AMOR, INGENIO Y MUJER
Antonio Mira de Amescua
Texto basado en la edición príncipe de AMOR, INGENIO Y MUJER, en PARTE TREINTA Y DOS, CON DOCE COMEDIAS NUEVAS DE DIFERENTES AUTORES (Zaragoza: Diego Dormer, 1640). Fue editado por primera vez por Joanne I. Limber como parte de su tesis de maestría en la Ohio State University en 1946. Luego fue editado de nuevo por Vern G. Williamsen en el curso de sus investigaciones en 1976, preparado en su forma electrónica en 1987, y en su forma actual en 1996.
Personas que hablan en ella:
- El REY de Sicilia
- Don ENRIQUE de Aragón
- El MARQUÉS
- POMPEYO, mayordomo
- CASTAÑO, lacayo gracioso
- FABIO, criado del Marqués
- DOMICIO, viejo gracioso
- La INFANTA Matilde
- La DUQUESA Serafina de Montehermoso
- CRIADOS
- Dos MÉDICOS
JORNADA PRIMERA
Salen el REY, POMPEYO el mayordomo, y CRIADOS
POMPEYO: Sólo a vuestra majestad
se aguarda.
REY: Pues, ¿ya ha llegado
el cardenal?
POMPEYO: Ya ha dejado,
con su rara autoridad,
muda la Envidia. A su ejemplo,5
los grandes del reino todos
hacen por diversos modos
esfera del sol el templo.
Y en Sicilia, que está ufana
con Carlos, a ver juralle,10
cabe un sol en cada calle
y un cielo en cada ventana,
por donde las damas bellas
ostentando su alegría,
se muestran, cual a porfía,15
en la noche las estrellas.
REY: ¿Viene el Príncipe?
POMPEYO: Ya acaba
de vestirse.
CRIADO 1: Incomparable
es su hermosura.
POMPEYO: Admirable
su belleza.20
CRIADO 2: No imitaba
la regia severidad
Augusto con tal valor.
POMPEYO: Él es natural señor
del reino y la voluntad.
Sale el príncipe, que es la INFANTA Matilde, bien aderezado, con capa y gorra
INFANTA: El perdón de haber tardado25
me dé vuestra majestad.
REY: Merécelo tu humildad.
Si en algo hubieras errado,
tiempo hay bastante; y primero
a solas te quiero hablar.30
INFANTA: Haced luego despejar
la sala; obediente espero.
Vanse los CRIADOS
REY: Ya tendrá clara noticia
de aquella ley tan tirana
que tuvo en Roma principio,35
dándole por nombre salia.
Ley que a las hembras prohibe
heredar, y que se guarda
con inviolable costumbre
en Sicilia como en Francia.40
¡Dura ley! ¡Pluguiera al cielo
que de sus duras palabras
salieran llamas veloces
que a su inventor abrasaran!
Pues no desmerecen, no,45
las valerosas hazañas
de las mujeres famosas
que las historias alaban.
El bárbaro no advertía
que varias historias hablan50
de mujeres valerosas
por las letras y las armas,
para no agraviar así
cuántas en valor igualan
a las pasadas ilustres55
mujeres. Si fue venganza,
bien lo ha mostrado su efecto,
que tanto su ser agravia.
Yo, pues, temiendo si acaso,
viendo tu madre preñada,60
pariese hija que diese
fin al reinar a mi casa;
porque siendo así, venían
a este reino y le heredaban
los hijos de un mi enemigo,65
que quiso por acechanzas
darme la muerte un mi hermano,
que huyendo de mi venganza
salió de Italia, previne,
según el caso importaba,70
escribanos y matronas
que diesen fe, pero falsa,
si importante. Llegó el día
en que viste al sol la cara;
murió tu madre del parto;75
partió a la región más alta.
Crïéte con el cuidado
que al grave caso importaba,
encomendado a la industria
vencer la suerte contraria.80
Los que sabían del caso
ya todos del mundo faltan,
y sólo en los dos consiste
del secreto la importancia.
Tan varonil te he crïado85
que en tus acciones se engaña
la propia naturaleza.
Hoy, pues que el reino te aguarda
para jurarte, he querido
saber si Amor, que a las plantas,90
a las aves y animales
rinde a su púrpura y nácar,
obligando con su fuego,
a ti te provoca y llama
al nombre de madre, y quieres95
serlo. Aquí me desengaña
porque yo lo diga al reino,
que convocado te aguarda,
y trate tu casamiento
en Italia o en España.100
Y si por el cetro olvidas
tu ser, imitando a tantas
que en más extraña clausura
y por menos esperanzas
viven, podrás, imitando105
la Semíramis bizarra,
dar leyes a aqueste reino
y dar contento a estas canas.
¿Qué me respondes?
INFANTA: Señor,
que si por ley heredaran110
hembras tu reino y que fuera
preciso que yo mostrara
serlo, el ser reina perdiera
por encubrir esta falta;
porque si aquella opinión115
de los filósofos de Asia,
que dicen que en otros cuerpos
suelen mudarse las almas,
fuera católica y firme,
justamente blasonara120
que el alma del griego Aquiles
mi experiencia gobernaba.
REY: ¿Qué más pudiera escuchar
si en Macedonia aguardara
esta respuesta Filipo125
de su Alejandro? Descansa
en mis brazos, hija mía.
INFANTA: Aun con los ecos me infamas;
olvida, señor, tal nombre,
si mi obediencia te agrada.130
REY: Mira si estimo tu brío,
pues que sirvas a las damas
te aconsejo.
INFANTA: Desde hoy,
otra Venus más gallarda,
sirvo a la hermosa duquesa135
de Montehermoso.
REY: Bien andas.
Sale un CRIADO
CRIADO: Ya está todo apercibido.
REY: Ven, príncipe.
INFANTA: Vamos.
CRIADO: ¡Plaza!
Vanse y salen ENRIQUE, galán, y CASTAñO su criado
CASTAÑO: Pienso que hemos de morir
en Sicilia desterrados,140
de dos diluvios cercados
para no poder salir.
ENRIQUE: Cércale el mar con espumas
y las montañas con fuego.
CASTAÑO: Que nos volvamos te ruego;145
que no es razón que presumas
del rey de Aragón, tu tío,
que ha de durar el enojo.
ENRIQUE: Por medio el vivir escojo
aquí.150
CASTAÑO: Gentil desvarío.
¿Dónde comen macarrones
quieres vivir?
ENRIQUE: Fuerza es,
pues procede como ves
de tan justas ocasiones.155
Yo soy segundo en mi casa
y tan pobre caballero,
que en vano de España espero
más favor.
CASTAÑO: Anduvo escasa
contigo, que yo también160
soy de mi casa el noveno.
ENRIQUE: De mi casa me enajeno
para buscar mayor bien.
Entre todos mis crïados,
por prudente y por leal,165
hice de ti más caudal
para fïar mis cuidados;
y pues está obligado,
agora mi intento advierte.
CASTAÑO: Cualquier fortuna divierte170
un ingenioso crïado.
(No se entienda que lo digo Aparte
por mí).
ENRIQUE: Pues, oye mi intento.
CASTAÑO: Sombra de tu movimiento175
he de ser.
ENRIQUE: Castaño, amigo,
ya sabes que me hospedó
en Nápoles con afable
término el gran condestable,
y la condesa me dió180
cartas para la duquesa,
su prima, en quien he hallado
tal favor.
CASTAÑO: Gentil bocado,
si no hubiera ley expresa
de que no hereden mujeres185
en Sicilia.
ENRIQUE: Sin que herede
a su hermano, hacerme puede
dichoso.
CASTAÑO: Di lo que quieres.
ENRIQUE: Tiene de por sí un estado
rico y, cual ves, pobre soy,190
y sé que a sus ojos doy
un apacible cuidado.
CASTAÑO: Pues sigue, señor, la empresa.
Pues te llama la Ocasión
a tan dulce pretensión,
solicita a la duquesa;195
que ya reviento por verme
en Italia señoría,
que aunque es común cortesía,
podré del “vos” defenderme.
ENRIQUE: Como te digo, me estima,200
y con pecho nada ingrato
me pidió ayer un retrato,
con que mi esperanza anima;
pero no sé de qué suerte
podrá a sus manos llegar.205
CASTAÑO: ¿Qué? ¿Te atreves a dudar
de aqueste ingenioso? Advierte.
Su hermano, el duqueso, está
enfermo, mas es cansera.
Dame el retrato y espera210
en la calle. Muestra acá
esos guantes. ¿No hay visita
de médicos?
ENRIQUE: Ya han entrado.
CASTAÑO: Pues médico soy, que el grado,
cualquiera lo solicita215
por dinero; en conclusión
todo médico me infundo
que tendrá en el otro mundo
su lugar junto a Lerón.
Y de su impiedad lo infiero220
pues, obediente a su voz,
viene el verdugo feroz
con la capa del barbero,
y sin moverse a piedad
de la dueña resfrïada,225
le da cinta colorada,
símbolo de la crueldad.
¡Oh, mal nacido Interés!
¡Lo que puedes ambicioso!
ENRIQUE: Pero mira, que hay celoso230
competidor.
CASTAÑO: ¿Y quién es?
ENRIQUE: El marqués.
CASTAÑO: Aunque murmure,
Yo me atrevo a asegurar
que ha de venir a enfermar
sólo porque yo le cure.235
Vete. Aguarda donde digo;
que aquí sale un pajezuelo.
ENRIQUE: Déte su favor el cielo.
Vase ENRIQUE
CASTAÑO: ¿Cómo en un campo enemigo,
sin que puedan agotallos,240
hay médicos Sacripantes
que matan dos mil infantes
y cuarenta mil caballos?
¿Pero cómo puede ser,
que habiendo caballería,245
le toque a la infantería?
Mas, ¿Quién ha de echar de ver
que en la batalla trabada
de albéitares y doctores
vienen a ser los mejores250
los que no curan de nada?
Sale DOMICIO, vejete
DOMICIO: (Que éste es médico barrunto). Aparte
CASTAÑO: ¿Quién son de la junta?
DOMICIO: Son
el doctor Julio Polión…
CASTAÑO: Por el número pregunto.255
DOMICIO: Cuatro son.
CASTAÑO: Pues avisad
que un médico forastero
quiere ver al duque.
DOMICIO: Espero
que os pagarán la amistad.
Su hermana, que al sol alegra,260
sale y la podéis hablar.
Vase DOMICIO y sale la DUQUESA
CASTAÑO: (Ya me muero por matar. Aparte
¡Oh, quien topara una suegra!)
Señora del alma mía,
¿puédote hablar?265
DUQUESA: Sí, Castaño.
CASTAÑO: Menos que con este engaño,
que la sospecha desvía,
fuera imposible el hablarte;
que éste es el vero retrato
de aquél que, a su patria ingrato,270
vive sólo de adorarte.
Médico soy contrahecho;
guárdese el que me creyere.
DUQUESA: Mientras el Duque estuviere
mal, será de provecho275
la industria.
CASTAÑO: Si importa así,
deja que una vez le cure,
para que el engaño dure
un siglo.
DUQUESA: Dichosa fui
en ver lograda mi fe280
en tu ingenio y tu señor.
CASTAÑO: Esclavo de este favor
soy; dime, ¿qué le diré
a Enrique?
DUQUESA: Que me ha envïado
prenda tal, que me contenta,285
y que corre por mi cuenta
agradecer su cuidado;
y que esta tarde me vea
porque tengo que tratar
con él.290
CASTAÑO: ¿Cómo te ha de hablar?
DUQUESA: Con aquesta carta sea,
que de mi prima he tenido,
y dirá vino en su pliego.
CASTAÑO: (¡Por Dios, que es diestra en el juego! Aparte295
¡Bien el caso ha prevenido!)
DUQUESA: Pues, vete, porque no demos
en casa que sospechar.
CASTAÑO: Primero he de visitar
al Duque; no nos fïemos300
de los que le están curando,
que nos le podrán matar.
DUQUESA: ¿Atreveráste a curar?
CASTAÑO: Muy presto.
DUQUESA: ¿Cómo?
CASTAÑO: Matando.
Vase CASTAÑO y queda la DUQUESA. Sale DOMICIO, vejete, muy alborotado
DOMICIO: Señora, la novedad305
encarezco, no el suceso.
DUQUESA: ¿Qué queréis decir en eso?
DOMICIO: Si importa la brevedad,
yo lo diré, que me precio
de compendioso.310
DUQUESA: Dejad
las arengas y abreviad;
que dais de prolijo en necio.
Decid a lo que venís.
DOMICIO: Pues, ¿es buñuelo?
DUQUESA: Es la muerte.
DOMICIO: El príncipe viene a verte.315
DUQUESA: ¿De ese modo lo decís?
DOMICIO: Pues, si me doy a entender,
¿es mal modo habl[ar] poesía
que has menester todo un día
para poderlo entender?320
DUQUESA: ¿El príncipe? Estoy turbada;
cosa es nueva.
DOMICIO: Causa tiene
la novedad. Hélo. Viene
el moro por la calzada.
Salen la INFANTA, que es el Príncipe, POMPEYO y CRIADOS
DUQUESA: Pues, ¿cómo, señor, el día325
en que estáis tan ocupado
y Sicilia os ha jurado
honráis la memoria mía?
Si lo hacéis por imitar
los césares que triunfaban,330
que con prudencia buscaban
ocasión con que templar
su gloria, imitando aquí
su estilo…
INFANTA: El de Roma quiero
saber, duquesa, primero,335
para saber si es así.
DUQUESA: Entre diversas naciones,
entre arneses abollados
de los bárbaros soldados,…
DOMICIO: Y entre sangrientos pendones,…340
DUQUESA: ¿Quién os mete en eso a vos?
DOMICIO: Sé mi poquito de historia.
DUQUESA: ¿De eso tenéis vanagloria?
DOMICIO: Mejor salud me dé Dios.
DUQUESA: Entre el imperial decoro345
y el aplauso popular,
saliendo el triunfo a gozar
en carros de perlas y oro,
que así a su lado llevaba,
virtud moral parecía,350
quien a voces repetía
las faltas de quien triunfaba;
porque si acaso cobrase
con el triunfo presunción,
tuviese luego ocasión355
con que la gloria templase.
INFANTA: Con fin diferente vengo,
duquesa, si bien se advierte;
pues en la gloria de verte
librado mi triunfo tengo.360
Y para tener en él
seguro el honor que gano,
vengo a que de vuestra mano
me adorne el verde laurel.
Decid que nos dejen solos.365
DOMICIO: ¿Y cerraré las ventanas?
INFANTA: Si en belleza son Dïanas,
serán en la luz Apolos,
y será bien los veamos
a su mismo resplandor.370
DOMICIO: (El trae nublados de amor. Aparte
Verálos un lince). Vamos.
Vanse [DOMICIO y POMPEYO]
INFANTA: Duquesa, el atrevimiento
victorias de amor adquiere,
que vemos que Amor se muere375
en su mismo alojamiento.
Ni terceros ni papeles
pide mi intento amoroso,
que en su efecto riguroso
serán, por tibios, crüeles.380
Vos sois divino sujeto
de mi amor, y no penséis
que en la libertad que veis
os he perdido el respeto;
que así a decirlo me obligo385
y es fuerza que lo sepáis.
Mejor es que lo entendáis
siendo Amor solo testigo.
DUQUESA: Agradecida al favor
quedo de vuestro cuidado,390
aunque habérmelo callado
hubiera sido mejor;
que en mí tal estado alcanza,
no obstante que sois mi rey,
que el parentesco y la ley,395
acorta vuestra esperanza;
y así os quiero suplicar
tiréis la rienda al deseo,
que os entrega por trofeo
a quien no os puede premiar.400
INFANTA: Tan resuelto llego a veros,
que miro en vuestro rigor
que nace de ajeno amor,
duquesa, no enterneceros.
DUQUESA: Injustamente culpáis405
cumplir con mi obligación.
INFANTA: Crece mi ardiente pasión
en ver que la desdeñáis.
Y como mi firme amor
en obligaros porfía,410
pediros, mi bien, querría
algún honesto favor;
no porque pueda obligaros
a imaginar que me amáis,
sino en señal que me dais415
licencia honesta de amaros.
DUQUESA: Que advirtáis ruego, señor,
lo mal que me puede estar.
INFANTA: ¿Un guante os ha de faltar?
DUQUESA: Pues, es batalla de honor.420
[La INFANTA] vale a tomar la mano y ve el retrato
INFANTA: ¿Retrato, y de hombre, duquesa?
¿Veis como no me engañé?
DUQUESA: ¿Qué importa, si yo no sé
quién es? (¡Oh, cuánto me pesa!) Aparte
Ayer al romano Apeles425
le pedí me retratase
y para muestras sacase
retratos de sus pinceles.
Tomé éste de los más bellos,
de una caja de retratos,430
para divertir a ratos
el pensamiento con ellos.
INFANTA: Duquesa, en amor no hay fuerza.
Si el vuestro ha sido trofeo
de las partes que en él veo,435
¿quién habrá que su ley tuerza?
Y así sólo me animo
a saber a quién amáis,
para que luego veáis
cuánto le amparo y estimo.440
No lo neguéis.
DUQUESA: Que es forzoso…
INFANTA: No tenéis por qué dudar;
bien me lo podéis contar.
Decid, que no estoy celoso.
DUQUESA: Don Enrique de Aragón,445
en cuyo apellido
se conoce que sus reyes
dan a su casa principio,
dejó a España con temores
del rey de Aragón, su tío,450
porque el valor y nobleza
tienen por premio el castigo.
Llegó a Nápoles, adonde
el condestable, mi tío,
le hospedó, y dándole cartas455
para mí, a Sicilia vino.
Diómelas, y de sus ojos
los rayos de fuego vivos,
lisonjeros del deseo,
hicieron guerra a los míos.460
Hallé de nuevo cuidado,
mi pensamiento vestido,
y en sus ojos y en su voz,
también vive el suyo escrito.
Ésta ha sido la ocasión,465
señor, de haber resistido
tu cuidado, porque él es
el dueño de mi albedrío.
Si es bizarro, ya lo veis;
si valiente, ya os la he dicho;470
pero entre todas sus partes
el ser discreto no afirmo,
pues a serlo contradice
estar tan favorecido.
INFANTA: Por la buena información475
que en vos y en su rostro miro,
disculpo nuestro rigor.
Ya a hacerle merced me animo;
que quiero que conozcáis
vos por él lo que os estimo.480
Envïádmele, duquesa,
para que esté en mi servicio.
DUQUESA: Bésoos los pies, gran señor;
pero pues que ya os he dicho
el dueño, dadme el retrato.485
INFANTA: Quiero ver si es parecido
al dueño; que los pinceles
suelen con mudo artificio
ser, acreditando engaños,
muerta lisonja de vivos.490
DUQUESA: (¡Que necia que hubiera andado Aparte
si le hubiera encarecido
sus partes a otra mujer!)
Sale DOMICIO
DOMICIO: Un español ha venido
con una carta.495
DUQUESA: Éste es.
Decid que entre.
Sale ENRIQUE
ENRIQUE: Ésta han traído
en mi pliego para vos.
DUQUESA: En mucho el cuidado estimo.
Llegad a besar la mano
al príncipe.500
De rodillas
ENRIQUE: Estoy corrido,
señor, de no conoceros
cuando a los remotos indios,
de vuestra rara belleza
llegan retratos divinos.
INFANTA: Alzad.505
ENRIQUE: Permitid que llegue
al suelo, soberbio y rico,
el favor de ser alfombra
de vuestros pies.
INFANTA: Bien me han dicho
vuestras partes. Levantad.510
Decid, ¿qué os ha parecido
de las damas de Sicilia?
¿Pueden ya las que habéis visto
competir con las de España?
ENRIQUE: Sin lisonjero artificio515
respondo, señor, que es tierra
imagen del paraíso
donde hay tales hermosuras.
Las demás del mundo admiro.
INFANTA: Si las hizo el cielo hermosas520
como a vos cortés os hizo,
no dudo que podrán ser
justa admiración del siglo.
Aparte [las dos]
(No finge nada el retrato,
duquesa).525
DUQUESA: (Bien lo acredito).
INFANTA: Pues, en Sicilia os halláis,
empleaos en mi servicio
y en mi cámara.
ENRIQUE: A esos pies
los labios humildes rindo;530
soy vuestra hechura.
INFANTA: Advertid
que desde agora sois mío.
DUQUESA: (Por la merced que me hacéis,
de nuevo el alma os obligo).
INFANTA: (Buen gusto tenéis, duquesa).535
DUQUESA: (Señor, pues que ya habéis visto
el original, volvedme
el retrato).
INFANTA: (No es tan tibio,
duquesa, el amor que os tengo
que, si os lo doy, no me obligo540
a que, volviéndooslo, hagan
los celos en mí su oficio).
DUQUESA: (Pues, al dueño os encomiendo).
INFANTA: (Que le haré merced os digo,
más que vos le deseáis).545
ENRIQUE: (Bien la Fortuna me quiso).
Vanse todos y salen el MARQUÉS y FABIO
FABIO: ¿En qué te puede ofender
el príncipe en visitarla?
MARQUÉS: ¿No es hombre? ¿No puede amarla?
¿No hay qué sentir ni temer?550
A no temer abrasada
el alma en mayores celos,
aumentará mis desvelos
esta ocasión no pensada.
FABIO: ¿Quién la puede pretender555
con igualdad?
MARQUÉS: No [me] impida
esa ocasión.
FABIO: En mi vida
vi tan servida mujer.
MARQUÉS: Fuerza es que mi amor publique,
pues ella la causa ordena.560
FABIO: Pues, da remedio a tu pena.
MARQUÉS: Para eso he llamado a Enrique.
FABIO: Pienso que debes temer
si es él que va a hablalla.
MARQUÉS: ¿Él había de ser? Calla,565
necio; aquí lo podrás ver.
Sale ENRIQUE
ENRIQUE: Estimo, señor marqués,
que de mí queráis serviros.
MARQUÉS: Antes quiero advertiros
que juzgo a gran interés570
saber que en Sicilia estáis;
que estimo que hayáis venido
porque ocasión haya sido
para que de mí os sirváis.
Conoced en mí un amigo,575
que tendrá ya por favor
serlo de vuestro valor,
por quien mi suerte bendigo.
ENRIQUE: Poco pudieran valer
mis partes a estar sin vos.580
FABIO: (Lisonjeros son los dos). Aparte
ENRIQUE: Pero en lo que puedo ser
de vuestro servicio, espero
que mandándome me honréis,
cierto de que en mí tendréis585
un amigo verdadero.
MARQUÉS: El estar bien informado
de vuestro valor me obliga
a que de mi pecho os diga
el más oculto cuidado,590
satisfecho que podéis
empeñar vuestro valor
en los negocios de honor.
ENRIQUE: Seguro decir podéis.
MARQUÉS: La duquesa…595
ENRIQUE: ¿Qué duquesa?
MARQUÉS: La hermana del duque Octavio.
ENRIQUE: (¿Yo soy autor de mi agravio? Aparte
¡Cielos!)
MARQUÉS: Parece que os pesa
de oír mis penas.
ENRIQUE: No es eso;
por ser mujer principal600
y decir que os paga mal,
que me ha pesado os confieso.
MARQUÉS: Habla por unos balcones
a un embozado; y si empeño
la vida, he de ver el dueño605
de tan locas pretensiones;
que a mi lado vuestra espada,
no temerá mi osadía
los fuegos que exhala y cría
esa montaña abrasada.610
ENRIQUE: Que os serviré, imaginad,
cuando la Ocasión lo pida.
MARQUÉS: Con el alma agradecida
reconozco esta amistad,
que árabes tesoros son615
corto premio a tanta fe.
Cuando importe, avisaré.
Vanse el MARQUÉS y FABIO
ENRIQUE: ¿Hay más grande confusión?
El lance de amor prevengo
más arduo de imaginar,620
pues he venido a ayudar
al competidor que tengo;
y que haya tan ciego abismo
que el más lince no lo entiende,
pues que contra mí pretende625
hallar favor en mí mismo;
y en iguales desvaríos,
aumentando mis desvelos,
iré confuso en sus celos,
y él irá ciego en los míos.630
Vase y salen el REY, la INFANTA y el MARQUÉS
REY: Hijo Carlos, ¿cómo vienes
de tanto gusto tan triste?
Alegre y bueno saliste.
¿De qué tal tristeza tienes?
Si sabes que son dos vidas635
las que padecen agravios,
mueve, príncipe, los labios
para que remedio pidas;
que de tu mudo callar
y la pena de tus ojos,640
creo que por darme enojos
no quieres, príncipe, hablar.
INFANTA: No sé mi mal os prometo;
pero si digo verdad,
conozco en la soledad645
menos dañoso el efeto.
MARQUÉS: ¿Y podrá causarte enfado
un acordado instrumento,
blanda lisonja del viento?
INFANTA: Mucho, aunque venga templado,650
y aun húrtase el armonía
entre compases diversos
a los dulcísimos versos
que Mantua escuchó algún día.
MARQUÉS: Siéntate.655
INFANTA: No me consueles.
MARQUÉS: Medicina sea a tu mal
este rompido cristal
que va animando claveles.
Mira aqueste margen frío
donde salen rosas juntas,660
al sol coronando en puntas,
para volver el rocío.
Mira entre flores y peñas…
INFANTA: Marqués, basta, que ya infiero
que soy huésped extranjero665
a quien el jardín enseñas.
Del dueño has de presumir,
cuando te llegue a escuchar,
licencia para admirar
pero no para advertir.670
¿Tú piensas que puede haber
en término tan sucinto,
flor en algún laberinto
que se me pueda esconder?
Pues, ¿por qué en discurso varios675
me pintas flores y peñas?
Que lisonjero te enseñas,
o te precias de herbolario.
Soledad busca mi pena;
vete.680
MARQUÉS: ¡Gran melancolía!
REY: Pues de su mal la porfía
las potencias le enajena,
vengan médicos que vean
al príncipe; su remedio
traten, aplicando un medio.685
INFANTA: Los que mi salud desean,
sé que han de ignorar mi mal
y aplicar remedios vanos,
que no vieron los humanos
jamás otro mal igual;690
mas si vos de eso gustáis,
vengan médicos, señor.
MARQUÉS: Con opinión del mejor,
que es bien que le conozcáis,
cura un médico español695
al duque de Montehermoso,
por sus letras más famoso
que por su eclíptica el sol.
REY: Pues, vámoslos a buscar,
porque de su salud traten700
Vanse los dos
INFANTA: ¡Qué de penas me combaten!
Cielos, ¿en qué han de parar?
¿Qué es esto, Fortuna mía?
¿Dónde me llevas así
con tan loco frenesí705
que de mi ser me desvía?
No me acabe tu porfía
en tan confuso penar;
da a mi remedio lugar
y pues que nunca estás queda,710
dame lugar en tu rueda
por tener qué derribar.
¿Qué mal no podrá tener
quien de [t]í su bien espera?
Si así te mueve ligera715
un niño y una mujer,
¡ay de mí!, que vengo a ser
en el sufrir sin hablar…
¡Fuera! Mas bien es penar
y que tienen advertir,720
mudar, razón de sufrir,
y yo, razón de callar.
Salen el REY, el MARQUÉS, CASTAÑO, de médico, y otros dos MÉDICOS y ENRIQUE
REY: Príncipe, en humanos medios
libra el cielo la salud,
y es cuerda solicitud725
valerse de sus remedios.
Los médicos alcanzaron,
llenos de docta experiencia,
los provechos de esta ciencia.
INFANTA: Dices bien. Los que estudiaron…730
Aparte [los dos]
ENRIQUE: (¿Hay suceso semejante?
Bárbaro, ¿en qué me has metido?)
CASTAÑO: (¿Qué he de hacer, si me han traído?)
ENRIQUE: (Si eres un bruto ignorante,
¿qué respuestas puedes dar735
con que tu engaño autorices?)
CASTAÑO: (Pues, si por eso lo dices,
muy pocos saben curar).
ENRIQUE: (Si al primer intento mío,
pudiste ser de provecho,740
agora en mayor estrecho
de remedio desconfío).
Los MÉDICOS dicen aparte
MÉDICO 1: (Agora es bien que mostremos
nuestro cuidado en saber
su mal.)745
MÉDICO 2: (Darálo a entender,
si él calla, el pulso.)
MÉDICO 1: (Lleguemos.)
¿Qué siente su alteza? ¿Tiene
su estómago alborotado
de alguna cosa?
INFANTA: (¡Qué enfado Aparte
este necio a darme viene!)750
MÉDICO 1: ¿Ha tenido algún disgusto?
INFANTA: Nada siento.
MÉDICO 2: Pues, veamos
el pulso.
CASTAÑO: Siempre curamos
los españoles al gusto
del enfermo.755
MÉDICO 2: No hay señal
de fiebre.
CASTAÑO: La curación
es difícil. El pulmón
tiene extrañez. Tiene igual
todo vital nutrimento.
MARQUÉS: ¡Es notable su agudeza!760
CASTAÑO: Déme el pulso, vuestra alteza.
Sí, ha habido algún corrimiento
de humor vaporoso. Tiene
lánguida sofocación.
Dice el un MÉDICO [aparte] al otro
MÉDICO 1: ¿Éstos, los médicos son765
de España?
CASTAÑO: Templar conviene
las médulas. ¿Hay orina?
Mas no será menester.
Aquí es menester hacer
consulta la medicina;770
retirémonos allí.
Retírase con los MÉDICOS y dicen aparte
Señores, ¿qué les parece?
MÉDICO 1: Por lo que el pulso me ofrece
y las señales que vi,
su enfermedad se compone775
de ojo maligno, y es llano
según lo escribe Elïano,
libro de Fascinacione;
y esto se deja inferir
por ser tanta la hermosura780
del príncipe.
MÉDICO 2: Gran locura
es quererme persuadir
que sea ojo, que Avicena,
si tales señales veía,
daba por melancolía785
aquel mal; que aquella pena
tan profunda está fundada
en abundancia de humor.
¿Qué dice el señor doctor?
CASTAÑO: Que entrambos no dicen nada.790
Vos nescitis quid petatis.
Este mal se llama en griego
cacatritutos, y es ciego
quien no lo ve.
MÉDICO 1: Satis, satis.
Doctor, la consulta espere,
pero no se ha de alegar
más en griego.795
CASTAÑO: Yo he de hablar
en lo que mi Dios quisiere;
y hablaré sin ceremonia
turco, armenio y persa yo,
y en cuantas lenguas oyó
la torre de Babilonia800
porque los buenos doctores
algo han de saber en griego
[. . . . . . . . . . . . . .]
por ser lengua de aguadores
y lacayos.805
MÉDICO 2: Yo me rijo
en esto por Avicena.
CASTAÑO: Ave como o ave cena,
no supo lo que se dijo.
MÉDICO 1: La misma opinión verás
en Hipócrates divino.810
CASTAÑO: Confieso que bebo vino,
pero n[o] vino hipocrás.
MÉDICO 2: Diga autoridad alguna.
CASTAÑO: Gatatumba lo afirmó,
que es un autor que escribió815
sobre la sarna perruna
cien libros; y Galfarrones,
autor que en España vive.
MÉDICO 1: ¿De qué enfermedad escribe?
CASTAÑO: De la tos y sabañones.820
Y acredita la opinión
de los autores que alego,
que está su doctrina en griego.
¡Aprended, ignorantón!
MÉDICO 1: Vuestra merced ha alegado825
autores sin opinión.
CASTAÑO: Físicos modernos son.
MARQUÉS: A los dos ha barajado.
Mire vuestra majestad
si sabe.830
REY: De la consulta
aguardo lo que resulta.
MARQUÉS: Tiene gran profundidad.
[A los MÉDICOS]
El rey la consulta espera.
MÉDICO 1: ¿Vuesamerced se conforme
con mi opinión?835
MÉDICO 2: Pues, informe
al rey.
CASTAÑO: ¡Qué gentil zorrera!
MÉDICO 1: Señor, el príncipe está
aojado, que su belleza
da la ocasión.
INFANTA: (¡Qué simpleza!) Aparte
REY: Pues, ¿qué remedio tendrá840
su mal?
MÉDICO 1: Fácil y seguro:
tome, si agora se alienta,
sahumerios.
CASTAÑO: No por mi cuenta,
médico silvestre y duro.
¿Dijera más un barbero845
ni una comadre? Señor,
la enfermedad es mayor,
y este remedio es grosero.
[Aparte los dos]
ENRIQUE: (Bárbaro, ¿qué es lo que intentas?
¿Quieres ponerme a peligro850
de la vida?)
CASTAÑO: (¿Y no es mayor
el de los dos mediquillos?
Déjame y verás milagros.)
Licencia para hablar pido
al príncipe a solas.855
REY: Llega.
Llégase a la INFANTA
CASTAÑO: Por las señales que he visto
en tu rostro y la inquietud
de tu pulso…
INFANTA: Habla.
CASTAÑO: Digo
que es tu enfermedad amor,
o yo quemaré mis libros860
aunque he de quemar muy pocos.
(Seguramente me han dicho Aparte
su mal porque a la duquesa
miraba tan a lo niño,
que le descubriera el fuego865
cualquier doctor invernizo).
INFANTA: No puedo negar que aciertas,
porque amor la causa ha sido,
que el pensamiento atormenta
y que turba mis sentidos;870
mas, ¿qué remedio tendrá
cuando a un imposible aspiro?
CASTAÑO: ¿Cómo imposible, señor?
¿Adoras algún prodigio?
¿No es mujer? Dile tu pena.875
Si hay galanes, si hay maridos,
hazlos ahorcar a todos,
que amor no tiene delitos.
Habla al dueño. Di tu pena
a estas fuentes, a estos lirios.880
INFANTA: (Ojos, ya lo estáis mirando, Aparte
mas no lo digáis os pido).
CASTAÑO: En los negocios de amor,
en cuñados y sobrinos,
suele cometer un gato885
siete u ocho gatifinios.
INFANTA: Tu remedio es importante,
y en fe de lo que le estimo
y me ha aprovechado, toma
esta cadena.890
CASTAÑO: Reclino
en tu cordobán mis labios.
Dice un MÉDICO al otro
MÉDICO 2: ¿Qué vano embuste le dijo
este español que le premia?
MÉDICO 1: ¿Agora veis que en el siglo
se premian los embusteros?895
Vanamente hemos perdido
el tiempo en estudios vanos,
que ya mercedes y oficios
huyen virtudes y letras
como si fueran delitos.900
Vanse [los dos]
REY: Grande hombre es el español,
pues tan diferente miro
al príncipe.
INFANTA: ¿Oyes, Enrique?
Esta tarde determino
ir a ver a la duquesa,905
y para que vais conmigo,
os prevengo.
MARQUÉS: Mejor fuera
te dieras al ejercicio
de la caza en esos sotos.
INFANTA: Dueño soy de mi albedrío,910
marqués.
MARQUÉS: (Yo me abraso en celos). Aparte
REY: Príncipe, ven.
Vanse entrando
ENRIQUE: ¿Qué le has dicho
que quiere ver la duquesa?
CASTAÑO: Pues, ¿faltará otro aforismo
para quitarle el amor?915
Los doctores tan peritos
como yo con un remedio
hacemos cuatro caminos;
que, como damos a bulto
las recetas, nos servimos920
para cámaras, y pujo
siempre de un récipe mismo.
