LA ROMERA DE SANTIAGO
Tirso de Molina
(Gabriel Téllez)
Esta edición electrónica de LA ROMERA DE SANTIAGO fue preparada por Vern Williamsen en 2000 para incluirse en esta colección. La edición que tomamos como base para fijar nuestro texto es la del COMEDIAS DE TIRSO DE MOLINA, II (Madrid, 1907), NBAE, tomo 9. Este texto, en su torno, se basa en el de la PARTE XXXIII, de las COMEDIAS ESCOGIDAS (Madrid: José Fernández de Buendía, 1670).
Personas que hablan en ella:
- El rey ORDOÑO:
- LINDA, Infanta
- BLANCA, dama
- XIMENO
- LAURO
- Doña SOL
- ORTUÑO
- El conde don LISUARDO
- RELOJ, lacayo
- El conde GARCI Fernández
- FRUELA
- RAMIRO
- URRACA
- BERMUDO
- FÁVILA
- CRIADOS
- MÚSICA
JORNADA PRIMERA
Salen los que pudieren de acompañamiento, y el conde don LISUARDO, de camino, y ORDOÑO:, rey de León, y doña LINDA, infanta, su hermana, y siéntanse el rey ORDOÑO: y la infanta LINDA
ORDOÑO: ¿Conde?
LISUARDO: ¡Señor!
ORDOÑO: Escuchad.
La memoria de los reyes
hace asegurar las leyes
del temor y la lealtad,
con el premio y el castigo5
que son los polos por donde
suelen navegarse, conde,
estos dos mares que digo.
Porque la difinición
de la justicia es igual10
medida que cada cual
con la pena o galardón
da lo que le toca. Yo
estoy de vos obligado,
y vos no tan bien pagado15
como el valor mereció
de vuestra heroica persona,
puesto que para pagallo
es poco con tal vasallo
partir, conde, la corona,20
y por ver si corresponde
la paga al valor igual,
quiero hacer un memorial
de vuestros servicios, conde.
Cuando el moro de Navarra,25
en ofensa de León
quiso hacer ostentación
de su persona bizarra,
saliendo yo con la mía
del marte alarbe navarro,30
al paso, vos tan bizarro
anduvistes aquel día
que nos dimos la batalla,
que cuerpo a cuerpe le distes
muerte y en fuga pusistes35
toda la alarbe canalla;
y tanta africana luna
metistes de esta ocasión
arrastrando por León,
que envidié vuestra fortuna40
más que la de haber nacido
rey, en fin, porque es mayor
imperio el que da el valor
que el que en la tierra han tenido
los príncipes que nacieron45
con la dicha de heredallo;
que a tan valiente vasallo
reyes llegar no pudieron.
Cuando sobre el feudo entró
Garci Fernández, el conde50
de Castilla, hasta adonde
el Esla los pies bañó
a sus soberbios caballos,
sobre la puente del río
no mostró el romano brío55
de Horacio para estorballos
el paso más valentía
que vos, pues a voces dijo
que erais rayo, que erais hijo
del sol, Castilla, aquel día.60
Cuando el moro cordobés
las cien doncellas pidió
que Mauregato le dio,
rey infame, vil leonés,
y le obligó mi respuesta65
a que pusiese en campaña
de la morisma de España
cuanta gente al arco apresta,
adarga embraza y empuña,
lanza jineta aprestando70
otro berberisco bando
por la gallega Coruña
haciendo empeñar el suelo
y que el África se asombre,
¿no levantastes el nombre75
de Ordoño segundo al cielo?
Si estos los servicios son
del conde don Lisuardo,
y hacerle merced aguardo,
una Infanta de León,80
legítima hermana mía,
sola los basta a pagar,
y hoy la mano os he de dar;
de más de que merecía
vuestra sangre este favor,85
que no será la primera
que honrar vuestra casa espera.
LISUARDO: A tanta merced, señor,
ni sé responder, ni acierto
a agradecer con razones;90
bien que en tales ocasiones
es cordura el desacierto.
Considere vuestra alteza
lo que propone mejor,
porque le viene el favor95
muy sobrado a mi nobleza.
ORDOÑO: Yo tengo considerado,
conde, el favor que os he hecho,
y es justicia y es derecho,
razón y razón de estado;100
porque, a granjear los dos,
conde, venimos así.
Tanto me conviene a mí
como os está bien a vos.
Linda, mi hermana, ha de ser105
vuestra esposa, y dad la mano
a la infanta.
LISUARDO: El soberano
favor me ha de enloquecer.
ORDOÑO: Levántese, Linda, a dar
la mano al conde.110
LINDA: Ocasión
es, según sus partes son,
que se pudo granjear
a costa de mis deseos.
LISUARDO: Llegar a tanto en tan poco
me ha de hacer que goce loco115
tan soberanos empleos;
traición parece que ha sido
al gusto y a la ventura.
ORDOÑO: Quien pagar, conde, procura
lo mucho que habéis servido,120
de esta suerte lo ha de hacer.
Vuestro valor os levanta
a la alteza de una infanta.
LISUARDO: Sólo os puede responder,
Ordoño, en esta ocasión,125
para no caer en mengua,
el silencio, que en la lengua
no hay sentimiento en razón
del saber encarecer
tan nunca vistos favores.130
ORDOÑO: Si pudieran ser mayores
no los dudara de hacer.
Dé la mano vuestra alteza,
hermana, al conde.
LISUARDO: Dejad
que imagine que es verdad135
tanto bien, tanta grandeza
primero, Ordoño valiente,
generoso, heroico y justo,
porque el gusto como el susto
puede matar de repente.140
Con mil vidas que perdiera
por vos, con que derramara
de sangre un mar, no bastara
para que comprar pudiera
lo menos del bien que aguardo145
tan sin pensarlo.
LINDA: Yo estoy
pagada en saber que soy
del conde don Lisuardo.
Ésta es mi mano y con ella
el alma os rindo también.150
LISUARDO: Si no es sueño tanto bien,
loco estoy. Linda, más bella
que el sol en belleza y nombre,
a tanto cristal, a tanto
del cielo y de amor espanto,155
no hay alma que no se asombre
y mil tener estimara
para ofrecer con la mano
a vuestro pie soberano,
prodigio de la más rara160
belleza que ha visto el suelo,
de cuya mano divina
con la mía el alma indina
mide al sol rayo de hielo;
puesto que en empresa igual165
más lince Amor, que Dios ciego
hoy trueca flechas de fuego
a cometas de cristal.
Pero, señor, ¿con qué intento
si esta merced me intentastes170
hacer, ponerme mandastes
de camino? Un casamiento
tan alto, ¿no requería
galas cortesanas, antes
que cosas que tan distantes175
son para tan grande día
como las botas y espuelas?
Perdonad, que enigmas son
tan notable prevención
de caminar, tantas velas180
de plumas en mis criados,
tremolando al aire ya,
adonde copiando está
la primavera los prados
en las galas de colores185
y a quien el sol hace fiesta,
de cuya hermosa floresta
son clarines ruiseñores,
y tanto apercibimiento
como León sale a ver,190
dando, Ordoño, en qué entender
al sol, al abril y al viento,
y todo tan diferente
que obliga a esta admiración.
ORDOÑO: No ha sido sin ocasión;195
escuchadme atentamente.
Desde el día que tomé
la resolución postrera
de casaros con la infanta,
mi hermana, con su belleza200
premiando vuestros servicios,
quise que las bodas nuestras
fuesen en un mismo día,
para juntar ambas fiestas
y para mostrar el gusto205
que yo tengo, conde, en ellas,
porque corramos los dos
en el estado parejas;
pues para tomarle yo
fue necesario que hiciera210
primero las de mi hermana,
que es obligación y endeuda
con que los varones nacen;
y aunque Polonia y Bohemia,
Flandes, Borgoña y Castilla215
me la han pedido, más fuerza
las obligaciones, conde,
que os tengo, me han hecho, y éstas
con la merced de la infanta
aún no quedan satisfechas.220
Ésta es la causa de haberos
mandado con la grandeza
que tenéis, conde, aprestada,
que os pusieseis las espuelas
para que, luego que a Linda225
la mano dieseis, partiera
vuestra persona a tratar
mis bodas a Ingalaterra
con Margarita, segunda
hija de Enrico, tan bella,230
que la fama pasó el mar
hasta León con las nuevas,
para cuyo efecto agora
en la Coruña os esperan
cuatro bajeles, redondos235
escollos que el mar navegan,
tan valientes y veloces
caballos en la carrera,
del campo de las espumas,
que en pocos días las leguas240
que hay desde allí hasta Plemúa
medirán, poniendo en ella
duda al viento si son hijos
de su propia ligereza.
En aqueste pliego, conde,245
va la carta de creencia,
la instrucción y mi retrato.
Dadme los brazos y sepa
lngalaterra por vos
de la Corona leonesa250
la grandeza y el valor.
LISUARDO: Perdonara a vuestra alteza
la merced por la pensión
que viene, Ordoño, con ella.
Si fuera llevando a Linda255
fuera donde el sol no llega,
adonde trueca en la Libia
por átomos las arenas;
pero no sé con qué vida,
con qué esperanza sin ella260
podré llegar donde voy.
ORDOÑO: Con el gusto de la vuelta
la ausencia puede sufrirse.
LISUARDO: Como el rigor de la ausencia
primero se ha de pasar,265
es necesario que sea
el valor más confiado,
más valiente la paciencia,
más sufrida la memoria,
la esperanza más resuelta;270
mas donde méritos faltan
justo es que haya en recompensa
tanto infierno a tanto cielo,
a tal gloria tanta pena.
ORDOÑO: Esto, es tan forzoso, conde,275
como veis, que porque fuera
a esta embajada con más
autoridad y grandeza
vuestra persona, he querido
honraros de esta manera,280
dando primero la mano
a la infanta. De su alteza
os despedid, y adiós, conde.
Vase el rey ORDOÑO
LISUARDO: No tiene valor ni fuerza
para tanta empresa el alma.285
LINDA: Conde, Dios os guarde y vuelva
a León con la salud
que, como es razón, desea
quien ha de ser vuestra esclava.
Porque, si es igual la ausencia,290
entre dos que están amando
del que parte y del que queda,
partamos los sentimientos
entre los dos, por que sean,
partidas y acompañadas,295
conde, menores las penas;
que yo os aseguro, conde,
que lleváis a Ingalaterra
un alma que os acompaña,
tan fina y tan verdadera300
amante, en fe de la mano
que os di, que podréis con ella
tener del tiempo al pesar
penas y gustos a medias.
Y a Dios que os guarde.305
LISUARDO: Esperad,
dejad que deje en la esfera
de la nieve de esas manos
con la boca el alma impresa.
LINDA: En el alma queda, conde,
donde con firmeza eterna310
ha de vivir; Dios os guarde.
LISUARDO: Haced, Oriente, esas rejas
para verme partir; nazcan
vuestros dos soles en ellas
otra vez, no se me pongan315
tan presto.
LINDA: Conde, quien tenga
menos causa de querer,
menos razón de estar ciega,
atreverse puede a tanto.
Permitidme, pues es fuerza320
el ausentaros, que escuche
el mal, y que no le vea,
y guárdeos Dios.
Vase la infanta LINDA
LISUARDO: Dios os guarde.
Loco voy, y no me dejan
las mismas ansias partir.325
¡Mal haya, enemiga ausencia
quien de amor te llama olvido
siendo pasión que te aumentas
en la misma privación!
Sale RELOJ, de camino con fieltro
RELOJ: No ha de ser mi norabuena330
la postrera, ¡vive Dios!
Perdone la palaciega.
ceremonia el caminante
traje de fieltro y librea
que a pisar indignamente335
éntre estas salas; y luengas
edades goce vusía,
vueselencia o vuestra alteza
a la infanta, mi señora,
que se me ha puesto en la testa340
que ha de heredar a León,
porque le he visto con muestras
de impotente al rey notables.
LISUARDO: ¿De qué suerte?
RELOJ: Es cosa cierta.
Todo lampiño de barba345
y bigotes no procrea,
porque son en el varón
señales de fortaleza,
como en éstos de templanza,
y si alguna vez engendran350
en sus cluecos desposorios,
son aves para la iglesia.
LISUARDO: ¿Cómo?
RELOJ: Capón es no más.
Gente que trae sin vergüenza
huevos de avestruz por caras,355
que las pestañas y cejas
les han dado de barato,
aunque algunos se consuelan
cuando ven los angelitos
pintados, pues con ser esta360
gente más honrada que ellos,
en cinco mil primaveras
de edad jamás han barbado.
LISUARDO: Siempre estás de una manera.
¡Oh lo que envidio tu humor!365
RELOJ: También tengo mis tristezas;
también gozo mis pesares;
también lloro mis ausencias;
también hay Juana y Lucía,
Marina, Aldonza y Quiteria370
de quien despedirse el hombre;
que llevo de una gallega
en el alma atravesados
trece puntos de chinela
que, a estar en un facistol,375
pudieran cantar por ellas
un motete, porque anduvo,
según la apariencia enseña,
con esta nación de pies
pródiga naturaleza; `380
y no tres puntos, seis puntos…
¡Jesús! En unas talegas
traigo los pies, y son vainas
donde el juanete profesa
tan gran clausura, que obliga385
con las meninas tijeras
a la cuchillada en cruz,
y dice abajo una letra,
“Aquí mataron a un callo,
rueguen a doña Teresa390
que se calce un punto más,
porque de esta suerte tenga
su apretado pie en descanso
de cordobán y de suela.”
LISUARDO: Reírme has hecho sin gana395
de tus disparates.
RELOJ: Pecas
mortalmente contra Amor
y no has de hallar quien te absuelva.
¿Sin gana? ¡Qué grosería!
¡Qué ingrata correspondencia!400
¡Qué poca fineza! ¿Cómo
te puede sufrir la tierra?
¡Jesús, Jesús, qué notable
delito! Dios te convierta,
despojado Jeremías,405
amante de la ley vieja,
Heráclito de los Condes.
LISUARDO: ¡Ah borracho!
RELOJ: ¿Quién lo niega?
LISUARDO: Adiós, Linda; adiós, hermoso
cielo de amor, pues es fuerza410
dejaros, que hasta volver
el alma en rehenes queda,
y adiós, que parto sin alma.
Vase LISUARDO
RELOJ: ¿Sin alma? ¡Qué borrachera!
Dóysela de dos la una415
a cualquier difunto. ¡Oh bestias
de Amor! ¡Oh locos amantes,
qué presto que el alma dejan,
y como quien no hace nada
se van por su pie sin ella420
trecientas leguas! Bien haya
un lacayo, que si llega
a despedirse de Elvira,
de Catalina o de Menga,
no trata de almas ni trata425
de más que de dar la vuelta
con alma y cuerpo y tomar
lo que le dan por fineza,
si son cuellos o camisas
y sin lágrimas ni quejas,430
suspiros ni otras embrollas,
se despide a media rienda
con un abrazo en aspón
y un beso de castañeta;
y sin hacer más misterios435
el se va y ella se queda.
Yo le sigo. ¡Ah, pobre conde!
¡Cuál baja las escaleras
de palacio! No me espanto
de que la causa merezca440
este enamorado aplauso,
que Linda, la infanta, es bella,
y es infanta de León.
Arriba en una ventana LINDA y BLANCA
BLANCA: Del conde es esta librea.
LINDA: Llámale, por vida tuya,445
Blanca.
RELOJ: Adiós, paredes llenas
de nidos de golondrinas,
mondongas y urracas dueñas.
Adiós, patios de palacio
donde tantas y tan necias450
pretensiones paseadas
hacen señal en las piedras.
BLANCA: ¡Hola! ¡Ah, lacayo del conde!
RELOJ: ¡Qué soberana belleza
en tiple me está oleando!455
¿Quién sin ser cura me olea?
LINDA: ¿Partióse ya el conde?
BLANCA: Mira
que te está hablando su alteza.
RELOJ: Ya lo miro con dos ojos
y con treinta reverencias.460
LINDA: ¿Partióse el conde?
RELOJ: Según
su sentimiento y su flema
pienso que no.
LINDA: ¿No eres tú
su criado?
RELOJ: Y de su alteza
muy servidor, porque soy,465
hablando con reverencia,
a quien tiene el conde muchas
obligaciones y deudas,
de hacer merced por servicios,
que de persona y de lengua470
le he hecho veinte años ha.
LINDA: Privarás con él, que muestras
desenfado cortesano.
RELOJ: Tengo muchas excelencias.
LINDA: ¿Cómo te llamas?475
RELOJ: Reloj.
LINDA: ¡Notable nombre!
RELOJ: A mi abuela
le debo, después de Dios,
porque fui desde la teta
al reloj tan semejante,
que no hay cosa que convenga480
tanto conmigo en tener
puntualidad en la eterna
vigilia de no dormir,
porque tengo la cabeza
con notable sequedad;485
y no se halla quien duerma
menos que el reloj, pues nunca
como frenético deja
de dar en su tema a voces,
como yo doy en mi tema,490
en estar midiendo siempre
el tiempo en aguar las fiestas,
diciendo, “Las doce son,
las dos darán las primeras,
mañana es viernes, señores.”495
Y ya que en dar no parezca
reloj, en pedir lo soy;
sólo doy en las tabernas,
que son mis parroquias, donde
tragos por horas me cuestan500
por cuartos y por cuartillos.
LINDA: Pues haz, Reloj, que no sean
del tiempo a pesar las horas
tan largas en esta ausencia;
apresura al sol los pasos,505
los siglos al tiempo abrevia
y te deberá la vida,
aunque es tan a costa de ella.
Salen GARCI Fernández y XIMENO, criado
XIMENO: A gran cosa te aventuras
si el mismo dia que llegas510
enamorado a León
en demanda de esta empresa
al conde don Lisuardo
da el Rey a Linda, pues quedan
capitulados y dadas515
las manos, premisas ciertas
de que su esposo ha de ser,
luego que de Ingalaterra
vuelva el conde.
GARCI: Nunca amor
de lo más fácil se precia.520
Garci Fernández, el conde
de Castilla soy, y heredan
más altas obligaciones
mi valor y mi nobleza.
Y aunque me niegue su hermana525
por nuestras pasadas guerras
y diferencias, Ordoño,
pretendo ser dueño de ella,
o en la empresa he de morir.
RELOJ: Dadme, señora, licencia,530
porque el conde, mi señor,
a estas horas galopea
fuera de León, por dar
más presto a veros la vuelta,
y soy de la infantería535
y he de caminar por fuerza
delante de su caballo
o al lado de su litera.
LINDA: Dile al conde…
GARCI: Damas hay,
don Ximén, en estas rejas540
que caen a los corredores.
RELOJ: Guarde Dios a vuestra alteza.
GARCI: La infanta es, y éste sin duda
que despidiéndose de ella
está, es lacayo del Conde.545
LINDA: Dios te guarde.
RELOJ: Adiós.
LINDA: Espera,
y esta banda que te arroja
Blanca, al conde, Reloj, lleva
para que al cuello en mi nombre
le acompañe en esta ausencia,550
a quien le da mi esperanza
la color y mi firmeza
el oro, y vuélvale el cielo
con la salud que desean
mis ojos verle en León.555
Da la banda a BLANCA y vase
GARCI: Ximén, si no pareciera
locura de amor, matara
al lacayo.
BLANCA: Reloj, ésta
es la banda; adiós…
Echa la banda y vase
RELOJ: Adiós.
Llega GARCI Fernández y cógela al vuelo
GARCI: Aparta, villano, y deja560
trofeos de quien tus manos
son tan indignas, y cuenta
a tu dueño cómo un hombre
de más valor, de más prendas,
enamorado y celoso,565
con esta banda se queda;
que me la pida del modo
que quisiere cuando vuelva
de Ingalaterra, que yo
le aguardo en León, si fuera570
un Hércules, un Aquiles,
que no es razón que merezca
favores tan soberanos
menos que quien dueño sea
del mundo, como Alejandro,575
para hacer a Linda reina
del mundo, o Garci Fernández,
conde de Castilla, esfera
donde esta banda ha de ser,
a pesar de la tormenta580
de mis celos, arco hermoso
de la paz que amor desea
Vamos, Ximén.
RELOJ: ¡Vive Dios!
GARCI: ¿Qué dices?
RELOJ: ¿Yo? que me tengas
por tu amigo.585
GARCI: Vete, pues.
RELOJ: Ya me voy; pero…
GARCI: ¿Qué esperas?
RELOJ: Nada, por cierto; mas mira,
si es posible con más flema,
que es de la infanta esa banda
y que no hay burlar con ella590
ni con el conde, mi amo,
a quien se dirige, y fuera
razón tener cortesía;
y cuando no se la tengan
ausente, soy hombre yo595
que la banda de su alteza
con tanta superchería
tiranizada por fuerza,
y en este lugar, sabré…
GARCI: ¿Qué sabrás?600
RELOJ: Irme sin ella.
Vase RELOJ
GARCI: Loco con la banda voy.
XIMENO: ¡Notables cosas intentas!
GARCI: Para los pechos tan grandes
se hicieron grandes empresas.
Vanse. Sale LINDA
LINDA: Cansada ausencia, dolor605
en el alma tan asido,
parece que habéis nacido
de un parto con el Amor.
Vuestro enemigo rigor
a un mismo tiempo sentí610
que del amor conocí
el movimiento primero,
tanto que de ausencia muero
desde que al amor nací.
Cuando yo no conocía615
qué era amor, imaginaba
que quien a querer llegaba
de ningún pesar sabía;
mas agora cada día
los daños de la apariencia620
desengañan la paciencia,
que hallando a su mal testigos
va descubriendo enemigos
en el campo de la ausencia.
Pensaba yo que el mayor625
era la ausencia no más;
y vanme enseñando más,
las espías de mi amor,
porque celoso temor,
las sospechas y el olvido630
acometen al sentido,
monstruos.de tanto poder
que se dan a conocer
primero que hayan nacido.
Sale BLANCA
BLANCA: Señora.635
LINDA: Blanca.
BLANCA: Tu hermano
manda avisarte primero
porque cierto caballero,
embajador castellano,
quiere besarte la mano,
y él excusa darle audiencia640
con esto, que en tu prudencia
libra el desengaño.
LINDA: Ya
entiendo al rey. ¿Dónde está?
BLANCA: Aquí, aguardando licencia.
LINDA: Dile que entre, que su intento645
justamente de mí fía.
Notablemente porfía
Castilla en mi casamiento;
en pie recibirle intento,
por que no quiero obligarme,650
que se siente con sentarme.
Sale GARCI Fernández con la banda puesta
BLANCA: Llegad, que su alteza espera.
GARCI: ¡Qué hermosamente severa
el audiencia aguarda a darme!
¡No he visto mayor valor655
con tan divina belleza!
Deme los pies vuestra alteza.
LINDA: Levantaos, Embajador.
GARCI: Como otra deidad de amor
suspende, turba y admira660
a quien su hermosura mira.
LINDA: (O es deseo o ilusión, Aparte
o hace la imaginación
casi verdad la mentira,
o ésta es la banda que di665
para el conde.) Blanca, escucha.
GARCI: Mucha es su cordura, y mucha
su beldad; no estoy en mi.
LINDA: ¿No es ésta mi banda?
BLANCA: Sí,
señora, o tan semejante,670
que es a engañaros bastante.
LINDA: La semejanza me está
quitando el sentido.
GARCI: (Ya, Aparte
para poder ser amante
más dichoso y confiado,675
en sus divinos despojos
la infanta ha puesto los ojos
con particular cuidado;
siempre la Fortuna ha dado
victoria al que es atrevido.)680
LINDA: (Perdiendo estoy el sentido. Aparte
¡Qué notable confusión!)
GARCI: De tan justa suspensión
como viéndoos he tenido,
puedo valerme, señora,685
para salvar el cuidado
de no haberos preguntado,
lo que es tan justo, hasta agora.
¿Cómo estáis?
LINDA: Como quien llora
la ausencia del conde…690
GARCI: (¡Ay, cielos! Aparte
Cuanto escucho y miro es celos.)
LINDA: …que en bienes tan deseados
es centro de mis cuidados
y blanco de mis desvelos.
GARCI: El de Castilla pudiera,695
señora, formar de vos
quejas, pues siendo los dos
de un nacimiento y esfera,
permitís que los prefiera
de vuestro hermano un vasallo.700
LINDA: Ya en él tantas partes hallo,
después que le he dado el sí
y que la mano le di
de esposa, que aun igualallo
quien goza la monarquía705
del imperio no podrá;
y desengañarse ya
el de Castilla podría
sabiendo que no soy mía,
y que a sus cartas molestas710
tan diferentes respuestas
tiene de Ordoño, mi hermano.
GARCI: Ama como castellano.
LINDA: Son necias finezas éstas
cuando me ve en esperanzas715
de otro dueño.
GARCI: No es razón
que hasta estar en posesión
que tenga desconfianza;
y hasta agora prenda alcanza
de esas manos, que a su amor720
da esperanzas el calor
con que a dar celos se atreve
al sol, aunque no le lleve
otro bien su embajador;
que está dando afrenta al día725
de tus soles que hurtó al viento;
perdona el atrevimiento
y sus colores confía,
que una amorosa osadía
méritos gana.730
LINDA: Es verdad,
cuando está la voluntad
de cobarde recatada;
mas prenda sin gusto hurtada
tiene poca calidad;
porque tan necia osadía,735
y a persona como yo,
si en delito no incurrió
no escapa de grosería;
y no es bien que prenda mía
nadie goce a mi pesar,740
que no quiero averiguar
de la manera que ha sido,
sino dejarte corrido
con llegártela a quitar.
Arráncasela del cuello
De mi firma y de mi mano745
esta respuesta y no más
a tu dueño llevarás,
embajador castellano;
y por vida de mi hermano
y del conde, si en razón750
de esto has hecho relación
de mi autoridad ajena,
que te cuelguen de una almena,
la más alta de León.
Vase
GARCI: Esquivos arrojamientos,755
varoniles bizarrías
contra obstinadas porfías
de imposibles escarmientos;
que cuando los pensamientos
ciegos con su error se casan,760
más los límites traspasan
del fin en que se desvelan
con desengaños que hielan
y con desdenes que abrasan.
Vase. Salen el conde don LISUARDO y FRUELA, LAURO, RAMIRO y RELOJ, criados
LISUARDO: Ya me parece que es hora765
de caminar, que los rayos
del sol, licencia a las sombras
por el ocaso van dando;
que basta lo que hemos sido,
mientras su fuerza ha durado,770
huéspedes de estos laureles
y de estos cristales claros.
RELOJ: El marqués de Mantua fuiste,
hoy con todos tus criados.
LISUARDO: ¿Cómo, Reloj?775
RELOJ: Porque a todos,
dando a la merienda aplauso,
alrededor de una fuente
mandaste sentar.
LISUARDO: El campo
nos brindó.
RELOJ: ¿Qué te parecen
los de Galicia?780
LISUARDO: Retratos
de los jardines Hibleos.
LAURO. Los Elíseos los llamaron
muchos antiguos.
LISUARDO: Tuvieron
razón, que pienso que el mayo
de estos campos, de estas cumbres,785
es eterno ciudadano,
y que pueden a cristales
hechos en peñas pedazos,
apostar el Sil y el Miño
con Guadalquivir y el Tajo,790
cuyas fértiles riberas,
para hacer por abril palio
al sol, parece que están
flores a estrellas copiando.
Plata y verde es la librea795
que dan los montes bizarros,
siendo por faldas y cumbres
los arroyos pasamanos,
bendiciendo con las lenguas
que primero murmuraron,800
al zafiro de los cielos,
la esmeralda de los prados,
que a no gozarlos tan triste
de ausente y enamorado,
fuera pasar por el cielo.805
RELOJ: Alabando estás de espacio
los arroyos y los ríos,
cuando nos está brindando
Ribadavia, a quien venera
santa nación, por el santo810
licor, que sobre un magosto
de castañas, hace raros
milagros. Perdonen todos
cuantos hay, tristes y blancos,
que éste es el rey de los vinos,815
o el monarca.
LAURO: Eso está claro.
LISUARDO: Fértil tierra.
RELOJ: De esa suerte
bien puede un lacayo honrado
decir que es gallego agora.
LISUARDO: ¿Por qué no, si estos peñascos820
a Castilla y a León
tan honrada sangre han dado,
que para gloria del mundo
basta el blasón de los Castros,
en Galicia tan antiguo?825
RELOJ: Y los Relojes, ¿es barro
desde que se usaron horas?
Gente que siempre está dando,
a imitación de los condes
y marqueses.830
LISUARDO: Reloj, paso,
no te desconciertes.
FRUELA: Siempre,
cuando está desconcertado
el reloj, suelen decir,
“el reloj está borracho.”
RELOJ: No quitando lo presente,835
señor escudero, hablando
con reverencia.
LISUARDO: En efecto,
¿el camino de Santiago
es éste?
RAMIRO: Y en toda Europa
no hay camino más cosario,840
aunque entre el de Roma y entre
el del Sepulcro sagrado
de Jerusalén.
LAURO: No tiene
el mundo provincia en cuanto
el bautismo se predica845
que a este antiguo santuario,
de nuestro patrón no envíe
peregrinos, ni apartado
mar, adonde el pasajero
y el piloto del naufragio850
en la pared de su templo
no cuelgue tabla o milagro,
ni en las mazmorras de Fez
o Argel, cautivo cristiano
que no traiga la cadena855
de su libertad, pagando
las gracias en esto al cielo
y al Patrón de España.
FRUELA: Es tanto,
que al camino que en el cielo
por causa de estar cuajado860
de estrellas llamó el gentil
camino de leche, han dado
en llamarle vulgarmente
el camino de Santiago.
RELOJ: Y es de suerte, que viniendo865
cierto labrador cansado
del campo a su casa humilde
una noche de verano,
queriendo hacerle su esposa
lisonja, en medio de un patio870
le puso la cama al fresco;
mas él, los ojos alzando
al cielo y mirando encima
el camino de Santiago,
dio voces a su mujer,875
y dijo, “¿No habéis mirado
dónde la cama habéis hecho?
¿Queréis que se caiga acaso
un bordón de un peregrino
de los que van caminando,880
frasco lleno o calabaza,
y que me quiebre los cascos?”
Y creyéndolo los dos,
a un aposento, temblando,
con más miedo que vergüenza,885
los colchones retiraron.
LISUARDO: El cuento me ha dado sed.
RELOJ: ¿Y risa no? ¡Caso extraño!
LISUARDO: Basta la que aquella fuente
entre cristalinos labios890
muestra, brindando a beberla.
LAURO: ¿Quieres agua?
LISUARDO: Tráela, Lauro,
en un cristal que compita
con el hermoso y helado
de esa fuente.895
Va por ella
RELOJ: ¡Infame antojo!
En mi vida me brindaron
para beber fuentecicas
ni arroyuelos despeñados
por traidores contra el vino.
Siempre entre dientes hablando,900
y si por desdicha enferma
de tercianas un cristiano,
no hay fuente que le socorra,
con andar por esos campos,
sin tener que hacer baldias,905
y no puede ser aguado
sino un rocío.
Sale LAURO con un vidrio de agua
LAURO: Aquí está
el agua.
LISUARDO: Muéstrala, Lauro,
y partamos.
Salen doña SOL y URRACA de peregrinas
SOL: ¿Señor conde?…
LISUARDO: ¡Notable belleza!910
SOL: Dadnos
limosna a estas dos romeras
que vienen de Santiago.
LISUARDO: Del mismo cielo parece
que las dos habéis bajado.
Merced me haced de correr915
a los rostros soberanos
de los volantes dichosos
las cortinas.
SOL: No llegamos
haciendo esta ostentación;
si sois servido de darnos920
limosna, hacednos merced,
y si no, el apóstol santo
en esta jornada os guíe.
LISUARD: ¡Esperad, esperad!
SOL: Vamos
con diferentes intentos.925
LISUARDO: No es cortés término darnos
con las espaldas tan presto,
ni novedad suplicaros
que los volantes quitéis.
SOL: A quien es tan cortesano,930
tan caballero y señor,
no será razón negarlo,
por no parecer nosotras
descorteses también.
Descúbrense
LISUARDO: ¡Raro
y más que admirable extremo935
de hermosura! No me acabo
de persuadir que es verdad
tan peregrino milagro
de honestidad y belleza.
SOL: Bebed, señor, y mandadnos940
dar limosna.
LISUARDO: ¿Cómo pide
limosna quien está dando
pródiga, al mundo hermosura,
rica, al sol rayos dorados,
poderosa, al cielo envidia,945
divina, al tiempo milagros?
Quien ha menester pediros,
romera, ¿cómo ha de daros,
ni qué ha menester pedir
quien almas viene robando?950
SOL: Yo soy, conde, una mujer
de Castilla, noble tanto
como su conde. Hice voto
de visitar el sagrado
sepulcro de nuestro apóstol;955
de esta suerte caminando
a pie y pidiendo limosna,
aunque traigo mis criados
detrás con una litera
para los forzosos pasos960
del camino, vuelvo agora
después de haber visitado
su sepulcro y su patrón,
a Castilla, publicando
mi devoción en las conchas,965
veneras y santiagos
de azabache y de marfil,
que; como es costumbre, traigo
en sombrero y esclavina;
y quien sois, sabiendo acaso970
de los vuestros, a pediros
las dos limosna llegamos.
Ved si nos la habéis de dar,
o guárdeos Dios.
LISUARDO: Alejandro
quedara corto, señora,975
en esta ocasión. No hallo
para serviros, si no es
esta cadena que alabo
los diamantes, cuando estén
en vuestras hermosas manos,980
por los mejores que ha visto
Ceylán.
SOL: Nosotras no vamos
sino es pidiendo limosna
por el voto de que os hago,
señor conde, relación,985
y los diamantes dejadlos
para quien tan bien los luce,
que allá en Castilla no estamos
las mujeres como yo
tan faltas de ellos, que traigo990
algunos con que poder
serviros y regalaros,
que pueden desafiarse
con más de una estrella a rayos.
Y el cielo os guarde con esto,995
que me parece que estamos
los dos mal de esta manera;
vos, el tiempo dilatando
de caminar; yo, con vos
pasando ya del recato1000
los límites que me debo,
y que por quien soy me guardo,
y es razón no detenerme,
ni entreteneros hablando,
caminaréis más aprisa1005
y beberéis más despacio.
LISUARDO: Detente, que, vive Dios,
que es rigor demasiado
partirte de esa manera.
SOL: Pues ¿qué quieres?1010
LISUARDO: ¿Qué más claro
te pueden hablar mis ojos
de lo que te están hablando?
RELOJ: Y vos, dulce motilona,
de este hermoso castellano
serafín, no os vais; mirad1015
que hay también quien os ha dado
más corazón que a Belerma.
URRACA: ¿Y es Durandarte el lacayo?
RELOJ: ¡Qué presto me conociste!
URRACA: No basta el fieltro por ramo1020
a el vinagre que vendéis?
RELOJ: Romera de los diablos,
poco a poco, que, por Dios,
que somos de un mismo paño,
y que te haré una manera,1025
sin saber cómo ni cuándo,
en el alma.
URRACA: ¿De qué suerte?
RELOJ: Con un beso y dos abrazos.
URRACA: Yo lo doy por recibido;
pero sepa que me llamo1030
Urraca y soy de Castilla,
y conmigo, señor ganso,
no hay zorroclocos.
RELOJ: Vertiendo
estás por ojos y labios
seis mil ducados de renta.1035
URRACA: ¡Encarecimiento extraño!
RELOJ: ¿Pues hay más que encarecer
que con dinero sepamos?
¿Hay mayor donaire? ¿Hay cosa
de más hermosura?1040
SOL: Tanto
os hacéis desentendido
de lo que soy, que me canso
de estar cansada con vos
de advertiros y escucharos;
hacedme merced de hacer1045
como quien sois, y dejarnos
proseguir nuestro camino,
sin que nos impida el paso
poco decoro a la sangre
que tengo, al antiguo y claro1050
blasón de algún apellido
que honra a España y que heredaron
estos nobles pensamientos
que veis, y que están brotando
valor y honor por los ojos,1055
por las palabras, por cuantos
átomos de sangre tengo
de ser mujer; que esto al alto
y al humilde suele siempre
obligar, y al más bizarro.1060
Sabed ser galán cortés,
no grosero cortesano.
LISUARDO: Dejadme besar la nieve
de una mano.
SOL: De mi mano
esperad, conde, más castas1065
hazañas, y reportaos;
no pasen las groserías
a poder llamarse agravios,
que–¡vive Dios!–que mujer
como soy, sepa dejaros1070
con desengaños de libre,
con presunciones de ingrato,
con escarmiento de necio
y castigos de villano.
Vamos, Urraca.1075
Vanse doña SOL y URRACA
RELOJ: ¡Y por Dios
que ella no es mal papagayo!
LISUARDO: ¡Mujer peregrina en todo!
LAURO: ¿Has de beber?
LISUARDO: No, me abraso;
para tan poco remedio,
reparte a esas flores, Lauro,1080
ese cristal para perlas,
y caminemos, que parto
sin mí, dejando los ojos
en ese prodigio helado
de Amor, en ese desdén1085
peregrino, en ese mármol
imposible.
RELOJ: ¿Y Linda?
LISUARDO: Linda,
de mi amoroso cuidado
ha de ser eterno dueño;
y es en semejantes casos1090
mujer propia, diferente
de la que ciego idolatro
por invencible y ajena,
RELOJ: ¿Apenas estás casado,
cuando al primer trascartón1095
quieres dar matrimoñazo?
LISUARDO: Déjame, necio.
RELOJ: Confieso
que es verdad, que no te hablo
al gusto, que eres señor
al fin, y yo un mentecato.1100
Digo, que la peregrina
es querubín soberano,
y que puede con los ojos
matar a Poncio Pilato;
y el contrapeso me deja1105
perdido por sus pedazos,
y que pretendo ser tordo
de tan dulce Urraca.
LISUARDO: Vamos,
y pase la gente toda
delante, y sólo un lacayo,1110
que es Reloj, quede conmigo,
y cuatro o cinco criados,
que quiero ir un poco a solas.
RELOJ: ¡Oh, mental enamorado!
LISUARDO: Loco por tus ojos voy1115
romera de Santiago.
