LA MOZA DE CÁNTARO
Lope de Vega
Este texto electrónico fue preparado por David Hildner. Se basa en el encontrado en La moza de cántaro ed. Madison Stathers (New York: Henry Holt, 1913; revisada 1938). Esta edición fue trasladada al HTML por Vern Williamsen in 1997 para ser presentado en esta colección.
PERSONAS:
- El CONDE, galán
- Don JUAN, galán
- Don DIEGO, galán
- FULGENCIO, galán
- Don BERNARDO, viejo
- PEDRO, lacayo
- MARTÍN, lacayo
- LORENZO, lacayo
- BERNAL, lacayo
- Doña MARÍA, dama
- Doña ANA, viuda
- LUISA, criada
- LEONOR, criada
- JUANA, criada
- ALCAIDE
- INDIANO
- MESONERO
- MOZO de mulas
- MÚSICOS
- LACAYOS
- ACOMPAÑAMIENTO
JORNADA PRIMERA
Salen Doña MARÍA y LUISA, con unos papeles
LUISA: Es cosa lo que ha pasado
para morirse de risa.
MARÍA: ¿Tantos papeles, Lüisa,
esos Narcisos te han dado?
LUISA: ¿Lo que miras dificultas?5
MARÍA: ¡Bravo amor, brava fineza!
LUISA: No sé si te llame alteza
para darte estas consultas.
MARÍA: A señoría te inclina,
pues entre otras partes graves,10
tengo deudo, como sabes,
con el duque de Medina.
LUISA: Es título la belleza
tan alto, que te podría
llamar muy bien señoría,15
y aspirar, señora, a alteza.
MARÍA: ¡Lindamente me conoces!
Dasme por la vanidad.
LUISA: No es lisonja la verdad,
ni las digo, así te goces.20
No hay en Ronda ni en Sevilla
dama como tú.
MARÍA: Yo creo,
Lüisa, tu buen deseo.
LUISA: Tu gusto me maravilla.
A ninguno quieres bien.25
MARÍA: Todos me parecen mal.
LUISA: Arrogancia natural
te obliga a tanto desdén.
–Éste es de don Luis.
MARÍA: Lo leo
sólo por cumplir contigo.30
LUISA: Yo soy de su amor testigo.
MARÍA: Y yo de que es necio y feo.
Lee
“Considerando conmigo a solas, señora
doña María…”
No leo.35
Rompe el papel
LUISA: ¿Por qué?
MARÍA: ¿No ves
que comienza alguna historia,
o que quiere en la memoria
de la muerte hablar después?
LUISA: Éste es de don Pedro.
MARÍA: Muestra.
LUISA: Yo te aseguro que es tal,40
que no te parezca mal.
MARÍA: ¡Bravos rasgos! ¡Pluma diestra!
Lee
“Con hermoso, si bien severo, no dulce,
apacible sí rostro, señora mía, mentida
vista me miró vuestro desdén, absorto de45
toda humanidad, rígido empero, y no con
lo brillante solícito, que de candor
celeste clarifica vuestra faz, la
hebdómada pasada.”
Rómpele
¿Qué receta es ésta, di?50
¿Qué médico te la dio?
LUISA: Pues ¿no entiendes culto?
MARÍA: ¿Yo?
¿Habla de “aciértame aquí”?
LUISA: Hazte boba, por tu vida.
¿Puede nadie ser discreto55
sin que envuelva su conceto
en invención tan lucida?
MARÍA: ¿Ésta es lucida invención?
Ahora bien, ¿hay más papel?
LUISA: El de don Diego, que en él60
se cifra la discreción.
Lee
MARÍA: “Si yo fuera tan dichoso como vuestra
merced hermosa, hecho estaba el partido.”
Rómpele
¿Qué es partido? No prosigo.
LUISA: ¿Que nada te ha de agradar?65
MARÍA: Pienso que quiere jugar
a la pelota conmigo.
Lüisa, en resolución,
yo no tengo de querer
hombre humano.70
LUISA: ¿Qué has de hacer,
si todos como éstos son?
MARÍA: Estarme sola en mi casa.
Venga de Flandes mi hermano,
pues siendo tan rico, en vano
penas inútiles pasa.75
Cásese, y déjeme a mí
mi padre; que yo no veo
dónde aplique mi deseo
de cuantos andan aquí,
codiciosos de su hacienda;80
que, si va a decir verdad,
no quiere mi vanidad
que cosa indigna le ofenda.
Nací con esta arrogancia.
No me puedo sujetar,85
si es sujetarse el casar.
LUISA: Hombres de mucha importancia
te pretenden.
MARÍA: Ya te digo
que ninguno es para mí.
LUISA: Pues ¿has de vivir ansí?90
MARÍA: ¿Tan mal estaré conmigo?
Joyas y galas ¿no son
los polos de las mujeres?
Si a mí me sobran, ¿qué quieres?
LUISA: ¡Qué terrible condición!95
MARÍA: Necia estás. No he de casarme.
LUISA: Si tu padre ha dado el sí,
¿qué piensas hacer de ti?
MARÍA: ¿Puede mi padre obligarme
a casar sin voluntad?100
LUISA: Ni tú tomarte licencia
para tanta inobediencia.
MARÍA: La primera necedad
dicen que no es de temer,
sino las que van tras ella,105
pretendiendo deshacella.
LUISA: Los padres obedecer
es mandamiento de Dios.
MARÍA: ¿Ya llegas a predicarme?
LUISA: Nuño acaba de avisarme110
que estaban juntos los dos . . .
MARÍA: ¿Quién?
LUISA: Mi señor y don Diego.
MARÍA: ¿Qué importa que hablando estén,
si no me parece bien,
y le desengaño luego?115
LUISA: Y don Luis ¿no es muy galán?
MARÍA: Tal salud tengas, Lüisa.
Muchas se casan aprisa,
que a llorar despacio van.
LUISA: Ésa es dicha y no elección;120
que mirado y escogido
salió malo algún marido,
y otros sin ver, no lo son.
Que si son por condiciones
los hombres buenos o malos,125
muchas que esperan regalos
encuentran malas razones.
Pero en don Pedro no creo
que haya más que desear.
MARÍA: Sí hay, Luisa…130
LUISA: ¿Qué?
MARÍA: No hallar
a mi lado hombre tan feo.
LUISA: Mil bienes me dicen dél,
y tú sola dél te ríes.
MARÍA: Lüisa, no me porfíes;
Que éste es don Pedro el Crüel.135
LUISA: Tu desdén me maravilla.
MARÍA: Pues ten por cierta verdad
que es rey de la necedad,
como el otro de Castilla.
LUISA: Don Diego está confïado;140
joyas te ha hecho famosas.
MARÍA: ¿Joyas?
LUISA: Y galas costosas;
hasta coche te ha comprado.
MARÍA: Don Diego de noche y coche.
LUISA: ¡De noche un gran caballero!145
MARÍA: Mas ¡ay Dios! que no le quiero
para don Diego de noche.
Otra le goce, Lüisa,
no yo. ¡De noche visiones!
LUISA: Oigo unas tristes razones.150
MARÍA: Volvióse en llanto la risa.
¿No es éste mi padre?
LUISA: Él es.
Don BERNARDO, de hábito de Santiago, con un lienzo en los ojos. DICHAS
BERNARDO: ¡Ay de mí!
MARÍA: Señor, ¿qué es esto?
¿Vos llorando y descompuesto,
y yo no estoy a esos pies?155
¿Qué tenéis, padre y señor,
mi solo y único bien?
BERNARDO: Vergüenza de que me ven
venir vivo y sin honor.
MARÍA: ¿Cómo sin honor?160
BERNARDO: No sé.
Déjame, por Dios, María.
MARÍA: Siendo vos vida en la mía,
¿cómo dejaros podré?
¿Habéis acaso caído?
Que los años muchos son.165
BERNARDO: Cayó toda la opinión
y nobleza que he tenido.
No es de los hombres llorar;
pero lloro un hijo mío
que está en Flandes, de quien fío170
que me supiera vengar.
Siendo hombre, llorar me agrada;
porque los viejos, María,
somos niños desde el día
que no quitamos la espada.175
MARÍA: Sin color, y el alma en calma
os oigo, padre y señor;
mas ¿qué mucho sin color,
si ya me tenéis sin alma?
¿Qué había de hacer mi hermano?180
¿De quién os ha de vengar?
BERNARDO: Hija, ¿quiéresme dejar?
MARÍA: Porfías, señor, en vano.
Antes de llorar se causa
la excusa, pero no agora;185
que siempre quiere el que llora
que le pregunten la causa.
BERNARDO: Don Diego me habló, María…
Contigo casarse intenta…
Respondíle que tu gusto190
era la primer licencia,
y la segunda del Duque.
Escribí, fue la respuesta
no como yo la esperaba;
que darte dueño quisieran195
estas canas, que me avisan
de que ya mi fin se cerca.
Puse la carta en el pecho,
lugar que es bien que le deba;
que llamarme deudo el Duque200
fue de esta cruz encomienda.
Vino a buscarme don Diego
a la Plaza (¡nunca fuera
esta mañana a la Plaza!),
y con humilde apariencia205
me preguntó si tenía
(aunque con alguna pena)
carta de Sanlúcar. Yo
le respondí que tuviera
a dicha poder servirle:210
breve y bastante respuesta.
Dijo que el Duque sabía
su calidad y nobleza;
que le enseñase la carta,
o que era mía la afrenta215
de la disculpa engañosa.
Yo, por quitar la sospecha,
saqué la carta del pecho,
y turbado leyó en ella
estas razones, María.220
–Quien tal mostró, que tal tenga.
–“Muy honrado caballero
es don Diego; pero sea
el que ha de ser vuestro yerno
tal, que al hábito os suceda225
como a vuestra noble casa.”
Entonces don Diego, vuelta
la color en nieve, dice,
y de ira y cólera tiembla:
“Tan bueno soy como el Duque.”230
Yo con ira descompuesta
respondo: “Los escuderos,
aunque muy hidalgos sean,
no hacen comparación
con los príncipes; que es necia.235
Desdecíos o le escribo
a don Alonso que venga
desde Flandes a mataros.”
Aquí su mano soberbia…
Pero prosigan mis ojos240
lo que no puede la lengua.
Déjame; que tantas veces
una afrenta se renueva
cuantas el que la recibe
a el que la ignora la cuenta.245
Herrado traigo, María,
el rostro con cinco letras,
esclavo soy de la infamia,
cautivo soy de la afrenta.
El eco sonó en el alma;250
que si es la cara la puerta,
han respondido los ojos,
viendo que llaman en ella.
Alcé el báculo… Dijeron
que lo alcancé… no lo creas;255
que mienten a el afrentado,
pensando que le consuelan.
Prendióle allí la justicia,
y preso en la cárcel queda:
¡pluguiera a Dios que la mano260
desde hoy estuviera presa!
¡Ay, hijo del alma mía!
¡Ay, Alonso! Si estuvieras
en Ronda… Pero ¿qué digo?
Mejor es que yo me pierda.265
Salid, lágrimas, salid . . .
Mas no es posible que puedan
borrar afrentas del rostro,
porque son moldes de letras
que, aunque se aparta la mano,270
quedan en el alma impresas.
Vase
LUISA: Fuese.
MARÍA: Déjame de suerte
que no pude responder.
LUISA: Ve tras él; que puede ser
que intente darse la muerte,275
viendo perdido su honor.
MARÍA: Bien dices: seguirle quiero;
que no es menester acero
adonde sobre el valor.
Vanse. Salen Don DIEGO, FULGENCIO
FULGENCIO: La razón es un espejo280
de consejos y de avisos.
DIEGO: En los casos improvisos
¿quién puede tomar consejo?
FULGENCIO: Los años de don Bernardo
os ponen culpa, don Diego.285
DIEGO: Confieso que estuve ciego.
FULGENCIO: Es don Alonso gallardo
y gran soldado.
DIEGO: Ya es hecho,
y yo me sabré guardar.
FULGENCIO: Un consejo os quiero dar290
para asegurar el pecho.
DIEGO: ¿Cómo?
FULGENCIO: Que dejéis a España
luego que salgáis de aquí.
DIEGO: ¿A España, Fulgencio?
FULGENCIO: Sí;
porque será loca hazaña295
que a don Alonso esperéis;
que, fuera de la razón
que él tiene en esta ocasión,
pocos amigos tendréis.
Toda Ronda os pone culpa.300
DIEGO: Claro está, soy desdichado…
Pues el haberme afrentado
era bastante disculpa.
FULGENCIO: Mostraros la carta fue
yerro de un hombre mayor.305
DIEGO: En los lances del honor
¿quién hay que seguro esté?
FULGENCIO: El tiempo suele curar
las cosas irremediables.
El ALCAIDE de la Cárcel, con barba y bastón. DICHOS)
ALCAIDE: Una mujer está aquí310
que quiere hablaros.
DIEGO: Dejadme,
Fulgencio, si sois servido.
FULGENCIO: A veros vendré a la tarde.
Vase
ALCAIDE: Llegó a la puerta cubierta;
pedíle que se destape,315
y dijo que no quería.
Parecióme de buen talle
y cosa segura; en fin,
gustó de que la acompañe
a vuestro aposento.320
DIEGO: Que entre
la decid, y perdonadme;
que es persona principal,
si es quien pienso.
ALCAIDE: En casos tales
se muestra el amor.
Vase. Dentro
(Entrad.)
Sale Doña MARÍA, cubierta con su manto
DIEGO: ¡Sola, mi señora, a hablarme,325
y en parte tan desigual
de vuestra persona y traje!
MARÍA: Dan ocasión los sucesos
para desatinos tales.
DIEGO: Descubríos, por mi vida,330
advirtiendo que no hay nadie
que aquí pueda conoceros.
[Descúbrese doña María.]
MARÍA: Yo soy.
DIEGO: Pues, ¡vos en la cárcel!
MARÍA: El amor que me debéis
desta manera me trae;335
que, agradecida del vuestro,
me fuerza a que me declare.
A pediros perdón vengo
y a que no pase adelante
este rigor, pues el medio340
de hacer estas amistades
es el casarnos los dos;
que cuando a saber alcance
don Alonso que soy vuestra,
no tendrá de qué quejarse.345
Con esto venganzas cesan,
que suelen en las ciudades
engendrar bandos, de quien
tan tristes sucesos nacen.
Vos quedaréis con la honra350
que es justo y que Ronda sabe,
satisfecho el señor Duque,
desenojado mi padre,
y yo con tan buen marido
que pueda mi casa honrarse355
y don Alonso mi hermano.
DIEGO: ¿Quién pudiera sino un ángel,
señora doña María,
hacer tan presto las paces?
Vuestro gran entendimiento360
y divino en esta parte,
ha dado el mejor remedio
que pudiera imaginarse.
No le había más seguro,
y sobre seguro, fácil,365
para que todos quedemos
honrados cuando me case.
No será mucha licencia
que a el altar dichoso abrace,
sagrado de mis deseos,370
donde está Amor por imagen,
pues ya decís que sois mía.
MARÍA: Quien supo determinarse
a ser vuestra, no habrá cosa
que a vuestro gusto dilate.375
Confirmaré lo que digo
con los brazos. –Muere, infame.
Al abrazarle, saca una daga y dale con ella
DIEGO: ¡Jesús! ¡Muerto soy! ¡Traición!
MARÍA: ¿En canas tan venerables
pusiste la mano, perro?380
Pues estas hazañas hacen
las mujeres varoniles.
Yo salgo. ¡Cielo, ayudadme!
Vase. Sale FULGENCIO
FULGENCIO: Paréceme que he sentido
una voz, y que salió385
esta mujer que aquí entró
(que no sin sospecha ha sido)
más turbada y descompuesta
que piden casos de amor.
No fue vano mi temor.390
¡Don Diego!… ¿Qué sangre es ésta?
DIEGO: Matóme doña María,
la hija de don Bernardo.
FULGENCIO: ¡Alcaide! ¡Gente! ¿Qué aguardo?
(Mas cosa injusta sería Aparte395
ocasionar su prisión.
Esperar que salga quiero;
que esto ya es hecho.)
DIEGO: Yo muero
con razón, aunque a traición.
Muy justa venganza ha sido,400
por fïarme de mujer.
Mas no la dejéis prender.
FULGENCIO: Yo pienso que habrá salido.
Pero ¿por qué no queréis
que la prendan?405
DIEGO: Ha vengado
las canas de un padre honrado.
Esto en viéndole diréis…
Y que yo soy, cuanto a mí,
su yerno, pues se casó
conmigo, aunque me mató410
cuando los brazos le di.
Con esto vuelvo a su fama
lo que afrentarla pudiera.
FULGENCIO: Toda la cárcel se altera.
Quiero buscar esta dama.415
Se lleva a don DIEGO. Salen el CONDE y don JUAN
CONDE: ¡Hermosa viuda, don Juan!
No he visto cosa más bella.
JUAN: Con razón, Conde, por ella
esos desmayos os dan.
CONDE: ¿Hay tal gracia de monjil?420
Que es de azabache, repara,
imagen, menos la cara
y manos, que son marfil.
JUAN: Vos tenéis un gran sujeto
para versos.425
CONDE: No he pensado
meterme en ese cuidado;
que pienso andar más discreto.
JUAN: ¿Cómo?
CONDE: Remitirme a el oro,
que es excelente poeta.
JUAN: Dicen que es rica y discreta:430
guardadle más el decoro.
CONDE: ¿Fue vuestro crïado allá?
JUAN: Con una crïada habló,
y a estas horas pienso yo
que bien informado está.435
CONDE: Mejor entre sus iguales
suele hablar más libremente
este género de gente.
Sale MARTÍN
JUAN: ¿Qué hay, Martín? Contento sales.
MARTÍN: Servir a el Conde deseo.440
CONDE: Yo estimo tu buen amor.
MARTÍN: Hablé con la tal Leonor,
como si fuera en mi empleo,
estando en larga oración
la retórica lacaya,445
y ella, a manera de maya,
serena toda facción.
Díjela que me tenía
sin alma Leonor la bella;
que hacía un mes que la huella450
de sus chinelas seguía;
y que bailando en el río
de la castañeta al son,
me entró por el corazón
y por toda el alma el brío.455
Cuando ya la tuve tierna,
pregunté la condición
de su ama, y la razón
de estado que la gobierna.
Dijo que era principal,460
con deudos de gran valor,
y que tenía su honor,
desde que enviudó, cabal.
Que era rica y entendida,
y no de su casa escasa,465
si bien no entraba en su casa
ni aun sombra de alma nacida.
Que al parecer recatada
era todo su cuidado,
y díjome que había estado470
sólo dos meses casada;
porque su noble marido,
de enamorado, murió.
CONDE: No envidio la muerte yo,
la causa sí.475
JUAN: Necio ha sido,
pues tanto tiempo tenía.
MARTÍN: Poca edad y mucho amor,
toda la vida, señor,
remiten a solo un día.
CONDE: ¿Cómo trae tan pequeñas480
tocas?
JUAN: Más hermosa está.
MARTÍN: Porque las largas son ya
para beatas y dueñas.
Y las cortas en la corte
no se traen sin ocasión.485
CONDE: ¿Qué ocasión dará razón
que para disculpa importe?
MARTÍN: Muriósele a una casada
su marido, y no quedó
muy triste, pues le envolvió490
como si fuera pescada,
en un pedazo de anjeo;
y sin que cumpliese manda,
con largas tocas de holanda
salió vertiendo poleo495
en un reverendo coche.
Pero el muerto, mal contento,
del sepulcro a su aposento
se trasladó aquella noche,
y díjole “¡Vos, Holanda,500
y yo anjeo, picarona!
¿No mereció mi persona
una sábana más blanda?”
Esto diciendo, el difunto
en las tocas se envolvió505
y el anjeo le dejó:
ocasión desde aquel punto
con que sin tocas las veo;
y cuerdo temor ha sido,
porque no vuelva el marido510
a dejarles el anjeo.
CONDE: Cuanto la licencia alargas,
la obligación disimulas.
MARTÍN: Señor, en dueñas y en mulas
están bien las tocas largas.515
CONDE: Mucha honestidad promete,
y es decoro justo y santo.
MARTÍN: Una viuda con un manto
es obispo con roquete.
Fuera de esto, aquel estar520
siempre en una misma acción
no mueve la inclinación
que el traje suele obligar.
Ver siempre de una manera
a una mujer es cansarse.525
CONDE: Pues ¿puede el rostro mudarse?
MARTÍN: Pues ¿no se muda y altera,
mudando el traje, el semblante?
JUAN: Conde, Martín dice bien;
porque el varïar tan bien530
da novedad a el amante.
MARTÍN: De mi condición advierte
que me pudren las pinturas,
porque siempre las figuras
están de una misma suerte.535
¿Qué es ver levantar la espada
en una tapicería
a un hombre, que en todo el día
no ha dado una cuchillada?
¿Qué es ver a Susana estar540
entre dos viejos desnuda,
y que ninguno se muda
a defender ni a forzar?
Linda cosa es la mudanza
del traje.545
CONDE: La viuda, en fin,
¿es conversable, Martín?
MARTÍN: No me quitó la esperanza,
si entráis con algún enredo;
que dice que da lugar
que la puedan visitar.550
CONDE: Yo le buscaré, si puedo.
JUAN: Como visto no te hubiera,
fácil remedio se hallara.
CONDE: Si en que me ha visto repara,
fingirme enojarla fuera.555
Llama; que yo he prevenido
con que me pueda creer.
JUAN: No lo echemos a perder.
CONDE: No puedo estar más perdido.
Vanse. El CONDE, don JUAN, MARTÍN
MARTÍN: Ya te ha visto: a verte sale.560
No le has parecido mal.
CONDE: ¿Hay jazmín, rosa y cristal
que a la viudilla se iguale?
Salen doña ANA, de viuda, LEONOR y JUANA
ANA: Novedad me ha parecido;
Vueseñoría perdone.565
CONDE: No hay novedad que no abone
el deseo que he tenido
de serviros, si yo fuese,
para que no os cause enojos,
tan dichoso en vuestros ojos,570
que serviros mereciese.
ANA: Leonor, sillas.
A don JUAN
MARTÍN: (No va mal,
pues piden sillas.)
A MARTÍN
JUAN: (Martín,
la viudilla es serafín
de perlas y de coral.)575
MARTÍN: (¿Agrádate a ti también?)
JUAN: (A esa pregunta responde
que está enamorado el Conde,
y yo no.)
MARTÍN: (Dices muy bien.)
ANA: ¿Quién es este caballero?580
CONDE: Mi primo don Juan.
ANA: Señor,
perdonad.
JUAN: No ha sido error.
Hablad; que estorbar no quiero.
ANA: Vos no podéis estorbar,
ni aquí tendréis ocasión.585
JUAN: No lo mandéis.
ANA: Es razón.
JUAN: No me tengo de sentar.
ANA: Ahora bien, yo no porfío.
JUAN: Decísme que necio soy.
CONDE: Oídme.590
ANA: Oyéndoos estoy.
JUAN: Por lo mismo me desvío.
CONDE: Señora, aunque os he mirado
mil veces sin conoceros,
antes que viniera a veros
tuve de veros cuidado.595
Vuestro esposo, que Dios tiene,
era mi amigo: jugamos
una noche; comenzamos
por una rifa, que viene
a ser, como en los amores,600
la tercera que concierta,
o a lo menos que dispierta
el gusto a los jugadores.
Perdió, picóse, sacó
unos escudos, y luego,605
terciando mi primo el juego,
cuatro sortijas perdió.
Mas vamos a lo que importa.
ANA: Esas sortijas eché
menos: pesadumbre fue610
(tan mal amor se reporta)
porque vine a sospechar
que a alguna dama las dio.
A MARTÍN
JUAN: (Bien la mentira salió.)
MARTÍN: (¿Hay cosa como atinar615
las sortijas que faltaron?)
JUAN: (Hay dichosos en mentir.)
MARTÍN: (A cuantas supe decir,
con el hurto me pescaron.
No he mentido sin que luego620
no se me echase de ver.)
CONDE: Así se vino a encender
con esta pérdida el juego,
que perdió seis mil ducados
sobre palabra segura,625
de que tengo una escritura.
ANA: Más enredos y cuidados
que días vivió conmigo
don Sebastián me dejó.
¿Seis mil ducados?630
CONDE: Si yo
basto, que soy quien lo digo,
y los testigos presentes.
MARTÍN: Al firmarla estuve allí
tan presente como aquí.
A MARTÍN
JUAN: (¡Con qué desvergüenza mientes!)635
MARTÍN: (¡Qué gracia! El buen mentidor
ha de ser, señor don Juan,
descarado a lo truhán,
y libre a lo historiador.)
ANA: Pensé que vueseñoría640
me venía hacer merced.
CONDE: Que os he de servir creed;
que ésa fue la intención mía.
No os dé pena la escritura,
puesto que fue de mayor;645
que no tiene mal fiador
la paga en vuestra hermosura.
A don JUAN
MARTÍN: (¿Hay oficial de escritorios
que encaje el marfil ansí?)
JUAN: (En amando, para mí650
son los engaños notorios.)
MARTÍN: (¿Amor se funda en engaños?)
JUAN: (Primero que el amor fueron;
pues desde que ellos nacieron
el mundo cuenta sus daños.)655
CONDE: Si yo, señora, creyera
cobrar la deuda de vos,
sin conocernos los dos,
por otro estilo pudiera.
No vengo sino a ofreceros660
cuanto tengo y cuanto soy,
con que pagado me voy,
y aun deudor de sólo veros.
Sólo os suplico me deis
licencia de visitaros,665
si fuere parte a obligaros
confesar que me debéis,
no dineros, sino amor.
ANA: Yo quedo tan obligada,
como deudora y pagada670
de vuestro heroico valor.
CONDE: Bésoos las manos.
ANA: El cielo
os guarde.
CONDE: ¿Vendré?
ANA: Venid.
Vase el Conde
ANA: ¡Ah, señor don Juan! Oíd.
MARTÍN: (Cayó el pez en el anzuelo.) Aparte675
JUAN: ¿En qué os sirvo?
ANA: Bien sé yo
que todo aquesto es mentira.
JUAN: Y yo sé que el Conde os mira;
esto de la deuda no.
ANA: ¡Mala entrada de galán,680
entrar mintiendo!
JUAN: Señora,
mi primo el Conde os adora.
ANA: Id con Dios, señor don Juan;
que yerra el Conde en traeros.
JUAN: ¿Deacredítolo yo?685
ANA: Cuando el Conde me miró
me dio ocasión de quereros.
JUAN: Aunque deudos, nos preciamos
mucho más de ser amigos,
aunque envidias ni enemigos690
no quieren que lo seamos.
Queredle bien; que merece,
señora, que lo queráis.
ANA: Lo que por él negociáis
al Conde desfavorece.695
JUAN: Voy; que en la carroza aguarda.
Dad licencia que os visite,
y que yo lo solicite.
ANA: Si vuelve con vos, ya tarda.
JUAN: Tanto favor da a entender700
que por él queréis honrarme.
ANA: Por vos quiero yo obligarme
para que me vuelva a ver.
JUAN: Todo se lo digo ansí.
ANA: Yo os tengo por más discreto.705
JUAN: ¿Volverá el Conde en efeto?
ANA: No sin vos, y con vos sí.
Vanse don JUAN y MARTÍN
LEONOR: Mucho le has favorecido,
para ser la vez primera.
ANA: Cuando él me favoreciera,710
mi favor lo hubiera sido;
mas no me quiso entender:
tomo la amistad del Conde.
JUANA: Agora tibio responde.
Aun no ha llegado a querer.715
Para sí
ANA: (Necio pensamiento mío,
que en tal locura habéis dado,
volved atrás, afrentado
de ver tan necio desvío.
Yo, que de tanto me río,720
¿ruego, pretendo, provoco?
Pensamiento, poco a poco,
no diga el honor que pierdo
que sois con desdenes cuerdo,
ya que quisistes ser loco.725
Dieron los ojos en ver,
puesto que en lugar sagrado,
al hombre más recatado
de mirar y de entender;
mas, ya que ha venido a ser730
provocado a desafío,
responde tan necio y frío,
que me pide que a otro quiera:
mirad ¿quién tal os dijera,
triste pensamiento mío?735
En vano estoy descansando
con daros disculpa a vos;
mas tengámosla los dos,
vos amando y yo pensando;
porque de pensar amando740
lo que puede resultar,
viene el alma a sospechar
lo que imaginó del ver;
porque no hubiera querer
si no hubiera imaginar.745
Que no queráis os advierto
hombre tan fino y helado,
que por lo helado me ha dado
tristes memorias del muerto.
Pero si a cogerle acierto750
con mirar y con rogar . . .
Guárdese, pues, de llegar;
que, agraviada una mujer,
quiere hasta que ve querer,
por vengarse en olvidar.)755
Vanse. Sale el INDIANO y un MOZO de mulas
INDIANO: Pasaremos de Adamuz
si este recado nos dan.
MOZO: Por eso dice el refrán:
“Adamuz, pueblo sin luz.”
Mas mira que desde aquí760
comienza Sierra Morena.
INDIANO: Tú las jornadas ordena;
eso no corre por mí.
Sale un MESONERO
MESONERO: Bien venidos, caballeros.
INDIANO: Pues, huésped, ¿qué hay que comer?765
MESONERO: Desde hoy a el amanecer
dos mozos, seis perdigueros
vienen con un perdigón,
de que estoy desesperado.
INDIANO: Para mí basta.770
MESONERO: Ha llegado
a hurtaros la bendición
una mujer que le tiene.
INDIANO: Y cuando yo le tuviera,
por ser mujer se le diera.
¿Viene sola?775
MESONERO: Sola viene.
INDIANO: ¡Sola! ¿De qué calidad?
MESONERO: Pobre, y de brío gallarda;
porque en un rocín de albarda
(el término perdonad)
como un soldado venía.780
Ella propria se apeó,
le ató y de comer le dio
con despejo y bizarría.
Volvíla a mirar y vi
que un arcabuz arrimaba.785
INDIANO: ¿Que es tan brava?
MESONERO: Aunque es tan brava,
os aseguro de mí
que más su cara temiera
que su arcabuz.
INDIANO: ¿Habéis sido
galán?790
MESONERO: Bien me han parecido.
Ya pasó la primavera,
y estamos en el estío:
así los años se van.
INDIANO: ¿Qué traje trae?
MESONERO: Un gabán
que cubre el traje, no el brío;795
un sombrero razonable…
Todo de poco valor;
al fin, parece, señor,
de buena suerte y afable,
menos aquel arcabuz.800
INDIANO: ¿Es ésta?
MESONERO: La misma es.
Sale doña MARÍA, con sombrero, gabán y un arcabuz
MARÍA: (Temerosa voy, después Aparte
que he entrado por Adamuz,
por ser camino real,
a que nunca me atreví;805
si bien desde que salí,
ha sido el ánimo igual
al peligro que he tenido.
¡Ay padre, y cuánto dolor
me da el verte sin favor,810
si no es que el Duque lo ha sido!
Suelen faltar los amigos
en la mejor ocasión;
Mas ¡ay! que tus años son
los mayores enemigos.815
Los de mi hermano pudieran
suplir los tuyos, señor,
aunque no para tu honor
más que mis manos hicieran.
Yo cumplí su obligación;820
mas defenderte no puedo,
por no acrecentar el miedo
de mi muerte o mi prisión.
Al fin, bien está lo hecho.
¿De qué me lamento en vano?825
¡Traidor don Diego! ¡A un anciano
con una cruz en el pecho! . . .
Así para quien se atreve
a las edades ancianas;
que es atreverse a unas canas830
violar un templo de nieve.
Pero la mano piadosa
del cielo quiere que espante
a un Holofernes gigante
una Judit valerosa.)835
INDIANO: Como suelen los caminos
dar licencia a los que pasan
para entretener las horas,
que por ellos son tan largas,
a preguntaros me atrevo840
si lo ha de ser la jornada,
o por ventura tenéis
cerca de aquí vuestra casa.
MARÍA: No soy, señor, desta tierra.
INDIANO: Como os vi sola, pensaba845
que érades de alguna aldea
de aquesta fértil comarca.
MARÍA: No, señor; que yo nací
de esa parte de Granada,
y a servir en ella vine;850
que cuando los padres faltan
en tierna edad a los pobres,
no tienen otra esperanza.
No se cansó mi fortuna,
pues cuando contenta estaba855
del buen dueño que tenía,
persona de órdenes sacras,
le llevó también la muerte,
que para mayor mudanza
me dio ocasión, como veis.860
INDIANO: Y ¿dónde vais?
MARÍA: Siempre hablaba
esta persona que digo
con notables alabanzas
de la corte y de Madrid:
yo, pues, a quien ya faltaba865
dueño, con algún deseo
que de ver grandeza tanta
nació con mi condición,
determiné de dar traza
de ir a servir a la corte.870
Y una vez determinada,
lo que viviendo tenía
el buen cura (que Dios haya)
para su regalo y gusto,
arcabuz, rocín de caza875
y este gabán, tomé luego,
y voy con notables ansias
de ver lo que alaban todos.
MOZO: El camino de Granada
no es éste.880
MARÍA: Decís muy bien;
mas vine por ver si estaba
en Córdoba un deudo mío.
INDIANO: ¡Determinación extraña
de una mujer!
MARÍA: Soy mujer.
INDIANO: Decís muy bien, eso basta.885
Yo voy también a Madrid:
traigo jornada más larga,
porque vengo de las Indias;
que pocas veces descansa
el ánimo de los hombres
aunque sobre el oro y plata.890
Y si allá habéis de servir,
porque me dicen que tarda
el premio a las pretensiones
que la ocupación dilata,
casa tengo de poner:895
si en el camino os agrada
mi trato, servidme a mí.
MARÍA: El cielo por vos me ampara.
Desde hoy soy crïada vuestra,
y creed que soy crïada900
que os excusaré de muchas.
MOZO: (Convertirse quiere en ama.) Aparte
MARÍA: No habrá cosa que no sepa.
MOZO: Y yo salgo a la fïanza;
que la buena habilidad905
se le conoce en la cara.
INDIANO: Hanme dicho que en la corte
hay ocasiones que gastan
inútilmente la hacienda,
y yo querría guardarla;910
que cuesta mucho adquirirla.
MARÍA: La familia es excusada
donde hay tanta confusión,
pues no se repara en nada.
Yo sola basto a serviros:
no habrá cosa que no haga,915
de cuantas haciendas tiene
el gobierno de una casa.
INDIANO: Pues partamos en comiendo,
y fïad de mí la paga.
MARÍA: (¡Ay fortuna! ¿Dónde llevas920
una mujer desdichada?
Pero no fueras fortuna
a saber en lo que paras.)
