El árbol del mejor fruto — Jornada I

EL ÁRBOL DEL MEJOR FRUTO

Tirso de Molina (Gabriel Téllez)

Este texto electrónico fue preparado por Vern Williamsen en 1998. Se basa en el texto de DOCE COMEDIAS NUEVAS DEL MAESTRO TIRSO DE MOLINA, PRIMERA PARTE, (Sevilla: Francisco de Lyra, 1627) que ha sido cotejado con la edición de don Emilio Cotarelo y Mori (COMEDIAS DE TIRSO DE MOLINA, tomo I, NBAE 4, 1906).


Personas que hablan en ella:

  • CLODIO, bandolero
  • MELIPO, bandolero
  • PELORO, bandolero
  • CONSTANTINO, príncipe
  • ANDRONIO
  • MAXIMINO, padre de Irene
  • Un PAJE
  • Cuatro SOLDADOS
  • CLORO, labrador
  • LISINIO, labrador
  • NISE, labradora
  • MINGO, villano
  • ELENA, madre de CLORO
  • IRENE, dama
  • ISACIO, duque
  • CONSTANCIO, emperador viejo
  • Dos CRISTIANOS
  • Tres INDIOS

JORNADA PRIMERA


Salen con máscaras CLODIO, MELIPO y PELORO, bandoleros, acuchillando a CONSTANTINO, de camino, y ANDRONIO
CLODIO: Rendíos, caballeros,
que somos cuatrocientos bandoleros.
MELIPO: ¿Qué habéis de hacer tan pocos
contra tantos, si no es que venís locos?
CONSTANTINO: Yo no rindo la espada5
a quien la cara trae disimulada.
Quien de ella no hace alarde,
traidor es, y el traidor siempre es cobarde;
que, en fin, entre villanos,
cuando las caras sobran, faltan manos;10
y será afrenta doble
que se rinda a quien no conoce un noble;
pues ser traidor intenta
quien descubrir la cara juzga afrenta.
PELORO: ¡Mataldos, caballeros.15
CONSTANTINO: Mal conocéis, villanos, los aceros
que aqueste estoque animan.
ANDRONIO: Porque no te conocen, no te estiman.
Diles quién eres.
CONSTANTINO: Calla,
cobarde, que es honrar esta canalla20
mostrar tenerlos miedo.
Cincuenta somos, y el valor que heredo,
basta.
ANDRONIO: ¡Qué desatino!
CONSTANTINO: Villano, ¿es bien que tema Constantino
a cuatro salteadores,25
cuando besan sus pies emperadores?
¡Mueran los foragidos!
TODOS: ¡A ellos!
PELORO: Pocos son, pero atrevidos.
Métenlos a cuchilladas
CONSTANTINO: ¡Ay, Irene querida! Dentro
muerto soy.30
CLODIO: Por callar, pierdes la vida. Dentro
ANDRONIO: Romanos, de la muerte Dentro
huyamos, que no es cuerdo el que por fuerte
la fortuna provoca,
que la temeridad pierde por loca.35
Salen los bandoleros, sacan a ANDRONIO, y trae CLODIO unas cartas y un retrato
CLODIO: No harás, mientras repares
encubrirte, y quién eres no declares,
este retrato y pliego,
que alimentaba del difunto el fuego.
ANDRONIO: Ya el callar, ¿qué aprovecha,40
Fortuna en mis desdichas satisfecha,
si ha de decir la fama
lo que la lengua encubre y el mundo ama?
Al César Constantino habéis,
bárbaros, muerto, y al camino45
saliéndole tiranos,
la esperanza quitáis a los romanos
del más noble mancebo
que vio en sus ojos coronado Febo.
PELORO: ¡Válgame Dios! ¿Qué dices?50
ANDRONIO: La hiedra de sus años infelices
en cierne habéis cortado,
en túmulo su tálamo trocado
a César con Irene,
por quien la Grecia luz y vida tiene.55
Desde Roma venía,
viudo antes que casado; en este día
le llora el tiempo ingrato.
De Irene es el bellísimo retrato
que en aqueste trasunto60
amor pintado paga amor difunto.
Hüid de la venganza
de un monarca que a todo el mundo alcanza,
que su padre, el augusto,
tiene de procurar con amor justo,65
en sabiendo la nueva
que mi desdicha y su rigor le lleva.
Vase ANDRONIO
CLODIO: ¡Cielos! si aquesto es cierto,
todo el imperio ha de vengar el muerto.
¿Pues de qué traza y modo70
podemos resistir al mundo todo?
Huyamos, bandoleros,
que no son muros estos montes fieros
para excusar castigos
de tantos y tan fuertes enemigos.75
MELIPO: No nos han conocido
con el disfraz, que nuestra vida ha sido,
y de estos desconciertos
no hay que temer, no siendo descubiertos.
Lo mejor es que huyamos,80
y los ricos despojos repartamos,
pues con ellos podremos
de la pobreza asegurar extremos.
PELORO: ¡Notable desatino!
UNO: Corra la voz que es muerto Constantino.85
CLODIO: Murió en este destierro
el César.
OTRO: Constantino ha sido el muerto.
Vanse dando voces. Salen CLORO y LISINIO, labradores, CLORO será el mismo que, hizo a CONSTANTINO
LISINIO: La conformidad constante,
Cloro, que quiso algún Dios
hacer que fuese en los dos90
de un natural semejante,
de tal suerte me ha inclinado,
que no me hallo sin ti.
¿Qué es lo que haces aquí,
siempre en libros ocupado?95
Mira que al tosco sayal
el ser letrado repugna.
CLORO: Desmintiendo a mi fortuna,
Lisinio, mi natural,
aunque en verme te congojas100
cuadernos desentrañando,
por árboles voy mirando
libros, pues todos son hojas.
No nací para pastor,
puesto que mi madre sea105
natural de aquesta aldea,
porque el oculto valor
que vive dentro en mi pecho,
me inclina, si lo penetras,
a las armas y a las letras;110
y aunque estudio sin provecho,
el amor de aquesta gente,
que los Césares romanos
persiguen por ser cristianos;
el verla tan inocente,115
tan constante en los trabajos
y en los tormentos tan firme,
he venido a persuadirme
que, no pensamientos bajos,
sino verdades ocultas120
amparan su profesión,
y hélos cobrado afición.
LISINIO: No sin causa dificultas
lo mismo que yo resisto
cuando de sus cosas trato.125
Su sencillez y recato
amo, Pero aquese Cristo
que adoran me hace dudar
y que de su ley me asombre.
CLORO: ¿Por qué?130
LISINIO: Anteponer un hombre
a los dioses, ¿no ha de dar
ocasión de que por locos
los juzgue? A un crucificado,
de su nación despreciado,
tenido por Dios de pocos,135
y esos pocos, pescadores,
a quien, como simples pudo
engañar, roto y desnudo,
¿qué Augustos, qué emperadores
de su parte alegar puedes,140
que acrediten sus hazañas,
sino barcas, y marañas
de engaños, como de redes?
La ley de nuestros pasados
es de más autoridad,145
porque toda novedad
fue dañosa en los estados.
La adoración de los dioses,
por antigua y santa adoro.
Déjate de engaños, Cloro.150
CLORO: Cuando repugnarla oses,
¿qué importa, Lisinio amigo,
si sus obras celestiales
muestran que son inmortales?
Aunque yo a los dioses sigo,155
¿perdieran tantos la vida
con tal gusto, a no saber
que otra mejor ha de ser
para su fe prevenida?
¿Hicieran milagros tantos?160
¿Vencieran tantos tormentos,
siempre humildes y contentos,
a no ser buenos y santos?
¿Qué fuego se atreve a ellos?
¿Qué mares los anegaron,165
aunque millares echaron
con hierro y plomo a sus cuellos?
Los anfiteatros digan
si los tigres y leones,
mansos a sus oraciones,170
a sus pies vienen y obligan.
Diga el cuchillo más fuerte
si en ellos tuvo poder.
Si es ansí ¿qué pueden ser,
hombres que vencen la muerte?175
LISINIO: Encantadores.
CLORO: No creo
que ese atributo les dieras
si en este libro leyeras
lo que yo admirado leo.
LISINIO: No dio el cielo a mi ignorancia180
tal ventura, que aprender
haya podido a leer,
aunque soy todo arrogancia.
Mas, ¿qué libro es éste?
CLORO: Historia
de mil de aquestos que dieron185
sus vidas, y al fin salieron,
aunque muertos, con victoria.
¿Quieres oír algo de él,
y sabrás quién es su Dios?
LISINIO: Di.190
CLORO: Sentémonos los dos
debajo de este laurel.
Siéntanse debajo de un laurel y lee CLORO
“Pedro y Andrés, en cruz, con fe divina
un Dios confiesan sólo Omnipotente
victorioso del mar, triunfa Clemente;195
del cuchillo y navajas, Catalina.
Palmas ganan Eulalia con Cristina;
un Laurencio honra a España y un Vicente;
del cordero en la púrpura inocente
justa se baña, auméntala Rufina.200
Sebastián, con las plumas de sus flechas
corónicas al cielo en sangre envía;
salen Diego e Ignacio vencedores.
Leocadia ablanda cárceles estrechas;
cuchillos vence Inés, llamas Lucía.”205
VOZ: Lisinio y Constantino, Emperadores.Dentro
Cae sobre sus cabezas un ramo de laurel
CLORO: ¿Qué es esto?
LISINIO: Son las grandezas
con que el cielo nos sublima.
Cayendo el laurel encima,
corona nuestras cabezas.210
CLORO: Emperadores nos llama
quien nuestra dicha pregona,
y la ninfa nos corona
que Apolo consagró en rama.
LISINIO: Cloro, ya el cielo se ofende215
de nuestro ocio, pues que de él
cayéndose este laurel
nos despierta y reprehende.
Tu pecho con él anima,
y deja estorbos cobardes.220
Basta esta rama, no aguardes
que se caiga un monte encima,
que yo, animado por él,
desde hoy el traje grosero
dejo, porque verdadero225
salga este imperial laurel.
Escuadrones de soldados
me ofrece el cielo propicio,
no en el rústico ejercicio
hatos de humilde ganado.230
Aquésta es mi inclinación.
Púrpura, a mi ser igual,
reinos dará a mi sayal
hazañas a mi opinión.
Maxencio en Roma adelanta235
su ambición y mis deseos,
y con augustos trofeos
gentes alista y levanta.
Con Constancio tiene guerra,
del mundo competidor240
un sol y un emperador
pretende solo la tierra.
Si quieres que militemos
a su sombra, Cloro noble,
y que la encina y el roble245
en lauro y palma troquemos,
dejemos montes los dos,
que rústicos animales,
ni cívicas, ni murales
dan coronas, sino Dios.250
CLORO: Oye, Lisinio, primero,
pues como el oro en la mina,
una alma escondes divina
dentro de un cuerpo grosero;
que puesto que el pensamiento255
que tienes en mí es de estima,
lo que más el pecho anima
es el noble nacimiento.
Déjame saber quien soy,
pues nunca mi ingrata madre260
me ha dicho quien es mi padre,
que mi palabra te doy,
ya sea, como imagino,
generoso, ya al sayal
deba el ser y natural,265
que este presagio divino
contigo haga verdadero,
sin que peligros sean parte
para que de ti me aparte;
antes, desde agora quiero270
que de cualquiera fortuna
que nuestra dicha prevenga,
igual parte en ella tenga
cada cual, porque sea una.
Si fuere César, serás275
César como yo; si rey,
rey serás con igual ley
sin dividirse jamás
por guerra o por otro extremo;
que más puede una amistad,,280
si es firme, que la hermandad
crüel de Rómulo y Remo.
LISINIO: Eso mismo que me ofreces
cumpliré, Cloro contigo,
haciendo al cielo testigo,285
como a sus deidades, jueces.
Pero no puedo esperarte,
que la inclinación me llama.
Aplica espuelas la fama,
y abrase mi pecho Marte.290
No nos veremos los dos
mientras monarca no seas
del mundo.
CLORO: Su esfera veas
a tus pies.
LISINIO: Adiós.
CLORO: Adiós.
Vase LISINIO. Sale NISE, labradora, y MINGO, villano, con un harnero
MINGO: ¡Válgame Dios! ¿Por echarle295
la cebada os da molestia?
NISE: ¡Calla, bruto, necio, bestia!
MINGO: Eso sí, apodar y darle.
Pues no suelo yo ser mudo,
ni vos muy limpia, aunque habláis,300
que media azumbre gastáis
de agua en lavar un menudo.
NISE: ¡Yo! ¿Cuándo?
MINGO: El de hoy os avise.
NISE: Tú mientes.
MINGO: ¡Darle, y gruñir!
CLORO: ¡Que siempre habéis de reñir!305
¿Qué tienes con Mingo, Nise?
NISE: Aposentóse un doctor
en el mesón…
MINGO: ¿Qué? ¿Quería
decirlo ella? En fin, venía
afligido del calor310
y de hambre de la jornada.
Mandónos poner a asar
una gallina, y echar
paja a la mula, y cebada.
Entro luego en la cocina,315
y como mal entendí,
la cebada al doctor di,
y a la mula la gallina.
¡Miren qué culpas son éstas!
CLORO: ¿Vióse necedad mayor?320
MINGO: ¿Pues no ha llevado al doctor
la cansada mula a cuestas?
¿No es bien que a quien más trabaja
se dé mejor de cenar?
Luego bien hice de dar325
al doctor cebada y paja,
y a la mula la gallina.
NISE: ¡Calla, bestia!
MINGO: ¿Pensáis vos
que no sabe de los dos
la mula más medicina?330
Sale ELENA, de labradora
ELENA: ¡Que no ha de haber ocasión
que donde quiera que estáis
ambos a dos, no riñáis!
MINGO: ¿Qué quiere? Soy un riñón.
NISE: Mientras este bruto esté335
en casa, ¿quién no dará
voces?
ELENA: Éntrate tú allá.
NISE: ¡Para ésta!
MINGO: Jurad la fe;
si es bien que en vuesa fe crea,
no siendo la fe de Dios,340
aunque si se añade en vos,
no va mucho de fe a fea.
Vase NISE
ELENA: Cloro, :qué haces aquí?
CLORO: Generosos pensamientos
animan atrevimientos345
tan poderosos en mí,
que me han obligado, madre,
que, porque los certifique,
aquesta vez te suplique
me digas quién fue mi padre.350
Que el ilustre natural
que a mi humildad hace guerra,
me certifica que encierra
este rústico sayal
prendas con que esfuerzo cobre355
el valor a que se aplica,
sin creer que alma tan rica
procede de un padre pobre.
ELENA: Cloro si estos pensamientos
los gobernara el jüicio,360
que en esta ocasión te falta,
fueran sabios como altivos.
A un pastor, humilde y pobre,
debes el ser abatido,
que no en palacios soberbios365
te dio, sino entre cortijos.
Una pajiza cabaña,
que contra el sol, el estío,
y contra el agua, el invierno
sirve de toldo propicio,370
es tu casa de solar;
no los pavimentos ricos,
ni los artesones de oro,
asombro del artificio.
¿Qué importa que el arroyuelo,375
soberbio cuanto atrevido,
con las lluviosas corrientes
haga competencia al Nilo,
si la tempestad pasada
vuelve al mísero principio,380
y después pisar se deja
del animal más sencillo
y pequeño de la tierra,
dando a sus pasos camino?
Nacen a la hormiga avara385
alas para su peligro,
pues cuando a Dédalo intenta
imitar, de un pajarillo
es miserable sustento,
sepulcro haciendo su pico.390
No es bien que porque la palma
hasta el alcázar lucido
se atreva a subir del sol,
un junco desvanecido,
competir con ella,395
pues de su flaco principio
ignorando el fundamento
es verdugo de sí mismo.
Cuando te pintes, soberbio,
Rómulo, Alejandro y Ciro,400
y la ambición te prometa
coronas y señoríos,
considérate un arroyo,
no profundo caudal río!
un junco, una hormiga vil,405
y desharás, convencido,
ruedas de pavón soberbias;
que si la corneja quiso
vestirse plumas hurtadas,
ellas le dieron castigo.410
No violentes, ambicioso,
tu natural, si perdido
después llorar no pretendes
juveniles desatinos.
Una haza son tus armas,415
y en vez del estoque limpio,
la hoz corva, el tosco arado,
ovejas y un novillo.
Éstos ejercita, Cloro,
a Scipiones y Fabricios420
deja triunfos y victorias
pues para pobre has nacido.
Vase ELENA
CLORO: Rigurosa madre, espera.
¡Ay, cielos! no sé si impíos,
porque en tales desengaños425
sepultáis nobles designios.
¿Para qué Elena te llamas,
si siempre este nombre ha sido
blasón de ilustres matronas,
que en ti despreciado miro?430
Nunca yo quien soy supiera,
pues la humildad pone grillos
al deseo ya frustrado,
que de un rústico soy hijo.
MINGO: Yo, a lo menos más dichoso435
soy, aunque me llamo Mingo,
pues si no mintió mi madre
diz que me parió en el signo
de Capricornio, y en fe
de esto la comadre dijo440
que un sátiro me engendró
y por eso satirizo.
Sale CLODIO, con las cartas y retrato. PELORO y MELIPO
CLODIO: Cuanto más lejos estemos
del emperador, airado,
cuyo hijo malogrado,445
sin conocer, muerto habemos,
más se asegura la vida,
que con tanto riesgo está.
Al romano imperio da
Persia guerra defendida;450
en ella no hay que temer
Clodio, castigo o venganza,
pues en su reino no alcanza
de Roma todo el poder.
Descansemos por agora455
en esta venta.
CLORO: ¡Ay, de mí,
que tan humilde nací
que cuando el cielo mejora
con el esfuerzo el valor
de quien ilustrar desea460
Cloro, cielos, Cloro sea
hijo de un pobre pastor!
CLODIO: Labradores, ¿hay posada?
¿Para cuántos?
CLORO: ¡Detenéos,
desvanecidos deseos!465
MINGO: No les faltará cebada
que coman, si son doctores,
ni gallinas que les demos
a las mulas.
CLODIO: ¿No tenemos,
a pesar de los temores470
con que a costa, del cansancio
animan nuestro camino.
presente aquí a Constantino,
hijo del César Constancio?
MELIPO: A no desdecirlo el traje475
y saber que queda muerto
yo lo tuviera por cierto,
sino es que del cielo abaje
a castigar nuestro insulto
disfrazado en el sayal.480
CLODIO: ¿No es retrato original?
Sí, que vive en él oculto.
¿No es aquella su cabeza,
sus ojos, su boca y talle?
PELORO: En él quiso retratalle485
la sabia Naturaleza.
No he visto igual semejanza.
CLODIO: Ahora bien; sea o no sea
quien mi ventura desea,
si consigue mi esperanza490
lo que mi intento procura,
y este hombre, amigos engaño
hoy con un ardid extraño,
doy alas a mi ventura.
MELIPO: ¿Pues qué pretendes hacer?495
CLODIO: Pues que se parece tanto
al difunto, que es encanto,
si no es del cielo poder,
y aquí cartas y retrato
de Irene tengo, intentemos500
persuadirle, si podemos
y tiene ingenio y recato,
que se finja Constantino
y se case con Irene.
MELIPO: ¡Extraña traza, si viene505
a admitir tal desatino!
Mas ¿cómo un tosco pastor
mudará su grosería
en el trato y policía
de un romano emperador,510
si conforma con su traje
su ingenio:
CLODIO: De un tosco roble
se hace una imagen noble.
PELORO: Siendo bárbaro el lenguaje
que aqueste monte le ha dado,515
descubrirá esta traición.
MELIPO: Disfrazóse de león
un bruto torpe, y trocado
en él, bramar cual él quiso,
y dicen que rebuznó,520
y en su afrenta, a todos dio
de su atrevimiento aviso.
Lo mismo ha de sucedernos
si hacemos tal desvarío.
CLODIO: De su traza y rostro fío525
que podemos atrevernos.
Aquellas nobles facciones,
del príncipe semejanza,
me animan.
MELIPO: Todo lo alcanza
la industria. A mucho te pones;530
aunque si con eso sales,
seguro está el interés
y ventura de los tres,
porque a Dédalo te iguales.
CLODIO: Si con Irene se casa535
y a ver a Constancio va,
cuando de su hijo está
llorando la suerte escasa,
la similitud extraña
que le iguala a su valor,540
burlará al emperador;
y si dichoso le engaña
y le tiene por su hijo,
¿qué más dicha?
MELIPO: Quedó el muerto
a elección en el desierto545
de las fieras. Yo colijo
que ya habrán hecho en él presa.
Si no parece ¿quién duda,
viendo que en éste se muda
y el imperio le confiesa550
por el propio Constantino,
que su padre ha de creer
ser el mismo?
PELORO: Vendrá a ser
un engaño peregrino.
CLODIO: Ponerlo en ejecución555
falta sólo.
CLORO: (¡Que haya sido Aparte
tan bajamente nacido!
¡Ay, loca imaginación!)
De rodillas
CLODIO: Danos esos pies augustos,
si merecemos besallos560
CLORO: ¿Qué es esto?
CLODIO: Honra tus vasallos
con premios señor, tan justos.
CLORO: Señores, si el tosco traje
que traigo, os obliga así
a que hagáis burla de mi,565
ninguno me hizo ultraje
que, con honrada venganza
no sirviese de escarmiento
a su necio pensamiento.
CLODIO: Generosa semejanza570
del más ilustre heredero
que Roma a su imperio dio
y la muerte malogró,
si el retrato verdadero,
que autoriza y ennoblece575
hoy en ti su original,
no es en tu alma desigual
y a la tuya le parece
por un extraño camino
ha puesto el cielo en tu mano580
la esfera y globo romano
y feliz de Constantino.
Si a tu saber satisfaces
y tu persona eternizas,
de sus augustas cenizas585
milagro al mundo renaces.
Constantino, sucesor
de Constancio, partía a Grecia,
que en fe de lo que le precia
Maximino, emperador590
y monarca del Oriente,
a Irene le había ofrecido,
hija suya, y reducido
el griego lauro a su frente.
Con este retrato y pliego595
caminaba Constantino,
cuando saliendo al camino
un escuadrón loco y ciego
de quinientos foragidos,
de repente le asaltaron,600
y el abril verde agostaron
de treinta años no cumplidos.
Por no darse a conocer
dio venganza a sus aceros.
Huyeron los bandoleros,605
que vinieron a saber
la calidad del difunto,
temerosos del castigo.
Yo, de su muerte testigo,
tomando aqueste trasunto610
de Irene, y cartas, volvía
con las nuevas lastimosas
a su padre; mas, piadosas
las deidades este día,
ofreciéndome tu vista,615
quieren en tí consolar
la pérdida y el pesar,
que es imposible resista
Constancio, si a saber viene
que le ha quebrado su espejo620
a Fortuna, y por ser viejo
la muerte su fin previene.
Tú, pues, dichoso pastor,
que con su imagen heredas
su imperio, para que puedas625
dar principio a tu valor,
si quieres en lugar de él
transformarte en Constantino,
el cielo a ofrecerte vino
el siempre augusto laurel.630
PELORO: No pierdas esta ventura,
que por lo que interesamos
de ella palabra te damos
de hacerla los tres segura.
MELIPO: Constantino–que ya quiero635
de aqueste modo llamarte–
procura determinarte.
Deja ese traje grosero,
que aquí del César traemos
con que serás transformado640
o igual, no traslado.
MINGO: ¿Pullas en casa tenemos?
¡Voto al sol, gente ruin,
que si la honda desato,
doy dos silbos al hato645
y hago venir al mastín,
que el dimuño os trajo acá!
CLORO: Basta la burla, señores;
ved que somos labradores,
y no se sufren acá.650
CLODIO: Para que la verdad creas,
que por tu dicha te trato,
en este sutil retrato
quiero que tu imagen veas,
y con ella a Constantino,655
que al sacro laurel te llama.
PELORO: Al atrevido la fama
ayuda.
CLORO: ¡Cielo divino!
Parece que en el cristal
me miro de alguna fuente,660
aunque en traje diferente
seda aquí y en mí sayal.
(¿Qué hay que recelar, temor, Aparte
si el cielo a cumplir empieza
del laurel que en mi cabeza665
me gratuló emperador
el pronóstico divino?
Crédito a mi dicha doy.)
Cloro he sido; ya no soy,
sino el César Constantino.670
Dadme el retrato de Irene.
CLODIO: Éste es.
CLORO: ¡Qué hermosa pintura!
Cifrada aquí la hermosura
todos sus milagros tiene.
Sólo de mis pensamientos,675
que ya ejecutarlos trato,
puede ser este retrato
dueño hermoso. Atrevimientos,
en vuestras alas sutiles
fundo mi imaginación680
nobles mis intentos son,
si mis principios son viles.
Vamos a Grecia, vasallos,
que aunque este apellido os doy,
vuestro amigo firme soy.685
Haced prevenir caballos,
y advertid que si el secreto
de este engaño descubrís,
aunque pastor me advertís,
ser Constantino os prometo690
en vengarme y castigaros.
Ya el verdadero murió,
y en mi pecho se infundió
su alma. Sabré premïaros
y castigaros también.695
Su alma el César me ofrece,
que en quien tanto se parece
por fuerza ha de hallarse bien.
PELORO: ¿Hay mudanza semejante?
MELIPO: ¿Hay más portentoso extremo?700
CLODIO: ¡Vive el cielo que le temo!
PELORO: Yo tiemblo en verle delante.
CLORO: ¿Quieres venirte conmigo?
MINGO: ¿Que por que se pareció
al otro, Cloro salió705
emperadero?
CLODIO: Sí, amigo.
MINGO: ¡Que nunca yo me parezca
a nadie!
CLORO: Acaba grosero.
MINGO: ¿No habrá otro emperadero
por ahí a quien merezca710
parecerme?
MELIPO: Sí, a mi jumento,
pues os parecéis los dos.
MINGO: Luego, parézcome a vos.
Ir contigo, Cloro, intento.
CLORO: No soy Cloro desde aquí,715
Mingo, sino Constantino.
MINGO: Yo os lo llamaré si atino.
Una vez me parecí
a otro en tiempo crüel,
porque a palos me molieron720
de noche, y luego dijeron,
“perdone, que no era él.”
CLORO: Dadme el caballo y vestido,
y no pongamos en duda
nuestra suerte, pues ayuda725
la Fortuna al atrevido.
CLODIO: A mucho nos atrevemos
y temo…
PELORO: ¿Qué hay que temer?
CLODIO: Que nos vengan a deshacer
aquéste, porque le hacemos.730
Vanse todos. Salen MAXIMINO e IRENE
MAXMINO: Ya, Irene, se llegó el día
en que el César sea tu esposo.
IRENE: Si de la inclinación mía
el ánimo belicoso
sabes que mi valor cría,735
¿por qué tu rigor le enlaza
en el yugo que embaraza
la libertad y quietud?
Manda tú a mi juventud
que se ejercite en la caza;740
que del jabalí protervo
el curso ligero siga
con que mis gustos conservo;
que el tigre sagaz persiga
y alcance al tímido ciervo,745
que en sus despojos celebre
triunfos, y el venablo quiebre
en el león arrogante,
ya con el noble elefante,
ya con la tímida liebre;750
y no me mandes que el gusto
pierda a mi edad el respeto,
que aunque es el tálamo justo,
no sabrá vivir sujeto
mi pecho libre y robusto.755
MAXIMINO: Si a mi voluntad te allanas,
al César por dueño ganas,
de las romanas esferas.
Anda a caza, en vez de fieras,
de libertades humanas.760
IRENE: No es, padre y señor, decente
el estado que me das
al valor que el alma siente.
MAXIMINO: Yo sé que mi gusto harás.
………………..[ -ente.]765
Vase MAXIMINO
IRENE: La cerviz indomable del toro ata
con las coyundas de su yugo grave
el labrador, y brama, porque sabe
que su preciosa libertad maltrata.
Al pájaro, que en plumas se dilata,770
el cazador cautiva del süave
acento enamorado, y llora el ave,
aunque honren su prisión rejas de plata.
No en los jardines la florida yerba
medra del modo que en el monte y prado,775
patria y solar de su morada verde.
Dichoso, libertad, el que os conserva,
pues es prisión el solio sublimado
de quien por reinos, vuestro reino pierde.
Sale ISACIO, Duque, y luego un PAJE
ISACIO: Hermosa prima, ¿qué haces780
sola, si lo puede estar
quien se precia de llenar,
tiranizando las paces
del Amor, como él atados
al carro de sus prisiones785
encendidos corazones
con grillos de sus cuidados?
¡Ay, si mereciera yo
que te acordaras de mí!
IRENE: ¡Oh, Isacio! Como nací790
libre, y el cielo me dio
un alma de quien soy dueño,
por no ser pródiga y darla
a prisión, quiero gozarla.
Pensar que he de amar, es sueño.795
Hoy dicen que Constantino
a darme la mano viene
de esposo, como si Irene
al mismo Apolo divino
sujetar imaginase800
la preciosa libertad,
que en mí es única deidad,
sin que amor mi pecho abrase.
¡Viven los cielos, que adora
todo el humano poder,805
que de Irene no ha de ser,
si no es Irene señora!
Mal mi padre me conoce.
ISACIO: Con eso contento quedo.
Pues yo gozarte no puedo,810
ninguno, Irene, te goce;
que si tu desdén furioso
a cuantos te aman alcanza,
quedaré sin esperanza,
mas no quedaré quejoso.815
IRENE: Verás, cuando el César venga,
retratado en mí el desdén.
ISACIO: Mas vale tratarle bien,
porque tu padre no tenga
ocasión que a la impaciencia820
provoque, que es el poder
rayo, y éste suele ser
más daño en mas resistencia.
Entretenlo con engaños
ni le trates amorosa825
ni le mires desdeñosa,
hasta que los desengaños
le dispongan poco a poco,
que un repentino rigor
suele aumentar el amor,830
pues con furias crece el loco.
IRENE: No dices mal; y a fe, Isacio,
que luce más con su opuesto
el sol a la sombra expuesto.
Desdeñaréle despacio,835
y por tu consejo sabio
me guiaré en esta ocasión,
forzando mi inclinación.
ISACIO: Fingiendo no ser, agravio,
cuando llegue, encubre enojos;840
recíbele agradecida,
ostenta risa fingida,
dale a beber por los ojos
ponzoña sabrosa y lenta,
y engaña a tu padre así.845
PAJE: Ya llega, señora, aquí
el César.
IRENE: Mi pena aumenta.
Pero ¿sabes qué he pensado?
Que para que me aborrezca
y en verme no se enternezca,850
encontrando a Amor armado,
pensando hallarle desnudo,
que en el marcial ejercicio
me hallo ocupada.
ISACIO: Codicio
el daño que de eso dudo,855
porque de aquesta suerte
te halla bella y belicosa.
Si te amaba por esposa,
ha de adorarte por fuerte.
IRENE: En eso, primo, te engañas.860
El amante que es prudente
no busca dama valiente.
Al hombre ilustran hazañas,
y a la mujer, la hermosura,
los regalos, la afición,865
la apacible condición,
las lágrimas y blandura.
Tiernos les dieron los nombres,
porque con terneza amasen
y regaladas templasen870
la condición de los nombres;
que el ejercicio marcial
es violento en la mujer,
como en la nieve el arder,
derretirse el pedernal,875
y acobardarse el león.
Y la que así no lo hiciere,
es señal que usurpar quiere
la preeminencia al varón.
Yo sé que si Constantino,880
en vez de amorosa, armada
me ve, a la guerra inclinada,
que por el mismo camino
que en mi amor tierno se abrasa,
primo, me ha de aborrecer,885
porque no pueden caber
dos hombres en una casa.
ISACIO: Tu divina discreción
es igual a tu hermosura.
Que te aborrezca procura.890
Ejecuta esa invención
en que estriba mi esperanza,
dando alas a mi deseo.
IRENE: Quiero ensayar un torneo.
Sácame, Isacio, una lanza,895
mientras la espada me ciño,
para que el César, amante,
de verme armada se espante;
que Amor teme, porque es niño
ISACIO: De las que en esta armería900
hay, es ésta la mejor
IRENE: Haz tocar un atambor.
ISACIO: Miedo me das, prima mía.
De la guarda de palacio
hay una aquí.905
IRENE: Toque, pues.
Aquésta la entrada es
del torneo. Advierte Isacio
Hace la entrada del torneo con gallardía. Tocan chirimías. Salen CLORO, vestido de príncipe, MELIPO, PELORO, CLODIO, MAXIMINO y MINGO
MAXIMINO: Aquí aguarda a vuestra alteza
la Princesa, agradecida
a vuestro amor y venida;910
mas ¿qué es esto?
CLORO: A su belleza
añade la fortaleza,
como a mi amor, nuevas alas.
Las armas entre las galas
parecen en ella bien915
para que juntas estén
tierna, Venus; fuerte, Palas.
MAXIMINO: Su inclinación belicosa
me asombra. Sepa que estamos
aquí.920
CLORO: Eso no. Suspendamos
en su hermosura animosa
la vista y alma dichosa
en este ejercicio un poco.
(¡Vive el cielo, que estoy loco! Aparte
¡Ay, griega del alma hermosa!)925
IRENE habla aparte con ISACIO
IRENE: ¿Qué te parece?
ISACIO: El extremo
de la gracia y la destreza.
Aunque adoro a tu belleza,
tu valor y ánimo temo.
CLORO: (¡Por Júpiter, que me quemo Aparte930
entre su armado rigor
de inmortal y tierno amor!
MINGO: (¡Válgate Dios por muchacha! Aparte
Si eres hembra, o eres macha
no casarte es lo mejor.)935
IRENE: Saca la espada y verás
cuán bien los golpes ensayo.
ISACIO: En tus manos será rayo.
Cinco se dan, y no más.
Danse los cinco golpes de espada, tocando dentro
IRENE: Retírate el paso atrás.940
CLORO: Basta, hechizo de esta tierra,
o celo que el sol encierra,
que para alcanzar la palma
y rendir, princesa, un alma,
no es menester tan la guerra.945
MAXIMINO: Tu esposo es, Irene mía
IRENE: ¡Oh, gran Señor! ¿Vos aquí?
Ya las armas os rendí.
Mejor el alma diría.
(¡Qué apacible gallardía!) Aparte950
CLORO: Dichoso, divina Irene,
quien a ver y a gozar viene
tal belleza, tal valor,
pues en vos, Marte y Amor
rayos vibra y llamas tiene.955
Hablan aparte MELIPO y CLODIO
MELIPO: Clodio, ¿es éste aquel villano
que hijo de un monte fue?
CLODIO: Mejor, Melipo, diré
que es Constantíno romano.
PELORO: ¿No adviertes que cortesano960
la gravedad imperial
representa?
CLODIO: A su sayal
desmiente con la presencia,
que también hay elocuencia
en las almas natural.965
MINGO: (¡Válgame el diablo por Cloro! Aparte
Verá lo que decir sabe.
¡Qué quillotrado está y grave!
CLORO: De suerte, Irene, os adoro,
que a la divina beldad970
de ese simulacro rico
esperanzas sacrifico,
sin creer que hay más deidad
que vos, señora, en el cielo.
IRENE: Y yo, que en veros y hablaros975
tengo en poco compararos
al claro señor de Delo.
No adoro yo a Dios ninguno,
sino a vos; y si dichosa
merezco ser vuestra esposa,980
no tendré envidia de Juno,
pues en vos tengo presente
de Júpiter el valor.
ISACIO: (Bien finge tenerle amor.) Aparte
IRENE habla aparte a ISACIO
IRENE: Va bueno?985
ISACIO: Divinamente.
CLORO: Si yo, princesa, lo fuera,
nunca mas me transformara
otros cielos os crïara;
otro mundo os ofreciera,
que uno para vos es poco.990
IRENE: Si yo pudiera mostrar
la ventaja que en amar
hago a todas…
CLORO: ¡Estoy loco!
IRENE: Ni Cartago honrara a Elisa,
como a Penélope Grecia,995
ni Roma honrara a Lucrecia,
ni hubiera en Caria Artemisa.
Pero hipérboles refreno,
pues más que ellos os estimo
Aparte a ISACIO
¿No hago buen amante primo1000
ISACIO: Bravo.
IRENE: ¿Va bueno?
ISACIO: Rebueno.
CLORO: En fin, me amáis?
IRENE: Como a dueño.
CLORO: Vos sois mi sol.
IRENE: Vos mí esposo.
CLORO: Vivo en vos.
IRENE: Yo en vos reposo.
CLORO: ¿Si me olvidáis?1005
IRENE: Eso es sueño.
CLORO: En gloria estoy.
IRENE: Mi mal calma.
CLORO: ¡Gran suerte!
IRENE: ¡Bien soberano!
CLORO: Dadme, mi bien, esa mano.
IRENE: Y con ella, esposo, el alma.
ISACIO habla aparte con IRENE
ISACIO: ¿La mano, tirana, das?1010
Pues, ¿cómo le has dado el sí?
IRENE: Burléme, jugué y perdí.
No he podido, primo, más.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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