EL AMPARO DE LOS HOMBRES
Antonio Mira de Amescua
Texto basado en la edición príncipe de EL AMPARO DE LOS HOMBRES, una “suelta”, aparentamente única de la Staatsbibliothek de Munich. Fue editado por primera vez por Wilfred Wilenius como parte de su tesis de maestría en la Ohio State University en 1951. Luego fue editado de nuevo por Vern G. Williamsen en el curso de sus investigaciones en 1975, preparado en su forma electrónica en 1986, y en su forma actual en 1996.
Personas que hablan en ella:
- CARLOS, caballero
- FEDERICO, soldado
- MARÍN, gracioso, su criado
- HORACIO, caballero viejo
- FABRICIO
- JORGE
- OCTAVIO
- GARAVÍS, paje
- El DEMONIO
- JULIA, hija de Horacio
- LAURA, su criada
- Un CRIADO
- Un PAJE
JORNADA PRIMERA
Salen FEDERICO y MARÍN, de soldados muy pobres
FEDERICO: ¡Ésta es Génova!
MARÍN: ¡Por Dios,
conforme nuestra pobreza,
que ha menester su riqueza,
si nos remedia a los dos!
FEDERICO: ¡Bellos edificios!5
MARÍN: ¡Bellos!
Los lienzos de Flandes son
cifra, sombra e ilusión
si se comparan con ellos.
¿Pero tenemos de andar
viendo casas todo el día,10
sin buscar una hostería
donde podamos manjar?
Volvámonos, si te agradas,
a ver si en los bodegones
a trueco de macarrones15
reciben estas espadas,
pues no nos sirven de más
que de traerlas lïadas,
que aquí se riñe a puñadas.
FEDERICO: Hambriento y prolijo estás.20
¿No causa extraña alegría
después de varias tristezas,
las infinitas grandezas
de esta noble señoría,
ver tan hermosas pinturas25
en las casas, el Senado,
que a Roma atrás ha dejado,
heredando sus venturas?
¿Ver…?
MARÍN: El verte con dineros,
Federico, es mi deseo;30
que ya de hambre no veo,
y mi cuenta es todos ceros.
Cuando contigo salí
de la Pulla a ser soldado,
no pensé verme quebrado35
como me veo por ti.
Servimos al de Pescara
sobre el Parque de Pavía;
y con papeles te envía
y sin blanca…40
FEDERICO: Cosa es clara,
ésa es la paga mejor
con que voy a pretender,
que el César me puede hacer
capitán.
MARÍN: ¡Gracioso humor!
¿Con qué carga de moneda45
vas a pretender a España?
Que con nación tan extraña,
no hay Scipïón que más pueda.
¿Qué presente le has de dar
al secretario? ¿Qué joya50
al que tus hechos apoya
para poder negociar?
FEDERICO: Filósofo estás, Marín.
MARÍN: Como en ayunas estoy,
estoy agudo.55
FEDERICO: Ya voy
viendo de mi intento el fin.
Necio he sido en procurar
papeles.
MARÍN: La duda es llana.
¡Qué esperanza tan liviana!
¿Qué provecho puede dar?60
FEDERICO: A la Pulla me volviera,
dejando mi pretensión,
si la pasada cuestión,
Marín, no me lo impidiera.
No sé qué tengo de hacer.65
MARÍN: Pide limosna.
FEDERICO: Eso no.
A dar estoy hecho yo;
y pedir es padecer.
MARÍN: Mas no comiendo, padeces
este trabajo y crisol;70
y pidiendo a lo español,
pienso que no desmereces.
FEDERICO: El español, ¿cómo pide?
MARÍN: Llega arrogante y severo,
y, de la espada al sombrero,75
primero los tiempos mide;
y dice: “Déle vuesé
su caridad a un soldado
pobre, desnudo y honrado.”
Y el bergamaza que ve80
el aspecto con que avisa
del daño que le previene,
si parpallonas no tiene,
se quitará la camisa.
FEDERICO: Yo soy, Marín, caballero,85
y no tengo de pedir.
MARÍN: Pues, dejémonos morir.
¡Qué pobre tan majadero!
Yo pediré.
FEDERICO: ¡Enhorabuena!
Pide tú para los dos.90
MARÍN: De esta suerte dará Dios
para la comida y cena.
Aquesta casa parece
de algún rico ciudadano.
FEDERICO: Pide con estilo llano,95
pues la vergüenza enmudece.
La portada y patio son
del dueño bastante abono.
MARÍN: Ahora bien, la voz entono
para causar compasión.100
FEDERICO: Caballeros salen.
MARÍN: ¿Quieres
hüir?
FEDERICO: Apartarme quiero.
MARÍN: Muy corta limosna espero
de poltrones mercaderes.
Salen CARLOS, FABRICIO, OCTAVIO, JORGE y CRIADOS, y CARLOS sale dando barato
JORGE: ¿Cuánto perdéis?105
CARLOS: No lo sé.
Esto se queda, tomad
de barato.
OCTAVIO: Es necedad
que deis barato.
CARLOS: ¿Por qué?
OCTAVIO: Porque cien doblas perdéis.
CARLOS: Si ganara y no perdiera,110
poco en dar barato hiciera.
CRIADO: Largos años os gocéis.
MARÍN: (¡Oh, beatísimos escudos! Aparte
Sin ver a quien los reparte
yo quiero entrar en la parte.115
¡Oh, si hubiera pajes mudos!
¡Ciégale tú, Santantón!
Dios ponga tiento en tu mano).
CARLOS: Tomad.
CRIADO: Apartaos, hermano.120
MARÍN: (Ganóme la bendición). Aparte
CARLOS: Quiero ver si quedan más.
Tomad.
MARÍN: (¡Oh, caso importuno! Aparte
Aun no me ha cabido uno
de los que da[n] por detrás).125
CRIADO: ¿Queréis quitaros, hermano?
¡Quitaos!
OCTAVIO: ¿Qué picarón
es ése?
MARÍN: ¡Paso, pajón!
Que aunque roto, soy cristiano.
No soy moro ni judío.130
Barato quiero alcanzar.
CRIADO: Dadle, Fabio.
MARÍN: ¿Cómo dar?
¡Juri a Cristi, si deslío…!
FEDERICO: (Sin duda ha hecho Marín Aparte
de las suyas. Llegar quiero).135
CARLOS: Para la gloria que espero,
aguardo felice fin.
FEDERICO: ¿Qué es eso?
MARÍN: ¡Estos pajarotes,
que maltratan los honrados!
FEDERICO: ¡Paso, señores soldados!140
MARÍN: Espera; no te alborotes,
señor, hasta que deslíe.
FEDERICO: Sosiégate, majadero.
Por ser pobre y forastero,
nadie a ofenderle porfíe;145
que habrá quien vuelva por él.
OCTAVIO: ¿Y defenderéisle vos?
JORGE: ¡Buena arrogancia, por Dios!
MARÍN: El lance ha sido crüel.
FABRICIO: Muy maltratado venís150
para ser tan atrevido.
FEDERICO: Jamás miréis al vestido
si de sabio presumís;
que quizá este traje encubre
más valor de que pensáis.155
MARÍN: Deslío…
CARLOS: Bien lo mostráis,
que el proceder los descubre.
¿Quién sois?
FEDERICO: Un soldado soy,
por mala paga perdido.
CARLOS: Antigua querella ha sido.160
FEDERICO: A España a pretender voy.
CARLOS: Reportaos.
FEDERICO: De vos me fío,
si el traje al ser corresponde.
CARLOS: Decid quién sois y de dónde.
MARÍN: Pues hay amistad, deslío.165
FEDERICO: En la Pulla, que es provincia
del noble reino de Nápoles,
nací, para tantas penas,
de nobles y ricos padres.
Con regalo me crïé,170
aunque no sin mil desastres,
que el que ha de ser desdichado
muere en el día que nace.
Fue mi infancia prodigiosa,
hasta que en edad bastante,175
al peso del sentimiento,
fueron creciendo mis males.
Faltaron mis padres luego,
para que mozo heredase;
que riqueza y pocos años180
no hay leyes que no traspasen.
Amor, que mejor sujeta
los pechos más arrogantes,
se mostró, siendo tan niño,
para mi ofensa gigante.185
De una doncella hermosa,
de tan excelentes partes
que a verla primero Apolo
no siguiera tanto a Dafne,
me cautivaron los ojos;190
que no hay alma que no abrasen
tan divinos soles negros,
que miren libres y graves.
Solicité muchos días
su favor sin que alcanzase,195
si no esperanzas inciertas,
preeminencias de casarme.
Tuve por competidor
un mancebo cuya sangre,
hirviendo de puro noble,200
fue lumbre en que se quemase.
Entrando en el Domo a misa,
para mi desdicha un martes,
nuestra dama, la seguimos
los solícitos amantes.205
Al tomar agua bendita
se cayó al descuido un guante;
y a un mismo tiempo llegamos
entrambos a levantarle.
Fue la porfía de suerte,210
que, dividido en dos partes,
quedó partido el favor,
y los celos más pujantes.
Desafïóme atrevido,
y sin que a ver aguardase215
la misa, el mancebo loco
al campo se fue a esperarme.
Salí yo, y a un mismo tiempo
vio los aceros el aire
de nuestras espadas nobles,220
donde el sol pudo mirarse.
Apenas del primer tercio
pude los filos tentarle,
cuando por ellos camino,
sin que pudiese librarme.225
Rompe el animoso pecho,
por donde, envuelta en granates,
salió el alma y dejó el cuerpo
para difunto cadáver.
Viendo el desastrado caso,230
por entre secretos valles
huyo con este crïado,
que fue mi querido Acates.
Vine al fin a Lombardía
adonde los generales235
del ilustre Carlos Quinto
sus ejércitos reparten:
Próspero, Borbón y Leiva
y el de Pescara, pilares
adonde estriba el imperio240
y a quien Roma estatuas hace.
El invencible Francisco
de Angulema, a quien levante
la fama, de cuyos lirios
temblaron tantos alarbes,245
para ocupar a Pavía,
que es una fuerza importante,
entra con furia francesa
a mirar del Po la margen.
El ejército imperial250
le espera en medio del parque,
adonde Francisco llega
a levantar su estandarte.
La batalla le presenta,
pensando a muy pocos lances255
ver de Milán el castillo,
besar sus plantas reales.
Llegado el amargo día
el estrépito de Marte
suena en los vecinos bosques,260
temerosos de escucharle.
Trabóse al fin la batalla;
aquí mueren, y allí salen
contra bridones franceses
los españoles infantes.265
Al fin, los franceses rotos,
el de Pescara al alcance
sigue; y el francés furioso
no quería retirarse.
El valeroso francés,270
sin que el peligro le espante,
desea morir valiente,
para no vivir cobarde.
Yo, después de haber ganado
una bandera, bastante275
indicio de valor, vi
al rey, que teñido en sangre,
en un caballo español
de los que al Betis le pacen
la verde juncia y le beben280
los fugitivos cristales,
con el estoque sangriento
furioso procura entrarse
en el paso de una puente,
donde los suyos le amparen.285
Llego entonces, y al bridón
que espuma mascando esparce,
de un revés corto las corbas,
para que Francisco salte
desde la silla a la arena,290
adonde no quiso darse,
sin que cortés y amoroso
el de Pescara llegase.
Viendo el marqués lo que hice,
no supo con qué pagarme295
sino con darme papeles,
esperanza leve y frágil.
Con ellos a España voy,
aunque es bien que me acobarde,
pues sin dinero y favor300
no habrá quien merced alcance;
que aunque es Carlos dadivoso
y otro segundo Alejandre,
suelen regir y mandar
mil codiciosos magnates.305
Cansado, en efecto, y pobre
llegué a Génova esta tarde
donde, viendo sus grandezas,
se aliviaron mis pesares.
Llegué a ver este palacio;310
y os vido aqueste ignorante
dar barato. Llegó y tuvo
esta cuestión con los pajes.
Si sois noble caballero,
como le declare el traje,315
remediadnos; que hacer bien
es acto de pechos grandes.
CARLOS: Huélgome que hayáis contado
vuestras desgracias; que espero,
como noble caballero,320
quitaros de ese cuidado.
Ningún bien os puede hacer
España, aunque el bien le sobre;
que es necio el que va tan pobre
a la corte a pretender.325
Vuestro término me agrada.
Vivid, si queréis, conmigo;
que no seré mal amigo.
FABRICIO: ¡Franqueza bien excusada!
FEDERICO: Tus pies beso.330
MARÍN: Y yo las losas
adonde tocan tus plantas;
que tras de tormentas tantas
son las bonanzas gustosas.
OCTAVIO: Como le costó tan poco
granjear tanto dinero,335
gasta como caballero.
JORGE: Es amante, mozo y loco.
FABRICIO: Ya es tarde, Carlos. Adiós.
CARLOS: Él mismo, Fabricio, os guíe.
OCTAVIO: Yo os aseguro que fíe340
sus secretos de los dos.
JORGE: Será en eso impertinente.
OCTAVIO: De su mal seréis testigos;
que no se hallan amigos
verdaderos fácilmente.345
Vanse los tres
FEDERICO: Ya ningún daño recelo
si tan buen norte nos guía.
MARÍN: ¿Diráme, vueseñoría,
por dónde se va al tinelo?
CRIADO: Luego iremos.350
CARLOS: De manera
me agrada vuestro valor,
que de mi bien y mi amor
daros relación quisiera.
FEDERICO: Bien os podéis confïar
de quien desea serviros.355
CARLOS: Venid, que habéis de vestiros.
MARÍN: ¿No fuera mejor cenar?
FEDERICO: Calla, necio.
CARLOS: Iréis conmigo
esta noche; que a mi lado
quiero llevar un soldado360
para defensa y testigo.
FEDERICO: Bésoos los pies.
MARÍN: Tripas mías,
ir a rellenaros quiero.
No os embargue algún barbero,
viendo que estáis tan vacía[s].365
Ya no tenéis qué sentir.
FEDERICO: Todo el fin es perecer.
MARÍN: Bueno es servir por comer.
FEDERICO: Mal es comer por servir.
Vanse y salen HORACIO, JULIA y LAURA
HORACIO: Suelta, loca.370
JULIA: ¿Qué le quieres?
HORACIO: Saber mi celoso efeto.
¿Cómo procuras secreto,
no cabiendo en las mujeres?
JULIA: Siempre en la que es noble vive.
HORACIO: Suelta el papel.375
JULIA: Vesle aquí.
Necia en esconderle fui.
HORACIO: Carlos sin duda te escribe.
JULIA: Es verdad.
HORACIO: Así lo creo.
No es poco decir verdad.
JULIA: ¿Es acaso liviandad380
un casto y noble deseo?
HORACIO: ¿Qué pecho el ser padre vale
con pecho tan importuno?
JULIA: ¿Pues, hay en Génova alguno
que en noble y rico le iguale?385
¿Es error poner los ojos
en un rico y bien nacido,
con intento de marido?
¿Para qué te cause enojos?
Si tú procuras casarme,390
¿no es bien que a mi gusto sea?
HORACIO: Siempre tu gusto desea
destrüirme y deshonrarme.
JULIA: ¿No ves con cuánta afición
en diversas ocasiones,395
en juegos y en invenciones,
me declara su intención?
¿No ves que gasta y consume
su hacienda por agradarme?
¿No ha de poder obligarme400
pues su valor se presume?
¿No adviertes con cuánto exceso
es en mi amor liberal?
¿Por qué te parece mal
que le quiera bien?405
HORACIO: Por eso.
¡Oh, Julia, qué poco sabe
la mujer que sabe más!
¡Qué de atributos le das
de liberal y de grave!
Lo que en él más te contenta410
es lo que me desagrada.
La hacienda no importa nada
si el dueño no la acrecienta.
Alabas que dé libreas
del color de tu vestido,415
que gaste, por ti perdido,
en los juegos que deseas.
Y eso en mis entrañas cría
la cólera, que me basta
que quien su hacienda gasta,420
también gastará la mía.
Vase HORACIO
LAURA: De cólera va perdido.
¡Qué a un viejo vivas sujeta!
JULIA: Lo que al famoso poeta
Virgilio me ha sucedido.425
LAURA: ¿De qué suerte?
JULIA: Componía
un paso en cierta ocasión
donde la reprehensión
de un padre al hijo escribía.
Estaba confuso; entró430
su padre, que se ofendía
de su heroica poesía,
y allí le reprehendió.
De modo que él, advirtiendo
sus razones arrogantes,435
halló conceptos bastantes
en lo que estaba escribiendo.
Así, agora, Laura mía,
sus razones escuchaba
[y conceptos encontraba]440
mientras me reprehendía.
LAURA: Bien tus favores merece
Carlos, pues es principal;
que antes por ser liberal
más se ilustra y ennoblece.445
JULIA: En el papel escribía
que el retrato le envïase
y a la ventana aguardase
esta noche, que quería
verme.450
LAURA: ¿Piensas aguardar?
JULIA: Sola en mi lugar te dejo,
Laura, por no dar al viejo
agora que sospechar.
Arrójale este papel;
que en él digo que a la esquina455
aguarde.
LAURA: ¿Qué determina
tu amor agora con él?
JULIA: A Porcia he de visitar
esta noche, y así trato
darle a Carlos el retrato460
que me ha pedido al pasar.
LAURA: Ya es tarde.
JULIA: A la reja acude;
que a mi padre voy a ver.
LAURA: A una resuelta mujer
no habrá fuerza que la mude.465
Vanse las dos y salen CARLOS, FEDERICO y MARÍN, de noche
CARLOS: Ésta es la calle en que mi Julia vive.
MARÍN: Sin duda alguna que es mujer caliente.
CARLOS: De sus ojos el sol la luz recibe.
Estas ventanas son su bello oriente.
FEDERICO: De propia voluntad es bien me prive,470
porque a servirte con amor asiente.
MARÍN: ¡Buen vestido te pillas!
FEDERICO: ¡Calla, necio!
CARLOS: El celo estimo, si las obras precio.
Adoro esta mujer de tal manera
que el juicio pierdo y de mi ser me olvido.475
MARÍN: ¿Es acaso bonita la platera?
La que friega, te digo, ¿está advertido?
FEDERICO: Pues, ¿qué te importa a ti cuando lo fuera?
MARÍN: Suelen tomar los puntos a un vestido;
y es mía de derecho, y aun de tuerto;480
que traigo el coramvobis descubierto.
CARLOS: En la reja estará, sin duda alguna.
Sale LAURA a la ventana
LAURA: ¿Es Carlos?
CARLOS: Sí, mi bien.
LAURA: Menos terneza,
que no soy mi señora.
CARLOS: ¿La Fortuna
me priva de su hielo y su belleza?485
LAURA: El padre la persigue y la importuna;
mas no veréis mudanza en su firmeza.
Tomad ese papel, y en esa esquina
a que salga, aguardad.
CARLOS: ¿Qué determina?
LAURA: A una visita va, y de espacio quiere490
daros aquel retrato.
CARLOS: ¡Oh, gloria mía!
LAURA: Tened cuidado, adiós.
CARLOS: Haré que espere
la clara luz del venidero día.
FEDERICO: Dichoso, pues a todos te prefiere.
Pierde el temor, señor, y al puesto guía.495
MARÍN: ¡Por Dios, que habla bien la fregoncilla!
Bestia de albarda quiero y no de silla.
Está en la pared una imagen de Nuestra Señora, de bulto, y una lámpara sin luz
CARLOS: La esquina es ésta, mas la luz no veo.
La lámpara está muerta.
FEDERICO: ¿Qué has hallado?
CARLOS: De los vecinos el descuido creo.500
La luz os falta, y sois quien la ha cuidado.
Encender esta lámpara deseo,
aunque está todo, al parecer, cerrado;
que no ha de estar sin luz la imagen bella
de la que siendo madre fue doncella.505
FEDERICO: ¿Qué ves en la pared, o qué alboroto
te priva de quietud?
CARLOS: Oh, Federico,
de esta divina imagen soy devoto,
pues me concede cuanto le suplico.
FEDERICO: ¿Imagen hay aquí?510
CARLOS: La falta noto,
y así a encender la lámpara me aplico.
FEDERICO: ¿Y si viene tu dama y no te halla?
CARLOS: Confuso estoy.
FEDERICO: Después podrás buscalla.
CARLOS: Piérdase la ocasión.
MARÍN: Quedas perdido.
CARLOS: Voy a buscar la luz; que me acobarda.515
Federico, pues tienes mi vestido,
en esta esquina a la que adoro aguarda;
que no serás de noche conocido
entre las sombras de su capa parda.
Toma el retrato con astucia cuerda;520
que aquesta devoción no es bien se pierda.
FEDERICO: Al fin, ¿me quedo aquí?
CARLOS: Yo vendré luego;
pero, por si tardare, esto te aviso.
MARÍN: ¡Oh, qué devoto amante!
CARLOS: Eso te ruego.
FEDERICO: Aquí te aguardo, pues amor lo quiso.525
CARLOS: ¿Cómo, siendo la zarza, os falta fuego
y el ángel del divino paraíso?
Mas vuestras luces son puras y bellas,
y junto al sol no lucen las estrellas.
MARÍN: Pues, por Dios, que no parece530
nada devoto el galán.
FEDERICO: Mil inspiraciones dan
como la ocasión se ofrece.
MARÍN: Ventura ha sido encontrar
este mozo. Loco es;535
el seso tiene en los pies.
Puedes vivir y triunfar.
FEDERICO: Vendrá presto.
MARÍN: Caso es llano.
El preguntarle es error.
Yo aseguro que el amor540
le vuelva al puesto temprano.
FEDERICO: Deseo tengo de ver
aquesta dama que alaba
y de encarecer no acaba.
MARÍN: Eso tiene el pretender.545
Gente suena. ¿Si es acaso
la susodicha?
FEDERICO: Ella es.
Tardó Carlos.
MARÍN: ¡Ea, pues!
Cubre el rostro y ponte al paso.
pues hay tan buena ocasión.550
FEDERICO: La luz de las hachas temo.
¡Es hermosa!
MARÍN: ¡Por extremo!
Cortas alabanzas son.
Salen don PAJES con hachas encendidas, y detrás HORACIO, JULIA y LAURA, con mantos
HORACIO: Gente hay al paso, ya sé
quién es, poco más o menos.555
LAURA: ¡Qué extremos de juicio ajenas!
FEDERICO: (Más hermosa es que pensé. Aparte
¡Oh, qué divina mujer!)
HORACIO: Quitad la luz.
FEDERICO: (Razón tienen; Aparte
que donde sus ojos vienen560
otra luz no es menester).
MARÍN: (¡Ah, señora, la de atrás!) Aparte
FEDERICO: (Sin duda quedo perdido Aparte
si echa de ver el vestido).
Dale JULIA el retrato de presto
JULIA: Guardadle.565
FEDERICO: No pido más.
HORACIO: ¿Qué fue aquello?
JULIA: Tropecé.
HORACIO: Ya que ciega camináis,
tropezad y no caigáis.
MARÍN: ¡Hola, trasera! ¡Ce, ce!
Hablad con Inés.570
FEDERICO: (¡Ay, cielos, Aparte
qué hermosura y discreción!)
HORACIO: Julia, basta un tropezón.
FEDERICO: (Ya de Carlos tengo celos). Aparte
MARÍN: ¡Hola, chica!
LAURA: ¡Ah, ganapán!
¡No tire!575
Vanse HORACIO, JULIA, y LAURA
MARÍN: ¡Lindos extremos!
Federico, hablar podemos,
que conocido nos han.
FEDERICO: ¡Ay, amigo!
MARÍN: ¿Qué te duele?
FEDERICO: Loco estoy.
MARÍN: Días ha ya.
FEDERICO: Sin luz quedo, pues se va580
quien me alumbre y me consuele.
MARÍN: Si te picó la fregona,
mira que es mía.
FEDERICO: ¡Ay, Marín,
otra intención, otro fin
mi justa pérdida abona!585
MARÍN: El viejo no pudo ser.
FEDERICO: Deja las burlas ligeras,
pues ves que muero de veras.
MARÍN: Mira, que ha de ser mujer
de Carlos.590
FEDERICO: Fuerza es que calle
si es de mis yerros jüez.
Quiérola ver otra vez
a la vuelta de esa calle.
MARÍN: Tu pérdida determinas.
FEDERICO: Sígueme.595
MARÍN: En peligro estamos;
que hoy a Génova llegamos,
y andamos tomando esquinas.
Vanse y sale CARLOS con una luz
CARLOS: El aire ha reconocido,
aunque fue siempre atrevido,
al dueño de mi cuidado,600
pues en sus cuevas se ha estado
mudo, absorto y escondido.
Pero que es razón colijo,
si es de todo actor y padre,
como al Águila lo dijo:605
“Que respeten a la madre
los que obedecen al Hijo.”
Luz os traigo, aunque sois vos
quien puede darla a los dos,
norte que a los puertos guía,610
y el alba clara del día,
del sol de justicia, Dios.
Sois la Estrella de Belén,
cuya luz, como contemplo,
nos lleva al cielo también;615
y el candelero del templo
de la gran Jerusalén.
Pues nunca luz encendida
os faltó, reina escogida,
antes que naciese Adán,620
pues en Palmas os vio Juan
con el mismo sol vestida.
Mas Federico se fue.
Mi Julia lo habrá llevado.
Notable ocasión dejé,625
pero si luz os he dado
más que he perdido gané.
Quiero subir y encender
la lámpara; para ver
mejor vuestros ojos bellos;630
que si Dios se miró en ellos,
espejos deben de ser.
Va subiendo por unas gradillas que ha de haber debajo de la Virgen, y enciende la lámpara
Luz tengo, y nadie parece.
Para leer el papel
buena ocasión se me ofrece,635
pues el noble dueño de él
mejor cuidado merece.
Saca el papel y léelo
“Mi bien, aunque el padre mío
con caduco desvarío
quiere mi intento estorbar,640
es querer medir el mar
o volver atrás un río.
A su pesar, tuya soy
Mientras va leyendo el papel, va dando vuelta la imagen hasta ponerse de espaldas a CARLOS
y a tu amor agradecida.
El alma propia te doy;645
que sin ti no quiero vida,
pues a ti sujeta estoy”.
¡Oh, palabras, que me dais,
aunque pintadas estáis,
nueva vida y nuevo ser!650
¿Cómo, si sois de mujer,
tanta firmeza mostráis?
Vuelve a leer
“Para acabar tu recelo
saldré contigo, mi bien.
¡Nuevo y no visto consuelo!655
Perdone el cielo también,
si se ofende [de] esto el cielo”.
¡Raro amor! ¡Ojos! ¿Qué veis?
¿Las espaldas me volvéis,
siendo, entre varios errores,660
la que a tantos pecadores
buenas espaldas hacéis?
¿Pero de qué estoy quejoso
si Moisés que a Dios habló
afable, manso, amoroso,665
por las espaldas le vio,
y se tuvo por dichoso?
Mas sin duda os ha ofendido
ver que el papel he leído
que tiene locuras tantas;670
que a las imágenes santas
mayor respeto es debido.
El alma tengo turbada.
Mayores desdichas creo;
pues ésta es, Virgen sagrada,675
la primera vez que os veo
con pecador indignada.
Que si los vanos antojos
y tan lascivos despojos
tratan delante de vos,680
parece que al mismo Dios
le quieren tapar los ojos.
Mas, si el haberle leído
os ha podido enojar,
en la luz que os he traído685
podrá, señora, quedar
en ceniza convertido.
Arda el confuso Babel,
tan soberbio y tan crüel.
Y volved, madre piadosa,690
el rostro más amorosa
pues veis que es llama el papel.
Vuelve el rostro la imagen como quema el papel, y cae CARLOS por las gradas desmayado, y sale MARÍN
¡Jesús!
MARÍN: Al fin no he podido
traerle, perdido está.
Ya Carlos habrá venido,695
pues trajo luz; pero habrá
nuestra derrota seguido.
¡Oh, Federico, qué loca
intención tu honor apoca!
¡Pero Carlos está aquí700
sin vida! ¡Triste de mí!
A lástima me provoca.
¡Señor, señor! Yo he perdido,
si es que la vida perdió,
un muy honrado vestido705
CARLOS: ¡Ay, Dios!
MARÍN: Sin duda cayó
de aquestas gradas dormido.
¡Carlos!
CARLOS: ¿Quién eres?
MARÍN: Yo soy
Marín, que llorando estoy
verte así.710
CARLOS: Desmayo fue.
MARÍN: ¿Qué fue la ocasión?
CARLOS: No sé.
Vamos, que asombrado voy.
¿Y Federico?
MARÍN: Siguió
a tu dama.
CARLOS: Eso creí.
MARÍN: Pienso que a casa volvió;715
que quiere aguardarte allí.
¿Aguardas la vuelta?
CARLOS: No.
Vamos que voy sin sentido.
MARÍN: Así Federico ha ido.
¿en qué parará su amor?720
CARLOS: Si no caí de temor,
sé que en la cuenta he caído.
Vanse y sale FEDERICO con el retrato
FEDERICO: Ciegas sombras de la noche,
que disteis luz, siendo ciegas,
para que viese unos ojos725
cuyas niñas me sujetan,
dad lugar al claro día,
para que, abriendo la puerta
a su horizonte de nácar,
el retrato hermoso vea.730
Ya el alba divida el día
de la noche oscura y negra,
llorando de compasión
de oír mis amargas quejas.
Y porque las mira el sol,735
pierden su luz las estrellas;
y él entre rosadas nubes
saca las doradas hebras.
Mas, ¿por qué los cielos miro,
si está mi sol en la tierra,740
y miro en tan breve espacio
más excelente belleza?
¡Hermosa frente, a quien ciñe
el cabello que desprecia
el ámbar y el oro fino;745
que mejor color les queda!
¡Los ojos negros y graves
cuyas pestañas aumenta
la hermosura, haciendo sombras
sobre párpados de perlas!750
No hay remedio en mis desdichas;
que estoy pobre en tierra ajena,
y sirviendo a quien procura
gozar mi divina prenda.
Entrad al pecho, retrato,755
pues el alma y sus potencias
os han dado puerta franca
en el corazón por fuerza.
Sale el DEMONIO vestido de galán, con botas y espuelas
DEMONIO: ¿Sois vos el que daba voces?
Estéis muy enhorabuena;760
que habéis hecho que dejase
mi caballo entre las hiedras.
FEDERICO: ¿Quién sois, señor?
DEMONIO: Un hidalgo
cuya rara descendencia
antes que el mundo ha traído765
su generación eterna.
FEDERICO: ¡Notable encarecimiento!
DEMONIO: Y soy a quien más le pesa
de que padezcan trabajos
los que viven en la tierra.770
Dame pesadumbre el pobre
cuando sufre con paciencia
desdichas y enfermedades,
desventuras y pobrezas.
A los que tristes están775
procuro que se diviertan,
que se alegren y regalen
en juegos, gusto y fiestas.
Nadie tiene mi amistad
que conozca a la tristeza.780
Todo es gusto, todo es risa,
hasta que la muerte venga.
FEDERICO: Buena condición tenéis.
DEMONIO: ¿Sois, por ventura, de Génova?
Que parece que os conozco.785
FEDERICO: Desde hoy vivo y muero en ella.
DEMONIO: ¿Fuisteis soldado en Pavía?
FEDERICO: Allí gané una bandera.
DEMONIO: Ya os conozco; que Fortuna
mueve tan grande tormenta.790
¿No os amaba el capitán
y os honraba con su mesa?
¿Quién os engañó
FEDERICO: Engañóme
una codicia sedienta.
Iba a pretender a España,795
y me siguió de manera
la desdicha que no pude
conseguir mi honrada empresa.
Quedéme a servir. ¡Ah, cielos!
DEMONIO: ¿Un hombre de vuestras prendas800
ha de servir a ninguno?
¡Por mi vida, que es afrenta!
¡Servir! Sirva algún villano
que, cansado de las tierras,
busca hambriento la ciudad,805
y le falta industria y letras!
¡Yo, servir! Por no servir,
del cielo mismo me fuera;
que aun los que sirven a Dios
me afligen y me avergüenzan.810
¿A quién servisteis?
FEDERICO: A Carlos.
DEMONIO: Yo tengo cierta pendencia
con él.
FEDERICO: ¿Y por qué ocasión?
DEMONIO: No ha sido ocasión pequeña.
Iba conmigo, y dejóme815
por llevar a una doncella
que tuvo hijo y marido,
una luz. Bien me desprecia.
Pero así lo paguen todos.
¡No sirváis!820
FEDERICO: ¿De qué manera
puedo dejar de servir
sin dineros y sin prendas?
No es el servir lo que siento.
DEMONIO: Yo soy amigo de veras,
y podéis fïar de mí825
secretos de más esencia;
que yo prometo ayudaros.
FEDERICO: Las palabras y presencia
me obligan a que os estime,
y de mi mal os dé cuenta.830
Tiene Carlos una dama
cuyo donaire y belleza
me cautivaron el alma
a pesar de mi soberbia.
DEMONIO: ¿Es Julia acaso?835
FEDERICO: Ella es.
DEMONIO: Pues, ¿qué sentís?
FEDERICO: Que no pueda,
por ser pobre y ser crïado,
gozarla ni pretenderla.
Que si fuera poderoso,
con servicios, con ofertas840
la ablandara.
DEMONIO: Oídme agora;
veréis de quien soy las muestras.
¿Qué me daréis [si] os daré
mayor poder y riqueza
que tiene Carlos?845
FEDERICO: Pedidme
alguna cosa que tenga.
¡No tenga prenda ninguna;
la vida y el alma os diera!
DEMONIO: Aquesa palabra estimo;
que es lo que más me contenta.850
FEDERICO: ¿Qué pedís?
DEMONIO: Lo que me dais.
FEDERICO: ¿El alma?
DEMONIO: ¿De qué te alteras?
FEDERICO: ¿Eres el demonio?
DEMONIO: Sí.
¿Qué te admiras? ¿De qué tiemblas?
¿No me ves manso y afable,855
Federico? ¿Acaso piensas
que somos como pintores
necios nos pintan y muestran?
No perdimos la hermosura
ni aquella profunda ciencia,860
aunque perdimos la gracia
sin esperanza de enmienda.
Y advierte que muchos hombres
nacen con tal inflüencia
de estrella que nos obliga865
a servirle, y nos apremia.
Yo vengo forzado así
a ayudarte, porque crezca
tu riqueza y tu esperanza,
que ya por difunta entierras.870
Cuanto cría el padre rubio,
y cubren las once esferas,
poseo, gobierno y mando:
oro, plata, aljófar, piedras.
El mar en conchas y ramos875
con las ondas verdinegras
para mí cría el coral,
los nácares y las perlas.
Los montes me dan la plata
cuando les sangro las venas880
de las encubiertas minas,
sangre que tanto aprovecha.
Esto, y Julia, será tuyo;
y porque mejor me creas,
mira entre estos verdes ramos885
si son sombras mis ofertas.
Descúbrese entre los ramos cantidad de oro y joyas
¿Es mejor servir a Carlos,
donde sufras y padezcas
celos que matan a espacio,
que ser dueño de esta herencia?890
Acepta, pues, mi amistad;
que tu juro si lo aceptas,
que te respeten los orbes,
y los hombres te obedezcan.
FEDERICO: Turbado y confuso estoy.895
¡Oh, Amor, grandes son tus fuerzas!
Tú me animas, tú me incitas.
No hay valor ni resistencia.
Interés es poderoso.
No hay muralla que no venza,900
cuanto más un pecho amante
convertido en blanda cera.
Oro, perlas, dïamantes,
mujer, gusto, honor, grandeza,
el amor y la ambición905
a los ojos me presentan.
¡Poderosos enemigos!
DEMONIO: ¿En qué dudas? ¿En qué piensas?
FEDERICO: Balas tiran a la vista;
derribarán las almenas.910
El corazón se me abrasa.
DEMONIO: Ese retrato contempla.
Mira si el original
será justo que la pierdas.
FEDERICO: Venció Amor. Y tú venciste.915
DEMONIO: Dame los brazos, y espera
de mí mayores favores.
FEDERICO: Ya tus palabras me alegran.
DEMONIO: Yo te juro, Federico,
que has de ver por experiencia920
mi valor. Yo haré que Carlos
pobre y humilde se vea,
y llegue a servirte a ti.
Compra un palacio que exceda
los alcázares de Mino.925
Busca pajes, da libreas;
que aquí tiene un millón.
FEDERICO: ¿Qué haré para las sospechas
que tendrán, viéndome rico?
DEMONIO: Di que te envïó tu hacienda930
la justicia de la Pulla,
y que te han dado por pena
un destierro de por vida
que fue piadosa sentencia.
Sube en mi caballo, y carga935
de esas joyas cuanto puedas;
que después vendrás de noche
para llevar las que restan.
FEDERICO: Presto, mi Julia querida,
aguardo que bien me quieras,940
y gozar tus dulces brazos
en la cama y en la mesa.
DEMONIO: Sube, pues.
FEDERICO: ¡Grande amistad!
De amigo son claras muestras.
DEMONIO: Yo soy amigo del alma;945
que de Dios me vengo en ella.
Vanse
