EL CASTILLO DE LINDABRIDIS
Pedro Calderón de la Barca
Texto basado en las COMEDIAS DE DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA, ed. Juan Jorge Keil (Leipzig), 1830. Fue editado en forma electrónica por David Hildner y luego pasado al HTML para ser presentado en esta colección por Vern Williamsen en 2000.
Personas que hablan en ella:
- Rey LICANOR
- FEBO, galán
- ROSICLER, galán
- MERIDIÁN, galán, hermano de Lindabridis
- FLORISEO, galán
- FAUNO
- MALANDRÍN, criado
- LINDABRIDIS, dama
- SIRENE
- ARMINDA
- CLARIDIANA, dama disfrazada de caballero
- COROS
- Acompañamiento de DAMAS
- Acompañamiento de CRIADOS
JORNADA PRIMERA
Dentro ROSICLER, FLORISEO, FAUNO y CRIADOS
ROSICLER: ¡Talad de este horizonte
la rústica cerviz!
FLORISEO: ¡Al valle!
CRIADO: ¡Al monte!
FLORISEO: ¡A la cumbre!
CRIADO: ¡A lo llano!
FAUNO: Muchos cobardes sois, pero es en vano
temer yo tanto número de gente;5
que mil cobardes no hacen un valiente
para lidiar conmigo.
Sale FAUNO, vestido de pieles y con un bastón grande y nudoso, lo más extraño y feroz que pueda, y tras él don ROSICLER con espada desnuda
ROSICLER: Yo solamente, bárbaro, te sigo;
porque tengo tu vida
a mi fama ofrecida,10
y he de quitar de este gitano imperio
la esclavitud que todo su hemisferio
padece, a tus rigores enseñado.
FAUNO: ¿Sabes que soy el Fauno endemoniado,
hijo feroz, como mi ser lo avisa,15
de un espíritu y de una pitonisa,
compuesto de hombre, de demonio y fiera,
escándalo del mar y de la esfera,
vivo horror de esta lóbrega montaña
y escollo vivo de esa azul campaña?20
ROSICLER: Sé que son tus prodigios singulares
peligro de estos montes y estos mares.
FAUNO: Si tanto aliento tienes
que ya lo sabes y a matarme vienes,
atrévete, infelice caballero,25
a hacer campo conmigo. Yo te espero
en esta cueva oscura,
donde–partida, no la lumbre pura
del sol, que hermoso alumbra,
sino la oscuridad, sino la sombra30
de la noche importuna,
jeroglífico ya de la Fortuna–
harás campo conmigo.
ROSICLER: ¿Qué esperas? Ya te sigo.
FAUNO: Pues ya la infausta boca,35
de quien mordaza fue una dura roca,
está abierta, entra, pues. (Así pretendo Aparte
que entren todos tras él, porque, saliendo
yo por la gruta que desotra parte
obró naturaleza sin el arte,40
se pierdan todos dentro,
y sea su sepulcro el triste centro
desta bóveda oscura.
Tendrán a un tiempo muerte y sepultura.)
Vase
ROSICLER: Hoy sabrás que no puedo45
ver yo el semblante pálido del miedo.
Sale don FLORISEO
FLORISEO: ¿Dónde vas de esa suerte?
ROSICLER: A dar al Fauno en esa cueva muerte.
FLORISEO: Entremos, pues.
ROSICLER: Yo solo le haré guerra.
FLORISEO: Sin mí tú no has de entrar.50
Luchan los dos sobre cuál ha de entrar, suenan dentro cajas, clarines y voces, y los dos, al oírlo, se suspenden
VOCES: ¡A tierra, a tierra!
ROSICLER: ¿Qué repetidas voces
desacordadas suenan y veloces?
FLORISEO: Tierra dicen, mas es en la montaña,
que a ser la parte que Neptuno baña,
ser bajel era cierto55
que aportaba a la paz deste desierto.
ROSICLER: Pues sea lo que fuere,
déjame entrar.
Vuelven a luchar
FLORISEO: Sin mí jamás lo espere
osado tu valor; y más si creo
el gran prodigio que en el aire veo.60
Descúbrese el castillo
ROSICLER: ¡Gran maravilla encierra!
¡Santos cielos! ¿Qué es esto?
VOCES: ¡A tierra, a tierra!
ROSICLER: Con más causa me admiro
cuando el horror, que no encareces, miro;
pues la estación vacía,65
claraboya dïáfana del día,
es mar que con asombros
sufre un bajel de piedra, y en sus hombros
a errar tan veloz llega
que sobre golfos de átomos navega.70
FLORISEO: Un castillo eminente
es la proa del cubo de la frente;
ondas de vidrio corre;
árbol mayor es una excelsa torre,
jarcias son las almenas,75
de banderolas y estandartes llenas,
popa una cristalina galería,
hermoso espejo en que se toca el día.
El farol es un sol que en arreboles
duplica rayos, multiplica soles;80
y, en fin, todo portento,
es pájaro del mar y pez del viento.
Mas, por dejar la admiración pasmada,
sin plumas vuela, sin escamas nada,
con presunción tan grave85
que, atendido mejor, ni es pez ni es ave.
ROSICLER: ¡Oh tú, ciudad movible,
si eres tu dueño tú o inaccesible
el timón te gobierna o el piloto
que halló camino en rumbo tan remoto,90
abate, abate el vuelo,
y déte abrigo este gitano suelo,
si ya el mar no te espera,
que tú tendrás el mar por tu ribera!
Pues quien sulca en el viento,95
¿quién duda que en el mar tendrá su asiento?
Baja el castillo
FLORISEO: A tus voces parece
que el castillo se humilla o se agradece,
pues, posado en la roca
que a la cueva del Fauno abrió la boca,100
le deja sepultado,
seguro el monte ya, y a ti vengado.
Asiéntase en tierra el castillo y abren la puerta
ROSICLER: Un pasmo a otro sucede, pues, abiertas
del castillo veloz las altas puertas,
un escuadrón de ninfas se me ofrece.105
FLORISEO: La isla del Fauno isla del sol parece.
Salen todas las damas que puedan, SIRENE, ARMINDA y LINDABRIDIS, vestidas ricamente, y traerá ARMINDA una rodela, y en ella un cartel
LINDABRIDIS: Si una mujer peregrina
hallar piedad es posible,
por peregrina y mujer,
en vuestros pechos, decidme,110
¿qué tierra es ésta que toco?
¿Qué montes los que se miden
con las estrellas? ¿Qué mares
los que su esmeralda ciñen?
Porque me importa saber,115
antes que su arena pise,
qué clima es y quién la habita,
qué tierra es y quién la rige.
ROSICLER: Huéspeda hermosa del aire,
porque mis voces te obliguen120
a pagar también en voces
esa deuda que me pides,
escúchame. Este caduco
homenaje que resiste
embates de mar y viento,125
con dos enemigos firme,
es el Cáucaso eminente.
Esta isla, donde asiste
el endemoniado Fauno,
albergue fue oscuro y triste130
a quien ese muro ya
de monumento le sirve.
La corona de este imperio
es Menfis, y quien la rige
es el magno Tolomeo,135
dueño del alma de Euclides.
Yo soy Rosicler de Tracia,
hermano soy invencible
del caballero del Febo.
El que a tu deidad se rinde140
don Floriseo es de Persia.
A tan remotos países
nos trajo ambición de honor;
que éste en nuestros pechos vive.
A vencer vine un prodigio,145
a cuya empresa me sigue
Floriseo; que los dos
profesamos las insignes
leyes de caballería;
y si mi intento consigue150
vencer la duda, que ya
dentro del alma reside,
con mayor causa diré,
agradecido y humilde,
venciendo mis confusiones,155
que a vencer prodigios vine.
LINDABRIDIS: Tartaria, aquella provincia
que sobre las dos cervices
de África y Asia se sienta,
rica, hermosa y apacible,160
aquélla que dos mitades
del orbe abraza y divide,
línea de plata el Orontes,
pauta de cristal el Tigris,
es mi patria. Hija soy noble165
de Brutamonte, felice
rey de Tartaria. Mi nombre,
en ofensa de Floripes,
de Angélica y Bradamante,
es la sin par Lindabridis,170
heredera de su imperio,
si el hado no me lo impide;
pues a esta instancia discurro
el orbe. Y porque os admire
el oírme como el verme,175
con más atención oídme.
Es de mi patria heredada
costumbre que no apellide
el pueblo príncipe augusto,
ni le adore, ni se humille180
al hijo mayor del rey;
que sólo hereda y preside
el que él en su testamento
a la hora de morirse
deja en sus hijos nombrado;185
que así el imperio consigue
altos reyes, porque todos,
por llegar a preferirse
a sus hermanos, se crían
magnánimos y sutiles,190
doctos en ciencias y en armas,
sin que ley tan sola olvide
las hembras, pues no lo es
que el ser mujeres nos quite
la acción de reinar. En fin,195
atentos a la sublime
dignidad, yo y Meridián
mi hermano, segundo Ulises,
nos crïamos en Tartaria.
Bien os acordáis que dije200
que la elección heredaba,
porque el nacer era libre;
pues, rendido Brutamonte,
humano sol, a su eclipse
–¡oh violencia, qué no postras!205
¡oh humanidad, qué no rindes!–
llegó el caso de nombrar
sucesor–¡lance terrible!–
entre mí e Meridián;
y al tiempo que “Herede”, dice,210
“este imperio…”, perdió el habla,
dejando confuso y triste
el reino; y pasando entonces
a mejor vida, pues vive
al lado del sol, adonde215
lucero añadido asiste,
dejó en duda la elección
y en bandos parcial y libre
la plebe que, alborotada,
por las calles se divide220
diciendo unos “Meridián
viva” y otros “Lindabridis”.
Llegó la pasión a extremos
tales que en guerras civiles
la Tartaria ardió. Ya eran225
las campañas apacibles
de Flora selvas de Marte,
pues, variados los matices,
tal vez murieron claveles
los que nacieron jazmines.230
Un día que frente a frente
los dos campos se compiten,
haciendo aceros y plumas
de un abril muchos abriles,
delante yo de mi gente,235
ocupaba la invencible
espalda a una turca alfana,
que entre el copete y las crines
se ocultaba de tal forma
que, con las ondas que finge,240
dio a entender que sus espumas
iba cortando en un cisne.
En otra parte mi hermano
un persa hipogrifo oprime,
tan fiero que, despreciando245
su especie, osado y terrible,
se manchó de espuma y sangre;
gustando él que le salpiquen
por desmentirse caballo
con los remiendos de tigre.250
Ya con el marcial estruendo
aun no dejaban oírse
lo robusto de las cajas,
lo dulce de los clarines,
cuando mi hermano, arbolando255
un blanco estandarte, pide
licencia de hablar; y así
a dos ejércitos dice,
“Tártaros fuertes, si acaso
la cólera se permite260
a la razón, y el orgullo
os deja el discurso libre,
paréntesis de la muerte
sean mis voces; oídme.
Lidie la razón primero265
que la sinrazón hoy lidie.
Las heredadas costumbres
de este imperio se dirigen
a que su príncipe sea
en letras y armas insigne.270
Pues si en mí los dos extremos
de ingenio y valor se miden,
¿por qué me desheredáis
tiranamente insufribles?
Mas porque de mi persona275
los méritos se examinen,
rindámonos a un partido
para todos apacible.
Halle mi hermana un esposo
que, si me excede o compite280
en valor, ingenio y gala,
desde aquí quiero rendirme
a sus plantas, y que él ciña
la corona que me quiten,
con calidad que, si ella,285
en el tiempo que describe
el sol un círculo entero,
plateando de perfiles
los vellones del Ariete
y las escamas del Piscis,290
no le hallare, quede yo
quieto, pacífico y libre
en la posesión. Con esto
vuestros deseos consiguen
a menos riesgo un rey;295
y yo cuantos ella envíe
esperaré en Babilonia
para que en entrambas lides
viva, tártaros, quien venza,
pues siempre quien vence vive.”300
Dijo Meridián, y yo,
aunque responderle quise,
no pude, porque las voces
entre los aplausos viles
se perdieron. En efecto,305
las condiciones le admiten,
volviendo yo a mi palacio
confusa, afligida y triste.
Aquí , pues, contando el caso
al docto, al mágico Antistes,310
ayo mío, y de los cielos
el prodigio más sublime,
aquél cuya voz el sol
respeta y en los viriles
de once cuadernos azules315
leyó letras de rubíes,
me dijo, “Si has de buscar
un príncipe que te libre
de ese empeño, que discurras
el orbe es fuerza, y que animes320
con tu hermosura el valor;
que no hay cosa que le incite
tanto; y porque más segura
todo el mundo peregrines,
hoy quiero lograr en ti325
los más admirables fines
de mis mágicos estudios.
Este castillo en que asistes,
alcázar portátil sea,
sea palacio movible330
que, a obediencia de tus voces,
ya se eleve o ya se incline.
Parte en él, porque en él lleves
las grandezas con que vives,
las galas que te hermosean,335
y las damas que te sirven.”
Pronunció el acento apenas
último cuando ya gime
la torre, ya tiembla y ya
de la tierra se divide;340
y, elevados en el viento
muros, campos y jardines,
de tan nueva Babilonia
todos éramos pensiles.
Ese pájaro que, cuando345
vuela, los aires aflige;
ese pez que, cuando nada,
los crespos mares oprime;
ese monstruo que los montes,
cuando los habita, rinde;350
ese escollo que navega,
ese monte que describe,
esa fábrica que nada,
ese, en fin, portento horrible
que miráis, es el famoso355
castillo de Lindabridis.
Si sois, como lo mostráis
y vuestras personas dicen,
príncipes que de trofeos
habéis de orlar vuestros timbres;360
si en defensa de las damas
vuestros aceros se visten,
ya con la espada en la mano,
ya con la lanza en el ristre,
buena ocasión se os ofrece.365
A vuestras plantas se rinde
una hermosura que os ame,
un reino que os apellide,
una empresa que os ilustre,
una lid que os acredite,370
una mujer que os adore
y un honor que os eternice.
Vase LINDABRIDIS
ROSICLER: Espera, mujer.
SIRENE: Detente;
estos umbrales no pises,
aunque la ocasión te llame,375
aunque tu valor te anime,
si la acción perder no quieres
de las empresas que sigues.
Vase SIRENE
FLORISEO: Escucha…
ARMINDA: Si estos aplausos
deseas, firma invencible380
ese cartel y no intentes
violar su muro, aunque mires
arderse el castillo en fuego.
Esto importa.
Vase, dejando fijo el cartel
FLORISEO: Que le firme
no dudes. Este puñal385
mi nombre en bronce describe.
ROSICLER: No harás; porque estas empresas
son mías.
FLORISEO: Contigo vine
a vencer un monstruo, a quien
ya todo ese monte oprime,390
no a dejar tan alto empleo.
ROSICLER: Pues ¿tú conmigo compites?
FLORISEO: Desistir un hombre noble
a tal causa es imposible.
No compito a quien excedo.395
ROSICLER: Como la lengua lo dice,
¿no lo dijera el acero?
FLORISEO: Sí hiciera.
ROSICLER: Pues calla y riñe.
Sacan las espadas y riñen. Dentro CLARIDIANA
CLARIDIANA: Ten el caballo, que al pie
de aquel castillo arrogante,400
que en competencia de Atlante
coluna del cielo fue,
los repetidos aceros
de dos jóvenes valientes
me llaman.405
Dentro MALANDRÍN
MALANDRÍN: Señor, no intentes
meter paces.
Sale CLARIDIANA, en traje de hombre
CLARIDIANA: Caballeros,
si del duelo comenzado
tiene acaso en mi valor
apelación el favor,
lógrese el haber llegado410
en una ocasión tan fuerte
quien vuestros riesgos impida.
FLORISEO: No podréis; porque una vida
vive a costa de otra muerte.
ROSICLER: Viviendo yo, no pudiera415
vivir quien me compitió;
y, para que viva yo,
es forzoso que otro muera.
Y así, joven, cuyo brío
mostráis bien, pues no podéis420
ser nuestro adalid, seréis
juez de nuestro desafío.
Vednos, pues, y, ya que advierto
en vos valor tan altivo,
dad luego un caballo al vivo425
y una sepultura al muerto.
FLORISEO: Esto los dos os pedimos;
y, sin esperar respuesta
que no admite más ley que ésta,
la causa por que reñimos.430
CLARIDIANA: Cuanto me pedís haré.
Salen a la ventana del castillo LINDABRIDIS, SIRENE y ARMINDA
SIRENE: Grande estruendo de armas suena.
LINDABRIDIS: Desde esta dorada almena
del castillo los veré.
CLARIDIANA: ¡Qué bien mostráis que es de amor435
lance tan duro y crüel!
Y así os presido, porque él
no admite medio mejor
que morir matando. ¡Ea, pues,
reñid los dos igualmente;440
que, habiendo de estar presente
yo a este duelo, cierto es
que no habrá engaño o traición,
ventaja o alevosía.
Yo os hago seguro el día,445
el campo y la ejecución.
Riñen FLORISEO y ROSICLER
ARMINDA: Los dos riñen que testigos
de tus relaciones fueron.
LINDABRIDIS: ¿Tan presto pasar pudieron
desde amigos a enemigos?450
FLORISEO: No has de ser conquistador
de esta aventura, viviendo
este brazo.
ROSICLER: Yo defiendo
que la merezco mejor.
FLORISEO: Que la merezcas o no,455
yo he de firmar el cartel.
SIRENE: Por ti es el campo crüel.
LINDABRIDIS: Pues remediarélo yo.–
¡Ah del monte!
Dejan de reñir
FLORISEO: Alma y acción
son ya despojos del viento.460
ROSICLER: En su mismo movimiento
se ha helado la ejecución.
CLARIDIANA: ¡Bella mujer!
LINDABRIDIS: Si el trofeo
de la encantada aventura
hoy vuestro esfuerzo procura,465
que así del aire lo creo,
y sobre firmar aquí
el cartel habéis reñido,
seña es de no haber leído
su condición.470
ROSICLER: Es así.
LINDABRIDIS: Pues ¿quién por firmar se mata,
sin ver lo que ha de firmar?
FLORISEO: Quien de sólo conquistar
tan nuevos aplausos trata;
que el que lee la condición475
de la dicha que pretende
su mismo valor ofende
y agravia su estimación;
pues da a entender que, no siendo
la condición a su gusto,480
no admite la dicha injusto
temor. Y, como pretendo
yo esta dicha conquistar,
con cualquiera de esta suerte
por firmar, me doy la muerte,485
sin ver lo que he de firmar.
ROSICLER: Yo, de esa voz advertido,
confieso que pude errar
en atreverme a firmar
condición que no he leído;490
y así he de leer el cartel
para aumentar mis blasones,
sabiendo las condiciones
con que cae mi firma en él;
pues más valor muestra quien495
a reñir osa salir,
sabiendo que va a reñir,
que no, aunque riña también,
el que en la ocasión se halló,
pues uno y otro valiente,500
aquél ve el inconveniente
que atropella y éste no.
Veamos, en duda tan grave,
cuál más valor muestra ahora,
quien firma riesgos que ignora505
o quien firma los que sabe.
Lee el cartel
“El caballero diestro y animoso que en el certamen muestre la osadía, y a Meridián prefiera generoso en la gala, el ingenio y valentía, será rey de Tartaria, será esposo de Lindabridis, cuya monarquía le aclama en posesión quieta y segura, rey de un imperio, dios de una hermosura. Aquél, empero, que, al amor rendido, al castillo los términos profane, en cuanto, de los céfiros movido, montes pise, ondas sulque, aires allane, quedará de la acción desposeído, ni consiga laurel, ni precio gane, que ha de vagar, de este peligro esento, páramos de cristal, golfos de viento. Aquel también osado caballero que por celos, por ira y por venganza en los términos dél saque el acero, pierda el triunfo, el laurel y la esperanza. Y no, porque a firmar llegue primero, impida que otro firme, pues alcanza más aplauso, más fama, más victoria quien corona de méritos la gloria.:
No leo más; y, pues no impide
mi fe otro competidor,
porque veáis que mi amor510
con mi obediencia se mide,
vuelvo a la vaina el acero;
que no tengo yo de hacer
hazañas para perder
dichas que ganar espero.515
FLORISEO: Cese entre los dos aquí
la lid, pues así tendrás
tú en mí una victoria más
y yo un triunfo más en ti.
Y en tan firme competencia,520
siendo la pluma un puñal
que en el papel de metal
escriba sin resistencia,
firma tu nombre.
ROSICLER: Sí haré.
Firma
FLORISEO: Y yo al cielo haré testigo525
de pleitear y ser tu amigo.
Firma
ROSICLER: Eso no hago yo.
FLORISEO: ¿Por qué?
ROSICLER: Porque en pleitos de afición
es vil la conformidad,
y celos sobre amistad530
muy infames celos son.
Ni sé yo que honor y fama
puedan acabar conmigo
que tenga yo por amigo
a quien pretende a mi dama.535
Y así hemos de ser los dos
contrarios desde este día;
que en amor no hay cortesía.
FLORISEO: Dices bien; adiós.
ROSICLER: Adiós.
Vanse FLORISEO y ROSICLER
ARMINDA: Bizarros han procedido.540
SIRENE: Valiente es el Rosicler
de Tracia.
ARMINDA: Pudiera ser
habérmelo parecido,
si el competidor no fuera
el persiano Floriseo.545
LINDABRIDIS: Ninguno a mis ojos creo
que ese afecto les debiera,
mientras tuviesen delante
al gallardo caballero
que, llegando a ser tercero,550
tan cortés como arrogante,
fue primero en el valor,
el brío y el desenfado.
SIRENE: ¡Qué suspenso se ha quedado,
estatua viva de amor!555
Sale MALANDRÍN
MALANDRÍN: Ya, señor, que se ausentaron
los dos que a reñir vinieron
y que, si no lo riñeron,
por lo menos lo parlaron,
me atrevo a llegar aquí;560
que, si la cuestión durara,
en mi vida no llegara;
porque yo en mi vida fui
amigo de meter paz,
desde un día que llegué,565
riñendo dos, y el que fue
el riñón más pertinaz
me abrió un geme de cabeza,
por abrirla a su enemigo;
y luego, cortés conmigo,570
me dijo con gran tristeza,
cuando ya estaba en poder
de la quirurga impiedad,
“Caballero, perdonad;
que yo no lo quise hacer.”575
CLARIDIANA: ¿Que de burlas, Maladrín,
vienes a darme la muerte?
MALANDRÍN: Pues ¿qué tenemos?
CLARIDIANA: Advierte
que hoy es de mi vida el fin.
Aquesa fábrica bella580
que escalar el cielo ves
la de Lindabridis es,
y Lindabridis aquélla
que, con hermoso arrebol,
da a los campos alegría,585
sin que le haga falta al día
irse ya poniendo el sol.
¡Qué hermosa es! ¡Valedme, cielos!
Pero mírola celosa;
que quizá no es tan hermosa590
a quien la mira sin celos.
MALANDRÍN: ¡Válgame el cielo! ¿Ésta es
aquella ligera torre
que en el mundo vuela y corre,
sin tener alas ni pies?595
¿Y ésta la que día y noche
–de verla me maravillo–
dice, “Pónganme el castillo,”
como si dijera “el coche,”
cuya caja es cal y canto600
que por un encanto rueda?
Aunque en esto a otros no exceda,
pues no hay coche sin encanto,
diciendo muy sin cuidado,
“Anda al reino del Mogor”605
como “a la Calle Mayor,
a las vistillas o al Prado.”
Y, caminando ligero,
que el sol no puede igualallo,
ni se le manca un caballo,610
ni se emborracha un cochero.
Éste…
CLARIDIANA: Calla ya.
MALANDRÍN: ¡Ay de mí!
No hablaré más que un jumento.
CLARIDIANA: (Dame, amor, atrevimiento, Aparte
y empiece tu engaño aquí.)615
Si el respeto o el temor
con que a los umbrales llego
de este encantado prodigio,
fábula hermosa del tiempo,
puede merecer, señora,620
cortés aplauso en un pecho
que labró amor de diamante,
dad licencia a un caballero
que, cortesano del mar,
que, ciudadano del viento,625
batió, hasta llegar a verte,
las alas de sus deseos.
Sagrado voto de amor…
(¡Mejor dijera de celos!) Aparte
…a su templo me trae, donde630
rendido, humilde y sujeto
os sacrifico en sus aras
un alma y mil pensamientos;
y aun son pocos, cuando a vos
os adoro y os respeto635
por ídolo de su altar,
por imagen de su templo.
No sé si el voto cumplí,
hermoso encanto, con esto;
pues quien va a cumplir un voto640
se suele tener por cierto
que va a dejar las prisiones,
y yo por prisiones vengo.
El príncipe Claridiano
soy, de Trinacria heredero;645
mis vasallos son el Etna
el Volcán y el Mongibelo.
¿Veis cuánto fuego os he dicho?
Pues muy poco os lo encarezco;
que es bien que un príncipe amante650
vasallos tenga de fuego.
Para creencia los traigo
conmigo, el Etna en el pecho,
el Mongibelo en el alma,
y el Volcán en el aliento.655
Dad, pues, licencia a que escriba
con el buril de este acero
mi nombre; no porque entienda
que, galán, valiente y cuerdo,
pueda merecer, señora,660
de esa hermosura el imperio,
sino porque entienda sólo
que morir amando puedo;
pues yo, con morir amando,
cumpliré con mis afectos.665
Mirad a cuán poco aspiro,
mirad cuán poco me atrevo,
pues licencia de morir
os pido de cumplimiento.
Y ésta sólo porque diga670
en mi sepulcro un letrero,
“Aquí yace aquel amante
que quiso morir primero
que ver al dueño que amó
en los brazos de otro dueño.”675
Y es verdad–pues a estorbarlo
desde la Trinacria vengo–
que si tengo de morir
de estorbarlo o de saberlo,
mejor será de estorbarlo;680
que es muy cobarde o muy necio
el que se deja morir
del mal y no del remedio.
No me entenderéis; no importa;
que soy un enigma ciego,685
tal que, apostando conmigo,
aun yo mismo no me entiendo.
Mas porque nunca os quejéis
de que os engañé, os advierto
que en todo cuanto os he dicho690
os digo verdad y os miento.
LINDABRIDIS: Príncipe trinacrio ilustre,
cuyo valor, cuyo ingenio
dirán bien espada y pluma,
competidas a un tiempo,695
licencia para firmar
las condiciones del duelo
tenéis; que en pública lid
a ningún aventurero
se ha negado. A los demás700
ni respondo ni me atrevo;
que, si vos no os entendéis,
en mí no será defecto
el no entenderos a vos.
Mas por hablar en el mesmo705
estilo vuestro, os respondo
que el venir os agradezco,
pero no el haber venido,
pues lo estimo y lo aborrezco;
porque también soy enigma710
yo, que a dos sentidos tengo
dos luces. Si no entendéis,
no importa; que yo me entiendo.
(¡Válgate el cielo por joven! Aparte
¡En qué confusión me has puesto!)715
Éntranse LINDABRIDIS, SIRENE, ARMINDA, y las otras damas
MALANDRÍN: ¡Cielos, qué de disparates
atinados y compuestos
os habéis dicho! Y habrá
quien diga que son conceptos,
sin haberlos entendido.720
CLARIDIANA: ¡Oh, qué cansado y qué necio
estás riyendo y hablando,
cuando yo amando y muriendo!
MALANDRÍN: Ya los dos estamos solos,
nadie nos oye; bien puedo725
hablar contigo, señora.
Si vienes con este intento
determinada a estorbar
el amor o los deseos
de aquel descortés amante,730
el caballero del Febo,
que a estas aventuras vino,
y hallaste para este efecto
ese arrogante caballo
–tan desbocado y soberbio735
que, cuanto más le corrige
la disciplina del freno,
tanto más corre, y se para
cuando siente sobre el cuello
suelta la rienda–si, en fin,740
volando en él tanto viento,
tanta tierra y tanto mar,
has dado en este desierto
con el castillo; si en él
ha empezado tu deseo745
tan felizmente, ¿qué temes?
CLARIDIANA: Que soy desdichada temo.
A competir he venido
–es verdad, yo lo confieso–
al Febo en esta aventura,750
porque en ciencias y armas tengo
experiencias y noticias,
con que aventurarme puedo
a salir con la victoria;
y, siendo yo sola dueño755
de Lindabridis, dejar
burlados sus pensamientos;
pero cuanto–¡ay de mí triste!–
atrevida vine, luego
que la vi, quedé cobarde;760
que éste es natural secreto
que trae consigo el temor.
Bien en los campos del viento
lo dice la garza, aquella
nave de pluma que, haciendo765
proa el pico, vela el ala,
timón la cola, el pie remo,
sulca grave, vuela altiva,
hasta que se pasa al fuego
a ser mariposa en él,770
por vivir otro elemento;
pues aunque al paso le salgan
mil pájaros bandoleros,
que son ladrones del aire,
de ninguno tiene miedo,775
sino de aquél solamente
de quien ha de ser trofeo;
y así, erizada la pluma
y el copete descompuesto,
tiembla y huye, hasta que deja780
la vida a sus manos, siendo
flor después de haber caído,
la que fue estrella cayendo.
MALANDRÍN: Sobre los afectos reina
la razón.785
CLARIDIANA: Bien dices; quiero
firmar el cartel y dar
principio al fin. Mas ¿qué es esto?
La primera firma dice,
“El caballero del Febo.”
¡Dadme paciencia, cielos,790
si puede haber paciencia donde hay celos!
¡Ay ingrato! ¿Para mí
firmas en arena fueron
tus palabras, que duraron
a la discreción del viento?795
¿Para Lindabridis bella
firmas en bronce y acero,
que vivirán inmortales
a la duración del tiempo?
¿Para mí escribiste en agua800
tantos perdidos requiebros,
y para ella en bronce escribes
la constancia de tu pecho?
¿A ella fineza, a mí olvido?
¿A ella agrado, a mí desprecio?805
¿A ella firme, a mí mudable?
¿A ella apacible, a mí fiero?
¡Dadme paciencia, cielos,
si puede haber paciencia…!
Dentro FEBO
FEBO: ¡Fuego, fuego!
CLARIDIANA: ¿Qué voz es tan temerosa810
la que en repetidos ecos
quitó el impulso a mi acción,
hurtó el número a mi acento?
MALANDRÍN: Sobre el campo de Neptuno
un Etna, señora, veo815
que, brotantdo llamas, hace
guerra de dos elementos.
CLARIDIANA: ¿Quién vio jamás–¡oh qué horror!–
en campos de nieve ardiendo
montañas de humo? ¿Quién vio820
abortar el agua fuego?
MALANDRÍN: Bajel es.
CLARIDIANA: No dices bien;
porque, alumbrando su incendio,
todo el bajel es farol,
antorcha ya de sí mesmo.825
Oh, Neptuno, si eres dios,
¿cómo sufres que en tu reino
jurisdicción de otra esfera
esté abrasando, en desprecio
de tus ondas? ¿No te corres830
que tu contrario soberbio
entre en los términos tuyos,
tiranizando tu imperio?
MALANDRÍN: Norte vocal sean mis voces.
¡A tierra!835
Sale FEBO cayendo
FEBO: ¡Valedme, cielos!
Se desmaya
CLARIDIANA: Mísero aborto que el mar,
por despojo de esa guerra,
dio de barato a la tierra,
ya bien puedes respirar.
Vuelve en ti, vuelve a alentar.840
Mas ¡ay!, que sangrienta y dura
el agua su fin procura;
y así a la tierra la advierte,
“Pues que yo le di la muerte,
dale tú la sepultura.”845
Pónese CLARIDIANA una banda al rostro, y llega a FEBO
MALANDRÍN: Es verdad; que yerto y frío
yace.
CLARIDIANA: Y yo, de asombros lleno,
tropiezo en el mal ajeno,
y voy cayendo en el mío.
De mi muerte desconfío,850
porque mi vida me asombre,
y porque infeliz me nombre.
Detente, no espires, sol;
deja, deja un arrebol
compadecido a tu nombre.855
Que Febo…–¡mísera suerte!–
…es…–¡tragedia lastimosa!–
…el que…–¡pena rigurosa!–
…arrojado…–trance fuerte!–
…del mar…–¡miserable muerte!–860
…llegó…–¡tirano rigor!–
…a mis pies…–¡fiero dolor!–
…porque así…–¡valedme, cielos!–
…cuando él me mata de celos,
le vea yo muerto de amor.865
Bien digo; pues sus rigores
es razón que yo presuma
que los castigó la espuma,
que es madre de los amores.
Ya son mis penas mayores.870
Llorad, ojos; sentid, labios;
no os acordéis, poco sabios,
de ofensas hechas y dichas;
que es vil quien en las desdichas
se acuerda de los agravios.875
Cesen, pues, venganzas fieras,
y haga finezas mi fe.
Vivieras, oh Febo, aunqué
en otros brazos vivieras.
Estas son las verdaderas880
muestras de quien quiere y ama.
¡Oh mar, oh bajel, oh llama,
ya es occidente crüel
tu teatro, pues en él
murió Febo!885
Vuelve en sí FEBO
FEBO: ¿Quién me llama?
¿Dónde estoy, piadosos cielos?
CLARIDIANA: ¡Albricias, alma! (Mas no; Aparte
que si él vuelve a vivir, yo
volveré a morir de celos.
Mas viva él, y mis desvelos890
vivan. Si en tan breves plazos,
oh Amor, ataste sus lazos,
y mi fe milagros labra,
no me tomes la palabra
de que viva en otros brazos.)895
FEBO: ¿Quién eres tú, que con llanto
la voz en el aire quiebras
y mis exequias celebras?
CLARIDIANA: Quien sintió tu muerte cuanto
siente ya tu vida, tanto900
es mi asombro duro y fuerte,
que en tu vida y muerte advierte
una pena dividida,
pues muerto te diera vida
quien vivo te dará muerte.905
Y así, pues pasó el severo
rigor, y pues vivo estás,
no tengo que esperar más;
cobra ese perdido acero;
que cuerpo a cuerpo te espero910
donde a mi honor dé esta palma.
FEBO: Hombre que en tan triste calma
para mi desdicha has sido
un enigma con sentido,
un laberinto con alma,915
¿cómo mi muerte sentiste,
si de darme muerte tratas?
¿Cómo viviendo me matas,
si muriendo no lo hiciste?
Si piadoso entonces fuiste,920
¿cómo ahora eres tirano,
y tienes, crüel e inhumano,
siendo amigo y enemigo,
en una mano el castigo
y el favor en otra mano?925
CLARIDIANA: Como, cuando muerto estabas,
tu muerte, Febo, sentía;
cuando estás vivo, la mía.
Que tú la muerte me dabas.
Muerto, lástima causabas;930
vivo, causas pena; así
puedes argüir aquí
mis desdichas, pues es cierto
que tú, ni vivo ni muerto,
no eres bueno para mí.935
FEBO: Si vivo ni muerto espero
vencer rigor tan esquivo,
si te he de enojar si vivo,
si te he de ofender si muero,
defender mi vida quiero.940
Siente el verme vivo, pues
medio para los dos es
hacer que el rigor dilates,
y que ahora no me mates,
si me has de llorar después.945
Una herida, que he sacado
del mar, no importa.
CLARIDIANA: ¡Ay de mí!
¿Herido estás, Febo?
FEBO: Sí.
Mas ¿qué cuidado te ha dado?
CLARIDIANA: Lo que es piedad no es cuidado.950
FEBO: Pues si piedad sola ha sido,
riñe.
CLARIDIANA: Soy tan atrevido
que con ventaja no quiero.
Cúrate y cobra primero
sangre y fuerza que has perdido;955
que yo te buscaré.
FEBO: Pues
guíame a esa torre bella.
CLARIDIANA: Eso no; no has de ir a ella.
FEBO: ¿Por qué?
CLARIDIANA: Porque el sitio es
de Lindabridis.960
FEBO: Tus pies
mil veces me da a besar.
Piadosos son fuego y mar.
CLARIDIANA: ¿Mucho?
FEBO: Sí.
CLARIDIANA: Pues el acero
esgrime; que ya no quiero
que te vayas a curar.965
FEBO: Pues ya no quiero reñir
yo; que, a su vista, es perder
las esperanzas de ser
su dueño; y pues argüir
puedo, a medio discurrir,970
que celos la causa son
de tu pena y tu pasión,
no me puedes obligar
a reñir hasta llegar
del duelo la ejecución;975
que cuando hay tiempo aplazado,
no es mengua de un caballero
tener cortés el acero.
CLARIDIANA: Bien la ocasión has dado
de mi pena y mi cuidado,980
porque celos me han traído
amante y favorecido
de Lindabridis…
FEBO: (¡Ay cielos!) Aparte
CLARIDIANA: (Tenga celos quien da celos.) Aparte
…a estorbar que tú atrevido985
intentes esta aventura.
FEBO: ¿Doyte yo más que temer
que todos?
CLARIDIANA: Tú no has de ser
el dueño de su hermosura.
FEBO: Pues tu temor ¿qué asegura?990
CLARIDIANA: Tantos favores lograr
como tengo.
FEBO: (¡Oh qué pesar!) Aparte
¿Muchos?
CLARIDIANA: Sí.
FEBO: Pues el acero
sacaré; que ya no quiero
yo tampoco irme a curar.995
CLARIDIANA: Ni yo reñir; que, advertido,
no he de perder la esperanza.
FEBO: Pues tiempo habrá a tu venganza.
CLARIDIANA: Por estar aquí y herido,
hoy la dilato, y te pido1000
tomes ese bruto, en quien
irte a curar; porque es bien
cuidar, Febo, de esa herida.
FEBO: ¿Qué te importa a ti mi vida?
CLARIDIANA: Mucho.1005
FEBO: ¿Y mi muerte?
CLARIDIANA: También.
FEBO: No te entiendo.
CLARIDIANA: Yo me entiendo.
Toma el caballo.
FEBO: Sí haré.
CLARIDIANA: (Mis celos estorbaré; Aparte
pues, en el bruto corriendo,
de aquí ausentarle pretendo;1010
deje el campo a mi dolor.
FEBO: (¡Oh, qué rabia!) Aparte
CLARIDIANA: (¡Oh, qué rigor!) Aparte
FEBO: (¡Qué desdicha!) Aparte
CLARIDIANA: (¡Qué desvelos!) Aparte
Vete ya.
FEBO: (A morir de celos.) Aparte
Quédate.1015
CLARIDIANA: (A morir de amor.) Aparte
