El hijo del serafín, San Pedro de Alcántara — Jornada I

EL HIJO DEL SERAFÍN, SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

Juan Pérez de Montalbán

Texto basado en el texto del PRIMER TOMO DE LAS COMEDIAS DEL DO[C]TOR JUAN PÉREZ DE MONTALBÁN (Valencia: Claudio Macé, 1652). Este texto fue editado en forma electrónica por Fulgencio Castañar Ramos y él, con gran generosidad, lo ha enviado para ser incluido en la presente colección. Luego este text fue editado y pasado al HTML por Vern Williamsen en 1998. Véanse también las notas al texto .


Personas que hablan en ella:

  • San PEDRO de Alcántara
  • ESPESO, criado
  • DOROTEA, labradora
  • GILA, labradora
  • El DEMONIO
  • El ÁNGEL de la Guarda
  • El NIÑO Jesús
  • El REY don Sebastián
  • La Madre TERESA
  • Dos MONJAS
  • Dos LABRADORES
  • El GENERAL de San Francisco
  • Su COMPAÑERO
  • CRIADOS de acompañamiento

JORNADA PRIMERA


Salen DOROTEA y GILA, con tocas y sombreros de camino
DOROTEA: ¡O mal haya mi ventura
y mal haya la pollina,
que tan despacio camina!
GILA: Tu cólera y tu hermosura
pudieran correr parejas.5
DOROTEA: Con cólera no hay mujer
hermosa, ni puede ser,
porque el enojo, las quejas,
el enfado y la pasión
descomponen el semblante.10
GILA: Ponte un espejo delante,
verás que tengo razon.
DOROTEA: Dices bien, porque el reflejo
del espejo me templara.
GILA: Y agora para esa cara15
dónde has hallado espejo?
DOROTEA: Volviendo pues a mi cuento,
porque bien habrá lugar
de aquí al lugar de contar
locuras de un pensamiento.20
Oye mi justa mohina,
y si es posible callando,
ten cuenta de cuando en cuando
con la alfombra, y la pollina.
En ese monte, de tomillo armado,25
verde gigante, que al abril retrata,
tan soberbio, que al sol que le a crïado
escalas pone de torcida plata.
Y cuando necesita de agua el prado,
de la primera nube la arrebata,30
nuestra aldea mira tan pequeña
que parece lunar de alguna peña.
Allí nací, pluguiera a Dios la cuna
tomara a mi mortaja la medida;
porque quien nace, Gila, sin fortuna,35
como cosa de sobra trae la vida,
La vida estriba en esperanza alguna;
quien no llega a esperar de sí se olvida,
quien se olvida de sí muerte quiere,
y quien quiere morir, viviendo muere.40
Estando pues–así la edad provoca–
en la feria de Alcántara una fiesta,
rebozada una toca hasta la boca,
por dar licencia a alguna risa honesta,
la gala mucha, la ocasión no poca,45
la cara y el andar de fiesta,
y el pie de apretado se desmaya
asomado al ribete de la saya.
Vi, por mi mal, un estudiante–¡ay cielos!–
tan recatado de ojos, que en la feria50
para poder dezirle mis desvelos
aun con mirarme, no me dió materia.
Corrió la noche sus obscuros velos,
huyó la luz de la Región de Iberia,
cesó la feria, fuyme, y acostéme,55
quise dormir, no pude, y levantéme.
Supe otro dia, que este mozo era
hijo de un bachiller, o de un letrado,
necio sin duda, pus no le altera
de mis inquietos ojos el cuydado.60
Que quien viéndose amar de esta manera
y siendo mozo, rico y alentado
habla del bien querer con tal desprecio,
o pica en santo, o se consulta en necio.
Amé, pené, sufrí su tiranía,65
canté, lloré, temí su rigor fiero,
hablé, cansé, seguí su compañía,
llegué, culpé, reñi su amor grosero,
dudé , temblé, sentí su demasía,
juré, busqué, pedí su blanco azero,70
huyó, calló, dejó mi amor constante.
¡Qué vívora! ¡Qué fiera! ¡Qué diamante!
No me quedó para ablandar su pecho
humana diligencia que no hiciera,
que a ser capaz el alma de cohecho,75
con oro le comprara que me viera.
Mas temí que su amor mal satisfecho
acusara la paga de grosera;
que comprar el amor, siendo infinito,
es hacer simonía el apetito.80
En efeto colérica, afligida,
con ansias, con amores, con desvelos,
sin ser, sin alma, sin razón, sin vida,
brasa mi amor, carámbano mis celos,
suelta la pena, la pasión prendida,85
al monte, al sol; al aire, y a los cielos;
me voy quejando, y vivo de esta suerte
colgada de la vida y de la muerte.
GILA: Lastima tengo de ti,
si bien la razón me advierte,90
que el tratarte de esta suerte
produce… ¿Dirélo?
DOROTEA: Si.
GILA: De querer en otra parte.
DOROTEA: No Gila, que si eso fuera,
si no amar, fingir supiera,95
o con industria, o con arte.
Él no tiene voluntad
a mujeres, esto es cierto.
GILA: Este hombre estará muerto.
DOROTEA: Estálo su voluntad,100
pero tente; que alli viene
para que me pierda más.
Sale fray PEDRO, y ESPESO, de estudiantes estudiando en un libro
PEDRO: Si no estudias, no sabrás.
GILA: Gallarda presencia tiene.
ESPESO: Yo he estudiado esta lición105
un mes como un descosido
y al cabo no la he sabido.
PEDRO: ¿Y es ésa buena razón?
ESPESO: Yo no puedo decorar.
PEDRO: Remedio habrá para eso.110
ESPESO: Mi nacardina es el queso,
y débeme de matar.
GILA: ¿Que te apartas y retiras?
DOROTEA: Amo y temo.
Mírelas ESPESO a lo pícaro
ESPESO: ¡Jesu Cristo
qué gloria!115
PEDRO: ¿Qué es lo que has visto?
ESPESO: Andares.
PEDRO: ¿Qué es lo que miras?
ESPESO: ¡Por Dios! Que la de esta mano.
que pisa de gerigonza
que es de lo de a mil la onza.
PEDRO: No te diviertas en vano,120
estudia o me enojaré.
ESPESO: Esotra también es rayo,
y me da por el soslayo
un poco de mucho pie,
¡Jesús que pies! Guarda Pablo,125
ella anda en dos baúles.
Si tuviera ojos azules
pudiera meterse a diablo.
PEDRO: Espeso, si algún achaque
te dan tus ojos de antojos,130
sácate luego los ojos.
ESPESO: El turco que se los saque,
toma para ti el remedio,
que yo los quiero muy bien.
DOROTEA: Yo llego. En buena hora estén.135
PEDRO: Aquí poner tierra en medio
importa.
ESPESO: No la respondes?
PEDRO: ¿Queréis algo labradora?
DOROTEA: Mucho quiere quien te adora.
ESPESO: ¿De qué huyes? ¿Qué te escondes?140
Advierte que es Dorotea,
aquella que sabéis ya,
que salpimentada está.
Sin mirarla ha de hablar PEDRO
PEDRO: Señora el alma desea
serviros, mas perdonad,145
que no soy mío…(Dios mio, Aparte
dadme fuerzas, dadme brío.
GILA: ¿Hay tal hielo? ¿Hay tal frialdad?
DOROTEA: Pues vuelve, Pedro, si quiera
a mirarme, porque yo150
templa mi fuego.
PEDRO: Eso no,
que mirarte me perdiera.
Es arcabuz la ocasión
armado, que tiene dentro
plomo y pólvora en el centro.155
Los ojos la llave son,
el pedernal que da lumbre,
es la vil naturaleza,
la pólvora la flaqueza
de nuestra misma costumbre;160
y así como el alma sabe
el peligro en que me veo
cierra la puerta al deseo,
porque si aprieta la llave,
y da lumbre el arcabuz,165
aunque el alma se resista
por la boca de la vista
saldrá la muerte, y la luz.
ESPESO: Yo que soy mas material
digo Gila que te estimo.170
GILA: Advierte que tengo un primo.
ESPESO: Primo?
GILA: Primo.
ESPESO: ¿Y es carnal?
GILA: Es lo que Dios es servido.
ESPESO: Tal puede ser el suceso
que no se sirva con eso;175
y yo por Gila estoy perdido
por ser solo, y por no ver
cosa que altere mi humor.
GILA: ¡Oh, qué malo era el señor
para mula de alquiler!180
ESPESO: ¿Por qué?
GILA: Porque me pareces
espantadizo a la fe.
ESPESO: Tú eres peor.
GILA: Yo, ¿por qué?
ESPESO: Porque te echas muchas veces.
PEDRO: Espeso, ¿qué es lo que haces?185
ESPESO: Querer aumentar el mundo.
PEDRO: Necio, loco, vagabundo,
bien a tu ser satisfaces,
vete, villano, de aquí.
GILA: ¿Qué receló el estudiante?190
DOROTEA: Escucha, escucha un instante,
o iréme, Pedro, tras ti.
PEDRO: Déjame vil cocodrilo,
que aunque el alma te escuchó,
no soy pasajero yo,195
ni es esta campaña el Nilo.
DOROTEA: ¿De una mujer huyes?
PEDRO: Sí,
que no se puede vencer
sino huyendo la mujer,
mas pues no puedo por mí200
templar de tu liviandad
el ardir desatinado,
en este cristal helado,
en esta unida frialdad,
y en este estanque que el cielo,205
por reboltoso prendió,
y grillos de plata echó
sobre lazadas de hielo,
me he de arrojar a tus ojos,
para que en su centro frío210
se temple tu ardor, y el mío.
ESPESO: Señor, ¿dónde vas?
PEDRO: Despojos
he de ser de su frialdad.
Vase PEDRO
ESPESO: Tú vas a lindo brasero,
mira que estás en enero.215
GILA: Arrojóse.
DOROTEA: ¿Qué impiedad!
Vase ESPESO
PEDRO: ¡Válgame nuestra Señora! Dentro
GILA: ¿Hay tan extraño prodigio?
PEDRO: Dorotea, Dorotea, Dentro
mira en este centro frío220
el vil sujeto que adoras.
GILA: Hasta el cuello sumergido
temblando yace de hielo,
como entre la nieve el lirio.
Vamos a ayudarle.225
DOROTEA: Tente,
que mi pecho endurecido
en fiera se ha transformado,
déjale morir, pues quiso,
por no mirarme a la cara,
probar tan necio martirio.230
Mátele el agua mil veces,
y en su helado domicilio
desdichadamente acabe,
siéndole mortaja el río,
aunque no, no morir,235
que si se arroja atrevido
al agua, debe de ser,
porque sabe de sí mismo
que es todo hielo y nieve,
y dos hielos en un vidro,240
darán mas frialdad al vaso,
pero no se harán perjuicio.
ESPESO: ¡Favor aquí, que se ahoga!
GILA: Mi corazón compasivo
no puede más, Dorotea;245
porque pienso que te sirvo,
a ayudarle voy, adiós.
Vase GILA
DOROTEA: Vete, y al cielo suplico,
que le halles cuando llegues
tan helado, y descaído,250
que en la cama de cristal,
donde muere por esquivo,
ánimo aun le falte al alma,
para el postrero suspiro.
Plegue a Dios le halles muerto,255
que aunque sé que en esto pido
mi muerte, porque en efeto
vivo con mirarle vivo,
mas quiero que de una vez
caiga el golpe que resisto,260
que no tener un verdugo,
que a desprecios y a desvíos
eternamente me acabe.
Pero, ¿qué es aquello que miro?
En los brazos de los dos,265
aun no mojado el vestido,
libre, y sin peligro sale.
Sombras que el obscuro abismo
habitáis en voraz fuego,
pues los cielos no han querido270
matarle, porque yo muera,
dadme industria, dadme arbitrio,
dadme poder, dadme modo,
dadme fuerza, y dadme hechizos
para obligar a mi amor,275
o ya honesto, o ya lascivo,
a esta peña, a este diamante,
a esta nieve, a este granizo
y, pues que tiene el demonio
mando, poder, y dominio280
en cualquier causa segunda,
haced que venga atrevido
a favorecer mi amor;
que tan perdida me miro,
que como venga a lograrle,285
cualquier medio por nocivo,
y por extraño que sea,
abrasará mi apetito,
aunque le trace el infierno,
o alguno de sus ministros.290
Pero, ¿qué es esto?
Sale el DEMONIO, muy galán
DEMONIO: Ya vengo
de tus lágrimas movido
a ayudarte. ¿Qué te turbas?
DOROTEA: Hombre, ¿quién eres?
DEMONIO: El mismo
que estabas llamando agora.295
Sosiega el pecho afligido.
DOROTEA: Erizados los cabellos
y pasmados los sentidos,
apenas acierto a hablar.
DEMONIO: Yo soy la estrella que quiso300
quitarle la silla al Sol
al instante que me hizo,
porque en ese mismo instante
miré en el Verbo Divino
que Dios había de ser Hombre,305
y que mi espiritu altivo,
con los demás de mi esquadra
con cánticos y con himnos
le habíamos de adorar,
siendo barro su principio,310
y por no adorar a un hombre,
aunque el Hombre fuera Cristo,
perdí la gracia del Padre,
con la enemistad del Hijo.
Yo, pues viendo desde el centro,315
donde obscuramente habito
que triunfa de ti y de mí
este mozuelo atrevido,
te vengo a ayudar, escucha
de mi poder los prodigios.320
Cuantas ciencias, cuantas artes,
mapas, papeles, y escritos
tiene el mundo, ya en madera,
ya en caracteres, ya en libros,
he visto en un solo instante.325
Por la virtud de los signos
en lo porvenir rastreo,
conjeturo y pronostico
los futuros contingentes.
Y de lo passado digo330
cuanto ha sido, sin que pueda
la distancia, o el olvido,
ni equivocarme dudoso,
ni suspenderme encogido.
Yo obscurezco al Sol si quiero335
y en la ciudad de zafiros
varias impresiones formo,
haciendo que en pardos giros
se precipiten las nubes
dando por el aire gritos.340
Yo altero el mar si me importa,
y a tanto furor le incito
que subiendo por el aire
hecho cometa de vidrio,
se carea con el cielo,345
y sus peces cristalinos
con los dos que estan allá
tal vez nadando se han visto.
Esto supuesto, yo vengo,
por ser tu interes y mío,350
a ver si quieres que haga
inclinando su albedrío,
que ese Pedro, que se niega
a tus brazos, y a tus silbos,
te adore, sirva y regale.355
DOROTEA: Mucho en eso poco has dicho,
¡notable caso!
DEMONIO: ¿Qué dudas
siendo yo quien te lo digo?
Si con el valiera acaso
el oro, en vasos de Egipto360
a tus pies lo arrojaré,
castigado del martillo,
cuanto el Eufrates reserva,
y quanto sepulta el Nilo.
Y si hallare en él deseos365
de verse honrado y servido,
dueño de un reino le haré,
donde en varios sacrificios
rendimientos le da el vulgo
que a Dios sólo sean debidos.370
Y por remate de todo,
y fin de su precipicio
idolatra de tus ojos,
haré que en gustos lascivos,
del carmesi de tu boca375
beba el cándido rocío.
Más amigo de Dios era
David, pues le llama amigo,
y allá en los ultimos tercios
de su vida, por mi arbitrio380
fue adúltero y homicida.
A un Dios de metal fingido,
a un pedazo de marfil,
y a un poco de oro macizo.
Humo de incienso ofreció,385
en altares de jacintos
Salomón a persuasión
de mi mañoso incentivo,
y de trescientas mujeres
que en halagos repartidos390
bárbaramente gozaba,
corriendo la posta al viento,
mató por Dina a Sichem.
A Sodoma, y al antiguo
mundo rendidos, y presos395
tuve con tan fuertes grillos,
que de Dios vino a estregarse
la paciencia, y vengativo
hizo que los elementos
profanasen lo que el hizo.400
Pues si de raros estragos,
tantas culpas y delitos,
tantas infamias y afrentas,
yo solo la culpa he sido,
claro está que venceré,405
si con mi poder le embisto,
ese mozo, que a tu honor
le cuesta tantos suspiros.
Y así disponte si quisieres,
que aunque revuelva los signos,410
y los ejes del infierno
haga crugir con bramidos,
he de hacer que en torpe lucha
más caricioso que tibio,
Pedro te goce mil vezes,415
porque de los cielos mismos
traigo decreto y licencia,
para hacer en él castigos
tales, que del fuerte Job
resuciten el martirio;420
que Dios a quien quiere más
trata con menos cariño.
Ánimo, pues, Dorotea,
que viniendo tú conmigo
cierta tienes la victoria,425
aunque fuese otro Francisco
y aunque Dios le hubiera hecho
larga promesa de auxilios,
que soy rayo cuando quiero,
y agora estoy ofendido.430
DOROTEA: A mujer determinada
excusado desvarío
es decirla que se anime,
que como Pedro sea mío
al infierno bajaré.435
DEMONIO: Pues en premio del servicio
que pienso hacer a tu amor,
sola una cosa te pido.
DOROTEA: Dila presto.
DEMONIO: Que después
que le goces en el siglo440
seas mía.
DOROTEA: Desde agora,
si este imposible consigo
el alma te ofrezco.
DEMONIO: Basta.
Tocad al arma ministros,
¡guerra contra Pedro! ¡Guerra445
voy delante!
DOROTEA: Yo te sigo.
Toquen cajas, vanse y salen PEDRO y ESPESO
ESPESO: No me harto de tocarte.
PEDRO: ¿Qué miras? No estoy mojado.
ESPESO: Por ensalmo te han secado,
yo te vi de parte aparte450
pasar con mil estocadas
de agua y hielo mal deshecho.
PEDRO: Pues tiéntame agora el pecho.
ESPESO: Ni aun las medias traes mojadas.
PEDRO: Mira Espeso, quien intenta455
con fe y amor una cosa,
aunque muy dificultosa,
como es Dios quien la sustenta,
y nuestro riesgo previene,
de suerte la facilita460
con su piedad infinita,
que ablanda el rigor que tiene;
y así, en cualquiera ocasión,
como el cielo te la ofrezca,
aunque imposible parezca,465
con valiente corazón
entra en ella que si el cielo
de tu parte, Espeso, está,
ni el agua te tocará,
ni podrá ofenderte el hielo.470
ESPESO: Hará Dios ese favor
a su amigo o su privado,
mas yo soy tan desgraciado
y tan grande pecador,
que si en una laguna entrara475
aunque un sorbo de agua fuera,
de palomino saliera,
y cuando muy bien medrara
después de varios tormentos
de helarme y de refriarme,480
no bastaran enjugarme
cien gavillas de sarmientos.
Entra tú, señor, que tienes
horca y cuchillo en el agua.
PEDRO: Dices bien, mi pecho es fragua.485
Vos, Señor, de vuestros bienes,
y Vuestros rayos divinos
le llenáis, y le abrasais.
Gracias a vos que me honráis
por tan diversos caminos.490
ESPESO: (Mi amo se ha divertido Aparte
y detrás de aquel repecho
me espera Gila. Esto es hecho.
Si puedo sin ser sentido
por aquí me he de arrugar.495
Ya estoy el pie en el estribo.
Vase entrando ESPESO
PEDRO: ¡Espeso.!
ESPESO: (Cogióme vivo.) Aparte
PEDRO: ¿Dónde vas?
ESPESO: A decorar.
PEDRO: Pues teniendo el libro yo,
¿de qué libro has de aprender?500
ESPESO: No me hace menester
ese libro.
PEDRO: ¿Cómo no?
ESPESO: Que traigo otro conmigo.
PEDRO: ¿Adónde?
ESPESO: En el pecho.
PEDRO: A ver.
ESPESO: Bien me lo puedes creer,505
que no soy hombre que digo
uno por otro.
Desabotónale
PEDRO: Aquí hay bulto.
ESPESO: ¿Ves como no te he mentido?
(Si el le topa estoy perdido.) Aparte
PEDRO: ¿Pues, cómo está tan oculto?510
ESPESO: Soy hombre muy recatado.
PEDRO: Eso es lo que quiero ver.
Saca unos naipes y caense en el suelo
¿Qué es aquesto?
ESPESO: ¿Qué ha de ser?
El libro desencuadernado.
PEDRO: ¡Buen libro por vida mía!515
No dejarás de estudiar
muy bien, si das en andar
con tan buena compañía.
¡Muy buen Diurnal has traido
para hablar con Dios un rato!520
¿Es éste todo el recato?
alza, recoge atrevido
esos caracteres viles,
porque no tope con ellos,
otro que se pierde en ellos525
y sus engaños sutiles.
Valos alzando
Llévalos a esa laguna,
que yo haré que te castigue
el Maestro.
ESPESO: Quien te sigue
no espere mejor fortuna.530
(De esta hecha me trasquila.) Aparte
PEDRO: ¿No te vas?
ESPESO: Ya los alcé.
(Lindo sermón me papé; Aparte
mas escúrrome con Gila.)
Vase ESPESO
PEDRO: Agora que estoy–¡ay Dios!–535
más solo y más retirado,
quiero, mi Jesús amado,
entrar en cuentas con vos.
Vos me distes albedrío,
y yo por poder pagaros540
lo que me dais vuelvo a daros
por no tener nada mío.
Y pues que de mis cuidados,
tan estrecha cuenta os doy,
que ya vuestro esclavo soy545
con yerros de mis pecados.
Decidme, Señor divino,
¿para gozar vuestros brazos
sin peligros ni embarazos,
cuál es el mejor camino?550
Yo seré, si vos queréis,
sacerdote en mi lugar,
mas no debéis de gustar
pues que no me respondéis.
Disponed, Señor, de mí555
pues ya me dispongo yo.
¿Quedaré en el mundo?
Dentro la MÚSICA
MÚSICA: “No.”
PEDRO: ¿Seré religioso?
MÚSICA: “Sí.”
PEDRO: Pues para subir al risco
de vuestra gracia, Señor,560
¿qué he de hacer?
MÚSICA: “Ir al amor.”
PEDRO: ¿Dónde le hallaré?
MÚSICA: “En Francisco.”
PEDRO: Parece del cielo–¡ay Dios!–
la voz que acabo de oír,
que no es nuevo recibir565
tales regalos de vos;
pero, ¿qué es esto, mi bien,
que ilumina todo el suelo?
¿Es embajada del cielo?
Suena música y sale el ÁNGEL de la Guarda con un hábito de San Francisco en las manos
ÁNGEL: Pedro sí.570
PEDRO: ¡Qué mayor bien!
ÁNGEL: Pedro, el cielo te escuchó
y agradecido a tu celo,
rompiendo el muro de hielo,
que te traiga me mandó,
el hábito que te aguarda.575
Hjo de Francisco eres.
PEDRO: ¡Qué soberanos placeres
siento en mí!
ÁNGEL: ¿Qué te acobarda?
PEDRO: Verme sin merecimiento
para gozar favor tanto.580
ÁNGEL: Recibe el hábito santo.
Dásele
Yo te amparo, yo te aliento.
Dios me ha hecho de tu guarda,
no temas.
PEDRO: Custodio mio,
en vuestro favor confío.585
ÁNGEL: Con resolucion gallarda
habla a tus padres primero,
pues todo el amor lo allana,
y en la Custodia mañana
de Extremadura te espero.590
Vuelve a irse el ÁNGEL, con música
PEDRO: Hermano Pedro, decid,
con el presente favor
¿cómo os va? Diréis que bien,
y tendréis mucha razón.
Amor, hagamos locuras;
pues estáis de buen humor,
salte el alma de plazer,
descompóngase la voz.
Vamos por la calle en cuerpo,
y juntemos los muchachos,
que no será nuevo, no,
supuesto que Dios es Rey,
tener sus truhanes Dios.
Vos me llamáis, Señor mío,
y así a obedeceros voy,
que con vos decir y hacer
es la respuesta mejor.
Dexaré padres y deudos,
hacienda, mundo y honor,
que harta riqueza me queda
pues conmigo quedáis vos.
Amor, bien debo este afecto
a un Dios que por mi murió
como muy hombre de bien
pues a tantos esperó.
¡Ay, hábito santo mío!
¡Ay, soberano cordón!
¡Ay, tela del cielo en fin,
pues el cielo la tejió,
mil abrazos quiero daros,
y en el mismo corazón
aposentaros quisiera,
que no tiene el hombre, no,
mejor sala que ofrecer
aunque venga el mismo Dios!
Mundo, hasta aquí fui cautivo.
La divina redención
de Francisco me rescata.
Suyo soy, alla me voy.
Otra vez vuelvo a besaros,
y con esto mundo adiós,
porque me espera Francisco
en su santa religión,
y mas vale su zapato
mil veces que todo voz.

Vase besando y abrazando el hábito y salen
DOROTEA y el DEMONIO

DOROTEA: Por aqueste desierto
de solo fieras y peñascos broncos
habitado y cubierto,
¿dónde me llevas con suspiros roncos?
DEMONIO: A lograr tu deseo.
DOROTEA: Tan lejos estoy de el, que no le veo.
Si con Pedro he de verme,
como por tus palabras me aseguras,
¿de qué sirve traerme
por este incierto campo?
DEMONIO: Si procuras
remedio a tu tormento,
oye y verás lo que por él intento.
Yo supe ayer que hablando
Pedro estuvo con Dios y Dios le puso
el corazon tan blando,
que juntamente le obligó y dispuso
a que el mundo dejase,
y de Francisco el hábito tomase.
Agora, agora pide
a su padres con lágrimas licencia.
Agora se despide,
y a sus deudos haciendo resistencia;
no llora, que no llora
quien ve que en lo que deja se mejora.
A pie con un crïado,
ya de la villa se despide y parte
sólo a un palo arrimado,
porque sustenta Dios la mayor parte,
mas mi engaño por eso
hará doblar de su virtud el peso.
Por aquesta vereda
ha de pasar para pasar el río,
y yo, porque no pueda
pasarle sin hacer un desvarío,
la barca hice pedazos.
Rompí las tablas, y corté los lazos.
Mira como ya llueve
ya las nubes parece que la tierra
todo el agua les bebe.
Mira cubierta de temor la sierra,
el viento alborotado,
cobarde el sol, y enternecido el prado.
Todo aquesto que he hecho
es porque Pedro que tras nosotros viene,
donde en viendo deshecho
ese animado leño que va y viene,
con los dos hará venta,
y pagará del gusto la pimienta.
En aquella cabaña,
ancho palacio a unos pastores,
metiendo yo cizaña,
se dexará llevar de tus amores,
que en la ocasión no hay santo;
que aunque lo sea lo parezca tanto.
La noche, la hermosura,
la soledad, el frío, y el regalo
trocarán su cordura.
que el bueno en la ocasión tal vez es malo,
pues para errar el hombre
trae la soga arrastrado con el nombre.
Enamorosos quiebros
al son cantados de las aguas mudas
te infundiré requiebros
que basten a ablandar las peñas duras.
Ambar pondré en tu boca,
si es que a la lujuria el buen olor provoca.
Mas, tente; que ya llega,
DOROTEA: Agora sí tus verdades creo.
DEMONIO: Ya baja, ya se ciega
con el ayre, y el agua.
DOROTEA: Ya le veo.
DEMONIO: Hoy cumplirás tu gusto
que con mujer no hay hombre que sea justo.

Salen PEDRO y ESPESO de camino, con alpargatas y
palos en las manos, ESPESO muy mojado y PEDRO, no

ESPESO: El demonio me engañó.
Buen camino hemos traído,
dos horas nos ha llovido.
PEDRO: Dios que el trabajo embió,
el remedio nos dará.
ESPESO: Miren, ¿qué bota de vino,
o qué jamón de tocino?
¿Hay tal flema?
PEDRO: Bien está.
ESPESO: No está; que es mucho ademán
habiendo en casa seis machos,
venir como los muchachos
cuando por novillos van.
PEDRO: Quien ha de ser religioso...
ESPESO: No es serlo quererlo ser.
PEDRO: Yo hago lo que he de hacer.
ESPESO: Tú tienes lindo reposo;
mas allegate acá.

Tiéntele todo

PEDRO: ¿Qué miras?
ESPESO: Si es de seda aqueste flueco.
(¡Vive Cristo, que está seco!) Aparte
PEDRO: ¿Qué me tientas y te admiras?
ESPESO: Agora te lo dir&e acute;.
Tú, señor, en confianza,
de que el agua no te alcanza
ni aun a la planta del pie.
Entras por ella, y de mí,
aunque en los charcos me pierdas
ni te dueles ni te acuerdas,
pero no ha de ser así.
Agora suelta la capa.

Quitale la capa y el sombrero

PEDRO: ¿Qué haces, Espeso amigo?
ESPESO: Trocar vestido contigo,
que si por tuyo se escapa
de este elemento arrogante.
Poniéndote mi vestido,
el cielo comedido
te secará al instante,
y estando muy bien seco
de aquel pasado rocío
bolveré a ponerme el mío,
y desharemos el trueco.
PEDRO: Eso de muy buena gana,
que porque tú vayas bien
iré yo mal.
ESPESO: Está bien

Vale quitando la sotana, y luego pónele la suya

mojada ropa. ¡Fuera de sotana!
DEMONIO: Salgamos que ya estoy loco.
ESPESO: Parece que te refresca.
PEDRO: Y ésa?
ESPESO: Está como una yesca.
PEDRO: ¿Quieres más?
ESPESO: Que poco a poco
te vayas desatacando
que me he de poner los grigüescos
porque estos vienen muy frescos.
DOROTEA: Como que vamos andando,
nos llegaremos.
PEDRO: Espera,
que hacia allí siento pisadas,

Lleguen rebozados DOROTEA y el DEMONIO

DEMONIO: Buenas noches camaradas.
ESPESO: Buenas cenas también fuera
buen modo de saludar.
PEDRO: Nuestro Señor sea bendito,
DEMONIO: (También a no estar precito, Aparte
le supiera yo alabar.)
DOROTEA: Vengan en hora buena,
que si aquí quieren quedarse,
por descansar y enjugarse,
habrá cama, lumbre y cena.
ESPESO: Yo ya me doy por quedado.
PEDRO: Antes quisiera llegar,
a ser posible al lugar.
DEMONIO: Venis desesperado,
pues con tal noche queréis
pasar estando el camino
tan malo.
ESPESO: ¡Qué desatino!
DOROTEA: Aquí descansar podéis,
no faltará vino y pan
con su pedazo de queso.
ESPESO: Será esto para Espeso:
una gallina, un faisán.
¡Oh, divinos valedores,
de cansados pasajeros,
abrazaros tengo y veros.
Señor, aquestos señores
nos hacen tanto favor,
que es necedad no aceptar.
PEDRO: En fin, te quieres quedar.
ESPESO: Fuera lo demás error.
PEDRO: Alto pues, por ti me quedo.

A DOROTEA

DEMONIO: Llega agora, que ya está
mas blando.

Llega DOROTEA

DOROTEA: Luego se hará
la cama y verá que puedo
servir al rey de la tierra;
que sois vos regalo mío.
PEDRO: (Señor, contra el albedrío Aparte
el espíritu hace guerra.)
DOROTEA: ¿Conoces esta hermosura?
PEDRO: No quiere Dios que la vea.
DOROTEA: Mira que soy Dorotea.
PEDRO: ¿Quién?
DOROTEA: Quien servirte procura.

Retírase el santo PEDRO

PEDRO: ¡Válgame Dios!
DOROTEA: ¿Qué te espantas?
Dorotea soy que vengo,
pues más remedio no tengo,
siguiendo, Pedro tus plantas.
Si con tu talle me encantas,
con tu tibieza me enciendes.
PEDRO: Pues ya de mí, ¿qué pretendes?
DOROTEA: Quejarme de tu rigor,
pues porque te tengo amor
bárbaramente te ofendes.
PEDRO: Yo me ofendo porque sé
que no hay amor tan honesto
que no llegue a descompuesto
si se trata y si se ve;
que aunque Dios conmigo esté,
si yo la ocasión que veo
no la huyo y la rodeo,
moriré muerte civil;
porque siempre fue sutil
el ingenio del deseo.

A DOROTEA

DEMONIO: Déjale entrar y después
hará la ocasión su oficio.
DOROTEA: Pues ya que tienes por vicio
el amor, aunque cortes,
entra a cenar.
PEDRO: Pues, ¿no ves
que te debo yo estorbar
el pecar, y que en entrar,
aunque yo me libre a mí,
peco, porque doy así
ocasión para pecar?
DEMONIO: No es pecar cenar aquí
habiéndote de quedar.
PEDRO: Irme puedo sin cenar.
ESPESO: ¡Ay, descenado de mí!
DOROTEA: ¿Es posible que de ti
no confías algo?
PEDRO: No,
que un Pedro mejor que yo,
sólo por llegarse a ver
en ocasión de mujer,
a su mismo Dios negó.
Estando delante de él
fervoroso y impaciente
sacó el acero valiente,
y a Malco ofendió con el,
y en apartándose de él,
de una mujercilla al grito
negó su nombre infinito
aun antes de dar las doce,
porque nadie a Dios conoce
delante de su apetito.
De la ocasión todo nace,
y así, quien en ella entra,
y con su muerte no encuentra,
ese tal milagro hace,
y así decidle que trace
de dar vida a un cadáver yerto;
que entrar a riesgo cierto,
y salir libre después,
mucho más milagro es
que resucitar un muerto.
DOROTEA: Pues aquesta noche, ingrato,
aunque te pese has de hacer
milagros, y una mujer
ha de vencer tu recato.
PEDRO: Pues, ¿no será más barato
dejarte yo?
DOROTEA: No será,
porque el río en medio está.
PEDRO: También hay barca en el río.
DEMONIO: (Logróse el intento mío.) Aparte
Allegad todos acá.
Aquella leña vacía
que está de este tronco enfrente
era el estribo valiente
de la barca que aquí había.
Aqui se ataba y torcía
la cuerda; pero denantes
un viento, con arrogantes
impetus, la arrebató,
y casi con ella dio
en los celestes diamantes.
ESPESO: Buen pulso tuvo ese viento.
PEDRO: ¡Válgame Dios! ¡Qué desgracia!

Tómele las manos DOROTEA

DOROTEA: ¿Qué desgracia, si en mi gracia
hallas tal acogimiento?
PEDRO: Señor, de mi pensamiento
me librad.
DEMONIO: Si Dios quisiera
librarte, no permitiera
que la barca se quebrara.
PEDRO: También otra me emviara,
si mi fe lo mereciera;
pero no importa, traidor,
que ya sé quién puedes ser;
que antes de mucho has de ver
vencido tu loco error.

A ESPESO

Ven tu conmigo.
ESPESO: Señor,
¿adónde vas?
PEDRO: A pasar.
ESPESO: ¿Cómo si no sé nadar?
PEDRO: No importa, amigo, que Dios
sabrá pasar a los dos
sin nadar y y sin pasar.
Sígueme.
ESPESO: Vete sin mi,
que yo bien estoy acá.

Al irse a entrar sale Cristo en forma de NIÑO Jesús

NIÑO: Pedro, barca tienes ya,
tu fe me ha traído aqui.
Venid los dos.
DEMONIO: ¡Ay de mí!
PEDRO: Siempre, Señor, me honráis vos.
ESPESO: ¡Tamañino estoy por Dios!
NIÑO: Dame la mano.
ESPESO: ¡Qué dicha!

Vanse el NIÑO, PEDRO, y ESPESO

DEMONIO: ¡Oh, pesia con mi desdicha!
Abrazados van los dos.
DOROTEA: Pedro, Pedro.
DEMONIO: ¿Qué le llamas,
si le lleva Dios al lado.
DOROTEA: Ya en la barca se han entrado
DEMONIO: Y yo quedo en vivas llamas.
DOROTEA: Ya las olas, y las lamas
rompe el esquife brillante.
DEMONIO: Y yo por no estar delante
al infierno voy a huír.
DOROTEA: Y yo a tratar de morir
desesperada y amante.

Vanse entrambos cada uno por su puerta, y al son de
las chirimias se descubre una barca muy linda, el ÁNGEL de
la Guarda por barquero, el NIÑO, PEDRO y
ESPESO

NIÑO: Ya, Pedro, en la barca estás,
que si el demonio rompió
una, mi amor fabricó
otra que es en la que vas.
PEDRO: Mirad, Señor, que haceis más
de lo que mi amor pedía.
NIÑO: El barquero que te guía
es la guarda que te di.
ÁNGEL: Señor, partiremos?
NIÑO: Sí.
ESPESO: ¡Qué música! ¡Qué alegria!

Vuelven a tocar chirimías y parte de una
parte a otra la barca y luego se cubre con una cortina

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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