El negro del mejor amo — Jornada I

EL NEGRO DEL MEJOR AMO

Antonio Mira de Amescua

El texto presentado aquí, EL NEGRO DEL MEJOR AMO, está basado en la edición príncipe en LAUREL DE COMEDIAS, QUARTA PARTE DE DIFERENTES AUTORES (Madrid: Imprenta Real, 1631). La edición presente fue preparada por Vern G. Williamsen en 1984.


Personas que hablan en ella:

  • ROSAMBUCO, turco
  • Don PEDRO Portocarrero
  • MORTERO, gracioso
  • VILHÁN, gracioso
  • LAURA, dama
  • ESTRELLA, dama
  • El CONDE César
  • CATALINA, criada negra
  • Un GUARDIÁN
  • CELIO, vejete
  • SAN FRANCISCO de Asís
  • Una ESTATUA de Benedicto Esforcia
  • Un NIÑO
  • Dos CRIADOS
  • Un ALCAIDE de la cárcel
  • Dos COSARIOS turcos

JORNADA PRIMERA


Salen el GUARDIÁN y don PEDRO
GUARDIÁN: Famoso Portocarrero,
supuesto que en esta casa,
que siendo de San Francisco,
Jesús del Monte se llama,
adonde estáis retraído,5
os damos de buena gana
seguridad a la vida,
¿no fuera cosa acertada,
que nos diéramos en ella
también la quietud del alma?10
Vos tenéis enemistad,
según la razón humana,
justa con el conde César
porque violenta la espada
le dio muerte a vuestro hermano15
riñendo. Fue la desgracia
de vuestro hermano, mas una
de aquestas noches pasadas,
vos a un primo, y a un hermano
del conde, de una trabada20
pendencia, disteis la muerte.
Bastante es para venganza;
la pasión temple el enojo;
obre la piedad cristiana.
Dentro ROSAMBUCO y MORTERO
ROSAMBUCO: ¿Por qué el bergante no va25
a sacar dos cubos de agua?
MORTERO: Pues el perrazo moreno,
¿qué hace que no los saca?
ROSAMBUCO: Pues vive Alá, si me enfado…
MORTERO: ¿Qué ha de hacer si se enfada?30
PEDRO: Los crïados son, que riñen.
GUARDIÁN: Ésta es del demonio traza
que nos quieren estorbar
la plática comenzada.
PEDRO: Padre, para interrumpirla35
mi cólera sólo basta.
El conde mató a mi hermano.
Si él con la vida no paga,
no hay satisfacción ninguna.
Y no hablemos más palabra40
si habemos de ser amigos,
porque está tan obstinada
mi pasión que es mi contrario
el que de paces me trata.
GUARDIÁN: Vuesasted, señor don Pedro,45
temple el enojo y la saña.
Mire que hay una candela
de luz tan desengañada
allá en el fin de la vida
que pone espanto el mirarla.50
Alumbre su ceguedad
con esta funesta llama,
y verá como se vuelven
en piedades las venganzas.
PEDRO: Padre Guardián, vive Dios,55
que es cosa desesperada,
que me ayude a bien morir
en juventud tan lozana.
Hasta que llegue la muerte
me faltan muchas jornadas,60
y una de ellas es matar
a este conde, que me agravia.
ROSAMBUCO: Limpia, pícaro, el cabello.
MORTERO: Oiga el galgo como manda.
ROSAMBUCO: Pues si esta estaca levanto…65
MORTERO: ¿Qué ha de hacer con esa estaca?
ROSAMBUCO: ¿Qué? Romperle la cabeza.
Dale
MORTERO: ¡Ay!
ROSAMBUCO: Ponte una telaraña.
PEDRO: ¿Qué ruido es aquéste? ¡Hola!
¡Ah, Mortero!70
Sale MORTERO herido
MORTERO: ¿Qué me mandas?
PEDRO: ¿Quién te ha puesto de esa suerte?
MORTERO: Esa morcilla quemada,
aquel esclavo de requiem
que el demonio trajo a casa.
Esa tumba racional,75
ese cordobán con habla,
que se le ha teñido donde
zurra el diablo la badana.
PEDRO: Pues, ¿sobre qué habéis reñido?
MORTERO: Porque el galgazo se ensancha80
de ver que priva contigo
y le quieres y agasajas.
Porque al fin en la ocasión
sabe sacar una espada
y ser tu perro de ayuda.85
Y, como él dice, se traga
hombres como caperuzas,
y del empeño te saca.
Y, con eso está tan vano
que sin comedirse a nada90
como testamento tuyo,
cuanto hay que hacer me la manda.
Con lo cual, entre los dos
la suerte está barajada,
pues trabajo como un negro95
y él como blanco descansa.
PEDRO: ¡Ah, Rosambuco!
Sale ROSAMBUCO
ROSAMBUCO: ¿Señor?
PEDRO: ¿De aqueste modo se tratan
tan cerca de mi presencia
los crïados de mi casa?100
¿Quién atrevimiento os dio
para desvergüenza tanta?
ROSAMBUCO: Si no hubiera mirado
que es tu crïado esa mandria,
¿ya no la hubiera arrojado105
por una de esas ventanas?
Piensa el pícaro gallina
que la comida se gana
con hüir de la ocasión
y traer una embajada.110
Pues, que no es hombre de prendas,
trabaje, pesa su alma.
MORTERO: Señor mío, aquéstas son
las que llaman “gratis datas.”
Vuesarced peca de crudo,115
a mí el miedo me salva.
Usted vive de su culpa,
y yo como de mi gracia.
PEDRO: Pues, ¿no es razón que el trabajo
de conformidad se parta120
entre los dos?
ROSAMBUCO: Dices bien,
nunca mi respeto falta
a lo justo; y así yo,
en las acciones honradas,
que piden hombres de pecho,125
o de vergüenza en la cara,
sirvo con tanto valor
como la experiencia clara
os lo ha mostrado las veces
que os ha sacado mi espada130
de mil honrosos peligros
con opinión tan bizarra.
Pero en oficios humildes,
donde cualquier hombre basta,
ocúpese ese lacayo135
que no sirve para nada;
porque yo, señor don Pedro,
vive Alá, que soy alhaja
digna de un emperador
y el tenerme en vuestra casa,140
aunque esclavo, no ha de ser
para ninguna acción baja;
que habéis de tenerme en ella
como el que a un león regala
o un tigre, que sólo sirve145
de engrandecerla o guardarla.
GUARDIÁN: Discreto es el señor negro,
la comparación no es mala.
Muestras da de bien nacido
en el talle y en el habla.150
PEDRO: Pues, decidme, ¿quién sois vos?
ROSAMBUCO: Las ocasiones pasadas
juzgué yo que lo habían dicho;
pero, pues ellas no hablan,
yo os lo diré claramente.155
Haced todos se vayan.
PEDRO: Vuestra caridad perdone
que ha días que traigo gana
de averiguar de este negro
muchas enigmas que guarda.160
Proseguiremos después
la plática comenzada.
GUARDIÁN: Yo me voy con condición
de que cumpláis la palabra.
Vase
PEDRO: Vete, Mortero, a curar.165
MORTERO: Señor, si no nos iguala
aquí tengo que quedarme
a ser motilón. ¡Mal haya
quien no lo hiciere, y adiós!
Que no he de estar en tu casa170
ni lidiar con ese perro,
cara de morcilla ahumada.
Vase
PEDRO: Solos habemos quedado.
Háblame con confïanza.
ROSAMBUCO: Señor, puesto que mis obras175
tan mal quién soy os declaran,
escuchadlo de mis labios.
PEDRO: Ya mi silencio lo aguarda.
ROSAMBUCO: Portocarrero ilustre,
para ejemplo de cuantos me envidiaron180
entre prodigios, al nacer divinos,
de un adusto carbón los abisinos
el cuerpo me formaron.
Si ya el alma los cielos no crïaron
de fuego tan sañudo185
que queriendo enlazar el vital nudo,
blancos, puros y bellos,
los miembros abrasó al entrar en ellos.
Mi sangre esclarecida
en los primeros siglos fue temida,190
tiñendo sus estrenas
del rey primero en las primeras venas
que aquesta sombra oscura
que mi nobleza anochecer procura,
pálida, triste, ingrata,195
el honor desmiente, que dilata
con puros arreboles
de mis claras hazañas muchos soles.
El día, pues, que fue mi nacimiento,
con curso natural o con violento,200
entre muchos desmayos
en un eclipse los ardientes rayos
de esa antorcha luciente,
vieron al mediodía su occidente.
Quedó el cielo lastimado205
de mirar eclipsado
entre un color tan ciego
del mayor corazón el mejor fuego.
Con este ardid astuto
quiso vestir su resplandor de luto210
si no es que ya envidioso
le pareció lo negro más hermoso,
y por hacer mayor su bizarría,
quiso de mi color vestir el día
en mis tiernas niñeces,215
supliendo el alma de mi edad dos veces.
Brïoso avasallaba
el pueril escuadrón con quien jugaba
con altiva impaciencia
de no hallar en ninguno resistencia,220
teniendo a poca gloria
reinar por elección, no por victoria.
El valor y el discurso de los años
de la razón y el brío tan extraños,
tan rudos y tan broncos,225
que a nacer mudos se volvieran troncos.
Y hallándose el discurso tan despierto
mi valor determina
de buscar población de más doctrina
y en una embarcación mal aprestada230
para Egipto enderezó mi jornada,
adonde a pocos días
fueron ilustres las hazañas mías.
Aquí, pues ofendido
de ver entre esta sombra oscurecido235
mi corazón valiente,
un gitano, entre todos excelente
en el curioso, en el sutil desvelo
de investigarle su secreto al cielo
entre las hojas bellas240
de su libro inmortal de las estrellas,
con mudas profecías
escrito halló el suceso de mis días.
Díjome: “Rosambuco, el cielo santo
en tu cuerpo un espíritu, un espanto,
fabricó milagroso,245
que en tu muerte tendrás fin venturoso.
Entre varias naciones
han de causar asombro tus acciones,
y por tierras extrañas
el mar has de domar con tus hazañas;250
y cuando más altivo
triunfar te mires, te hallarás cautivo.
Pero entre tanto, ten este consuelo
que ha de darte el rescate el mismo cielo.
Pero ante todas cosas te apercibo255
que con tu estrella nunca estés esquivo,
que será con misterio
de introducirte a nuevo cautiverio;
mas será de tal modo
que el monarca mayor del orbe todo260
se nombrará tu dueño.
Tú, gustoso y feliz en el empeño
de agradarle y servirle,
con fe tan inviolable has de asistirle,
que sin tener mudanza,265
dichoso has de gozar de su privanza
y tanto se ha de honrar con tu persona,
que partirá contigo su corona.
Y el que te cautivó con celo santo,
bañado en tierno llanto270
de hallarse en tan extraña maravilla,
doblará a tu sepulcro la rodilla”.
Yo, pues, que en este anuncio misterioso
no menos asombrado que animoso,
en cuatro naves solas,275
hermosa pesadumbre de las olas,
por sendas de cristal, rumbos de plata,
generoso pirata,
con alientos lozanos,
embarquéme en los mares africanos.280
Al tiempo, pues, que con esfuerzo tanto
del cielo asombro, de la tierra espanto,
con mi temor del orbe se embaraza,
se cumplió del gitano la amenaza,
pues apenas mis naves y tus naves285
del salobre elemento aladas aves,
cara a cara se vieron,
fuerza a fuerza embistieron
cuando bizarro te embistió mi enojo
de mi altiva ambición cierto despojo.290
El riesgo en que estuviste
medroso allí le viste,
y aquí no has de negarle valeroso,
pues que sólo venciste por dichoso;
puesto que un religioso franciscano,295
al entrar yo en tu nave victorioso,
me detuvo furioso;
tenía en la diestra mano
de un hombre un bulto que enclavado a un leño,
retroceder me hizo de mi empeño300
cuando por cinco puertas
que el golpe de la envidia trae abierta
me arrojó tanto fuego
que deslumbrado y ciego
hallé que había perdido305
a un tiempo la victoria y el sentido.
Su voz me amenazaba
que otra mayor victoria le faltaba.
A Palermo cautivo me trajiste
dende mil veces el esfuerzo viste310
que mi pecho acompaña
en una y otra valerosa hazaña;
pues siempre que a tu lado
de todos tus agravios te has vengado,
todos tus enemigos te han temido,315
a todo te he asistido
con que mi nombre se ha extendido,
que de Palermo soy único espanto.
Y pues ya he conocido
que, en la desdicha, verdadera ha sido320
del astrólogo fiel la profecía,
suspenso aguardo la ventura mía.
PEDRO: Con lo que me has referido,
tan admirado me tienes,
que no sé de esos presagios325
si los tema o los venere.
Mas, pues, que soy tan dichoso
que ya que quiso la suerte
que a ser esclavo llegases
y a mi posesión vinieses,330
no pienso de aquí adelante
como cautivo tenerte;
que si a tu esfuerzo y nobleza
puedo tan seguramente
empresas de honor fïarlas,335
desde aquí quiero que quedes
por compañero en las mías;
y supuesto que ya entiendes
el odio que contra el conde
en mi corazón se enciende,340
desde que mató a mi hermano
[y] el amor que vive siempre
de su hermana en mi pasión…
de Laura digo, a quien debe
el aliño y la belleza,345
cuando entre púrpura y nieve
en los candores del alba
se abrasa hermoso el oriente,
a que aquesta dicha logre
y aquella venganza acuerde,350
tu valor me ha de ayudar.
Bien has visto que él defiende
su odio con tanta copia
de alïados y parientes
cuando forastero yo,355
sólo este brazo valiente
conozco de mi facción
que me defienda y me vengue
Esta noche he de robar
y guardar secretamente360
a Laura hasta que del conde
ponga en efecto la muerte.
Luego he de partir a España
donde mis dichas se aumenten
ufanas con los amores365
y con la venganza alegres.
¡Ea, fuerte Rosambuco,
aquí tu valor se muestre!
Porque en la imperial Madrid,
al primado de los reyes,370
de tu valor informado,
dichoso las plantas beses
y en dilatar sus blasones
tu invencible acero empeñe,
y así se cumplan las glorias375
que tu estrella te promete.
ROSAMBUCO: Sin duda que así mis dichas
cumplirme los cielos quieren.
Ya tu venganza y tu amor,
señor, en las manos tienes.380
¿Has hablado a Laura?
PEDRO: Sí,
y en el ser robado viene
pero la venganza ignora.
ROSAMBUCO: Que no la sepa conviene,
que la ha de estorbar sin duda;385
mas, pues, tan afablemente
mis secretos has oído,
revelarte el pecho quiere
uno, el más extraordinario
que a mis fortunas sucede.390
¿No has visto el bulto de mármol,
siempre mudo, inmóvil siempre,
que es de Benedicto Esforcia
el fundador excelente
de este convento e iglesia?395
Pues yo no sé qué se tiene
de misterio, que al mirarle
toda el alma se suspende,
todo el corazón se hiela,
y este pecho, que no teme,400
ni ha temido al mundo todo,
con miedo tan vehemente
le mira que sin poder
refrenarme ni vencerme
los cabellos me erizan,405
los huesos se me estremecen
y que se mueve imagino
y que me habla parece.
Y aun sólo de referirlo
tanto horror el alma siente,410
que vive Alá, que me corro
de que un pecho tan valiente
como el mío, a lo pueril,
de un agüero se sujete.
PEDRO: Pues, ¿qué ocasión has tenido415
de extrañarte y de temerle?
ROSAMBUCO: Ninguna, y como estas cosas
acaso nunca suceden,
temo que allí algún secreto
guardado los cielos tienen.420
PEDRO: También la imaginación
obrar tales cosas suele;
pero al fin, en la verdad,
sea tu tema lo que fuere,
Rosambuco, lo que importa425
es que tu valor se muestre
esta noche en lo tratado.
ROSAMBUCO: Con un escuadrón de sierpes
embestiré, ¡vive Alá!
Si de sólo aquesto pende430
tu gusto, ya está en tu mano.
PEDRO: De mi hermana Estrella viene
allí la negra, y no puedo
a escucharla detenerme,
que algún recado traerá.435
Llega y mira lo que quiere
que a ver voy al Guardián
para que él me aconseje
que deje el odio del conde
que en mí vive eternamente.440
ROSAMBUCO: ¿Y Estrella sabe, por dicha,
que a Laura robar pretendes
y matar al conde César?
PEDRO: Sí.
¿Pero en saberlo puede
haber estorbo?445
ROSAMBUCO: ¡Muy grande!
Has procedido imprudente
porque el conde adora a Estrella;
y aunque es verdad que en mujeres
como tu hermana no cabe
ningún afecto imprudente,450
con mujeril compasión
romper el secreto puede.
PEDRO: Es Estrella muy discreta
y no temo que le quiebre.
Mira qué quiere esa negra455
y envíala brevemente.
ROSAMBUCO: (Animo corazón mío, Aparte
que con la ocasión presente
he de hacer que al quinto cielo
ufana mi fama llegue).460
Vase PEDRO y sale CATALINA, negra
CATALINA: ¡Ah, Losambuco! ¡Ah, zeolo!
ROSAMBUCO: ¿Qué es lo que la galga quiere
a Rosambuco?
CATALINA: ¡Jezú!
En vonsancé hallamo siempre
mala obla, mala palabra,465
moliéndome yo por velle,
y cuando le culumbramo
recibirnos con desdenes.
Zi zamo galga la negla,
galgo zamo su mercede,470
y azí buzcamo lo galgo
para andar cogiendo liébrez.
ROSAMBUCO: Negra de todos los diablos,
¡no te he dicho que me dejes?
Sin duda que algún demonio475
te instimula que me inquietes;
que por Alá, que a entender,
que como tú me pareces,
parezco yo a los demás,
me diera doscientas muertes.480
Siguiéndome a todas horas,
¿qué me apuras? ¿Qué me quieres?
CATALINA: Mila, zeolo, vosancé,
zi helmoso, galano eres
a mis ojos, más y mucho485
que la rosa que enflorece,
yo se anzabache, que tú
traen la cara plandeciente;
es una saeta de amoro,
que la ha tirado en la flente,490
y travieza el culazón
que ce fina por quelelte.
Zazu, que molelme, hermano.
ROSAMBUCO: ¡Miren qué desquite aqueste
para un buen desesperado!495
¡Esta higa solamente
faltaba a mi vanidad!
¡Qué los cielos dispusiesen
que un hombre de tales brazos,
de espíritu tan ardiente,500
y de presunción tan alta
en una región naciese
donde, si hay valor se esconda,
donde, si hay fealdad se muestre,
donde el corazón bizarro505
oculto en el pecho quede,
y del color la ignominia
anda en el rostro patente!
¡Reniego de mi fortuna!
¡Qué las deidades se hiciesen510
para hombrecillo, que sólo
una tez hermosa tienen
y por dicha un corazón!
Pero discurso, detente,
que tú solamente bastas,515
por Mahoma, a enloquecerme.
CATALINA: ¡Zezú, qué desezperado!
¿Tanto erramo por querenle?
No sea vosancé tan lindo.
ROSAMBUCO: ¿Qué es esto que me sucede?520
Pero Celio viene allí.
CATALINA: ¡A qué mal tiempo que viene!
Sale CELIO
CELIO: ¡Rosambuco!
ROSAMBUCO: ¿Celio, amigo?
CELIO: ¿Y el señor don Pedro?
ROSAMBUCO: Fuése
a hablar al padre guardián.525
CELIO: Pues a mí me importa verle
y avisarle, que dispuesta
Laura, mi señora, tiene
para seguirle esta noche;
y que advierta juntamente,530
que el conde anda receloso
y así las cosas gobierne
con cordura y con cautela
porque sucedan de suerte
que se logre su cuidado.535
ROSAMBUCO: Celio, Celio, el miedo pierde,
pues que de mi valor
ya todo el suceso pende.
Dile que yo estoy aquí.
Cuando necesario fuese540
romperles a las estrellas
aquellos eternos ejes
en cuyos dorados quicios
tornos de cristal se mueven,
lo intentara, ¡vive Alá!545
Mas di a Estrella que no puede
ir mi amo allá esta noche
que cierta ocupación tiene;
y así, que no hay que aguardarle.
Anda, Catalina, vete,550
que allá te están esperando
y a mí me da enfado verte.
CATALINA: Plegan Dioso, ingrato amante,
que muelas del mal que muele
mi esperanza. ¡Ah, inglato mío555
cuál me llevan tu desdene!
ROSAMBUCO: Ven, Celio, y a mi señor
le dirás lo que le quieres.
CELIO: Vamos muy en hora buena.
Vanse y salen el CONDE y VILHÁN
CONDE: ¡Vive Dios, que me parece560
que era Celio aquél que entró
con el negro!
VILHÁN: Sí, bien puede,
sin ser milagro, ser Celio;
mas señor, saberlo puedes
de esta negra. Ven acá.565
CATALINA: ¿Qué me manda vosancede?
CONDE: ¿Quién era aquél que allí entró
y habló con el negro?
CATALINA: Mente,
que no era Celio, seolo.
CONDE: (¡Ay de mí! ¡Qué claramente Aparte570
con negarlo antes de tiempo,
el delito se convence!)
Ya yo sé que no era Celio,
mas estos doblones tienes
si me dices lo que hablaron.575
Y si negarlo pretendes,
Saca la daga
te he de dar con ésta. Mira
lo que escoges, no lo yerres.
CATALINA: Con la cuchilla me panta,
y me abranda con los treses580
la veldad. ¿Qué Condecillos?
Decíale que viniese
mi amo a su casa esta noche
porque a su ama se lleve.
CONDE: ¿Qué te parece Vilhán?585
VILHÁN: Conde César, me parece
que no espantes a esa negra,
porque no sea que revele
que este secreto te ha dicho;
que sobre tu casa veles,590
que estorbes el deshonor,
y al atrevimiento vengues.
CONDE: Catalina, eres honrada,
toma este bolsillo y cree
que siempre te he de amparar.595
CATALINA: Paguen Dioso la mercede.
¿Qué lindo bocal bosillo!
CONDE: Vete, Catalina, vete.
CATALINA: Quédate con Dioso.
CONDE: Él te guarde.
Vase CATALINA
¿Qué hay que fïar en mujeres600
si es tan aleve una hermana
que a su deshonor se atreve
sin que enemistades tantas
en su pasión la refrenen?
Ven, Vilhán, a prevenir605
tan grandes inconvenientes.
VILHÁN: Vamos, señor, que esta espada
es una sarta de muertes,
que las siembra, ¡voto a Dios!,
a pares cuando se ofrece.610
(Miento, que soy un gallina). Aparte
CONDE: ¡Mal haya el honor mil veces
que su asiento en la cabeza
de una fácil mujer tiene!
Vanse y salen LAURA y CELIO con luces
LAURA: ¿Hablaste a don Pedro?615
CELIO: Sí,
y si tú vieras, señora,
con qué fineza te adora,
como se muere por ti
al verte tan empeñada,
estuvieras muy gustosa620
de que, aunque eres tan hermosa,
estás muy bien empleada.
LAURA: ¡Ay, Celio! De aqueste amor
quisiera que resultara
que en don Pedro se acabara625
la enemistad y el rigor;
que no creo que conmigo
sino, cual dices, está
quien de mi hermano se da
por capital enemigo630
porque la verdad parece
contradecirse entre sí,
el quererme bien a mí,
quien a mi sangre aborrece.
Que si don Pedro me amara,635
como dices, con afecto
sin duda por mi respecto
a mi hermano perdonara.
Mas mi amor tan ciego está
y quiere tan animoso640
que el verle tan sospechoso
crédito entero le da.
Estoy resuelto a seguirle
aunque parezca flaqueza
porque con esta fineza645
vendré sin duda a rendirle.
CELIO: Él tiene determinado
que esta noche se concluya
la ventura de ser suya.
LAURA: ¿Quién acá dentro se ha entrado?650
Salen ESTRELLA y CATALINA con mantos
ESTRELLA: A verte, mi hermana Laura,
con harto cuidado vengo,
tan penosa que a estas horas,
atropellando respetos,
a inconvenientes me expongo,655
de mi estado tan ajenos,
por ver si puedo estorbar
muchas desdichas que temo.
LAURA: (¡Oh, nunca hubieras venido! Aparte
Mas quizá te trae el cielo660
para que no me despeñe,
que ya es hora que don Pedro
venga para ejecutar
tan locos atrevimientos).
Que tú vengas con disgusto,665
Estrella, es lo que siento
mas tu pena, sea cual fuere,
si yo quitártela puedo,
lo que tardas en decirla
tardará en tener remedio.670
ESTRELLA: Pues, mi Laura, yo he sabido
que está mi hermano resuelto
a llevarte aquesta noche
y que tú estás en empeño
de seguir su voluntad.675
LAURA: ¿Quién te ha dicho que en mi pecho,
Estrella, puede caber
tan desordenado afecto?
¡Viven los cielos, señora…!
ESTRELLA: Deja, Laura, los extremos680
que yo no vengo a culparte
ni contradecirte quiero
tu amor, que por mi desdicha
también experiencia tengo
de lo que puede el amor,685
que al conde, tu hermano, quiero,
como ya tendrás noticia;
y solamente pretendo
que como amigas las dos
nuestro amor comuniquemos690
rompiendo, para entrambas,
con llaneza este secreto.
Que contra los dos se esconden
muchos lastimosos riesgos;
que evitemos las desdichas695
y dispongamos los medios
para los dos de paz
y el amor las dos gocemos.
LAURA: Hablas con tanta cordura
que fuera traje grosero700
de mi amistad el negarte
los más guardados secretos.
Verdad es lo que sospechas;
a tu hermano, Estrella, espero
resuelta y enamorada,705
que de otra suerte, no pienso
que podré lograr mi amor
por la enemistad y el duelo
que entre don Pedro y el conde,
bárbaramente sangriento710
quiere llegar al enojo
de la venganza al extremo.
Opuestos los mira a entrambos;
por la sangre al uno quiero,
por la inclinación al otro.715
Tu hermano firme y entero
en la enemistad porfía
que al fin, de mi hermano, creo
que es más fácil de rendir.
Con esta fineza pienso720
que don Pedro ha de obligarse
que es bizarro caballero.
Y hallándose agradecido
a la caricia y al ruego,
¿cómo se ha de resistir?725
Éste es, Estrella, mi intento.
ESTRELLA: ¡Ay, Laura, cómo discurres
los corazones midiendo
por el tuyo que es piadoso!
Sabe, amiga, que don Pedro730
amante quiere robarte
y en teniendo este bien cierto,
darle la muerte a tu hermano.
Y luego tiene dispuesto
para salir de peligros735
el pasar a España huyendo.
Tú en esto a tu hermano pierdes;
yo pierdo a mi esposo en esto.
Más cordura es, Laura mía,
adelantar el remedio.740
Que si ofreciéndole amor,
la paz le pides en precio,
deteniéndote al contrato
hasta que cumpla primero;
él te quiere de manera745
que por lograr su deseo
ha de romper por su enojo.
Que en un corazón discreto
si llegan a competir
el odio y amor a un tiempo,750
siempre a fuer de sinrazón,
puede la venganza menos.
Y con esto, Laura mía,
ufanas las dos vencemos,
tú rescatas a tu hermano755
y yo a mi esposo no pierdo.
LAURA: Digo, Estrella de mis ojos,
que el discurso es tan discreto,
tan útil la prevención
y tan piadoso el consejo,760
que a seguir tu parecer,
como amiga, me resuelvo.
Y aunque siempre te he estimado
con más fineza te ofrezco
ser tu hermana y ser tu amiga.765
Y vete agora, que temo
que don Pedro llegue ya,
y si ha tenido recelos
de que es el conde tu amante,
tomará motivo nuevo770
de enemistad con hallarte
a tal hora en este puesto.
ESTRELLA: Dices bien. A Dios te queda.
LAURA: Pero aguarda.
Salen don PEDRO y ROSAMBUCO, con espadas desnudas y broqueles
PEDRO: ¡A lindo tiempo
pienso que hemos llegado!775
CATALINA: ¡Jezú! ¿Qué es esto que vemo?
¡Ay, seola, que es seolo!
ESTRELLA: ¡Válgame Dios!
PEDRO: ¿Qué es aquesto?
¿No es mi negra?
LAURA: (¡Qué desdicha!) Aparte
PEDRO: (Una mujer allí veo Aparte780
que de mí se ha recatado.
¿Si fuese Estrella? Yo cierro
la puerta para inquirir
si es verdad lo que sospecho).
ROSAMBUCO: Aquí temo algún fracaso.785
Descúbrese ESTRELLA a ROSAMBUCO
ESTRELLA: Rosambuco, si en tu pecho
hay nobleza y valor,
ya reconoces mi riesgo.
ROSAMBUCO: Quiétate y modera el susto
que ya, señora, te entiendo.790
Soy tu esclavo; he de servirte.
Mi fe y palabra te empeño.
PEDRO: Laura, ¿quién es esta dama?
ESTRELLA: (¡Mortal el color ha puesto!) Aparte
LAURA: ¿Qué importa que sea quien fuere?795
Amiga mía, yo tengo
a solas necesidad
de hablar al señor don Pedro.
Perdóname, que mañana
de ir a visitarte ofrezco.800
PEDRO: Yo, Laura, con tu licencia,
he de conocer primero
quién es aquesta señora.
LAURA: Eso fuera ser grosero
y es un lugar muy sagrado805
mi casa, señor don Pedro,
para tanta demasía.
ESTRELLA: (¡Aquí, sin duda, me pierdo!)
LAURA: Esta señora es mi amiga,
vino a verme de secreto810
y por ventura la importa
que no la veáis.
PEDRO: Por eso,
que a su honor le importara
a no ser lo que yo temo.
Y para que no perdamos815
en más razones el tiempo,
a mi negra he oído hablarte.
Bastante he dicho con esto.
No me permitáis que lleve
a perderos el respeto.820
Yo he de conocer quién es.
ROSAMBUCO: Aquí te pones a riesgo
de quedar con más desaire;
pues si no saliese cierto
el juicio que has fabricado,825
por dicha sin fundamento,
corrido te has de quedar
con gran causa, de haber hecho
acción que tanto desdice
de un bizarro caballero.830
Repórtate por tu vida.
PEDRO: Y si fuese lo que pienso,
¿cumpliré bien con mi honor
con haber andado cuerdo?
ROSAMBUCO: En casos de tanta duda835
es discreción y es acierto
pensar siempre lo mejor.
PEDRO: Yo no te pido consejo.
ROSAMBUCO: Pues yo te le debo dar
que aunque esclavo y aunque negro,840
sabes las obligaciones
que a mi mucho valor tengo.
Las leyes de honor no ignoro,
y puesto que eres mi dueño,
contra el tuyo no pasara845
el átomo más pequeño.
Tú miras apasionado
lo que yo sin pasión veo,
y así debes presumir
de mi elección más acierto.850
PEDRO: En vano me persüades.
ROSAMBUCO: Repórtate.
PEDRO: Estoy resuelto.
ROSAMBUCO: ¿Y el empeño a qué viniste?
PEDRO: Éste es más forzoso empeño.
ROSAMBUCO: Mira que pierdes tu amor.855
PEDRO: Mi honor ha de ser primero.
ROSAMBUCO: ¿Qué? ¿No hay de poder contigo
la razón
PEDRO: A nada atiendo.
ROSAMBUCO: Pues mira cómo ha de ser,
que yo a esta dama defiendo.860
Pónese al lado de ESTRELLA
PEDRO: Perro, ¿contra tu señor?
ROSAMBUCO: Cuando la lealtad de un perro
contra su señor se vuelve,
sin duda está en grande aprieto.
Ella de mí se ha valido,865
tiene razón, tú estás ciego,
a ella un deshonor la evito,
y un desastre te defiendo.
PEDRO: ¡Vive Dios, que he de matarte!
Sacan las espadas
ROSAMBUCO: No será muy fácil eso.870
Yo, señor, no he de ofenderte
que aqueste gallardo acero
sabrá guardarte y guardarme
que sobre alentado es diestro.
PEDRO: ¿Contra mí sacas la espada?875
ROSAMBUCO: Yo solamente pretendo
a esta dama defender.
Arrójate, pues, resuelto
y quiebra agora tu enojo
que sin duda vendrá tiempo880
en que aquesta acción me alabes.
Tírame, que yo resuelto,
Riñen y no le tira ROSAMBUCO
sin que mi acero te ofenda,
sólo a defenderla atiendo.
PEDRO: ¡Aguarda, infame!885
ROSAMBUCO: ¡Llamaron!
LAURA: ¡Mayor pena es ésta, cielos;
que éste es mi hermano!
Dentro
CONDE: ¡Abre, Laura!
ESTRELLA: Vengan desdichas y riesgos.
Sale CELIO
CELIO: ¡Ay, señora! ¿Qué he de hacer?
ROSAMBUCO: Llegó de todo el remedio;890
abre al momento la puerta.
Abre la puerta y salen el CONDE y VILHÁN
PEDRO: ¡Qué malograse mi intento!
CONDE: ¡Válgame el cielo! ¿Qué miro?
ROSAMBUCO: Aquí el abreviar con ello
es el consejo más sano.895
CONDE: ¿Qué es esto, agravio?
Sacan las espadas
ROSAMBUCO: Esto es esto.
Mata la luz
Mataros a cuchilladas.
Señora, no tengas miedo,
fía de mí, que de todo
hemos de salir sin riesgo.900
CONDE: ¡Muera quien mi casa ofende.
PEDRO: ¡Qué la luz falte a este tiempo
para no haceros pedazos!
ROSAMBUCO: Agradecedlo al empeño
en que estoy, todos, la vida.905
VILHÁN: ¡Por Dios, que tira el sabueso
temerarias tarascadas!
LAURA: Aquí, Celio, nos perdemos.
CELIO: ¡Qué no trujese yo espada!
VILHÁN: Pues, ¿qué la hizo, buen viejo?910
ROSAMBUCO: Ya con la puerta encontré.
Ven, señora.
ESTRELLA: Yo te debo
vida y honor.
Saca ROSAMBUCO a ESTRELLA
CONDE: Al fin vais,
como cobardes huyendo.
PEDRO: Seguir me importa [a] la dama.915
CONDE: Aguardad, que hasta el infierno
os he de seguir, traidores.
VILHÁN: Llevaremos pan de perro.
Dentro
ROSAMBUCO: Ya, señora, estáis en salvo.
Vete, pues, que yo me quedo920
a estorbar que no te sigan
y a defender a mi dueño.
LAURA: Celio, ¿qué desdicha es ésta?
CELIO: ¡Válgate el diablo por negro!
Yo fuera a ver en qué para925
si no temiera el braguero.
Vanse. Sale MORTERO
MORTERO: Ya serán las dos. ¡Oh, pesia
mi mala dicha! ¿Qué es esto?
Que estoy como niño expuesto
a la puerta de la iglesia.930
Maitines ya han acabado
los frailes y ya se han ido
a recoger, y perdido
en tinieblas me han dejado
donde, a mi pesar, despierto,935
aguardo, Dios me es testigo,
a que de parlar conmigo
le dé tentación a un muerto.
Que un hombre quiera aprender
el oficio más rüín940
tiene excusa, porque al fin
con él gana de comer.
Mas que haya hombre tan menguado,
tan sin pundonor y juicio,
que por no aprender oficio945
se acomode a ser crïado,
donde él ha de madrugar
cuando el amo está durmiendo.
Si está cenando o comiendo
no ha de hacer más que mirar.950
Del mundo, entre los enojos,
¿haber podrá mayor pena
que tras una boca llena
faltárseme a mí los ojos?
¿Hay rigor como en verano955
ver que lo frío se emboca
y estar yo seca la boca
con la garrafa en la mano?
Si está alegre, he de reír.
Si está triste, he de llorar.960
Si come, he de ayunar.
Si echa mano, he de reñir.
Si enamora, he de rondar.
Si visita, serenarme.
Si pierde, he de mesurarme,965
y si tarda, he de aguardar.
¡Mal haya hombre tan ajeno
de sentido, y de razón
que está por una ración
a estas horas al sereno!970
Salen don PEDRO y ROSAMBUCO
ROSAMBUCO: ¡Por Dios, señor, que has mostrado
en la pendencia tu brío!
PEDRO: Por tu valor, Rosambuco,
lindamente ha sucedido.
Yo te perdono el enfado975
que me diste.
ROSAMBUCO: Señor mío,
véngate agora de mí,
pues a aquesos pies me rindo.
Hinca la rodilla
PEDRO: Levántate, Rosambuco.
(No sé qué en su rostro miro Aparte980
que apenas puedo arrojarme
con andar tan atrevido).
ROSAMBUCO: Si no llegara el virrey,
¡por Mahoma!, que imagino
que se acabaran los bandos.985
PEDRO: Al fin, desaparecimos
a buena ocasión.
ROSAMBUCO: ¡Famosa!
Juzgo que quedan heridos
algunos, y alguno muerto;
y no me ha de quedar vivo990
ninguno de tus contrarios.
MORTERO: (Cerca dos bultos diviso. Aparte
Mi amo será y el mastín).
ROSAMBUCO: Ya que estamos en el sitio,
señor, de Jesús del Monte,995
quiero enojarme contigo
porque aunque negro y esclavo,
no soy tampoco ladino
que no sepa en qué ocasión
a un esclavo es permitido1000
sacar con su amo la espada
aunque nunca es con designio
de ofenderle en un cabello,
que eso fuera desatino.
La dama que tú quisiste1005
conocer, habló conmigo.
Díjome que era casada,
y si la vieses, preciso es
perder contigo opinión;
y cuando juntos salimos1010
al pasar por una tienda
la conocí, y certifico
que no es la que imaginaste.
PEDRO: De ti, Rosambuco, fío,
como noble y como leal,1015
todos los recelos míos.
ROSAMBUCO: Puedes fïarlos, señor,
tan bien como de ti mismo.
PEDRO: Ya hemos llegado a la casa
del seráfico Francisco.1020
¿Es Mortero?
MORTERO: Sí, señor.
Seas mil veces bien venido.
Con la llave de la iglesia
te aguardo hecho monacillo,
que monazo te aguardara1025
si hubiera dejado vino.
PEDRO: ¿Hay luz en la celda?
MORTERO: No.
PEDRO: ¡Qué nunca estés prevenido!
Ve, y en la lámpara enciende.
MORTERO: Ya yo la hubiera encendido1030
si tanto ánimo tuviera,
que hay muerto que, ¡vive Cristo!,
que le agarra a un hombre un pie
sólo por verle dar gritos.
Luz de iglesia, es luz eterna,1035
y nunca se habla conmigo
que soy hombre temporal.
Rosambuco tiene brío
y engañará a cualquier muerto
con aqueste colorcillo1040
que juzgarán que es bayeta
con que se estarán queditos
y le darán pasaporte.
PEDRO: Tú tienes gentiles bríos.
Rosambuco, por tu vida,1045
que enciendas luz.
ROSAMBUCO: ¿No te ha dicho
que me avisa una ilusión?
PEDRO: Si temes, por eso mismo
a ese agüero has de vencer.
Ven tú, Mortero, conmigo,1050
y tú trae la luz.
MORTERO: Y si acaso
te espantare algún vestigio,
el zancarrón de Mahoma
sea, Rosambuco, contigo.
Vanse PEDRO y MORTERO
ROSAMBUCO: ¡Por Mahoma, que he quedado1055
medroso como corrido!
Pero, ¿qué es esto, valor?
¿Dónde estáis, corazón mío?
¿Estos brazos no podrán
contra el horror del abismo1060
batallando, deshacer
sus encantados prodigios?
Pues, ¿cómo llego a temer
un bulto de mármol frío?
Corren una cortina, y aparece en un altar un bulto de mármol que será un hombre con su manto capitular y una lámpara encendida
Mas, ¡todo el cielo me valga!1065
Que algún secreto divino
ya le deposita airado
en lo yerto de este archivo.
Quiero alentarme y no puedo
que parece que le miro1070
mover contra mí, por ojos,
dos ardientes basiliscos.
¿Por qué me miras airado,
me amenazas vengativo?
Si triunfar de mí procuras,1075
yo me rindo. Yo me rindo
y te vuelvo las espaldas.
Hace que se va
¿Pero qué mortal delirio
me obliga a este rendimiento?
¿Y estos desmayos permito?1080
Volved, aliento, por vos.
Insensible, inmueble, y fijo
se está el mármol. ¡Vive Alá,
que he de desquitar con brío
lo que perdí en el asombro!1085
Y he de vencerme a mí mismo,
y tocarle con las manos
y agravïado y ofendido
hacerle trozos en ellas
para convencer que ha sido1090
una pueril ilusión
y no superior prodigio.
Pavorosa estatua, espera,
que no te valdrán hechizos
contra mi valor.1095
ESTATUA: Detente.
ROSAMBUCO: En vano el esfuerzo animo.
Mármol, sombra, hielo, asombro,
que de los lagos estigios
vienes a ser de la muerte
un funesto paraninfo,1100
¿qué me quieres? ¿Qué me quieres?
ESTATUA: No temas. Dios Uno y Trino,
a quien no conoces, hoy,
Rosambuco, te ha escogido
para basa de su iglesia.1105
Que no hay corazón altivo
que a su poder no se rinda;
quiere hacerte de este sitio
gloria y protección a un tiempo,
y con acuerdo divino1110
por ser yo su fundador,
por tu apóstol me ha elegido.
Deja tu profeta falso;
recibe el santo bautismo
y profesa en esta casa1115
la regla de San Francisco.
Yo soy Benedicto Esforcia
y así, el nombre de Benito
has de tomar, que esto haciendo,
Dios será siempre contigo.1120
Quédate en paz, que a mi reposo
del túmulo me retiro.
Cierran la cortina
ROSAMBUCO: ¡Válgame el poder de Alá!
¿Qué es lo que he escuchado y visto?
Y, ¿qué es lo que estoy mirando?1125
¿Si es ilusión del sentido?
¿Si lo ha fingido el temor?
Pero, ¡no! En acentos vivos
lo que nunca he pensado,
con claras voces me dijo,1130
y dentro en el corazón
no sé qué impulso divino
me persüade elocuente
que es verdad y no delirio.
Embajador prodigioso,1135
si del Autor del Olimpo
verdad eterna me anuncias,
su santo decreto admito,
su secreto reverencio,
y a su cumplimiento aspiro.1140
Es la gloria que me anuncias
de valor tan excesivo
que pide su ejecución
todo el poder infinito.
Yo la voluntad ofrezco,1145
rindiendo el humano arbitrio.
Obre en mí, Dios, su palabra
que sin falta yo me rindo
que humano poder no alcanza
misterio tan peregrino.1150
Sienta yo en mi corazón
de Dios superior auxilio,
y conoceré con eso
que es verdad cuanto me has dicho:
que mi religión es falsa,1155
que es cierta la ley de Cristo,
que Jesús es mi pastor,
que me recoge a su aprisco,
que la religión me llama,
que me convida el bautismo,1160
y finalmente, que puede
como Señor Uno y Trino.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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