La lealtad contra la envidia — Jornada I

LA LEALTAD CONTRA LA ENVIDIA

Tirso de Molina
(Gabriel Téllez)

Esta edición electrónica de LA LEALTAD CONTRA LA ENVIDIA fue preparada por Vern Williamsen en 1998 para incluirse en esta colección. LA LEALTAD CONTRA LA ENVIDIA se publicó por primera vez en la CUARTA PARTE DE LAS COMEDIAS DEL MAESTRO TIRSO DE MOLINA (Madrid, María de Quiñones, 1635), que es la edición que tomamos como base para fijar nuestro texto con el apoyo de varias ediciones modernas. La edición príncipe, cuyo texto está bien conservado, es la fuente última, directa o indirecta, de todas las ediciones posteriores. Nuestro texto regulariza las indicaciones de personajes que hablan y su disposición gráfica, resuelve las abreviaturas y moderniza la puntuación y las grafías siempre que no tengan relevancia fonética. Cualquier añadido o enmienda al texto de la príncipe va entre corchetes.


Personas que hablan en ella:

  • OBREGÓN
  • CAÑIZARES
  • Don Alonso de MERCADO
  • Don Alonso QUINTANILLA
  • CASTILLO
  • PADILLA
  • Don FERNANDO Pizarro
  • Don Gonzalo VIVERO
  • Doña ISABEL
  • Doña FRANCISCA
  • CHACÓN
  • Don GONZALO Pizarro
  • Don JUAN Pizarro
  • ROBLES, soldado
  • PEÑAFIEL, soldado
  • PIURISA, india
  • El INCA Rey
  • Dos JUDÍOS
  • GUAYCA, india
  • GRANERO
  • Juan RADA
  • Don ALFONSO de Alvarado
  • Don PEDRO
  • Don RODRIGO

JORNADA PRIMERA


Tocan dentro chirimías y trompetas como en la plaza cuando hay toros, silvos y grita, y salen OBREGÓN y CAÑIZARES
OBREGÓN: Acogerse, que el toril
está abierto, y las trompetas
hacen señal.
CAÑIZARES: A recetas
tan vïudas, lo civil
de la fuga es más seuro5
que una muerte criminal.
OBREGÓN: Otra vez hacen señal.
CAÑIZARES: Aquel andamio es mi muro.
OBREGÓN: ¿Hay bota?
CAÑIZARES: Con munición
de Alaejos.10
OBREGÓN: Esa afrenta
tome Medina a su cuenta,
pues solos sus vinos son
los monarcas de Castilla.
CAÑIZARES: Y a fe que en fe de su vino
dicen que Baco es vecino15
de esta populosa villa;
más todo lo forastero
suele ser más estimado.
OBREGÓN: ¿Qué hay más?
CAÑIZARES: Conejo empanado
y una pierna de carnero,20
tan tachonada de clavos,
y para que en mas se precie,
ojalada con la especie
villana por todos cabos
que se juntan las Molucas25
en ella con Alcalá
di Henares.
OBREGÓN: Cógense allá
robustos ajos.
CAÑIZARES: Caducas
suspensiones de la taza
que tiemblan de puro añejas,30
con un jamón, que en guedejas
se deshile, harán la plaza
que se te ande alrededor.
Grita como que sueltan al toro
UNO: Bravo toro. Dentro
OTROS: Guárdate, hombre. Dentro
OBREGÓN: Pedidle a la oreja el nombre35
si os preciáis de toreador;
dos rayos lleva en los huesos
y cuatro alas en los pies.
CAÑIZARES: Barrendero valiente es.
¡Por Dios, que los más traviesos40
le van despejando el coso!
OBREGÓN: A todos tiembla la barba.
CAÑIZARES: ¡Fuego de Dios, cómo escarba
y cómo bufa el barroso!
UNO: ¡Jesús, Jesús, que le mata! Dentro45
OBREGÓN: ¿Cogióle?
UNO: ¡Válgate Dios! Dentro
CAÑIZARES: ¿Otra vez? De dos en dos
cita, ejecuta y remata
a pares las cabezadas.
¡Oh Minotauro español!50
OBREGÓN: ¿Hirióle?
CAÑIZARES: No; pero el sol
le alumbra las dos lunadas.
OBREGÓN: Descortesmente se paga
toro que hace tal castigo.
CAÑIZARES: Debe de ser enemigo55
del Arzobispo de Braga.
OBREGÓN: No experimento sus tretas.
CAÑIZARES: Alto al tablado, Obregón,
que éste, sin ser postillón,
condena en las agujetas.60
UNO: ¡Corre, corre, que te alcanza! Dentro
OBREGÓN: ¡Qué bien la capa le echó
el que se le atravesó!
CAÑIZARES: En ella toma venganza;
¡Oh! Cómo ojala y pespunta.65
¡Dalle, dalle! ¿Hay tal porfía?
OBREGÓN: ¡Fïadle una ropería!
CAÑIZARES: No tiene de punta a punta
palmo y medio su armazón.
OBREGÓN: Más de algún culto dijera70
que se pone bigotera.
CAÑIZARES: Aguardemos, que hay rejón.
Dentro suenan pasos de caballo con pretal
OBREGÓN: Alentado, caballero,
¡qué buen aire, qué bizarro¡
CAÑIZARES: Éste es Fernando Pizarro.75
OBREGÓN: ¿Quién?
CAÑIZARES: El Marte perulero.
El que ha dado a Carlos Quinto
un nuevo orbe, que dilata,
y de mil leguas de plata
le trae al César su quinto.80
El más airoso soldado
que Italia y que Flandes vió.
OBREGÓN: ¿Éste es a quien hospedó
don Alonso de Mercado?
¿El que en la justa y torneo85
hizo tan festivo estrago?
CAÑIZARES: El lagarto de Santiago,
en fe de tan noble empleo
tiene en su pecho el lugar
que es su centro y propia esfera.90
OBREGÓN: Extremadura te espera
en estatuas venerar.
Éste dicen que prendió
al monarca Atabaliba,
y de una suma excesiva95
de indios triunfante salió.
CAÑIZARES: Cuatro hermanos son, que igualo
a los nueve héroes que dan
renombre a la fama; Juan,
Francisco, Hernando y Gonzalo;100
pero el que ves sobre todos.
OBREGÓN: Su presencia, lo asegura,
venturosa Extremadura.
Suena el pretal como que se pasea
CAÑIZARES: Es sangre, en fin, de los godos,
OBREGÓN: Ya ha dado a la plaza vuelta105
y hacia el toro se encamina.
CAÑIZARES: ¡Qué bien al bruto examina!
¡Qué airoso que el brazo suelta
caído con el rejón!
OBREGÓN: El caballo es extremado.110
CAÑIZARES: ¡Hermoso rucio rodado!
OBREGÓN: Su piel en oposición
mezcla la nieve y la tinta;
bellas manchas la hermosean.
CAÑIZARES: Más las colores campean115
si la enemistad las pinta,
en éste solo se enseña
si quieres examinallo
la perfección de un caballo:
cabeza airosa y pequeña,120
viva, alegre y descarnada,
los ojos grandes, abiertas
las narices, por ser puertas
del aliento; bien poblada
la crin que el talle hace bello,125
de plata, espesa y prolija,
que se escarcha y ensortija;
ancho el pecho, corto el cuello,
las dos caderas partidas,
al pisar firmes y llanos130
los pies, echando las manos
afuera, y tan presumidas,
que a los estribos se atreven,
tan sujeto al freno y fiel,
que parece que con él135
le habla el dueño.
OBREGÓN: Lición lleven
los más diestros de lo airoso
con que el gallardo extremeño
quiere salir de este empeño.
CAÑIZARES: ¡Qué atento le mira el coso!140
OBREGÓN: Aguardernos esta acción,
que no es bien mientras subamos
al tablado que perdamos
tan vistosa ostentación.
Suena el pretal como que se pasea
CAÑIZARES: Repara con el aseo145
que paso a paso se va
al toro.
OBREGÓN: ¡Qué atenta está
la plaza!
CAÑIZARES: El común deseo
le favorece.
OBREGÓN: Ya el bruto
le encara, escarbando el suelo,150
y hacia atrás tomado el vuelo,
airado, diestro y astuto
reviene la ejecución
del golpe.
CAÑIZARES: Y el don Fernando
la nuca le va buscando155
con el hierro del rejón.
Ruido del caballo y pretil, como que acomete
OBREGÓN: ¡Oh, quiera Dios que le acierte!
CAÑIZARES: Ya le embiste.
OBREGÓN: Con él cierra.
UNO: ¡Válgate Dios! Dentro
CAÑIZARES: Cayó en tierra
el toro.160
UNO: ¡Extremada suerte! Dentro
Chirimías
OBREGÓN: Tan dichosa como cuerda.
CAÑIZARES: Pienso que al caballo hirió.
OBREGÓN: No pudo, que le sacó
veloz por la mano izquierda
y la presa hizo en vacío165
la bestia.
CAÑIZARES: Patas arriba
aplaude a quien le derriba.
OBREGÓN: Todos celebran su brío.
CAÑIZARES: Dejóle dentro una braza
desde la nuca hasta el cuello.170
OBREGÓN: ¡Lance airoso, golpe bello!
CAÑIZARES: Vítores le da la plaza.
OBREGÓN: Y con razón, que su gala
mayor aplauso merece.
CAÑIZARES: ¿En qué el toro se parece175
a la comedia que es mala?
OBREGÓN: Buen enigma; alto al tablado.
CAÑIZARES: ¿En qué se parecen, digo,
el toro y comedia?
OBREGÓN: Amigom
parecense en lo silbado.180
Vanse OBREGÓN y CAÑIZARES. Salen don Alonso de QUINTANILLA y don FERNANDO, como que se apea de dar el rejón, y con hábito de Santiago, y CASTILLO, su criado
QUINTANILLA: Don Fernando, estos abrazos
os doy por dos parabienes,
y entrambos son tan solemnes,
que a transformarse sus lazos
en laureles, consiguieran185
la dicha de coronaros;
dedícooslos por hallaros
en España. No pudieran
darme nuevas de igual gusto.
Los míos también os doy190
por la acción con que honráis hoy
estas fiestas, pues fue justo,
cuando Medina del Campo,
católica, las ordena
a la Cruz, que fue de Elena195
tesoro que halló en el campo,
como el Evangelio dice,
oculto y del orbe luz
que honrando vos con la cruz
el pecho noble y felice,200
hallase en vos igual pago,
pues una y otra divina
festeja a la de Medina
hoy en vos la de Santiago.
Bizarra demostración,205
tan dichosa como diestra,
acaba de darnos muestra
de que vuestros hechos son
dignos de infinitas famas.
Con razón podrán teneros,210
sí, envidia los caballeros,
en su protección las damas.
¡Sazonada y feliz suerte!
FERNANDO: La de hallaros lo será,
dejad de encarecer ya215
el dar a un bruto la muerte,
que los de toros y dados
consisten en la ventura.
QUINTANILLA: Juzgábala yo segura
mientras que fuimos soldados220
y camaradas los dos
en Italia.
FERNANDO: ¡Oh, capitán,
qué vida aquella!
QUINTANILLA: Ya están,
desde que faltasteis vos
las cosas tan diferentes225
que no las conoceréis.
FERNANDO: Múdanse, como sabéis,
los sucesos con las gentes,
pero el César–Dios le guarde–
en Nápoles y en Milán230
reina; huyóle Solimán,
sólo con Carlos cobarde.
Túnez le paga tributo,
a pesar de Barbarroja,
al ciego sajón despoja,235
cubrió el Lansgrave de luto
presunciones que Lutero
llenó de torpe arrogancia;
preso en Madrid, lloró Francia
a su Francisco primero.240
Roma le dió la obediencia,
bien que a costa de Borbón;
Duques los Médicis son
con su favor en Florencia.
Capitanes y soldados245
tiene de inmensos valores.
¿Qué le falta?
QUINTANILLA: El ser mejores
siempre los tiempos pasados.
¿Acordaisos de aquel día,
que nos hallamos los dos,250
alférez entonces vos,
Fernando, en la de Pavía;
cuando el marqués de Pescara
al rey Francisco prendió,
que porque la honra nego255
al marqués, de acción tan rara,
un capitán italiano,
le desafïasteis?
FERNANDO: Fué
en las hazañas y fe
prodigio algo más que humano260
el marqués. ¿Qué maravilla,
si se llamó don Fernando
de Ávalos, ilustrando
sangre que le dio Castilla,
que un don Fernando volviese265
por otro? Él lo mereció;,
mas también me acuerdo yo,
porque el crédito, os confiese
en que el César siempre os tuvo,
que cuando su majestad,270
después que dió libertad
al dicho rey, y él no estuvo
firme en la correspondencia
a tanta piedad debida,
su ingratitud conocida,275
e irritada su paciencia,
que de persona a persona
le envió a desafïar,
y a vos os hizo avisar,
que partiendo a Barcelona,280
le hiciésedes compañía,
por si fuese dos a dos
el combate, que de vos
valor tanto el César fía.
QUINTANILLA: Excusóse el Francés de eso285
y quedóse mi alabanza
no más, que en esa esperanza,
pesóme, yo os lo confieso.
Dichoso vos, don Fernando,
que no cabiendo en el mundo,290
buscasteis otro segundo
nuevos polos conquistando,
que el Non plus ultra dilata,
y al César su globo humilla.
FERNANDO: Don Alonso Quintanilla,295
fama pretendo, no plata.
QUINTANILLA: Con una y otra se adquieren
blasones y estados grandes;
ricos de fama hay en Flandes,
que pobres de plata mueren.300
Yo vengo ahora de allá
tan cargado de papeles,
como el honor de laureles,
pero juzgaréme ya
por dichoso y bien premiado,305
pues veros he merecido.
FERNANDO: Todo lo que he adquirido
es vuestro.
QUINTANILLA: No interesado,
amigo sí, me estimad,
que son más firmes tesoros.310
Gocemos ahora los toros,
y aquella ventana honrad,
oíreis aplausos desde ella,
que la plaza os apercibe.
Gritos y ruído, dentro, de fuego
FERNANDO: Quien de adulaciones vive315
poco le debe a su estrella.
Pero escuchad, ¿qué rüido
es éste?
UNO: ¡Agua, que esta casa Dentro
se quema!
OTRO: ¡Agua, que se abrasa Dentro
esta acera!320
OTRO: Ya ha cogido
las puertas el fuego.
OTRO: Ayuda,
que me abraso.
OTRO: ¡Que me quemo!
OTRO: ¡Que me ahogan!
QUINTANILLA: ¡Triste extremo!
FERNANDO: ¡Qué brevemente se muda
el regocijo en cuidados!325
QUINTANILLA: Confusa con la congoja
toda la gente se arroja
sin sentido a los tablados
desde los balcones.
FERNANDO: ¡Llamas
terribles; incendio extraño!330
QUINTANILLA: El sobresalto hace el daño
mayor. ¡Qué de hermosas damas
sin reparar en recatos
se arrojan y precipitan!
FERNANDO: ¡Y qué poco solicitan335
su remedio los ingratos
pretendientes de su amor!
QUINTANILLA: ¿Pues qué ayuda pueden darlas,
si aunque intenten ampararlas
contra el fuego no hay valor?340
FERNANDO: No desamparar su lado
en peligro tan urgente.
Gritos de dentro y ruido como que se ha hundido un tablado
QUINTANILLA: La multitud de la gente
con todos hundió el tablado.
UNOS: ¡Jesús, Jesús! Dentro345
OTRO: ¡Que me matan! Dentro
OTRO: ¡Que me ahogan, confesión!
FFRNANDO: ¿Hay más triste confusión?
OTRO: ¡Agua! Dentro
OTRO: ¡Favor! Dentro
FERNANDO: Se retratan
sus congojas en mi pecho.
¡Ah, cielos, que no haya traza350
de socorrerlos!
QUINTANILLA: La plaza
va toda allá sin provecho,
porque antes la multitud
estorba que favorece.
FERNANDO: Voraz el incendio, crece355
el espanto y la inquietud.
QUINTANILLA: En una silla han sacado
del riesgo una dama bella.
FERNANDO: ¡Válgame Dios! ¿No es aquélla
doña Isabel de Mercado?360
¿Qué espero aquí, si la adoro?
UNO: Hüir, que el toril se ha abierto. Dentro
UNOS: ¡Agua! Dentro
OTROS: ¡Favor!
OTRO: ¡Qué me han muerto!
OTROS: ¡Confesión!
QUINTANILLA: ¡Soltóse un toro!
FERNANDO: Y hacia el tablado caído365
se encara contra la gente.
QUINTANILLA: ¡Extraña ocasión!
FERNANDO: Presente
mi dama, desaire ha sido,
cuando tanto la he querido,
el no irla yo asegurar.370
¿Yo tengo fe? ¿Yo sé amar?
QUINTANILLA: A la silla ha acometido
el bruto fiero, y los mozos
huyen, dejándola en ella.
Embraza la capa y saca la espada
FERNANDO: Aquí valor, aquí estrella!375
No ha de malograr mis gozos
la Fortuna, no la suerte;
amor, ésta e mi ocasión.
Vase don FERNANDO
QUINTANILLA: ¡Gallarda resolución!
Téngale envidia la muerte;380
contra el bruto cara a cara
se arroja, y puesto delante
de la silla, acción de amante,
airoso a su prenda ampara.
¡Qué valientes cuchilladas;385
qué diestro que sale y entra,
que animoso que le encuentra
qué atentas y qué aseadas
acciones! Ni descompuesto,
ni con el riesgo turbado.390
UNO: ¡Bravo golpe! Dentro
QUINTANILLA: Cercenado
le ha la cabeza. Echó el resto
su valor; aprenda de él
el ánimo y la destreza.
Dejádole ha la cabeza395
al cuello, como joyel,
y dividido en pedazos
el cuerpo, la arena tiñe,
el acero heroico ciñe
y a su dama saca en brazos.400
Saca don FERNANDO desmayada en brazos a doña ISABEL
FERNANDO: ¡Tal desgracia y en tal día!
Su mejor flor secó el mayo;
dos almas cortó un desmayo,
la de Isabel y la mia.
Sale CASTILLO
Esta casa es principal.405
Castillo, a esas puertas llama,
prevén en ella una cama.
Vase CASTILLO
Si fuese, amigo, mortal
este trágico accidente,
las suertes se malograron,410
que envidiosos ahogaron
los aplausos de la gente.
QUINTANILLA: No hay que temer este extremo,
que un desmayo ocasionado
de riesgo tan apretado,415
es común.
FERNANDO: Su muerte temo.
QUINTANILLA: Las delicadas bellezas
son flores que se marchitan,
pero luego resucitan;
porque sustos y tristezas420
desmayan, mas nunca matan.
Salen CASTILLO y CHACÓN
CASTILLO: Sube, señor, que ya abrieron.
FERNANDO: Nueva esperanza me dieron
las perlas que se desatan
bordando cada mejilla.425
QUINTANILLA: Pues que llora, viva está.
FERNANDO: ¡Oh, amanezca este sol ya!
Don Alonso Quintanilla,
esperadme aquí; Chacón,
a don Alonso Mercado430
corre a avisar del estado
en que tanta confusión
nos ha puesto; di que asisto
a su hermana mientras viene.
Éntrase don FERNANDO con la dama y también CHACÓN
QUINTANILLA: ¿Pues de fiesta tan solemne435
ha faltado?
CASTILLO: No la ha visto.
Poco a estas cosas se inclina,
después que alcaide le ha hecho
el César, de él satisfecho,
de la Mota de Medina.440
QUINTANILLA: Es notable fortaleza,
y en Castilla de importancia.
CASTILLO: Los hijos del rey de Francia
humillaron su grandeza
teniéndola por prisión.445
QUINTANILLA: ¿Y es don Alonso casado?
CASTILLO: Hasta poner en estado
dos hermanas, perfección
de la hermosura y nobleza,
la desmayada Isabel450
y Francisca, pienso de él,
que juzga a poca fineza
darlas cuñada, que son
casi suegras.
QUINTANILLA: Vuestro dueño
de la mitad deste empeño455
le sacara.
CASTILLO: Inclinación
muestra don Fernando extraña
a doña Isabel.
QUINTANILLA: Merece
todo el amor que la ofrece
su beldad.460
CASTILLO: Puede en España
ser espejo de doncellas
en virtud, honestidad,
recato, afabilidad
y discreción.
QUINTANILLA: Partes bellas
para hacer que don Fernando465
olvide al Perú.
CASTILLO: Sería
a lo menos feliz día
para aquel orbe, si entrando
en él con tan bella esposa
don Fernando, mi señor,470
diese a las Indias valor
su prosapia generosa.
Huésped suyo agasajado
ocho días ha en la Mota,
amor, que esperanzas brota,475
bien puede de este Mercado
feriar dulce compañía.
QUINTANILLA: ¿Correspóndele la dama?
CASTILLO: No sé que pase su llama
extremos de cortesía;480
pues para que en más se estime
el valor, que en ella adora,
si afable y bella enamora,
grave y honesta reprime.
Salen don ALONSO de Mercado, don FERNANDO Y CHACÓN
MERCADO: Ya mi Isabel, recobrada,485
volvió en sí, gracias a Dios,
porque os debamos a vos
fineza tan sazonada.
Pagáis, en fin, la posada,
que en mi casa honrado habéis490
de suerte, que igual hacéis
mientras que de ella os sirváis
al placer, que la asistáis,
al pesar, que os ausentéis:
Medina os queda deudora;495
porque sin vos, ¿que valieran
fiestas, qué tragedias fueran
si sólo el temor las llora?
Con vos en gozos mejora
pesares, que amenazaron500
desgracias; pero no osaron
competiros cuando os vieron,
pues dado que acometieron
cobardes, no ejecutaron.
El fuego os tuvo temor,505
pues vengando nuestra injuria,
sólo hizo alarde su furia
de vuestro invicto valor.
Para que fuese mayor
creció peligros la llama510
y cuando más se derrama,
más la suerte os engrandece,
que al paso que el riesgo crece,
crece en el noble la fama.
Ésta, en una y otra acción,515
parece que duplicada
tuvo envidia vuestra espada
a vuestro airoso rejón.
Un toro a su ejecución
rindió la rebelde vida,520
logrando en otra lucida
vuestra espada su destreza,
que a dejarle la cabeza
pudiera quedar corrida.
Muerto, en fin, a vuestros pies525
confesó, añadiéndoos famas,
que aun un bruto con las damas
es razón que sea cortés.
Débeos mi hermana después
nueva vida y ser segundo,530
y así en vuestro valor fundo
que sólo, ensalzando a España,
pudiera hacer tanta hazaña
un hombre del otro mundo.
FERNANDO: Soy yo, don Alonso, amigo,535
todo vuestro, y no es razón,
que prendas que vuestras son
alabéis, parte y testigo.
Mas si con ello os obligo,
creedme, a fe de soldado,540
que del Perú conquistado
no estimo en tanto el laurel
como ver vuestra Isabel
libre del riesgo pasado.
La desgracia repentina545
estas fiestas lastimara,
si la beldad malograra
que vale más que Medina.
Cesó su fatal rüina,
pasó el rigor como el rayo,550
que ocasionando al desmayo
sobresaltos y temores,
si congojó nuestras flores,
volvio a alentarlas el mayo.
Doña Isabel, mi señora,555
vuelve a casa, y asegura,
cómo tras la noche oscura,
con más belleza el aurora.
Venid y démosla agora
parabienes, pues no debe560
sufrirse que el premio lleve
de una suerte bien lograda,
el brazo solo y la espada,
sino el alma que los mueve.
MERCADO: Airosa es la bizarría565
que sabe para obligar,
del modo que en vos, juntar
al valor, la cortesía.
Si fuera la hermana mía
alma que el brazo os rigiera,570
dichas mi casa tuviera,
que en vos estoy envidiando,
vamos.
Vase don Alonso MERCADO. Sale don Gonzalo de VIVERO
VIVERO: Señor don Fernando,
aparte hablaros quisiera.
FERNANDO: Don Alonso, al punto os sigo;575
Quintanilla valeroso,
vernos después es forzoso.
QUINTANILLA: Adiós, don Fernando, amigo.
Vanse don Gonzalo de VIVERO y QUINTANILLA
CASTILLO: ¿He de quedarme contigo?
FERNANDO: No, Castillo; con Chacón580
en casa espera.
CASTILLO: A cuestión
me huele tanto recato.
CHACÓN: Horma topó su zapato
que le apretará el talón.
Vanse CASTILLO y CHACÓN
FERNANDO: Ved en qué serviros puedo,585
pues solos nos han dejado.
VIVERO: De vuestro cortés agrado
con nuevas envidias quedo,
pero no habéis de enojaros
si apasionado y celoso590
me advirtiéredes curioso
en lo que he de preguntaros.
FERNANDO: Excusad esa advertencia;
por que yo ya ha muchos años,
que entre peligros y daños595
aprendí a tener paciencia;
mas, celoso, sentiría
haberos yo ocasionado
a mal tan desesperado.
VIVERO: Vos causáis la pena mía.600
¿A cuál de las dos hermanas
que os hospedan, queréis bien?
FERNANDO: A entrambas, porque no estén
quejosas, que en cortesanas
obligaciones no hay tasa605
que reprima al liberal,
ni fuera bien querer mal
a quien me admite en su casa.
VIVERO: No os déis por desentendido
si sabéis la diferencia,610
que hace la benevolencia
al amor correspondido.
¿De cuál de estas sois amante?
¿Quien vuestro cuidado obliga?
FERNANDO: No sé, por Dios, lo que os diga615
a pregunta semejante.
Pero podréos afirmar,
que cuando hiciera el deseo
en una o en otra empleo,
oso tan poco fïar620
a ninguno mis afectos,
que aunque dentro el alma moran
mis pensamientos, ignoran
unos de otros los secretos.
Ved si será desvarío,625
no siendo amigos los dos
que os fíe el secreto a vos,
que al pensamiento no fío.
VIVERO: Comunicando cuidados
Amor su alivio procura.630
FERNANDO: Si más los de Extremadura
somos en todo extremados,
y en semejantes desvelos
hay quien afirma, y no mal,
que Amor nació en Portugal,635
y en nuestra patria los celos.
Éstos, huyendo ocasiones,
que con sospechas maltratan,
son tales que se recatan
de sus imaginaciones.640
VIVERO: Los que traigo ejecutivos,
puesto que no tan avaros,
me obligan a provocaros,
entre otros, por dos motivos.
La envidia de vuestra fama645
es el uno, porque temo
que siendo con tanto extremo,
me olvide por vos mi dama;
el otro, la enemistad
que causa la competencia.650
Hablan de vuestra experiencia,
esfuerzo y capacidad,
con tanta ponderación,
cuentan de vuestras hazañas
tan inauditas y extrañas655
cosas, que fábulas son.
Dicen que en el occidente
vuestro ánimo varonil
mataba de mil en mil
los indios, y que su gente,660
temblando el nombre español,
por deidad os adoraban,
y que en fe de esto os llamaban
primogénito del sol;
que un ejército vencisteis665
vos solo, sería de estopa,
pero sin armas, ni aun ropa,
a poco riesgo os pusisteis;
que en la hazañosa prisión
del bastardo Atabaliba,670
sobre las andas en que iba
hallasteis de oro un tablón
que pesaba dos quintales,
y que el rey por redimir
su prisión, hizo venir675
cargados de los metales,
que han hecho tantos delitos,
sumas de indios, que llenaron
el salón, que señalaron,
de tesoros infinitos,680
y puesto que sin provecho,
obligaros pretendió,
desde el suelo se atrevió
el oro y plata hasta el techo.
Que en el Cuzco despojasteis685
un templo al sol, cuyo muro
de tablones de oro puro
guarnecido, aún no apagasteis
la sed, que avarienta hechiza,
y que en otro de la luna690
os concedió la Fortuna
vigas de plata maciza,
tan grande, que las menores
de cuarenta pies pasaban,
que unos huertos le adornaban,695
cuyas plantas, yerbas, flores,
con propiedad prodigiosa,
troncos, ramos, hojas, frutos,
peces, pájaros y brutos,
imitando en cada cosa700
la misma naturaleza
era todo de oro y plata.
Sume el que en números trata
si puede, tanta riqueza,
o vos, que fuisteis testigo,705
con los demás castellanos,
que hasta las trojes y granos
del maíz, que es vuestro trigo,
de ciento en ciento arrimadas,
oro afirma, quien las sueña,710
hacinas había de leña
al natural imitadas;
que siendo de este metal,
sólo para ostentación
de su vana religión,715
agotaron el caudal
al sol que produce el oro,
esmeraldas se quebraron,
que doce libras pesaron;
atrévense a tal tesoro720
las novelas de estos días,
con que la verdad se infama.
¿Leyó la crédula dama
libros de caballerías,
que osasen contar quimeras725
tan indignas de creer?
Pues como cada mujer
juzga estas burlas por veras,
y agrada todo lo nuevo
y a cada dama en Medina,730
que tiene en vos imagina
un caballero del Febo,
un Artús, un Amadís,
y que si os llega a obligar,
en dote le habéis de dar735
tres o cuatro Potosís;
aumentáis este deseo
con las suertes que lograsteis
en los toros que matasteis,
y en lo airado del torneo.740
La dama que socorristeis
os confiesa obligación,
su hermana os muestra afición;
de toda la plaza oísteis
aplausos, que hasta los cielos745
vuestra alabanza subliman,
y sólo a mí me lastiman
penas, envidias y celos.
Yo adoro a una de las dos,
que me obligó a preguntaros750
cuál de ellas bastó a prendaros;
y pues no alcanzo de vos
noticias, que me encubrís,
tampoco quiero deciros
su nombre, que intento heriros755
por los filos que me herís;
mas aseguraros puedo
que, puesto que no admitido,
no me quejo aborrecido.
Entre Medina y Olmedo,760
mi patria, la vecindad
y frecuencia de sus nobles
suele hacer con lazos dobles
parentesco la amistad.
Ésta, y amor que me abrasa,765
me ha obligado a que recele
el riesgo que causar suele
un competidor, y en casa,
a esperanzas que de fuera;
marchitándolas en flor,770
como es frecuencia el amor
distante se desespera.
Sólo un reparo procura
mi resolución honrada,
que es por medio de la espada,775
probar con vos mi ventura;
pues muriendo a vuestras manos
gano en lugar de perder,
con quien supo merecer
tantos laueles indianos;780
y si os doy, por dicha, muerte,
que estos lances son acaso,
toda vuestra fama paso
a mi venturosa suerte;
pues dando nuevo valor785
al esfuerzo, siempre han sido
las hazañas del vencido
despojos del vencedor.
FERNANDO: Desacertados desvelos
mi cólera han provocado.790
puesto que quedo vengado
con haberos dado celos;
mas porque advirtáis cuán lejos
me tenéis de castigaros,
quiero en lugar de enojaros,795
serviros con dos consejos.
El uno es, que en ocasiones
semejantes, procuréis ser,
antes que os empeñéis,
señor de vuestras acciones,800
pues si contra el ofendido
os arrojáis destemplado,
el reñir desbaratado
es lo mismo que vencido.
El segundo, que primero805
que toméis resolución,
averigüéis la ocasión
con que sacáis el acero;
porque arriesgar vida y fama
sin certeza del agravio,810
ni es acción de pecho sabio
ni medrará vuestra dama,
sino es la publicidad
que con desdoro indiscreto
en ofensa del secreto815
eclipse su honestidad.
Respetos de la hermosura
piden atento el cuidado,
que honor y vidrio quebrado
nunca admiten soldadura,820
y las de quien huesped fui,
que de hoy más no lo seré,
conservan el suyo en pie
de suerte, que es frenesí
imaginar, que conmigo825
den átomos de ocasión
a vuestra imaginación;
porque es el cielo testigo,
que puesto que he examinado
por lo exterior los afectos,830
que dentro el alma secretos
no siempre encierra el cuidado,
jamás en la que es mi dueño
pudo un descuido o mudanza
dar alas a mi esperanza;835
porque el agrado risueño
que una mujer principal
muestra al huésped de valor,
si es el regalo mayor,
no por eso da señal840
con que, pasando de raya,
su amor intimarle pueda;
que quien sin agrado hospeda
dice al huésped que se vaya.
Ya os constará, según esto,845
cuán poco seguro estoy
de que preferido soy
a vuestro amor; mas supuesto,
que con empeños mayores
se agravian vuestros recelos,850
que el cuerdo no pide celos
si antes no adquirió favores,
porque yo éstos no os impida,
os doy mi fe de buscar
color con que despejar855
la casa, si agradecida
no profanada por mí,
o ausentándome mañana
a vuestra sospecha vana
satisfacer. Mas si así860
aun no basto a aseguraros,
ya veis que el puesto y la hora,
de vuestra dama desdora
la opinión que ha de obligaros.
Volved cuando enmudeciendo865
la noche lenguas al día,
honeste vuestra porfía
con valor y sin estruendo,
que a las doce, sin dar nota
la gente que nos ve,870
en el terrero estaré
del Castillo de la Mota.
Vase don FERNANDO
VIVERO: Este hombre juntó al valor
la prudencia y el respeto;
obligando en lo discreto875
da en lo valiente temor;
mas yo con celos y amor,
¿cómo podré en su alabanza
desbaratar mi venganza
mientras no supiere de él880
que no es mi doña Isabel
el blanco de su esperanza?
Colijo por conjeturas,
que quiere bien donde vive,
pero ignoro a quien recibe885
por dueño de sus venturas,
si de las dos hermosuras
me encubre la qué me toca,
lo que me niega su boca,
mi industria averiguará,890
que con celos mal podrá
ser muda la deidad loca.
Esta noche ha de aguardarme
como ofrece en el terrero;
buscar un amigo quiero,895
que en esto pueda ayudarme.
¿Qué mucho, que atormentarme
llegue el dudar y el temer?
mi opuesto rico, mujer
la causa de mi cuidado,900
él todo oro, ella Mercado,
y Amor comprar y vender.
Vase VIVERO. Salen doña ISABEL y doña FRANCISCA
ISABEL: Aquí entre la amenidad
de estos álamos, que son
del castillo guarnición,905
que vivimos, si es verdad
que Amor gobierna tu seso,
y yo merezco saber
quien te llega a merecer,
me vuelve a referir eso;910
que estuve poco advertida
en casa a tu relación,
en fe de la turbación
que puso a riesgo mi vida.
Parece que el huésped nuestro915
te ha dado en que desvelar;
vuélveme, hermana, a contar
estas novedades.
FRANCISCA: Muestro
en declararte, Isabel,
mi pecho, el último afeto920
que te tengo.
ISABEL: Amor secreto,
aunque seguro, es crüel.
FRANCISCA: Digo, pues, que desde el día,
que este hechicero Pizarro
me deleitó en lo bizarro925
y obligó en la cortesía,
di lugar a pensamientos
que hasta entonces sosegados
ya quieren amotinados
ser causa de mis tormentos.930
Consideré su valor,
y que, Alejandro segundo,
conquistando un nuevo mundo
se le dió a su emperador.
Bastaba esto para hacerle935
señor de mi voluntad.
¿Qué hará pues mi libertad
si esta tarde llego a verle
aplaudido de las damas,
envidiado de los nobles,940
añadir con suertes dobles
dicha a dichas, fama a famas?
De todo el pueblo querido,
de la Fortuna amparado,
de la plaza celebrado,945
de los cobardes temido,
y, en fin, de tu vida dueño,
pues sola amparada de él,
nos hizo, doña Isabel,
deudoras de tanto empeño.950
¿Qué más quieres que te diga?
Saca tú por consecuencias,
si discurres, evidencias,
que no quiere que prosiga
la lengua, corta en hablar,955
si larga el alma en querer.
ISABEL: Mucho te llego a deber,
pues quieres por mí pagar
deudas que yo sola debo;
pues si bien nuestros cuidados,960
si obligan mancomunados,
yo que el mayor logro llevo
de esta usura, era razón,
que este empeño asegurase,
y liberal te sacase965
de tan nueva obligación.
FRANCISCA: ¿Pues amas a don Fernando?
ISABEL: No; pero si es acreedor,
y tú le tienes amor
por eso, ya estoy culpando970
mi remiso natural,
y que en deudas semejantes
a la paga te adelantes
siendo yo la principal,
FRANCISCA: ¡Ay!, hermana, esos desvelos975
si no envidia, celos son.
ISABEL: Primero entra la afición
y ésta abre puerta a los celos.
Don Fernando ocupa agora,
más que en nuestros galanteos,980
en la guerra sus deseos,
que Marte no se enamora
mientras que no se desnuda
el arnés todo rigor;
mándale el emperador985
que otra vez al Perú acuda,
y si se ha de partir luego
y aquí de prestado está,
¿quién duda que apagará
tanto mar tan poco fuego?990
FRANCISCA: No sé que el mar le consuma;
que si en Chipre se crió
Amor, su madre nació,
perla en nácar, de su espuma.
Pero, ¿qué te importa a ti995
que yo me exponga a su olvido?
ISABEL: Ver, Francisca, que has querido
pagar finezas por mí;
y desearte empleada
en seguras profesiones,1000
sin que llores dilaciones,
antes viuda, que casada.
Que gozos que no aseguran
no se deben pretender
y hay rosas que al parecer,1005
deleitan pero no duran;
luz de relámpago breve,
sol y flores por febrero,
amistad de pasajero,
bebida en julio, de nieve,1010
y presunción de belleza
que al espejo se ha mirado,
son como amor de soldado
que se acaba cuando empieza.
FRANCISCA: Nunca tan moral te vi;1015
mas celos, Isabel mía,
son todos filosofía
y leen cátedra por ti.
Pero mi hermano y el dueño
de nuestra conversación,1020
están aquí.
Salen don Alonso MERCADO y don FERNANDO
FERNANDO: La ocasión
insta, y el plazo es pequeño;
mándame el César que al punto
me parta, amigo, a embarcar,
mañana pienso marchar.1025
MERCADO: Daisnos don Fernando junto
el gozo y los sentimientos;
menos mal hubiera sido
el no haberos merecido
nuestro huésped.1030
FERNANDO: Son violentos
los preceptos de la corte.
MERCADO: ¿Pues por qué dan tantas prisas?
FERNANDO: Reinan agora las brisas
en los piélagos del norte;
y, si esperamos las calmas1035
de julio, es flema penosa.
MERCADO: Con prisa tan rigurosa
nos lleváis tras vos las almas.
Góceos, Medina, siquiera
esta semana.1040
FERNANDO: Han llegado
camaradas, que he obligado
a este viaje, y quisiera
que con cuatro compañías
que llevo a esta embarcación
no hiciese la dilación,1045
como suele, demasías.
Ya sabéis cuán fácilmente
la gente se desbarata,
y cuán mal los pueblos trata
en que se alojan.1050
MERCADO: Urgente
causa dais. ¿Qué hemos de hacer?
Hablad a mis dos hermanas.
FERNANDO: Las perfecciones humanas
que en ellas merecí ver,
han de hacerme mal pasaje1055
con su memoria.
MERCADO: Ojalá
la prisa que el César da,
amigo, a vuestro viaje,
fuera menos que mi intento
imaginaba obligaros,1060
si alguna pudo inclinaros,
a que fuésedes de asiento
dueño, y no huésped de casa.
FERNANDO: ¿Qué más dicha, a haber en mí
méritos que no adquirí1065
y la fortuna me tasa?
Empleos más generosos,
don Alonso, las buscad,
que merece su beldad
dos Césares por esposos.1070
FRANCISCA: ¿No nos daréis permisión,
hermano, para llegar
a agradecer y pagar
tan precisa obligación
como al señor don Fernando1075
Isabel y yo tenemos?
ISABEL: Avaro de suerte os vemos
en esta parte, ocupando
el tiempo todo con él,
que estoy por pediros celos.1080
MERCADO: Pedídselos a los cielos,
que envidiosos, mi Isabel,
nos le ausentan.
ISABEL: ¿Cómo? ¿Cuándo?
MERCADO: Mañana si a resistillo
no bastáis.1085
ISABEL: Este castillo,
si fue, señor don Fernando,
limitada habitación
que os regaló cortamente,
ya, desde hoy, por delincuente,
os servirá de prisión;1090
porque obligar dando vida
y sin que se satisfaga
rehusar admitir la paga,
si no igual agradecida,
ni dar término al aprecio1095
que pide tanta importancia,
o es género de arrogancia,
o especie de menosprecio.
FRANCISCA: No es posible que queráis
deslucir tan razonado1100
favor, como ha interesado
mi hermana, si os ausentáis.
FERNANDO: Antes, señoras, pretendo
no añadir obligaciones
que os confieso en ocasiones1105
que os estoy tantas debiendo;
porque el servicio pequeño
que esta tarde os satisfaga
favor fue, que se me haga,
y yo el deudor de su empeño,1110
que, a no animarme el temeros
en el peligro en que os vi,
¿qué dicha o suerte hubo en mí
que no confiese deberos?
Vos guiasteis el acierto1115
de mi espada agradecida,
porque a quedar vos sin vida
el perderla yo era cierto;
y pues con aquel favor
mi dicha aplausos mejora1120
y siendo vos mi acreedora
me empeñéis vuestro deudor,
no me culpéis si adelanto
mi ausencia por no aumentar
deudas, sin poder pagar.1125
ISABEL: Quedándoos por el tanto
nos contentará la prenda.
FRANCISCA: Preso estáis y ejecutado.
FERNANDO: Soltádme, pues, en fïado,
que donde falta la hacienda1130
es bien que se le permita
irla a buscar al deudor.
ISABEL: Conforme fuere el fiador
que nos deis.
FERNANDO: Si se acredita
mi palabra, yo os la empeño1135
de volver de aquí a dos años.
ISABEL: Largo plazo, pero extraños
los intereses del dueño.
MERCADO: La paciencia hará por él
lo que en Jacob por su dama.1140
ISABEL: Por que no ilustra la fama
lo que padeció Raquel.
¿Por ventura era menor
el tormento que sufría?
Jacob engañó con Lía1145
dilaciones de su amor;
Raquel sola con más fieles
finezas dilató engaños.
MERCADO: No son catorce dos años,
puesto que sí dos Raqueles1150
mis hermanas, que fïadas
en vuestra palabra y fe,
os aguardarán.
FERNANDO: Tendré
hasta entonces represadas
esperanzas, que después1155
cumpláis, don Alonso, vos.
MERCADO: Sí, ¿más en cuál de las dos
fundáis las vuestras?
FERNANDO: Cortés,
la modestia siempre cuerda,
teme mi feliz fortuna1160
que por señalar la una
la gracia de la otra pierda;
y así, guardando el decoro
que debo, afectos mitigo
pues–¡oh don Alonso amigo!–1165
que al paso que la una adoro
tengo a la otra respeto.
Mis camaradas están
aguardándome y tendrán
quejas justas, que, en efecto1170
dejan su patria por mí,
si a visitarlos no voy,
permitidme que por hoy
los acompañe, que así
cumplir finezas podré1175
con que el noble amigos gana.
Volveré por la mañana,
y en prendas os dejaré,
de la palabra que he dado,
un alma que en compañía1180
del favor y cortesía
que en vos he experimentado
estará en su natural,
pues dando, señoras, muestra,
que empeñada es prenda vuestra1185
no habréis de tratarla mal.
Vase don FERNANDO
ISABEL: ¡Qué apacible!
FRANCISCA: ¡Qué discreto!
MERCADO: Soledad nos ha de hacer;
pero, en fin, si ha de volver,
dichoso dueño os prometo1190
a la una de las dos.
Vase MERCADO
ISABEL: Tráigale el cielo con bien.
FRANCISCA: Si los efectos se ven
del alma, y Amor que es Dios
penetra los corazones,1195
perdido se va por mí.
ISABEL: Nunca yo crédito di,
Francisca, a equivocaciones;
y si bien no me ha debido
finezas de bien querer,1200
no por eso he de perder
la parte que me ha cabido
en el amor que confiesa;
que de ingrata me notara
si su amor menospreciara.1205
FRANCISCA: Será por lo que te pesa
de ver que de mí se agrada.
ISABEI Antes quedo persuadida.
que al paso que presumida
has de correrte burlada.1210
Vanse las dos. Salen don Gonzalo de VIVERO y PADILLA
VIVERO: ¿Ya vienes enterado
en lo que has de decirle?
PADILLA: Ya he estudiado
tu pensamiento todo.
Yo he de llegar a hablarle, mas de modo,
que crea que imagino,1215
que te hablo a ti.
VIVERO: Sacarle determino,
Padilla, de esta suerte,
si a mi Isabel adora, o con su muerte
asegurar desvelos.
PADILLA: Valiente es, pero más lo son los celos;1220
daréle de tu dama
el fingido recado, pues si la ama
fuerza es que sentimientos
manifiesten ocultos pensamientos,
que gatos y celosos desatinos1225
despiertan con sus quejas los vecinos.
Sale don FERNANDO
VIVERO: Éste es sin duda.
PADILLA: Sea.
VIVERO: Aquí me aparto, porque no me vea.
Padilla, sé discreto
y averigua, ingenioso, este secreto;1230
que si sirve a la dama de mi prenda,
señor puedes llamarte de mi hacienda.
Retírase VIVERO
FERNANDO: Las once el reloj ha dado;
ya vendrá mi opositor;
qué poco duerme el Amor1235
con sospechas desvelado.
Llégase PADILLA embozado y habla a don FERNANDO
PADILLA: Don Gonzalo de Vivero,
doña Isabel, mi señora,
como los celos no ignora
que os ha dado el forastero,1240
me previno a que saliese
a este sitio a aseguraros.
¡Harto se holgára de hablaros!
Mas si su huésped viniese,
que aguardan para cenar,1245
ocasionará malicias;
mándame que os pida albricias,
y bien me las podéis dar,
porque se parte mañana
el estorbo que teméis.1250
Si de su boca queréis
informaros, la ventana
frecuentada os dará audiencia,
volviendo antes que se ría
la Aurora, madre del día.1255
Añadid a la paciencia
que hasta agora habéis tenido
la que os pide hasta este plazo,
que harto siente el embarado
que estas noches ha impedido1260
el hablaros, pues sin vos
no hay cosa que la consuele.
Ya sabéis por donde suele
hablaros; volved y adiós.
Vase PADILLA
FERNANDO: De inadvertido tercero1265
se fió esta vez el Amor;
basta, que mi opositor
es don Gonzalo Vivero.
¡Ah, cielos! No tan severo
quisiera yo el desengaño;1270
pues aunque cure este engaño
mi perdida libertad,
tal vez en la enfermedad
hace el remedio más daño.
¡Amor! ¿Celos al partirme?1275
¿Desengaños por la posta?
¡Qué mala ayuda de costa
para poder divertirme!
¡Qué bien hice en resistirme!
¡Qué mejor en recelarme!1280
¡Qué cuerdo en no declararme!
¡Qué sin prudencia en perderme!
¡Qué ignorante en detenerme!
¡Qué infeliz en ausentarme!
Privilegiada creía1285
de Amor la honesta beldad
que amé, pero en esta edad
con ellas nace y se cría.
Creer que hay plaza vacía
en bellezas con sazón,1290
es ignorante opinión.
Pretendan amantes tiernos
en damas, como en gobiernos,
la futura sucesión.
Yo dejaré malograda1295
mi memoria inadvertida
como prenda que se olvida
al salir de la posada.
Doña Isabel obligada
a don Gonzalo, ha deshecho1300
maquinas que, sin provecho
ni locura edificó,
que amándola antes que yo,
no he de usurparle el derecho.
Sale VIVERO
VIVERO: Con mis intentos salí,1305
mis dudas certifiqué,
sus querellas escuché,
su discreción advertí.
Sntenciado ha contra sí
la razón me favorezca1310
sola esta vez.
Llégase a don FERNANDO
No os parezca
que descuidado o cobarde
os vengo a buscar tan tarde.
FERNANDO: No lo es mentras no amanezca,
si bien primero que vos1315
cierto desengaño vino,
que siendo nuestro padrino
en paz nos puso a los dos.
Don Gonzalo de Vivero,
de cierto aviso he sabido1320
que quereis y sois querido;
y en esta parte prefiero
la justa acción que tenéis,
porque yo, puesto que amante
de vuestra dama, ignorante1325
del favor que poseéis,
aunque os fui competidor
hasta este punto, no he dado
indicios de mi cuidado,
ni he merecido favor1330
de que poderme alabar
que me haya a vos antepuesto.
Pero tengo, fuera de esto,
algunas quejas que os dar;
que el noble favorecido1335
de su prenda, tan sin tasa,
que a las rejas de su casa
cada noche es admitido,
con damas de jerarquía
como la que vos servís,1340
mientras que ni veis ni oís
desdoros, no es cortesía
ni fineza de discreto
arrojaros a creer
de ella lo que pudo ser,1345
ni aún lo que es, si está secreto;
pues mientras tuvisteis de ella
imaginación tan vana
la sospechasteis liviana
que sobró para ofendella;1350
y la mujer principal
que recatada y honesta
su voluntad manifiesta
a quien se la muestra igual,
es, la vez que se declara,1355
tan a fuerza de rigores,
como afirman los colores
que amanecen en su cara.
Esta ofensa es suya y mía
porque contra la elección1360
que hizo en ella mi afición,
sospechasteis que podía
inconsiderado amar,
llevado de su hermosura,
dama tan poco segura1365
que se pudiese mudar.
Ofenderla y ofenderme
son dos delitos en uno,
pero no es tiempo oportuno
este de satisfacerme;1370
que quiere ya amanecer
y os espera vuestra dama
donde otras veces mi llama,
que no llegó a merecer
lo mucho que envidio en vos,1375
quiere servirla hasta en esto,
habladla, que en este puesto,
en vez de reñir los dos,
he de alcanzar con su hermano,
puesto que hoy he de partirme,1380
que vuestras dichas con irme
y os dé de esposa la mano.
VIVERO: Puesto que en todo bizarro,
don Fernando generoso,
intentéis salir airoso,1385
celos del valor, Pizarro,
mas que de doña Isabel
mudaron los de mi amor,
ya yo os soy competidor,
no en la dama sino en él.1390
Ni doña Isabel me espera,
ni el recado, que en mi nombre
os dieron suyo, os asombre;
que todo esto fue quimera
de mi sospecha inventada1395
para averiguar la prenda
que adoráis, ni esto os ofenda,
ni la victoriosa espada
enmiende temeridades
ya reformadas en mí,1400
los hidalgos brazos sí
que eternicen amistades.
Restauraos a la esperanza
que mi envidia os malogró;
que no he de competir yo1405
con quien en todo me alcanza;
vos siipisteis merecerla,
en las fiestas obligarla,
en los peligros librarla,
en la opinión defenderla;1410
vos reprimís mis pasiones,
yo me doy por convencido,
que más fama han adquirido
que las armas, las razones.
Al Perú he de acompañaros,1415
ésto habéis de concederme.
FERNANDO: Si cortés queréis vencerme,
amigo, intento imitaros.
¡Hoy habéis de ser esposo
de doña Isabel, por Dios!1420
VIVERO: ¡Vive el cielo, que si en vos,
con los demás generoso,
falta esta virtud conmigo;
que aquí me habéis de quitar
la vida. Ya no sé amar;1425
ya en vuestra milicia sigo
las armas; que el ocio infama.
¡O darme muerte o seguiros!
FERNANDO: Con la vida he de serviros,
y…1430
VIVERO: No digáis con la dama,
que esa os toca de derecho.
FERNANDO: Ya mi camarada os nombro.
VIVERO: Con tal blasón seré asombro
del nuevo mundo. Esto es hecho.1435
Amaneció con el día
la dicha que apetecí.
¿Qué es esto?
Tocan a marchar
FERNANDO: Vendrán por mí
marchando la compañía,
que, con otras, por mandado1440
del César, mandé alistar.
VIVERO: ¿Luego, hoy habéis de marchar?
FERNANDO: Tengo el tiempo tan tsado,
que es fuerza que de esta villa
salga al punto. Preveniros1445
podéis despacio, y partiros
a la posta, que en Sevilla
os aguardaré, si acaso
no mudáis de parecer.
VIVERO: Ni a Olmedo tengo de ver,1450
ni apartarme un solo paso
de vos. Joyas y dineros
traigo, que es la prevención
de más provecho y sazón.
FERNANDO: Siendo los dos compañeros,1455
todo cuanto yo poseo
por dueño propio os tendrá.
Tocan, y sale CASTILLO
CASTILLO: Deseosa la gente está
de marchar.
FERNANDO: Pues su deseo
cumplamos; mas despedirme1460
de don Alonso, es precisa
obligación.
Sale don Alonso de MERCADO
MERCADO: ¿Tan de prisa,
don Fernando, sin decirme
el cuándo? Este disfavor
las leyes de agravio excede.1465
FERNANDO: Deudor que pagar no puede,
la cara huye al acreedor.
Ansí, excuso sentimientos
de partirme y de dejaros.
Salen a una ventana doña ISABEL y doña FRANCISCA
MERCADO: Mis hermanas han de daros1470
quejas justas, y escarmientos
al amor que os han tenido.
A la ventana os están
culpando.
Don FERNANDO les hace cortesías
FERNANDO: Disminuirán
querellas, si han advertido1475
que volviéndolas a ver,
la jornada han de estorbarme;
porque hablarlas y ausentarme
¿cómo, amigo, podrá ser?
MERCADO: Para todo halláis salida;1480
no sé qué regalo os hacen,
si los cortos satisfacen,
de ropa blanca, en partida
tan breve, nunca se labra
lo que la obligación pide,1485
pero como no se olvide
su amor y vuestra palabra,
desvelaránse las dos
por gozar vuestra venida.
FERNANDO: Quien bien quiere tarde olvida;1490
adiós, caro amigo.
MERCADO: Adiós.

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

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