Las cadenas del demonio — Jornada I

LAS CADENAS DEL DEMONIO

Pedro Calderón de la Barca

Texto basado en las COMEDIAS DE DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA, ed. Juan Jorge Keil (Leipzig, 1830), tomo IV. Fue editado en forma electrónica por David Hildner y luego pasado al HTML para ser presentado en esta colección por Vern Williamsen en 2000.


Personas que hablan en ella:

  • San BARTOLOMÉ
  • El REY Polemón
  • LICANORO, príncipe
  • CEUSIS, príncipe
  • El DEMONIO
  • Un SACERDOTE de Astarot
  • LIRÓN, villano
  • IRENE, hija del rey
  • SILVIA, dama
  • FLORA, dama
  • LESBIA,villana
  • CRIADO
  • MÚSICOS
  • CRIADOS
  • GENTE

JORNADA PRIMERA


Salen IRENE, y FLORA y SILVIA deteniéndola
IRENE: Dejadme las dos.
FLORA: Señora,
mira…
SILVIA: Oye…
FLORA: Advierte…
IRENE: ¿Qué tengo
de oír, advertir y mirar,
cuando miro, oigo y advierto
cuán desdichada he nacido,5
sólo para ser ejemplo
del rencor de la Fortuna
y de la saña del tiempo?
Dejad, pues, que con mis manos,
ya que otras armas no tengo,10
pedazos del corazón
arranque, o que de mi cuello,
sirviéndome ellas de lazo,
ataje el último aliento;
si ya es que, porque no queden15
de tan mísero sujeto
ni aun cenizas que ser puedan
leves átomos del viento,
no queráis que al mar me arroje
desde ese altivo soberbio20
homenaje, en fatal ruina
de la prisión que padezco.
SILVIA: ¡Sosiega!
FLORA: ¡Descansa!
SILVIA: ¡Espera!
IRENE: ¿Qué descanso, qué sosiego
ha de tener quien no tiene25
ni esperanza de tenerlo?
SILVIA: El entendimiento sabe
moderar los sentimientos.
IRENE: Ésa es opinión errada;
que antes el entendimiento30
aflige más cuanto más
discurre y piensa en los riesgos.
FLORA: Es verdad, pero también…
IRENE: No prosigas; que no quiero
desaprovechar mis iras35
ahora en tus argumentos.
Dejadme sola, dejadme,
idos, idos de aquí presto.
FLORA: Dejémosla sola, pues
sabes que sólo es el medio40
de su furor el dejarla.
Vanse FLORA y SILVIA
IRENE: Ya se han ido. Ahora, cielos,
han de entrar con vuestras luces
en cuenta mis sentimientos.
¿Qué delito cometí45
contra vosotros naciendo,
que fue de un sepulcro a otro
pasar no más, cuando veo
que la fiera, el pez y el ave
gozan de los privilegios50
del nacer, siendo su estancia
la tierra, el agua y el viento?
¿A qué fin, dioses, echasteis
a mal en mi nacimiento
un alma con sus potencias55
y sus sentidos, haciendo
nueva enigma de la vida
gozarla y perderla, puesto
que la tengo y no la gozo,
o la gozo y no la tengo?60
O son justas o injustas
vuestras deidades, es cierto;
si justas, ¿cómo no os mueve
la lástima de mis ruegos?
Y si son injustas, ¿cómo65
las da adoración el pueblo?
Ved que por entrambas partes
os concluye el argumento.
Responded a él… pero no
respondáis; porque no quiero70
deberos esa piedad,
por no llegar a deberos
nada que esté en vuestra mano,
y de vosotros apelo
a los infernales dioses,75
a quien vida y alma ofrezco,
dando por la libertad
alma y vida.
Sale el DEMONIO
DEMONIO: Yo [la] acepto.
IRENE: ¿Quién eres, gallardo joven,
que, si las noticias creo80
de pintados simulacros
que en algunos cuadros tengo,
viva copia eres de aquel
ídolo que en nuestro templo,
con el nombre de Astarot,85
adora todo este reino,
cuya opinión acredita
haber penetrado el centro
de esta ignorada prisión
sobre las alas del viento?90
DEMONIO: ¿Qué mucho que a él me parezca,
Irene, si soy el mesmo,
pues las doy a sus estatuas
alma, vida, voz y aliento?
Yo soy el dios de Astarot,95
aquél a cuyo precepto
ilumina el sol, la luna
alumbra, los astros bellos
influyen, el cielo todo
se mueve y los elementos100
en lid se conservan, siempre
amigos y siempre opuestos.
Yo soy el que en toda el Asia,
por los extraños portentos
de mis milagros, estoy105
adorado, hallando a un tiempo
su amparo en mí el afligido
y su salud el enfermo.
Compadecido a tu llanto
y enternecido a tu ruego,110
concurriendo a tus conjuros,
a darte libertad vengo.
Y aunque yo sepa la causa,
oírla de tu boca quiero,
porque caiga nuestro pacto115
sobre mejor fundamento.
Dime, ¿qué quieres de mí?
IRENE: Tanto a tu voz me estremezco,
tanto a tu vista me asombro,
tanto a tu semblante tiemblo120
que no sé si formar pueda
razones; mas oye atento.
Esta provincia de Asia,
a quien los que dividieron
el mundo dieron por nombre125
inferior Armenia, imperio
es del grande Polemón,
de cuya corona y cetro
hija heredera nací,
si hubiese querido el cielo130
que se midieran iguales
fortuna y merecimiento.
Quiso mi padre que hiciesen
juicio de mi nacimiento
sus sabios y en él hallaron135
–¡de imaginarlo reviento!–
que había de ser mi vida
el más extraño, el más nuevo
prodigio de cuantos dio
la fama a guardar al tiempo;140
pues de ella resultarían
para todo aqueste imperio
robos, muertes, disensiones,
bandos, tragedias, incendios,
lides, traiciones, insultos,145
ruinas y escándalos, siendo
en oprobio de los dioses
el principal instrumento
de otra nueva ley de un dios
superior a todos ellos.150
Con estos temores, dando,
entre tan raros sucesos,
crédito a los vaticinios
y opinión a los agüeros,
equivocando los nombres155
de piadoso y de severo,
dispuso mi padre el rey
que yo muriese en naciendo.
¿Quién vio más crüel, tirano,
injusto y torpe decreto160
que hacer los delitos él
porque yo no llegue a hacerlos?
De esta sentencia apelando
de su ira a su consejo,
él mismo mudó intención,165
tomando –¡ay de mí!– por medio
que en esta torre, fundada
en los ásperos desiertos
de Armenia, viva, si acaso
vive quien vive muriendo.170
Aquí con solas mujeres
me ha criado, de quien tengo,
por su relación, remotas
noticias del universo.
No sé hasta ahora cómo son175
sus repúblicas, sus pueblos,
sus políticas, sus leyes,
sus tratos y sus comercios.
El primer hombre que he visto,
si no me miente el objeto180
tuyo aparente, eres tú;
tan cerca –¡ay de mí!– y tan lejos
vivo de lo racional.
Y aun ya pasara por esto,
si hoy no me hubiera una dama185
dicho que mi padre –¡ay cielos!–
a dos hijos de Astiages,
su hermano, trajo a su reino;
cuya desesperación
me hizo –¡de cólera tiemblo!–190
salir de mí –¡de ira rabio!–
hasta –¡ahógame mi aliento!–
decir que en muerte y en vida
el alma le daré en precio
a cualquiera que me dé195
la libertad que apetezco.
Y así, si tú, enternecido
de mi llanto y de mis ruegos,
de mi pena y de mi agravio,
de mi voz y mi tormento,200
me la das, otra vez y otras
mil veces a decir vuelvo
que soy tuya, y lo seré
en vida y en muerte, haciendo
libre donación en vida205
y muerte de alma y de cuerpo,
para ver si así me libro
de esta prisión que padezco,
de esta esclavitud que lloro,
de esta sujeción que tengo,210
de esta envidia que publico
y de esta rabia que siento.
DEMONIO: La lástima, hermosa Irene,
de tus extraños sucesos
me ha obligado a tomar hoy215
esta forma, concurriendo,
como dije, a tus conjuros;
y aunque puedan mis portentos
no sólo de aquí sacarte,
pero todo este soberbio220
edificio trasladar,
arrancado de su asiento,
a los más remotos climas
de todo el orbe, no quiero
que hoy en tu favor me ayuden225
tantos prodigiosos medios.
De medios más naturales
me he de valer. (Y es que tengo Aparte
limitada la licencia
de Dios, y así no me atrevo230
a más de lo que permiten
sus soberanos decretos.)
Yo te pondré en libertad,
revalidando el concierto
de que serás siempre mía.235
IRENE: Otra y mil veces lo ofrezco.
DEMONIO: Pues con esa condición
yo haré que tu padre mesmo
por ti envíe y que esos dos
sobrinos suyos que al reino240
aspiran, porque te juzgan
incapaz de su gobierno,
se pongan tan de tu parte
que ellos sean los primeros
que te ilustren y te adornen245
de la corona y el cetro
de toda Armenia. Y porque
no te dé cuidado el verlos
hoy en tu corte, sabrás
de su venida el intento.250
Astiages, menor hermano
de Polemón, rey supremo
de algunas de las provincias
de Asia, tuvo tan a un tiempo
esos dos hijos que hasta hoy255
el mayor ignora de ellos;
porque al tiempo del nacer
las matronas, acudiendo
a su madre, olvidaron
de señalar el primero260
que vio las luces del sol,
perturbándose el derecho
que a la herencia de su padre
tenían; de cuyo yerro
nació dividirse en bandos265
sus vasallos, pretendiendo
cada uno para sí
merecer el valimiento.
Polemón, por excusar
lides, batallas y encuentros,270
llamó a los dos a su corte,
tomando por buen acuerdo
que el uno a su padre herede
y el otro al tío; advirtiendo
que él ha de hacer la elección275
del que ha de jurar su reino.
No temas que de ninguno
se agrade su entendimiento;
porque los dos son, Irene,
tan encontrados y opuestos280
en acciones y en costumbres,
en obras y en pensamientos,
que duda al que ha de fïar
la corona, conociendo
que ninguno de ellos es285
merecedor del gobierno.
Es el defecto de Ceusis
ser ambicioso, soberbio,
cruel, homicida, tirano,
lascivo, injusto y violento.290
De todo esto es al contrario
de Licanoro el afecto,
porque es de ánimo abatido,
postrado, humilde y sujeto.
Tanto a la lección se entrega,295
apurando y discurriendo
quién es causa de las causas,
que le deja desatento
para lo demás; de suerte
que, aplicando yo otros medios300
hoy a la neutralidad
que tu padre tiene, puedo
hacer que tú te corones,
bella Irene, y, siendo ellos
quien en tu frente y tu mano305
pongan la corona y cetro,
rendidos a tu hermosura,
para que acaben con esto
tus prisiones, tus ahogos,
tus llantos, tus desconsuelos,310
tus pasiones, tus desdichas,
tus penas, tus sentimientos.
IRENE: ¡Oye! (¡Ay de mí!) Aparte
DEMONIO: ¿Qué me quieres?
IRENE: Tu poder no dudo inmenso.
Ya sabes cuánto es vehemente315
la cólera del deseo;
dame una señal de que
no es delirio, asombro o sueño
de mi loca fantasía
lo que estoy tocando y viendo.320
DEMONIO: Sí haré. ¿Qué es lo que deseas
ver más del mundo?
IRENE: Aunque tengo
en mal formadas especies
retratados mil objetos
que me llevan la atención,325
a esos dos jóvenes, puesto
que ellos dices que han de ser
de mi libertad el medio,
quisiera ver.
DEMONIO: Pues yo haré
que los veas en los mesmos330
ejercicios que ahora están
divertidos. (Aquí, infiernos, Aparte
he menester vuestra ayuda,
pues para la lid que espero
es necesario tener335
tan [pervertido] este reino
que en él no halle entrada aquella
nueva ley del Evangelio
que los apóstoles van
por todo el orbe esparciendo.)340
Vuelve los ojos, Irene;
verás lo que a este momento
tratando Ceusis está.
Sale CEUSIS tras un CRIADO con la daga desnuda
IRENE: Ya le veo, ya le veo,
a cuyo asombro me admiro.345
CEUSIS: ¡Villano! ¡Viven los cielos,
que has de morir a mis manos!
CRIADO 1: ¿Yo, señor, qué culpa tengo
de que Marcela te trate
con desdenes y desprecios?350
CEUSIS: Si tú de mí la dijeras
que he de ser yo el heredero
de Armenia, porque mi hermano
no tiene merecimientos
para competir conmigo,355
claro está que fueran menos
sus rigores.
CRIADO 1: Tanto adora
a su esposo que por eso
presumo que no te admite.
CEUSIS: Añade, entre los que tengo360
de dar la muerte en reinando,
a ese atrevido, a ese necio
que con su propia mujer
se atreve a darme a mí celos.
CRIADO 1: Teme, señor, que los dioses365
castiguen tu atrevimiento.
CEUSIS: ¿Qué dioses se han de atrever
a castigarme, si ellos
me dieron vista con que
mirase lo que apetezco?370
Acusen su providencia,
pues ella fue el instrumento
para mi culpa; o si no,
preciados de justicieros
quítenme la vista, si375
con la vista los ofendo.
DEMONIO: (Aquí, para ser más malo, Aparte
me importa parecer bueno;
y pues que me ha dado Dios
permisión, por sus decretos,380
para usar de naturales
causas, con ellas me atrevo
a entorpecerle los ojos,
con que dos nombres adquiero,
el de justiciero ahora385
y el de milagroso, luego
que a la vista que le turbo
le quite el impedimento.)
CRIADO 1: ¿Eso dices?
CEUSIS: Esto digo.
Finge estar ciego
Mas, ¡ay infeliz! ¿Qué es esto?390
¿Qué se nos ha hecho el día,
que a media tarde, cubierto
de pardas nubes, fallece?
¿Dónde se ha ido el sol huyendo,
sin permitir que la luna395
substituya sus reflejos
en el horror de la noche?
CRIADO 1: ¿De qué haces tantos extremos?
¿Qué tienes?
CEUSIS: Perdí la luz,
y con mil sombras tropiezo.400
¡Ay de mí, rabiando vivo!
¡Ay de mí, rabiando muero!
Vase CEUSIS, guiándole el CRIADO
IRENE: Confusa estoy y turbada.
A hablar –¡ay de mí!– no acierto.
DEMONIO: Para quitarte ese horror,405
ve a Licanoro. Arguyendo
con un sacerdote mío
está; escucha el argumento.
Salen LICANORO y el SACERDOTE
LICANORO: Dime, puesto que tú eres
tan sabio, docto y maestro,410
¿qué libro es éste que acaso
hallé entre otros que tengo,
que, por más que en él estudio,
ni sus principios entiendo,
ni sus misterios alcanzo415
ni su doctrina comprendo?
SACERDOTE: ¿Cómo es el título?
LICANORO: El Génesis
se dice, voz que en hebreo
creación quiere decir.
SACERDOTE: Pues ¿cómo empieza?420
LICANORO: Oye atento;
“En el principio crïó
Dios a la tierra y al cielo.”
SACERDOTE: No prosigas, si no dice
qué dios.
LICANORO: Mi duda está en eso.
De un Dios habla solamente,425
poderoso, sabio, inmenso,
criador del cielo y la tierra.
SACERDOTE: Pues no le leas, supuesto
que niega los demás dioses.
LICANORO: Antes le estimo por eso;430
que no es posible que aquesta
fábrica del universo
sea obra de dos manos;
y más si el lugar advierto
del filósofo que dice435
lo que es ser Dios, infiriendo
que es sólo un poder y un solo
querer. Prosigue diciendo,
“La tierra estaba vacía,
nada eran los elementos,440
y el espíritu de Dios
iba, estándose en sí mesmo,
llevado sobre las ondas.”
SACERDOTE: Ni lo alcanzo ni lo entiendo.
LICANORO: Yo tampoco. De Dios dice445
que iba el espíritu inmenso
llevado sobre las ondas,
sin decir qué dios.
SACERDOTE: De ahí veo
cuán como rústico escribe
el autor que le ha compuesto,450
pues nada prueba.
LICANORO: Antes mucho.
Oye, a ver si te convenzo.
DEMONIO: (Sí harás; que ya tu discurso Aparte
por otros actos penetro.
Pero yo, antes que lo digas,455
impediré el instrumento
de tus voces. Habla ahora,
que yo tu lengua entorpezco.)
SACERDOTE: Pon el argumento, empieza;
que a todo responder pienso.460
LICANORO: Quien dice dios, absoluto
poder dijo.
SACERDOTE: No lo niego.
Prosigue.
LICANORO: (No puedo hablar.) Aparte
Titubea
SACERDOTE: ¿Qué tienes?
LICANORO: (No sé qué tengo; Aparte
que el corazón a pedazos465
se quiere salir del pecho
al ver que muda la lengua
articula los acentos.)
SACERDOTE: ¿Qué tienes?–Por señas solas
habla, y con raros extremos470
al cielo y la tierra mira,
y va de mi vista huyendo.
LICANORO: (¡Ay de mí, rabiendo vivo! Aparte
¡Ay de mí, rabiando muero!)
Vanse LICANORO y el SACERDOTE
IRENE: Con no menor pasmo –¡ay triste!–475
me dejó aqueste suceso
que el pasado.
DEMONIO: Mis piedades
les darán la vista luego
y la voz que les quitaron,
porque hablaron con desprecio480
mío. Mira a qué poder
te entregas.
IRENE: Yo me confieso
tuya, Astarot, en la vida
y en la muerte.
DEMONIO: Yo lo acepto.
IRENE: ¡Ay de mí, rabiando vivo!485
¡Ay de mí, rabiando muero!
Vanse. Salen LESBIA y LIRÓN llorando
LIRÓN: ¡Ay!
LESBIA: ¿Por qué lloras?
LIRÓN: Probar
quisiera si conseguir
puedo en todo este lugar,
ya que a nadie hago reír,490
hacer a alguno llorar;
pues si la causa te digo
del mal que traigo conmigo,
fuerza es que antes y después
lloren todos.495
LESBIA: ¿Qué mal es?
LIRÓN: Estar casado contigo.
LESBIA: Pues ¿cuándo pensasteis vos
tener mujer de esta cara?
LIRÓN: Eso nunca; que–¡por Dios!–
que si una vez lo pensara,500
que no lo llorara dos.
LESBIA: La causa saber espero.
LIRÓN: ¿Qué mayor, si considero
a cuán pocas satisfizo
de las cuentas que me hizo505
contigo el casamentero?
Porque él me dijo, “Lirón,
casaos; que es mucha razón
el que tenga un hombre honrado
casa, familia y estado.510
Vos, con aquesa ración
que tenéis de barrendero
de este tempro, y con tener
quien lo gobierne, si infiero
que en manos de la mujer515
luce doblado el dinero,
lo pasaréis, craro está,
como un rey; porque es así,
que a eso se juntará
su hacienda, y de aquí y de allí520
la gracia de Dios vendrá.”
Caséme, viéndole habrar
tan sin duelo y sin mancilla,
y la honra que vine a hallar
son mujer, casa y familia525
que tener que sustentar.
Lo que yo solo comía,
lo como ahora en compañía,
y el locirlo tú es engaño;
pues no gano yo en un año530
lo que gastas tú en un día.
Sin que de aquí ni de allí
un pan me venga siquiera,
ni la gracia de Dios quiera
más acordarse de mí535
que si en el mundo no huera.
Y así de aquesta africión,
pues que le barro su tempro,
le he de pedir a Astarón
me libre; que, si contempro540
cuántos sus milagros son,
que sana al cojo, al tullido,
al manco, al ciego, al baldado,
mayor milagro habrá sido
sanar a un hombre casado545
del achaque de marido.
LESBIA: Yo también al tempro iré,
y a Astarón le pediré
que, si en otra ha de empezar
la grande obra de enviudar,550
en mí sea; que yo sé
que me oirá mijor a mí,
mentecato, que no a vos.
LIRÓN: ¿Por qué, Lesbia?
LESBIA: Porque sí.
LIRÓN: Pues vamos juntos los dos555
habrándole desde aquí.
LESBIA: Astarón de gran poder…
LIRÓN: Dios adorado y querido…
LESBIA: …duélos mirar…
LIRÓN: …duélaos ver…
LESBIA: …el talle de mi marido.560
LIRÓN: …la cara de mi mujer.
LESBIA: Dadme modo…
LIRÓN: Dadme traza…
de librarme de esta maza…
LESBIA: …de quien él la mona ha sido…
LIRÓN: …que, si hacéis esto que os pido…565
LESBIA: …que, si esto hacéis…
Dentro
VOCES: ¡Plaza, plaza!
LIRÓN: ¿Qué ruido aquéste será?
LESBIA: Yo la causa de él no dudo;
porque, viendo el rey que está
un príncipe de esos mudo570
y el otro ciego, querrá
traerlos al tempro a ofrecer
sacrificio, para ver
si así en la gracia conquista
de Astarón su habra y su vista.575
LIRÓN: Pues no tenemos que her
por hoy mosotros, que tiene
mucho que her nuestro dios;
y así por hoy más conviene
[…………………..ós?]580
[………………….ene?]
irnos.
LESBIA: No conviene tal;
que mijor es asistir
para ver en caso igual
cómo le hemos de pedir585
la cura de mueso mal.
Ábrese el templo, y salen el REY, CEUSIS, LICANORO, el SACERDOTE y MÚSICOS
REY: Inmensa deidad bella
de esta patria felice, pues en ella
tu imagen venerada
se ve, en templos y altares colocada,590
en ti la pena mía
la fe con que te busca hallar confía
favores y piedades,
restituyendo al alma sus mitades.
Y, puesto que mi celo,595
por excusarle la ojeriza al cielo,
a Irene–¡suerte esquiva!–
muerta la llora y la sepulta viva,
ya que otro arrimo ni descanso tengo
que estos báculos dos, en quien prevengo600
descansar del prolijo
peso del reino, con que ya me aflijo…
CEUSIS: Si yo, por obligarle,
pudiera–¡ay infeliz!–sacrificarle
vida y alma, lo hiciera,605
porque a la luz del sol restituyera
la ciega vista mía.
¡Oh cuán triste es la noche sin el día!
LIRÓN: ¿Esto es ser ciego? ¡Ay Dios, y quién lo fuera!
LESBIA: ¿Por qué? Di.610
LIRÓN: Porque habrara, y no te viera.
A LICANORO
REY: ¿A los cielos me enseñas?
¿Qué me quieres decir con esas señas?
Solo “uno” me señalas;
con tu dolor a mi dolor igualas.
¿Qué dices? No te entiendo.615
SACERDOTE: Yo sí; que su concepto comprehendo.
Dice que, si él hubiera
de pedir el remedio, le pidiera
al dios que solo es uno.
REY: De oírlo se alegra. ¿Haber puede ninguno620
de absoluto poder? Ése es engaño.
Busca el remedio donde hallaste el daño.–
Todos al templo entremos;
que no dudo que en él piedad hallemos.
SACERDOTE: Ya desde aquí la imagen se termina,625
y corren a sus aras la cortina.
REY: Con músicas vosotros y con voces
los altos cielos penetrad veloces.
Cantan
MÚSICOS: “Grande prodigio de Asia, dios de la inferior Armenia, nuestros lamentos escucha, atiende a las voces nuestras; pues deidades supremas ni esconden el rigor ni el favor niegan.”
Descúbrese el ídolo
REY: A ti, deidad soberana,630
con dos aflicciones llega
quien más tu grandeza adora,
quien más tu culto venera;
a Ceusis y a Licanoro,
gran dios, traigo a tu presencia,635
uno ciego y otro mudo.
En mí y en ellos ostenta
lo sumo de tu poder,
lo inmenso de tu grandeza.
CEUSIS: Si pequé soberbio, humilde640
ya el perdón te pido; muestra
que tiene la humildad premios,
si castigos la soberbia;
pues tu dulce voz süave
nos advierte y nos enseña…645
Cantan
MÚSICOS: “…que deidades supremas ni esconden el rigor ni el favor niegan.”
Dentro el DEMONIO
DEMONIO: Quien a los dioses ultraja
justo es que sus iras sienta,
y justo también que goce
sus piedades quien los ruega.650
Y, porque veas que en mí
hay castigo y hay clemencia,
la luz del sol a tus ojos
a restitüirse vuelva.
CEUSIS: Gracias te den, dios inmenso,655
a un tiempo el cielo y la tierra.
Feliz quien ver mereció
revocada tu sentencia.
SACERDOTE: ¡Viva nuestro gran dios!
TODOS: ¡Viva!
LESBIA: ¡Viva muy en hora buena!660
LIRÓN: ¡Viva, como me descase,
pues que tan poco le cuestan
los milagros!
REY: Licanoro,
pide tú con vivas señas
sus favores, y entretanto665
la música a cantar vuelva.
Cantan
MÚSICOS: “…pues deidades supremas ni esconden el rigor ni el favor niegan.”
DEMONIO: (Aunque las señas que hace Aparte
nada conmigo merezcan,
la voz le he de dar; pues más670
me importa ocultar la ofensa
que limitar el poder.)
Quien mi majestad venera
con señas, es justo que
ya con voces la engrandezca.675
LICANORO: Es engaño; porque yo
no te he pedido clemencia;
a la causa de las causas
la he pedido.
SACERDOTE: Porque veas
que Astarot lo es, ha querido680
darte como tal respuesta.
¡Viva nuestro gran dios!
TODOS: ¡Viva!
LICANORO: Aun con ver que me reserva
del dañado impedimento
que tuvo atada mi lengua,685
con mi duda quedé.
LIRÓN: ¿Han visto
cuánto es a la estatua muesa
záfil el hacer milagros?
Lleguemos nosotros, Lesbia.
LESBIA: ¿No ves que está el rey aquí,690
y no querrá en su presencia
ocuparse en pocas cosas?
LIRÓN: Yo bien sé cómo pudieras,
si el milagro es descasarnos,
hacerlo tú, sin que huera695
menester pedirlo a nadie.
LESBIA: ¿Cómo?
LIRÓN: Cayéndote muerta.
LESBIA: ¡Malos años para vos!
REY: Divina deidad eterna,
¿qué víctima, qué holocausto,700
qué sacrificio, qué ofrenda
en hacimiento de gracias
puedo yo hacerte que sea
más acepto?
DEMONIO: Dar a Irene
libertad.705
REY: Mi providencia
pervertir quiso sus daños;
mas si eso mandas, por ella
vayan, señor, al momento.
Vase el SACERDOTE. Dentro San BARTOLOMÉ
BARTOLOMÉ: ¡Penitencia, penitencia!
REY: ¿Qué triste y mísero acento710
es el que en los aires suena?
LICANORO: Nunca se oyó en sus espacios
voz tan horrible y funesta.
CEUSIS: El sonido de sus ecos
el corazón me atormenta.715
¡Qué pavoroso rüido!
LIRÓN: ¿Cúya será esta voz, Lesbia?
LESBIA: A todos turba el oírla.
DEMONIO: (Y más a mí el conocerla. Aparte
Pero ¿qué temo, qué temo,720
que el apóstol de Dios venga,
si viene a tiempo que tengo,
con las mentidas grandezas
de mis fingidos milagros,
toda esta gente suspensa?)725
REY: ¡El corazón se estremece!
Gran dios, ¿cúya voz es ésta?
DEMONIO: Yo te lo diré. (Aquí importan Aparte
mis engaños y cautelas.)
De un hombre, rey, que a tu corte730
viene, que tirano intenta
quitar de tu mano el cetro
y el laurel de tu cabeza.
Y aunque otra cosa te diga,
ni le escuches ni le creas,735
y está advertido, porque
o le mates o le prendas.
REY: Esa palabra te doy.
BARTOLOMÉ: ¡Penitencia, penitencia!
LICANORO: ¿Qué hombre, cielos será éste?740
Sale IRENE
IRENE: ¡Aguarda, detente, espera!
Que, aunque debiera primero
rendir gracias y obediencias
a dios que me da la vida,
y a ti que me la reservas,745
de este hombre o de este monstruo
te quiero contar las señas,
ya que viniendo le vi
entre el vulgo que le cerca,
a cuya vista quedé750
ni bien viva ni bien muerta,
de ver que el gusto de verte
me embaracen estas nuevas.
LICANORO: (¡Qué peregrina hermosura!) Aparte
CEUSIS: (¡Qué soberana belleza!) Aparte755
IRENE: Es su estatura mediana,
su barba y cabello en crencha
partida a lo nazareno
y de cenizas cubierta,
afectando el desaliño760
más su hipócrita modestia;
el rostro es grave, la voz,
bien como de una trompeta,
armoniosamente dulce
y dulcemente tremenda;765
vivo esqueleto de un vil
báculo que le sustenta,
es todo su adorno un saco
ceñido con una cuerda.
Pero ¿para qué repito770
las señas suyas, si entra
ya en el templo? A cuya voz
todo el edificio tiembla,
cuando en pavoroso acento
dice atrevida su lengua…775
Sale San BARTOLOMÉ
BARTOLOMÉ: ¡Cristo es el Dios verdadero!
¡Penitencia, penitencia!
LIRÓN: ¡Ay qué voz y qué semblante!
Peor cara tiene que Lesbia.
LESBIA: Sí; pero mejor que tú,780
por mala que te parezca.
REY: Hombre, aborto de la espuma,
que esa marítima bestia
sorbió sin duda en el mar,
para escupirte en la tierra…785
LICANORO: Parto de aquesas montañas
que, equivocando las señas,
para ser fiera, eres hombre,
para ser hombre, eres fiera…
CEUSIS: Racional nube que el viento790
para rayo suyo engendra,
pues el trueno de tu voz
espeluza y amedrenta…
IRENE: Prodigio, ilusión y asombro
que ha bosquejado la idea795
de algún informe concepto
de soñadas apariencias…
REY: …¿qué mal entendido rumbo…
LICANORO: …¿qué derrotada tormenta…
CEUSIS: …¿qué deshecho terremoto…800
IRENE: …¿qué fantástica quimera…
REY: …a estos puertos…
LICANORO: …a estos montes…
CEUSIS: …te trae?
IRENE: …te arroja?
REY: …te echa
o te forma para asombro?
¿Qué solicitas?805
LICANORO: ¿Qué intentas?
BARTOLOMÉ: La salud de tantas almas
como cautivas y presas
de la injusta idolatría
tiene la ignorancia vuestra,
que dejáis de dar al Dios810
que es criador de cielo y tierra
las alabanzas que dais
al bronce, barro y madera
de que labráis vuestros dioses.
Éste es único en esencia815
y trino en personas; pues
el Padre, que es la primera,
ni criado, ni engendrado
ni procedido se ostenta
de nadie, porque en sí mismo820
sin fin ni principio reina;
el Hijo, que es la segunda
de esta soberana esencia,
ni criado ni procedido,
sino engendrado se muestra825
del Padre, cuyo concepto
siempre incesable se engendra;
el Espíritu, que es
de aquesta esencia suprema
la tercera, ni crïado830
ni engendrado, es cosa cierta,
sino procedido de ambos;
que, aunque tres personas sean,
no son tres dioses, un solo
Dios es no más, una mesma835
voluntad, un querer mismo
y una misma omnipotencia.
Uno es el Padre, uno el Hijo,
y de la misma manera
uno el Espíritu; pero840
no son tres con diferencia,
no es fingido simulacro,
en cuya errada asistencia
habla el espíritu impuro
del demonio.845
REY: Ten la lengua;
que nuestros dioses infamas.
IRENE: No prosigas, cesa, cesa;
que su gran poder ofendes.
CEUSIS: ¿Qué imposibles sutilezas
son [a] las que nos persuades?850
LICANORO: Tente, Ceusis; no le ofendas,
hasta entender sus razones.
REY: ¿Qué razones? Todas ellas
son para darme la muerte.
BARTOLOMÉ: No son sino vida eterna.855
REY: Cuando eso fuera verdad,
¿cómo quieres que lo crea,
que este simulacro hermoso
virtud divina no tenga,
si, cuando vienes, estamos860
dándole gracias inmensas
de dos milagros tan grandes
como dar su providencia
vista al ciego y voz al mudo?
BARTOLOMÉ: Sabiendo que todas esas865
obras caben en la margen
de la gran Naturaleza,
habiendo puesto primero
el impedimento en ella,
como angélica criatura,870
capaz de todas las ciencias.
Prosigue sus sacrificios
y di, si de dios se precia,
que, estando yo aquí, responda
a alguna pregunta vuestra.875
DEMONIO: Sí responderé.
BARTOLOMÉ: No harás;
que yo con esta cadena
de fuego, en nombre de Dios,
tengo de ligar tu lengua.
Habla ahora.– Preguntadle;880
decid que os dé la respuesta.
Al báculo que trae BARTOLOMÉ, que será a modo de cruz, se pondrá una bombilla y se encenderá por debajo
CEUSIS: Gran dios de Astarot, tu nombre
hoy se ilustre y engrandezca.
Vuelve por ti, con decirnos
lo que este bárbaro intenta.885
DEMONIO: (No puedo hablar–¡ay de mí!– Aparte
porque cautivas y presas
con cadena están de fuego
mis acciones y mis fuerzas.)
No me aflijas, no me aflijas,890
Bartolomé; que ya deja
mi engaño este ídolo mudo,
faltándole mi asistencia.
Y así cúbranme la faz
caliginosas tinieblas895
que den al cielo pavor,
que den asombro a la tierra.
Cubren el altar
BARTOLOMÉ: ¿Cuánto es más, quitar a un dios
vista y voz, que no el que pueda
dar a otros voz y vista?900
CEUSIS: Eso fuera, si no fuera
valido de los encantos
y mágicas apariencias
de que usáis los galileos
todos, de hechizo y quimera.905
¡Muera a mis manos quien viene
a alterar la patria!
TODOS: ¡Muera!
LICANORO: Dejadle; que hasta ahora no
sabemos que nos ofenda.
IRENE: Sí sabemos, pues que viene910
a introducirnos ley nueva
de un dios que ignoramos, siendo
la gran provincia de Armenia
patrimonio de los dioses
y de nosotros herencia,915
desde que la primer nave
tomó en sus cumbres excelsas
puerto, sobre cuya cima
incorruptible se asienta.
BARTOLOMÉ: Y aun por eso aquí de Cam920
la réproba descendencia
obra con su idolatría
en vuestros pechos impresa.
REY: No lo escuches.
CEUSIS: No le oigas.
¡Muera a nuestras manos!925
TODOS: ¡Muera!
BARTOLOMÉ: Para otra ocasión el cielo
mi vida guarda y reserva.
Quieren acometer a BARTOLOMÉ, y él vuela
LIRÓN: Hecho una bestia he quedado.
Vase
LESBIA: Siempre tú eres una bestia.
Vase
REY: Seguidle todos, buscadle,930
hasta traerle a mi presencia.
Vase
SACERDOTE: Sacrificio le he de hacer
de aquestas aras sangrientas.
Vase
IRENE: La primera seré yo
que le dé la muerte fiera,935
pues como esclava me toca
del dios de Astarot la ofensa.
Vase
CEUSIS: Yo bien quisiera seguirle,
mas la divina presencia
de Irene me lleva el alma.940
LICANORO: A mí también me la lleva,
y por eso no le sigo.
(Aunque el seguirle yo fuera, Aparte
no para darle la muerte,
mas para que luz me ofrezca945
de si el dios que yo imagino
es como el dios que él enseña.)

FIN DE LA JORNADA PRIMERA

Scroll to Top