La conquista de México — Jornada I

LA CONQUISTA DE MÉXICO

Fernando de Zárate
(Antonio Enríquez Gómez)


Texto basado en la edición príncipe de LA CONQUISTA DE MÉXICO en PARTE TREINTA, COMEDIAS NUEVAS ESCOGIDAS DE LOS MEJORES INGENIOS DE ESPAÑA (Madrid: Morrás, 1668). Fue editado por James T. Abraham en el curso de sus investigaciones para su tesis doctoral (University of Arizona, 1996), preparado en forma electrónica, y puesto en su forma actual (HTML) por Vern G. Williamsen.


Personas que hablan en ella:

  • CORTÉS
  • ALVARADO
  • TAPIA
  • AÑASCO
  • FONSECA
  • PÁNFILO DE NARVÁEZ
  • ORTUÑO
  • SOTO
  • MOTEZUMA
  • GUACA
  • SOLMO
  • GUAINACABA
  • MARIANA
  • ALCINDA
  • GLAURA
  • TEUDELLÍ
  • CAYAGUÁN
  • GUALPOPOCA
  • MARATÍN
  • TOLEMO
  • ALICÁN
  • TRICELO
  • GLAFIRA
  • INDIOS
  • RELIGIÓN Cristiana
  • IDOLATRÍA
  • DEMONIO
  • UN ÍDOLO
  • SOLDADOS españoles
  • Un SARGENTO
  • MÚSICOS
  • Un ALFÉREZ

Jornada primera


Hágase gran ruido de desembarcación, y véanse por detrás del lienzo del vestuario en un alto los árboles, y entenas de los navios de Fernando CORTÉS, con muchas fámulas, banderas, y gallardetes, dispárense piezas, y salgan al teatro SOLDADOS españoles con sus arcabuces y tras dellos ALVARADO, TAPIA, AÑASCO, y CORTÉS con bastón de General
CORTÉS: Besad la tierra contentos
pues del proceloso mar
y sus rigurosos vientos
libres, hoy podemos dar5
principio a nuestros intentos;
que según se muestra fiera
no entendí que nos dejara
ver la famosa ribera
desta isla.10
ALVARADO: Dios te ampara,
gran Cortés, en Dios espera
que has de hacer con su favor
tu heroico nombre mayor
que el de Alexandro.
CORTÉS: [Esta tierra]
No tiene muestras de guerra,15
el conocerla es mejor;
este es nuevo mundo, amigos.
Si Alexandro al descubierto
ganó a tantos enemigos,
de cuyas hazañas muerto,20
fama y tiempo son testigos,
fue porque a empresa tan grave
doscientos mil hombres puso
en campo, conque su llave,
y cetro el alma dispuso,25
por más que Homero le alabe;
pero yo que a mundo nuevo
en diez u once naves llevo
quinientos y cuarenta hombres,
que conozco y sé los nombres,30
con mas templanza me atrevo,
ya del contrapuesto polo,
entre coral y marfil.
AÑASCO: Ya saca la frente Apolo.
CORTÉS: ¿Qué isla es esta?35
TAPIA: Azucamil,
la primera deste polo.
CORTÉS: Tome el astrolabio Soto,
y mire luego su altura.
AÑASCO: País parece remoto
de guerra.40
CORTÉS: Si paz procura,
entrad en paz de mi voto;
ninguno indio, por mi vida,
reciba daño, soldados,
ni oro robe, ni oro pida:
quien tiene en él sus cuidados,45
de mi campo se despida;
no por codicia salí
de mi casa, y vine aquí
codicioso de robar
la tierra, y al indio mar,50
que otro intento vive en mí,
la fe de Cristo profeso,
ésta ensalzar imagino,
ésta adoro, ésta confieso,
no se fundó mi camino55
en tan vil, y bajo exceso,
en la armas lo habéis visto
con que este mundo conquisto;
las banderas son testigos,
cuya letra dice amigos,60
sigamos la Cruz de Cristo,
porque si su Cruz seguimos,
con ella vencer podemos.
AÑASCO: Con buen capitán venimos.
TAPIA: Tal lo que dice haremos,65
que si en peligro nos vemos
sin duda fue porque el cielo
vio que nos traía el oro
más que de su gloria el celo.
AÑASCO: Tapia, la fe y cruz adoro,70
mas desto del oro apelo,
como que no he de pedillo,
ni roballo, ni tomallo,
de Cortés me maravillo,
si nos trajo a acompañallo,75
este metal amarillo,
mal entiendo lo que pasa
vive Dios que no saliera,
una legua de mi casa,
si pensara que pusiera80
en esto del oro tasa:
él predique, porque yo
no pienso decir de no
a aquellos hermosos tejos.
TAPIA: Habla Cortés desde lejos85
mientras el oro no vio,
dejara ver la hermosura
que en su color puso el Sol,
que tu verás si procura
apuralle en el crisol,90
o lo que predica apura,
veraslo, pero si reza,
aunque Cortés buen cristiano.
AÑASCO: No hizo mayor belleza,
aquel Autor soberano95
de nuestra naturaleza;
por verme en sus brazos muero,
oro deseo, oro quiero,
por eso las armas tomo,
con el oro duermo, y como;100
y el otro Creso es peor,
no porque no es mi intención,
sobre todo nuestra Fe;
pero también es razón,
que del trabajo nos dé105
Cortés oro en galardón,
con que nos puede pagar,
tanto peligro de mar,
y desta bárbara tierra.
TAPIA: Si es Dios el fin desta guerra,110
su gloria nos puede dar.
AÑASCO: Esa es la paga mayor
de servicio que le hacemos,
¿pero el Eterno Criador,
del oro, y plata que vemos,115
de tanto precio, y valor,
no lo crió para el hombre?
TAPIA: Así es la verdad.
AÑASCO: ¿Pues es justo
despreciar el hombre su nombre
y que dé al Cielo disgusto,120
aunque del oro se asombre?
Por Dios que he de henchir las manos
de los tesoros Indianos,
que esta gran tierra contiene.
ALVARADO: Gente suena.125
CORTÉS: Ortuño viene.
Entre ORTUÑO, SOLDADO, con tres INDIAS
ORTUÑO: Dexadlas [oh] celos vanos,
que está el Capitán aquí.
GLAURA: Anán, caipí, chaipí.
ORTUÑO: No os quejéis desa manera.
Ni lo que habéis visto en mí:
[GLAURA: Anán, caipí, chaipí.]130
Dame, General, tus pies.
CORTÉS: Pues Ortuño valeroso…
ORTUÑO: Entrámonos dos o tres
por este monte fragoso,
a obedecerte Cortés,135
y vimos la gente huyendo
de sus chozas a la tierra,
por su aspereza corriendo,
con el temor de la guerra,
y de militar estruendo.140
Arcabuz, caja y trompeta,
de suerte las inquïeta,
como ovejas temerosas,
las tempestades furiosas.
CORTÉS: Pues ¿quién dispara escopeta?145
ORTUÑO: Ninguno fuera atrevido,
que tu desembarcación
sólo huyeron, y han hüído
de ver tu fuerte escuadrón
de galas, y armas vestido.150
CORTÉS: De esa manera no hay duda,
que sea gente de paz,
y a darnos sustento acuda,
la guerra está pertinaz,
el trato las piedras muda.155
ORTUÑO: Estas mujeres hallé,
como la lengua no sé,
de solas señas me valgo.
CORTÉS: Tú has hecho al fin como hidalgo.
Hijas de Cristo, la fe160
de mi tierra me ha traído,
y el daros al rey de España
por rey. A los que han hüído
de miedo por la montaña,
de paz decid que he venido,165
y llevadles un presente,
destas cuentas y espejuelos.
ALVARADO: Ya llegan alegremente.
Peines, cuchillos, anzuelos,
repartí liberalmente.170
Tomad estas campanillas
y cascabeles también.
ALFÉREZ: Haciendo están maravillas.
GUAINACABA: Allichac, allichaquén.
CORTÉS: Tomad esas gargantillas,175
tomad, henchid bien las manos,
decid que vengan a ver,
a sus amigos y hermanos;
no venimos a ofender.
Cristianos somos, cristianos.180
Cristianos decid allá.
ALCINDA: ¿Cristianos?
CORTÉS: Sí.
ALVARADO: Ya lo aprende.
AÑASCO: Aquella temblando está.
ORTUÑO: De ver su rostro se ofende.
TAPIA: Del cristal huyendo va.185
GLAUCA: Guañuc, gerañusca.
CORTÉS: Volvamos
al mar mientras estas llaman
su gente.
ALVARADO: Aunque en paz estamos
y parece que nos aman,
nuestras armas prevengamos,190
saquemos a la ribera
dos cañones.
AÑASCO: ¡Qué gallarda
presa, si bajan se espera.
CORTÉS: Fórmese un cuerpo de guarda.
ALVARADO: Hola, cuelga la bandera.195
¿Quién será?
CORTÉS: La compañía
de Fonseca puede entrar
de guarda hasta el fin del día,
Dad a esas Indias lugar.
Vanse y queden las INDIAS
GLAURA: ¡Qué gran placer!200
ALCINDA: ¡Qué alegría!
GLAURA: ¿Quién serán estos?
ALCINDA: No sé.
Cristianos dicen que son.
GUAINACABA: Que es del cielo esta nación,
en lengua y rostro se ve:
¡Qué hermosura y gentileza!205
ALCINDA: La cifra deben de ser
del soberano poder,
autor de naturaleza.
Bien haya tierra en que nacen
Glaura, tan hermosos hombres.210
GLAURA: Cristianos tienen por nombres
mucho el alma satisfacen;
ya me ocupan los sentidos,
con dulcísimos enojos,
sus personas por ojos,215
sus nombres por los oídos.
Alejádose han al mar.
GUAINACABA: Nuestros maridos, descienden
de la sierra.
ALCINDA: Ni los ofenden
ni los vienen a matar.220
¿De qué sirve el huir?
GUAINACABA: El miedo
siempre de la duda es hijo.
Bajad y haced regocijo.
Está hecho al lado un monte alto de árboles y vayan bajando por él algunos INDIOS mirando a todas partes, y muy bizarros de plumas, y vestidos pintados
CAYAGUÁN: Bajad poco a poco y quedo.
SOLMO: Temblando voy como el viento225
la verdes hojas del olmo.
GLAURA: Cayeguán, Maratín, [Solmo,]
bajad, bajad al momento;
no hayáis miedo, ¿qué dudáis,
cobardes, de ánimos faltos?230
Dejad los peñascos altos,
por donde trepando vais,
venid seguros al llano,
que ya he visto lo que [es.]
SOLMO: Glaura, ¿qué dices? ¿No ves235
roto el cielo soberano,
despidiendo truenos fuertes,
vomitando ardientes rayos?
GLAURA: Vuestros cobardes desmayos
os representan la muerte.240
Bajad que es gente del cielo,
hijos de los dioses son
que vienen con ocasión
de honrarnos en este suelo.
Bajad.245
MARATÍN: ¿Volviéronse al mar?
ALCINDA: Por él se van caminando.
SOLMO: Si vuelven estoy mirando.
GLAURA: Bien podéis todos bajar,
que nos han dado mil cosas,
nunca de nosotros vistas.250
MARATÍN: Bien es que al temor resistas
con nuevas tan venturosas.
SOLMO: Acaba ya, Cayaguán,
y a verlos nos atrevamos.
CAYAGUÁN: Ya voy; ya en el llano estamos255
¿Dónde estos dioses están?
GUACA: Llegando van a la orilla
unas casas de madera.
SOLMO: ¿Si quieren sacallas fuera?
MARATÍN: Su valor me maravilla;260
yo apostaré que se vienen
a vivir entre nosotros.
GUACA: Como ellos no traen garrotes
hermosura y gracia tienen.
CAYAGUÁN: ¿Qué os han dado?265
ALCINDA: ¿No lo veis?
Estos que relucen tanto.
Mírense a los espejos
CAYAGUÁN: ¡Santo Apelquiz, grave espanto!
¿Encantamentos hacéis?
SOLMO: ¿De qué suerte?
CAYEGUÁN: Que mi cara
me han hechizado de modo270
que si así me pongo todo,
y vuestro hechizo no para,
todo me voy consumiendo.
Mírate, Solmo.
SOLMO: ¡Ay de mí!
un yo tan pequeño vi,275
que ya me voy deshaciendo.
Vuélveme, por Dios, mi ser,
Alcinda.
ALCINDA: ¿Desto te alteras?
Advierte que eres lo que eras,
y que te ha engañado el ver.280
Toma y mira, Maratín.
MARATÍN: ¡Valme Apolo!
SOLMO: ¿De qué suerte?
MARATÍN: Pronósticos son de muerte,
señales son de mi fin.
Un chiquillo está aquí dentro285
que si le miro me mira,
si yo me admiro, se admira,
y me encuentra si le encuentro;
si abro la boca, él también.
Sin duda comerme quiere.290
ALCINDA: Ninguna cosa os altere,
que todo es contento y bien;
estos pedazos de estrellas
representan al que mira
el alegría o la ira295
con que llega a verse en ellas;
lo que haces con tu cara
es esto que ves aquí.
MARATÍN: ¿Lo que estoy haciendo?
ALCINDA: Sí;
mírate alegre y no para.300
MARATÍN: Tienes, Alcinda, razón.
¿Y estos que suenan?
ALCINDA: No sé
qué nombre ahora les dé.
GLAURA: El son dice lo que son.
Tomad destas cuentas bellas,305
mirad que lindas colores,
que los claros resplandores
del sol se miran en ellas;
nunca al trasponer del sol
por las nubes del ocaso310
matizó el último paso
de tanto vario arrebol.
Estad contentos, haced
fiestas a huéspedes tales.
CAYAGUÁN: Aquí han puesto unas señales.315
SOLMO: Atrás, el paso tened,
que es cosa de grave espanto
Vean una cruz grande plantada en una orilla, entre unas peñas, y ramas
MARATÍN: Dos palos trabados son.
CAYAGUÁN: Sin duda que es invención,
como aquestos saben tanto,320
para asir a aquestos clavos
sogas, y, tirando así,
sacar las casas de allí.
MARATÍN: Hoy seremos sus esclavos,
que si aquí sus casas ponen,325
señal es que a vivir vienen.
SOLMO: Diferentes causas tienen
estos palos que componen.
MARATÍN: ¿Cómo?
SOLMO: Que deben de ser
para saber la hora cierta330
por el sol.
CAYAGUÁN: Bien dice.
MARATÍN: Acierta.
SOLMO: Por éste se puede ver
cuando esté en medio del cielo,
pues hará la sombra igual.
GLAURA: Antes pienso que es señal335
para dividir el suelo.
SOLMO: No, Glaura, que aqueste brazo
sirve al sol de la mañana,
y éste a la tarde.
GUACA: Si allana
el alma, Solmo, un abrazo,340
y una rosa de los ojos,
sin los presentes que veis,
¿para qué, decid, tenéis
destos huéspedes enojos?
Lo que dellos entendí345
es que se llaman cristianos,
y que vienen como hermanos
a enriqueceros aquí;
no os metéis en lo que hacen,
que si vuelven a tronar350
abrasarán tierra y mar,
pues cuanto quieren deshacen.
CAYAGUÁN: Con todo soy, Guaca amigo
de parecer que quitemos
esta señal, y estorbemos355
que algún mal no haga, y digo
que quitándome de aquí
podrá ser se vayan luego.
SOLMO: Bien dices.
MARATÍN: Temblando llego.
Tira.360
CAYAGUÁN: Ayúdame.
MARATÍN: ¡Ay de mí!
Al tiempo que están tirando de la cruz para quitarla se disparen dentro tres, o cuatro arcabuces, caigan todos por el suelo, bajando con música de chirimías una paloma desde alto que se ponga sobre la cruz, y traiga un cerco de oro alrededor
GLAURA: ¿Yo no os dije que esta gente
era buena y envïada
de Dios?
CAYAGUÁN: ¡Oh señal sagrada,
alta, heroica y eminente,365
oh tú, angulo divino,
oh palos, puestos de modo
que cubrís el mundo todo,
tan grandes os imagino,
pues con esas cuatro puntas,370
su círculo dividís
y en el vuestro descubrís
del sol las grandezas juntas,
tened piedad, no matéis
estos rudos animales!375
SOLMO: ¡Oh señal que entre señales
como el Sol resplandecéis,
en cuyos clavos presumo
que todo el cielo colgara,
trapo en ellos fabricara380
aquel pavimento sumo,
piedad, pues veis que os alabo.
MARATÍN: ¡Palo hermoso, y más precioso
que el cinamomo oloroso,
la mirra, canela y clavo,385
más que el bálsamo, que cura
la heridas por milagro,
a cuya piedad consagro,
mi ignorancia y mi ventura,
dadme vida pues podéis!390
GLAURA: ¿No veis la paloma bella
que se ha puesto encima della?
ALCINDA: Segura vida tenéis.
GLAURA: Sí, que si fuera ave negra
nuestra muerte señalara,395
mas si es blanca cosa es clara
que nuestra tristeza alegra,
y así es justo que confíes.
CAYAGUÁN: Bien vengáis paloma hermosa,
con vuestro pico de rosa400
y vuestros pies de rubíes.
Sale el Capitán FONSECA metiendo una compañía de guarda con cajas y banderas, disparando arcabucería, en orden, y ha de haber SARGENTO, ALFÉREZ y sus Cabos, los INDIOS huyen al monte, y los están acechando
FONSECA: Ponga, señor Alférez, la bandera
y arrimen por aquí los arcabuces.
AÑASCO: ¿Haráse tienda?405
FONSECA: Sí, que la ribera
del mar refresca a las primeras luces.
Hola, saque ya la tienda fuera.
SOLDADO: La tienda, y cuantas por el mar conduces
aderécense y, encendiendo fuegos,
vestid de claridad los valles ciegos.410
Armen una tienda grande en el teatro, y pongan la bandera, arrimen los arcabuces y paséese con alabarda un Cabo, como se suele hacer los cuerpos de guarda
ALVARADO: ¿Jugaremos, Alférez?
ALFÉREZ: Pon la mesa.
SOLDADO: ¿La caja no está aquí?
ALFÉREZ: Llega la caja.
SOLDADO: De no traer aquí un millón me pesa.
AÑASCO: Echa esos huesos y la mano baja.
ALFÉREZ: A diez.415
AÑASCO: Digo.
SOLDADO: Mi suerte sola es esa.
ALVARADO: Y yo la paro con mayor ventaja.
Los INDIOS en el alto del monte
CAYAGUÁN: ¿No veis lo que hacen?
SOLMO: Ya lo estamos viendo.
MARATÍN: Jamás han hecho tan horrible estruendo;
pusiéronse unas flautas en la boca,
y tañeron de suerte echando fuego420
que la lumbre que escupen me provoca
aún agora a mortal desasosiego.
¿No vistes uno redondo que le toca
otro en la cara, y le responde luego?
SOLMO: Como le da de palos, se quejaba.425
GLAURA: ¡Qué gritos da!
GUACA: Al cuello le colgaba,
llana tenía la cara y sin narices.
MARATÍN: Con tantos palos se le habrán caído.
CAYAGUÁN: Curándole están todos.
ALFÉREZ: ¡Qué bien dices!
AÑASCO: Azar.430
ALFÉREZ: Cuarenta escudos he perdido;
¡que pueda un hombre estar entre tapices
comiendo el pavo y el capón manido,
y que venga entre cuatro caracoles
a perder los escudos españoles!
¡Pues es verdad que toparemos minas435
en esta tierra seca y arenosa,
sin el cardo feroz y las espinas
en vez de la violeta y de la rosa,
pesia Cortés!
SARGENTO: De su furia desatinas.
¡Calla por Dios!440
ALFÉREZ: ¡Qué locura!
SOLDADO: ¡Enfadosa!
AÑASCO: Pero tiene razón, si bien se advierte.
ALFÉREZ: Reparo.
AÑASCO: Digo.
SOLDADO: ¡Extraña suerte!
ALFÉREZ: Si éste llevara.
SOLDADO: Por Dios que se ha enojado
vuestra merced con causa.
ALVARADO: ¿Aquesta es guerra
o vinagrera es, por vida de Alvarado?445
¿Para esto sale el hombre de su tierra?
¿Para aquesto Cortés viene empeñado,
buscando monas por aquesta sierra?
ALFÉREZ: En perdiendo, Alvarado, es malo todo.
Al tiempo mis desdichas acomodo.450
¿No es mejor en Sevilla el ostión fino
y el vino de Alanís que aquí el bizcocho?
¿Es atún rancio y aguado el vino?
[¿. . . . . . . . . . . .-ocho]?
¿No es mejor una magra de tocino,455
y que se gasten entre seis u ocho
otras tantas azumbres con la magra
en Toledo, en la Puerta de Bisagra
que no venir aquí buscando el oro
que encubren de la tierra las entrañas?460
SOLDADO: ¿Darálo allá mejor el turco o moro,
en el campo de Orán haciendo hazañas?
ALFÉREZ: ¿No es mejor el jarameño toro,
y en Madrid y Toledo jugar cañas
a las fiestas que en Yepes se celebran,465
que aquí donde las peñas los pies quiebran
ir buscando el tesoro codicioso?
SOLDADO: No pretende Cortés esta ganancia,
sino ensalzar la fe.
ALVARADO: ¡Cuento donoso!
¡Que el oro ya no es cosa de importancia!470
TAPIA: Pretende con sus hechos gloriosos
que a España envidien Alemania y Francia,
dándoles el imperio de otro mundo.
ALVARADO: Pues yo en el oro la conquista fundo.
Sale una tropa de SOLDADOS, y detrás CORTÉS a caballo con bastón, y dígale un SOLDADO de posta
SOLDADO: ¿Quién va?475
CORTÉS: Yo soy.
SOLDADO: ¿Quién es yo?
CORTÉS: Tu Capitán General.
SOLDADO: No lo entiendo.
CORTÉS: ¿Hay cosa igual?
¿No me conoces?
SOLDADO: ¡No!
Y si no me dice cómo
puede llegar o a qué viene,480
en vez del alma que tiene
le pondré un alma de plomo.
CORTÉS: ¿Qué soldado en esta tierra
puede hablar como le ves
si no viene con Cortés?485
SOLDADO: Ésta es costumbre en la guerra.
No sé nada, retiraos,
que la disciplina nuestra
este recato nos muestra;
y si no queréis, estáos;490
si no con poco trabajo,
sin ser cielo, aunque su fe
como a San Pablo, os haré
caer del caballo abajo.
CORTÉS: Ese nombre es el que tienes,495
soldado honrado.
SOLDADO: Señor,
yo os agradezco el favor.
ALFÉREZ: Señor, a buen tiempo vienes.
Apéase
FONSECA: ¿Has descansado?
CORTÉS: No puedo,
que no duerme mi cuidado.500
Pártase luego, Alvarado,
a Yucatán.
ALVARADO: Bueno quedo.
CORTÉS: Sepa, señor, me decía
un indio, que aquesta es tierra
más de riqueza que guerra.505
Oíd, la paloma mía,
que suelo otras veces ver,
y las Indias me guió,
de la cruz se levantó
que acabamos de poner.510
Súbese la paloma
FONSECA: Buen principio.
TAPIA: Oye, señor,
que ya de esas altas peñas,
los indios haciendo señas,
reconocen tu valor.
CORTÉS: Parte, Alvarado entre tanto515
que pacifico esta gente.
ALVARADO: Voy.
Vase
CORTÉS: Hijos, nadie se ausente;
hombre soy, no os cause espanto,
español soy, soy cristiano,520
crïado de Carlos soy.
De amigo la mano os doy,
bajad y tomad la mano.
CAYAGUÁN: Bajemos, Solmo.
SOLMO: Bajemos.
CORTÉS: No temáis, dadme los brazos525
con animosos abrazos.
Bajen, y vanle abrazando, y a los soldados mostrando regocijos
CORTÉS: Paz buscamos, paz queremos.
Tomad, tomad, que os envía
Dales unos vidrios y cuentas
España. Carlos, su rey,
sigue de Cristo la ley.530
Cristo es hijo de María,
es la persona segunda
de la trinidad que es Dios
y tres personas. En dos
preceptos su Ley se funda:535
amarle de corazón
y al próximo como a sí.
Pero el primer hombre aquí
os dé Dios luz de razón.
Humanóse Dios, murió540
por el hombre en esta cruz.
Ésta es la bandera y luz
que al hombre del mal sacó
en que le puso el pecado.
Adoradla.545
FONSECA: Ya lo entienden.
CORTÉS: Estas señales defienden
el hombre dellas armado:
Agua de Espíritu Santo,
que de las personas tres
y un Dios, la tercera es.550
Hijos, os importa tanto
que sin ella no hay entrar
en el cielo. Ésta es la Madre
de Cristo el Verbo del Padre,
que os acabo de contar.555
Adoradla.
FONSECA: ¡Con qué amor
la miran!
CORTÉS: ¿Tenéis aquí
algún Dios?
FONSECA: Dicen que sí,
hacia allí dicen, señor.
CORTÉS: Vamos, llevadnos allá.560
FONSECA: Templo dicen.
CORTÉS: Allá iremos.
Grandes principios tenemos,
Dios de nuestra parte está.
Vanse, salen cuatro HOMBRES casi desnudos, con sus arcos y flechas de una canoa que es como un barco, y ALVARADO, TAPIA, y otros SOLDADOS con sus espadas desnudas a ellos
ALVARADO: Teneos, daos a prisión.
AGUILAR: Quedo, señores, teneos.565
TAPIA: ¡Santo Cielo!, ¿entre indios feos
de tan remota región
hay quién hable nuestra lengua?
AGUILAR: ¿Sois cristianos?
ALVARADO: Indio, sí;
¿pero cómo hablas así?570
¿Eres de españoles lengua?
AGUILAR: Español soy.
TAPIA: ¿Español?
AGUILAR: De rodillas por el suelo
doy gracias al cielo.
ALVARADO: El cielo
y nos muestra el mismo sol.575
Danos tus brazos.
AGUILAR: Llorando
tiernamente, pues salí
hoy de entre bárbaros.
TAPIA: Di,
¿por dónde veniste o cuándo,
siendo cristiano a esta tierra?580
AGUILAR: ¿Quién es vuestro capitán?
ALVARADO: El y sus naves están
a la espalda desta sierra
que combate el mar; su nombre
es Cortés.585
AGUILAR: ¿Cortés se llama?
TAPIA: Y a quien espera la fama.
Por hazañas más que de hombre,
viene a ganar este mundo;
no le puede conquistar
sin lengua.590
AGUILAR: Yo la sé hablar.
ALVARADO: En ti sus victorias fundo.
Por hacer mi nave aquí
agua, español, di la vuelta,
que la voluntad resuelta,
el cielo lo quiere así;595
y que fue milagro creo,
porque esta gente en Dios crea.
ALGUILAR: No dudes de que lo sea
el cumplir Dios mi deseo.
Llévame luego a Cortés,600
que allá le diré quién soy.
INDIO: Caqui, quispilla.
AGUILAR: Sí voy;
venid conmigo los tres.
TAPIA: ¿Qué dice?
AGUILAR: Si voy seguro.
ALVARADO: Si a tu misma patria vas,605
ya, cielos, no os pido más,
ya tengo el bien que procuro.
Sale CORTÉS y SOLDADOS con los INDIOS, y descúbrese un templo con algunos ídolos
CORTÉS: ¿Es este el templo?
CAYAGUÁN: Arí, arí.
SOLDADO: ¡Qué figuras espantosas!
CORTÉS: Estas formas temerosas610
tomaba el demonio aquí
para engañar esta gente.
Poned en medio esta cruz,
para que en viendo su luz
de aquí tiniebla ausente.615
En poniendo la cruz caigan los ídolos y salgan llamas de fuego y entre ellos, huyendo algunos DEMONIOS, diga uno
DEMONIO: ¿Qué nos quieres en la tierra
adonde, Rey, inmortal,
jamás llegó tu señal?
¿Pues cómo aquí nos das guerra?
Este es un mundo segundo620
donde estamos por consuelo
de que perdimos el Cielo;
no nos eches deste mundo.
¿No será mejor que estemos
entre los que tú desechas?625
Si deste mundo nos echas,
al otro nos pasaremos.
CORTÉS: ¡Notable ha sido el ruido!
FONSECA: ¿Qué más claro testimonio,
gran Cortés, de que el demonio630
de estas islas ha salido?
Mira los Indios que están
con nuestra cruz abrazados
del temor.
CORTÉS: ¡Ea, soldados,
que ya murió el capitán.635
Salen ALVARADO y TAPIA con AGUILAR y los INDIOS
ALVARADO: Siendo, gran Cortés, forzoso,
por hacer agua mi nave,
volver aquí, escucha un grave
suceso, al fin milagroso.
Éste que indio te parece640
es español.
CORTÉS: ¡Santo Cielo!
ALVARADO: Que perdido en este suelo,
ahora en él se aparece
como un nuevo Rafael
para guïarte.645
CORTÉS: Esos brazos
me dad con justos abrazos.
FONSECA: Todo tu bien está en él.
CORTÉS: ¿Lloras?
AGUILAR: La piedad es mucha;
no te espantes.
CORTÉS: Di quién eres
o descansa aquí si quieres.650
AGUILAR: Cortés generoso, escucha:
Gerónimo de Aguilar
es mi nombre, fue mi patria
Écija, ciudad famosa
junto a Córdoba la llana.655
El año de once venía
del Darién por la plata
que estaba en Santo Domingo,
de aquellos soldados paga,
que traía Vasco Nuñez;660
levántose una borrasca,
la mayor que aquí se ha visto,
cubriendo de nubes pardas
el cielo el rostro el sol,
y dando las nubes agua665
a quien con sus humedades
les suele pagar con tanta.
Ya no se oían las voces
de “amaina trinquete, amaina”,
“corre a estribol, a la mura,”670
que en un instante las jarcias
del árbol mayor los vientos
sembraron por las saladas
aguas del mar, que furioso
las desmenuza y derrama;675
trozas, o flechales trizas
coronas, montones, gavias,
chafaldetes, amantillos,
todo lo rompe y quebranta.
Ya no gobierna el piloto680
la bitácora y la caja;
ya la aguja va también
entre las confusas tablas;
ni acuden los marineros
a la faena, ni pasan685
corriendo de popa a proa,
ni da el timón a la banda;
ábrese la carabela,
asgo el batel, que llevaba
salvo en él veinte personas;690
llegamos los trece a Maya,
una bárbara provincia,
porque los siete quedaban,
muertos en la mar furiosa,
por censo de esta desgracia.695
Fuimos presos de los Indios,
y un cacique que, con rabia
sacrificando a Valdivia,
que era un capitán de fama,
asado se le comió,700
y otros cuatro otra mañana
sirvieron en un convite
que hizo a su esposa Aglaura.
Pusiéronnos a engordar
a los demás, así bastara705
algún rey a lo del mundo,
a quien tal suerte aguardaba,
cuyo peligro nos hizo,
una noche antes que el alba
vertiese en las flores perlas710
de sus mejillas de grana,
nos escapásemos juntos;
y fue nuestra dicha tanta
que en otro cacique dimos,
no de piedad más humana,715
pero enemigo del otro,
que fue de guardarnos causa;
deste y sus deudos sabemos,
viviendo en estas montañas;
pero ya son muertos todos,720
que la desnudez bastaba,
si no es un hombre robusto,
que se ha casado, y se llama
Gonzalo Guerrero y yo,
todos los que os digo faltan.725
No quiso venir conmigo
porque tuvo por infamia
que le vieses como a indio
las orejas horadadas.
Ven, Cortés, vente conmigo,730
que espero en Dios esas armas
conquistarán este mundo
para Carlos, rey de España.
CORTÉS: Otra vez vuelvo a abrazarte
por tan justas esperanzas;735
en Dios las llevo y en ti.
¡Toca a leva! ¡A leva, embarca!
Vamos, muéstrame esta tierra.
ALVARADO: Barcos hay.
CORTÉS: Llega la plancha.
Indios, conmigo venid.740
CAYUAGUÁN: Capac, capac, huaca y chava.
AGUILAR: Dicen que te guarde Dios.
CORTÉS: Venceré si Dios me guarda.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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