El perro del hortelano — Jornada I

EL PERRO DEL HORTELANO

Lope de Vega

Texto basado en varios impresos tempranos y modernos de EL PERRO DEL HORTELANO. Fue preparado por Vern Williamsen en esta forma electrónica en el año 1995.


Personas que hablan en ella:

  • DIANA, condesa de Belflor
  • TEODORO, su secretario
  • OTAVIO, su mayordomo
  • FABIO, su gentilhombre
  • TRISTÁN, lacayo
  • ANARDA, dama
  • MARCELA, dama
  • DOROTEA, dama
  • FEDERICO, conde
  • LUDOVICO, conde
  • RICARDO, marqués
  • LEONIDO, criado
  • ANTONELO, lacayo
  • FURIO
  • LIRANO
  • CELIO, criado
  • CAMILO
  • Un PAJE

JORNADA PRIMERA


TEODORO: Huye, Tristán, por aquí.
TRISTÁN: Notable desdicha ha sido.
TEODORO: ¿Si nos habrá conocido?
TRISTÁN: No sé; presumo que sí.
Vanse. Sale DIANA
DIANA: ¡Ah gentilhombre!, esperad.5
¡Teneos, oíd! ¿qué digo?
¿Esto se ha de usar conmigo?
Volved, mirad, escuchad.
¡Hola! ¿No hay aquí un crïado?
¡Hola! ¿No hay un hombre aquí?10
Pues no es sombra lo que vi,
ni sueño que me ha burlado.
¡Hola! ¿Todos duermen ya?
Sale FABIO
FABIO: ¿Llama vuestra señoría?
DIANA: Para la cólera mía15
gusto esa flema me da.
Corred, necio, enhoramala,
pues merecéis este nombre,
y mirad quién es un hombre
que salió de aquesta sala.20
FABIO: ¿De esta sala?
DIANA: Caminad,
y responded con los pies.
FABIO: Voy tras él.
DIANA: Sabed quién es.
FABIO: ¿Hay tal traición, tal maldad?
Vase. Sale OTAVIO
OTAVIO: Aunque su voz escuchaba,25
a tal hora no creía
que era vuestra señoría
quien tan aprisa llamaba.
DIANA: ¡Muy lindo Santelmo hacéis!
¡Bien temprano os acostáis!30
¡Con la flema que llegáis!
¡Qué despacio que os movéis!
Andan hombres en mi casa
a tal hora, y aún los siento
casi en mi propio aposento;35
que no sé yo dónde pasa
tan grande insolencia, Otavio.
Y vos, muy a lo escudero,
cuando yo me desespero,
¿ansí remediáis mi agravio?40
OTAVIO: Aunque su voz escuchaba,
a tal hora no creía
que era vuestra señoría
quien tan aprisa llamaba.
DIANA: Volveos; que no soy yo;45
acostaos; que os hará mal.
OTAVIO: Señora…
Sale FABIO
FABIO: No he visto tal.
Como un gavilán partió.
DIANA: ¿Viste las señas?
FABIO: ¿Qué señas?
DIANA: ¿Una capa no llevaba50
con oro?
FABIO: Cuando bajaba
la escalera…
DIANA: ¡Hermosas dueñas
sois los hombres de mi casa!
FABIO: A la lámpara tiró
el sombrero y la mató.55
Con esto los patios pasa,
y en lo escuro del portal
saca la espada y camina.
DIANA: Vos sois muy lindo gallina.
FABIO: ¿Qué querías?60
DIANA: ¡Pesia tal!
Cerrar con él y matalle.
OTAVIO: Si era hombre de valor,
¿fuera bien echar tu honor
desde el portal a la calle?
DIANA: ¡De valor aquí! ¿Por qué?65
OTAVIO: ¿Nadie en Nápoles te quiere,
que mientras casarse espere,
por dónde puede te ve?
¿No hay mil señores que están,
para casarse contigo,70
ciegos de amor? Pues bien digo,
si tú le viste galán,
y Fabio tirar bajando
a la lámpara el sombrero.
DIANA: Sin duda fue caballero75
que, amando y solicitando,
vencerá con interés
mis crïados; que crïados
tengo, Otavio, tan honrados.
Pero yo sabré quién es.80
Plumas llevaba el sombrero,
y en la escalera ha de estar.
A Fabio
Ve por él.
FABIO: ¿Si le he de hallar?
DIANA: Pues claro está, majadero;
que no había de bajarse85
por él cuando huyendo fue.
FABIO: Luz, señora, llevaré.
Vase
DIANA: Si ello viene a averiguarse,
no me ha de quedar culpado
en casa.90
OTAVIO: Muy bien harás;
pues cuando segura estás,
te han puesto en este cuidado.
Pero aunque es bachillería,
y más estando enojada,
hablarte en lo que te enfada,95
ésta tu injusta porfía
de no te querer casar
causa tantos desatinos,
solicitando caminos
que te obligasen a amar.100
DIANA: ¿Sabéis vos alguna cosa?
OTAVIO: Yo, señora, no sé más
de que en opinión estás
de incansable cuanto hermosa.
El condado de Belflor105
pone a muchos en cuidado.
Sale FABIO
FABIO: Con el sombrero he topado;
mas no puede ser peor.
DIANA: Muestra. ¿Qué es esto?
FABIO: No sé.
Éste aquel galán tiró.110
DIANA: ¿Éste?
OTAVIO: No le he visto yo
más sucio.
FABIO: Pues éste fue.
DIANA: ¿Éste hallaste?
FABIO: Pues ¿yo había
de engañarte?
OTAVIO: ¡Buenas son
las plumas!115
FABIO: El es ladrón.
OTAVIO: Sin duda a robar venía.
DIANA: Haréisme perder el seso.
FABIO: Este sombrero tiró.
DIANA: Pues las plumas que vi yo,
y tantas, que aun era exceso,120
¿en esto se resolvieron?
FABIO: Como en la lámpara dio,
sin duda se las quemó,
y como estopas ardieron.
Ícaro, ¿al sol no subía,125
y abrasándose las plumas,
cayó en las blancas espumas
del mar? Pues esto sería.
El sol la lámpara fue,
Ícaro el sombrero; y luego130
las plumas deshizo el fuego,
y en la escalera le hallé.
DIANA: No estoy para burlas, Fabio.
Hay aquí mucho que hacer.
OTAVIO: Tiempo habrá para saber135
la verdad.
DIANA: ¿Qué tiempo, Otavio?
OTAVIO: Duerme agora; que mañana
lo puedes averiguar.
DIANA: No me tengo de acostar,
no, por vida de Dïana,140
hasta saber lo que ha sido.
Llama esas mujeres todas.
Vase FABIO
OTAVIO: Muy bien la noche acomodas.
DIANA: Del sueño, Otavio, me olvido
con el cuidado de ver145
un hombre dentro en mi casa.
OTAVIO: Saber después lo que pasa
fuera discreción, y hacer
secreta averiguación.
DIANA: Sois, Otavio, muy discreto;150
que dormir sobre un secreto
es notable discreción.
Salen FABIO, MARCELA, DOROTEA, ANARDA
FABIO: Las que importan he traído;
que las demás no sabrán
lo que deseas, y están155
rindiendo al sueño el sentido.
Las de tu cámara solas
estaban por acostar.
ANARDA: (De noche se altera el mar, Aparte
y se enfurecen las olas.)160
FABIO: ¿Quieres quedar sola?
DIANA: Sí.
Salíos los dos allá.
[FABIO habla] aparte a OTAVIO
FABIO: (¡Bravo examen!
OTAVIO: Loca está.
FABIO: Y sospechosa de mí.)
Vanse OTAVIO y FABIO
DIANA: Llégate aquí, Dorotea.165
DOROTEA: ¿Qué manda vuseñoría?
DIANA: Que me dijeses querría
quién esta calle pasea.
DOROTEA: Señora, el marqués Ricardo,
y algunas veces el conde170
Paris.
DIANA: La verdad responde
de lo que decirte aguardo,
si quieres tener remedio.
DOROTEA: ¿Qué te puedo yo negar?
DIANA: ¿Con quién los has visto hablar?175
DOROTEA: Si me pusieses en medio
de mil llamas, no podré
decir que, fuera de ti,
hablar con nadie los vi
que en aquesta casa esté.180
DIANA: ¿No te han dado algún papel?
¿Ningún paje ha entrado aquí?
DOROTEA: Jamás.
DIANA: Apártate allí.
[MARCELA habla] aparte a ANARDA
MARCELA: (¡Brava inquisición!
ANARDA: Crüel.)
DIANA: Oye, Anarda.185
ANARDA: ¿Qué me mandas?
DIANA: ¿Qué hombre es éste que salió?
ANARDA: ¿Hombre?
DIANA. Desta sala; y yo
sé los pasos en que andas.
¿Quién le trajo a que me viese?190
¿Con quién habla de vosotras?
ANARDA: No creas tú que en nosotras
tal atrevimiento hubiese.
¡Hombre, para verte a ti,
había de osar traer195
criada tuya, ni hacer
esa traición contra ti!
No, señora, no lo entiendes.
DIANA: Espera, apártate más;
porque a sospechar me das,200
si engañarme no pretendes,
que por alguna crïada
este hombre ha entrado aquí.
ANARDA: El verte, señora, ansí,
y justamente enojada,205
dejada toda cautela,
me obliga a decir verdad,
aunque contra la amistad
que profeso con Marcela.
Ella tiene a un hombre amor,210
y él se le tiene también;
mas nunca he sabido quién.
DIANA: Negarlo, Anarda, es error.
Ya que confiesas lo más,
¿para qué niegas lo menos?215
ANARDA: Para secretos ajenos
mucho tormento me das,
sabiendo que soy mujer;
mas basta que hayas sabido
que por Marcela ha venido.220
Bien te puedes recoger;
que es sólo conversación,
y ha poco que se comienza.
DIANA: ¡Hay tan crüel desvergüenza!
¡Buena andará la opinión225
de una mujer por casar!
¡Por el siglo, infame gente,
del conde mi señor!
ANARDA: Tente,
y déjame disculpar;
que no es de fuera de casa230
el hombre que habla con ella,
ni para venir a vella
por esos peligros pasa.
DIANA: En efeto, ¿es mi crïado?
ANARDA: Sí, señora.235
DIANA: ¿Quién?
ANARDA: Teodoro.
DIANA: ¿El secretario?
ANARDA: Yo ignoro
lo demás; sé que han hablado.
DIANA: Retírate, Anarda, allí.
ANARDA: Muestra aquí tu entendimiento.
DIANA: (Con más templanza me siento, Aparte240
sabiendo que no es por mí.)
Marcela…
MARCELA: Señora…
DIANA: Escucha.
MARCELA: ¿Qué mandas? (Temblando llego.) Aparte
DIANA: ¿Eres tú de quien fïaba
mi honor y mis pensamientos?245
MARCELA: Pues ¿qué te han dicho de mí,
sabiendo tú que profeso
la lealtad que tú mereces?
DIANA: ¿Tú, lealtad?
MARCELA: ¿En qué te ofendo?
DIANA: ¿No es ofensa que en mi casa,250
y dentro de mi aposento,
entre un hombre a hablar contigo ?
MARCELA: Está Teodoro tan necio
que donde quiera me dice
dos docenas de requiebros.255
DIANA: ¿Dos docenas? ¡Bueno a fe!
Bendiga el buen año el cielo,
pues se venden por docenas.
MARCELA: Quiero decir que, en saliendo
o entrando, luego a la boca260
traslada sus pensamientos.
DIANA: ¿Traslada? Término extraño.
¿Y qué te dice?
MARCELA: No creo
que se me acuerde.
DIANA: Sí hará.
MARCELA: Una vez dice, “Yo pierdo265
el alma por esos ojos.”
Otra, “Yo vivo por ellos;
esta noche no he dormido,
desvelando mis deseos
en tu hermosura.” Otra vez270
me pide sólo un cabello
para atarlos, porque estén
en su pensamiento quedos.
Mas ¿para qué me preguntas
niñerías?275
DIANA: Tú a lo menos
bien te huelgas.
MARCELA: No me pesa;
porque de Teodoro entiendo
que estos amores dirige
a fin tan justo y honesto,
como el casarse conmigo.280
DIANA: Es el fin del casamiento
honesto blanco de amor.
¿Quieres que yo trate desto?
MARCELA: ¡Qué mayor bien para mi!
Pues ya, señora, que veo285
tanta blandura en tu enojo
y tal nobleza en tu pecho,
te aseguro que le adoro,
porque es el mozo más cuerdo,
más prudente y entendido,290
más amoroso y discreto,
que tiene aquesta ciudad.
DIANA: Ya sé yo su entendimiento
del oficio en que me sirve.
MARCELA: Es diferente el sujeto295
de una carta, en que les pruebas
a dos títulos tu deudo,
de verle hablar más de cerca,
en estilo dulce y tierno,
razones enamoradas.300
DIANA: Marcela, aunque me resuelvo
a que os caséis, cuando sea
para ejecutarlo tiempo,
no puedo dejar de ser
quien soy, como ves que debo305
a mi generoso nombre;
porque no fuera bien hecho
daros lugar en mi casa.
(Sustentar mi enojo quiero.) Aparte
Pues ya que todos lo saben,310
tú podrás con más secreto
proseguir ese tu amor;
que en la ocasión yo me ofrezco
a ayudaros a los dos;
que Teodoro es hombre cuerdo,315
y se ha criado en mi casa;
y a ti, Marcela, te tengo
la obligación que tú sabes,
y no poco parentesco.
MARCELA: A tus pies tienes tu hechura.320
DIANA: Vete.
MARCELA: Mil veces los beso.
DIANA: Dejadme sola.
[ANARDA habla] aparte a MARCELA
ANARDA: (¿Qué ha sido?
MARCELA: Enojos en mi provecho.
DOROTEA: ¿Sabe tus secretos ya?
MARCELA: Sí sabe, y que son honestos.)325
MARCELA, DOROTEA y ANARDA hacen tres reverencias a la condesa, y se van
DIANA: Mil veces he advertido en la belleza,
gracia y entendimiento de Teodoro,
que a no ser desigual a mi decoro,
estimara su ingenio y gentileza.
Es el amor común naturaleza;330
mas yo tengo mi honor por más tesoro,
que los respetos de quien soy adoro,
y aun el pensarlo tengo por bajeza.
La envidia bien sé yo que ha de quedarme;
que si la suelen dar bienes ajenos,335
bien tengo de que pueda lamentarme,
porque quisiera yo que, por lo menos,
Teodoro fuera más, para igualarme,
o yo, para igualarle, fuera menos.
Vase DIANA. Salen TEODORO Y TRISTÁN
TEODORO: No he podido sosegar.340
TRISTÁN: Y aun es con mucha razón;
que ha de ser tu perdición
si lo llega a averiguar.
Díjete que la dejaras
acostar, y no quisiste.345
TEODORO: Nunca el amor se resiste.
TRISTÁN: Tiras, pero no reparas.
TEODORO: Los diestros lo hacen ansí.
TRISTÁN: Bien sé yo que si lo fueras,
el peligro conocieras.350
TEODORO: ¿Si me conoció?
TRISTÁN: No y sí;
que no conoció quién eras,
y sospecha le quedó.
TEODORO: Cuando Fabio me siguió
bajando las escaleras,355
fue milagro no matalle.
TRISTÁN: ¡Qué lindamente tiré
mi sombrero a la luz!
TEODORO: Fue
detenelle y deslumbralle,
porque si adelante pasa,360
no le dejara pasar.
TRISTÁN: Dije a la luz al bajar,
“Di que no somos de casa”;
y respondióme: “Mentís.”
Alcé y tiréle el sombrero;365
¿quedé agraviado?
TEODORO: Hoy espero
mi muerte.
TRISTÁN: Siempre decís
esas cosas los amantes
cuando menos pena os dan.
TEODORO: Pues ¿qué puedo hacer, Tristán,370
en peligros semejantes?
TRISTÁN: Dejar de amar a Marcela,
pues la condesa es mujer
que si lo llega a saber,
no te ha de valer cautela375
para no perder su casa.
TEODORO: Y ¿no hay más sino olvidar?
TRISTÁN: Liciones te quiero dar
de cómo el amor se pasa.
TEODORO: ¿Ya comienzas desatinos?380
TRISTÁN. Con arte se vence todo:
oye, por tu vida, el modo
por tan fáciles caminos.
Primeramente has de hacer
resolución de olvidar,385
sin pensar que has de tornar
eternamente a querer;
que si te queda esperanza
de volver, no habrá remedio
de olvidar; que si está en medio390
la esperanza, no hay mudanza.
¿Por qué piensas que no olvida
luego un hombre a una mujer?
Porque, pensando volver,
va entreteniendo la vida.395
Ha de haber resolución
dentro del entendimiento,
con que cesa el movimiento
de aquella imaginación.
¿No has visto faltar la cuerda400
de un reloj, y estarse quedas
sin movimiento las ruedas?
Pues desa suerte se acuerda
el que tienen las potencias,
cuando la esperanza falta.405
TEODORO: Y la memoria, ¿no salta
luego a hacer mil diligencias,
despertando el sentimiento
a que del bien no se prive?
TRISTÁN: Es enemigo que vive410
asido al entendimiento,
como dijo la canción
de aquel español poeta;
mas por eso es linda treta
vencer la imaginación.415
TEODORO: ¿Cómo?
TRISTÁN: Pensando defetos,
y no gracias; que olvidando,
defetos están pensando,
que no gracias, los discretos.
No la imagines vestida420
con tan linda proporción
de cintura, en el balcón
de unos chapines subida.
Toda es vana arquitectura;
porque dijo un sabio un día425
que a los sastres se debía
la mitad de la hermosura.
Como se ha de imaginar
una mujer semejante,
es como un disciplinante430
que le llevan a curar.
Esto sí; que no adornada
del costoso faldellín.
Pensar defetos, en fin,
es medicina aprobada.435
Si de acordarte que veías
alguna vez una cosa
que te pareció asquerosa,
no comes en treinta días;
acordándote, señor,440
de los defetos que tiene,
si a la memoria te viene,
se te quitará el amor.
TEODORO: ¡Qué grosero cirujano!
¡Qué rústica curación!445
Los remedios al fin son
como de tu tosca mano.
Médico empírico eres;
no has estudiado, Tristán.
Yo no imagino que están450
desa suerte las mujeres,
sino todas cristalinas,
como un vidrio transparentes.
TRISTÁN: ¡Vidrio! Sí, muy bien lo sientes,
si a verlas quebrar caminas;455
mas si no piensas pensar
defetos, pensarte puedo,
porque ya he perdido el miedo
de que podrás olvidar.
Pardiez, yo quise una vez,460
con esta cara que miras,
a una alforja de mentiras,
años cinco veces diez;
y entre otros dos mil defetos,
cierta barriga tenía,465
que encerrar dentro podía,
sin otros mil parapetos,
cuantos legajos de pliegos
algún escritorio apoya,
pues como el caballo en Troya470
pudiera meter cien griegos.
¿No has oído que tenía
cierto lugar un nogal,
que en el tronco un oficial
con mujer y hijos cabía,475
y aun no era la casa escasa?
Pues de esa misma manera,
en esta panza cupiera
un tejedor y su casa.
Y queriéndola olvidar480
–que debió de convenirme–,
dio la memoria en decirme
que pensase en blanco azar,
en azucena y jazmín,
en marfil, en plata, en nieve,485
y en la cortina, que debe
de llamarse el faldellín,
con que yo me deshacía.
Mas tomé más cuerdo acuerdo,
y di en pensar, como cuerdo,490
lo que más le parecía;
cestos de calabazones,
baúles viejos, maletas
de cartas para estafetas,
almofrejes y jergones;495
con que se trocó en desdén
el amor y la esperanza,
y olvidé la dicha panza
por siempre jamás amén;
que era tal, que en los dobleces,500
y no es mucho encarecer,
se pudieran esconder
cuatro manos de almireces.
TEODORO: En las gracias de Marcela
no hay defetos que pensar.505
Yo no la pienso olvidar.
TRISTÁN: Pues a tu desgracia apela,
y sigue tan loca empresa.
TEODORO: Toda es gracias: ¿qué he de hacer?
TRISTÁN: Pensarlas hasta perder510
la gracia de la condesa.
Sale DIANA
DIANA: Teodoro
TEODORO: (La misma es.) Aparte
DIANA: Escucha.
TEODORO: A tu hechura manda.
TRISTÁN: (Si en averiguarlo anda, Aparte
de casa volamos tres.)515
DIANA: Hame dicho cierta amiga
que desconfía de sí
que el papel que traigo aquí
le escriba. A hacerlo me obliga
la amistad, aunque yo ignoro,520
Teodoro, cosas de amor;
y que le escribas mejor
vengo a decirte, Teodoro.
Toma y léele.
TEODORO: Si aquí,
señora, has puesto la mano,525
igualarle fuera en vano,
y fuera soberbia en mí.
Sin verle, pedirte quiero
que a esa señora le envíes.
DIANA: Léele.530
TEODORO: Que desconfíes
me espanto: aprender espero
estilo que yo no sé;
que jamás traté de amor.
DIANA: ¿Jamás, jamás?
TEODORO: Con temor
de mis defetos, no amé;535
que soy muy desconfïado.
DIANA: Y se puede conocer
de que no te dejas ver,
pues que te vas rebozado.
TEODORO: ¡Yo, señora! ¿Cuándo o cómo?540
DIANA: Dijéronme que salió
anoche acaso, y te vio
rebozado el mayordomo.
TEODORO: Andaríamos burlando
Fabio y yo, como solemos,545
que mil burlas nos hacemos.
DIANA: Lee, lee.
TEODORO: Estoy pensando
que tengo algún envidioso.
DIANA: Celoso podría ser.
Lee, lee.550
TEODORO: Quiero ver
ese ingenio milagroso.
Lee
“Amar por ver amar, envidia ha sido;
y primero que amar estar celosa
es invención de amor maravillosa,
y que por imposible se ha tenido.555
De los celos mi amor ha procedido
por pesarme que, siendo más hermosa,
no fuese en ser amada tan dichosa,
que hubiese lo que envidio merecido.
Estoy sin ocasión desconfïada,560
celosa sin amor, aunque sintiendo:
debo de amar, pues quiero ser amada.
Ni me dejo forzar ni me defiendo;
darme quiero a entender sin decir nada:
entiéndame quien puede; yo me entiendo.”565
DIANA: ¿Qué dices?
TEODORO: Que si esto es
a propósito del dueño,
no he visto cosa mejor;
mas confieso que no entiendo
cómo puede ser que amor570
venga a nacer de los celos,
pues que siempre fue su padre.
DIANA: Porque esta dama, sospecho
que se agradaba de ver
este galán, sin deseo;575
y viéndole ya empleado
en otro amor, con los celos
vino a amar y a desear.
¿Puede ser?
TEODORO: Yo lo concedo;
mas ya esos celos, señora,580
de algún principio nacieron,
y ése fue amor; que la causa
no nace de los efetos,
sino los efetos de ella.
DIANA. No sé, Teodoro: esto siento
de esta dama, pues me dijo585
que nunca al tal caballero
tuvo más que inclinación,
y en viéndole amar, salieron
al camino de su honor
mil salteadores deseos,590
que le han desnudado el alma
del honesto pensamiento
con que pensaba vivir.
TEODORO: Muy lindo papel has hecho:
yo no me atrevo a igualarle.595
DIANA: Entra y prueba.
TEODORO: No me atrevo.
DIANA: Haz esto, por vida mía.
TEODORO: Vuseñoría con esto
quiere probar mi ignorancia.
DIANA: Aquí aguardo: vuelve luego.600
TEODORO: Yo voy.
Vase [TEODORO]
DIANA: Escucha, Tristán.
TRISTÁN: A ver lo que mandas vuelvo,
con vergüenza destas calzas;
que el secretario, mi dueño,
anda salido estos días;605
y hace mal un caballero,
sabiendo que su lacayo
le va sirviendo de espejo,
de lucero y de cortina,
en no traerle bien puesto.610
Escalera del señor,
si va a caballo, un discreto,
nos llamó, pues a su cara
se sube por nuestros cuerpos.
No debe de poder más.615
DIANA: ¿Juega?
TRISTÁN: ¡Pluguiera a los cielos!
Que a quien juega, nunca faltan,
de esto o de aquello, dineros.
Antiguamente los reyes
algún oficio aprendieron,620
por, si en la guerra o la mar
perdían su patria y reino,
saber con qué sustentarse:
¡dichosos los que pequeños
aprendieron a jugar!625
Pues en faltando, es el juego
un arte noble que gana
con poca pena el sustento.
Verás un grande pintor,
acrisolando el ingenio,630
hacer una imagen viva,
y decir el otro necio
que no vale diez escudos;
y que el que juega, en diciendo
“paro,” con salir la suerte,635
le sale a ciento por ciento.
DIANA: En fin, ¿no juega?
TRISTÁN: Es cuitado.
DIANA: A la cuenta será cierto
tener amores.
TRISTÁN: ¡Amores!
¡Oh qué donaire! Es un hielo.640
DIANA: Pues un hombre de su talle,
galán, discreto y mancebo,
¿no tiene algunos amores
de honesto entretenimiento?
TRISTÁN: Yo trato en paja y cebada,645
no en papeles y requiebros.
De día te sirve aquí;
que está ocupado sospecho.
DIANA: Pues ¿nunca sale de noche?
TRISTÁN: No le acompaño; que tengo650
una cadera quebrada.
DIANA: ¿De qué, Tristán?
TRISTÁN: Bien te puedo
responder lo que responden
las malcasadas, en viendo
cardenales en su cara655
del mojicón de los celos:
“Rodé por las escaleras.”
DIANA: ¿Rodaste?
TRISTÁN: Por largo trecho.
Con las costillas conté
los pasos.660
DIANA: Forzoso es eso,
si a la lámpara, Tristán,
le tirabas el sombrero.
TRISTÁN: (¡Oxte, puto! ¡Vive Dios, Aparte
que se sabe todo el cuento!)
DIANA: ¿No respondes?665
TRISTÁN: Por pensar
cuándo…, pero ya me acuerdo:
Anoche andaban en casa
unos murciélagos negros;
el sombrero les tiraba,
fuese a la luz uno de ellos,670
y acerté, por dar en el,
en la lámpara, y tan presto
por la escalera rodé,
que los dos pies se me fueron.
DIANA: Todo está muy bien pensado;675
pero un libro de secretos
dice que es buena la sangre
para quitar el cabello,
de esos murciélagos digo;
y haré yo sacarla luego,680
si es cabello la ocasión,
para quitarla con ellos.
TRISTÁN: (¡Vive Dios, que hay chamusquina, Aparte
y que por murciegalero
me pone en una galera!)685
DIANA: (¡Qué traigo de pensamientos!)
Sale FABIO
FABIO: Aquí está el marqués Ricardo.
DIANA: Poned esas sillas luego.
Salen RICARDO y CELIO, y vanse FABIO y TRISTÁN
RICARDO: Con el cuidado que el amor, Dïana,
pone en un pecho que aquel fin desea690
que la mayor dificultad allana,
el mismo quiere que te adore y vea:
solicito mi causa, aunque por vana
esta ambición algún contrario crea,
que dando más lugar a su esperanza,695
tendrá menos amor que confïanza.
Está vuseñoría tan hermosa,
que estar buena el mirarla me asegura;
que en la mujer–y es bien pensada cosa–
la más cierta salud es la hermosura;700
que en estando gallarda, alegre, airosa,
es necedad, es ignorancia pura,
llegar a preguntarle si está buena,
que todo entendimiento la condena.
Sabiendo que lo estáis, como lo dice705
la hermosura, Diana, y la alegría,
de mí, si a la razón no contradice,
saber, señora, cómo estoy querría.
DIANA: Que vuestra señoría solemnice
lo que en Italia llaman gallardía710
por hermosura, es digno pensamiento
de su buen gusto y claro entendimiento.
Que me pregunte cómo está, no creo
que soy tan dueño suyo que lo diga.
RICARDO: Quien sabe de mi amor y mi deseo715
el fin honesto a este favor se obliga.
A vuestros deudos inclinados veo
para que en lo tratado se prosiga;
sólo falta, señora, vuestro acuerdo,
porque sin él las esperanzas pierdo.720
Si, como soy señor de aquel estado
que con igual nobleza heredé agora,
lo fuera desde el sur más abrasado
a los primeros paños del aurora;
si el oro, de los hombres adorado,725
las congeladas lágrimas que llora
el cielo, o los diamantes orientales
que abrieron por el mar caminos tales
tuviera yo, lo mismo os ofreciera;
y no dudéis, señora, que pasara730
adonde el sol apenas luz me diera,
como a sólo serviros importara:
en campañas de sal pies de madera
por las remotas aguas estampara,
hasta llegar a las australes playas,735
del humano poder últimas rayas.
DIANA: Creo, señor marqués, el amor vuestro;
y satisfecha de nobleza tanta,
haré tratar el pensamiento nuestro,
si al conde Federico no le espanta.740
RICARDO: Bien sé que en trazas es el conde diestro,
porque en ninguna cosa me adelanta;
mas yo fío de vos que mi justicia
los ojos cegará de su malicia.
Sale TEODORO
TEODORO: Ya lo que mandas hice.745
RICARDO: Si ocupada
vuseñoría está, no será justo
hurtarle el tiempo.
DIANA: No importara nada,
puesto que a Roma escribo.
RICARDO: No hay disgusto
como en día de cartas dilatada
visita.750
DIANA: Sois discreto.
RICARDO: En daros gusto.
[RICARDO habla] aparte [a CELIO]
(Celio, ¿qué te parece?
CELIO: Que quisiera
que ya tu justo amor premio tuviera.)
Vanse RICARDO y CELIO
DIANA: ¿Escribiste?
TEODORO: Ya escribí,
aunque bien desconfïado;
mas soy mandado y forzado.755
DIANA: Muestra.
TEODORO: Lee.
DIANA: Dice así:
Lee
“Querer por ver querer envidia fuera,
si quien lo vio sin ver amar no amara,
porque si antes de ver, no amar pensara,
después no amara, puesto que amar viera.760
Amor, que lo que agrada considera
en ajeno poder, su amor declara;
que como la color sale a la cara,
sale a la lengua lo que al alma altera.
No digo más, porque lo mis ofendo765
desde lo menos, si es que desmerezco
porque del ser dichoso me defiendo.
Esto que entiendo solamente ofrezco;
que lo que no merezco no lo entiendo,
por no dar a entender que lo merezco.”770
DIANA: Muy bien guardaste el decoro.
TEODORO: ¿Búrlaste?
DIANA: ¡Pluguiera a Dios!
TEODORO: ¿Qué dices?
DIANA: Que de los dos,
el tuyo vence, Teodoro.
TEODORO: Pésame, pues no es pequeño775
principio de aborrecer
un crïado, el entender
que sabe más que su dueño.
De cierto rey se contó
que le dijo a un gran privado:780
“Un papel me da cuidado,
y si bien le he escrito yo,
quiero ver otro de vos,
y el mejor escoger quiero.”
Escribióle el caballero,785
y fue el mejor de los dos.
Como vio que el rey decía
que era su papel mejor,
y díjole al mayor
hijo, de tres que tenía:790
“Vámonos del reino luego;
que en gran peligro estoy yo.”
El mozo le preguntó
la causa, turbado y ciego;
y respondióle: “Ha sabido795
el rey que yo sé más que él;
–que es lo que en este papel
me puede haber sucedido.
DIANA: No, Teodoro; que aunque digo
que es el tuyo más discreto,800
es porque sigue el conceto
de la materia que sigo;
y no para que presuma
tu pluma que, si me agrada,
pierdo el estar confïada805
de los puntos de mi pluma.
Fuera de que soy mujer
a cualquier error sujeta,
y no sé si muy discreta,
como se me echa de ver.810
Desde lo menos, aquí
dices que ofendes lo más;
y amando, engañado estás,
porque en amor no es ansí;
que no ofende un desigual815
amando, pues sólo entiendo
que se ofende aborreciendo.
TEODORO: Ésa es razón natural;
mas pintaron a Faetonte
y a Ícaro despeñados,820
uno en caballos dorados,
precipitado en un monte;
y otro, con alas de cera,
derretido en el crisol
del sol.825
DIANA: No lo hiciera el sol
si, como es sol, mujer fuera.
Si alguna dama quisieres
alta, sírvela y confía;
que amor no es más que porfía:
no son piedras las mujeres.830
Yo me llevo este papel;
que despacio me conviene
verle.
TEODORO: Mil errores tiene.
DIANA: No hay error ninguno en él.
TEODORO: Honras mi deseo; aquí835
traigo el tuyo.
DIANA: Pues allá
le guarda…, aunque bien será
rasgarle.
TEODORO: ¿Rasgarle?
DIANA: Sí;
que no importa. ¿Que se pierda,
si se puede perder más?840
Vase [DIANA]
TEODORO: Fuése. ¿Quién pensó jamás
de mujer tan noble y cuerda
este arrojarse tan presto
a dar su amor a entender?
Pero también puede ser845
que yo me engañase en esto.
Mas, ¿no me ha dicho jamás,
ni a lo menos se me acuerda?
“Pues ¿qué importa que se pierda,
si se puede perder más?”850
“Perder más”, bien puede ser
por la mujer que decía…
–Mas todo es bachillería,
y ella es la misma mujer.
Aunque no; que la condesa855
es tan discreta y tan varia,
que es la cosa más contraria
de la ambición que profesa.
Sírvenla príncipes hoy
en Nápoles, que no puedo860
ser su esclavo. Tengo miedo,
que en grande peligro estoy.
Ella sabe que a Marcela
sirvo, pues aquí ha fundado
el engaño y me ha burlado…865
Pero en vano se recela
mi temor, porque jamás
burlando salen colores.
¿Y el decir con mil temores
que se puede perder más?870
¿Qué rosa, al llorar la aurora,
hizo de las hojas ojos,
abriendo los labios rojos
con risa a ver cómo llora,
como ella los puso en mí,875
bañada en púrpura y grana;
o qué pálida manzana
se esmaltó de carmesí?
Lo que veo y lo que escucho,
yo lo juzgo (o estoy loco)880
para ser de veras poco,
y para de burlas mucho.
Mas teneos, pensamiento,
que os vais ya tras la grandeza,
aunque si digo belleza,885
bien sabéis vos que no miento;
que es bellísima Dïana,
y en discreción sin igual.
Sale MARCELA
MARCELA: ¿Puedo hablarte?
TEODORO: Ocasión tal
mil imposibles allana;890
que por ti, Marcela mía,
la muerte me es agradable.
MARCELA: Como yo te vea y hable
dos mil vidas perdería.
Estuve esperando el día.895
como el pajarillo solo;
y cuando vi que en el polo
que Apolo más presto dora,
le despertaba la aurora,
dije: “Yo veré mi Apolo.”900
Grandes cosas han pasado;
que no se quiso acostar
la condesa hasta dejar
satisfecho su cuidado.
Amigas que han envidiado905
mi dicha con deslealtad,
le han contado la verdad;
que entre quien sirve, aunque veas
que hay amistad, no lo creas,
porque es fingida amistad.910
Todo lo sabe en efeto;
que si es Dïana la luna,
siempre a quien ama importuna,
salió y vio nuestro secreto.
Pero será, te prometo,915
para mayor bien, Teodoro;
que del honesto decoro
con que tratas de casarte
le di parte, y dije aparte
cuán tiernamente te adoro.920
Tus prendas le encarecí
tu estilo, tu gentileza;
y ella entonces su grandeza
mostró tan piadosa en mí,
que se alegró de que en ti925
hubiese los ojos puesto,
y de casarnos muy presto
palabra también me dio,
luego que de mi entendió
que era tu amor tan honesto.930
Yo pensé que se enojara
y la casa revolviera,
que a los dos nos despidiera
y a los demás castigara;
mas su sangre ilustre y clara,935
y aquel ingenio en efeto
tan prudente y tan perfeto,
conoció lo que mereces.
¡Oh, bien haya amén mil veces
quien sirve a señor discreto!940
TEODORO: ¿Que casarme prometió
contigo?
MARCELA: Pues ¿pones duda
que a su ilustre sangre acuda?
TEODORO: (Mi ignorancia me engañó. Aparte
¡Qué necio pensaba yo945
que hablaba en mí la condesa!
De haber pensado me pesa
que pudo tenerme amor;
que nunca tan alto azor
se humilla a tan baja presa.)950
MARCELA: ¿Qué murmuras entre ti?
TEODORO: Marcela, conmigo habló;
pero no se declaró
en darme a entender que fui
el que embozado salí955
anoche de su aposento.
MARCELA: Fue discreto pensamiento,
por no obligarse al castigo
de saber que hablé contigo,
si no lo es el casamiento;960
que el castigo más piadoso
de dos que se quieren bien
es casarlos.
TEODORO: Dices bien,
y el remedio más honroso.
MARCELA: ¿Querrás tú?965
TEODORO: Seré dichoso.
MARCELA: Confírmalo.
TEODORO: Con los brazos,
que son los rasgos y lazos,
de la pluma del amor,
pues no hay rúbrica mejor
que la que firman los brazos.970
Sale DIANA
DIANA: Esto se ha enmendado bien.
Agora estoy muy contenta;
que siempre a quien reprehende
da gran gusto ver la enmienda.
No os turbéis ni os alteréis.975
TEODORO: Dije, señora, a Marcela
que anoche salí de aquí
con tanto disgusto y pena
de que vuestra señoría
imaginase en su ofensa980
este pensamiento honesto
para casarme con ella
que me he pensado morir;
y dándome por respuesta
que mostrabas en casarnos985
tu piedad y tu grandeza,
dile mis brazos; y advierte
que si mentirte quisiera,
no me faltara un engaño;
pero no hay cosa que venza,990
como decir la verdad,
a una persona discreta.
DIANA: Teodoro, justo castigo
la deslealtad mereciera
de haber perdido el respeto995
a mi casa; y la nobleza
que usé anoche con los dos
no es justo que parte sea
a que os atreváis ansí;
que en llegando a desvergüenza1000
el amor, no hay privilegio
que al castigo le defienda.
Mientras no os casáis los dos,
mejor estará Marcela
cerrada en un aposento;1005
que no quiero yo que os vean
juntos las demás crïadas,
y que por ejemplo os tengan
para casárseme todas.
¡Dorotea! ¡Ah Dorotea!1010
Sale DOROTEA
DOROTEA: Señora…
DIANA: Toma esta llave,
y en mi propia cuadra encierra
a Marcela; que estos días
podrá hacer labor en ella.
No diréis que esto es enojo.1015
[DOROTEA habla] aparte a [MARCELA]
DOROTEA: (¿Qué es esto, Marcela?
MARCELA: Fuerza
de un poderoso tirano
y una rigurosa estrella.
Enciérrame por Teodoro.
DOROTEA: Cárcel aquí no la temas,1020
y para puertas de celos
tiene amor llave maestra.)
Vanse MARCELA y DOROTEA
DIANA: En fin, Teodoro, ¿tú quieres
casarte?
TEODORO: Yo no quisiera
hacer cosa sin tu gusto;1025
y créeme, que mi ofensa
no es tanta como te han dicho;
que bien sabes que con lengua
de escorpión pintan la envidia;
y que si Ovidio supiera1030
qué era servir no en los campos,
no en las montañas desiertas
pintara su escura casa;
que aquí habita y aquí reina.
DIANA: Luego ¿no es verdad que quieres1035
a Marcela?
TEODORO: Bien pudiera
vivir sin Marcela yo.
DIANA: Pues díceme que por ella
pierdes el seso.
TEODORO: Es tan poco,
que no es mucho que le pierda;1040
mas crea vuseñoría
que, aunque Marcela merezca
esas finezas en mí,
no ha habido tantas finezas.
DIANA: Pues ¿no le has dicho requiebros1045
tales que engañar pudieran
a mujer de más valor?
TEODORO: Las palabras poco cuestan.
DIANA: ¿Qué le has dicho, por mi vida?
¿Cómo, Teodoro, requiebran1050
los hombres a las mujeres?
TEODORO: Como quien ama y quien ruega,
vistiendo de mil mentiras
una verdad, y ésa apenas.
DIANA: Sí; pero ¿con qué palabras?1055
TEODORO: Extrañamente me aprieta
vuseñoría. “Esos ojos,
le dije, esas niñas bellas,
son luz con que ven los míos;
y los corales y perlas1060
de esa boca celestial…”
DIANA: ¿Celestial?
TEODORO: Cosas como éstas
son la cartilla, señora,
de quien ama y quien desea.
DIANA: Mal gusto tienes, Teodoro.1065
No te espantes de que pierdas
hoy el crédito conmigo,
porque sé yo que en Marcela
hay mis defetos que gracias,
como la miro más cerca.1070
Sin esto, porque no es limpia,
no tengo pocas pendencias
con ella… Pero no quiero
desenamorarte de ella;
que bien pudiera decirte1075
cosas… Pero aquí se quedan
sus gracias o sus desgracias;
que yo quiero que la quieras,
y que os caséis en buen hora.
Mas pues de amador te precias,1080
dame consejo, Teodoro,
ansí a Marcela poseas,
para aquella amiga mía,
que ha días que no sosiega
de amores de un hombre humilde.1085
Porque si en quererle piensa,
ofende su autoridad;
y si de quererle deja,
pierde el jüicio de celos;
que el hombre, que no sospecha1090
tanto amor, anda cobarde,
aunque es discreto, con ella.
TEODORO: Yo, señora, ¿sé de amor?
No sé, por Dios, cómo pueda
aconsejarte.1095
DIANA: ¿No quieres,
como dices, a Marcela?
¿No le has dicho esos requiebros?
Tuvieran lenguas las puertas,
que ellas dijeran…
TEODORO: No hay cosa
que decir las puertas puedan.1100
DIANA: Ea, que ya te sonrojas,
y lo que niega la lengua,
confiesas con las colores.
TEODORO: Si ella te lo ha dicho, es necia.
Una mano le tomé,1105
y no me quedé con ella,
que luego se la volví;
no sé yo de qué se queja.
DIANA: Sí, pero hay manos que son
como la paz de la Iglesia,1110
que siempre vuelven besadas.
TEODORO: Es necísima Marcela.
Es verdad que me atreví
pero con mucha vergüenza,
a que templase la boca1115
con nieve y con azucenas.
DIANA: ¿Con azucenas y nieve?
Huelgo de saber que templa
ese emplasto el corazón.
Ahora bien, ¿qué me aconsejas?1120
TEODORO: Que si esa dama que dices
hombre tan bajo desea,
y de quererle resulta
a su honor tanta bajeza,
haga que con un engaño,1125
sin que la conozca, pueda
gozarle.
DIANA: Queda el peligro
de presumir que lo entienda.
¿No será mejor matarle?
TEODORO: De Marco Aurelio se cuenta1130
que dio a su mujer Faustina,
para quitarle la pena,
sangre de un esgrimidor;
pero estas romanas pruebas
son buenas entre gentiles.1135
DIANA: Bien dices; que no hay Lucrecias;
ni Torcatos ni Virginios
en esta edad; y en aquélla
hubo Faustinas, Teodoro,
Mesalinas y Popeas.1140
Escríbeme algún papel
que a este propósito sea,
y queda con Dios.
[Se] cae [DIANA]
¡Ay Dios!
Caí. ¿Qué me miras? Llega,
dame la mano.1145
TEODORO: El respeto
me detuvo de ofrecella.
DIANA: ¡Qué graciosa grosería!
¡Que con la capa la ofrezcas!
TEODORO: Así cuando vas a misa
te la da Otavio.1150
DIANA: Es aquella
mano que yo no le pido,
y debe de haber setenta
años que fue mano, y viene
amortajada por muerta.
Aguardar quien ha caído1155
a que se vista de seda,
es como ponerse un jaco
quien ve al amigo en pendencia;
que mientras baja, le han muerto.
Demás que no es bien que tenga1160
nadie por más cortesía,
aunque melindres lo aprueban,
que una mano, si es honrada,
traiga la cara cubierta.
TEODORO: Quiero estimar la merced1165
que me has hecho.
DIANA: Cuando seas
escudero, la darás
en el ferreruelo envuelta;
que agora eres secretario:
con que te he dicho que tengas1170
secreta aquesta caída,
si levantarte deseas.
Vase
TEODORO: ¿Puedo creer que aquesto es verdad? Puedo,
si miro que es mujer Dïana hermosa.
Pidió mi mano, y la color de rosa,1175
al dársela, robó del rostro el miedo.
Tembló, yo lo sentí: dudoso quedo.
¿Qué haré? Seguir mi suerte venturosa;
si bien, por ser la empresa tan dudosa,
niego al temor lo que al valor concedo.
Mas dejar a Marcela es caso injusto;1180
que las mujeres no es razón que esperen
de nuestra obligación tanto disgusto.
Pero si ellas nos dejan cuando quieren
por cualquiera interés o nuevo gusto,
mueran también como los hombres mueren.1185

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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