La villana de la Sagra — Jornada I

LA VILLANA DE LA SAGRA

Tirso de Molina (Gabriel Téllez)

Este texto electrónico fue preparado por Vern Williamsen en 1998. Se basa en el texto de PARTE TERCERA DE LAS COMEDIAS DEL MAESTRO TIRSO DE MOLINA, (Tortosa: Francisco Martorell, 1634) que ha sido cotejado con la edición de Juan Eugenio Hartzenbusch(COMEDIAS DE TIRSO DE MOLINA, BAE 5, 1858). Esta obra fue transcrita al formato HTML para ser presentada en esta colección. Este texto está presentado solamente para usos académicos. Para cualquier otro empleo, póngase en contacto con el encargado de la lista.


Personas que hablan en ella:

  • Don LUIS, hermano de doña Inés
  • Doña INÉS, hermana de don Luis
  • ANGÉLICA, aldeana
  • Don PEDRO
  • FELICIANO, primo de Angélica
  • CARRASCO, lacayo, criado de don Luis
  • CACHOPO, lacayo, criado de don Juan
  • Don JUAN, hermano de don Diego
  • Don DIEGO, hermano de don Juan
  • CAMILA, criada de doña Inés
  • CACHOPO, lacayo
  • FABRICIO, criado de don Juan
  • LINARDO, criado de don Pedro
  • HORACIO, criado de don Juan
  • FULGENCIO, padre de doña Inés
  • Un EMBOZADO
  • Un TAMBORILERO
  • Un ESCRIBANO
  • CRIADOS
  • ALDEANOS

Don LUIS, hermano de doña Inés Doña INÉS, hermana de don Luis ANGÉLICA, aldeana Don PEDRO FELICIANO, primo de Angélica CARRASCO, lacayo, criado de don Luis CACHOPO, lacayo, criado de don Juan Don JUAN, hermano de don Diego Don DIEGO, hermano de don Juan CAMILA, criada de doña Inés CACHOPO, lacayo FABRICIO, criado de don Juan LINARDO, criado de don Pedro HORACIO, criado de don Juan FULGENCIO, padre de doña Inés Un EMBOZADO Un TAMBORILERO Un ESCRIBANO CRIADOS ALDEANOS


ACTO PRIMERO


Salen CARRASCO y CACHOPO
CARRASCO: Pues juegan nuestros señores,
saca naipes y dinero.
CACHOPO: Si el padre es tamborilero,
los hijos son bailadores;
y así, yo tahur te llamo,
Carrasco, en esta ocasión;
que siempre la inclinación
sigue quien sirve de su amo.
Jugando allá dentro están
con una y otra traviesa.
CARRASCO: Sirva este poyo de mesa
y de sala, este zaguán;
aquestas capas de sillas
o en pie juguemos.
CACHOPO: Razón
tienes, que a tal devoción
no es mucho estar de rodillas.
CARRASCO: Saca aquesa cifra llena
de caballos, reyes, sotas,
que con ella me alborotas.
¡Ay, hermosa cuarentena
en quien sin duda ninguna
hallo penitencia tanta
que, sin ser Semana Santa,
más de un pródigo te ayuna!
¡Qué de de hidalgos principales,
observantes en tus leyes,
por sólo verse con reyes
vienen a verse sin reales!
¡Qué de ellos por ser andantes
de noche en tus estaciones,
por hacer los dos ladrones
se hicieron disciplinantes!
¡Qué de ellos llevan la cruz
en ti de su pobre trato!
¡Qué de ellos, por el barato,
son tus cófrades de luz!
CACHOPO: ¿Qué hemos de jugar?
CARRASCO: Un poco
de parar, que es lo mejor.
CACHOPO: Yo soy de tu propio humor.
CARRASCO: Pues tendrás humor de loco.
CACHOPO: Barajo.
CARRASCO: Yo alzo de mano
una sota, que me brinda
con la copa.
CACHOPO: Si una guinda
está hecho, de fue en vano.
¡Muy largas faldas con éstas!
El rey de bastos no es malo.
CARRASCO: Será el rey Sardanapalo.,
pues que lleva un palo a cuestas.
El naipe es suyo. Alzo y paro
un real y otro.
CACHOPO: ¡Bien, por Dios!,
digo.
CARRASCO: Un caballo.
CACHOPO: Y aun dos.
Sácolo fuera.
CARRASCO: ¡Qué avaro
que es! Ande.
CACHOPO: Y andarla quiero.
CARRASCO: Ande, que el caballo he visto.
CACHOPO: Y el dos antes.
CARRASCO: ¡Vive Cristo!
CACHOPO: Y pinta. Tiro el dinero.
CARRASCO: ¡Qué presto que se alborota!
Baraje, y torne a parar
un real, y dos al pintar.
CACHOPO: Digo.
CARRASCO: Cúpome una sota.
¿Qué me quieres, desollada?
CACHOPO: El as de oros reverendo
es mío, y otro voy viendo.
CARRASCO: Ande.
CACHOPO: Vaya a la trocada.
CARRASCO: No quiero, que la veo ya;
que es sota y muestra los pies.
CACHOPO: Es verdad. La sota es,
pero encima el as está.
CARRASCO: Quiero quitar este encuentro
que tira, que no paré
sino un real.
CACHOPO: ¡Buen cuento, a fe!
CARRASCO: No nos oigan allá dentro.
CACHOPO: Presa y pinta dijo.
CARRASCO: Miente.
CACHOPO: ¡Miente a mí! Pues, vil lacayo,
sal aquí.
CARRASCO: Quedo, sor vayo
que también riñe la gente
de allá dentro.
Hablan dentro
JUAN: Don Lüís
ha arrojado un basto...un as.
LUIS: Vos lo tuvistes de más,
¡vive Dios, don Juan!
JUAN: Mentís.
LUIS: Tomad.
Dan un bofetón dentro
JUAN: ¡Cielos! ¡Bofetón!
¡Y en mi rostro!
LUIS: De esta suerte
se paga un mentís.
JUAN: Tu muerte
me dará satisfacción.
Salen don JUAN y don LUIS, desnudas las espadas.
Los criados [CARRASCO y CACHOPO] desenvainan las
suyas
LUIS: Si el bofetón te deshonra,
no te vayas retirando;
que si he perdido jugando
el dinero, no la honra.
El valor que tanto ensalzas
he de borrar con tu muerte.
Entran riñendo don JUAN y don
LUIS
CARRASCO: Más tajadas he de hacerte,
lacayo, que hay en tus calzas.
Estánse acuchillando CARRASCO y CACHOPO, y
dicen dentro
JUAN: ¡Ay, que me has muerto traidor!
LUIS: Pues, así se restituye
mi fama.
Sale huyendo don LUIS
Carrasco, huye.
CARRASCO: Echa a la Merced, señor.
¿Matástele?
LUIS: Creo que sí.
CARRASCO: ¿Creo, dices? Pues mi contrario
hecho queda letüario.
LUIS: Vamos.
CARRASCO: Echa por aquí.
Vanse. Salen doña INÉS, don DIEGO, y
CAMILA
INÉS: ¿Qué es esto, señor don Diego?
¿A medianoche en mi casa?
Ya de los límites pasa
de razón vuestro amor ciego.
A abriros mandé la puerta,
creyendo que a ella llamaba
mi hermano, a quien agradaba,
de este atrevimiento incierta.
Decid, señor, qué intentáis
de noche, pues ni aun de día
es bien, sin licencia mía,
que en ella los pies pongáis.
Si acaso es la pretensión
con que vuestro amor molesto
en lenguas del vulgo ha puesto
mi fama y resputación,
y vuestra esperanza vana
piensa con tanta porfía
que si honrada soy de día
de noche he de ser liviana,
idos con Dios que ha gran rato
que don Luis de aquí ha salido
y si viene y ha perdido
podrá ser que de barato
os haga, cuando aquí os halle,
salir con corrida incierta
aunque estrasteis por la puerta,
por la ventana, a la calle.
DIEGO: Doña Inés, poco temor
me hará tu hermano que cobre,
aunque parezca por pobre,
su casa de esgrimidor.
Sólo tu rigor me espanta
y que entre en tu casa ordena
de noche como alma en pena;
que a fe, doña Inés, que es tanta
que a no tener por notorio
que no harás mi mal eterno,
fuera fuego del infierno
éste de mi purgatorio.
De noche te asombro y canso,
que soy alma en pena a oscuras
y diré, si me conjuras,
que busco requiem, descanso.
Dime, doña Inés, hermosa
¿cómo haces tan poca cuenta
de mi amor, pues sólo intenta
que, siendo mi dulce esposa,
hagas dueño a tu nobleza
de mi mayorazgo rico,
que alegre a tus pies aplico,
supuesto que la pobreza
que te hace don Luis pasar
a tan grande extremo llega,
que si ya tu honra no juega,
no tiene más que jugar?
Pues si tal ventura tienes
que el dote de tu nobleza
me hace olvidar tu pobreza
y te recibo sin bienes,
¿quieres que tu hermana llegue
a querer que te profane
y que tu infame le gane
dineros para que juegue?
¿Remediaráte su juego?
Sí, que te habrá prometido
de barato algún marido.
INÉS: ¿Qué es esto? Paso, don Diego,
que si mi hermano ha jugado
su hacienda, tiene una pieza
de oro, que es la nobleza,
y ésa nunca la ha empeñado,
Id con Dios; que no es ultraje
la pobreza cuando es noble;
antes resplandece al doble.
DIEGO: Noble y limpio es mi linaje
si la envidia no le mancha,
y agradeced que resisto
mi cólera. Nadie ha visto
en mi sangre raya o mancha
aunque injuriarla procuras.
INÉS: Debistes de pretender
que no lo echase a ver
pues venís a hablarme a oscuras.
DIEGO: Eres mujer y no afrentas.
No es bien que venganza cobre;
que siempre el sobrerbio pobre
dice al rico estas afrentas.
¿Qué mancha mi honor traspasa?
INÉS: No sé, a fe. Diz que pasó
por los puertos de Aspa y dio
sus armas a vuestra casa.
DIEGO: ¡Vive el cielo! ¡Me provoca
--trocando mi amor en furia--
que forzarte aquesta injuria
de tu deslenguada boca!
¡Y ojalá que viniera luego
tu pobre hermano y supiera
que es don Diego quien le espera
aquí!
INÉS: ¡Qué lindo don Diego!
Pero mal quien soy conoces.
Llega, infame.
CAMILA: Ya esto pasa
de raya. Salíos de casa
don Diego; que daré voces
y haré que la vecindad
se alborote y venga aquí.
Sale FABRICIO
FABRICIO: ¿Qué haces, señor, así
sin vengar tan gran maldad?
Muerto han a don Juan tu hermano.
Su venganza determina.
DIEGO: ¡Jesús!
FABRICIO: Yo estaba a esa esquina
y receléme, no en vano,
de ver un grande tropel
de gente que le llevaban
en brazos; ya que pasaban
llegué y conocí ser él.
Seguíle y vide que en casa
de un cirujano le entraron,
y una estocada le hallaron
que todo el cuerpo le pasa.
Un hora le dan de vida.
DIEGO: ¿Y quién es el matador?
FABRICIO: Dicen que es don Luis, señor.
INÉS: ¡Ay de mí!
DIEGO: ¡Oh, vil homicida!
¿Prendiéronle?
FABRICIO: Señor, no;
porque en habiéndole herido
huyó.
INÉS: ¡Ay de mí!
DIEGO: Si se ha ido,
seguirle he, Fabricio, yo.
Vanse don DIEGO y FABRICIO
INÉS: Cielos, ¿qué furiosa ira
vuestra me persigue tanto?
¿Hay más males?
CAMILA: Deja el llano;
que debe de ser mentira.
INÉS: ¡Ay, que nunca sale incierta
la mala nueva!
CAMILA: Sí, hará.
Éntrate, señora, acá.
INÉS: Ven, Camila, que estoy muerta.
Vanse doña INÉS y CAMILA. Salen don
LUIS y CARRASCO, visitiéndose de
peregrinos
CARRASCO: El sayal por el damasco
trueca, que es lo que importa
y de lamentarte acorta.
LUIS: De aquesta suerte, Carrasco,
haremos nuestro camino
más seguros.
CARRASCO: ¡Plega a Dios!
En fin, ¡que somos los dos
peregrinos! ¡Peregrino
caso! Pero de tu hermana,
mi señora doña Inés,
¿no te despides?
LUIS: ¿No ves
que ésa es diligencia vana?
Es don Juan rico en extremo,
y yo en extremo soy pobre.
CARRASCO: El juego te ha vuelto en cobre.
LUIS: Perdí mi hacienda, y ya temo
que me habrá cogido el paso
la justicia por consejo
de su hermano y padre viejo;
que no hay honor que sea escaso
cuando vengarse codicia;
que es pródiga la pasión,
y el dinero es aguijón
con que corre la justicia.
Mi hermana me da cuidado,
que es pobre y es principal,
y mi locura fue tal
que hasta su dote he jugado;
temo que me la persiga
la guerra del no tener,
que pobreza en la mujer
a mil desmanes la obliga.
Esto siento; pero vella,
¿cómo ha de ser si estará
por mí la justicia allá?
¡Ah, desdichada doncella
la que convierte su gozo
en llanto, do no hay consejo,
y muerto su padre viejo,
le rige un hermano mozo!
CARRASCO: O lloras o desvarías.
No hagas eso, que dirán
siendo en las armas Roldán,
que en llanto eres Jeremías.
LUIS: ¿Siempre has de estar de un humor?
CARRASCO: ¿Pues, qué? ¿Quieres que lloremos?
Ya que al otro muerto habemos,
¿consoloarnos no es mejor?
¿Dónde hemos de ir y, a pie quedo,
mudar de vida y estado?
LUIS: Un tío el cielo me ha dado
canónigo de Toledo,
rico y viejo, que desea
tenerme en su compañía
y en cuantas cartas me envía
me escribe que antes que vea
la muerte, que ya no puede
tardar, me ponga en camino;
pues no tiene otro sobrino
que su mucha hacienda herede.
En esta ocasión quiero
valerme de su favor.
CARRASCO: ¿Apuestas que soy, señor,
o canónigo o perrero?
¡Cuerpo de Dios! Ya te aplico
por hombre de mucha cuenta.
LUIS: Tiene cinco mil de renta.
CARRASCO: ¡Y aun con dos mil fuera rico!
Que guarda más que una urraca
un canónigo ya viejo.
Dominga, yo ya te dejo;
quédate para bellaca.
LUIS: ¿Siempre has de hablar desatinos?
CARRASCO: Así se pasa el trabajo.
LUIS: Verás el célebre Tajo,
padre de ingenios divino,
espejo de rostro bellos
en cuya comparación
todos los del mundo son
feos, mirados con ellos.
Allí verás la riqueza,
letras, armas, bizarría,
discreción, sabiduría,
trato apacible y nobleza.
CARRASCO: Allí sus riberas llenas
de berenjenas zocates.
LUIS: (Él ha de hablar disparates.) Aparte
CARRASCO: Como muy bien berenjenas,
endrinas dulces, membrillos
y, en todo alrededor,
el soberano licor
de Esquivias, Borox, Burguillos,
y otros muchos; que noticia
tengo en cuantas partes baña
con buenos vinos España
sus hijos--aunque Galicia
de nuestra amistad se agravia--
en esta ausencia dispense
conmigo el tinto de Orense
y el fondón de Ribadavia.
LUIS: Verás en Toledo, en fin,
cuanto el deleita desea
porque allí vertió Amaltea
la copa de su jardín.
Llamóle bien un judío
la tierra de promisión.
CARRASCO: Di, señor, en conclusión,
que allí veremos tu tío
porque la pena reporte
que tengo en salir de aquí.
LUIS: Y doce leguas de allí
a Madrid, famosa corte,
que el mapa del mundo es
y, si a mi tío ver puedo,
enviaré desde Toledo
por mi hermana doña Inés;
que a la sombra de tal tío
muy bien cabremos los dos.
CARRASCO: ¡Vámonos, cuerpo de Dios!
No nos prendan, señor mío,
que si la justicia llega,
querrá hacer de ti justicia.
LUIS: Despedirme de Galicia
quiero.
CARRASCO: Yo de mi gallega.

LUIS: Reino famoso, adiós; que alegre hago
ausencia de tu célebre montaña,
pues que siendo mi patra, como extraña
diste a mi juventud siempre mal pago.
Adiós, ciudad, sepulcro de Santiago,
que das pastor y das nobleza a España,
adiós fin de la tierra, que el mar baña,
reino famoso, del inglés estrago.
Adiós. hermana, que en tus brazos dejo
tu belleza, tu fama, tu hermosura;
porque eres de mujeres claro espejo.
Adiós juegos, amores, travesura;
que aunque mozo, desde hoy he de ser viejo
si me ayudan y tiempo y la ventura.
CARRASCO: Adiós, ciudad gallega, noble y sabia,
asombro del alarbe y estorlinga,
estación del flamenco y del mandinga,
del escita y del que vive en Arabia.
Adiós, fregona, cuyo amor me agravia,
gallega molletuda; adiós, Dominga,
que aunque lo graso de tu amor me pringa,
siento más el dejar a Ribadavia.
Adiós, fondón, traspuesto en tantos cabos,
y conocido de los mismos niños,
que aquí te dejo el alma con mil clavos.
Adiós, barajas, de mi amor brinquiños,
adiós, redondos y tajados nabos,
adiós, pescados, berzas, bacoriños.
Vanse don LUIS y CARRASCO. Salen LINARDO y
HORACIO
LINARDO: Perdonen por hoy las damas
de Toledo, amigo Horacio;
que tiempo habrá en que de espacio
puedan abrasar sus llamas.
Los ojos se han de ocupar
hoy en diversos sujetos,
que dicen que es de discretos
diferenciar el manjar.
La comarca de Toledo
hace alarde hoy de aldeanas,
que a las damas toledanas,
Horacio, comparar puedo,
que como el Agosto vino
lleno de cosecha tanta,
en él esta iglesia santa
hace hoy su agosto divino.
Viene hoy con intento vario
toda la comarca entera
a adorar la virgen, fuera
de su célebre sagrario.
Labradoras han venido
que son por extremo bellas.
HORACIO: ¿Qué importa, dime, si en ellas
no hay donaire ni vestido
para el apetito? Dalas,
amigo Linardo, a Judas,
que son imágenes mudas
que pinta el tiempo sin galas.
Nunca de ellas me enamoro,
porque su hermosura es tal,
como ropa de sayal,
con las guarniciones de oro.
LINARDO: Engañado estás. Aguarda,
que de aquella tienda sale
una aldeana que vale
más que cuantas damas guarda
en sus palacios Toledo,
y por cuyo tierno amor
da don Pedro mi señor
su hacienda y su vida.
HORACIO: Quedo,
que ya sale de la tienda
la que dices.
LINARDO: Su hermosura
en aquesta coyuntura
mi cierta opinión defienda.
Salen don PEDRO, con un hábito en el pecho,
ANGÉLICA, con un sombrero de plumas, y una
ALDEANA
PEDRO: ¿No tomáredes siquiera,
pagándolo yo, unos guantes,
pues joyas más importantes
rehusáis de esa manera?
¿Unas tocas?
ANGÉLICA: Es en vano
el cansaros. Nada quiero;
que se corre mi dinero
de volverse entero y sano.
PEDRO: Dejas que compre algo, pues,
a la compañera.
ANGÉLICA: Tengo
para las dos; que no vengo
con amigas de interés.
PEDRO: Siguiera por cortesía.
ANGÉLICA: Aqueso a las toledanas;
que las dos somos villanas.
PEDRO: Cerca está la platería.
Escoged alguna joya,
sortija, cruz o cadena.
A HORACIO
LINARDO: Si como ésta fuera Helena,
nunca se perdiera Troya.
PEDRO: Recibid algo.
ANGÉLICA: Yo basto
a pagar. Eso os prohibo;
que siempre tras el recibo
dicen que se asienta el gasto.
Por no venir a gastar,
del recibo es bien me prive;
que la mujer que recibe
es forzoso que ha de dar.
PEDRO: ¡Ay, Angélica divina!
Sin duda que en tu aldehuela
la discreción puso escuela.
Tu hermosura peregrina
junta con tu discreción
me tienen perdido y loco.
ANGÉLICA: Señor don Pedro, esto pco
basta de conversación;
que os miran mil medios ojos
hechos ventanas los mantos,
y algunos habrá entre tantos
a quien podáis dar enojos.
Idos, no engendréis recelos
porque será afrenta llana
que os pida una toledana
por una aldeana celos.
PEDRO: Bien sabéis vos cuántos días
ha que por vuestra beldad
menosprecio en la ciudad
toledanas bizarrías
y que, como el alma os vea
sin que su afición reporte,
juzga sólo por la corte,
Angélica, vuestra aldea.
¡Por Dios, que me dan disgusto
cuantas damas hay aquí!
¿Quedáis satisfecha así?
ANGÉLICA: Tendréis estragado el gusto
y, pues os vais al aldea
por damas de aquese modo,
será por comer de todo;
que la variedad recrea.
Estaréis empalagado
de tanto soplillo y seda
como por Toledo rueda
y habráos la grana agradado
del aldeano rebozo,
la chinela y el sombrero;
porque, aunque sois caballero,
tenéis el gusto de mozo.
Mas, pues que habemos llegado
a la santa iglesia ya
y aquí aguardándome está
mi padre, deja el cuidado,
don Pedro, y la pretensión
con que vuestro amor extraño
ha que persigue un año.
Buscad esposa con don;
que yo Angélica y sin él,
vos mayorazgo y señor,
yo hija de un labrador,
dirán mal seda y buriel.
Vos con aquesa encomienda
rico y noble, yo heredera
de un labrador que, aunque quiera
dejarme con mucha hacienda
todo lo deshace el tiempo
faltando los temporales,
y renegad de caudales
que anda a gusto del tiempo.
Para más, ya sabéis vos
que será cosa excusada
y para no alcanzar nada
no os canséis, don Pedro. Adiós.
Vanse ANGÉLICA, la ALDEANA, y
HORACIO
PEDRO: Oye. ¿Así, crüel, me dejas?
Áspid bello, no hagas tanto.
Mas pensarás que es encanto
y así tapas las orejas.

¿Qué haré, Linardo? Que inquieta
mi alma, a su amor sujeta,
esta hermosa Circe airada.
LINARDO: Respondióte como honrada.
señor, y como discreta.
Es Angélica heredera
de Fulgencio, a quien venera
toda esta fértil comarca
por ser suyo cuanto abarca
lo más de aquesta ribera.
Sabe el mayorazgo y renta
con que Castilla te estima
y que tu fama acrecienta
la sangre que te sublimaa
de tanto valor y cuenta.
Es humilde aquesta moza
y así el estado que goza
quiere humilde conservar
sin consentir desmandar
el tuyo, que es de Mendoza.
Mas si tanto te avasalla
tu amor y no has de ablandalla
con ruegos, usa el rigor;
que una traza hallo, señor,
para que puedas gozalla.
Ya sabes la devoción
que tiene al santo francées
la castellana nación
y que hoy la víspera es
de Roque, nuestro patrón.
Esta nocha va con grita
y fiestas a aquella ermita
cuya pared Tajo baña,
de toda aquesta campaña
a vela gente infinita.
Yo pienso, y aun claro está
que allá la aldeana irá
que te trata con desdén.
PEDRO: Todo eso es así. Pues, bien,
¿Qué hemos de hacer?
LISARDO: Que si va
y tú tomas mi consejo,
podrás seguro gozarla.
PEDRO: Mi vida en tus manos dejo.
Pero, ¿cómo?
LISARDO: Con robarla,
pues hay tan buen aparejo.
PEDRO: Eso no. Soy caballero
y ofender al sol no quiero
que alumbra las penas mías.
LISARDO: Amantes con cortesías
morirán de hambre primero.
El cómo y el cuándo ordena
y aqueso no te dé pena.
PEDRO: Amor, dame tu favor.
Seré Paris robador
de otra más hermosa Helena.
Vanse don PEDRO y LISARDO. Salen doña
INÉS y CAMILA
CAMILA: Todos afirman por cierto
que después que le mató,
huyó por camino incierto.
INÉS: Más muerta he quedado yo
sin él, Camila, que el muerto.
Don Diego, Camila, es
del muerto don Juan hermano
quien quiere dar al través
con mi honor como tirano
a fuerza de su interés
y, porque no vea mi honor
el muro de mi valor
batir con infame guerra,
es mejor dejar mi tierra
que no vivir con temor.
Él partió a Toledo agora,
Camila, porque mi tío,
el canónigo, le adora.
CAMILA: Tú harás algún desvarío.
Míralo más bien, señora.
INÉS: Mi casa dejo. Procura
guardarla tú y no la ultraje
don Diego. Tenla segura
porque yo, mudando el traje
pienso mudar la ventura.
Vanse doña INÉS y CAMILA. Salen don
LUIS y CARRASCO
CARRASCO: Dos leguas ponen de aquí
hasta Toledo, no más.
Mañana, señor, verás
al canónigo; mas di,
¿qué te parece la fiesta
que al peregrino del cielo
ha hecho esta pueblezuelo?
PEDRO: Su devoción manifiesta.
CARRASCO: ¡Qué buena farsa! ¡Qué ensayo
de toros! ¡Qué bravo encierro!
Más quisiera ser el perro
de Roque que tu lacayo.
LUIS: Calla, loco.
CARRASCO: Éste es mi voto.
Si yo perro suyo fuera,
cada perro me tuviera
por su abogado y devoto
y, haciéndome fiesta a ratos
perros vestidos de moros,
en vez de correrme toros
pudieran correrme gatos.
LUIS: ¡Estás borracho!
CARRASCO: No agravia
el estarlo un peregrino,
ni se vende aquí mal vino;
que a falta de Ribadavia,
Alaejos, Coca y Pinto
de Yepes y Ciudad Real,
San Martín y Madrigal,
hay buen blanco y mejor tinto.
¡Ay, venturosas las uvas
que lloran tan dulces caños!
¡Castilla ilustre, mil años
se empreñan de ellas tus cubas!
¡Nunca la peste las dé
del vinagre, ni las toque!
Toledo, en vez de San Roque,
haz mil fiestas a Noé,
pues que cifró tu ventura
en tus cestos y capachos;
que en tal tierra el ser borrachos
es calidad, no es locura.
LUIS: Óyete, loco.
CARRASCO: Aquí dan
en esta ermita del santo
que celebra España tanto
caridad de queso y pan
y, de aquella agua bendita
þ¿Agua dije? ¡Afrenta fue!þ
de aquel licor de Noé
que tantos dolores quita,
mis tripas han de ser coche
de una azumbre.
LUIS: ¿Has de callar?
CARRASCO: Dicen que todo el lugar
se junta aquí aquesta noche
en sus fiestas y alegrías,
bailes, meriendas, placeres,
hombres, niños y mujeres,
hasta las fregonas mías.
Ya es de noche. ¡Vive Dios
que hemos de ver este rumbo,
y de cuando en cuando un tumbo!
Calabaza os daré a vos;
que, ¡a fe que hay lindo despacho
de la vinática tinta
con la mejor presa y pinta
que has visto!
LUIS: ¿Soy yo borracho
como tú, que eres....?
CARRASCO: Soy mona;
pues si piensas que me infamas
cuando borracho me lamas,
me pones una corona.
Cantan dentro
VOCES: "¡Cómo alegra los campos
la dulce noche
con la fiesta divina
de nuestro Roque!"

CARRASCO: ¡Bueno, bueno! ¡Vive Dios!
la música me desvela.
Ya vienen los de la vela.
Salen varios ALDEANOS
LUIS: Dichosos fuimos los dos
en llegar a tal sazón.
¿No ves la grita que dan?
ALDEANO 1: ¡Bellacos, cola Magán!
ALDEANO 2: ¡Cola los de Mocejón!
ALDEANO 3: ¡Viva Olías!
ALDEANO 3: ¿En qué peca
Vargas?
ALDEANO 1: Varguillas, mamola.
¡Viva Villaluenga sola!
ALDEANO 2: ¡Villaluengo y Villaseca!
Salen ALDEANAS, cantando
ALDEANA 1: "Los azules bellos
tachonados de oro
muestran el tesoro
que adorna los cielos.
Su turquí de celos
a la vista alegra,
y la noche negra,
otras veces triste,
su pabellón viste
de mil resplandores."
TODAS: "¡Cómo alegra los campos
la dulce noche
con la fiesta divina
de nuestro Roque!"

ALDEANO 1: Siéntense, señores míos.
ALDEANA 1: Borden las flores mis sayas.
ALDEANO 2: ¡Vive Dioes, que ha de haber vayas
de donosos desvaríos!
¡Qué buena noche!
ALDEANA 1: ¡Extremada!
ALDEANA 2: Aquí me siento.
ALDEANO 1: Yo y todo,
fácilmente me acomodo.
Aquí el asiento me agrada.
CARRASCO: Por Dios, que habemos llegado
a coyuntura bizarra.
Sale un EMBOZADO, paseándose
EMBOZADO: Oyen, los de la guitarra,
¿de qué basura han sacado
esa mujer que a cantar
viene? ¡Qué gentil despacho!
ALDEANA 1: Tus barbas, sucio borracho,
son basura y muladar.
EMBOZADO: Anda, que eres de Cabañas,
donde todos son mesones,
o en buen romance, ladrones.
ALDEANA 1: Ésas será tus hazañas;
que eres de Olías, borracho,
y te dieron cien tocinos
por vender por palominos
grajos cocidos.
EMBOZADO: Un macho .
en adobo hasta la cola
una vez diste a comer
y te lo echaron de ver.
TODOS: ¡Bueno! Mamola, mamola.
LUIS: No quisiera haber perdido
en ningún caso este rato.
CARRASCO: Ésta es tierra, pese a mi hato.
Galicia, ya yo te olvido,
aunque el sueño me da enojos,
porque ya el vinillo empieza
a alborotar la cabeza
y hacer candiles los ojos.
Salen otro grupo de ALDEANOS con un
TAMBORILERO
ALDEANO 1: Burguillos viene.
ALDEANA 1: ¡Gentil
matalotaje!
ALDEANO 2: Es valiente.
TAMBORILERO: Dios guarde la buena gente.
EMBOZADO: No toques el tamboril,
pandero.
TAMBORILERO: Calla, pazguato,
que es de cuero; mas no quiero
callar, porque eres un cuero.
ALDEANO 1: Cola Burguillos.
CARRASCO: ¡Qué rato!
ALDEANO 1: Yo apostaré que a la vela
traen con danzas y corrillos
la arandela de Yunclilllos.
ALDEANO 2: ¿Yunclillos tiene arandela?
ALDEANO 1: No hay novia en la Sagra toda
que no la lleve alquilada,
ni piense quedar casada
si va sin ella a la boda.
ALDEANO 2: ¿Eso ignoras, y eres viejo?
Pues cuando van a alquilarla,
se han de juntar para darla
los alcaldes y el concejo.
TAMBORILERO: Ésa es mentira y cautela,
y si allá voy...
ALDEANO 2: No te corras.
TAMBORILERO: Mienten, y son unas zorras.
TODOS: Calla, y daca la arandela.
Salen ANGÉLICA, FULGENCIO, y
FELICIANO
ANGÉLICA: Todo lo merece el santo
y tiene mucha razón
de honrar Castilla patrón
que merece y puede tanto.
ALDEANO 2: ¡Brava viene, vive Dios!
ALDEANA 1: Es la que manda el lugar.
ALDEANO 1: Melisa, sal a bailar
mientras cantamos los dos.
Cantan los ALDEANOS y baila una
ALDEANA
ALDEANO 1: "Trébole. ¡Ay, Jesús cómo huele!
Trébole. ¡Ay, Jesús qué olor!
Tus plantas divinas,
Angélica hermosa,
en trébol y rosa
vuelven las espinas,
rosas, clavellinas,
y lirios crïaron
cuando se estamparon
tus pies entre flor."
LOS DOS: "Trébole. ¡Ay, Jesús cómo huele!
Trébole. ¡Ay, Jesús qué olor!"

CARRASCO: Brava la danza ha de ser,
digna de tales despojos.
LUIS: ¡Carrasco, qué bellos ojos!
CARRASCO: ¿Pues, cómo los puedes ver?
LUIS: Con la luz que nos envía
la luna que, hermosa, para
a ver el sol de su cara.
CARRASCO: ¿Ya hablamos filosofía?
LUIS: ¡Ay, qué divinos despojos!
CARRASCO: A dormir un rato me echo.
Échase a dormir
LUIS: No sé qué siento en el pecho
que se me entró por los ojos.
FELICIANO: Vuestra es, Angélica bella,
aquesta fiesta, pues todos
celebrándoos de mil modos
huelgan de veros en ella.
Hablan dentro don PEDRO y LINARDO
LINARDO: ¡Fuego, fuego!
PEDRO: ¡Acudid luego
que se nos quema la ermita!
LINARDO: ¡Fuego!
FELICIANO: ¿De qué es esta grita?
PEDRO: ¡Agua traigan!
LINARDO: ¡Fuego, fuego!
FELICIANO: Quedaos, pues, señora mía;
que todos vendremos luego.
Vanse todos, quédandose don LUIS,
ANGÉLICA, y CARRASCO, dormido
LUIS: (Dentro en mi pecho está el fuego, Aparte
que éste abrasa y ése enfría.)
Salen don PEDRO, LINARDO y dos CRIADOS de don
Pedro, desnudas las espadas
PEDRO: Aunque son viles hazañas
por procurar mi sosiego,
son lícitas. No es el fuego
sino dentro en mis entrañas.
Habéisle encendido vos.
Perdonan, aldeana bella,
que así aplaca mi querella
mi amor.
ANGÉLICA: ¿Qué es aquesto? ¡Ay, Dios!
PEDRO: Sólo con robaros medro,
pues en vos mi salud hallo.
LINARDO: Ponte, señor, a caballo.
ANGÉLICA: ¡Ayuda! ¡Ay, traidor don Pedro!
PEDRO: En balde ayuda pedís,
pues no ayudastes mi amor.
Vanse don PEDRO, LISARDO, y los CRIADOS,
llevándosela en brazos
LUIS: No será en balde, traidor,
porque está vivo don Luis.
¡Carrasco! ¡Necio borracho...!
Mas, ¿qué hago de esta suerte
sin dar al traidor la muerte
que hace tal robo?
Vase don LUIS
CARRASCO: ¿Qué macho?
Ya le ensillo... ya le enfreno.
Fuera, sube... corre... tente...
mas, ¿qué es de toda la gente
que estaba aquí agora? ¡Bueno!
Yo apostaré que he dormido
dos días; que suelo hacello.
¡Don Luis! ¿De qué me querello?
Él se debe de haber ido.
Nunca de dormirme acabo;
mas con vinos excelentes,
si son siete los durmientes,
yo seré durmiente octavo.
Salen don LUIS, don PEDRO y LINARDO
acuchillándose y ANGÉLICA detrás de don
Luis, cuya espada es el bordón
LUIS: ¡Traidores! Dejad el robo
de vuestra cobarde hazaña
que soy un león de España
que vengo a matar un lobo.
PEDRO: ¡Cielos! ¡Qué en tal coyuntura
este estorbo hubo de haber!
LINARDO: No me puedo defender.
¡Ay, que me mata! Procura
hüír. Vámonos, señor.
Caro el hurto te ha salido.
PEDRO: Hombre que me has perseguido,
¿quién eres?
LUIS: Soy un rigor,
que desde los altos cielos
vengo a darte muerte fiera.
PEDRO: ¿Rigor?
LUIS: Rayo de la esfera....
(De mis encendidos celos.) Aparte
PEDRO: Detente; que me destruyes.
LUIS: No hay tener; que has de morir.
PEDRO: Herido estoy. Quiero hüír.
Vanse don PEDRO y LINARDO
LUIS: No tienes amor, pues huyes.
Triunfad de aquesta vitoria,
señora, que os da la palma,
y triunfad también de un alma
que está en infierno y en gloria,
que si agora es gloria veros
donde la goza mi amor,
es un infierno el temor
de ausentarme y de perderos.
Quisiera daros la vida
de quien os ofendió agora.
ANGÉLICA: Confieso que os soy deudora,
pero ¿qué paga debida
habrá que mi libertad
pueda pagar, sin ser chica?
LUIS: Bien podéis pagar, pues rica
tenéis vuestra voluntad,
si acaso no os la ha llevado
el cobarde que huyó agora.
ANGÉLICA: Voluntad, no; que hasta agora
ninguno en el mundo ha entrado
a robarme tal tesoro
que está en defendida torre.
LUIS: Pues Amor por torres corre.
Júpiter hay que llueve oro.
ANGÉLICA: Aunque esa historia no entienda
ni mi caudal satisfaga
a daros bastante paga,
como la queréis de hacienda,
yo haré que gran parte os cuadre
de la que en mi casa dejo;
que, aunque es mi padre ya viejo,
no es avariento mi padre.
Venid a que os vea, señor.
LUIS: Iré para acompañaros
y de traidores libraros;
que no sufre mi valor
que debajo de este traje
se encubra algún interés
menos que noble; que lo es,
aunque extraño, mi linaje.
Sale CARRASCO
CARRASCO: ¡Ah, don Luis! ¡Ah, mi señor!
¿Adónde diablos estás?
Hablan aparte don LUIS y CARRASCO
LUIS: Oye, loco, ¿dónde vas?
CARRASCO: Por Dios, que es lindo tu humor.
¿Qué has hecho? ¿No me llamaras
cuando te fuiste? ¿Qué es esto?
No me descontenta el gesto.
Aventuras miro raras.
¿Ya como don Belianís
hallas en el campo damas?
¿Y aun por eso no me llamas
cuando duermo, don Lüís?
LUIS: Calla, loco, no me nombres.
CARRASCO: ¿No? Pues, perdona y sepamos
con qué nombre nos llamamos
cuando hemos de estar sin nombres.
Sale FELICIANO
FELICIANO: ¡Mi prima robada, cielos,
sin descubrir al ladrón!
Mas éstos sin duda son.
¡Ah, cobardes! Matarélos.
Prima mía, la venganza
veréis presto del villano.
ANGÉLICA: Paso, primo Feliciano;
culpad a vuestra tardanza
que este peregrino fuerte
de don Pedro me libró,
que el fuego y grita inventó
por robarme.
FELICIANO: De esa suerte,
dadme vos valiente brazos,
libertador de mi prima.
LUIS: Por tal mi pecho os estima,
y me honran vuestros abrazos.
FELICIANO: El teneros por amigo
tendré por dicha sin tasa;
mi hacienda, mi vida y casa
es vuestra. Veníos conmigo.
LUIS: No es posible. Por ahora
me importa no acompañaros
aunque me llega el dejaros
al alma, bella señora.
Perdonadme pues, segura
te dejo y en tal poder,
ya no será menester
el poner en aventura
mi vida. Aquesto me es fuerza.
Adiós.
FELICIANO: Eso me da pena;
pero en pago esta cadena
habéis de tomar por fuerza...
Mal dije "en pago". ...en señal
de que nos habéis de ver
cuando podáis.
ANGÉLICA: (Si ha de ser Aparte
el irse, cierto es mi mal.
Ya no hay fuerza que resista
agora a tan gran pasión;
que el alma y el corazón
se van tras él por la vista.)
LUIS: No me vence el interés.
Perdonad, señor, y adiós;
que presto estaré con vos.
Don LUIS habla aparte a CARRASCO
¡Hola! Vamos; que después
que me haya visto mi tío
--en traje de caballero,
dejando el sayal grosero--
publicando el amor mío,
volveré a ver sin enojos
a esta aldeana belleza;
porque galas y riqueza
son redes para los ojos.
Vanse don LUIS y CARRASCO
FELICIANO: ¡Nada ha querido tomar!
ANGÉLICA: (Fuése. ¡Cielos, ay de mí!) Aparte
FELICIANO: En toda mi vida vi
suceso más de admirar.
A no ver que estoy despierto,
creyera que sueño ha sido;
mas, ¿qué ocasión habrá habido
para haberse así encubierto?
ANGÉLICA: No pienso que pueda ser
otra sino el excusar
la paga que habría de dar
mi padre y el no querer
que la alabanza le venza
de un hecho tan esforzado;
que siempre el valiente honrado,
si le alaban, se avergüenza.
¡Si no es que ese peregrino
es San Roque, y que en su ermita
tales robos no permita!
FELICIANO: ¿Pensáis que ése es desatino?
ANGÉLICA: Si él nos cumple su promesa
y nos ve, presto tendremos
noticia de esto y sabremos
quién es. (Aunque en esta empresa Aparte
le quisiera más humano
que divino.)
FELICIANO: Del ladrón
os dará satisfacción,
pues que vive, Feliciano;
que la nobleza es indina
de él pues que la emplea así.
ANGÉLICA: Peregrino, hoy va tras ti
mi voluntad peregrina.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

La villana de la Sagra, Jornada 2

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