LA HIJA DE CARLOS QUINTO
Antonio Mira de Amescua
Texto basado en la edición príncipe, una edición suelta (sin fecha sin lugar) consultado por medio de una copia fotográfica en la biblioteca de la Ohio State University. Fue editado por primera vez en “An edition with introduction and notes of LA HIJA DE CARLOS QUINTO, COMEDIA FAMOSA DEL DOCTOR MIRA DE AMESCUA,” tesis sin publicar de Karl Ludwig Selig (M.A., Ohio State University, 1947). Fue editado en forma electrónica por Vern G. Williamsen en 1988 como parte de sus investigaciones.
Personas que hablan:
- El EMPERADOR Carlos V
- El PRÍNCIPE de Portugal
- Don FELIPE
- El duque de ABEIRO, don Juan de Alencastro
- El CONDESTABLE, don Pedro de Hernández
- El duque de GANDÍA
- Don DIEGO de los Cobos
- El duque de ALBA
- MAXIMILIANO
- ARNESTO
- Don JAIME
- ANDRÉS de Cuacos
- Don GARCÍA
- CAZALLA
- Doña JUANA
- Doña MARÍA
- Doña ISABEL de Borja
- Doña ANA
- MÚSICOS
- SOLDADO
- Acompañamiento
JORNADA PRIMERA
Salen don DIEGO y el CONDESTABLE
DIEGO: ¡Notable sentimiento!
CONDESTABLE: ¡Es en Castilla
el amor de sus reyes tan notable!
DIEGO: Su lealtad y su celo maravilla.
CONDESTABLE: Y es el César también príncipe amable;
con clemencia engrandece lo que humilla.5
DIEGO: Es porque tiene en vos gran condestable.
CONDESTABLE: Señor don Diego de los Cobos, eso
gana en tanta prudencia tanto seso.
DIEGO: Tres pedazos del alma se dividen
hoy en Juana, en Felipe y en María,10
que de los orbes la distancia miden,
pasando a diferente monarquía.
CONDESTABLE: Los negocios de Italia al César piden,
donde hoy se parte a Portugal y a Hungría
Juana y María, con la misma priesa15
donde una es reina ya y otra princesa.
DIEGO: Felipe se nos queda, que Dios guarde,
en el gobierno sólo.
CONDESTABLE: Sí, que ha hecho
de su prudencia y su valor alarde.
DIEGO: Postra el valor a su invencible pecho,20
que si la sangre en las entrañas arde,
es forzoso el sentir.
CONDESTABLE: En él sospecho
que es bronce el corazón.
DIEGO: Mucho de él tiene
quien le resiste tanto.
CONDESTABLE: El César viene.
Sale [el EMPERADOR], Carlos Quinto
EMPERADOR: Don Diego de los Cobos, Condestable,25
ya el plazo se llegó, ya llegó el día
en que el gozo mayor el alma entabla;
triunfan Bohemia, Portugal y Hungría.
¿Qué es aquesto?
Pónese el CONDESTABLE el pañuelo en los ojos
CONDESTABLE: Señor, es tan notable
el común sentimiento.30
EMPERADOR: ¿Mi alegría
con llanto celebran? Dios da en los hijos
los pesares así, y los regocijos
suyos son. Él los da, y pensar debemos
los padres que los hijos son preciosos
cristales, que estimamos y queremos,35
siempre de que se quiebren cuidadosos;
en ellos los espíritus bebemos,
transparentes, purísimos y hermosos,
mas con la prevención de efectos tales,
que hay poca eternidad en los cristales.40
Yo apenas conocí a los padres míos,
pues Felipe, mi padre, de mí ausente,
postró a la muerte sus gallardos bríos
en lo purpúreo de su hermoso oriente.
A la aprehensión de tantos señoríos45
de trece años subí gloriosamente,
y tantos sus cuidados me obligaron
que de mi madre siempre me apartaron.
Perdí a la Emperatriz, faltóle al nido
del águila imperial la mitad de ella,50
y así de sus tres pollos dividido,
quiero ganar lo que he perdido en ella;
y aunque debiera hacerlo enternecido,
el pesar en el gusto se atropella,
siendo hoy en resignar a Dios mi gusto,55
César más soberano y más augusto.
Decidme de la suerte que ha quedado
dispuesta la jornada.
CONDESTABLE: Deuda es mía,
a vuestra majestad siempre obligado,
ofrecer el caudal con bizarría;60
y así el gusto me toca y el cuidado
del rey Maximiliano y de María,
joya preciosa con que el cielo premia
las coronas de Hungría y de Bohemia.
Gran parte de la nobleza me acompaña,65
a quien honrosamente ilustra y [apuña]
la espada de rubí, que el patrón [daña],
que al moro postra, aunque en diamantes bruña,
hasta que en el cristal que calza y [apaña]
de coturnos de plata la Coruña70
se engolfan los fuertes galeones,
vanagloria del sol, del mar pavones.
EMPERADOR: Ya, don Pedro Hernández, desde hoy quedo
más deudor al Velasco.
CONDESTABLE: Deuda es mía,
donde doy lo que valgo y lo que puedo.75
EMPERADOR: Miradme por el alma que os confía.
CONDESTABLE: Dudar de mi fe es eso.
EMPERADOR: Éste es miedo
de padre, y como padre desconfía.
¿Y a Portugal, quién va?
DIEGO: ¡Con tal grandeza
gloriosa parte a Portugal su alteza!80
El duque de Escalona, acompañado
de don Pedro de Acosta, justamente
de Osma señor, dignísimo prelado,
como lucido en la facción presente.
En Yelves, como está capitulado,85
o en la pequeña y líquida corriente,
línea de plata que los reyes parte,
tálamos ha de hacer tronos de Marte.
Allí la ha de entregar con soberana
majestad al de Abeiro, que la espera.90
Siendo la portuguesa y castellana
nobleza de estos campos primavera,
con ellos serenísima mañana
hará su sol traspuesto a nuestra esfera,
donde teja mortal entre los brazos,95
donde teja mortal entre los lazos.
EMPERADOR: Dios os oiga, don Diego, y logre en nietos
lo que pierdo en dos almas, viendo España
por unos esos bárbaros sujetos,
y por otros la parte que Rin baña.100
CONDESTABLE: Si de tan alta causa son efetos,
heredando el valor que os acompaña,
serán la majestad de todo el mundo.
EMPERADOR: Ésa goza Felipo en el segundo.
¿Qué damas lleva la princesa?105
DIEGO: Doce,
que por signos el sol dorar pudiera,
número que aun a Borja reconoce.
EMPERADOR: ¿Llegó ya [el] de Gandía?
DIEGO: Aún hoy le espera
……………………… [ -oce]
……………………… [ -era]110
su alteza y va sin ella disgustada.
EMPERADOR: Soledad la ha de hacer en la jornada.
¿Y está la prevención de mi partida
concluída también?
CONDESTABLE: Ya el duque de Alba
madura edad en juventud florida,115
nuncio de vuestro sol, de Italia es alba.
Los espera la armada prevenida
monarquía del mar, del viento salva.
DIEGO: Difunta queda España.
EMPERADOR: Viva queda,
que don Felipe mi justicia hereda.120
Sale don GARCÍA
GARCIA: Ya vienen a despedirse
sus majestades y alteza.
EMPERADOR: Aquí de su fortaleza
el ánimo ha de vestirse;
porque si llega a rendirse125
el grave dolor que siento,
culparán el sufrimiento,
y así será en tanto amor
en mí la hazaña mayor
resistir al sentimiento.130
Salidlos a recibir
en tanto que me prevengo
para la ocasión que tengo
que temer y resistir;
lo que resta de morir135
–tan poco, ¡qué suerte dura!–
por más que se la asegura
la vida al bien que está ausente,
para no ser, solamente
le falta la sepultura.140
Vanse
Agora que solo estoy,
majestad dejadme ser,
padre en sentir y temer
pues siendo rey, piedra soy.
Lágrimas, licencia os doy145
a que del alma salgáis.
¿En qué anegándome estáis?
Que en un César es bajeza;
mas pienso que con certeza
de padre me disculpáis.150
Salid, porque padre sea
y piedra deje de ser;
salid antes que el poder
y la majestad se vea.
Procurad que el amor crea,155
alma, que llorar sabéis;
pues si aquí me enternecéis,
veréis en tantos enojos
que monarquía en los ojos
de los césares tenéis.160
Salen don FELIPE, doña JUANA, doña MARÍA, MAXIMILIANO, el CONDESTABLE y acompañamiento
Mis hijos vienen aquí,
y es recibirlos razón.
¡Ea, llegue la ocasión
en que he de vencerme a mí!
Para trabajos nací,165
no hay que rehusar los vaivenes
de la Fortuna. Aquí tienes
dolor, Amor, sin segundo,
que bien sé yo que da el mundo
pago de todos sus bienes.170
¿Está en el solio dispuesto
lo que ordené?
CONDESTABLE: Sí, señor.
EMPERADOR: Pues alto, embista el Amor;
que ya le aguardo en el puesto.
CONDESTABLE: Lo soberano y modesto175
mezcla tan grave y ufano,
que en él, sin afecto humano,
tanto sus astros mejora,
que lo modesto enamora
y espanta lo soberano.180
Híncanse de rodillas los príncipes
FELIPE: Dénos vuestra majestad
su mano y su bendición.
EMPERADOR: ¡Ay, prendas del corazón!
Reina, alzad. Príncipe, alzad.
Llegad al pecho, llegad185
al alma. Dios os bendiga,
y en versos David os diga
que veáis, reina y princesa,
ceñir los hijos la mesa,
como renuevos de oliva.190
Hija, Felipe, sobrino,
Maximiliano, escuchad.
MAXIMILIANO: ¿Qué manda su majestad?
CONDESTABLE: ¿Hay tal caso?
DIEGO: ¡Peregrino!
JUANA: Él nos enseña el camino195
con que le hemos de imitar.
EMPERADOR: Ojos, dejad el llorar.
¡Ay, queridas prendas mías,
qué largos serán los días!
¡Qué grande será el pesar!200
Siéntanse
Hijos, no os espante en mí
tan notable prevención,
que de todas mis hazañas
ésta es la hazaña mayor.
El Amor me saca al campo,205
y es tan valiente el Amor
que, siendo rey soberano,
aquí temiéndolo estoy.
César quise ser, vestido
de majestad y valor,210
mas la terneza en mis ojos
me dice que padre soy.
Vencióme la fortaleza
si la majestad me armó.
Mas, ¿qué mucho si soy cuerpo215
que pierdo tres almas hoy?
Hoy me hace sol de la Italia
la precisa obligación
de César, y hoy mis estrellas
me quitan el resplandor.220
Pero si a esferas extrañas
os llevan, y yo me voy
donde jamás he de veros,
¿para qué quiere ser sol?
Felipe queda en España,225
yo paso a Italia, y los dos
a postrar en Alemania
tan infame religión.
Doña Juana a Portugal
donde su madre nació,230
va a ser prenda de don Juan
su príncipe y su señor.
Dios le haga dichosa en él,
siendo el alarbe feroz
alcatifa de su trono,235
mármol de su panteón.
Oh, hijo, Josué segundo,
tierno y generoso estoy
repartiendo entre mis tribus
la tierra de promisión.240
Todo os adore y bendiga
con gloriosa aclamación;
que el amor de sus vasallos
hace el príncipe mayor.
No deis a herejes oídos,245
que en el golfo de su error
son sirenas del infierno
que emponzoñan con la voz.
Dejen Juanus y Lutero
la Alemania superior;250
que lo que empecéis vosotros,
iré a conclüirlo yo.
La fe estableced en ella,
porque conozcan que sois
espíritu de mi celo,255
y parte de mi toisón.
Y sobre todo os encargo…
mas, ¿aquí el poder llegó
de Emperador a mandaros
lo que es digna obligación?260
Y así os mando como César
católico, defensor
de la iglesia que hoy ampara
un pontífice León,
que el santísimo inefable265
sacramento, en quien obró
con la mayor providencia
Dios al portento mayor,
celebréis con tal decoro
y con tal veneración,270
que tiemblen los dogmatistas,
en nubes de pan el sol.
Sepan confusos y ciegos
que el pan que ven pan es Dios,
siendo en Él los accidentes275
cortinas de su pasión.
Conozcan que está realmente
en la hostia, que asistió
en virtud de las palabras,
ley de la consagración.280
Vivid con esta verdad,
perded por esta facción
las vidas. Mas si sois Austrias,
¿por qué esta advertencia os doy?
Herencia es vuestra por sangre,285
con la feliz sucesión
de aquel glorioso archiduque,
de esta verdad precursor.
Pues dándose su caballo
al sacerdote, dejó290
la majestad del imperio
por ser lacayo de Dios,
sin perder hacha ni rienda.
No a su pueblo, como Aarón,
libró, sino a Dios, por mares295
de una tempestad atroz.
Vosotros, pues, a su ejemplo
y a su sacra imitación,
confundid los que a Dios niegan
en el pan por el sabor.300
Decid que el gusto se engaña,
como la vista se erró,
siendo así los accidentes
ministros de la razón.
Postrad a los relicarios305
la majestad. Dad favor
a la fe sin permitir
en su verdad opinión;
porque esto es ser fe, y monarcas
tan justos darán temor310
a los bárbaros que dejan
la luz por la confusión.
Yo soy, al fin, Carlos Quinto,
señor del mundo y señor
de todas las voluntades,315
que es el más alto blasón.
La tierra me viene estrecha,
aunque en la parte que halló,
con nuevos mundos pretende
darme una ensancha Colón.320
Mas en tanta majestad,
esta urna y aquél son
os digan lo que he de ser,
si os he dicho lo que soy.
Y pues salís a imitarme,325
sea con tal prevención
pues veis que a esto se reduce
la monarquía mayor.
Suenan cajas destempladas, aparécese una tumba con una calavera, una corona y un estoque, y desaparécese el EMPERADOR en la misma tramoya
FELIPE: Para ver en lo que para
la majestad que os contemplo,330
de vuestra vida el ejemplo
sólo, señor, me bastara.
Él me advierte y me declara
desengaños que advertir
para regirme y regir335
los reinos que he de mandar,
porque se aprende a reinar
con aprender a morir.
MAXIMILIANO: Aunque está la majestad
tan incierta de este daño,340
admitiendo el desengaño,
amaré en vos la verdad.
Reinad a siglo, reinad
edades de tiempo incierto,
que en el reinar os advierto,345
a pesar del tiempo esquivo
que en el cielo reináis vivo,
si en la tierra os juzgo muerto.
JUANA: Padre y señor, yo os prometo
vivir siempre prevenida350
de mi vida en vuestra vida,
que reverencio y respeto.
Vos seréis siempre mi objeto,
y mi vida seréis vos,
para que el mundo en los dos355
vea, en llegando a mi reino,
y que vos reináis por vos.
Salen el CONDESTABLE y don DIEGO de los Cobos
DIEGO: Ya hay literas prevenidas.
FELIPE: ¿Mi padre?
CONDESTABLE: Ya se ha partido.
MAXIMILIANO: ¿Quién pondrá en tan triste olvido,360
consuelo a tan tristes vidas?
JUANA: Nuestras almas divididas
muestren aquí la terneza,
las leyes de la grandeza.
FELIPE: ¡Oh, fieras, oh, ingratas leyes!365
CONDESTABLE: ¡La carroza de los reyes!
DIEGO: ¡La litera de su alteza!
Vanse. Salen ARNESTO y JAIME, y saquen en los brazos a doña ISABEL de Borja
JAIME: ¡Desjarretadle! ¡Muera
quien tal crueldad de su valor creyera!
ARNESTO: ¡Oh, animal portentoso,370
de la mujer imagen en lo hermoso!
Maldito sea el primero
que te ajustó a república de acero.
Sale el duque [de GANDÍA]
GANDIA: ¿Muerta mi hermana? ¡Ah, fieros!
ARNESTO: Etnas de luz nos dan sus dos luceros.375
GANDIA: ¿Pues qué ha sido?
ARNESTO: Locura
del palafrén, soberbio en su hermosura…
GANDIA: ¡Nunca a Castilla fuera
a ser de la princesa camarera!
¡Doña Isabel, hermana!380
Violeta es el jazmín, oro la grana.
¡Perdió Borja su día!
JAIME: Voces en vano das.
ARNESTO: ¡Señora mía!
GANDIA: Echémosle en la cara
destroncado cristal en agua clara.385
Vuelve en sí
ISABEL: ¡Ay, Dios, sólo pudiera
Clara mostrar mi juventud primera!
GANDIA: ¡Oh, maravilla rara!
¡Doña Isabel!
ISABEL: Señor, ¿dónde está Clara?
GANDIA: ¿Qué Clara?390
ISABEL: Hermano, aquella
siempre abismo de luz y siempre estrella.
Cuando el bruto espantoso,
desmintiendo su instinto generoso,
de las riendas opreso,
quiso en mi vida rendirme el peso,395
Clara me dio la mano.
La misma copia de la santa, hermano,
que las Descalzas tienen
en el altar, a quien deidad previenen.
Ésta, cuando caía,400
me pareció que afable me decía:
“Yo, para levantarte
quiero de ese caballo derribarte.
Caída es amorosa.
Pablo has de ser, porque has de ser esposa405
de aquel blando cordero,
que tu culpa le puso en un madero;
y la que hoy verte espera
su mayor y más digna camarera,
te verá virgen rosa,410
siendo por tu ocasión ella gloriosa.”
GANDIA: Bien pudo en ansia tanta
esas ideas trasladar la santa
así en tu entendimiento.
ISABEL: Sentí su voz, como la tuya siento.415
GANDIA: Pues en mi nombre trata
darle al milagro lámpara de plata.
ISABEL: Déme vuestra excelencia
esa mano a besar, y la licencia
de volver a Gandía.420
GANDIA: En sus huertas te ves.
ISABEL: Ya presumía
que en Portugal estaba,
y a la princesa de vestir le daba.
GANDIA: Su alteza por agora
te puede perdonar, si no mejora425
tu salud.
ISABEL: Vamos, luego,
que el alma en vivo fuego
se abrasa ya por veros,
que quiere esta piedad agradeceros
sin salir de Gandía.430
GANDIA: Haz, Arnesto, que vuelvan este día
prevención y crïados,
…………………. [ -ados].
Ve en mis brazos fïada.
JAIME: ¡Que deshaga un caballo una jornada!435
Vanse. Salen el PRÍNCIPE de Portugal y el duque de ABEIRO y acompañamiento
PRINCIPE: Como quien sois servís.
ABEIRO: Dame tu mano
que es para mí el favor más soberano.
PRINCIPE: A don Juan de Alencastro, como a primo
los brazos doy.
ABEIRO: Ese favor estimo.
PRINCIPE: ¡Llega la princesa!440
ABEIRO: ¡Gloria ilustrada!
PRINCIPE: Decid, duque de Abeiro, la jornada.
ABEIRO: La princesa doña Juana,
serenísima señora,
gloria y honra de Castilla
y tu dignísima esposa,445
con la mayor majestad,
mayor aparato y pompa
que hasta hoy se ha mirado en libro
ni encarecido en historias,
servida de la grandeza450
castellana, que era en tropas
pedazos de primaveras
con que los campos se adornan,
al breve ambiguo cristal,
muro excelso y raya poca455
que a los dos reinos divide,
prodigios de Babilonia,
llegó, modesta y divina,
gallarda, altiva y hermosa,
con majestades de sol460
y con imperios de aurora.
Un melado palafrén,
bañado de negras moscas,
–o de abejas, que acreditan
los néctares de la boca–465
cuya gualdrapa, anegada
ya por las piedras y aljófar,
la tela ver no permite
ni que el color se conozca.
Breve nube de aquel Alba,470
era de aquel sol carroza,
altar de aquella deidad,
y de aquel ángel custodia.
Don Diego López Pacheco,
marqués, duque de Escalona,475
de la rienda le traía,
a quien don Pedro de Acosta,
por sus virtudes y letras
dignísimo obispo de Osma,
acompañaba, que en él480
Carlos sus poderes copia.
A éstos los nobles seguían,
en los bordados y joyas,
si no ostentación bizarra,
cortesana vana gloria.485
El portentoso animal,
dando en el crin y la cola
golfos de oro, que atrevido
el aire desparce en ondas,
si águila no parecía,490
que otra Ganímedes roba,
Júpiter se hace caballo
en la castellana Europa,
y tan soberbio y tan vano
los escarceos informan,495
que la majestad se finge
que en sus espaldas se asoma.
Vieras entonces los campos
fingir turquescas alfombras,
con las soberbias libreas500
y con las galas costosas,
que en los colores y plumas
parecen valles y rocas,
almendros, por ser del marzo,
que en un día se malogran.505
Unos aquí mieses fingen
pespuntadas de amapolas,
cuando en océanos verdes
son de los vientos lisonjas.
No se han visto eternamente510
confusiones tan hermosas,
ni jamás tan bien lograda
primavera de dos horas.
Llegué, llevando conmigo
la ilustrísima persona515
del obispo de Coímbra,
don Fray Juan Suárez, gloria
de la observancia agustina,
y piedra de su corona;
y hechas en la real entrega520
las dispuestas ceremonias,
nunca con mayor grandeza
ni jamás con tal concordia,
el duque me dio la rienda,
donde un Faetón me transforman525
los rayos del sol que guío
por precipicios de sombras.
Aquí tumultos oyeras,
y aquí vieras, en discordias
de las dos lenguas mezcladas530
alegrías y congojas;
porque “¡Viva la princesa!”
dijo Portugal, y en roncas
voces Castilla, de envidia
o de sentimiento, llora.535
Soberana me pregunta,
como quedaba en Lisboa
el príncipe mi señor,
y aguarda a que le responda
concediéndome la sangre540
y púrpura vergonzosa,
porque no le profanaran
cortinas que al rostro corran.
Tras mí en el limpio viril
todas las reliquias dora545
siendo el obispo el postrero,
que por prelado le toca.
Con real grandeza entró en Yelves,
donde su alteza reposa
aquella noche, por ver,550
soberbia arrogancia y loca,
ganar aplausos de día
con privilegios de antorcha.
Proseguimos las jornadas,
siendo los caminos copias555
de abejas, cuando en sus cuadras
unas tropiezan en otras,
los piquillos iluminan
con las flores que destrozan.
Llegamos así a la villa560
de Estremoz, donde se apoyan
los aparatos y triunfos
de las romanas colonias,
donde aguardándola estaba
el rey, mi señor, con toda565
la gloria de Portugal,
lisonjera de su gloria.
En sus brazos la recibe,
y ella a sus plantas se postra,
quedando en tanta humildad570
la majestad más gloriosa.
No me detengo en las fiestas
por referirte que en Cogna
se ha embarcado en un jardín,
que sobre el Tajo se forma,575
prevención porque no vea,
que crespos cristales corta,
pasadizo de tres leguas,
dispuesto en leños que brotan
fugitivas primaveras580
en las cristalinas ondas.
Es un corriente pensil,
que es un milagro que a Roma,
Efeso y la insigne Egipto
da admiración, que con todas585
las maravillas del mundo
puede competir heroica;
pero ser de Portugal
para encarecerlo sobra.
De este, ceñida de oliva,590
cándida y mansa paloma,
el águila de Austria sale
a ser sacra precursora
en tus reinos de la paz
y de la misericordia.595
Plega a Dios que entre sus brazos
vivas edades notorias,
sin pedir siglos al fénix
ni incendios a sus aromas,
dándole a Portugal Juana,600
a tus quinas vencedoras
Alfonsos, a la fe espadas,
a la majestad memorias,
a los soberbios castigos,
a los humildes coronas,605
nietos a tu heroico abuelo,
al César triunfantes glorias,
remedo de sus hazañas
y amagos de sus victorias.
PRINCIPE: Y a vos, don Juan de Alencastro,610
plega a Dios que el cielo os oiga.
ABEIRO: Oiráme el cielo, señor.
Su alteza a la puerta asoma;
la artillería hace salva
al castillo con gran pompa.615
PRINCIPE: Y él le paga en consonantes
que en preñados versos copia.
Ya mi armada la recibe.
ABEIRO: Sólo pudiera Lisboa
hacer tal demostración.620
PRINCIPE: Mis deseos la provocan.
Salen delante bailando a la princesa [doña JUANA] y a una esquina del tablado el PRÍNCIPE, y después de haber cantado se llega uno a otro. Cantan
MUSICOS: “Venga [ya] muito en buen hora
la princesa doña Juana,
ainda que es castellana,
y las almas enamora.”625
PRINCIPE: La mano me dé a besar
vuestra alteza.
JUANA: Vuestra alteza
no esté así.
PRINCIPE: ¡Rara belleza!
Luciendo cortesía y entrambos hincándose de rodillas
JUANA: Señor, éste es mi lugar.
Así estaremos los dos,630
señor.
PRINCIPE: Así estoy triunfando.
Y así estoy venerando
la omnipotencia de Dios.
JUANA: Dejad, gran señor, los pies.
PRINCIPE: Portugués me considero.635
JUANA: Aunque portugués os quiero,
no os quiero tan portugués.
PRINCIPE: La mano os vengo a pedir.
JUANA: La vuestra me da a mí honor.
PRINCIPE: Esto es premio.640
JUANA: Esto es amor.
PRINCIPE: Esto es amar.
JUANA: Esto es sentir.
Los MUSICOS [se] van cantando la misma copla y todos éntranse; y salen el CONDESTABLE y don DIEGO
CONDESTABLE: Aumente el cielo los años
eternidades de siglos
hoy en los años del César
que cumple cincuenta y cinco.645
DIEGO: Bruselas se descompone,
todo es fiesta y regocijo.
Victoria de tantos años
honran con risas y gritos.
De él se han derivado en Carlos650
las suertes y los prodigios.
Mas ya se sale vistiendo
el máximo Carlos Quinto.
Sale [el EMPERADOR] Carlos
EMPERADOR: Mucho a Bruselas le debo.
CONDESTABLE: Eres su monarca.655
EMPERADOR: He sido
siempre su padre piadoso.
Bien en tu favor lo he visto;
el primer César te llaman.
EMPERADOR: Fuera esto ofender al Quinto.
Yo pagaré tanto amor.660
CONDESTABLE: Mis músicos he traído
y en la antecámara están.
EMPERADOR: Siempre os veo en mi servicio
y en mis gustos diligente.
Canten, que gusto de oírlos.665
CONDESTABLE: ¡Hola, cantad! Que ya os oye
su majestad.
EMPERADOR: De mí mismo
hoy como el fénix renazco,
que aún no me faltan los bríos.
Salen los MÚSICOS
MUSICOS: “De trece años Carlos Quinto670
bajó a Castilla de Flandes,
y con majestad en ella
venció las Comunidades”.
CONDESTABLE: Llegad.
EMPERADOR: Denles cien escudos
por cada triunfo que canten,675
que aunque es tan modesto el precio,
la cantidad será grande
si aquí los refieren todos
y aún espero acrecentarles,
Conde, desde hoy otros muchos.680
CONDESTABLE: Mil años el cielo os guarde.
MUSICOS: “Vence Carlos en Pavía
al rey Francisco de Francia,
más facción de su fortuna
que del marqués de Pescara”.685
EMPERADOR: Dicen verdad, que en mí estuvo
el valor y la constancia.
De aquel triunfo canten más
que de buen gusto los cantan.
MUSICOS: “Desafió Carlos Quinto690
desde Viena a Celín,
cuerpo a cuerpo en la campaña
y no se atrevió a salir”.
EMPERADOR: ¡Y cómo que fue verdad,
y cómo que pasó así!695
No estuve, Conde, en mi vida
con más gana de reñir
que entonces, y lo matara,
según bizarro me vi.
No he sentido, ¡vive Dios!,700
cosa tanto como allí
no pelear cuerpo a cuerpo
con él; pero vióme en fin.
MUSICOS: “A los pies de Carlos Quinto
está [Lansgrave] y Sajonia,705
medrosos de su justicia
pidiendo misericordia”.
EMPERADOR: Siempre fui con los rendidos
piadoso, que las historias,
si con el valor se adquieren,710
con la clemencia se adornan.
MUSICOS: “Ya Barbarroja soberbio,
sangriento y vencido en Túnez,
entre los brazos del César
piedad a voces le pide”.715
Canta dentro ANDRÉS de Cuacos
ANDRES: “Pobre nací y pobre me vi,
y pobre me estoy;
y dáseme un cornado
del emperador”.
DIEGO: ¿Hay mayor atrevimiento?720
CONDESTABLE: ¿Hay desvergüenza mayor?
DIEGO: La posta es.
CONDESTABLE: ¡Hola, matadle!
EMPERADOR: ¡Terrible resolución!
No le ofendáis, que hoy no es día
de fiereza ni rigor.725
CONDESTABLE: Ha sido gran desacato.
EMPERADOR: Interrumpir lo peor
a vuestra música ha sido,
Conde, con tan mala voz.
¿Qué no se le da un cornado730
de mí dijo, como oyó
cantar mis triunfos? Merece
mi clemencia y mi perdón.
Traedle, que quiero verle.
CONDESTABLE: ¿Hay tal hombre? Entre el cantor,735
que le quiere ver el César.
Sale ANDRÉS
ANDRES: No ha sido el cantar error.
CONDESTABLE: Ha sido gran desvergüenza
……………… [ -ó].
EMPERADOR: Dejadle. ¿Qué hacéis la posta?740
…………….. [ – ó].
ANDRES: Yo, señor, sí… porque… cuando…
EMPERADOR: Sosegaos.
ANDRES: Como estoy,
cuando me juzgáis culpado,
en vuestra presencia, y vos745
estáis, como dicen todos
estáis en lugar de Dios…
EMPERADOR: No temáis, decidlo, amigo.
………………. [ -ó].
ANDRES: Del mundo desengañado,750
que es enemigo mayor,
viendo que da los pesares
como los bienes nos dio,
hago burla del cantado
y digo aquesta canción.755
EMPERADOR: Decidla, que yo os perdono,
y ha de ser en alta voz.
ANDRES: Soy músico muy novicio.
EMPERADOR: Para mí sois el mejor.
[Canta]
ANDRES: “Pobre nací, pobre, viví,760
y pobre me estoy;
y dáseme un cornado
del Emperador”.
EMPERADOR: ¿Cómo, juzgándoos tan pobre,
de mí no se os da un cornado?765
ANDRES: Señor, porque cuando muera
serán menester mis cargos,
y en un cornado no estimo,
si allá habéis de ser juzgado
como el más pobre, el más vil,770
el más humilde, el más bajo,
vuestros imperios.
EMPERADOR: ¡Bien dice!
¿Mas el ser pobre es ser santo?
ANDRES: No, señor; antes los pobres
somos impacientes, vanos,775
envidiosos, fementidos,
viles, crüeles, ingratos,
y humanamente demonios,
no siéndolo voluntarios.
Mas yo, señor, siendo pobre,780
sólo de salvarme trato,
que al fin se canta la gloria,
y esto advierte en lo que canto.
EMPERADOR: ¿Cuánto ha que soldado sois?
ANDRES: Pienso que diez y seis años.785
EMPERADOR: ¡Diez y seis años! ¡Qué bien!
…………………… [ -a-o].
ANDRES: Y tanto, que de los quince,
vuestras glorias acompaño.
EMPERADOR: ¿Treinta y un años tenéis?790
ANDRES: Señor, sí, que tantos años
tres mil setenta y dos meses,
y en semanas dilatados
son cuatro mil y trescientas
y cuarenta. Éstas sumando795
en días son dos millones
y ciento y treinta y si paso
a reducirlas a horas,
son las que por mí han pasado
cuarenta y nueve millones800
de horas. Si a medios o cuartos
las reduzco, vendrá a ser
el número imaginado
infinito; si tú tienes
de dar cuenta de tus años,805
meses, semanas y días,
horas, medias horas, cuartos,
y el menor espacio de estos
contener puede un pecado,
que los delitos y ofensas810
salen en tan breve espacio,
¿por qué no quieres que diga
que no se me da un cornado
del Emperador?
EMPERADOR: ¿No oís
lo que dice? ¡Castigadlo!815
ANDRES: Porque sepas, gran señor,
como mi remedio trato,
quiero que veáis un libro
que en mi fardellito traigo.
Lea vuestra majestad.820
Saca un libro de un fardel viejo
CONDESTABLE: Ciérralo allá.
EMPERADOR: No hagáis caso
jamás de la guarnición
del libro, conde. Mirarlo
por lo escrito es lo que importa,
que no está en lo encuadernado825
lo que viene.
ANDRES: La letra
es mala.
Lee [el EMPERADOR] Carlos
EMPERADOR: “Breve sumario
del tiempo que Dios me dio
para ver como le gasto”.
ANDRES: Años, meses, días, horas,830
desde que discurso alcanzo,
tengo en ese libro escritas,
donde no se me ha pasado
el instante más pequeño
ni el pensamiento más vario.835
Vedlo bien.
EMPERADOR: ¡Extraña cosa!
CONDESTABLE: ¡Cuenta estrecha!
EMPERADOR: ¡Hombre extraño!
Lee
“Ano de mil quinientos,
lunes catorce de mayo,
día de San Valentín,840
llegaste…” Adelante paso.
“Jueves a veinte de enero
del años de treinta, estando
el imperial escuadrón
sobre Lasartas, el cuarto845
de la modorra me cupo;
éste le pasé rezando
el Rosario de la Virgen
y por las ánimas cuatro.
Llovió y nevó sin cesar,850
y de impaciente di al diablo
al César y al de Alba…”
ANDRES: Es cierto.
Lee
EMPERADOR: “Dejé la posta y mojado
llegué al cuartel, donde estuve
a la lumbre murmurando855
de mi alférez; recostéme
a reposar sobre un banco;
recordé, y dando las ocho
fuimos a tomar un trago
mis camaradas y yo,860
en que media hora gastamos
en conversación honesta
y en porfía de los campos.
Hasta las nueve estuvimos
en misa, y nos apartamos…”865
ANDRES: ¿Hay tan gran puntualidad
y cansancio?
EMPERADOR: Es buen cansancio.
Lee
“Año de nueve en Amberes.
Herido de un mosquetazo
en el hospital entré”.870
ANDRES: Señor, con ese cuidado
está todo.
DIEGO: ¿Hay mayor flema?
ANDRES: La cólera es todo agravios;
y desde que razón tengo,
esta cuenta y razón guardo,875
que en este reloj de arena
cuento las horas por granos.
EMPERADOR: Este hombre no es el que habla.
Matías mueve sus labios,
y en su día y en mi día880
me advierte estos desengaños.
Y si juzgado he de ser,
no como un hombre ordinario,
sino como un César loco,
¿qué me detengo? ¿Qué aguardo?885
¿De dónde sois?
ANDRES: Extremeño.
EMPERADOR: ¿Habéís sido buen soldado?
ANDRES: Pienso que sí.
EMPERADOR: Pues, decid,
¿cómo oficio en tantos años
no habéis tenido?890
ANDRES: Señor,
porque no le he procurado.
EMPERADOR: Mucha modestia es la vuestra.
¿Tenéis papeles?
ANDRES: De asaltos
y de facciones honrosas,
de hechos extraordinarios,895
tengo mis fes, y otras tantas
certificaciones traigo.
EMPERADOR: Pues sed desde hoy capitán.
ANDRES: Vivas, soberano Carlos,
mil siglos en que te sirva,900
mas sin oficio ni cargos.
Perdóname, que no quiero
trocar a ajenos cuidados
los míos; antes quisiera
retirarme a ser donado905
a un convento. Esto procuro;
………………. [ -a-o]
temo el no me recibir
y así quiero suplicaros
me hagáis merced de una carta,910
gran señor, facilitando
este impedimento.
EMPERADOR: ¿Y dónde
imagináis retiraros?
ANDRES: En Yuste, que es un convento
que está muy cerca de Cuacos,915
aldea donde nací,
y porque, señor, me llamo
Andrés de Cuacos.
EMPERADOR: ¿Convento
hay allí?
ANDRES: Puedo llamarlo
cielo, paraíso, donde920
bebe en naturales cuadros
la tierra el aura apacible
de diamante y topacios.
Reino es de la primavera,
jerarquía de hermitaños925
jerónimos.
EMPERADOR: En este hombre
los cielos me están hablando.
Escribir quiero a Felipe.
Vea su sitio y si acaso
es a propósito, quiero930
darme en él a Dios en cambio
de tan malogrados días,
de tan perdidos años.
¡Andrés de Cuacos!
ANDRES: ¿Señor?
EMPERADOR: La vuelta de España trato.935
Conmigo iréis, y en ella
veremos juntos los claustros
de Yuste, donde podrán
vernos donados a entrambos.
Conde, desde hoy en mis libros940
asienten por mi crïado
a Andrés de Cuacos.
CONDESTABLE: ¿Y en qué
oficio han de ocuparlo?
EMPERADOR: De músico ha de servir
de mi cámara.945
ANDRES: Yo canto
como veis.
EMPERADOR: Por lo que he visto,
amigo, músico os hago
de mi cámara; que quiero
que siempre me estéis cantando
esa canción, que por ella950
veré que vale un cornado
más que una imperial corona.
Pero es oro, y ella es barro.
DIEGO: El César se ha enternecido.
CONDESTABLE: Pues, tratemos de alegrarlo,955
y a aguardar los parlamentos
y las fiestas.
EMPERADOR: ¿Dónde vamos,
que hoy es el día que triunfo,
pues que de mí voy triunfando?
ANDRES: Y yo la alabarda dejo,960
si vuestro cantor me llamo.
EMPERADOR: Andrés, con tan mala voz
cantar tan bien es milagro.
Desde hoy el mundo ha de ver
la mayor victoria en Carlos.965
