Amazonas en las Indias — Jornada I

AMAZONAS EN LAS INDIAS

Tirso de Molina
(Gabriel Téllez)

Esta edición electrónica de AMAZONAS EN LAS INDIAS fue preparada por Vern Williamsen en 1998 para incluirse en esta colección. AMAZONAS EN LAS INDIAS se publicó por primera vez en la CUARTA PARTE DE LAS COMEDIAS DEL MAESTRO TIRSO DE MOLINA (Madrid, María de Quiñones, 1635), que es la edición que tomamos como base para fijar nuestro texto con el apoyo de varias ediciones modernas. La edición príncipe, cuyo texto está bien conservado, es la fuente última, directa o indirecta, de todas las ediciones posteriores. Nuestro texto regulariza las indicaciones de personajes que hablan y su disposición gráfica, resuelve las abreviaturas y moderniza la puntuación y las grafías siempre que no tengan relevancia fonética. Cualquier añadido o enmienda al texto de la príncipe va entre corchetes.


Personas que hablan en ella:

  • MENALIPE
  • MARTESIA
  • GONZALO Pizarro
  • Francisco de CARAVAJAL
  • Don DIEGO de Almagro
  • Don GARCÍA de Alvarado
  • TRIGUEROS, gracioso
  • Juan VALSA, soldado
  • VACA de Castro
  • ALONSO de Alvarado
  • Doña FRANCISCA Pizarro
  • El Capitán ALMENDRAS
  • HINOJOSA
  • Cuatro SOLDADOS

JORNADA PRIMERA


Tocan a guerra y salen peleando MENALIPE, MARTESIA y otras Amazonas; la primera con hacha de armas, la otra con un bastón y todas con arcos y aljabas de flechas a las espaldas, y contra ellas españoles bizarros, entre los cuales salen Francisco CARAVAJAL y GONZALO Pizarro; llena éste la rodela de flechas, y retirando a MENALIPE, sin sacar la espada, van peleando entrando y saliendo, hasta que quedan solos don GONZALO y MENALIPE
MENALIPE: Matadme estas arpías
que con presencia humana,
el privilegio a nuestra patria quiebran;
no pierdan nuestros días5
la integridad antigua, aunque inhumana,
que ilustran tantos siglos y celebran.
No estas arenas pisen
plantas lascivas de hombres,
que, obscureciendo nuestros castos nombres,10
cobardes por el mundo nos avisen
que no sabemos abatir coronas.
¡A ellos, invencibles amazonas!
MARTESIA: ¿Qué importa el animarnos?
¿El dar voces, qué importa,15
si en ellos ni el hacha de armas corta,
ni las flechas victoria pueden darnos?
Pues con poblar esas regiones sumas
–temblando el sol de verlas–
el ánimo perdernos con perderlas20
y adornando sus galas,
en vez de darles muerte les dan alas.
GONZALO: ¡Oh, región belicosa!
¡Oh, sol, que en el ocaso donde mueres,
por guarda de tu pira luminosa25
influyes tal valor en las mujeres!
¿Qué prodigio, qué encanto
en pechos femeniles puede tanto?
Las fábulas que en Grecia
Alejandro–por ser de Homero–precia,30
a Palas eternizan,
a Tomiris pirámides levantan
y a la madre de Nino solemnizan,
mienten–por más que sus historias cantan–
si con éstas se atreven35
a competir–por mas valor que prueben–.
¡Que en los límites últimos del orbe,
armada la hermosura
nuestro valor estorbe,
y en trance de tan bélica fortuna40
nos ponga una república, que, sola
sin admitir varones,
forma del sexo frágil escuadrones
y se atreve a sacar sangre española!
Aquí naturaleza45
el orden ha alterado,
que por el orbe todo ha conservado,
pues las hazañas junta a la belleza.
¡Vive, pues, mi valor el cielo vive,
que, aunque a sus manos muera,50
no he de sacar la espada que apercibe
a la infamia ocasión, si sale fuera
y en sangre femenil su temple esmalta;
supla el esfuerzo, si el acero falta!
MENALIPE: Hombre, ¿por qué no miras55
mortales amenazas de mis iras?
¿Por qué si te defiendes,
la espada ociosa, mi valor ofendes?
A furia me provoco,
o me tienes en poco60
o ya desesperado
a mis manos morir quieres honrado.
GONZALO: Armígera Belona,
los que nacieron como yo al respeto
que la fama corona65
obligados, y estiman el conceto
en que el valor los pone,
adoran las bellezas;
y por más que ocasione
el peligro su enojo, las noblezas70
en defender las damas se ejercitan
y en fe de esto su amparo solicitan.
Amarlas y servirlas
es sólo mi blasón, pero no herirlas.
MENALIPE: ¿Agora cortesías?75
¡Qué mal conoces presunciones mías,
si juzgas por favor estos rigores!
Aguarda y llenaréte de favores.
Dale un golpe
GONZALO: Bizarro aliento, airosa valentía,
feliz región que prodigiosa cría80
en tan remota parte
a Venus tierna, transformada en Marte.
La industria, esta vez sola,
sin armas ofensivas
acredite mi sangre, que, española,85
refrenando las manos vengativas
sabe, sin ofender tales bellezas,
vencer peligros y lograr destrezas.
Vanse, retirando don GONZALO de MENALIPE, sin sacar la espada. Salen CARAVAJAL y MARTESIA, peleando
MARTESIA: No tengo de matarte aunque pudiera;
que si lo apeteciera,90
aunque su esfuerzo en ti depositara
cuanto vigor, aliento, bizarría,
tu heroica sangre cría;
aunque Alcides en ti resucitara
su espíritu gigante,95
aquél en cuyos hombros
eternizando asombros
pedestal de los cielos con Atlante
fió su alivio en ellos,
hay mas valor en mí, que en todos ellos.100
CARAVAJAL: ¿En qué anales, archivos o memorias
has aprendido historias,
si en tan remoto clima
–¡oh, bárbara arrogante, toda enigma!–
no hay quien saber presuma105
los útiles desvelos de la pluma?
¿Cómo hablas el idioma
que España, por sus ruinas, ferió a Roma?
¿Quién te enseñó el estilo
de la elocuente lengua castellana?110
Que, puesto que hasta el Nilo
haya llegado y a la zona indiana
preceptos elegantes,
aquí, no, que hasta agora
el mundo todo este girón ignora.115
MARTESIA: Dudas discreto; pero no te espantes
que tal divinidad mi pecho encierra
que oráculo soy, pasmo de esta tierra.
Los hombres y los brutos
veneran mis preceptos absolutos;120
los tigres, los leones,
sierpes y basiliscos,
habitadores de esos arduos riscos,
vendrán–si los convoco–en escuadrones;
las islas animadas125
promontorios de escamas y de espinas,
–ballenas digo–de mi voz forzadas
cubrirán esas olas cristalinas,
y desde ellas poblando estas arenas
alistaré caimanes y ballenas.130
No están de mis conjuros,
los astros, los planetas, tan seguros,
que, si los doy un grito,
no truequen por mis plantas su distrito.
Escalas pongo al cielo;135
sobre los vientos vuelo
y a imitación del sol–que al Indio admira-
mi agilidad–como él–los orbes gira.
¿Espantaráte agora,
si esto te certifica la experiencia,140
que quien registra cuanto su luz dora
tenga noticia de cualquiera ciencia,
y hablando en todas lenguas, tus vocablos
pronuncie?
CARAVAJAL: Calepino sois de diablos;
mejor labráis en hablas que en la aguja.145
Mas ¿cómo no sois vieja siendo bruja?
MARTESIA: Francisco, tu valor…
CARAVAJAL: ¿También mi nombre?
MARTESIA: Caravajal, tu patria te intitula
tu valor, pues me hechiza, no te asombre
si vieres que mi amor por él te adula.150
Sé las hazañas grandes
que en Navarra, Milán, Sajonia y Flandes
sirviendo al quinto Carlos te eternizan;
cuando lo hechizo todo éstas me hechizan.
Las paces sé de Europa,155
y por ser tu profesión la guerra
el Mar del Norte favorable en popa,
nuevos orbes te ofrece, nueva tierra,
y los tales del Sur atropellando,
fama, más que metales, vas buscando.160
Quédate aquí, serás mi esposo y dueño;
haré por causa tuya,
que la ley rigorosa se destruya
de esta región, y su infecundo empeño.
Gozarán, por mi amor, las amazonas165
el tálamo, hasta agora aborrecido;
sepultará crueldades el olvido.
El cuello rendirán las amazonas
al apacible imperio,
de Amor. que hasta aquí fué su vituperio.170
Todo esto cesará, si satisfaces
los castos deseos míos;
eterna paz tendrás, si estimas paces;
si guerra anhelan tus bizarros bríos
canoas y piraguas175
te cubrirán las fugitivas aguas
de ese jayán monarca de los ríos;
conquistaránte en ellas
provincias comarcanas,
ejércitos armados, de doncellas,180
tan exentas de amor cuanto inhumanas.
La reina y yo, español, somos hermanas.
Ella el título goza solamente,
yo, el uso y el gobierno.
Francisco, la ocasión logra, presente.185
CARAVAJAL: Señora comisaria del infierno,
no acepto matrimonios
en que entran a la parte los demonios.
Vuesa merced predique
esa secta en Marruecos, o en Mastrique190
y defiéndase agora,
trayendo contra mí diablos de esgrima,
veremos si con ellos me enamora.
MARTESIA: Pues guárdate de dar la vuelta a Lima;
que por crüel y a mis suspiros falso195
perderás la cabeza en un cadalso.
CARAVAJAL: Desdorara su fama si no fuera
su oficio bruja, fondo en agorera.
Haga, para escaparse, algún conjuro;
que ni presagios creo,200
ni me asombran peligros que no veo,
ni los diablos alcanzan lo futuro.
MARTESIA: ¡Oh, loco presumido!
¿Luego imaginas de la oferta mía
que en lugar de afición es cobardía?205
Aguarda, pues, grosero, inadvertido.
CARAVAJAL: Bruja tahur, con brindis de marido
Pelean
probad de estos requiebros si soy tierno
que yo os daré despachos al infierno.
Vanse CARAVAJAL y MARTESIA. Salen don GONZALO, defendiéndose con una mano herida, y MENALIPE peleando con él
MENALIPE: Acaba ya de rendirte210
pues rehusas ofenderme.
GONZALO: Ardides han de valerme
cansado de resistirte.
La rodela al pecho cierra con MENALIPE y quítala las armas
MENALIPE: ¿Qué haces, hombre?
GONZALO: Desarmarte
de superfluos instrumentos.215
¿De qué sirven los violentos
si puedes aprovecharte
de esos ojos soberanos,
que, apacibles homicidas,
abrasando, quitan vidas,220
victoriosos, quitan manos?
Hacha de armas ¿para qué,
si en vez de hachas, miro en ellos
dos soles de incendios bellos
en que, Fénix, me abrasé?225
Para que triunfes de España
las flechas y el arco deja.
¿No es arco en ti cada ceja?
¿No es arpón cada pestaña?
Ése de azabache bello230
monte, que mi asombro alaba,
¿de rayos no es una aljaba?
¿No es flecha cada cabello?
¿Pues qué mas armas pretendes,
si en fuego y nieve deshecho,235
lo que hielas con el pecho
con las mejillas enciendes?
Enfrena severidades,
pues que con armas prohibidas,
cuando das al deseo vidas240
das muerte a las libertades.
MENALIPE: Si supieras cuán de acero
tengo el alma, que hasta agora
mentiras de amor ignora,
no engañaras lisonjero.245
Palabras desaprovechas,
saca la macana oculta
y con ella me consulta
tu amor, que si anda con flechas
el que vuestra España os pinta,250
para engañar simples damas
sin que temamos sus llamas,
nuestra profesión distinta
por Dios adora al desdén.
Pues si en contrarios extremos255
a los hombres nos comemos,
¿cómo los querremos bien?
Carne humana es el manjar
que alimenta nuestra vida.
Pero–¿de sangre teñida260
la mano?–me haces dudar
que estás herido.
GONZALO: El amor
que en las venas predomina
por ésta el alma encamina
para admirar tu valor.265
Y en fe de ser más que humano
rindiéndote estos despojos,
no contenta con los ojos,
te sale a ver por la mano.
MENALIPe: Ponte en ella este listón270
con que restañarlía puedas,
que, a falta de vuestras sedas
las teje acá el algodón.
Dásele
GONZALO: Mucho de mi tierra sabes.
MENALIPE: Menos quisiera saber275
de ti, para no temer
la pérdida de las llaves
de un pecho, hasta aquí diamante.
¡Ay, Gonzalo! Meses ha
que en él retratada está280
tu imagen, tan semejante
en las llamas que encendí,
que no añadió novedad
tu vista en mi voluntad
cuando amor te trujo aquí.285
Quise refrenar ardores
de mis ciegos desatinos,
tan nuevos y peregrinos
como lo son los temores;
por eso salí a ofenderte,290
si bien, cuando peleaba
cada golpe que te daba
era para mí de muerte.
Defendístete sin armas;
mas ¿para qué las querías295
si hechiceras cortesías
tienes, con que me desarmas?
Muda el nombre a mi rigor;
llámale amantes extremos,
pues que los dos padecemos300
tú la herida y yo el dolor;
y escucha, porque te asombre
la noticia que tu fama
por estos orbes derrama.
Sabrás como sé tu nombre,305
tu patria, tu nacimiento,
tus aventuras extrañas,
el triunfo de tus hazañas,
y valor; estáme atento.
Más ha de trescientos siglos310
que de las Scitias remotas,
la Asiática y la Europea,
salieron de la Europa
a apoderarse de la Asia
las naciones belicosas315
de cuyos troncos y líneas,
si no ramas, somos hojas.
Despoblaron por la guerra
los varones, las montuosas
provincias que baña el Tanais320
y el Termodonte corona.
Sin hombres, pues, nuestra patria,
quedaron en su custodia
las mujeres, bien seguras
de que ajenas plantas pongan325
en sus límites sus sellos,
porque a la fama le consta
que sólo distinguió el sexo
sus hombres de sus matronas.
Aquéllos, pues, divididos330
por el Asia en varias copias,
sujetaron desde Armenia
hasta la India y sus aromas
cuantas naciones osaron
resistirse a las heroicas335
violencias de su milicia,
tiranizando coronas
y despoblando ciudades,
siendo contra sus victorias
lo que a las llamas la cera,340
las Menfis y Babilonias.
Señores ya del oriente
pacíficos en su zona,
y felices sus conquistas,
quisieron que sus esposas345
presentes participasen
delicias que no se gozan
mientras, distintas las almas,
la unidad no las conforma.
Envïaron a traerlas350
un ejército–en la flota
al Archipiélago hurtaron
que llena de presas y joyas,
y el mar con ellos humilde,
que tal vez hacen lisonjas355
a la dicha y la fortuna
como a los hombres las olas–
tomaron tierra en su patria,
poblándose nuestras costas
de arrogancias y laureles360
al son de cajas y trompas.
Pero, como acostumbradas
las mujeres, por sí solas
al imperio de su gusto,
exentas de las argollas365
que anudó naturaleza
al cuello frágil que doman
opresiones varoniles,
–pues si alegran, aprisionan–
por no asegundar coyundas370
rebeldes las armas toman,
soberbias al campo salen,
valientes el parche tocan,
horribles los arcos flechan,
resueltas dardos arrojan,375
ingratas su sangre asaltan
bárbaras sus dueños postran,
crüeles escuadras turban,
diestras desbaratan tropas,
hambrientas cuerpos derriban,380
severas miembros destrozan;
y en breve tiempo, verdugos
de su carne y gente propia,
viudas por sus manos mesmas,
triunfando a su casa tornan.385
Erigen, después, un templo
a la crueldad, y por diosa
libando la sangre humana
con sacrificios la adoran,
estableciendo preceptos,390
–que hasta hoy ninguna deroga–
de no admitir en sus tierras
hombre que sus leyes rompa
y su libertad oprima.
Sólo en los meses que adorna395
de flor Amaltea los campos
y el sol al Géminis dora,
de la nación más cercana
tantos varones convocan
cuantos basten a suplir400
las que la muerte nos roba,
sucediéndolas fecundos
individuos, que antepongan
al gusto la libertad,
siempre en los nobles preciosa.405
Los que mujeres no nacen
desde el pecho a las congojas,
desde la cuna a las aras,
desde la luz a las sombras,
siendo su madre el ministro,410
filos al acero embota,
y al simulacro dedica
blanca sangre en leche roja.
Pero, la que sale a luz
hembra feliz, alboroza415
con regocijos el pueblo,
conduciéndola la pompa
festiva, al templo y sus aras,
donde la queman, o cortan
el pecho izquierdo, que al arco420
el noble ejercicio estorba.
Creció a número infinito
la república matrona;
que la templanza en la Venus
mas fértiles frutos logra.425
Y conquistando provincias
comarcanas, las remotas,
siempre invencibles debelan,
hasta que el solio colocan
de su imperio formidable430
en la ciudad, que ambiciosa,
al orbe leyes impuso
y el cielo escalar blasona.
Si antigüedades leíste
–¡oh gran Pizarro!–no ignoras435
que ocuparon sus laureles
tantos reinos como historias.
Lampridia y Martesia, reinas
hicieron temblar a Europa,
Orisia y Pantasilea440
aseguraron a Troya,
que no llorara cenizas
viviendo ella, si patrona
de Aquiles, que la dió muerte,
no fuera la ciega diosa.445
Ésta, que de la hacha de armas
y la rodela inventora
fué, vinculó en Menalipe
hazañas que a Grecia asombran;
pues abrasando el milagro450
que Epheso a Cintia invoca
en oprobio de los griegos
dió llantos al Asia toda.
Monarca del orbe, en fin,
triunfaban las amazonas,455
cuando en Atenas Teseo
les obscureció victorias,
venciéndolas su fortuna
–no sus fuerzas, que envidiosas
hasta hoy tiemblan las esferas460
que en sus luces los pies pongan–.
Armáronse a la venganza
las que en Scitia belicosas
quedaron, y al elemento
de sal, una armada arrojan465
de innumerables preñeces;
pero enojándose el Bóreas
de que le surquen sus quillas,
riscos de cristal abordan
por todas partes los leños470
donde oprimidos zozobran,
porque en túmulos de vidrio
celebre el valor sus honras.
Las reliquias derrotadas
sin que aproveche la sonda,475
sin que el timón obedezca
ni el arte velas recoja,
siguen incógnitos rumbos,
y sin saber su derrota,
piélagos un mes naufragan,480
hasta que al fin los emboca
por ese monstruo de ríos,
ese hidrópico que agota
pecheras inmensidades
que pródigo al mar otorga.485
Cincuenta leguas de anchura
le miden entrambas costas,
cuando besa los umbrales
de las océanas ondas.
Venciendo, pues, con la industria490
las Argonautas heroicas
horribles dificultades,
guían las brumadas proas
trescientas leguas arriba,
hasta la ribera hermosa495
de esta provincia que, oculta,
les feria el puerto que toman.
Fundan pueblos, labran campos,
república y reino forman
y prosiguiendo sus leyes,500
ínclitas progenitoras
fueron nuestras, conquistando
sus descendientes famosas,
cuantas naciones vecinas
sus montes y valles moran.505
Ésta es mi antigua ascendencia;
en mis sienes su corona
veneraciones conserva.
Quien a Menalipe nombra,
que es mi fatal apellido,510
la rodilla al suelo postra,
y como a casi deidad
pone en la arena su boca.
Martesia, sacerdotisa
y mi hermana, prodigiosa515
en las armas y en las ciencias,
la diadema de éstas goza,
tan sabia, que si conjura
esas aguas, esas rocas,
esos frutos, esas plantas520
los fuerza a que la respondan
y avisen de cuanto pasa,
desde la adusta Etïopia,
hasta la helada Noruega,
que el sol seis meses ignora.525
Ésta, pues, diversas veces,
de la nación española
ponderándome noticias
y refiriéndome historias,
me avisó de tus hazañas,530
tu prosapia generosa;
el valor de tus hermanos,
las conquistas que los nombran,
si en guerras de Italia Aquiles,
Alejandros de la zona,535
que, dándoles otro mundo,
su globo por medio corta.
Sé del marqués don Francisco
las hazañas peligrosas,
la constancia en los trabajos540
el celo a la ley que adora,
la lealtad para sus reyes
y que a sus plantas les postra
mil leguas, todas de plata
y un océano de aljófar.545
Sé que en España la envidia
bárbaramente aprisiona
al ínclito don Fernando
–¡que así se premian victorias!–
después de haber defendido550
seis meses de inmensas copias
la imperial ciudad del Cuzco,
a pesar de la ponzoña
de la hidra desleal
cuyas cabezas destronca.555
Sé, en fin, que buscando
fama vienes, español, agora,
en nuestro descubrimiento
y de las plantas preciosas
que la canela tributan,560
y por estas tierras toscas,
a las que el Maluco esquilma
imitan en flor y en hojas.
Aquellos doce desvelos
que las fábulas pregonan565
de Alcides, son, con los tuyos,
lo que en el sol es la sombra;
celebraránlos las plumas,
serán al mundo notorias
y a eternas posteridades570
darán materias gloriosas,
si en esta región te quedas,
si el paso atrás no revocas,
como a mi amor satisfagas,
como a mi fe correspondas;575
pues si al Perú das la vuelta
riesgos mortales convocan
la deslealtad y la envidia
que a tus virtudes se opongan.
Llevóte el falso pariente580
el bajel, tesoro y ropa,
¿sin él como vencerás,
cuando por los montes rompas
imposibles formidables,
ya en la tierra, ya en las olas,585
de ese casi mar inmenso?
Admíteme por tu esposa;
derogaránse mis leyes,
juzgaránse venturosas
a tus pies, estas provincias;590
diamantes que al sol se opongan
te rendirán esos cerros;
perlas, almas de sus conchas,
a montes la plata pura;
el oro a cargas que brotan595
esos ríos, esas fuentes;
esmeraldas, pluma, aromas,
y un alma nunca rendida
que dueño te reconozca.
GONZALO: A la obligación que labras600
en mi agradecido pecho,
para quedar satisfecho
no he de pagarte en palabras.
Querrá el cielo que algún día
me desempeñen las obras;605
y, entretanto que no cobras,
serás acreedora mía.
De los quinientos soldados
que leales me siguieron,
más de doscientos murieron610
en guerras y en despoblados.
De cuatro mil indios dejo
cadáveres la mitad;
llámame la mucha edad
del marqués, que solo y viejo,615
entre envidiosos y extraños,
necesita mi presencia,
porque mal, sin mi asistencia,
podrá reprimir engaños.
De codicias y ambiciones,620
mi hermano en España preso,
si sucede algún exceso,
culparán mis dilaciones.
El capitan Orellana
con mi bergantín se alzó625
y desnudos nos dejó.
¡Deslealtad torpe y villana!
No llevará bien mi gente,
si tus finezas admito,
el no dar la vuelta a Quito.630
Seis meses he estado ausente;
dejaron sus prendas caras
hijos y esposas en ella,
juzga tú, amazona bella,
cuando de mi te apartaras635
y mi amada esposa fueras
para no volverme a ver,
¿qué extremos habías de hacer,
qué pesares padecieras?
Para casarme contigo640
eres de contraria ley;
vengo en nombre de mi rey,
leal sus órdenes sigo.
Esta bélica región
por dueño suyo te adora;645
si te doy la mano agora
tendrá la envidia ocasión
de afirmar que me levanto,
contra mi rey, con la tierra.
La lealtad que en mí se encierra650
es de suerte, obliga a tanto,
que a tu afición contradice;
porque la honra y su interés
no estriba tanto en lo que es
como en lo que el vulgo dice.655
Yo voy tan enamorado
de ti, y tan reconocido
que jamás podrá el olvido
borrarte de mi cuidado.
Volveré, mi Menalipe,660
a tus ojos brevemente
con armada y con más gente;
tendrán Carlos y Felipe
noticia de tu valor.
Licencia les pediré665
para que el alma te dé
con la mano; y el Amor,
uniéndonos en sus lazos,
hará mi dicha inmortal.
Admite agora, en señal670
de mi palabra, estos brazos.
Adiós, que es fuerza el volverme.
MENALIPE: Gonzalo, mira lo que haces;
goza aquí seguras paces,
que has de perderte y perderme.675
Ya el marqués, tu hermano–¡Ay cielo!–
no te quiero referir
tragedias que has de sentir
más que la muerte. El recelo
de tus pesares refrena680
con el silencio mis labios;
que hace a quien te adora agravios
quien le antecede la pena;
dígatelos la Fortuna
sin que yo los anticipe.685
GONZALO: Bellísima Menalipe,
no siento agora más de una,
que es el partirme y dejarte.
MENALIPE: Pues, si mi vida deseas,
escucha avisos; no creas690
los que lleguen a adularte;
por que hallarás infinitos
que tus dádivas disfrutan
y en el peligro te imputan
sus traiciones a delitos.695
No todo lo que es brillante
riqueza al avaro ofrece;
oro la alquimia parece,
vidrio hay que imita al diamante.
La luz que una antorcha feria700
al sol competir procura,
mas sólo su llama dura
lo que dura su materia.
Escarmientos te propone
el sol, a quien salvas hace705
el ruiseñor, cuando nace,
y huye de él cuando se pone.
Tal vez dora la experiencia
un bronce, una piedra, un leño,
que engaña al que no es su dueño;710
oro sólo en la apariencia.
Huye amigos afectados,
cuando lisonjas te ofrezcan;
que, aunque fieles te parezcan,
en vez de oro son dorados;715
y mira que has de volver
a mis ojos brevemente.
GONZALO: ¡Discreta, hermosa, valiente,
y todo en una mujer!
Cuando sólo interesara720
esos divinos consejos,
de las escuelas espejos,
reinos por ellos dejara.
Adiós, prodigioso extremo
del orbe.725
MENALIPE: ¡Adiós, mi Español!
¡Ah cielos! ¡Ah, eterno sol
desmiente males que temo!
Vanse MENALIPE y don GONZALO. Salen don DIEGO de Almagro y don GARCÍA de Alvarado
DIEGO: Quien el consejo y parecer que sigo
contradijere, o envidioso o loco,
busca mi mal con máscara de amigo,730
o el bien que se me ofrece tiene en poco.
La Fortuna me llama, yo la sigo;
derecho al Perú tengo; si provoco
a España y a su rey, España intente
quitarme la corona de la frente.735
Vengué a mi padre, con la justa muerte
del ingrato marqués, que no hizo estima
del noble estado, la dichosa suerte
a que por él su nombre se sublima.
Si en el Cuzco imperial su hermano vierte740
sangre que me dió el ser, yo vierto en Lima
la que apoyó su bárbaro consejo.
Fénix renazco de otro fénix viejo.
Cuatro Pizarros pudo Extremadura
hacer que en el Perú se atravesasen745
al paso del valor y la ventura
de mi padre y al Cuzco le estorbasen.
Consigo se llevó la sepultura
la Pizarra mayor, porque apoyasen
pronósticos del nombre sus sucesos;750
losas Pizarras son, sepulten huesos.
Ya estamos libres de ésta. Juan Pizarro,
el menor de los cuatro, en primavera
cedió a la muerte el ánimo bizarro,
que, a ser más cuerdo, dilatar pudiera.755
No siempre a las coyundas ata el carro
de Marte la osadía, ni muriera
si al combatir la máquina enriscada
cubriera su cabeza la celada.
España al homicida, oprime preso,760
de mi padre, en la Mota de Medina;
litigará el rigor contra su exceso
si el oro tribunales no arrüina;
mientras Gonzalo, con fatal progreso,
las márgenes remotas examina765
del Marañón, que al mar gigante vuela
y por sus riscos busca la canela.
Si de cuatro me mata la Fortuna
los dos hermanos, y los dos me ausenta,
¿quién queda en el Perú, que a la oportuna770
ocasión que me llama pida cuenta?
Destinóme el valor desde la cuna
al solio occidental; si en él me asienta
el cielo por monarca de los Andes,
grandes hazañas piden, riesgos grandes.775
¡Vive el cielo, que el que…!
GARCÍA: Creo
que soy a quien amenazas;
mal mis consejos abrazas,
peor pagas mi deseo.
Nunca yo tuve por bien780
la torpe conjuración
que contra el mayor varón
que todos los hombres ven
hiciste, pues si su hermano,
tan experto en la milicia,785
le mató, fué por justicia,
no a traición, no por su mano.
Preso en España defiende
su causa contra fiscales
por la envidia criminales;790
el César Carlos pretende
satisfacer agraviados,
mas no oprimir inocentes;
Consejos y Presidentes
miran desapasionados795
culpas, que atentos castigan;
servicios, que cuerdos premian;
las armas, puesto que apremian,
pocas veces sé que sigan
sin ímpetu la templanza;800
pues cobra satisfacción,
la vara con la razón,
la espada con la venganza.
Ya que ésta al Marqués mató,
y el más poderoso quedas805
con los tesoros que heredas
de cuantos España vió,
templa, don Diego de Almagro,
incendios que solicitas;
mira que te precipitas.810
DIEGO. Tuviera yo por milagro
que no fueras extremeño,
como en la patria, en querer
el crédito defender
de un…815
GARCÍA: Paso, que mi dueño,
gobernador y caudillo
de estos reinos, es Marqués.
DIEGO: Di que lo fué, no que lo es.
GARCÍA: Pregúntaselo a Trujillo,
y en ella a los nobles todos;820
pues los que valor profesan
generalmente confiesan
que desciende de los godos.
Italia, Francia, Navarra,
de su padre el Capitán825
don Gonzalo te dirán
lo que es la sangre Pizarra.
Don Fernando y don Francisco,
primero que estos países
conquistasen, Flor de Lises830
postraron; si el basilisco
de la envidia, en su desdoro,
veneno a verter empieza,
advierte, que no nobleza
buscaron aquí, sino oro;835
y que la que te dejó
tu padre, el adelantado,
en el Perú la ha medrado.
DIEGO: ¿Luego no en España?
GARCÍA: No;
que España ignora quién es;840
pues a la puerta le echaron
los padres que le engendraron,
de la iglesia, y fué después
hijo de la compasión
de un sacerdote, llamado845
Hernando Luque, y crïado
de limosna en Malagón.
Ya yo sé que estas verdades
la vida me han de costar;
pero yo he de conservar,850
como noble, las lealtades
que me han dejado en herencia
mis padres, y he de imitarlos.
No reina aquí sino Carlos;
quien se atreve a su obediencia855
mancha su fidelidad.
García soy de Alvarado
que sabré en el campo, armado,
defender esta verdad.
Vase don GARCÍA
DIEGO: ¡Matalde! ¡Cerrad las puertas!860
¡Vive Dios, que he de agotar
estos Pizarros, y dar
a pasiones descubiertas
castigo que al mundo espante!
Con la hacienda que gastó865
mi padre ¿no se ganó
todo el Perú? ¿Qué ignorante,
esta verdad no confiesa?
Pues, ¿por qué el emperador
ha de ser usurpador870
de lo que sólo interesa
quien su hacienda y sangre gasta?
En vez de mi padre quedo,
su acción y derecho heredo;
éste me sobra y me basta875
para el imperio que busco
y el valor ha de adquirir.
Pues, pensamientos, morir
o coronarme en el Cuzco.
Tocan de rebato
Pero ¿qué rebato es éste?880
Sale Juan VALSA desnuda la espada
VALSA: ¡Ea, valiente mancebo!
Al arma, que se avecina
hoy o tu muerte o tu imperio.
El presidente y su campo,
que consta de setecientos885
y más hombres, entre infantes,
jinetes y arcabuceros,
pasa de Jauja a Guamanga,
y haciendo alto en el ameno
valle, que llaman de Chupas,890
viene animoso y resuelto
a presentar la batalla.
Los mejores caballeros
del Perú siguen su campo;
difícil sera romperlos.895
Garcilaso de la Vega,
Pedro Anzures y otro Pedro
de Vergara, Holguín, Tordoya,
Francisco Castro, Barrientos;
don Alonso de Alvarado,900
cuyo valeroso esfuerzo
levantó en las Chachapoyas
banderas, por Carlo excelso.
General Vaca de Castro;
Maese de Campo diestro,905
Francisco Caravajal,
que del Marañón volviendo,
con don Gonzalo Pizarro,
ya que éste por el precepto
del presidente en Trujillo910
se queda, viene a su ruego
a gobernar todo el campo,
y tengo de él más recelo
que de todo lo restante.
Pero si destina el cielo915
que salgamos vencedores,
ni el número ni el acero
se oponen a la ventura,
no obstante que te aconsejo,
si desfalleces agora,920
que te presentes con tiempo
a la piedad que te ofrece
Vaca de Castro. No demos
ocasión a que te infame
por traidor la voz del pueblo.925
DIEGO: Juan Valsa; sólo el vencido
Saca la espada
es el traidor; los excesos
del vencedor canonizan
lealtades. ¡Al arma! ¡A ellos!
VALSA: ¡Oh, siempre merecedor930
del laurel!
DIEGO: Ése pretendo,
Juan Valsa. ¡0 César, o nada!
¡0 el cuchillo, o el imperio!
Tocan y vanse todos

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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