Tragedia de la gran Semíramis — Jornada I

TRAGEDIA DE LA GRAN SEMÍRAMIS

Cristóbal de Virués

Texto basado en varias ediciones tempranas de esta comedia siendo testigos las varias otras ediciones consultadas en la preparación del texto aquí presentado. Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1998.


Personas que hablan en ella:

  • NINO, rey de Asiria
  • MENÓN, su capitán general
  • SEMÍRAMIS, mujer de Menón
  • Zameis NINIAS, hijo de Nino y de Semíramis
  • JANTO, consejero del rey
  • CREÓN, consejero del rey
  • TROILO, consejero del rey
  • ORISTENES, consejero del rey
  • ZOPIRO, criado de Menón
  • ZELANDO, soldado
  • TIGRIS, soldado
  • TELEUCRO, soldado
  • GIÓN, soldado
  • DIARCO, portero
  • PUEBLO
  • PRÓLOGO
  • TRAGEDIA

PRÓLOGO


Como el sabio pintor en varias formas
con los colores y pinceles muestra
de fuertes y prudentes capitanes,
de poderosos príncipes y reyes,
las célebres vitorias y altos triunfos5
dignos de eterna y memorable historia
para dechado de las almas nobles
que al punto excelso de virtud aspiran,
así el poeta con divino ingenio,
y con una invención cómica alegre10
ya con un caso trágico admirable
nos hace ver en el teatro y escena
las miserias que traen nuestros pechos,
como el agua del mar los bravos vientos
y todo para ejemplo con que el alma15
se despierte el sueño torpe y vano
en que la tienen los sentidos flacos,
y mire y siga la virtud divina;
con este fin, con este justo intento
hoy en su traje trágico se ofrece20
la vida y muerte de la gran Semíramis,
tirana reina de la grande Asiria.
Y solamente, porque importa, advierto
que esta tragedia, con estilo nuevo
que ella introduce, viene en tres jornadas25
que suceden en tiempos diferentes:
en el sitio de Batra la pirmera,
en Níneve famosa la segunda,
la tercera y final en Babilonia.
Formando en cada cual una tragedia30
con que podrá toda la de hoy tenerse
por tres tragedias, no sin arte escritas.
Ni es menor novedad que la que dije
de ser primera en ser de tres jornadas,
y de esto al fin y lo demás se advierta35
con su alto ingenio cada cual, y admita
lo que más la virtud en sí despierte,
que es el fin justo a que aspirar se debe.

JORNADA PRIMERA


MENÓN, SEMÍRAMIS, en hábito de hombre, ZOPIRO

MENÓN: El fiero son del temeroso asalto,
que enciende y hiela los humanos pechos,
subía por el aire a lo más alto
de los eternos estrellados techos,
cuando, con amoroso sobresalto,
en medio de la armas y pertrechos
me dieron, mi dulcísima querida,
nueva de vuestra súbita venida.
Arremetía ya el abierto muro,
puestos los ojos en la gloria y fama;
pero sabiendo que llegastes, juro
que me trajo volando a vos mi llama
y, aunque el honor viniendo me aventura,
verá quien me juzgare, si me infama,
que importa más gozar de vos, mi cielo,
que cuanta gloria puede darme el suelo.
Semíramis querida, ¿es cierto, es cierto
que llegastes a ver al que os adora;
al que es sin vos un cuerpo casi muerto
que eternamente gime, pena y llora?
SEMÍRAMIS: Amado esposo, alegre y dulce puerto
de mis deseos, si llegara ahorad
a ser universal reina del mundo,
al bien de veros fuera bien segundo.
MENÓN: Era tal el dolor de verme ausente
de vos, que sois mi bien, mi gozo i gloria;
acrecentava tanto el fuego ardiente
de mis dulces deseos la memoria,
que tuviera sin duda la inclemente
muerte ya de mi vida la vitoria,
si no esperara verme en esos ojos,
que convierten en glorias mis enojos.
No los peligros de la guerra airada
ni sus trances crüeles y furiosos,
no el ver la frágil vida aventurada
en los bravos rencuentros temerosos,
no el ver de la Fortuna la enojada
cara, con mil desdenes rigurosos,
mellaran de mi pecho los azeros,
sino solo dejar, mi bien, de veros.
Y no vitorias que la guerra ofrezca,
ni prósperos sucesos y grandezas;
ni ver que mi, apellido y nombre crezca
con hazañas notables y proezas;
ni ver que la Fortuna me enriquezca
con sus mayores bienes y riquezas,
darán contento a esta alma que os adora,
sino sólo gozar de vos, señora.
SEMÍRAMIS: Según eso podéis estar contento,
Menón, querido esposo, pues os pago
con otro tal vuestro amoroso intento,
y con mi fe la vuestra satisfago;
y si es verdad que lo que digo siento
bien lo podéis juzgar por lo que hago,
en haber emprendido este vïaje
con éste al mío diferente traje.
Pero dejemos cosas tan sabidas,
como son las conformes voluntades
que tienen abrazadas nuestras vidas
para firmes y eternas amistades,
decidme las cosas sucedidas
en la gran rebelión de estas ciudades,
y el punto de la guerra, y algún hecho
de vuestro valeroso brazo y pecho.
MENÓN: De mí no hay que decir más de que atiendo
por segunda persona del gran Nino
a mi gobierno y cargo, prosiguiendo
de la alta gloria el áspero camino,
a los graves peligros ofreciendo,
con el favor de mi fatal destino,
esta vida, que sólo por ser vuestra
la Fortuna le da la amiga diestra.
La guerra siempre ha sido y es tan brava,
tan crüel, tan sangrienta y rigurosa,
que al cielo parecía que admiraba,
y a la tierra tenía temerosa;
el Sol con tristes rayos lo mostraba
y con la faz sangrienta y tenebrosa,
y de la triste tierra mil temblores,
mostraban sus espantos y temores.
Pero ¿cuál cielo o tierra o elemento,
cuál animal, cuál piedra o cuál acero
dejará de mostrar gran sentimiento
habiendo visto aquel conflito fiero
en que murieron un millón y un cuento
de hombres de las dos partes, y el primero
el sabio Zoroastes, rey famoso
de este pueblo soberbio y belicoso?
Retiróse después de esta batalla
el príncipe Alejandro con la gente,
dentro de esta fortísima muralla
adonde se defiende osadamente;
ningún ardid, ninguna fuerza halla
aunque mil cada día Nino intente,
para poder entrar la fuerte tierra
en diez meses que dura el cerco y guerra.
Hoy con todo el ejército arremete
a la fuerte ciudad por cinco partes,
y son, sin el asalto de hoy, ya siete
sin mellar sus soberbios baluartes.
SEMÍRAMIS: ¿Y cómo por aquí no se acomete?
MENÓN: En vano son las fuerzas y las artes
para sitio tan áspero y tan fuerte.
SEMÍRAMIS: Antes, señor, es flaco y llano. Advierte:
En estos altos riscos confïados
tienen, según lo veo, sin defensa
todas estas almenas los cercados,
seguros de tener por aquí ofensa,
y assí mientras que de esto descuidados
acuden todos a la furia inmensa
de la gente de Nino, fácilmente
subir por aquí puede alguna gente.
MENÓN: No digáis más, señora, que ya al cabo
estoy de vuestro heroico pensamiento;
el consejo discreto y sabio alabo
y en obra le pondré luego al momento.
Zopiro, vuela y llámame a Zelabo
y di que, con presteza de ave o viento
y con sus valerosas camaradas,
hasta aquí siga en vuelo tus pisadas.
ZOPIRO: Yo voy volando.
MENÓN: Ve en un punto y vuelve.
I vos, dulce Semíramis, querida,
al corazón que en fuego se resuelve
y en él, cual Fénix, halla nueva vida,
mientras vuestro valor y ser revuelve
dadle en vuestra alma albergue y acogida,
para que entienda de ella las grandezas
y goze sus tesoros y riquezas.
De ese divino espíritu que anima,
esa belleza única en el mundo,
de ese divino aviso que es la prima,
y de ese rico ingenio sin segundo,
de ese valor que pone espanto y grima,
y de ese entendimiento tan profundo,
tan acertado aviso estaba cierto.
SEMÍRAMIS: Tengo vuestra alma en mí y por esso acierto.

Salen ZOPIRO, ZELABO, TIGRIS, GIÓN, y TELEUCRO

ZELABO: Capitán valeroso y señor mío,
¿qué se ofrece en que emplee mi persona
y las de de Tigris, Gión y Teleucro?
MENÓN: Seas, Zelabo amigo, bien llegado.
Sabiendo tu valor, esfuerzo y honra
y la de tus valientes camaradas,
os envié a llamar, para que un caso
emprendáis, digno del heroico pecho
que cada cual en otros ha mostrado;
por esta parte veo sin defensa
al enemigo, por la confïanza
que en estas peñas enriscadas tiene.
Pienso, sin duda, amigos míos fieles,
que, si arrimáis escalas, fácilmente
podéis veros los cuatro sobre el muro,
y en él subidos, en lo demás callo,
pues sé lo que sabéis en tales trances
y lo que pueden vuestras manos fuertes.
ZELABO: Tigris, trae volando aquí una escala;
y tú, famoso general, advierte
que primero verás hechos pedazos
los cuerpos de estas fuertes camaradas
y el de Zelabo, tu mayor amigo,
que vernos retirar un pie si acaso;
para poner los nuestros sobre el muro
la Fortuna nos da la amiga mano.
TIGRIS: Ya la escala y el ánimo están prestos.
ZELABO: Pues arrímala luego al fuerte muro,
y con vuestra licencia yo el primero
subo por ella al trono de la gloria,
donde la eternidad ponga mi nombre
en boca de la Fama pregonera
de heroicos hechos como el que emprendemos.
TIGRIS: Yo te sigo con deseo ardiente
de ser segundo en tus famosas obras.
GIÓN: Yo, a tales dos, procuro ser tercero,
para que llegue el nombre de mi espada
donde llegan mis altos pensamientos.
TELEUCRO: Y si entre tales tres yo fuere cuatro,
gloria será que podré ser con ella
famoso eternamente en todo el mundo.
MENÓN: Ea, valientes y animosos hombres,
que éste es el día que os ofrece el cielo,
pues demás del honor, que es primer prenda,
el segundo que yo ofreceros puedo
debaxo de mi fe y palabra, ofrezco
que será cual merecen vuestros pechos.
ZOPIRO: I yo con tu licencia también subo.
MENÓN: No esperaba yo menos de tu espíritu.
ZELABO: ¡Mueran, mueran; victoria, Asiria, Nino!
PUEBLO: ¡Libertad, Batra, al arma, al arma, al arma!

Vanse. Después de gran batalla dentro,
salen NINO, MENÓN, SEMÍRAMIS, ZELABO, TIGRISs,
GIÓN, TELEUCRO,y ZOPIRO

NINO: Soldados valerosos y prudentes,
del suelo y cetro Asirio honor y gloria
para todos los siglos y las gentes
a vosotros se debe la vitoria
y el alto triunfo de este alegre día,
de quien tendrá la eternidad memoria.
Vuestra prudencia y vuestra valentía
han dado honroso fin a mi jornada,
cuando la suerte en duda le tenía;
y assí vuestra alta empresa y señalada,
demás del premio eterno que grangea,
por mí será también gratificada.
Haré yo, buen Zelabo, que se vea
por el premio que os diere cuál fué hecho
y que en él mire quien valer dessea.
ZELABO: El premio es agradarte, y satisfecho
cada cual de nosotros queda, habiendo
en tu servicio este servicio hecho,
del cual sólo Menón la causa siendo
a él sólo, señor, todo se debe
cuanto yo pude obrar obedeciendo.
MENÓN: No es bien, Zelabo, que el oído cebe
en esas tus corteses alabanzas
sin que con cortesía las reprueve;
tú el premio, tú el honor, Zelabo, alcanzas
con tus fuertes y honrados compañeros.
NINO: Cesen los cumplimientos y crïanzas.
Todos sois valerosos cavalleros;
todos mostráis prudencia y fortaleza,
dos cosas contra quien no hay ofendederos,
y sepa yo quién fué de esta proeza
el inventor.
ZELABO: Menón.
MENÓN: Señor, no ha sido
sino esta sierva tuya.
SEMÍRAMIS: Vuestra Alteza
me dé la mano.
NINO: Levantaos; yo os pido
que el caso me contéis extensamente,
y quién es el que es hombre en el vestido
y vos le dais el nombre diferente.

MENÓN: Cuando tuve el gobierno de la Siria
poderoso monarca, y Rey del mundo,
tus haciendas y tierras visitando
al lago de Ascalón llegué, do estaba
Sima, el gran mayoral de tus ganados,
en cuya casa como me alojase
a Semírarnis vi, su hija única,
de la cual me pagué tanto, que luego
la pedí por mujer al viejo padre,
que me la dió con gran contento y gusto;
y yo la recibí con gozo y gloria;
de allí vine a servirte en esta guerra,
y a mi mujer de allí la embié a Nínive
donde ha estado, aunque sola, acompañada
de mis padres, mis deudos y mi alma.
No la quise traer comigo entonces
así por excusarle los trabajos
del militar desasosiego, como
por pensar que la guerra fuera breve;
pero viendo alargarse la jornada
y crecer la pasión en mi de ausencia,
pedíle que viniese a verme, y ella,
en este traje puesta, vino, a causa
de venir más segura y desenvuelta.
Hoy llegó, y en llegando, como supo
de mí el asalto que se daba a Batra
y viese este lugar, ella dió el orden
que Zelabo y los suyos han tenido
para hazer la varonil hazaña,
y éste es extensa y brevemente el caso.
NINO: Hame puesto, por cierto, maravilla;
pero, Menón, antes que sea más tarde,
id a poner en orden el ejército,
haciendo que la gente se retire
a sus alojamientos y que quede
la ciudad con la guardia que conviene;
Zelabo y los demás que están presentes
vayan con vos, y en tanto, en este puesto
puede quedar Semíramis conmigo.
MENÓN: Haráse todo lo que mandas luego.

Vase MENÓN

NINO: Que de Nínive llegáis
¿es posible? ¿Creerélo?
Por cierto en lo que mostráis
antes creo que del cielo,
hermosa dama, bajáis.
Y está muy claro de ver
que esa belleza y aviso
dan cierto indicio de ser
un Ángel del Paraíso,
no, como fingís, mujer;
pero si sois verdadera
mujer, y yo devaneo,
pienso que sois lo que fuera
un Ángel, a lo que creo,
si un Ángel cuerpo tuviera.
Casi más que naturales
mil cosas en vos se ven
con que dais claras señales
de las que por fe se creen
de espíritus celestiales.
Hasta aquí en las más hermosas
lo más que visto se ha
es una mezcla de cosas
que son tenidas acá
por más lindas y preciosas;
Y éstas con tanta belleza,
con tal orden y artificio
puestas por Naturaleza
que den admirable indicio
de su poder y grandeza.
Mas es sobrenatural
cuanto en vos miro y contemplo,
y así creo viéndoos tal,
que sois verdadero ejemplo
del divino original;
que en vos la descompostura
cuanto más queráis usarla
vencerá a la compostura
donde más perficionarla
naturaleza procura,
y vuestra sombra será
luz más eficaz y clara
que la luz que ella dará
a la más hermosa y rara
imagen que pintará.
¡Oh, cuán bienaventurado!
¡Oh, cuán de veras dichoso
es, señora, el que ha llegado
a ser vuestro amado esposo,
a ser vuestro esposo amado!
Y quizá, si a mano viene,
no lo sabrá conocer,
que ordinariamente aviene
no saber hombre entender
la dicha cuando la tiene.
No fuera Nino Menón,
aunque Menón fuera Nino.
(Mas ¡qué poco corazón! Aparte
Si a serlo me determino,
¿quién hará contradicción?
Mas ¿Haréle fuerza yo?
Sí, pues me la hace a mí
el amor que me rindió.
¡Qué presto que he dicho sí!
¡Qué cierto agüero de un no!
Mas no es tiempo ya de estar
suspenso ni embelesado;
quiéreme aquí remediar,
pues la Fortuna me ha dado
ocasión, tiempo, y lugar.)
Bella Semíramis, veo...
SEMÍRAMIS: Señor, no me digas más;
ya adivino tu deseo.
NINO: Con adivinar harás
que crea más lo que creo,
que es de potencias divinas
el adivinar; mas di,
señora, lo que adivinas.
SEMÍRAMIS: Adivino lo que oí
Y entiendo lo que imaginas.
Creo que quieres hacer
contra toda ley y fuero
aquesta triste mujer
de mujer de un cavallero
esclava de tu querer.
NINO: No sufriré tal; agora
digo que adivinas mal,
por mi esposa y mi señora
te quiero, y hacerte igual
con esta alma que te adora.
SEMÍRAMIS: Príncipe y señor, pues miras
a la obligación que tienes
y de la pasión retiras
la razón con que te avienes
en las obras con que admiras,
y pues a tus pensamientos
tu generoso valor
dió siempre fines contentos
haciéndote vencedor
contra mil fieros intentos,
ese valor tan profundo
no te falte agora aquí
si le quieres sin segundo,
pues es más vencerse a sí
que vencer a todo el mundo.
Y más que será notado
en un rey tan poderoso,
ya que así lo hayas pensado,
hacerse por fuerza esposo
de esposa de su crïado.
NINO: No curéis de adelgazar
tanto lo que hace un rey,
pues es de considerar
que su voluntad es ley
y cual ley se ha de guardar;
y más viendo que le fuerza
al rey otro rey mayor
y en su pretensión se esfuerza,
que es el poderoso Amor,
contra quien ni hay ley ni fuerza.
Así que dejando aparte
livianos inconvenientes
faltos de razón y de arte,
tomad los casos presentes
como el Amor los reparte;
y no os duela de Menón
que le daré por mujer
en vuestra satisfación
quien no lo pudiera ser
sino por vuestra ocasión.
A mi hija le prometo,
y aunque pierde más en vos
y él es valiente y discreto,
no fueran pares los dos
sino por vuestro respeto;
así que él y vos y yo
ganamos, y siendo así,
pues el Amor lo ordenó
justo es que me deis el sí,
y sería injusto el no.
Dándome este sí, señora
de mis estados seréis
y de esta alma que os adora,
y estado al igual tendréis
del ánimo que en vos mora.
Así vuestro ser tendrá
el grado que le conviene
sin quien sin razón está;
mas Menón veo que viene
y él por mí os lo rogará.

Sale MENÓN

MENÓN: Queda, señor, como mandaste en orden
la gente del ejército y del pueblo;
la una por cuarteles dividida
y la otra rendida ya y sujeta.
Hay un cuerpo de guardia en cada plaza
de aquel cuartel que cada nación tiene,
y en el Alcázar alojé tu guardia
y allí Creonte, su Capitán, queda
repartiendo las guardas y las postas,
allí también, porque en estremo es grande
el Alcázar real y fuerte y rico,
la gente de tu casa y corte alojan;
al fin todos están bien repartidos
y todo está en el orden que conviene.
Yo llegué a tiempo cuando fui al Alcázar
que pude entrar con la primera gente
que al saco de él entraba codiciosa,
y subiendo el primero, en una cuadra,
después de unos hermosos corredores
y de dos grandes salas, entré, y hallo
en ella una visión horrenda y brava,
un horrendo espetáculo espantoso,
al príncipe Alejandro, desarmado,
vi tinto en sangre desde el pie a la frente
sin espada ni daga, sino sola
esta soga crüel, con que ahorcado
estaba de las verjas de una reja,
que a aquella cuadra sale de un retrete.
Al tiempo que yo entré, aún vi las piernas
y los brazos moverse, y sentí un grito
ronco, triste, espantoso y mal formado.
Corrí volando, y con la espada al punto
corté la soga para darle vida,
pero por presto que lo hice, tarde
fué para el desdichado de Alejandro,
que sin alma cayó ante mí, poniendo
terrible horror y lástima y espanto
a los que vimos el doliente caso.
Ésta es la soga que quité al cuitado,
que la traje conmigo para ejemplo
de los crüeles casos de Fortuna.
NIN0: También quiso mostrarnos Alexandro
su furor diabólico en la muerte,
como en la vida justa paga tiene
de sus soberbios y arrogantes hechos;
pero dejemos estas cosas, y oye,
Menón querido, una en que mi gusto,
mi contento y mi gloria se atraviesan.
MENÓN: No es otro mi deseo y mi cuidado
sino que tú, señor, de cualquier suerte
de gloria y de contento y gusto goces.

NINO: Ya sabes el aviso y la belleza
de Susana, mi hija tan amada;
ya de su estado y sangre la grandez
está, Menón, bien claro averiguada,
y que de mis tesoros la riqueza
por dote para ella está guardada,
a ella, pues, con cuanto la enriquezco
en trueco de Semíramis te ofrezco.
Quiero decir, Menón, que a tu querida
Semíramis me des por mujer mía
y tomes tú a Susana, enriquecida
de toda mi riqueza y monarquía;
y es justo de ti ser agradecida
esta mi petición y cortesía,
pues siendo yo tu rey te pido aquello
que de potencia puedo yo tenello.
Las gracias de Semíramis me han hecho
tan suyo ¡oh, mi Menón! que te prometo
que consumiera mi encendido pecho
si te tuviera mi desseo secreto.
Haz por tu Rey este amoroso hecho
con voluntad, pues eres tan discreto;
dame un sí por respuesta, pues en pago
mi yerno y mi gobierno y Rey te hago.
MENÓN: Aunque suspenso, atónito y pasmado
me tiene tu demanda, señor mío,
y si es o no de veras lo tratado
no sepa ni distinga mi albedrío,
y aunque en confusas dudas engolfado
de acertar a salvarme desconfío,
en vez del sí, que pides por tal gusto,
a darte un "no" me fuerza el amor justo.
Y digo que aunque el cielo me atormente
con sus mayores fuerzas y tormentos
y tú, señor, airado e inclemente
pruebes en mí mil fieros pensamientos,
y aunque me abrase el fuego eterno ardiente
y un caos hagan de mí los elementos,
y aunque vuelva a no ser, que es mayor mengua,
no podrá dar tal sí jamás mi lengua.
NINO: ¡Oh, villano, grosero, mal nacido,
torpe, bárbaro, vil, desventurado!
¿Tal respuesta me das? Al fin ha sido
respuesta de villano vil rogado;
mas pues tan locamente has respondido
quedarás de tu loco osar pagado
con llevarme a Semíramis, sin darte
de ella, de mí, ni de mi hija parte.
MENÓN: Rey y señor, escucha, atiende, espera.
NINO: No me repliques, quédate; y advierte
que ha de ser esta vez la vez postrera
que he de hablarte, que he de oírte o verte.
Juro por Dios de darte la más fiera,
la más crüel, la más amarga muerte
que pueda dar un rey, si con destierro
no pagas tú la culpa de este yerro.

SEMÍRAMIS: Rey, mira que es injusto lo que hazes.
NINO: Ven tú conmigo.
SEMÍRAMIS: ¿Dónde, sin mi esposo?
NINO: Donde tenga tu ser lo que merece.
SEMÍRAMIS: ¡Oh, injusto apartamiento!
NINO: Basta, vamos.

MENÓN: ¡Oh, bárbaro inhumano,
ingrato a mis servicios,
crüel, tirano, inicuo, injusto y fiero!
Con rigurosa mano
en medio de tus vicios
mostrándose el gran Júpiter severo
te ponga en este miserable trago
y me dé con tu muerte justo pago.
Cansada y triste vida,
vida cansada y triste,
que como nave de contrarios vientos
acá y allá traída
nunca jamás pudiste
llegar a puerto con tus pensamientos,
sino por un inmenso mar de penas
corriendo has ido con las velas llenas.
No hagas resistencia,
no me impidas mi intento,
no me persigas más, no me atormentes,
huye de mi presencia,
deja ya tu aposento
a la remediadora de las gentes,
a la muerte dulcísima, que es sola
quien en mi bien las armas enarbola.
Alma desventurada,
si de la cárcel fuerte
en que estás con tan ásperas prisiones
prendida y amarrada
libre deseas verte,
no aguardes, si estas pierdes, ocasiones;
ésta donde la muerte el dardo vibra
y de tu muerte y tu pasión te libra.
Sin vos, cabello de oro;
sin vos, venerada frente;
sin los arcos del cielo, sin los soles,
que al inmenso tesoro
vencen del rico oriente,
y a las luces del cielo y arreboles,
y sin vos, boca que ganáis la raya
en olores a Arabia y a Pancaya;
sin vos, pecho de armiño,
adonde albergan junto
Mercurio, Marte, Júpiter, Diana,
y el poderoso Niño,
teniendo ahí en su punto
cuanto bien da naturaleza humana,
y sin las manos que en las blancas palmas
tienen mil corazones y mil almas;
Y, al fin, sin ti, señora,
que eres mi alma y vida,
no puedo yo vivir, no, no es posible;
llegue, pues, ya la hora
de la muerte querida
en que yo salga de este mal terrible.
Y tú, dulce Semíramis, si tienes
acuerdo aún de mis pasados bienes,
si de aquella dulzura,
si de aquel gozo y gloria,
y si de aquella firme confïanza
que en esta desventura
hacen tan triste historia
y entonces eran bienaventuranza,
y, al fin, si te acordares del constante
y rico amor de tu primer amante,
con lágrimas siquiera
celebra mi martirio,
y al alma que tu cielo sólo quiere
no le seas austera
cuando en el suelo asirio
sin ella el cuerpo de Menón cayere,
sino con tu piadoso pecho dale
albergue tal que con su fe se iguale.
Vos, lazo, que sacastes
de estas miserias tristes
al discreto Alejandro, en vos fïado,
el bien que le causastes,
la vida que le distes,
dadla también a aqueste desdichado,
pues, sin duda, el traeros fué que el cielo
quiere que vos me deis este consuelo.
Vos, lazo, que instrumento
sois para mi remedio,
no os conjuréis con mi contraria suerte,
sino cumplid mi intento,
sedme propicio medio
para que salga de esta triste muerte,
de esta muerte que llama vida el mundo
con ceguedad y con error profundo.
Soldados valerosos,
que cada passo y punto
ponéis la vida en manos de la muerte,
y en mil hechos famosos
el alma y vuestro punto
entregáis al rigor de vuestra suerte
siguiendo los furores y los gustos
de estos crueles príncipes injustos;
discretos cortesanos,
que con honrado intento
y con el alma de esperanzas llena
seguís estos tiranos,
sírvaos a todos mi rabiosa pena,
pues harto bien hará mi mala suerte
si a otro causa vida y a mí muerte.
Recibe, amada esposa,
mi alma con la tuya,
y tú, lazo, recibe esta garganta
con vuelta presurosa,
para que en breve huya
el alma de pasión y pena tanta,
y vos, aire, no deis el cuerpo amigo
a la tierra do reina mi enemigo.
Semíramis querida,
esposa mía amada,
gloria mía, llegaos, llegad la mano,
y en huyendo mi vida,
esta alma dedicada
a solo vuestro cielo soberano,
téngala en él la mano poderosa
que me distes, Semíramis, de esposa.
Ya voy, ya parto, espera,
señora, no te alejes.
Semíramis, no huyas de tu esposo,
y a la luciente esfera,
sobre los altos ejes
donde tienes tu trono suntüoso,
pues con tan grande fe te llamo y sigo,
llévame, mi Semíramis, contigo.

Vanse NINO y SEMÍRAMIS y por otra parte
MENÓN. Salen ZOPIRO, ZELABO

ZOPIRO: Notables casos, admirables hechos,
horrendos espetáculos se han visto,
hoy en esta ciudad, Zelabo amigo.
ZELABO: Estoy, Zopiro, atónito y pasmado,
que con haber tantas batallas visto,
tantos sacos y assaltos de ciudades,
digo que cuanto he visto junto es menos
de lo que hoy ha pasado de miseria
en este miserable y triste pueblo.
ZOPIRO: ¡Qué lástima era ver las damas bellas
tratadas por mil bárbaros soldados
tan rigurosa, tan violentamente!
¡Qué compasión el grito de los niños;
qué terneza los llantos de los viejos;
qué horror la muerte de los fuertes mozos;
qué temor la braveza y furia airada
de las crüeles armas vencedoras,
de las gentes indómitas feroces;
qué confusión el diligente saco;
el bullicioso ardiente y fiero robo
de la crüel y codiciosa gente;
qué espanto, qué recelo el fuego airado
que se prendía por los altos techos;
qué terror, qué fiereza los rumores,
las altas estampidas y estallidos
que las casas y templos, muro y torres
daban, viniendo con su peso abaxo!
¡Oh, soberano artífice del mundo,
y en cuán inormes formas se ha mosrado
la sangrienta crueldad en este día!...
ZELABO: Zopiro, ya es razón que demos vuelta
hacia palacio, que Menón no dudo
sino que ya estará en su alojamiento
gozando de Semíramis a solas.
ZOPIRO: Según la deseaba y según la ama
no hai duda en eso; vamos, como mandas.
ZELABO: ¡Eterno Dios! ¿Es ilusión, es sueño,
es fantasma, es demonio lo que veo?
ZOPIRO: ¡Ay, Zelabo querido, no es fantasma,
no es ilusión, no es sueño ni demonio,
sino Menón! ¡Menón el sin ventura!
ZELABO: ¿Quién le ha podido dar tan fiera muerte?
¿Quién a un hombre tan bueno así ha tratado?
ZOPIRO: ¿Qué consejo tendremos en tal caso?
¿Qué debemos hacer, Zelabo amigo?
ZELABO: Quitémosle de aquí, que es lo más justo,
y al rey le presentemos, pues es cierto
que según lo que el Rey le debe y ama
hará pesquisa y ejemplar castigo
de maldad tan enorme y tan horrenda.
ZOPIRO: Dices muy bien.
ZELABO: Desátale.
ZOPIRO: Sostenle.
ZELABO: Tenle tú de los pies.
ZOPIRO: Ya tengo.
ZELABO: Vamos.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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