La gran Sultana, Doña Catalina de Oviedo — Jornada I

LA GRAN SULTANA,
DOÑA CATALINA DE OVIEDO

Miguel de Cervantes

Texto basado en la edición príncipe, LA GRAN SULTANA en OCHO COMEDIAS Y OCHO ENTREMESES NUEVOS NUNCA REPRESENTADOS, COMPUESTAS POR MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA (Madrid: Viuda de Alonso Martín, 1615). Fue editado en forma electrónica por Vern G. Williamsen en 1997.


Personas que hablan en ella:

  • SALEC, turco renegado
  • ROBERTO, renegado
  • Un ALÁRABE
  • El gran TURCO
  • Un PAJE, vestido a lo turquesco
  • Tres GARZONES
  • MAMÍ, eunuco
  • RUSTÁN, eunuco
  • Doña Catalina de Oviedo, gran SULTANA
  • MADRIGAL, cautivo
  • ANDREA, espía
  • Dos JUDÍOS
  • Un EMBAJADOR de Persia
  • Dos MOROS
  • El gran CADÍ
  • Cuatro BAJAES ancianos
  • Clara, llamada ZAIDA
  • ZELINDA, que es Lamberto
  • CRISTIANO, un cautivo anciano, El padre de la gran SULTANA
  • Dos MÚSICOS

JORNADA PRIMERA


Sale SALEC, turco, y ROBERTO, vestido a lo griego, y, detrás dellos, un ALÁRABE, vestido de un alquicel; trai en una lanza muchas estopas, y en una varilla de membrillo, en la punta, un papel como billete, y una velilla de cera encendida en la mano; este tal ALÁRABE se pone al lado del teatro, sin hablar palabra, y luego dice ROBERTO
ROBERTO: La pompa y majestad deste tirano,
sin duda alguna, sube y se engrandece
sobre las fuerzas del poder humano.
Mas, ¿qué fantasma es esta que se ofrece,5
coronada de estopas media lanza?
Alárabe en el traje me parece.
SALEC: Tienen aquí los pobres esta usanza
cuando alguno a pedir justicia viene
(que sólo el interés es quien la alcanza):10
de una caña y de estopas se previene,
y cuando el Turco pasa enciende fuego,
a cuyo resplandor él se detiene;
pide justicia a voces, dale luego
lugar la guarda, y el pobre, como jara,15
arremete turbado y sin sosiego,
y en la punta y remate de una vara
al Gran Señor su memorial presenta,
que para aquel efecto el paso para.
Luego, a un bello garzón, que tiene cuenta20
con estos memoriales, se le entrega,
que, en relación, después, dellos da cuenta;
pero jamás el término se llega
del buen despacho destos miserables,
que el interés le turba y se le niega.25
ROBERTO: Cosas he visto aquí que de admirables
pueden al más gallardo entendimiento
suspender.
SALEC: Verás otras más notables.
Ya está a pie el Gran Señor; puedes atento
verle a tu gusto, que el cristiano puede30
mirarle rostro a rostro a su contento.
A ningún moro o turco se concede
que levante los ojos a miralle,
y en esto a toda majestad excede.
[Salen] a este instante el gran TURCO con mucho acompañamiento; delante de sí lleva un PAJE vestido a lo turquesco, con una flecha en la mano, levantada en alto, y detrás del [gran] TURCO van otros dos GARZONES con dos bolsas de terciopelo verde, donde ponen los papeles que el [gran] TURCO les da35
ROBERTO: Por cierto, él es mancebo de buen talle,
y que, de gravedad y bizarría,
la fama, con razón, puede loalle.
SALEC: Hoy hace la zalá en Santa Sofía,
ese templo que ves, que en la grandeza40
excede a cuantos tiene la Turquía.
ROBERTO: A encender y a gritar el moro empieza;
el Turco se detiene mesurado,
señal de pïedad como de alteza.
El moro llega; un memorial le ha dado;45
el Gran Señor le toma y se le entrega
a un bel garzón que casi trai al lado.
En tanto que esto dice ROBERTO y el [gran] TURCO pasa, tiene SALEC doblado el cuerpo y inclinada la cabeza, sin miralle al rostro
SALEC: Esta audiencia al que es pobre no se niega.
¿Podré alzar la cabeza?
ROBERTO: Alza y mira,
que ya el Señor a la mezquita llega,50
cuya grandeza desde aquí me admira.
[Vase] el gran [TURCO con su acompañamiento], y queda[n] en el teatro SALEC y ROBERTO
SALEC: ¿Qué te parece Roberto,
de la pompa y majestad
que aquí se te ha descubierto?
ROBERTO: Que no creo a la verdad,55
y pongo duda en lo cierto.
SALEC: De a pie y de a caballo, van
seis mil soldados.
ROBERTO: Sí irán.
SALEC: No hay dudar, que seis mil son.
ROBERTO: Juntamente, admiración60
y gusto y asombro dan.
SALEC: Cuando sale a la zalá
sale con este decoro;
y es el día del xumá,
que así al viernes llama el moro.65
ROBERTO: ¡Bien acompañado va!
Pero, pues nos da lugar
el tiempo, quiero acabar
de contarte lo que ayer
comencé a darte a entender.70
SALEC: Vuelve, amigo, a comenzar.
ROBERTO: Aquel mancebo que dije
vengo a buscar: que le quiero
más que al alma por quien vivo,
más que a los ojos que tengo.75
Desde su pequeña edad,
fui su ayo y su maestro,
y del templo de la fama
le enseñé el camino estrecho;
encaminéle los pasos80
por el angosto sendero
de la virtud; tuve a raya
sus juveniles deseos;
pero no fueron bastantes
mis bien mirados consejos,85
mis persecuciones cristianas,
del bien y mal mil ejemplos,
para que, en mitad del curso
de su más florido tiempo,
amor no le saltease,90
monfí de los años tiernos.
Enamoróse de Clara,
la hija de aquel Lamberto
que tú en Praga conociste,
teutónico caballero.95
Sus padres y su hermosura
nombre de Clara la dieron;
pero quizá sus desdichas
en escuridad la han puesto.
Demandóla por esposa,100
y no salió con su intento;
no porque no fuese igual
y acertado el casamiento,
sino porque las desgracias
traen su corriente de lejos,105
y no hay diligencia humana
que prevenga su remedio.
Finalmente, él la sacó:
que voluntades que han puesto
la mira en cumplir su gusto,
pierden respetos y miedos.110
Solos y a pie, en una noche
de las frías del invierno,
iban los pobres amantes,
sin saber adónde, huyendo;
y, al tiempo que ya yo había115
echado a Lamberto menos
(que éste [es] el nombre del triste
que he dicho que a buscar vengo),
con aliento desmayado,
de un frío sudor cubierto120
el rostro, y todo turbado,
ante mis ojos le veo.
Arrojóseme a los pies,
la color como de un muerto,
y, con voz interrumpida125
de sollozos, dijo: “Muero,
padre y señor, que estos nombres
a tus obras se los debo.
A Clara llevan cautiva
los turcos de Rocaferro.130
Yo, cobarde; yo, mezquino
y un traidor, que no lo niego,
hela dejado en sus manos,
por tener los pies ligeros.
Esta noche la llevaba135
no sé adónde, aunque sé cierto
que, si fortuna quisiera,
fuéramos los dos al cielo.”
A la nueva triste y nueva,
en un confuso silencio140
quedé, sin osar decirle:
“Hijo mío, ¿cómo es esto?”
De aquesta perplejidad
me sacó el marcial estruendo
del rebato a que tocaron145
las campanas en el pueblo.
Púseme luego a caballo,
salió conmigo Lamberto
en otro, y salió una tropa
de caballos herreruelos.150
Con la escuridad, perdimos
el rastro de los que hicieron
el robo de Clara, y otros
que con el día se vieron.
Temerosos de celada,155
no nos apartamos lejos
del lugar, al cual volvimos
cansados y sin Lamberto.
SALEC: Pues, ¿cómo? ¿Quedóse aposta?
ROBERTO: Aposta, a lo que sospecho,160
porque nunca ha parecido
desde entonces, vivo o muerto.
Su padre ofreció por Clara
gran cantidad de dinero,
pero no le fue posible165
cobrarla por ningún precio.
Díjose por cosa cierta
que el turco que fue su dueño
la presentó al Gran Señor
por ser hermosa en estremo.170
Por saber si esto es verdad,
y por saber de Lamberto,
he venido como has visto
aquí en hábito de griego.
Sé hablar la lengua de modo175
que pasar por griego entiendo.
SALEC: Puesto que nunca la sepas,
no tienes de qué haber miedo:
aquí todo es confusión,
y todos nos entendemos180
con una lengua mezclada
que ignoramos y sabemos.
De mí no te escaparás,
pues cuando te vi, al momento
te conocí.185
ROBERTO: ¡Gran memoria!
SALEC: Siempre la tuve en extremo.
ROBERTO: Pues, ¿cómo te has olvidado
de quién eres?
SALEC: No hablemos
en eso agora: otro día
de mis cosas trataremos;190
que, si va a decir verdad,
yo ninguna cosa creo.
ROBERTO: Fino ateísta te muestras.
SALEC: Yo no sé lo que me muestro;
sólo sé que he de mostrarte,195
con obras al descubierto,
que soy tu amigo, a la traza
como lo fui en algún tiempo;
y, para saber de Clara,
un eunuco del gobierno200
del serrallo del Gran Turco
podrá hacerme satisfecho,
que es mi amigo. Y, entre tanto,
puedes mirar por Lamberto:
quizá, como tuvo el alma,205
también tendrá preso el cuerpo.
[Vanse]. Salen MAMÍ y RUSTÁN, eunucos
MAMÍ: Ten, Rustán, la lengua muda,
y conmigo no autorices
tu fe, de verdad desnuda,
pues mientes en cuanto dices,210
y eres cristiano, sin duda:
que el tener ansí encerrada
tanto tiempo y tan guardada
a la cautiva española,
es señal bastante y sola215
que tu intención es dañada.
Has quitado al Gran Señor
de gozar la hermosura
que tiene el mundo mayor,
siendo mal darle madura220
fruta, que verde es mejor.
Seis años ha que la celas
y la encubres con cautelas
que ya no pueden durar,
y agora por desvelar225
esta verdad te desvelas.
Pero, ¡espera, perro, aguarda,
y verás de qué manera
la fe al Gran Señor se guarda!
RUSTÁN: ¡Mamí amigo, espera, espera!230
MAMÍ: Llega el castigo, aunque tarda;
y el que sabe una traición,
y se está sin descubrilla
algún tiempo, da ocasión
de pensar si en consentilla235
tuvo parte la intención.
La tuya he sabido hoy,
y así, al Gran Señor me voy
a contarle tu maldad.
[Vase] MAMÍ
RUSTÁN: No hay negalle esta verdad;240
por empalado me doy.
Sale Doña Catalina de Oviedo, gran SULTANA, vestida a la turquesca
SULTANA: Rustán, ¿qué hay?
RUSTÁN: Mi señora,
de nuestra temprana muerte
es ya llegada la hora:
que así el alma me lo advierte,
pues en mi costancia llora;245
que, aunque parezco mujer,
nunca suelo yo verter
lágrimas que den señal
de grande bien o gran mal,
como suele acontecer.
Mamí, señora, ha notado,
con astucia y con maldad,250
el tiempo que te he guardado,
y ha juzgado mi lealtad
por traición y por pecado.
Al Gran Señor va derecho
a contar por malo el hecho
que yo he tenido por bueno,255
de malicia y rabia lleno
el siempre maligno pecho.
SULTANA: ¿Qué hemos de hacer?
RUSTÁN: Esperar
la muerte con la entereza
que se puede imaginar,
aunque sé que a tu belleza260
sultán ha de respetar.
No te matará sultán;
quien muera será Rustán,
como deste caso autor.
SULTANA: ¿Es crüel el Gran Señor?
RUSTÁN: Nombre de blando le dan;265
pero, en efecto, es tirano.
SULTANA: Con todo, confío en Dios,
que su poderosa mano
ha de librar a los dos
deste temor, que no es vano;
y si estuvieren cerrados
los cielos por mis pecados,270
por no oír mi petición,
dispondré mi corazón
a casos más desastrados.
No triunfará el inhumano
del alma; del cuerpo, sí,
caduco, frágil y vano.275
RUSTÁN: Este suceso temí
de mi proceder cristiano.
Mas no estoy arrepentido;
antes, estoy prevenido
de paciencia y sufrimiento
para cualquiera tormento.280
SULTANA: Con mi intención has venido.
Dispuesta estoy a tener
por regalo cualquier pena
que me pueda suceder.
RUSTÁN: Nunca a muerte se condena
tan gallardo parecer.285
Hallarás en tu hermosura,
no pena, sino ventura;
yo, por el contrario estremo,
hallaré, como lo temo,
en el fuego sepultura.
SULTANA: Bien podrá ofrecerme el mundo
cuantos tesoros encierra290
la tierra y el mar profundo;
podrá bien hacerme guerra
el contrario sin segundo
con una y otra legión
de su infernal escuadrón;
pero no podrán, Dios mío,295
como yo de vos confío,
mudar mi buena intención.
En mi tierna edad perdí,
Dios mío, la libertad,
que aun apenas conocí;
trújome aquí la beldad,300
Señor, que pusiste en mí;
si ella ha de ser instrumento
de perderme, yo consiento,
petición cristiana y cuerda,
que mi belleza se pierda
por milagro en un momento;305
esta rosada color
que tengo, según se muestra
en mi espejo adulador,
marchítala con tu diestra;
vuélveme fea, Señor;
que no es bien que lleve palma
de la hermosura del alma310
la del cuerpo.
RUSTÁN: Dices bien.
Mas no es bien que aquí se estén
nuestros sentidos en calma,
sin que demos traza o medio
de buscar a nuestra culpa
o ya disculpa, o remedio.315
SULTANA: Del remedio a la disculpa
hay grandes montes en medio.
Vámonos a apercebir,
amigo, para morir
cristianos.
RUSTÁN: Remedio es ése
del más subido interese320
que al Cielo puedes pedir.
[Vanse]. Salen MAMÍ, el eunuco, y el gran TURCO
MAMÍ: Morato Arráez, Gran Señor,
te la presentó, y es ella
la primera y la mejor
que del título de bella
puede llevarse el honor.325
De tus ojos escondido
este gran tesoro ha sido
por industria de Rustán
seis años, y a siete van,
según la cuenta he tenido.
TURCO: ¿Y del modo que has contado
es hermosa?330
MAMÍ: Es tan hermosa
como en el jardín cerrado
la entreabierta y fresca rosa
a quien el sol no ha tocado;
o como el alba serena,
de aljófar y perlas llena,
al salir del claro Oriente;335
o como sol al Poniente,
con los reflejos que ordena.
Robó la naturaleza
lo mejor de cada cosa
para formar esta pieza,
y así, la sacó hermosa340
sobre la humana belleza.
Quitó al cielo dos estrellas,
que puso en las luces bellas
de sus bellísimos ojos,
con que de amor los despojos
se aumentan, pues vive en ellas.345
El todo y sus partes son
correspondientes de modo,
que me muestra la razón
que en las partes y en el todo
asiste la perfección.
Y con esto se conforma
el color, que hace la forma350
hermosa en un grado inmenso.
TURCO: Este loco, a lo que pienso,
de alguna diosa me informa.
MAMÍ: A su belleza, que es tanta
que pasa al imaginar,
su discreción se adelanta.355
TURCO: Tú me la harás adorar
por cosa divina y santa.
MAMÍ: Tal jamás la ha visto el sol,
ni otra fundió en su crisol
el cielo que la compuso;
y, sobre todo, le puso360
el desenfado español.
Digo, señor, que es divina
la beldad desta cautiva,
en el mundo peregrina.
TURCO: De verla el deseo se aviva.
¿Y llámase?365
MAMÍ: Catalina,
y es de Oviedo el sobrenombre.
TURCO: ¿Cómo no ha mudado el nombre,
siendo ya turca?
MAMÍ: No sé;
como no ha mudado fe,
no apetece otro renombre.
TURCO: ¿Luego, es cristiana?
MAMÍ: Yo hallo
por mi cuenta que lo es.370
TURCO: ¿Cristiana, y en mi serrallo?
MAMÍ: Más deben de estar de tres;
mas, ¿quién podrá averiguallo?
Si otra cosa yo supiera,
como aquésta, la dijera,
sin encubrir un momento375
dicho o hecho o pensamiento
que contra ti se ofreciera.
TURCO: Descuido es vuestro y maldad.
MAMÍ: Yo sé decir que te adoro
y sirvo con la lealtad
y con el justo decoro380
que debo a tu majestad.
TURCO: Al serrallo iré esta tarde
a ver si hiela o si arde
la belleza única y sola
de tu alabada española.
MAMÍ: Mahoma, señor, te guarde.385
[Vanse] estos dos. Salen MADRIGAL, cautivo, y ANDR[EA], en hábito de griego
MADRIGAL: ¡Vive Roque, canalla barretina,
que no habéis de gozar de la cazuela,
llena de boronía y caldo prieto!
ANDREA: ¿Con quién las has, cristiano?
MADRIGAL: No con naide.
¿No escucháis la bolina y la algazara
que suena dentro desta casa?390
Dice dentro un JUDÍO
JUDÍO [1]: ¡Ah perro!
¡El Dío te maldiga y te confunda!
¡[J]amás la libertad amada alcances!
ANDREA: Di: ¿por qué te maldicen estos tristes?
MADRIGAL: Entré sin que me viesen en su casa,
y en una gran cazuela que tenían395
de un guisado que llaman boronía,
les eché de tocino un gran pedazo.
ANDREA: Pues, ¿quién te lo dio a ti?
MADRIGAL: Ciertos jenízaros
mataron en el monte el otro día
un puerco jabalí, que le vendieron400
a los cristianos de Mamud Arráez,
de los cuales compré de la papada
lo que está en la cazuela sepultado
para dar sepultura a estos malditos,
con quien tengo rencor y mal talante;405
a quien el diablo pape, engulla y sorba.
Pónese un JUDÍO a la ventana
JUDÍO [1]: ¡Mueras de hambre, bárbaro insolente;
el cuotidiano pan te niegue el Dío;
andes de puerta en puerta mendigando;
échente de la tierra como a gafo,410
agraz de nuestros ojos, espantajo,
de nuestra sinagoga asombro y miedo,
de nuestras criaturas enemigo
el mayor que tenemos en el mundo!
MADRIGAL: ¡Agáchate, judío!415
JUDÍO [1] ¡Ay, sin ventura,
que entrambas sienes me ha quebrado! ¡Ay triste!
ANDREA: Sí, que no le tiraste.
MADRIGAL: ¡Ni por pienso!
ANDREA: Pues, ¿de qué se lamenta el hideputa?
Dice dentro otro JUDÍO
JUDÍO [2]: Quítate, Zabulón, de la ventana,420
que ese perro español es un demonio,
y te hará pedazos la cabeza
con sólo que te escupa y que te acierte.
¡Guayas, y qué comida que tenemos!
¡Guayas, y qué cazuela que se pierde!425
MADRIGAL: ¿Los plantos de Ramá volvéis al mundo,
canalla miserable? ¿Otra vez vuelves,
perro?
JUDÍO [2]: ¡Qué!, ¿aún no te has ido? ¿Por ventura
quieres atosigarnos el aliento?
MADRIGAL: ¡Recógeme este prisco!430
Dicen dentro
¿No aprovecha
decirte, Zabulón, que no te asomes?
Déjale ya en mal hora; éntrate, hijo.
ANDREA: ¡Oh gente aniquilada! ¡Oh infame, oh sucia
raza, y a qué miseria os ha traído
vuestro vano esperar, vuestra locura435
y vuestra incomparable pertinacia,
a quien llamáis firmeza y fee inmudable
contra toda verdad y buen discurso!
Ya parece que callan; ya en silencio
pasan su burla y hambre los mezquinos.440
Español, ¿conocéisme?
MADRIGAL: Juraría
[q]ue en mi vida os he visto.
ANDREA: Soy Andrea,
la espía.
MADRIGAL: ¿Vos, Andrea?
ANDREA: Sí, sin duda.
MADRIGAL: ¿El que llevó a Castillo y Palomares,
mis camaradas?445
ANDREA: Y el que llevó a Meléndez,
a Arguijo y Santisteban, todos juntos,
y en Nápoles los dejó a sus anchuras,
de la agradable libertad gozando.
MADRIGAL: ¿Cómo me conocistes?
ANDREA: La memoria
tenéis dada a adobar, a lo que entiendo,450
o reducida a voluntad no buena.
¿No os acordáis que os vi y hablé la noche
que recogí a los cinco, y vos quisistes
quedaros por no más de vuestro gusto,
poniendo por escusa que os tenía455
amor rendida el alma, y que una alárabe,
con nuevo cautiverio y nuevas leyes,
os la tenía encadenada y presa?
MADRIGAL: Verdad; y aun todavía tengo el yugo
al cuello, todavía estoy cautivo,460
todavía la fuerza poderosa
de amor tiene sujeto a mi albedrío.
ANDREA: Luego, ¿en balde será tratar yo agora
de que os vengáis conmigo?
MADRIGAL: En balde, cierto.
ANDREA: ¡Desdichado de vos!465
MADRIGAL: Quizá dichoso.
ANDREA: ¿Cómo puede ser esto?
MADRIGAL: Son las leyes
del gusto poderosas sobremodo.
ANDREA: Una resolución gallarda puede
romperlas.
MADRIGAL: Yo lo creo; mas no es tiempo
de ponerme a los brazos con sus fuerzas.470
ANDREA: ¿No sois vos español?
MADRIGAL: ¿Por qué? ¿Por esto?
Pues, por las once mil de malla juro,
y por el alto, dulce, omnipotente
deseo que se encierra bajo el hopo
de cuatro acomodados porcionistas,475
que he de romper por montes de diamantes
y por dificultades indecibles,
y he de llevar mi libertad en peso
sobre los propios hombros de mi gusto,
y entrar triunfando en Nápoles la bella480
con dos o tres galeras levantadas
por mi industria y valor, y Dios delante,
y dando a la Anunciada los dos bucos,
quedaré con el uno rico y próspero;
y no ponerme ahora a andar por trena,485
cargado de temor y de miseria.
ANDREA: ¡Español sois, sin duda!
MADRIGAL: Y soylo, y soylo,
lo he sido y lo seré mientras que viva,
y aun después de ser muerto ochenta siglos.
ANDREA: ¿Habrá quién quiera libertad huyendo?490
MADRIGAL: Cuatro bravos soldados os esperan,
y son gente de pluma y bien nacidos.
ANDREA: ¿Son los que dijo Arguijo?
MADRIGAL: Aquellos mismos.
ANDREA: Yo los tengo escondidos y a recaudo.
MADRIGAL: ¿Qué turba es ésta? ¿Qué ruïdo es éste?495
ANDREA: Es el embajador de los persianos,
que viene a tratar paces con el Turco.
Haceos a aquesta parte mientras pasa.
Entra un EMBAJADOR, vestido como los que andan aquí, y acompáñanle JENÍZAROS; va como turco
MADRIGAL: ¡Bizarro va y gallardo por extremo!
ANDREA: Los más de los persianos son gallardos,500
y muy grandes de cuerpo, y grandes hombres
de a caballo.
MADRIGAL: Y son, según se dice,
los caballos el nervio de sus fuerzas.
¡Plega a Dios que las paces no se hagan!
¿Queréis venir, Andrea?505
ANDREA: Guía adonde
fuere más de tu gusto.
MADRIGAL: Al baño guío
del Uchalí.
ANDREA: Al de Morato guía,
que he de juntarme allí con otra espía.
[Vanse. Sale] el Gran TURCO, RUSTÁN y MAMÍ
TURCO: Flaca disculpa me das
de la traición que me has hecho,510
mayor que se vio jamás.
RUSTÁN: Si bien estás en el hecho,
señor, no me culparás.
Cuando vino a mi poder,
no vino de parecer515
que pudiese darte gusto,
y fue el reservarla justo
a más tomo y mejor ser;
muchos años, Gran Señor,
profundas melancolías520
la tuvieron sin color.
TURCO: ¿Quién la curó?
RUSTÁN: Sedequías,
el judío, tu doctor.
TURCO: Testigos muertos presentas
en tu causa; a fe que intentas525
escaparte por buen modo.
RUSTÁN: Yo digo verdad en todo.
TURCO: Razón será que no mientas.
RUSTÁN: No ha tres días que el sereno
cielo de su rostro hermoso530
mostró de hermosura lleno;
no ha tres días que un ansioso
dolor salió de su seno.
En efecto: no ha tres días
que de sus melancolías
está libre esta española,535
que es en la belleza sola.
TURCO: Tú mientes o desvarías.
RUSTÁN: Ni miento ni desvarío.
Puedes hacer la experiencia
cuando gustes, señor mío.540
Haz que venga a tu presencia:
verás su donaire y brío;
verás andar en el suelo,
con pies humanos, al cielo,
cifrado en su gentileza.
TURCO: De un temor otro se empieza,545
de un recelo, otro recelo.
Mucho temo, mucho espero,
mucho puede la alabanza
en lengua de lisonjero;
mas la lisonja no alcanza550
parte aquí. Rustán, yo quiero
ver esa cautiva luego;
¡ve por ella, y por el dios ciego,
que me tïene asombrado,
que a no ser cual la has pintado,555
que te he de entregar al fuego!
[Vase] RUSTÁN
MAMÍ Si no está en más la ventura
de Rustán, que en ser hermosa
la cautiva, y de hermosura
rara, su suerte es dichosa;560
libre está de desventura.
Desde ahora muy bien puedes
hacerle, señor, mercedes,
porque verás, de aquí a poco,
aquí todo el cielo.565
TURCO: Loco,
a todo hipérbole excedes.
Deja, que es justo, a los ojos
algo que puedan hallar
en tan divinos despojos.
MAMÍ: ¿Qué vista podrá mirar570
de Apolo los rayos rojos
que no quede deslumbrada?
TURCO: Tanta alabanza me enfada.
MAMÍ: Remítome a la experiencia
que has de hacer con la presencia575
désta, en mi lengua, agraviada.
[Salen] RUSTÁN y la SULTANA
RUSTÁN: Háblale mansa y süave,
que importa, señora mía,
porque con todos no acabe.
SULTANA: Daré de la lengua mía580
al santo cielo la llave;
arrojaréme a sus pies;
diré que su esclava es
la que tiene a gran ventura
besárselos.585
RUSTÁN: Es cordura
que en ese artificio des.
SULTANA: Las rodillas en la tierra
y mis ojos en tus ojos,
te doy, señor, los despojos
que mi humilde ser encierra;590
y si es soberbia el mirarte,
ya los abajo e inclino
por ir por aquel camino
que suele más agradarte.
TURCO: ¡Gente indiscreta, ignorante,595
locos, sin duda, de atar,
a quien no se puede hallar,
en ser simples, semejante;
robadores de la fama
debida a tan gran sujeto;600
mentirosos, en efecto,
que es la traición que os infama!
¡Por cierto que bien se emplea
cualquier castigo en vosotros!
MAMÍ: ¡Desdichados de nosotros605
si le ha parecido fea!
TURCO: ¡Cuán a lo humano hablasteis
de una hermosura divina,
y esta beldad peregrina
cuán vulgarmente pintastes!610
¿No fuera mejor ponella
al par de Alá en sus asientos,
hollando los elementos
y una y otra clara estrella,
dando leyes desde allá,615
que con reverencia y celo
guardaremos los del suelo,
como Mahoma las da?
MAMÍ: ¿No te dije que era rosa
en el huerto a medio abrir?620
¿Qué más pudiera decir
la lengua más ingeniosa?
¿No te la pinté discreta
cual nunca se vio jamás?
¿Pudiera decirte más625
un mentiroso poeta?
RUSTÁN: Cielo te la hice yo,
con pies humanos, señor.
TURCO: A hacerla su Hacedor
acertaras.630
RUSTÁN: Eso no:
que esos grandes atributos
cuadran solamente a Dios.
TURCO: En su alabanza los dos
anduvistes resolutos
y cortos en demasía,635
por lo cual, sin replicar,
os he de hacer empalar
antes que pase este día.
Mayor pena merecías,
traidor Rustán, por ser cierto640
que me has tenido encubierto
tan gran tesoro tres días.
Tres días has detenido
el curso de mi ventura;
tres días en mal segura645
vida y penosa he vivido;
tres días me has defraudado
del mayor bien que se encierra
en el cerco de la tierra
y en cuanto vee el sol dorado.650
Morirás, sin duda alguna,
hoy, en este mismo día:
que, a do comienza la mía,
ha de acabar tu fortuna.
SULTANA: Si ha hallado esta cautiva655
alguna gracia ante ti,
vivan Rustán y Mamí.
TURCO: Rustán muera; Mamí viva.
Pero maldigo la lengua
que tal cosa pronunció;660
vos pedís; no otorgo yo.
Recompensaré esta mengua
con haceros juramento,
por mi valor todo junto,
de no discrepar un punto665
de hacer vuestro mandamiento.
No sólo viva Rustán;
pero, si vos lo queréis,
los cautivos soltaréis,
que en las mazmorras están;670
porque a vuestra voluntad
tan sujeta está la mía,
como está a la luz del día
sujeta la escuridad.
SULTANA: No tengo capacidad675
para tanto bien, señor.
TURCO: Sabe igualar el amor
el vos y la majestad.
De los reinos que poseo,
que casi infinitos son,680
toda su juridición
rendida a la tuya veo;
ya mis grandes señoríos,
que grande señor me han hecho,
por justicia y por derecho,685
son ya tuyos más que míos;
y, en pensar no te demandes
esto soy, aquello fui;
que, pues me mandas a mí,
no es mucho que al mundo mandes.690
Que seas turca o seas cristiana,
a mí no me importa cosa;
esta belleza es mi esposa,
y es de hoy más la Gran Sultana.
SULTANA: Cristiana soy, y de suerte,695
que de la fe que profeso
no me ha de mudar exceso
de promesas ni aun de muerte.
Y mira que no es cordura
que entre los tuyos se hable700
de un caso que, por notable,
se ha de juzgar por locura.
¿Dónde, señor, se habrá visto
que asistan dos en un lecho,
que el uno tenga en el pecho705
a Mahoma, el otro a Cristo?
Mal tus deseos se miden
con tu supremo valor,
pues no junta bien Amor
dos que las leyes dividen.710
Allá te avén con tu alteza,
con tus ritos y tu secta,
que no es bien que se entremeta
con mi ley y mi bajeza.
TURCO: En estos discursos entro,715
pues Amor me da licencia;
yo soy tu circunferencia,
y tú, señora, mi centro;
de mí a ti han de ser iguales
las cosas que se trataren,720
sin que en otro punto paren
que las haga desiguales.
La majestad y el Amor
nunca bien se convinieron,
y en la igualdad le pusieron,725
los que hablaron del mejor.
Deste modo se adereza
lo que tú ves despüés:
que, humillándome a tus pies,
te levanto a mi cabeza.730
Iguales estamos ya.
SULTANA: Levanta, señor, levanta,
que tanta humildad espanta.
MAMÍ: Rindióse; vencido está.
SULTANA: Una merced te suplico,735
y me la has de conceder.
TURCO: A cuanto quieras querer
obedezco y no replico.
Suelta, condena, rescata,
absuelve, quita, haz mercedes,740
que esto y más, señora, puedes:
que Amor tu imperio dilata.
Pídeme los imposibles
que te ofreciere el deseo,
que, en fe de ser tuyo, creo745
que los he de hacer posibles.
No vengas a contentarte
con pocas cosas, mi amor;
que haré, siendo pecador,
milagros por agradarte.750
SULTANA: Sólo te pido tres días,
Gran Señor, para pensar…
TURCO: Tres días me han de acabar.
SULTANA: …en no sé qué dudas mías,
que escrupulosa me han hecho,755
y, éstos cumplidos, vendrás,
y claramente verás
lo que tienes en mi pecho.
TURCO: Soy contento. Queda en paz,
guerra de mi pensamiento,760
de mis placeres aumento,
de mis angustias solaz.
Vosotros, atribulados
y alegres en un instante,
llevaréis de aquí adelante765
vuestros gajes seisdoblados.
Entra, Rustán; da las nuevas
a esas cautivas todas
de mis esperadas bodas.
MAMÍ: ¡Gentil recado les llevas!770
TURCO: Y como a cosa divina,
y esto también les dirás,
sirvan y adoren de hoy más,
a mi hermosa Catalina.
[Vanse] el TURCO, MAMÍ y RUSTÁN, y queda en el teatro sola la SULTANA
SULTANA: ¡A ti me vuelvo, Gran Señor, que alzaste,775
a costa de tu sangre y de tu vida,
la mísera de Adán primer caída,
y, adonde él nos perdió, Tú nos cobraste.
A Ti, Pastor bendito, que buscaste
de las cien ovejuelas la perdida,780
y, hallándola del lobo perseguida,
sobre tus hombros santos te la echaste;
a Ti me vuelvo en mi af[l]ición amarga,
y a Ti toca, Señor, el darme ayuda:
que soy cordera de tu aprisco ausente,785
y temo que, a carrera corta o larga,
cuando a mi daño tu favor no acuda,
me ha de alcanzar esta infernal serpiente!

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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