Lo que no es casarse a gusto — Jornada I

LO QUE NO ES CASARSE A GUSTO

Antonio Mira de Amescua

Texto basado en la edición príncipe de LO QUE NO ES CASARSE A GUSTO en una edición suelta, aparentement única, colocada en la Biblioteca del Estado en Munich.


Personas que hablan en ella:

  • ENRIQUE
  • El REY, don Froilo
  • El príncipe de BIMARANO
  • RAMIRO, viejo
  • NUÑO
  • GONZALO
  • ELVIRA
  • Doña MAYOR, hermana de Álvar Ramírez
  • CONSTANZA

JORNADA PRIMERA


Salen MÚSICOS cantando, ENRIQUE, ELVIRA y acompañamiento
MÚSICA: “Mil años se gocen
los recién casados,
Enrique y Elvira.
Gócense mil años.
Tengan mucha harina5
y muchos ganados.
Mil años se gocen
los recién casados.”
ENRIQUE: Goce grandezas profanas
en alcázares dorados.10
Aumente el alma cuidados
siguiendo esperanzas vanas.
Logre pompas soberanas
debidas a su valor
quien sin temer el rigor15
de la más sangrienta fiera,
de la envidia el golpe espera
en la cumbre del favor.
Que yo contento y seguro
sin los daños que publico,20
con más ciertas glorias rico
descanso al alma procuro
siendo incontrastable muro
de mi suerte venturosa
la que con extremo hermosa25
acredita mi esperanza
lejos de tener mudanza:
yo tu esclavo y tú mi esposa.
ELVIRA: La felicidad, la suerte
y dicha del merecer30
ser vuestro, vengo a deber
–es cierto–a la misma muerte;
pues su rigor, si se advierte
es quien me la pudo dar.
Por la puerta del pesar35
entro al placer y contento.
La muerte fue el instrumento
del bien que llego a gozar.
Si Álvar Ramírez mi esposo
había de ser, y el rigor40
de vuestra mano, señor,
le dio la muerte, es forzoso
que del estado dichoso
que gozo, a la muerte dé
las gracias, pues ella fue45
primer causa. El repetir
las penas solo es sentir
las glorias que ya gocé.
ENRIQUE: No divirtáis la memoria
con la gloria que pasó;50
que soy vuestro esposo yo,
y sois vos toda mi gloria.
Y alguna pasada historia
referir también pudiera
si ofenderos no temiera;55
que en agravio semejante
tuviera poco de amante,
mucho de necio tuviera.
ELVIRA: Si Álvar murió, vos vivís
dueño ya de mis cuidados.60
Desvelos son excusados.
ENRIQUE: Muy bien, señora, decís;
mas si de amor advertís
que aun los instantes condena
el tiempo que se enajena65
de lo que ama la memoria,
donde está cierta la gloria
no ha de nombrarse la pena.
Suena dentro rumor de gente y sale el PRÍNCIPE de Bimarano, solo
BIMARANO: Quedaos todos allá fuera.
Guárdeos Dios. Escucha, Enrique.70
ENRIQUE: ¿Señor, vuestra alteza?
BIMARANO: Advierte
que aunque los ecos publiquen
el bien y gloria que logras,
sólo yo, aunque lo previne,
imitarlos no he podido;75
pues en tus bodas felices,
antes que la norabuena
te vengo a dar nuevas tristes.
ENRIQUE: ¿Qué decís, señor?
BIMARANO: Que el rey,
mi hermano, en quien sólo es firme80
no la clemencia, el rigor,
pues siempre en su pecho vive,
te manda prender. Hoy tuve
secreto aviso, y no quise
fïar menos que de mí85
esta diligencia. Firme
es mi amistad, y tus daños,
antes que ellos se anticipen,
previniéndolos te avisa.
No sé qué ofensas le obliguen90
a mi hermano a esta prisión;
mas nueva fortuna sigue.
Huye, Enrique, de su enojo
hasta que el tiempo te avise
de medio más importante;95
que en mí no hay fuerzas posibles
para que amparo te ofrezca,
pues su condición terrible
sabes que aun de mí se ofende
con ser yo su hermano.100
ENRIQUE: Humilde
a vuestros pies, gran señor,
como es razón, quien recibe
tan gran merced, la agradece,
aunque le sea sensible.
La causa de mi prisión,105
pues vuestra alteza me dice
que la ignora, el conocerla
es en mí menos posible;
porque como no la he dado
yo, ni al rey mi señor hice110
ofensa, que en algún tiempo
me apartase de servirle,
más que vos puedo dudar
si bien mi suerte infelice
de mayor daño me avisa115
porque si de Álvar Ramírez
la muerte me ha perdonado,
y para que se confirme
mi dicha en todo me ha hecho
esposo de Elvira, timbre120
y blasón de mis servicios,
a tan grandes honras siguen
males opuestos, y es bien
que tema acechanzas viles,
que hablando al rey contra mí125
mi gran fortuna derriben.
BIMARANO: Nuño viene allí. No aguardes;
pues no podrás resistirle;
que él trae la orden de prenderte.
Este campo paso libre130
te ofrece. Vete. ¿Qué esperas?
ELVIRA: Estos principios, ¿qué fines
pueden prometer? ¿Para esto
el rey me casó?
ENRIQUE: No eclipsen
tus luces nubes de llanto,135
porque sus efectos tristes,
señora, podrán matarme
sin poder yo resistirles.
Príncipe, cuando la culpa
dentro del pecho no escribe140
delitos que le acobardan,
¿qué temores no resiste?
Culpable yerro sería
ausentarme o encubrirme.
Vuelva la lealtad por mí145
y ella mi defensa firme.
Salen NUñO y soldados
NUñO: Discúlpeme el ser mandado,
Enrique, vuestra prisión.
ENRIQUE: Nuño, la satisfacción
es la que aquí os ha culpado;150
que si orden del rey traéis
y en prenderme le servís,
en la disculpa advertís
que alguna culpa tenéis;
pues habiendo vos venido155
cuando a prenderme llegáis
por lo menos me mostráis
que con gusto vuestro ha sido.
NUñO: Señor, ¿vos aquí?
Aparte a él
BIMARANO: Si Amor
me ha traído, ¿qué te admira160
sabiendo que adoro a Elvira?
NUñO: Dadme licencia, señor.
Yo, Enrique…
ENRIQUE: Nuño, razones
de nada sirven aquí.
Ir preso me toca a mí165
y a vos ponerme prisiones.
NUñO: Vamos, pues.
ENRIQUE: Si mi lealtad
vuestra alteza ha conocido,
sólo que informe al rey pido
y que ampare la verdad.170
Llevan a ENRIQUE preso
ELVIRA: ¡Esta ofensa está sufriendo!
¡Este agravio en su presencia!
BIMARANO: Cualquier defensa y violencia,
Elvira, cuando estoy viendo
la seguridad de Enrique,175
los daños puede aumentar.
Bien le pudiera librar;
pero no es bien que yo aplique
remedio que ha de culparle
en tal ocasión. Es llano,180
aunque fuera por mi mano,
que era delito librarle.
ELVIRA: Vuestra alteza…
BIMARANO: Yo he venido…
ELVIRA: … a holgarse de mi pesar.
BIMARANO: … a servirte y a excusar.185
ELVIRA: Sólo penas le he debido.
BIMARANO: Sólo te debo la muerte,
pues habiéndote casado,
tu ingratitud me la ha dado.
ELVIRA: Dejadme llorar mi suerte.190
Vanse ELVIRA y BIMARANO. Salen el REY, RAMIRO y criados
REY: Ya es culpable, Ramiro, la tardanza;
que como tú en mi justa confïanza
a tener vienes el lugar primero,
de tu tardanza mal suceso infiero.195
RAMIRO: El peso, gran señor, de los cuidados,
que a mis años cansados
sepa ya vuestra alteza,
alguna vez me rinde a su grandeza
los embarazos del penoso día.200
Los negocios que están a cuenta mía
tantos vienen a ser que al día sobrando
gran parte de la noche están gastando.
Cánsome que soy viejo,
y con las fuerzas fáltame el consejo.205
REY: Sentaos, y descansad; que a tal fatiga
el bien común obliga.
Siéntase el REY y RAMIRO a su lado
Por un reino lo hacéis.
RAMIRO: Por vos lo hago,
por vos sólo; aunque a un reino satisfago.
REY: ¿Por mí sólo?210
RAMIRO: Por vos.
REY: Lisonja ha sido;
que otra vez no os he oído.
RAMIRO: El rey es bien común; es bien de todos
a quien le toca por diversos modos
repartir la justicia,
castigar la malicia,215
evitar de los males los aumentos
y mirar de su estado los fomentos.
Es, en fin, quien da ser, honra y vida
a cuanto su persona se ve unida;
pues es de la divina omnipotencia220
de Dios, el rey, segunda providencia.
Y así, si el verlo todo, el gobernarlo
os toca a vos y a mí el ejecutarlo.
Digo bien, que el cuidado que he tenido,
aunque del reino el interés ha sido,225
sólo es por vos, pues cumple mi desvelo
la obligación y cargo que os da el cielo.
REY: Cuando pensé que la lisonja hallaba
en vos el hospedaje que admiraba,
la obligación de rey me habéis mostrado230
y aun casi mi descuido habéis culpado.
RAMIRO: Si yo viera, señor, que os daban gusto
lisonjas y en lo justo
no pensaba, que estabais advertido,
oyendo las verdades distraído,235
creed que no os sirviera,
ni lo pudiera hacer aunque quisiera,
que si el lisonjear mentir ha sido,
y en la verdad un rey queda servido,
cuando os lisonjeara,240
claro es que no os sirviera, os engañara.
REY: Supuesto, pues, que a la verdad atento,
sólo fundo mi intento
en saberla de vos, y os he fïado
mi obligación, mi cargo y mi cuidado,245
decid, pues, advertid, publicad daños
dándome, como siempre, desengaños.
RAMIRO: Muchas veces, señor, os he advertido
que de vuestros vasallos sois temido;
mas aunque os temen, riguroso os llaman250
y es cierto que no os aman.
Mostraos menos severo
que amado podéis ser y justiciero.
REY: Mirad, Ramiro, el padre que es prudente
al hijo hace obediente255
mucho más con castigo que favores,
y cuando los rigores
se truecan con los hijos en regalos,
pocas veces son buenos, muchas malos.
Padre es también el rey de sus vasallos,260
y como a hijos debe gobernallos,
y el rey que es respetado y es temido
amado viene a ser, no aborrecido,
y los que me temieren por severo
amarme deberán por justiciero.265
RAMIRO: A no haberme vos dado,
señor, esta licencia….
REY: Sin cuidado
proseguid. No me enojo.
Vuestro consejo por seguro escojo.
RAMIRO: Una prisión…270
REY: ¿De quién?
RAMIRO: De vuestro amigo,
de Enrique. (Causa digo Aparte
piadosa).
REY: ¿Enrique, preso?
RAMIRO: En vuestra ausencia
usé de esta forzosa diligencia.
REY: Pues, ¿no está perdonado?
Y, ¿no está por vos mismo averiguado275
que yendo a caza –¡desdichado suerte!–
a Álvar Ramírez, sin querer, dio muerte?
RAMIRO: Si, señor, doña Mayor, hermana
del muerto, como parte más cercana
a quien la reina mi señora estima,280
el pleito sigue y esta causa anima…
REY: ¿Mayor, su hermana….?
RAMIRO: Y ella viene a hablaros,
y por los dos aquí podrá informaros.
Sale doña MAYOR
MAYOR: Hijo del primer Alfonso,
cuyos soberanos hechos,285
cuyas virtudes renombre
de católico le dieron,
nieto de Pelayo,
que fue azote, rayo fiero,
temor y asombro del moro,290
de España blasón soberbio,
valiente rey don Froilo,
también en nombre el primero
como en seguir las pisadas
del padre y preclaro abuelo,295
oye, escucha, pues con todos
eres sabio y justiciero,
oye a Mayor, pues mi causa
pide que me estés atento.
Álvar Ramírez, mi hermano,300
por disposición del cielo
a manos de Enrique, al fin
desdichadamente, ha muerto.
No digo que el homicida
fuese culpado en el hecho,305
que la intención le hace salvo,
cuando su mano condeno,
pues tirando a un jabalí
pasó de mi hermano el pecho,
con ser toda tu privanza310
Enrique, al fin no preso
le perdona tu justicia,
pues de palacio al momento
le mandas salir, y mandas
que pague con su destierro315
la culpa del hado impío,
delito solo y exceso
que cometió la desgracia,
y porque ya el casamiento
de mi hermano con Elvira320
había llegado a conciertos,
quisiste que sucediese
Enrique en lugar del muerto,
y fuese esposo de Elvira.
Tan de prisa, tan sin tiempo,325
tan en mi ofensa y agravio
que cuando vine a saberlo,
ya no estabais en la corte
que ausente de ella, oprimiendo
estabais las libertades330
de algunos rebeldes pueblos.
Sentí, sufrí, padecí,
sin declarar mi tormento
pocas horas, muchos siglos,
porque cualquier breve tiempo335
es eternidad de penas
en quien está padeciendo.
Perdona que tengo amor.
Enrique está, señor, preso
de mi orden. Yo a Ramiro340
que sostiene tu gobierno
con cautela le obligué
a esta locura, a este exceso,
hasta que hablarte pudiese,
previniendo yo con esto345
que las bodas se estorbasen,
sin que en este impedimento
culpe a Enrique la obediencia
de servirte, pues yo tengo
la culpa sola, y la pena350
de los males que padezco.
Con permitidos favores
me amaba; le amé primero,
aguardando la ocasión
en que le dieses por premio355
de sus servicios mi mano,
y cuando yo la deseo
cuando nuevos daños lloro,
por el hermano que pierdo,
cuando es razón que me ampares,360
cuando más justo derecho
tengo yo de ser su esposa,
¿Elvira merece serlo?
No, señor, Enrique es mío.
No, señor. Yo sola vengo365
a ser legítima parte
que soy forzosa heredero.
Público fue nuestro amor.
Con públicos galanteos
me sirvió y yo le estimé.370
Mi opinión padece riesgo,
ignorando mi cuidado,
mi voluntad no sabiendo,
pudiste dársele a Elvira.
Agora es agravio hacerlo.375
Enrique me ama. No es bien
entregarle a un cautiverio
donde ha de vivir sin alma,
y dejarme a mí muriendo.
Haz a Elvira otra merced.380
No la des esposo ajeno.
No me des a mí desdichas.
No la des a ella contentos.
Yo soy suya. Enrique es mío,
y de nuestros bienes mesmos385
no puedes tú disponer
cuando hay daño de tercero.
Ya no dudo en tu justicia;
ya en mi desdicha no temo.
Esta merced me conceda390
y los pies por ella os beso.
REY: A saber vuestro cuidado
no le mandara casar,
ni os diera yo tal pesar.
¿Sabéis que no esté casado?395
MAYOR: No me promete su amor
tan pequeña confïanza
que así pierda la esperanza.
Aún no ha seis días, señor,
que vos mandaste se hiciese400
el casamiento, y sería
poca fe, desdicha mía
que tan de prisa estuviese.
Más de su firmeza fío
que de mí puedo fïar.405
REY: Sí; mas púdose casar.
MAYOR: Casarse, no, señor mío;
que quien ama en otra parte,
que quien a otra dama estima,
tarde a la empresa se anima.410
Con pasos de hielo parte.
REY: Pues tanto habéis confïado,
venga Enrique.
MAYOR: No me queda
en esta parte que pueda temer,
ni que haber dudado.415
REY: No sepa a lo que ha venido
Enrique.
RAMIRO: El yerro confieso,
señor. No le hubiera preso
a haber la causa sabido.
MAYOR: Ramiro, haz que venga Enrique.420
RAMIRO: Dentro de palacio está.
MAYOR: El alma le aguarda ya.
Mis dichas, Amor, publique.
Vanse y sale GONZALO, huyendo de un ALGUACIL, y otros tras él
GONZALO: ¡Aquí del rey y su guarda;
que me sacan de palacio!425
ALGUACIL: No des voces.
GONZALO: ¿Cómo no?
¡Ah, del rey! ¡Ah, de su bando!
Daré voces. Daré gritos
con más fuerza que un muchacho
cuando tropezó, cayó,430
vertió el vino y rompió el jarro.
ALGUACIL: Ramiro manda buscarte.
GONZALO: ¿Búscame a mí? Malos años
que al rey se las tiene tiesas,
y es un viejo temerario,435
y sobre cualquier embuste
que algún soplador nefando
le haya dicho contra mí,
¿me hará poner en un palo.
ALGUACIL: Ello ha de ser; que hemos de ir.440
GONZALO: ¿Es posible que vamos?
Antón Rubio, vuélvase;
que este lugar es sagrado
y aquí no se prende a nadie.
ALGUACIL: Ése es de muchos engaño,445
que también puede ejercerse
aquí a la luz de sus rayos
la justicia; mas ya libre,
vente conmigo, Gonzalo.
GONZALO: ¿Qué es vente? ¿No es más discreto450
con tres juntas de caballos
–de bueyes iba a decir–
con treinta mulas y un carro
no me arrancaran de aquí?
ALGUACIL: Pues, llevaréte arrastrando.455
GONZALO: ¡Ah, de Dios! ¡Ah, de la casa
del rey! ¿Este desacato
se sufre?
Quiere el ALGUACIL asir a GONZALO y salen el REY y CRIADOS
REY: Mirad, ¿qué es eso?
CRIADO: Llegad; que el rey llama.
GONZALO: A un calvo,
a un sastre que vacila parte460
con el mercader el paño,
y encubriéndose uno a otro
mienten ambos y hurtan ambos.
A un tabernero insolente
que da el vino bautizado,465
a un pastelero judío
que arcas de Noé formando
encierra todo animal
desde la mosca hasta el gato,
y finalmente, a un capón470
inútil que se hace gallo
puede arrastrar, o a quien siempre
lleva la soga arrastrando.
REY: ¡Gonzalo!
GONZALO: Aquí es Antón Rubio,
Antón Prieto o Antón Blanco475
que da en que me ha de arrastrar.
Mejor le vea yo arrastrado
de colas de cuatro potros,
rijosos y mal domados.
Viene a prenderme.480
REY: Si él viene,
causa debes de haber dado.
GONZALO: Cuando la diera, señor,
la inmunidad y el amparo
de tu casa ha de valerme.
REY: Gonzalo, yo mismo mando485
que no le valga mi casa
al delincuente o culpado.
GONZALO: Igual fuera que mandara
que a palos y sartenazos
a todos esos corchetes490
arrojaran de palacio.
REY: En no hablando bien de todos,
Gonzalo, y no respetando
los que justicia administraran,
teme mi enojo y tu daño.495
¿Qué has dicho? ¿Qué has hecho?
GONZALO: Nada.
Ramiro anda calumniando
mis palabras y mis obras.
REY: Vive bien y habla templado.
Dejadle libre.500
ALGUACIL: No ha sido
su miedo de mal tamaño.
Vase el ALGUACIL
GONZALO: ¡Vive Dios, que el alguacil
no se me ha de ir alabando!
Vase GONZALO y salen RAMIRO y ENRIQUE
ENRIQUE: La causa de mi prisión
llegar no puedo a entender.505
RAMIRO: El rey solo conocer
puede, Enrique, la ocasión.
Llegad sin temor.
Llégase ENRIQUE
ENRIQUE: Dudoso,
cuando te juzgo ofendido…
REY: Enrique, seas bien venido,510
que aunque me tienes quejoso,
tanto Ramiro te abona
que ha templado mi castigo.
Que eres tú mi fiel amigo
me dice.515
RAMIRO: (Nada perdona). Aparte
REY: ¿Cómo te hallas ya sin mí?
ENRIQUE: Como quien del sol perdió
la clara luz que gozó;
como olvidado y sin ti.
REY: Levanta. ¿Por qué ocasión520
el casarte has dilatado?
ENRIQUE: Hante, señor, engañado;
que no hubo más dilación
en llegarte a obedecer
que el tiempo que tú tardaste525
en mandarlo.
REY: ¿Te casaste?
ENRIQUE: Elvira es ya mi mujer.
REY: ¿Tan sin prevención? ¿Tan presto?
ENRIQUE: Fue forzosa diligencia
que a tu gusto mi obediencia530
lo halló allí todo dispuesto.
REY: Aunque me llega a pesar
me has hecho un grande placer.
Bien sabes obedecer.
Quiérote, Enrique, abrazar;535
que es cierto que aunque me holgara
que casado no estuvieras,
de que no me obedecieras
más, Enrique, me pesara.
Salen BIMARANO y ELVIRA con manto
ELVIRA: No me impida vuestra alteza540
que publique mis agravios.
BIMARANO: ¡Qué bien declaran tus labios
tu poco amor y firmeza!
ELVIRA: Es mi esposo.
BIMARANO: Y yo, ¿quién fui?
ELVIRA: Quien excusarme pudiera545
que forzada el alma diera.
BIMARANO: Pues, ¿pude yo hacerlo?
ELVIRA: Sí.
REY: ¡Infante!
BIMARANO: Escudero soy
de una ofendida deidad.
REY: ¿Quién es?550
BIMARANO: Elvira, llegad.
Llega ELVIRA
ELVIRA: Con justas quejas estoy
a vuestros pies. Si me dais
a Enrique, señor, si fue
por vos mi esposo, ¿por qué
tan presto me le quitáis?555
REY: Bimarano, aguarda afuera.
BIMARANO: (¡Qué crüel siempre conmigo! Aparte
No mi hermano, mi enemigo
mejor llamarle pudiera).
Vase BIMARANO
ELVIRA: (¡Cielos! ¡Enrique está aquí!) Aparte560
REY: Vuestro esposo os vuelvo ya.
Libre Enrique, Elvira, está.
Ramiro, volved por mí
y otra vez mirad primero
a quién prendéis, y por quién.565
RAMIRO: ¡Señor…!
REY: Miradlo más bien.
Sale doña MAYOR
MAYOR: Pues le he visto, ya no espero
mayor dicha.
REY: ¡Qué rigor!
Enrique.
RAMIRO: (Ocasión dudosa!) Aparte
REY: Acompañad vuestra esposa570
y responded a Mayor.
Vanse el REY y RAMIRO
ENRIQUE: Todo es tormentos, rigores,
todo es confusión, desvelos.
ELVIRA: ¡Qué prisión!
Llega doña MAYOR
MAYOR: ¡Enrique!
ENRIQUE: ¡Ay, cielos!
MAYOR: ¡Cuántas penas y temores575
me cuestas! Aquí está Elvira.
¿Tan pronta tus pasos sigue?
¿Tan resuelta me persigue?
Su amor su constancia mira.
Vínele al rey a pedir580
tu libertad. Ha alcanzado
el premio de su cuidado.
ELVIRA: ¿Qué es esto, Enrique?
ENRIQUE: (Es morir). Aparte
ELVIRA: ¿Suspenso y sin responderme?
Pero si escucho a Mayor,585
¿qué desengaño mayor
de que has venido a ofenderme.
Vase ELVIRA
MAYOR: Mira que Elvira se va.
Enrique, ¿no vas con ella?
Síguela. Teme ofendella.590
Tan enamorada está
que a hablar al rey ha venido
aun antes de ser tu esposa.
¡Qué engañada, qué gozosa
a verte había yo salido!595
Sin prevenir, sin temer
encontrar este pesar.
¿No la vas a acompañar?
Bien la debes de querer.
Cuando el alma salió a verte,600
culpando prolijos plazos,
cuando pensé darte abrazos
–mejor fuera darte muerte–
ingrato, das ocasión
para que Elvira te siga?605
¿Quién duda que ya la obliga
tu mudable condición?
ENRIQUE: (¡Ah, rigor! No lo ha entendido.
Mi propia muerte ha ignorado.
No piensa que estoy casado610
ni sabe que la he perdido.
“Acompañad vuestra esposa,
y responded a Mayor,”
dijo el rey. ¿Si nuestro amor
le ha dicho? ¡Pena forzosa!615
Pero yo me he de perder
si a vista de tanto fuego
a sus dos soles me entrego.
¿Qué la puedo responder?)
Quiere irse ENRIQUE
MAYOR: Enrique, ¿te vas?620
ENRIQUE: Señora…
MAYOR: Que pues tú así me respondes,
alguna traición escondes.
No escondes. Ya la vi agora.
ENRIQUE: …el rey…
MAYOR: ¿Cómo el rey? Espera.
¡Ay de mí! Que cuando entré,625
sin hablarme, el rey se fue.
¡Y Elvira aquí! ¡Muerte fiera!
Mi esperanza fue locura.
¡Irse el rey, quedarse Elvira!
Sí, que a quien el rey no mira630
cualquier desdicha asegura.
Más es de mi amor, temor,
Enrique, sin quejas. Ya
el rey informado está
y hele dicho nuestro amor.635
ENRIQUE: ¡Si él fue causa…!
MAYOR: ¡Aguarda! ¿Es cierto?
ENRIQUE: Yo,–escucha–, no estoy culpado.
MAYOR: ¡Ah, traidor, que te has casado!
ENRIQUE: ¡Ah, mujer, que tú me has muerto!
Vase ENRIQUE
MAYOR: ¡Plegue a Dios que en mi venganza640
te acabe traidora mano,
movida de algún tirano!
¡Plegue a Dios que tu esperanza,
pues que la mía murió,
cuando en sus brazos te entregué,645
en llanto entonces te anegué!
La dicha, pues, me faltó.
¡Plegue a Dios que entre recelos
mueras con infame nombre;
pero no, bajo renombre650
aumentan tu honor los cielos!
¡Plegue a Dios que pueda ser
–si no me acaba el pesar–
que yo te vuelva a cobrar
pues no te sé aborrecer!655

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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