LA CRUELDAD POR EL HONOR
Juan Ruiz de Alarcón
Texto basado en la edición príncipe en PARTE SEGUNDA DE LAS COMEDIA DE DON JUAN RUIZ DE ALARCÓN (Barcelona, 1634). Fue preparado por Vern Williamsen y luego pasado a su forma electrónica en 1998.
Personas que hablan en ella:
- PEDRO Ruiz de Azagra, galán
- SANCHO Aulaga, galán
- Don RAMÓN, galán
- El señor de MOMPELLER, galán
- NUÑO Aulaga, viejo grave
- ZARATÁN, gracioso
- La REINA Petronilla, dama
- Doña TEODORA, dama
- TERESA, dama
- BERENGUEL, galán
- El PRÍNCIPE don Alfonso, niño
- El CONDE de Urgel, Viejo
- BERMUDO, viejo grave
- INÉS, criada de Teresa
- MOLINA, valentón
- VERA, valentón
- Un TROMPETA
- Un SECRETARIO
- ACOMPAÑAMIENTO
- SOLDADOS
JORNADA PRIMERA
Sale ZARATÁN de caza, cojeando
ZARATÁN: ¡Ay! ¡Doy al diablo la caza;
que él sin duda la inventó!
¡Ay! ¿Que pudiéndola yo
cómodamente en la plaza
de Zaragoza escoger,5
sin arriesgar por seguilla
un cabello, una rodilla
me venga al campo a romper?
¿Que tan a costa y despecho
de su descanso, a la sierra10
se parta un hombre a dar guerra
a un gazapo? ¿Qué me han hecho
las liebres y los conejos?
Como mujer es quien da
en cazar, que a misa va15
siempre a la iglesia más lejos.
Pues si la caza se estima
por ser viva imitación
de la guerra, esa razón
la condena; que la esgrima20
a las pendencias imita,
y se ve ordinariamente
que en la blanca no es valiente
quien más la negra ejercita;
y quien más use en la sierra25
seguir el bruto cobarde,
confío menos que aguarde
a un enemigo en la guerra;
que enseñarse a la conquista
de quien no sabe aguardar,30
es enseñarse a extrañar
enemigo que le embista.
Dirá alguno, “Esa razón
cesa en la caza del oso,
que aguarda y es animoso,35
y mata de un pescozón.”
Yo digo que es loco error,
por sólo gusto, arrojarse
donde puede ser ahogarse
el más diestro nadador;40
que si me arriesgo en la sierra
a morir por enseñarme,
¿pueden a más condenarme,
si voy bisoño a la guerra?
Sale NUÑO, de peregríno, bíen tratado
NUÑO: Dadle por Dios, caballero,45
a este peregrino…
ZARATÁN: Bien
manifiesta serlo quien
no ve que soy escudero.
Mas, decidme, ¿en el olor
a un pobre no conocéis?50
¿Qué me pedís? Si queréis
que con vos parta el dolor
de esta pierna, que en el choque
de una peña me mostró
cuánto con Dios mereció55
la rodilla de San Roque,
tánto de él os puedo dar,
que claudicante quedéis;
y hacerme merced podéis,
pues que no os ha de estorbar,60
aunque al patrón galiciano
os destinéis, peregrino,
puesto que anda en su camino
tanto el cojo como el sano.
NUÑO: ¡Ojalá posible os fuera65
partir conmigo el dolor,
pues fuera en ambos menor,
si en los dos se dividiera!
Si no tenéis con qué hacer
la limosna que he pedido,70
no importa; que no la pido
por haberla menester,
sino porque mendigar
prometí.
ZARATÁN: ¡Gracias a Dios,
que he visto un mendigo en vos,75
que pida sin porfïar!
NUÑO: No sólo no os he de ser
importuno; mas me atrevo
a partir de lo que llevo,
si de ello os queréis valer.80
ZARATÁN: ¿De dónde vino a Aragón
tan liberal peregrino?
NUÑO: De la Tierra Santa vino
a visitar al patrón
de España.85
ZARATÁN: ¿Sois español?
NUÑO: En el reino donde el pie
estampo agora, gocé
la luz primera del sol;
y despierta esta ocasión
en mí un natural cuidado90
de escucharos el estado
de las cosas de Aragón.
ZARATÁN: Todo en discordias se abrasa…
Pero mi dueño es aquél,
y podréis saberlo de él,95
porque por sus manos pasa.
NUÑO: ¿Y quién es?
ZARATÁN: Es quien consagra
a la fama en las historias
con su valor mil vitorias;
es Pedro Ruiz de Aragón,100
señor de Estela, y señor,
si méritos dan justicia,
del mundo.
NUÑO: Larga noticia
tengo de su gran valor.
Mas mientras llega, decid,105
¿quién florece en la opinión
de las armas de Aragón?
ZARATÁN: Sancho Aulaga es nuevo Cid.
NUÑO: (¡Ay, hijo de mis entrañas!) Aparte
ZARATÁN: Y es de suerte, que “el valiente”110
le llaman públicamente
las gentes proprias y extrañas;
y a ser por su nacimiento
más alto, fuera el mayor
de Aragón.115
NUÑO: (Vuestro valor Aparte
anima, Sancho, mi intento.
Nuño Aulaga, vuestro padre,
hijo, os viene a levantar
hoy al cielo, y a vengar
la afrenta de vuestra madre.)120
¿No es hijo ese Sancho Aulaga
de un Nuño Aulaga, a quien muerte,
al lado de Alfonso el fuerte,
dieron los moros en Fraga?
ZARATÁN: Ése mismo.125
NUÑO: Y, ¿qué se ha hecho
su madre?
ZARATÁN: Doña Teodora,
madre de Sancho, hasta agora,
por no haberse satisfecho
si su esposo es muerto o no,
seglar vive en un convento,130
en cuyo recogimiento
Nuño Aulaga la dejó
cuando a la guerra partía.
NUÑO: (¿Que aún vives, mujer infame? Aparte
Querrá el cielo que derrame135
tu sangre en venganza mía.)
Sale PEDRO Ruiz, de caza
PEDRO: (El divertirme atormenta Aparte
más el alma enamorada,
como la cuerda apartada
vuelve al arco más violenta.)140
Zaratán.
ZARATÁN: Señor.
PEDRO: Rendido
de correr dejo el caballo.
ZARATÁN: Mientras voy a paseallo,
quedarás entretenido
con este honrado romero,145
que desde la Tierra Santa
mueve la devota planta
a ver al patrón lucero
de Galicia; y yo me obligo
a que te ha de entretener,150
porque es viejo sin toser,
y sin porfïar mendigo.
PEDRO: Su aspecto da a su persona
clara recomendación.
Vase ZARATÁN
PEDRO: ¿De dónde sois?155
NUÑO: De Aragón
el reino ilustre corona
la ciudad que es patria mía.
PEDRO: ¿Cuánto ha que a Jerusalén
pasastes?
NUÑO: Canas se ven
donde juventud lucía160
cuando de aquí me ausenté.
veintiocho inviernos han dado
hielo al río y nieve al prado
después que al Asia pasé.
PEDRO: ¿Luego bien sabréis lo cierto165
de una dudosa opinión,
que divulga en Aragón
que está en el Asia encubierto
el rey don Alonso, aquél
que habrá esos años sitió170
a Fraga, y que se perdió
en la batalla crüel
que tuvo allí con el moro?
Pues como no pareciese
vivo, ni muerto pudiese175
hallarse, aunque un gran tesoro
por él su reino ofreció,
se dijo que despechado,
corrido y avergonzado,
ocultándose, pasó180
a Jerusalén; y es cierto
si esto es verdad, pues ha tanto
que estáis en el suelo santo,
que no se os habrá encubierto.
NUÑO: Yo, señor Pedro Ruiz,185
sé del caso la verdad,
porque con su majestad
me hallé en la guerra infeliz
de Fraga; y si de sabella
os solicita el cuidado,190
de esta corona el estado
me decid, en cambio de ella.
Y no os canséis de que intente
alcanzar este favor,
que de la patria el amor195
provoca naturalmente.
PEDRO: Daros ese gusto quiero;
que puesto que me cansara,
a mayor precio comprara
lo que escucharos espero.200
Perdido el rey don Alonso,
después de estar desconformes
los grandes, se coronó
su hermano, Ramiro el monje,
que a la sazón era obispo205
de Barbastro; y por que estorbe
las discordias de Aragón
con dichosos sucesores,
dispensó, a instancia del reino,
el Pontífice, y casóse210
con la hermosa doña Inés,
hermana de Guillén, conde
de Potiers, viéndose junto
en solo un sujeto entonces
ser sacerdote y ser rey,215
obispo, casado y monje.
Tuvo una hija heredera,
Petronilla, cuyas dotes,
siendo gloria de Aragón,
son admiración del orbe.220
Diola, entre mil pretendientes,
por esposa a Ramón, conde
de Barcelona, y cansado
del tumulto de la corte,
de las armas y los años,225
el monje rey, retiróse
a la iglesia de San Pedro
que en Huesca ilustró, con orden
de que a su yerno obedezcan,
sabio, si valiente joven.230
Murió Ramiro; y agora,
cuando esperanzas mayores
daba que Alejandro al mundo
Ramón, al pie de los montes
Alpes, pasando a Turín,235
de la muerte el fiero golpe
dio, con el fin de su vida,
principio a mil disensiones;
que aunque a su hijo, el mayor
de tres que dejó varones,240
la sucesión por derecho
de la corona le toque,
el ser niño y ser su madre
moza y hermosa, corrompe
los ánimos más leales245
con diversas pretensiones;
que unos de ambición vencidos,
otros heridos de amores
de la reina, otros leales
a su heredero, se oponen250
entre sí, y el reino todo,
partido en bandos discordes,
corre a su fatal rüina
si el cielo no le socorre.
Éste es, en suma, el estado255
de Aragón; éste el desorden
que ya ambición y ya amor
engendra en los pechos nobles;
y, ojalá quisiera el cielo
que las nuevas que disponen260
darme vuestros labios,
diesen fin a casos tan atroces,
viviendo el anciano Alfonso;
pues aunque su edad estorbe
del brazo los fuertes bríos,265
trajera a la obscura noche
de Aragón sol su prudencia,
su valor freno a los nobles,
sus canas respeto, y paz
su amor a estas disensiones.270
NUÑO: (La Ocasión me da el cabello. Aparte
Comiencen mis invenciones;
que si sólo por reinar
hay disculpa en ser traidores,
no es mucho que una corona275
y una venganza os provoquen,
Nuño, a mayores engaños,
si los puede haber mayores.
La noticia de secretos
de Alfonso, y de sus facciones280
la semejanza, que a muchos
ha engañado, y de los nobles
la división, y de Alfonso
la memoria, ya en los hombres
borrada del tiempo largo,285
el efeto me disponen.
Ánimo, pues; que Fortuna
a los osados socorre.)
Gran Pedro Ruiz de Azagra,
si viviera y a la corte290
de Aragón volviera Alfonso,
cuando divididos rompen,
a varios fines atentos,
la ley de lealtad los nobles,
no solamente recelo295
que no hallara quien apoye
su parte, pero causara
más graves alteraciones.
PEDRO: Engañáisos; que yo solo,
cuando en su defensa tome300
las armas, basto a enfrenar
los ánimos más feroces;
y de mi padre heredé
de servirle obligaciones,
que sus mercedes publican305
y mi pecho reconoce.
NUÑO: Pues, Azagra, Alfonso vive.
PEDRO: ¿Qué decís?
NUÑO:, Que España esconde
su persona; y si ese brazo310
en su favor se dispone,
y me hacéis pleito homenaje
de cumplirlo, os diré dónde.
PEDRO: Veis aquí mis manos. Hago,
Pone las manos juntas PEDRO Ruíz entre las de NUÑO
como caballero noble,315
pleito homenaje de ser,
si todo el mundo se opone,
vasallo leal de Alfonso,
y hacer que su reino cobre.
NUÑO: Pues, Pedro, yo soy Alfonso.320
PEDRO: ¿Vos?
NUÑO: Yo soy. Si mis facciones
no reconocéis, por ser vos,
Pedro Ruiz, tan joven,
que érades pequeño infante
cuando de estos horizontes325
me ausenté, clara probanza
podéis hacer cuando importe;
que ancianos hombres tendrá
el reino que me conocen;
y por agora este sello330
Muéstralo
y esta sortija os informen,
testigos que he reservado
para tales ocasiones;
demás que el atrevimiento
de aspirar al regio nombre335
es testimonio a quien ceden
las demás informaciones;
pues sólo puede emprender,
con peligro tan enorme,
la locura o la verdad340
tan altivas pretensiones.
PEDRO: Ésa es la mayor probanza,
fuera de que los pintores,
que a las injurias del tiempo
y del olvido le oponen345
en casi vivos retratos,
casi animados colores
me han informado de vos;
y aunque las canas lo estorben,
en lo demás son las señas350
de vuestro rostro conformes;
y no me engañan del alma
los afectos y pasiones,
que alegres naturalmente,
por su rey os reconocen.355
Dadme la mano.
Arrodíllase. Sale ZARATÁN, al paño
ZARATÁN: ¿Qué miro?
NUÑO: Mis brazos es bien que os honren,
pues de los vuestros espero
que en mi trono me coloquen.
ZARATÁN: (¡Con qué respeto lo abraza!) Aparte360
NUÑO: Agora resta dar orden
de vencer dificultades
e impedir alteraciones.
PEDRO: En mi tierra habéis de estar
en un castillo, de donde365
las voluntades probéis,
conozcáis las intenciones
de los poderosos, antes
que entréis, señor, en la corte;
y dejad a cargo mío370
lo demás.
NUÑO: De vuestro nombre
ha de sonar la grandeza
desde el sur a los Triones.
Vos habéis de ser el rey.
PEDRO: Permitidme, pues, que goce375
de esta liberalidad;
y pues a quien se dispone
a perder por vos la vida
la podéis dar, no os enoje
que os pida aquí la palabra380
de una merced, con que borre
de cuanto espero serviros
las justas obligaciones.
NUÑO: Pedid, pedid, si podéis
pedir a quien reconoce385
que debe lo que ha de daros
a esos brazos vencedores.
PEDRO: Vuestra sobrina, señor,
Petronilla, cuyos soles,
cuanto con rayos abrasan,390
ilustran con resplandores,
es un adorado Argel,
donde entre mil corazones
soy más que todos cautivo.
Bien sabéis que los señores395
de Estela en España toda
superior no reconocen;
porque el servir a los reyes
de Aragón no los depone
de esta honrosa dignidad,400
pues el seguir sus pendones
es voluntad, y no fuerza;
y siempre que la revoquen
y que su fuero renuncien,
gozarán sus exenciones.405
Hacedme, pues, venturoso
con tan dichosa consorte,
pues con premiar mis servicios
remediaréis mis pasiones.
NUÑO: Si con mi sobrina os diera410
la Europa toda por dote,
hiciera acertado empleo
en vos de prendas mayores.
Por mi parte os doy palabra
de que haré cuanto me toque415
para que la mano os dé.
PEDRO: Y yo de que vuestro nombre
dilataré con mis armas
a los confines del orbe.
Sale ZARATÁN
ZARATÁN: Ya el caballo ha descansado,420
y presurosa la noche,
corona de negras sombras
las cabezas de los montes.
PEDRO: Tomad, señor, mi caballo;
partamos a Estela.425
ZARATÁN: ¿Adónde?
PEDRO: Y en el camino sabré
vuestra historia.
NUÑO: (Pues dispones, Aparte
Fortuna, con los osados
ser pródiga de favores,
la más alta hazaña emprendo430
que oyeron jamás los hombres.
De vasallo subo a rey;
favorece mis ficciones.
Vase NUÑO
ZARATÁN: ¡Oyan, oyan! ¿Sin hacer
un cumplimiento, se pone435
en tu caballo, señor?
Éste, ¿es santo? ¿Es sacerdote?
PEDRO: Zaratán, no es sino el rey
don Alonso; no te asombres.
ZARATÁN: Por Dios, que lo dije luego.440
Por adivino me azoten.
¿Mas que don Alonso es éste?
PEDRO: Pues, ¿cómo no le conoces,
si al momento lo dijiste?
ZARATÁN: Porque en su rostro y acciones,445
entre el sayal descubría
los reales resplandores.
PEDRO: Dame tu caballo.
ZARATÁN: Y yo,
¿qué haré, señor, que de un golpe
estoy como grulla en vela?450
PEDRO: Al fin de este espeso bosque
está un lugar. Allí haré,
Zaratán, que te acomoden.
ZARATÁN: ¿Y de aquí allá cojear?
Con las ancas me socorre455
Vase PEDRO Ruíz
del caballo. A esotra puerta.
Ya caminan. ¡Ah, inventores
de la caza! ¿Esto es holgarse?
¿Por qué condenan los hombres
a galeras, si los pueden460
condenar a cazadores?
Vase. Salen la REINA Petronilla y don RAMÓN
REINA: Por más, conde don Ramón,
que pretendiendo mi mano,
disculpe el amor tirano
vuestra justa pretensión,465
con causa me maravilla
el ver vuestra poca fe.
Si doña Rica, que fue
emperatriz de Castilla,
y por muerte de su esposo470
don Alonso, a Zaragoza
vino viuda, hermosa y moza,
espera haceros dichoso
dando efeto al casamiento
que con vos tiene tratado,475
¿en qué razón ha fundado
la mudanza vuestro intento?
¿Qué dirá el reino de vos?
¿Qué dirá el mundo de mí,
si a Rica hacemos así480
tan clara ofensa los dos?
RAMÓN: Petronilla, más hermosa
que el alba entre nieve y grana,
cuando siembra la mañana
de clavel, jazmin y rosa,485
no condenéis rigurosa
a quien vive de amor preso.
Mi disculpa está en mi exceso,
y mi mérito en mi error;
que no es verdadero amor490
el que no priva de seso.
Si por las partes hermosas
que en vos mi pecho venera,
animoso no emprendiera
hazañas dificultosas,495
¿qué obligaciones forzosas,
qué méritos alegara?
Si en lo que dirán repara
vuestro rigor, no mi amor;
que prenda de tal valor500
nunca puede costar cara.
REINA: Esos fundamentos son
en vos, porque amáis, bastantes;
que da ley a los amantes
el amor, no la razón;505
pero yo, que sin pasión
lo miro, es bien que resista
a tan injusta conquista,
pues no puede disculparse
el que deja despeñarse510
de un ciego, teniendo vista.
Hoy el reino y majestad
renunciar, Conde, pretendo
en mi hijo; y porque entiendo
que causa su tierna edad515
discordias, acreditad
vuestro amoroso tormento,
dando favor a mi intento;
o pensaré que nació
de ambición del cetro, y no520
de amor, vuestro pensamiento.
RAMÓN: Yo lo haré, si se mejora
con vos así mi partido;
mas no, si habiéndoos servido,
os he de perder, señora;525
que mal puede el que os adora
en eso favoreceros,
si por sólo retraeros
del reino queréis privaros,
y ha de ser el ayudaros530
instrumento de perderos.
REINA: Basta; que no he menester
vuestro favor, don Ramón;
que a mí sola la razón
me basta para vencer.535
RAMÓN: Tal vez suele no valer
sin las armas la justicia.
REINA: Advierta vuestra codicia
que, pues la razón me ayuda,
podrá más ella desnuda540
que armada vuestra malicia.
Vase
RAMÓN: Mucho puede la ambición
apoderada en mi pecho;
pero mucho, a su despecho,
puede también la razón.545
Si no hallo nueva ocasión
que mis intentos abone,
lo que la reina dispone
es forzoso consentir;
que solo no he de impedir550
que el príncipe se corone.
Sale el CONDE de Urgel
CONDE: ¡Valeroso don Ramón!
RAMÓN: ¡Famoso conde de Urgel!
CONDE: En la tempestad crüel
que hoy amenaza a Aragón,555
admira mi pensamiento
lo que de vos se publica,
y es que de la hermosa Rica
despreciáis el casamiento,
pretendiendo que la mano560
os dé la reina. Ambición
contraria a vuestra opinión,
digna sólo de un tirano.
Don Ramón, su esposo, fue
vuestro tío; y es injusto565
que a la razón venza el gusto,
y la ambición a la fe.
Mejor será que, cumpliendo
lo concertado, os caséis
con la emperatriz, y deis570
favor a lo que pretendo;
pues con mi hijo casada
Petronilla, quedaría,
junta a su fuerza la mía,
la discordia refreriada.575
RAMÓN: De lo que decís colijo
que no tanto a esa intención
os obliga mi opinión
como el bien de vuestro hijo.
Mas, ¿cómo, conde de Urgel,580
habiendo solicitado,
tan público enamorado,
vuestro hijo Berenguel
a doña Teresa, hermana
del señor de Mompeller,585
se muda, y quiere ofender
belleza tan soberana?
CONDE: Ésta es sólo intención mía,
no suya; que es cosa clara
que él por Teresa trocara590
del mundo la monarquía.
RAMÓN: Con esa razón no cesa
la culpa; que yo he sabido
que Berenguel ha servido
con gusto vuestro a Teresa.595
CONDE: Aunque yo estimé hasta aquí
también sus prendas hermosas,
la mudanza de las cosas
muda parecer en mí.
RAMÓN: Pues si os hace la mudanza600
de las cosas que os mudéis,
y si a Teresa ofendéis
por mejorar la esperanza,
¿por qué os causa admiración
que yo, que a la reina adoro605
y mi grandeza mejoro,
mude también intención?
CONDE: La diferencia colijo
fácilmente que os advierto;
que vos faltáis a un concierto,610
y a una pretensión mi hijo.
Vos ofendéis a Ramón,
vuestro tío; y Berenguel
no puede llamarse infiel
por tan justa pretensión.615
RAMÓN: Antes de eso mismo arguyo
mi justicia, porque, ¿quién
puede suceder más bien
a Ramón que un deudo suyo?
Si mi fe no corresponde620
a lo que tratado había,
eso está por cuenta mía,
que no por la vuestra, conde.
Y en resolución, ya veo
mi pretensión declarada,625
y ha de conseguir la espada
lo que ha emprendido el deseo.
CONDE: Pienso que estáis satisfecho
de lo que puede la mía,
y que está esta nieve fría630
en mi rostro, y no en mi pecho.
RAMÓN: Yo os lo confieso y os digo
que no me pesa; que quiero,
ya que desnude el acero,
vencer valiente enemigo.635
CONDE: Pues juntad los escuadrones
que os puede dar la Proenza;
que el conde de Urgel comienza
hoy a tremolar pendones.
RAMÓN: Urgel y Aragón empiece,640
y el mundo, a armarse también;
que la guerra dirá quién
de Petronilla merece
la soberana beldad.
CONDE: Sí dirá; y a Dios pluguiera645
que en venceros estuviera
el vencer su voluntad.
Vanse. Salen TERESA e INÉS
TERESA: Dejadme de combatir,
olas de mis pensamientos;
que a tormentas de tormentos,650
¿qué fuerza ha de resistir?
Pretende don Berenguel
ser mi esposo; no le quiero.
Estáme bien; que heredero
es del condado de Urgel.655
En mi amor vive abrasado
Sancho Aulaga; no es mi igual.
Yo le adoro; estáme mal;
que aunque el ser tan gran soldado
le da justa estimación,660
le falta la calidad.
¿Qué habéis de hacer, voluntad,
entre amor y obligación?
INÉS: Señora, los nobles pechos
a quien obliga el honor,665
han de mostrar su valor
en los difíciles hechos.
De Berenguel la afición
sola merece tu mano.
Vence ese antojo liviano,670
que ha de dañar tu opinión.
TERESA: No me atormentes.
INÉS: Teresa,
lo que te importa te digo.
(Por tus dádivas me obligo Aparte
a tan difícil empresa,675
don Berenguel; y a tu intento
la has de ver al fin rendida,
aunque me cueste la vida
tan justo agradecimiento.)
Sale SANCHO Aulaga
SANCHO: Dulce enemiga mía,680
más que crüel, hermosa,
emulación dichosa
del claro autor del día,
en cuya gran belleza
a sí misma venció naturaleza.685
¿Es el ser inhumana
condición de divina?
¿Qué espíritu encamina
un alma tan tirana,
que igualmente procura690
ser monstro de crueldad y de hermosura?
Adorar tu belleza,
¿es delito contigo?
Teresa, ¿qué castigo
previene tu dureza695
a quien te aborreciere,
si le da tan crüel a quien te quiere?
De tus amantes quiero,
no los de ti contados,
mas de los olvidados,700
contarme yo el postrero.
No te pese que sobre
entre el oro bermejo el pardo cobre.
TERESA: Sancho, las ocasiones
y causas diferentes,705
según los accidentes
producen las acciones.
No siempre la esquiveza
nace de ingratitud y de dureza;
no siempre rinde fruto710
el árbol cultivado,
ni siempre al mar hinchado
la fuente igual tributo,
por varios accidentes,
sin ser ingratos árboles ni fuentes.715
¿Por qué me consideras
de tu amor ofendida,
si no arroja, perdida,
en las fieras más fieras
una flecha el dios ciego,720
si el más duro metal ablanda el fuego?
De mi rigor aplica
a otra causa el efeto,
puesto que en un sujeto
contradición no implica725
tener correspondencia
y hacer a los intentos resistencia.
SANCHO: Si méritos procura
iguales tu persona,
Teresa, no hay corona730
digna de tu hermosura;
si amarte ha de vencerte,
no tira flecha Amor que no me acierte.
Mas pues que ya te he oído
que a agradecer te obligas,735
favor es que lo digas;
y aunque lo hayas fingido,
agradezco el engaño;
que es señal de desprecio el desengaño.
Con esto, ángel que adoro,740
queda mi amor pagado.
TERESA: ¡Qué humilde enamorado!
SANCHO: ¡Qué debido decoro
a tu merecimiento!
Sólo con que me engañes me contento.745
TERESA: ¡Qué cuerdamente obligas!
SANCHO: ¡Qué dulcemente matas!
TERESA: ¿De engañosa me tratas?
Bien mi rigor castigas.
SANCHO: Tan alta te imagino,750
que pienso que aun de engaños no soy dino.
TERESA: Bien dices lo que sientes.
SANCHO: Bien siento lo que digo.
TERESA: (¡Ay, que luchan conmigo Aparte
impulsos diferentes755
y en poner se desvela
freno el honor, donde el amor espuela!)
Mas ya, Sancho, pregona
en palacio el rüido
que el reino, prevenido760
a darle la corona
al príncipe, se altera;
y yo soy de la reina camarera.
Adiós; que acompañalla
es fuerza.765
SANCHO: Y lo es seguiros
con ansias y suspiros.
TERESA: (¡Triste de quien se halla Aparte
puesto al cuello el cuchillo,
y ni puede quejarse ni sufrillo!)
Vanse TERESA e INÉS
SANCHO: Mi sangre, no tan clara770
como la tuya, creo
que enfrena tu deseo.
Hidalgo soy. Repara
que aunque soy escudero,
tengo valor con que ilustrarme espero.775
Sancho Aulaga el valiente
me apellida la fama;
mi madre es noble rama,
de Laras descendiente;
mi padre, Nuño Aulaga,780
murió al lado de Alfonso en lo de Fraga.
¿Quién, pues, fueron autores
de las casas que hoy mira
el sol en cuanto gira
llenas de resplandores,785
sino los claros hechos
de sus primeros valerosos pechos?
Salen la REINA, BERENGUEL, el CONDE de Urgel, BERMUDO, don RAMÓN, el señor de MOMPELLER, el PRÍNCIPE niño, TERESA, teniendo la falda a la REINA, INÉS, y ACOMPAÑAMIENTO. Síéntanse en el trono la REINA a la derecha, y el PRÍNCIPE a la izquierda. Habla BERENGUEL aparte INÉS
BERENGUEL: Inés, en tu confïanza
vive sólo mi afición.790
INÉS: Cumpliré mi obligación,
y lograrás tu esperanza,
aunque me cueste la vida.
BERENGUEL: A mí me la das con eso.
INÉS: Obligada me confieso,795
y he de ser agradecida.
REINA: Caballeros de Aragón,
gloria y honor de la Europa,
cuya fama atemoriza
las regiones más remotas;800
hoy la majestad renuncio,
porque a la quietud importa
del reino, en mi hijo Alfonso,
sucesor de esta corona.
Pues que la sangre os obliga805
y la lealtad os exhorta,
mostradlo en ser de mi parte
en una acción tan heroica.
Por ser Alfonso tan niño,
nadie a mi intento se oponga;810
que al fin es varón, y rige
mejor el cetro la sombra
de un varón que una mujer;
cuanto más, que el reino goza
de consejeros prudentes815
que asistan a su persona.
CONDE: La corona sí y el reino
podéis renunciar, señora;
mas no el gobierno, que a mí
por tantas causas me toca.820
RAMÓN: Si alguno ha de gobernar,
¿quién habrá que se me oponga,
pues el ser quien soy y el ser
primo de Alfonso me abona?
BERMUDO: ¿Qué litigáis, si en Bermudo825
el gobierno se mejora,
pues del difunto Ramón,
fui yo la privanza toda,
y los negocios traté
del reino, a quien más importa830
quien sepa ya las materias,
que quien las aprenda agora?
MOMPELLER: Lo que propone mi padre
defenderá mi persona.
Señor soy de Mompeller,835
y harán mis armas notoria
su justicia.
RAMÓN: Ya las mías
sus estandartes arbolan.
BERMUDO: El valor dará el derecho,
y el gobierno la vitoria.840
REINA: ¿Qué gastáis en disensiones
el tiempo, si a mí me toca
el gobierno, pues de Alfonso
soy legítima tutora?
PRÍNCIPE: Esto es justicia. Ninguno845
se atreva a mover discordias
por ser mi madre mujer
y por ser mi edad tan poca;
que soy el rey, y por vida
de la reina, mi señora,850
que la cabeza a los pies
a quien replique le ponga.
CONDE: Sois niño, Alfonso.
RAMÓN: Las fuerzas
vuestras son, príncipe, cortas
para cortar mi cabeza.855
BERENGUEL: Vos ignoráis, mas no ignora
las hazañas de Bermudo
la fama que las pregona.
SANCHO: (¡Ah! ¡No fuera igual mi estado Aparte
con el valor que me informa,860
para poder responder
a tanta arrogancia loca!)
PRÍNCIPE: Niño soy; mas de mi padre
soy una animada copia,
y para empresas mayores865
valor y fuerzas me sobran.
SANCHO: (Eso si. Mostrad, Alfonso, Aparte
la majestad española;
poned las palabras vos,
y remitidme las obras.)870
Sale PEDRO Ruíz
PEDRO: Reina, príncipe, damas, caballeros,
soldados, cortesanos, ciudad, plebe,
la nueva más feliz vengo a traeros
de cuantas Aragón al tiempo debe.
Sosegad los espíritus guerreros;875
que el cielo ya, que a compasión se mueve
de la discordia que de paz os priva,
por mí os presenta el ramo de la oliva.
El rey Alfonso el bueno, el sabio, el fuerte,
de quien en Fraga el reino agradecido880
triste lloró la mentirosa muerte
–pues no fue muerto allí, si fue perdido–
es hoy por la piedad de nuestra suerte
al suelo de Aragón restitüido;
sol, que a la noche de discordias tales,885
de paz induce rayos celestiales.
Yo le vi por mis ojos, yo la mano
le besé; y aunque a mí no me he creído,
por ser tan mozo, de uno y otro anciano
de nuestra patria es ya reconocido.890
Oculto tanto tiempo en el asiano
imperio estuvo, sin razón corrido
de lo de Fraga, sin mirar que parte
con la Fortuna las vitorias Marte.
Pero de haber por sí determinado895
contra el voto del reino aquella empresa
y ser vencido, estando acostumbrado
a veinte y seis vitorias, se confiesa
corrido tanto el rey, que despechado,
hasta el imperio cuyas plantas besa900
el undoso Jordán corrió tan solo,
que aun a los ojos se negó de Apolo.
Él, pues, ha vuelto, si decirse puede
que ha vuelto aquél que Dios nos ha traído;
aquél por quien el cielo le concede905
concordia al reino, en bandos dividido.
Y, pues él vivo no es razón que herede
su alteza el cetro, no ha de ser ungido
rey; a besar de Alfonso las reales
manos venid los que le sois leales.910
REINA: ¿Qué nueva disensión, qué nueva guerra,
con máscara de paz y justo celo,
movéis, Azagra, y alteráis la tierra,
para irritar la indignación del cielo?
¿Alfonso vive? ¿Alfonso, a quien encierra,915
muerto a lanzadas, el morisco suelo?
¿No lo dijeron lenguas, cuyos ojos
vieron triunfar la muerte en sus despojos?
Si no se halló el cadáver, ¿no fue cierto
que lo causó la copia inumerable920
del escuadrón en la batalla muerto,
tragedia por mil siglos miserable?
¿Por qué, pues, en favor del vulgo incierto
acreditáis engaño tan culpable,
y por vengar un sentimiento vano,925
a un traidor no dudáis besar la mano?
Vase PEDRO Ruíz
Pero no importa, no; el príncipe tiene
nobles amigos, deudos y alïados,
cuyo poder, cuyo valor enfrene
soberbios pechos, cuellos no domados.930
¡Ea, conde don Ramón, no os enajene
de imitar vuestros inclitos pasados
de una venganza vil la ciega furia!
¡De Alfonso primo sois, vuestra es la injuria!
RAMÓN: Petronilla, viviendo vuestro tío,935
que, pues lo afirma Azagra, es caso llano,
suyo es el reino, y no es agravio mío
besar a un rey legítimo la mano.
Vase
REINA: Noble conde de Urgel, de vos confío,
y de don Berenguel, que al vil tirano940
castiguéis este engaño con la muerte.
CONDE: De esta corona es dueño Alfonso el fuerte;
yo soy su amigo, y tiene averiguado
que vive, Azagra, principal testigo;
y vos no me tenéis tan obligado,945
que me oponga por vos a tal amigo.
Vase
BERENGUEL: A hacer lo que mi padre soy forzado.
Perdonadme, señora, si le sigo.
Vase
REINA: En vos, Bermudo, pongo mi esperanza.
BERMUDO: Y fui del fuerte Alfonso la privanza;950
si, como afirma Azagra, y yo no dudo,
no es muerto, ya veréis a qué me obliga.
Vase
REINA: ¡Señor de Mompeller!
MOMPELLER: A don Bermudo,
que el ser me dio, señora, es ley que siga.
Vase, y síguele el acompañamiento
TERESA: ¡Padre, hermano, escuchadme!955
REINA: ¿Tanto pudo
tan clara falsedad, suerte enemiga,
que quieran más los nobles a un tirano
que a un legítimo rey besar la mano?
Vos solo, Sancho Aulaga, habéis quedado;
ya sólo en vos se funda mi esperanza,960
y bien me puede dar tan gran soldado
del vitorioso efeto confïanza.
SANCHO: Si los nobles del reino os han faltado,
si os aflige, señora, su mudanza,
a mí me alegra; que mostrarles quiero965
que os basta sin los suyos este acero.
Nombradme general, y suene Marte
el ronco parche y el clarín bastardo;
que presto adorará vuestro estandarte
el contrario más fuerte y más gallardo.970
REINA: Un bastón me traed.
TERESA: Yo quiero darte,
si vuelves vitorioso, como aguardo,
de que tuya seré palabra y mano,
aunque pese a mi padre y a mi hermano.
SANCHO: Con dicha igual, del alba al occidente,975
es la conquista fácil a mi acero.
REINA: El bastón recebid, Juntad mi gente,
Dásele
y partid; que triunfante ya os espero.
Vase
PRÍNCIPE: Abrazadme y partid, Sancho el valiente.
SANCHO: Besar humilde vuestras plantas quiero.980
Prospere el cielo esa real persona.
PRÍNCIPE: De vuestra mano espero la corona.
Vase
TERESA: Sancho, el vencerme está en esta vitoria.
SANCHO: Y el vencer en vencer vuestra esquiveza.
TERESA: Adiós.985
SANCHO: Dadme una prenda, cuya gloria
me dé valor y aumente fortaleza.
TERESA: De mi palabra os doy esta memoria.
Dale una banda
SANCHO: Con tal favor traeros la cabeza
prometo del fingido rey tirano,
Señala la mano ízquíerda y la derecha
en ésta, antes de daros esta mano.990
