TODO ES VENTURA
Juan Ruiz de Alarcón
Texto basado en la edición príncipe en PARTE PRIMERA DE LAS COMEDIAS DE DON JUAN RUIZ DE ALARCÓN (Madrid; Juan González, 1628). Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1998.
Personas que hablan en ella:
- TELLO, galán
- El DUQUE Alberto, galán
- Don ENRIQUE, galán
- El MARQUÉS, galán
- MARCELO, criado del duque
- FABIO, criado del duque
- JULIO, criado del duque
- SANCHO, criado del marqués
- CASTRO, escudero de Leonor
- Un ALGUACIL
- LEONOR, dama
- BELISA, dama
- CELIA, criada
- UN GALÁN, que acaba luego
- TRISTÁN, gracioso, criado de don Enrique
- Un PAJE
- GENTE
- ALGUACILES
JORNADA PRIMERA
Salen don ENRIQUE, TELLO y TRISTÁN
ENRIQUE: Tello…
TELLO: Señor …
ENRIQUE: Ya ha logrado
la Fortuna su intención,
pues mi larga pretensión
me ha traído a tal estado,
que no puedo sustentar5
los crïados que solía.
TRISTÁN: Negocio que cada día
sucede en este lugar.
A TELLO
ENRIQUE: Grande es Madrid. Muchos buenos
con quien medres hallarás;10
no puedes esperar más
ya de mí que ir siempre a menos.
Obligado estoy de ti;
conmigo te has de perder.
Ningún bien te puedo hacer15
como apartarte de mí.
Sólo ya en mi compañía
quedará agora Tristán,
y según mis cosas van,
presto llegará su día.20
TRISTÁN: No llegará–¡vive Dios!–
que aunque despedirme quieras
por pobre, donde tú mueras
hemos de morir los dos.
TELLO: Sin razón me has despedido;25
que también moriré yo,
si está en eso.
ENRIQUE: No harás, no;
que eres tú menos sufrido.
A TRISTÁN
Yo sé bien de qué manera
te fatigas si algún día30
falta el sustento. ¿Qué haría
si en un año no lo hubiera,
como de mi pobre estado
es ya forzoso temello?
Tú te ves agora, Tello,35
de ese vestido adornado.
No tienes más que esperar;
porque si roto lo ves,
ni hallarás amo después,
ni yo te lo podré dar.40
TELLO: Habréte de obedecer,
pues es mi fortuna escasa;
porque a “salte de mi casa”
no queda qué responder.
Yéndose don ENRIQUE
ENRIQUE: Lo que puedo asegurarte45
es que si el cielo algún día
colma la esperanza mía,
tendrás en ella gran parte.
TELLO: Guárdete Dios; que lo creo
de ti todo; y quiera Amor50
que con Belisa, señor,
logres tu justo deseo.
Vase don ENRIQUE
TRISTÁN: Tello, adiós.
TELLO: Tristán, adiós.
TRISTÁN: Él sabe que voy sentido
de ver que haya dividido55
la Fortuna así a los dos.
Vase TRISTÁN
TELLO: ¡Bueno habéis quedado, Tello,
sin amo y sin un real,
sumado todo el caudal
en un vestido y un cuello!60
Amigo no lo tenéis,
ni aun conocido en la corte;
pues si a dueño que os importe
entrar a servir queréis,
¿que poderoso señor65
para ello os ha de ayudar,
si en Madrid se ha de alcanzar
hasta el servir por favor?
Salen doña LEONOR y CELIA, con mantos, tapadas, y un GALÁN
TELLO: (De un coche se han apeado Aparte
dos damas solas, a quien70
quizá, como a mí, también
saca su tristeza al Prado.
Con ellas quiero un momento
mis desdichas olvidar;
mas no teniendo qué dar,75
me falta el atrevimiento.
Ya se ha llegado a coger
otro la ocasión.
GALÁN: El velo
que niega el hermoso cielo,
señora, habéis de correr;80
que ninguna cosa es bella
entre la tiniebla obscura.
LEONOR: Galán, ni tengo hermosura,
ni a vos os importa vella;
y la mayor cortesía85
que hacerme agora podéis,
es que solas nos dejéis.
Sale don ENRIQUE y TRISTÁN, y hablan aparte los dos
ENRIQUE: En el talle y bizarría
es ella.
TRISTÁN: Como la noche
su manto empieza a tender,90
no la puedo conocer;
mas puesto que partió el coche
de cas de Belisa, es llano
que es ella.
ENRIQUE: Seguirla quiero.
Al GALÁN
LEONOR: Ya os vais pasando al grosero95
del limite cortesano.
GALÁN: No os espantéis; que yo os veo
tan constante en porfïar,
que habéis venido a trocar
en tema ya mi deseo.100
Que estar tan endurecida
cuando yo por veros lucho
muestra que os importa mucho
no ser de mí conocida;
y eso mismo viene a ser105
causa en mí de más porfía.
Perdonad, si es grosería;
que os tengo de conocer.
LEONOR: ¿Atrevéisos por estar
tan solas?110
GALÁN: Lo mismo fuera
si el mundo todo viniera
a querérmelo estorbar.
Va a destaparla por fuerza
LEONOR: ¡Villano! ¡Desvergonzado!
ENRIQUE: Aquélla es ya demasía.
TRISTÁN: ¿Adónde vas? Que podría,115
señor, haberte engañado
el pensamiento, y no ser
Belisa.
ENRIQUE: Aunque no lo sea,
soy noble, y basta que vea
injuriar una mujer.120
TRISTÁN: Hombre de poco dinero
no lo quisiera rijoso.
GALÁN: ¡Acabad ya! ¡Qué enfadoso
resistir!
Acercándose al GALÁN y a LEONOR
ENRIQUE: ¡Ah, caballero!
No es bien hecho descubrir125
una dama a su despecho.
GALÁN: Cuanto yo hago es bien hecho,
y quien osare decir
lo contrario, miente.
Sacan los dos caballeros las espadas y éntranse riñendo
LEONOR: ¡Ay, Dios!
CELIA: En esto pudo parar130
un tan necio porfïar.
TELLO saca la espada
TELLO: ¡Oh, que bien riñen los dos!
Éntrase TELLO; cae dentro el GALÁN
GALÁN: ¡Muerto soy! Dentro
CELIA: Presto pagó
su delito el desdichado.
TRISTÁN: ¿No hubiera aquí otro crïado135
con quien me matara yo?
A TELLO o a don ENRIQUE, que vuelven a salir
LEONOR: Mirad por vos, caballero.
ENRIQUE: La noche me ha de ayudar.
Vase don ENRIQUE y TRISTÁN con él
TELLO: La justicia ha de llegar,
y al que topare primero140
ha de ser el delincuente.
quiero quitarme de aquí.
Vase TELLO
LEONOR: Ya la justicia–¡ay de mí!–
ha acudido, y diligente
buscando va al homicida.145
Válgale la obscuridad.
¡Cielos, a un hombre ayudad
que me deja agradecida!
Sale el DUQUE
DUQUE: Hermosa doña Leonor,
¿qué es esto?150
LEONOR: Sin duda el cielo
por fin de mi desconsuelo
os trajo agora, señor.
Un hombre aquí descortés
por fuerza verme quería
el rostro, y su demasía155
otro, que no sé quien es,
con la espada castigó;
y la justicia al momento
llegó, y va en su seguimiento.
Duque, la causa soy yo.160
Si es verdad que me estimáis
mostradlo agora; librad
a quien vida y libertad
arriesgó por quien amáis.
DUQUE: ¿Por dónde va?165
LEONOR: Hacia la calle
de Alcalá.
DUQUE: Tu amante soy.
No te aflijas, que yo voy,
bella Leonora, a libralle.
Vase el DUQUE
LEONOR: ¡Plega a Dios que a tiempo
llegues que le valga tu favor!170
CELIA: No hay cosa como un señor
por amante. No me niegues
que es gran gusto ser amada,
señora, de un hombre tal,
que pueda en un lance igual175
hacer una señorada.
LEONOR: Celia, si las voluntades
no mueve la inclinación,
de poca importancia son
provechosas calidades.180
De un hombre viviera yo
con gran gusto enamorada,
como el que ahora la espada
en mi defensa sacó.
¡Con qué bizarro ademán185
y airosa resolución
dio en un punto información
de valiente y de galán.
CELIA: ¿Y conoceráslo?
LEONOR: No;
que aunque la luz me ayudara,190
para no verle la cara
la turbación me bastó.
CELIA: ¿Si alcanzase en un instante,
sin haberlo pretendido,
éste lo que no ha podido195
el duque en siglos de amante?
LEONOR: ¡Calla, necia!
CELIA: (¡Plega a Dios, Aparte
no conocido homicida,
que con una misma herida
no hayáis muerto a más de dos!)200
Vanse doña LEONOR y CELIA. Salen un ALGUACIL con GENTE, asido de TELLO; luego, el DUQUE y FABIO
TELLO: ¿No ha de valer la verdad?
ALGUACIL: ¡Eso es bueno!
TELLO: ¡Santo cielo!
A vuestra justicia apelo.
Salen el DUQUE y FABIO
DUQUE: Hidalgo…
ALGUACIL: ¿Quién es?
DUQUE: Parad.
El duque Alberto.205
ALGUACIL: Señor,
¿qué me manda vueselencia?
DUQUE: Qué es esto?
ALGUACIL: De una pendencia
llevo preso al agresor,
que en este punto en el Prado
una muerte ha cometido.210
TELLO: Favor, gran señor, os pido;
que el Alguacil se ha engañado.
ALGUACIL: Mirad si es causa bastante
ver que apriesa se apartaba
del lugar en que dejaba215
hecho un daño semejante,
y hallar cuando le alcancé
que lleva, señor, la espada,
como veis, desenvainada.
TELLO: A poner paz la saqué.220
ALGUACIL: Pues, ¿por qué íbades huyendo,
si decís verdad, de mí,
sin culpa?
TELLO: Porque temí
lo que me está sucediendo.
DUQUE: Aunque en este caso veo225
que tenéis bastante indicio
para ejercer vuestro oficio
justamente, también creo
que está sin culpa este hidalgo;
mas que esté inocente o no,230
ya estoy de por medio yo,
y si puedo con vos algo,
le habéis de dar libertad.
ALGUACIL: Vueselencia manda cosa,
no sólo dificultosa,235
pero imposible.
DUQUE: Acabad;
que por mí lo habéis de hacer,
por más que imposible sea.
ALGUACIL: Señor, vueselencia vea
que será echarme a perder.240
DUQUE: A ser vuestro defensor
me obligo.
ALGUACIL: ¡Un necio fïara
en eso, y aventurara
quietud, hacienda y honor!
DUQUE: Acabad, pues; lo que os pido245
haced ya. Dejad el preso,
y advertid que vengo a eso
resuelto, si comedido;
que me lo ha mandado así
quien puede; y puesto que ya250
lo intenté, fuerza será
acabar lo que emprendí.
ALGUACIL: En fin, ¿viene vueselencia
determinado?
DUQUE: Si el suelo
pidiese rayos al cielo255
con que hacerme resistencia,
le ha de valer mi favor.
ALGUACIL: Pues menor inconveniente
es librar un delincuente
que indignar a un gran señor.260
¡Dejadle!
Los que rodeaban a TELLO le dan paso y se van
Su espada es ésta.
Se la da
DUQUE: Sois cortesano y discreto,
y que no os pese os prometo,
si cuanto tengo me cuesta.
Y responded, si la fama265
culpare este desconcierto,
que os lo mandó el duque Alberto,
y al duque Alberto una dama.
ALGUACIL: Mostráis vuestro gran valor.
Vase el ALGUACIL
DUQUE: Tu, Fabio, volando lleva270
a mi Leonora esta nueva.
FABIO: Alas me dará tu amor.
Vase FABIO
TELLO: Las plantas besaros quiero.
DUQUE: Levantad, por vida mía;
que el valor y cortesia275
dicen que sois caballero.
Dadme esos brazos, en quien
tiene el pecho aprisionado
el valor que hoy han mostrado.
TELLO: Aunque me estuviera bien280
ser yo el autor de la hazaña
por quien pretendéis honrarme
y a esos brazos levantarme,
por Dios, señor, que se engaña
vuestra excelencia en pensar285
que yo le maté.
DUQUE: ¡Esto sí!
Yo quiero el valiente así,
que sepa hacer y callar.
Solos estamos. Mirad
que mi amistad ofendéis,290
y por más que lo neguéis,
sé que es ésta la verdad.
Y así pretendo saber
quién sois; que un amigo quiero
daros en mí verdadero.295
TELLO: (¿Al fin tengo yo de ser Aparte
valiente por fuerza? Sí,
vaya. ¿Qué puedo arriesgar?
Quizá me viene a buscar
la Fortuna por aquí.)300
Tened por cierto, señor,
que puede en mi pensamiento
más que el más grave tormento
la fe de vuestro valor;
que de un verdugo, hasta dar305
el alma, pedazos hecho,
supiera callar mi pecho
lo que me hacéis confesar.
Fernán Tello de Meneses,
excelso duque, es mi nombre;310
Cádiz mi patria, mis padres,
tanto como hidalgos, pobres.
Luego que la juventud
me ciñó al lado el estoque,
fui soldado de la flota315
que los indios mares corre.
Tres veces de Nueva España
pisé los preñados montes,
cuyos partos enriquecen
de plata los españoles;320
y nunca de sus tesoros
vi que una parte me toque;
que también van a las Indias
las desdichas con los hombres.
Con esto determiné mudar325
de mi vida el orden;
que en largas enfermedades
se han de mudar las regiones.
A Madrid vine buscando
la fortuna; conocióme330
un indiano caballero
que está aquí en sus pretensiones,
y supuesto que no pierden
de su calidad los nobles
en servir, y que no tuve335
otro remedio en la corte,
entré a servirle ha seis meses;
y él esta tarde sacóme
triste hacia el Prado,
y en él me dijo en breves razones340
lo mismo que yo sabía,
y es que ya se ve tan pobre,
que es fuerza que de los gastos
lo más que pudiere acorte.
Quedé sin amo y sin gusto,345
cuando al venir de la noche,
de un coche al Prado salieron
dos damas, solas. Llegóse
un importuno galán,
y entre promesas y amores350
hizo fuerza en descubrirlas,
hasta que el manto les rompe,
hasta que le llaman necio,
hasta que riñen a voces,
hasta que en efeto falta355
la paciencia a quien las oye;
que el ver damas ofendidas
y descomedido un hombre
el castigo apresuró
del poco dichoso joven,360
a quien, como di la muerte
con tan justa causa entonces,
le diera la vida agora,
pues él hizo que yo goce
de haceros aquel servicio365
y alcanzar estos favores.
DUQUE: ¿De modo que habiendo visto
que estimé aquella desorden,
lo negábades? ¡Qué bien
vuestro valor se conoce!370
En vos, Tello, no han entrado
las costumbres de la corte;
que en ella los lisonjeros
que cercan a los señores,
diciendo lo que no hacen,375
en obligación los ponen;
y vos negáis lo que hacéis
–prueba de valiente y noble.
TELLO: Vos me honráis como quien sois.
DUQUE: Levantad, y si en la corte380
habéis de servir, haced
lo que la suerte dispone,
pues estos sucesos quieren
que a mí ese cargo me toque.
TELLO: Dadme la mano por quien385
soy dichoso.
DUQUE: Gentilhombre
sois de mi cámara, Tello.
TELLO: El cielo esos años logre.
DUQUE: Esto es comenzar. Mercedes
esperad de mí mayores.390
Vase el DUQUE
TELLO: Prosigue lo que comienzas
y acaba lo que dispones,
Fortuna, pues por tu gusto
dan este giro tus orbes.
Vase TELLO. Salen don ENRIQUE y TRISTÁN
TRISTÁN: Ni ellas supieron quién eras,395
ni tú quién eran supiste;
sólo en el difunto triste
no fueron tus obras hueras.
¿Sabes qué me ha parecido?
Que en este caso presente400
lo mismo que al maldiciente
poeta te ha sucedido.
ENRIQUE: Di cómo.
TRISTÁN: Que porque huya
de la sátira la pena,
por más que le salga buena,405
no puede decir que es suya;
y después que la memoria
y entendimiento ha cansado,
se queda con el pecado,
y no se lleva la gloria.410
Pues el mismo lance echaste.
Pusiste en riesgo la vida,
fuiste de un hombre homicida,
y a nadie en ello obligaste.
ENRIQUE: Como el coche se partió415
de cas de Belisa, fue
con razón si me engañé.
Ella la causa me dio;
pero, ¿qué bien por Belisa
pudo venirme?420
TRISTÁN: Esta vez
de que fueras mal jüez
lo sucedido me avisa;
pues fuera sentencia aguda
que si estaba tu querella
en duda de si era ella,425
a él lo matases en duda.
Mas con incierta ocasión
hacerle tan cierta injuria
más fue enamorada furia
que justa resolución.430
ENRIQUE: En lugar de consolar,
¿es bueno, Tristán, reñir?
TRISTÁN: Siempre ha sido el advertir
el santelmo del errar.
Mas, dime, ¿acaso has sabido435
quién era el muerto?
ENRIQUE: Yo infiero,
Tristán, que era forastero,
de que no era conocido.
TRISTÁN: Al punto lo vi, señor.
ENRIQUE: Pues, ¿en qué?440
TRISTÁN: En que fue vencido
que a ser en Madrid nacido,
supiera reñir mejor.
ENRIQUE: ¡Pobre mozo! No pensé
matarle.
TRISTÁN: Como a la herida
no tomaste la medida,445
vínole muy grande.
ENRIQUE: A fe
que estás de gracia.
TRISTÁN: Yo vi
que no eran al pelear
tus intentos de matar,
mas tus estocadas sí.450
¿Sabes lo del vizcaíno?
ENRIQUE: Dílo, pues lo has comenzado.
TRISTÁN: Tomó un arcabuz cargado
y apuntóle a un su vecino.
Dijo el otro, dando un grito,455
“Mira que me matarás.”
Y él respondió, “Queda estás;
que yo tirarás quedito.”
ENRIQUE: ¡Bozal vizcaino!
TRISTÁN: Creo,
señor, que no era bozal.460
ENRIQUE: ¿Sino qué?
TRISTÁN: Que estaba mal
con su vecino; que veo
muchos de esta condicion.
Mas según lo que imagino,
nadie tendrá mal vecino465
si él mismo no da ocasión.
Vivir bien engendra amor;
el pecado se aborrece.
Pero, ¿qué es esto? Parece
que doy en predicador.470
El marqués viene.
Salen el MARQUÉS y SANCHO
MARQUÉS: Pariente…
ENRIQUE: Señor…
MARQUÉS: ¿Qué habéis cometido,
que os tiene aquí retraído?
ENRIQUE: La desdicha es delincuente,475
y conociendo la mía,
temo sin estar culpado.
MARQUÉS: Decidme el caso.
ENRIQUE: En el Prado
me hallé, señor, aquel día,
habrá cuatro, que a un mozuelo480
dieron muerte desdichada.
Saqué en la cuestión la espada,
y así con razón recelo
–como al punto, apresurado
huyó el agresor de allí–485
que alguno me culpe a mí,
malicioso o engañado;
que las tinieblas obscuras
a confundir comenzaban
las cosas, y no dejaban490
ya discernir las figuras.
Por esto en este convento
estoy, Marqués, retirado;
por esto os he suplicado
que me veáis, con intento495
de encargaros que sepáis
por medio de algún amigo
si indicio, fama o testigo
hay contra mí.
MARQUÉS: Libre estáis.
No paséis más adelante.500
ENRIQUE: Pues, ¿cómo sabéis, señor,
que lo estoy?
MARQUÉS: Al matador
prendieron al mismo instante,
y al alguacil lo quitó
el duque Alberto, por ser505
gusto de cierta mujer
que causa a la muerte dio.
ENRIQUE: Besaros quiero los pies
por la nueva que me dais.
MARQUÉS: Pues según eso ignoráis510
lo que ha pasado después.
ENRIQUE: Y me holgaré de sabello.
MARQUÉS: El caso se publicó,
y a su majestad le dio
el alguacil cuenta de ello;515
y el rey le dijo, “A los dos
todos os disculparan;
que el duque anduvo galán,
y anduvistes cuerdo vos.”
ENRIQUE: Tal sentencia, de tal seso.520
MARQUÉS: Sólo averiguar mandó
quién fue la que le obligó
al duque Alberto al exceso;
y sabiéndose no dudo
sino que lo pase mal.525
ENRIQUE. Mujer será principal
quien al duque obligar pudo.
MARQUÉS: ¡Plega a Dios no venga a ser
la que pienso!
ENRIQUE: Pues, señor,
¿os toca?530
MARQUÉS: Ya en mi temor
lo podéis echar de ver.
Venid conmigo; que es bien
que me aconseje con vos,
pues sois mi deudo.
TRISTÁN: Por Dios,
que aunque nos está tan bien535
la nueva que le ha traído
a mi amo vueseñoría,
me pesa a mi, que vivía
con gran gusto retraído.
MARQUÉS: ¿Gusto puede haber aquí540
como tener libertad?
TRISTÓN: Si va a decir la verdad,
otro hay mayor para mí.
MARQUÉS: ¿Cuál?
TRISTÁN: Comer.
ENRIQUE: Necio, ¿comienza
tu desvergüenza a afrentarme?545
TRISTÁN: Comienza, por no dejarme
acabar de tu vergüenza.
Si a un marqués deudo
y amigo niegas tus necesidades,
¿qué aguardas? ¿Te persüades550
que habrá milagro contigo?
Señor, ésta es la verdad.
Después que está retraído
en la Vitoria ha vivido,
con la mucha caridad555
de estos padres, en la gloria;
y sin duda que por eso
pusieron el Buen Suceso
tan cerca de la Vitoria.
Y así es grande impertinencia560
irnos de aquí; que ha de ser
forzoso, para comer,
mendigar otra pendencia.
MARQUÉS: Corrido, por Dios, estoy.
Don Enrique, ni mostráis565
que por noble me estimáis,
ni que vuestro deudo soy.
ENRIQUE: Ved, señor, que ha gracejado
Tristán, que es un hablador.
TRISTÁN: No tiene ya mi señor,570
de pobre, más de un crïado,
y ése sirve de bufón;
que es lo mismo que tener
un vestido solo, y ser
con bordado y guarnición.575
MARQUÉS: Yo sé muy bien lo que pasa
un pretendiente en Madrid.
De aquí adelante os servid
de mi mesa y de mi casa.
ENRIQUE: Señor…580
MARQUÉS: A tan justo intento
la cortedad no replique.
Adereza a don Enrique,
Sancho, en mi casa aposento.
ENRIQUE: Vuestro pecho en todo muestra
el ánimo liberal.585
A TRISTÁN
MARQUÉS: Pasa tú la ropa.
TRISTÁN: ¿Cuál?
¿La del huésped o la nuestra?
Porque si la nuestra, digo
lo que aquel sabio decía.
MARQUÉS: ¿Y era?590
TRISTÁN: Que siempre traía
toda su hacienda consigo.
Vanse. Salen LEONOR, BELISA y TELLO
LEONOR: Aquel día desdichado
que en tu casa, amiga, estuve,
y gusto y ocasión tuve
de irme a pasear al Prado,595
fue Tello el valiente autor
de la hazaña que he contado.
BELISA: Con razón ha granjeado
el del duque y tu favor
LEONOR: Al duque debo y a Tello600
de dos gustos recompensa;
a Tello el vengar mi ofensa
y al duque el favorecello;
si bien me lastima en parte
castigo tan inhumano.605
BELISA: Pesada tienes la mano.
¡Dios me libre de enojarte!
TELLO: Sin verla, influyó valor
en mí la hermosa Leonora.
LEONOR: (¡Quién te le influyera agora Aparte610
para merecer mi amor!
¡Oh, nunca justos efetos
del ciego autor de crueldades!
¿Por qué igualas voluntades
en desiguales sujetos?)615
TELLO: ¿Cómo te va de rigor
con don Enrique, señora?
BELISA: Tello, no ablanda el que llora
a quien no mueve el Amor.
LEONOR: ¿Quién es don Enrique, amiga?620
BELISA: Un honrado caballero
que me quiere y no le quiero.
LEONOR: ¡Falso Amor, que no se obliga
de una afición verdadera!
Lo mismo que tú padezco.625
A quien me quiere aborrezco.
BELISA: Querrás a quien no te quiera.
TELLO: Pues el duque mi señor,
antes que parta de aquí,
ha de recebir por mí630
de tu mano algún favor.
LEONOR: Hasta aquí le he entretenido,
viéndole perder el seso,
por no obligarle a un exceso,
dándole favor fingido.635
Digo favor en dejarme
servir de él con tal medida,
que ni me muestre ofendida,
ni quiera de él obligarme.
Y si le tengo de hacer640
por tan honrado tercero
algún favor verdadero,
desengañarle ha de ser.
TELLO: No, señora. Si su daño
no ha de remediar así,645
no pierda el gusto por mí
en que le tiene su engaño.
Sale CASTRO
CASTRO: Hermosa doña Leonor,
la justicia, sin dejar
que te viniera a avisar,650
la escalera y corredor
ha pasado, y llega ya
a esta cuadra.
TELLO: (¡Soy perdido! Aparte
¡Sin defensa me han cogido!)
LEONOR: La justicia, ¿qué querrá655
en mi casa?
Salen algunos ALGUACILES
ALGUACIL: Perdonad
que sin avisar entremos;
que para hacerlo traemos
orden, de su majestad;
y si no soy más cortés,660
disculpa tiene el rigor;
que es mal ministro de amor
quien de justicia lo es.
TELLO: (Pagaré yerros ajenos.) Aparte
ALGUACIL: Un coche aguarda. Tomad665
el manto, y perdón me dad,
Leonora.
TELLO: (Del mal, lo menos.) Aparte
LEONOR: ¡Yo presa! ¿Qué he cometido?
Sacadme de confusión.
ALGUACIL: Yo pienso que es la ocasión670
de esto el haberse sabido
que la distes al suceso
de aquella muerte del Prado,
y que de vos obligado
quitó el duque Alberto el preso.675
Y así mandan que a Alcalá
os llevemos desterrada.
LEONOR: (¿Hay mujer más desdichada? Aparte
¡Qué descolorido está
Tello! Mas que quiere hacer680
algún desatino es llano;
que es demonio en cuerpo humano,
y me ha de echar a perder.)
¡Repórtate, por mi vida,
Fernán Tello!685
Habla aparte con él
TELLO: Pues, ¿qué hago?
LEONOR: No, no, no me satisfago;
la color tienes perdida.
Yo te conozco. ¡Detente,
no me suceda peor!
TELLO: (De miedo estoy sin color, Aparte690
y piensa que de valiente.)
LEONOR: Belisa, llégate aquí,
ayúdamele a tener.
TELLO: (¿Al fin yo tengo de ser Aparte
valiente por fuerza? Sí,695
vaya.) No tengas temor;
mas déjame hacer siquiera
que estos dos sin escalera
bajen desde el corredor.
LEONOR: ¡Mirad si le conocí700
luego en el rostro el intento!
TELLO: ¡Que tengan atrevimiento
para haberse entrado aquí!
¡Suelta!
LEONOR: ¡No te has de arriesgar,
por vida del Duque!705
TELLO: ¡Tente;
que ese freno solamente
me pudiera reparar!
LEONOR: ¡Ah! ¡Qué bien sobre el valor
asienta la cortesía!
(No en balde a mi pecho envía Aparte710
tantas centellas tu amor.)
A BELISA
Tú, si a compasión te obliga
mi desdicha…
BELISA: No habrá cosa
para mí dificultosa
si tú la quieres, amiga.715
LEONOR: Porque honor y autoridad
contigo, Belisa, lleve,
pues la jornada es tan breve,
y tan larga la amistad,
me acompaña, porque así720
tenga consuelo mi pena.
BELISA: Leonor, a entrambas condena
quien te ha condenado a ti,
pues un alma y una vida
es la nuestra.725
LEONOR: Tuya soy.
Con eso aliviada voy.
ALGUACIL: Vamos pues, si sois servida.
LEONOR: Tello, adiós.
TELLO: Voy al momento
a dar al duque esta nueva,
si a sus ojos no me lleva730
sin vida ya el sentimiento
de ver que pases por mí,
señora, tales rigores.
LEONOR: Tello, tormentos mayores
pasaré alegre por ti.735
Vanse todos. Salen el DUQUE, MARCELO, FABIO y otro criado
DUQUE: Este cuidadoso fuego
dentro del alma encendido,
inquietud de mi sentido,
turbación de mi sosiego,
en el mismo corazón740
firmemente alimentado,
tiene el pensamiento atado
a la rueda de Ixíón.
¡Tan sin piedad me fatiga
un desear importuno!745
¡Hola!
FABIO: ¿Señor?
DUQUE: Cada uno
para divertirme diga
en qué ha gastado la tarde.
¡Que tenga mi amada prenda
honor que me la defienda,750
y valor que me la guarde!
¡Vive Dios!… Hablad, decid,
¿qué habéis hecho?
MARCELO: Yo, señor,
salí a la calle Mayor,
Sierra Morena en Madrid,755
pues allí roban a tantos
mil damas ricos despojos,
llevando armas en los ojos
y máscaras en los mantos.
Agradóme una tapada,760
y al punto desenvainó
palabras con que me dio
en la bolsa una estocada.
Hízome sangre, y vertida
gran parte del corazón765
–que los dineros lo son–
me dio otra mayor herida;
pues cuando yo pienso en vano
que el demás caudal me deja,
me pidió para la vieja770
que llevaba de la mano.
Aquí, señor, perdí pie,
y dije, “A vos, porque os quiero,
doy, señora, mi dinero;
pero a la vieja, ¿por qué?”775
Ella dijo, “No hagáis cuenta
de lo que acabáis de dar;
que quien me ha de contentar
ha de tenerla contenta.”
Yo dije, “De vos me aparto;780
que quiero mas, ¡vive Dios!,
no cobrar lo que os di a vos,
que dar a la vieja un cuarto.”
DUQUE: ¿Donde estuvistes vosotros?
CRIADO: Yo en el Prado, y sólo vi785
andar de aquí para allí
y mirarse unos a otros.
DUQUE: ¿Tu, Fabio?
FABIO: Yo en la comedia.
DUQUE: ¿Pareció bien?
FABIO: No, señor,
con ser divino su autor;790
porque si no se remedia
esta nueva introdución
de los silbos, es forzoso
que pierda el más ingenioso
a los versos la afición.795
DUQUE: Comedias que no agradaron,
nunca alcanzaron silencio,
porque también a Terencio
muchas en Roma silbaron.
Cuando la comedia es buena,800
nadie ofenderla podrá
que la muchedumbre da
al malicioso la pena;
porque al vulgo cortesano,
en sabio, recto y agudo,805
abatir banderas pudo
el auditorio romano.
Sale un PAJE
PAJE: Ya el camarero acabó
tan prolija enfermedad.
DUQUE: Mucho mal y mucha edad810
¿que diamante no rindió?
Téngale en el cielo Dios.
FABIO: El gobierno que tenía,
con el oficio, sería
mi remedio.815
MARCELO: Y aun los dos
viviéramos descansados;
que servido por teniente,
el gobierno solamente
vale más de mil ducados.
FABIO: Y mil el ser camarero.820
DUQUE: ¿Qué dices, Fabio?
FABIO: Señor,
que si algo puede el amor
tan constante y verdadero
con que tantos años ves
que he vivido en tu servicio,825
el gobierno y el oficio
de camarero me des.
MARCELO: En antigüedad y amor,
en asistencia y trabajo,
yo pienso que me aventajo830
a cualquiera pretensor.
CRIADO: Pues yo, señor, sólo digo
que adviertas a quién prefieres,
pues de mis servicios eres
tú mismo el mejor testigo.835
DUQUE: Iguales méritos veo
y servicios en los tres,
y en mí para todos es
igual también el deseo.
Tres sois, los oficios dos.840
No quisiera, y es forzoso,
dejar al uno quejoso.
Alzad dejadme por Dios,
que no es justo darme
agora más penas y confusiones845
que me dan las dilaciones
y tibiezas de Leonora.
Pero, pues sabéis mi amor,
y decís que los oficios
dé a quien tenga mas servicios,850
para mi será el mayor
darme alguna nueva tal
que acreciente mi esperanza,
y me prometa mudanza
de su desdén y mi mal.855
Y al gentilhombre primero
que a mi pasión amorosa
haga con esto dichosa,
los oficios darle quiero.
MARCELO: Y las albricias valdrán860
dos mil ducados de renta.
A MARCELO
FABIO: De modo, por esta cuenta,
que los premios no se dan
hoy, conforme fuera justo,
al que más y más fïel865
ha servido, sino a aquel
que ha servido más al gusto.
MARCELO: Habiendo el señor pagado
el salario y la ración,
sale de la obligación870
que le tiene a su crïado.
Lo demás es equidad,
no justicia, amigo Fabio,
y no es el negar agravio
cuando el dar es voluntad.875
CRIADO: Lo que importa es el favor
de Leonora prevenir;
que merecer es servir
a contento del señor.
Sale TELLO, triste
DUQUE: Vengas, Tello, enhorabuena.880
TELLO: Bien venido no me des,
supuesto que no lo es
el que viene a darte pena.
DUQUE: ¿Es de Leonora? ¿Que ha habido?
Di; que el cuidado me abrasa.885
¿Vienes, Tello, de su casa?,
TELLO: Sí, señor, y ha sucedido…
DUQUE: ¿Qué?
TELLO: Ya ves en los indicios
que te ha de pesar, señor.
MARCELO: (¿Mala nueva y de Leonor? Aparte890
No empuñaréis los oficios.)
DUQUE: Habla, acaba; que con eso
nuevo tormento me das,
pues paso de más a más
los temores del suceso.895
TELLO: Pues la nueva desdichada
es forzoso darte, ha sido
que en este punto ha salido
para Alcalá desterrada
por el exceso del Prado900
tu Leonora triste y bella
y Belisa va con ella;
que su amistad la ha obligado
a que pretenda aliviar
así la pena que lleva.905
DUQUE: ¿Y ésa, Tello, es mala nueva?
Los brazos te quiero dar.
Pónganme el coche al momento,
de camino. A mi Leonora
sigamos, Tello; que agora910
espero verme contento.
Éste es el medio mejor
de conseguir mi esperanza,
porque con esta mudanza
pienso verla en su rigor;915
que en el camino, en la venta,
en el campo, en la posada,
vivirá menos guardada;
y estando más descontenta,
estimará mi afición920
por que sus penas consuele;
que en las desventuras suele
mudarse la condición.
tendrá ocasión de servirla
y a Belisa; que pues va925
con Leonora, ella podrá
en mi favor persuadirla;
que es la mejor tercería
la de una amiga. No hubiera
suceso en que más pudiera930
fundar la esperanza mía;
y pues tú diste el primero
tan feliz nueva a mi amor,
tú eres ya gobernador,
Fernán Tello, y camarero.935
FABIO: ¡Bueno, por Dios!
TELLO: Esos pies
me da, señor, a besar.
DUQUE: Alza, Tello, a caminar.
A SUS COMPAÑEROS
MARCELO: ¡Buenos quedamos los tres!
FABIO: Dio Tello en la coyuntura.940
CRIADO: ¡Paciencia!
TELLO: (¡En lo que entendí Aparte
dar pena, contento di!
Todo, en efeto, es ventura.)
Vanse
