La verdad sospechosa — Jornada I

LA VERDAD SOSPECHOSA

Juan Ruiz de Alarcón

Texto basado en varios textos tempranos de LA VERDAD SOSPECHOSA. Fue preparado por Vern Williamsen para un curso dictado en el año 1986.


Personas que hablan en ella:

  • Don GARCÍA, galán
  • Don JUAN de Sosa, galán
  • Don FÉLIX, galán
  • Don BELTRÁN, viejo grave
  • Don SANCHO, viejo grave
  • Don JUAN de Luna, viejo grave
  • TRISTÁN, gracioso
  • Doña JACINTA, dama
  • Doña LUCRECIA, dama
  • ISABEL, criada
  • Un LETRADO
  • CAMINO, escudero
  • Un PAGE
  • Un CRIADO

JORNADA PRIMERA


[Sala en casa de don BELTRÁN]
Salen por una puerta don GARCÍA y un LETRADO viejo, de estudiantes, de camino; y, por otra, don BELTRÁN y TRISTÁN
BELTRÁN: Con bien vengas, hijo mío.
GARCÍA: Dame la mano, señor.
BELTRÁN: ¿Cómo vives?
GARCÍA: El calor
del ardiente y seco estío
me ha afligido de tal suerte5
que no pudiera llevallo,
señor, a no mitigallo
con la esperanza de verte.
BELTRÁN: Entra, pues, a descansar.
Dios te guarde. ¡Qué hombre vienes!10
¡Tristán!
TRISTÁN: ¿Señor?
BELTRÁN: Dueño tienes
nuevo ya de quien cuidar.
Sirve desde hoy a García;
que tú eres diestro en la corte
y él bisoño.15
TRISTÁN: En lo que importa,
yo le serviré de guía.
BELTRÁN: No es crïado el que te doy;
mas consejero y amigo.
GARCÍA: Tendrá ese lugar conmigo.
TRISTÁN: Vuestro humilde esclavo soy.20
Vanse don GARCÍA y TRISTÁN
BELTRÁN: Déme, señor Licenciado
los brazos.
LETRADO: Los pies os pido.
BELTRÁN: Alce ya, ¿Cómo ha venido?
LETRADO: Bueno, contento, honrado
de mi señor don García,25
a quien tanto amor cobré,
que no sé cómo podré
vivir sin su compañía.
BELTRÁN: Dios le guarde, que, en efeto,
siempre el señor Licenciado30
claros indicios ha dado
de agradecido y discreto.
Tan precisa obligación
me huelgo que haya cumplido
García, y que haya acudido35
a lo que es tanta razón.
Porque le aseguro yo
que es tal mi agradecimiento,
que, como un corregimiento
mi intercesión la alcanzó40
–según mi amor, desigual–,
de la misma suerte hiciera
darle también, si pudiera
plaza en Consejo Real.
LETRADO: De vuestro valor lo fío.45
BELTRÁN: Sí, bien lo puede creer.
Mas yo me doy a entender
que, si con el favor mío
en ese escalón primero
se ha podido poner, ya50
sin mi ayuda subirá
con su virtud al postrero.
LETRADO: En cualquier tiempo y lugar
he de ser vuestro crïado.
BELTRÁN: Ya, pues, señor Licenciado55
que el timón ha de dejar
de la nave de García,
y yo he de encargarme de él,
que hiciese por mí y por él
sola una cosa querría.60
LETRADO: Ya, señor, alegre espero
lo que me queréis mandar.
BELTRÁN: La palabra me ha de dar
de que lo ha de hacer, primero.
LETRADO: Por Dios juro de cumplir,65
señor, vuestra voluntad.
BELTRÁN: Que me diga una verdad
le quiero sólo pedir.
Ya sabe que fue mi intento
que el camino que seguía70
de las letras, don García,
fuese su acrecentamiento;
que, para un hijo segundo,
como él era, es cosa cierta
que es ésa la mejor puerta75
para las honras del mundo.
Pues como Dios se sirvió
de llevarse a don Gabriel,
mi hijo mayor, con que él
mi mayorazgo quedó,80
determiné que, dejada
esa profesión, viniese
a Madrid, donde estuviese,
como es cosa acostumbrada
entre ilustres caballeros85
en España; porque es bien
que las nobles casas den
a su rey sus herederos.
Pues como es ya don García
hombre que no ha de tener90
maestro, y ha de correr
su gobierno a cuenta mía,
y mi paternal amor
con justa razón desea
que, ya que el mejor no sea,95
no la noten por peor,
quiero, señor Licenciado,
que me diga claramente
sin lisonja, lo que siente
–supuesto que le ha crïado–100
de su modo y condición,
de su trato y ejercicio,
y a qué género de vicio
muestra más inclinación.
Si tiene alguna costumbre105
que yo cuide de enmendar,
no piense que me ha de dar
con decirlo pesadumbre;
que él tenga vicio es forzoso;
que me pese, claro está;110
mas saberlo me será
útil, cuando no gustoso.
Antes en nada, a fe mía
hacerme puede mayor
placer, o mostrar mejor115
lo bien que quiere a García,
que en darme este desengaño,
cuando provechoso es,
si he de saberlo después
que haya sucedido un daño.120
LETRADO: Tan estrecha prevención,
señor, no era menester
para reducirme a hacer
lo que tengo obligación.
Pues es caso averiguado125
que, cuando entrega al señor
un caballo el picador
que lo ha impuesto y enseñado,
si no le informa del modo
y los resabios que tiene,130
un mal suceso previene
al caballo y dueño y todo.
Deciros verdad es bien;
que, demás del juramento,
daros una purga intento135
que os sepa mal y haga bien.
De mi señor don García
todas las acciones tienen
cierto acento, en que convienen
con su alta genealogía.140
Es magnánimo y valiente,
es sagaz y es ingenioso,
es liberal y piadoso,
si repentino, impaciente.
No trato de las pasiones145
propias de la mocedad,
porque, en ésas, con la edad
se mudan las condiciones.
Mas una falta no más
es la que le he conocido,150
que, por más que le he reñido,
no se ha enmendado jamás.
BELTRÁN: ¿Cosa que a sus calidad
será dañosa en Madrid?
LETRADO: Puede ser.155
BELTRÁN: ¿Cuál es? Decid.
LETRADO: No decir siempre verdad.
BELTRÁN: ¡Jesús! ¡Qué cosa tan fea
en hombre de obligación!
LETRADO: Yo pienso que, o condición,
o mala costumbre sea.160
Con la mucha autoridad
que con él tenéis, señor,
junto con que ya es mayor
su cordura con la edad,
ese vicio perderá.165
BELTRÁN: Si la vara no ha podido,
en tiempo que tierna ha sido,
enderezarse, ¿qué hará
siendo ya tronco robusto?
LETRADO: En Salamanca, señor,170
son mozos, gastan humor,
sigue cada cual su gusto;
hacen donaire del vicio,
gala de la travesura,
grandeza de la locura;175
hace, al fin, la edad su oficio.
Mas, en la corte, mejor
su enmienda esperar podemos,
donde tan validas vemos
las escuelas del honor.180
BELTRÁN: Casi me mueve a reír
ver cuán ignorante está
de la corte. ¿Luego acá
no hay quien le enseñe a mentir?
En la corte, aunque haya sido185
un extremo don García,
hay quien le dé cada día
mil mentiras de partido.
Y si aquí miente el que está
en un puesto levantado,190
en cosa en que al engañado
la hacienda o honor le va,
¿no es mayor inconveniente
quien por espejo está puesto
al reino? Dejemos esto,195
que me voy a maldiciente.
Como el toro a quien tiró
la vara una diestra mano
arremete al más cercano
sin mirar a quien le hirió,200
así yo, con el dolor
que esta nueva me ha causado,
en quien primero he encontrado
ejecuté mi furor.
Créame, que si García205
mi hacienda, de amores ciego,
disipara, o en el juego
consumiera noche y día;
si fuera de ánimo inquieto
y a pendencias inclinado,210
si mal se hubiera casado,
si se muriera, en efeto,
no lo llevara tan mal
como que su falta sea
mentir. ¡Qué cosa tan fea!215
¡Qué opuesta a mi natural!
Ahora bien; lo que he de hacer
es casarle brevemente,
antes que este inconveniente
conocido venga a ser.220
Yo quedo muy satisfecho
de su bueno celo y cuidado,
y me confieso obligado
del bien que en esto me ha hecho.
¿Cuándo ha de partir?225
LETRADO: Querría
luego.
BELTRÁN: ¿No descansará
algún tiempo y gozará
de la corte?
LETRADO: Dicha mía
fuera quedarme con vos;
pero mi oficio me espera.230
BELTRÁN: Ya entiendo; volar quisiera
porque va a mandar. Adiós.
Vase don BELTRÁN
LETRADO: Guárdeos Dios. Dolor extraño
le dió al buen viejo la nueva.
Al fin, el más sabio lleva235
agramente un desengaño.
[Una calle en las platerías]
Vase el LETRADO. Salen don GARCÍA, de galán, y TRISTÁN
GARCÍA: ¿Díceme bien este traje?
TRISTÁN: Divinamente, señor.
¡Bien hubiese el inventor
de este holandesco follaje!240
Con un cuello apanalado,
¿qué fealdad no se enmendó?
Yo sé una dama a quien dio
cierto amigo gran cuidado
mientras con cuello le veía;245
y una vez que llegó a verle
sin él, la obligó a perderle
cuanta afición le tenía,
porque ciertos costurones
en la garganta cetrina250
publicaban la rüina
de pasados lamparones.
Las narices le crecieron,
mostró un gran palmo de oreja,
y las quijadas, de vieja,255
en lo enjuto, parecieron.
Al fin el galán quedó
tan otro del que solía,
que no le conocería
la madre que le parió.260
GARCÍA: Por esa y otras razones
me holgara de que saliera
premática que impidiera
esos vanos cangilones.
Que, demás de esos engaños,265
con su holanda el extranjero
saca de España el dinero
para nuestros propios daños.
Una valoncilla angosta,
usándose, le estuviera270
bien al rostro, y se anduviera
más a gusto a menos costa.
Y no que, con tal cuidado,
sirve un galán a su cuello
que, por no descomponello,275
se obliga a andar empalado.
TRISTÁN: Yo sé quien tuvo ocasión
de gozar su amada bella,
y no osó llegarse a ella
por no ahujar un cangilón.280
Y esto me tiene confuso;
todos dicen que se holgaran
de que valonas se usaran,
y nadie comienza el uso.
GARCÍA: De gobernar nos dejemos285
el mundo. ¿Qué hay de mujeres?
TRISTÁN: ¿El mundo dejas y quieres
que la carne gobernemos?
¿Es más fácil?
GARCÍA: Más gustoso.
TRISTÁN: ¿Eres tierno?290
GARCÍA: Mozo soy.
TRISTÁN: Pues en lugar entras hoy
donde Amor no vive ocioso.
Resplandecen damas bellas
en el cortesano suelo,
de la suerte que en el cielo295
brillan lucientes estrellas.
En el vicio y la virtud
y el estado hay diferencia,
como es varia su influencia,
resplandor y magnitud.300
Las señoras, no es mi intento
que en este número estén,
que son ángeles a quien
no se atreve el pensamiento.
Sólo te diré de aquellas305
que son, con alma livianas
siendo divinas, humanas;
corruptibles, siendo estrellas.
Bellas casadas verás,
conversables y discretas,310
que las llamo yo planetas
porque resplandecen más.
Éstas, con la conjunción
de maridos placenteros,
influyen en extranjeros315
dadivosa condición.
Otras hay cuyos maridos
a comisiones se van,
o que en las Indias están,
o en Italia, entretenidos.320
No todas dicen verdad
en esto, que mi taimadas
suelen fingirse casadas
por vivir con libertad.
Verás de cautas pasantes325
hermosas recientes hijas;
éstas son estrellas fijas,
y sus madres son errantes.
Hay una gran multitud
de señoras del tusón,330
que, entre cortesanas, son
de la mayor magnitud.
Síguense tras las tusonas,
otras que serlo desean,
y, aunque tan buenas no sean,335
son mejores que busconas.
Éstas son unas estrellas
que dan menor claridad;
mas, en la necesidad,
te habrás de alumbrar con ellas.340
La buscona, no la cuento
por estrella, que es cometa;
pues ni su luz es perfeta
ni conocido su asiento.
Por las mañanas se ofrece345
amenazando al dinero,
y, en cumpliéndose el agüero,
al punto desaparece.
Niñas salen que procuran
gozar todas ocasiones;350
éstas son exhalaciones
que, mientras se queman, duran.
Pero que adviertas es bien,
si en estas estrellas tocas,
que son estables muy pocas,355
por más que un Perú les den.
No ignores, pues yo no ignoro,
que un signo el de Virgo es,
y los de cuernos son tres:
Aries, Capricornio y Toro.360
Y así, sin fïar en ellas,
lleva un presupuesto solo,
y es que el dinero es el polo
de todas estas estrellas.
GARCÍA: ¿Eres astrólogo?365
TRISTÁN: Oí,
el tiempo que pretendía
en palacio, astrología.
GARCÍA: ¿Luego has pretendido?
TRISTÁN: Fui
pretendiente por mi mal.
GARCÍA: ¿Cómo en servir has parado?370
TRISTÁN: Señor, porque me han faltado
la fortuna y el caudal;
aunque quien te sirve, en vano
por mejor suerte suspira.
GARCÍA: Deja lisonjas y mira375
el marfil de aquella mano;
el divino resplandor
de aquellos ojos, que, juntas,
despiden entre las puntas
flechas de muerte y amor.380
TRISTÁN: ¿Dices aquella señora
que va en coche?
GARCÍA: Pues ¿cuál
merece alabanza igual?
TRISTÁN: ¡Qué bien encajaba agora
esto de coche de sol,385
con todos sus adherentes
de rayos de fuego ardientes
y deslumbrante arrebol!
GARCÍA: ¿La primera dama que vi
en la corte me agradó?390
TRISTÁN: La primera en tierra.
GARCÍA: No;
la primera en cielo, sí;
que es divina esta mujer.
TRISTÁN: Por puntos las toparás
tan bellas, que no podrás395
ser firme en un parecer.
Yo nunca he tenido aquí
constante amor ni deseo,
que siempre por la que veo
me olvido de la que vi.400
GARCÍA: ¿Dónde ha de haber resplandores
que borren los de estos ojos?
TRISTÁN: Míraslos ya con antojos
que hacen las cosas mayores.
GARCÍA: ¿Conoces, Tristán?…405
TRISTÁN: No humanes
lo que por divino adoras;
porque tan altas señoras
no tocan a los Tristanes.
GARCÍA: Pues yo, al fin, quien fuere, sea,
la quiero y he de servilla.410
Tú puedes, Tristán, seguilla.
TRISTÁN: Detente, que ella se apea
en la tienda.
GARCÍA: Llegar quiero.
¿Usase en la corte?
TRISTÁN: Sí,
con la regla que te di415
de que es el polo el dinero.
GARCÍA: Oro traigo.
TRISTÁN: ¡Cierra, España!,
que a César llevas contigo;
mas mira si en lo que digo
mi pensamiento se engaña;420
advierte, señor, si aquélla
que tras ella sale agora
puede ser sol de su aurora,
ser aurora de su estrella.
GARCÍA: Hermosa es también.425
TRISTÁN: Pues mira
si la crïada es peor.
GARCÍA: El coche es arco de amor,
y son flechas cuantas tira.
Yo llego.
TRISTÁN: A lo dicho advierte…
GARCÍA: ¿Y es?…430
TRISTÁN: Que a la mujer rogando,
y con el dinero dando.
GARCÍA: ¡Consista en eso mi suerte!
TRISTÁN: Pues yo, mientras hablas, quiero
que me haga relación
el cochero de quién son.435
GARCÍA: ¿Dirálo?
TRISTÁN: Sí, que es cochero.
Vase TRISTÁN. Salen JACINTA, LUCRECIA, ISABEL, con mantos; cae JACINTA y llega don GARCÍA y dale la mano
JACINTA: ¡Válgame Dios!
GARCÍA: Esta mano
os servid de que os levante,
si merezco ser Atlante
de un cielo tan soberano.440
JACINTA: Atlante debéis de ser,
pues lo llegáis a tocar.
GARCÍA: Una cosa es alcanzar
y otra cosa merecer.
¿Qué victoria es la beldad445
alcanzar, por quien me abraso,
si es favor que debo al caso,
y no a vuestra voluntad?
Con mi propia mano así
el cielo mas ¿qué importó,450
si ha sido porque él cayó,
y no porque yo subí?
JACINTA: ¿Para qué fin se procura
merecer?
GARCÍA: Para alcanzar.
JACINTA: Llegar al fin, sin pasar455
por los medios, ¿no es ventura?
GARCÍA: Sí.
JACINTA: Pues ¿cómo estáis quejoso
del bien que os ha sucedido,
si el no haberlo merecido
os hace más venturoso?460
GARCÍA: Porque, como las acciones
del agravio y el favor
reciben todo el valor
sólo de las intenciones,
por la mano que os toqué465
no estoy yo favorecido,
si haberlo vos consentido
con esa intención no fue.
Y, así, sentir me dejad
que, cuando tal dicha gano,470
venga sin alma la mano
y el favor sin voluntad.
JACINTA: Si la vuestra no sabía,
de que agora me informáis,
injustamente culpáis475
los defetos de la mía.
Sale TRISTÁN
TRISTÁN: (El cochero hizo su oficio; Aparte
nuevas tengo de quién son).
GARCÍA: ¿Qué hasta aquí de mi afición
nunca tuvisteis indicio?480
JACINTA: ¿Cómo, si jamás os vi?
GARCÍA: ¿Tampoco ha valido, ¡ay Dios!,
más de un año que por vos
he andado fuera de mí?
TRISTÁN: (¿Un año, y ayer llegó Aparte485
a la corte?)
JACINTA: ¡Bueno a fe!
¿Mas de un año? Juraré
que no os vi en mi vida yo.
GARCÍA: Cuando del indiano suelo
por mi dicha llegué aquí,490
la primer cosa que vi
fue la gloria de ese cielo.
Y aunque os entregué al momento
el alma, habéislo ignorado
porque ocasión me ha faltado495
de deciros lo que siento.
JACINTA: ¿Sois indiano?
GARCÍA: Y tales son
mis riquezas, pues os vi,
que al minado Potosí
le quito la presunción.500
TRISTÁN: (¿Indiano?) Aparte
JACINTA: ¿Y sois tan guardoso
como la fama los hace?
GARCÍA: Al que más avaro nace,
hace el amor dadivoso.
JACINTA: ¿Luego, si decís verdad,505
preciosas ferias espero?
GARCÍA: Si es que ha de dar el dinero
crédito a la voluntad,
serán pequeños empleos,
para mostrar lo que adoro,510
daros tantos mundos de oro
como vos me dais deseos.
Mas ya que ni al merecer
de esa divina beldad,
ni a mi inmensa voluntad515
ha de igualar el poder,
por lo menos os servid;
que esta tienda que os franqueo
dé señal de mi deseo.
JACINTA: (No vi tal hombre en Madrid). Aparte520
Lucrecia, ¿qué te parece
del indiano liberal?
LUCRECIA: Que no te parece mal,
Jacinta, y que lo merece.
GARCÍA: Las joyas que gusto os dan,525
tomad de este aparador.
Habla TRISTÁN aparte a don GARCÍA
TRISTÁN: Mucho te arrojas, señor.
GARCÍA: ¡Estoy perdido, Tristán.
Habla ISABEL aparte a las damas
ISABEL: ¡Don Juan viene!
JACINTA: Yo agradezco,
señor, lo que me ofrecéis.530
GARCÍA: Mirad que me agraviaréis
si no lográis lo que ofrezco.
JACINTA: Yerran vuestros pensamientos,
caballero, en presumir
que puedo yo recibir535
más que los ofrecimientos.
GARCÍA: Pues ¿Qué ha alcanzado de vos
el corazón que os he dado?
JACINTA: El haberos escuchado.
GARCÍA: Yo lo estimo.540
JACINTA: Adiós.
GARCÍA: Adiós,
y para amaros me dad
licencia.
JACINTA: Para querer,
no pienso que ha menester
licencia la voluntad.
Vanse las mujeres
GARCÍA: Síguelas.545
TRISTÁN: Si te fatigas,
señor, por saber la casa
de la que en amor te abrasa,
ya la sé.
GARCÍA: Pues no las sigas;
que suele ser enfadosa
la diligencia importuna.550
TRISTÁN: “Doña Lucrecia de Luna
se llama la más hermosa,
que es mi dueño; y la otra dama
que acompañándola viene,
sé dónde la casa tiene;555
mas no sé cómo se llama.”
Esto respondió el cochero.
GARCÍA: Si es Lucrecia la más bella,
no hay más que saber, pues ella
es la que habló, y la que quiero;560
que, como el autor del día
las estrellas deja atrás,
de esa suerte a las demás,
la que me cegó, vencía.
TRISTÁN: Pues a mí la que calló565
me pareció más hermosa.
GARCÍA: ¡Qué buen gusto!
TRISTÁN: Es cierta cosa
que no tengo voto yo;
mas soy tan aficionado
a cualquier mujer que calla,570
que bastó para juzgalla
más hermosa haber callado.
Mas dado, señor, que estés
errado tú, presto espero,
preguntándole al cochero575
la casa, saber, quién es.
GARCÍA: Y Lucrecia, ¿dónde tiene
la suya?
TRISTÁN: Que a la Victoria
dijo, si tengo memoria.
GARCÍA: Siempre ese nombre conviene580
a la esfera venturosa
que da eclíptica a tal luna.
Salen don JUAN y don FÉLIX, por otra parte
JUAN: ¿Música y cena? ¡Ah, Fortuna!
GARCÍA: ¿No es éste don Juan de Sosa?
TRISTÁN: El mismo.585
JUAN: ¿Quién puede ser
el amante venturoso
que me tiene tan celoso?
FÉLIX: Que lo vendréis a saber
a pocos lances, confío.
JUAN: ¡Que otro amante le haya dado,590
a quien mía se ha nombrado,
música y cena en el río!
GARCÍA: ¡Don Juan de Sosa!
JUAN: ¿Quién es?
GARCÍA: ¿Ya olvidáis a don García?
JUAN: Veros en Madrid lo hacía,595
y el nuevo traje.
GARCÍA: Después
que en Salamanca me visteis,
muy otro debo de estar.
JUAN: Más galán sois de seglar
que de estudiante lo fuisteis.600
¿Venís a Madrid de asiento?
GARCÍA: Sí.
JUAN: Bien venido seáis.
GARCÍA: Vos, don Félix, ¿cómo estáis?
FÉLIX: De veros, por Dios, contento.
Vengáis bueno en hora buena.605
GARCÍA: Para serviros. ¿Qué hacéis?
¿De qué habláis? ¿En qué entendéis?
JUAN: De cierta música y cena
que en el río dio un galán
esta noche a una señora,610
era la plática agora.
GARCÍA: ¿Música y cena, don Juan?
¿Y anoche?
JUAN: Sí.
GARCÍA: ¿Mucha cosa?
¿Grande fiesta?
JUAN: Así es la fama.
GARCÍA: ¿Y muy hermosa la dama?615
JUAN: Dícenme que es muy hermosa.
GARCÍA: ¡Bien!
JUAN: ¿Qué misterios hacéis?
GARCÍA: De que alabéis por tan buena
esa dama y esa cena,
si no es que alabando estéis620
mi fiesta y mi dama así.
JUAN: ¿Pues tuvisteis también boda
anoche en el río?
GARCÍA: Toda
en eso la consumí.
TRISTÁN: (¿Qué fiesta o qué dama es ésta, Aparte625
si a la corte llegó ayer?)
JUAN: ¿Ya tenéis a quien hacer,
tan recién venido, fiesta?
Presto el amor dio con vos.
GARCÍA: No ha tan poco que he llegado630
que un mes no haya descansado.
TRISTÁN: (¡Ayer llegó, voto a Dios! Aparte
Él lleva alguna intención).
JUAN: No lo he sabido, a fe mía,
que al punto acudido habría,635
a cumplir mi obligación.
GARCÍA: He estado hasta aquí secreto.
JUAN: Ésa la causa habrá sido
de no haberlo yo sabido.
Pero la fiesta, ¿en efeto640
fue famosa?
GARCÍA: Por ventura,
no la dio mejor el río.
JUAN: (¡Ya de celos desvarío!) Aparte
¨Quién duda que la espesura
del Sotillo el sitio os dio?645
GARCÍA: Tales señas me vaya dando,
don Juan, que voy sospechando
que la sabéis como yo.
JUAN: No estoy de todo ignorante,
aunque todo no lo sé;650
dijéronme no sé qué
confusamente, bastante
a tenerme deseoso
de escucharos la verdad,
forzosa curiosidad655
en un cortesano ocioso…
(o en un amante con celos). AparteDon FÉLIX habla aparte a don JUAN
FÉLIX: Advertid cuán sin pensar
os han venido a mostrar
vuestro contrario los cielos.660
GARCÍA: Pues a la fiesta atended:
contaréla, ya que veo
que os fatiga ese deseo.
JUAN: Haréisnos mucha merced.
GARCÍA: Entre las opacas sombras665
y opacidades espesas
que el soto formaba de olmos
y la noche de tinieblas,
se ocultaba una cuadrada,
limpia y olorosa mesa,670
a lo italiano curiosa,
a lo español opulenta.
En mil figuras prensados
manteles y servilletas,
sólo envidiaron las almas675
a las aves y a las fieras.
Cuatro aparadores puestos
en cuadra correspondencia,
la plata blanca y dorada,
vidrios y barros ostentan.680
Quedó con ramas un olmo
en todo el Sotillo apenas,
que de ellas se edificaron,
en varias partes, seis tiendas.
Cuatro coros diferentes685
ocultan las cuatro de ellas;
otra, principios y postres,
y las vïandas, la sexta.
Llegó en su coche mi dueño,
dando envidia a las estrellas;690
a los aires, suavidad,
y alegría a la ribera.
Apenas el pie que adoro
hizo esmeraldas ya hierba,
hizo cristal la corriente,695
las arenas hizo perlas,
cuando, en copia disparados
cohetes, bombas y ruedas,
toda la región del fuego
bajó en un punto a la tierra.700
Aun no las sulfúreas luces
se acabaron, cuando empiezan
las de veinte y cuatro antorchas
a oscurecer las estrellas.
Empezó primero el coro705
de chirimías; tras ellas,
el de las vihuelas de arco
sonó en la segunda tienda.
Salieron con suavidad
las flautas de la tercera,710
y, en la cuarta, cuatro voces,
con guitarras y arpas suenan.
Entre tanto, se sirvieron
treinta y dos platos de cena,
sin los principios y postres,715
que casi otros tantos eran.
Las frutas y las bebidas
en fuentes y tazas hechas
del cristal que da el invierno
y el artificio conserva,720
de tanta nieve se cubren,
que Manzanares sospecha,
cuando por el Soto pasa,
que camina por la sierra.
El olfato no está ocioso725
cuando el gusto se recrea,
que de espíritus süaves,
de pomos y cazolejas
y distilados sudores
de aromas, flores y hierbas,730
en el Soto de Madrid
se vio la región sabea.
en un hombre de diamantes,
delicadas de oro flechas,
que mostrasen a mi dueño735
su crueldad y mi firmeza,
al sauce, al junco y la mimbre
quitaron su preeminencia;
que han de ser oro las pajas
cuando los dientes son perlas.740
En esto, juntas en folla,
los cuatro coros comienzan,
desde conformes distancias,
a suspender las esferas;
tanto que, envidioso Apolo,745
apresuró su carrera,
de todas estas estrellas.
porque el principio del día
pusiese fin a la fiesta.
JUAN: ¡Por Dios, que la habéis pintado750
de colores tan perfetas,
que no trocara el oírla
por haberme hallado en ella!
TRISTÁN: (¡Válgate el diablo por hombre! Aparte
­Que tan de repente pueda755
pintar un convite tal
que a la verdad misma venza!)
Hablan don JUAN y don FÉLIX aparte
JUAN: ¡Rabio de celos!
FÉLIX: No os dieron
del convite tales señas.
JUAN: ¿Qué importa, si en la sustancia,760
el tiempo y lugar concuerdan?
GARCÍA: ¿Qué decís?
JUAN: Que fue el festín
más célebre que pudiera
hacer Alejandro Magno.
GARCÍA: ¡Oh! Son niñerías éstas765
ordenadas de repente.
Dadme vos que yo tuviera
para prevenirme un día,
que a las romanas y griegas
fiestas que al mundo admiraron770
nueva admiración pusiera.
Don GARCÍA mira adentro. Hablan don FÉLIX y don JUAN aparte
FÉLIX: Jacinta es la del estribo,
en el coche de Lucrecia.
JUAN: Los ojos a don García
se le van, por Dios, tras ella.775
FÉLIX: Inquieto está y divertido.
JUAN: Ciertas son ya mis sospechas.
LOS DOS: Adiós.
FÉLIX: Entrambos a un punto
fuisteis a una cosa mesma.780
Vanse don JUAN y don FÉLIX
TRISTÁN: (No vi jamás despedida Aparte
tan conforme y tan resuelta).
GARCÍA: Aquel cielo, primer móvil
de mis acciones, me lleva
arrebatado tras sí.785
TRISTÁN: Disimula y ten paciencia,
que el mostrarse muy amante,
antes daña que aprovecha,
y siempre he visto que son
venturosas las tibiezas.790
Las mujeres y los diablos
caminan por una senda,
que a las almas rematadas
ni las siguen ni las tientan;
que el tenellas ya seguras795
les hace olvidarse de ellas,
y sólo de las que pueden
escapárselas se acuerdan.
GARCÍA: Es verdad, mas no soy dueño
de mí mismo,800
TRISTÁN: Hasta que sepas
extensamente su estado,
no te entregues tan de veras;
que suele dar, quien se arroja
creyendo las apariencias,
en un pantano cubierto805
de verde, engañosa hierba.
GARCÍA: Pues hoy te informa de todo.
TRISTÁN: Eso queda por mi cuenta.
Y agora, antes que reviente,
dime, por Dios, ¿qué fina llevas810
en las ficciones que he oído?
Siquiera para que pueda
ayudarte, que cogernos
en mentira será afrenta.
Perulero te fingiste815
con las damas.
GARCÍA: Cosa es cierta,
Tristán, que los forasteros
tienen más dicha con ellas,
y más si son de las Indias,
información de riqueza.820
TRISTÁN: Ese fin está entendido;
mas pienso que el medio yerras,
pues han de saber al fin
quién eres.
GARCÍA: Cuando lo sepan,
habré ganado en su casa825
o en su pecho ya las puertas
con ese medio, y después,
yo me entenderé con ellas.
TRISTÁN: Digo que me has convencido,
señor; mas agora venga830
lo de haber un mes que estás
en la corte. ¿Qué fin llevas,
habiendo llegado ayer?
GARCÍA: Ya sabes tú que es grandeza
esto de estar encubierto835
o retirado en su aldea,
o en su casa descansando.
TRISTÁN: ¡Vaya muy en hora buena!
Lo del convite entre agora.
GARCÍA: Fingílo, porque me pesa840
que piense nadie que hay cosa
que mover mi pecho pueda
a envidia o admiración,
pasiones que al hombre afrentan.
Que admirarse en ignorancia,845
como envidiar es bajeza.
Tú no sabes a qué sabe
cuando llega un portanuevas
muy orgulloso a contar
una hazaña o una fiesta,850
taparle la boca yo
con otra tal, que se vuelva
con sus nuevas en el cuerpo
y que reviente con ellas.
TRISTÁN: ¡Caprichosa prevención,855
si bien peligrosa treta!
La fábula de la corte
serás, si la flor te entrevan.
GARCÍA: Quien vive sin ser sentido,
quien sólo el número aumenta860
y hace lo que todos hacen,
¿en qué difiere de bestia?
Ser famosos en gran cosa,
el medio cual fuere sea.
Nómbrenme a mí en todas partes,865
y murmúrenme siquiera;
pues, uno, por ganar nombre,
abrasó el templo de Efesia.
Y, al fin, es éste mi gusto,
que es la razón de más fuerza.870
TRISTÁN: Juveniles opiniones
sigue tu ambiciosa idea,
y cerrar has menester
en la corte, la mollera.
Vanse don GARCÍA y TRISTÁN
[Sala en casa de don SANCHO]
Salen JACINTA e ISABEL, con mantos, y don BELTRÁN y don SANCHO
JACINTA: ¿Tan grande merced?875
BELTRÁN: No ha sido
amistad de un solo día
la que esta casa y la mía,
si os acordáis, se han tenido;
y así, no es bien que extrañéis
mi visita.880
JACINTA: Si me espanto
es, señor, por haber tanto
que merced no nos hacéis.
Perdonadme que, ignorando
el bien que en casa tenía,
me tardé en la Platería,885
ciertas joyas concertando.
BELTRÁN: Feliz pronóstico dais
al pensamiento que tengo,
pues cuando a casaros vengo
comprando joyas estáis.890
Con don Sancho, vuestro tío,
tengo tratado, señora,
hacer parentesco agora
nuestra amistad, y confío
–puesto que, como discreto,895
dice don Sancho que es justo
remitirse a vuestro gusto–
que esto ha de tener efeto.
Que, pues es la hacienda mía
y calidad tan patente,900
sólo falta que os contente
la persona de García.
Y aunque ayer a Madrid vino
de Salamanca el mancebo,
y de envidia el rubio Febo905
le ha abrasado en el camino,
bien me atreveré a ponello
ante vuestros ojos claros,
fïando que de agradaros
desde la planta al cabello,910
si licencia le otorgáis
para que os bese la mano.
JACINTA: Encarecer lo que gano
en la mano que me dais,
si es notorio, es vano intento,915
que estimo de tal manera
las prendas vuestras, que diera
luego mi consentimiento,
a no haber de parecer
–por mucho que en ello gano–920
arrojamiento liviano
en una honrada mujer.
Que el breve determinarse
es cosa de tanto peso,
o es tener muy poco seso925
o gran gana de casarse.
Y en cuanto a que yo lo vea
me parece, si os agrada,
que, para no arriesgar nada,
pasando la calle sea.930
Que si, como puede ser
y sucede a cada paso,
después de tratarlo, acaso
se viniese a deshacer,
¿de qué me hubieran servido,935
o qué opinión me darán
las visitas de un galán
con licencias de marido?
BELTRÁN: Ya por vuestra gran cordura,
si es mi hijo vuestro esposo,940
le tendré por tan dichoso
como por vuestra hermosura.
SANCHO: De prudencia puede ser
un espejo la que oís.
BELTRÁN: No sin causa os remitís,945
don Sancho, a su parecer.
Esta tarde, con García,
a caballo pasaré
vuestra calle.
JACINTA: Yo estaré
detrás de esa celosía.950
BELTRÁN: Que le miréis bien os pido,
que esta noche he de volver,
Jacinta hermosa, a saber
cómo os haya parecido.
JACINTA: ¿Tan apriesa?955
BELTRÁN: Este cuidado
no admiréis, que es ya forzoso;
pues si vine deseoso
vuelvo agora enamorado.
Y adiós.
JACINTA: Adiós.
Habla don BELTRÁN a don SANCHO
BELTRÁN: ¿Dónde vais?
SANCHO: A serviros.960
BELTRÁN: No saldré.
SANCHO: Al corredor llegaré
con vos, si licencia dais.
Vanse los dos
ISABEL: Mucha priesa te da el viejo.
JACINTA: Yo se la diera mayor,
pues también le está a mi honor,965
si a diferente consejo
no me obligara el amor;
que, aunque los impedimentos
del hábito de don Juan
–dueño de mis pensamientos–970
forzosa causa me dan
de admitir otros intentos,
como su amor no despido,
por mucho que lo deseo
–que vive en el alma asido–975
tiemblo, Isabel, cuando creo
que otro ha de ser mi marido.
ISABEL: Yo pensé que ya olvidabas
a don Juan, viendo que dabas
lugar a otras pretensiones.980
JACINTA: Cáusanlo estas ocasiones,
Isabel, no te engañabas.
Que como ha tanto que está
el hábito detenido,
y no ha de ser mi marido985
si no sale, tengo ya
este intento por perdido.
Y así, para no morirme,
quiero hablar y divertirme,
pues en vano me atormento;990
que en un imposible intento
no apruebo el morir de firme.
Por ventura encontraré
alguno que tal merezca,
que mano y alma le dé.995
ISABEL: No dudo que el tiempo ofrezca
sujeto digno a tu fe;
y, si no me engaño yo,
hoy no te desagradó
el galán indiano.1000
JACINTA: Amiga,
¿quieres que verdad te diga?
Pues muy bien me pareció.
Y tanto, que te prometo
que si fuera tan discreto,
tan gentilhombre y galán1005
el hijo de don Beltrán,
tuviera la boda efeto.
ISABEL: Esta tarde le verás
con su padre por la calle.
JACINTA: Veré sólo el rostro y talle;1010
el alma, que importa más,
quisiera ver con hablalle.
ISABEL: Háblale.
JACINTA: Hase de ofender
don Juan si llega a sabello,
y no quiero, hasta saber1015
que de otro dueño he de ser,
determinarme a perdello.
ISABEL: Pues da algún medio, y advierte
que siglos pasas en vano,
y conviene resolverte,1020
que don Juan es, de esta suerte,
el perro del hortelano.
Sin que lo sepa don Juan
podrás hablar, si tú quieres,
al hijo de don Beltrán;1025
que, como en su centro, están
las trazas en las mujeres.
JACINTA: Una pienso que podría
en este caso importar.
Lucrecia es amiga mía;1030
ella puede hacer llamar
de su parte a don García;
que, como secreta esté
yo con ella en su ventana,
este fin conseguiré.1035
ISABEL: Industria tan soberana
sólo de tu ingenio fue.
JACINTA: Pues parte al punto, y mi intento
le di a Lucrecia, Isabel.
ISABEL: Sus alas tomaré al viento.1040
JACINTA: La dilación de un momento
le di que es un siglo en él.
Sale don JUAN, al encuentro
JUAN: ¿Puedo hablar a tu señora?
ISABEL: Sólo un momento ha de ser,
que de salir a comer1045
mi señor don Sancho es hora.
Vase ISABEL
JUAN: Ya, Jacinta, que te pierdo,
ya que yo me pierdo, ya…
JACINTA: ¿Estás loco?
JUAN: ¿Quién podrá
estar con tus cosas cuerdo?1050
JACINTA: Repórtate y habla paso,
que está en la cuadra mi tío.
JUAN: Cuando a cenar vas al río,
¿cómo haces de él poco caso?
JACINTA: ¿Qué dices? ¿Estás en ti?1055
JUAN: Cuando para trasnochar
con otro tienes lugar,
¿tienes tío para mí?
JACINTA: ¿Trasnochar con otro? Advierte
que, aunque eso fuese verdad,1060
era mucha libertad
hablarme a mí de esa suerte;
cuanto más que es desvarío
de tu loca fantasía.
JUAN: Ya sé que fue don García1065
el de la fiesta del río;
ya los fuegos que a tu coche,
Jacinta, la salva hicieron;
ya las antorchas que dieron
sol al soto a media noche;1070
ya los cuatro aparadores
con vajillas varïadas;
las cuatro tiendas pobladas
de instrumentos y cantores.
Todo lo sé; y sé que el día1075
te halló, enemiga, en el río;
di agora que “es desvarío
de mi loca fantasía.”
Di agora que es libertad
el tratarte de esta suerte,1080
cuando obligan a ofenderte
mi agravio y tu liviandad.
JACINTA: ¡Plega a Dios!…
JUAN: Deja invenciones.
Calla, no me digas nada,
que en ofensa averiguada1085
no sirven satisfacciones.
Ya falsa, ya sé mi daño;
no niegues que te he perdido;
tu mudanza me ha ofendido,
no me ofende el desengaño.1090
Y aunque niegues lo que oí,
lo que vi confesarás;
que hoy lo que negando estás
en sus mismos ojos vi.
Y su padre, ¿qué quería1095
agora aquí? ¿Qué te dijo?
¿De noche estás con el hijo
y con el padre de día?
Yo lo vi; ya mi esperanza
en vano engañar dispones;1100
ya sé que tus dilaciones
son hijas de tu mudanza.
Mas crüel, ¡vive los cielos,
que no has de vivir contenta!
Abrásete, pues revienta,1105
este volcán de mis celos.
El que me hace desdichado
te pierda, pues yo te pierdo.
JACINTA: ¿Tú eres cuerdo?
JUAN: ¿Cómo cuerdo,
amante y desesperado?1110
JACINTA: Vuelve, escucha; que si vale
la verdad, presto verás
qué mal informado estás.
JUAN: Voyme, que tu tío sale.
JACINTA: No sale; escucha, que fío1115
satisfacerte.
JUAN: Es en vano,
si aquí no me das la mano.
JACINTA: ¿La mano? Sale mi tío.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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