Las fortunas de Andrómeda y Perseo — Jornada I

LAS FORTUNAS DE 
ANDRÓMEDA Y PERSEO

Pedro Calderón de la Barca

Texto basado en el de una edición suelta (s.l., s.f., 40 páginas) encontrada en la biblioteca particular de Vern Williamsen. Ha sido editado y corregido con el apoyo de la cuidadosa edición del manuscrito actualmente encontrado en la Houghton Library de Harvard University preparado y publicado por Rafael Maestre en 1994. Fue editado en forma electrónica y luego pasado al HTML para ser presentado en esta colección por Vern Williamsen en 1998.


Personas que hablan en ella:

  • PERSEO
  • BATO, villano
  • GILOTE, villano
  • RISELO, villano
  • ERGASTO, villano
  • CARDENIO
  • DANAE
  • POLÍDITES
  • FINEO
  • CELIO, criado
  • LIDORO
  • MEDUSA
  • LIBIO, criado de Polídites
  • LIBIA
  • SIRENE
  • PALAS
  • MERCURIO
  • ANDRÓMEDA
  • MORFEO
  • Las tres FURIAS
  • JÚPITER
  • JUNO
  • La DISCORDIA
  • El REY Cefeo, de Trinacria, viejo
  • Una DUEÑA
  • Cuatro DAMAS
  • LAURA, dama de Andrómeda
  • Seis NEREIDAS
  • MÚSICOS
  • CRIADOS
  • VILLANOS

Descúbrese el teatro de las caserías nevadas, dicen dentro y salen después BATO, GILOTE, ERGASTO y RISELO, villanos, [y tras ellos, sale PERSEO]
RISELO: ¡Huye, Gilote!
GILOTE: ¡Huye, Bato!
BATO: ¡Huye, Ergasto!
ERGASTO: ¡Huye, Riselo!
PERSEO: ¡Vive Júpiter, villanos,
que habéis morir!
Sale RISELO
RISELO: Los fresnos
me amparen.5
Sale ERGASTO
ERGASTO: A mí los chopos.
Sale GILOTE
GILOTE: A mí los álamos negros.
Sale BATO
BATO: A mí las cepas y parras,
los pampanos y sarmientos,
árboles santos, pues siempre
por ermitas los encuentro.10
GILOTE: El diabro mos trujo acá
este mochacho soberbio
para que mos mande a todos.
ERGASTO: Cuando los montes cubiertos
de nieve, tiene ateridos15
la ancianidad del invierno,
es quando más solicita
llevarmos por juerza a ellos,
para que a sus caserías
le sirvamos los ogeos.20
RISELO: Un lobo, que diz que anda
en la sierra, es el intento
con que hoy pretende llevarnos.
ERGASTO: ¿Lobo?
GILOTE: Sí.
BATO: No es lo peor eso.
RISELO: ¿Qué es?25
BATO: Que el lobo es un perdido,
jugador, y mojeriego;
que a ser un lobo apricado
de estos que llaman caseros,
el primero huera yo
que huera donde él primero30
se metiera en mis entrañas
GILOTE: Yo nieve ni lobo temo,
sino es que tan atrevido,
tan osado y tan resuelto
que un día me quixo entrar35
en eso lóbrego seno,
funesta gruta sagrada
a la deidad de Morfeo,
donde siempre andan visiones.
ERGASTO: Nosotros mismos tenemos40
la culpa de que mos trate
un rapaz con tanto imperio;
que, si hubiera entre nosotros,
aunque pesara a Cardenio
que por nieto le ha crïado,45
uno que, osado y resuelto,
le diera a entender quién es,
a fe que tuviera menos
soberbia.
GILOTE: Muchos hubiera;
que si les dijeran eso,50
quizá abajaran los bríos.
BATO: Decidme, para saberlo,
¿es cierto que si supiera
quién es, desde aquel momento
no diera los mojicones55
que suele dar?
ERGASTO: Y tan cierto
que viviera desde allí
más humilde y más modesto,
sin atreverse a mirarnos
a las caras.60
BATO: ¡Vive el cielo,
que lo ha de saber de mí
muy bien sabido! Pues puedo
decirlo mijor que todos
como testigo del cuento.
Una sola enfecultad65
se me ofrece. He aquí que empiezo
la historia. ¿Basta empezarla
para que él se me esté quedo
y no se atreva a mirarme
a la cara?70
GILOTE: No, por cierto,
porque la ha de saber toda.
BATO: Pues entre otro, que no quiero;
que, al principio de la hestoria,
vea donde va el intento
y, antes que ella llegue al fin,75
llegue yo al fin.
ERGASTO: Para eso
habrá una traza.
BATO: ¿Qué traza?
GILOTE: Nosotros te le tendremos
de suerte que, aunque no quiera,
todo te lo escuche.80
BATO: ¿Y luego?
LOS TRES: Luego seguro estás.
BATO: Manos
a la labor; que reviento
por decírselo en su cara
dónde y cómo y cuándo, a trueco
de que él no mire la mía85
Sale PERSEO, vestido de villano
PERSEO: Villanos, ¿qué atrevimiento
es llamaros yo y hüir?
GILOTE: Como hacía tan mal tiempo,
rehusábamos ir al monte.
PERSEO: ¿Hácele para mí bueno?90
Pues el que pasare yo,
bárbaros, viles, groseros,
no le pasaréis vosotros?
Venid conmigo.
BATO: ¡Qué presto
ha de bajar estos bríos!95
PERSEO: Que seguir la fiera quiero
que escandaliza estos valles
con tantos robos sangrientos
de pastores y ganados.
Hoy se la he ofrecido al templo100
de Júpiter que en las altas
cumbres del monte es opuesto
rebellín contra los rayos,
los relámpagos y truenos
que Acaya padece, a quien105
yo no sé por qué secreto
aún más que todos adoro,
más que todos reverencio.
Siendo así, que no hay remota
provincia, apartado reino110
que no envíe a consultarle
los arduos casos; y, puesto
que se la tengo ofrecida,
hoy su armada testa tengo
de clavar a sus umbrales.115
Ven, Ergasto.
ERGASTO: Ya obedezco.
PERSEO: Ven, Gilote.
GILOTE: Ya voy yo.
PERSEO: No te escondas tú, Riselo.
RISELO: Ya voy tras ti.
PERSEO: Ven tú, Bato.
BATO: Déjame a mí, porque quiero120
estodiar toda la hestoria.
PERSEO: ¿Qué historia?
BATO: Una que te tengo
de contar.
PERSEO: ¿A mí?
BATO: Sí.
PERSEO: Pues,
¿qué historia es?
Abrázanse los tres con él, [PERSEO]
LOS TRES: Agora es tiempo.
PERSEO: ¿Qué es esto? Pues, ¿cómo ansí125
a mí os atrevéis.
GILOTE: Queremos
que sepas que no hay razón
de tratarnos con desprecio
no siendo mijor que todos.
ERGASTO: ¿Cómo mijor? ¡Ni aun tan bueno!130
PERSEO: ¡Viven los cielos, villanos!
GILOTE: Bato, dile sus sucesos.
BATO: ¿Está bien tenido?
LOS TRES: Sí.
BATO: ¿Bien, bien?
GILOTE: Tan bien que no creo
que se escape de mis brazos.135
ERGASTO: Yo aquesta mano le tengo.
RISELO: Yo, estotra.
BATO: Pues, finalmente
como digo de mi cuento:
PERSEO: ¡Que esto Júpiter permita!
BATO: Desvanecido mozuelo,140
pisaverde de estos prados,
pisapardo de estos cerros,
¿quién te imaginas y piensas
que eres, para no tenernos
mochísima estimación145
y mochísimo respeto?
¿Qué cosa es que cada día
mos trates como a tus negros
siendo tus brancos? ¿De qué
nace el desvanecimiento?150
Si presumes que eres hijo
de la hija de Cardenio
nueso mayoral, te engañas;
ni ella es hija, ni tú nieto.
¿Va bien?155
LOS TRES: Lindamente va.
PERSEO: ¡Que esto consientan los cielos!
BATO: Pues tenedle lindamente,
no se deslinde el intento.
Porque has de saber que un día,
alterado el mar, corriendo160
fortuna, trujo un bajel
a la vista de este puerto
donde, encallando en los bajos,
que son Escilas del griego
piélago, del Negroponto,165
fue escollo de algas cubierto.
Ni árbol, ni jarcia, ni vela
traía el buque y, presumiendo
que del deshecho del agua
era ojeriza del viento,170
no causó más novedad
que la lástima de verlo;
hasta que unos pescadores
que, de la cólera huyendo
de Neptuno, a estas orillas175
volvían a vela y remo
contaron que, al pasar cerca
de aquel derrotado leño,
habían escuchado humana
voz que en mísero lamento180
favor pedía a los Dioses.
¿Va bien?
LOS DOS: Muy bien.
BATO: Pues, tenedlo
hasta la postrer palabra.
PERSEO: Ya no hay para qué, supuesto
que más que esta fuerza atado185
me tiene esa voz suspenso.
BATO: Aplacó su saña el mar
y, en mirándole sereno,
la curiosidad llevó
a conocer si era cierto190
que había gente, pescadores
y villanos. Uno de estos
fui yo y, abordando al vaso,
vimos una mujer dentro
con un infante en los brazos195
que abrigándole en el pecho
sin tenerle ella, le daba
el calor y el alimento.
Ni otra persona ni señas
de haberla tenido vieron200
nuestros ojos. La piedad
la sacó a la tierra…¡Tenedlo,
que parece que se escurre
y ya falta poco al cuento!
PERSEO: No temas que, aunque decirlo205
no quieras, querré saberlo.
BATO: Entre cuanta gente, pues
a tierra sacó el suceso,
fue uno Cardenio y, movido
de ver el semblante bello210
de la mujer que aún estaba
diciendo el delito honesto,
si ya no de la inocente
culpa, del infante tierno,
en su casa la albergó,215
dándola el anciano viejo,
obrigado a su hermosura,
a su vertud y a su ingenio,
nombre de hija. Ésta es tu madre
y el infante tú. Y sopuesto220
que nunca por buena fue
entregada al mar violento
con tan grande desamparo,
desabrigo y desconsuelo,
¿qué te persuade a pensar225
que eres más que un extranjero
advenedizo pastor,
hijo vil de un adulterio
u de otra traición? Y así
trata desde hoy de no vermos230
las caras, siendo desde hoy
más humilde y más modesto.
LOS TRES: ¿Tienes más que decir?
BATO: No.
GILOTE: Pues, cuidado; que le suelto.
ERGASTO: Y yo también.235
RISEO: Y yo, y todo.
PERSEO: ¿Esto sufro? ¿Esto consiento
sin haceros mil pedazos?
LOS TRES: Vamos de su furia huyendo.
Vanse los tres
BATO: ¿Para qué si se ha de estar
quedito?240
PERSEO: ¡Bárbaro, necio,
infame, loco, villano,
qué has tenido atrevimiento
para decirme en mi cara
mi desdicha!
BATO: ¡Estése quedo,
y trate de no mirarme245
a la mía!
PERSEO: ¡Vive el cielo
que has de morir a mi mano!
BATO: Algo se me olvidó al cuento;
pues aún pega todavía.
¡Ay, que me mata!250
Sale DANAE vestida de villana
DANAE: ¿Qué es esto?
PERSEO: Esto es vengar en quien no
tiene la culpa, tus yerros.
BATO: Tenle, señora, que está
más loco que antes y, habiendo
oídolo todo, aún no quiere255
modesto ser. ¡Y es molesto!
Vase [BATO]
DANAE: ¿Siempre te tengo de hallar
altivo, sañudo y fiero?
PERSEO: ¿Razón tienes de reñirme,
cuando no sólo no serlo260
mas ni aún atreverme a ver
al sol debiera, sabiendo
ya en tu fortuna mi agravio,
y en tu traición mi desprecio?
DANAE: ¿Qué dices? ¡Ay, infelice!265
PERSEO: Que, ¿por qué el nativo seno
que a infame ser disponía
mi infelice nacimiento
no le hiciste mi sepulcro
abortándome primero270
que darme a la luz del sol?
O, ¿por qué, ya que pariendo
víbora no reventaste,
[a] aquel derrotado leño
que fue mi primera cuna275
no hiciste mi monumento?
¿Por qué, antes que abrigaran
las piedades de tus pechos,
no me arrojaste a las ondas?
Fuera mi desdicha menos,280
muerto en el primer umbral
de la vida que no muerto
al baldón de unos villanos
que con todos tus sucesos
me han dado en rostro, notado285
de advenedizo extranjero
pastor, hijo de un delito,
merecedor de aquel riesgo.
DANAE: ¡Ah, Perseo! Tu soberbia
en este trance te ha puesto;290
que no fueran ellos libres
si tú no fueras soberbio.
Pocas veces el humilde
escucha baldones.
PERSEO: Luego,
¿razón tienen?295
DANAE: Razón tienen.
PERSEO: ¿No lo niegas?
DANAE: No lo niego
porque contra la razón
no hay más razón que el silencio.
PERSEO: En fin, ¿que la tienen?
DANAE: Sí.
PERSEO: Pues ya que la tienen ellos,300
tengámosla todos. Dime
quién soy y quién eres, puesto
que el presumir que soy más
hará tu delito menos.
Consuélame con que sepa305
si lo que alguna vez pienso,
al mirar que no me viene
el corazón el el pecho,
es verdad; pues no hay latido
que dé que no sea diciendo310
que no nació para verse
de tosco sayal cubierto.
Del extremo de una infamia
pasemos a otro; que a precio
de no ser villano vil315
te perdono cualquier yerro.
Y, supuesto que no eres
humilde hija de Cardenio,
¿qué puedes ser que no sea
mejor? Dime, pues te ruego,320
¿quién eres?
DANAE: No sé quién soy.
PERSEO: Pues, ¿quién fuiste?
DANAE: Eso sé menos.
PERSEO: ¿Quién fue mi padre?
DANAE: No sé.
PERSEO: ¿Por qué te echó airado y fiero
al mar?325
DANAE: No lo sé tampoco.
PERSEO: ¿Soy noble?
DANAE: No sé.
PERSEO: ¿Qué es esto?
¿Nada sabes?
DANAE: No sé nada
y no me apures; que, puesto
que es secreto y soy mujer
y no lo digo, no debo330
de poder decirlo. Y baste
ver un prodigio tan nuevo
como que en un pecho vivan
juntos mujer y secreto.
Pregúntaselo a los dioses.335
Quizá, enternecidos ellos,
te responderán; que yo
sólo con el llanto puedo
decirte que hay soberano
poder que me obligue a esto.340
PERSEO: ¿Por qué?
DANAE: Por guardar tu vida.
PERSEO: Yo desde aquí se la ofrezco
y, pues me mata el dudarlo,
haz que me mate el saberlo.
Háblame claro.345
DANAE: Es en vano.
PERSEO: ¿Cómo?
DANAE: Como no me atrevo
ni aún a respirar.
PERSEO: ¿Quién cerra
tus labios?
DANAE: Poder supremo.
PERSEO: ¿De quién?
DANAE: De injusta deidad.
PERSEO: ¿Qué pudo obligarla?350
DANAE: Celos.
PERSEO: ¿Celos?
DANAE: Sí.
PERSEO: ¡Ay de mí!
DANAE: ¿De qué
suspiras?
PERSEO: De que no tengo
ya apelación a no ser
hijo de delito, puesto
que no hay celos sin delito.355
DANAE: Bien puede sin él haberlos.
(O ingrata deidad de Juno, Aparte
¿en qué confusión me has puesto?)
PERSEO: ¿Cómo?
DANAE: No sé.
PERSEO: ¿Al “no sé” vuelves?
DANAE: Tampoco sé dónde vuelvo.360
Y déjame, no me aflijas;
que no puedo, que no puedo
decir más ni callar más.
(Grande Júpiter supremo, Aparte
ya que ocasionaste el daño,365
acude con el remedio.)
Vase [DANAE]
PERSEO: ¡Oye, aguarda! Mas, ¡ay triste!
Que aunque seguirla pretendo,
no sé qué oculto poder
en viva estatua de hielo370
me ha transformado quedando
sin alma, vida, ni aliento.
¡Oh, gran Júpiter, oh padre
de los hados! Mas, ¿qué es esto?
Al decir padre, no sé375
qué no usado, qué violento
impulso me alborotó
el corazón acá dentro
como que le dan las llaves
de las cárceles del pecho.380
Mas, si padre y hados dije
¿por qué juzgo, por qué pienso
que fue una voz y no otra
la que dio el latido, puesto
que de él no puedo ser hijo385
ni de ellos dejar de serlo.
¡Oh, gran Júpiter, oh padre
de los hados y los tiempos!
Digo otra vez si a piedad
te ha movido algún lamento,390
sirva de ejemplar al mío;
que yo a tus aras ofrezco
en víctima cuantas fieras
el monte contiene. Al ruego
te compadece de un triste395
que náufrago de los vientos
navega a saber quién es
en alas de un devaneo;
que le persuade a que es más
cuando le dicen que es menos.400
Y, pues mi madre lo calla,
dime tú si habrá consuelo
tal vez a mi duda.
Dentro la MÚSICA
MÚSICA: “Sí.”
PERSEO: ¿Qué armonïosos acentos
oigo? ¿Si fue ilusión?405
MÚ:SICA: “No.”
PERSEO: Pues que ya en süaves ecos
oigo las voces que suelen
tener al aire suspenso
cuando alguna deidad pisa410
la tierra, porque su acento
métricamente sonoro
suena más dulce que el nuestro,
con él he de hablar. ¡Oh tú,
deidad que escucho y no veo!415
Si eres mi oráculo, dime,
¿quién soy?
MÚSICA: “Tú lo sabrás presto.”
PERSEO: ¿Quién me lo ha de decir?
MÚSICA: “Nadie.”
PERSEO: Pues, ¿cómo puede ser eso?
¿Decirlo, y nadie?420
MÚSICA: “Llegando…”
PERSEO: Prosigue; que no te entiendo.
MÚSICA: “A decirlo sin decirlo, y a saberlo sin saberlo.”
PERSEO: “¿A decirlo sin decirlo,
y a saberlo sin saberlo?”
Ahora conozco –¡ay de mí!–425
que es ilusión del deseo
la que me persuade a que
hablan conmigo los cielos;
que ellos no usaran confusos
enigmas, y más si atiendo430
a que todos los espacios
del aire están tan serenos
que apenas pequeña nube
Empieza a salir una nube
se decubre en todos ellos
que Boreal carro triunfal435
sea de sagrado dueño
de la voz, pues una sola,
que allá en el perfil postrero
del horizonte es apenas
fingida garza del viento,440
no es capaz trono de hermosa
deidad. Mas con todo eso
preguntar quiero otra vez,
–¡Oh tu sonoroso estruendo,
háblame claro!445
Dentro voces [primero] a una parte [y luego] a otra
VOZ: ¡To, to,
Barcino!
LIDORO: ¡A la cumbre!
FINEO: ¡Al puerto!
PERSEO: ¡Qué distinto voces ya
de las que escuché primero
responden! Pequeña tropa
allí, allí bajel pequeño,450
el puerto y la población
buscando vienen, a tiempo
que de la parte del monte
cazadores, y monteros
salen también; pero a mí,455
¿qué me importa todo esto
sino seguir a mi madre?
Y, pues que del rendimiento
tal vez se vale el rencor
humilde a sus plantas puesto,460
solicitar que me diga
mi hado antes que llegue el tiempo.
PERSEO y
MÚSICA: “A decirlo sin decirlo, y a saberlo sin saberlo.”
Vase, y mientas la MÚSICA se repite con las voces de adentro, viene creciendo la nube hasta la mitad del tablado donde se ha de abrir. Véese en un trono MERCURIO con alas en el sombrero y en los pies, y el caduceo en la mano, y PALAS armada con una asta en la mano, y embrazado un escudo en que ha de estar un espejo, y bajan a tierra y desaparécese la nube. Voces suenan dentro465
VOCES: ¡To, to! Melampo, Barcino!
POLÍDITES: ¡Al llano!
LIDORO: ¡A la cumbre!
FINEO: ¡Al puerto!
MÚSICA: “A decirlo sin decirlo, y a saberlo sin saberlo.”
PALAS: “Ya, hermoso galán Mercurio, alado dios del ingenio que has querido que, dejando el sacro palacio excelso de Júpiter nuestro padre, la fértil tierra pisemos de Acaya haciendo sus montes volcanes de nieve y fuego, dime, ¿qué intento te trae a sus campos pretendiendo que yo en ellos te acompañe?”
MERCURIO: “Oye, y sabrás el intento ya que, porque no le alcance el siempre sañudo ceño de nuestra madrastra Juno, contigo a estos montes vengo. Ya sabes, hermosa Palas, cuya beldad, cuyo acero las almas rinde a su agrado y las vidas a su esfuerzo, que de Júpiter divino hijo el infeliz Perseo, hermano es nuestro. Y ya sabes que, por temor de los celos de Juno no le declara, obligando sus depechos a que en rústicos sayales le deje vivir muriendo. Yo, compadecido hoy, de ver su ultraje, atendiendo a que Júpiter quisiera responder a sus lamentos si aquella infausta deidad de la Discordia, a quien dieron las altiveces de Juno en nuestro dosel asiento, sus soberanas piedades no embarazara, pretendo que interesados los dos solicitemos un medio que, sin decirle quién es, le diga quién es, haciendo que ni le pene el dudarlo ni le embanezca el saberlo.”470
PALAS: “¿Qué medio puede ser ése? Que, como tú le des, quiero yo ayudarle; que también su mal, como hermana, siento.”
MERCURIO: “Yo le he de representar en las fantasmas de un sueño toda su historia, con que alentado a un mismo tiempo y desconfïado viva pues, ignorando y creyendo. Ni aquello le tendrá humilde ni estotro le hará soberbio; que, viendo por una parte quién es y por otra viendo que no es, las cercanías disfrazadas en los lejos, le harán que intente labrarse la fortuna, conociendo que para cierto es engaño lo que para engaño es cierto. A este fin le he de llevar con algún fingido objeto que le arrebate tras sí a la gruta de Morfeo donde, entre confusas sombras, ha de ver su nacimiento.”
PALAS: “Pues si has de fingir alguno, el más hermoso, el más bello, que puede para fingido prestarte lo verdadero es Andrómeda.”
MERCURIO: “En su imagen transformado hablarle pienso. Sola la dificultad que resta es que, Juno viendo el fin, no intente estorbarlo; a cuyo advertido afecto tú, Palas, mañosamente la has de asistir, pretendiendo apartarla la Discordia de su lado aquel momento.”
PALAS: Yo te agradezco. No solo lo piadoso del afecto pero también lo sutil de la industria te agradezco. Y, pues lo que a mí me toca, para reparar los riesgos del hado que le amenaza, es divertir el inquieto semblante de la Discordia que a pesar de todo el cielo conserva en el cielo Juno, yo desde aquí te lo ofrezco con ánimo; que, si no basta mañoso el intento, baste el valor a arrojarla del no merecido asiento a cuyo glorioso fin sobre las alas del viento otra vez a los umbrales de nuestra alcázar me vuelvo.”
MERCURIO: “Pues yo en esta confïanza hoy en la tierra me quedo a fingir una hermosura y a representar un sueño.”475
PALAS: “Pues queda en paz.”
MERCURIO: “En paz partes porque llegue a un mismo tiempo.”
LOS DOS: “A decirlo sin decirlo, y a saberlo sin saberlo.”
Vuela PALAS y vase MERCURIO. [Suenan voces] dentro
VOCES: ¡To, to! Melampo, Barcino.
POLÍDITES: Al valle.
LIDORO: Al campo.
FINEO: Al puerto.
Salen POLÍDITES y CRIADOS
POLÍDITES: Retírese la gente y no prosiga480
la caza.
CRIADO: ¿Qué es, señor, lo que te obliga?
POLÍDITES: Habiéndome informado
la desvelada posta del cuidado
que asiste con afectos singulares
en guarda de estos montes y estos mares,485
por esperar que un día
–si no miente la docta astrología–
ha de venir una beldad a ellos,
madre de un joven que ha de enriquecellos
de triunfos, de que el sol será testigo.490
Habiéndome informado, otra vez digo,
la atenta centinela,
que vela el mar y la campaña vela,
que unos y otros espacios
ocupan de estos rústicos palacios495
extranjeras naciones, cuya nueva,
hallándome cazando el que la lleva,
en el monte me dio, saber deseo
quién son.
Sale DANAE
DANAE: (Aquí a Perseo Aparte
en las dudas dejé de mi fortuna.500
Vuelvo a buscarle por si acaso alguna
razón puede en mi honor asegurarle,
ya que posible no es desengañarle
porque sellan mis labios,
de Juno celos y de Jove agravios.)505
POLÍDITES: Solicita informarte
de alguién.
CRIADO: Una villana hacia esta parte
viene.
POLÍDITES: Al ver perfección tan soberana
de una deidad en traje de villana,
decidme –¡ciego estoy a luz tan pura!–510
prodigio de estos montes –¡qué hermosura!–
¿qué gente es la que ve vuestro horizonte
sulcar el golfo y discurrir el monte?
DANAE: Aunque decirlo quiera,
no me es posible, que de la ribera515
ni de camino vengo.
POLÍDITES: Esperad.
DANAE: Haré mal si me detengo
porque en alcance voy de otro cuidado.
POLÍDITES: Ya no lo llevaréis pues le habéis dado.
DANAE: Eso es lo que no entiendo.520
POLÍDITES: Bien fácil es; pues lo que yo pretendo
decir es, que si os lleva
un cuidado y le dais, será acción nueva
darle y quedar con él.
DANAE: ¿A quién le he dado?
POLÍDITES: A quien le tiene ya de haber mirado525
vuestra rara belleza.
DANAE: Es error; que no puede mi tristeza
dar su cuidado a nadie, y bien lo pruebo,
pues no es el que tenéis como el que llevo.
POLÍDITES: ¿No es de amor?530
DANAE: Bien podría
ser que lo fuese; pero no sería
posible que lo fuese
tal que mi amor al vuestro pareciese.
Quedad con Dios.
POLÍDITES: Oíd.
Sale PERSEO
PERSEO: ¿Qué es lo que veo?
DANAE: (A mal tiempo–¡ay de mí!–llegó Perseo.) Aparte535
PERSEO: Hidalgos cortesanos,
queda la lengua esté, quedas las manos…
(¡Un nuevo fuego en mis entrañas arde!) Aparte
…que tiene la zagala quien la guarde.
POLÍDITES: ¡Qué donairoso brío540
de joven!
DANAE: Perdonad, que es hijo mío
y, crïado en aquestas caserías,
no sabe lo que son cortesanías.
POLÍDITES: ¿Hijo es vuestro, o hermano?
PERSEO: ¡Qué lisonjero chiste cortesano!545
¡Hijo y muy hijo!
POLÍDITES: ¿Y es de aquesta aldea?
DANAE: Aquí nació.
POLÍDITES: ¡Feliz la patria sea
de una y otra hermosura soberana!
¿Cómo os llamáis?
DANAE: Dïana.
POLÍDITES: ¿Hija de quién?550
PERSEO: ¿Quién vio preguntas tantas?
No le respondas más.
Sale CARDENIO, viejo y los villanos
CARDENIO: Dame tus plantas.
TODOS: Y a todos mos las dé.
BATO: No más que a vellas
que su merced se quedara con ellas.
POLÍDITES: Del suelo alzad.
CARDENIO: Habiéndome contado
vuestros monteros como habéis trocado555
el bosque por la aldea,
vengo a saber, ¿qué dicha nuestra sea
la que aquí os ha traído?
POLÍDITES: Habiéndome informado que ha venido
por tierra y mar a aqueste puerto gente,560
quise saber quién son.
CARDENIO: Pues facilmente
podrá informaros ella,
pues de tierra y de mar llegáis a vella.
DANAE: ¿Quién es, señor, aqueste caballero?
CARDENIO: El rey.565
PERSEO: ¿Éste es el rey? Sin duda hoy muero.
Salen por una parte LIDORO y gente, y por otra FINEO y gente
LIDORO: Rústicos aldeanos,
decid…
FINEO: Decid, ilustres cortesanos…
LIDORO: …¿por dónde de esta cumbre
antes podré vencer la pesadumbre?
(Pero, ¿qué es lo que miro?) Aparte570
DANAE: (Lidoro es éste.) Aparte
LIDORO: (Justamente admiro Aparte
su hermosura y su seña.
Fuerza es callar, pues a callarme enseña.)
FINEO: Lo mismo mi deseo
os preguntara y, pues mi duda veo575
en otros labios puesta,
satisfaga a los dos una respuesta.
POLÍDITES: Antes es bien que acuda
a dos dudas mi voz con una duda.
Quién sois saber pretendo580
primero que os informe.
LIDORO: Yo siguiendo…
(Fuerza es disimular) …voy la ventura
de la más infeliz, triste hermosura
que vio el sol, cuya mísera fatiga
a consultar a Júpiter me obliga.585
No puedo detenerme ni hablar puedo.
FINEO: Yo tampoco; que pierdo, si me quedo,
el mejor temporal para volverme
al instante, que llegue a responderme
el oráculo a una590
pregunta, hija también de otra fortuna.
Perdonad; que hoy sin responder me vaya.
CARDENIO: Ved que es el rey Polidites de Acaya
con quien habláis.
LIDORO: A vuestras plantas pido
me perdonéis.595
FINEO: También a ellas rendido
me sirva de disculpa
saber que la ignorancia nunca es culpa.
POLÍDITES: Ya que sabéis quién soy, saber es fuerza
quién sois los dos.
FINEO: Aunque el efecto tuerza
de mi primer intento,600
ley el respeto es. Escucha atento.
Casiopea de Trinacria,
hermosa infelice reina
–que las infelicidades
son lunar de las bellezas–605
de Cefeo, amante suyo,
una hija tuvo tan bella
que afrentó con su hermosura
toda la naturaleza;
puesto que desconfïada610
de hacer otra como ella
en sus excelencias mismas
apuró sus excelencias.
Creció Andrómeda–que éste
es su nombre–tan perfecta…615
¿Pensarás que a decir voy
que no hay nadie que la vea
que no le enamore? Pues
tan al contrario lo piensa;
que no hay nadie que la mire620
que la ame; que no deja
esperanzas para amarla
a nadie que llegue a verla.
Y ansí, en su primer instante
la voluntad más atenta625
no es posible quedar viva
viendo su esperanza muerta.
Dígalo yo; pero eso
no es del caso. Casiopea,
mirando a Andrómeda un día630
que a la orilla lisonjera
del Nereo festajada
de las hermosas Nereidas,
ninfas suyas, florecía
el oro de sus arenas635
al contacto de sus plantas,
desvanecida y soberbia,
les dijo, “Decid a Venus,
marítima deidad vuestra,
que reina de la hermosura640
no se entitule; pues llega
a ver que Andrómeda sola
hay que ese imperio merezca;
pues que ella sola debía
ser de la hermosura reina.”645
Ofendiéronse las ninfas;
que, en tocando a esta materia
de “más hermosa soy yo,”
no hay deidad que no lo sienta.
Sumergiéronse en las ondas650
y, ofendidas por sí mesmas,
en voz de Venus pidieron
satisfacción de la ofensa.
Nereo, sagrado río
que en el mar gozoso entra,655
sólo por ver si en el mar
con alguna espuma encuentra
de las que fueron de Venus
cuna, pues amante de ella
son sus lágrimas sus ondas,660
sintió de fuerte la afrenta;
que en toda Trinacia quiso
vengarla y satisfacerla.
Marino monstruo escamado,
de cerúleas verdinegras665
conchas, con pies y con alas
en sus bóvedas engendra,
de sus entrañas aborta,
y de sus senos revienta,
tan disforme que si nada,670
tan tremendo que si vuela,
brama el aire y gime el mar
confundidos de manera
que no se sabe si es
aire o mar adonde llega;675
pues escupidas las ondas
hace, cada vez que alienta,
que el mar se suba a las nubes
y el aire a las ondas venga
a ocupar aquel vacío,680
haciendo la azul esfera
mil desiguales montañas
de nubes y de cavernas.
Éste, pues, fiero vestigio,
ésta, pues, marina bestia685
con su saliva las aguas
de todo el río avenena,
con su anhélito inficiona
del monte plantas y hierbas
y de todos los ganados690
el templado ambiente infesta.
A la orilla no es posible
llegar nadie que no sea
pasto suyo. No hay bajel
de cuantos al puerto llegan695
que no zozobre a su vista
porque su estatura inmensa,
si se mueve es huracán,
escollo si se está queda.
De suerte que horror y susto700
tienen a Trinacia hecha
sepultura de sí misma
en sed, hambre y pesta envuelta.
De varios ritos ha usado,
devota, la piedad nuestra,705
sacrificándola a Venus
en sus altares diversas
víctimas pero ninguna
su sacra ojeriza templa.
Yo, que más interesado710
que todos soy en su adversa
fortuna porque infelice
primo de Andrómeda bella
espero lograr su mano
siendo en tan gloriosa empresa715
el no merecerla medio
de llegar a merecerla,
a Júpiter en su templo
que más antiguo celebra
la anciandidad de los siglos720
que es ése, cuya eminencia
sobre la siempre nevada
cerviz de Acaya se asienta,
ofrecí un precioso don
que traigo conmigo en muestra725
del voto. Y así te pido,
señor, que me des liciencia
para penetrar su cumbre
y saber de su respuesta
qué sacrificios a Venus730
haremos con que se vea
su beldad desagraviada
y mi feliz patria exenta
de este monstruo que le aflige,
este susto que la cerca,735
este pasmo que la asombra,
y este horror que la atormenta.
POLÍDITES: ¡Extraño caso!
DANAE: ¡Notable
prodigio!
PERSEO: ¡Rara extrañeza!
No porque haya un monstruo, cuanto740
porque no haya quien lo venza.
LOS VILLANOS: ¿Quién de oírlo no se admira?
BATO: ¿Quién de escucharlo no tiembra?
LIDORO: Aunque de esta novedad
tan grande el extremo sea,745
oye, señor, que no menos
extraña es la que me lleva
al templo también a mí
de Júpiter con la mesma
acción, si bien es la causa750
en sus principios opuesta.
(¡Ay, Danae, no sé si al verte Aparte
palabras tendrá la lengua!)
Yace a la falda de aquel
monte africano que ostenta755
sobre su cerviz el cielo,
bien que ya alguna experiencia
mostró que sólo un cuidado
aun más que sus rumbos pesa,
yace pues, digo, a su falda760
una fábrica pequeña,
casa de camnpo a una parte
y a otra una intricada selva,
cuya varïado país
tiene siempre en competencia765
de primores, aquí el arte,
y allí la naturaleza.
Ésta, pues, noble alquería
nativa cuna primera
fue de Medusa, beldad770
tan sin ejemplar que apenas
le vendrán las alabanzas
que otro de Andrómeda cuenta,
bien que no tan venturosa,
cuya infelice experiencia775
dice que es más su hermosura
cuanto es más triste su estrella.
Entre cuantas perfecciones
doró el cielo su belleza.
En la que más se esmeró780
fue el cabello, cuyas hebras
hiló el sol entre sus rayos,
siendo su frente una esfera
que trenzada anochecía
porque amaneciese suelta.785
Dígalo el efecto, pues
un día que a la ribera
[d]el mar a peinar salió
el rubio Ofir de sus trenzas,
envidioso al ver Neptuno790
que el aire en su espacio tenga
más bello golfo de ondas,
cuyos piélagos navegan
en bajeles de marfil
conchas de nácar y perlas,795
pasó la envidia a deseo
si ya no a codicia necia
de presumir que podía
enriquecer su soberbia
con el oro de otras Indias,800
más ricas cuanto más cerca.
Amante pues, suyo no,
se valió de las finezas
de rendido; que el amor
de un poderoso no ruega805
cuando puede la caricia
valerse de la violencia.
Y ansí, un día que la vio
en el templo de Minerva,
que a las orillas del mar810
sobre sus rizos se asienta,
desatando de sus ondas
toda la saña violenta
para sus tranquilidades
se valió de sus tormentas.815
El templo inundó y entre
el susto que a todos cerca,
el miedo que a todos turba,
el pavor que todos ciega,
reservando de Medusa820
la soberana belleza,
por fuerza logró su amor.
Mas miente, miente mi lengua;
que aunque consigue, no logra
el que consigue por fuerza.825
Minerva, ofendida al ver
los dos sacrílegas muestras
que a su templo y su decoro
hizo la ruina y la ofensa,
no pudiendo de él vengarse,830
dispuso vengarse en ella;
que un rencor que en el culpado
no se satisface queda
siempre rencor hasta que
en el que puede se venga.835
Y viendo que fue el cabello
causa de su amor primera,
las hebras que fueron de oro
trocó en rizadas culebras
cuyo veneno en los ojos840
se comunica y se ceba,
tanto que a ninguno miran
que en tronco no le conviertan.
Rabiosa vive en los montes,
tan sañuda bandolera845
de las vidas que no pasa
peregrino que no muera
a su vista, racional
basilisco de la selva.
Nadie se atreve a matarla850
porque nadie que a ver llega
su rostro vive. Y porque
darla la muerte no puedan
dormida, sus dos hermanas
están en su guarda puestas855
de suerte que cuando una
descansa la otra está en vela.
Con que es posible que
remedio este asombro tenga
si ya Júpiter sagrado860
a quien yo traigo otra ofrenda
como príncipe que soy
de aquella Africana tierra
–bien que príncipe infelice
dado a fortunas adversas865
tanto que si hablara de otras
no fuera la mayor ésta–
con su piedad no socorre,
con su poder no remedia,
este escándalo, esta ruina,870
este estrago, esta violencia,
en sus oráculos dando
a mis preguntas respuesta
de cómo desenojar
a la deidad de Minerva875
cuando libre mi patria
de desdichas y miseras,
ansias y calamidades,
iras, muertes y tragedias.
POLÍDITES: De vuestros raros sucesos880
tanto me admiran las nuevas
que tengo de acompañaros
al templo por ver qué llega
Júpiter a responderos.
(Mas miento –¡Ay zagala bella!– Aparte885
por verte este rato más
no doy a la corte vuelta.)
Vase [POLÍDITES]
FINEO: Guárdete el cielo.
Vase [FINEO]
LIDORO: Tus plantas
beso. (¡Ay, Danae, quién pudiera Aparte
hablarte!)890
Vase [LIDORO]
DANAE: (¡Quien por no verte, Aparte
Lidoro, ni que supieras
de mí, se hubiera anegado
en el mar!)
CARDENIO: Ven, Diana bella,
a ver Júpiter qué dice
en maravillas como éstas.895
DANAE: Ven, Perseo.
Vase NISEA
PERSEO: Ya yo voy.
GILOTE: Ven, Bato.
BATO: Id vos norabuena
que yo no pienso ir allá.
ERGASTO: ¿Por qué?
BATO: Porque no quijera
ver nada que me acordase900
de que hay monstruos y culebras
en el mundo; pues me basta
saber que hay suegros y suegras,
que hay cuñados y cuñadas,
que hay tíos, tías y viejas,905
y viejos, y finalmente
que ay…
GILOTE: Di, ¿qué?
BATO: Dueños y dueñas.
Vanse [los villanos]
PERSEO: ¿Loco pensamiento mío,
que cuando ignoras quién eres
pasar temerarios quieres910
de la duda al desvarío
adonde te lleva el brío
presumiendo, altivo y vano,
que uno y otro horror tirano
tú solo vencer podrás?915
¿Si oyendo a un villano estás
que aun no eres un villano?
¿Quién de Trinacia venciera
el monstruo? Y de África, ¿quién
venciera el pasmo también?920
¿Para qué nadie pudiera
decir que más que yo era?
Pues a quien se hace por sí
la fortuna es a quien vi
dar mayor estimación925
que hijos de sus obras son
los hombres; mas…
Dentro [ANDRÓMEDA]
ANDRÓMEDA: ¡Ay de mí!
PERSEO: El “ay de mí” aquella roca
antes que yo pronunció.
No sin causa me quitó930
el suspiro de la boca
pues es mi suerte tan poca
que ni aun suspirar merece
por el alivio que ofrece
el “ay” de un triste; y assí935
no digo yo el…
Dentro [ANDRÓMEDA]
ANDRÓMEDA: ¡Ay de mí!
PERSEO: Oírse más cerca parece.
Mal haré si osado no
descubro cúya es la ira
que anticipada suspira940
porque no suspire yo.
Sale ANDRÓMEDA de cazadora
ANDRÓMEDA: Si el cielo, oh joven, te dio
valor que desmienta el traje,
siendo de tu vida ultraje,
verse de sayal vestida,945
procura amparar mi vida
de una fiera, antes que baje
de ese risco donde –¡ay cielos!
andando a caza la vi.
PERSEO: Cobra el aliento y de mí950
fía, oh beldad, tus recelos
que no esos azules velos
en vano a mí te han traído.
ANDRÓMEDA: Que no me siga, te pido,
mientras yo escapo.955
PERSEO: Eso no;
que mal podré vencer yo
dejándome tú vencido.
Si, mientras te dejo ir,
ella de esos montes baja
y en otra parte te ataja,960
¿de qué te podré servir?
Y ansí, pues he de morir
en tu defensa, será
bien que no te deje ya
pues el riesgo de que huir quieres965
está donde tu estuvieres
no donde la fiera está.
ANDRÓMEDA: Eso es querer que yo hoy
dé en un riesgo por huir,
de otro. Ni me has de seguir,970
joven, ni saber quién soy.
Y ansí, mientras yo me voy,
buscar la fiera procura.
PERSEO: ¿No ves que será locura
de vario amor por hallar975
a una fiera aventurar
el perder una hermosura?
Contigo he de ir pues contigo
va tu peligro.
ANDRÓMEDA: ¡Eso no!
Quédate.980
PERSEO: Mal podré yo
acabarlo ya conmigo.
ANDRÓMEDA: Pues, sígueme.
Vase [ANDRÓMEDA]
PERSEO: Ya te sigo.
Vase [PERSEO, y hablan dentro dos versos]
ANDRÓMEDA: Si a volar te atreves, mas…
PERSEO: El viento se deja atrás.
Sale [ANDRÓMEDA]
ANDRÓMEDA: ¿Aún seguirme intentas?985
Sale [PERSEO]
PERSEO: Sí.
ANDRÓMEDA: ¡Ay, infelice de ti;
que no sabes dónde vas!
Vase [ANDRÓMEDA]
PERSEO: Como vaya donde fueres
no temo infelicidad.
Dentro [ANDRÓMEDA]
ANDRÓMEDA: Ya que mi velocidad,990
mísero joven, prefieres,
Sale [ANDRÓMEDA] y da vuelta
búscame si hallarme quieres
en esta gruta.
PERSEO: Aunque veo
que en la gruta de Morfeo
se ha entrado, tras ella voy.995
Dentro [ANDRÓMEDA]
ANDRÓMEDA: Aquí me hallarás, pues soy
la sombra de tu deseo.
Vase [PERSEO] y salen en lo alto luchando PALAS y la DISCORDIA
DISCORDIA: No hallará, porque primero
le diré yo cuanto pasa
a Juno.1000
PALAS: “Calla, Discordia.”
DISCORDIA: ¿Cuándo la Discordia calla?
¡Sagrada deidad de Juno!
PALAS: “No prosigas.”
DISCORDIA: Suelta.
PALAS: “Aparta. No has de hablar.”
DISCORDIA: No he de callar.
Mira que en el cielo Palas
y que Mercurio en la tierra…1005
PALAS: “Suspende la voz.”
DISCORDIA: Aguarda.
Por declarar el bastardo
hijo de Júpiter, andan
en oprobio de tus celos;
pues, si una vez le declaran1010
sabrá el mundo que no estima
tu mérito el que te agravia.
PALAS: “Suspende la aleve lengua, mentida deidad, pues basta que el acento de tu voz sonando sin consonancia diga quién eres sin que lo diga también la saña de tu siempre escandalosa condición.”
DISCORDIA: En vano tratas
que calle; y si, para esto
de Juno agora me apartas,1015
yo sabré volverme a ella.
PALAS: “No harás; porque hasta que haya Mercurio el fin conseguido que pretende, a cuya causa con la bellísima imagen de Andrómeda llevar traza a la gruta de Morfeo a Perseo, mi esperanza te tendrá aquí.”
DISCORDIA: Mal podrás.
PALAS: “Mira.”
DISCORDIA: Suelta.
PALAS: “Escucha.”
DISCORDIA: Aparta
o desde aquí daré voces.
PALAS: “Pues mira; que, si no callas, te haré callar de otra suerte.”1020
DISCORDIA: ¡Qué soberbia con las armas
que te dio Marte, rendido
a tu hermosura y tu gracia,
estás! Pero contra mí
ni escudos ni arneses bastan1025
porque, ¿qué puedes tú hacerme?
PALAS: “Arrojarte de este alcázar.”
DISCORDIA: ¿Tú a mí?
PALAS: “¡Yo a ti!”
DISCORDIA: Pues si Juno
en él me conserva y guarda,
¿de qué suerte podrás tú1030
obligarme a que de él salga?
PALAS: “¡De esta suerte! Recibid, montes, en vuestras entrañas esta mentida deidad que arroja del cielo Palas.”
DISCORDIA: ¡Ay infelice de mí!
PALAS: “Sigue, Mercurio, la instancia sin temor que la Discordia ya de entre nosotros falta.”

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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