EL CONDE PARTINUPLÉS
Texto basado en el del manuscrito del siglo XVII encontrado en la Biblioteca Nacional de Madrid (MS-16.775). Este text fue editado con el apoyo del otro manuscrito (MS-17.189) y el de la edición príncipe en LAUREL DE COMEDIA DE DIFERENTES AUTORES, Parte 49. La edición fue preparada y generosamente regalado a este sitio en 1997 por María José Delgado. Fue preparada en HTML para ser presentada aquí por Vern G. Williamsen in 1998.
Personas que hablan en ella:
- El CONDE
- REY de Francia, viejo
- ROSAURA, dama
- ALDORA, su prima
- LISBELLA, dama
- GAULÍN, gracioso
- ROBERTO de Transilvania
- EDUARDO de Escocia
- FEDERICO de Polonia
- CLAUSO
- EMILIO, viejo
- GUILLERMO, viejo
- ARCEMIO, caballero
- Dos PESCADORES
- Acompañamiento
JORNADA PRIMERA
Tocan cajas y clarines, y salen, empuñando las espadas, ARCENIO, CLAUSO, y EMILIO, deteniéndolos
ARCENIO: Sucesor pide el imperio;
dénosle luego, que importa.
EMILIO: Caballeros, reportad
el furor que os apasiona.
CLAUSO: Cásese o pierda estos reinos.5
EMILIO: Esperad; razón os sobra.
ARCENIO: Pues si nos sobra razón,
cásese, o luego deponga
el reino en quien nos gobierne.
EMILIO: Rosaura es vuestra Señora10
natural.
ARCENIO: Nadie lo niega…
toca al arma.
CLAUSO: Al arma toca.
Tocan al arma y salen ROSAURA y ALDORA, y en viéndola, se turban
ROSAURA: Motín injusto, tened…
¿dónde váis?
ARCENIO: Yo, no…
CLAUSO: Señora…
ROSAURA: ¿No habláis? ¿no me respondéis?15
¿qué es esto? ¿quién os enoja?
¿quién vuestro sosiego inquieta?
¿Quién vuestra paz desazona?
Pues, ¿cómo de mi palacio
el silencio se alborota,20
la inmunidad se profana,
la sacra ley se derroga?
¿Qué es esto, vasallos míos?
¿Hay acaso en nuestras costas
enemigos? ¿Han venido25
de Persia bárbaras tropas
a perturbar nuestra paz,
envidiosos de mis glorias?
Decidme qué es; porque yo,
atrevida y fervorosa,30
con vosotros, imitando
las ilustres amazonas,
saldré a defender, valiente,
de estos reinos la corona,
y aún ofreceré la vida35
con resolución heroica,
porque vosotros gocéis
la parte que en esa os toca,
pacíficos y contentos.
No hagáis, por mi amor,40
ociosa la razón de vuestro enojo,
en el silencio que estorba
en mi atención el informe;
hablad.
ARCENIO: ¡Qué cuerda!
EMILIO: ¡Qué hermosa!
ROSAURA: No me neguéis la ocasión45
del disgusto.
ARCENIO: Gran Señora,
bellísima emperatriz,
nuestro delito perdona;
que tú sola eres la causa.
ROSAURA: Sea agravio, sea lisonja50
de vuestro amor, el ser yo,
vasallos, la causa sola;
pues está mi confïanza
de vuestra lealtad heroica
satisfecha felizmente,55
advertid que se malogra
la intención mientras la ignoro;
responded.
EMILIO: Rosaura hermosa,
yo diré a lo que han venido;
perdonad y oye, Señora.60
Ya sabéis la obligación
con que de estos reinos gozas,
y que por ella es preciso
tomar estado. No ignoras
tampoco que te ha pedido65
tu imperio que te dispongas
a casarte, y te ha propuesto
el príncipe de Polonia,
el de Chipre y Transilvania,
Ingalaterra y Escocia.70
Cásate, pues que no es justo
que dejes pasar la aurora
de tu edad tierna, aguardando
de que de tu sol se ponga.
Ésta es inolvidable ley,75
y en tus años tan costosa,
que, a no de ejecutarla, dicen
que habías de ver tu corona
dividida en varios bandos,
y arriesgada tu persona.80
Elige esposo, primero,
que la fe jurada rompa;
porque, de no hacerlo así,
tu majestad se disponga
a defenderse de un vulgo,85
conspirado en causa propia.
Yo te aconsejo, yo, justo;
tú, emperatriz, mira ahora
si te importa el libre estado,
o si el casarte te importa.90
ROSAURA: (No sé cómo responderle; Aparte
tanto el enojo me ahoga,
que están bebiendo los ojos
del corazón la ponzoña.
¡Hay tan grande atrevimiento!95
¡Hay locura tan impropia!
¡Que éstos mi decoro ofendan!
¡Que así a mi valor se opongan!
pero no tiene remedio;
porque si las armas toman,100
y quieren negar, ingratos,
la obediencia y la corona…
¿Cómo puedo? ¿cómo puedo,
siendo muchos y yo sola,
defenderme? y no les falta105
razón) ¡Ay querida Aldora,
si yo te hubiera creído!
¿qué haré?
ALDORA: Responde amorosa
que un año te den de plazo,
y que si al fin dél no tomas110
estado, les das licencia
para que el reino dispongan
a su elección.
ROSAURA: (¡Ah vasallos! Aparte
si sois traidores, ¿qué importa
rendiros con beneficios115
ni obligaros con lisonjas?)
EMILIO: Gran Señora, ¿qué respondes?
ROSAURA: Agradecida y dudosa
del afecto y la elección,
me detuve, mas agora120
quiero que escuchéis, vasallos,
porque os quiero hacer notoria
la causa que ha tanto tiempo,
que mis designios estorba.
Ya sabéis que este imperio,125
generoso esplendor del hemisferio,
obedeció por dueño soberano
al insigne Aureliano
mi padre, y que fue herencia
de su real y antigua descendencia.130
También sabréis cómo mi madre hermosa
sin sucesión dichosa
estuvo largo tiempo, y que los cielos
con devotos desvelos,
los dos importunaban,135
mas, ¡justas peticiones que no acaban!
ya se ve, pues hicieron tanto efecto
las generosas quejas de su afecto,
que el cielo o compasivo o obligado,
les vino a dar el fruto deseado;140
mas, fue con la pensión, ¡Oh infeliz suerte
de la temprana muerte
de aquella hermosa aurora
del Puzol. Rosimunda, mi Señora,
que de mi tierna vida, al primer paso145
la luz oscureció en mortal ocaso,
dando causa a comunes sentimientos.
Ya lo sabéis, pues, escuchadme atentos.
Quedó el Emperador, mi padre amado,
con golpe tan pesado,150
desde aquel triste día,
ajeno de alegría;
mas viendo su presencia,
a pique de perderse en la experiencia
de dolor tan esquivo,155
dio al pesar, ni bien muerto ni bien vivo,
treguas, como cristiano,
pues fuera intento vano
ser su mismo homicida,
no pudiendo animar la muerta vida160
de su adorada esposa;
suspendió, en fin, la pena lastimosa,
y quiso, de mis dichas mal seguro,
investigar del tiempo lo futuro.
Consultó las estrellas,165
miró el influjo de sus luces bellas,
escudriñó curioso
el benévolo aspecto, o riguroso
de Venus, Marte, Júpiter, Dïana,
antorchas de esa esfera soberana,170
o llamas de ese globo turquesado,
que, es de varios astrólogos mirado,
me pronostican de opinión iguales,
mil sucesos fatales;
y todos dan por verdadero anuncio,175
–¡Con qué temor, ay cielos, lo pronuncio!–
que un hombre, –¡fiero daño!–
le trataría a mi verdad engaño,
rompiéndome la fe por él jurada,
y que si en este tiempo reparada180
no fuese por mi industria esta corona,
riesgo corrían ella y mi persona;
porque este hombre engañoso,
con palabra de esposo,
quebrantando después la fe debida,185
el fin ocasionara de mi vida.
Supe después, –¡ay triste!– de sus labios,
de mi adversa fortuna los agravios;
y así, por no perderos y perderme,
no he querido, vasallos, resolverme190
jamás a elegir dueño.
Mas ya, que me ponéis en este empeño
–sea o no sea justo–,
a daros rey me ajusto.
Sepa el de Transilvania,195
Chipre, Escocia, y Albania,
Polonia, Ingalaterra,
que me podré rendir, mas no por guerra;
que esta dulce conquista,
sólo ha de conseguirse con la vista200
de una firme asistencia,
blandura, agrado, amor, correspondencia;
obliguen, galanteen,
escriban, hablen, sirvan y paseen;
rendirán mi desdén con su porfía,205
obligarán mi altiva bizarría;
y en tanto, yo, advertida y desvelada,
huiré aquella amenaza anticipada,
examinando el más constante y firme;
pues es fuerza rendirme210
al yugo de Himeneo,
que temo y que deseo
por sólo asegurar vuestro cuidado.
Alcance, pues, mi amor en vuestro agrado,
para determinarme215
a morirme o casarme,
sólo un año de término preciso;
y si al fin de él halláredes remiso
mi temeroso intento,
o me obligad por fuerza al casamiento,220
o elegid rey extraño.
……………………………….
Todos sois nobles y vasallos míos;
ayudadme a vencer los desvaríos
de mi suerte inhumana,225
pues soy vuestra Señora soberana.
Examinemos quién será el ingrato,
que ha de engañarme con perjuro trato;
busquemos modo, suerte,
para huír el influjo adverso y fuerte230
de aquella profecía esquiva, acerba
cuyo rigor cobarde el alma observa.
Éste es, nobles, mi intento;
éste es mi pensamiento;
éste mi ruego y estos mis temores;235
estos, de mi fortuna los rigores;
y ésta, la ejecución con que restaura
tan triste amago, la infeliz Rosaura.
EMILIO: Emperatriz hermosa,
tu pena lastimosa240
sentimos como es justo;
y así, tu majestad haga su gusto,
y repare ese daño
en el plazo de un año,
y en él haga experiencia245
de la fe, la lealtad y la obediencia
con que ha de hallar rendidas,
de sus vasallos las honradas vidas.
Aqueste parecer de mi fe arguyo;
ahora vuestra alteza diga el suyo;250
avise de su intento.
ROSAURA: Sea como os he dicho.
EMILIO: Pues, contento
estoy con esto, el reino se restaura;
¡Viva la emperatriz, viva Rosaura!
¡Tu nombre en bronce eterno el tiempo escriba!255
¡Viva la emperatriz! ¡Rosaura viva!
Tocan cajas y vanse
ALDORA: Suspensa, prima, has quedado.
ROSAURA: No tengo, Aldora, no tengo
satisfacción de mi suerte.
Aquellos anuncios temo,260
y no sé si he de elegir
algun ingrato por dueño,
que el alma que me amenaza
sea bárbaro instrumento.
Quisiera yo, prima mía,265
ver y conocer primero
estos caballeros que
mis vasallos me han propuesto,
y si de alguno me agrada
el arte, presencia e ingenio,270
saberle la condición,
y verle el alma hacia dentro,
el corazón, el agrado,
discurso y entendimiento,
penetrarle la intención,275
examinarle el concepto
de su pecho, en lo apacible,
o ya ambicioso o ya necio.
Mas, si nada de esto puedo
saber, y me he de arrogar280
al mar profundo y soberbio
de elegir por dueño a un hombre
que ha de regir el imperio
del alma con libertad,
o ya ambicioso, o ya ciego,285
¿qué gusto puedo tener
cuando, –¡ay Dios!– me considero
esclava, siendo Señora,
y vasalla, siendo dueño?
ALDORA: Discretamente discurres;290
mas es imposible intento
penetrar los corazones
y del alma los secretos.
Lo mas que hoy puedo hacer
por ti, pues sabes mi ingenio295
en cuanto a la mágica arte,
es enseñarte primero,
en aparentes personas,
estos príncipes propuestos;
y si es fuerza conocer300
las causas por los efectos,
viendo en lo que se ejercitan,
será fácil presupuesto
saber cuál es entendido,
cuál arrogante o modesto,305
cuál discreto y estudioso,
cuál amoroso, o cuál tierno;
y así mismo es contingente
inclinarte a alguno de ellos
antes que con sus presencias310
tenga tu decoro empeño,
no atreviéndose a elegir.
ROSAURA: ¡Oh Aldora, cuánto te debo!
si hacer quieres lo que dices,
presto, prima, presto, presto;315
pues sabes que las mujeres,
pecamos en el extremo
de curiosas de ordinario.
Ejercita tus portentos;
ejecuta tus prodigios,320
que ya me muero por verlos.
ALDORA: Presto lo verás; atiende.
ROSAURA: Con toda el alma te atiendo.
ALDORA: ¡Espíritus infelices!
que en el espantoso reino325
habitáis por esas negras
llamas, sin luz y con fuego,
os conjuro, apremio y mando
que juntos mostréis a un tiempo,
de la suerte que estuvieren,330
a los príncipes excelsos,
de Polonia a Federico,
de Transilvania a Roberto,
de Escocia a Eduardo, de Francia
Partinuplés…, ¿bastan estos?335
ROSAURA: Sí, prima; admirada estoy.
ALDORA: Ea, haced que en breve tiempo,
en aparentes figuras,
sean de mi vista objetos.
Vuélvese el teatro y descúbrense los cuatro de la manera que los nombra
ROSAURA: Válgame el cielo, ¿qué miro,340
hermosa Aldora? ¿qué es esto?
ALDORA: Éste que miras galán,
que en la luna de un espejo,
traslada las perfecciones
del bizarro, airoso cuerpo,345
es Federico, polonio.
Va señalando a cada uno
Aquéste que está leyendo
estudioso y divertido,
es Eduardo, del reino
de Escocia, príncipe noble,350
sabio, ingenioso y discreto,
filósofo y judiciario.
Aquél, que de limpio acero
adorna el pecho gallardo,
es el valiente Roberto,355
príncipe de Transilvania.
El que allí se ve suspenso
o entretenido, mirando
el sol de un retrato bello,
es Partinuplés famoso,360
de Francia noble heredero,
por sobrino de su rey,
que le ofrece en casamiento
a Lisbella, prima suya;
príncipe noble, modesto,365
apacible, cortesano,
valiente, animoso y cuerdo.
Éste es más digno de ser
entre los demás, tu dueño,
a no estar, –como te he dicho–370
tratado su casamiento
con Lisbella.
ROSAURA: ¿Con Lisbella?
por eso, Aldora, por eso
me lleva la inclinación
aquel hombre.375
ALDORA: Impedimiento
tiene, a ser lo que te digo.
ROSAURA: ¡Ay Aldora! a no tenerlo,
otro me agradara, otro
fuera, en mi grandeza, empeño
de importancia su elección;380
pero, si lo miro ajeno,
¿cómo es posible dejar,
por envidia o por deseo,
de intentar un imposible,
aún siendo sus gracias menos?385
Vuélvase el teatro como antes y cúbrese todo
Ya se ausentó, y a mis ojos
falta el agradable objeto
de su vista, y queda el alma,
¿diré en la pena o tormento?
digo en el tormento y pena390
de su ausencia y de mis celos.
ALDORA: No sé si le llame amor,
Rosaura, a tu arrojamiento,
y parece desatino.
ROSAURA: Que es desatino confieso.395
ALDORA: ¿No es galán el de Polonia?
¿no es el de Escocia discreto,
gallardo el de Transilvania?
ROSAURA: Si consulta con su espejo
el de Polonia sus gracias,400
y está de ellas satisfecho;
¿cómo podra para mí
tener, Aldora, requiebros?
Si es filósofo el de Escocia,
judiciario y estrellero;405
¿cómo podrá acariciarme,
ocupado el pensamiento
y el tiempo siempre en estudio?
Y si es tan bravo Roberto;
¿quién duda que batirá410
de mi pecho el muro tierno
con fuerzas y tiranías,
siendo quizá el monstruo fiero
que amenaza la ruïna
de mi vida y de este imperio?415
ALDORA: ¿No es peor estar rendida
a otra beldad?
ROSAURA: Es exceso
el que propones, si sabes
que no halla el común proverbio
excepción en la grandeza.420
Yo lo difícil intento;
lo fácil es para todos.
ALDORA: Pues, emperatriz, supuesto
que Partinuplés te agrada,
todo cuanto soy te ofrezco.425
Yo haré que un retrato tuyo
sea brevemente objeto
de su vista, porque amor
comience a hacer sus efectos;
ven conmigo.430
ROSAURA: Voy contigo;
desde hoy en tu dulce incendio
soy humilde mariposa,
tirano dios, niño ciego.
Vanse y suena ruido de cazay sale el REY de Francia, LISBELLA y el CONDE de Partinuplés y GAULÍN y criados de caza todos
DENTRO: Al arroyo van ligeros.
OTRO: Por esa otra parte, Enrico,435
Julio, Fabio, Ludovico.
CONDE: Al valle, al valle, monteros.
REY: ¡Qué notable ligereza!
o hijos del viento son,
o del fuego exhalación.440
CONDE: Descanse, Señor tu alteza;
baste la caza por hoy.
REY: ¿Vienes cansada, Lisbella?
LISBELLA: Como siguiendo la estrella
del sol, que mirando estoy.445
REY: El equívoco me agrada;
ese sol, ¿soy yo o tu primo?
LISBELLA: Tú, pues en tu luz animo
la vida, Señor.
GAULÍN: ¿No es nada
requebritos en presencia450
de quien a ser suyo aspira?
Mas, si es justo, ¿qué me admira?
REY: Habla, pues tienes licencia,
Partinuplés, a tu esposa.
CONDE: Cuando sabe que soy suyo,455
ociosa, Señor, arguyo
toda palabra amorosa;
porque, a mi entender, no hay mengua
en el amable discreto,
como empeñar el respeto460
en lo activo de la lengua.
El que explica libremente
su amor, la verdad desdice;
que siente mal lo que dice,
quien dice bien lo que siente.465
Yo, que la luz reverencio
del sol que en Lisbella adoro,
por no ofender su decoro,
la hablo con el silencio;
que fuera causarla enojos,470
con discursos pocos sabios,
volverla a decir los labios,
lo que le han dicho los ojos.
REY: Bien encarecido está,
sobrino, tu sentimiento.475
LISBELLA: Y yo, de oirte contenta,
también primo, en mí será
el silencio lengua muda,
que acredite tu opinión.
Salen dos PESCADORES asidos de una caja
PESCADOR 1: Mía es.480
PESCADOR 2: Mayor acción
tengo a su valor, no hay duda,
pues te la enseñé; y así,
la caja, Pinardo es mía.
PESCADOR 1: Saquemos de esta porfía,
su alteza, pues está allí;485
démosela.
PESCADOR 2: Soy contento.
REY: ¿Qué es esto?
PESCADOR 1: Este pescador
y yo sacamos, Señor,
de ese espumoso elemento,
esta caja de una nave490
que pasó naufragio ya;
y por salvarse quizá,
alijó su peso grave;
mas, aunque fue de los dos
hallada, y ambos queremos495
su valor, ya le cedemos
con gusto, Señor en vos.
REY: Dios os guarde.
Rompen la caja y sacan un retrato de ROSAURA
CONDE: Abrirla presto;
veremos qué es.
PESCADOR 1: Sólo hay
un retrato.500
GAULÍN: ¡Qué cambray!
CONDE: Echó el cielo todo el resto
en su hermosura.
PESCADOR 2: Pinardo,
no trujimos mal tesoro.
PESCADOR 1: Calla; que estoy hecho un mozo
de rabia.505
REY: ¡Pincel gallardo!
CONDE: Por Dios, beldad peregrina
ostenta, ¡ay cielos!
GAULÍN: Extraña,
si acaso el pincel no engaña.
LISBELLA: Rara hermosura.
CONDE: Divina;
¿quién será aquesta mujer?510
LISBELLA: ¿Es gusto o curiosidad,
Partinuplés?
CONDE: ¡Qué deidad!
curiosidad puede ser;
que gusto, fuera de verte,
ni le estimo ni le quiero.515
LISBELLA: Ya parece lisonjero;
mas quiero, primo, creerte.
Señor, una R y una A
tiene aquí; ignoro el sentido.
GAULÍN: Pues que me escuches te pido.520
REY: ¿Sabeslo tú?
GAULÍN: Claro está.
LISBELLA: Si habla cualquiera por sí,
en la R dira reina,
y en la A…
CONDE: En las almas reina.
LISBELLA: De Asia o África.
CONDE: ¡Ay de mí!
que es nombre propio imagino.525
Puede ser…
GAULÍN: Oíd dos instantes,
los sentidos más galantes
de mi ingenio peregrino.
REY: Di pues.
GAULÍN: Llámase romana,
o rapada o relamida,530
rayada, rota o raída,
rotunda, ratera o rana,
respondona o Rafaela;
Ramira, ronca o rijosa,
Roma, raspada o raposa,535
risa, ronquilla o razuela,
o regatona o ratina.
Y si es enigma más grave,
el A quiere decir ave,
y la R, de rapiña.540
REY: Como de tu ingenio es,
la conclusión de la cifra.
GAULÍN: Pues, ¿mas que no la descifra
Radomonte aragonés
con más elegancia?545
LISBELLA: (Celos Aparte
me está dando el conde ingrato,
divertido en el retrato.)
CONDE: (¿Qué es esto que he visto cielos? Aparte
Rendido está a los primores,
de aquel pincel, mi sentido.)550
GAULÍN: Muy buena hacienda han traïdo
los amigos pescadores;
bien puede darles, Lisbella,
su hallazgo.
CONDE: Gaulín, desde hoy
sabrá Lisbella que soy555
sombra de esta imagen bella.
GAULÍN: Mira que de exceso pasa
tu locura.
CONDE: (¡Qué rigor! Aparte
disimulemos, amor,
el incendio que me abrasa.)560
LISBELLA: (¡Qué pague de esta manera Aparte
mi amor el Conde!… ¿qué haré
cielos? disimularé
su ocasión.)
DENTRO: ¡Guarda la fiera!
REY: Aquella voz me convida…565
venid, sobrinos, conmigo.
LISBELLA: Ya voy.
CONDE: Yo, Señor, te sigo.
REY: Da el retrato, por tu vida,
a quien le guarde. Después
tendréis los dos premio justo.570
Vanse
PESCADOR 1: El saber que es de tu gusto,
es el mayor interés.
Vase
CONDE: De mi brazo y de mi aliento
no has de poder escaparte,
si no te esconde la tierra;575
aguarda, fiera.
GAULÍN: No aguardes.
Sale el CONDE tras una fiera vestida de pieles vale a dar y vuélvese una tramoya y aparece ROSAURA como está pintada en el retrato
CONDE: Espera, monstruo circero.
GAULÍN: ¡Señor, que es gran disparate!
¡Hombre, que te precipitas
a morir!580
CONDE: Temor infame,
esto ha de ser; ¡todo el cielo
me valga!
GAULÍN: ¡Bizarro lance,
que buscando una fiera,
una belleza se hallase
mi amo! ¿Qué más ventura?585
¡Y que yo nunca me halle,
si no es uno que me mienta,
si no es cuatro que me engañen,
cuarenta que me apeleen,
cuatrocientos que me estafen!590
Sin duda que esto consiste
en el ánimo; animarme
quiero y buscar mi ventura;
ya podrá ser que topase,
en vez de moza, una sierpe,595
y en vez de un talego, un fraile.
Mas, ¿qué es aquello? mi amo
parece que está en éxtasis,
o que a lo de resurrexit,
judio asombrado yace;600
yo quiero ver que resulta
de suspensiones tan grandes;
que, si no me engaño, ya
parece que quiere hablarle.
CONDE: Cuando fiera te seguí,605
monstruo, mujer o deidad,
ignorando tu crueldad,
sólo a un riesgo me ofrecí;
pero ya descubre en ti
más peligros mi flaqueza;610
pues cuando de tu fiereza
libre examiné el rigor,
mal podré, muerto de amor,
librarme de tu belleza.
Tu hermosura y tu cautela615
se han conjurado en mi daño;
que una se viste de engaño,
y otra a la fiereza apela.
No en vano el temor recela,
dar riesgos después de verte,620
pues de esta o de aquella suerte,
vienes a ser mi homicida;
y si, fiera cruel, das vida;
beldad piadosa, das muerte.
¿Eres de este valle diosa?625
¿eres ninfa de este monte?
¿cuál es el sacro horizonte
de tu aurora milagrosa?
Muda fiera, enigma hermosa
de aquel retrato, que al arte630
por tuyo excede, ¿en qué parte
vives, asistes o estás?
ROSAURA: Si me buscas, me hallarás.
Desaparece ROSAURA
CONDE: Voy con el alma a buscarte.
¿Por qué a mis ojos te niegas,635
bello hechizo, hermoso áspid?
GAULÍN: Vive Cristo, que a mi amo
le han dado con la del martes.
CONDE: ¿Por qué te escondes y dejas
burlada mi fe constante?640
“Si me buscas, me hallarás,”
dijiste, y cuando buscarte
quiero, ligera desprecias
mis esperanzas amantes.
¡Qué haré, cielos! ¿qué he de hacer?645
o respóndedme, o mátadme.
Vase
GAULÍN: En tanto que el Conde está
dando suspiros al aire,
he de buscar mi ventura,
siquiera por imitarle.650
Ea, a la mano de Dios,
venzamos dificultades
de miedo, si acaso topan
mis dichas en animarme;
que será posible, pues,655
a los atrevidos hace
fortunilla los cortijos,
que me ayude favorable.
Quiero ver; aquí no hay nada.
Busca, mira por el tablado y sale el CONDE
CONDE: Estos verdes arrayanes660
fueron de su planta alfonbra,
siendo del campo plumajes.
¡Vive el cielo, que estoy loco!
GAULÍN: Apostaré que dice alguien,
que esto es andar por las ramas;665
mas entre aquellos dos sauces
veo la sombra de un sol,
sin nubes y con celajes.
Descúbrese ALDORA al otro lado entre unos árboles
Vive Dios, que di con él.
Todo el cielo se me cae670
encima, que llueven glorias.
ésta es runfla sin descarte,
perla sin concha, y almendra
sin cáscara, o ropaje
de engaños ni de fiereza.675
La muchacha es como un ángel.
¡Oh animal el más hermoso
de todos los animales!
CONDE: Aquí he perdido mi bien,
y aquí, cielos, he de hallarle.680
Bosques, fieras, espesuras,
campos, prados, montes, valles,
ríos, plantas, pajarillos,
fuentes, arroyos, cristales,
decid, ¿dónde está mi bien?685
Vase
GAULÍN: Orlando furioso, tate;
cada loco con su tema.
Pues antes, reina, pues antes,
que me dé otro trascantón.
Vala a coger y vuela y sale un león y coge a GAULÍN y sale el CONDE
CONDE: ¿Dónde iré?690
GAULÍN: Cielos, libradme,
ya que mi amo no quiere.
CONDE: ¿Qué es esto?
GAULÍN: Es para la tarde.
Al ir a embestirle se desaparece el león
CONDE: ¡Oh fiero león, espera!
desvaneció en un instante
su espantosa forma.695
GAULÍN: ¡Ay Dios!
todo estoy hecho vinagre.
Mira, Señor, si me ha herido;
que por estos arrabales
parece que estoy sudando
aunque no aromas fragantes.700
CONDE: No estás herido, sosiega.
GAULÍN: ¿De verdad?
CONDE: ¿He de engañarte?
GAULÍN: No, pero será posible
que a ti la vista te engañe,
pero no el olfato a mí;705
no acabo de santiguarme;
¡Jesús mil veces, Jesús!
¡Qué tierra de Barrabases
es esta donde no hallamos
sino fieras y animales,710
que burlen y que aporreen!
CONDEL Confuso estoy.
Suenan truenos
GAULÍN: ¿Yo cobarde?
pues mira que truenecitos;
hoy damos con todo al traste.
¿Si es Tesalia o la engañosa715
de Circe? estancia agradable;
salgamos presto, Señor,
de ella; que se cubre el aire
de nubes y exhalaciones.
CONDE: ¿Cómo es posible alejarme720
de este sitio, si en él dejo
del alma la mayor parte?
GAULÍN: Déjala toda y partamos;
que al alma no han de tocarle
en un pelo de la ropa.725
A estos cuerpos miserables
es fuerza que les busquemos
albergue donde se guarden;
fuera de que, el rey, tu tío,
y tu esposa han de buscarte,730
y han de estar perdiendo el juicio
de ver que así los dejaste.
Rayo es aquel; ¡Santa Prisca,
Santa Bárbara, Sant Ángel!
salgamos presto de aquí.735
CONDE: ¿Dónde podrás ocultarte
de la inclemencia del tiempo?
GAULÍN: Del tiempo, en ninguna parte;
porque todo está a cureña
rasa; mas para librarte740
de las fieras de estos montes
esta noche, allí nos hace
del ojo una nao, que está
varada en aquel paraje,
que debieron de dejar745
surta allí los temporales,
y aunque está desarbolada,
sin jarcias y sin velamen
para navegar, al menos
podrá, esta noche albergarte750
de las fieras, como digo.
CONDE: Tus miedos han de obligarme
a perderme.
GAULÍN: Acaba presto;
mira, Señor, que es ganarte.
CONDE: Vamos, si es ganarme.755
GAULÍN: Ven;
que de ti quiero agarrarme.
CONDE: Fiera hermosa, aunque me voy,
presto volveré a buscarte.
Vase
