La monja alférez — Jornada III

JORNADA TERCERA


Sale el VIZCONDE de la Zolina, con hábito de Alcántara, y don DIEGO
VIZCONDE: Proseguid la relación
de esa mujer prodigiosa.
DIEGO: Después que el Virrey de Lima
la suplicación le otorga,
de la novedad movido,1710
que le refirió mi boca.
Jurídicas experiencias,
lícitas por ser forzosas,
de que es mujer el Alférez
con evidencia le informan.1715
Y así mirando su causa
con atención más piadosa
le da plazos en que prueba,
que el Nuevo Cid la provoca
a la pendencia y por ser1720
justa, y natural la propia
defensa, en la última instancia
la sentencia se revoca.
Restituída a su traje
en las Trinitarias Monjas1725
la recluyen por la fama
que tiene de religiosa.
Allí violentada juzga
eternidades las horas,
más repugnante que el viento1730
oprimido de las ondas.
Hasta que vino a romper
las prisiones, la discordia
que sobre elegir prelada,
ira siembra, y bandos forma.1735
De Isabel de la Artinaga,
por ser vizcaína, toma
por cuenta suya la voz
para elegirla priora.
Era la parcialidad1740
contraria más poderosa,
y así remite a las manos
lo que no alcanza la boca,
y con un bastón robusto
de tal suerte el viento azota,1745
que lo que no ablandan ruegos
a duros golpes nogocia.
Ofendidas de su exceso,
y de su furia medrosas,
la expulsión que ella desea1750
le solicitan las monjas.
Las dos cabezas del reino
secular, y religiosa,
por evitar disensiones
en lo mismo se conforman.1755
Libre al fin de la clausura
pasar a España, y a Roma
resuelve, a cosas que entiendo
que a la conciencia le importan.
Y al instante que el Callao1760
daba por el mar la popa,
en calzones, y ropilla
trueca basquiñas, y ropa.
Halla propicio a Neptuno,
llega a la arena española,1765
que a las colunas de Alcides
cerró el paso, y dio memoria.
Por el hábito indecente
el obispo la aprisiona;
mas informado después1770
de sus hazañas heroicas,
no sólo no la castiga,
mas antes la galardona,
alentando su jornada
con dineros y con joyas.1775
Partióse luego de Cádiz
para esta corte, que goza
del sol de la casa de Austria
los rayos, y la corona.
Dícenme que está ya en ella,1780
búscola, porque me importa
lo que sabéis prosiguiendo
tras de la suya mi historia.
Ya os dije, señor Vizconde
de Zolina, que dos cosas1785
me obligaron justamente
a que el secreto le rompa.
Una fue librar su vida
de infame suplicio, y otra
dar yo la mano a la dama,1790
que firme mi pecho adora,
y satisfacer la deuda
de su honor sin mi deshonra,
declarando a los testigos
de su engaño, y de la gloria1795
que en nombre ajeno alcancé,
que quien sus favores goza
es Guzmán, y publicado
que es mujer, deshace, y borra
las sospechas, que amenazan1800
murmuración a mis bodas,
sin reparar en deseos
no ejecutados, que pocas
llegan al tálamo honradas,
si los intentos deshonran.1805
Luego, pues que del teatro
de su tragedia afrentosa,
redimí a la Monja Alférez,
–que así la llaman ahora–
a la dama por quien muero1810
voy a declarar la historia.
Alegre de poder ya
admitirla por esposa,
ella no menos contenta
pues su honor perdido cobra,1815
hace gracias al engaño
por quien viene a ser dichosa.
Con esto parto al instante
a dar al Alférez Monja
cuenta de cómo los cielos1820
nuestros intentos conforman.
Estaba presa y ya en traje
de mujer, y hablando a solas,
le doy alegre la nueva
de mis concertadas bodas.1825
Mas ella–¿quién tal pensara?–
cuando espero que responda
dándome mil parabienes,
quiere que mis males oiga,
diciéndome estas palabras,1830
“Ya yo, don Diego, soy otra,
que fui, porque de la muerte
he visto la horrible sombra.
Yo no soy quien de esa dama
perdió la ocasión dichosa,1835
que por engaño alcanzaste,
otro amante es quien la goza.
Ser conocidos por míos
los guantes, y ser notoria
al mundo mi valentía,1840
hizo que en mis manos ponga
esa dama su remedio;
era la causa piadosa,
ella mujer, yo mujer,
dádivas quebrantan rocas.1845
Todo junto me obligó
a que en favor suyo rompa
la ley de vuestra amistad,
y a engañaros me disponga.
Mas ya que os debo la vida,1850
y arrepentida me exhorta
la confesión a la enmienda,
no es bien que os quite la honra.”
Dijo, y quedó como suele
el sinventura a quien tocan1855
de Júpiter vengativo
las armas abrasadoras;
como aquél que en peña dura
en un punto se transforma,
si el rostro fatal le enseña1860
la Gorgona encantadora.
Vuelvo en mí, y multiplicando
al paso de las congojas
las palabras, le pregunto,
si de la verdad me informa.1865
Afírmase en lo que ha dicho.
A matarla me provoca
mi furor; mas mi valor
por ser mujer la perdona.
Fugitivo parto a España,1870
jornada que me ocasiona,
y facilita don Juan,
que en aquella misma flota
a intentos suyos partía:
mas ella perdida, y loca,1875
que el desprecio es el que más
a la mujer enamora,
en demanda de su honor
me sigue más que mi sombra,
que para ser importuna1880
bástale ser acreedora.
Llego a Madrid, y a Madrid
llega también, y sus obras,
palabras, y pensamientos
de tal suerte se conforman1885
en quererme, en obligarme,
y en persuadirme, que sola
resistiera a sus combates,
la deidad que honor se nombra,
pasando prolijos días1890
en batalla tan penosa,
su amor, y mi resistencia.
Encuentro a Machín ahora,
refiéreme lo que yo
ignoraba de esta historia,1895
después que triste partí
de la América a la Europa.
Díceme que está el Alférez
en la corte ya, y que posa
en casa de un noble hidalgo1900
su amigo, y compatriota,
cuyo nombre es Sebastián
de Ylumbe, y que su persona,
señor Vizconde, y la vuestra,
solo un espíritu forman.1905
Y así me quiero valer
de vos con él porque ponga,
y vos en favorecerme
pongáis vuestras fuerzas todas,
intercediendo los dos1910
para que el Alférez Monja
alumbre con la verdad
mi confusión tenebrosa;
que tan constante porfía,
y tan tiernamente llora1915
mi triste amante, afirmando
que la Monja Alférez sola
sus favores mereció,
que a las insensibles rocas
persuadirá, cuanto más1920
a quien como yo la adora.
Muera a piedad mi desdicha,
y al fin dé vuestra persona
la autoridad, que ha de ser
la causa más poderosa.1925
VIZCONDE: Lo que más con el valor
de un hidalgo pecho alcanza,
es el hacer desconfianza
en negocios del honor.
Y así la podéis tener,1930
de que para averiguar
la verdad, no he de dejar
piedra alguna por mover.
DIEGO: Pues con esto aseguráis
mis esperanzas.1935
VIZCONDE: Yo quiero
hablarla a solas primero,
que vos con ella os veáis.
DIEGO: Pues la brevedad señor,
os pido.
VIZCONDE: Bien sé, don Diego,
que no permiten sosiego1940
puntos de honor, y de amor.
Vanse, y sale GUZMÁN, rompiendo unos naipes, y MACHÍN
GUZMÁN: ¿Ha sota que juegue yo?
Voto a Dios.
MACHÍN: Vota, y reniega,
la culpa la tiene quien juega,
que la sota, ¿en qué pecó?1945
GUZMÁN: Ya he perdido, ¿qué he de hacer,
puédolo yo remediar?
MACHÍN: No, pero puedes guardar
lo que queda por perder.
GUZMÁN: Bien dices.1950
MACHÍN: ¿Pero no sabes
cómo a don Diego he encontrado?
GUZMÁN: ¿A don Diego? ¿Y qué te dijo?
MACHÍN: Que le contase tus casos
desde que él partió de Lima,
hasta que a Madrid llegamos;1955
y de ellos, y de la casa
en que vives informado,
diciendo que te vería
se despidió.
GUZMÁN: ¿Y del engaño
de doña Ana te habló?1960
MACHÍN: Yo estaba deseando
por tener nueva de Inés;
mas sabe que soy un mármol
en callar, desde que en Lima,
por haberme tú mandado,1965
que negase los amores
de doña Ana hallo en mis labios
las costumbres de Vizcaya
en lo duro, y lo cerrado;
y así no toco ese punto.1970
Mas pues los dos lo tocamos,
si la mudanza de tierras,
y de los tiempos la ha dado
a tus intentos ocultos,
¿no me dirás hasta cuándo1975
a doña Ana, y a don Diego
has de hacer tan graves daños?
GUZMÁN: Yo me entiendo.
MACHÍN: ¿Qué fin llevas?
GUZMÁN: Yo me entiendo.
MACHÍN: Algún gran caso
sin duda alguna previenes,1980
pues de mí lo encubres tanto,
que siempre fui del archivo
de tu pecho secretario.
GUZMÁN: Ya digo que yo me entiendo,
ver a don Diego, es el plazo1985
de declarar la intención
de mi silencio, y mi engaño.
Ten paciencia, y no me apures,
que importa, pues yo lo callo.
MACHÍN: Sebastián de Ylumbe viene.1990
GUZMÁN: No le digas que he jugado.
MACHÍN: ¿Temes la fraterna?
GUZMÁN: Sí,
que es cuerdo, y tiene a su cargo
mi corrección, y modestia
por cargo del Vicario.1995
MACHÍN: Por esta vez callaré,
mas si tú juegas, yo canto.
Sale SEBASTIÁN de Ylumbe, y va un CRIADO con un lío de vestidos de mujer, y pónelos sobre un bufete
SEBASTIÁN: Deja sobre ese bufete
ese vestido, y volando
parte a casa del Vizconde2000
de Zolina, y di que aguardo
el coche que le pedí.
Vase el CRIADO
Sabed, Alférez Arauso,
que un consejero real,
a quien la fama ha llevado2005
nuevas de vos, quiere veros.
GUZMÁN: ¿Que ha de verme? ¿Soy acaso
algún monstruo nunca visto,
o la fiera que inventaron,
que con letras, y con armas2010
se vio en el reino polaco?
¿No ha visto un hombre sin barbas?
MACHÍN: ¿Hombre? ¿O que tú has olvidado
sin duda el memento mulier
de aquel monjil trinitario,2015
que te pusieron en Lima?
SEBASTIÁN: Ser una mujer soldado,
y una Monja Alférez es,
el prodigio más extraño,
que en estos tiempos se ha visto,2020
y al fin en siendo mandato
de un consejero, es forzoso
el obedecerle.
GUZMÁN: Vamos,
que debe de convenir,
pues porfías.2025
SEBASTIÁN: Aguardaos,
que quiero que vais en traje
de mujer.
MACHÍN: Esto es el diablo.
GUZMÁN: Señor Sebastián de Ylumbe,
sólo el respeto que os guardo
puede hacer que vuestro intento2030
no castigue por agravio.
SEBASTIÁN: Mirad cuán lejos estaba
de imaginar agraviaros,
ni hallar en vos resistencia,
que sin haber consultado2035
con vos el intento mío,
de casa de una dama os traigo
este vestido, y previne
un coche para llevaros.
MACHÍN: ¡Ea, Alférez, y Catalina!2040
Llega MACHÍN con el manteo, y dale GUZMÁN un golpe
GUZMÁN: Aparta, loco.
MACHÍN: Mal año
para la ama de Alcides.
GUZMÁN: De cólera estoy rabiando.
MACHÍN: Pues a trueco de ir en coche,
hay en Madrid mil barbados,2045
que se pondrán de botargas.
SEBASTIÁN: Alférez, determinaos,
que esto importa.
GUZMÁN: Si os he dicho,
y os dice mi vida, cuánto
mi propio ser aborrezco.2050
Si de mis padres, y hermanos
troqué la amada presencia
por el indómito arauco;
si recibí mil heridas,
y si de Miguel de Arauso2055
mi mismo hermano vertió
la sangre mi airada mano,
si del último suplicio,
viendo ya el lugar infausto,
me dejaba dar la muerte2060
en un infame teatro,
todo por no publicar
que soy mujer, no es en vano
querer que me vista ahora
de lo que aborrezco tanto?2065
SEBASTIÁN: Por vuestro gusto habéis hecho
excesos tan mal pensados,
quizá porque no tuvisteis
quién supiese aconsejaros.
Mas ya que yo os aconsejo,2070
y que el nombre me habéis dado
de amigo, tengo de ver,
si con vos, Alférez, valgo
más que vuestra inclinación,
y si queréis por un rato2075
de disgusto, que me tenga
por hombre poco avisado
el Oidor si a su presencia,
que ha de respetarse tanto
os llevo en traje indecente.2080
GUZMÁN: Pues decid, ¿que desacato
se hace a su autoridad,
si ya por ello el Vicario
de Madrid me tuvo presa,
y por haberle informado2085
de mis hazañas, me dio
por libre?
SEBASTIÁN: Pues publicado
con ello que sois mujer,
¿qué perderéis en mudaros
por dos horas en su traje?2090
GUZMÁN: Dos horas son dos mil años,
y no quiero parecerlo,
ya que no puedo negarlo.
Demás, que el Oidor querrá
verme en el mismo que traigo:2095
mas la novedad es ésta
que le obligue a desearlo.
¿Que en el otro qué hay que ver?
¿Es por ventura milagro
ver una mujer vestida2100
de mujer?
SEBASTIÁN: Sí, cuando ha dado
tanta materia a la fama
con hechos tan señalados,
que ellos, no el disfraz, le mueven
a querer veros, y hablaros.2105
Esto en efecto ha de ser,
que ya por el mismo caso
que me resistís, celoso
de ver lo poco que valgo
con vos, o he de conseguirlo,2110
o jamás tengo de hablaros.
MACHÍN: Acabóse, vizcaínos,
testarudos sois entrambos,
ved por cuál ha de quebrar.
Mas tú que estás rehúsando2115
parecer mujer, y en nada
podrás parecerlo tanto
como en decir tijeretas,
has de ser lo más delgado.
GUZMÁN: Claro está que lo he de ser,2120
pues un amigo, a quien guardo
tanto respeto, se empeña
tan resuelto, y arrojado.
Dame ese manteo.
Quítase la capa con rabia
SEBASTIÁN: Ahora
me ponéis al rostro un clavo.2125
MACHÍN: ¡Qué bien haces! No porfíes.
Queda Roque preguntando–
que porque de las mujeres
públicas gustaba tanto–
dijo, por no porfiar.2130
GUZMÁN: Acaba.
SEBASTIÁN: ¿Quieres acaso
vestirte sobre la espada?
GUZMÁN: Estoy tan acostumbrado.
Quítase la espada y pónese el manteo al revés
MACHÍN: Acostumbrada.
GUZMÁN: También
lo estoy de tratarme hablando2135
como varón.
MACHÍN: Ponte ahora
el manteo, que es bizarro.
GUZMÁN: El más bizarro manteo
no iguala al calzán más llano.
MACHÍN: ¿No aciertas la coyuntura?2140
GUZMÁN: ¿Qué he de acertar? Que los diablos
inventaron estos grillos.
MACHÍN: Vuélvele de este otro lado.
GUZMÁN: Pese a mí, ¿qué he de volver?
¿No ves que me viene largo?2145
MACHÍN: Pues ponerte los chapines.
GUZMÁN: Chapines, ¿estás borracho?
Suenan dentro cuchilladas
DENTRO: Deténganse, caballeros.
OTRO: ¡Vive Dios, que he de mataros!
GUZMÁN: ¿Qué es aquello?2150
MACHÍN: Cuchilladas.
GUZMÁN: Pese a las faldas.
Suelta el manteo, coge la espada y desenváinala
MACHÍN: Andarlo.
SEBASTIÁN: Aguardad.
GUZMÁN: ¿Qué he de aguardar?
Todo es cansarme, y cansaros;
lo que no puedo conmigo,
necedad es intentarlo.2155
Vase
SEBASTIÁN: ¿Dónde vais?
MACHÍN: ¿Eso preguntas
si se están acuchillando,
y no tiene otras cosquillas.
Vase
SEBASTIÁN: El reducirla es en vano,
porque tiene solamente2160
de mujer lo porfiado.
Vase. Salen don DIEGO, don JUAN, y Doña ANA
DIEGO: Al vizconde de Zolina,
a quien el Alférez Monja,
quiere en todo hacer lisonja,
porque a ampararle se inclina,2165
lo mismo le ha respondido.
ANA: ¿Que aún está firme en su engaño?
Que me haga tanto dao,
sin haberla yo ofendido,
si tan conocida injuria,2170
sin justa pena dejáis,
cielos, ¿para quién guardáis
los rayos de vuestra furia?
DIEGO: Doña Ana, sin fruto son
tus quejas, yo no he podido2175
mostrar lo que te he querido
con más clara información,
que haberme determinado
contra escrúpulos de honor,
obligado de tu amor,2180
y de mi deuda obligado,
a ser tu esposo, si fue
el disfrazado Guzmán
solamente tu galán,
y de la ocasión que hurté2185
era el dueño, pues podía
perdonar tu liviandad,
por tener seguridad
de que tu intención no había
llegado a la ejecución;2190
que es cierto que se casaran
muy pocos, si repararan
en delitos de intención.
Mas la Monja, como ves,
lo niega tan en tu daño,2195
quéjate, pues de su engaño,
si por ventura lo es,
y no de mi buen intento,
que el cielo sabe, señora,
que de tus plantas adora2200
las huellas mi pensamiento.
Mas fuera gran desvarío,
y tú misma me culparas,
si porque tu honor cobraras,
quIsiera perder el mío,2205
y el tuyo, que es cierta cosa,
que no tiene una mujer
mayor afrenta que ser
de un hombre afrentado esposa.
ANA: Tú sin duda, arrepentido2210
de pagar tu obligación
has trazado esta invención,
y tu amistad ha podido
obligarla a que olvidara
de su conciencia el temor,2215
para quitarme el honor,
negando verdad tan clara;
mas la justicia…
DIEGO: Detente,
que porque de esa sospecha
quedes mi bien satisfecha,2220
información evidente,
es saber que desde el día
que ser tu amante negó
en Lima, y se retractó
de lo que afirmado había2225
la Monja Alférez, no vi
jamás su rostro, y responde
lo que te he dicho al Vizconde
de Zolina, y no a mí.
¿Luego indicio es verdadero,2230
de que no intento engañar,
obligarla a declarar
la verdad con tal tercero?
ANA: ¿Luego tú no la has hablado
en la corte?2235
DIEGO: Mis enojos,
no han permitido a mis ojos.
ver a quien los ha causado.
Y aunque es verdad que al Vizconde
le pidió que me dijese,
que yo con ella me viese,2240
y porque entiendo que esconde
algún misterio el deseo
de verme, la quiero hablar,
yo no le pienso tocar
este punto si la veo,2245
tanto porque es obligarme
de cólera a enloquecer,
y es en efecto mujer
de quien no puedo vengarme,
cuanto porque ella pudiera2250
sospechar que yo quería
con semejante porfía,
no que la verdad dijera,
sino que o lo fuese, o no,
dijese que era verdad2255
ser ella, a quien tu beldad
por dueño sólo estimó,
y fuera justa ocasión
de mi infamia esta sospecha.
Y pues quedas satisfecha2260
con esto de mi intención,
que no publiques te pido
sucesos tan contra ti,
y ten lástima de mí,
que te adoro, y te he perdido.2265
Vase
ANA: Aguarda, aguarda, don Juan.
JUAN: ¿Qué me mandas?
ANA: Que conmigo
os vengáis, a ser testigo
de lo que el falso Guzmán
me responde en este caso2270
a mí misma.
JUAN: Justo es
que te sirva.
ANA: El manto, Inés,
que de ofendida me abraso.
Vanse, y sale GUZMÁN con botas, y unos papeles, y SEBASTIÁN Ylumbe, y MACHÍN
GUZMÁN: De vos confío el cuidado
de acordar mis pretensiones,2275
en todas las ocasiones
en el Consejo de Estado.
Éstos los papeles son
de mi servicio, tomad,
y por los ojos pasad2280
esta certificación,
que entre los demás os dejo,
que de ella os informaréis
de lo que pedir podéis
en recompensa al Consejo.2285
Lee
SEBASTIÁN: Don Luis de Céspedes Xeria, Gobernador, y
Capitán General de la Provincia de Paraguay, & c.
Certifico a su Majestad, que conozco a Catalina de
Arauso de más de 17 años a esta
parte, que en hábito de hombre, y soldado le2290
ha servido en Chile más de 17, en las
compañías del Maese de Campo don
Diego Bravo de Sarabia, y del Capitán
Gonzalo Rodríguez: de la cual fue por sus
servicios Alférez, llamándose Alonso
Díaz de Guzmán, y se halló en2295
todas las ocasiones que se ofrecieron con mucho
valor, y reformada su compañía,
pasó a la del Capitán Guillén
de Casanova, y fue por buen soldado de los
aventajados, sacados para campear desde el Castillo2300
de Paicabí con el Maese de Campo
Álvaro Núñez de Pineda, y se
halló en muchas batallas, y recibió
muchas heridas, y en particular en la de
Purén, donde llegó a la muerte. Por2305
lo cual, y por ser digna de que su Majestad le haga
merced, le di la presente, con mi firma, y sello.
En Madrid, a 2 de febrero de 1625.
GUZMÁN: De aquese mismo tenor
son los demás, ésta es2310
del noble don Juan Cortés
de Monroy, Gobernador
de Veraguas. De don Diego
Flores de León, es ésta,
que en el pecho manifiesta2315
la Cruz del Patrón Gallego,
Maese de Campo, a quien dan
en las regiones australes,
alabanzas inmortales
sus hechos. Del capitán,2320
y cabo de compañías,
Francisco de Navarrete,
es aquésta que promete
premio a las hazañas mías,
según las ha exagerado.2325
Éstas son las que en Madrid
pude juntar, acudid
al Secretario de Estado
que pienso que la hallaréis
atento a mi pretensión.2330
SEBASTIÁN: ¿A qué remuneración
os inclináis?
GUZMÁN: Si podréis
para Flandes negociar
una ventaja, me holgara
que su Majestad premiara2335
mis hechos con emplear
en sus servicios estas manos,
que rabian ya por saber,
si pueden también vencer
flamencos como araucanos.2340
Pero si al fin conquistar
no podéis merced ninguna,
pretended al menos una,
que es muy fácil de alcanzar.
SEBASTIÁN: ¿Cuál es?2345
GUZMÁN: Que me consienta
andar siempre de varón,
que con esta permisión
quedo pagada, y contenta.
SEBASTIÁN: Pues sin tenerla te pones
en su traje, ¿qué te inquieta?2350
GUZMÁN: No quiero vivir sujeta
a enfados, y vejaciones.
SEBASTIÁN: Por advertido me doy,
mas trata de prevenirte,
que es hora ya de partirte,2355
que en casa el Vizconde voy.
Vase, y sale don JUAN, doña ANA, e INÉS con mantos
JUAN: Aquí está; Alférez Guzmán,
bien debéis a mi deseo
los brazos.
MACHÍN: ¿Qué es lo que veo?
¿Es Inés?2360
GUZMÁN: Señor don Juan,
¿tenéis salud?
JUAN: Bueno estoy
para serviros.
GUZMÁN: ¿Don Diego?
JUAN: A buscaros vendrá luego.
MACHÍN: Inés, los brazos te doy.
INÉS: ¿Cómo te llegas a mí,2365
testigo falso?
MACHÍN: Un crïado,
¿qué ha de hacer siendo mandado?
ANA: Guzmán, ¿conoceisme?
GUZMÁN: Sí,
bien te conozco, doña Ana.
ANA: ¿Pues cómo tu falso pecho,2370
si me conoces, ha hecho
una acción tan inhumana
contra mi honor, y opinión,
negando claras verdades?
¿Por dicha te persüades,2375
que no hay ley, que no hay razón?
¿Que no hay Dios? ¿Que no hay justicia,
para haber ejecutado?
¿En qué intento te ha obligado
tan detestable malicia?2380
¿Verdad tan averiguada,
no la dirán los que ves
que la saben? Habla, Inés;
habla, Machín.
MACHÍN: No sé nada.
ANA: ¡Ah, traidor! ¡Falso testigo!2385
Mal haya yo, que mujer
nací, para no poder
dar a entrambos el castigo.
INÉS: Ahora no me decías
disculpándote, ¿un crïado,2390
qué ha de hacer siendo mandado?
MACHÍN: No sé nada.
GUZMÁN: Tus porfías,
no han de hacer mudanza en mí,
que aunque tu mal me lastima,
lo mismo que dije en Lima,2395
te digo, doña Ana, aquí.
ANA: ¿Es posible que de Dios
te puedes tanto olvidar?
JUAN: (¿Quién podrá determinar Aparte
cuál miente aquí de los dos?2400
Pero don Diego ha llegado.)
MACHÍN: (Gracias a Dios, que esta vez Aparte
se acabará la preñez
de engaño tan dilatado.)
ANA: (Éste es don Diego: ojalá Aparte2405
vengue este infame pecho
su agravio, y mi deshonor.)
GUZMÁN: (Ya se cumplió mi deseo.) Aparte
Sale don DIEGO
DIEGO: Ya estoy, con ver la ocasión
de tantos daños, ardiendo2410
en cólera, pero quiso
que fuese mujer el cielo,
porque no pueda vengarme.
Doña Ana está aquí, y me huelgo,
por dejarla satisfecha.2415
MACHÍN: (El color pierden, ¿qué es esto?) Aparte
DIEGO: Porque me dijo el Vizconde
que tenéis que hablarme, vengo
a hacerlo, Alférez.
GUZMÁN: Sintiera
en el alma irme sin veros.2420
DIEGO: Hablad, pues que ya os escucho.
GUZMÁN: ¿Tenéis memoria, don Diego,
que para descubriros
que era mujer el secreto
prometisteis como noble?2425
DIEGO: Sí prometí, bien me acuerdo.
GUZMÁN: ¿Pues cómo lo quebrantastes?
DIEGO: Por daros vida.
GUZMÁN: El celo
de librarme, no era justo
que os obligase a romperlo,2430
habiéndoos yo prevenido,
que sintiera mucho menos
la muerte, que publicar
que era mujer; y así viendo
que a descrubrirlo os movió2435
de casaros el deseo,
quise con aquel engaño
impediros el efecto,
y el fruto que conseguir
pensastes de haberlo hecho.2440
Hasta que viéndome libre
de prisiones, y volviendo
a vestir varonil traje,
y a ceñir marcial acero,
de los agravios, afrentas,2445
infamias, y vituperios,
que desde entonces acá
he padecido, y padezco,
por haberme vos guardado
la palabra del secreto,2450
tomará así la venganza,
y os dará justo escarmiento.
Dale a don DIEGO con un bastón, y sacan las espadas
DIEGO: ¡Ah, vil!
MACHÍN: ¿No lo dije yo?
ANA: ¡Ay de mí!
Métese don JUAN de por medio
JUAN: ¿Qué hacéis, don Diego?
DIEGO: Castigar una mujer2455
atrevida.
JUAN: Si vos mesmo
decís que es mujer, ¿qué afrenta
una mujer os ha hecho?
GUZMÁN: Mentís, que no soy mujer
mientras empuño este acero,2460
que ha vencido tantos hombres.
DIEGO: Apartad, don Juan.
Sale el VIZCONDE de Zolina de camino, y SEBASTIÁN de Ylumbe
VIZCONDE: ¿Qué es esto?
Señor don Diego, aguardad,
¿Sois hombre? ¿Sois caballero?
¿Contra una mujer sacáis2465
la espada?
DIEGO: En nadie la empleo
mejor que en una mujer,
cuando me pierde el respeto.
VIZCONDE: Acabad, sed más prudente,
que aunque os lo pierda, os advierto,2470
que si os dais por agraviado,
no quedaréis satisfecho,
aunque la muerte le deis,
que es mujer, y es caso cierto,
que es más afrenta que hazaña2475
manchar en ella el acero.
GUZMÁN: ¿Que es mujer? ¡Tanta mujer!
Tratadme, Vizconde, menos
de mujer, que perderé
sobre ello, al mundo respeto.2480
VIZCONDE: Si lo eres, ¿de qué te agravias?
GUZMÁN: Si lo soy, ni lo confieso,
ni quiero sufrir que nadie
me lo llame, y vos, don Diego,
pues padezco estas afrentas2485
por vos, ni de lo que he hecho
me pesa, ni soy mujer,
si queréis satisfaceros.
SEBASTIÁN: ¡Hay condición tan extraña!
ANA: ¿Qué tigre te dio alimento,2490
que a la que tanto debes
tantos agravios has hecho,
crüel?
GUZMÁN: Escucha, señora,
que pues mi agradecimiento,
y tu honor pudieron tanto2495
en mi pecho, que me hicieron,
sólo porque su sospecha
satisfaciese don Diego,
descubrir que era mujer,
cuando estaba tan secreto.2500
Ahora, puesto, doña Ana,
que es público, y hago menos
y que satisfice ya
mi enojo, y cesa con esto
la ocasión, porque mi engaño2505
le impidió tu casamiento,
mejor lo confesaré
por dar a tu honor remedio,
y no malograr fineza,
que tan a mi costa he hecho.2510
Y así, don Diego, ya es justo
restitüir lo que debo
a doña Ana, declarando,
que sólo cupo en su pecho
mi amor, y pues habéis visto2515
de negároslo el intento,
dadle la mano, que yo,
si acaso consiste en esto,
porque ni vos reparéis
en la ofensa que os he hecho,2520
ni ella, se case con quien
tenga el menor sentimiento.
Y para que efecto tenga
segunda vez os confieso,
que soy mujer, pues deshago,2525
y satisfago con esto
vuestro agravio, pues decís,
que soy mujer, es lo mesmo,
que confesar que no pude
agraviaros, ni ofenderos.2530
Y si esto no os satisface,
haga mi agradecimiento
lo que no hiciera la muerte
en ese invencible pecho,
Arrodíllase
rindiéndome a vuestros pies,2535
y confesándome en ellos
vencida, y que a merced vuestra
vivo, pues quedáis con esto,
mucho más que con matarme,
ventajoso, y satisfecho.2540
DIEGO: Levanta, y dame los brazos,
que no solamente quedo
satisfecho, mas vencido,
envidioso del ejemplo,
que de agradecida has dado,2545
y quisiera yo haber hecho
más esta hazaña, que cuántas
han celebrado los tiempos.
VIZCONDE: Nunca has mostrado el valor
como ahora de tu pecho.2550
SEBASTIÁN: Más has ganado vencida
de ti misma, que venciendo
ejércitos enemigos.
VIZCONDE: Con aquesto, y pidiendo
perdón, tenga fin aquí2555
este caso verdadero.
Donde llega la comedia
han llegado los sucesos
que hoy está el Alférez Monja
en Roma, y si casos nuevos2560
dieren materia a la pluma,
segunda parte os prometo.

FIN DE LA COMEDIA

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