LA JUDÍA DE TOLEDO
Antonio Mira de Amescua
Texto basado en el manuscrito de LA JUDÍA DE TOLEDO perteneciente a la colección Ticknor de la Biblioteca Pública de Boston. Fue editado en forma electrónica por Vern G. Williamsen en 1986 como parte de sus investigaciones.
Personas que hablan en ella:
- REY don Alfonso VIII
- Don FERNANDO Illán
- ÁLVAR Núñez, viejo
- GARCI López, viejo
- CALVO, gracioso
- DAVID, padre de Raquel
- RAQUEL, dama judía
- ZARA, criada judía
- DALILA, criada judía
- Un VIEJO
- Una MUJER
- Un CRIADO
- SOLDADOS
- MÚSICA
JORNADA PRIMERA
Salen RAQUEL dama, y DAVID, su padre
RAQUEL: Suspende de tus ojos,
padre y señor, el repetido llanto,
que te ha causado enojos,
y si mi amor puede contigo tanto
como mi confïanza,5
alcance amor lo que el dolor no alcanza.
La causa que tuviste
para tanto pesar me comunica;
y si tu llanto triste
en mudas quejas su dolor explica,10
pues que no sea tanto,
dígamela tu voz, mas no tu llanto.
¿Por qué tu pena escondes?
Mira que dando estás tormento al alma.
En fin, ¿no me respondes?15
Mira que ya con tan penosa calma
el dolor engañamos.
¡O sintamos los dos o no sintamos!
DAVID: Eres, hija, importuna
enemiga de ti, cuando engañosa20
buscas que tu fortuna
te haga más infeliz por más hermosa,
apurando el veneno
que oculta el pecho de recelos lleno
RAQUEL: Si el mal comunicado25
halla alivio en la pena que mantiene,
reparte tu cuidado,
y el dolor hará menos, que te tiene
en tan duro tormento,
ya, de puro sentir, sin sentimiento.30
Comunica tus males
y templaré al oírlos el tenerlos;
que si los hizo iguales
el amor, no se aumentan con saberlos;
y quizás al oírlos,35
descansará tu pecho con decirlos.
DAVID: Raquel, este cuidado,
que así es líquido aljófar desperdicio,
no sólo en mí ha empleado
el duro golpe que me priva el juicio;40
que a muchos toca siento
mas no por eso es menos mi tormento.
Toda mi ley padece
el golpe de fortuna más airado;
que el dolor ennoblece,45
siendo el honor, Raquel, el injuriado
triste y común afrenta.
RAQUEL: ¿No me dirás la causa?
DAVID: Escucha atento.
Después que Alfonso el octavo,
rey de Castilla feliz,50
entre rebeldes tinieblas
triunfante empezó a lucir,
brillando el acero armado
siempre en combate civil
de opuestos afectos, ciegas55
luces de mentido ardid;
después que a sus plantas nobles
rindió la altiva cerviz
que descollaba a horizontes
presuntüoso cenit,60
y después que victorioso
vio a Fernando desistir,
ceñido el sacro laurel
que usurpaba para sí;
después que fijó el imperio65
y con pecho varonil
al colorido del alma
dio el valor oro matiz;
después, en fin, que engañada
envidia nueva, mentir70
hizo a la edad el ardor
de experiencia juvenil;
entre diversos combates
que pudiera oprimir
mayores fuerzas, el yugo75
supo al cuello sacudir,
y en repetidas campañas
contra la morisma lid
de mil victorias cargado
le vio su campo embestir,80
fuera el repetir sus glorias
toda la luz reducir
del sol a número, y todo
ese estrellado zafir
con la vista registrar85
y en la memoria escribir.
De esta postrera lo digan
las Navas, donde le vi,
siendo de sus huestes todas
presuntüoso adalid,90
competir con lo bizarro
y triunfar de lo gentil.
Pero, ¿para qué te canso
en contar ni repetir
victorias que han de parar95
en tragedias para mí?
Vamos al caso, Raquel,
que ya no puede encubrir
el silencio tanto tiempo
la llama dentro de sí.100
A Toledo llegó Alfonso,
y agradecido al feliz
triunfo que a su Dios le debe,
promulgó, en oprobio vil
de la mosaica y hebrea105
ley, que para dividir
de sus cristianos vasallos
nuestra religión, salir
nos mandaba de Toledo.
Escucha; que desde aquí110
empiezan, Raquel, mis penas
que en el secreto escondí
de mi dolor, porque el tuyo
en su noticia temí.
Diez días ha ya que estamos115
desterrados, y de mí
ha diez días que no sé
con tan nuevo frenesí.
En este aprieto los nobles,
los ricos, que, de rabí120
descendientes, a sus tribus
firmes siempre han de seguir,
hicieron junta, y Rubén,
descendiente de Leví,
nuestro pontífice sumo,125
acordó que era bien ir
alguna hermosa judía
a hablar al rey, y decir
de parte de su ley toda
que el miserable infeliz130
estado de su rüina
no aumentase introducir
tan nueva mudanza al pueblo
que, olvidado del motín,
entre los hebreos vivía135
quieto, seguro y feliz.
La causa que le movió
a aquesto fue el presumir
que, como el rey es tan mozo,
en quien el ardor pueril140
aun está expirando humos,
del fuego inquieto aprendiz,
puede ser que no tan firme
quiera el voto proseguir
con que a su ley sacrifica145
despojos de Sinaí.
Y más, si es que la hermosura
pone con mano sutil
en la tabla de sus ojos
de su veneno el buril,150
que es tan retórico el labio
si sabe bello fingir
que trueca distante unión
entre el mirar y el oír.
Persüade la hermosura155
con otras voces, y así.
lo que lo atento callar,
hace lo hermoso decir.
Pareció bien este arbitrio,
y acordándose de ti,160
quieren que tú misma seas
la que vayas a pedir
al rey por tu pueblo; todos
unánimes, hija, aquí
dicen que esperan tu amparo165
por más hermosa. Sufrir
debes tan nuevo cuidado.
Acuérdate de Judit,
que por libertar su pueblo
quiso arriesgarse a morir.170
Por el miedo de Nabal
la prudente Abigaíl
el ímpetu resistió
de los campos de David.
No has menester pelear,175
pues aunque vas a rendir,
tú en tus ojos aseguras,
triunfante victorias mil.
Ya no he podido excusarte;
sabe el gran Adonaí180
cuánto intenté defenderlo,
mas, ¿cómo podré encubrir
los rayos de tu hermosura,
pasmo de Senacherib?
Esto fue lo que confuso185
me tuvo, y aquesto, en fin,
lo que mi llanto ocasiona,
pues aunque es justo cumplir
el precepto de Rubén,
también es justo advertir190
que hacer cebo tu hermosura,
y de su temprano abril
querer ya experimentar
la flor que empieza a salir,
es querer que se malogre195
el fruto con la raíz.
¡Ay, Raquel! Cuánto lo lloro;
mejor que de Isaac, allí
el sacrificio presumo
que yo te le labro aquí,200
pues si en el fuego de amor
materia haciendo de ti,
aplico la leña yo,
causa de su llama fue.
Hoy a la cumbre de Alfonso205
tu subo; mas, ¡ay de mí!,
que hay incendio al abrasar
y no hay cordero al herir.
Ya te lo he dicho, Raquel;
mis miedos no hagan hüir210
el valor que te acompaña.
Y pues sabes resistir
las orejas a las vanas
lisonjas, por desmentir
mis temores, arma el pecho215
de encantos, Circe gentil.
El árbol de Ulises lleve
tu nave, que surta oír
pueda las voces, y el sueño
burle encantos a su ardid.220
Escúchate el más atento
sollozar, mas no gemir;
tus dos labios purifique
nuevo alado serafín
para bien del pueblo hebreo,225
y de la fama el clarín
tu nombre eterno publique
en uno y otro confín.
RAQUEL: (¡No sé qué espíritu ardiente Aparte
tiranamente me ciega,230
que a su voluntad me entrega!)
A tu gusto está obediente
Raquel. La embajada aceto;
y si en mí libra el favor
del rey, el pueblo, señor,235
desde luego le prometo.
No así hagáis con fe perjura
concepto, que desvanezca
en lo que el valor merezca
lo que debo a mi hermosura.240
¿Vos de mí tal presunción?
¿Vos, sabiendo mi entereza
tenéis miedo a mi belleza?
DAVID: No es miedo; que es prevención.
RAQUEL: Yo, que soberbia y altiva245
ni aun a la fama consiento
que me alabe, porque intento
que ella muera y que yo viva,
pudiera negarme, avara,
de mis ojos al crisol;250
aunque fuera Alfonso el sol,
sus rayos menospreciara;
y si hago experiencia aquí
de mi soberbia crüel,
sabré yo rendirle a él,255
mas él no vencerme a mí;
con que se allana el intento
que me pone vuestra ley,
pues solo vencer a un rey
tuviera por vencimiento.260
DAVID: Pues si tanto te dispones,
oye lo que has de decir.
RAQUEL: No he menester persuadir
yo con ajenas razones,
pues si al rey mover ordeno,265
a mi acento persuasivo,
no irá el afecto tan vivo
si fuera el discurso ajeno.
Y cuando mi resistencia
a esta victoria se obliga,270
no sufra que nadie diga
que ayudó con su advertencia,
pues si fuere menos sabio
mi discurso en sus enojos,
yo haré que enmienden mis ojos275
los errores de mi labio.
Voy a obedecer.
DAVID: Detente;
que si est&aaccute;s determinada,
no has de llevar la embajada
con traje tan indecente.280
Menos alegre el dolor
ostente tu sentimiento,
porque dos veces atento
acometa tu valor.
Todo está ya prevenido.285
¡Zara, Dalila!
Salen DALILA y ZARA con un traje de gala
ZARA: ¿Señor?
DALILA: Aquéste es mejor color
para adornar tu vestido;
con él representa atenta
nuestro mal y nuestro bien,290
y diga el color también
lo que el corazón intenta.
RAQUEL: Todo a tu obediencia asiste;
mas, ¡ay de mí!
DAVID: ¿Qué te ha dado?
RAQUEL: Inquieta el alma ha turbado295
este espectáculo triste.
Aquesta pompa funesta
que negro aparato traza,
¿contra qué vida amenaza?
¿Contra qué vida se apresta?300
¿Qué librea es la que advierte
mi afecto, en dudas deshecho,
si voy a rendir un pecho
con las señas de una muerte?
La voz el dolor ataja305
que tan triste agüero ofrece,
y hasta el corazón parece
que se viste su mortaja.
Quitad, apartad; que estoy
temiendo –¡lance crüel!–310
cuando he de rendirle a él,
que yo a ser rendida voy.
DAVID: ¿Qué dices, Raquel? Advierte
que éste es traje prevenido.
RAQUEL: Ya sé, señor, que es vestido,315
mas es vestido de muerte.
DAVID: Antes ese adorno vi
que ajena muerte traslada.
ZARA: Y si tú fueras casada,
no le temieras así.320
DAVID: Igual pronóstico ha sido
de que triunfante has quedado,
pues de la muerte has sacado
despojos en el vestido.
Mas si te ha causado enojos…325
RAQUEL: No prosigas; que quisiera
que la misma muerte fuera,
por beberla con los ojos.
Venga ese adorno; que así
burlarme quiero del hado;330
venceré al fin mi cuidado.
DAVID: Mientras te vistes aquí,
aplaudiendo tu dolor,
la gente voy a juntar
que te ha de ir a acompañar.335
RAQUEL: Guárdete el cielo, señor.
Vase DAVID
Y pues es preciso hacer,
obediente a su precepto,
ley su mandato –¡ay de mí!–
daca, Dalila, el espejo340
y tú, Zara, harás que cante
Débora entre tanto –¡ay cielos!–
por ver si de aquesta suerte
mi extraño pesar divierto.
ZARA: Tú has hecho como judía345
en haber tenido miedo.
Pónle DALILA un espejo delante, empieza a vestirse, y suena música
RAQUEL: No mal mi mal acredito
si por despojos empiezo,
pues me quita lo que gozo
el logro de lo que temo;350
desnude el pecho el vestido,
y vista el alma el afecto;
mas, ¿quién no teme en aquél
alegre y éste funesto?
ZARA: Si tu hermosura es beldad,355
mejor es dejarla en cueros.
RAQUEL: ¿No cantan, Zara?
ZARA: Ya cantan.
RAQUEL: ¡Qué mal mi quietud suspendo!
MUSICA: “A los ojos de David
Bersabé rindió su esfuerzo,360
porque los ojos de un rey
pueden más cuando hablan menos”.
RAQUEL: No fuera si el sagrado
del amor rindiera fueros;
que no hay imperio en las almas,365
aunque hay dominio en los cuerpos.
Apriétame el pecho, Zara,
que no será nuevo aprieto,
y al cristal de mi pureza
defienda este muro negro.370
MUSICA: “Miróla una vez el rey,
y bastó a encenderle luego;
porque, como está más libre,
la vista de un rey es viento”.
RAQUEL: Antes, no, porque un rey tiene375
más cautivos sus afectos,
si ha de medir advertido
las acciones con el puesto.
Suéltame el cabello, Zara,
que ese adorno lisonjero,380
si ha de prender con su engaño,
no es justo que vaya preso.
MUSICA: “Retiróse Bersabé
a los principios, mas luego
el triunfo de su hermosura385
celebró correspondiendo”.
RAQUEL: ¿Cómo se puede llamar
triunfo el poco rendimiento?
Dejarse vencer arguye
o poca fortuna o miedo.390
De aquellos negros listones
me pon lazos; que los llevo
previniendo mi cautela,
por si Alfonso cae en ellos.
MUSICA: “Acabó el gustoso halago395
en trágico fin sangriento,
y envuelto en sangre de Urías,
voló el amor más soberbio”.
RAQUEL: Calla, calla, no prosigas;
que de tu voz a los ecos400
infausto culto me rinde
el amor, y en el inquieto
agüero de mi porfía
has añadido otro agüero.
ZARA: Deja, señora, ese tema,405
y mira que ruido siento,
señal de que ya te esperan.
RAQUEL: Yo también a mí me espero.
ZARA: Hermosa estás, nada temas;
a un rey vas a ver, y puesto410
que de otra ley, allá van
leyes donde quieren ellos.
RAQUEL: Vamos. (Deidad soberana, Aparte
que influyes mortal veneno,
blanca hija de las espumas,415
madre del alado ciego,
a cuyo templo consagra
la inmunidad de los tiempos
de mortales acechanzas
fantásticos vencimientos;420
préstale imán a mis labios,
dales a mis ojos fuego,
infunde ardor en mis voces,
llena de espíritu el pecho
contra Alfonso. Contra Alfonso425
lleva el azote, hiriendo
los blancos cisnes que tiran
tu carroza por el viento.
Llega, deidad soberana,
ampara, ayuda mi intento;430
así de Adonis la muerte
mienta el trágico silencio,
y así el gentílico aplauso
vuelva a consagrarte templos;
que tú ayudando cuando yo venciendo,435
daremos fama y sacaremos premio).
Vanse. Salen FERNANDO Illán, galán, y CALVO, gracioso
CALVO: Digo, señor, que no puedo
mejor día haber tenido.
FERNANDO: Pero, ¿qué te ha parecido,
Calvo, la imperial Toledo?440
CALVO: De ella, señor, no he gustado;
la confusión de la corte
no es para hombres de mi porte,
crïados al desenfado.
Aquí, si en palacio entramos445
con ceremonias y extremos
al alba nos recogemos
y a las doce no almorzamos.
Todo es semblante severo,
todo respecto y cuidado;450
al que sale, al que ha llegado,
dándole al pie y al sombrero.
Mejor de la guerra siento,
donde es toda la atención
cumplir con su obligación455
y no hay otro cumplimiento.
FERNANDO: ¿Cuándo en la corte no ha estado
la confusión más atenta
y la quietud más violenta?
Lo que yo te he preguntado460
es del sitio, del lugar.
¿Qué te parece?
CALVO: Señor,
que es para trepar mejor
que no para pasear;
mas su disculpa le queda465
también, cuando así le igualo,
que no puede ser muy malo
lugar donde todo rueda.
Sus calles y sus hatajos
a cualquier vecino ofenden,470
y no sé cómo se entienden
con tantos altos y bajos.
FERNANDO: En vano así te querellas
de una ciudad tan hermosa
cuya fábrica famosa475
compite con las estrellas.
CALVO: Aunque es buena cortesana,
de ella apartarme procura;
que no puede ser segura
cosa que no fuera llana.480
FERNANDO: La novedad con que agora
confuso está y alterado
el pueblo, te habrá causado
poco gusto. ¿Quién lo ignora?
CALVO: ¡Notable entereza fue485
la de Alfonso!
FERNANDO: Ya lo veo;
pero en fin ningún hebreo
quiere que en su tierra esté.
CALVO: Muy justo será el desvelo;
mas, ¿dónde pueden parar490
si en la tierra no han de estar,
porque ellos no han de irse al cielo?
FERNANDO: Mucho el vulgo lo ha sentido;
mas, viendo tan justa ley
se quietará; que es el rey495
amado como temido.
CALVO: Grande ha hecho su opinión;
mas yo no pienso decir
bienes de él hasta salir
bien de cierta pretensión.500
FERNANDO: ¿Pretensión tú?
CALVO: Pues, ¿qué extrañas?
¿Seré en la corte el primero
que pretenda de hazañero
aunque le falten hazañas?
FERNANDO: ¿Y qué piensas pretender?505
CALVO: Un cargo así del derecho
que sea de gran provecho
y tenga poco que hacer;
y esto con maña y audacia,
entablado a lo bellaco,510
si en justicia no lo saco,
nos valdremos de la gracia.
Además, que tengo ya
un escolar, grande amigo
y muy docto, que conmigo515
el memorial dispondrá;
y ajustados los contratos,
me ofrece con su jüicio
el sacarme a mí el oficio
porque le dé unos zapatos.520
FERNANDO: Pues si está tan desvalido,
¿cómo para él no apetece
eso mismo que te ofrece?
CALVO: No quiere; que es un perdido.
FERNANDO: ¿Y qué oficio tu talento525
espera?
CALVO: Al rey le diré
que por agora me dé
el que hallare más a cuento;
y haciendo de mi valor
experiencia, si importuno530
viere que obro mal en uno,
me ponga en otro mejor.
FERNANDO: Bien esa razón se admite,
pero ya el rey sale aquí.
CALVO: Si se ofrece hablar de mí,535
dile algo que me acredite.
Salen Á:LVAR Núñez, de barba, GARCI López, y el REY don Alfonso
REY: Ya con eso apaciguado
quedará el reino y seguro.
ALVAR: Como su quietud procuro,
nada niego a mi cuidado;540
bien es verdad que primero
el riesgo a que se exponía
tu corona proponía
porque templases severo
tu rigor; pero ya agora,545
que el lance enmienda no admite,
como la intención permite,
la solicitud mejora.
REY: Yo espero que, apaciguado
el pueblo, mi arrojo alabe.550
GARCI: ¿Quién como tu pueblo sabe
lo que debe a tu cuidado?
REY: ¿Fernando?
FERNANDO: ¿Señor?
REY: ¿Adónde
has estado?
FERNANDO: De mi ausencia
causa ha sido la obediencia555
que a tu afecto corresponde;
ocupado en visitar
toda la ciudad he andado,
como mandaste; cuidado
que no se debe olvidar.560
Inquieto el vulgo parece
que está contra tus deseos
de desterrar los hebreos;
y aunque atento te obedece,
siente su falta.565
GARCI: No es mucho,
porque con ellos aumenta
su población y su renta.
REY: Con sentimiento os escucho.
¿Cuánto mejor es tener
limpia de ritos tiranos,570
que llena de ciudadanos
a Toledo? ¿Puede hacer
falta a la ley verdadera
la hebrea? Como obro, debo.
ALVAR: (¡Qué bríos tiene el mancebo!) Aparte575
REY: Y aunque provechosa fuera,
no quiero en esta ocasión
aumentos contra mi ley.;
que para un prudente rey
primero es la religión.580
Hierba mala que arrancar
no ha de quedar en la mía.
Sale un CRIADO
CRIADO: Afuera está una judía,
señor, que te quiere hablar,
con grande acompañamiento585
de hebreos, que, lastimosos,
en su semblante, llorosos,
publican su sentimiento.
REY: Entre; mas si el fin arguyo,
mal la razón le defiende.590
ALVAR: Sin duda el pueblo pretende
revocar el orden tuyo.
REY: Concocerá mi entereza,
siendo en sus quejas mayor.
Salen RAQUEL, vestida de gala, y damas de acompañamiento
RAQUEL: A tus plantas, gran señor…595
REY: (¡Qué desdichada belleza!) Aparte
Míranse uno al otro y túrbase RAQUEL al hincar la rodilla
RAQUEL: Llega Raquel que, abatida,
de ti, del pueblo y del hado…
(Su presencia me ha turbado. Aparte
¡Pese a la lengua encogida!)600
…una infeliz…
REY: Levantad.
(La turbación que asegura Aparte
hace mayor su hermosura).
RAQUEL: (¡Qué agradable majestad!) Aparte
FERNANDO: (¡No vi perfección más rara!) Aparte605
CALVO: (¡Un prodigio es la judía! Aparte
¡Lástima es, por vida mía,
que lleve el diablo esa cara!)
REY: ¿Qué es vuestro intento, admirable
mujer?610
RAQUEL: (¡Ea, pena infïel! Aparte
Contrástele lo crüel;
no le atiendas lo agradable).
Dar muestras de mi pasión
quiero, cuando a tus pies llego…
REY: Proseguid, pues. (Yo estoy ciego; Aparte615
mas no es culpa la atención).
RAQUEL: Una mujer hebrea,
que libertar su religión desea,
viene, Alfonso, a rogarte,
con lástimas, con llanto, si ablandarte620
mereciere importuna,
que hagas menos crüel nuestra fortuna.
Rey, señor soberano,
a cuyo imperio rinden más que humano
feudo los corazones,625
atiende a mis razones.
Enternézcante en tanto
que te está diviertiendo triste llanto.
Los míseros gemidos
con que hiere el hebreo tus oídos,630
y el humor que resuena en tus orejas,
participe del eco de mis quejas.
Torpe ya y sin aliento,
desunido el enjambre por el viento,
sólo el susurro escucha635
del errado destierro con que lucha.
El blanco panal deja
la solícita abeja
y el corcho desampara, a quien hacía
trabajo amargo dulce compañía,640
echando menos voluntad sincera
el rubio hijo de la blanca cera.
Así desamparada
yace la sinagoga maltratada.
Al rumor de tus voces645
huye el enjambre, y miden ya veloces
su error con tus deseos,
poblando el campo míseros hebreos.
Ya, por última rüina
del temido dolor que se avecina,650
rendida a la pasión que los ahoga,
arruinada cayó la sinagoga,
y al mirar desunido el edificio,
llanto común lloró su precipicio.
Las tablas que Moisés guardó sagradas655
segunda vez se miran quebrantadas,
y en venganza feliz de su ley santa,
llora el hebreo y el cristiano canta.
Mofa común, escarnio de la plebe,
llueve en sus voces y en sus ojos llueve,660
riega el llanto contino
el trillado camino,
y florecen en vez de clavellinas
contra sus pies de abrojos y de espinas,
sangre que no derrama665
pena común que a tanto dolor llama,
aunque con queja muda,
suda el afán y el sobresalto suda
vagando errantes, sin errar baldíos,
por una y otra parte los judíos.670
Jerusalén segunda
Toledo es ya, cuando su llanto inunda
y de tanto concurso desterrada,
la ciudad populosa desolada
yace como vïuda,675
muda al ardor y al sobresalto muda.
Llorando quedará [de] noche y día
la apacible, la antigua compañía
que la hicieron amigos
los que agora la injurian enemigos.680
Del amargor cautiva,
muerta al consuelo, si a la pena viva,
sus calles va regando
de nuestros sacerdotes, que llorando
acompañan las vírgenes, ultraje685
del triste rostro, descompuesto el traje,
el anciano alarido
el alma arroja con cualquier gemido,
dejando sus querellas inhumanas
maltratada la plata de sus canas.690
Ten piedad de nosotros, rey famoso;
no tribute a tus triunfos tan costoso
aplauso, que llorando
mísero agüero, esté pronosticando
presagio, que desdice695
de lo mucho que el hado te predice.
Con risa, y no con llanto,
debes solemnizar aplauso tanto,
o con llanto sin risa,
nuestro destierro mísero te avisa700
de algún suceso extraño.
Vuelve, Alfonso, los ojos a tu engaño;
que no es, no, religión la que te mueve
a que airada se cebe
en tan humilde triunfo tu presencia705
de la más abatida resistencia.
Mas, ¿qué dudo? ¿Qué temo?
Rey soberano, príncipe supremo,
a nuestro afecto atiende.
Quien te obedece más, ¿en qué te ofende?710
¿La humildad con que obliga
más un vasallo, tu rigor castiga?
Vuelve, señor, los ojos,
y verás cuántos míseros despojos
tu piedad aguardando,715
en lastimoso llanto están bañando
tus umbrales, que mira
oscuros la victoria con la ira,
y repitiendo males,
de lástimas cubiertos tus umbrales.720
Mira cómo te aclaman
rey victorioso; y cuando así te llaman,
segunda Ester, si no con tanta dicha,
yo sola vengo a ser de su desdicha
protectora, abogada, presumida,725
por mujer, por hermosa y afligida,
diciendo en todos el afecto ansioso…
TODOS: Ten piedad de nosotros, rey famoso.
REY: Enternecido estoy; mas no me espanto
si me habló la hermosura con el llanto;730
que puede mucho, si vencer procura,
cuando el llanto hace voz de la hermosura.
ALVAR: A piedad me ha movido.
GARCI: Lástima la he tenido.
FERNANDO: Su belleza persuada, y sus razones735
rémoras son de humanos corazones.
CALVO: Sus lágrimas provocan a cogerlas;
que tiene un llanto, a fe, como unas perlas.
REY: (Turbado estoy). Aparte
Del suelo
te levanta; que yo… (¡Válgame el cielo! Aparte740
¡Qué loco arrojamiento!
Resuelto estuve a conceder su intento;
reprimirme es forzoso.
No vi afecto de amor más poderoso).
RAQUEL: ¿Qué respondes, señor? (Mi muerte temo Aparte745
en su decreto, y ya con más extremo
en mi altivez, que ociosa se despeña,
lo que falta intenté, busco halagüeña).
REY: Yo veré el memorial. (Fieros enojos, Aparte
no está en él la razón, sino en sus ojos).750
RAQUEL: (De ansia y congoja muerto.
Búscole amante y hállole severo
en esfuerzo engañoso).
Pues, rey, señor, Alfonso generoso,
si tu gusto lo advierte,755
lógrale, y más que sea en nuestra muerte;
que ésta es más que violencia;
felicidad será por tu obediencia.
REY: (A su voz y a su vista Aparte
no hay poderoso esfuerzo que resista.760
¡Sin mí estoy! De esta suerte
disimulo las señas de mi muerte).
Vase el REY
RAQUEL: ¿Así, señor, os vais? ¡Pena violenta!
(Mas, mi fácil pasión, ¿qué es lo que intenta?)
ALVAR: El rey se ha retirado.765
GARCI: Mal despacho tenéis.
Vanse GARCI López y ÁLVAR Núñez
RAQUEL: De mi cuidado
peor juzgo tenerle.
FERNANDO: Vuestra porfía debe de ofenderle.
RAQUEL: Pensé vencer a Alfonso, y voy vencida;
ni llevo libertad ni llevo vida.770
Vase RAQUEL
FERNANDO: Prudente el rey se ha mostrado.
CALVO: ¡Vive Dios, que es un Nerón!
Y no tiene corazón
hombre que no se ha ablandado;
y si me pidiera a mí775
lo que a Alfonso, no se fuera
mal despachada, y no tuviera
luego el sí con otro sí.
FERNANDO: Por su ley es bien que el rey
templara así esos extremos.780
CALVO: También por acá queremos
muchas que no tienen ley.
FERNANDO: ¿Posible es que te aconseja
el deseo tal error?
CALVO: Pues dime, ¿ésta no es mejor785
que no una cristiana vieja?
FERNANDO: Tu ignorancia lo apercibe.
CALVO: Yo, si alguna me ha agraviado,
en mi vida he deseado
saber en la ley que vive;790
y a muchos se les consiente
casarse, y no es culpa grave,
con mujeres que se sabe
que no obran cristianamente.
FERNANDO: En ésta el defecto es llano.795
CALVO: Sin embargo, he de sentir
que, llegada a reducir,
no es mala para un cristiano.
FERNANDO: La ignorancia te hace errar
en tan torpe parecer.800
CALVO: Mira, en cualquiera mujer
que yo persuado a pecar,
siendo católica, obligo
dos riesgos, esto es lo cierto.
El suyo, pues la pervierto,805
y el mío, pues mi error sigo.
Y en ésta no, pues lograda
la culpa, me ofende a mí,
pues ella, así como así,
se estaba ya condenada.810
FERNANDO: Vete; que el rey ha llegado.
CALVO: Voyme, pues. (¡Hay tal porfía? Aparte
Miren si por ser judía
desdice para el pecado).
Vase. Sale el REY
REY: Fernando.815
FERNANDO: ¿Señor?
REY: (La llama Aparte
en que confuso me abraso,
mal reprimido en el pecho,
quiere exhalarse en el labio.
Perdido estoy).
FERNANDO: (Cuidadoso Aparte
parece que el rey me ha hablado.820
¿Qué puede ser?)
REY: (Ya es rigor Aparte
lo que sufro y lo que callo.
Sirvan de alivio mis voces;
que si la pasión ha dado
consentimiento al deseo,825
será error más temerario
ocultar lo que me aflige
cuando no basto a estorbarlo).
FERNANDO: Permite que afectüosa
mi duda, en tantos cuidados830
como tu semblante ofrece,
sepa la causa.
REY: Fernando,
grave es mi mal.
FERNANDO: (¿Qué impensada Aparte
novedad es ésta?)
REY: Y tanto,
que está en la muerte el remedio.835
FERNANDO: (El corazón se ha turbado). Aparte
¿Quién le ocasiona?
REY: Yo mismo,
yo soy mi mayor contrario;
con mis potencias peleo,
con mis sentidos batallo,840
y ellos me rinden y yo
a defenderlo no basto.
FERNANDO: (Notable riesgo apercibo. Aparte
¡Válgame el cielo! ¿Si acaso
Raquel apurarlo intenta?)845
¿Quién tan aprisa ha mudado
a tu quietud el sosiego?
REY: Un favor, un sobresalto,
un ahogo, una pasión,
un sentimiento, un cuidado,850
un frenesí, una locura,
un fuego, un incendio, un rasgo
de todos los males juntos;
y en fin, para publicarlo…
FERNANDO: ¿Es amor?855
REY: ¿Por qué me atajas?
FERNANDO: Porque pasión tan de humano
no es bien que tú la publiques;
y así, el discurso adelanto.
Que si me engaño, no pierdes
tu autoridad, en mi engaño,860
y si acertare, te excuso
que, sacándola a los labios,
por dejarme satisfecho
te quedes tú desairado.
REY: Amor es, pero no dudo,865
aunque estimo tu reparo,
el publicarlo, porque
cuando oprobio más villano
me ha reducido, tener
atenciones es en vano.870
Juzga tú cuál puede ser,
pues cuando de él no hago caso,
tiene por malo el amor
y es en mí lo menos malo.
FERNANDO: (Cierta salió mi sospecha). Aparte875
Pues permíteme arrojado
que te pregunte.
REY: Pregunta;
mas, si has de hallar mi cuidado,
discurre primero tú
los más dudosos acasos;880
porque, si al mayor no llegas,
no has de conocer el daño.
FERNANDO: ¿Tan extraño es el suceso?
REY: Sí, Fernando, el más extraño
que pudiera haber movido885
la fuerza de los encantos.
FERNANDO: (No hay que dudar). Aparte
Pues, señor,
lo breve del sobresalto
al lance que se ha ofrecido,
la prevención del reparo,890
me hace pensar que Raquel
pudo…
REY: ¿De qué estás dudando?
Que tú lo pienses deseo.
Dilo, en tu voz me declaro,
y deja que te agradezca895
el consuelo, pues es llano,
si lo juzgares posible,
que ya lo habrás disculpado.
Raquel fue; Raquel la bella,
aquel divino milagro900
de hermosura me ha rendido;
toda la luz de los astros
vi en sus ojos, todo el sol,
en negros lutos bañado.
FERNANDO: Pues, ¿cómo tan presto pudo905
rendirte?
REY: Porque el contacto
de las manos, de los ojos,
cebo del pez, que animado
por la caña le introduce
al pescador su contagio,910
introdujo en mí el veneno
por los ojos y las manos.
Demás de que, ¿cómo quieres
pedir ley a los acasos,
dar tiempo a los pensamientos,915
buscar razón a los astros
para lo que ellos infunden?
Yo no sé más que penando
estoy desde que la vi,
y a mí me estoy preguntando920
lo mismo que tú preguntas,
y responde amor a entrambos
que, pues estoy muriendo y adorando,
causa debe de haber para mal tanto.
FERNANDO: Permíteme que te culpe925
arrojo tan temerario.
REY: Sí, permito; mas advierte
que no es acción de vasallo
piadoso la que pretendes,
Pues mis intentos culpando,930
haces mayor mi pesar
y no menor mi cuidado.
FERNANDO: Contraria ley es la suya.
REY: ¿Cuándo amor no fue contrario?
Mas en el gusto, ¿quién puso935
leyes ni introdujo mandos?
Pues en sus libres deseos
puedo, cuando más templado,
quitarme lo que deseo
pero no el desearlo.940
FERNANDO: Pues, ¿cómo el ser imposible
no te templa?
REY: Antes me ha dado
mayor inquietud el serlo;
que en los afectos humanos
como es espíritu es obra945
de alta poderosa mano,
aquel heroico principio
los enciende, y arrojados,
pretenden el imposible
no por bueno, por contrario,950
no por lo que gozar pueden,
sino sólo por gozarlo.
FERNANDO: No ha de ser esto querido
de ti, sino despreciado;
con que no está el imposible955
en ella, sino en tu estado.
REY: No es razón que me convence,
pues si como rey me hallo
superior, como hombre estoy
sujeto. Con que, luchando960
lo hermoso con lo rendido,
lo altivo con lo postrado,
cuando como rey la obligo,
la estoy como hombre adorando,
como humano la pretendo965
y la oigo como cristiano.
FERNANDO: Pues, ¿qué presumes hacer?
REY: ¿Qué he de hacer? Morir callando.
FERNANDO: Lástima tengo a tu pena.
REY: ¡Qué poco alivio me has dado!970
FERNANDO: No es bien perder a mi rey.
REY: Y a tu amigo, ¿es bien dejarlo?
FERNANDO: No sé cómo responderte.
REY: Yo sí; muriendo y penando.
FERNANDO: El tiempo hará que te venzas.975
REY: ¿No sabes que el tiempo es falso?
FERNANDO: Sé que la razón conoces.
REY: También sé que me está hablando
la memoria por mi amor,
y que nos repite a entrambos980
que, pues estoy muriendo y adorando,
causa debe de haber para mal tanto.
Vanse los dos
