EL CABALLERO SIN NOMBRE
Texto basado en la edición príncipe de EL CABALLERO SIN NOMBRE, en PARTE TREINTA Y DOS, CON DOCE COMEDIAS NUEVAS DE DIFERENTES AUTORES (Zaragoza: Diego Dormer, 1640). No ha sido editado ni publicado modernamente. Fue editado por Vern G. Williamsen en el curso de sus investigaciones en 1979, preparado en su forma electrónica en 1988, y en su forma actual en 1996.
Personas que hablan en ella:
- Don GONZALO Altamirano
- Don SANCHO Altamirano, su hermano
- Don RAMIRO Altamirano, su padre
- El REY, don Alfonso VI
- Don DIEGO Ordóñez de Lara
- RICOTE, Lacayo
- RICARDO, viejo
- HAZÉN Jarife Baabdalí, Rey de Mérida y Badajoz
- SULEIMAN, Infante moro
- FATIMÁN, Infante moro
- BENZORAIQUE, Infante moro
- CAPITÁN de la guarda
- SANDO, cazador
- MENDO, cazador
- Un SOLDADO, Orellana
- Doña BLANCA, Infanta
- Una MUJER, viuda
- Un PAJE
- Un MORO
- Dos GUARDAS
JORNADA PRIMERA
Salen don GONZALO y don SANCHO, riñendo sin echar mano
SANCHO: ¿No soy tu hermano mayor,
villano?
GONZALO: Ni soy villano,
don Sancho, ni soy menor
sino sólo en ser tu hermano,
pues es mi razón mayor.5
Sola la honra es nuestra madre
y tú quieres que te cuadre
el ser caballero honrado.
El valor nos ha engendrado.
El valor es nuestro padre.10
Y así preferirme quiero
que cuanto el valor a ti;
pues, aunque eres caballero,
de la honra y valor nací
con ser el valor primero.15
Dos veces hemos nacido.
Dos madres nos han parido:
doña Elvira es la primera
y la honra es la postrera.
Ilustres las dos han sido.
Mas, desengañarte quiero;20
que si naciste en el mundo
fue, aunque noble y caballero,
de la segunda el segundo,
de la primera el primero.
Y así trátame mejor,25
don Sancho, que si menor
de la primer madre fui,
de la segunda nací
primero. Soy el mayor.
SANCHO: Rapaz, hablador sin rienda,30
¿luego estoy por ser primero
sin honra, valor ni prenda?
GONZALO: No, pero fuiste el postrero
aunque primero en hacienda;
que no porque me ganaste35
la mano en nacer llevaste
el valor con que me quedo,
que yo, Sancho, la honra heredo
si tú la hacienda heredaste.
Nuestro padre es noble y rico40
y de su hacienda y valor
dos mayorazgos publico:
de la honra es el mayor,
y de la hacienda el más chico.
De éstos el uno heredas,45
concediéndote que puedas
escoger por ser mayor.
Luego yo heredo el valor
pues con la hacienda te quedas.
SANCHO: Di, bachiller atrevido,50
antes que tú, ¿no he salido?
¿No has de comer por mi mano?
GONZALO: Trátame como a tu hermano.
SANCHO: No lo eres, desconocido.
GONZALO: ¡Vive Dios, si me provocas!55
¡Si hablas, don Sancho, en mi mengua!
Mas esas palabras locas
haré arrancando tu lengua…
¡Te abra esta espada mil bocas!
SANCHO: Espera, hablador grosero.60
Castigaráte mi acero.
GONZALO: Si no te mata mi mano.
SANCHO: No me tengo por tu hermano.
GONZALO: Ni lo estimo ni lo quiero.
Sale don RAMIRO, padre de los dos
RAMIRO: ¿Qué es esto? ¿Qué enojo vano65
incita vuestro furor,
don Gonzalo, con tu hermano?
¿Contra tu hermano mayor?
GONZALO: ¿He de sufrir que villano
me llame? ¡No! Que me fundo70
aunque la hacienda perdí
por salir postrero al mundo,
que de tu valor nací
tan honrado aunque segundo.
Y no es justo que mi hermano,75
que por cualquier ocasión,
[de su nacimiento ufano]
con razón y sin razón,
me llame infame y villano.
SANCHO: ¿Qué te parece el humillo80
del rapaz?
GONZALO: Trátame bien
–que ya no puedo sufrillo–
si no quieres que te de[n]
hoy sepultura en Trujillo.
RAMIRO: Loco, ¿a tu hermano mayor…?85
¿No basta que estoy yo aquí?
GONZALO: Pues, porque yo sea menor,
¿soy de menos valor?
RAMIRO: Sí,
en todo sois inferior.
Al mayorazgo, ¿no es llano90
que cualquier menor hermano
tiene de estarle sujeto
y tratarle con respeto?
GONZALO: ¡No, padre, no! ¡Qué eso es vano!
Lo que al hermano heredero95
obedecer sólo es
no porque nació primero
sino por el interés
de su hacienda y su dinero.
Y como no estimo aqueso,100
por más rico le confieso
no por más noble o mejor
porque estimo mi valor
más que el tesoro de Creso.
La sangre que honra a mi hermano,105
ésa propia me honra a mí.
El valor que gana, gano.
Tan noble como él nací.
Como él soy Altamirano.
Como Altamirano [tiro]110
al valor por quien suspiro;
que es lo que ennoblece a un hombre.
Altamirano es mi nombre
y, por aquesto, alto miro.
Y así el valor me destierra115
donde con hartas ventajas
le ganaré por la guerra
[contra los moros alhajas
si ya de aquí me destierra].
RAMIRO: Vete, atrevido villano,120
a la guerra. ¿Adónde vas,
pues, alto? ¡Qué altivo [y] vano!
¡Qué de tu altivez caerás
aunque eres Altamirano!
En la guerra ese furor,125
mezclándole con valor,
honroso te será allí
y no despreciando aquí
tu propio hermano mayor.
Vete de mi casa, inquieto,130
[vete a conquistar los moros]
pues no quiés vivir sujeto;
que el que hereda mis tesoros
ha de guardarme respeto.
Don Sancho es de mi valor,135
de mi hacienda el sucesor;
y, pues, me ha de suceder,
le tienes de obedecer
como a tu hermano mayor.
O te vede la [encomienda],140
o con debida humildad
pon en tu soberbia enmienda;
porque a quien dejo mi hacienda
le dejo mi libertad.
GONZALO: Honra, padre, tu heredero;145
que por no ver mi deshonra,
partirme a la guerra quiero
donde pienso ganar honra
por mi brazo y por mi acero.
Que aunque dejes tu [riqueza]150
a don Sancho que es cabeza
de tu linaje y estado,
yo voy muy bien heredado,
pues heredo tu nobleza.
Ésta es hacienda estimada155
y la que en mis armas pinto,
pues como tanto me agrada
me mejora en tercio y quinto
con darme sólo esta espada.
Que aunque es yerro en los combates,160
cuanto tú, don Sancho, trates
de tu hacienda y tu regalo,
la volverá don Gonzalo
oro de dos mil quilates.
Goza de tu hacienda y tierra165
y adiós, riguroso padre,
cuyo enojo me destierra;
que, pues la honra es mi madre,
mi herencia ha de ser la guerra.
RAMIRO: Hágate el cielo piadoso170
en las armas venturoso,
en las hazañas un sol,
en la lealtad español,
en las victorias famoso,
y de suerte te aventaje175
de la honra al dulce vuelo,
que el moro a tus pies abaje,
y con apellido nuevo
fundes un nuevo linaje;
que si mi enojo importuno180
te destierra, sabe Dios
que no es por odio ninguno,
pero riñendo los dos
tengo de perder el uno.
Vase [don GONZALO]
Así, pues, ninguno os doma.185
Éste por remedio toma
mi amor, Sancho, porque temo
que seréis Rómulo y Remo
aunque no es mi hacienda Roma.
SANCHO: Pierda el amor a la tierra,190
señor; que sus desvaríos
le darán seso si yerra;
que otros más soberbios bríos
sabe dominar la guerra.
Allí le harán humillarse.195
RAMIRO: En Burgos han de juntarse
los que ricoshombres son
de Castilla y de León
donde parte a coronarse
Alfonso el rey, sexto [agora],200
por ser él el sucesor
de don Sancho, al que en Zamora
mató Vellido traidor,
y por quien Castilla [llora].
Tu hermano va allá, sin duda.205
Bien es que cual padre acuda
a sus cosas, y así quiero
proveerle de dinero.
Ven, don Sancho, la ira muda
en fraterno amor.210
SANCHO: Tu gusto
es el mío.
RAMIRO: Ya has tardado
en consolar mi disgusto.
Ricote, aquese crïado
que se parta a Burgos gusto
para que busque a tu hermano;215
que, pues va a ser cortesano,
y a ver este riguroso,
quiero vaya como hijo
y al fin como Altamirano.
¿Qué te parece?220
SANCHO: Muy bien.
No le fea yo presente,
y cuanto tengo le den.
RAMIRO: Ricote, pues, diligente
le buscará. Sancho, ven.
Vanse y gritan dentro como que andan cazando doña BLANCA, SANDO y MENDO, cazadores
SANDO: Ataja, Mendo, el jabalí cerdoso225
primero que le esconda el bosque espeso.
MENDO: La red ha roto y huye presuroso
hacia ti, Sando. ¡Va, suelta el sabueso!
BLANCA: Tira el venablo, Sando valeroso.
MENDO: Espada tienes, rompe espalda y hueso;230
que si hacia mí su suerte le encamina,
el pecho le abrirá mi jabalina.
Hermosa doña Blanca, hacia ti parte.
BLANCA: Morirá si mi brazo no le yerra.
SANDO: ¡Oh, bella esposa del famoso Marte,235
cosióle su venablo con la tierra.
Salen todos tres, doña BLANCA con vaquero y daga en la cinta, y SANDO y MENDO, cazadores
BLANCA: Pásale el corazón de parte a parte.
MENDO: Deja estos cerros; parte a la sierra,
casta Dïana, Palas española,
pues para el moro vil tú bastas sola.240
BLANCA: A mi padre Ricardo le presenta,
pues por matarle yo, le daré gusto;
que mientras su calor la siesta asienta,
herida con la luz de sol augusto,
en esta sombra dormiré contenta245
al son de aquesta fuente.
SANDO: Todo es justo
cuanto pide tu boca soberana.
Selva, guarda el sueño a vuestra Dïana.
Vanse los dos y queda doña BLANCA
BLANCA: ¡Oh, santa soledad, esposa activa
del gusto, del descanso y del sosiego,250
a ti las llaves de mi pecho entrego
porque [co]n libertad [en] tu corte viva!
Hanme dicho que Amor tus gustos priva,
que acierta a ceñir las armas, aunque ciego,
que tira flechas de amoroso fuego,255
y que a quien más resiste, más cautiva.
Mientras tuviere ser, tú eres mi dueño.
Sirva al Amor quien ama en hora buena;
que no he de desobedecer a quien desdeño.
Con libertad en esta selva amena260
libre del fiero Amor gozaré el sueño;
porque el amante, aun cuando duerme, pena.
Échase. Salen don GONZALO, de camino, y RICOTE, criado
RICOTE: Al fin, señor, he venido
en tu seguimiento al trote.
GONZALO: Agora, amigo Ricote,265
tu lealtad he conocido.
Como enojado dejé
a mi padre y a mi gente
y me partí de repente,
de llamarte me olvidé.270
Y aunque, cual ves, me partí
solo y desapercibido,
ninguna cosa he sentido
sino caminar sin ti.
RICOTE: Vivas mil años, señor,275
por merced tan señalada;
que a fe que no vales nada
sin mis enredos y humor,
y que me estimes el gusto,
pues cuando estás estrecho,280
mis trazas te dan provecho
y mis disparates gusto.
Juntos nos hemos crïado
desde niños, y me empeño
y te reconozco dueño,285
pues tu pan me ha sustentado.
No ha de haber quien nos divida
sino la muerte, señor,
porque el verdadero amor
es un juro de por vida.290
En fin, con abrazos ciegos
tu regalo me encargó
y al despedirme me dio
una alforja de consejos:
que delante la honra lleves,295
que acrecientes tu valor,
y aunque gruña el acreedor
que siempre seas el que debes.
Y eso a mi cargo lo deja,
que no ha de quedar ropero,300
mercader, sastre o platero
que no tenga de ti queja.
GONZALO: Ya en tus disparates das.
RICOTE: Haré trampas de mil modos,
y cuando debas a todos,305
serás el que deberás.
Díjome, al fin, que a tu tierra
no vuelvas más a sus ojos
si no lleno de despojos
y victorias de la guerra.310
GONZALO: No haré, Ricote; que aspiro
a la honra que me asalta.
Alta está la fama y alta
mi suerte y ventura miro;
mas, dejando esto, ¿no hablaste315
a mi doña Elvira al partirte?
RICOTE: Aqueso quiero decirte:
de tal suerte la enojaste
por no despedirte de ella,
que con notable rigor320
de tu mal fundado amor
e inconstancia se querella.
Díjome, que a no ser vano
tu amor, en esta ocasión
sufrieras la condición325
por su causa de tu hermano.
Mas, pues que así de su tierra
te has desterrado, también
al Argel de su desdén
doña Elvira te destierra,330
que sirvas al rey Alfonso
como valiente soldado,
porque su amor te ha cantado
como afinado un responso,
y en fe de que ya tu trato335
le enfada y busca otro amor,
para olvidarte mejor,
te vuelve a dar tu retrato.
Vesle aquí.
Dale el retrato
GONZALO: Amigo leal,
gusto en traerle me has dado;340
que es bien que vaya el traslado
donde va el original.
Como lo dejé en mi tierra,
aunque de vida incapaz,
sintió quedarse en la paz345
partiéndome yo a la guerra.
Y aun se debió de correr
cuando vio que me ausentaba,
y en el poder lo dejaba
de tan mudable mujer.350
Que me olvide y dé la mano
no es causa que me acobarde,
que lo que habré de hacer tarde
más vale hacerlo temprano.
Venid, retrato sencillo,355
libre del amor doblado
de una mujer; que aun pintado
no quiero estar en Trujillo;
que si en las dulces marañas
del juvenil gusto y trato360
fuisteis de mi amor retrato,
lo seréis de mis hazañas.
RICOTE: Pues, ¿dónde hemos de parar?
GONZALO: Ricote, en Burgos se apresta
el rey Alfonso gran fiesta365
porque se va a coronar
en ella su real persona,
por sucesor de su hermano
que en el cerco zamorano
perdió la vida y corona.370
Allí, según la razón
se juntarán brevemente
los ricoshombres y gente
de Castilla y de León.
Al fin, la corte encierra375
como mapa el mundo largo
[y allí pienso buscar cargo]
con que partirme a la guerra.
No por mi linaje y nombre,
que aunque él no merezca amor,380
el propio esfuerzo y valor
es el que ennoblece a un hombre;
y tengo esto por tan llano
que hasta hacer alguna hazaña
famosa, no sabrá España385
que me llamo Altamirano;
porque para que te asombre
lo que me ves intentar,
desde aquí me has de llamar
el Caballero Sin Nombre.390
RICOTE: Mientras no falta el dinero,
no habrá, señor, que te iguale;
que lo que el dinero vale
eso vale un caballero;
mas si la pobreza tosca395
a tu faltriquera llama,
ni tendrá nombre ni fama
porque no hay nombre sin mosca.
Haz tú como caballero
que no te falte el honor;400
que yo haré trampas, señor,
como no falte el dinero.
Pero, escúchate, que he visto
allí una persona echada.
GONZALO: Espera.405
RICOTE: Tienta la espada.
¡Mujer es, por Jesucristo!
GONZALO: ¡Qué hermoso rostro, Ricote!
RICOTE: ¿No escuchan? ¡Qué remilgado
que lo dice! ¿Hate picado
del dios machín el virote?410
GONZALO: No sé.
RICOTE: Vestida viene de caza,
y hame parecido bien;
que por casarte Cupido
te ha puesto aquesta añagaza.
GONZALO: No hay quien su poder resista.415
Venga y coja mis despojos.
RICOTE: ¿Qué hiciera abiertos los ojos
pues que te vence sin vista?
Pero quizá a estar despierta
no te hiciera suspender.420
GONZALO: ¿Por qué?
RICOTE: Porque puede ser
esta niña vieja o tuerta.
Gritan dentro
VOZ 1: ¡Guarda el oso que furioso
le derriba al colmenar!
VOZ 2: ¡Silvio, acógete al pinar!425
VOZ 1: [¡Baja al valle!] ¡Guarda el oso!
Sale el oso
RICOTE: ¿Oso hay por aquí? ¡Malo!
GONZALO: ¿Qué temes? ¿Qué hay que te asombre?
RICOTE: ¡Una bestia que no es hombre!
¿Quién no teme, don Gonzalo?430
Hele aquí, por Dios, no aguardes.
GONZALO: Saca la espada, lebrel.
Echa mano
RICOTE: […………………… -el].
El huír no es de cobardes.
Vase
GONZALO: Huye, que yo basto y sobro435
para tan chica conquista;
que tengo un sol a la vista
con cuya luz valor cobro.
Adórola por mi dueño
y así quiero castigar440
a quien pretende inquietar
su hermoso descanso y sueño.
Solo, tu sueño defiendo,
Dafne cazadora y casta,
que para mí sólo basta445
el verlo aunque esté durmiendo.
Durmiendo harás que se asombre
el oso más temeroso;
que mejor rendirá un oso
quien durmiendo rinde un hombre.450
Ya la luz de tu belleza
le hace huír y retirar;
mas aunque huya, ha de quedar
a tus plantas su cabeza.
Tras él iré aunque sin mí;455
aunque de parte es mi muerte
que temo que he de perderte
en partiéndome de aquí.
Mas en este breve rato
que de tu vista me alejo460
despertaréis; que –¡ay!– os dejo
el alma en este retrato,.
Él te dirá quién yo soy;
que pues el alma te he dado.
Yo sólo seré el pintado465
pues sin alma y vida voy.
Vase [GONZALO tras el oso] y déjale el retrato en las faldas, y despierta doña BLANCA
BLANCA: Extrañamente he dormido
y extraños sueños han sido
cuidados a mi cuidado,
desvelos a mi sentido.470
Soñaba que amor airado
por burlarme de su fuego,
salió verdad y el sosiego
durmiendo me había robado
y que, con una pintura475
sin dueño, en el corazón
tomaba la posesión
su llama y mi desventura.
Despertóme el alboroto
tocando el alma a rebato;480
mas, –¡ay!– que éste es el retrato
que el pecho y alma me ha roto.
¿Cuyo, Amor rapaz, pequeño?
No diré en esta ocasión
que los sueños sueños son485
porque este sueño no es sueño.
¡Qué hermoso talle! ¡Qué rostro!
¡Válgame Dios! ¿Quién dejó
para que muriese yo
en mi poder este rostro?490
¿Pintóte acaso mi sueño,
agradable y dulce tabla?
¿Quién eres? ¿Dónde vas? Habla.
¿Cómo se llama tu dueño?
¿Dónde está el original495
de quien eres el traslado?
Que quien aquí te ha dejado
contigo se hallaba mal,
no sin causa, en un desierto.
¿Quién te trajo o te dejó?500
Pero, ¿qué pregunto yo
si en un instante me has muerto?
Temo en mirarle. Recelo,
adoro, quiero, ¡ay de mí!
¿Quién fue el que te trujo aquí?505
¿Llueve retratos el cielo?
Pero si con testimonio
de que del cielo caíste,
belleza de ángel trujiste
pero fuego del demonio.510
Lástima, Amor, de mí ten.
Dime a quién amo siquiera;
pues soy la mujer primera
que amó sin saber a quién.
Salen RICARDO, viejo, MENDO y SANDO, cazadores
RICARDO: Del rey Alfonso es hermana.515
MENDO: ¿Qué? ¿No es hija suya?
RICARDO: No.
Don Fernando la engendró
en una hermosa bretaña
y el rey, su hermano, me escribe
que se la lleve a la corte.520
SANDO: No habrá quien su gusto acorte
si aquesas nuevas recibe.
Oye; que despierta está.
MENDO: Y de suerte divertida
que no vio nuestra venida.525
RICARDO: El corazón le dirá,
para que el gusto reporte,
que trocará ya de espacio,
el verse allá en el palacio
y la caza por la corte.530
SANDO: No sé qué en la mano mira;
que con la vista elevada
está, señor, transportada.
RICARDO: A esta parte te retira;
que entre esta zarza escondido535
quiero ver qué novedad
entristece su beldad
y suspende su sentido.
[Escóndense]
BLANCA: ¿No estaba durmiendo yo
libre del Amor ingrato?540
Pues, ¿quién, tirano retrato,
en mis faldas te dejó?
Mas por quitarme la vida
viniste, esto es cosa cierta,
y por temerme despierta545
me acometiste dormida.
Mas aunque presa en tus lazos
hoy mi libertad rendiste,
pues a matarme viniste
te tengo de hacer pedazos.550
Toma una piedra
Con aquesta muda piedra
hoy a deshacerte acudo,
castigaréte por mudo
que quien no habla no medra.
Pues que en tu vista me abraso,555
el fuego es bien que así apague,
¡quien tal hace que tal pague!
Quiere darle
Mas –¡ay!– que yo lo paso
y ese mi enojo y rigor
y el brazo y piedra retiro;560
que sacaré más si tiro:
tú la herida y yo el dolor.
¡Has de pagarme tributo!
No es bien maltratarte así;
que si piedras siembro en ti,565
de piedras cogeré el fruto.
Ya el alma te ha retratado;
que eres Campaspe de Apeles.
Amor puso los pinceles,
el pecho la tabla ha dado.570
Pues que de paz te recibo,
haya paz; que es desconcierto
romper un retrato muerto
que ya está en el alma vivo.
Métele en el pecho. [Salen los tres]
RICARDO: Mala caza es ésta, Mendo.575
No es de Dïana ese trato.
¡Doña Blanca con retrato
y extremos de loca haciendo!
MENDO: Aquí, Sando, hay algún dolo,
ésta es la Dafne crüel;580
mas por no verse laurel
querrá ser dama de Apolo.
RICARDO: Ahora bien, decirla quiero
de su prosapia el valor
porque se resfríe su amor585
a los principios primero
que posesión venga a darle
en el alma a donde ha entrado;
porque el amor arriesgado
no hay fuerzas para arrancarle.590
Hija, de las sombras echada
entre las flores y yerba,
cuando la medrosa cierva
paciendo está descuidada,
¿de cuándo acá perezosa?595
Blanca, ¿la caza te cansa
y a la sombra fresca y mansa
duermes segura y ociosa?
Huye del sitio florido
pues tu ejercicio es mejor;600
que debajo de la flor
está el áspid escondido.
Mas si te hubiese picado
alguno, el pecho dormida,
cuya ponzoñosa herida605
te hubiese así transformado,
el pecho te he de mirar.
Enseña; que la experiencia
de ensalmos me ha dado ciencia
con que te pueda curar.610
BLANCA: Pues, ¿por descansar un rato
está la caza ofendida?
RICARDO: Sí, que ya he visto la herida,
doña Blanca, y el retrato.
Sácale el retrato del pecho
No en balde a dormir te trajo615
a la sombra, campo y flor,
que es amigo de ocio Amor
y enemigo del trabajo.
Un retrato te embaraza
el alma y la voluntad.620
¿La caza no es castidad?
Di, ¿por qué dejas la caza?
Mas, pues al Amor ingrato,
hija, tan rendida estás,
Venus en Chipre serás625
y Adonis en el retrato.
Deja esa vana afición
y si el amor te acongoja,
¡arroja el retrato, arroja!
Haz cuenta que es Acteón630
y que castigas los yerros
de su amor loco y protervo;
porque convertido en ciervo
le despedacen tus perros.
¿Qué es de su original635
de aquese retrato? Dí.
BLANCA: No temas, señor, que aquí
después que un sueño mortal
me tuvo afligida un rato,
lo hallé en mi regazo solo.640
No juzguéis que en mí haya dolo,
ni que el dueño del retrato
le conozco ni he deshecho
la deshonra que tú me has dado.
RICARDO: Retrato tan bien guardado645
que le escondas en el pecho,
[…………….. -ego].
¡No, Blanca, no puede ser!
¿Cómo no te ha de encender
si traes en el pecho fuego?650
Si en él tu fe no idolatra,
arrójale en testimonio
de aunque él sea Marco Antonio,
tú no quieras ser Cleopatra.
En la bella Ingalaterra,655
la Gran Bretaña primero
cuyas antiguas hazañas
viven a pesar del tiempo,
tuvo tu abuelo infelice
patria, honra, hacienda, esfuerzo;660
mas faltóle la ventura
sin la cual es todo viento.
Su antigua estirpe y linaje
fue del ilustre Roberto,
capitán del [rey] Artús,665
rey de Bretaña supremo.
El gran Jacobo de Escocia
dio a Mengarda en casamiento,
hermana suya tan bella
que fue Adonis y Venus.670
Rico, pues, tu abuelo ilustre
con tal esposa y contento
gozaba su alegre estado
a quien duró poco tiempo.
Fue, pues, el caso que el rey675
de Ingalaterra, Guillermo,
se enamoró de Mengarda,
y buscando a su amor medios,
servíala, ya con promesas,
ya con presentes, con ruegos,680
con amenazas, con cartas,
con mensajes, con terceros;
mas saliendo todo en vano
y arreciando más el fuego,
hizo fácil su imposible685
que no hay imposible a un cetro.
Fue así que envió a llamar,
a media noche, fingiendo
que para grandes negocios
le importaba su consejo.690
Vino descuidado y solo.
Metióle en el aposento
donde a la reina su esposa
dejó segura, durmiendo.
Estaba oscura la sala695
por orden del rey, diciendo
que importaba que guardase
sin luz aquel aposento.
[Quedó] ignorando que allí
la reina durmiese, y cierto700
que el rey allí le dejaba
para algún caso de peso.
Oyó a deshora que el rey,
con alboroto y estruendo,
“Matad al traidor,” decía,705
“que mancha mi honor y cetro.”
Aquel adúltero crüel
cuyo hollar, con paso presto,
a la luz, voces y grita
salió desnudo el acero.710
Y apenas los de la guarda
de aquesta suerte le vieron
cuando…
BLANCA: ¿Matáronle?
RICARDO: Al punto.
Quedó allí pedazos hecho.
Prendió a la reina inocente715
el rey.
BLANCA: ¡Lastimoso exceso!
RICARDO: Y sin admitir descargos,
lágrimas, conjuros, ruegos,
él mismo le dio garrote
siendo cordel el cabello.720
De tan grande desventura
murió al fin.
BLANCA: ¡Tirano fiero!
RICARDO: Este golpe de Fortuna,
aunque de tropel vinieron,
no pudieron derribar725
de Mengarda el casto pecho.
Viendo que del rey lascivo
los infames pensamientos
tiraban a su deshonra,
menospreció el casamiento730
que Guillermo le ofrecía
con la corona y el cetro.
Huyendo se vino a España
cual la viuda de Siqueo.
Vino tu abuela preñada735
de tu madre y parió luego
que a España llegó un retrato
de un ángel hermoso y bello.
Dióle por nombre Garciunda
después que el bautismo excelso740
le dio la gracia excelente
del primero sacramento.
Fuése a los pies de Bermudo,
el rey de León, pequeño
en estado aunque en valor745
tan grande que llegó al cielo.
Contóle su historia triste
y sus trabajos sintiendo,
le hizo merced de estos valles
y señora de estos cerros.750
Quedó tu madre Garciunda
en mi tutela y gobierno,
y criéla aunque serrano,
doña Blanca, como viejo.
Su ejercicio era la caza755
diversas veces midiendo
los montes que el Betis ciñe
con las flechas de los ciervos.
Encontróla el rey perdida,
que habiendo un venado muerto,760
las perlas de su sudor
depositaba en un lienzo.
Dióle cuenta de su amor
con los ojos lenguas hechos,
que son las puertas del alma765
y plumas del pensamiento.
Supe que era el rey y supo
lo que era amor, pero luego
que su gentileza vio,
su libertad rindió al cuello.770
Los robles fueron testigos
de sus amorosos yerros;
aunque yerros por amores,
y con un rey pesan menos.
Dióme aparte larga cuenta775
de su amoroso suceso,
y encargóme su regalo
mil mercedes prometiendo.
Fuése. Al fin llegó del parto
el tanto temido tiempo,780
y cuando saliste al mundo,
salió de él tu madre al cielo.
Murió de parto y dejóme
de llanto y tristeza lleno
el cargo de tu crïanza,785
y de tu hacienda el gobierno.
Avisé al rey de su muerte,
al cual hallé tan enfermo
que ya en el último trance
daba a sus hijos sus reinos.790
[A] Alfonso, rey de Aragón,
apartándole en secreto,
tu crïanza le encargó
debajo de juramento;
mas no pudo el rey Alfonso795
cumplir con su mandamiento
por estorbarlo don Sancho,
rey de Castilla soberbio.
Sucedió, pues, que a don Sancho
en el zamorano cerco800
dio muerte Vellido Dolfos,
y no habiendo otro heredero
volvióse Alfonso a Castilla.
Y agora en Burgos ha hecho
que se junten cortes reales805
de todo su estado y reino.
Acordóse que su padre
le encomendó que tu aumento
y tu honra procurase,
y envïándome este pliego810
me manda llevarte a Burgos
a donde sus caballeros
y grandes se juntan todos
y querrá con uno de ellos,
el más famoso, casarte;815
éste es, Blanca, tu suceso.
Por madre vienes de reyes,
tu padre fue rey supremo,
mira pues si es justa cosa
que el valor que heredas de ellos820
te le manche ese retrato.
Levanta los pensamientos
hasta Burgos, doña Blanca,
que allí te guardan los cielos
un esposo cuyos ojos825
hagan tu renombre eterno.
BLANCA: Extraña historia me tenías guardada,
Ricardo amigo, a quien por padre tuve,
y extrañamente me has dejado alegre
aunque en parte me has dejado triste,830
con la tragedia que Fortuna hizo
con mis abuelos y de mi muerta madre.
¿Al fin que soy del magno Fernando hija?
RICARDO: Y del famoso Alfonso eres hermana.
BLANCA: (Adiós, árboles, selvas, bosques, ríos, Aparte835
arroyos, prados, cerros, valles, montes;
adiós, caza querida, que me fuerzan
a que vuestra quietud y gusto trueque
por el desasosiego de la corte;
adiós, retrato, que si aquí te dejo840
es por cumplir con tus perseguidores,
y porque llevo el vivo acá en el alma.
Del alta rama de este roble duro
quiero colgarte no por la dureza
que en mí has hallado, pues de cera he sido,845
sino para que quedes por trofeo
de mi primero amor y porque digas
a su original y luz si la tienes
que a Burgos parte quien con él se queda).
RICARDO: ¿Qué haces, doña Blanca?850
BLANCA: Doy, Ricardo,
satisfacción a tus paternas quejas,
y a mi extendida libertad venganza,
y a esta imagen ejemplar castigo.
RICARDO: Eres
Fénix en discreción como en belleza.
Vamos, y prevendremos el camino855
para Burgos que si serrana has sido
ya de hoy más serás hija cortesana.
BLANCA: Vamos. (¡Ay, bella imagen de mi vida, Aparte
siendo tu dueño el rey de mi esperanza,
en la corte de Amor me verá alegre,860
y aquesta soledad mi corte fuera
si a tu vista pagara mi alma parte
porque a donde está el rey está la corte.
Vanse y sale con GONZALO con la cabeza del oso
GONZALO: Aunque corté la cabeza
de este animal atrevido,865
una hora ha que ando perdido
por esta inculta maleza.
Salud de aquella belleza,
corte de mi pensamiento,
era el sol de mi contento870
que durmiendo me alumbró.
¿qué mucho si el sol faltó
que como ciego ando a tiento?
Pero, ¿cúya es esta sombra?
¿No sirvió a mi bien de cama?875
Su pabellón fue esta rama
y esta yerba fue su alfombra.
Pues quien mi esperanza asombra
¿adónde fue? ¿Quién me ha hurtado
el tesoro que había hallado?880
¿Durmiendo no quedó aquí?
Mas yo he sido el que dormí
y el tesoro fue el soñado.
Árboles, que de mi esperanza,
mi bien durmiendo quedó.885
¿Dónde está quién os le hurtó?
¿Qué es de vuestra confïanza?
Partióse; mas la venganza…
¡Qué os despedaza y despoja!
Con justa razón se enoja;890
pues bien pudiérades ser
Argos hoy de una mujer
poniendo un ojo [en] cada hoja.
Pues la perdisteis de vista,
a desnudaros acudo,895
Derriba con la espada las ramas
que quien me dejó desnudo
no es bien que de hojas se vista.
No hay roble que me resista
cuando de vengarme trato;
pero –¡cielos!– ¿Mi retrato900
no es éste? ¿Quién le colgó
de este roble? ¿En qué pecó
para darle tan mal trato?
Venid acá, mi traslado,
¿por qué delito o malicia905
os ahorca la justicia?
¿En qué hurto os han hallado?
Pero de haberos dejado
aquí, juzgó el juez ingrato,
sin duda por desacato,910
pues a tal rigor le obliga
quien la estatua me castiga
ahorcándome el retrato.
Harto caro os ha costado
mi amorosa pretensión;915
pues estáis como Absalón
de los cabellos colgado.
Nació para el desdichado
la horca, dice el refrán.
Como a tal, colgado os han.920
Privar como Amán quisisteis,
la ambición de Abnor tuvisteis,
y el castigo como Amán.
Descuelga el retrato y guárdalo en el pecho. Sale RICOTE con la espada desnuda, dando voces
RICOTE: ¡Muera el oso, aparte, muera!
¡Afuera, que estoy furioso!925
GONZALO: ¡Borracho! ¿Qué fiera u oso?
RICOTE: El que te acometió era.
[Yo quiero matarle agora].
¡Muera! Y vámonos, que es tarde.
GONZALO: Pues, baste huyendo, cobarde.930
Yo, ha que le maté una hora.
¿Y agora sales con eso?
RICOTE: ¿Murió ya?
GONZALO: Ya le maté.
RICOTE: La cólera me dejé
en Trujillo.935
GONZALO: Y aun el seso.
RICOTE: Por esa ocasión huí
hasta volverla a cobrar.
Cobréla y vengo a matar
agora el oso. Mas, dí,
¿qué es de la ninfa dormida?940
GONZALO: ¡Ay, Ricote amigo, huyó!
RICOTE: ¿Y no sabes dónde?
GONZALO: No,
aunque la sig[o. Descuida].
RICOTE: Este monte está encantado.
Vamos a Burgos, señor.945
Id a ver. Deja el amor;
que eres en él desdichado.
Las armas dan calidad;
mas el amor honra poco.
¡Alto, a la guerra!950
GONZALO: Eres loco,
y así dices la verdad.
Vamos, que astuto te llamo,
pues del amoroso golfo
me sacas cual otro Astolfo;
mas, ¿cómo saldré si amo955
sin poder saber quién es?
¿Quién durmiendo me ha vencido?
RICOTE: En aqueste monte ha sido
el conde Martín Velés.
