REINAR DESPUÉS DE MORIR
Luis Vélez de Guevara
Texto basado en varios textos tempranos de REINAR DESPUÉS DE MORIR. Fue preparado por Vern Williamsen para un curso dictado en el año 1984. La base textual de esta edición es la suelta publicada en Lisboa, 1652, y la edición de Manuel Muñoz Cortés (Clásicos Castellanos, #132, Madrid, 1959).
Personas que hablan en ella:
- El REY don Alonso de Portugal
- El PRÍNCIPE don Pedro
- BRITO, criado
- Doña Blanca, INFANTA de Navarra
- Doña INÉS de Castro
- ELVIRA, criada
- VIOLANTE, criada
- El CONDESTABLE de Portugal
- NUÑO de Almeida
- EGAS Coello
- ÁLVAR González
- ALONSO, niño
- DIONÍS, niño
- MÚSICOS
- CAZADORES
JORNADA PRIMERA
[En el palacio real de Lisboa]
Salen MÚSICOS cantando, el PRÍNCIPE vistiéndose, y el CONDESTABLE
MÚSICOS: “Soles, pues sois tan hermosos,
no arrojéis rayos soberbios
a quien vive en vuestra luz,
contento en tan alto empleo.”
PRÍNCIPE: La capa.5
MÚSICO 1: El príncipe sale.
MÚSICO 2: Prosigamos.
PRÍNCIPE: El sombrero.
Cantan
MÚSICOS: “Vuestra benigna influencia
mitigue airados incendios,
pues el raudal de mi llanto
es poca agua a tanto fuego.”10
PRÍNCIPE: ¡Ay, Inés, alma de cuanto
peno y lloro, vivo y siento!
Proseguid, cantad.
MÚSICO 1: Digamos
otra letra y tono nuevo.
Cantan
MÚSICOS: “Pastores de Manzanares,15
yo me muero por Inés,
cortesana en el aseo,
labradora en guardar fe.”
PRÍNCIPE: Parece que a mi cuidado
esa letra quiso hacer,20
lisonjeándome el alma,
eterna en mi pecho a Inés.
Volved, volved por mi vida
a repetir otra vez
aquesa letra, cantad,25
que me ha parecido bien.
Cantan
MÚSICOS: “Pastores de Manzanares,
yo me muero por Inés,
cortesana en el aseo,
labradora en guardar fe.”30
PRÍNCIPE: Pues los pastores publican
que tanta hermosura ven
en la deidad de mi amante,
con justa causa diré
que en perderme fui dichoso,35
en tan soberano bien.
Siempre que llega al Mondego
parece que sólo al ver
a mi Inés bella, las aves
quisieran besar su pie.40
Las plantas de su deidad
reciben fruto. No hay mes
que en viéndola no sea mayo;
no hay flor que a su rosicler
no tribute vasallaje.45
Si aquesta es verdad, si es
dueño de aves y plantas
y de todo cuanto ve
el cielo en la tierra hermosa,
no la lisonjeo en ser50
también yo su esclavo, amor;
pues a mi Inés me humillé,
pues me rendí a su hermosura
a voces confesaré,
diciendo con toda el alma55
a los que amantes me ve:
“Pastores de Manzanares,
yo me muero por Inés,
cortesana en el aseo,
labradora en guardar fe.”60
Sale BRITO, de camino
BRITO: Déla vuestra alteza a Brito,
príncipe, a besar sus pies.
PRÍNCIPE: Brito, seas bien venido.
¿Cómo dejas a mi bien?
BRITO: Déjame alentar un poco65
y luego te lo diré,
que aun no pienso que he llegado,
que un rocín de Lucifer
que el portugués llama posta,
que jebao llama el francés,70
y el bridón napolitano
algunas veces corsier,
de tan altos pensamientos,
que en subiendo encima de él,
anda a coces con el sol75
y a cabezada después,
me trae sin tripas, que todas
se me han subido a la nuez,
a hacer gárgaras con ellas,
sin lo que toca al borrén80
que viene haciéndose ruedas
de salmón.
PRÍNCIPE: Calla, no des
suspensión a mi cuidado
sino, dime, ¿cómo fue
tu viaje? Cuenta, Brito,85
que ya deseo saber
nuevas de mi hermosa prenda.
Habla, Brito.
BRITO: Bueno, a fe,
para contarlo quedamos
solos los dos.90
PRÍNCIPE: Dices bien.
Condestable, despejad;
y a estos músicos les den,
cuando no por forasteros,
porque han celebrado a Inés,
mil escudos.95
CONDESTABLE: Despejad.
PRÍNCIPE: Id con Dios.
MÚSICO 1: El cielo dé
a vuestra alteza, señor,
un siglo de vida, amén.
PRÍNCIPE: Id con Dios.
MÚSICO 1: ¡Qué gran valor!
MÚSICO 2: ¡Qué cordura!100
MÚSICO 1: Octavio, ven.
No es señor quien señor nace,
sino quien lo sabe ser.
Vanse los MÚSICOS y el CONDESTABLE
PRÍNCIPE: Ya, Brito, quedamos solos;
dime, ¿cómo queda Inés?
¿Cómo la dejaste, Brito?105
Responde presto.
BRITO: A perder
el sentido cada instante
que entre tus brazos no esté.
PRÍNCIPE: ¿Y Alonso y Dionís?
BRITO: El uno
es jazmín y otro clavel,110
y cada cual es retrato
de los dos.
PRÍNCIPE: Has dicho bien;
prosigue, prosigue, Brito.
BRITO: Oye y te la pintaré
si de tanta beldad puede115
ser una lengua pincel.
Llegué a Coímbra apenas
ayer, cuando al blasón de sus almenas
a un tiempo hicieron salva
los músicos de cámara del alba,120
el sol, y luego el día,
y primero que todos mi alegría.
Guié los paso luego
a la quinta, Narciso del Mondego,
que guarda en dulce empeño125
la beldad soberana de tu dueño,
cuando, dando al Aurora
celos, el sol parece que enamora
el oriente divino
de Inés, sol para el sol más peregrino.130
que aun no he llegado creo,
piso el umbral y en el zaguán me apeo.
(Que gustan los amantes Aparte
que les vayan contando por instantes,
por puntos, por momentos,135
las dichas de sus altos pensamientos,
que brevemente dichas
no les parece que parecen dichas).
Al fin al cuarto llego,
alborozado, sin aliento, y luego140
a las cerradas puertas,
sólo a tu amor eternamente abiertas,
dos veces toco en vano,
que en este oriente aun era muy temprano;
si bien tu hermoso dueño,145
rendida a su cuidado más que al sueño,
voces dio a las crïadas,
menos de mi venida alborozadas.
Perdóneme Violante,
a quien más debe el sueño que su amante,150
mas yo, como es mi vida,
la quiero bien dormida y bien vestida,
esté ausente o presente
porque mi amor es menos penitente.
PRÍNCIPE: Pasa, Brito, adelante155
y con mi amor no mezcles a Violante,
ni burlas con mis veras,
que espero nuevas de mi bien.
BRITO: Esperas
las que siempre procuro
yo traerte, ¡vive Dios! Al fin el muro,160
el oriente dorado
de aquel sol, de aquel cielo, franqueado,
sin reparo ninguno,
corro los aposentos uno a uno
y no paro hasta donde165
está la esfera que tu sol esconde;
su amor me desalumbra,
y sin la permisión que se acostumbra,
verla y hablarla trato,
que el alborozo precedió al recato.170
Entro, al fin, sin sentido,
y en el dorado tálamo que ha sido
teatro venturoso
más de tu amor que del común reposo,
amaneciendo entonces175
y enamorando mármoles y bronces,
los ojos en estrellas,
en nieve y nácar las mejillas bellas,
en claveles la boca,
la frente y manos en cristal de roca,180
en rayos los cabellos,
entre Alonso y Dionís, tus hijos bellos,
asidos a porfía
–por maternal terneza o compañía–
del cuello de alabastro,185
deidad admiro a doña Inés de Castro;
aurora en carne humana,
taraceado abril con la mañana,
todo un cielo abreviado
y al sol de dos luceros abrazado.190
Quedé tierno y dudoso,
que, como de aquel árbol generoso
tan hermoso pendían,
racimos de diamantes parecían;
ella, amor ostentando,195
aunque de honestidad indicios dando
a la nieve divina,
de púrpura corriendo otra cortina,
que de tales mujeres
siempre son los recatos sumilleres;200
más encendida aurora,
sobre las almohadas se incorpora,
y ya, como embarazos,
deja a Dionís y Alonso de los brazos,
que de sentido ajenos,205
favores y ternezas no echan menos,
tanto en tan dulce empeño
pueden los pocos años con el sueño;
y con ansia infinita,
antes que una palabra me permita,210
ni besarla una mano
–recato portugués o castellano–
me dijo: “¿Cómo dejas
a Pedro, Brito?” Y con celosas quejas
prosiguió, más hermosa215
que lo está una mujer que está celosa,
porque han dado los celos
hasta el color que viste a los cielos,
tu tardanza culpando
en Santarén con doña Blanca, cuando220
tu padre la ha traído
para tu esposa.
PRÍNCIPE: Perderé el sentido,
Brito, si Inés no fía
todo su amor a toda el alma mía.
Primero verá el cielo225
su vecindad de estrellas en el suelo,
verá la noche fría
que puede competir al claro día,
que falte la firmeza
con que yo adoro a Inés.230
BRITO: Oiga tu alteza.
Basta, basta, no ofusques
mi relación ni imposibles busques
mal guisados, ni modos,
que yo los doy por recibidos todos,
y lo mismo hará el dueño235
por quien me he puesto en semejante empeño.
Al fin escucha atento.
PRÍNCIPE: Prosigue.
BRITO: Como digo de mi cuento…
PRÍNCIPE: Acaba.
BRITO: Ven conmigo;
la tal Inés, en la ocasión que digo,240
finezas y ansias junta,
y entre falsa y celosa me pregunta;
“Dime, Brito, ¿es bizarra
doña Blanca la infanta de Navarra,
de Pedro nueva empresa,245
que viene a ser de Portugal princesa?”
Yo la respondo entonces,
haciéndome de pencas y de gonces:
“Aunque Blanca no es muy fea,
es contigo muy poca taracea,250
moneda mal segura
que no puede correr con tu hermosura,
y si intenta igualarse
contigo, muy de noche ha de pasarse.”
En esto despertaron255
Dionís y Alonso, y juntos preguntaron
a una vez por su padre;
enternecióse oyéndolos la madre;
o fuese amor o celos,
tocó a anegar en lágrimas dos cielos,260
y en lluvias tan extrañas,
sartas de perlas hizo las pestañas
que en sus luces hermosas
de perlas se volvía mariposas,
y abrasándose en ellas265
granizaron los párpados estrellas;
y viendo contra el día
que abajo tanto cielo se venía,
calmando sus recelos
dile tu carta y serenó sus cielos.270
Cedióse a su alegría,
convaleció de su tristeza el día,
quedó el sol sin nublado,
porque del desperdicio aljofarado
al último suspiro275
mucho cristal sobró para zafiro.
Tomó el pliego y besóle,
y tres o cuatro veces repasóle
con señas diferentes
–que es costumbre de espías y de ausente–.280
Pidió la escribanía,
volvió otra vez a perturbarse el día,
los cielos se cubrieron,
a la tinta las lágrimas suplieron
y mientras escribía,285
un alma en cada lágrima cabía,
siendo en tantos renglones
las almas muchas más que las razones;
cerró llorando el pliego,
sellóle, despachóme y partí luego290
otra vez por la posta,
pareciéndome el mundo senda angosta,
y con el “fuera, aparta,”
entré por Santarén y ésta es su carta.
PRÍNCIPE: Levanta, Brito, del suelo,295
que sólo tú puedes dar
tal alivio a mi pesar,
tal fin a mi desconsuelo.
Toma esta cadena, Brito,
en tanto que a besar llego300
las letras de aqueste pliego
que Inés con el llanto ha escrito.
BRITO: Besa muy enhorabuena,
mientras que, tomada a peso,
primero yo también beso305
las letras de esta cadena.
¡El rey!
PRÍNCIPE: ¿Mi padre?
BRITO: Señor,
él mismo.
PRÍNCIPE: El pliego guardaré
de Inés.
BRITO: Y yo a guardar iré
mi cadena, que es mejor.310
Sale el REY don Alonso
REY: ¿Príncipe?
PRÍNCIPE: ¿Señor?
REY: ¿Qué hacéis?
PRÍNCIPE: ¿Vos aquí?
REY: No hay que admiraros
de que venga yo a buscaros,
Pedro, pues vos no lo hacéis.
Yo os quisiera hablar despacio.315
PRÍNCIPE: (Hoy corre mi amor fortuna). AparteA BRITO
REY: ¿Quién sois vos?
BRITO: Señor, soy una
sabandija de palacio.
REY: ¿De qué al príncipe servís?
BRITO: De mozo fidalgo.320
REY: Bien,
¿de camino estáis también?
BRITO: Soy su maza.
REY: ¿Qué decís?
BRITO: Que voy siempre con su alteza
adonde quiera que va.
REY: Y aun donde no va.325
BRITO: Esa es ya
maliciosa sutileza.
REY: Algo desembarazado
sois.
BRITO: Sí, señor poderoso,
que en palacio al vergonzoso
siempre el refrán ha culpado.330
REY: ¿Cómo os llamáis?
BRITO: Brito.
REY: ¿Vos
sois Brito? Quien sois sé,
sois hombre de mucha fe.
BRITO: Eso sí, señor, por Dios,
porque con ella he servido335
a su alteza, como ya
de mí satisfecho está.
PRÍNCIPE: Es Brito muy entendido,
con razón le estimo y quiero,
téngole notable amor.340
REY: Para que le hagáis favor
no habrá menester tercero,
que en esto debe tener
gran maña y agilidad.
BRITO: Mintió a vuestra majestad345
quien fe de ese parecer,
que a su alteza no le han dado
tan poca parte los cielos,
que haya menester anzuelos
en el ardid del crïado.350
No me ha menester a mí
para ninguna facción,
porque los méritos son
siempre terceros de sí;
y cuando en alguna se halle355
dificultosa de obrar,
no ha de ir, ni es justo, a buscar
alcahuetes a la calle.
Porque el príncipe es humano
y alguna vez se enamora,360
aunque a esta plaza hasta agora
no le he tomado una mano.
Vuestra real majestad
perdone estas baratijas,
porque hasta en las sabandijas365
la defensa es natural.
Y adiós, que contra cautelas
de palacio asisto en mí,
que estoy indecente así
con botas y con espuelas.370
Vase BRITO
REY: Pedro, los que hemos nacido
padres y reyes, también
hemos de mirar al bien
común más que al nuestro.
PRÍNCIPE: Ha sido,
padre y señor, atención375
debida a esa majestad.
¿Qué me mandáis?
REY: Escuchad.
Veréis que tengo razón.
Yo os he casado en Navarra
con la infanta, que Dios guarde;380
y en Lisboa, a vuestras bodas
se han hecho fiestas y tales
que todos nuestros fidalgos
procuraron señalarse
dando muestras con su afecto385
de ser nobles y leales.
Después que llegó la infanta
he reparado que sale
a vuestro rostro un disgusto
que os divierte de lo afable,390
os retira de lo alegre,
y sólo pueden llevarse
aquestos extremos, Pedro,
con el mucho amor de padre.
Doña Blanca disimula,395
y aunque la causa no sabe,
piensa sin duda que es ella
causa de vuestros pesares.
Hacedme gusto de verla
con amoroso semblante;400
príncipe, desenojadla,
que es vuestra esposa, no halle,
cuando con vos tanto gana,
el perderse en el ganarse.
Yo os lo ruego como amigo,405
os lo pido como padre,
os lo mando como rey,
no deis lugar a enojarme.
Ella viene, aquí os quedad,
prudente sois, esto baste.410
Vase el REY
PRÍNCIPE: ¡Ay Inés, cómo por ti,
loco, rendido y amante,
ni admito la corrección
ni hay ventura que me cuadre!
Sale la INFANTA
INFANTA: Guarde Dios a vuestra alteza.415
PRÍNCIPE: ¿Señora?
INFANTA: ¿Príncipe?
PRÍNCIPE: Dadme
la mano a besar.
INFANTA: Señor,
deteneos. No es galante
acción que beséis mi mano,
cuando advierto que no sale420
ese cortesano afecto
de marido ni de amante.
Yo, señor, soy vuestra esposa
y debéis considerarme
reina ya de Portugal425
si fue de Navarra infante.
PRÍNCIPE: (Eso no, viviendo Inés). Aparte
Señora, sólo un instante
os suplico que me deis
audiencia; sentaos y hable430
el alma, que muda ha estado
hasta poder declararse.
INFANTA: Decid.
PRÍNCIPE: Atended.
INFANTA: Ya oigo.
Pasad, Príncipe, adelante.
PRÍNCIPE: Casé, señora, en Castilla,435
obedeciendo a mi padre,
primera vez con su infanta,
que en globos de estrellas yace.
Tuve de esta dulce unión
un hijo, y puesto que sabe440
vuestra alteza estos principios,
paso a lo más importante.
Cuando mi difunta esposa
vino conmigo a casarse,
pasó a Portugal con ella445
una dama suya, un ángel,
una deidad, todo un cielo;
perdóneme que la alabe,
vuestra alteza, en su presencia,
que informada de sus partes450
importa, porque disculpe
osadas temeridades
cuando advertida conozca
las causas de efectos tales.
Era al fin por acabar455
la pintura de esta imagen,
el retrato de este sol,
de este archivo de deidades,
doña Inés de Castro Coello
de Garza, que con su padre460
pasó a servir a la reina,
mejor dijera a matarme;
y aunque siempre su hermosura
fue una misma, ni un instante
me atreví, señora, a verla465
con pensamientos de amante,
que a sola mi esposa entonces
rendí de amor vasallaje,
hasta que crüel la Parca
le cortó el vital estambre.470
Muerta mi esposa, trató
casarme otra vez mi padre
con vuestra alteza, señora,
que el cielo mil siglos guarde,
sin que este segundo intento475
conmigo comunicase;
yerro que es fuerza que agora
vuestro decoro le pague,
y le sienta yo, por ser
vuestra alteza a quien se hace480
la ofensa; que el sentimiento
no será bien que me falte
a tiempo que por mi causa
padecéis tantos desaires.
(Confusa, hasta ver el fin, Aparte485
será fuerza que se halle.
Mas supuesto que es forzoso
el decirlo y declararme,
rompa el silencio la voz
pues que no puedo excusarme).490
Muerta, señora, ya mi esposa amada,
querida tanto como fue llorado,
pasados muchos días de tormento,
difunto el gusto y vivo el sentimiento,
en un jardín, al declinar el día,495
mis imaginaciones divertía,
mirando cuadros y admirando flores,
archivos de hermosuras y de olores.
Al doblar una punta de claveles,
de esta hermosa pintura los pinceles,500
al pasar por un monte de azucenas,
que mirar su blancura pude apenas,
porque la candidez de su hermosura
la vista me robó con la blancura;
y en una fuente hermosa,505
que tendía el remate de una rosa,
para su adorno un fénix de alabastro,
vi a doña Inés de Castro,
que al margen de la fuente
se miraba en el agua atentamente;510
y olvidado de mí, viendo mi muerte
en su deidad, la dije de esta manera:
“Nunca pensé que pudiera,
muerta mi esposa, querer
en mi vida otra mujer,515
ni que otro cuidado hubiera
con que el dolor divirtiera
de mi pena y mi dolor;
pero ya he visto en rigor,
advirtiendo tu deidad,520
que aquello fue voluntad,
y aquesto sólo es amor.
¿Cómo puede ser –¡ay cielos!–
que en mi casa haya tenido
el mismo amor escondido,525
sin que remontase el vuelo
a su atención mi desvelo?
¿Cómo este bien ignoré?
¿Cómo ciego no miré,
cómo en esta luz hermosa530
no fui incauta mariposa,
y cómo no te adoré?”
Hice este discurso apenas,
cuando a mirarme volvió
el rostro, y entonces yo535
puse silencio a mis penas.
Heladas todas las venas,
quedé, mirándola, helado;
ella, el aliento turbado,
quiso hablar, hablar no pudo,540
quedó suspensa y yo mudo,
en su imagen transformado.
El alma al verla salió
por la puerta de los ojos,
y a sus plantas, por despojos,545
las potencias le ofreció;
el corazón se rindió
sólo con llegar a ver
esta divina mujer,
y ella, viéndome rendido550
y en su hermosura perdido,
pagó con agradecer.
Desde este instante, señora,
desde aqueste punto, infanta,
hicimos tan dulce unión555
reciprocando las lamas,
que girasol de su luz,
atento a sus muchas gracias,
vivo en ella tan unido
debajo de la palabra560
y fe de esposo, que amor
cuando perdido se halla,
para poderla cobrar
se busca entre nuestras ansias.
En una quinta que está565
cerca del Mondego, pasa
ausencias inexcusables,
solamente acompañada
a ratos de mi firmeza
y siempre de mi esperanza.570
Tenemos de aqueste logro
de Cupido, de esta llama
del ciego dios, dos infantes,
dos pimpollos y dos ramas,
tan bellos, que es ver dos soles575
mirar sus hermosas caras.
Querémonos tan conformes,
son tan unas nuestras almas,
que a un arroyo o fuentecilla
adonde algunas mañanas580
sale a recibirme Inés,
todos los de la comarca
llaman, por lisonjearnos,
el Penedo de las ansias.
En fin, señora, mi amor585
es tan grande que no hay planta
que para amar no me imite,
no hay árbol que con las ramas
esté tan unido como
lo estoy con mi esposa amada.590
Y aunque parezca desaire
a vuestra alteza contarla
aqueste empleo, he advertido
que es mejor, para obligarla,
cuando engañada se advierte,595
decirlo y desengañarla,
pues cuando de Portugal
no sea reina, en Alemania,
en Castilla y Aragón,
hay príncipe que estimaran600
saber aquesta ventura
que habéis juzgado a desgracia;
y porque me espera Inés
y culpará mi tardanza,
dadme licencia, señora,605
que a verme en su cielo vaya,
pues es bien que asista el cuerpo
allá donde tengo el alma.
Vase el PRÍNCIPE
INFANTA: ¿Han sucedido a mujer
como yo tales desaires?610
¿cómo es posible que viva
quien ha oído semejante
injuria? ¡Al arma! ¡Venganza!
Despida el pecho volcanes
hasta quedar satisfecha.615
Muera conmigo quien hace
que a una infanta de Navarra
el decoro le profanen.
¡Que una mujer celosa y agraviada
sola consigo mismo es comparada!620
¡Que si la aflige amor y acosan celos,
aun seguros no están de ella los cielos!
Vase la INFANTA
[En la quinta cerca del Mondego]
Salen INÉS, en traje de caza, con escopeta, y VIOLANTE, criada
VIOLANTE: ¿No estás cansada, señora?
INÉS: Sí, Violante, y triste estoy;
hacia el Mondego me voy,625
que el sol el ocaso dora;
y antes que sea más tarde,
pues Pedro no viene, quiero
retirarme.
VIOLANTE: Siempre espero
que hagas de tu gusto alarde,630
sin cuidados amorosos.
INÉS: Violante, no puede ser,
que en la que llega a querer
no hay instantes más gustosos
que los que da a su cuidado.635
¿Qué será no haber venido
mi Pedro?
VIOLANTE: Le habrá tenido
el rey, su padre, ocupado;
desecha ya la tristeza
que te aflige.640
INÉS: No te asombre;
que, aunque Pedro es rey, es hombre,
y temo olvidos.
VIOLANTE: Su alteza
sólo en ti vive, señora,
sólo tu amor le desvela.
INÉS: Como el pensamiento vuela,645
hizo este discurso agora.
Violante, advierte mi pena;
que no temo sin razón,
ni esta profunda pasión
es bien que la juzgue ajena;650
el príncipe, mi señor,
aunque amante le he advertido,
se ve, Violante, querido,
y esto aumenta mi temor;
advierto que está delante,655
contrastando mi fortuna,
una hermosa Venus, una
Blanca, de Navarra infante;
su padre quiere casarle,
aunque casado se ve,660
y puede ser que mi fe
llegue, Violante, a cansarle;
mira tú si mi fortuna
infelice puede ser,
que a la más cuerda mujer665
se la doy de dos la una;
toma la escopeta allá,
ya que ésta la quinta es.
VIOLANTE: Descansa, señora, pues.
INÉS: Todo disgusto me da.670
VIOLANTE: ¿Quieres, señora, que cante,
para divertir tu pena,
una letra nueva y buena
que te alegre?
INÉS: Sí, Violante;
canta, y no por alegrar675
mi pena te lo consiento,
sino porque a mi tormento
quisiera un rato aliviar.
Cantan
VIOLANTE: Saüdade minha,
¿cuándo vos vería?680
INÉS: Diga el pensamiento,
pues sólo él siente,
adorado ausente,
lo que de vos siento;
mi pena y tormento685
se trueque en contento
con dulce porfía.
Saüdade minha,
¿cuándo vos vería?
VIOLANTE: Minha saudade690
caro senhor meu
¿a quem direi eu
tamanha verdade?
Na minha vontade
de noite e de dia695
siempre vos veria.
Saüdade minha,
¿cuándo vos vería?
Sigue hablando
Parece que se ha dormido,
y con paso diligente700
vuelve atrás la hermosa frente,
todo el curso suspendido.
Dejarla quiero al beleño
de este descanso, entre tanto
que da tregua a su llanto,705
árboles guardadla el sueño.
Vase y sale el PRÍNCIPE don Pedro con BRITO
PRÍNCIPE: Gracias a Dios, Brito amigo,
que he salido a ver mi bien.
¿Quién fue más dichoso, quién
pudo igualarse conmigo?710
¿Posible es, Brito, que estoy
donde pueda ver mi esposa,
entre cuya llama hermosa
simple mariposa soy?
BRITO: Tan posible, que llegamos715
a la quinta que está enfrente
del Mondego.
PRÍNCIPE: Aguarda, tente.
BRITO: ¿Has visto algo entre los ramos?
PRÍNCIPE: ¿No ves a Inés celestial
que aquí a la vista se ofrece?720
BRITO: Que está dormida parece
al margen de aquel cristal
que la fuente vierte. Calla.
No la despiertes, señor.
PRÍNCIPE: Díselo, Brito, a mi amor.725
BRITO: Luego, ¿quieres despertalla?
PRÍNCIPE: Quiero, Brito, y no quisiera
impedirla el descansar.
BRITO: Será lástima inquietar
su sosiego.730
Soñando
INÉS: Tente, espera…
PRÍNCIPE: Parece que habla.
BRITO: Estará,
señor, entre sueño hablando.
PRÍNCIPE: ¿Qué estará mi bien soñando?
BRITO: Contigo el sueño será.
INÉS: ¡Que me mata, tente, aguarda!735
¡Alonso, Dionís, Violante!
PRÍNCIPE: Deja, Brito, que adelante
pase, porque ya se tarda
mi deseo en ver despierto
mi hermoso sol.740
BRITO: Llega pues,
pero despertar a Inés
será grande desacierto.
INÉS: No me maten tus rigores;
¿por qué me quitas la vida?
Pedro, Pedro de mi vida,745
esposo, mi bien.
PRÍNCIPE: Amores,
mucho he debido al pesar
que en ti ha ocasionado el sueño,
pues te trajo, hermoso dueño,
en mi pecho a descansar.750
INÉS: ¡Pedro, señor, dueño amado!
PRÍNCIPE: ¿Qué tienes, Inés?
Despierta
INÉS: Soñaba
que la vida me quitaba…
PRÍNCIPE: ¿Quién?
INÉS: Un león coronado,
y a mis dos hijos, –¡ay cielo!–755
de mis brazos ajenaba
y airado los entregaba
–aun no cesa mi recelo–
a dos brutos que inhumanos
los apartaron de mí.760
PRÍNCIPE: ¿Eso, Inés, soñaste?
INÉS: Sí.
PRÍNCIPE: Fueron tus recelos vanos,
desecha, Inés, el dolor,
cóbrate más valerosa,
si bien estás más hermosa765
con el susto y el temor.
INÉS: ¿Eres mío?
PRÍNCIPE: Tuyo soy.
INÉS: Y tuya me fe será.
BRITO: ¿Adónde Violante está?
A pedirla celos voy.770
Vase BRITO
INÉS: Nunca como hoy, dueño mío,
temí de mi amor mudanzas,
no porque de ti no fío,
sino por ser desdichada.
Apenas de nuestra quinta775
salí a caza esta mañana,
cuando vi una tortolilla
que entre los chopos lloraba
su amante esposo perdido.
Yo, de verla lastimada,780
llegué a temer que mi suerte
no me trajese a imitarla.
Vi luego que de una vid
un olmo galán se enlaza,
y envidiosa de sus dichas785
también se me turbó el alma.
Pues un tronco bruto goza
posesión más bien lograda,
yo apenas gozo el bien
cuando todo el bien me falta.790
Y como en la tortolilla
he visto más declaradas
mis sospechas temerosas,
siendo yo tan desdichada,
no es mucho, Pedro, que tema795
llegar a imitar sus ansias.
PRÍNCIPE: Inés, si el sol en la tierra,
como produce las plantas,
infundiera en cada flor
una deidad, y llegara800
a reducir las bellezas
con las de tu hermosa cara
–que es la mayor, dueño mío–,
en otra mujer, palabra
te doy que siendo tuyo805
en mi corazón no hallara
ni un cortesano cariño,
ni una amorosa palabra,
ni un pequeño ofrecimiento,
ni un afecto en que mostrara810
átomos de la afición
con que te adoro, que tanta
fuerza tiene tu hermosura
desde que está retratada
en mi pecho, que tu nombre815
tiene por objeto el alma.
¿Alonso y Dionís, adónde
están?
Sale ALONSO, niño
ALONSO: ¿Padre?
PRÍNCIPE: ¡Prenda amada!
¿Y vuestro hermano?
ALONSO: Señor,
ahora merendando estaba,820
¿quieres que vaya a llamarle?
PRÍNCIPE: Sí, mi vida.
INÉS: Espera, aguarda.
Salen BRITO y VIOLANTE alborotados
BRITO: ¡Señor! ¡Señor! Oye.
PRÍNCIPE: Brito,
¿qué dices?
VIOLANTE: ¡Señora!
INÉS: ¡Cielos!
¿qué es esto? Dilo, Violante.825
VIOLANTE: Dilo, Brito, que no puedo.
PRÍNCIPE: ¿De qué os turbáis? Hablad ya.
BRITO: Por la orilla del Mondego
y el camino de la quinta
tres coches se han descubierto830
y del rey parecen.
INÉS: ¿Hay
más desdichas?
PRÍNCIPE: Ve en un vuelo
y reconoce quién es.
BRITO: Yo ya he visto, aunque de lejos,
que el rey y la infanta vienen835
y Alvar González con ellos
y Egas Coello.
PRÍNCIPE: Ambos son
dos traidores encubiertos.
VIOLANTE: Ya llegan.
INÉS: Pues yo me voy
a retirar.840
PRÍNCIPE: Deteneos,
señora, que estando yo
con vos, no hay que temer riesgos.
Salen el REY don ALONSO, la INFANTA, ÁLVAR González, EGAS Coello y acompa¤amiento
REY: Aquesta es la quinta, entrar.
¡Pedro!
PRÍNCIPE: Señor, ¿qué es esto?
INFANTA: Ahora empieza mi venganza. Aparte845
INÉS: Ahora empiezan mis celos. Aparte
REY: Ahora empieza mi castigo. Aparte
PRÍNCIPE: Ahora empieza mi tormento. Aparte
ÁLVAR: Ahora se enoja el rey. Aparte
EGAS: Ahora se quieta el reino. AparteAparte los dos850
VIOLANTE: Ahora te echan a galeras.
BRITO: Ahora te dan ducientos
por alcahueta, Violante.
VIOLANTE: Miente y calle.
BRITO: Callo y miento.
REY: No sé cómo reportarme.855
En fin, príncipe don Pedro,
¿ocasionáis a que haga
vuestro padre estos excesos
de salir para buscaros
fuera de la corte?860
INÉS: (Cielos, Aparte
temiendo estoy su rigor,
pero con todo yo llego).
Déme vuestra majestad
a besar su mano.
REY: (¿El cielo Aparte
mayor belleza ha formado?865
De mirarla me enternezco).
¿Cómo os llamáis?
INÉS: Doña Inés
de Castro.
REY: Alzaos del suelo.
INÉS: Quien a vuestros pies se ve
goza, señor, de su centro,870
pues en ellos…
REY: Levantad.
INÉS: …toda mi ventura tengo.
REY: (¡Qué honestidad, qué cordura!) Aparte
¨Quién es esto caballero?
PRÍNCIPE: Un deudo cercano mío.875
REY: También debe ser mi deudo.
Lindo es. ¿Cómo os llamáis?
ALONSO: Alonso, al servicio vuestro.
REY: Por vuestro abuelo será.
INÉS: Tiene muy honrado abuelo.880
REY: Y muy hermosa y muy noble
madre.
INFANTA: (¿Qué ha sido esto, cielos?) Aparte
REY: Vamos.
INFANTA: (¿A esto el rey me trajo? Aparte
Perderé el entendimiento).885
REY: Venid, Infanta.
EGAS: Señor,
ved que para vuestro reino
este inconveniente es grande.
ÁLVAR: Y con este impedimento
de doña Inés, doña Blanca890
no logrará su deseo
de casar en Portugal.
REY: Ya lo he mirado, Egas Coello;
mas no es ocasión agora
de salir de tanto empeño.895
ALONSO: Dadme la mano, señor,
y la bendición.
REY: ¡Qué bueno!
¿Hay más gracioso muchacho?
INFANTA: (Mis desdichas voy sintiendo). Aparte
REY: Adiós, doña Inés.900
INÉS: Señor,
guarde mil años el cielo
a vuestra real majestad,
para mi señor y dueño
de mi albedrío.
REY: ¡Inés!
¡Cuánto con el alma siento,905
no poder aquí, aunque quiera,
mostrar lo mucho que os quiero!
BRITO: Violante, adiós; que me voy.
VIOLANTE: Brito, adiós; que lo deseo.
PRÍNCIPE: Adiós, Inés de mi vida.910
INÉS: Adiós, adorado dueño.
PRÍNCIPE: ¡Muerto voy!
INÉS: ¡Yo voy sin alma!
PRÍNCIPE: ¡Qué desdicha!
INÉS: ¡Qué tormento!
Vanse todos
