La prueba de las promesas — Jornada I

LA PRUEBA DE LAS PROMESAS

Juan Ruiz de Alarcón

Texto basado en la edición príncipe en PARTE SEGUNDA DE LAS COMEDIAS DE DON JUAN RUIZ DE ALARCÓN (Barcelona, 1634). Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1998.


Personas que hablan en ella:

  • Don JUAN, galán
  • Don ENRIQUE, galán
  • Don ILLÁN, viejo grave
  • PÉREZ, escudero
  • Doña BLANCA, dama
  • LUCÍA, criada
  • TRISTÁN, gracioso
  • CHACÓN, criado
  • Un CAMINANTE
  • Un PAJE
  • Tres PRETENDIENTES
  • Dos CRIADOS

JORNADA PRIMERA


Salen don ILLÁN Y BLANCA
ILLÁN: De las desventuras largas,
los bandos, muertes y daños
que han durado tantos años
entre Toledos y Vargas,
quiere el cielo soberano5
que el alegre fin se vea,
querida Blanca, y que sea
el medio de paz tu mano.
Don Enrique, la cabeza
de los Vargas–¡qué ventura!–10
vendernos la paz procura
aprecio de tu belleza.
Solo, hija, falta aquí,
para fin de tantos males,
que entre esos finos corales15
se forme un dichoso sí.
¿Qué te suspendes? Comienza
a responderme. ¿Qué es esto?
Si es que de tu estado honesto
te enmudece la vergüenza,20
con tu padre sola estás,
donde perdonarte puedes
lo que a tu costumbre excedes
por el gusto que me das.
Más virtud es, Blanca hermosa,25
en este caso presente
responder por obediente
que callar por vergonzosa.
BLANCA: La novedad de ese intento
imposible me parece;30
y así, la lengua enmudece
lo que admira el pensamiento;
que esto en suceso tan vario,
padre y señor, es forzoso,
si en un punto miro esposo35
al que agora vi contrario.
¿Cómo no estaré turbada,
suspensa y enmudecida,
si con la mano convida,
que aun no ha envainado la espada?40
ILLÁN: Eso no debe, admirarte;
que no es ésta, segun creo,
la primer vez que himeneo
aplacó el furor de Marte.
BLANCA: Ya que yo no he de admirarme,45
tú al menos has de mirar
que de aborrecer a antar
no es tan fácil el mudarme.
Y así, si darme marido,
y no enemigo, deseas,50
por quien sin vida me veas
término, señor, te pido
en que con el pensamiento
de que soy de él estimada,
de la enemistad pasada55
pierda el aborrecimiento.
ILLÁN: Presto le querrás, si adviertes
que es poderoso y galán,
y que estas bodas serán
remedio de tantas muertes60
que eres pobre, y tu beldad
sola conquista su amor;
que éste es el medio mejor
de mover la voluntad;
que ni yo quiero, ni es justo,65
casarte con tu enemigo.
BLANCA: La mayor fuerza conmigo
será ser ése tu gusto.
Vase doña BLANCA
ILLÁN: Pues tan provechoso intento
resistencia tal ha hallado,70
otro amoroso cuidado
ocupa su pensamiento.
Pero remediarlo espero.
¡Lucía!
Sale LUCÍA
LUCÍA: ¿Señor…?
ILLÁN: Advierte
Que hoy mi buena o mala suerte75
poner en tus manos quiero.
La palabra me has de dar,
a ley de mujer honrada,
de que no negarás nada
de lo que he de preguntar;80
que yo la doy desde aquí
del galardon que quisieres
y que lo que me dijeres
no saldrá jamás de mí.
LUCÍA: Donde el servirle es tan justo,85
de tus promesas me ofendo,
porque en ello no pretendo
más premio que darte gusto.
Seguro de mi verdad
pregunta; que te prometo90
que en mi pecho no hay secreto
que te niegue mi lealtad.
ILLÁN: Sabe pues, hija Lucía,
que Blanca me da cuidado;
que es tiempo de darle estado,95
y para hacerlo querría
aaber de tí, pues mejor
de nadie inforinarme puedo,
que galanes de Toledo
solicitan su favor,100
y a cuál tiene inclínación
de todos Blanca; que es justo
que se haga con su gusto,
si puede ser, la elección.
LUCÍA: Señor, quererte contar105
los que su amor atormenta,
será reducir a cuenta
las arenas de la mar.
De todos pues, te diré
dos solamente, que son110
los de más estimación
y en quien más amor se ve.
Uno es don Juan de Ribera,
y don Enrique de Vargas
es el otro; y pues me encargas115
que el que en su pecho prefiera
te declare, me parece,
si son de pasiones tales
pregoneras las señales,
que a don Enrique aborrece120
y a don Juan tiene afíción;
aunque, si digo verdad,
con su mucha honestidad
reprime su inclinación;
y así, don Juan hasta agora125
se tiene por desdichado,
porque jamás ha alcanzado
un favor de mi señora.
Esto es, señor, lo que sé;
y piensa que si supíera130
más, también te lo dijera.
ILLÁN: Bien cierto estoy de tu fe;
y pues que tan de mi parte
en este caso te veo,
te diré lo que deseo.135
LUCÍA: Bien puedes de mí fïarte.
ILLÁN: Yo confieso que don Juan
es muy deudo del marqués
de Tarifa, y digo que es
rico, discreto y galán,140
y que tuviera mi hija
en él venturoso empleo;
mas con todo, mi deseo
es que a don Enrique elija;
que demás de que no tiene145
menos partes que don Juan
de rico, noble y galán,
esto a la quietud conviene,
porque la paz se concluya
de disensiones tan largas150
entre Toledos y Vargas,
por ser él cabeza suya;
y así, tú de aquí adelante
encarmina su intención,
haciendo en su ejecución155
cuanto juzgues importante.
Habla bien con Blanca de él,
y ocasiones facilita
en que le escuche, y admita
ya el recado, ya el papel,160
para inclinar a su amor.
Mas vé con tiento, y advierte
que ha de ser esto de suerte
que no peligre mi honor.
Los medios ordenarás165
por el fin que se pretende.
LUCÍA: Bien sé hasta dónde se extiende
la licencia que me das.
ILLÁN: Y si se ofrece tratar
de don Juan, ponle defetos170
importantes y secretos,
porque no pueda probar
lo contrario; y verás luego
como en un término breve
se trueca en fuego la nieve,175
y en nieve se trucea el fuego.
LUCÍA: Yo espero hacerlo de modo
que alcance lo que pretendo.
ILLÁN: Como fuere sucediendo,
me vé avisando de todo;180
que el día que tenga efeto
esta intención, ese día
cincuenta doblas, Lucía,
en albricias te prometo.
LUCÍA: Pues, perdóneme don Juan,185
y da el negocio por hecho;
que tantas doblas ¿qué pecho
de bronce no doblarán?
Vanse. Salen don JUAN y TRISTÁN
TRISTÁN: Con una traza sospecho
que tendrás tiempo y lugar,190
señor, para conquistar
de Blanca el esquivo pecho.
JUAN: Dila; que si es provechosa,
con extremo lo serán
tus albricias.195
TRISTÁN: Don Illán,
padre de tu prenda hermosa,
estudia con gran cuidado
La magia y nigromancía.
De su crïada Lucía,
con quien de amores he andado,200
lo he sabido; que en efeto
es mujer y me ha querido
y como es niño Cupido,
no sabe guardar secreto.
Paréceme que fingir205
que sabes la magia fuera
un medio que te pudiera
por su amigo introducir;
y una vez introducido,
te sobrarán ocasiones210
de lograr tus pretensiones.
JUAN: Traza como tuya ha sido.
Si él en esa profesión
es docto, y yo no la sé,
di necio, ¿cómo podré215
salir con esa invención?
En sabiendo que mentí
y le engañé, ¿no es forzoso
tenerme por sospechoso
y recelarse de mí?220
TRISTÁN: Recibe mi buen intento.
JUAN: No estoy desagradecido,
porque no del todo ha sido
inútil tu pensamiento;
que el decirme que ha estudiado225
don Illan nigromancía,
me ha dado extraña alegría,
porque tan aficionado
he sido siempre a sabella,
que sin duda alguna creo230
que en mi pecho este deseo
iguala al de Blanca bella;
y así, dos fines intento
con solo un medio alcanzar.
TRISTÁN: ¿Cómo?235
JUAN: De tí he de fïar,
Tristán, este pensaimento,
pues tanto tiempo has tenido
de mi secreto las llaves,
y de mil sucesos graves
mudo depósito has sido.240
Ven; que te quiero decir
a lo que resuelto estoy.
TRISTÁN: Ya sabes que piedra soy
en el callar y sufrir.
Vanse. Salen LUCÍA, don ENRIQUE y CHACÓN
LUCÍA: Éste es, señor, el estado,245
ésta la nueva que puedo
daros de vuestro cuidado.
ENRIQUE: De don Illán de Toledo
la voluntad me ha obligado,
si bien puedo presumir250
que la finge por cumplir
conmigo, y que allá en secreto,
para que estorbe su efeto,
sabe a Blanca persuadir.
LUCÍA: La pasada enemistad255
desacreditar pudiera
el deseo y voluntad
de don Illán, si no fuera
testigo de su verdad
el desdén que antes de agora260
doña Blanca, mi señora,
mostró siempre a vuestro amor;
mas porque de mi señor
no penséis que falso dora
con aparente afición265
secreto aborrecimiento,
yo tengo de él comisión
pPara ayudar vuestro intento
hasta ver su ejecución;
y así, Enrique, ved qué oficio,270
qué invención o qué artificio,
qué exceso quereis que haga
con que de esto os satisfaga,
que importe a vuestro servicio.
ENRIQUE: Solamente en cumplimiento275
de lo que ofreces, intento
que me des tiempo y lugar
en que a solas pueda hablar
a quien causa mi tormento.
LUCÍA: ¡A solas!280
ENRIQUE: Sí: ¿qué temor
te acobarda?
LUCÍA: Yo he de hacer
de suerte, por vuestro amor,
que riesgo no ha de correr
de doña Blanca el honor.
ENRIQUE: Pierda la vida al momento285
que tan atroz pensamiento
tenga en mi pecho lugar.
Solo la pretendo hablar
y decirle el mal que siento;
y porque crédito des290
a esta verdad, y se vea
que otra mi intencion no es,
quiero que en su casa sea,
y que tú con ella estés.
LUCÍA: Eso lleva más camino,295
y serviros determino.
ENRIQUE: Pues comiénzalo a trazar.
LUCÍA: Bien fácil es de alcanzar
con el medio que imagino.
ENRIQUE: Habla, pues; ¿qué te detiene?300
LUCÍA: En el estudio os entrad
de don Illán.
ENRIQUE: ¿Y si él viene?
LUCÍA: A mi cargo lo dejad.
Demás que el estudio tiene
mesas, estantes, cajones,305
que dan ocultos rincones.
Y advertid que mi señora
no sepa que soy la autora
que ayuda estas pretensiones.
Vase
ENRIQUE: Entra conmigo Chacón;310
que importa tu compañía,
si hay peligro en la ocasión.
CHACÓN: (El favor perdonaría; Aparte
que recelo una traición.)
Vanse. Salen doña BLANCA y LUCÍA
BLANCA: Amiga Lucía,315
ya triste no puedo
encubrir las llamas
de mi loco incendio.
Mientras no soplaban
contrarios intentos,320
oculto en cenizas
reposaba el fuego;
mas ya la violencia
de enemijos vientos
descubrió la brasa,325
encendió el deseo.
Sabe que mi padre,
Quiere…–¡oh, santos cielos,
esta triste vida
me quitad primero!–330
…quiere a don Enrique
darme en casamiento,
contrario a mi sangre,
y a mi gusto opuesto,
siendo–¡ay desdichada!–335
de mis pensamientos
don Juan de Ribera
el único dueño.
Porque se conformen
los bandos sangrientos340
de los dos linajes
Vargas y Toledos,
tan a costa mía
se ha trazado el medio,
que ha de ser mi gusto345
víctima del pueblo.
Mira mis desdichas,
siente mis tormentos;
o afila un cuchillo,
o traza un remedio.350
LUCÍA: Señora, en mi pensamiento
halla justa resistencia
el faltarte la paciencia,
sobrándote entendimiento.
De la Fortuna el rigor355
prueba el pecho valeroso,
porque en el tiempo dichoso
vive dormido el valor.
BLANCA: Amor es niño, y no tiene
sufrimiento en sus antojos.360
LUCÍA: Di que como está sin ojos,
no ve lo que le conviene;
que yo sé que si un momento
te deja abrir la pasión
los ojos de la razón,365
has de mudar pensamiento.
BLANCA: ¡Qué dices! ¿Estás en tí?
Pues don Juan, ¿no me está bien?
Conjúraste tú tambien
con mí padre contra mí?370
Dime, ¿no eres tú quien de él
tantas gracias me ha contado,
y quien darme ha procurado,
ya el recado, ya el papel?
Pues ¿cómo agora me das375
consejo tan diferente?
Di, ¿de qué nuevo accidente
tan presto mudada estás?
LUCÍA: Yo te confieso que he sido
quien procuró tu favor380
para don Juan, y a su amor,
señora, te he persuadido;
mas fue porque no sabía
lo que he sabido después,
que a la mudanza que ves385
me ha obligado.
BLANCA: ¿Y es, Lucía?
LUCÍA: ¿Mandas que lo diga?
BLANCA: Sí .
LUCÍA: ¿Has de enojarte?
BLANCA: No haré.
LUCÍA: (El cielo favor me dé, Aparte
que van las doblas aquí.)390
Bien conoces á Tristan.
BLANCA: Sí conozco.
LUCÍA: Y has sabido
que él el mensajero ha sido
de las penas de don Juan.
BLANCA: Sí.395
LUCÍA: Pues él, en puridad
hablando conmigo ayer,
desesperando de ver
amansada, tu crueldad,
como siempre tan terrible
te has mostrado a su porfía,400
dijo, “En efeto, Lucía,
¿esta empresa es imposible?”
Yo le respondi, “Tristan,
según lo que he visto, infiero
que alcanzará al sol primero405
que a mi señora, don Juan.”
Entonces cabeceó
Tristán, y dijo, “¡Qué fuera
si doña Blanca supiera
los secretos que sé yo!”410
Yo, que récele tu mal
con esto, empecé a tener
curiosidad de mujer
ycuidado de leal,
y le dije, “Por mi vida,415
que los digas; que prometo
que te guardaré secreto,
y te seré agradecida.”
Él, que oligarme quisiera,
porque, si dice verdad,420
reino yo en su voluntad,
me dijo de esta manera,
“Sabe pues que aunque don Juan,
mi señor, en lo que ves,
de la cabeza a los pies425
es tan bien hecho y galán,
no es oro todo, Lucía,
lo que reluce, y secretos
padece algunos defetos,
que solo de mí confía;430
y pues de ello gustas, ¿ves
aquel hilo de sus dlentes
tan blancos y transparentes?
Pues son postizos los tres.”
BLANCA: ¡Jesús!435
LUCÍA: “Pues en esta parte,”
dijo, “no perdiera nada,
puesto que a la vista agrada,
como la verdad, el arte;
mas es el daño mayor,
e insufrible, a lo que entiendo,440
que la falta y el remiendo
son causa de mal olor.”
BLANCA: ¡Qué gran falta!
LUCÍA: ¡Para ti,
que tu vicio es oler bien!
BLANCA: Grandes engaños se ven.445
LUCÍA: Pues, ¡las piernas!… Oye.
BLANCA: Di.
LUCÍA: Dice–¡extrañas maravillas!–
que cañas las conoció,
y sin milagro les dio
San Felipe pantorrillas.450
Con esto, señora, he hecho
lo que tengo obligación;
si con todo, su afición
viviere en tu hermoso pecho,
en albricias te daré455
encaminar tu cuidado;
que sabe Dios que he forzado
mi voluntad por tu fe;
que mi deseo mayor
es que quieras a don Juan;460
que yo también a Tristán
–y perdona–tengo amor.
BLANCA: ¡Ay! ¡Qué de nieve ha llovido
sobre el amor en que ardí!
LUCÍA: ¡Ay! ¡Cómo yo lo temí,465
y excusarlo no he podido!
Mas don Juan es éste.
BLANCA: ¡Ay cielo!
¡Saltos me da el corazón!
LUCÍA: (Plegue a Dios que mi invención Aparte
no dé con todo en el suelo.)470
Salen don JUAN y TRISTÁN
TRISTÁN: Blanca está aquí.
JUAN: ¡Qué ventura!
TRISTÁN: Tu traza verás lograda,
pues que te ofrece a la entrada
tan dichosa coyuntura.
JUAN: Hermoso dueño mío,475
por quien sin fruto lloro,
pues cuanto más te adoro,
tanto más desconfío
de vencer la esquiveza
que intenta competir con la belleza,480
la natural costumbre
en ti miro trocada;
lo que a todas agrada,
te causa pesadumbre;
el ruego te embravece,485
Amor te hiela, llanto te endurece.
Belleza te compone
divina, no lo ignoro,
pues por deidad te adoro;
mas, ¿qué razón dispone490
que perfecioneS tales
rompan los estatutos naturales?
Si a tu belleza he sido
tan tierno enamorado,
si estimo despreciado495
y quiero aborrecido,
¡qué ley sufre o qué fuero
que me aborrezcas tú porque te quiero?
BLANCA: (¿Qué haré, cielo divino, Aparte
luchando en mi deseo500
perfecíones que veo
con faltas que imagino?
¿Posible es que un defeto
pueda caber en tan galán sujeto?
LUCÍA: (Blanca está enternecida Aparte505
remediarlo conviene.)
Tu padre, Blanca, viene.
BLANCA: ¡Triste! ¡Yo soy perdida!
JUAN: No importa; que yo tengo
un negocio con él. A hablarle vengo.510
LUCÍA: Pues pasa tú, señora,
al estudio a esconderte.
BLANCA: Bien dices.
JUAN: ¡Dura suerte!
De quien firme te adora
te acuerda, gloria mía.515
BLANCA: Sí haré
LUCÍA: Tristán, adiós.
TRISTÁN: Adiós, Lucía.
Vanse las dos
Sí haré, dijo. Bien se ha hecho
JUAN: Ya la Fortuna se muda.
TRISTÁN: Hoy has salido, sin duda,
de casa con pié derecho:520
mas ya sale don Illán.
Sale don ILLÁN
JUAN: Vuestras nobles manos beso,
Señor don Illán.
ILLÁN: ¿Qué exceso
es éste, señor don Juan?
JUAN: Esto es hacer lo que debo;525
que si es nuevo el visitaros,
el ser vuestro y desearos
servir, sabéis que no es nuevo.
ILLÁN: Excusad el cumplimiento;
que si tenéis que mandarme,530
no agradezco el dilatarme
nueva de tanto contento.
JUAN: Ya el buen efeto adivino
de mi intención, pues viniendo
a pediros, ofreciendo535
me habéis salido al camino;
y así, pues vos me animáis,
no recelo el declararme.
ILLÁN: Seguro podéis mandarme.
(Como a Blanca no pidáis.) Aparte540
JUAN: Ya, señor, habréis sabido
la inclinación y amistad
que desde mi tierna edad
a las letras he tenido.
Trabajos, penas y daños545
por saber no perdoné.
Tantas ciencias estudié
cuantas permiten mis años,
sólo, por no haber hallado
quien me dé preceptos de ella,550
entiendo menos de aquella
que enciende más mi cuidado.
Ésta es la nigromancía,
en que sé que sois tan diestro,
que teneros por maestro555
el mismo Merlín podría.
Esta intencion me ha traído
a buscaros. Yo sé bien
que os pido mucho, y también
sé que nada os he servido;560
mas a las sangres famosas
tocan dificiles hechos,
y a los generosos pechos
se han de pedir grandes cosas.
Y vuestras pruebas estoy565
cierto de que han de obligaros,
y el ver que podéis fïaros
de mí, pues sabeís quien soy.
ILLÁN: Don Juan, no os quiero negar
que sé el arte; que usar de ella570
es culpa, mas por sabella
a nadie vi castigar;
mas puesto que entrambos fueros,
como sabéis, han vedado
el enseñarla, excusado575
quedaré de obedeceros;
que al amigo, pienso yo
que han de pedirse las cosas
grandes y dificultosas,
mas las ilícitas no;580
que aunque sois tan caballero,
y obligarme pretendéis,
quizá vos mismo seréis
el que me culpe primero;
que cualquier delito nace585
con tal fealdad y tal pena,
que aquel mismo le condena
a cuya instancia se hace.
JUAN: Basta ya; que estoy corrido
de vuestro injusto temor.590
En hombres de mi valor,
¿qué ingratitud ha cabido?
¡Ojalá venga ocasión
en que os muestre la experiencia
La honrada correspondencia595
de este hidalgo corazón!
Que, don Illán, ¡vive Dios,
que he de sentir yo primero
los golpes del duro acero
que las amenazas vos!600
Demás de que mostrar miedo
del castigo es no querer.
¿Qué jüez se ha de atrever
a don Illán de Toledo?
No por injustos recelos605
de enseñarme os excuséis;
que si tal merced me hacéis
testigos hago a los cielos
de esta palabra que os doy,
que siempre vuestra ha de ser610
mi hacienda, vida y poder,
cuánto valgo y cuánto soy.
ILLÁN: Vencido de vos me veo.
Forzoso es, don Juan, serviros,
y a cualquier precio cumpliros615
un tan ardiente deseo.
JUAN: Los piés, don Illan, os pido.
ILLÁN: Levantad; que me ofendéis.
Mirad que no os olvidéis
de lo que habéis prometido.620
JUAN: Mi valor y calidad
habré entonces olvidado.
ILLÁN: Con el aumento de estado
y la mudanza de edad,
más de alguno conocí625
que la memoria perdió.
JUAN: Si el mundo mandare yo,
vos me mandaréis a mí.
Y estos no son cumplimientos,
sino veras de mi fe.630
ILLÁN: (Presto la verdad veré Aparte
de vuestros ofrecimientos.)
De esto que hago por vos,
el secreto es excusado
encargaros.635
JUAN: Si un pecado
es el que hacemos los dos,
siendo igual el riesgo mío,
por el que tengo callara,
si el vuestro no me obligara.
Solo mis secretos fío;640
que es bien trataros verdad,
pues tanta merced me hacéis,
de este crïado que veis,
que desde mi tierna edad,
en Salamanca estudiante,645
y en otras partes después,
de graves sucesos es
un sepulcro de diamante.
Mas no penséis que bastara
el conocer su sujeto650
solo para que el secreto
de este caso le fïara,
si no me fuera forzoso,
por ser él el instrumento
por quien consigo este intento,655
de que estoy tan deseoso.
ILLÁN: Pues ¿cómo?
JUAN: Porque él también
es a la magia inclinado,
y sabiendo mi cuidado,
no sé por dónde o de quién660
tuvo noticia que vos
la sabéis, y me dio el punto.
ILLÁN: (Los oráculos barrunto Aparte
que os instruyen a los dos.
Por Blanca, que os quiere bien,665
mis archivos penetráis.)
Pues de él vuestro honor fïáis,
yo puedo hacerlo también.
JUAN: Besa al señor don Illán
los pies por tanta merced.670
TRISTÁN: Yo os los beso; mas creed
que aunque es sirviente Tristán,
es al menos bien nacido;
y esto a mi crédito sobra;
que en cualquier tiempo la obra675
a su dueño ha parecido.
ILLÁN: En mi estudio pues entrad
mis libros os mostraré.
JUAN: Vamos.
ILLÁN: (Presto probaré Aparte
tu secreto y tu verdad.)680
Sale un PAJE
PAJE: Agora entró en el zaguán
el potro de Andalucía
que a Madrid tu hermano envía.
ILLÁN: Bajémosle a ver, don Juan;
que el estudio veréis luego.685
JUAN: Vamos.
ILLÁN: Por su ligereza,
por su ardor y su belleza
le llaman “Hijo del fuego.”
Vase don ILLÁN
TRISTÁN: Vender puedes alegría.
JUAN: Ya lo toco y no lo creo.690
Dos cosas que más deseo
se me cumplen en un día;
que Illán la magia me enseña,
y Blanca me hace favor.
TRISTÁN: Si yo salgo encantador,695
no dejo a vida una dueña.
Vanse. Sale BLANCA, huyendo de don ENRIQUE; LUCÍÁ Y CHACÓN
BLANCA: ¡Ay de mí! ¡Traición!
ENRIQUE: Señora,
si el adoraros lo ha sido,
la mayor he cometido.
Nadie como yo os adora.700
BLANCA: Dejad lisonjas agora;
que la cabeza… ¡Ay de mí!
El bando contrario aquí
a darnos la muerte entró.
ENRIQUE: A daros la muerte no,705
a buscar la vida sí.
A LUCÍA
BLANCA: Llama á mi padre.
ENRIQUE: Si darme
la muerte, Blanca, queréis,
con sólo un rayo podéis
de vuestros ojos matarme.710
BLANCA: El hielo intenta abrasarme.
¿Cuándo entrasteis? ¿Cómo, o quién
os dió la traza?
ENRIQUE: Mi bien,
buscando vuestro favor,
abrió la puerta mi amor,715
que cierra vuestro desdén.
Solicitando, señora,
esta ocasión que ha querido,
de mis males condolido,
ofrecerme el cielo agora.720
Este pecho, que os adora,
rompió las dificultades
de bandos y enemistades;
que si me arriesgo a morir,
¿qué más morir que sufrir,725
amando, vuestras crueldades?
Al oído a don ENRIQUE
LUCÍA: ¿Agora gastas razones,
cuando te ofrece el cabello
la Ocasión? Llega. (Que en ello Aparte
me van cincuenta doblones.)730
Eso sí.
BLANCA: Si te dispones,
grosero, a descomponerte,
llamaré a mi padre, advierte.
ENRIQUE: Venga; que hoy tendrá mi amor,
o de tus manos favor,735
o de las suyas la muerte.
A doña BLANCA
LUCÍA: Él está loco sin duda.
A don ENRIQUE
¿Qué es esto? Suelta, desvía.
ENRIQUE: Cuanto crece, gloria mía,
…………….. [-uda].740
…………….. [-uda];
más vuestro rigor crüel.
Tanto más me abraso en él.
BLANCA: Ardo en rabia.
ENRIQUE: Yo en amor.
LUCÍA: ¡Triste de mí! Mi señor.745
BLANCA: ¿Mi padre?
LUCÍA: Y don Juan con él.
BLANCA: ¡Ay cielo! Escóndete presto,
Enrique, tras un estante.
ENRIQUE: No temas.
BLANCA: De fiel amante
me darás indicio en esto.750
Mira que mi estado honesto
opinión puede perder,
y sin mi culpa caer
torpe nota en la honra mía.
ENRIQUE: Si esconderme es cobardía,755
es fineza obedecer.
CHACÓN: Sí, señor; que a toda ley,
en ocasión tan estrecha,
no hay cosa como evitar
escrúpulos de conciencia.760
Retiranse al paño. Salen don ILLÁN, don JUAN, TRISTÁN y PÉREZ
ILLÁN: ¿Qué os dice el Hijo del fuego?
JUAN: Que echó en él naturaleza
cuanto su saber alcanza
y cuanto pueden sus fuerzas.
ILLÁN: Desde Córdoba lo envía765
mi hermano, que lo presenta
en la corte a cierto amigo.
JUAN: Darse al rey mismo pudiera,
y más si acaso las obras
con el talle se conciertan.770
ILLÁN: Probémosle, si os agrada.
JUAN: Mi voluntad es la vuestra.
ILLÁN: Mientras el senor don Juan
ve mis libros, adereza,
Pérez, el Hijo del fuego.775
PÉREZ: ¿Qué aderezo?
ILLÁN: De jineta.
PÉREZ: Voy, señor.
Vase
ILLÁN: Avisa luego
que aderezado le tengas.
Hablan aparte doña BLANCA y LUCÍA
BLANCA: Por no dar a don Juan celos
le rogué que se escondiera.780
LUCÍA: Bien has hecho, que no es justo,
Aunque tantas faltas tenga,
Pagar mal su amor. (Con esto Aparte
la obligo a acordarse de ellas.)
ILLÁN: ¿Aquí estás, Blanca?785
BLANCA: Ya sabes,
señor, que más me deleitan
tus libros que mis labores.
JUAN: (¡Ay, soberana belleza! Aparte
¡Pimpollo, al fin, de tal árbol.)
Con la hermosura y la ciencia790
quitaréis, Blanca divina,
la adoracion a Minerva.
ILLÁN: A Blanca le falta todo.
Dejad de desvanecerla,
y a los libros atended.795
Los autores y materias
Sus títulos os dirán.
JUAN: Verlos quiero.
Mira libros
TRISTÁN: Aquí comienzan
tus gustos.
ILLÁN: Oye, Lucía.
Háblala aparte. TRISTÁN habla aparte con don JUAN
TRISTÁN: ¡Aquí está Merlin! ¡Qué pieza!800
Con gran cuidado te mira
doña Blanca.
JUAN: (¡Ay dulce prenda!) Aparte
LUCÍA: Esto ha pasado. Él está
tras un estante.
ILLÁN: (Hoy mi ciencia Aparte
maravillas ha de obrar.)805
LUCÍA: Tristán, ¿cómo no me cuentas
qué enredos son éstos?
TRISTÁN: Calla.
Cuando a la noche te vea,
te diré mil novedades;
agora basta que sepas810
que hoy ha llegado a Toledo
un pesquisidor de viejas;
que sabiendo el rey que son
difuntos que se menean,
y que dentro de sus cuerpos815
andan sus almas en pena,
manda que las desencanten,
y que sirvan en la guerra
para parches sus pellejos,
sus huesos para baquetas.820
LUCÍA: ¡Pobres de ellas!
ILLÁN: (Bien está Aparte
trazado de esta manera.
Darle quiero por encanto
y mágicas apariencias,
riquezas, honras y oficios825
para probar sus promesas;
Escribe un papel
y con estos caracteres
efeto quiero que tenga.
Sale un PAJE
PAJE: Señor don Juan, un hidalgo,
forastero por las señas,830
por vos llegó preguntando,
y vuestra licencia espera
para hablaros, porque os trae
de mucho gusto unas nuevas.
JUAN: Aguarde.835
ILLÁN: Si son de gusto,
no dilatéis el saberlas.
Entre, si licencia dais.
JUAN: Entre, pues vos dais licencia.
PAJE: Entrad, hidalgo.
ILLÁN: (Mis artes Aparte
nigrománticas empiezan840
a obrar en esto.)
Sale un CAMINANTE con un pliego
CAMINANTE: ¿Quién es
aquí don Juan de Ribera?
JUAN: Yo soy.
CAMINANTE: Pues déme los piés
y albricias vuestra excelencia.
JUAN: Alzad, y mirad que erráis,845
según el estilo muestra,
por el nombre la persona.
TRISTÁN: ¡Excelencia dijo!
CAMINANTE: Fuera
pedir albricias locura,
a no ser tales las nuevas,850
que a esa duda os obligaran;
mas las cartas de creencia
bastarán a aseguraros
lo que no puede mi lengua.
Dale un pliego
Marqués de Tarifa sois;855
que aunque imposible os parezca,
la parca sabe cortar
en un punto muchas hebras.
Entró en casa del marqués,
mi señor, que el cielo tenga,860
aire tan inficionado,
tan enojada influencia,
que, él y un hermano, en tres días,
y un hijo–¿quién tal creyera?–
fueron excelsos marqueses865
y fueron humilde tierra.
La marquesa, mi señora,
aunque lastimada, cuerda,
hizo junta de letrados,
y mirando bien en ella870
la erección del mayorazgo
y el árbol de los Riberas,
hallaron, señor don Juan,
todos conformes, que es vuestra
la sucesión del estado,875
que por muchos años sea;
y al punto con esa carta
el parabién y las nuevas
me despachó por la posta
mi señora la marquesa.880
TRISTÁN: ¡Qué gran dicha!
BLANCA: (¡Loca estoy!) Aparte
ILLÁN: Goce, señor, vueselencia
por mil años el estado.
JUAN: El señor don Illán crea
que será para servirle885
cualquier aumento que tenga.
ILLÁN: (¿Ya me habláis de impersonal? Aparte
Presto el desengaño empieza.)
BLANCA: Mil norahuenas os doy,
señor marqués.890
JUAN: Blanca bella,
para bien vuestro será
cuánto valga y cuánto pueda.
Aparte al paño don ENRIQUE
ENRIQUE: (Celosa envidia me abrasa.) Aparte
TRISTÁN: Señor, bien es que merezca
quien tus pies besó merced,895
besártelos excelencia.
JUAN: La mano te doy. La carta
leo con licencia vuestra.
BLANCA: ¿Quién tal creyera?
LUCÍA: Tristán,
¿agora darásme audiencia?900
TRISTÁN: Sí; que mudanzas de estado
no mudan naturaleza;
más el modo de tratarnos
solo destajar quisiera.
Hablarásme de vusía.905
LUCÍA: Pues tú, ¿qué titulo heredas?
TRISTÁN: Agora hablémonos de vos,
para evitar diferencias.
JUAN: Mi dicha es cierta; y pues fuistes
vos de ventura tan cierta910
mensajero, las albricias
me pedid que daros pueda.
CAMINANTE: De camarero serví
al marqués difunto. Premia
con ese oficio mi fe.915
TRISTÁN: ¡Camarero! Pues ¿qué dejas
para…?
JUAN: Tristán, tú has de ser
mi secretario; que es fuerza,
pues tengo tan conocido
tu secreto y tu prudencia.920
Vos sois ya mi camarero.
CAMINANTE: Mil años mi dueño seas.
Habla aparte con don ILLÁN
Ya con fantástico cuerpo
he obedecido a la fuerza
de tus conjuros, Illán.925
Mira si otra cosa ordenas.
ILLÁN: Que prosigas la llusión
que le ha obligado a que crea
que es de Tarifa marqués,
hasta que de sus promesas930
el engaño o la verdad
me descubra la experiencia;
que, como verás, agora
tengo de hacer la primera.
A don JUAN
Cuando derramáis mercedes,935
bien es que parte me quepa;
Y así, en albricias, señor,
de que tan dichosa nueva
tuvistes en esta casa,
y en fe de vuestras promesas,940
os suplico que el gobierno
de vuestro estado merezca
un hijo que en Salamanca
estudió jurisprudencia,
y está en Madrid pretendiendo;945
porque en ese oficio pueda
habilitar su persona
y servir a vuecelencia,
para que con su favor,
y dar allí de sus letras950
testimonio, a alguna plaza
su majestad le promueva.
JUAN: Don Illán, no ha de faltar
tiempo y lugar en que pueda
manifestaros mi amor955
y cumpliros mis promesas.
El gobierno de mi estado,
para tan ilustres prendas
como las de un hijo vuestro,
es ocupación pequena;960
Fuera de que en Salamanca
tuve un ayo, a quien con ella
de sus antiguos servicios
daré justa recompensa.
Y para que echeis de ver965
que mi corazón desea
que en pretensiones más altas
probeis mi amor y mis fuerzas;
puesto que me parto al punto
a Madrid, porque a su alteza970
bese la mano y le dé
de mi nuevo estado cuenta;
y en Toledo tenéis vos
menos gustos que pendencias
con estos bandos sangrientos,975
con estas civiles guerras;
os pido, por vida mía
y por la de Blanca bella,
que os partáis con vuestra casa
luego a Madrid, porque pueda980
dar a vuestros mismos ojos
de mi afición experiencia,
y también porque de vos
el arte que he dicho aprenda,
pues a asistir en la corte985
el nuevo estado me fuerza.
ILLÁN: Señor…
JUAN: No me respondáis.
Yo voy a partirme; sea,
señor don Illán, partiros
luego tras mí la respuesta.990
Y vos, sed en este intento,
Blanca hermosa, mi tercera;
que de vos he de quejarme
si vuestro padre se queda.
Vase
TRISTÁN: Marcha a la corte; que allí995
tu secretario te espera.
Vase
BLANCA: (Seguiráte el pensamiento, Aparte
dado que el alma no pueda.)
ILLÁN: ues, Blanca, ¿qué dices de esto?
BLANCA: ¿En qué duda te aconsejas,1000
donde no deja elección
a la voluntad la fuerza?
Precepto fué, que no ruego,
el del marqués; y pudieras
solicitar codicioso1005
lo que la Fortuna ordena,
pues fuera de que el marqués
podrá en Madrid cuanto quiera,
de los bandos de Toledo
huyes la inquietud sangrienta.1010
ILLÁN: (Ya os entiendo. Amor os guía.) Aparte
Supuesto que tú no quieras
ser, dando la mano a Enrique,
irís de tanta tormenta,
iré a la corte.1015
BLANCA: Yo he hecho
a mi corazón violencia;
mas solas pueden mudar
la inclinación las estrellas.
ENRIQUE: (¡Ah, crüel!) Aparte
BLANCA: Oye, Lucía.
Vase
ILLÁN: (0 será vana mi ciencia, Aparte1020
o han de hacer los desengaños
que a quien amas aborrezcas
en los minutos de un hora;
que en solo el tiempo que resta
para ensillar el caballo,1025
con las artes hechiceras
he de cifrar muchos días,
y epilogar muchas leguas
en la esfera de esta casa
y a cuantos están en ella,1030
sin salir de sus umbrales,
les tengo de hacer que vean
en varias tierras y casos
la prueba de las promesas.)
Vase
CAMINANTE: Fácil es cuanto emprendieres1035
a mi poder y a tu ciencia.
Vase. Sale don ENRIQUE
ENRIQUE: ¿Ah, Lucía!
LUCÍA: Don Enrique,
éste no es tiempo de quejas,
sino de hüir el peligro
de que mi señor os vea.1040
ENRIQUE: Cuando muero sin remedio,
¿qué peligro habrá que tema?
LUCÍA: Idos, por Dios, idos presto,
antes que mi dueño vuelva,
y apelad a mi cuidado1045
de tan duras esquivezas,
pues yo vuestro bien deseo.
ENRIQUE: Ese consuelo me queda.
A la corte iré, siguiendo
su crueldad y su belleza,1050
hasta vencer sus rigores,
o morir entre mis penas.
LUCÍA: Bien haréis; idos.
ENRIQUE: Mi vida
en tus manos se encomienda.
Vase
LUCÍA: ¡Qué engañada confïanza!1055
Volvió Fortuna la rueda.
Viva el marqués, y a las doblas
desprecio; que más me llevan,
que posesión de merced,
esperanzas de excelencia.1060

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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