AMAR POR SEÑAS
Esta edición electrónica de AMAR POR SEÑAS fue preparada por David Hildner en 1999 para incluirse en esta colección. Luego fue codificada en HTML por Vern Williamsen en 2000. La edición que tomamos como base para fijar nuestro texto es la del Teatro escogido de fray Gabriel Téllez (Madrid: Yenes, 1840, vol. 8.)
Personas que hablan en ella:
- BEATRIZ, dama, hija de Felipo
- CLEMENCIA, dama, hija de Felipo y duquesa de Joyosa
- ARMESINDA, dama-niña, sobrina de Felipo
- FELIPO, duque de Lorena
- Don GABRIEL Manrique, galán español
- CARLOS, galán, duque de Orliens
- ENRIQUE
- MONTOYA, gracioso
- RICARDO
- CRIADO 1
- CRIADO 2
- CRIADO 3
- Un PAJE
- DAMA
JORNADA PRIMERA
Salen don GABRIEL y MONTOYA, de camino
MONTOYA: Echéle las maneotas,
colgué el freno del arzón,
maleta y caparazón,
de la color de tus botas,
yacen –parece epitafio–5
entre juncia, espliego y grama,
porque te ministren cama;
mas yo debo ser un zafio,
un…
GABRIEL: Empieza ya.
MONTOYA: … un pollino,
una mula de alquiler,10
pues no merezco saber
la causa de este camino.
¿Qué mosca te dio? No ha una hora
que con la cara serena
triunfando te vi en Lorena;15
¿de qué es la murria de agora?
Danzaste a satisfacción
de todo el salón ducal
antenoche, sin igual
Adonis de tal salón.20
Cinco premios de la justa
esta tarde te has mamado,
de monsiures envidiado
porque tu cólera adusta
dio con tres patas arriba,25
que del campo sastres fueron,
pues que la arena midieron.
¿Qué belleza, por esquiva,
soberbia, qué generosa
presunción, qué tiranía30
de voluntades te vía,
que con cara cosquillosa
no te echase bendiciones,
si siempre que las mirabas
desde la tela agarrabas35
sus almas por los balcones?
¿Hubo favor de importancia
que el de Orliens no te haya hecho,
de tu valor satisfecho,
hermano del rey de Francia,40
y tan tratable contigo
que, desde que nos sacó
de España, te sublimó
a la igualdad de un amigo?
¿Dónde vas, si no has sacado45
monja o doncella, no has muerto,
no herido, no has encubierto
ladrones, no te han hallado
moneda falsa, no joya
contrahecha, no papel50
de conjuración infiel,
no resistencia?
GABRIEL: Montoya,
ya sabes mi condición:
servir y callar.
MONTOYA: Apelo
sola esta vez.55
GABRIEL: ¿Cuándo suelo
tener yo satisfacción
de ti ni de otro criado?
¿Comunico yo secretos
contigo?
MONTOYA: Muchos discretos
a sus ministros han dado60
cuenta de cosas más graves,
cuyo consejo remedia
imposibles. ¿Qué comedia
hay, si las de España sabes,
en que el gracioso no tenga65
privanza, contra las leyes,
con duques, condes y reyes,
ya venga bien, ya no venga?
¿Qué secreto no le fían?
¿Qué infanta no le da entrada?70
¿A qué princesa no agrada?
GABRIEL: Los poetas desvarían
con esas civilidades,
pues, dando a la pluma prisa,
por ocasionar la risa,75
no excusan impropiedades.
MONTOYA: Ni hay criado que merezca
con su amo menos que yo.
GABRIEL: Basta; no me enojes.
MONTOYA: No.
GABRIEL: Llámame cuando amanezca,80
porque al punto caminemos.
MONTOYA: (¡Qué maldita condición!) Aparte
Allí un gallo motilón
canta maitines; podremos,
si es media noche, dormir85
dos o tres horas no más;
quizá en ellas soñarás
que te importa no partir.
Paséome, por guardarte
el sueño, junto al frisón;90
maleta y caparazón
desean acomodarte
al pie de aquel chopo viejo.
Duerme, y ¡ojalá, el mi dueño,
mude caprichos tu sueño,95
y estimes más mi consejo!
Vase
GABRIEL: Liviana imaginación,
huyendo voy de imposibles;
resistencias invencibles,
apadríneos la razón.100
Volved por vos, opinión;
que pretende una beldad,
desluciendo mi lealtad,
enloquecerme y rendiros;
más valen cuerdos retiros105
que loca temeridad.
Vi a Beatriz cuando ignoraba
que pudiera darme enojos,
sin que advirtiesen mis ojos
que tan cerca el alma estaba.110
Imaginé que feriaba
deleites, a cuyo alarde,
ni pechero ni cobarde,
retirara mi valor;
pero –¡ay cielos!– que el amor115
entra presto y sale tarde.
¡Beatriz, hija y sucesora
del gran duque de Lorena!
¡Carlos de Orliens, cuya pena
le trae a casarse agora,120
si pena quien se enamora!
¿Y yo que le sirvo y sigo,
amo a Beatriz, y desdigo
de quien soy? ¡Civil cuidado!
¿Obligaréle crïado?125
¿Corresponderéle amigo?
Alto, amor desvanecido,
el más eficaz remedio
será poner tierra en medio,
pues la razón no lo ha sido.130
La ausencia engendra el olvido;
de Marte es amor despojos;
la guerra divierte enojos
que amor pudo ocasionar.
Si me perdí por mirar,135
yo castigaré los ojos.
Enfrena, Montoya, enfrena;
que no necesito al día,
cuando la luna es mi guía;
lastimada de mi pena,140
porque salga de Lorena,
mi resolución apoya.
De los incendios de Troya
huyendo, saco violentos
penates, mis pensamientos.145
Sale RICARDO con una maleta debajo del brazo, y se pone delante de don GABRIEL
GABRIEL: ¿Es Montoya?
RICARDO: No es Montoya.
GABRIEL: ¿Quieres algo?
RICARDO: Lo que llevo.
GABRIEL: ¿Qué llevas?
RICARDO: Todos los bienes
que en esta maleta tienes.
Robételos, y me atrevo150
a decírtelo.
GABRIEL: ¿Estás loco?
RICARDO: No, pero estoy obligado
a quien esto me ha mandado,
y sé que no te ama poco.
GABRIEL: ¿Qué dices, hombre?155
RICARDO: Esto digo.
GABRIEL: ¿Que me robes te mandó
quien bien me quiere?
RICARDO: Y soy yo
de sus desvelos testigo.
GABRIEL: ¿Y gusta que me des cuenta
del hurto que has hecho?160
RICARDO: Sí.
GABRIEL: ¿Quién es?
RICARDO: Cerca está de aquí.
GABRIEL: Dime su nombre.
RICARDO: No intenta
que le sepas por ahora.
GABRIEL: ¿No? Pues ¿cuándo?
RICARDO: Más despacio.
GABRIEL: ¿Dónde está?165
RICARDO: ¿Ves el palacio
del bosque? Pues en él mora.
GABRIEL: Sepa yo cómo se llama.
RICARDO: Que lo ignores determina.
¿Conoces a la sobrina
de Felipo?170
GABRIEL: ¡Hermosa dama!
RICARDO: Pues no es ésa la curiosa
inventora de esta empresa.
¿Sabes quién es la duquesa,
en Lorena, de Joyosa?
GABRIEL: Ésa es madama Clemencia,175
de dos hijas la menor
del duque.
RICARDO: Pues no es su amor
quien quiere impedir tu ausencia.
GABRIEL: Pues ¿quién? Que me vuelves loco.
RICARDO: Ya conoces a Beatriz.180
GABRIEL: ¿Qué dices? ¡Suerte feliz!
RICARDO: Pues no es aquésa tampoco.
GABRIEL: ¡Oh bárbaro burlador!
¡Viven los cielos…!
RICARDO: Despacio.
En ese hermoso palacio185
te tiene una dama amor,
que desea conocerte,
y ver si en España amaste,
por qué ocasión te ausentaste,
y agora intentas volverte.190
Dióme para esto la traza
que has visto y ejecuté;
la maleta te robé;
que, a no hacerlo, me amenaza
no menos que en la cabeza;195
y harálo; que es poderosa;
sabrá por ella curiosa
tu estado, patria y nobleza;
pues claro está que ha de hallar
papeles que de esta duda200
la saquen. De intentos muda,
sin resolverte a ausentar;
que, puesto que este secreto
importa lo que no sabes,
por haber estorbos graves205
y serlo tanto el sujeto,
estimarás tu fortuna
cuando conozcas quién es,
porque es una de las tres,
y de las tres no es ninguna.210
Vase
GABRIEL: Fuése, y burlóse de mí;
pues para que no le siga,
con disparates me obliga.
O sueño o es frenesí.
Ladrón ingenioso, aguarda.215
¿Que ansí un hombre se me atreva?
Seguiréle; que me lleva
las joyas de mi Gerarda.
Vase
MONTOYA: ¡Que me durmiese yo en pie!
¿Hiciera más un lirón?220
Pero ¿qué es de mi frisón?
Maniatado le dejé.
¡Oigan esto! ¡Vive Dios,
que se me acoge con él
un hombre! –Cuatrero cruel,225
espera, aguarda. –Otros dos
van corriendo uno tras otro.
¡Ay, también falta el cojín!
Trampantojos de Merlín
nos llevan maleta y potro.230
La luna me está diciendo
que es mi amo aquel que corre;
si él la maleta socorre,
y yo el caballo defiendo,
¡oh enlunada claraboya!235
sacrificaréte un gallo.
Franchote, deja el caballo;
que es pupilo de Montoya.
Quiere entrarse, pero salen dos criados que le cogen por las espaldas
CRIADO 1: Tenga, que hay mucho que hacer.
MONTOYA: ¡Ay, por detrás y conmigo,240
¿qué hacen?
CRIADO 2: Punta en boca, digo.
MONTOYA: Señores, no es menester
apuntar bocas; la mano
meta en esa faltriquera
el uno; que yo quisiera245
ser un príncipe; no gano
más que una triste ración,
y con ella veinte reales
de salario, aun no cabales,
pues es mi dueño un pelón.250
Doce de éstos hallarán
con otra mosca menuda;
quien la maleta nos muda,
si rompe su cordobán,
desembolsará doblones,255
que en Francia llaman del sol;
yo soy un pobre español.
CRIADO 2: Acortemos de razones;
que no nos trae su dinero.
Atadle esas manos bien.260
Se las atan atrás
MONTOYA: ¿Mi dinero no? Pues ¿quién…?
CRIADO 2: Allá lo sabrá.
MONTOYA: Si muero,
díganme por qué delito.
CRIADO 2: Con el lienzo le vendad
los ojos.265
MONTOYA: No hice maldad
por obra ni por escrito.
Si mi dueño derribó
tres monsiures, ¿en qué peca
un lacayo, pica seca,
que en su vida se metió270
en justas ni en pecadoras?
Por sólo no tornear,
dejé en un torno de hablar
tres monjísimas señoras.
CRIADO 1: Ande y calle.275
MONTOYA: ¿A dónde bueno
o para qué tantas prisas?
CRIADO 1: Diránselo allá.
MONTOYA: ¿De misas?
Luego ¿a réquiem me condeno?
CRIADO 2: En chistando, claro está.
MONTOYA: No muy claro, pues a escuras280
me llevan. De estas venturas
la fortuna me dará
infinitas. (Hilo a hilo Aparte
me voy.)
CRIADO 2: Chitón.
MONTOYA: No hablo nada.
(Labrando voy cera hilada; Aparte285
pero fáltala el pabilo.)
Vanse. Salen RICARDO con la maleta, huyendo, y don GABRIEL, que le sigue con la espada desnuda
GABRIEL: Hombre ¿estás encantado?
Cuando corro tras ti, por bosque y prado,
sus alas te da el viento;
si te pierdo de vista, a paso lento290
me aguardas; y al instante
que pienso que te alcanzo, la inconstante
cometa no te iguala.
Siguiéndote me traes de sala en sala,
después que en esta quinta295
entraste, que de Circe hechizos pinta,
sola y deshabitada,
de luces y tapices adornada.
A nadie en ella veo.
O loco estoy o lo que sueño creo.300
RICARDO: El orden he cumplido
que me dio quien aquí te ha reducido.
Consulta con tu suerte,
español, el ganarte o el perderte;
porque si eres discreto,305
toda tu dicha estriba en tu secreto;
y no te asombres tanto;
que ésta es industria toda, no es encanto;
porque lo que primero
te dije es, español, tan verdadero,310
que de las tres madamas
la que examina en ti amorosas llamas
y prueba tu fortuna
es una de las tres y no es ninguna.
Apaga la luz, vase y cierra la puerta
GABRIEL: ¡Espera! Fuese y mató315
la luz, cerrando la puerta.
Cuando tanto enigma advierta,
¿podré interpretarle yo?
De tres damas que nombró,
afirma que la una es320
quien bien me quiere y, después,
que no es de las tres ninguna:
¿cómo si es de las tres una,
no es ninguna de las tres?
No será Beatriz hermosa,325
que ha de casarse mañana
con el de Orliens; no su hermana,
que ha de ser de Enrique esposa;
no Armesinda generosa,
que es muy niña su belleza330
para tanta sutileza.
Pensamientos, poco a poco;
que me vais volviendo loco,
y ya mi frenesí empieza.
Salen MONTOYA, CRIADO 1 y CRIADO 2, a quienes se oye hablar arriba en lo alto de la chimenea
MONTOYA: ¿A dónde bueno conmigo,335
señores, que, encaramados,
me han hecho pisar tejados
a cierraojos.
CRIADO 2: Ya le digo
que ande y calle, si desea
vivir.340
MONTOYA: Pues ¿de esto se enojan?
¿Por dónde diablos me arrojan?
CRIADO 2: Sabrálo cuando lo vea.
MONTOYA: ¿Si es verdad esto que toco?
Sin ser chorizo o jamón,345
me han colgado a un cañón
chimeneo.
CRIADO 2: Poco a poco;
que si cae se ha de matar.
MONTOYA: ¿Quién vio a escuras volatín?
¡Puf! Llenóseme de hollín350
la boca. ¿En qué ha de parar
mi ciego descendimiento?
CRIADO 2: Hombre, calla.
MONTOYA: ¡Confesión!
A humo huelo de carbón.
¿Mas si hubiese quemamiento?355
Lástima de mí tened.
GABRIEL: Una voz se va acercando
querellosa.
MONTOYA: Bamboleando,
doy de pared en pared.
Asoma MONTOYA debajo de la campana de la chimenea, colgado de un cordel, vendados los ojos y atadas las manos
Si abajo hay leña encendida,360
¿qué ha de ser de mi trascara?
Mi chamuscación es clara.
Yo ¿gomorricé en mi vida?
Pues ¿por qué me carbonizan?
¡Ay, que pienso que me abraso!365
Si yo buscara el ocaso
del gregüesco…
GABRIEL: Atemorizan
estas voces por venir
a escuras. ¡Cielos! ¿qué es esto?
Ea, vil temor, dispuesto370
estoy, matando, a morir.
Saca la espada
CRIADO 2: Soltadle; que ya estará
en el suelo.
Suéltanle y cae
MONTOYA: ¡Ay, desloméme,
tullíme, desvencijéme
del golpe.375
GABRIEL: Hombre, tente allá,
si no quieres que te mate.
MONTOYA: ¿Qué más tenido me quieres,
si estoy atado?
GABRIEL: ¿Quién eres?
MONTOYA: ¡Ese es gentil disparate!
Vesme, y no te puedo ver,380
¿y eso preguntas? Yo he sido
lacayo, y ya soy Cupido
vendado. ¿Quién puede ser
un hombre cuando no vea?
GABRIEL: ¿Quién eres, en conclusión?385
MONTOYA: Soy tuétano del cañón
de toda esa chimenea.
Duélete de un pobre mozo.
GABRIEL: No te veo.
MONTOYA: ¿No, por Dios?
Luego ¿estaremos los dos390
en el limbo o en el pozo?
GABRIEL: ¿Es Montoya?
MONTOYA: ¿Es don Gabriel?
GABRIEL: ¿Cómo o quién te trajo aquí?
MONTOYA: ¿Sélo yo? Llégate a mí,
desátame ese cordel395
que me tiene estropeado,
mientras mis dichas te cuento.
GABRIEL: Pues desataréte a tiento.
Desátale
MONTOYA: Luego ¿también te han vendado
los ojetes, como a mí?400
GABRIEL: No, pero estamos a escuras.
MONTOYA: ¡Provechosas aventuras
nos suceden! Hacia aquí.
¿Topaste con la lazada?
GABRIEL: Álzate.405
MONTOYA se levanta
MONTOYA: ¡Gracias a Dios!
¿Adónde estamos los dos?
GABRIEL: Es una casa encantada.
MONTOYA: ¡Encantada! ¿Desvarías?
¿Qué dices?
GABRIEL: ¿Qué he de decir,
si no hay por donde salir?410
MONTOYA: Libro de caballerías
alquilaba mi ración,
donde topaba Amadises,
Esplandianes, Belianises,
que de región en región,415
por barbechos y restrojos
descuartizando gigantes,
deshacían, siendo andantes,
los tuertos, y aun los visojos;
donde sabios de ventaja420
encantaban de una vez
princesas de diez en diez,
por “quítame allá esta paja”;
mas siempre estos hechiceros
–que los más eran traidores–,425
encantando a sus señores,
dejaban los escuderos.
¿Quieres apostar, señor,
que los monsiures caídos
nos embaulan, ofendidos430
de su afrenta y tu valor?
GABRIEL: Tenlo por cierto.
MONTOYA: Emboscados
y sin cenar nos cogieron;
pero, en fin, nunca murieron
de hambre los encantados435
–cosa que es bien que se note–,
mas mis alientos se holgaran
que esta vez nos encantaran
cuatro platos de gigote.
GABRIEL: ¡Qué diferentes cuidados440
son los tuyos de los míos!
MONTOYA: Diremos mil desvaríos;
que estamos encantusados.
Mas mejor fuera buscar
la puerta de este castillo,445
si no han echado el rastrillo.
Llaman dentro, dando golpes en el torno
GABRIEL: Oye; ¿no sientes llamar?
MONTOYA: Parece que allí golpean.–
Diga quien es el que llama.
GABRIEL: ¿No responden?450
MONTOYA: Será dama
de las que vernos desean
encantados; y es sin duda,
porque, aunque hubiese otros tantos,
no bastaran mil encantos
a que una mujer sea muda.455
Llaman otra vez
GABRIEL: Segunda vez han tocado.
MONTOYA: Y es el toque en la madera
de la puerta. No quisiera
que hubiese algún lazo armado
o trampa por donde voy;460
que todo encanto es tramoya.
Vase llegando a tiento al torno
GABRIEL: Anda, no temas, Montoya.
MONTOYA: Como no sé donde estoy…
GABRIEL: En una sala adornada
de doseles y pinturas.465
MONTOYA: Pues la puedes ver a escuras,
no está para ti encantada.
Llego a tiento hacia la parte
que pulsa el tal llamador.
¿Quién llama? ¿Quién es?470
Llega al torno, que se vuelve, y le coge la cabeza
¡Señor!
¡Jesús!
GABRIEL: ¿Quién puede asombrarte?
MONTOYA: Una cosa que se anda
alrededor y me muerde.
¿Ay, si fuese el dragón verde
que fue palafrén de Urganda?475
Llega presto, si deseas
que no me desmaye.
Llégase don GABRIEL y tienta el torno
GABRIEL: ¡Loco,
éste es torno!
MONTOYA: No le toco.
Llega tú, pues que torneas.
Vuelve el torno con dos luces en candeleros de plata, recado para escribir y un billete
GABRIEL: Con dos luces se volvió.480
MONTOYA: El “lumen Christi” cantemos;
di “Deo gratias”, pues nos vemos.
GABRIEL: ¡Qué es esto, cielos!
MONTOYA: ¿Quién vio
monasterios encantados?
Mas soy necio; no hallaré485
devoto que no lo esté
como bojes torneados.
GABRIEL: Todo esto tiene misterio.
MONTOYA: Seremos por lo ordinario,
yo el confesor, tú el vicario,490
y éste nuestro monasterio.
GABRIEL: Un billete para mí
viene y una escribanía.
Toma el papel y lee don GABRIEL el sobrescrito
MONTOYA: Pues donde hay monjas, ¿podía
faltar billeticos?; di.495
Respóndela con ternura;
que yo seré la andadera.
¡Ojalá con él viniera
la santa bizcochadura!
Dichosos fuimos los dos.500
¡Qué necios discursos hice!
GABRIEL: Así el sobrescrito dice,
“Leed sólo para vos”.
MONTOYA: Y ¿para mí?
GABRIEL: Aparta allá.
MONTOYA: En fin, topó tu recato505
con horma de tu zapato.
GABRIEL: Retira; acabemos ya.
Lee
“Por los papeles que os he usurpado, sé,
don Gabriel Manrique, parte de vuestros amores.
Quien temerosa de perderos os ha impedido el510
viaje, mal os le consentirá celosa. El
cuarto de esta quinta que os detiene está
deshabitado, y imposible en él vuestra
salida mientras no juréis, con la seguridad
que los bien nacidos empeñan palabras, y515
las firméis de vuestro nombre, no partiros
de nuestra corte sin licencia mía, no
revelar a persona estos secretos, y conjeturar por
señas cuál de las tres primeras
damas es la que en palacio os apetece amante.520
Resolveos, o en el silencio de esa prisión
vengarme en vuestra muerte, o disponeros a las
dichas que os prometo, que por el riesgo que
publicadas corren, importa por ahora el secreto
que os fía quien desea hallaros tan525
advertido como os ha visto valeroso. El cielo os
guarde.”
(¿Pudo la imaginación Aparte
en novelas marañosas,
sutiles por ingeniosas,530
deleitar la admiración
con más estraño suceso?)
Lee para sí otra vez
MONTOYA: Sepa yo esa cosicosa.
¿Es verso? ¿Es papel en prosa,
o anda en el aire tu seso?535
¡Vive Cristo, que me apuran
los peligros que recelo!
Llégase a leer, y saca contra él don GABRIEL la daga
GABRIEL: ¡Loco, necio, vive el cielo…!
MONTOYA: ¡Ay! ¿Los encantados juran?
GABRIEL: ¡…si otra vez aquí te llegas…!540
MONTOYA: ¿Para qué aprendí yo a leer?
Si nada tengo de ver,
más valiera estarme a ciegas.
GABRIEL: Retírate enhoramala.
MONTOYA: ¿Para ti solo que leas545
dice el papel? Nunca creas
monja, mientras no regala,
por más ternezas que escriba.
GABRIEL: (“Y conjeturar por señas…”) Aparte
MONTOYA: Las monjas son halagüeñas;550
mas si ésta no es donativa,
tripularla con desdén,
o acudir con cena y camas.
GABRIEL: (“…cuál es de las tres madamas Aparte
la que en casa os quiere bien…”)555
MONTOYA: Las dos dan; por Dios, que es tarde.
¿Ni cenado ni dormido?
¡Bueno va!
GABRIEL: (“…tan advertido…”) Aparte
MONTOYA: ¿Es paulina?
GABRIEL: (“…el cielo os guarde.” Aparte
¿Si será Beatriz la dama560
de tanto artificio autora?
Mas no, que a Carlos adora.
¿Si es Clemencia? Mas no, que ama
a Enrique. ¿Si es Armesinda?
¡Despenadme, cielo santo!)565
MONTOYA: ¡Miren si escampa el encanto!
¡Por Dios, que la flema es linda!
GABRIEL: (Pero séase quien fuere, Aparte
¿dejaréme yo morir
rebelde, por no admitir570
leyes de quien bien me quiere?
No me manda este papel
que ame yo, sino que firme
ser secreto y no partirme;
pues ¿qué riesgo corro en él,575
cuando por señas colija
quién es quien me hace dichoso?
Obedecerla es forzoso.
MONTOYA: ¡Mala noche y parir hija!
En fin, ¿no habemos de hablarnos580
en toda esta encantación?
GABRIEL: (Respondo a satisfacción.) Aparte
Pone el recado de escribir y una luz sobre un bufete, y responde
MONTOYA: Pues, paciencia y pasearnos.
¿Escribes? Eres discreto.
Embillétala, y verás585
los regalos que tendrás;
un villancico o soneto
conquista diez mazapanes.
Dila que con la andadera
la enviarás flores y cera590
para uno de los san Juanes;
que qué puntos calzar suele;
que si hay ataifor o caja,
que nos dé flor de borraja,
o, en fin, que nos bizcotele,595
o que nos saque de aquí.
GABRIEL: (“Haré de mi dicha alarde Aparte
discreto y fiel. Dios me os guarde.
Don Gabriel..” Bueno está ansí.
Cierro, y no le sobrescribo600
porque su nombre no sé.
Vuelvo al torno.)
Pone el papel en el torno, y vuélvele con otra luz
MONTOYA: ¿No podré,
oh señor el más esquivo
del orbe para quien vive
contigo, ver un adarme605
del dicho papel? ¿Matarme
quieres? ¿Qué es lo que te escribe
la soror encantatriz?
GABRIEL: (La esperanza y el temor, Aparte
con la lealtad y el amor,610
desean, bella Beatriz,
que seáis vos de este empleo
el dueño, y no los seáis.
¿Qué he de hacer, cuando causáis
deseo contra deseo,615
sino enloquecer confuso?
Llaman por dentro al torno
MONTOYA: No está el tiempo para gracias.
Otra vez llaman. Deo gratias.
Vuélvese el torno con luz y con un tabaque grande y curioso lleno de comida; cúbrenle unos manteles, y sobre ellos viene otro papel
Sin respondernos, nos puso
un tabaque provisor.620
¡Cuerpo de Dios! Don Gabriel,
¡qué bien que huele!
GABRIEL: Y sobre él
otro billete.
Levanta MONTOYA los manteles
MONTOYA: ¡Oh soror,
la más callada obradora
de cuantas amor registra!625
¡Hágate el cielo ministra,
abadesa, correctora,
guardïana, archibispesa,
pontifista, preste Juana!
GABRIEL: “Leed para vos.”630
MONTOYA: ¡Oh humana
divina! Ponga la mesa.
Ésta es sopa, éste es capón,
éstos pichones, estotros
gazapos, niños o potros;
ternera ésta; ¡y qué sazón635
para quien está en ayunas!
Como yo muy bien ternera.
El pomo con la contera;
ensalada y aceitunas,
con la fruta de sartén.640
De tales encantamentos
vengan a dieces y a cientos,
per omnia saecula, amén.
GABRIEL: “Cumplid lo jurado; que en amaneciendo,
hallaréis desembarazada la salida; y645
advertid que os va la cabeza en el secreto. Camas
hay en que reposéis lo que os han de
permitir –a lo que juzgo– mis artificios; cuanto
más os desvelaren, más tendré
que agradeceros; aunque a participar vos mis650
cuidados, no dormiréis mucho ni poco. El
cielo os guarde.”
(¡Alto, discursos, dejad Aparte
de atormentar mi sentido;
obligado, agradecido655
he de ser; cualquier beldad
de las tres puede dar pena
amorosa al mismo sol,
cuanto y más a un español
pobre y estraño en Lorena.)660
Toma esa luz.
MONTOYA: ¿Para qué?
GABRIEL: Trae todo eso.
MONTOYA: ¿A dónde vamos?
Si aquí encantados estamos,
y hay quien regalos nos dé,
¿no es mejor cenarlo aquí665
que probar más aventuras?
¿Qué sabes tú si hay figuras
de Rufalda y Malgesí,
que nos lo quiten delante?
Que suele salir jayán670
que se engulle un ganapán
con carga y todo.
GABRIEL: Ignorante,
calla y ven; que prevenida
nos tiene quien nos regala
cama y mesa en esa sala.675
MONTOYA: Despachemos la comida
aquí, y entremos después.
GABRIEL: Acabemos.
MONTOYA: Si te encanta
cualquier princesa o infanta,
llámate Partinuplés.680
Vanse. Salen BEATRIZ y RICARDO
BEATRIZ: Hicístelo de suerte
que infinito tendré que agradecerte.
Los que te acompañaron,
en fin, ¿nada del caso sospecharon?
RICARDO: Al crïado prendieron,685
y donde los mandé le condujeron,
creyendo, a instancia mía,
que hacerle alguna burla pretendía.
No saben otra cosa.
BEATRIZ: La traza, si se logra, fue ingeniosa.690
RICARDO: Los dos son mis crïados,
valientes, pero poco aficionados
a hacer por conjeturas
discursos.
BEATRIZ: Mis recelos aseguras;
alguna vez, Ricardo,695
satisfacerte este servicio aguardo.
Pártete a Italia agora,
donde el duque mi padre te mejora;
que el cargo que te ha dado
en Valencia del Po, cuyo condado700
le toca por herencia,
seguro le tendrás con el agencia
que queda a cargo mío.
RICARDO: De ti, señora, mis aumentos fío.
BEATRIZ: Guarda tú este secreto;705
que otros más importantes te prometo.
Mas mira que es mi gusto
que hoy te ausentes.
RICARDO: Harélo por ser justo,
puesto que, aunque en Lorena
me quedara, el leal no desenfrena710
la lengua, ni el respeto
osara yo perder a tu secreto.
BEATRIZ: Nunca yo le fïara
de ti, si tal desaire imaginara;
mas que te partas digo715
en todo caso hoy; lleva contigo
los que te acompañaron.
RICARDO: Harélo ansí, no obstante que ignoraron
el fin de este suceso.
BEATRIZ: Escríbeme en llegando.720
RICARDO: Tus pies beso.
Vase
BEATRIZ: Temeridades de amor,
¿qué intentáis con arrojaros
sin ojos a despeñaros
a los riesgos de mi honor?
Aficionóme el valor725
de España, que en sus blasones
cifró todas las acciones
de un hombre cuyo sujeto
perdió gallardo el respeto
a todas mis presunciones.730
Su memoria me desvela;
enamoróme su gala;
Adonis le vi en la sala,
airoso Marte en la tela;
que se me ausente recela735
mi libertad, que no es mía,
porque, enviando una espía
a informarse de quién es,
supo Ricardo después
que esta noche se partía.740
Valíme del industrioso
modo de encerrarle aquí,
hallándose amor en mí,
como en otras, ingenioso.
Crece, porque está celoso,745
el fuego que me acobarda;
de los papeles que guarda,
y curiosa le usurpé,
que adora en España sé
desdenes de una Gerarda.750
No sé yo que cuerdo fuese
Carlos en traer consigo
a quien para su castigo
tantas ventajas le hiciese.
Justo fuera que temiese755
tan grande competidor,
pues si a vistas sale amor,
y éste es ya mercaduría,
rústica el alma sería
que escogiese lo peor.760
Salen CLEMENCIA y ARMESINDA
CLEMENCIA: Tus tristezas, Beatriz mía,
las fiestas nos desazonan;
tus bodas las ocasionan,
y tu ausencia las enfría;
apenas expiró el día765
cuando te ausentó tu pena
de los ojos de Lorena;
será esta quinta, Beatriz,
más que la corte feliz
si en ella te hallas más buena.770
ARMESINDA: Prima mía, tu belleza
trata al de Orliens con rigor,
si al principio de su amor
pagas gozos con tristeza;
Francia te intitula “alteza”775
porque has de ser su consorte,
y, en fe de que eres el norte
por quien todos nos guïamos,
tristes la corte dejamos,
porque tú dejas la corte.780
¿Qué tienes?
BEATRIZ: ¡Ay bella prima!
¡Ay Clemencia! No es tan grave
el mal, si el por qué se sabe,
cuando con causa lastima;
mis penas son un eni[g]ma785
difícil de declarar;
acrecentando el pesar
que ocasionan las estrellas;
mi congoja influyen ellas,
mi consuelo es el llorar.790
Pasar la imaginación
de libre al temerse ajena
dará motivo a mi pena,
materia a mi suspensión.
Tengo a Carlos afición,795
y considero cuán justo
medra mi gusto en su gusto;
mas, pues he de ser su esposa,
tratemos en otra cosa
que divierta mi disgusto.800
A mí me entretiene el dar,
como a otros el recebir;
ansí quiero desmentir
desvelos de mi pesar;
si me queréis alegrar,805
honre, hermana, tu belleza
los diamantes de esta pieza,
y los de ésta, hermosa prima,
tu pecho; tendrán la estima
que les quita mi tristeza.810
De las joyas que me dio
Carlos, éstas he escogido
para las dos.
Da a CLEMENCIA una banda con una lazada de diamantes, y a ARMESINDA una cruz de los mismos
CLEMENCIA: Ofendido
las has, porque juzgo yo
que pueden formar querellas,815
apartándolas de ti.
BEATRIZ: Mejores dueños las di.
ARMESINDA: No las he visto más bellas.
BEATRIZ: Trújolas Carlos de España.
CLEMENCIA: Nación en todo dichosa,820
hasta en las piedras airosa.
BEATRIZ: Tal clima las acompaña.
Ponéoslas luego; estarán
ahora en su misma esfera.
Pónenselas
CLEMENCIA: Cuando su valor no fuera825
tanto, si gusto te dan
enajenadas, por ti
toda estimación merecen.
BEATRIZ: Bizarramente os parecen.
ARMESINDA: Los duques vienen aquí.830
Salen FELIPO, CARLOS y ENRIQUE
CARLOS: Desde que ganó el aplauso
común, habiendo salido
de la justa victorioso
y de parabienes rico,
no le he vuelto a ver, y estoy835
recelándole peligros,
porque el valor estranjero
con gracias medra enemigos.
FELIPO: Perded, duque, esos cuidados;
que en Francia siempre han tenido840
hidalgas estimaciones
estranjeros bien nacidos.
Yo le he enviado a buscar,
y no ha tanto que le vimos
honrar a España en Lorena,845
a costa de sus vecinos,
que su falta os desazone.
ENRIQUE: Ya mis pesares retiro,
con la presencia olvidados
de las bellezas que he visto.850
Hácense cortesía caballeros y damas
FELIPO: Hijas, sobrina, quejosa
nuestra corte, el regocijo
podrá trocar en tristezas,
[…………………………-í-o.]
¿Por qué tan presto a Floralba?855
BEATRIZ: Juzgo, señor, por prolijo
el tiempo que aquí no empleo;
crïéme en estos retiros,
y no sé hallarme sin ellos.
CLEMENCIA: Como a madama seguimos,860
y sin ella estamos solas,
fuerza el imitarla ha sido.
FELIPO: Los generosos en Francia,
por excusar el bullicio
de la confusión plebeya,865
moran quintas y castillos;
no es mucho que apetezcáis
la amenidad de este sitio;
que por lo poco distante
de Lorena, habréis querido870
gozar de uno y otro a tiempos.
Salen don GABRIEL y MONTOYA
MONTOYA: (Con todos los duques dimos; Aparte
gracias a nuestra alcaidesa,
que nos alzó el entredicho.)
GABRIEL: (Aquí está Beatriz hermosa, Aparte875
con ella a Clemencia miro,
su prima las acompaña;
ya estoy en el laberinto
de mi confusión amante;
discursos, demos principio880
a conjeturas dudosas;
ojos, saquemos en limpio
por señas mis desengaños.
ENRIQUE: ¡Don Gabriel!
GABRIEL: Príncipe mío…
ENRIQUE: ¿Retirado y victorioso?885
¿Hiciérades más vencido?
¿Desde ayer tarde sin vernos?
GABRIEL: Militares ejercicios,
honrando, gran señor, cansan;
dio treguas a su fastidio890
y mi sosiego la noche.
ENRIQUE: Con recelos la he dormido
de alguna desgracia vuestra.
Hablad al duque Felipo.
GABRIEL: Dadme, gran señor, la mano.895
FELIPO: De las vuestras necesito
para derribar con ellas
soberbias de presumidos.
Mucho le debéis al cielo,
pues tanto con vos propicio900
como con otros avaro,
en todo perfecto os hizo.
GABRIEL: Honra, señor, vueselencia
estranjeros; y yo estimo
más el favor que me hace,905
y el estar en su servicio,
que las prendas que encarece
–y no tengo.
ENRIQUE: Vos sois digno
de la privanza con Carlos,
venturoso en elegiros.910
GABRIEL: Bésoos la mano mil veces.
ENRIQUE: Hemos de ser muy amigos.
GABRIEL: Muy vuestro esclavo, señor,
es sólo el nombre que admito.
Hablan aparte CARLOS y don GABRIEL
CARLOS: ¿Qué juzgas de mis empleos,915
don Gabriel? ¿Qué del prodigio
de la belleza que adoro?
¿No es milagro?
GABRIEL: Es un hechizo
de voluntades, un cielo,
un sol, un fénix, un…920
CARLOS: Dilo.
GABRIEL: …un –¡ay amor que me abraso!–
querubín de este paraíso.
CARLOS: Mientras deidad no llamares
a Clemencia, poco has dicho.
GABRIEL: ¿A quién, señor?925
CARLOS: A Clemencia.
GABRIEL: ¿Y no a Beatriz?
CARLOS: Desatino;
vínose a la lengua el alma.
Si tiene en ella dominio,
¿cómo la desmentiré,
desmintiéndome a mí mismo?930
Digna es Beatriz del imperio;
mas no debe hallarse digno
mi amor de sujeto tanto;
por eso a Clemencia elijo.
GABRIEL: (¡Pedidme albricias, deseos!) Aparte935
CARLOS: Por más que llamas resisto,
ni puedo, Gabriel, ni quiero
dar licencia a mi albedrío.
Clemencia ha de ser mi esposa,
yo su esclavo, tú mi amigo,940
como no me disüadas
que la adore.
GABRIEL: Yo te sirvo.
CARLOS: Dilataré por ahora
mis bodas; de un rey soy hijo,
del que está reinando hermano;945
de su poder participo;
perdone Beatriz.
Vase
GABRIEL: (Deseos, Aparte
a mi amor os habilito;
lealtad, ya os quitan estorbos;
alma, amad, que no os lo impido.950
Los ojos de cuando en cuando
ocupan en mí benignos
Clemencia y su prima bella;
sola Beatriz no ha querido
favorecerme con ellos.955
Si señas sirven de indicios
a certidumbres dudosas,
y en Beatriz no las animo,
no es Beatriz quien bien me quiere.
¡Ay, pensamientos ambiguos!960
Sin competencia de Carlos,
con mis temores compito.)
ENRIQUE: Un torneo hemos trazado
esta noche; mi padrino
habéis de ser, porque espero965
que le mantendré lucido
como vos en él entréis;
otorgadlo si os obligo.
GABRIEL: Favorecéisme hasta en eso;
que era el vencerme preciso,970
a oponerme a vuestras armas.
FELIPO: Venid, duque, a preveniros.
¿Qué colores son las vuestras?
ENRIQUE: Blanco, leonado y pajizo.
Vanse FELIPO y ENRIQUE
MONTOYA: (¿Hemos de estarnos aquí Aparte975
hasta el día del juicio,
o rematar con los nuestros,
guïados de tus caprichos?)
Cruza ARMESINDA la sala para retirarse
GABRIEL: (Ésta es Armesinda bella; Aparte
risueña, en sus ojos pinto980
esperanzas que no acepto,
porque a Beatriz las dedico.
Pero –¡ay cielos!– la lazada
de diamantes y zafiros,
que entre sus joyas me dio985
mi Gerarda al despedirnos,
honra Armesinda en su banda.
Amor, ¿qué más señas pido?
¿Si fue ella la usurpadora
del robo que anoche me hizo990
el ladrón, todo misterios?
En años –¡cielos!– tan niños,
¿pueden caber sutilezas
tan estrañas?)
ARMESINDA: (Mucho envidio Aparte
la dama, español bizarro,995
dueño de vuestros sentidos;
que quien a vos os merece
será en belleza un prodigio.)
Vase
GABRIEL: (Esto está ya declarado. Aparte
¡Gracias a Dios que averiguo,1000
a pesar de obscuridades,
geroglíficos de Egipto!
¡Ay Beatriz, que he de perder
mi esperanza, agradecido
a favores no buscados,1005
mas, por cortés, admitidos!
Pasa CLEMENCIA
Clemencia es ésta, ¡y aquélla
la cruz que de mi martirio
fue instrumento, y de Gerarda,
no diamantes, sino vidrios.1010
¿Qué es esto, sueños despiertos?
¿Ojos, podré desmentiros?
¿Alma, podré recusaros?
¿Amor, podré reprimiros?)
A don GABRIEL
CLEMENCIA: Yo conozco, don Gabriel,1015
cierta dama que me ha dicho
que tiene el gusto español
después que en Francia os ha visto.
Vase
MONTOYA: (Bergamota es esta pera; Aparte
madura está, ¡vive Cristo!1020
vaya con cáscara y todo;
que no has menester cuchillo.)
GABRIEL: (Yo estoy loco, yo lo sueño; Aparte
de mí propio me distingo;
no os doy crédito, ilusiones;1025
no os escucho, no os admito.
Pasa por delante de él BEATRIZ sin mirarle, leyendo un papel
Beatriz grave y desdeñosa
aun no me ha juzgado digno
objeto para sus ojos.
¡Qué imperiosos y qué esquivos!1030
Pero alentaos, esperanzas;
recobraos, amor perdido,
pues trae la firmeza al pecho
que idolatran mis suspiros.
De señora ha mejorado;1035
pasó al hermoso dominio
de un sol que rayos coronan,
de un cielo que hospeda signos.
De Gerarda fue; ofendióla
–como es mudable– su olvido;1040
firmeza es, busco firmezas;
si en ellas me hiciese rico,
guarnezca constelación
del globo celeste el cinto
tachonado de oro eterno,1045
que al sol adorne el camino.
Leyendo un memorial pasa.)
Vase BEATRIZ
MONTOYA: Ésta es de casta de pinos;
rollo espetado y derecho
parece de pergamino.1050
GABRIEL: (Las demás me favorecen Aparte
hablándome, ¡y aun no quiso
siquiera Beatriz mirarme!
Amor, si sois discursivo,
filosofead ingenioso.1055
¡Vive Dios, que hay escondido
en esto más de un misterio!
Problemas, ya soy Edipo.
¿De palabras favorables
las dos y humanas conmigo,1060
y Beatriz, toda severa,
con tal silencio? Este aviso
es examen de mi ingenio;
certidumbres sois, indicios;
las señas fueron no hacerlas;1065
cifras con cifras descifro.
Para deslumbrarme más,
las joyas ha repartido
en todas; y con no verme,
quiere que viva advertido1070
de lo que el secreto importa.
Esto es lo cierto, esto sigo;
amar por señas sin señas
sabrán los bien entendidos,
sirviéndoles yo de ejemplo.)1075
Vamos, Montoya.
MONTOYA: Bendito
el amo primero sea
que “Vamos, Montoya” dijo.
