La monja alférez — Jornada I

LA MONJA ALFÉREZ

Juan Pérez de Montalbán

El texto presentado aquí está basado en el texto tal como se halla en un tomo facticio encontrado en la biblioteca de la Universidad de Pennsaylvania, COMEDIAS VARIAS, tomo 6. El texto ha sido cotajado con el encontrado en el tomo, THE NUN ENSIGN, edición, traducción, y la edición de la supuesta biografía en prosa de Catalina de Erauso preparado por James Fitzmaurice-Kelly (London: T. Fisher Unwin, 1908). El texto electrónico fue preparado por Ricardo Castells quien tan generosamente lo ha mandado para ser incluido en esta presente colección. Luego este texto fue editado y pasado al HTML por Vern Williamsen en 1998.


Personas que hablan en ella:

  • Don DIEGO, galán
  • Don JUAN
  • Catalina de Arauso, Monja Alférez [Alonso de GUZMÁN]
  • MACHÍN, su criado, gracioso
  • MANUEL de Arauso, soldado
  • El ALFÉREZ Nuevo Cid
  • EL CASTELLANO del Callao
  • TEODORA, dama
  • Doña ANA, dama
  • INÉS, su criada
  • TRISTÁN, criado
  • Un SOLDADO
  • El VIZCONDE de Zolina
  • SEBASTIÁN de Ylumbe, hidalgo
  • Un RELIGIOSO
  • OCAÑA
  • MONROY
  • PEROMATO
  • MOTRIL
  • JARAVA
  • Un CRIADO

JORNADA PRIMERA


GUZMÁN y MACHÍN de camino, doña ANA e INÉS con mantos
ANA: No puedo enfrenar el llanto.
GUZMÁN: No lo hubiera yo emprendido,
mi bien si hubiera entendido
que tú lo sintieras tanto.
Mas ya es hecho; tú, señora,5
eres culpada, yo no,
pues que tu amor me ocultó
lo que me descubre ahora.
ANA: El favor más limitado
de una principal mujer,10
no basta para prender
la esperanza, y el cuidado.
¿Pude yo, siendo quien soy,
darte señales más claras
de mi amor? ¿Tú estimaras15
los favores que te doy,
si te entregase liviana
la posesión de mi pecho?
GUZMÁN: Ya no hay remedio, ya es hecho,
mas alivie, mi doña Ana,20
si mi ausencia te lastima,
el mal que sintiendo estás,
ver que dos leguas no más
dista el Callao de Lima.
Y no dará luz la aurora,25
jamás al monte, ni prado
sin que a mí me la haya dado
ese sol que el alma adora.
Así desmentir podré
la ausencia que te amenaza,30
que supuesto que la plaza
yo de soldado asenté,
y en el puerto he de asistir
las noches que estar de posta
no me toque, por la posta35
a verte podré venir.
ANA: Con eso no solamente
se alivian mis sentimientos,
mas es para mis tormentos
el medio más conveniente.40
Pues si de las ansias mías
la envidiosa diligencia
tuvo indicios, con tu ausencia
desmentimos las espías.
Que ya sabes que el efecto45
de poderte ver, y hablar,
solamente ha de durar
lo que durare el secreto.
Y así de nuevo te pido,
que la palabra me des50
de no romperlo, aunque estés
ya celoso, ya ofendido.
GUZMÁN: Y de nuevo te prometo,
que no sepa mi cuidado
de mí, sino este crïado,55
que es ejemplo del secreto.
MACHÍN: No viene Machín de casta
que se pierde por hablar,
pues para saber callar,
soy vizcaíno, que basta.60
ANA: Pues, Alonso de Guzmán
hace de ti confïanza,
ésa es la mayor probanza
que tus méritos me dan.
Y tú porque la ocasión65
jamás pierdas de venir
a verme, sin que inferir
pueda nadie tu afición.
Pues es la curiosidad
tan necia, que te podría70
poner una oculta espía,
que al entrar en la ciudad
te siguiese, y nuestro amor
viniera a saberse, quiero
que el caballo más ligero,75
que de indiano picador,
agitado excede al viento,
obedezca a tu cuidado,
porque el pedirlo prestado,
no dé indicios de tu intento.80
Dale una cadena
Del valor de esta cadena
puedes comprarlo y advierte,
que pues en verte o no verte
está mi gloria, o mi pena.
No haya estorbo que resista85
el efecto a mi deseo,
si cuánta hacienda poseo
me ha de costar una vista.
GUZMÁN: ¿Qué diligencia y cuidado
en servirte no pondrá90
quien de tu favor está
por mil partes obligado?
Esta cadena recibo
más que por sus eslabones
manifiesten las prisiones95
en que enamorado vivo.
Que por comprar el caballo,
que donde es tal el favor,
alas son los pies de amor
para volar a gozallo.100
ANA: Adiós, pues, que estoy temiendo
la asechanza cuidadosa
de alguna afición celosa.
GUZMÁN: Aunque de oírlo me ofendo,
trueco a tu opinión, señora,105
los sentimientos más graves.
ANA: No hay que advertirte, pues sabes
la seña, ventana, y hora.
Vase
GUZMÁN: ¿Qué dices de mi ventura?
MACHÍN: Que pasa gran tempestad110
tu voto de castidad,
entre ocasión, y hermosura.
Pero don Diego tu amigo
viene aquí.
GUZMÁN: Mucho sintiera,
que a doña Ana conociera,115
si ahora la vio conmigo.
(Cuando mi pecho le estima, Aparte
de tal suerte que por dar
a sus temores lugar,
gusto de salir de Lima.)120
Salen don DIEGO y TRISTÁN
DIEGO: Era ya tiempo de veros,
Guzmán amigo.
GUZMÁN: El buscaros
pudiera escusar, si hallaros
ha de ser para perderos.
DIEGO: ¿Cómo?125
GUZMÁN: De Lima me ausento.
DIEGO: ¿Qué dices?
GUZMÁN: Mi natural
inclinación es marcial,
y vivo en la paz violento,
y al Rey me parto a servir
en el puerto.130
DIEGO: No me mueve,
ser la distancia tan breve,
a que deje de sentir
la ausencia vuestra, Guzmán.
GUZMÁN: Tantas veces volveré
a veros, cuántas me dé135
licencia mi capitán.
DIEGO: Porque podáis acordaros,
y por ser en la milicia
la gala de más codicia,
un penacho quiero daros140
excelente, cuyas plumas
en la fineza, y color,
unas son alas de amor,
y otras de Venus espumas.
GUZMÁN: Yo lo estimo, porque veo145
que en él, don Diego, me dais
las alas que imagináis
que en vuestra ausencia deseo.
Mas, pues, me le dais por prenda
de memoria, aunque confía150
de vuestra amistad la mía,
que el olvido no la ofenda,
os quiero dar unos guantes
Los guantes que GUZMÁN saque puestos sean bordados extraordinarios
en la hechura, y el olor,
en la materia, y valor,155
a los que veis semejantes.
Que cuando no por su extraña
novedad los estiméis,
hacerlo al menos podréis,
por ser hechos en España.160
DIEGO: De vos en todo excedido,
y obligado me confieso,
y por venceros en eso,
me quiero dar por vencido.
GUZMÁN: Estos brazos os darán165
la respuesta. Adiós, don Diego.
Abrázanse
DIEGO: Adiós, Tristán, lleva luego
aquel penacho a Guzmán.
GUZMÁN: Siglos, Machín, considero
para partir los instantes,170
lleva a don Diego los guantes,
que puesto a caballo espero.
Vase
MACHÍN: Yo lo haré, mas si supiera
que tú no habías de rompellos,
por Dios que te hubiera de ellos175
cortado una bigotera.
Vase
DIEGO: ¿Qué te detiene, Tristán?
TRISTÁN: Sólo a decirte que vi
mientras hablabas aquí
con Alonso de Guzmán180
por esta esquina pasar
hacia la Iglesia mayor
a doña Ana.
DIEGO: Dame, amor,
la ventura en alcanzar,
como el cuidado en seguir.185
TRISTÁN: Todo se alcanza obligando.
DIEGO: O he de vivir alcanzando,
o siguiendo he de morir.
Vanse. Sale MIGUEL de Arauso, abriendo una carta, de soldado en cuerpo, y va dentro de la carta un retrato. Carta. Sobrescrito. Lee
MIGUEL: Al Alférez Miguel de Arauso, mi hijo,
en el puerto del Callao en los Reinos del190
Perú.
Hijo, valga por testamento
esta carta, pues me tiene a las puertas
de la muerte la afrenta que vuestra hermana
Catalina nos ha hecho ausentándose195
ocultamente de San Sabastián. No os lo he
escrito antes aunque ha ya trece años, por
escusaros la pena. Mas ahora por haber
entendido que pasó a esos reinos en traje
de varón, por el deseo de su remedio,200
atropelló vuestro sentimiento. Su retrato
es el incluso. Si la suerte o la diligencia
la hallare, noble sois, y cuerdo, y sabréis
lo que habéis de hacer. Dios os guarde. De
San Sebastián, a febrero 20 de 1618 años.205
Vuestro padre el Capitán Miguel de Arauso.
¿Cómo es posible que haya yo leído
estos renglones sin haber perdido,
si no la vida el seso?
¡Que se arrojase a tan infame exceso,210
mujer que nació noble, cielo santo!
Mas si nació mujer, ¿de qué me espanto?
O carta, que el veneno por los ojos
distes al alma en átomos despojos
de mi furor, al viento215
informad de mi grave sentimiento.
Rompe la carta
No os pongan las crueldades de mi suerte
o mi vecina, ya forzosa muerte,
en ajeno poder, para que al suelo
sirváis en mi deshonra de libelo:220
y tú, retrato, si también del dueño,
que representas por la semejanza
la fealdad, y engaño no te alcanza,
libra mi honor de tan infame empeño,
verdad me informa, porque conocerla225
pueda por ti, si acaso llego a verla.
Mas en diverso traje, y las facciones
ya de los años, del calor, y el frío
mudadas, y en américas regiones,
que son tan dilatadas, desvarío230
será el querer buscarla,
ni prometerme que podrán hallarla
cuidado, ingenio, o diligencia alguna.
Encomiéndolo al tiempo, y la fortuna.
Sale el ALFÉREZ el Nuevo Cid, GUZMÁN, MACHÍN y un SOLDADO
ALFÉREZ: Sepa, señor soldado,235
que esta fuerza, es fuero ya asentado,
que paguen los bisoños la patente.
GUZMÁN: Pues yo que no lo soy, no solamente
no tengo de pagarla,
mas de quien me la pida, he de cobrarla,240
que soy Alonso de Guzmán.
MACHÍN: ¿Qué es esto?
ALFÉREZ: Sabed, Miguel de Arauso, que el soldado
que miráis, más cerril que desbarbado
nos niega la patente.
GUZMÁN: (¡O santo cielo!
Éste es mi hermano.) Aparte245
ALFÉREZ: Diga, ¿en qué se fía?
Más barba, amigo, y menos valentía;
sepa que a mí me llaman por mal nombre
el Nuevo Cid, y él es apenas hombre,
porque es razón que note,
que el vigor se deriva del bigote.250
GUZMÁN: Pues porque esté el vigor más en su centro
hecho yo los bigotes hacia dentro,
y basta.
MACHÍN: (Aquí entro yo, que ya se enoja, Aparte
y está dos dedos de sacar la hoja.)255
Señor, advierte, que ésta es ley que puso
el uso, y no es estafa lo que es uso.
MIGUEL mira asentamente a don Alonso de GUZMÁN
ALFÉREZ: Es cierto, que jamás la cortesía
militar permitió superchería.
GUZMÁN: Por ese estilo sí mostrarles quiero260
que estimo la opinión más que el dinero;
todos conmigo comerán mañana.
ALFÉREZ: Con eso a todos por amigos gana.
SOLDADO: Pues eso quédese así, y ahora un rato
al ocio le sirvamos este plato;265
¿jugáis, Alonso de Guzmán?
El SOLDADO saca unos naipes
GUZMÁN: A todo;
pero más a los dados me acomodo.
ALFÉREZ: þsanse poco en la región indiana.
GUZMÁN: ¿A qué hemos de jugar?
ALFÉREZ: ¿No es cosa llana,
que en el Perú no saben los tahúres270
otro juego mejor que los albures?
Juegan a los naipes sobre un bufete, y MIGUEL aparte mira atento a GUZMÁN
MACHÍN: Señor soldado, diga por su vida,
¿por acá los que ganan son ingratos?
¿Suelen vender muy caros los baratos?
SOLDADO: Los soldados son gente muy partida.275
MACHÍN: Esos son los percances de un crïado,
que está a mirón perpetuo condenado.
MIGUEL: (Dicen que al pastor, cuando ha perdido Aparte
alguna oveja, como está advertido
a buscarla no más, se le semeja280
cualquiera voz balido de su oveja.
Que a mí con el cuidado,
que mi perdida hermana me ha causado,
cualquier joven que viere, en quien el sello
no ponga de la edad al rostro el vello,285
he de pensar que es ella, y ya el deseo
comienza a ejecutarlo en el que veo,
pues no sólo en la voz, el rostro, y talle
me parece mujer; mas me parece
que las facciones, que su rostro ofrece290
las del retrato son, quiero miralle
unas con otras partes confiriendo.
¿Mas qué locura acreditar pretendo?
Si es éste Alonso de Guzmán deshecha
no deja su valor cualquier sospecha.)295
GUZMÁN: (Si no es de mi temor esta advertencia, Aparte
suspenso, atento, cuidadoso, y mudo,
me contempla mi hermano, mas no pudo
aunque tenga noticia de mi historia,
conservar de mi rostro su memoria,300
las especies después de tanta ausencia;
y más haciendo en mí tal diferencia
la edad, el traje, el brío, y el estado;
en vano me desvela este cuidado.)
MIGUEL: (Si es ella, a recatarse ha de obligarla Aparte305
el verme pensativo, descuidarla
disimulando importa, que ocasiones
me darán con el tiempo sus acciones,
yendo con advertencia,
con que de la sospecha haga evidencia.)310
Llégase a jugar
ALFÉREZ: Mas al caballo cuatro patacones.
MIGUEL: Conmigo van.
ALFÉREZ: ¡Qué presto vino el siete!
¿Que juegue yo a los naipes? Voto a Cristo.
MIGUEL: So Alférez, ¿no me paga?
ALFÉREZ: Estaba visto.
MIGUEL: No estaba.315
ALFÉREZ: Yo lo digo,
y basta.
MIGUEL: ¿Pues conmigo
habla de esta manera?
SOLDADO: No se espante,
que está perdiendo.
MIGUEL: No ha de ser bastante
para que me hable a mí con arrogancia.
ALFÉREZ: Aunque no pierda puedo yo tenerla,320
porque yo soy.
MIGUEL: Para conmigo nada.
ALFÉREZ: Yo soy mejor que vos.
GUZMÁN: Mentís, villano.
Dale con la daga en la cabeza GUZMÁN al ALFÉREZ; sacan todos las espadas
ALFÉREZ: La lengua he de cortaros, y la mano.
MIGUEL: ¿No tengo espada yo, Guzmán? ¿Qué es esto?
¿No veis que es agraviarme325
vengarme vos, pudiendo yo vengarme?
GUZMÁN: Hecha donde yo estoy la demasía,
siempre la tomo yo por cuenta mía.
MIGUEL: Esto es hecho, allá va la vizcaína,
que nunca vuelve sin hacer cecina.330
Sale el CASTELLANO en cuerpo con bastón
CASTELLANO: Ah, soldados.
SOLDADO: Éste es el Castellano.
CASTELLANO: Ténganse, o vive Dios.
ALFÉREZ: Obedeceros
es fuerza.
CASTELLANO: Envainen luego los aceros,
y cuéntenme qué es esto.
MIGUEL: Ya no es nada,
sobre palabras desnudé la espada335
con el alférez.
Hablan en secreto GUZMÁN y MACHÍN
MACHÍN: Buena la hemos hecho.
GUZMÁN: No pude más, enfurecióme el pecho
la ofensa de mi hermano;
y de la sangre en ímpetu violento
me arrebató el primero movimiento.340
CASTELLANO: Siendo así, Nuevo Cid, dadle la mano
que con sacar la espada, habéis quedado
entrambos bien.
Danse las manos el ALFÉREZ y MIGUEL
ALFÉREZ: La mano os doy de amigo.
CASTELLANO: También la habéis de dar a este soldado;
porque si cuando os ofendió, tenía345
la daga ya en la mano, caso es llano,
que nadie a su enemigo
agravia con las armas en la mano.
Dale la mano a GUZMÁN
Y si hubo en ello alguna demasía,
eso es lo que ha de obrar mi tercería.350
ALFÉREZ: Vos lo mandáis, respondo obedeciendo,
que sois mi superior; (mas yo me entiendo; Aparte
que no estoy obligado
sientiéndome agraviado,
a guardar la amistad que he prometido.)355
SOLDADO: Alférez, ¿vais herido?
ALFÉREZ: Pienso que no.
SOLDADO: Debió de dar de llano
como un nabo le parte, si la mano
vuelve de filo; información ha hecho,
que es el lampiño, hombre de pelo en pecho.360
Vase
CASTELLANO: Agradézcalo, soldado,
que del Virrey me vino encomendado,
que si no, yo le hiciera
con un trato de cuerda, que supiera
que no se ha de arrojar tan atrevido365
a perder a un alférez el respeto,
que aunque no es oficial suyo, en efecto
por el puesto que ocupa le es debido.
Y vos, mancebo, que también inquieto
imitáis vuestro dueño, yo os prometo370
si dais otra ocasión que os dé la pena
escarmiento colgado de una almena.
Vase
MACHÍN: Y lo hará, vive Dios, como lo dice,
que no es hombre de burla el Castellano.
¿Qué dices tú, señor?375
GUZMÁN: Que ya lo hice,
y que gustosa me quedó la mano
del coscorrón, que le asenté de llano;
pero la noche viene, y el dinero
de la cadena ha dado fin, y quiero
pedir otro socorro a mi doña Ana:380
el caballo prevén, que la mañana
nos ha de hallar de vuelta en el castillo.
MACHÍN: Yo voy a prevenillo
alegre, porque ver a Inés deseo,
y triste, porque veo385
que me lleva en sus ancas tu caballo:
y es tal la matadura, y tanto el callo,
que tengo ya de sus trotonerías,
que pienso que le llevo yo en las mías.
Vanse
MIGUEL: Si ofrecen los afectos naturales390
de la oculta verdad claras señales,
¿qué conjetura, o presunción más llana,
de que es ésta mi hermana,
que el repentino ardor, y ciega furia
con que dio fuego al golpe de mi injuria?395
Del natural amor, y sentimiento,
fue aquel involuntario movimiento,
que con la lengua respondió, y la mano,
al soy mejor que vos, mentís villano;
más con otra experiencia400
tengo de confirmar por evidencia
mi sospecha, y podré determinarme
sin declarar mi afrenta, a declararme.
Vase. Salen doña ANA e INÉS a la ventana
ANA: Ya no bastan las prisiones
de mi honor, y de mi fama,405
a oprimir la ardiente llama
de mis resueltas pasiones.
Y en esto por cosa llana
tengo, Inés, que ha de afrentarme,
mas en público casarme,410
que en secreto ser liviana.
Que si Alonso de Guzmán
es en Lima forastero,
a quien su brazo y acero
solamente nombre dan.415
Que su sangre, y nacimiento,
y su calidad se ignora,
cuando mis desdenes llora,
y aspira a mi casamiento,
el noble don Diego en vano,420
claro está que era buscar
mi afrenta pública, dar
de esposa a Guzmán la mano;
y así pues muero de amor,
resuelvo comprar la vida425
con prenda que no es perdida
mientras se oculta el error.
INÉS: Tanto te he visto penar,
que vence de tu tormento
la piedad al sentimiento430
de verte así despeñar.
Y ya que a tan ciego efecto
llegas a determinarte,
confía que he de ayudarte
con lealtad, y con secreto.435
ANA: A lo mucho que te quiero
responde tu obligación.
INÉS: Gente viene.
ANA: El corazón
me dice que es el que espero.
Salen GUZMÁN y MACHÍN
MACHÍN: Válgate el diablo el rocín,440
y lo que me ha batanado.
GUZMÁN: Tú eres para enamorado
muy delicado, Machín.
Pero ya es hora de ver
a mi querida doña Ana,445
quiero hacer a la ventana
la seña.
ANA: No es menester.
GUZMÁN: ¿Aquí estás, hermoso dueño?
Mi cuidado preveniste.
ANA: El pecho, en que amor asiste,450
da breve tributo al sueño.
GUZMÁN: Tu desvelo ha adivinado
la necesidad que tengo
de abreviar puntos, que vengo
en confïanza obligado455
a que la Aurora ha de hablarme
en mi prisión.
ANA: ¿Estás preso?
GUZMÁN: Hice, señora, un exceso,
que pienso que ha de costarme
cuidado, y desasosiego,460
y dinero.
MACHÍN: (Disparó.) Aparte
ANA: Cuánta hacienda tengo yo
tienes por tuya.
MACHÍN: (Dio fuego.) Aparte
GUZMÁN: Pienso que me has de obligar
a ser cobarde con eso,465
si en haciendo yo el exceso,
tú, mi bien, lo has de pagar.
ANA: Yo estoy, Guzmán, con temor
de que en la calle te vean,
que hay muchos que la pasean470
desvelados de otro amor.
GUZMÁN: ¿Tan presto me despides?
ANA: No despido, antes te pido
que no pongas en olvido
los favores que me pides.475
GUZMÁN: Mérito es la cobardía,
siendo tan alta la empresa.
ANA: Sin méritos se confiesa,
quien amando desconfía.
Y yo que conozco en ti480
los que bastan a vencerme,
resuelvo que entres a verme
para confesarlo así.
Y para que la ocasión
evite, que puedes dar485
en la calle, de infamar
de liviana mi opinión.
GUZMÁN: Favor tan no merecido
ya lo toco, y no lo creo,
que aun ocultando el deseo,490
lo acusaba de atrevido.
Sólo temo, hermoso dueño,
tu peligro en mi ventura.
ANA: La obscuridad me asegura,
y a mi padre ocupa el sueño.495
Con silencio en paso lento
por tinieblas seguirás
mis plantas, y llegarás
sin peligro a mi aposento.
GUZMÁN: Ya con la gloria que espero,500
un punto a mil siglos pasa.
ANA: Voy a disponer la casa,
que matar las luces quiero
para más seguridad.
Aguárdame tú y Machín505
a la puerta.
Vanse INÉS y doña ANA
MACHÍN: Aquí dio fin
el voto de castidad.
Por Dios que he de ver ahora
si aguardas dispensación
a oscuras, y en la ocasión,510
con quien amas, y te adora.
GUZMÁN: ¿Luego yo me he de poner
en el peligro?
MACHÍN: Pues ya,
cuando la ocasión está
en tus manos, ¿qué has de hacer?515
GUZMÁN: El remedio es no aguardarla.
MACHÍN: Es agravio declarado.
GUZMÁN: Con lo mismo que has pensado
que la ofendo, he de obligarla.
MACHÍN: ¿Cómo?520
GUZMÁN: El secreto, y recato
es la primer condición,
que ha puesto a mi pretensión;
pues en este breve rato,
que tarda en abrir diré
que vino gente a la calle,525
y que yo por no arriesgalle
la opinión, me retiré,
y que mostrando celosa
curiosidad me siguieron,
y alcanzándome quisieron530
conocerme, y fue forzosa
mi resistencia, y así
duró la marcial porfía
hasta que la luz del día
nos puso en paz y de aquí535
levantaré una pendencia
por celos, con que ni deje
ocasión de que se queje
doña Ana de aquesta ausencia,
ni tenga por mal partido540
poderme desenojar.
MACHÍN: Gente viene allí.
GUZMÁN: Ayudar
mis intentos han querido
los cielos con la verdad;
ven.545
MACHÍN: Pues por ti pierdo a Inés,
de participantes es
tu voto de castidad.
Vanse. Salen don DIEGO y don JUAN de noche; don DIEGO saca los guantes de GUZMÁN
JUAN: Parece que se retiran
de la calle con cuidado,550
pues recelos os han causado
sepamos por quién suspiran.
DIEGO: Aunque intentemos seguirlos
es imposible alcanzarlos,
y pues los celos es darlos555
mucho mejor que perderlos.
Guardemos la puerte y calle
de doña Ana, y ellos vengan;
dado caso que lo tengan
por agravio averigualle.560
Pues de creer es que aspiran
si no vuelven a otro amor,
o he de quedar superior,
si ofendidos se retiran.
JUAN: Bien decís.565
DIEGO: Don Juan, callad,
que la puerta de doña Ana
siento abrir.
JUAN: No ha sido vana
vuestra sospecha.
Asómase doña ANA al paño, toma la mano a don DIEGO, y él a don JUAN y van por el teatro como a oscuras, don DIEGO se quita los guantes y los pone en la guarnición de la espada
ANA: Llegad,
dadme la mano, y con tiento
seguid mis pasos los dos.570
DIEGO: (La que adoro es, vive Dios, Aparte
gozar la ocasión intento.)
JUAN: (¡Notable engaño!) Aparte
DIEGO: (¿Qué dudo? Aparte
Hoy tomo justa venganza,
y amor engañado alcanza,575
lo que obligando no pudo.)
JUAN: (La perdida ocasión es Aparte
de los cobardes que huyeron,
y pienso, pues la perdieron,
llevar de barato a Inés.)580
Vanse. Salen MIGUEL y TEODORA de ramera en chinelas
TEODORA: Como te digo engañada
me trae toda la vida,
si ha hecho voto o no ha hecho voto
y de la Apostólica silla
la relajación aguarda,585
y dilatando los días,
trae mi deseo engañado,
mi libertad oprimida,
y en tu valor confïada,
que del rigor de su ira590
me libres, siendo sagrado
de mi libertad cautiva.
MIGUEL: Yo te lo ofrezco, no temas,
que estando por cuenta mía,
no se atreverá a ofenderte.595
TEODORA: Tú, Alférez, le notifica
mi intento, que el fin del caso
quiero aguardar escondida.
Vase
MIGUEL: ¿Qué falta para que entienda
que es mi hermana Catalina,600
este fingido Guzmán;
que un mozo a quien solicitan
la ocasión bella mujer,
y la edad más encendida?
Por el voto no es creíble605
que a los impulsos resista
de los deleites de Venus;
y más cuando de su vida
en lo demás sus costumbres
de santo no lo acreditan.610
Pues si con esto se junta
la natural simpatía
con que mi ofensa sintió,
si el retrato lo confirma,
si Teodora con no estar615
de esta sospecha advertida,
dice que no sabe en qué
nuestros rostros simbolizan,
¿qué indicios más evidentes,
qué señales más precisas620
para resolverme espero?
Salen GUZMÁN y MACHÍN
GUZMÁN: Pon al caballo la silla
mientras escribo a doña Ana
las ocasiones fingidas
de la que perdí esta noche.625
MACHÍN: Entre amores, y mentiras
toca el punto del dinero:
vende caras tus caricias,
ya que me obligas a ser
lanzadera de aquí a Lima.630
Vase
MIGUEL: (Ya que a solas ha quedado, Aparte
pues la ocasión me convida,
saldré de esta confusión.)
Guzmán, a buscaros iba.
GUZMÁN: ¿Hay en qué os sirva?635
MIGUEL: El Alférez,
que agraviado se imagina,
dice que la mano dio
forzado de quien podía
mandarlo, y las amistades
en tal caso le obligan;640
y para satisfacerse
dos a dos nos desafía,
y en el campo nos aguarda.
GUZMÁN: En poco tiene la vida.
Vamos presto, no atribuya645
la tardanza a cobardía.
MIGUEL: Seguidme, que no están lejos.
(¿Cómo es posible que viva Aparte
en un pecho mujeril
tan varonil osadía,650
si cuantos espada empuñan
en la guerra, y paz afirman
que salir a un desafío
es la mayor valentía?
Mas si cuentan las historias,655
ya modernas, y ya antiguas,
tantas matronas jamás
de humanas fuerzas vencidas,
¿que mucho que las iguale
una mujer vizcaína,660
engendrada entre las duras
montañas, que el hierro crían?)
GUZMÁN: ¿Dónde están nuestros contrarios,
que largo trecho la vista
del campo raso descubre,665
y no parecen.
MIGUEL: Por dicha
no han llegado; el sitio es éste.
GUZMÁN: (Recelos me solicitan Aparte
de algún engañoso intento
de mi hermano, que la misma670
conciencia, aunque nadie pudo
de quien soy darle noticia,
en la mayor confïanza
me acusa, y atemoriza.
Pero no he de declararme675
aunque me cueste la vida.)
MIGUEL: (Usar quiero de cautela, Aparte
que si no es quien imagina
mi pecho, no me está bien
que sepa la afrenta mía.)680
Cansado vengo de andar
por esta playa arenisca.
Asentémonos, pues tarda
el Nuevo Cid.
Siéntase MIGUEL a una parte del teatro y GUZMÁN a otra lejos de él
GUZMÁN: Poco estima
su opinión, pues tanto tarda.685
MIGUEL: (Con cuidado se retira Aparte
de mí. Cierta es mi sospecha.
Su recelo la confirma.)
¿Por qué os asentáis tan lejos?
Que mientras vienen querría,690
que vuestra patria, y discurso,
me contáis de vuestra vida.
GUZMÁN: Desde aquí os lo contaré,
que esta peña me convida
con asiento acomodado.695
MIGUEL: El rüido, que en la orilla
del mar forma la resaca,
en la peñas combatidas,
nuestras voces desvanece,
y a hablar a gritos obliga700
para entendernos; mas yo
quiero que esta cortesía
me debáis.
Levántase, va hacia GUZMÁN y GUZMÁN se levanta, y empuña la espada
GUZMÁN: Teneos, Alférez.
MIGUEL: ¿Qué hacéis, Guzmán?
GUZMÁN: No prosigan
vuestros pies; no os acerquéis,705
porque os quitaré la vida.
MIGUEL: ¿De mí os receláis?
GUZMÁN: Si he hecho
en España, y en las Indias
mil excesos, mil injurias,
y agravios mil, ¿que os admira,710
que me recele, de quien
no conozco si podría
tocaros en sangre alguna
persona de mí ofendida?
Y más cuando contra vos715
esta sospecha acredita
del Nuevo Cid la tardanza.
¿Que sé yo, si como mira
los escrúpulos del duelo
tan curiosa la malicia720
os ofendisteis de mí
cuando pensé que os servía,
vengando en él vuestra injuria;
pues en la pendencia misma
de este sentimiento distes725
señales tan conocidas?
MIGUEL: Guzmán, Guzmán, todas esas
son ficciones, que fabrica
para ocultar la verdad
vuestro pecho, que imagina730
que la ignoro; hablemos claro.
Yo tengo cierta noticia
de vuestro mentido traje,
de Vizcaya me lo avisan
con señas, y con retratos,735
que vuestro engaño averiguan;
aquí los truje, que quiero,
que entre los dos se decida
el remedio con secreto.
Poned en esto la mira,740
sin perder tiempo en negar,
lo que a no ser tan precisas
las probanzas que lo muestran,
vuestros temores publican.
GUZMÁN: Ni entiendo vuestros intentos,745
ni alcanzo vuestros enigmas.
Mas pues las razones muestran,
que vuestro pecho delira,
quiero dejaros por loco.
Quiere irse, y detiénela
MIGUEL: Vuelve, vuelve, Catalina,750
que no te he sacado aquí
para dejar indecisa
la cuestián, yo estoy resuelto
a que de esta playa misma,
sin plazo, ni dilaciones755
en un convento de Lima
he de partir a encerrarte,
o he de quitarte la vida,
porque no hagas más afrenta
a la nación vizcaína.760
GUZMÁN: (Ya se declaró, perdone Aparte
la sangre, que sólo estriba
en el acero el remedio.)
Sospecho que se os olvidan
las hazañas de este brazo,765
pues con tan loca osadía
nombre de mujer me dais;
y si a provocarme a ira,
no bastara la violencia
que pretendéis, bastaría770
sólo este agravio a obligarme
a que el fuerte acero esgrima.
Acuchíllanse
Para mostraros que es hombre,
y más que hombre, quien fulmina
rayos, que espantan el cielo,775
y que la tierra castigan.
MIGUEL: Tente, tente, que me has muerto.
Cae herido
GUZMÁN: (Ay de mí, ya me lastima Aparte
el amor de hermano.) Ponte
en mis hombros, y a esa ermita780
te llevaré a confesar,
Cógele en hombros
que el ser cristiano me obliga
a que con piadoso afecto
el remedio te perciba.
(Del alma; ojalá pudiera Aparte785
darle también a la vida.)

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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