaron, respetaron y temieron,
y que él le teme y ama y le respeta,
y no le quiere ver, sino serville,825
y a su tiempo dineros emprestalle.
REY: Si le envío a llamar, ¿no querrá verme?
FILETO: Está escondido agora; que las veces
que pasas a cazar por esta aldea,
se esconde, que no hay hombre que le vea.830
REY: ¡Que viva un hombre aquí tan poderoso!
¡Dichoso el que da leyes a su casa
y en sus umbrales tan contento pasa!
FILETO: Si quieres ver, señor, una serrana
hermosa como el sol, que es hija suya,835
haz que se acerque la de la patena,
que se precia de ser muy cortesana.
REY: Llámala, Otón.
OTÓN: Aquí os llegad, señora.
LISARDA: ¿Qué manda su reverencia?
Aparte a su amo
MARÍN: Señor, ¿no es ésta la dama840
de París?
OTÓN: El rey la llama.
Ten silencio.
MARÍN: Y tú paciencia.
REY: ¿Sois hija de este buen viejo
que llaman Juan Labrador?
LISARDA: Yo soy su hija, señor,845
y aunque tosca, fui su espejo.
REY: Hermana, por vida mía,
que en la moza reparéis.
INFANTA: Muy buena traza tenéis.
LISARDA: Donde está tu infantería,850
¿qué traza puedo tener?
INFANTA: ¡Infantería! ¡Oh, qué gracia!
LISARDA: ¿Cuál fuera mayor desgracia,
si igualdad pudiera haber?
¿Decir vos que yo tenía855
traza sin ser edificio
o yo, pues es vuestro oficio,
llamaros infantería?
El llamar a un rey “alteza,”
que lo llaman a una torre,860
aunque es lenguaje que corre,
no es propiedad ni pureza.
Si a señor es “señoría,”
y al excelente le dan
“excelencia,” bien dirán865
a una infanta “infantería.”
REY: No me parece muy lerda,
y el talle es todo donaire.
LISARDA: Como nos da tanto el aire,
no es mucho que el don se pierda.870
REY: ¿Y cómo os llamáis?
LISARDA: Lisarda,
con perdón de sus mercedes.
Aparte a OTÓN
FINARDO: Bien desengañarte puedes;
que la otra era gallarda
y ésta es tosca por extremo.875
OTÓN: Pienso que finge, Finardo.
REY: El talle es, por Dios, gallardo.
INFANTA: Que os lleva los ojos temo.
Vamos, hermano, de aquí.
REY: Vamos; que Juan Labrador880
ha de servir a señor,
y ver rey y todo en mí.
Vanse los dos [el REY y la INFANTA] y el acompañamiento. [Habla OTÓN] a LISARDA
OTÓN: ¿Queréis oír dos palabras?
LISARDA: Como no pasen de dos,
y otras dos daré en respuesta.885
OTÓN: ¡Extremada condición!
Pues sea “¿sabéis” la una;
será la otra “quién soy?”
LISARDA: Escuchadme las dos mías,
hidalgo, que os guarde Dios.890
La una es la “¡reverencia,”
y la otra será, “no!”
OTÓN: Replico que habéis mentido.
LISARDA: Replico que mentís vos.
OTÓN: Que en París os vi, respondo,895
y que esa mano me dio
este diamante.
Aparte [a OTÓN]
LISARDA: Es verdad.
Pero no será razón
que os hable entre tanta gente,
porque son de la labor900
de la hacienda de mi padre,
y perderé mi opinión.
Fuera de eso, yo soy hija,
ya lo veis, de un labrador,
y vos seréis duque o conde.905
OTÓN: Soy mariscal, soy Otón,
de la cámara del rey,
pero nos iguala amor.
LISARDA: Un olmo tiene esta aldea,
a donde de noche, al son910
de tamboril y guitarras,
las mozas de Miraflor
bailan por aquestos días.
Allí hablaremos los dos
como vengáis disfrazado.915
OTÓN: Haréisme un grande favor.
A LISARDA
BELISA: Mira, que te están mirando.
LISARDA: ¡Ay, Belisa!, que ya voy.
OTÓN: El corazón me lleváis.
LISARDA: Y aquí os dejo el corazón.920
BRUNO: Luego, aquí estos palaciegos
habran las mozas de amor.
FILETO: Son diablos, con sus razones
derribaran a Sansón…
Señora, vamos de aquí,925
porque tenemos temor;
que si viene Feliciano,
puede ser que haya cuestión.
LISARDA: Id delante; que ya vamos.
Vanse LISARDA, BELISA, FILETO, BRUNO y SALVANO
MARÍN: Un guante caer se dejó.930
FINARDO: ¡Qué discreta!
MARÍN: ¡Qué bellaca!
FINARDO: No en balde el rey la miró;
es mozo y ella gallarda.
No es de escardillo ni hoz
el guante de esta doncella.935
OTÓN: No es sino caja en que Amor
guarda las flechas que tira.
MARÍN: ¡Que mala comparación!
Porque habiendo de ser nieve
los dedos que aquí guardó,940
las flechas de Amor son fuego,
y vienen a [hac]er carbón.
OTÓN: Por lo que abrasan, me agradan…
Pero el Rey no me agradó;
que no sé qué le decía.945
FINARDO: Yo lo entendí.
OTÓN: Pues yo no.
FINARDO: Dijo que había de hacer
que aqueste Juan Labrador
viese rey, señor sirviese.
OTÓN: Vamos, porque pienso yo950
que ha de ser dificultoso.
FINARDO: ¡A un rey de tanto valor,
que tiemblan sus flores de oro,
el scita, el turco feroz!
OTÓN: Qué mal, Finardo, conoces,955
si nunca te sucedió,
llegar de noche mojado,
o a la siesta con el sol,
o perdido por un monte,
si de lejos te llamó960
el fuego de los pastores
o de los perros el son
después que de voces ronco
te dieron alguna voz;
y entraste en pobre cabaña965
que tiene por guardasol
robles bañados en humo,
que pasa el viento veloz,
y haber de sacar las migas
y el cándido naterón,970
y sin manteles en mesa,
cuchillo ni pan de flor,
sino sentado en el suelo
sobre algún pardo vellón,
rodeado de mastines,975
que están mirando al pastor,
lo que se estima y se ensancha
el villano en su rincón.
