NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO
Pedro Calderón de la Barca
Texto basado en las COMEDIAS DE DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA, ed. Juan Jorge Keil (Leipzig, 1830), tomo IV. Fue editado en forma electrónica por David Hildner y luego pasado al HTML para ser presentado en esta colección por Vern Williamsen en 1998.
Personas que hablan en ella:
- Don CARLOS
- Don JUAN Roca
- Don DIEGO Centellas
- Don PEDRO de Lara, viejo
- FABIO, criado
- GINÉS, criado
- Doña LEONOR
- Doña BEATRIZ
- INÉS, criada
JORNADA PRIMERA
Salen don CARLOS y FABIO, vestidos de camino
CARLOS: ¿Diste el papel?
FABIO: Sí, señor;
y con notable alegría
dijo que al punto vendría
a esta posada.
CARLOS: Y Leonor
¿habráse ya levantado?5
FABIO: Aun no ha abierto su aposento.
CARLOS: Pues llama en él, porque intento
darla parte del cuidado
con que a asegurar me atrevo
su vida y su honor aquí,10
por lo que me debo a mí,
no por lo que a ella la debo.
Llama, pues; que ya es hora
de que despierte.
Sale doña LEONOR
LEONOR: Eso fuera
si yo, don Carlos, durmiera;15
pero quien padece y llora
desdenes de una fortuna
tan crüel, tan inclemente,
tan a todas horas siente
que no descansa en ninguna.20
¿Qué me quieres?
CARLOS: Informarte
de cómo en tan triste suerte
trata mi amor defenderte,
ya que no es posible amarte.
Sabrás…25
LEONOR: No prosigas, no;
pues sea justo o no sea justo,
basta saber que es tu gusto
para obedecerle yo.
Que, aunque en pena semejante
atento te considero30
a la ley de caballero,
primero que a la de amante,
en mí no hay más elección,
más gusto, más albedrío
que el tuyo; siendo éste el mío,35
¿para qué es la relación?
CARLOS: ¡Oh, qué bien esa humildad,
hermosa Leonor, viniera,
si de voluntad naciera,
y no de necesidad!40
LEONOR: A quien ya le ha persuadido
la apariencia de un engaño
tarde o nunca el desengaño
pondrá su queja en olvido;
y más cuando él de su parte45
tan poco hace por creer
que pudo o no pudo ser.
CARLOS: No trates de disculparte;
que no has de poder, Leonor.
LEONOR: Haz una cosa por mí,50
por ser la última que aquí
ha de deberte mi amor.
CARLOS: Sí haré; sal de ese cuidado.
Dime, pues, lo que deseas.
LEONOR: Escúchame, y no me creas55
después de haberme escuchado.
CARLOS: Con aquesa condición,
sí haré. Prosigue, pues; di.
¿Qué es lo que quieres de mí?
LEONOR: Solamente tu atención.60
CARLOS: Aguarda. ¡Fabio!
FABIO: ¿Señor?
CARLOS: Si viniere el caballero
que llamaste, entra primero,
porque se esconda Leonor.
Vase FABIO
Prosigue ahora.65
LEONOR: Ya sabes,
Carlos mío… Mal empiezo,
pues yendo a decir verdades,
hube de empezar mintiendo.
Descuido fue; ¡ay Dios! ¡Cuál debe
de andar mi amor acá dentro,70
pues, de cuanto arroja fuera,
hasta el descuido es requiebro!
Ya sabes, digo otra vez,
la ilustre sangre que tengo,
por la estimación que has visto75
en mis padres y en mis deudos.
También sabes que por mí,
Carlos, no la desmerezco,
aunque quieran mis desdichas
deslucir mis pensamientos.80
¡Oh, cuánto en esta materia
cobarde estoy, conociendo
que contra mí hasta la misma
verdad sospechosa tengo!
Pues quien me viere venir85
peregrinando a otro reino
en poder de un hombre mozo,
y dé este con tal despego
tratada que las finezas
que a su ilustre sangre debo90
aun no las debo yo, pues
él se las debe a sí mesmoþ
¿cómo creerá que sin culpa
tantas desdichas padezco,
cuando al primero que obligo95
es el primero que ofendo?
Pero ¿qué importa, qué importa
que en lo aparente y supuesto
se conjuren contra mí
estrella, fortuna y tiempo,100
si en la verdad han de hallarse
todos de mi parte, haciendo
lo que el sol con el eclipse,
que, aunque borre sus reflejos,
aunque perturbe sus rayos,105
no por eso, no por eso
deja, a pesar de las sombras,
de salir después, venciendo
la vaga interposición
que ya le juzgaba muerto?110
Y al fin contra cuantas nieblas
mi esplendor deslucen, pienso
coronarme victoriosa;
y hasta llegar este efecto,
hoy, a pesar de sus iras,115
a atar el discurso vuelvo.
En la corte, patria mía,
–¡oh, pluguiera al mismo cielo
hubiera sido al nacer
mi cuna y mi monumento!–120
Carlos, me viste una tarde
que, a San Isidro saliendo
con unas amigas mías
por amistad o por deudo,
llegaste a hablarlas y, dando125
licencias el campo–atento
a mi hermosura dijera,
si pensara que la tengo–
de galán y de entendido
juntaste los dos extremos,130
haciendo la cortesía
capa del atrevimiento.
Continuaste desde entonces
en mi calle los paseos,
en mi reja los suspiros,135
de día y de noche siendo
la estatua de mis umbrales
y la sombra de mi cuerpo.
Solicitaste crïadas
y amigas, que son los medios140
comunes de amor, a quien
debiste que tus afectos
oyese, para escucharlos,
si no para agradecerlos.
¡Cuántos días te costó145
de finezas y desvelos
que leyese un papel tuyo!
Tú lo sabes; y así quiero,
dejando empeños menores,
ir a mayores empeños.150
Enterada yo de que
fuesen, Carlos, tus intentos
tan lícitos que aspiraban
sólo a fin de casamiento,
admití, menos crüel155
que debiera, tus deseos;
pero con aquel seguro
bastante disculpa tengo
en lo ilustre de tu sangre,
lo honrado de tus respetos,160
lo galán de tu persona
y lo sutil de tu ingenio.
Ya nuestra correspondencia
entablada, en el silencio
de la noche, porque a él solo165
se fïaba el amor nuestro,
nos hablábamos por una
reja de mi cuarto; y viendo
que no dejaba de ser
escándalo a los que, necios,170
de sus cuidados se olvidan
por cuidar de los ajenos,
tratamos que desde entonces
entrases al aposento
de un criado, donde yo175
hablarte podía sin miedo.
De esta vil curiosidad
que tantos daños ha hecho,
pues los peligros de afuera
enmienda con los de adentro,180
una noche que veniste
más tarde que otras–no quiero
hablar, que no es ocasión,
en si otro divertimiento
más gustoso te detuvo,185
pues al fin yo le agradezco
la novedad de venir
al daño y no venir presto–
entraste en mi casa, y cuando,
quejoso mi sentimiento,190
desconfïada mi fe,
te esperaba con aquellos
dulces desaires de amor
que entre confianza y miedo
hacen el cariño más195
porque le descubren menos,
apenas una palabra
pude hablarte, cuando siento
dentro de mi cuarto ruido
y a saber quién era vuelvo.200
Tú, pensando que sería
desdén estudiado, a efecto
de castigar tu tardanza,
me seguiste, cuando–¡ay cielos!–
vi–¡mátame mi memoria!–205
que–¡con qué dolor me acuerdo!–
un–¡con qué pena lo digo!–
hombre–¡ahógame mi aliento!–
embozado–¡qué desdicha!–
hacia mí…210
Sale FABIO
FABIO: Aquel caballero
que enviaste a llamar aguarda
ahí fuera.
CARLOS: Éntrate allá dentro;
que no quiero que te vea
hasta después.
LEONOR: ¡Que hasta en esto
hube de ser desdichada,215
pues, aun para este pequeño
alivio de hablar siquiera,
hubo de faltarme tiempo!
CARLOS: Hoy verás cuánto es en vano
querer disculparte.220
FABIO: Presto,
si has de esconderte; que entra.
CARLOS: Tú salte allá fuera luego;
A LEONOR
y tú escucha lo que hablamos.
LEONOR: ¡Qué poco a mi estrella debo!
CARLOS: Menos debo yo a la mía,225
pues lo que me dio la he vuelto.
Escóndese doña LEONOR y vase FABIO. Sale don JUAN
JUAN: ¡Don Carlos, primo!
CARLOS: Los brazos
me dad, don Juan.
JUAN: Aunque tengo
para negarlos razón,
conmigo acabar no puedo230
que valga la queja más
que vale el gusto de veros.
¿Vos en Valencia, don Carlos,
y no en mi casa? ¿Qué es esto?
Pues ¿cómo se hace este agravio235
a amistad y parentesco?
CARLOS: La queja, don Juan, estimo,
como es justo; pero tengo
la disculpa tan a mano
que habéis de olvidarla presto.240
¿Cómo estáis?
JUAN: Para serviros
siempre, a todo trance expuesto.
CARLOS: ¿Vuestra hermana y prima mía?
JUAN: Salud goza; mas dejemos
el cumplimiento, por Dios;245
que es un hidalgo muy necio.
¿Qué venida es esta, Carlos?
¿Qué hay en la corte de nuevo?
CARLOS: ¿Qué ha de haber? Desdichas mías,
de que en vano voy huyendo;250
pues dondequiera que voy
allí, don Juan, las encuentro.
JUAN: Con eso que me habéis dicho
me habéis crecido el deseo
de saber qué causa os trae255
tan despulsado el aliento.
CARLOS: Yo vi una hermosura, y yo
la amé, don Juan, tan a un tiempo
todo, que entre ver y amar
aun no sé cuál fue primero.260
Rendido ostenté finezas,
constante sufrí desprecios,
fino merecí favores,
celoso lloré tormentos;
que éstas son las cuatro edades265
de cualquier amor; pues vemos
que en brazos del desdén nace,
crece en poder del deseo,
vive en casa del favor
y muere en la de los celos.270
Entraba de noche a hablarla
de un criado al aposento
que corresponde a su cuarto;
escuchamos pasos dentro,
volvió ella, y yo tras ella,275
o recelando o temiendo
que fuese su padre, cuando
vimos un hombre cubierto
que de su cuarto venía
a hurto sus pasos siguiendo.280
“¿Quién es?” dijo. Él respondió:
“Quien sólo quiso ver esto.”
Yo nada hablé, porque a vista
de mi dama y de mis celos
remití toda la voz285
a la lengua del acero.
Saqué la espada y, cerrando
los dos, a morir resueltos,
quiso, no sé bien si diga
piadoso o crüel, el cielo290
que de una herida cayese
en la tierra, para hacernos
iguales las suertes; pues
nos vimos a un punto mesmo,
muerto de la herida él,295
y yo del agravio muerto.
Bien pensaréis que ésta es sola
mi desdicha y que el suceso
para en que yo delincuente
me vengo a Valencia, huyendo300
del rigor de la justicia.
Pues no, don Juan, pues no es eso;
que ahora empieza el más extraño,
el más notable, el más nuevo
lance de amor que jamás305
dio la cadena a su templo.
Al ruido de las espadas,
de la dama los extremos,
dieron las crïadas gritos;
despertó su padre a ellos;310
consideradme a mí ahora,
sobre declarados celos,
conjurando contra mí
su familia a un noble viejo,
desmayada aquí mi dama,315
y allí mi enemigo muerto.
En este trance me hallaba
cuando ella–¡ay de mí!–volviendo
del desmayo, me pidió
su vida amparase. ¡Ah cielos,320
qué bien hace la mujer
que, habiendo de hacer un yerro,
lo fía de buena sangre!
Dígalo yo, pues en medio
de su traición y mi agravio325
dispuse acudir primero
al reparo de su vida
que no al de mi sentimiento.
“Sígueme presto,” la dije;
y haciendo muro mi pecho,330
salí con ella a la calle,
donde las alas del miedo
nos ampararon de suerte
veloces que en un momento
en cas de un embajador335
tomamos seguro puerto.
Envié a llamar un criado
que, informado de secreto
de todo, volvió a decirme
que el hombre era un caballero340
forastero, que en la corte
estaba a seguir un pleito,
cuyo nombre, aunque le oí,
por ahora no me acuerdo;
que la herida en la cabeza345
le privó el sentido, pero,
aunque con poca esperanza
de vida, no estaba muerto,
sino en otra casa, adonde
le llevó un alcalde preso;350
que, habiendo sabido que era
yo el agresor del suceso,
mi hacienda estaba embargando.
Ya añadió después a esto
que el padre, como hombre al fin355
prudente, advertido y cuerdo,
ni querella ni otra alguna
diligencia había hecho,
porque su venganza sólo
librada tenía en su esfuerzo.360
Yo, viéndome, pues, cercado
de penas y en un empeño
tan grande como amparar
la causa de ellas, resuelvo
salir de Madrid, adonde365
pueda vivir por lo menos
sin temor de la justicia,
ni de su padre y sus deudos.
Y así, lleno de pesares
y de obligaciones lleno,370
acordándome de vos,
de vos a valerme vengo.
Yo, don Juan, traigo conmigo
aquesta dama, a quien tengo
de salvar la vida a costa375
de todos mis sentimientos.
En dejándola segura,
pues ésta es en todo riesgo
mi primera obligación,
podrán mis desdichas luego380
acudir a la segunda;
pues la segunda que tengo
es huir de esta enemiga
que como noble defiendo,
que como quejoso obligo,385
como enamorado quiero
y como ofendido huyo;
y en dos contrarios extremos,
acudiendo a las dos partes,
de amante y de caballero,390
enamorado la adoro
y celoso la aborrezco;
cuyas dos obligaciones
tan cabal la acción han hecho
que desde Madrid aquí,395
si no es hoy, juraros puedo
que no la hablé dos palabras;
porque no quise que en tiempo
ninguno de mí dijese
la fama que pudo menos400
mi valor que mi apetito;
que es hombre bajo, que es necio,
es vil, es ruin, es infame
el que solamente atento
a lo irracional del gusto405
y a lo bruto del deseo,
viendo perdido lo más,
se contenta con lo menos.
Mirad vos cómo en Valencia,
con otro nombre supuesto,410
podrá vivir esta dama,
en qué casa, en qué convento,
en qué retiro, en qué aldea,
donde vereis que la dejo
lo poco que traer conmigo415
pude para su sustento;
que a mí me basta esta espada;
pues al instante, al momento
que ella asegurada quede,
yo tengo de ir de ella huyendo.420
A Italia a servir al Rey
me pasaré, donde al cielo
le pido que la primera
bala acierte con mi pecho,
porque con mi vida acaben425
de una vez tantos recelos,
tantas penas, tantas ansias,
agravios y sentimientos,
que como noble las huyo
y como amante las siento.430
JUAN: Es tan nueva vuestra historia,
tan raro vuestro suceso
que sólo puede admirarse,
dejándoselo al silencio.
Y hablando, no en el pasado,435
pues ya no tiene remedio,
sino en lo presente, vamos
lo que ha de ser previniendo.
Donde mejor esta dama
estará es en un convento;440
mas tiene el inconveniente
de haber de estarla asistiendo,
cuando tan pobre os halláis,
sin renta y con alimentos;
que, aunque mi alma, mi vida,445
mi ser y honor, todo es vuestro,
mi hacienda está de manera,
don Carlos, que no me atrevo,
porque no sé si después
podré cumplirlo, ofrecerlo.450
Y así en mi casa presumo
que habrá de estar, donde creo
que…
CARLOS: No paséis adelante;
que, aunque la oferta agradezco,
no me es posible aceptarla,455
ni que, estas cosas sabiendo,
dé ese cuidado a mi prima.
Fuera de que no es respeto
llevar mi dama a su casa;
que, aunque por su nacimiento460
mereciera bien su lado,
estos extraños sucesos
ajan mucho las noblezas.
JUAN: Oíd, que para todo hay medio.
A una doncella de casa465
mi hermana habrá poco tiempo
que puso en estado, y hoy
está sin ella. Yo tengo
una dama, amiga suya,
a quien sirvo y galanteo470
para casarme, y a quien
podré fïar el secreto.
Pidiéndole yo a esta dama
que la envíe a casa, dejo
asegurada la parte475
de que mi hermana, sabiendo
quién es, lo tenga a disgusto.
Y aunque el desdoro confieso
de que entre con este nombre,
puede tolerarse, siendo480
en lo público crïada
y señora en lo secreto;
pues yo he de estar a la mira,
siempre a su servicio atento.
CARLOS: El medio no era muy malo485
para asegurarla; pero
no me atreveré, don Juan,
yo a decirlo y proponerlo
a Leonor, porque…
Sale doña LEONOR de donde estaba escondida
LEONOR: Detente;
que yo responderé a eso.–490
Señor don Juan, no tan sólo
como crïada sirviendo
en vuestra casa estaré
honrada y gustosa, pero
como esclava que compráis495
de aquesta fineza a precio;
porque no habrá para mí,
si es que para mí hay consuelo,
otro alguno, sino sólo
saber que ha de ser mi dueño500
cosa tan propia de Carlos;
y así, humilde a esos pies ruego
facilitéis esta dicha.
Y pues os he estado oyendo,
y en la relación que él505
de mis fortunas ha hecho
parece que estoy culpada
y que apelación no tengo,
porque a vuestra casa no
llevéis ni aun el más pequeño510
escrúpulo de que soy
tan fácil como parezco,
plegue a Dios que él me destruya
con su poder, y los cielos
me falten, si yo a aquel hombre515
embozado y encubierto
ocasión le di jamás
para tanto atrevimiento,
si ya no es darle ocasión
a un hombre darle desprecios.520
JUAN: Vuestra hermosura, señora,
al paso que vuestro ingenio,
os acredita conmigo;
y no ya por Carlos quiero
hacer la fineza, si es525
fineza la que os ofrezco,
sino por vos. Que la escriba
mi dama a mi hermana quiero
un papel que vos llevéis.
Esperad, que al punto vuelvo.530
Vase
LEONOR: Ya, don Carlos, que ha llegado
el plazo de tus deseos,
pues ya te verás sin mí,
una cosa sola espero
que añadas a las finezas535
que hasta este instante te debo.
CARLOS: Déjame, Leonor, por Dios;
no apures mi sufrimiento,
porque no sé que te adoro
hasta que sé que te pierdo.540
Pero dime, ¿qué me quieres
pedir?
LEONOR: Que si en algún tiempo
te llegare el desengaño
de la culpa que no tengo,
me has de cumplir la palabra545
que me diste.
CARLOS: No sólo eso
ofrezco a ese desengaño,
Leonor, pero hacerte ofrezco
víctima el alma y la vida.
Pero ¿cómo me enternezco550
de esta suerte? ¿Tú no eres
la que aquel hombre encubierto
en tu aposento tenías?
Pues ni aun desengaños quiero
tuyos, sino huir de ti,555
ya que segura te dejo.
LEONOR: Vete, vete; que algún día
volverán por mí los cielos.
CARLOS: Si esa esperanza no hubiera,
me hubiera yo, Leonor, muerto560
a manos de mi dolor.
LEONOR: Si airado una vez, si tierno
otra vez me hablas, ¿por qué,
más al mal que al bien atento,
no te pones de mi parte565
y crees, Carlos, que puedo
estar sin culpa?
CARLOS: Porque
temo que en cualquier suceso
siempre es cierto lo peor.
LEONOR: Pues yo en mi inocencia espero570
que ha de haber suceso en que
no siempre lo peor es cierto.
Vanse. Sale doña BEATRIZ leyendo un papel, y tras ella INÉS
INÉS: (Leyendo mi ama un papel, Aparte
tan triste y confusa está
que mil deseos me da575
de saber lo que hay en él.
Una vez le aja furiosa,
y al cielo elevada mira,
otra llora, otra suspira.)
BEATRIZ: ¿Hay suerte más rigurosa?580
INÉS: (A leer vuelve. ¿De qué nace Aparte
ya el agrado y ya el furor?
Sin duda que es borrador
de alguna comedia que hace.)
BEATRIZ: Bien dicen que una crüel585
pluma áspid es de ira lleno,
de quien la tinta es veneno
en las hojas del papel.
Dígalo yo, pues a mí
muerte su traición me dio.590
¿Quién creerá mis penas?
INÉS: Yo.
BEATRIZ: Inés, ¿tú estabas aquí?
INÉS: A esta cuadra salí ahora
y, viendo la confusión
que tiene tu corazón,595
te he de suplicar, señora,
digas qué causa te obliga
a tan grande extremo.
BEATRIZ: Es tal
que, por aliviar el mal,
es fuerza que te la diga.600
Bien te acuerdas que don Diego
Centellas me galanteó
mucho tiempo.
INÉS: Sí.
BEATRIZ: Y que yo,
agradecida a su ruego,
a su amor y a su fineza,605
le correspondí.
INÉS: Muy bien.
BEATRIZ: Bien te acordarás también
que, aunque es tanta su nobleza,
no se declaró jamás
con mi hermano, hasta salir610
con pleito que a seguir
fue a la corte.
INÉS: Lo demás.
BEATRIZ: Pues Ginés, un criado suyo,
que de mí obligado vive,
aquesta carta me escribe,615
de que claramente arguyo
que, en Madrid enamorado,
el pleito a que fue es de amor.
La carta dirá mejor
su traición y mi cuidado.620
“Cumpliendo, señora, con la
obligación de lo que ofrecí, que fue
avisar de todo, hago saber a Vuestra Merced que en
casa de una dama de esta corte dejó por
muerto a mi señor un caballero de una625
herida, de que estuvo dos días sin sentido
y preso. Ya, gracias a Dios, está mejor y
libre, y de partida para esa ciudad, adonde…”
No leo más, porque confieso
que me ahogan las ansias mías.630
INÉS: ¿Qué más, señora, querías
leer, después de leído eso?
BEATRIZ: ¿Este es el pleito a que fue
don Diego?
INÉS: Era necesario;
que siempre es pleito ordinario635
de Madrid amor.
BEATRIZ: No sé
con qué estilos, con qué modos
pueda explicar mi dolor.
INÉS: Quien vio partir al señor
–¡oh, fuego de Dios en todos!–640
ofreciendo maravillas,
y como los alfareros
de amor, no sólo pucheros
hacen, sino cantarillas;
y al fin duran sus extremos645
hasta que otra cara ven.
Pero, pícaros, también
nosotras lo mismo hacemos.
Y al cabo de la jornada
bien sabe mi santo Dios650
que estamos en paz, y no os
quedamos a deber nada.
BEATRIZ: De rabiosos celos muerta
estoy.
INÉS: Tienes mil razones.
BEATRIZ: Y durarán mis pasiones655
hasta que… Pero ¿a esa puerta
Inés, no han llamado?
INÉS: Sí.
BEATRIZ: Pues llega; mira quién es.
INÉS: (¡Ay de ti, pobre Ginés, Aparte
si otro escribiera de ti660
que en Madrid descalabrado
mi casto honor ofendías!)
BEATRIZ: Locas confusiones mías,
ya que a ver habéis llegado
efectos de una mudanza,665
haced, pues todo es del viento,
que me lleve el pensamiento
quien me llevó la esperanza.
Diera, por ver a la dama
que pudo empeñarle así,670
el alma y la vida.
Salen INÉS y doña LEONOR vestida pobremente con manto
INÉS: Aquí
está; entrad.
BEATRIZ: Inés, ¿quién llama?
LEONOR: Quien, si merece, señora,
besar vuestra blanca mano,
podrá desmentir, no en vano,675
sus fortunas desde ahora,
pues de su golfo crüel
puerto toma en vuestro cielo.
Arrodíllase
BEATRIZ: Alcese, amiga, del suelo.
LEONOR: (¡Que mal me ha sonado el “él”!) Aparte680
BEATRIZ: ¿Qué es lo que quiere?
LEONOR: Este aquí
carta de creencia es.
BEATRIZ: ¿Cúyo es?
LEONOR: De Violante.
BEATRIZ: (¡Inés, Aparte
qué buena cara!)
INÉS: (Así, así.) Aparte
LEONOR: (Fortuna, ¿a qué más extremo Aparte685
puedes haberme traído?
Y aun lo que lloro no ha sido
tanto como lo que temo.)
BEATRIZ: Violante me escribe aquí,
sabiendo que una criada690
que he tenido está casada,
que en su lugar…
LEONOR: (¡Ay de mí!) Aparte
BEATRIZ: …la reciba, porque tiene
bastante satisfacción
que su virtud y opinión695
a mi servicio conviene;
de que agradecida quedo
a la intercesión.
LEONOR: Los pies
me da otra vez.
BEATRIZ: ¿De dónde es?
LEONOR: Soy de tierra de Toledo.700
BEATRIZ: Pues ¿a qué a Valencia vino?
LEONOR: Con una dama, señora,
de la virreina, que ahora
ha muerto. Y así previno
mi suerte buscar a quien705
servir pueda en la ciudad.
BEATRIZ: Su buena gracia, en verdad,
y su persona también
me agradan. ¿De qué servía?
LEONOR: De doncella de labor.710
INÉS: (Eso sí; que fuera error Aparte
esotra doncellería.)
LEONOR: Yo la tocaba, y no dudo
que daros gusto sabré
en esta parte, porque715
abril inventar no pudo
flor que yo de tal manera
no imite, que ese cabello
competir hermoso y bello
le haré con la primavera.720
Enaguas, valonas, tocas
no habrán menester salir
de casa para lucir;
pues como yo sabrán pocas
aderezallas ni hacellas725
del uso que más se tray.
No hay labor blanca, no hay
puntas sutiles y bellas
que no haga con perfección
tanta que dirás, no en vano,730
que allí no anduvo la mano
sino la imaginación.
Bordo razonablemente
broca, cañamazo y gasa.
BEATRIZ: Lo que ha menester mi casa735
me ha venido cabalmente;
y así puede desde luego
quedarse en casa; que aunqué
dueño mío y de ella fue
mi hermano, a dudar no llego740
que, siendo esto gusto mío,
él no lo embarazará.
LEONOR: Que no se disgustará,
señora, en quien es confío;
que hacer a un triste feliz745
es de nobles como él.
BEATRIZ: ¿Cómo se llama?
LEONOR: Isabel.
BEATRIZ: Quítese el manto.
Sale don JUAN
JUAN: ¡Beatriz!
BEATRIZ: ¡Hermano don Juan!
JUAN: ¿Qué hacías?
BEATRIZ: Una fineza por ti750
haciendo estoy.
JUAN: ¿Cómo así?
BEATRIZ: Porque sabiendo que habías
de agradecer, como amante,
dar gusto a tu dama bella,
recibí aquesa doncella,755
por ser cosa de Violante.
JUAN: La buena cortesanía
y la malicia agradezco.
A LEONOR
Y así esta casa os ofrezco,
por vos y quien os envía;760
porque si para los dos
tal encomienda traéis,
vos a Beatriz serviréis,
pero yo os serviré a vos.
LEONOR: Guárdeos el cielo, señor,765
por la merced que me hacéis.
En mí una esclava tendréis.
JUAN: (¿Qué te parece, Leonor, Aparte
de la casa y Beatriz bella?)
LEONOR: (Que solamente con esto Aparte770
que hoy la he debido, se ha puesto
en paz conmigo mi estrella.)
JUAN: Beatriz, hablarte quisiera
en una cosa que hoy
por mí has de hacer.775
BEATRIZ: Tuya soy.
Idos las dos allá fuera.
Hablan don JUAN y doña BEATRIZ en secreto
INÉS: Usted, señora Isabel,
me conozca por crïada,
por amiga y camarada;
que uno y otro seré fiel,780
como su mucho valor
solamente haga una cosa.
LEONOR: ¿Qué es?
INÉS: No serme escrupulosa
en un tantico de amor.
LEONOR: Esa caduca costumbre785
ya espiró. Y si verdad digo,
también traigo yo conmigo
mi poca de pesadumbre.
INÉS: Como eso tu voz me diga,
desde aquí de mejor gana790
seré amiga más que hermana.
LEONOR: Y yo hermana más que amiga.
(¡Que hable yo así! Cielos, ¿quién Aparte
aquesto creerá de mí?)
Vanse las dos
BEATRIZ: ¿Carlos en Valencia?795
JUAN: Sí;
mas publicarlo no es bien,
porque de secreto pasa
a Nápoles; y esto ha sido
causa de que no ha venido
a servirse de esta casa.800
Mas vendrá al anochecer
a verte, y lo que quisiera
que por mí tu amor hiciera
es prevenir y tener
algún regalo que hacelle.805
BEATRIZ: Digo que yo trastearé
mis escritorios; veré
qué hay en ellos que ofrecelle;
que, aunque estoy desalhajada,
para cosas semejantes810
habrá bolsas, lienzos, guantes;
y de la ropa excusada
que hay por estrenar, verás
un azafate que creo
que le acredite el deseo.815
JUAN: Notable gusto me das.
BEATRIZ: Esto y la cena de mí
fía.
JUAN: Pues yo vuelvo luego.
Adiós.
BEATRIZ: (¡Oh traidor don Diego, Aparte
quién se vengara de ti!)820
Vase
JUAN: A Carlos quiero avisar
el efecto que ha tenido
el papel; y aunque haya sido
su mayor cuidado estar,
lo que ha que está, tan secreto825
que ninguno puede velle,
esta noche he de traelle
conmigo a casa.
Vase. Salen don DIEGO y GINÉS, de camino
DIEGO: En efeto
gran gusto es volver un hombre
a ver la patria, Ginés.830
GINÉS: Y más cuando ha estado tan
a pique de no volver.
DIEGO: Convaleciente me vi
y libre apenas, porqué
contra mí no hubo querella,835
cuando al instante traté
de ausentarme de Madrid,
por el recelo de que
los parientes de Leonor
muerte a su salvo me den.840
GINÉS: Si esto de morir es burla
pesada para una vez,
¿qué será para dos veces?
Tú hiciste, señor, muy bien.
DIEGO: ¿No es don Juan aquél que sale845
de su casa?
GINÉS: Sí.
DIEGO: Ginés,
todo parece que hoy
me va sucediendo bien.
GINÉS: Pues ¿qué maula te has hallado?
DIEGO: ¿Es poca dicha saber850
que, estando ahora don Juan
fuera de casa, podré
ver a Beatriz?
GINÉS: ¿De Beatriz
te acuerdas?
DIEGO: ¿Cuándo olvidé
yo su gran belleza?855
GINÉS: Cuando
por otra, que yo miré,
te dieron en la cabeza,
o de tajo o de revés,
un tanto con que por tanto
no vuelves acá otra vez.860
DIEGO: Eso de servir un hombre
en ausencia otra mujer
es licencia concedida
al amante más fïel.
GINÉS: Lo mismo hacen ellas.865
DIEGO: Llega,
y pregunta por Inés
y dila que estoy yo aquí…
y advierte una cosa…
GINÉS: ¿Qué?
DIEGO: Que del pasado suceso
a nadie noticia des,870
y más en cas de Beatriz.
GINÉS: ¿Eso había yo de hacer?
Cree que hoy no sabrá de mí
más de lo que supo ayer,
que no la vi de mis ojos.875
DIEGO: Llega, pues; llama.
Llama GINÉS a la puerta. Sale INÉS
INÉS: ¿Quién es?
GINÉS: Señora Inés, un criado
de toda vuesa merced,
que tan amante y rendido
se viene como se fue.880
INÉS: ¡Ginés mío! ¿No me das
un abrazo?
GINÉS: Y dos y tres;
que no soy yo miserable.
INÉS: ¿Cómo has venido?
GINÉS: Después
lo sabrás muy por extenso;885
que no hay tiempo ahora, porqué
mi señor te quiere hablar.
INÉS: Luego ¿ha venido también?
DIEGO: Sí, Inés, y con mil deseos
de verte a ti y de saber890
cómo está Beatriz.
INÉS: Pues buena
la hallarás, sabiendo…
Sale BEATRIZ
BEATRIZ: Inés,
¿quién llamaba, que con tanta
conversación estás?
DIEGO: Quien
peregrino y derrotado895
de la tormenta crüel
de una ausencia en que, rendido
el zozobrado bajel
de amor a uno y otro embate,
sufrió uno y otro vaivén,900
hasta que, tranquilo el mar,
con el bello rosicler
de los amigos celajes,
toma puerto a vuestros pies,
adonde consagra humilde905
la tabla, que tumba fue
en el templo de su amor,
al ídolo de su fe.
BEATRIZ: (¡Que mientan así los hombres! Aparte
Mas disimular es bien.)910
Aunque más, señor don Diego…
pero luego os lo diré.
(Inés, mira que no salga Aparte
a aquesta cuadra Isabel;
que no es bien que el primer día915
mis penas sepa.)
INÉS: (Haces bien.) Aparte
Ginés, después nos veremos.
GINÉS: Como nos veamos después,
yo haré verdad el refrán
de “un poco te quiero, Inés.”920
Vase INÉS
BEATRIZ: Aunque más, señor don Diego,
–vuelvo a decir otra vez–
(¡Qué mal se encubre el dolor!) Aparte
encarezcáis ni pintéis
de la ausencia las tormentas,925
significar no podréis
las que he padecido yo,
siempre amante y siempre fiel.
DIEGO: (¡Albricias, que nada sabe!) Aparte
GINÉS: (¿Cómo lo había de saber?) Aparte930
BEATRIZ: ¿Cómo en la corte os ha ido?
DIEGO: Como ausente de vos, pues
no hay gusto en ausencia amando,
si no es uno.
BEATRIZ: ¿Cuál?
DIEGO: Volver
a vista de lo que se ama.935
BEATRIZ: (¡Que falso conmigo esté! Aparte
Un áspid tengo en el pecho
y en la garganta un cordel.)
¿En qué estado el pleito queda?
DIEGO: Como estaba le dejé,940
porque mi poca salud
me trae a convalecer.
BEATRIZ: ¿De qué achaque?
DIEGO: De no veros.
BEATRIZ: Pues ¿no hay en Madrid que ver?
¿No son bizarras sus damas?945
DIEGO: Como a ninguna miré,
no puedo dar voto en ellas.
BEATRIZ: ¿Ninguna?
DIEGO: Di tú, Ginés,
la fineza que en mí viste.
GINÉS: Tanta fineza vi en él950
que le vi muerto de amor.
BEATRIZ: Sí; mas no dices de quién.
DIEGO: ¿Quién fuera, que tú no fueras?
BEATRIZ: Luego ¿vos no sois aquél
que, trocando en criminal955
el civil pleito a que fue,
a sala de competencias
le llevasteis, donde, al ver
en estrado, no en estrados,
vuestra causa una mujer,960
en vista os condenó a muerte,
de que ministro crüel
fue cierto competidor?
GINÉS: (¿Cómo lo había de saber? Aparte
¡Hémosla hecho buena!)965
DIEGO: (¡Muerto Aparte
estoy!)
GINÉS: (¿Qué miras? Aun bien Aparte
que yo no he hablado palabra.)
DIEGO: (¿Qué es esto que escucho?) Aparte
GINÉS: (Es Aparte
tu suceso de “pe” a “pa,”
sin quitar ni sin poner.)970
BEATRIZ: Todo se sabe, don Diego;
y pues las razones veis
que tengo para ofenderme
de un traidor, aleve, infiel,
falso, engañoso, inconstante,975
atrevido y descortés,
que me pasa por finezas
los agravios, no me habléis
otra vez en vuestra vida,
si no intentáis que otra vez980
os dé a entender mi valor,
que hay en Valencia también
dama por quien pueda darse
la muerte a un hombre sin fe.
DIEGO: Mirad…985
BEATRIZ: Mirad vos, don Diego,
que es tarde, y no será bien
que me cueste hoy el pesar
más que me costó el placer.
Idos pues.
DIEGO: Hasta dejaros
desengañada de que…990
JUAN: ¿Cómo no hay aquí una luz? Dentro
BEATRIZ: ¡Ay infeliz! Este es
mi hermano.
GINÉS: Pues ¿el hermano
cómo lo había de saber?
Sale INÉS
INÉS: Señora, mi señor sube.995
DIEGO: ¿Qué quieres que haga?
BEATRIZ: No sé.
INÉS: Yo sí. Entrad en esta cuadra,
donde escondidos estéis
hasta que podáis salir.
BEATRIZ: ¡Qué infeliz soy!1000
INÉS: Entrad pues.
GINÉS: Yo tomo de buen partido
que dos mil palos me den.
Escóndense don DIEGO y GINÉS
BEATRIZ: Cierra la puerta hacia acá,
porque no los puedan ver.
INÉS: Ya está la puerta cerrada.1005
JUAN: Siendo ya al anochecer, Dentro
¿no hay luces en casa?
Salen don JUAN y don CARLOS por una puerta, y doña LEONOR con luces por otra
LEONOR: Aquí
las luces están.
CARLOS: (Al ver Aparte
que es quien trae la luz Leonor,
ciego con la luz quedé.)1010
A BEATRIZ
Dadme, señora, a besar
la mano, si merecer
(¡Ay Leonor! ¿Tú en este estado?) Aparte
puedo tanta dicha.
BEATRIZ: Aunqué
con rendimientos, don Carlos,1015
desenojarme intentéis
del agravio que a esta casa
habéis hecho, no podréis.
CARLOS: Ya de ese agravio, señora,
con don Juan me disculpé.1020
El me disculpe con vos,
pues ya lo estoy yo con él.
Y aunque a vuestra casa hoy
no vengo a honrarme, creed
que en ella, para serviros,1025
mi alma y vida tenéis.
JUAN: Ya tengo dicho a mi hermana
las razones que tenéis
para no honrarnos despacio.
BEATRIZ: Pues ya que de paso es1030
la dicha, dadme licencia
a que de paso también
os sirva como pudiere,
mal prevenida mi fe.
Aquí no estáis bien; entrad1035
en mi cuarto. ¡Hola, Isabel!
Alumbra a mi primo. (¡Cielos, Aparte
lástima de mí tened.)
Vase
LEONOR: Supuesto, señor don Carlos,
que he llegado a merecer1040
serviros hoy, ¿qué mayor
dicha, qué mayor placer?
CARLOS: ¡Ay, Leonor! Si yo pudiera
dejarte servida, cree
que no quedaras sirviendo.1045
LEONOR: Yo quedo, Carlos, más bien
que merezco, pues que soy
tan desdichada mujer
que no merezco de ti
que algún crédito me des.1050
CARLOS: ¿Creyó alguno lo que oye
primero que lo que ve?
LEONOR: Sí.
CARLOS: Pues hizo mal.
JUAN: Mirad
que con extremos no deis
alguna sospecha en casa.1055
CARLOS: ¿Quién puede dejar de hacer
extremos, viendo a Leonor
en el traje de Isabel?
Vanse todos menos INÉS. Salen al paño GINÉS y don DIEGO
GINÉS: Inés, ¿podremos salir?
INÉS: No, que están al paso.1060
GINÉS: Pues
¿qué hemos de hacer?
INÉS: Esperar
que el huésped se vaya.
GINÉS: ¿Quién
es este huésped?
INÉS: Un primo
de casa. Yo volveré
a sacaros; y si cierra1065
mi amo la puerta, saldréis,
cuando ya esté recogido,
por ese balcón.
GINÉS: ¿Bal-qué?
INÉS: Balcón.
GINÉS: Por no saltar yo,
aun no danzo el salterén.1070
Inés, disponlo de suerte
que yo salga por mi pie,
si es posible.
DIEGO: De cualquiera
suerte lo dispon, Inés.
GINÉS: Como tú ya estás, señor,1075
enseñado a que te den,
piensas que el salir no es nada.
INÉS: Cerrad la puerta y no habléis.
DIEGO: Quién se vio en igual aprieto?
GINÉS: Yo, sin qué ni para qué.1080
INÉS: Gran cochiboda hay en casa.
¡Quiera Dios que pare en bien!
