Habladme en entrando — Jornada I

HABLADME EN ENTRANDO

Tirso de Molina
(Gabriel Téllez)

Esta edición electrónica de HABLADME EN ENTRANDO fue preparada por Vern Williamsen en 2000 para incluirse en esta colección. La edición que tomamos como base para fijar nuestro texto es la del COMEDIAS DE TIRSO DE MOLINA, II (Madrid, 1907), NBAE, tomo 9.


Personas que hablan en ella:

  • Don PEDRO de Bustos
  • Don ALONSO
  • Don DIEGO Hurtado de Mendoza
  • JUANCHO, vizcaíno
  • Doña ANA Hurtado de Mendoza
  • RODRIGO, criado
  • Don LUIS Hurtado de Mendoza
  • TORIBIA, labradora.
  • LUCÍA, criada
  • MENDO, viejo labrador
  • SANCHO, su hijo
  • MÚSICOS

JORNADA PRIMERA


Salen don PEDRO de Bustos y don ALONSO, su amigo, de noche, con MÚSICOS, por una parte, con un CRIADO con una escala, y por otra don DIEGO Hurtado de Mendoza, de camino, con botas y espuelas, y JUANCHO, vizcaíno, cargado con el cojín y la maleta en la cabeza, ridículamente vestido. Arrímanse a una parte, y mientras cantan vayan paseando el tablado don PEDRO y don ALONSO
MÚSICOS: “Si no velaran mis ojos no celebraran las dichas de los que durmiendo matan, de los que matando hechizan. Si no durmieran los tuyos, glorificaran su vista los palpitantes despojos de las más seguras vidas. ¡Ay, ay, qué desdicha! A quien mira su alma, deja sin vida.”
ALONSO: ¡Extraño recogimientol
PEDRO: ¡Doña Ana, doña Ana!
DIEGO: Avisa,
Juancho, al mozo que las mulas5
aleje donde, escondidas,
aguarden, y vente luego.
JUANCHO: ¿No las asas y las pringas;
aún no llegas, ya las tienes
currucamientos?10
DIEGO: Ves aprisa.
JUANCHO: ¿Tienes gana de comer?
¿Cómo no las necesitas?
Juancho, matas holandeses
y ya que piensas venías
juras a Dios a matar15
holandeses del barriga.
¿Cantadoreas detienen?
¡Al diablo les das venida!
Vase JUANCHO
DIEGO: Ya que nos trujo la suerte
cuanto piadosa propicia20
en tan dichosa ocasión,
encubramos esta esquina
hasta ver de estos galanes
el intento.
ALONSO: ¿Qué? ¿Porfía
la doncelleja?25
PEDRO: Es de suerte,
que regalos y caricias,
dádivas que son de amor
la mayor artillería,
pasando necesidades,
no han bastado a persuadirla30
a que le niegue al honor
lo que su sangre le dicta.
Vengo resuelto…
DIEGO: (Esto es malo.) Aparte
PEDRO: …a escalar…
DIEGO: (Función indigna Aparte
de un pecho hidalgo.)35
PEDRO: …su casa,
si piadosa no acredita
con terneza los favores
que me debe, pues me anima
mi amor, mi agravio, la noche,
no tener quién me lo impida40
por estar su hermano ausente
en esta ocasión.
ALONSO: Pues mida
tu gusto su voluntad,
que a tu lado estoy.
Sale JUANCHO
JUANCHO: Retiras
mulas al mozo, la guardas45
en un callejón metidas,
gruñes mozo, mulas dije
no comen paja vizcaína,
no sabe de burlas Juancho
darle en coz en la barriga;50
confesión pides, bien puedes
ser su confesor.
DIEGO: No impidas
con tus voces la ocasión
que, piadoso, en mis desdichas
me ofrece el cielo.55
ALONSO: ¿Mejor
no fuera, si pretendía
tal rompimiento tu amor,
que, sin despertar vecinas,
curiosos linces de noche,
parleros duendes de día,60
te valieses del silencio?
Porque la música avisa
a los descuidados ojos
y a la vecindad incita
a curiosidad.65
PEDRO: No, primo;
porque primero querría
ver si puedo con ternezas,
con músicas, con caricias,
ablandar este imposible
dulce hechizo de ml vida.70
Si me ofreciese esperanzas,
más piadosa, más rendida,
que entreteniendo deseos
paguen finezas debidas,
iré engañando temores,75
y si en prudente porfía
se resiste, atropellando
respetos del oprimirla
a que por fuerza mitigue
mis pasiones.80
ALONSO: Pues prosiga
tu gusto su intento.
PEDRO: Canten,
y a aqueste balcón te arrima
para obligarla a que salga
si se resistiera.
DIEGO: Mira,
Juancho, que no te divisen.85
JUANCHO: Juras a Dios que barriga
tienes junto a puerta falsa
y resuello que le quitas.
MÚSICOS: “Abre, pues, divina aurora, esa oriental celosía, saldrá para el cielo el sol y para mi noche el día.”
PEDRO: ¡Ah doña Ana! ¡Ah dulce dueño!90
Abre, pues mi amor te anima.
MÚSICOS: “Rayos fulminan tus ojos que, a un tiempo matan y miran. ¡Ay, ay, qué desdicha! Que quien mira sin alma deja sin vida.”
Sale doña ANA Hurtado de Mendoza a la ventana
ANA: Caballeros, si lo sois,
pudiera la cortesía
moveros a no infamar95
los blasones que autorizan
estas antiguas paredes
que, aunque ausentes, vivifican
los Hurtados de Mendoza,
solar de esta casa antigua.100
¿Qué pretendéis desluciendo
el honor que me acredita,
a quien el sol presta rayos
y a quien el cielo da envidias?
¿Qué fineza en mí habéis visto,105
qué señales, qué premisas
de mal nacidos deseos,
de esperanzas mal perdidas?
Caballeros que pretenden
con apariencias fingidas,110
si pensáis que antiguos bandos
y enemistades antiguas
han de amedrentar mi honor
para que su fuerza os rinda,
no debéis de haber mirado115
que alientan la sangre mía
de los Hurtados Mendozas
las no manchadas reliquias;
idos luego de la calle,
o por las luces divinas,120
que en escuadras mal formadas
mis pretensiones animan,
que en defensa de mi honor,
que en mi pecho se acredita,
rayos fulmine mi diestra,125
aborten mis ojos iras.
JUANCHO: Dicho lo dicho señora,
firme como vizcaína;
Juancho tienes, tente en buenas
Curtusca perra judía.130
Va a salir y don DIEGO le detiene
DIEGO: Juancho, detente. ¡Bien haya
quien a los suyos imita!
JUANCHO: ¡Juras a Dios…!
PEDRO: Ana hermosa;
cánsate de ser esquiva
con quien hoy se obliga a honrarte135
dándote para que vivas
hacienda, no te resuelvas,
y advierte que si porfías
no estimando ofrecimientos
ni acreditando caricias,140
que, forzado del amor
que mis deseos animan,
alborotando memorias
que muertos hoy resucitan,
me arrojaré…145
ANA: ¿Cómo es eso?
PEDRO: …a que por fuerza…
ANA: No digas
razones que, imaginadas,
ofenden antes que dichas.
¿Tú has de atreverte a vïolar
el solio donde autoriza150
mi castidad su pureza,
mi virtud su esencia misma?
¿No te cansan altiveces?
¿No te ofenden demasías,
que ocasionando a mi padre,155
le forzaron a que viva
ausente, si ya no es muerto,
dejando al tuyo sin vida
por desmentirle?
PEDRO: Doña Ana,
esas memorias me animan;160
abre, o llegaré una escala,
pues hacerlo facilita
no tener reja el balcón.
ANA: ¡Que esto los cielos permitan!
¡Villano! ¿Con tal vileza165
piensas lavar el antigua
mancha de tu casa?
DIEGO: ¡Ah pesia!
JUANCHO: ¿Qué pesia, que te imaginas?
¿que le aguardas, que no sales,
y ¡zis, zas?170
PEDRO: Apercebida
la traigo, llegadla aquí.
Llegan la escalera al balcón
ALONSO: Abre, acaba.
ANA: ¡Fementida
canalla! Si no del suelo,
del cielo aguardo justicia.
PEDRO: ¡Oh, pesia tanta paciencia!175
Sube don PEDRO
ANA: ¡Justicia, cielos!
JUANCHO: ¡Maldita,
ánima seas! ¿qué esperas?
Sale JUANCHO y apártale don DIEGO
DIEGO: Quita, aparta. Bien podía.
Baje acá, hidalgo, aunque miento;
que quien con mujeres libra180
las venganzas de su espada
tiene mucho de gallina.
Baja don PEDRO de la escalera
Considere que esta casa
es, según tengo noticia,
de un Hurtado de Mendoza185
A quien la fama acredita
con valerosas hazañas;
de quien, si acaso se olvida,
dará entera relación
el luto de la capilla190
adonde su padre yace;
mudo ejemplo que le avisa
que no se atreva soberbio
a derramar valentías
con quien por mujer no tiene195
fuerzas para resistirlas.
¡Por cierto, brava facción;
empresa honrosa y altiva;
venganza bien satisfecha,
y a poca costa adquirida!200
¿Con una dama rigores?
Mas no es mucho–¡por mi vida!–
que valientes de alfeñique
tomen venganzas de almibar.
Esta sí–¡cuerpo de Dios!–205
era acción bien parecida,
con propia sangre ganada
y a estocadas adquirida,
no con mujeres. Acaben,
dejen la calle.210
ANA: ¿Hay tal dicha?
………………………
PEDRO: Hombre o diablo, ¿quién te obliga
a que incites mi rigor?
ANA: Hombre o ángel, ¿quién te envía
a que mi casa defiendas?215
DIEGO: Sólo la razón me incita.
ANA: Señor, ¡zis, zas!
PEDRO: Si eres loco,
presto tendrá tu osadía
el castigo con la muerte.
ALONSO: ¡Matadle! ¡Muera!220
Embisten todos con él
DIEGO: Oprimida
la cólera por los ojos,
ardientes rayos conspira.
Diego Hurtado de Mendoza
soy, canalla.
ANA: ¡Hermano!
DIEGO: Grita,
que a castigar mis ofensas225
el mismo cielo me envía.
PEDRO: ¡Muera, matadle!
JUANCHO: ¡Zis, zas!
¡Muera esta perra judía!
Métenlos a cuchilladas don DIEGO y JUANCHO
ANA: ¡Dios te libre!
Dentro
PEDRO: ¡Muerto soy!
ALONSO: Huyamos.230
CRIADO 1: A la justicia
llamen.
Salen don DIEGO y JUANCHO
JUANCHO: ¡Juras a Dios, liebres,
si aguardas hago cecinas!
DIEGO: Muerto queda.
JUANCHO: Ya le mueres,
patadas des en el Chinas;
confites pides.235
DIEGO: ¡Hermana!
ANA: Diego, ¿estás herido?
DIEGO: Aprisa,
échate por esa escala.
ANA: Ya me arrojo.
JUANCHO: Escucha, mira;
si tienes algo que comas,
arroja.240
ANA: No.
DIEGO: ¿Que eso pidas?
JUANCHO: ¿Ni vino?
ANA: Tampoco.
JUANCHO: ¡El diablo
juras Dios, que caminas!
DIEGO: Juancho, las mulas volando
saca de León aprisa
al camino de Rioseco.245
JUANCHO: ¿En ayunas?
DIEGO: Qué, ¿aún porfías?
JUANCHO: Lleva el diablo las muelas
que tienes si no ejercitas.
Vase JUANCHO. Hablan dentro
UNO: Saquen luces a esas rejas.
OTRO: A don Pedro–¡gran desdicha!0–250
han muerto.
OTRO: Por aquí van.
DIEGO: La confusa vocería
nos cerca; ponte en mis brazos,
que en la diligencia estriba
nuestro remedio.255
ANA: ¡Ay de mí!
Hermano, salva tu vida,
que yo no importo.
DIEGO: Acabemos.
Cógela en brazos
¡Adiós, pues, ciudad antigua;
adiós, casa solariega,
que mis pasados tenían260
por defensa, por sagrada,
que mi fortuna me obliga
que deje vuestras paredes!
Dentro
UNO: Por acá.
DIEGO: Mas si porfía
Diego Hurtado de Mendoza,265
que sus blasones no olvida,
clavará un clavo en su rueda
por que pare en sus desdichas.
Vanse. Salen don LUIS Hurtado de Mendozay RODRIGO, criado, y otros de camino; don LUIS con hábito de Calatrava
LUIS: Rodrigo, dile al cochero
que por allí era mejor,270
que éste es mal paso.
RODRIGO: Señor,
sabe…
LUIS: Rodrigo, no quiero.
Déjame ver este campo
que ha veinte años que dejé.
RODRIGO: La noche lo impide.275
LUIS: A fe
que adonde la planta estampo
he venido más de dos
veces a cazar, y allí
diviso, sí, ya la vi,
la casa…¡Válgame Dios,280
cuánto me alegro de vella!
…de placer de don Rodrigo.
Fue mi verdadero amigo;
todo el tiempo lo atropella,
pues murió en la juventud285
de su edad, buen caballero,
de cuya desdicha infiero
que también en la quietud
llega presto el ramalazo
de la muerte. Este arroyuelo290
me ha servido de consuelo.
Ya a León corto pedazo
nos queda. No hay una legua
si ya no me acuerdo mal.
RODRIGO: Sabe, pues, que es arenal295
este que pisamos.
LUIS: Tregua
pone al cansancio el gozar
de estos árboles y fuentes,
cuyas honradas corrientes
aun no saben murmurar.300
Cuando pasé por aquí,
mis hijos, aun por crïar,
sin madre a quien apelar
de mi ausencia, iba sin mí.
La yegua que me llevaba305
dos mil veces maldecía,
y al paso que ella corría
mi corazón arrancaba.
¡Cuántas veces por los dos
hijuelos quise volver!310
Y lo hiciera a no tener
temor y respeto a Dios.
Envidia a tener llegara
del muerto, y al mismo punto
su rostro helado y difunto315
recelé que me llamaba.
Veinte años ha que partí
de esta ciudad, y otros tantos
ha que entre tristeza y llantos
a mis desdichas nací.320
No he sabido de mi casa
en este tiempo, y de mí
no han sabido.
Dentro
UNO: Por aquí.
OTRO: Seguidlos.
DIEGO: ¡Ah, suerte escasa
que me persigues!325
LUIS: ¿Qué es esto?
RODRIGO: Como ya va amaneciendo
un hombre admiro corriendo,
señor, hacia aqueste puesto.
LUIS: Voces distintas escucho.
Dentro
OTRO: Ataja; por aquí van.330
Salen don DIEGO con doña ANA
DIEGO: ¿Dónde, desdichas, irán
mis pasos? Pero no es mucho,
si de vosotras nací,
que me persigáis. ¿Qué es esto?
En más peligro estoy puesto;335
ya la esperanza perdí.
ANA: Diego, procura librarte.
DIEGO: Sin ti, ¿cómo he de poder
dejándote a perecer?
ANA: El corazón se me parte.340
LUIS: ¿Quién va allá?
DIEGO: Un cuerpo sin alma
a quien persigue la muerte,
y como el alma le falta,
aunque le mate, no muere.
Mas ¿quién lo pregunta?345
LUIS: Un alma
que a buscar su cuerpo vuelve,
que ha días que le perdió
y no vive hasta tenerle.
DIEGO: La risa de la mañana,
que sólo en esto parece350
que me es el cielo propicio,
ilustre señor, me advierte
vuestro venerable aspecto;
que aquesas sondas de nieve
son el iris que bonanza355
a mis naufragios promete.
Esa cruz que os cruza el pecho
me anima, porque no puede
pecho con tan nobles armas
no ser piadoso y prudente.360
Soy noble, aquésta es mi hermana;
mujer sabia, ilustre y fuerte,
afrenta de las pasadas,
envidia de las presentes;
de vos me atrevo a fïarla,365
seguro que un noble siempre
de honor favorece y honra
a quien del quiere valerse.
Si vais a León, os pido
que procuréis que no lleguen370
a vengarse mis contrarios
con su infamia o con su muerte,
metedla en un monasterio;
si vais a otra parte, denme
vuestros labios la noticia,375
para que, si el cielo quiere
librarme, vaya a serviros.
LUIS: Caballero, tiempo es éste
en que no importan palabras;
el rey me ha hecho mercedes,380
en premio de mis servicios,
de que en Oviedo gobierne
su distrito, y voy ahora
a tomar posesión; quede
por mi cuenta la opinión385
de esta señora, que en este
punto la he constituido
por mi hija, y aunque pese
al mundo, la he de amparar
aunque mil vidas perdiese.390
Con esto partid seguro;
mirad que llega la gente.
DIEGO: Guárdeos el cielo.
LUIS: Acabad,
avisadme a Oviedo.
DIEGO: Queden
mis esperanzas con vos,395
que si el tiempo les concede
a mis desdichas alivio,
que me prodiguen y ofenden,
Diego Hurtado de Mendoza
pagará tantas mercedes.400
Vase don DIEGO
LUIS: ¿Cómo, cómo? Aguarda…
RODRIGO: Al viento
en la ligereza excede.
LUIS: ¡Válgate Dios por rapaz
lo que has crecido!
ANA: Que llegue
a vuestros pies no os asombre405
quien ya por su padre os tiene.
LUIS: Tomad, señora, mis brazos,
que, como padre, os ofrecen
defenderos y serviros.
¿Cómo os llamáis?410
ANA: Si mi suerte
me hubiera dado ventura,
de noble sangre deciende,
Ana Hurtado de Mendoza.
LUIS: Ea, las lágrimas no pueden
dejar de salir. Rodrigo,415
ve al punto que el coche espere
y mete aquesta señora
en él, y por que no lleguen
a conocerla, un volante
cubra su rostro, y advierte420
al cochero, si llegasen
a reconocer, que siempre
digo que es doña Ana mi hija
y que al camino atraviese
de Oviedo, que no he de entrar425
ya en León.
ANA: El cielo aumente .
tu vida.
RODRIGO: Vamos, señora.
¡Confuso voy!
Vanse doña ANA y RODRIGO
LUIS: ¿Qué me quieres
Fortuna? ¿Cómo dispones
mis desdichas de esta suerte?430
¿Cuando pensé que venía
entre los brazos alegres
de mis hijos, los apartas
de mis ojos y previenes
otras mayores desdichas?435
Cánsate ya de ofenderme.
Bien me pareció el rapaz,
alentado es y valiente,
es hijo de buena madre.
¿Qué le obligará que deje440
su casa? ¡Qué confusión!
Dios te libre y Dios te lleve
a mis ojos. La rapaza
es como un oro y parece
varonil. ¡Dios me la guarde!445
Dentro
UNO: Ataja, que ya está cerca.
OTROS: Por aquí, por aquí.
Sale JUANCHO con dos frenos y la espada desnuda
JUANCHO: Lleves
el diablo quien tanto corres.
LUIS: ¿Quién va allá?
JUANCHO: Un hombre que tienes
mucha gana de comer450
y menos de que le cuelgues.
LUIS: ¿De quién huyes?
JUANCHO: De gallinas
plumas escribanos tienes,
garras tienes alguaciles,
alones tienes corchetes,455
y cuerpo tienes soplones,
mulas quitas lo que sientes
el freno arranco y les dejo
sin timón que les gobierne.
¿Tiénele pan su merced?460
LUIS: Sin duda crïado es éste
de Diego. Decid, soldado,
si acaso decir se puede:
¿servís a don Diego Hurtado
de Mendoza?465
JUANCHO: Mi amo es ése,
aunque pese al mundo.
LUIS: ¡Ah noble
nación! Pues no es tiempo aquéste
de dejarle; aquesta bolsa
tomad, amigo, y diréisle
que su padre se la envía.470
JUANCHO: Su padre ha mucho que mueres.
¿Qué diablos dices?
LUIS: Andad,
que yo sé bien que él me entiende;
atravesad ese monte,
que esos riscos que pretenden475
ser columnas en que estriban
del hemisferio los ejes
le esconden.
JUANCHO: Pues ¿hacia dónde
cámina?
LUIS: A mí me parece
que a Oviedo.480
JUANCHO. ¡Juras a Dios
que si no vienes la muerte
que le tienes de seguir,
aunque el diablo se le lleve!
Mas sin bebes y sin comes;485
buen consejo me parece
poner el freno del mula,
así entretendrás los dientes,
Pónese un freno delante y otro detrás
Juancho, y el hambre también.
Ya el uno puesto lo tienes490
y esotro póngole aquí,
que, pues no comes ni bebes
ya pues de nada le sirves
hasta que el tiempo le llegues,
bien es, Juancho sin ventura,495
que ambos agujeros cierres.
Vase con los dos frenos
LUIS: Ya el coche va atravesando.
Diego, Dios te libre y lleve
a mis brazos y a mis ojos;
Ana, venturosa suerte500
te dé el cielo por que entrambos
seáis en dolor tan fuerte
el báculo de mi vida
y el descanso de mi muerte.
Vase. Sale TORIBIA con capa aguadera, a lo asturiano, y con aguijada, y LUCÍA, su criada, de la misma suerte; haya ruido de carretas y cantará LUCÍA al son del ruido de la carreta
LUCÍA: “Que ya as doncelas de León libertadiñas son. O rey Mauregato, menguado y traidor, al cordobés moro en feudo las dio. Dios nos guarde el rey que las libertó que ya as doncelas de León libertadiñas son.”505
TORIBIA: Locía.
LUCÍA: ¿Qué mandas?
TORIBIA. Ten
esos güeyes aguidados
y pazcan en esos prados
sin las coyundas también.510
Échales heno.
LUCÍA: El mohino
en la laguna bebió;
pero luego que acabó
la echó por otro camino,
aunque poco más sobida515
de color.
TORIBIA: Mis güeyes son,
Locía, en toda ocasión,
de condición muy comprida,
si un arroyo se desata
y beben por su decoro,520
al punto pagan en oro
lo que bibieron en prata.
Cuando los hace cosquillas
el prado alegre y sotil,
si le comen peregil525
le vuelven albondiguillas.
Cuando de esta sierra el rizo
de la nieve el hielo afila
y a estas faldas se destila
con perpetuo romadizo.530
si de cualquiera manera
abrigo los damos luego,
tortas nos dan para el huego
de bizcocho de galera.
Corteses por maravilla535
son siempre, si en mi conciencia,
que hacen una reverencia,
que quiebran una costilla.
Todas las virtudes se hallan
en ellos, pues, divertidos,540
son güenos para maridos
que sufren, comen y callan.
LUCÍA: Esto de ser saterica,
¿cuál diablo te lo ha enseñado?
TORIBIA: Cualquier villano es lletrado545
si a las malicias se aprica.
Desunce los güeyes.
LUCÍA: Voy.
Verá lo que hace el bragado
zagüey.
Vase LUCÍA
TORIBIA: En aqueste prado
me asiento, cansada estoy.550
¡Válgame Dios que es de ver
amanecer la mañana
con su capote de grana
cuando juega al esconder
el sol, que aún no conocido555
con halagos lisongeros,
mos viene haciendo pucheros
tembrando y recién nacido!
¡Válganme en esta ocasión
todos los siete durmientes!560
Échase al pie del monte a dormir, y dice LUCÍA dentro
LUCÍA: ¿Qué toyes? ¡Ruego en los dientes
zagüey con la maldición!
Canta LUCÍA
“Las tres periñas do ramo–¡oy!– son para vos meo amo.”
Mientras va cantando asoma por lo alto de un monte don DIEGO, lleno de polvo y mirando abajo
DIEGO: Ya apenas puedo mover,
valor, los cansados pasos;
no sé por dónde descienda,565
que sois tan fragosos y altos,
que incontrastables os miro
y os admiro temerarios.
Con las nubes competís
y ansí podéis alabaros570
de que en tan alto habéis puesto
un hombre tan desdichado.
Si esta senda permitiera,
por dicha, bajar al llano,
fuera alivio de mis penas.575
Va bajando
Parece que ha abierto paso
el cielo a mis desventuras;
algún arroyo ha dejado
esta mal formada senda;
gente parece que abajo580
asiste; unos bueyes miro
paciendo, y allí cantando
está un pastor. Llamar quiero,
quizá llevará un bocado
de pan. ¡Ah, pastor amigo!585
¡Hola! ¡Ah, pastor!
Recuerda
TORIBIA: ¿Quién diabros
mos corrompe el sueño?
DIEGO: ¡Cielo!
¡Parece que estoy soñando!
TORIBIA: ¿A quién gritas o qué quieres?
DIEGO: Zagala, que esos peñascos590
parece que por deidad
para mi bien te guardaron,
sabe, pues, que vengo huyendo
de mí mismo; porque traigo,
por sombra de mis acciones,595
la desdicha de mis hados.
Nací en León, donde anoche,
apenas recién llegado
de Cádiz, donde a mi rey,
resuelto y determinado600
quise ofrecerle mi vida
por víctima de mis años,
arriesgada en su defensa,
en el furioso rebato
que el inglés le presentó,605
bien a costa de su daño,
al fin llegando fue fuerza
que, intentando hacerme agravio,
a un caballero le diera
muerte; siguiéronme cuantos610
parientes tiene y también
la justicia, háme guardado
el cielo para que ahora
viniese a dar en tus manos.
TORIBIA: Afligido caballero,615
a buen puerto habéis llegado;
bajad, no tengáis temor,
que por los cielos sagrados,
que a quien intente ofenderos,
que a quien presuma enojaron,620
como si fueran gorriones
los mate con ese palo.
Estas montañas habita
mi padre, un nobre serrano;
es dueño de cuanto miran625
vuesos ojos, que esos pagos
todos le rienden tributos
y le sustentan ganados.
Tiene dos hijos, que somos
yo y Sancho Díaz mi hermano.630
Vengo ahora de León
de vender en esos carros
la manteca y el carbón
uno prieto y otro blanco,
ca cá non damos concetos635
como allá los cortesanos.
Sentaos, que seguro estáis
y comeréis entre tanto,
que allá en casa se os aliña
algún locido regalo640
pan y queso, que aquesto es
el más sabroso en el campo.
Sentaos y descansaréis.
Siéntase y saca de las alforjas pan y queso
DIEGO: Sólo con veros descanso.
TORIBIA: Pues si descansáis con verme,645
id comiendo y descansando,
que yo me pondré aquí enfrente.
DIEGO: En vos, sin duda, juntaron
la piedad y la hermosura
mucha gracia en pocos años.650
Come. Sale JUANCHO por lo alto de otro monte con los frenos puestos
JUANCHO: ¡Juras a Dios que esta tierra
es buena para milanos!
Campo lleno de verrugas,
¿cuándo llegarás al llano?
Tú, Juancho, ya que no comes,655
cantando siéntate un rato.
Siéntase y canta mirando abajo
“¿Quién quieres pan que lo arrojo, tres días ha que no como?”
DIEGO: ¡Vive Dios que aquella voz
la conozco! ¡Juancho, ah, Juancho!
JUANCHO: ¿Quién llamas Juancho? ¿Qué es esto?
………………. [ -a-o]660
DIEGO: Juancho, baja, que aquí tengo,
que comas.
JUANCHO: Estáis soñando,
pues no tienes por adónde
mejor bajarás rodando.
Échase a rodar
¡El diablo llevas el frenos!665
Las narices me he quebrado.
DIEGO: ¿Cómo los traes ansí?
JUANCHO: No es tiempo para contarlo;
hartaré pan y después
dirélo. ¿Quién te le ha dado?670
DIEGO: Esta serrana piadosa
que hoy ha de ser nuestro amparo.
JUANCHO: ¡Oh, serrana panadera!
Deja besaré el zancajo.
TORIBIA: Levantaos, Juancho, comed;675
que después podréis besarlo.
Sale LUCÍA
LUCÍA: Ya es hora, si te parece,
que nos vamos. ¡San Hilario!
¿on hombres estás, Toribia?
TORIBIA: Calla, que es un hombre honrado,680
caballero de León,
que, huyendo por ciertos casos,
llegó triste y afligido
nor entre esos riscos altos
a pedirme pan; y a fe685
que lo hubiera perdonado,
porque no sé qué cosquillas
siento en el alma.
LUCÍA: Es gallardo.
¿Y estotro quién es?
TORIBIA: Estotro
diz que es Juancho, su criado.690
LUCÍA: Pues, Toribia, a Juancho alojo,
porque si hubiera arrebato
adonde muriese Ero,
es bien que muera Leandro.
……………………695
En el alma encaramado
le tengo ya.
JUANCHO: ¿Qué me dices?
Hasme un puchero.
LUCÍA: Y aun cuatro.
JUANCHO: Si le tienes algo dentro
comeremos un bocado.700
LUCÍA: ¡Alto, a subir!
JUANCHO: Vamos, pues.
(¡Matada me llevas, Juancho! Aparte
¿Al diablo le das amor?)
Vanse LUCÍA y JUANCHO
DIEGO: No eres para panciflcos.
TORIBIA: Ya unce Locía, ven705
y no me engañes.
DIEGO: Si engaño
te hago, muera, Toribia,
a tus bellísimas manos.
TORIBIA: ¡Qué de embustes, qué de enredos
hechiceros cortesanos,710
algún diabro os trujo aquí!
DIEGO: ¿Queréis darme una mano,
que estoy cansado?
TORIBIA: Y aun dos.
Ásense de las manos, y va TORIBIA tirando de él
(¡Ay Dios, qué blancos pedazos Aparte
de ñeve; no sé qué siento715
parece que estoy temblando,
y a un tiempo mismo parece
me acucian con gozo y llanto,
aquí, en los ojos, cosquillas;
aquí, en el pecho, milanos.)720
Vanse asidos

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

Scroll to Top